El agua actúa como un agente transformador del relieve terrestre a través de erosión, transporte y sedimentación, afectando paisajes como valles y barrancos. Los ríos, mares y glaciares esculpen el terreno y forman diversas estructuras geográficas, cuyo desarrollo depende de la intensidad y velocidad de las corrientes. Además, la sedimentación genera rocas sedimentarias que pueden contener fósiles, preservando restos de vida antigua.