Juana Josefa, de familia humilde, siente una vocación religiosa desde joven y decide dedicar su vida a Dios, a pesar de no saber leer ni escribir. Tras varias experiencias de servicio y búsqueda espiritual, funda una congregación dedicada a la educación en 1871. A lo largo de su vida, se mantiene firme en su dedicación a Dios y al servicio a los demás.