Si los osos hablaran
Ana Paula Toledo Tellez y Renata Robles Jurado. 3º. ESO. Colegio Madrid, Ciudad de
México
Gruño con fuerza para que los cachorros frente mío dejaran de pelear. No era muy
entusiasta en dejarlos en el hielo y alejarme a buscar alimento, pero la escasez nos
obligaba a alejarnos cada vez más, y no había tierra lo suficientemente cerca para poder
dejarlos ahí. El mayor de los tres se cuelga a mi pata, en un intento de que lo deje
acompañarme, pero mi decisión estaba tomada, no estaba segura cuanto tendría que
alejarme y ellos aún no aguantaba distancias demasiado largas nadando.
Me aseguro de dejarles en claro que no deben moverse de aquí, y me sumerjo en el agua
en búsqueda de alimento. Al igual que múltiples búsquedas anteriores, no conseguí nada.
De un tiempo para acá, las focas se alejaban cada vez más, y la comida era más difícil de
conseguir. Además, el hielo era cada vez más delgado, no era seguro quedarse en uno
durante mucho
Después de un largo rato, me di por vencida, era obvio que no conseguiría nada. Me
empiezo a angustiar al estar avanzando y no poder verlos a la distancia. Nadé lo más rápido
que pude, pero el agotamiento me llegó y me tuve que subir en un trozo de hielo para
descansar un poco. A penas me estoy recuperando, cuando escuché no muy lejos los
llantos de mis “bebes”. Vuelvo al agua de inmediato y me acerco a los llantos, al primero al
que veo es al menor de los tres, estaba tratando de mantenerse a flote, sin el hielo donde lo
dejé con su hermanos a la vista; probablemente el hielo era demasiado delgado y se
quebró.
Ayudo a mi pequeño a nadar hacia el hielo más cercano, logré subirlo. Largo empiezo a
buscar a sus hermanos, los cuales no tardé en encontrar. Los subí a los dos al hielo, pero
en cuanto traté de subir yo también se quebró debajo de mí. Ahora nos encontrábamos sin
lugar de apoyo cerca, el hielo no estaba soportando el aumento de calor y estaba
desapareciendo, dejándonos atrapados lejos de tierra.
Trato de llevarlos a algún terreno firme, pero mis intentos son en vano, los pequeños
empezaban a cansarse y estaban perdiendo velocidad. Cuando volteo atrás, revisando no
haberme pasado ningún hielo en el cual descansar, distingo a lo lejos la aleta de una orca
asomándose por encima del agua.
El miedo se apoderó de mí, mis niños estaban detrás pero eran lentos, serían presa fácil
para aquella bestia, traté de volver con ellos pero estaba completamente paralizada…
Eran ellos o yo.
La orca cada vez estaba más cerca y los oseznos ya no podían, en eso decidí protegerlos,
pero era demasiado tarde, todos se habían hundido.
Sin pensarlo dos veces, me sumergí para poder encontrarlos, pero no se veía nada, sólo
una silueta negra acercándose con gran velocidad.
Me hubiera gustado ahogarme con ellos, pero en eso algo me golpeó con fuerza, ese
animal. Intentó morderme, pero logré rasguñarle el ojo, lo cual provocó su furia pero
también fue una gran distracción. Nadé, nadé y nadé, no importaba nada en ese momento,
más que salvarme, de repente cuando ya no pude más y decidí parar, algo blanco y flotante
se posaba enfrente de mí.
Subí con la escasa fuerza que me quedaba, y sentí un gran alivio al poder volver a sentir
hielo debajo de mí. Estaba de nuevo el territorio seguro… Pero los oseznos no. Revisé por
unos momentos el horizonte, tal vez alguno logró conseguir hielo, pero era imposible, la
única a la deriva era yo.
Acababa de perder a mis cachorros, no pude hacer nada para salvarlos. Me recosté en
aquel bloque, mi respiración provocaba que pequeños pedazos del mismo se alzaran,
después de mucho tiempo, era el primer viaje que hacía sola. Cerré los ojos y empecé a
lamentarme, levantaba la cabeza para sollozar ante los cuatro vientos, aún con las
esperanzas de que alguno de ellos me escuchara y nadara hacia mí. Después de un rato,
estaba decidida en meterme de nuevo, pero me di cuenta que ya no estaba en el mismo
lugar, el montículo de hielo, se había movido de posición desde que había logrado subirme.
La brisa levantaba mi pesado pelaje, mientras me sentaba a ver el atardecer, recapitulando
el día que había vivido, dejando que la soledad y la tristeza me invadieran. Por primera vez
de toda mi vida, tuve frío.
Es increíble pensar que esto pase a diario, cada día los polos se derriten y miles de osos
polares terminan sin hogar. Cada año, la temperatura del Ártico aumenta, y con eso
decenas de osos pueden quedar en medio del mar, y probablemente morir ahogados. Las
focas, su principal fuente de alimentos, empiezan a migrar por el cambio climático.
Si los osos hablaran, ¿cuántos crees que nos podrían contar una historia como esta?

Ana Paula Toledo

  • 1.
    Si los ososhablaran Ana Paula Toledo Tellez y Renata Robles Jurado. 3º. ESO. Colegio Madrid, Ciudad de México Gruño con fuerza para que los cachorros frente mío dejaran de pelear. No era muy entusiasta en dejarlos en el hielo y alejarme a buscar alimento, pero la escasez nos obligaba a alejarnos cada vez más, y no había tierra lo suficientemente cerca para poder dejarlos ahí. El mayor de los tres se cuelga a mi pata, en un intento de que lo deje acompañarme, pero mi decisión estaba tomada, no estaba segura cuanto tendría que alejarme y ellos aún no aguantaba distancias demasiado largas nadando. Me aseguro de dejarles en claro que no deben moverse de aquí, y me sumerjo en el agua en búsqueda de alimento. Al igual que múltiples búsquedas anteriores, no conseguí nada. De un tiempo para acá, las focas se alejaban cada vez más, y la comida era más difícil de conseguir. Además, el hielo era cada vez más delgado, no era seguro quedarse en uno durante mucho Después de un largo rato, me di por vencida, era obvio que no conseguiría nada. Me empiezo a angustiar al estar avanzando y no poder verlos a la distancia. Nadé lo más rápido que pude, pero el agotamiento me llegó y me tuve que subir en un trozo de hielo para descansar un poco. A penas me estoy recuperando, cuando escuché no muy lejos los llantos de mis “bebes”. Vuelvo al agua de inmediato y me acerco a los llantos, al primero al que veo es al menor de los tres, estaba tratando de mantenerse a flote, sin el hielo donde lo dejé con su hermanos a la vista; probablemente el hielo era demasiado delgado y se quebró. Ayudo a mi pequeño a nadar hacia el hielo más cercano, logré subirlo. Largo empiezo a buscar a sus hermanos, los cuales no tardé en encontrar. Los subí a los dos al hielo, pero en cuanto traté de subir yo también se quebró debajo de mí. Ahora nos encontrábamos sin lugar de apoyo cerca, el hielo no estaba soportando el aumento de calor y estaba desapareciendo, dejándonos atrapados lejos de tierra. Trato de llevarlos a algún terreno firme, pero mis intentos son en vano, los pequeños empezaban a cansarse y estaban perdiendo velocidad. Cuando volteo atrás, revisando no haberme pasado ningún hielo en el cual descansar, distingo a lo lejos la aleta de una orca asomándose por encima del agua. El miedo se apoderó de mí, mis niños estaban detrás pero eran lentos, serían presa fácil para aquella bestia, traté de volver con ellos pero estaba completamente paralizada… Eran ellos o yo. La orca cada vez estaba más cerca y los oseznos ya no podían, en eso decidí protegerlos, pero era demasiado tarde, todos se habían hundido. Sin pensarlo dos veces, me sumergí para poder encontrarlos, pero no se veía nada, sólo una silueta negra acercándose con gran velocidad.
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    Me hubiera gustadoahogarme con ellos, pero en eso algo me golpeó con fuerza, ese animal. Intentó morderme, pero logré rasguñarle el ojo, lo cual provocó su furia pero también fue una gran distracción. Nadé, nadé y nadé, no importaba nada en ese momento, más que salvarme, de repente cuando ya no pude más y decidí parar, algo blanco y flotante se posaba enfrente de mí. Subí con la escasa fuerza que me quedaba, y sentí un gran alivio al poder volver a sentir hielo debajo de mí. Estaba de nuevo el territorio seguro… Pero los oseznos no. Revisé por unos momentos el horizonte, tal vez alguno logró conseguir hielo, pero era imposible, la única a la deriva era yo. Acababa de perder a mis cachorros, no pude hacer nada para salvarlos. Me recosté en aquel bloque, mi respiración provocaba que pequeños pedazos del mismo se alzaran, después de mucho tiempo, era el primer viaje que hacía sola. Cerré los ojos y empecé a lamentarme, levantaba la cabeza para sollozar ante los cuatro vientos, aún con las esperanzas de que alguno de ellos me escuchara y nadara hacia mí. Después de un rato, estaba decidida en meterme de nuevo, pero me di cuenta que ya no estaba en el mismo lugar, el montículo de hielo, se había movido de posición desde que había logrado subirme. La brisa levantaba mi pesado pelaje, mientras me sentaba a ver el atardecer, recapitulando el día que había vivido, dejando que la soledad y la tristeza me invadieran. Por primera vez de toda mi vida, tuve frío. Es increíble pensar que esto pase a diario, cada día los polos se derriten y miles de osos polares terminan sin hogar. Cada año, la temperatura del Ártico aumenta, y con eso decenas de osos pueden quedar en medio del mar, y probablemente morir ahogados. Las focas, su principal fuente de alimentos, empiezan a migrar por el cambio climático. Si los osos hablaran, ¿cuántos crees que nos podrían contar una historia como esta?