Este documento analiza cuatro novelas históricas publicadas entre 1966 y 1991, identificando en ellas elementos posmodernos como la deconstrucción de géneros y la consideración de la historia como ficción. También señala que cuestionan la versión oficial de acontecimientos históricos y dan voz a perspectivas marginadas, buscando mostrar una visión más heterogénea frente al discurso eurocéntrico hegemónico.