El documento resume las principales cuestiones sobre la naturaleza humana y el papel del laico en la Iglesia y la sociedad según fue planteado en el Sínodo de Obispos de 1987. Señala que el hombre es un ser con grandes capacidades pero también grandes defectos, y que como bautizados los laicos tienen la obligación de vivir su fe y participar en la misión de la Iglesia en el mundo, enfrentando cuestiones eclesiales, sociales, económicas y políticas.