La arquitectura cliente-servidor tradicional de dos niveles presentaba problemas de estabilidad a medida que las aplicaciones se hacían más complejas. En 1995 surgió un modelo de tres niveles que coloca la lógica empresarial y el procesamiento de datos en un servidor intermedio, separando esta capa de la interfaz de usuario en el cliente y la base de datos en un servidor independiente. Esta arquitectura de tres niveles proporciona clientes más ligeros, mantenimiento centralizado, mayor modularidad y un mejor equilibrio de carga.