El señor Saval, de 62 años y solo, recuerda su vida sin amor ni aventuras. Piensa en la señora de Sandres, de quien estuvo enamorado hace 30 años. Va a verla y le pregunta si sabía de sus sentimientos. Ella dice que sí, y que probablemente habría cedido si él hubiera sido más osado durante un paseo que compartieron. Aterrado por esta revelación, Saval sale corriendo y llora bajo los árboles donde tuvieron ese paseo, arrepentido de no haber actuado.