Dos hombres enfermos compartían una habitación en un hospital. Uno de ellos podía levantarse cada tarde para drenar sus pulmones y describía lo que veía fuera de la ventana a su compañero, quien era ciego. A pesar de no poder ver, el segundo hombre disfrutaba escuchar las descripciones. Cuando el primer hombre falleció, el segundo pidió ser trasladado a la cama junto a la ventana, sólo para descubrir que enfrente había una pared vacía.