Este documento narra la historia de un niño que no dejaba de llorar en su pueblo en Tanzania, cerca del Monte Kilimanjaro. Los aldeanos llevaron al niño con un brujo para que lo curara, pero sus llantos continuaron. Más tarde, una niña lo convenció de subir a lo alto de un baobab, donde vio paisajes hermosos y dejó de llorar, convirtiéndose en un niño feliz.