La biomasa, la forma más antigua de energía renovable, ha vuelto a crecer en uso debido a su sostenibilidad y baja emisión de CO2. Mediante centrales termoeléctricas se transforma la energía química de la biomasa en energía térmica, contribuyendo a un ciclo cerrado de carbono. En Ecuador, el potencial de biomasa se deriva de su agricultura y ganadería, representando una oportunidad para biocombustibles y otros subproductos.