El documento analiza la percepción negativa sobre la tecnología y su impacto en los jóvenes, cuestionando si los problemas sociales actuales, como la agresión y el bajo rendimiento académico, son realmente nuevos o si ya existían antes de la llegada de la tecnología. Se argumenta que la tecnología es una herramienta inerte cuyo significado depende de cómo la utilicen los individuos y que los problemas identificados son en gran parte reflejos de decisiones y dinámicas sociales previas. Finalmente, se insta a la reflexión sobre la responsabilidad compartida entre generaciones en la creación de un entorno propicio para los jóvenes.