Cambio De Destino
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             La doctora Bella Swan llega al hospital de Forks por error. Sus ambiciones no
             incluyen quedarse. No esperaba conocer en aquel lugar a alguien que le hará
             replantearse toda su vida. Él es Edward Cullen. Es cirujano. Y vampiro
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                                               Capítulo 1

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             BPOV

             Era de madrugada cuando aterrizamos en el aeropuerto de Seattle. Lo que veía
             por la ventanilla del avión confirmaba mis recuerdos de esa ciudad: estaba
             lloviendo. Seattle era conocida en USA como la "Rain City" y yo llegaba en
             enero, uno de los meses con mayor precipitación. Suspiré. Sabía perfectamente
             dónde iba, y aún así me deprimí un poco. Con esfuerzo, alejé aquellos
             pensamientos de mi mente; no iba a permitirme un bajón de moral por cuatro
             gotas de agua. Estaba emocionada por las novedades que me esperaban pero al
             mismo tiempo sentía miedo. Me había acomodado demasiado a la rutina, y
             sólo tenía 26 años.

             Siempre había querido pasar una temporada en mi país natal pero nunca me
             decidía. Por lo menos durante un año iba a echar de menos el clima
             mediterráneo y a Barcelona, la ciudad que me adoptó cuando mis padres
             decidieron cambiar de vida y venir a vivir a España. Ellos, ambos cirujanos
             cardiovasculares, eran de Seattle, pero nunca les acabó de convencer esa
             lluviosa ciudad y ansiaban mudarse. Cuando yo tenía seis años acudieron a un
             congreso internacional de su especialidad en Barcelona, y conocieron el lugar y
             su clima. En aquel congreso contactaron con el cirujano jefe de un hospital
             privado que les ofreció trabajo. Decir que lo pensaron unos días sería
             exagerado. Yo me adapté rápidamente al cambio. ¿Y quién no? Adoro el sol.

             Cuando estaba en el tercer año de los cuatro que constaba la especialización
             para pediatra mis padres me aconsejaron hacer una estancia fuera del país.
             Había mucha competencia para conseguir un puesto de adjunto en cualquiera
             de los hospitales de la ciudad, que era lo que yo ambicionaba, y eso podría
             ayudarme. No habría problema administrativo, había aprobado hacía años el
             examen de medicina para ejercer en los USA y además tenía la doble
             nacionalidad. Estaba acomodada a mi rutina y era bastante feliz con ella, pero
             quería algo más de mi vida, así que cuando mi jefe me dijo que había
             conseguido una plaza para residente de cuarto año en el Seattle Children´s
             Hospital apenas podía creérmelo. Era ahora o quizá nunca.
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         Y por fin aquí estaba, a miles de kilómetros de mi hogar. Pero acababa de
         llegar y ya me estaba dando un brutal ataque agudo de añoranza.

           El taxi me dejó en la puerta del hotel. No había querido alquilar un
           apartamento sin verlo e inspeccionar la zona donde estaba, así que había
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           reservado una habitación por unos días. Quizá alguna compañera del hospital
           quisiera compartir piso.

         Una vez en la habitación noté que me vencía el agotamiento. Me tumbé en la
         cama y de inmediato caí en un profundo sueño. Desperté sin ser consciente de
         dónde estaba, me sentía confusa y desorientada hasta que recordé. Al mirar la
         hora mi corazón dio un vuelco: ¡joder, las doce! Tenía una cita con el jefe de
         pediatría para presentarme a las 12.30, y por un maldito descuido iba a llegar
         tarde. ¡Menuda presentación! Corrí al lavabo, me lavé los dientes, me cepillé el
         cabello y me alisé la ropa como pude, alegrándome de llevar unos vaqueros y
         un grueso jersey. No tenía tiempo de cambiarme.

         Tomé un taxi que me dejó en la puerta del hospital cinco minutos antes de la
         hora de la cita. Maldiciendo mi descuido entré a toda prisa y pregunté en
         información, donde me indicaron el camino hasta el despacho del doctor
         Watson, el jefe de pediatría. Casi sin resuello llamé a su puerta apenas un
         minuto después de la hora acordada.

         -Pase - dijo una amable voz.

         Abrí la puerta. El despacho era grande, bien iluminado. Tenía una biblioteca
         llena de libros de pediatría y archivadores. Nada original, como todos los
         despachos de jefes. James Watson estaba sentado tras una mesa enfrente de la
         cual había dos sillas. Tenía un portátil y un montón de papeles sobre la mesa.
         Era un hombre de mediana edad, cabellos rubios y ojos de un azul muy claro.
         En conjunto, tenía un aspecto agradable.

         -Buenos días, soy Bella Swan. Ya sabe, la doctora española…bueno, de hecho
         tengo la doble nacionalidad - dije al entrar, mientras sonreía nerviosamente.
         Qué tonterías se me ocurren, como si él no lo supiera ya.

         -Claro, Isabella, pasa y siéntate- se levantó y me indicó una silla frente a él.

         -Bella si no le importa, doctor Watson- repuse mientras me sentaba. Sonreí de
         nuevo para restar brusquedad a mis palabras.
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             -De acuerdo. Y tú llámame James, por favor. Siempre que oigo doctor Watson
             me imagino que estamos investigando algún crimen, o el genoma humano –
             bromeó. Me relajé un poco. Tenía ganas de hacer esto, pero mi timidez no del
             todo superada y los nervios estaban pudiendo conmigo.
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             Estuvimos conversando un poco sobre mi viaje, mi residencia en España, etc…
             y al final me animé a centrar la conversación en lo que me interesaba.

             -James, ¿me podrías explicar un poco por encima cómo va a ser mi trabajo por
             este centro? Ya sabes, cómo se va a organizar mi estancia en este centro.

             -¿Este centro?- me miró desconcertado. Ay. Algo me decía que se avecinaban
             problemas. Lo miré fijamente.

             -Sí, no... ¿No era eso lo que había estipulado con mi jefe?- tartamudeé.

             -No, creo que ha habido un malentendido -dijo lentamente.- En este momento
             este hospital no puede admitir más residentes. Creí que lo sabías- se disculpó-.
             Pero sólo durante unos pocos meses. Mientras tanto trabajarás en otro hospital
             de la zona en estrecho contacto con nosotros, la jefa de pediatría de allá estará
             encantada de recibirte. Además nos reuniremos para sesiones clínicas, cursos…

             -¿Malentendido? ¿Cómo puede ser?- alcé la voz más de lo que pretendía - ¿He
             volado desde España para esto? No comprendo ¿Por qué?- con gusto habría
             empezado a soltar palabrotas en español pero me contuve, aunque estaba casi a
             punto de mandar al carajo la idea que pudiera tener ese hombre de mi.

             -Escucha -dijo con voz tranquilizadora, - antes de alterarte más déjame hablar.
             Mi secretaria fue la que lo organizó todo, conjuntamente con la de tu jefe. Al
             principio no había problema porque uno de nuestros médicos iba a hacer una
             estancia de un año en la Clínica Mayo, pero al final no se marchará hasta abril.
             Delegué en mi secretaria para que os informara por si había algún problema.
             Yo estaba muy ocupado y he confiado en ella porque suele ser competente.

             Entonces llamaron a la puerta.

             -¿Se puede?- Una pelirroja despampanante asomaba por la puerta. Vestía una
             bata blanca encima de un top ceñido, falda de cuero y unos tacones de aguja de
             por lo menos 8 centímetros de alto. Lo ideal para circular por un hospital.
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             -Ah, Irina, pasa. Esta es Bella Swan, la residente que viene de España. Bella,
             Irina es mi secretaria - Así que esta era la culpable del desaguisado. Ahora veía
             dónde estaban sus "competencias".

             -Encantada de conocerte, Isabella- ignoré su saludo y que me llamara por mi
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             nombre completo.

             -Irina, al parecer cometiste un error en la admisión de la doctora Swan como
             residente. ¿Qué tienes que decir al respecto? Te comenté que informaras a su
             jefe del cambio de planes - dijo James muy serio.

             -Eh… creo que se lo dejé claro a la secretaria de su jefe, no entiendo qué puede
             haber pasado. Habrá malinterpretado el último correo que le mandé- dijo toda
             compungida.- Yo sólo he venido a traerle estos informes de alta para revisar- La
             fulminé con la mirada, aunque lo que de veras deseaba era partirle su perfecta
             nariz. Ni siquiera se había disculpado.

             -Bien, ya aclararemos esto más tarde y espero que me des una buena
             explicación- el tono de James seguía serio.- Deja los informes ahí. Tengo cosas
             que hablar con la doctora Swan.

             -Adiós, Isabella, encantada de haberte conocido- Irina se despidió de mí con
             una sonrisita. Así se le rompa un tacón, se parta sus perfectos dientes y de paso
             algunas uñas.

             -Está bien, Bella, concretemos, a menos que te hayas arrepentido ya de haber
             cruzado el Atlántico - suspiró James.- Ahora trabajarías como residente de
             pediatría en el Hospital Comunitario de Forks, por tres meses. Allá ya tienen
             sólo un residente nuevo por año y siempre andan cortos de personal,
             agradecerán una ayuda. Pasado ese tiempo vendrás aquí y podrás rotar por los
             servicios que más te interesen, ya hablaremos de eso cuando quieras.

             -De acuerdo, James- sonreí levemente y chocamos las manos.

             -Te pondré en contacto con la responsable de pediatría del Hospital de Forks,
             allá estarás muy bien- dijo, tranquilizador.

             James me dio el teléfono de la doctora Emily Martin, la jefa de pediatría de
             Forks. Me dijo que se pondría en contacto con ella para que me llamara. Se le
             notaba un poco incómodo, pero me despidió con palabras amables. Al cerrar
             la puerta de su despacho aguanté las ganas de llorar. No había para tanto.
             Aunque si lo hubiera sabido habría venido en abril. Deshice mi camino hacia la
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             salida del hospital, ahora ya sin prisas. Afuera seguía lloviendo, el día era gris y
             eso no ayudaba mucho a mi maltrecho ánimo. Tomé un taxi y me dirigí de
             nuevo al hotel. Intenté respirar lenta, profundamente y ser positiva, mientras
             observaba por la ventanilla. Sólo sería un pequeño paréntesis, nada más eso.
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             Una vez en la habitación me duché con agua bien caliente, notaba como mi
             cuerpo se relajaba. Mientras me secaba el cabello sonó el móvil.

             -¿Bella Swan?-preguntó una voz femenina.

             -Soy yo.

             -Hola, soy Emily Martin, James Watson me ha dado tu teléfono - un punto
             para la jefa, me había llamado Bella sin tener que corregirla.

             -Hola, doctora Martin.

             -Emily, por favor.- Caray, qué campechanos que son aquí los jefes. –Siento el
             malentendido, pero eso ahora no importa, lo que importa es que te sientas bien
             con nosotros durante los siguientes meses.

             -Ah, gracias, Emily,- sonreí al teléfono - eres muy amable.

             -Bueno, ¿cuándo nos conoceremos? Comprendo que no quieras venir en
             seguida, estarás un poco descolocada después de lo que ha sucedido, y con el
             viaje y todo lo demás…

             -A ver… no he deshecho las maletas, así que entre que pago la habitación,
             alquilo un coche para ir a Forks y llego… ¿cuánta distancia hay desde aquí?

             -Son unas tres horas… si respetas los límites de velocidad, cosa que te aconsejo.
             En este país hay un policía de tráfico detrás de cada valla publicitaria, ya sabes –
             bromeó. Aquella mujer me caía bien. James era atento, pero mucho menos
             cálido.

             -Vale, pues nos podemos conocer hoy mismo por la tarde. - Notaba mi corazón
             aligerarse. Quizá eso del paréntesis no fuera mala cosa, al fin y al cabo. – Eh…
             Emily – tanteé - ¿en Forks hay algún alojamiento que me aconsejes, o sabes de
             alguien del hospital que quiera compartir piso con una desconocida?

             -A ver, déjame pensar… -hizo una breve pausa- El otro día estuve hablando con
             Ángela, una enfermera de Urgencias, y me comentó que le iría bien compartir
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             casa, ya que la que era su compañera hasta ahora se ha trasladado a trabajar a
             otro centro. Es una persona encantadora, estoy segura de que congeniaríais. Si
             te parece bien voy a comentarle ya algo.

             -Está bien –repliqué, insegura… no me gustaba comprometerme ya, podría ser
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             que la tal Ángela fuera una rarita, aunque no sabía por qué pero me fiaba de
             Emily.

             -De acuerdo- repuso Emily, y me dio instrucciones para encontrar el centro
             hospitalario. Mi sentido de la orientación era casi nulo, pero por lo que me
             explicaba no parecía difícil llegar hasta allá.

             Forks era un pueblo pequeño, con poco más de 3000 habitantes, pero a su
             hospital acudían muchas personas de los alrededores ya que era el único centro
             sanitario medianamente dotado en muchos kilómetros a la redonda. Se hallaba
             situado a las afueras del pueblo, sobre una pequeña colina que los humanos
             habían robado al bosque. Robado era la palabra. Si me obligaran a emplear un
             solo adjetivo para definir el pueblo diría "verde". Todo alrededor era verde en
             diferentes tonalidades. Hasta el aire parecía verdoso.

             Cuando me presenté ante el hospital con mi coche alquilado, la maleta y un
             mapa parecía una turista cualquiera. Había visto varios por la zona; al parecer
             era gente a la que le gustaba la humedad, el frío, y el asfixiante color verde. Me
             sentía nerviosa, de nuevo.

             Habíamos quedado en la cafetería, que estaba situada en la planta baja del
             edificio. Tenía una pared exterior acristalada para aprovechar al máximo la
             escasa intensidad de la luz diurna. Forks debía ser incluso menos soleado que
             Seattle, pensé luchando de nuevo contra la sensación de agobio que amenazaba
             con invadirme.

             En cuanto entré las reconocí, más que nada porque las dos estaban sentadas de
             cara a la entrada del local, observando fijamente: eran una chica de más o
             menos mi edad, morena y delgada, con gafas, y una mujer de unos 40 y pocos
             años, con el cabello y los ojos negros y la tez morena. Ambas sonreían
             ampliamente mirándome. Se debía notar a la legua que yo no era de allá. Me
             acerqué a ellas y se levantaron. Hicimos las presentaciones e inmediatamente
             me relajé: no me había equivocado en mi primera impresión de Emily, y
             Ángela parecía una chica sincera, abierta. Me pareció que nos llevaríamos bien.
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          Después de hablar un rato de naderías Emily pasó a explicarme cuáles serían
          mis funciones.

           - Como ya habrás observado es un centro pequeño, pero tenemos bastante
           trabajo, y no mucho personal - sonrió y continuó. – En las guardias el residente
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           de pediatría suele dedicarse a urgencias. Cuando por la noche el flujo de visitas
           se reduce se parte el trabajo de planta y urgencias entre adjunto y resi, así que a
           menos que uno de los dos se vea desbordado se puede descansar un poco.

          También me explicaron que en ese pequeño hospital el espacio estaba
          aprovechado a más no poder, tanto que a la hora de planificarlo alguien se
          había olvidado de que los médicos hacíamos turnos de más de 24 horas y
          necesitábamos un lugar donde estirarnos un rato. Cuando se dieron cuenta del
          fallo la solución fue poner armarios con cama abatible en varias de las consultas
          externas. Los adjuntos descansaban en un sofá- cama en sus respectivos
          despachos.

          Hablamos un rato más, comentando temas prácticos sobre el trabajo. Ángela
          me dio las llaves de su casa, indicándome su situación en el pueblo. Mi nueva
          jefa me aseguró que le entregaría mi nuevo uniforme a Angela para que no
          tuviera que ir a buscarlo mañana por la mañana. Me despedí de ellas, ya que
          tenían que volver al trabajo. Yo empezaría al día siguiente. Ahora que había
          reconocido un poco mi nuevo "terreno" me sentía algo más tranquila. Salí de la
          cafetería y el olor a vegetación húmeda golpeó mis fosas nasales. No había
          parado de caer una fina lluvia desde mi llegada. Me iban a crecer setas en la
          piel, estaba segura.

          Localicé sin problemas la casa de Ángela. Era una bonita casa de dos pisos, con
          un pequeño jardín, situada a las afueras del pueblo en el lado contrario a donde
          estaba el hospital. Era alquilada, pero el alquiler mensual era baratísimo,
          ventaja de trabajar en un zona rural. Abrí e inspeccioné el interior. Era
          luminosa, olía a limpio, y estaba bastante ordenada. La decoración era juvenil y
          alegre. Me gustaba. No hacía mucho frío porque Ángela había dejado la
          calefacción puesta pero subí el termostato hasta una temperatura normal.
          Inspeccioné la cocina y la nevera, observando que ella y yo teníamos gustos
          cercanos en cuanto a alimentación, sin manías. Allá había un poco de todo.
          Poco. Necesitábamos compra urgente, ahora éramos dos, y ella estaba de turno
          de tarde, así que salí "de caza". Había visto un pequeño supermercado cerca,
          aunque más bien era una de esas tiendas de pueblo donde igual compras una
          navaja suiza que un paquete de arroz. Después de sortear con evasivas la
          natural curiosidad de la tendera (ya tendría tiempo de enterarse de mi vida
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           privada, no me cabía la menor duda) y comprar unas cuantas provisiones volví
           a mi nueva casa. Me entretuve deshaciendo las maletas y preparé la cena, lo
           cual alegró mucho a mi nueva compañera. Pusimos la mesa en el comedor.
           Mientras cenábamos nos explicamos un poco la vida, para empezar a
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           conocernos.

         - Este pueblo no está mal para vivir en él, ya lo verás, aunque tiene el defecto
         del clima tan frío y húmedo- dijo Angela mientras cenábamos la pasta con
         verduras. - Llevo aquí cinco años y no sé si alguna vez me acostumbraré ¡Algún
         día emigraré al sur del país! -afirmó- Y eso que soy de Seattle, pero ¡es que aquí
         aún llueve más! No recuerdo cuándo fue el último día soleado- comentó,
         pensativa.

         Le conté que yo también era nacida en Seattle, explicándole mi vida muy por
         encima. Estuvimos comentando diversos temas personales y sobre el trabajo.
         Me explicó algunas cosas de mis nuevos compañeros.

         - Emily, la jefa, es tan legal como parece, ya la conocerás, es una gran persona y
         mejor profesional. En pediatría hay buena gente en general, aunque Jessica, en
         fin… se escaquea un poco. Tendrás que ir con cuidado, porque a la que te
         descuides tendrás que hacer tu trabajo y el suyo. No quiero que tengas
         prejuicios pero tampoco me parece bien no darte esta información, llevo años
         aquí y ya me conozco al personal- al decir esto último miró hacia el techo
         soñadoramente.

         -Eh, Angela- le dije pasándole la mano por delante para que reaccionara.- ¿En
         qué piensas?- ella me miró como si acabara de despertar.

         -¡Ah! Nada, nada, estaba pensando en los monumentos locales – dijo muy
         seria, pero un brillo pícaro le bailaba en los ojos.

         -¡Si aquí no hay otra cosa que verde y cuando se acaba el verde aún hay más
         verde! ¿Me tomas el pelo? Sí, me lo tomas- dije mientras ella se carcajeaba.-
         ¿De quién me hablas?

         -Bueno, vamos a dejarlo para mañana, de momento ya tienes suficiente
         información- se levantó y empezó a recoger la mesa.

         -¡Pero… no me dejes así hasta mañana! ¡No te dejaré dormir si no me cuentas
         algo más!- la amenacé.
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              -Con la cara de muerta que pones eso no te lo crees ni tú, vas a caer KO en tu
              camita, Bella Swan. Recuerda que hoy has volado desde otro continente-
              repuso sonriendo petulante, mientras yo escondía un bostezo monumental.

              -Vale, pero de esta me acuerdo. Mañana me lo explicas.- Me levanté de la silla
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              y también recogí.

              -Bella, mañana vuelvo a tener turno de mañana, así que por la tarde te lo
              cuento. Buenas noches, nueva compañera - dijo, feliz.

              - Buenas noches - le contesté con una sonrisa. Realmente era fácil hacerse
              amiga suya.

              ...

              -¡Bella!- escuché el grito desde las profundidades de mi inconsciencia, al mismo
              tiempo que sentía mi cuerpo zarandeándose. ¿Sería un terremoto? Abrí los
              ojos como platos y me senté bruscamente en la cama. Una figura se apartó para
              que no chocáramos. Parpadeé varias veces y me froté la cara. Entonces miré
              alrededor mío, y fue como si un relámpago me iluminara.

              -¡Dios! ¿Qué hora es?- busqué mi móvil sobre la mesita de noche. Se me cayó
              al suelo y gruñí de frustración.

              -Tranquila, son sólo las siete de la mañana. Niña, tienes suerte de que hoy
              entremos a la misma hora. Creo que tu móvil lo han escuchado hasta en
              Luisiana, pero tú ni te has enterado- Angela estaba ya vestida y sentada en mi
              cama, con una taza de café en la mano.- Por cierto, ¿qué música era esa?-
              preguntó, tendiéndome el humeante líquido.

              -Supermassive Black Hole, de Muse - acepté la taza.- Gracias.

              -Me suena- dijo pensativa.- ¿Está bueno el café? Lo he hecho más cargado de
              lo que acostumbro.

              -Mmm- cerré los ojos al sentir el vivificante calor del café en mi cuerpo.- Me
              has salvado la vida por segunda vez hoy, gracias.

              -Ah, es mi especialidad, trabajo en Urgencias, ya sabes- me guiñó un ojo.- Será
              mejor que te pongas en marcha o llegarás tarde, Bella- me cogió la taza de las
              manos y se incorporó, dejándome sola.
Cambio De Destino
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          Miré por la ventana. Llovía. Vaya mierda, pensé, nuevamente deprimida.
          Inspiré profundamente y me dirigí a la ducha.

            Me presenté en la planta de pediatría puntualmente y vestida de uniforme
            (pijama blanco, zuecos y fonendocopio colgando al cuello). Aprovechando la
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            sesión matinal de ingresos, donde estaban todos reunidos, Emily me presentó a
            mis nuevos compañeros, primero a los adjuntos, y luego vino el turno de los
            residentes que eran, por orden de mayor a menor año, Jessica, Peter, Monica y
            Ben. La última en las presentaciones oficiales fue Jessica. Recordaba lo que
            Angela me había dicho de ella.

          -Hola, Bella – me dio dos besos - Se te ve muy pálida. Yo pensaba que los
          españoles estabais todos morenos.- Soltó una risita.

          -Sí, por eso me echaron de allá- puse cara de sentirme apenada.

          Me miró como si no supiera qué contestar, mientras los demás compañeros
          sonreían. Pero en seguida reaccionó.

          -Hoy nos toca pasar visita en la planta -dijo, cortante. - Hay pocos niños, así que
          acabaremos pronto y te podré explicar temas de papeleo y cosas prácticas para
          poderte manejar por el hospital- dijo con aire de suficiencia.

          -Gracias- repuse. No podía olvidar las palabras de Ángela e hice bien, porque
          una vez fui presentada a las enfermeras del turno de mañana y habiéndome
          explicado el papeleo de forma somera, Jessica desapareció. Tuve que pasar
          visita yo sola en mi primer día. Casualmente, cuando ya había terminado
          apareció ella.

          -Vaya, Bella, ¡qué rápida has pasado visita! Me ha llamado el compañero de
          urgencias y he tenido que marchar a ayudarle, perdona por no haberte avisado.

          Julia, una enfermera de la planta, soltó un suave bufido. La miré y puso los ojos
          en blanco, meneando la cabeza. Jessica no advirtió el gesto.

          -No pasa nada – repuse con cara seria, mirándola- pero la próxima vez me
          gustaría que me avisaras para saber dónde encontrarte, como mínimo-. Julia me
          miró con aprobación. Jessica me observó fijamente, como estudiándome, y se
          limitó a asentir.

          -Venga, te voy a enseñar el área de urgencias- dijo, conciliadora.
Cambio De Destino
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              Nos dirigimos por el pasillo hacia las escaleras.

              Entonces fue cuando lo vi.

              Se abrió la puerta del ascensor y salió un joven de unos veintitantos. Al verlo,
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              me detuve sin darme cuenta. Porque no era consciente de nada que no fuera
              él. La voz de Jessica hablando a mi lado parecía un zumbido lejano. Aquel
              hombre tenía una belleza que no era de este mundo. Era muy alto, cercano al
              metro noventa. Sus cabellos, de un curioso color bronce, estaban
              elegantemente despeinados, y su cara, de tez muy pálida, parecía cincelada por
              un escultor de la Grecia clásica. Los labios eran carnosos y perfectamente
              dibujados. El cuerpo no le iba a la zaga al rostro: era delgado pero musculoso
              tal y como podía apreciarse en los brazos, que llevaba descubiertos. Vestía
              camisa azul de cirujano, y pantalón vaquero. Su andar era felino, elegante.

              Estaba concentrado mirando un historial del montón que llevaba entre sus
              brazos, mientras se desplazaba hacia nosotras. De pronto alzó la hermosa cara y
              me clavó una penetrante mirada. Mi corazón paró de latir en ese momento, y
              cuando reanudó su contracción noté una punzada en el pecho. Me sonrojé. El
              tiempo parecía pasar más lentamente alrededor nuestro y entonces sus ojos
              cambiaron ligeramente. Avergonzada, aparté la vista, aunque fui consciente de
              que él no lo hacía. Su intensa mirada me quemaba la piel y no sólo por el
              sofoco que ya sentía. Jessica seguía con su cháchara cuando el joven se acercó a
              nuestra altura y nos habló.

              -Buenos días, Jessica y…- la voz, aterciopelada y melódica, no desmerecía en
              absoluto al aspecto de su propietario. Se nos quedó mirado a las dos,
              esperando. Mi cara era un puro rubor, y el ser consciente de ello y del estudio
              al que estaba siendo sometida no me ayudaba en nada a cambiar de color.
              Estaba a punto de la hiperventilación. Mi reacción era ridícula, pero no podía
              evitar esa catarata de respuestas que mi rebelde organismo ofrecía a pesar de
              mis esfuerzos en contra. No me atrevía ni a mirarle. Jessica sí lo hizo, lo
              observó como si él acabara de descender de una nave espacial.

              -Ho…hola Edward, esta es Bella Swan, la nueva residente, estará unos meses
              con nosotros- farfulló boquiabierta. Edward me miró, sonriente. Era lo que me
              faltaba para parecer un semáforo en rojo. Al mismo tiempo me sorprendía la
              reacción de mi compañera hacia quien se suponía que era un compañero de
              trabajo.
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            -Hola, Bella, encantado de conocerte… había oído que venía una nueva
            pediatra pero no sabía cuándo. Mi nombre es Edward, Edward Cullen. Soy resi
            de cirugía, quinto año – explicó, pero no me tendió la mano ni se me acercó.
            Miraba esos ojos color miel que seguían clavados en los míos, al tiempo que
Página | 13 persistía en la inútil tarea de palidecer mi piel a voluntad. Habría seguido allá,
            fascinada, si Jess no hubiera interrumpido mi trance tirándome del codo.

           -Hemos de irnos a urgencias, Bella. Hasta luego, Edward- se despidió mientras
           prácticamente me arrastraba con ella hacia las escaleras.

           -Adiós, Edward.- Me giré para despedirme, caminando mientras seguía
           mirándole. Esperaba que Jessica evitara que me cayese por las escaleras.

           Mientras bajábamos, Jessica me miró de arriba abajo.

           -¿Conocías a Edward de algo?- me miró interrogante. Negué con la cabeza y
           ella puso cara de extrañeza - Es raro.

           -¿El qué es raro?

           -Digamos que es bastante… arisco. Me ha extrañado que parara a presentarse.
           Pero –continuó mientras hacía un mohín - no te hagas ilusiones, para él las
           mujeres de este hospital somos poca cosa, no ha tenido nada que ver con
           ninguna, y eso que algunas lo han intentado. Creo que es gay.- No dudé ni por
           un momento de que ella entraba en el grupo de las "frustradas". Por supuesto
           para mí estaba claro que su reacción reflejaba simple interés por la novedad
           que yo representaba en ese pequeño lugar. Me obligué a centrarme de nuevo
           en lo que me decía Jessica. ¿Es que a esta mujer nunca se le acababa la batería
           de la lengua?

           En el área de Urgencias nos encontramos con Ángela. Me saludó con un
           movimiento de cabeza, sonriendo, mientras extraía sangre de un paciente en
           uno de los boxes. Jessica me presentó a tantas personas que al final de la
           mañana ya no recordaba el nombre de ninguna. Todos me miraban con
           curiosidad. Pero nadie me miraba como lo había hecho Edward Cullen.
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              .




                                                Capítulo 2



              EPOV

              Esta mañana tenía una cosa clara: iba a pasearme mucho. Me tocaba pasar
              visita solo y tenía muchos pacientes repartidos por todo el hospital. Por suerte
              el cansancio no hacía mella en mí, aunque tenía que simular que era así y por
              eso mismo me paré ante el ascensor y le di al botón de llamada. Me abstraje en
              mis propios pensamientos, intentando aislarme de los de los demás.

              Cuando decidí seguir los pasos de mi padre no imaginé que sería tan
              complicado todo: simular que era un ser humano había sido casi tan difícil
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            como controlar la sed de su sangre, pero más o menos me estaba saliendo con
            la mía. Más o menos, porque al final me había ganado a pulso la reputación de
            tipo raro y sin mucha vida social. Rarito Cullen, así me llamaban algunos,
            aunque esto no era algo que me preocupara. Era lo que era, un vampiro que
Página | 15 renegaba de sus instintos, un tipo peculiar tanto para los de mi especie como
            para los humanos, pero un vampiro al fin y al cabo. No me interesaba
            relacionarme a fondo con la humanidad. Me bastaba con seguir con mi
            vocación, la que tuve siempre, y que no había cambiado a pesar de los años que
            habían pasado desde mi transformación.

           Subiendo en el ascensor percibí la chillona voz de Jessica Stanley. Incluso su
           mente era estridente. Suspiré y me armé de paciencia ante el inevitable
           encuentro. Cuando estaba cerca de ella intentaba bloquear sus pensamientos,
           que me hacían sentir incómodo. Desde aquella época en que no había parado
           de insinuárseme intentaba evitarla, pero era más complicado intentar no oírla.

           El ascensor paró en el primer piso y se abrieron las puertas. Jessica estaba al
           fondo del pasillo, caminando al lado de otra chica. Decidí ignorarlas y continué
           avanzando, con la mirada fija en el historial que llevaba en la mano.

           De repente una idea me sacudió la mente: no podía oír los pensamientos de la
           chica que estaba con Jessica. Al mismo tiempo me estremeció un aroma en el
           ambiente completamente desconocido para mí. Era el olor de aquella chica.
           Me sentí confuso. Jamás me había enfrentado a nadie que se resistiera a mi
           don, y ese seductor aroma... era nuevo para mí, me atraía hacia ella,
           nublándome la voluntad.

           Fui acercándome lentamente, aspirando esa fragancia, saboreándola. Intenté
           serenarme. Estaba alarmado ante mis propias reacciones, pero también sentía
           una enorme curiosidad. Decidí intentar abatir las barreras de la joven, y clavé
           mis ojos en los suyos, aún a riesgo de inquietarla… sólo para descubrir que ella
           me estaba observando fijamente. Escuché su arrítmico latido al enlazarse
           nuestras miradas. ¿La habría asustado? Vi que era preciosa; poseía unos
           expresivos y grandes ojos oscuros y una boca sensual de labios llenos. Su
           cabello era de un brillante tono castaño y lo llevaba recogido hacia atrás. No
           podía apreciar sus formas femeninas con la poco estimulante ropa del hospital,
           pero lo poco que se adivinaba me dejaba con ganas de descubrir más. Estudié
           su sonrojado rostro mientras me aproximaba, refrenando mis ganas de avanzar
           más rápidamente.
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            Ya cerca de la joven aquel perfume tentador comenzó a ofuscarme, me
            impulsaba hacia ella como un potente imán. Sentía la necesidad de respirarla
            de cerca, de tocarla, como si tuviera que comprobar que era real. Paré de
            inhalar o no podría controlarme. En aquel instante apartó sus pupilas de mí, y
Página | 16 luché contra el impulso de pedirle que no lo hiciera. Recuperé cierto
            autocontrol y pedí a Jessica que me la presentara.

           Bella. Qué nombre tan apropiado. Bella. ¿Qué era eso que me hacía sentir?
           Quería saberlo, y sólo ella tenía la clave. Jamás ningún ser había despertado en
           mí tanto interés. Tras cruzar unas pocas palabras de cortesía conmigo ambas se
           alejaron por el pasillo. La seguí con la mirada hasta que la perdí de vista cuando
           giró hacia las escaleras. Antes de eso se volteó y nuestras miradas se volvieron a
           cruzar. Su mente en blanco me provocó una oleada de frustración, como si
           fuera un niño malcriado al que niegan el juguete más deseado.

           BPOV

           Ángela y yo nos habíamos pasado la tarde hablando de nuestras vidas,
           comentando también anécdotas del trabajo y de los compañeros. Le di las
           gracias por sus consejos. Ya en la noche nos dedicamos a ver una película en
           DVD y comer palomitas, tumbadas en el sofá del comedor.

           -Qué… ¿Ya lo has visto? - me dijo ella como de pasada, cogiendo un montón
           de palomitas.

           -No sé de qué me hablas- repuse indiferente, aunque sabía perfectamente a
           quién se refería. Me extrañaba que el tema no hubiera surgido durante la tarde.
           Desde luego, yo no lo saqué a relucir.

           -¡Venga ya!- me dio un manotazo ligero en el brazo- No te habrá pasado
           desapercibido. Además, sé que había un niño operado ingresado en pediatría y
           que él pasaba visita.- Reí para mis adentros, tenía que andar con ojo, Ángela
           parecía el Gran Hermano.

           -Por dios, Ángela, ¿para quién trabajas, para la CIA? - miré al cielo con
           resignación fingida. Me sentía tan cómoda con ella que era como si nos
           conociéramos desde hacía mucho tiempo. Y sólo era nuestro segundo día.

           -Venga, confiesa, ¿qué te ha parecido?- siguió pinchando, observándome.

           -Supongo que hablas del cirujano… es mono - reconocí con fingida indiferencia,
           sin apartar la mirada de la televisión.
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           -¿Mono? ¡Pero si es un dios! – rió.

            -¿Te gusta Edward Cullen?- la miré intentando disimular cierta preocupación,
            aunque pensaba ignorar al "dios". Mi estancia en este país tenía un objetivo, y
            ese no era liarme con un compañero de trabajo. Además ese hombre estaba
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            fuera de mi alcance.

           -Me gusta mirarlo, pero no me atrae.- Me miró, pensativa.- No te sabría decir
           qué es. Quizá tanta perfección física me asusta un poco. Pero es educado y muy
           buen cirujano. Y deberías ver lo amable que es con los pacientes. Las abuelitas
           que ingresan en cirugía lo adoran. Y…

           -Vale, vale, no me vengas ahora con querer emparejarme, no tengo ganas de
           problemas. Además sólo voy a estar tres meses aquí, y tú ya me quieres enredar
           - Ángela rió.

           -No te quiero emparejar, mujer. Sólo tenía ganas de un rato de sano cotilleo
           con mi nueva compañera. ¿Tienes algo en contra de ligar con un compañero
           de trabajo que está como un dios?

           -Sí. Ángela, no quiero sonar aburrida, pero estoy en Forks para pasar una
           temporada corta, y el resto de año lo pasaré en Seattle. He venido a este país a
           aprender y a trabajar- ella bostezó de forma fingida.

           -Pues sí que suena aburrido. Y un año da para muchos polv… ¡Ay!- le pegué
           una suave colleja antes de que acabara la frase, aunque me estaba riendo. Ella
           alzó una mano conciliadora.

           -Vale, vale, si he de soportar agresiones fin del tema. Venga, sigamos viendo la
           película, que mañana no habrá quien nos levante de la cama.

           -De acuerdo, pero otro día toca hablar de tus posibles relaciones, Webber. No
           te creas que aquí sólo yo voy a ser yo la interrogada.

           Ángela rió y diría que se había sonrojado un poquito, aunque la luz era
           demasiado escasa para asegurarlo.

           ...

           Me incliné para recoger el cambio y mi café de la máquina. Lo probé y arrugué
           la nariz. El sabor era espantoso, pero todavía arrastraba el jet lag y necesitaba un
           nuevo chute de cafeína.
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           -Buenos días - sonó una voz amistosa a mi espalda.

            Me giré y vi la sonriente cara de Mónica, mi compañera de especialidad. Era
            una chica delgada, con ojos azules y el pelo negro cortado en media melena.
            Ayer se había marchado a la consulta externa a primera hora y apenas tuve
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            tiempo de intercambiar unas palabras con ella, pero me había parecido
            agradable. Y solía fiarme de las primeras impresiones.

           -¡Hola! – le sonreí- Este café hace que me sienta como en casa.

           -Ese café tiene muchas propiedades pero la de aminorar la nostalgia no la
           conocía- alzó ambas cejas componiendo una divertida cara de sorpresa.

           -Ah, lo decía porque sabe igual de asqueroso que el de la máquina de mi
           hospital. ¿Qué más propiedades tiene?

           -Bueno, te digamos que a partir de ahora no vas a necesitar laxantes, si es que
           los tomas- me guiñó un ojo mientras introducía una moneda en la máquina.

           -Vale, es el mismo café, ahora estoy segura- asentí, convencida, observando el
           poso que quedaba en el vasito de plástico. Ambas nos miramos y reímos.

           -¿Te vas adaptando? Espero ser la primera en hacerte esta pregunta, creo que
           la vas a escuchar mucho durante unos días y acabarás odiando a quien te la
           haga.

           -Sí, eres la primera- sonreí-, y me voy adaptando- miré la hora en móvil.- ¿No
           deberíamos subir ya?

           La morena asintió y terminó su café en tres sorbos. Apretó el botón del
           ascensor.

           -Hoy me tocan paritorios, y Emily sugirió que vinieras conmigo. Oye... Sé que
           vienes de un hospital grande, así que no creo que tengas problemas para
           manejar a los pacientes cuando estés de guardia tú sola. Algunos adjuntos no
           colaboran mucho, pero si necesitaras ayuda cosa siempre puedes llamar a
           Emily, no vive lejos de aquí.

           Eso confirmaba la opinión que tenía de mi nueva jefa, y me tranquilizaba.

           Tras la sesión de presentación de ingresos Peter le dio a Monica el "busca" del
           paritorio. Estuvimos muy ocupadas toda la mañana; nos llamaban de la
Cambio De Destino
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              maternidad, para una cesárea, o cualquier parto que se anticipara como
              complicado. Me tranquilicé viendo que la manera de hacer las cosas no distaba
              mucho de mi hospital de origen. Al final de la mañana mi compañera y yo nos
              encaminamos a la cafetería del hospital.
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              -¿Ya has probado la comida de aquí?- Monica me dirigió una escrutadora
              mirada mientras ocupábamos una mesa libre con nuestras bandejas.- No, creo
              que no, tienes buen aspecto.- Sonreí, negando. Respecto a la "deliciosa" comida
              del hospital parecía que también iba a sentirme en casa.

              -Ayer no tenía mucha hambre y comí un yogur arriba en la planta- nos
              sentamos y me descubrí mirando alrededor, buscando una cabeza de cabellos
              cobrizos. Pero no estaba aquí.

              -Ojalá pudiéramos sobrevivir sólo con eso. Esta sopa parecen los restos de una
              clase de Pociones.- dijo Mónica, haciéndome reír y atragantarme.

              -Yo también soy fan de Harry Potter- sonreí.

              Una chica de pelo negro azabache recogido en una coleta y ojos verdes
              penetrantes se acercó a nosotras con su bandeja, sentándose al lado de mi
              compañera.

              -Tú debes ser la nueva pediatra- me tendió la mano por encima de la mesa.-
              Soy Anne, "resi" de ginecología.

              -Encantada- le di la mano.- Soy Bella.

              -Por supuesto que eres Bella, no podían haberte puesto mejor nombre-
              sentenció un chico rubio vestido de cirujano al tiempo que se sentaba a mi
              lado. Anne rodó los ojos y bufó.

              -Mike, esta es la mesa de las chicas. Vete para que podamos criticarte sin que te
              sientas herido- gruñó la ginecóloga.

              -Anne, me sorprendes ¿Desde cuándo eres tan compasiva? Mike Newton,
              cirugía, cuarto año- me tendió la mano clavándome sus ojos azules de una
              forma que me hizo sonrojar, aunque correspondí a su saludo. Tras retener mi
              mano unos segundos más de lo correcto miró a la ginecóloga- Anne, no me da
              la gana de comer solo. Ya sabes que Rarito Cullen nunca baja al comedor, y los
              demás están en quirófano.
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              -No llames así a Edward- recriminó Mónica, molesta.- Es un poco especial pero
              es un buen compañero.- Anne asintió, y ambas ganaron muchos puntos de mi
              aprecio por este gesto.

              -¿Es cierto lo que he oído? ¿Que Leonard y él se atrevieron a suturar una
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              rotura cardiaca?-preguntó Anne.

              -Sí, hicieron cirugía cardiaca en un hospital comunitario. Esos dos están locos-
              negó Mike con la cabeza.- Tuvieron suerte de que la cosa fuera bien, de haber
              sido de otra manera tendrían un pleito sobre sus cabezas.

              -Un pleito que no habría ido a ningún sitio. Si no lo hubieran hecho la paciente
              no habría soportado el traslado al Northwest. Le salvaron la vida- zanjó Anne.

              Mi jornada laboral finalizó y me dirigí a Urgencias para despedirme de Angela,
              pues ella tenía turno de tarde. Intercambié unas palabras con ella y me dirigí a
              la salida. Repentinamente la puerta de doble hoja se abrió y entró a toda pastilla
              una camilla empujada por dos paramédicos. Era un anciano inconsciente. Sentí
              un brazo en mi cintura y una mano en mi propio brazo que me apartaron del
              camino, evitando que la camilla me atropellara antes siquiera de que yo hubiera
              reaccionado, . Algo tembló en mi interior al sentir ese contacto.

              -Bella- Edward Cullen me soltó y se colocó ante mí.- Has de tener cuidado. Es
              mejor que no salgas por esta puerta, es la de las camillas y es peligrosa. La del
              personal es aquélla- señaló.

              Su hipnótica mirada se clavó en la mía. Sentí mi corazón latir con más fuerza, y
              mi rostro se sofocó.

              -Gracias por la ayuda- pronuncié con dificultad.- Además de nueva soy un poco
              torpe- sonreí.

              -Edward, te necesitamos aquí- una enfermera salió de uno de los boxes.

              -Hasta otra- sonrió Edward. Giró sobre sus talones y se dirigió al box donde le
              reclamaban, mientras yo intentaba recuperar la compostura.

              ...

              Los días pasaban rápidamente. Angela demostró ser una buena amiga, y con su
              ayuda, la de la jefa y de algunas de mis compañeras me adapté en poco tiempo
              a la rutina de ese pequeño hospital. Ya había superado la prueba de mi primera
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            guardia. Ya (casi) me había acostumbrado a la constante nebulosidad de Forks.
            Sólo había algo que alteraba esa rutina, y era Edward Cullen. Lo veía poco,
            pero cuando nos encontrábamos por los pasillos del edificio me alteraba de
            una forma incontrolable, siempre de igual manera, y por ello me enfadaba
Página | 21 conmigo misma. Lo peor era que hubiera jurado que él se daba cuenta de ello.
            Sin embargo, tan sólo pasaba por mi lado, me dirigía un educado "hola, Bella"
            acompañado de una sonrisa que me acababa de rematar y seguía su camino. Yo
            entonces resistía el tremendo impulso de girarme y observarlo por detrás.

          ...

          -Bella, qué pena que sólo te vayas a quedar unos meses, es una maravilla cómo
          te has adaptado a todo en tan poco tiempo-dijo Emily.

          -Gracias, jefa- repuse para pincharla, sabía que no le gustaba que la llamara así-
          lo cierto es que me siento muy bien aquí, y en gran parte es gracias a Ángela y a
          ti. Hicisteis que comenzara con buen pie, a pesar del palo del primer día.

          Hoy me tocaba guardia, pero una guardia un poco especial. Era la primera vez
          que coincidía con Edward. Notaba mariposas en mi estómago, e intentaba
          convencerme a mí misma de que estar de turno con él no tenía nada que ver
          con ello. Pensé en otras cosas. Ángela tenía turno de noche en Urgencias.
          Siempre me alegraba coincidir con mi amiga.

          La tarde fue pasando bastante ajetreada, había visitado muchos casos de gripes
          y bronquitis, pero ninguno tan grave como para requerir su ingreso. A la hora
          de la cena no pude dejar de observar que Edward no estaba. Tan sólo lo había
          visto fugazmente un par de veces entrando y saliendo de los boxes de cirugía.
          Reprimí una oleada de decepción. Cené rápido porque tenía algunos pacientes
          esperando en urgencias, y cuando volví para allá Ángela ya había comenzado el
          turno. Fui a saludarla a la salita de personal, donde estaba tomando café.

          -¡Hola, "compa"! ¡Qué bien, una noche más conseguiste sobrevivir al menú
          hospitalario!- bromeó.

          -Sí, pero no cantes victoria, aún no ha pasado el período de seguridad para
          descartar una intoxicación aguda - compuse una mueca de desagrado
          tocándome la barriga.- Creí que no se podía comer peor que donde trabajaba
          antes pero estaba muy equivocada. Los pacientes tienen un buen acicate para
          curarse pronto, o eso o morir de inanición.
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              -Eso es cierto -rió Ang.- No me extraña que Edward nunca coma aquí, ese sí
              que sabe cuidarse. Bueno, él dice que tiene unas cuantas intolerancias
              alimentarias y que debe seguir una dieta especial, por eso siempre se trae su
              propia comida…- comentó, con expresión un tanto suspicaz.
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              -Ah… por eso nunca viene a comer.

              -Ja, eso sí que lo habías observado, señorita "yonomefijoenedwardcullen"-me
              dijo con cara de sorna. Le saqué la lengua.

              -A ver, niña, no somos tantos, es fácil darse cuenta cuando falta alguien-
              repliqué un tanto picada.

              -Sí, claro, claro – repuso incrédula. Yo bufé y puse los ojos en blanco, al tiempo
              que me despedía para continuar mi trabajo.

              Eran las dos de la mañana cuando mi adjunto y yo hablamos de partirnos la
              noche. Yo haría el primer turno, así que trabajaría hasta las cinco. Estaba
              realmente cansada, y para aguantar acepté un café al que me invitaron las
              enfermeras. Gracias a ello fui tirando hasta que se hizo la hora. Ángela se había
              ofrecido a ir a buscar las llaves de las consultas donde descansaríamos si
              podíamos, y las repartimos. Al terminar mi turno fui a buscar mi llave, que
              estaba encima de la mesa, en la salita de descanso de urgencias. Era raro.
              Habría jurado que tenía la llave de la consulta de pediatría, y esta era la de
              nefrología. Aunque daba igual, estaban una al lado de la otra y yo estaba
              demasiado hecha polvo como para más conjeturas.

              Sin más me despedí del personal de urgencias y me retiré. El ahora silencioso
              pasillo de las consultas estaba iluminado muy tenuemente por las luces de
              emergencia. Abrí la puerta y me fui directa al armario de la cama. No quería
              despejarme, por lo que ni tan siquiera abrí la luz. La consulta estaba a oscuras
              pero la ventana estaba parcialmente abierta y la iluminación exterior permitía
              intuir la silueta de la cama, situada en un extremo. Esta ya estaba bajada; debía
              ser un descuido de la señora de la limpieza. Estaba sentándome a punto de
              tocar el camastro cuando escuché una voz conocida.

              -Bella.

              Tuve tal sobresalto que habría caído al suelo, pero eso no llegó a pasar. Un
              segundo estaba a punto de tocar el piso con mi trasero y al siguiente estaba
              tumbada al lado de Edward. Al ser una cama estrecha él me sujetaba por la
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            cintura con brazo de hierro impidiendo que me cayese, mientras se inclinaba
            ligeramente sobre mí. Su hermosa cara estaba totalmente en la oscuridad, veía
            la silueta recortada contra la ventana, pero la sentía muy cerca de mí, y su
            aliento me llegaba dulce, turbador, y… mi cara ya estaba ardiendo. Yo estaba
Página | 23 ardiendo. Tan sólo notar su duro cuerpo pegado al mío hizo que el cansancio
            pasara a un ultimísimo plano.

           -Lo siento, no quería asustarte- podía adivinar la sonrisa en su suave voz.- Diría
           que te has confundido de habitación…-seguía sujetándome y yo estaba al borde
           del colapso, ya no tan avergonzada como excitada.

           Fui consciente del intenso deseo que sentía por él, saliendo a la superficie con
           la misma fuerza con la que yo lo había intentado reprimir. Mis constantes
           vitales respondieron a su presencia como siempre hacían, descontrolándose.

           -No... no... oh, lo siento, no sé qué puede haber pasado, discúlpame.- me
           esforcé para pronunciar estas palabras con tono normal, pero no reconocí ni mi
           propia voz.

           Intenté levantarme pero él seguía aferrándome, reteniéndome a su lado. Inhalé
           su aroma, jamás lo había tenido tan cerca como para percibirlo pero me estaba
           trastornando. Lo miré e imaginé su hermosa cara, y no pude evitar morderme
           el labio inferior. Su rostro se aproximó al mío con lentitud y justo en el
           momento en que lo tuve tan cerca que creí que iba a besarme me puse muy
           nerviosa y mi cuerpo se tensó. Repentinamente se sentó en el camastro,
           soltando su agarre sobre mí.

           -No te preocupes, Bella.- me explicó en un susurro, mientras se pasaba la mano
           por el pelo.- Es una broma que suelen gastar Ángela y las demás enfermeras de
           urgencias a las residentes nuevas, pero esta no es la habitual, es raro.

           -¡Qué broma! Mataré a esa…¡ traidora! ¿El qué es raro? -conseguí farfullar
           furiosa mientras me sentaba en la cama a su lado, intentando parecer algo
           digna.

           -El cambiazo de la llave. Suelen hacerlo con la consulta donde duerme el jefe
           de la guardia, no el residente de cirugía- rió entre dientes y yo pensé en Joseph,
           el sexagenario jefe de cirugía que hoy estaba también de jefe de guardia. Mataré
           a Ang. Con mis propias manos. Y cualquier jurado me perdonará cuando sepa
           los motivos.
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              -Bella – continuó Edward - si no te incomoda que yo haya estado aquí tumbado
              quédate, en serio, apenas he estado un rato y he de marcharme. Tengo que
              controlar un postoperatorio. Ya sabes, Joseph está un poco mayor y el peso de
              la guardia lo he de llevar yo. Al fin y al cabo es mi último año de residencia.
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              Se levantó y se me quedó mirando en la oscuridad, o eso parecía. Estaba tan
              quieto que su silueta parecía la de una estatua.

              -Estoy tan cansada que diré que sí - suspiré para disimular, en absoluto me
              importaba que él hubiera estado acostado en esa cama - no tengo ganas de ir a
              buscar otras llaves. Pero haz el favor de no advertir a esa… a esa… de la que le
              va a caer encima.

              -Intuyo que ya lo sabe –ladeó la cabeza y volví a imaginar su sonrisa- Descansa,
              Bella - me dio la espalda y salió de la consulta.

              Me tumbé pero la somnolencia se había esfumado. Verdaderamente Edward
              debía llevar poco tiempo tumbado, las sábanas estaban frías, y aún a pesar de
              eso impregnadas de su aroma personal. Mala idea el acostarme aquí. Inspiré
              profundamente las sábanas, llenándome de él, dejándome llevar. A la mierda el
              autocontrol. Mis latidos aún iban acelerados. "Descansa, Bella", había dicho, y
              me ponía la piel de gallina recordar su suave voz. ¿Pero qué estaba haciendo
              yo? ¿Me estaba volviendo tonta? Y con este absurdo diálogo interno,
              contrariamente a lo que pensaba conseguí dormirme.
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                                                 Capítulo 3



              EPOV

              Me tumbé en el camastro, con la luz apagada, y esperé. Hasta hacía dos
              semanas todas las guardias habían sido igual: trabajaba hasta muy tarde, y
              durante mi turno de descanso me tumbaba en el camastro simplemente
              dejando pasar el tiempo, pensando en el trabajo y los sucesos del día, o en
              nada. Cuando eres vampiro o aprendes a pensar en nada o lo más probable es
              que acabes deseando la muerte definitiva. Ahora pensaba en Bella.

              El mismo día de conocerla había llamado a mi padre y le había explicado que
              había encontrado a una humana capaz de bloquear mi don. No le expliqué mi
              reacción al sentir su olor porque quería pensar que me había pillado en un
              momento de descuido, y que lo que necesitaba era ir a cazar. A Carlisle
              también le llamó la atención que hubiera alguien que se resistiera a mi
              capacidad telépata. Aunque yo no lo pretendía, esto excitó su curiosidad
              científica y me prometió estudiar el tema. Me explicó que Alice tampoco le
              había comentado ninguna visión donde ella apareciera. Había la posibilidad de
              que Bella fuera inmune a las capacidades de Alice, lo cual abría muchos
              interrogantes.

              Pasaron los días y pude comprobar que me había equivocado pensando que la
              reacción que Bella había causado en mí era pasajera. Oh, sí, muy, muy
              equivocado. Tras dos semanas de conocernos mi interés por ella no hacía sino
              aumentar. Ya no era sólo su inigualable aroma personal ni la curiosidad que yo
              sentía ante su silencio mental lo que me llamaba hacia ella. La veía caminar,
              gesticular, sonreír, discutir, enfadarse, bromear… y me parecía como si nadie lo
              supiera hacer mejor que ella. Era irracional, lo sabía, pero había decidido que
              no importaba, quería explorar hasta dónde me llevaba este interés. Iinterés,
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              curiosidad, y cierta atracción física. Bella era una mujer bonita y yo me sentía
              feliz cuando escuchaba su cuerpo alterarse en mi presencia. De alguna manera
              yo también le interesaba, de eso estaba seguro. Pero quería conocer hasta qué
              punto.
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              De pronto escuché unos pasos que se dirigían hacia la puerta. Ahora.
              Últimamente me había acostumbrado a sintonizar con los pensamientos de
              Ángela, y sabía lo que venía. Se abrió la puerta y me quedé quieto. Bella no
              encendió la luz. Tenía claro que si hacía amago de quitarse la ropa la iba a
              detener, no porque no tuviera ganas de ver lo que escondía ese feo uniforme
              blanco, sino porque me habían aleccionado a comportarme como un caballero,
              y no podía evitarlo.

              Se dirigió directamente al camastro y al deshacerse la coleta el movimiento
              desencadenó una leve corriente de aire que me transportó su fragancia, lo que
              fue bastante para hacerme estremecer. Control, Edward. La tenía delante, y
              debía estar agotada pues aún no se había percatado de mi presencia. Se acercó
              a la cama y fue a tumbarse. En aquel momento pensé que debía avisarla ya, de
              lo contrario sería peor.

              Pronuncié su nombre en voz baja, lo que le ocasionó un enorme sobresalto.
              Estuvo a punto de golpearse contra el suelo pero la cogí al vuelo y la deposité
              sobre la cama. A pesar de la oscuridad mis ojos me permitieron observarla a
              placer. Estaba hermosa con el cabello suelto, completamente sonrojada, los
              ojos y la boca abiertos en expresión de sorpresa. Su respiración era un jadeo
              irregular y el corazón estaba desbocado, todo lo cual me parecía de lo más
              excitante, y mi cuerpo así lo estaba manifestando. El tenerla así, tan vulnerable,
              tan cerca de mí, me despertaba poderosas sensaciones que nunca antes había
              sentido. Todo el autocontrol que había conseguido con los años estaba a punto
              de hacerse añicos.

              -Lo siento, no quería asustarte - sonreí e intenté calmarla. Y calmarme. Debía
              haberla asustado mucho porque sus constantes vitales seguían disparadas hasta
              llegar a preocuparme. - Diría que te has confundido de habitación - bromeé.

              Su expresión iba cambiando por segundos. Estaba pasando del sobresalto a…
              ¿qué hacía? Se estaba mordiendo el labio, y su mirada se hizo más brillante, las
              pupilas midriáticas, la boca entreabierta. Un impulso me forzó a probar su
              sabor. Envidiaba a sus dientes por poder morder esos labios, yo también quería
              hacerlo y la tenía tan cerca…
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            Entonces la noté tensarse y me aparté de ella rápidamente. ¿La había
            interpretado mal? La había estado sujetando, quizá con demasiada fuerza.
            Aproveché el retorno de mi autocontrol para separarme de ella y sentarme.
            Dejé de respirar unos segundos para serenarme más rápido, hasta que tuve que
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            tomar aire para poder hablar.

          Charlamos brevemente. Me resultó tan agradable que decidí que podía intentar
          tener su amistad. Pero ahora no debía tentar a la suerte. La miraba atentamente
          mientras me excusaba para retirarme, y vi que su expresión era dulce. No
          estaba asustada. Me marché, cerrando la puerta de la consulta con cuidado.

          BPOV

          A la mañana siguiente la culpable de la vergüenza que había tenido que pasar
          estaba tan tranquila tomando un café en la acristalada cafetería del hospital.
          Entré en el local como una tromba.

          -¡Ángela!

          A esa hora aún había poca gente en la cafetería. Me miró con cara de total
          inocencia.

          -Buenos días, doctora Swan- sonrió con cara de angelito.

          Me senté frente a ella y la miré con la boca apretada y el ceño fruncido. Estaba
          realmente enfadada.

          -Dime una sola razón por la que no deba estar tan cabreada contigo como para
          pensar en cambiar de piso- gruñí. Ella abrió mucho los ojos.

          -Qué…qué… no pensaba que te lo tomarías tan mal, Bella. ¿Tan mala fue la
          experiencia?- su arrepentimiento era sincero.

          Mi cara me traicionó y empecé a sonrojarme intensamente al recordar aquel
          momento. Mierda. Ang empezó a soplarme a la cara mientras se carcajeaba.

          -Bella, me vas a contar qué pasó sin dejar ni una coma, porque la cara que
          pones es un poema, te lo aseguro -dijo riendo y moviendo la cabeza de un lado
          a otro.

          La mataría, seguro. Aunque ahora que la recordaba, la situación fue algo
          graciosa. En mi interior admiré los reflejos que tenía el cirujano, y no digamos
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            la fuerza de sus brazos para cogerme al vuelo como lo hizo. Esos brazos…su
            cuerpo contra el mío, su aroma, su aliento cerca de mí… mi respiración volvía a
            agitarse. Para, Bella, stop, cambio, fuera. Mi amiga leía en mi cara el cambio de
            expresiones como en un libro y aguantaba la risa, con una ceja levantada. Me
Página | 28 levanté para serenarme un poco y aproveché para pedir un café doble (no me
            acostumbraba al aguado café americano) y un donut. Volví a la mesa más
            tranquila.

           -Como castigo por lo que hiciste te vas a quedar sin información de primera,
           nena. Pero seguiré compartiendo tu casa, estás perdonada- la miré con
           petulancia, mientras bebía a sorbos mi café. Angela apuró el suyo mientras
           contemplaba el verde paisaje por la ventana. Entonces me miró.

           -Da igual, algo ha pasado y me lo vas a explicar tarde o temprano porque no
           podrás aguantar más. Pero no lo hagas ahora –miró por detrás de mi hombro-
           porque Edward Cullen está entrando en la "cafe" con su jefe.

           -¡Ja! Ya me has tomado bastante el pelo en las últimas horas, guapa. Desde que
           estoy aquí no ha venido ning…

           -Buenos días, chicas - solté un jadeo y mi vello se erizó al oír la acariciante voz.

           Me di la vuelta y alcé la mirada, que chocó con aquellos ojos ámbar y quedó
           atrapada en ellos, como una mariposa en una tela de araña, sin esperanzas de
           resistirse. Se situó a mi lado, mientras Joseph estaba pidiendo el desayuno en la
           barra. Su boca perfecta lucía una media sonrisa y volví a enrojecer. Estaba
           evidentemente turbada. Deslumbrada a mi pesar.

           -Hola, Edward, ¿te sientas con nosotras?- dijo Ángela.

           La iba a fulminar con la mirada, pero entonces constaté que ella tampoco era
           inmune a la sonrisa del seductor cirujano. Lo miraba completamente
           embobada. La piel de Edward estaba tan pálida como siempre, pero era un
           hermoso pálido satinado. Los ojos y el cabello le brillaban como si hubiera
           descansado ocho horas seguidas… sí, estaba perfecto, como siempre. No pude
           evitar pensar qué diferente era su aspecto comparado con el de Ángela o el mío
           propio. Ambas teníamos ojeras y estábamos pálidas, con esa palidez enfermiza
           de no haber descansado.
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              -Buenos días, señoritas -saludó Joseph en nuestra dirección, mientras se
              desplazaba con una café en una mano y un sándwich en la otra hacia una mesa
              separada de la nuestra.

              Nosotras correspondimos al saludo. Agradecí que ese día Joseph no tuviera
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              ganas de charlar, porque a veces estaba de lo más comunicativo y no le
              importaba sentarse a nuestro lado. Entonces contaba viejas anécdotas que te
              hacían reír mucho.

              -No, gracias, –sonrió Edward, volviendo a iluminar la gris mañana- me sentaré
              con Joseph, -señaló hacia él con un gesto de la cabeza- me sabe mal dejarlo
              solo.- Mientras decía esto mantenía sus ojos dorados aprisionando los míos, sin
              piedad.

              Cuando Edward hubo desaparecido de mi vista desperté del trance y pude
              volver a respirar con normalidad. Miré a mi amiga, quien me estudiaba la cara
              con una sonrisa cómplice, pero no continuó con el tema de antes. Otra de sus
              virtudes era que sabía no hacerse pesada. Charlamos un rato mientras
              acabábamos el desayuno y nos despedimos, ella en dirección al vestuario para
              cambiarse y marchar a casa y yo hacia la planta de pediatría.

              La mañana me pasó rápida. La planta estaba a rebosar, y como era normal para
              la época del año la mayoría de ingresos eran por infecciones respiratorias. El
              pase de visita lo hice conjuntamente con Peter, el "resi" de tercer año, y
              Maurice, un adjunto. Ambos parecían más niños aún que los propios pacientes.
              Uno de los pequeños ingresados tenía neumonía pero se iba recuperando
              rápidamente de tal forma que, como pasa con todos los niños que se
              encuentran bien, su madre apenas podía retenerlo en la cama. Cuando
              entramos los tres en la habitación se escondió tras su almohada y nos disparó
              con una pistola de Buzz Lightyear. Ante nuestra sorpresa Peter se desplomó
              sobre una silla agarrándose el pecho, con los ojos cerrados y la lengua fuera. El
              niño reía a más no poder.

              Una vez hube terminado mi trabajo me despedí y me dirigí al vestuario, situado
              en el sótano del hospital.

              -Bella, buenos días, o más bien tardes ¿Sales de guardia?- Bufé. Mike Newton
              me atacó vilmente cuando estaba esperando el ascensor. Sólo tenía que bajar
              dos pisos, pero a esa hora estaba francamente fatigada y ahorraba toda la
              energía posible.
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           Aunque ya estaba arrepentida de no haber ido por las escaleras.

            Desde que nos conocimos Mike quería ligar conmigo de forma ostensible y yo
            no quería que tuviera ningún resquicio de duda sobre mi total falta de interés
            por él. Aunque tampoco quería herirlo, ese no era mi estilo. Sin embargo Mike
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            pertenecía a esa insistente clase de chico que no atiende a las indirectas.

           -Mike- lo miré medio dormida- hola. Sí, salgo de guardia, y me iba a casa ya-
           respondí resaltando el "ya".

           El ascensor se abrió y entró conmigo. Mierda. Estaba claro que la conversación
           no había terminado, pero hubo un minuto de incómodo silencio mientras el
           ascensor nos dejaba en la planta de los vestuarios.

           -Bella, el próximo sábado vamos a ir a Port Angeles. ¿Te apetecería salir con
           nosotros?

           ¿Quedaría muy mal si le preguntaba quiénes eran "nosotros"? Dudé. La falta de
           sueño me enturbiaba las ideas y no se me ocurría qué excusa dar para negarme.
           Y sin pensar di una. Una nada original.

           -No, puedo, ya he quedado.

           -Ah- se sorprendió -¿Puedo saber con quién?

           "No es de tu incumbencia" hubiera sido una buena réplica para un tío normal.
           Pero no fue esa la que le di. Porque Mike era insistente. Pensé cuál era la
           mejor respuesta para que me dejara tranquila.

           -Con Edward Cullen- abrió los ojos como platos y la mandíbula hasta el
           esternón por lo que rápidamente expliqué, ampliando la mentira- vamos a
           hacer un trabajo para un congreso.

           Fue lo mejor que se me ocurrió. O eso pensaba, porque no hizo amago de
           despedirse y ya habíamos llegado a la puerta del vestuario femenino. Lo miré
           con fastidio. ¿Es que me iba a acompañar adentro?

           -¿Sobre qué es el trabajo? – inquirió con curiosidad. Piensa, Bella, piensa.

           -Sobre el manejo y las complicaciones de las apendicitis agudas infantiles
           comparando los resultados de este centro con los del hospital infantil de
           Seattle- Oí que decía una voz detrás nuestro.
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           Ahora deseaba estar muerta. O por lo menos a 5.000 kilómetros de allí.

            Edward estaba justo detrás de nosotros. Ninguno de los dos lo había oído
            llegar. Su aspecto era tan inmejorable como a primera hora de la mañana y me
            contemplaba con la cabeza un poco ladeada, la mirada brillante y "esa" sonrisa.
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            Mike estaba tan sorprendido como yo y apenas llegó a reaccionar.

           -El tema parece interesante. Si necesitáis otro colaborador me lo decís –
           respondió en un tono que dejaba intuir algo de ¿celos?- Hasta luego- se
           despidió y se dirigió rápidamente al ascensor. Lo seguí con la mirada hasta que
           desapareció.

           Ahora me había librado de un lío, pero ante mí tenía otro mayor. Desde luego,
           no podía decir que me aburriera en ese pequeño hospital. Me notaba cada vez
           más cansada y con la capacidad de reacción muy baja. Tomé una gran
           bocanada de aire y hablé.

           -Edward, yo… no quería…- empecé a farfullar nerviosa. Él me interrumpió,
           levantando una pálida mano de largos dedos. Hasta sus manos eran perfectas.

           -Tranquila, Bella. Sé que querías librarte de Mike. A veces es muy...
           persistente, por decirlo de alguna forma. Ya nos inventaremos cualquier cosa,
           como que hemos dejado el trabajo de investigación porque no daba buenos
           resultados – decía la melodía de su voz.

           En aquel momento era incapaz de pensar nada coherente, no podía hacer otra
           cosa que contemplarle embobada. De pronto me di cuenta de que estaba
           apoyada contra la pared. Él se había ido acercando a mí con un movimiento
           imperceptible y de forma inconsciente yo había ido retrocediendo. Se hallaba
           tan cerca de mí que, a pesar de que era bastante más alto que yo, notaba otra
           vez el perfume de su aliento. Alzó su mano como para tocarme la cara pero se
           detuvo antes de llegar a rozarme. Noté un cosquilleo en la zona de la cara que
           estuvo cerca de su piel.

           - Debes estar agotada, lo mejor será que vuelvas a casa, a descansar- dijo de
           forma inesperada, apartándose ligeramente de mí. Reaccioné.

           -Sí, eso haré. Gracias por la ayuda, Edward.- le sonreí tímidamente. Acababa de
           suceder algo, aunque él actuara como si nada.
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              -¿Quieres que te lleve a casa? Yo también he acabado mi turno. Imagino que
              has venido en tu coche, pero quizá estás demasiado cansada como para
              conducir segura- me observó con algo de preocupación.

              -Gracias, Edward, pero puedo conducir, no vivo lejos - me apresuré a
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              responder.

              -Bien, pues hasta mañana, doctora Swan.- sonrió y asintió con la cabeza,
              después de lo cual se dirigió al vestuario de hombres.

              Resistí la tentación de seguirle con la vista, no fuera a girarse. Bastante
              vergüenza había pasado ya en las últimas 24 horas.




                                                   Capítulo 4



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              Salí del vestuario y me encaminé hacia las escaleras para subir el piso que me
              separaba de la salida. Me sentía extrañamente descansada para salir de guardia,
              y a mi alrededor la luz de los fluorescentes del techo se había atenuado,
              proporcionando una penumbra que extrañamente no me resultaba
              atemorizadora. Puse un pie en el primer escalón y de pronto mi cuerpo se
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              desplazó hacia atrás cuando una fuerza me arrastró al hueco bajo las escaleras.
              No quise gritar. No tenía miedo. Entonces olí su aliento, su aroma dulce y
              atrayente, y vi la silueta de Edward en la penumbra. Mi cuerpo se llenó de un
              deseo ardiente.
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              -Había olvidado decirte algo- susurró en mi oído.

              Sus brazos se cerraron entorno a mi cintura y sentí sus sedosos labios
              recorriendo lentamente el camino desde el lóbulo de mi oreja hasta la base de
              mi cuello. Mi piel se estremeció y rodeé su cuello con mis brazos, pegándome
              a su cuerpo, pidiendo más. Su lengua me torturó deshaciendo el camino que
              había seguido y acercándose a mis labios.

              -Pídeme que te bese.

              -Bésame, Edward.

              Un sonido infernal penetró en mi conciencia, y las dulces imágenes
              desaparecieron por completo. Estiré la mano para apagar la alarma de mi
              móvil. Eran las seis de la tarde.

              Me incorporé en la cama, sintiéndome mareada. Siempre que salía de guardia
              el cambio de ritmo horario me hacía sentirme atontada. Y mañana no estaría
              mucho mejor. Para colmo sentía una enorme sensación de frustración, como si
              alguien hubiera interrumpido el que iba a ser el mejor beso de mi vida. Agité la
              cabeza. Sabía lo que era la intimidad con un hombre, pero mi cuerpo jamás
              había reaccionado con tanta intensidad a alguien como lo hacía con el cirujano.

              -Buenas tardes, Bells. ¿Has descansado algo? – me preguntó Angela al oírme
              bajar las escaleras. Estaba sentada en el sofá, leyendo "Orgullo y Prejuicio".

              -Sí, más o menos.- gruñí.

              Bostecé y me froté los ojos, mirándome en el espejo del comedor. Dios,
              menudas pintas. Llevaba puesto el pijama, mi pelo estaba despeinado, y lucía
              unas ojeras donde se podrían cultivar champiñones. Me senté a su lado.

              -Pues nadie lo diría viéndote. Aunque no me extraña que no descanses si
              sueñas según qué cosas- dijo como si nada, sin apartar la vista del libro.

              No podía ser… al parecer había vuelto a hablar en sueños.
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              -Bells, no te espío, pero tenías la puerta de la habitación abierta, y he pasado
              por delante justo cuando hablabas - se disculpó mi amiga, mirándome por
              encima del libro.

              -Tranquila, Ang- suspiré.- Lo cierto es que ese hombre me atrae, y mucho.
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              Pero no es una buena idea pensar en él, me parece todo demasiado
              complicado. Y ni siquiera sé si le intereso - me sinceré.

              -Amiga, conozco a Edward hace cuatro años. Créeme si te digo que jamás había
              visto una mirada en sus ojos como la que te dirigía esta mañana en la cafetería…
              fue alucinante - rodó los ojos- ¡Estuve a punto de lanzarme encima suyo!-
              añadió carcajeándose.

              Me quedé pensativa. Entonces por qué esta mañana se había apartado cuando
              parecía que… pero Bella, ¿tú crees que el pasillo de los vestuarios es sitio para
              ir intimando con alguien?

              -No sé… no sé qué pensar- estaba demasiado agotada para eso.

              -Es que tú piensas demasiado, ese es el problema, doctora Swan. ¿Sabes qué
              voy a hacer? Me voy al videoclub y alquilo alguna película tonta, de reírse
              mucho y pensar poco. ¿Te apetece?

              -Me parece un plan estupendo - sonreí a mi amiga.

              -En ese caso hasta ahora.

              Se marchó y yo quedé pensativa, apoltronada en el sofá. Era feliz, de hecho me
              sentía mejor que en mucho tiempo. Y no podía obviar que Edward era una
              parte importante de este "mejor". Pero me entristecía el pensamiento de que no
              podía ser que un ángel así se fijara en una chica como yo. ¿Y si era una especie
              de broma, apuesta, o algo así? No parecía de ésos, por lo poco que sabía de él.
              Pero… ¿para qué darle más vueltas? Ang tenía razón. Tenía que vivir el
              presente, no complicármelo más con agobios mentales. Y ya veríamos qué
              pasaba en el futuro.

              ...

              El boletín meteorológico avisaba de un soleado fin de semana con alta
              posibilidad de nevada hacia principios de la semana siguiente, así que
              aprovechamos para hacer un poco de turismo durante el fin de semana.
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            Afortunadamente el sábado salió soleado. El senderismo nunca me había
            atraído mucho pero el tiempo invitaba a salir de casa y absorber los escasos
            rayos de sol que nos brindaba el clima de Forks, así que acepté la proposición
            de Angela de salir a conocer el entorno natural. Me alegré mucho de haber
Página | 35 aceptado. El parque natural de Olympic poseía parajes preciosos, y el estar
            disfrutando del sol por primera vez desde mi llegada me hacía sentir pletórica y
            cargada de energía. Ángela era una guía perfecta, conocía el terreno al dedillo y
            fue gracias a ella que no nos extraviamos. Hicimos un pic-nic en un claro del
            bosque, a pleno sol.

           -No habrá osos por aquí, ¿verdad?- dije con algo de aprensión mientras
           terminaba mi bocadillo. Al fin y al cabo yo era una chica de ciudad y no
           conocía la fauna local.

           -Sí, sí los hay- me atraganté y empecé a toser cuando escuché la respuesta de
           Ang, quien me dio varios golpes en la espalda- pero no tan cerca del pueblo,
           tranquila. Están más lejos, por las montañas. No les gustan los humanos, y
           hacen bien de mantenerse alejados. Por aquí vienen turistas que a veces no son
           nada respetuosos con la naturaleza -puso mala cara- ya sabes, depredadores de
           dos patas. Si te quedaras hasta la temporada de caza, en primavera, conocerías
           algunos.

           -No creo que tenga ese placer, Angela- repuse, mirándola.

           -Es cierto, te irás antes- suspiró - bien, pero antes de eso te voy a enseñar la
           región - se levantó.- ¡Andando, chica de ciudad! ¡Te voy a convertir en toda una
           exploradora!- Rió al ver mi cara de susto y extendió la mano para ayudar a
           levantarme.

           Anduvimos un rato en silencio. Los sonidos del bosque eran relajantes. El
           camino estaba bien señalado y era cómodo andar por él. También era cómodo
           ir con Angela en silencio. Mi mente se puso a divagar. Hacía sólo tres semanas
           que la conocía y era de las pocas personas con las que me encontraba tan bien
           hablando como callada. Encontrar a una amiga tan increíble como ella había
           hecho que mi adaptación fuera más rápida. La idea de marchar a Seattle no me
           animaba tanto como escasas semanas atrás. Tenía la rara sensación de estar en
           mi hogar, aún sabiendo que lo que yo llamaba así estaba a miles de kilómetros
           cruzando un océano.

           El día siguiente también amaneció soleado para nuestra enorme sorpresa, sobre
           todo la mía. Parecía que la naturaleza quería enseñarnos su mejor aspecto antes
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              de ponernos mala cara. Había pensado ir a Port Angeles pero mi compañera
              tenía otros planes.

              -Bella, ¿qué te parece si, ya que ha salido este día, seguimos con las
              excursiones?- comentó mientras servía el café del desayuno.
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              -No sé…- dudé. La verdad es que el día anterior había disfrutado, pero…

              -Podíamos ir a la playa, y conocerías la reserva india de La Push, venga, seguro
              que lo pasamos bien- me miró con un brillo especial en la mirada que me hizo
              sospechar algo.

              -Angela, me ocultas algo,- la miré suspicaz y vi que tenía razón, porque empezó
              a enrojecer ante mi escrutinio- algo… ¿o alguien?

              -Vale. Hay una cosa que no te he explicado. Lo haré ahora y te podrás vengar
              de todas las veces que me he metido contigo por lo de Edward- me miró algo
              cortada.- Hay un chico, un médico que vivía antes en la reserva de La Push.
              Hizo la especialidad de urgencias y hace unos meses está en Seattle, trabajando
              en el Northwest Hospital. Se llama Jacob Black. Me ha avisado de que este fin
              de semana está visitando a su padre y me gustaría verlo.

              Me disgustó un poco que mi amiga no hubiera confiado en mí lo suficiente
              como para abrirme su corazón hasta ahora, y así se lo hice saber. Me explicó
              que no me había comentado nada porque pensaba que no era importante, que
              sólo era un amigo, pero que cuanto más tiempo pasaba sin ver a Jake más se
              daba cuenta de que lo que sentía no era sólo amistad.

              La Push estaba a unos veinte minutos de Forks yendo en coche. Nunca había
              visto una reserva india. En realidad era un pueblo con un pequeño núcleo
              urbanístico y alrededor varias casas desperdigadas. Estaba claro que el turismo
              era una fuente de ingresos importante, ya que las típicas (y horribles) tiendas de
              recuerdos para turistas hacían acto de presencia por doquier.

              Billy Black, el padre de Jacob, vivía en una de las casas de las afueras. Era una
              cabaña humilde pero bonita. No había escalones por ningún sitio ya que, según
              me explicó mi amiga, Billy iba en silla de ruedas. Nos acercamos y fuimos a
              llamar a la puerta cuando de repente esta se abrió.

              -¡Angela!
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            Un hombre alto, moreno y de piel cobriza, de veintitantos años, salió como una
            estampida y se abalanzó sobre mi amiga, la levantó y empezó a girar con ella en
            el aire como si fuera una muñeca. Sólo se oían las risas de los dos. De repente
            sentí que sobraba. ¿Cómo podía Ángela estar tan ciega? Era evidente que había
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            algo intenso entre ellos dos.

           Cuando Ángela amenazó con vomitar sobre Jacob este la depositó con cuidado
           en el suelo. Ambos seguían riendo. Entonces parecieron recordar mi presencia.
           Ella nos presentó y Jacob me estampó un par de besos en la cara. Para mi
           sorpresa me habló en perfecto español.

           -Encantado de conocerte, Bella- dijo sonriente. Era muy atractivo y tenía los
           ojos de un profundo color negro, cálidos y brillantes.

           -¡Vaya! ¡Hablas español, y tienes un acento estupendo! – repuse sorprendida.

           -Sí, siempre me han gustado los idiomas, particularmente el tuyo. El español,
           demás, me resulta muy útil en Urgencias.- Mientras hablaba Ángela lo miraba
           con una sonrisa embobada.

           Jake me presentó a su padre, quien nos invitó a comer con tal alegría que
           hubiera sido una descortesía negarse. Era un poco pronto, pero así
           aprovecharíamos bien el resto del día. Más tarde Jake nos enseñó la reserva y
           sus alrededores hasta la playa. Aquel día no había oleaje y el sol hacía que el
           azul del mar fuera intenso y deslumbrante. No era un sitio que invitara a darse
           un chapuzón (ni siquiera en pleno verano, pensé comparándolo con mi
           Mediterráneo) pero sí a sentarse, relajarse y respirar la fresca brisa marina.
           Mientras charlábamos pude notar cómo Jake miraba a Ángela con un brillo
           especial cuando ella no lo observaba. Me pareció que harían una pareja
           estupenda, y me encontré de nuevo pensando en Edward.

           Ya de vuelta a casa ambas nos sentíamos cansadas pero felices. La dosis extra
           de sol, oxígeno y amistad me había ido fenomenal. Le comenté a Ángela lo que
           había observado en Jacob y, simulando estar enfadada, me lanzó un cojín del
           sofá al tiempo que me decía que necesitaba gafas. Pero cuando se fue a acostar
           iba canturreando para sí.

           EPOV

           El jefe me llamó la tarde del domingo para pedirme si podía hacer la guardia
           del lunes y con eso me dio una más que agradable sorpresa. Sabía que a Bella
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              le tocaba estar de guardia, así que no dudé en decirle que sí. Colgué el teléfono
              con una sonrisa de oreja a oreja. Me disponía a seguir tocando el piano cuando
              el teléfono volvió a sonar. Esperaba que no fuera el jefe para decirme que Mike
              ya se encontraba bien.
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              -Hola, Edward.

              -¡Carlisle! Qué alegría oírte. Hacía días que no hablábamos. ¿Cómo van las
              cosas por Vancouver?

              Mis padres estaban viviendo en esa ciudad canadiense desde que a Carlisle le
              surgiera un puesto de cirujano torácico en el Hospital General de dicha ciudad.
              Su clima nuboso era apropiado para los de nuestra especie, y no se lo pensó
              mucho. Podría estar trabajando unos cuantos años sin levantar sospechas.

              -Bien, bien hijo. El próximo fin de semana ni Esme ni yo trabajamos. ¿Te iría
              bien que fuéramos a visitarte?- Otra buena noticia.

              -Claro. Tengo guardia el domingo pero creo que podré cambiarla. Tengo
              muchas ganas de veros.

              -De acuerdo. También tenemos ganas de verte, hijo...- se interrumpió.

              -¿Pasa alguna cosa, Carlisle?- era evidente que algo le preocupaba.

              -¿Cómo van las cosas con la humana de la que me hablas… con Bella?- dijo con
              voz cautelosa. Claro, tenía que haberlo imaginado. La primera vez que le hablé
              de ella ya noté que no le gustaba mucho que me llamara la atención una
              humana.

              -¿Qué es lo que te preocupa, Carlisle? –fui directo. No necesitaba ser vidente
              para saber que me iba a caer un sermón.

              -No lo sé, Edward. Que yo sepa jamás te había atraído mucho ninguna mujer,
              vampira o humana. Esto de ahora es tan poco habitual que me preocupa.

              Mi padre tenía razón. En mi familia todos estaban emparejados, excepto yo. Y
              aunque mis 120 años me habían dado tiempo para disfrutar de unas cuantas
              relaciones ninguna de ellas había durado mucho, significando nada más que un
              desahogo temporal. A veces envidiaba la vida sentimental de mis hermanos y
              mis padres, y entonces me sentía el viejo solterón amargado de la familia. Pero
              la mayor parte del tiempo no pensaba en ello.
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           -Carlisle. Bella me atrae, es cierto. Pero no hay nada más por ahora, así que
           preocuparte por eso es prematuro.

            Atracción. Seguramente se podría llamar así, aunque si era sincero conmigo
            mismo, cosa que culpablemente no lo era con mi padre, pensaba que era algo
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            más que eso. Con frecuencia me sorprendía a mi mismo pensando en ella más
            de lo que debiera, la echaba de menos los fines de semana, y cuando estaba en
            el hospital me hacía el encontradizo para poder oler su incomparable aroma y
            ver ruborizarse su cara de ángel. En ocasiones me permitía imaginar qué sabor
            tendría su piel, su boca…

           -¿Y ella? ¿Te parece que se interesa por ti? – la voz de Carlisle me obligó a
           centrarme de nuevo en nuestra conversación. Recordé con placer cómo se
           alteraba el cuerpo de Bella cuando nos veíamos.

           -No lo sé. Apenas la conozco, y no puedo conocer sus pensamientos. Pero creo
           que sí, de alguna forma le intereso. No obstante no sé hasta qué punto -
           suspiré.

           Estaba acostumbrado a ciertas reacciones que podía provocar en el organismo
           de las mujeres, reacciones que no me habían importado demasiado hasta este
           momento. Todo sería más fácil si pudiera leer su mente.

           -Edward… he sabido de algunos casos de relaciones entre humanos y los de
           nuestra especie, y ninguna de ellas ha acabado bien- la última parte de la frase
           sonó ominosa.

           -¿Qué quieres decir con eso?- repuse realmente ofendido- ¿Piensas que ella
           corre peligro conmigo? Creo que he demostrado hace tiempo que tengo
           suficiente autocontrol, ¿si no qué coño hago oliendo sangre continuamente en
           el trabajo?

           -No quería decir eso, y a mí no me hables así Edward- repuso él, serio.- Me
           refiero a que ¿hasta dónde pretendes llegar con ella? ¿Te has planteado el
           futuro? Tarde o temprano sospechará algo, si llegáis a estar… juntos - bufé.
           Como si no me hubiera planteado eso.

           -Discúlpame por hablarte así. Y por favor, no le des más importancia a algo que
           de momento no la tiene. Si alguna vez pensara que la pongo en peligro, me
           alejaría de ella, y lo sabes. Pero no lo creo así. No le des más vueltas, no hay
           nada más.
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            -Nada más pero, y cito tus propias palabras, notaste su aroma con una
            intensidad que jamás habías sentido antes con cualquier humano. No deseaste
            morderla, pero está claro que ella supone para ti un estímulo al que no estás
            acostumbrado. No sabes cómo reaccionarías ante una mayor… digamos…
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            proximidad.

           Ahora me sentía como se debe sentir un hormonado adolescente aconsejado
           por su padre sobre sexo seguro. Si pudiera sonrojarme, lo estaría haciendo.

           -De acuerdo, vamos a dejarlo ya, ¿vale? Tú estudia más sobre el caso, sobre las
           historias entre vampiros y humanos, y qué significado puede tener que yo no le
           pueda oír el pensamiento. Y cuando sepas algo más hablaremos. Prometo
           escucharte serenamente.

           - Como si no te conociera –noté que sonreía.- Bien. Te paso a Esme, hijo.

           -Hola, cariño…- escuché la dulce voz de mi madre adoptiva.

           Llevaba horas dándole vueltas a lo que había hablado con Carlisle. Me sentía
           internamente dividido. Una parte de mí me decía que lo mejor que podía hacer
           era olvidarme de Bella, que estaba siendo egoísta, que mi padre tenía razón en
           sus temores y acabaría haciéndole daño. Pero otra parte me decía que no había
           nada malo. Sólo quería acercarme a ella, nada más. Era perfectamente capaz de
           controlarme.

           BPOV

           A la mañana siguiente, el clima había dado un giro de 180 grados. Cuando salí
           para ir hacia el trabajo (sola, pues Ángela libraba) caían los primeros copos de
           nieve.

           Era lunes, y volvía a tener guardia. Las guardias nunca me hacían ilusión pero
           según con qué compañeros coincidía eran más o menos pasables. A veces hasta
           divertidas. Pero esta no me hacía nada de gracia, por varios motivos. El adjunto
           pediatra con el que estaba de guardia, William Kane, no pertenecía a la
           plantilla del hospital, hacía sólo una guardia al mes y el resto del tiempo se
           dedicaba a su consulta privada. Por tanto iría más perdido que yo. Emily me
           había dicho que no me preocupara, que si había problemas la podía llamar. El
           adjunto de cirugía era uno de esos cirujanos estúpidos que se creen tocados por
           la mano divina. Vale, era buen cirujano, pero eso no le daba permiso para
           maltratar a las personas. Y el residente… era Mike Newton. Eso era lo que peor
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          llevaba. En Urgencias sería difícil escapar a su persecución. Confiaba en que
          tuvieran mucho trabajo en quirófano y no bajaran para nada.

            En cuanto el residente que salía de guardia me entregó el "busca" el infame
            aparatito emitió varios pitidos, provocándome una oleada de mal humor. Leí el
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            mensaje: "Llame a urgencias".

          -Hola, soy Bella, la "resi" de pediatría.

          -Hola, Bella- era Claire, una adjunta de Urgencias.

          Claire era muy competente, si me llamaba no sería por una tontería. Joder, con
          mi suerte habría un niño con algún problema que al final sería quirúrgico.
          Según el protocolo del centro los niños con supuestos problemas quirúrgicos
          tenían que ser vistos por el pediatra y este decidía si llamar o no al cirujano. A
          veces esto era lógico, y otras sólo retrasaba las cosas.

          -¿Podrías bajar? Acabo de visitar a una niña de 8 años con dolor abdominal, y
          me parece que es una apendicitis.

          A lo mejor podría intentar adivinar el número de la lotería, o igual mi
          clarividencia sólo servía para predecir desgracias, al estilo agorero.

          Cuando llegué a Urgencias Claire estaba hablando por teléfono. Me señaló el
          box 2 por lo que entré lanzada, dispuesta a visitar a mi paciente. No esperaba
          encontrarme lo que vi y me quedé parada ahí, en la puerta.

          -Buenos días, Bella- Edward levantó un momento la mirada para saludarme y
          de nuevo se concentró en su trabajo de explorar con cuidado el abdomen de la
          niña, observándole la cara.

          -Hola, Edward- conseguí no farfullar. Sólo dos días sin verlo y mi imperfecta
          memoria no era justa con el recuerdo de su aspecto.

          Observé atentamente sus manos en acción. Tenían los dedos largos y flexibles,
          como los que se supone debe tener un pianista… o un cirujano. Palpaba el
          abdomen de la niña con sumo cuidado, mientras bromeaba con ella,
          distrayéndola de lo que hacía. La niña lo miraba con una sonrisa embobada, al
          igual que su madre. ¿Tendría el encanto de Edward el mismo efecto en los
          varones heterosexuales? Tendría que fijarme.
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              -Es apendicitis, estoy seguro,- explicó mirando a la madre y luego a mí- voy a
              ingresarla y solicitar el preoperatorio. Martha- dijo con voz aún más dulce
              mirando a la niña y dedicándole una sonrisa - te vamos a quitar este dolor de
              barriga que tienes pero te tendrás que quedar tres días en el hospital.
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              La pequeña Martha puso cara de fastidio.

              -¿Justo ahora que va a nevar? ¡No podré hacer muñecos de nieve! ¿No puede
              ser la semana que viene?- refunfuñó con los brazos cruzados sobre el pecho.

              -No, tiene que ser hoy, pero la nieve durará unos cuantos días, te lo prometo-
              aseguró él mientras le tocaba la nariz con un dedo.

              -¿Me vas a curar tú?- sonrió la pequeña esperanzada.

              -Claro, pequeña- Edward le devolvió una deslumbrante sonrisa y la niña puso
              carita de felicidad.

              Pensé en aquello que me había dicho Ángela: los pacientes lo adoran. No era
              habitual que un cirujano fuera tan dulce, lo sabía por experiencia.

              Después de eso él salió del box con el historial de la niña, y con un leve gesto
              de la cabeza me instó a ir con él. Noté que la madre lo seguía con la mirada de
              una forma que a su marido (si es que estaba casada) no le habría gustado nada,
              y sentí una punzada de celos. Seré estúpida.

              Nos sentamos en la salita de personal de Urgencias, mientras él escribía las
              órdenes médicas y de ingreso. Aproveché para tomar un café y ofrecerle, pero
              él lo rechazó cortésmente.

              -Disculpa que me haya adelantado. Claire no sabía que estaba aquí visitando a
              otro paciente, si no no te habría hecho bajar- comentó mirándome sin dejar de
              escribir.

              A pesar de que mi cuerpo reaccionaba a su mirada alterándose como siempre
              (aunque menos, quizá empezaba a acostumbrarme) no pude dejar de notar que
              no miraba al papel sino a mí y sin embargo su escritura era perfecta. Nada que
              ver con la famosa e internacional "letra de médico".

              -No pasa nada. ¿No era Mike el que hacía la guardia de hoy?
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           -Sí, es cierto. Pero el jefe me llamó ayer noche diciéndome que Mike estaba
           con gripe y que si le podía hacer yo la guardia- se encogió de hombros.

            Me quedé algo cortada, sin saber qué más decirle. Porque decir "cuando me
            miras me arden las entrañas" o "alabado sea el virus de la gripe" no eran buenas
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            opciones en ese momento… así que me levanté y me marché argumentando
            que tenía trabajo en la planta. Justo cuando iba a salir de la salita de personal él
            me llamó.

           -¡Bella!

           -¿Sí?- lo miré desde la puerta de la salita. Durante un breve instante pareció
           inseguro.

           -Si por la tarde tenemos un rato libre ¿aceptarías que te invitara a un café?

           -¿Qué?- Mi pobre ritmo cardiaco, que ya había recuperado la normalidad,
           volvió a violentarse de una forma que no debía ser sana.

           -Esta tarde ¿aceptarías que te invitara a un café?- repitió Edward, esta vez
           evidentemente inseguro.

           -Claro, claro, eeh… ya me dirás algo- repuse, y sus labios se curvaron en una
           sonrisa.

           Salí tan precipitadamente que casi tropecé con una silla de ruedas que algún
           imprudente había dejado por ahí al medio. Me pareció escuchar una risita
           sofocada que venía de la salita.
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                                                 Capítulo 5



              BPOV

              Jamás una guardia me había pasado tan lentamente. Cada vez que sonaba el
              busca me saltaba el corazón más de lo ya habitual. Siempre he odiado ese
              sonido. Entonces leía el mensaje esperando ver "llame a cirugía" o algo así, pero
              nada. No contribuía a mi paz interior el hecho de tener poco trabajo. La
              nevada estaba haciendo que la gente se quedara en sus casas y venían muy
              pocos pacientes.

              Subí a la planta de pediatría, a saludar a las enfermeras del turno de tarde.
              William estaba en el despacho médico, probablemente navegando por
              Internet. Ya le había saludado en el comedor de guardia, por lo que me abstuve
              de decirle nada. Estuve charlando con las enfermeras durante un rato. La
              planta también estaba muy tranquila, ya que habíamos dado muchas altas y los
              pocos niños que quedaban estaban todos estables.
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              Hacia media tarde me encontraba en el control de Urgencias. Apoyada en el
              mostrador, estaba absorta escribiendo el informe de un niño que tenía fiebre
              alta desde hacía días.

              -Hola- dijo una suave voz detrás de mí.
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              Me sobresalté. Y, de forma nada lógica, me enfadé con él por haberlo hecho.

              -Joder, Edward, ¿por qué me das estos sustos?- maldije y me volteé, mirándolo
              con el ceño fruncido.

              -Tú sabrás por qué - levantó una ceja con un brillo divertido en la mirada y me
              dirigió "esa" sonrisa.

              Esto consiguió que aún me mosqueara más. El sentirme tan vulnerable cerca de
              él era lo que me hacía reaccionar así. Noté como me subía la sangre a la cara
              pero le aguanté la mirada, con el ceño fruncido y la boca apretada. Prefería
              estar enfadada, aunque fuera absurda, que avergonzada.

              -Sí, sí sé. Porque oír una voz en medio de la oscuridad en una habitación que
              se supone que está vacía asusta -dije lentamente, recordando aquella noche -
              Será porque apareces silenciosamente mientras estoy hablando con alguien, o
              concentrada en otra cosa. Sí. Eso. ¿Porque eres tan sigiloso?

              -¿Quieres que me acerque a ti cantando?- repuso, burlón.

              No era mala idea, con esa voz debía poner el vello de punta oírle cantar. Pero
              no le dije esto, simplemente lo miré con los párpados entrecerrados. Me seguía
              observando, evidentemente divertido. Mejor, cuando bromeaba estaba más…
              real. Porque a veces no parecía que lo fuera.

              -No será necesario… -relajé mi ceño, en señal de paz- ¿Vamos por ese café? Lo
              necesito y ahora tengo unos minutos.

              -Las damas primero- dijo, haciendo una leve reverencia cediéndome el paso,
              como si fuera de otra época.

              De camino a la cafetería él y yo fuimos charlando sobre trabajo. Pude observar
              que éramos el centro de la mirada de todos aquellos con quien nos
              cruzábamos, algunos más descarados que otros ¡Qué panda de cotillas! Eso
              hacía evidente que Edward no se relacionaba mucho… ¿Por qué? "Rarito
              Cullen", recordé. Pero yo no lo veía tan raro.
Cambio De Destino
                                              DraBSwan


            La cafetería estaba bastante concurrida a esa hora. Probablemente todos
            teníamos una guardia tranquila. De nuevo me sentí observada. Pedimos dos
            cafés y nos sentamos en una mesa un poco apartada. Me situé de cara a la
            acristalada pared para no ponerme nerviosa por la expectación que sentía
Página | 46 rodeándonos. O a lo mejor ya estaba medio paranoica por estar viviendo en un
            pueblo.

          Era la hora del crepúsculo. Afuera caía una intensa nevada, que apenas dejaba
          ver unos metros más allá del cristal.

          -Y bien- su suave voz me sacó de mi ensimismamiento- cuéntame algo de ti,
          doctora Swan. Eres toda una novedad aquí- sus magnéticos ojos atrajeron a los
          míos, haciendo que me olvidara de todo menos de que él estaba frente a mí.

          Empecé a contarle sobre lo que me había traído a USA, tal como había hecho
          otras veces con tantas otras personas. La gente en general me preguntaba por
          cortesía y yo respondía con un brevísimo relato. Pero él no se conformó con
          eso. Quería saber más. Le expliqué cosas de mi vida en España, y me encontré
          explicándole que echaba de menos a mis padres, amigos, y el sol. A pesar de lo
          perturbador que era para mí, sentí que era increíblemente fácil hablar con él.
          Me escuchaba, asintiendo de vez en cuando, sonriendo otras veces, y siempre
          atento.

          -Edward, para de preguntarme cosas. Llevamos más de media hora hablando
          de mí. Ahora te toca a ti – le dije, al tiempo que miraba el busca por si estaba
          averiado. Era muy extraño que no sonara, pero comprobé que funcionaba.

          Me explicó que era de Seattle, que vivía solo en la casa que su familia había
          hecho construir a pocos kilómetros, en las afueras de Forks. Ellos estaban
          desperdigados por el país, e iban y venían de aquella casa según les permitían
          sus compromisos laborales y sociales. Su padre había muerto siendo él un niño
          y lo adoptó su tío, junto a sus hermanos Emmet y Alice. El padre adoptivo
          también era cirujano y trabajaba en Vancouver. Al parecer era una familia
          unida pero no les gustaba echar raíces en un solo sitio, y él los echaba de
          menos, pues sólo los veía algún fin de semana. Lo comprendía, le comenté que
          yo también estaba muy unida a mis padres, y que sin la gran ayuda de Angela lo
          habría pasado bastante peor.

          -¿Hablaste con ella sobre la broma que te gastó la otra noche? Si no me falla la
          memoria hablaste de asesinato – sonrió pero percibí que la pregunta no era
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          inocente. Lo noté cuando sus ojos color ámbar se clavaron en los míos,
          claramente atento a mis reacciones.

            De inmediato mi cuerpo reaccionó, recordando demasiado bien la sensación
            del contacto con el suyo. Durante unos segundos nos miramos en silencio,
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            sondeándonos el uno al otro. Dejé de intentar disimular mis emociones, había
            comprendido que tal pretensión era absurda. Las dejé aflorar al exterior
            mientras su sofocante mirada me envolvía, arrebatando mis barreras de
            protección. El oro líquido de sus ojos se transformó en fuego.

          Entonces sonó el pitido del busca y me sobresalté. No sin esfuerzo, aparté la
          mirada de la de Edward. Miré el mensaje: "llame a Urgencias". Qué don de la
          oportunidad. Inspiré con fuerza.

          -Tengo que pasar por Urgencias- le dije, intentando recuperar la respiración y
          aparentar algo parecido a la tranquilidad.

          Me dolía separarme de él. ¿Por qué me comportaba de esta forma tan
          irracional? Porque estás colada hasta los huesos. Ya, era una pregunta retórica.

          -Yo tengo que subir a echar un vistazo en la planta. Más tarde iré a pediatría
          para ver a Martha. Si está todo bien podrá empezar a tomar líquidos esta
          noche. Fue una apendicectomía sin complicaciones. En cuanto despertó de la
          anestesia pidió un batido de chocolate - comentó sonriendo mientras nos
          levantábamos de la mesa.

          -Pues tú apenas has probado el café –observé,- si lo llego a saber me lo bebo
          yo, pero ahora ya no, está frío.

          -No necesitas más café, Bella. No es sano. Tu ritmo cardiaco ya va bastante
          acelerado.

          Caminábamos juntos hacia las escaleras. Al oír eso me detuve y lo miré. Me
          observaba arqueando una ceja y un tanto engreído, como un viejo médico
          dando su consejo a una paciente rebelde.

          -Mi pulso va perfectamente –espeté mosqueada.

          Entonces hizo algo que no me esperaba. Extendió la mano y tomó mi brazo. La
          piel de sus dedos era suave. De forma delicada y enloquecedoramente pausada
          los deslizó hacia mi muñeca, como en una caricia, hasta encontrar mi pulso.
          Sentí la temperatura de ese brazo aumentar, transportando el incendio en
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              dirección a mi vientre. Me clavó la mirada, inclinando un poco la cabeza,
              acercándose a mí. Sentí como el aire entre los dos se hacía más denso.

              -¿Lo ves? Va demasiado rápido. No más cafés por ahora, Bella- dijo con voz
              acariciadora.
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              Luego me sonrió y subió los escalones ágilmente hacia la planta de cirugía. Me
              quedé allá plantada como un semáforo en rojo, hasta que pude reaccionar.

              El resto de la tarde no tuve tiempo de pensar en nada que no fuera el trabajo.
              En urgencias empezaba a haber un poco más de animación. Parecía que los
              pacientes dubitativos habían decidido venir antes de que la nevada dificultara
              más el desplazarse por los caminos.

              Acababan de llegar los resultados de mi paciente. A pesar de que llevaba unos
              días con fiebre alta se trataba de una simple infección viral y la radiografía era
              normal, por lo que decidí darle el alta a condición de que la madre lo llevara a
              visitar por su pediatra.

              Durante mi breve excursión a la cafetería habían venido unos pocos niños, los
              fui visitando pero ninguno necesitó ingresar. Cuando me di cuenta era la hora
              de cenar. Anne pasó a buscarme por Urgencias. Teníamos buena relación, aún
              teniendo en cuenta que pediatras y obstetras somos enemigos naturales, y en
              eso USA no era diferente de España. Aún así siempre había excepciones, como
              Anne y yo.

              En el comedor de guardia estábamos casi todos. Menos quien yo más deseaba
              que estuviese, por supuesto. Ingerir la comida que nos daban era un mero acto
              de supervivencia, pero si estabas bien acompañado disfrutabas de esos
              momentos. Allá estaban, entre otros, Paul, el "resi" de anestesia, un morenazo
              bastante atractivo, y Jared, el de traumatología. Nunca había coincidido en una
              guardia con ellos y comprobé lo divertidos que eran. Estuvimos riéndonos un
              rato los cuatro, contándonos anécdotas.

              Pasada la medianoche, Urgencias estaba más en calma. Había venido un
              hombre que había sufrido un accidente de coche por culpa de la nieve. Parecía
              estar bien pero Claire había llamado al cirujano porque al paciente le dolía
              bastante el abdomen y quería descartar que tuviera una hemorragia interna.
              Edward iba a venir… intenté concentrarme todo lo que pude en el trabajo.
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            Estaba de pie, escribiendo en el control de Urgencias y vi como Edward
            entraba distraído, sonriendo y hablando con Paul. Me volví a centrar en lo que
            estaba haciendo. Ahora no era momento de dejarse llevar por fantasías.
            Finalicé el informe que redactaba y lo entregué. Seguidamente entré en la salita
Página | 49 de personal. Joanne, una de las enfermeras del turno de noche, estaba
            preparando un café que olía delicioso, mientras charlaba con Linda, la otra
            enfermera. Me senté con ellas, dispuesta a tener un momento de descanso y
            grata charla, acompañada de una bebida caliente.

           -¿Sabes si ya ha bajado el cirujano a ver al paciente del box 3? – me preguntó
           Joanne.

           -Sí… Edward acaba de bajar con Paul- noté como se coloreaban mis mejillas e
           incliné la cara sobre la taza para disimular.

           -Vaya pedazo de tíos que tenemos hoy de guardia. Así da gusto venir a trabajar,
           ¿eh, Bella? Vamos a ver si quieren una vía, analítica, o algo más personal - me
           guiñó un ojo y salió disparada, seguida de la otra enfermera de guardia. Me
           parecía a mí que en aquel box pronto habría overbooking…

           No tenía trabajo pero me tocaba el primer turno de la noche, así que esperaría
           un poco más antes de decidir si acostarme o no. Prefería estar por allá que irme
           a la cama. Si me tumbaba y me despertaban a los pocos minutos me sentaba
           fatal, y me levantaba mucho más torpe de lo habitual, lo cual no era poca cosa.

           Me estaba sirviendo un poco más de café cuando Edward y Paul entraron en la
           salita. El primero me miró con una ceja alzada, bajando la vista hasta llegar a mi
           taza de café, para después mirar al techo teatralmente mientras negaba con la
           cabeza. Le hice una mueca y me dispuse a seguir disfrutando de mi bebida.
           Estaba descubriendo que a veces era adorable pero otras me exasperaba.

           -¿Tenéis trabajo, chicos?- pregunté dirigiéndome sólo a Paul mientras se
           sentaban en el sofá enfrente mío.

           -Algo. He pedido analítica y unas radiografías al señor del box 3, y si está todo
           correcto le daré el alta y me retiraré a descansar- contestó Edward. Cabezona,
           me negué a mirarle.

           -Y yo estoy tan aburrido que acompaño al cirujano en sus paseos. ¡Menudo
           muermo de guardia! - comentó Paul, para luego bostezar sin disimulo.
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              -Eso no se dice hasta que no sales por la puerta y te vas a casa. Te lo digo por
              experiencia - intervine. En las guardias era muy supersticiosa.

              -Bella, qué pena que no viniste el fin de semana pasado con nosotros a Port
              Angeles. Lo habrías pasado genial. Me dijo Mike que teníais no se qué de un
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              trabajo- comentó Paul, mirándonos alternativamente a Edward y a mí.

              Qué manía con el nosotros, podían especificar un poquito, ¿no?

              -Sí…-miré a Edward, que me observaba divertido al ver cómo me subían los
              colores por enésima vez. De seguir así me iba a quedar la piel del color de las
              cerezas - eeh… al final no hicimos nada, bueno, salí por ahí con Angela,
              aprovechando el buen tiempo para conocer el Parque Nacional.

              -Pues otro día salimos, y le dices a Ángela que venga también. No hay mucho
              que hacer en este pueblo pero hay algunos bares agradables, y alguna noche
              vamos a tomar unas cervezas. En Port Angeles sí que hay sitios para divertirse,
              ya sabes que hay bastante turismo.

              -¿Y quiénes vais?

              -Depende, los más fijos somos Mike, Anne, Jessica, Jared, y Monica. Pero a
              veces somos unos cuantos más. Ángela también ha salido alguna vez con
              nosotros.

              Durante la conversación le iba echando vistazos a Edward. No parecía sentirse
              incómodo aunque era evidente que Paul le ignoraba por completo en sus
              planes de diversión. ¿Es que nunca le invitaban a salir con ellos?

              -La verdad es que me vendría bien salir de vez en cuando. En mi ciudad estaba
              acostumbrada a más movimiento y esto es algo soporífero. Avísame la próxima
              vez que lo hagáis.- No lo decía por compromiso. Con las excepciones de Mike
              y Jess era un grupo agradable y me apetecía un poco de vida social. Entonces, y
              no sé por qué lo hice, miré a Edward y le pregunté:- ¿Por qué no te apuntas
              algún día?

              -Sí, algún día lo haré. Ya es hora de que salga un poco - me observó con su
              impactante sonrisa.

              Parpadeé. ¿Estaba alta la calefacción o eran imaginaciones mías? Escuchamos
              un carraspeo y ambos miramos a Paul. Este nos estaba observando con la
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           misma cara que si estuviera mirando a dos aliens que acabaran de aterrizar en
           urgencias.

            -¿Después de cuatro años te parece que "ya es hora de salir un poco"? ¡Tío,
            aleluya! ¡Ni siquiera pensé en comentarte nada porque siempre, siempre, me
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            dices que no! -hizo un gesto teatral abriendo mucho los ojos y levantando los
            brazos al cielo, para luego mirarme, suspicaz.

           Tragué saliva. Esperaba que Paul no fuera la versión masculina de Jess, porque
           de ser así iban a empezar a correr rumores por el hospital más rápido que la
           pólvora. Por favor, que Paul sea como un anacoreta con voto de silencio.

           -Vamos, no seas exagerado, Paul. Alguna vez he salido con vosotros- repuso
           Edward.

           -A ver… cuento con los dedos de las manos… ¡uy, me sobran ocho! ¡Ay, tío!
           ¡Vigila esa fuerza! – el puño de Edward había golpeado suavemente su hombro,
           pero al parecer no había sido tan suave.

           -Eres un flojo, Paul- rió el cirujano.

           -Bella, ha venido un niño con fiebre muy alta que llora mucho - me dijo Joanne
           asomada a la puerta.

           Aprovechó para devorar con los ojos a un sonriente Edward, que parecía no
           enterarse de nada. Claire entró en aquel momento, acompañada de John, otro
           de los adjuntos de urgencias, que nos saludaron y se pusieron a comentar un
           caso mientras se servían café.

           -Voy, Joanne.

           Afortunadamente, mi pequeño paciente noctámbulo sólo tenía una otitis. Le
           extendí a la tranquilizada madre unas dosis de antibiótico para que tomara
           hasta que pudiera comprarlo, así como un analgésico.

           Pasé por delante de varios boxes de urgencias y observé con asombro que
           estaban todos vacíos excepto el 3, donde Edward estaba dando de alta al señor
           del accidente.

           Volví a la salita y me encontré con casi todo el equipo de residentes de guardia
           y con los dos adjuntos de urgencias, todos hablando como si estuvieran
           reunidos en una terraza veraniega. Cogí una silla de uno de los boxes y ocupé
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           mi lugar en la pequeña reunión. Estuvimos charlando un buen rato. Afuera
           seguía nevando. Sólo las urgencias de verdad vendrían una noche como esta.

            Cuando se hicieron las cuatro de la madrugada decidí irme a la cama. Ya no
            era mi turno y, a pesar de estar muy a gusto en la compañía de Paul, Claire y
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            Edward, que eran los que todavía resistían a esa hora, empezaban a pesarme los
            párpados. Me levanté.

           -Bueno, chicos… ha sido un placer, pero ya es hora de descansar un poco. Yo
           ya no aguanto los párpados.

           Edward se levantó conmigo.

           -Yo también voy a acostarme. Te acompaño- dijo amablemente.

           En el reparto de consultas para descansar me había tocado la de Alergia, que
           estaba justo enfrente de la de Neurología… la que le tocó a Edward. No pude
           evitar mirar a Paul al despedirnos, quien me sonrió discretamente, pasándose
           los dedos sobre los labios, como si cerrara una cremallera. Le miré y puse los
           ojos en blanco, lástima que el resto de mi cara me delatara.

           Salimos de Urgencias y pasamos por la sala de espera. Miré hacia las puertas de
           cristal. Afuera la oscuridad era total fuera del perímetro iluminado por el
           hospital. En el suelo había una gruesa capa de nieve, que se había encargado de
           retirar un trabajador del centro para que no cerrase el camino. En aquel
           momento el trabajador entraba en la recepción de Urgencias, colándose por la
           puerta abierta una ráfaga de aire helado. A mi lado, Edward inspiró
           profundamente y se tensó.

           -Bella, espera aquí- instó, y ante mi sorpresa salió del edificio.

           No sabía qué mosca le había picado, hasta que lo vi volver casi igual de rápido
           pero con una mujer embarazada en sus brazos. Me quedé helada.

           -¡Bella, di que preparen el box de reanimación! Que llamen a las ginecólogas y
           al anestesista, y que traigan a Urgencias la incubadora de transporte.

           Me quedé parada durante unos segundos hasta que reaccioné, aún sin
           comprender nada de lo que estaba pasando, pero la actitud de Edward no daba
           lugar a dudas. Antes de dirigirme de nuevo a Urgencias seguida por él pude ver
           cómo por la puerta apareció un hombre corriendo, que debía ser el futuro
           padre. Estaba blanco como la cal y evidentemente nervioso.
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              Edward entró con la mujer directamente al box de urgencias vitales, que
              disponía de todo el equipo y medicación adecuados para una intervención de
              urgencia. Yo fui hacia la salita y repetí sus demandas. Paul salió disparado hacia
              el box, al tiempo que Joanne iba a hacer las llamadas solicitadas.
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              Me dirigí al box acompañada de Claire y Linda. El marido estaba fuera,
              retorciéndose las manos de puro nervio.

              -Por favor, salven a mi mujer y a mi pequeño- imploró.

              Joder, cómo una guardia tan tranquila se podía fastidiar en unos segundos. Se
              me hizo un nudo en el estómago cuando fui consciente de que la señora, que
              había sido rápidamente despojada de sus ropas, tenía abundantes restos de
              sangre aún fresca manchando el interior de sus muslos.

              Edward se ponía una bata y unos guantes estériles, mientras ordenaba que
              trajeran sangre 0 negativo, una analítica completa y gasometría. Paul ponía una
              vía intravenosa y luego un monitor de constantes vitales a la inconsciente
              señora. Linda colocó una mascarilla de oxígeno sobre la cara de la paciente.

              -El marido me ha contado que su esposa está embarazada de 38 semanas, se ha
              quejado de un fuerte dolor abdominal y después ha comenzado a sangrar. En
              el camino de su casa hasta aquí ha quedado inconsciente- me explicó Edward.

              Me miraba muy serio. Lo que acababa de explicarme sólo podía significar una
              cosa, y yo lo sabía: desprendimiento prematuro de placenta. Los nervios me
              atenazaban el estómago, pero fui a ponerme unos guantes.
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                                                 Capítulo 6



              BPOV
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              Llegaron dos celadores con la incubadora de transporte, que era la que se
              usaba para llevar a los neonatos de un lado a otro del hospital. Allá estaba todo
              el material que podría necesitar para una reanimación. Carmen, una veterana
              comadrona, y Anne llegaron tras ellos corriendo. Dijeron que la ginecóloga
              adjunta de guardia estaba atendiendo un parto con fórceps en ese mismo
              momento. Era la ley de Murphy. Mi adjunto, William, no podría venir a
              ayudarme ya que estaba arriba en el paritorio por si el fórceps se complicaba.
              Aunque la posibilidad de que él tuviera alguna dificultad era remota comparada
              con el problema que tenía ante mí.

              La comadrona había sido previsora y había traído un monitor de latido fetal. Al
              momento se acercó a la paciente y le fue pasando la sonda por todo el abultado
              abdomen.

              -¿Qué está pasando?– inquirió Carmen con ansiedad observando al marido de
              la paciente, quien firmaba el consentimiento para la cirugía de urgencia.
              Probablemente ella había pensado que la llamada era por un simple parto que
              nos había pillado desprevenidos en Urgencias. No habría sido la primera vez.

              -Esta señora está sangrando. Parece que sufre un desprendimiento de placenta-
              respondí, tensa.

              -¿Entonces qué está haciendo aquí? Vamos a subirla rápido al quirófano de
              maternidad, allá está todo mejor preparado que aquí - Carmen no atinaba a
              encontrar el latido fetal. Ojalá sólo fuera por los nervios.

              -No hay un solo segundo que perder, el feto ha sufrido por la hemorragia, y
              puede que esté ya parado- repuso Edward en voz baja pero firme para que el
              futuro padre no escuchara estas palabras- Y esta mujer no está para moverla
              más. Lo hemos de sacar ahora mismo- añadió mientras pintaba con antiséptico
              el abultado abdomen de la señora.

              Habían sacado al futuro padre del box y la sensación de apremio era cada vez
              mayor. Paul no perdía tiempo y estaba realizando una anestesia de urgencia. Se
              le notaba nervioso como a todos, pero estaba haciendo su trabajo con mucha
              profesionalidad. Edward, que era el único que parecía inmutable, ya llevaba
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            puesta una bata, mascarilla y gorro de quirófano y Joanne le estaba pasando el
            instrumental hasta que la sustituyó Carmen, más habituada a las cesáreas. No
            podíamos esperar a que bajara la adjunta ginecóloga. Los residentes de último
            año podíamos tomar decisiones importantes sin contar con los adjuntos, y eso
Página | 55 estábamos haciendo. Anne, quien al principio se había quedado parada ante la
            situación, finalmente estaba reaccionando y se lavaba las manos para ayudar en
            la intervención.

           Edward realizó una rápida incisión en el abdomen de la mujer. Yo comprobaba
           febrilmente el buen funcionamiento de la incubadora, incluyendo el respirador,
           y depositaba al alcance de mi mano el material que probablemente necesitaría.
           El corazón me latía tan rápido que notaba el pulso en la garganta. Era una de
           las peores situaciones en que se podía encontrar un pediatra de guardia. Si el
           niño nacía con algo de vitalidad lucharía por él, pero si lo hacía en parada
           cardiorrespiratoria debía decidir si intentar reanimarlo a costa de la posibilidad
           de secuelas neurológicas irreversibles… o dejarlo a su suerte. Ni siquiera podía
           pensar en esta última opción, imaginaba el profundo dolor de ese padre que
           esperaba angustiado en la sala de espera y de esa madre que para su fortuna no
           se estaba enterando de nada. Pero si no acertaba con mi decisión, o me
           equivocaba en algo… no, no, ahuyenté estos pensamientos, no me hacían
           ninguna falta ahora. No había alternativa.

           En ese momento Edward me trajo al bebé y lo depositó en la incubadora,
           quedándose a mi lado. Anne permaneció junto a la paciente, cerrando la herida
           quirúrgica.

           Tomé el pulso al inerte bebé pinzando suavemente su cordón umbilical entre
           mi pulgar e índice: como ya imaginaba, no latía. Estaba completamente pálido y
           sin tono muscular. Muerto. Iba a iniciar la reanimación pero durante unos
           breves instantes me bloqueé, paralizada. Reaccioné cuando Edward se acercó a
           mí, tanto que incluso pude aspirar su aroma, y me susurró:

           -Latía hasta hace muy poco, Bella– dijo convencido, mientras me acercaba el
           material para intubación.

           Miré sus ojos ámbar, y de inmediato sentí una oleada de energía positiva.
           Reaccioné y me dispuse a colocar el tubo en la tráquea del bebé, luego lo
           conecté al respirador de la incubadora, al tiempo que Edward le hacía masaje
           cardiaco. Comprobé si el latido se reiniciaba. Nada. Me esforcé por mantener
           mi ritmo respiratorio normal.
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            Inyecté adrenalina a través del tubo endocraneal en un intento por conseguir
            reanimar aquel corazoncito. Habían pasado dos minutos desde el nacimiento
            del niño según el reloj de la incubadora, y el tiempo corría en nuestra contra,
            en contra del pronóstico vital de esa criatura. Tres minutos. Sin respuesta. De
Página | 56 nuevo inyecté adrenalina. Edward no paraba de hacer masaje cardiaco al bebé,
            con delicadeza pero con dedos expertos. Su presencia, capaz de alterarme tanto
            en otras circunstancias, ahora era un poderoso sedante. Tres minutos y diez
            segundos: empecé a notar un suave golpeteo contra mis dedos al tocar el
            cordón umbilical: por fin el pulso había vuelto al niño, y eso se fue reflejando
            en un cambio en el color de su fina piel, pasando del blanco céreo al pálido
            sonrosado.

           -¿Crees que le iría bien un poco de bicarbonato intravenoso, Bella?- Edward
           me observaba, a la espera de mi respuesta. Lo miré maravillada: ¿cómo sabía
           tanto de pediatría? Se dio cuenta de mi pregunta no formulada y me respondió
           - El año pasado hice una estancia de unos meses en cirugía pediátrica del
           Hospital de Niños de Seattle. Y me gustaba mucho la neonatología.

           Con habilidad Edward abrió la vena umbilical del bebé, donde inserté un
           catéter e inyecté lentamente el bicarbonato diluido que me había preparado la
           enfermera. Esto pareció acabar de mejorar el color de su piel. El niño tenía ya
           10 minutos de vida. Se movió un poquito. Miré a Edward, quien me
           correspondió cálidamente. No le veía la boca porque todos allá dentro
           llevábamos mascarilla, pero estaba segura de que sonreía.

           -Hay que subirlo a Pediatría y preparar el traslado para Seattle en el menor
           tiempo posible- dije. Él asintió.

           -Anne, Paul, ¿me necesitáis?- preguntó Edward, girándose hacia ellos.

           Anne separó un instante la vista de la sutura que estaba realizando ayudada por
           Carmen y negó con la cabeza. Paul estaba comprobando las constantes de la
           señora y calculando la cantidad de medicación que le era necesaria hasta el final
           de la intervención. De espaldas a nosotros, también negó.

           Mi ángel de la guardia se volvió para mirarme.

           -Ya acabé mi trabajo. Puedo ayudarte con el tuyo. Si no te importa, claro.

           ¿Importarme? No podía quejarme, tendría de ayudante al pariente vivo del
           David de Miguel Ángel, que además era un crack de la neonatología.
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              -Te lo agradeceré toda la vida, pero le diré a William que organice el traslado
              mientras nosotros estamos con el niño. Al menos que ayude en algo – dije esto
              último algo mosqueada al constatar que ya hacía rato que debería haber bajado
              de "su" parto. A menos que hubiera tenido complicaciones, cosa harto dudosa.
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              Salí del box y fui a hablar con el padre del bebé, que, viva imagen de la
              angustia, aguardaba en la sala de espera. El hecho de que no hubiera nadie más
              que él acrecentaba la sensación de desamparo que daba al mirarlo. Le informé
              de que su mujer se encontraba bien y que el niño vivía, pero que las próximas
              24 horas iban a ser críticas en cuanto al pronóstico neurológico. Lo había visto
              en casos parecidos: edema cerebral, convulsiones… no bastaba con sobrevivir,
              las secuelas neurológicas graves podían estar ahí. Pero saber que sus dos seres
              queridos vivían fue suficiente para que volviera algo de paz y color a su rostro.
              Decidió quedarse con su esposa hasta que esta despertara.

              Llamé a mi adjunto. Obviamente, lo encontré en el despacho. Secamente le
              informé de lo que había sucedido durante su no-presencia. lÉl mismo se
              ofreció para llamar al teléfono de emergencias y dar los datos que estos le
              pidieran, y mientras él hacía esto Edward y yo podríamos hacer cosas más
              útiles.

              Subimos en el ascensor, acompañando a los celadores con la incubadora.
              Edward clavó su pupilas en las mías durante unos instantes, y yo habría pagado
              por saber qué pensaba.

              En la unidad de neonatología hubo mucho movimiento. Las dos enfermeras de
              pediatría, Mary y Susan, se pusieron a la labor de ayudarnos con mucho
              entusiasmo, aunque probablemente con una sola habría bastado. Observé que
              de vez en cuando se les escapaba un vistazo hacia mi ayudante. En fin, ya que
              había que trabajar, al menos hacerlo con alegría.

              El bebé seguía poco activo pero reaccionaba al tacto con leves movimientos. En
              los análisis que le practicamos comprobamos que a consecuencia de la
              hemorragia y la parada cardiaca que había sufrido necesitaba sangre y una
              nueva dosis de bicarbonato. Decidí que lo mejor sería introducir un catéter en
              la arteria umbilical, que era una buena vía de acceso en un recién nacido. De
              nuevo la ayuda de Edward fue inestimable. Separó con dos pinzas y un pulso
              envidiable las finísimas paredes de la arteria umbilical para que introdujera el
              catéter.
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            Ya se habían hecho cerca de las seis de la mañana. Llamaron del Hospital de
            Niños de informándonos de que en vez de la ambulancia venía de camino un
            helicóptero, aprovechando que estaba amaneciendo. Este llegaría mucho más
            rápido y seguro a su destino, ya que las carreteras estaban en mal estado a causa
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            del temporal de nieve

           La última analítica del bebé había salido casi perfecta. Ahora estaba tan activo
           que decidí sedarlo un poco por miedo a que se arrancara el tubo endotraqueal.
           No era buena idea quitarle la respiración artificial de cara al traslado porque si
           empeoraba en el helicóptero sería muy difícil volver a intubarlo. Esos vehículos
           eran rápidos pero el vaivén no permitía realizar maniobras delicadas.

           Edward había marchado un momento a la planta de cirugía pero me había
           prometido volver. Yo aproveché para ir al vestuario a coger mi gruesa chaqueta,
           deseaba acompañar al equipo de traslado hasta el helicóptero. Cuando volví a
           la planta pasé a echarle un vistazo al recién nacido.

           -Bella, hoy habéis hecho un buen trabajo tú y el galán cirujano- me dijo Mary, la
           enfermera que cuidaba de los neonatos esa noche.- Te prometo que William
           me pone de los nervios. Cuando nos hemos enterado de lo que estaba pasando
           en Urgencias y vimos que no pensaba bajar hemos estado a punto de llamar a
           Emily.

           -Mary, te lo agradezco pero eso no hubiera estado bien, ya la habría llamado yo
           si la hubiera necesitado. Además, para cuando hubiera llegado ya nada se
           podría haber hecho.

           -De todas formas se lo tienes que explicar a tu jefa, Bella. Si al doctor comodón
           no le gustan las urgencias graves que no haga guardias. De no estar el
           monumento contigo lo habríamos pasado mucho peor, sobre todo tú.

           -Se llama Edward, Mary- la reñí al tiempo que me reía.

           -Para ti, Edward, nena. Para mí, "monumento" desde el primer día que su visión
           me impactó.- Rió- Por cierto, hacéis buena pareja.

           -¿Q-qué? ¿Qué dices, Mary? ¡No somos pareja!- negué rotundamente
           entretanto sentía la habitual oleada de calor en el rostro.

           -Sí, sí, lo que tú digas. Pero si ese dios me mirara de la manera que lo hace
           contigo…- suspiró, elevando los ojos al techo- ¿es que no te das cuenta? Y tú
           tampoco es que disimules bien, nena, que se te derriten los ojitos.
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              -Vale, vale, dame un respiro. ¿Hay café?- cambié de tema radicalmente, estaba
              demasiado agotada a esas horas como para aguantar un tercer grado. De eso ya
              tenía suficiente con Ángela en nuestra propia casa.

              -Estaba esperando que lo hicieras tú, te sale excelente – Mary me guiñó un ojo
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              y se dispuso a cambiar el gotero del bebé.

              -Bruja - respondí, simulando enfadarme.

              -Yo también te quiero, cielo- se burló a mis espaldas.

              Me dirigía hacia la salita de enfermeras, para preparar el preciado líquido, pero
              recordé que antes me quedaba algo importante que hacer y no podía esperar.
              El helicóptero estaría aquí en menos de una hora.

              Me acerqué a la Maternidad para ver a la madre del bebé. Estaba ya consciente,
              con su marido al lado tomándole la mano. Llevaba una vía endovenosa por
              donde estaba paséndole una bolsa de sangre. Si seguía estable al día siguiente
              podría ser trasladada en ambulancia a la Maternidad del Hospital de Niños
              para poder estar junto a su bebé. Se la veía pálida y agotada, pero serena.
              Hablamos un momento. Por suerte, su seguro médico disponía de la
              posibilidad del traslado, pero era una crueldad que después de haber estado a
              punto de morir tanto la madre como su bebé ella no pudiera verle la cara al
              pequeño. Hablé con Anne y me costó convencerla, pero al final accedió a que
              pasaran a la señora a una camilla y la desplazaran hasta la sala de Neonatología.
              Dejamos un momento de intimidad a la pequeña familia.

              El médico y el enfermero de la UCI móvil llegaron a pediatría y se hicieron
              cargo de todo, pasando el bebé de nuestra incubadora de transporte a la suya.
              Nos dirigimos hacia el ascensor. En aquel momento se acercaba Edward por el
              pasillo, y recordé el día en que nos conocimos. Ahora me daba cuenta, y sentí
              cierta desazón, de que podría enamorarme de él... hasta la médula.

              Subimos hasta el helipuerto, que estaba en la azotea del hospital. El paisaje
              desde aquella altura era de un blanco inmaculado, pero antes de que se me
              ocurriera pensar en lo hermoso que se veía el frío del exterior golpeó mi cara y
              mis manos, las únicas partes que llevaba descubiertas. Si estaba mucho tiempo
              al exterior pronto me volvería de color azulado.

              El equipo de transporte era realmente competente y en unos minutos cargaron
              la incubadora en el aparato y estaban a punto de despegar. Edward y yo nos
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          separamos una distancia prudencial y contemplamos cómo el helicóptero
          despegaba y se alejaba por el encapotado cielo de Forks.

            Miré a mi compañero de arriba abajo y me di cuenta de que llevaba puesto sólo
            el uniforme azul y la bata. Aunque se le veía de lo más feliz, la cara
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            resplandeciente.

          -¡Edward, te vas a congelar!-exclamé.

          -No te preocupes, Bella, tolero muy bien el frío- negó con una sonrisa.

          Lo miré intensamente. Si no hubiera sido por él esa noche habría sido mucho,
          muchísimo más larga. Sin pensarlo fui a darle un espontáneo abrazo; sentía
          alivio de que se hubiera acabado todo.

          -Gracias, Edward. Has estado ahí, apoyándome, ayudándome. Eres increíble
          y…- enmudecí.

          Su brazo había capturado mi cintura pegando mi cuerpo al suyo mientras su
          mano libre se deslizaba hacia arriba por mi cuello, haciendo arder la piel a su
          paso. Me levantó delicadamente el mentón buscándome los ojos. Los suyos
          irradiaban pasión, pero había algo más… ¿duda? Yo sabía lo que él pretendía,
          pero parecía que él no tenía claro que yo lo deseaba. Y mucho. Entrecrucé mis
          dedos con sus cabellos y con suavidad tiré de él acercando nuestras caras.
          Entonces se dejó llevar. Sus labios rozaron los míos con delicadeza, y
          lentamente se amoldaron a ellos. Me estremecí de placer al sentir el contacto
          con su piel, su cuerpo, su boca. Oleadas de calor recorrieron mi cuerpo, y el
          frío dejó de ser un problema. Su sedosa lengua se adentró entre mis labios, al
          principio tímidamente, para luego apoderarse de mi boca, explorándola,
          haciéndola suya. Gemí al sentir su dulce sabor. Entrelacé mis brazos tras su
          cuello perdiéndome en ese beso. Me abrazó con más fuerza y continuó con la
          sensual caricia hasta que me tuve que separar de él para poder inhalar. Lo miré
          y vi que sonreía. Las piernas apenas me obedecían y era él quien soportaba mi
          peso.

          EPOV

          No fue nada premeditado. No lo tenía previsto, pero ella provocó esa reacción
          al abrazarme tan ingenuamente. Me fue imposible contener la respiración, y su
          proximidad terminó de doblegar mi voluntad. Tenía que olerla, estando tan
          cercana… y una vez su aroma me llenó, era inevitable probar el sabor de su
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              boca. Era deliciosa. Nada, absolutamente nada en mi experiencia era
              comparable, no podía parar de besarla . Fue ella la que separó nuestros labios,
              y me di cuenta de mi torpeza. Ella sí necesitaba el aire.

              Observé la cara de Bella. Estaba muy atractiva, con el rubor decorando sus
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              mejillas, los sensuales labios ligeramente entreabiertos. Jadeaba suavemente, al
              igual que yo. Aunque no necesitaba respirar conservaba ese reflejo en
              determinadas situaciones. Me miraba desde la profundidad de sus grandes y
              oscuros ojos y maldije mi don, inútil para comprenderla a ella, el ser que más
              ansiaba leer. Hubiera deseado tanto saber qué pensaba en ese momento...

              -¿En qué piensas?- me sentí extraño haciendo esa pregunta.

              -En nada… - la miré, alzando una ceja. - Vale…en ti. En la expresión que tienes
              en este momento. En que a pesar de lo insegura que me siento me alegro que
              me hayas besado. Yo… tenía ganas de que ocurriera.

              -¿Insegura?- la miré extrañado- Bella, ¿estás insegura de mí?- parecía
              avergonzada, la tomé del mentón y la obligué a mirarme - ¿Crees que voy
              besando a todas las nuevas residentes que aparecen por este hospital? ¿No has
              oído hablar de Rarito Cullen, el que nunca se relaciona con nadie?

              -¿Y por qué conmigo? ¿Qué tengo yo de especial?- me miraba con la duda
              escrita en su rostro.

              ¿Qué le podía contestar? No lo sabría explicar. Su aroma, su inocente aspecto,
              su cándida belleza, su dulzura, su risa, sus ojos… qué sabía yo. Todo.

              -Bella, eres una mujer muy especial. Cuanto más te conozco, más seguro estoy
              de ello. Y además, no soy el único que te encuentra atractiva, eso te lo puedo
              asegurar. Pero sí soy al que más le importas, eso también te lo aseguro. Me
              gustas. Y mucho.

              Al escuchar estas palabras ella se turbó aún más ante mi atenta mirada. Con un
              gran esfuerzo de voluntad me contuve de volverla a besar. Quería más. Mucho
              más. Pero no quería asustarla.

              -Tú también me gustas, más de lo que debería- respondió en voz tan baja que si
              hubiera sido humano no la habría oído. Mi muerto corazón se sintió más
              ligero. De pronto abrió mucho los ojos y exclamó- ¡Edward, por más que
              aguantes bien el frío vas a enfermar si seguimos aquí fuera! Vamos adentro,
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              anda, que estás helado- y aquella frágil humana me tomó de la mano y me
              arrastró al interior del hospital.

              Me dejé hacer. Con ella no había nada que discutir. Estaba perdido.
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                                                 Capítulo 7



              BPOV

              -Bella, cariño, creo que deberías marcharte a casa. Estás agotada.

              Era la tercera vez que Emily me hacía esa petición. Pero no pensaba irme, no
              todavía. En el Infantil estaban efectuándole varias pruebas al recién nacido,
              incluidas ecografía cerebral y electroencefalograma, y no quería marcharme a
              casa antes de saber el resultado. Sus padres habían decidido llamarlo David.
              James Watson había prometido que nos llamaría a lo largo de la mañana,
              cuando ya tuviera todo el informe.

              -Emily, puedo aguantar un rato más.- Me miró alzando una ceja, apretando los
              labios para sofocar una sonrisa.

              -Supongo. Entonces debe ser que hay una nueva manera de auscultar y yo no
              estoy al día.

              Fijé mi atención en lo que estaba haciendo en ese momento. Me encontraba
              auscultando a Jeremy, un niño ingresado por una crisis asmática. Tenía puesto
              el estetoscopio sobre el tórax del pequeño, pero la parte que tendría que estar
              introducida en mis orejas estaba aún colgada de mi cuello. La madre de Jeremy
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              me miraba, entre divertida y mosqueada, y el niño casi se estaba partiendo de
              risa. Me ruboricé. Estaba pasando la mañana con la mente sumergida en lo que
              había pasado la noche anterior y no estaba nada centrada en mi trabajo.

              -Eeh… sospecho que tienes razón.- Me disculpé ante la madre de Jeremy con
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              una mirada y le alboroté el pelo al pequeño.

              -Bella, te prometo que te llamaré en cuanto sepa algo.

              -¿Sea la hora que sea?

              -Prometido- levantó la mano, solemne.

              -De acuerdo- me dirigí a la puerta.

              -Bella- llamó Emily- buen trabajo-. Le sonreí y salí de la habitación.

              Para ser sincera, no sólo me retenía en mi lugar de trabajo el ansia por saber
              algo del pequeño bebé. Esto era una razón importante, la otra es que no había
              conseguido hablar con Edward desde que habíamos bajado del helipuerto. Nos
              había rodeado un mar de papeleo, informes, burocracia… tal que ni tan siquiera
              habíamos podido desayunar juntos. A ratos se me ocurría la angustiosa idea de
              que esos minutos compartidos con él, ese beso que me hacía flaquear las
              piernas cada vez que lo recordaba, no habían sido otra cosa que fruto de un
              breve sueño echado durante la guardia.

              Angela estaba poniendo un vendaje compresivo para un esguince de tobillo en
              el box de "trauma". Había ido a Urgencias a despedirme de mi compañera hasta
              la noche, ya que hoy ella doblaba turno. Me asomé discretamente por la cortina
              del box.

              -Hola, cielo. Vengo a despedirme. Menuda guardia he tenido, ya te contaré por
              la noche- ella se volteó y me miró con una expresión que no supe interpretar.

              -Disculpe un momento, señor Fisher- el aludido asintió y Angela se acercó a mí
              y me puso un papel plegado en la mano, con aire misterioso y expresión pícara-
              Ten.

              -¿Qué… qué es esto, Ang?
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              -Tú sabrás, pero ya puedes dormir muy bien y levantarte descansada porque
              hoy tenemos una larga charla pendiente tú y yo- susurró mirándome con
              intensidad, y sin esperar respuesta volvió a su trabajo.

              El frío del exterior golpeó mi rostro y mis vías respiratorias. Inspiré con fuerza.
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              El mejor momento de la guardia era cuando salía del hospital, sin duda era una
              sensación de libertad tan grande… Mientras me dirigía a mi coche fui abriendo
              el papel. ¿Qué misterios se llevaba mi amiga entre manos?

              Entonces quedé boquiabierta. Estaba bien segura de que esas cadenas no
              estaban ahí ayer. Alguien había tenido ese detalle conmigo, y era un gran
              detalle, primero porque estaba hecha polvo, segundo porque no tenía cadenas
              y tercero porque no sabía colocarlas. Ni siquiera tuve esa previsión, tonta de
              mí. Intuí que el papelito tenía que ver con aquello y leí:

              Bella

              Ha sido difícil no verte en toda la mañana, pero me ha secuestrado mi jefe. He
              pensado que quizá te irían bien unas cadenas para el coche, estas me sobraban
              y las guardaba en el maletero. Si ya tienes quédatelas, no me son necesarias.
              Imagino que de momento prefieres la discreción así que he preferido darle este
              papel a Angela que buscarte a ti en persona. Más abajo te he anotado mi
              teléfono, llámame cuando hayas descansado. Si quieres.

              Besos

              Edward

              ...

              Me desperté con dolor de cabeza. No había comido nada desde la cena del día
              anterior y eso me estaba pasando factura. Me quedé en la cama remoloneando,
              con el cerebro todavía funcionando a medias. En ese estado de duermevela
              fueron fluyendo por mi mente imágenes del día previo. Mientras la adormecida
              consciencia y el subconsciente se entremezclaban tuve la sensación de que
              alguna cosa del día anterior se me estaba escapando. Tiré del fino hilo que
              sobresalía de esa sensación. Edward había salido a buscar a la madre del
              pequeño David. ¿Habría oído algún grito de ayuda? Era extraño que tanto a mí
              como al trabajador que limpiaba de nieve en la entrada nos hubiera pasado
              desapercibido… Pero no tenía otra explicación. Decidí no darle más
              importancia al asunto. Edward tenía muchas cualidades, era evidente.
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           Llámame cuando estés despierta. Mierda. El recuerdo de su mensaje golpeó
            con fuerza mis neuronas, sacándolas de su letargo ¿Qué hora sería? Me levanté
            con sensación de resaca y la cabeza pesada, buscando mi móvil. Eran las tres de
            la tarde ya pasadas. Había una llamada perdida del hospital y un mensaje de
Página | 65 voz. Emily había cumplido su promesa pero yo estaba tan cansada que ni
            siquiera había despertado por el timbre del teléfono. Mi jefa me comunicaba
            que todas las pruebas que le habían realizado al bebé eran normales y que ya
            respiraba por sí solo. Era algo que esperaba pero aún así sentí un gran alivio y
            felicidad.

           Necesitaba tomar algo antes de llamar a Edward y me preparé un café y un
           bocadillo. Mientras comía releí atentamente y varias veces su nota, analizando
           cada palabra, admirando su hermosa caligrafía. Tenía razón con la suposición
           de que yo prefería mantener discreción en lo que fuera que teníamos. Yo sabía
           que no lo decía por él. Por lo que le conocía no creía que le importara mucho
           lo que pensara la gente. Y a mí tampoco debería afectarme, pero sí lo hacía.
           Odiaba convertirme en el centro de atención. Además, no había pasado nada
           más que un beso. ¿Y si la cosa terminaba ahí? ¿Y si él o yo hoy o mañana
           decidíamos que era un error seguir adelante? ¿Y si no había "adelante"? Mejor
           que lo que fuera que pasara quedase sólo entre nosotros. Bueno, entre
           nosotros y Ángela…

           Inspiré profundamente. Era hora de llamarle. Estando saliente de guardia él ya
           debería estar en su casa. Me moría de vergüenza sólo de pensar en hablar con
           él, sentía mariposas en el estómago. Peor, sentía auténticas náuseas. Pero no
           debía posponerlo más. Marqué su número.

           -Hola- tan solo escuchar el sonido de su suave voz y ya estaba mi corazón
           latiendo como un loco. Estaba tan nerviosa que durante unos segundos no supe
           qué decirle- … ¿Bella?

           -Sí, soy yo, disculpa- esta vez respondí de inmediato, no quería que pensara que
           era boba o algo así.

           -No podía ser nadie más, estoy escuchando tu latido… ¿a que has vuelto a
           tomar café?- respondió riéndose a carcajadas. Perfecto. La primera vez que le
           llamaba por teléfono y el señor se dedicaba a hacer bromitas a mi costa.

           -Por supuesto que sí, gracias a eso soy capaz de articular palabras en este
           momento. Me alegra que lo encuentres tan divertido. Y ya te vale con la
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           bromita del café - bufé. A veces me sacaba de mis casillas. Se oyó un largo
           suspiro al otro lado de la línea.

            -No quería molestarte, Bella. Sólo es que me hace muy feliz que me hayas
            llamado- dijo con un tono de voz que me erizó el vello… sensual, total y
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            absolutamente atrayente. Sin poderlo evitar empecé a sentir calor. Respira,
           Bella... así.

           -Me alegro de que sea por eso. ¿Estás en tu casa? ¿Has podido descansar? -
           respondí intentando aparentar una calma que no sentía.

           -Sí, sí, no te preocupes por mí. Espero que tú también hayas descansado. Por
           cierto, ya sabrás que el bebé está bien, ¿verdad? Creo que Emily te dejó un
           mensaje. Me lo dijo esta mañana. También me ha dicho que me van a fichar
           como pediatra- su risa acompañó estas últimas palabras y fue de nuevo una
           melodía para mi oído.

           -Seguro que colaborarías más y mejor que algunos adjuntos- repuse. No había
           tenido tiempo de hablar con mi jefa sobre la falta de colaboración de William
           pero estaba claro que se había enterado de todo - Edward, gracias de nuevo. Y
           gracias también por haber colocado las cadenas en mi coche. Si no fuera por ti
           aún estaría en el parking del hospital.

           -No es nada. Imaginaba que no estabas acostumbrada a la nieve y que no
           tendrías cadenas. Y aunque las hubieras tenido tampoco estabas en muy buena
           situación para colocarlas.

           -Estás en lo cierto. Te debo mucho. De veras.

           -De acuerdo, señorita, si insistes… es hora de que pagues algo de lo que me
           debes –repuso.

           -Ah, ya sabía yo que tanta consideración no era gratuita - intenté que no me
           temblara la voz- ¿y cuál se supone que es el pago a cambio?

           -Depende de cómo estés de cansada.- Me sonrojé.

           -También depende… de lo que quieras proponer – dudé. ¿De veras estaba
           preparada para esto? ¿De veras no había un momento mejor para una… una
           primera cita? Miré mi cara en el espejo. Había conocido días mucho, mucho
           mejores.
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              -Quiero verte. Lo demás decídelo tú.

              Quiero verte. Pues yo ya estaba tardando en hiperventilar.

              -De acuerdo. ¿Qué te parece si vamos a tomar algo por ahí?- sugerí, siguiendo
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              con el tono casual de la conversación.

              Quería verlo, pero no quería una cita a solas. Me daba… era una tontería…
              miedo. Miedo de su reacciones y de las mías. Me sentía como una adolescente
              antes de su primer beso. Aunque nosotros ya nos habíamos besado. Quizá por
              eso estaba asustada. Sabía lo que se sentía en sus brazos.

              -Será un placer. ¿Te paso a buscar en una hora?

              Afirmé y colgué.

              Después de ducharme, mirarme al espejo, maldecir mi cara de muerta viviente,
              ponerme histérica y despotricar contra mi vestuario (todo por este orden)
              decidí usar algún color que diera luz a mi apagado cutis. Me puse un fino jersey
              en tonos azules y unos vaqueros. Quería ir un poco arreglada pero sin parecer
              demasiado desesperada por mi aspecto físico. Dios, no recordaba lo que era
              una primera cita, ¡y encima saliente de guardia! Sin embargo, Edward ya
              conocía mi cara de zombi. Me había visto varias veces con ella.

              No me gustaba maquillarme pero necesitaba un poco de color en la cara así
              que me puse un toque de colorete, rimmel y brillo de labios. Me sequé el
              cabello y dejé caer las ondas sueltas por mi espalda. El jersey era de cuello
              vuelto y algo escotado y al menos el cabello me daría calor. Además en el
              hospital siempre llevaba coleta y me apetecía llevar el cabello suelto. Miré por
              la ventana del baño. Parecía que estaba mirando una postal de Navidad.
              Odiaba el frío pero me gustaba el modo en que la nieve daba una sensación de
              irrealidad al paisaje.

              Sonó el timbre. Aunque lo estaba esperando me sobresalté. Mi corazón de
              nuevo empezó a bailar su particular ritmo para Edward. Bajé las escaleras todo
              lo rápido que pude y abrí la puerta.

              Por unos instantes me deslumbró el contraluz. Sólo vi su alta silueta, y luego
              escuché su voz.

              -Buenas tardes, Bella – los ecos del sonido hicieron que cada célula de mi
              cuerpo vibrara.
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            Por un segundo dudé qué hacer, si besarle, si darle la mano… al final
            correspondí al formal saludo, y le cedí el paso para que entrase. Entonces sí lo
            pude observar bien. Durante unos instantes me olvidé de respirar. Llevaba una
            cazadora, jersey negro y unos vaqueros gastados. El sedoso cabello cobrizo
Página | 68 cuyo tacto mis dedos imploraban volver a sentir, estaba atractivamente
            despeinado de un modo que estaba segura que en él era natural. Me examinaba
            complacido mientras sonreía de una forma que debería ser ilegal. Tenía que
            salir pronto de casa. Estar allá a solas con él me hacía sentir inquieta.

           -Voy por el abrigo- murmuré como pude ante el peso de su mirada.

           Lo tenía colgado de un pequeño vestidor que teníamos en el comedor, donde
           guardábamos la abultada ropa de abrigo. Lo tomé y me giré dispuesta a andar
           hacia la puerta. Ni siquiera le oí venir. Jadeé de la sorpresa pues, sin saber
           cómo, me encontraba entre la puerta del vestidor y el cuerpo de Edward,
           peligrosamente cercano al mío. Alcé la vista hasta encontrarme con su mirada.
           El dorado de sus ojos aparentaba ser más oscuro. Debía ser un efecto de la luz.

           -¿Te he vuelto a asustar?- preguntó, dibujando una leve sonrisa. Utilicé toda la
           fuerza de mi voluntad para escapar de su hechizo.

           -No, esta vez no- repuse sonriéndole mientras me escabullía hacia la puerta. Yo
           también sabía jugar.

           Tenía clara una cosa: por más que él me atrajera no me gustaba perder el
           control. Y sabía, en el fondo de mi corazón, que ese hombre podía conseguir
           que lo perdiera si se lo proponía.

           -¿Nos vamos? – insté desde la puerta alzando ambas cejas, señalando con la
           cabeza hacia fuera. Asintió y se dirigió hacia mí, observándome pensativo.

           Me abrió la puerta del copiloto. Me gustaba mucho su coche, un Volvo de
           color gris plateado. Lo que no me esperaba era la sensación que tendría al
           entrar en el vehículo. El interior olía a él. Sin poder evitarlo inspiré con toda mi
           capacidad pulmonar, al tiempo que cerraba los párpados durante un fugaz
           segundo. Fue un reflejo involuntario. Le miré, temerosa de que se hubiera
           dado cuenta, pero él parecía centrado en observar un punto del salpicadero.
           Quizás demasiado centrado. Su expresión era forzadamente hermética. Era una
           trampa, y yo había caído sin remedio.
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              -¿Nos vamos? –encendió el motor y se metió en la carretera - He pensado que
              podríamos ir a Port Angeles… si te parece bien. Está cerca y tendremos un
              poco más de tranquilidad que aquí en Forks.

              Port Angeles estaba a una media hora larga de Forks. Eso significaba estar
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              media hora solos en su coche. De pronto no me parecía tan buena idea lo de
              salir de casa, pero tras pensarlo unos segundos asentí. Ya sabía a lo que se
              refería con "tranquilidad", y estaba de acuerdo con él. Encendió la radio y nos
              pusimos a hablar de temas intrascendentes. Me gustaba hablar con él de
              cualquier cosa. Era muy ameno conversando, y yo no comprendía por qué no
              se relacionaba más. De esta forma recuperé un poco de serenidad.

              Port Angeles era una localidad costera, típicamente turística pero a mi modo de
              ver encantadora. Combinaba la belleza del mar y la montaña, aunque ahora en
              invierno eran pocos los turistas que se acercaban a ella. Cuando llegamos ya
              estaba anocheciendo. Edward aparcó el coche cerca del puerto, salió y me
              abrió la puerta. No estaba acostumbrada a esos detalles, y no sabía si quería
              habituarme. Al salir del vehículo me golpeó una brisa heladora que llegaba a
              nosotros procedente de las nevadas montañas.

              Edward me tomó de la mano, que por desgracia llevaba enguantada. Deseé
              sentir el tacto de su piel pero no podía quitarme los guantes. Era lo mejor si
              quería conservar los diez dedos. Paseamos a lo largo del puerto, hasta no pude
              evitar que me delatase el castañeteo de dientes. No era un sonido muy
              romántico que dijéramos.

              -Será mejor que entremos en algún lugar a cubierto, antes de que te pongas de
              color azul- bromeó él.

              Me llevó hacia una bonita cafetería con vistas al puerto. Dentro había una
              escasa clientela, pero suficiente como para que no llamáramos la atención.
              Elegimos una mesa al lado de la ventana. Me ayudó a quitarme el abrigo y me
              observó sin disimulo hasta que me obligó a apartar la vista.

              -Aún no te había dicho nada, pero estás realmente preciosa. Ese color… te
              favorece mucho.- Calor - Y deberías llevar el cabello suelto más veces.- Más
              calor - O mejor que no lo hagas. Entonces me costaría más esfuerzo quitarte los
              moscones de encima. No bastaría con decir que teníamos un trabajo pendiente.
              Puede que tuviera que partirle la cara a Mike Newton.
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              -Gracias, pero espero que sea necesario - reí. Se acercó la camarera y pedimos
              un café, el mío doble. Esta vez no hizo ninguna broma al respecto.

              EPOV
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              Todos mis buenos propósitos se estaban yendo al traste. Creía que a mi edad y
              con el trabajo que realizaba diariamente ya había alcanzado suficiente fuerza de
              voluntad, pero Bella… ella minaba mi control. Cuando me abrió la puerta y la
              vi, radiante a pesar de las tenues ojeras que enmarcaban sus expresivos ojos, me
              acometió la imperiosa necesidad de tomarla en brazos y llevármela a su
              habitación. Me refrené pero no pude evitar comportarme como un cazador
              jugando con su presa. O como un vampiro salido. Ella podía haber
              reaccionado mal y me habría arrepentido mil veces, pero por suerte para mí no
              se asustó. Después vino la prueba del coche, la peor. Su aroma me estaba
              enloqueciendo. Hubo momentos en los que asía el volante con tanta fuerza
              para controlar mis manos que temí romperlo. Y ahora la tenía delante de mí y
              continuamente tenía ganas de apartar de un manotazo la molesta mesa que nos
              separaba. Tenía ansia de su boca. Carlisle tenía razón. Quizá la estaba
              poniendo en peligro y egoístamente no quería reconocerlo. Jamás había sentido
              esa necesidad por nadie.

              Estuvimos charlando de todo, y riéndonos de anécdotas que nos habían
              acontecido. Ambos teníamos para dar y vender. La observé sorber su café con
              calma. Tenía envidia de la porcelana donde posaba sus labios. Bella de vez en
              cuando desviaba la vista hacia la ventana y se quedaba observando el oscuro
              mar, suspirando levemente. Sospechaba que la estaba incomodando y que lo
              hacía para apartar sus pupilas de las mías. Hacía mucho que yo no tenía una
              cita, y tampoco había salido jamás con una humana. Quizás ya estaba
              arrepentida de haber aceptado venir conmigo.

              -Discúlpame, Bella.

              -¿Perdona?- me miró sin comprender.

              -Me parece que te estoy incomodando. Lo siento, pero no puedo apartar los
              ojos de ti. ¿Quieres… que te lleve a casa?

              -No, no,- me contradijo firmemente, levemente azorada- no me molesta,
              bueno, es que no estoy acostumbrada a que me miren así.

              -Pues no lo comprendo – me sinceré, mientras la miraba de arriba abajo.
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              -Déjalo, Edward. Ahora ya debo estar del color de las cerezas- rió.

              -Sí, más o menos, pero tu tono de rojo es mucho más bonito- ella rió, pero de
              inmediato se puso seria.
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              -¿Qué pasa? ¿He dicho algo?- la tomé de la mano. Era cálida y de tacto
              delicado.

              -Nada… Tu mano está un poco fría. ¿Te encuentras bien?- ya estábamos con la
              pregunta que esperaba.

              -Mi temperatura basal, es algo más baja de lo normal. Ya sabes, soy raro.
              También en eso.

              -Qué curioso ¿Va relacionado con tus intolerancias alimentarias? ¿Es un tema
              de metabolismo?- me observaba atenta.

              -Eeh… sí, más o menos- mentí descaradamente y me observó de hito en hito
              con suspicacia.

              -Creo que tienes razón. Se ha hecho un poco tarde y estoy cansada. ¿Me llevas
              a casa?- parpadeé ante el brusco cambio de tema.

              -Claro- dejé unas monedas en la mesa y la ayudé a ponerse el abrigo. Iba a
              preguntarle si quería cenar conmigo pero intuía que la respuesta sería una
              negativa. Me había perdido algo y no sabía qué.

              Hicimos la vuelta en silencio. Bella comentó que estaba cansada y puso la
              radio. Se había formado una arruguita en su ceño. No soltó una palabra más y
              pasó el viaje mirando todo el rato por la ventanilla, los ojos perdidos en la
              oscuridad de la noche. Ahora sí mataría por poder leerle la mente. Presentía
              que si le preguntaba de forma directa tampoco obtendría la verdad.

              -Ya hemos llegado. Te veo mañana en el hospital – dijo, y fue a abrir la manilla
              del coche.

              La detuve asiéndole la mano. No iba a permitir que se fuera así. Empezaba a
              estar angustiado y necesitaba saber qué estaba pasando. Se giró para protestar
              por mi acción y su cara indignada quedó a escasos centímetros de la mía.
              Entonces la tomé entre mis manos y la acerqué a mí, atrapando su boca.
              Chupé, mordisqueé y lamí sus labios tal y como estaba deseando hacer desde el
              momento en que la había visto. Con hambre. Esperé algún signo de oposición
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            por su parte pero no apareció ninguno. Gimió cuando introduje mi lengua y
            acaricié la suya, aferrándose a mi cuello para profundizar el beso. La alcé de su
            asiento y la coloqué a horcajadas sobre mí, echando el mío hacia atrás,
            cuidando de no dañarla con el volante. Nuestras bocas se exploraron,
Página | 72 separándose de vez en cuando sólo el tiempo indispensable para que ella
            pudiera respirar entrecortadamente. Bella me acariciaba la nuca y respondía a
            mis besos con pasión, provocándome sensaciones que jamás antes había
            sentido. Acaricié la largura de su espalda con una mano, mientras el otro brazo
            la aprisionaba contra mi pecho. Ansiaba tocar su piel por debajo del jersey. Me
            separé de su boca y me dirigí a saborear otras partes de su rostro, pasando la
            lengua por su cuello hasta llegar al lóbulo de la oreja. Su piel sabía tan bien
            como prometía su aroma. Sus gemidos eran gasolina para el fuego que sentía
            dentro de mí y mi erección debía ser ya más que evidente para ella. Hasta que
            escuché un pensamiento.

           -Bella… creo que Angela nos ha visto- susurré entrecortadamente.

           -Dios… no- velozmente salió de encima de mí y volvió a su asiento, tapándose
           la cara con las manos y negando con la cabeza.

           -Bella… ¿qué sucede? -susurré, al tiempo que intenté retirar suavemente sus
           manos, pero no me dejó. De repente abrió la puerta del coche y salió disparada
           hasta su casa, sin mirar atrás.




                                               Capítulo 8
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              BPOV

              No sé cómo pude atinar a introducir la llave en la cerradura. Me temblaban las
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              manos, al igual que el resto del cuerpo. Entré en casa como una exhalación sin
              mirar a Angela y subí corriendo hasta mi dormitorio, tumbándome en la cama
              en la oscuridad. Estaba muy alterada y aún no había racionalizado el porqué.
              Hice un esfuerzo intentando controlar el temblor que me recorría así como mi
              ritmo respiratorio. Pasó un largo rato hasta que pude conseguir que mi cuerpo
              comenzara a obedecer. No sabía cuánto tiempo más habría pasado cuando
              escuché unos golpecitos y la puerta se entreabrió.

              -¿Puedo? ¿O prefieres estar sola?- se oyó tras la puerta. Lo pensé unos
              segundos.

              -Puedes. Pero no abras la luz.

              La escuché entrar y noté cómo mi cama se hundía a la altura de los pies. Miré a
              Angela en la penumbra. Llevaba un tazón entre sus manos.

              -Valeriana, tila, melisa, y un buen chorro de whisky. Bueno, esto último es
              broma- dijo, tendiéndome el tazón.

              -Pues no me vendría mal. A lo mejor luego me tomo un trago. O mejor, media
              botella - me senté, sorbí un poco del cálido líquido y suspiré - Por favor, no
              bromees sobre lo que has visto.

              -¿Eres tonta? No, no es una pregunta. Eres tonta. Sólo he visto una pareja de
              enamorados demostrándose lo que sienten, Bella. Creo que sé cuándo puedo
              bromear con las cosas y cuándo no - me frotó el brazo con cariño y suspiré.

              ¿Enamorados?

              -No me esperaba… reaccionar así. Me he dejado llevar.

              -A veces está bien dejarse llevar, Bella.

              Permanecimos en silencio unos instantes, mientras me terminaba la cálida
              bebida. Intentaba poner orden en mi cabeza y mi corazón, pero en ambos
              había una fuerza de la naturaleza que había entrado a sacarlo de su perfecto
              equilibrio, y tenía nombre propio. Dejé el tazón en la mesita y me levanté.
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              -Vamos al comedor. Necesito algo más fuerte.

              -¿Un poco de helado, quizás? Eso es lo que hacen en las películas cuando hay
              problemas sentimentales- comentó Ang siguiéndome-. Aunque no tenemos,
              pero te puedo traer nieve de fuera - bromeó intentando animarme.
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              -¿Helado? Tú no estás bien de la azotea. Vamos a por ese whisky, necesito algo
              fuerte de verdad.

              Estábamos sentadas en el sofá con un vaso de escocés cada una, sin hielo.
              Angela me había obligado a cenar un bocadillo y no sirvieron para nada mis
              protestas. Decía que no podía beber con el estómago vacío, que me iba a dejar
              KO. Al final aunque no tenía apetito comí un poco, pues ella me amenazó de
              todas las maneras posibles hasta que se salió con la suya. Era peor que mi
              madre.

              -Y bien… explícame.

              Hice una respiración profunda y seguidamente le expliqué lo que había pasado
              en los últimos dos días entre Edward y yo, sin apenas pausa. Cuando terminé le
              di un sorbo a la bebida mientras ella me observaba, pensativa.

              -Imagino que Edward ahora debe estar flipando…

              -Seguro que sí. Puede que esté enfadado, puede que ya no quiera saber nada
              más de mi, que piense que estoy jugando con él, puede…- la interrumpí
              atropellándome con las palabras.

              -Puede, puede…- me cortó ella a mí, rodando los ojos y negando con la cabeza-
              Bells, abre el corazón y piensa un poco, a Edward le gustas. Eres la primera
              chica que conozco con la que se comporta así. No se va a echar atrás por un
              malentendido. Te apuesto lo que quieras. Otra cosa es lo que desees hacer tú.
              Porque me has explicado lo que ha pasado, pero no lo que sientes.

              -No… yo aún no sé bien lo que quiero- permanecimos en silencio durante unos
              minutos mientras intentaba poner en orden mis ideas y al fin proseguí - Angela,
              él puede hacer que yo no sea más yo… No sé decirlo mejor. Creo que puedo
              perder el control sobre mi misma. Y me inquieta, pero al mismo tiempo me
              atrae. De pronto en aquella cafetería pude sentir toda esa atracción y necesité
              salir de allí. - Suspiré por enésima vez- Antes pensaba que sólo era una cita con
              un amigo guapo que me gustaba, y que estaba empezando a enamorarme, pero
              esto… me es desconocido. Y me da miedo que alguien a quien apenas conozco
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              tenga ese poder sobre mí, y más aún alguien que creo que me oculta algo- de
              repente sentí humedad en mi cara y me descubrí llorando. Me sentí aliviada.

              -Creo que estás enamorada, Bells. Y no sé si Edward oculta algo, pero si él te
              importa quizá vale la pena intentar averiguarlo.
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              -No puedo creer que esté sintiendo esto, Angela– limpié las lágrimas con un
              pañuelo que me tendió.- Y ya no puedo evitarlo.

              -¿Evitarlo? ¿Y cuál es el problema? Bella, ese hombre no ha descansado en
              toda la noche mientras te ayudaba en un trabajo que no tenía por qué hacer.
              Vale, eso podría ser por pura profesionalidad, compañerismo, yo qué sé,
              pero… chica, ¿te das cuenta de que ha pensado en poner unas cadenas en las
              ruedas de tu coche para que tú no tuvieras que preocuparte por ello?

              -Claro que me doy cuenta. Angela. Ya te lo he dicho, nunca me había sentido
              tan absorbida por alguien, y me da miedo... Como si fuera a hacer "puenting" o
              algo así. Y tengo otros planes para mi vida - tomé otro sorbo. El alcohol estaba
              empezando a hacer su efecto, embotando mi mente por momentos. Ang
              suspiró.

              -Bella… lo que necesitas ahora es dormir. Estás demasiado agotada como para
              pensar en nada. No te voy a decir lo deberías hacer. Eso lo sabes tú muy bien,
              sólo tienes que darte cuenta - comentó serena, mientras me tomaba la mano.

              Eso me hizo recordar el tacto de Edward. Su suave piel no era cálida, pero su
              tacto lo compensaba, era capaz de hacer arder cualquier parte de mi cuerpo
              que rozara. Volví a recordar sus besos y el calor invadió mis mejillas cuando
              rememoré el contacto de nuestros sexos a través de la ropa. Si Ángela no llega a
              vernos en ese momento…

              -Vale, no sé en qué estás pensando ahora pero déjalo ya- la voz de Angela me
              despertó del trance y me encontré acariciando su mano. La aparté como si me
              hubiera dado un calambre.

              -Lo siento- contesté sofocada, observando como mi amiga aguantaba la risa a
              duras penas- Vale, vale, tú ríete, envidiosa- continué, sacándole la lengua.

              -Sí, eso es totalmente cierto. Me muero de envidia, mmmm, seguro que
              Edward besa muy bien. ¡Chica, qué ganas de ver a Jake me han entrado desde
              hace un rato!- ahora sí se carcajeó a gusto.
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           -Puedo asegurarte que besa mejor que muy bien-me sonrojé, aún me parecía
           sentir el sabor de su boca en la mía.

            -Pues espera a probar el resto, creo que tus dudas se disiparán rápidamente-
            replicó arqueando las cejas, con expresión pícara, tras lo cual salió corriendo
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            rápido esquivando el cojín que le lancé.

           Aunque Angela había conseguido animarme un poco me costó dormirme. Y
           cuando lo conseguí fue un sueño inquieto el que me acogió, mezclado con
           periodos de desvelo durante los cuales mi mente iba de un lado al otro sin
           tomar una decisión. Porque mi corazón ya había decidido.

           ...

           -Menudas ojeras te gastas hoy, chica - comentó Jessica.

           -No he dormido bien- contesté lacónicamente. No tenía ganas de conversación.

           Había necesitado dosis extra de café para poder coger el coche con cierta
           seguridad y dirigirme al trabajo. Angela doblaba turno de nuevo y tenía que
           llevar su propio coche. En la sesión de la mañana, donde se comentaban los
           casos de los niños que habían ingresado en la guardia y la evolución de los que
           estaban hospitalizados, bostecé tantas veces que, aunque me tapaba para
           disimular, Emily me miró con algo de preocupación.

           Esa semana me tocaba pasar visita a los niños ingresados. Hoy pasaba junto a
           Jessica, que llevaba el "busca" del paritorio. Nuestra relación seguía siendo un
           poco tirante, pero nos tolerábamos la una a la otra con bastante cortesía.

           Uno de los recién ingresados era un niño de cuatro años llamado Daniel. Su
           madre había explicado en Urgencias que había observado que a veces el niño
           orinaba de color rojo, como con sangre, desde hacía un par de días. Esto se
           confirmó en los análisis de urgencias. Al tomarle la tensión arterial esta resultó
           estar elevada, por lo que Ben lo había ingresado al sospechar que se trataba de
           una inflamación del riñón llamada glomerulonefritis. Tras el saludo inicial
           Jessica se dedicó a hablar con la madre, tomando la historia clínica del
           pequeño, mientras yo le hacía una exploración física completa. Daniel era un
           niño de cabellos y ojos oscuros, simpático y abierto. Cuando terminé de
           explorarle ya nos habíamos hecho amigos. No hallé nada anormal.
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              -La analítica completa está normal. ¿No es extraño que la creatinina renal sea
              normal si es una glomerulonefritis? Puede que la causa de la hematuria sea otra
              - comentó Jessica ya en el despacho médico.

              -Sí, no es algo muy habitual-repuse.- A ver qué información nos dan la ecografía
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              renal y la recogida de orina de 24 horas. De momento las tensiones siguen algo
              altas… aunque el niño tiene un aspecto estupendo. Lo más importante es
              descartar un tumor con la eco - comenté observando la gráfica y ocultando por
              enésima vez un bostezo.

              Terminamos de escribir las órdenes médicas de todos los niños ingresados y
              continuamos con la sala de neonatología. Allá hoy había poco trabajo, pero
              después del toque de atención que le di a Jessica el primer día no volvió a
              escaquearse más del trabajo cuando estaba conmigo.

              Acabamos pronto la tarea y fuimos al despacho médico para repasar bien todos
              los tipos de glomerulonefritis, ya que nuestro caso no parecía de los típicos.

              -Qué majo fue Edward el otro día, ¿eh? Me refiero a lo de ayudarte con el
              neonato aquel- comentó Jess como de pasada mientras buscábamos
              información médica actualizada en el ordenador del despacho. Ben estaba en
              el otro ordenador redactando informes de alta.

              Me pilló desprevenida. No habíamos vuelto a hablar de él desde el primer día.
              Mi cambio de coloración fue evidente, pero por suerte ella estaba con la vista
              fija en la pantalla.

              -Sí, sí lo fue- contesté secamente, evitando que me temblara la voz. Pero sólo
              conseguí que se girara para observarme la expresión. Seguí con la vista fija en
              los últimos artículos de la revista Pediatric nephrology.

              -No suele ser tan amable, más bien al contrario- insistió.

              Bruja.

              -No es eso lo que tengo entendido, sé que es arisco, pero es buen compañero y
              profesional- le defendí sin poder disimular. Tecleé para descargar un artículo
              que prometía.

              -Vale, lo que tú digas- repuso Jessica sin dejar de observarme.
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              -Estoy con Bella, Edward no es un tío muy sociable y es rarito, pero siempre ha
              sido buen colega- intervino Ben mientras tecleaba en el otro ordenador.

              Gracias, Ben. No sólo por defender a Edward sino también por desviar la
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              atención de la bruja.

              -Sí, raro sí lo es. Y poco sociable- repuso Jess mosqueada por no tener apoyo.
              En aquel momento sonó el teléfono y contesté yo.

              -Pediatría.

              -Hola, soy el doctor James Watson, quisiera hablar con la doctora Swan.

              -Soy yo, James.

              -Hola, Bella, me alegro de oírte. Quería darte buenas noticias, que espero te
              interesarán. El bebé que nos trasladasteis ayer está ya tomando lactancia
              materna y si sigue tan bien mañana lo pasaremos con su madre. No parece
              tener secuelas por falta de oxígeno. Ella también está bien, aunque un poco
              débil.

              -Me das una alegría muy grande, James. En serio. Gracias por preocuparte y
              llamar.

              -No me des las gracias. Vuelvo a decirte que lamento lo que pasó. Y recordarte
              que te estamos esperando con los brazos abiertos dentro de pocas semanas.
              Eres una buena profesional.

              -Eres muy amable, James. Pero tuve una buena ayuda- repuse, odiando a Jess
              por seguir observándome en vez de dedicarse a trabajar.

              -Bien. Además modesta. Volveré a llamaros cuando haya novedades. Saludos a
              Emily.

              Hice una respiración profunda al colgar. Recordé por un momento la airada
              reacción de mi padre cuando se había enterado del error que habían cometido
              en el Hospital Infantil. Charlie estuvo a punto de llamar a James para decirle
              cuatro palabras sobre la incompetencia de su secretaria y presionarle sobre su
              decisión de posponer hasta abril mi estancia en aquel centro. Fuimos mi madre
              y yo las que lo convencimos de que no sería una buena idea ni daría buena
              imagen de mí el que a mi edad mi padre interviniera en mis asuntos personales.
              Aunque ahora no me apetecía tanto ir al que tendría que haber sido mi destino
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              original. Seguí repasando la bibliografía al lado de Jessica, o más bien haciendo
              como que leía. Ella también eligió unos cuantos artículos, los importó y le dio a
              "imprimir". Ya teníamos trabajo para casa.

              Más tarde fuimos a Radiología para ver la ecografía que le habían practicado a
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              nuestro paciente. Jess se había empeñado en ser mi sombra aquel día, y me
              acompañó. Yo deseaba con toda mi alma que hubiera un parto de trillizos para
              librarme de ella.

              Entramos en la sala de radiólogos, y nos dirigimos a hablar con la ecografista.
              Justo en aquel momento estaba redactando el informe. Jessica y ella se
              pusieron a comentar los resultados. El no haber dormido apenas en dos días
              me estaba pasando factura y mi mente empezó a divagar. Recordaba aquellas
              horas trabajando con Edward mano a mano, el beso en el helipuerto, su sonrisa
              en la cafetería de Port Angeles, el tacto de su mano, la mirada ardiente, el fuego
              de mi interior bajo su tacto, sus caricias y besos…

              -¡Bella!- exclamó la nasal voz de Jessica, retornándome a la realidad. La miré
              como si fuera una aparición.

              -¿Qué pasa?- contesté mal, mosqueada por la brusca interrupción.

              -Que te he repetido tres veces si venías y no ha habido respuesta, eso es lo que
              pasa. ¿Te has enterado de algo de lo que hemos hablado?- espetó alzando las
              cejas.

              -No. Ya te dije que no había dormido bien. Vamos- salí por la puerta del
              despacho sin esperarla.

              -Pues entonces te podías ir a casa- rezongó siguiéndome.

              Estuve a punto de mandarla a un sitio menos fino que freír espárragos pero me
              mordí la lengua y apreté los labios.

              ...

              -Te cambio unas patatas revenidas por un poco de arroz pasado- pidió Mónica.

              El comedor de personal estaba lleno, y para mí eso era un misterio tan
              insondable como los dibujos en el desierto de Nasca. Me habría comido un
              bocadillo como hacía casi cada día pero, dado que ahora me atraía el
              "puenting", podía atreverme con el menú del hospital.
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              -No sé si el cambio es justo. Déjame probar una patata –respondí.

              -¿Justo? Si el mundo fuera justo no tendríamos que soportar esta comida-
              añadió Anne, con cara de estar bebiendo vinagre.
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              -Chicas, os quejáis de todo. Es comida- repuso Julia, la enfermera supervisora
              de pediatría, metiéndose un trozo de hamburguesa medio carbonizada en la
              boca.

              -Ahora sólo hace falta que nos hables de la escasez de alimentos en la
              posguerra -comentó Angela, que hoy comía con nosotras. Inmediatamente
              recibió una mirada asesina de Julia.

              -Oye, muchacha, ya está bien de cachondeo, tengo 50 años, no 60 ni 70. No he
              vivido la posguerra. Pero es que la juventud os quejáis de todo. Si total apenas
              coméis, estáis todas de un delgado insano.

              Todas sonreímos. Nos encantaba hacer enfadar a Julia, porque sabíamos que
              no se lo tomaba a mal y pasábamos un buen rato.

              -Esta tarde tengo cinco histeroscopias, tendré que alimentarme bien -comentó
              Anne, ladeando la cabeza y levantando las hojas de lechuga de su ensalada una
              por una.

              -¿Se puede saber qué buscas? No hay gnomos por ahí abajo- la regañó Julia.

              -Gnomos no habrá, pero una vez encontré en la ensalada un gusano del mismo
              tamaño que el cerebro de Mike Newton –repuso Anne, muy seria. Me tapé la
              boca para que no se escuchara mi carcajada.

              -¿Desde cuando dejan traer microscopio al comedor? -añadió Mónica, sin
              tantos reparos.

              -Oye, que estoy aquí, ¿no me habéis visto?- protestó un ofendido Mike justo
              detrás de Anne. Estaba sentado en otra mesa con Paul y Jared, que estaban
              partiéndose de risa sin disimular.

              -Claro que sé que estás detrás-contestó Anne, tranquilamente, mirando hacia él
              -¿Prefieres que diga estas cosas sin estar tú presente? Tengo muchos defectos,
              pero no soy hipócrita… venga, no te enfades, sabes que es broma - contestó
              Anne. Era cierto, Anne tenía la lengua afilada y Mike era uno de sus objetivos
              favoritos, cosa que este aceptaba con más o menos resignación- Además, no es
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           correcto escuchar conversaciones ajenas, si tan aburridos estáis podéis sentaros
           con nosotras- y al decir esto miró directamente a Paul.

            No se hicieron de rogar. Se acercaron con las bandejas de comida y se sentaron
            a nuestro lado. Estuvimos charlando animadamente hasta que fue hora de
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            volver al trabajo. El resto de la jornada pasó sin pena ni gloria, y yo no sabía
            nada de Edward. Pensaba que me lo encontraría por el hospital pero no fue así.
            ¿Por qué no había tenido el valor de ir yo a buscarlo? Al fin y al cabo ¿con qué
            idea se habría quedado él anoche? Le correspondí para luego rechazarlo sin
            explicación ninguna. Era una maldita tonta.

           Llegué a mi solitaria casa en un estado mezcla de agotamiento físico y
           emocional. Me tumbé en la cama, dándole vueltas a todo en la cabeza, hasta
           que me decidí a llamar a Edward. No podía dejar las cosas así.

           Lo intenté varias veces, pero no cogió la llamada. Suspiré. Eso no me daba
           buena espina. ¿Estaría enfadado? No creía que fuera eso, sería algo infantil, o
           rencoroso, y él no cuadraba con ninguna de esas definiciones. Quizás estaba en
           algún otro sitio y se había dejado el móvil.

           Cuando llegó Angela y me preguntó sobre el tema le dije que no tenía ganas de
           hablar. Cenamos en silencio, mirando la TV. Ella de vez en cuando me dirigía
           miradas de preocupación, a lo que yo forzaba una sonrisa para tranquilizarla…
           pero sabía que no lo lograba. Me marché a la cama en cuanto terminé, pues mi
           cuerpo ya no daba para más.

           Pasé otra mala noche, despertándome con frecuencia, hasta el punto que no
           sabía cuándo pensaba o cuándo soñaba. Al día siguiente, jueves, estaba aún más
           ojerosa si cabía. Esta vez mi jefa no ocultó su preocupación.

           -Bella, desde la guardia del lunes parece que no levantas cabeza. ¿Duermes
           bien?

           -Sí, Emily, tranquila- repuse sin desviar la vista de la gráfica de Daniel. Forcé un
           cambio de tema:- ¿Te has fijado?- señalé la gráfica- me refiero a las oscilaciones
           de tensión arterial que tiene Daniel. A veces está normal y otras alta. ¿Si fuera
           una glomerulonefritis no debería estar siempre alta?

           -Sí, es un caso poco frecuente. Y la analítica ha salido completamente normal,
           salvo lo que ya sabíamos, que hay pequeñas cantidades de sangre en la orina -
           comentó observando atentamente las líneas. Objetivo conseguido.
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              -¿Cómo eran los glóbulos rojos?

              -Estaban sin fragmentar, no es típico. Habrá que pensar en otras posibilidades
              diagnósticas. - Yo asentí, pensativa.
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              No había conseguido engañar a Emily y me mandó a hacer burocracia en vez
              de tomar la historia clínica de los niños ingresados. Odiaba el trabajo
              burocrático, pero era una labor que por fuerza ocupaba gran parte de mi labor
              profesional. Lo peor ahora era que estar sentada frente a la pantalla no me
              ayudaba nada. Mientras tecleaba mi cabeza se escapaba una y otra vez, unas
              veces recordando la cita con Edward, otras ideando teorías que explicaran por
              qué aún no sabía nada de él, por qué no había respondido a mi llamada, y las
              demás insultándome a mi misma por darle tanta importancia a cosas que no la
              debían tener.

              -Bella, ¿puedo interrumpirte un momento?- sonó una voz masculina a mi
              espalda.

              Era Paul. Me giré y asentí con la cabeza, extrañada de ver a un anestesista
              perdido por la sala de pediatría. No lo había oído entrar, concentrada como
              estaba en mis cavilaciones y mis informes. Se acercó y tomó una silla,
              colocándose a mi lado.

              -Tú dirás.

              -Hemos quedado unos cuantos para salir el viernes por la noche. Algo
              tranquilo, sin movernos de Forks. Hay un pub que no está mal. ¿Te apetece
              venir?

              -No lo sé. Hace días que no descanso mucho- dije, poniendo cara de
              circunstancias.

              -No hace falta que lo jures, se te nota. Oye, anímate, también vendrá Angela, se
              lo acabo de preguntar. Jake viene este fin de semana y se apunta. Y Anne,
              Jessica, Monica, Jared… Mike no, aún está flojo por la gripe y tiene guardia el
              sábado.

              Eso debería haberme acabado de convencer. Pero seguía sin ánimos. Decidí
              confiarme a Paul.

              -¿Y Edward?- musité, intentando parecer indiferente. Su expresión se volvió
              cautelosa.
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              -Edward no viene. Bella…-hizo una breve pausa y tomó aire- hace tiempo pidió
              una estancia de cirugía torácica en el Hospital Northwest de Seattle y se la
              concedieron hace dos semanas. Tiene muchas cosas que preparar antes de irse.

              Intenté aguantar las ganas de llorar que me habían entrado de repente, pero no
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              pude evitar que mis ojos brillaran más de lo normal. Aparté bruscamente la
              mirada hacia la pantalla del ordenador.

              -Gracias, no lo sabía. Ya te diré - me sentía incapaz de decir nada más con
              sentido.

              Paul se quedó unos breves instantes a mi lado, seguramente sopesando qué
              hacer o decir. Luego se levantó y se marchó.

              -Te esperamos mañana, Bella.




                                                 Capítulo 9



              BPOV

              Esperé hasta que Paul se fue y salí precipitadamente del despacho. Me metí en
              el primer aseo que encontré y, tras poner el cerrojo, lloré hasta que me
              tranquilicé. Me sentía deprimida pero más serena, aunque ahora mi cara era
              todo un poema. A mis ojeras se les añadía una hinchazón de párpados que
              asustaba. Mojé mi cara con agua fría y salí en busca de mi jefa. La encontré en
              su despacho inclinada sobre un montón de papeles que había sobre la mesa.

              -Emily, creo que me iría bien irme a casa- levantó la cara y al verme su
              expresión fue una mezcla de asombro y preocupación, que inmediatamente
              disimuló.
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              -De acuerdo, Bella. Vete a casa, no tienes buen aspecto. Y mañana no quiero
              verte aquí si no has descansado.

              -Pero…
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              -Descansa. Medita. Escucha música. Come chocolate. Ve a pasear por el
              bosque… lo que sea que te haga sentir bien. Quiero que te recuperes.

              -Gracias, Emily... Hasta mañana.

              En cuanto llegué a casa me fui directa a mi dormitorio, y me quedé dormida
              llorando. Desperté a las pocas horas. Sólo eran las cinco de la tarde pero ya
              estaba oscuro, odiaba el invierno por eso. Miré por la ventana y tuve una gran
              sorpresa: el cielo estaba estrellado y había luna llena. Decidí que necesitaba
              salir, daría un paseo en coche. Me abrigué bien y me dirigí hacia mi vehículo.
              Aún no le había quitado las cadenas, pues la nieve invadía la calzada en muchos
              tramos de la carretera. Una sola mirada a aquellas cadenas bastó para empañar
              mis ojos de nuevo. Me los sequé pasándome una mano por la cara con rabia y
              encendí el motor. Era una imprudencia conducir a esas horas y con tanto frío,
              pero me daba igual. Sin pensarlo dos veces me dirigí hacia la playa de la
              reserva. La recordaba hermosa y tranquila, y sentía que necesitaba ver el mar,
              que siempre ha ejercido un efecto calmante en mí.

              El camino a la playa de la reserva fue dificultoso, lo cual agradecí porque tuve
              que estar concentrada en la carretera y en nada más. Cuando salí del vehículo
              el viento helado me golpeó la poca piel que dejaba al descubierto, clavándome
              finas agujas. Me dirigí hacia el océano caminando sobre la espesa capa de nieve
              que ocultaba como un manto la arena de la playa.

              Encontré una roca cercana al agua, la cual lamía serenamente la arena a su
              alcance. Me senté, observando el mar. Respiré profundamente, llenando mis
              pulmones con el helado aire perfumado con el aroma del océano. Sólo
              entonces me permití liberar mis pensamientos. La turbulencia de mis
              emociones se estaba calmando y me permitía pensar con más claridad. ¿Por
              qué no sabía nada de él? ¿Por qué se iba sin decirme nada? ¿Huía o
              simplemente era un plan premeditado? ¿Era su objetivo un simple polvo y
              luego largarse, y me había visto demasiado complicada? ¿Era esa la verdadera
              cara de Edward Cullen? ¿Se había ofendido por mi reacción? Entonces, ¿por
              qué no me dejaba explicarme? Demasiadas preguntas. Pero cavilara lo que
              cavilara, estaba clara una cosa: él no quería saber nada de mí. Cuando tuve esta
              revelación la ira sustituyó a la tristeza, y me sentí mejor.
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            Empecé a tiritar y miré el reloj. Llevaba una hora larga sentada en la roca, y me
            levanté de mi asiento sintiéndome como una abuela artrítica. Podía entrar en
            hipotermia si no empezaba a moverme ya. Me dirigí hacia el coche. Loca Bella.
            Acostumbrada a un clima templado despreciaba con imprudencia los peligros
Página | 85 del frío. ¿Y si el coche no arrancaba? Ni siquiera había cogido el móvil. Me
            metí en el coche, temblando ya no sólo de frío, e intenté encender el motor.
            Suspiré de alivio al comprobar que funcionaba sin problemas.

           Pero mi buena suerte no duró mucho. A unos tres kilómetros de Forks mi
           coche hizo un ruido extraño y se paró. Aproveché la inercia para apartarlo de la
           calzada y allá me quedé. Idiota. Tres kilómetros con el mal estado de los
           caminos y en plena noche iban a ser una muy dura prueba. Ahora me habría
           dado de bofetadas, pero por más hecha polvo que estuviera tenía sentido
           práctico y sabía que no serviría de nada. Si me quedaba quieta podía volver a
           enfriarme, así que me puse la ropa de abrigo, abrí la puerta del coche y me
           lancé al frío de la noche. En el momento en que cerré la puerta del vehículo las
           luces de otro coche que venía en dirección contraria me deslumbraron. Hice
           gestos para que parara, esperando que no fuera un asesino en serie.

           EPOV

           No sabía qué había pasado en el coche con Bella. Lo único que se me ocurrió
           fue volver a casa, conduciendo como un autómata. Durante horas estuve
           sentado sin mover ni una sola pestaña, dándole vueltas a los hechos. En ese
           tiempo estuve tentado mil y una veces de volver a la casa y leer el pensamiento
           de Angela para intentar comprender qué pasaba por la mente de Bella, pero
           sólo de pensarlo me remordía la conciencia. Maldita caballerosidad. Mi
           corazón no deseaba violar su intimidad, si ella no se sinceraba conmigo yo no
           debía jugar sucio con ella, pero la mente me incitaba a dejarme de
           miramientos. Lo mejor sería hablar con Bella, si ella quería hacerlo, claro.

           Era de madrugada cuando recibí la llamada.

           -Buenos días, hijo.

           -Hola, papá.

           -¿Papá? Casi nunca me llamas así. ¿Pasa algo, Edward? Sé que sólo lo haces
           cuando estás agobiado… ¿es Bella?

           -Acertaste.
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           Le resumí los últimos acontecimientos. Me sentó bien hablar con él, aún así
           seguía confuso.

            -¿Por qué crees que ella reaccionó así? ¿Crees que la asusté? No he salido
            nunca con humanas y ahora me planteo si hice algo mal –pregunté
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            ansiosamente.

           -Edward, no creo que la asustaras. Me parece más que se asustó.

           -Sigue- eso me hacía sentir algo mejor, pero seguía sin saber a qué se refería.

           -Quiero decir que creo que ella también está confusa por lo que siente, como
           tú. Quizá deberíais haber ido los dos un poco más… pausados.

           -Eso pretendía. Pero algo se encendió entre los dos- suspiré.

           -De eso quería hablarte, hijo. He estado investigando y no te creas que es tarea
           fácil, no hay tratados oficiales sobre nosotros y nuestra psicología – no
           bromeaba, así era Carlisle, científico hasta la médula- y hay algo que debes
           saber.

           -Cuéntame, pero diría por tu tono que no me va a gustar- repuse secamente.

           -Bien… he leído sobre algunos casos, viejas leyendas,- comentó ignorando mi
           tono- donde el olor personal de un humano atraía de forma especialmente
           intensa a uno de nuestra especie. Cuando el vampiro no sigue nuestra "dieta
           especial" el final nunca es feliz. Sabes que en nuestra especie el deseo físico y la
           sed se entremezclan a veces de forma que no sabes dónde empieza uno y
           dónde termina el otro. Según esas leyendas, la atracción que ejerce la víctima
           sobre el vampiro acaba en breve espacio de tiempo con la víctima desangrada -
           explicó en tono docente y cauto a la vez.

           -¿Y qué sucede cuando el vampiro es como nosotros y no bebe sangre
           humana?-pregunté anhelante.

           -No hay bibliografía al respecto.

           -Papá, por lo que más quieras, deja de hablar como si estuvieras en un
           congreso. Soy yo, Edward. Aparta la profesionalidad por un instante - respondí
           cabreado.
Cambio De Destino
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            -Lo siento, hijo. Tienes razón.- esta vez el tono de voz fue el habitual de
            Carlisle, cálido y sereno- Lo que me preocupa es eso. No sabemos qué esperar.
            Somos vampiros raros y no hay mucho escrito sobre nosotros. Pero la atracción
            sobre la que he leído es ta intensa que los vampiros no han podido evitar
Página | 87 morder al oler "esa" sangre, aunque fuera una sola gota. ¿Cómo es tu atracción
            por Bella?

           -No sé. Es una mezcla de sentimientos. Siento necesidad, deseo,
           preocupación…

           -¿Y sed?- me interrumpió Carlisle.

           -¿Sed? Carlisle, sabes que siempre hay sed cuando hablamos de relaciones con
           humanos. Ella no es diferente. Pero puedo contenerme, como con todos.

           -No lo sabrás hasta que no huelas su sangre, y entonces quizá, sólo quizá, sea
           demasiado tarde, y tu naturaleza vampírica someta a tu voluntad. Sólo piénsalo,
           hijo - casi susurraba pero no tuve problemas para oírle.

           -No. No. Me niego a pensar en esa posibilidad, yo jamás le haría daño - gruñí
           colgando el teléfono.

           Después de eso seguí pensando durante horas, aunque sólo necesité unos
           minutos para tomar una decisión.

           BPOV

           -¿Has tenido alguna avería? No es una noche muy agradable para ir paseando
           por ahí. ¿Estás bien?

           El conductor del otro coche era un hombre de menos de 40 años, rubio y
           atractivo. No tenía cara de asesino en serie, al contrario, se le veía preocupado
           por mí y tenía esas facciones que te hacían confiar en una persona sin
           problemas, pero yo había visto suficientes películas de terror como para saber
           que eso no quería decir nada. Su acompañante, que permanecía de pie al lado
           de su coche, era una mujer joven, que me miraba con preocupación también.
           Eso me tranquilizó, los psicópatas no solían ir acompañados de mujeres. Yo
           debía parecerles una loca.

           -Bueno, sí, he tenido una avería- respondí sintiéndome muy tonta por
           habérmela jugado de esa manera.
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              -¿Me permites que le eche un vistazo?- concedí y él se puso a la labor.

              -Es problema del anticongelante. Se ve que no eres de por aquí- comentó
              sonriente mirándome desde debajo del capó de mi auto. Era muy atractivo.
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              -No, cierto - le sonreí yo también sin poderlo evitar.

              -Esto no se va a poder solucionar aquí, ¿vives en Forks?- asentí y prosiguió- Te
              llevamos al pueblo. Cuando llegues a casa podrás llamar al seguro del coche y
              que te manden una grúa para llevarlo al taller – era como haberme encontrado
              con mi padre. Me daba los consejos tan bien que no podía enfadarme aunque
              fueran obvios para cualquiera con sentido común.

              Claro que debía pensar que yo no tenía de eso, y no le culpaba. Me acerqué a
              su coche. Sería la primera vez en mi vida que subiría a un Mercedes tan lujoso.
              La mujer me tendió una mano enguantada.

              -Soy Esme. Encantada de conocerte… -hizo una pausa esperando que yo
              correspondiera.

              -Bella. Encantada.- y le tendí la mano. A pesar de que con la luz lunar no se
              veía muy bien me pareció que daba un respingo al oír mi nombre y que su
              expresión cambiaba por un fugaz segundo.

              -Has tenido suerte de encontrarte con nosotros, hija. ¿Seguro que estás bien? –
              comentó al tiempo que me abría la puerta de atrás. Comprendía que se refería
              a "bien" psicológicamente. Ciertamente ahora no me parecía nada racional lo
              que había hecho, y esa mujer, que debía tener como mucho diez años más que
              yo, me hacía sentir como una niña absurda. Y tenía razón, por desgracia.

              -Sí, sí – respondí. Esme me miró con ternura, como si intuyera lo que me
              pasaba. Era extraño.

              El conductor se presentó como Carlisle. Curiosos nombres.

              En aquel coche se iba muy cómoda. Con tanta comodidad, el calor que sentía y
              la amabilidad de esa pareja me sentía tan relajada que empezaron a cerrárseme
              los ojos. Intentar dar conversación era superior a mí. Esme me observaba por
              el retrovisor, y se dio cuenta.

              -Tranquila, Bella. Descansa.
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           Dejé que mi cuerpo se relajara pero haciendo esfuerzos sobrehumanos para no
           dormirme. Si echaba tan sólo una cabezada me encontraría peor al despertar.

            En breve estuvimos enfrente de casa. Carlisle salió y antes de que pudiera
            evitarlo se lanzó a abrirme la puerta. Me dio un vuelco el corazón. Ese gesto
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            caballeroso y poco habitual me había recordado a alguien en quien prefería no
            pensar.

           -Deja que te acompañe hasta la puerta, quiero asegurarme de que llegas - dijo
           amable pero firmemente. Tuve claro que discutir era inútil. Me despedí de
           Esme y anduvimos en dirección a la casa.

           En aquel momento se abrió la puerta y Angela salió corriendo hacia nosotros.

           -¡Bella! ¡Estaba preocupada! ¿Sabes qué hora es? ¿Estás bien?- exclamó sin
           pausa para respirar, con el desasosiego reflejado en su rostro. Acto seguido
           miró a mi acompañante.- Doctor Cullen, ¿qué ha pasado?

           La sorpresa fue tan grande que estuve a punto de caer al suelo. Me quedé
           mirando a mi acompañante con la mandíbula despegada. No podía creer que
           fuera el padre de Edward. Cuando él me dijo que lo adoptó su tío me
           esperaba… alguien mucho mayor. Y menos atractivo. Y su madre bien podía
           pasar por la hermana mayor de Edward. Carlisle correspondía a mi
           observación con una expresión de preocupación. La sorpresa me impedía
           articular palabra, ni siquiera algo de cortesía. Entonces intervino Angela.

           -Muchas gracias por la ayuda, doctor Cullen. Ya me explicará Bella- dijo al
           tiempo que con un gesto de la cabeza dirigió un educado saludo a la mujer que
           esperaba en el Mercedes. Me tomó del brazo y literalmente me arrastró hacia
           el interior de la casa.

           Angela me metió en la cama tras ayudarme a ponerme el pijama. Y esa noche
           sufrí pesadillas donde Edward aparecía con la cara de su padre y se negaba a
           rescatarme de morir congelada en un desierto de nieve.

           Me desperté cerca del amanecer con la certeza de que no me volvería a dormir.
           Decidí que era la última noche que pasaba en vela. Mi trabajo se resentiría de
           ello, y no podía permitirlo. Además no quería preocupar a nadie con mi
           espectral aspecto. El domingo tenía guardia, así que esta noche tomaría un
           sedante. Lo necesitaba.
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            Fui dándole vueltas a los acontecimientos del día anterior. Me había sentado
            bien ir a pensar cerca del mar, como siempre, pero había sido una locura. Mi
            raciocinio estaba bajo mínimos. Podía haberme pasado algo si los padres de
            Edward no me hubieran encontrado. ¿Qué habrán pensado de mí? Y, bien
Página | 90 pensado, ¿qué me importaba lo que pensaran? Debía olvidar a ese hombre.
            Sólo habíamos compartido un beso un día y un "medio revolcón" al día
            siguiente. Eso debió ser para él, si me atenía a los hechos. Me sentía engañada
            por haber llegado a pensar que le importaba, por haber creído unas palabras
            que los hechos estaban desmintiendo sin piedad, y me sentía estúpida por
            haber dejado que un hombre me rompiera el corazón en unos pocos días. La
            ira volvió a hacer aparición. Me levanté, me regalé una reconfortante ducha y
            me dirigí a preparar un reparador desayuno.

           Mientras tomaba café contemplé el amanecer. En aquel momento Angela
           bajaba por las escaleras. La miré sorprendida, pues ella trabajaba de tardes y
           debería estar aún durmiendo. Comprendí de inmediato el motivo de ello:
           estaba inquieta por mí. Otra razón para dejar de languidecer por el donjuán
           cirujano. Estaba preocupando a gente a quien de veras importaba.

           -Buenos días- saludó Angela mientras escudriñaba mi expresión. Se sentó ante
           mí en silencio.

           -Lo siento- suspiré- siento comportarme de forma tan estúpida. He decidido
           que voy a pasar de todo. No quiero hablar de él, ¿de acuerdo? No me ha
           contestado las llamadas y se va a marchar del hospital sin despedirse. No
           merece que piense en él ni un segundo más. Siento haberte preocupado.

           -Olvídalo. Pero… no comprendo nada- la expresión de mi amiga era de total
           confusión.- Jamás hubiera creído que Edward se comportara así. Es muy
           extraño.

           -Déjalo ya – corté. - Cambiando de tema, me dijo Paul que ibais a salir esta
           noche. No le contesté, pero creo que iré.

           -¿Así… sales y te tomas unas cervezas con nosotros? – repuso sonriente.

           -Sí ¿Se lo dirás tú a Paul? No quiero ponerme a buscarlo por el hospital, y no
           tengo su teléfono.

           Angela asintió. Estuvimos intercambiando cotilleos, criticando a Jessica y
           alegrándonos de que Mike no viniera a la salida de la noche. Me fui animando
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           poco a poco. Me apetecía volver a ver a Jake y reírme con Anne y Mónica, y
           sabía que Angela se sentía muy bien por ello.

            Ese viernes fue muy tranquilo y pude estar un ratito en la habitación de Daniel;
            lo entretuve haciendo marionetas con unos pequeños peluches que tenía en su
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            cama, provocando sus risas. Escucharlas me hizo olvidar lo mal que me sentía
            por dentro. El niño estaba muy feliz porque le había dicho que se iba a ir a su
            casa y me estuvo explicando que quería volver al colegio porque tenía novia y la
            echaba de menos. Le di el informe de alta a la madre y lo cité a la consulta
            externa de pediatría. Cuando iba a salir de la habitación me llamó.

           -Dotora Bella.

           -¿Sí?- volví a acercarme a él.

           -También puedo ser tu novio. Te cuidaré.

           Me aguanté las ganas de llorar y me dio un tierno abrazo antes de marcharme,
           apretándome suavemente entre sus bracitos. Me había tomado cariño a pesar
           de los pocos días que nos habíamos visto, y era mutuo. Pero estaba bien y era
           absurdo que siguiera ingresado. Tanto su función renal como la tensión arterial
           se habían normalizado. Que algo no estuviera claro en su caso no justificaba
           mantenerlo ingresado, muchas veces la evolución a largo plazo solucionaba las
           incertidumbres. Le di cita para la semana siguiente en la consulta externa.

           Por la noche Jake nos vino a buscar con su coche. La dulzura en su mirada
           cuando saludó a Angela era más que obvia. Y a mi amiga le brillaron tanto los
           ojos al verle que pensé que bien podría iluminar el camino sin necesidad de
           faros en el coche. Aunque no me apetecía mucho hacerlo, Angela consiguió
           que me arreglara, y Jake nos dirigió un expresivo silbido a ambas.

           El pub estaba casi vacío, pero la compañía era grata y no nos hacía falta nadie
           más. Éramos Anne, Paul, Monica, Jared, Jessica, Angela y yo. Noté que Jess
           quería dar conversación a Jake, pero este la ignoraba de tal forma que daba
           vergüenza ajena observarla. Sólo tenía ojos para Angela.

           Como yo era la "nueva" todos se dedicaron a contarme anécdotas. Paul
           explicaba que había tenido problemas en una rotación que hizo en otro
           hospital.
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              -En nuestro hospital tenemos suerte de tener habitación individual, aunque sea
              en las consultas. En la Mayo Clinic de Minneapolis los residentes sólo tienen
              una gran habitación de descanso con varias camas.

              -Sí, es lo normal, lo raro es lo que pasa en Forks. ¿Cuál es el problema?-dije.
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              -Soy sonámbulo. Durante la fase REM del sueño me muevo, camino, hablo,
              aunque no cada noche. Ya tiene miga que un anestesista tenga problemas de
              sueño, ¿no?- rió.

              -Jamás había conocido ningún adulto con ese trastorno, creía que era algo
              pediátrico-me asombré.

              -Pues ya ves, eso le decían a mis padres, y aún sigo con ello… Una vez casi me
              hinchan un ojo. Un compañero se despertó y me pilló de pie al lado de su
              camastro mirándolo, no sé qué pensaría él pero nada bueno, porque se lo tomó
              fatal. Le tuve que enseñar el informe que me hizo el neurofisiólogo para que
              dejara de mirarme mal - comentó mientras todos reíamos.

              Después Jared y Paul comenzaron a explicar chistes de médicos, algunos de
              ellos bastante subidos de tono, pero como ya llevábamos más de un par de
              cervezas nos reímos muchísimo. Nadie nombró al cirujano donjuán durante la
              noche y lo pasé fenomenal, pero me fui antes que todos a pesar de la protesta
              de los demás. Debía descansar, y me encontraba tan bien que sabía que esa
              noche lo lograría sin pastillas. Dejé a Jake y Angela bastante acaramelados.

              Aquella noche dormí sin sueños.

              Me desperté bien entrada la mañana del sábado, cerca del mediodía. Observé
              mi cara en el espejo del baño: por fin parecía humana, y no una pariente
              cercana de los zombis. Me cepillé el pelo, me lavé la cara y fui a echarle un
              vistazo a la habitación de Angela. Ella seguía durmiendo como un tronco. Bajé
              hacia la cocina, y prepararé un suculento desayuno con tortitas, al más puro
              estilo americano. Y con café bien cargado.

              El día era nuboso, para no variar. De nuevo me sentía equilibrada. No
              esperaba que sonara el timbre de la puerta y salté a abrir sin mirar, a pesar de
              que no iba muy presentable. No quería que despertaran a Angela. Me di cuenta
              de mi error demasiado tarde. Mierda. No había observado por la mirilla.

              -Buenos días, Bella.- Edward Cullen estaba plantado ante mi puerta,
              observándome de arriba abajo. Sus bellos ojos lucían unas tenues ojeras. Vestía
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              una camisa azul oscuro y vaqueros gastados, y al verlo así habría pensado que
              era un día de primavera si no fuera por la nieve que cubría nuestro pequeño
              jardín.

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                                                 Capítulo 10

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              Sentí un dolor agudo en el pecho. Mi ira no había conseguido rebajar la
              atracción que sentía por él, era como si la gravedad me arrastrara hacia su
              cuerpo con casi tanta fuerza como me unía al suelo que pisaba. Durante un
              segundo deseé llevar algo más sexy que mi sencillo pijama de algodón, y al
              segundo siguiente me enfadé conmigo misma por pensar eso. Por fin reaccioné
              y me encaré con quien debía hacerlo.

              -¿Qué haces aquí?- espeté, a punto de cerrarle la puerta en las narices.

              -Mis padres me explicaron lo que pasó la otra noche. Venía para saber cómo
              estabas - repuso con cara de preocupación.

              ¿Preocupación? Desde cuándo te importo, Edward Cullen? Odiaba los
              estragos que su sedosa voz y sus hipnóticos ojos causaban en mí y en mi recién
              recuperado equilibrio.

              -Bien- le contesté fríamente- si es por eso ya te puedes ir.- Estaba siendo
              descortés, pero él no se merecía más. Sin embargo su expresión siguió
              inmutable.

              -No es sólo eso. Quisiera que me concedieras unos minutos de tu tiempo-
              murmuró.

              -No veo por qué- corté.

              -Bella… por favor… - Joder. Si me lo pedía así y con esa expresión suplicante no
              podía negarme, no podía, aunque por dentro me estaba llamando estúpida cien
              veces.

              Suspiré y le franqueé el paso en silencio. Decidida a seguir comportándome
              como una borde caminé sin decirle nada hacia la cocina, mientras él me seguía.

              -Espero no haber interrumpido tu desayuno- comentó al reparar en la mesa.
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              -Ya había acabado. Voy a fregar los platos, y lo que sea que me tengas que decir
              me lo puedes soltar mientras lo hago - así no tendría que mirarle a los ojos
              mientras me decía que iba a acabar con algo que no debía haber empezado.

              Recogí la mesa. Él se quedó de pie apoyado contra la pared opuesta al
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              fregadero, con los brazos cruzados sobre el pecho, mirándome. Aparté la vista
              de su cuerpo perfecto y felino, de sus sensuales labios… ¡Bella, contrólate! Me
              esforcé en recordar los motivos de mi enfado y así conseguí calmar las
              emociones que me estaban dividiendo. Me puse a la labor con los platos de la
              cena.

              -Di lo que tengas que decir y lárgate- gruñí. Me ponía nerviosa tenerlo tan cerca
              de mí y quería que se fuera.

              -Bella, no quiero que pienses que he estado jugando contigo. Todo que dije, lo
              que hice, salió de mi corazón. Me voy porque… porque creo que es lo mejor
              para ti- monté en cólera al oírle.

              -No necesitabas venir para decirme eso, y venir a insultar mi inteligencia. ¿Lo
              pasaste bien tomándome el pelo? Lástima que no me pudiste echar un polvo,
              ¿no? La verdad, me encontraría mejor si no hubieras vuelto a aparecer. Si lo
              que querías era que me sintiera mejor la has jodido.

              -Ya lo estoy viendo. Pero no sé cómo actuar contigo. No quería que estuvieras
              dolida conmigo, y tampoco que te sintieras mal pensando en si habías hecho
              algo para que yo me comportase de una forma tan... impresentable. También
              deseaba decirte que podemos ser sólo amigos - ¿su voz sonaba atormentada? A
              este hombre podían darle el óscar al mejor actor.

              -Jamás había escuchado una sarta semejante de tonterías saliendo de la boca de
              un hombre, y mira que las he oído grandes – dije furiosa y entre dientes, pues
              Angela aún seguía durmiendo.

              Estaba realmente colérica y me desconcentré de lo que estaba haciendo.
              Limpiaba unas tijeras de cocina con el estropajo cuando este se me resbaló de
              las manos y las tijeras acabaron provocando un largo y profundo corte en la
              palma de mi mano derecha. De mi boca se escapó un agudo grito de dolor,
              mientras la sangre goteaba en abundancia hasta el fregadero, mezclándose con
              el agua que salía del grifo.
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            Lo siguiente que sucedió fue muy rápido. Edward apareció a mi lado como de
            la nada. Alcé la cara para mirarlo con los ojos muy abiertos por la sorpresa y
            quedé paralizada. Nunca había visto esa expresión en su perfecto rostro. En su
            mirada centelleaba algo... animal. Una pequeña señal de alarma se encendió en
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            mi interior, pero la ignoré. Estaba absolutamente fascinada.

           Me tomó la mano herida, la alzó delicadamente, e hizo lo último que yo
           hubiera imaginado. Se llevó mi sangrante palma a la boca y la lamió. Sentí su
           lengua acariciando mi herida, apaciguando el dolor hasta hacerlo desaparecer.
           Cerró los párpados, su hermoso rostro transformado por una sensual expresión
           de placer. Mientras sentía sus labios sobre mi herida y su lengua lamiéndola
           una deliciosa corriente irradió desde mi mano a mi bajo vientre, y gemí. No
           podía creer lo que Edward estaba haciendo pero al mismo tiempo no quería
           que parara. Continuó lamiendo, besando, con lentitud infinita, los párpados
           cerrados con expresión de abandono absoluto. Sin darme cuenta el placer que
           sentía explotó dentro de mí y sentí humedad entre las piernas, que amenazaban
           con dejar de soportar mi peso. Él clavó sus ojos en los míos, su mirada oscura y
           brillante de deseo.

           Un suave gruñido se escapó del fondo de su pecho y me encontré sentada en la
           encimera de la cocina, aferrándome a sus cabellos y rodeándole las caderas con
           mis piernas, completamente adherida a él. Me lamió los labios como instantes
           antes había hecho con mi herida. Entreabrí la boca y sentí el sabor metálico de
           mi sangre junto a la caricia de su lengua, que invadió mi boca regalándome
           sensaciones que jamás antes había sentido con un beso. Sellé mis labios contra
           los suyos y profundicé el contacto, rendida. Le escuché gemir desde la lejanía
           del pozo donde me sentía caer. ¿O era yo la que gemía? No había barreras, ni
           miedos. Ya no pensaba, sólo me dejaba llevar. Bajé las manos y las metí bajo su
           camisa, ansiosa por sentir su tacto. Mis yemas se deleitaron en la suave piel de
           su abdomen, cuya musculatura palpaba dura como la piedra. Él me imitó sin
           abandonar mi boca, y sus dedos se deslizaron bajo mi pijama ascendiendo por
           mi cintura, dejando una estela ardiente en cada poro de piel que rozaban. Me
           acarició la espalda y se desplazó con lentitud enloquecedora hacia mi abdomen,
           deslizándose suavemente hacia mis pechos. Ahogué un jadeo en su boca
           apenas los rozó, y un fuerte gemido cuando las yemas de sus dedos acariciaron
           mis pezones. De pronto abandonó mi boca para acercarse a mi oído.

           -Viene Angela- susurró. Seguidamente estábamos de pie en la cocina, con la
           ropa en su sitio, mientras él observaba mi mano herida, que ya no sangraba,
           con gesto profesional.
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              ¿Qué ha pasado? Intenté detener mis jadeos y componer una cara del tipo "oh,
              me acabo de hacer daño, qué torpe soy", aunque sabía que no engañaría a mi
              observadora amiga. Estaba segura de que el rubor de mi cara y el brillo de mis
              ojos me delataban.
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              -Es una herida limpia, sólo necesita unos pocos puntos de sutura- dijo Edward
              muy serio en cuanto Angela entró en la cocina.

              Estaba claro por la expresión que lucía mi compañera que lo que menos
              esperaba era esa escena. No sé qué cara hubiera puesto de haber visto la que se
              había desarrollado momentos antes. La sorpresa cambió a preocupación
              cuando se acercó y vio el feo corte.

              -¿Qué ha pasado?- nos miró interrogante. Abrí la boca para intentar decir algo
              pero aún era incapaz de hablar.

              -Se cortó con las tijeras de cocina… no necesitan un afilado, eso está claro- dijo
              Edward.

              Ang me estudiaba la expresión clavándome sus oscuros ojos. Se la veía confusa.

              -Hay que suturar esto. La palma de la mano es muy delicada y hay que cuidar
              de que la cicatriz no haga retracción. Tengo un equipo de cirugía menor en el
              coche – al oír esto miré a Edward, incrédula. - ¿Qué pasa? Unas cuantas veces
              me ha ido muy bien para atender a accidentados en la carretera- explicó.

              -Preferiría que me cosieran en el hospital- negué con la cabeza. Ya habíamos
              tenido suficiente contacto por hoy. Y por unos cuantos años.

              -De acuerdo. Mike Newton estará encantado de hacerlo. ¿Te llevo en mi
              coche?- Edward alzó las cejas con cara de angelito.

              Lo miré con ira. Realmente merecía un óscar. Yo sabía que por dentro cantaba
              victoria pero se guardó mucho de demostrarlo. Entretanto Angela observaba
              nuestra conversación como el que mira un partido de tenis y al final intervino
              en nombre del sentido común.

              -Bella, Edward es experto en suturas subdérmicas. Creo que lo mejor sería que
              él te curase. Esa herida no pinta bien.

              Exhalé con gran ruido, como el que da su brazo a torcer por la fuerza de los
              elementos, y asentí. Edward salió a buscar el equipo.
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              -Quédate conmigo. No quiero estar a solas con él –imploré en un susurro,
              como si Edward pudiera oírme desde fuera de la casa.

              -No. Necesitáis hablar. No sé qué ha pasado aquí, pero seguro que no ha
              habido una buena conversación- me observó de arriba abajo, suspicaz.
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              -No nos ha dado tiempo, ¡llegó al poco de herirme! Y además no quiero hablar
              con él.

              -Mientes fatal, amiga. - cabeceó Ang- Y no. Tienes que hablar con él.

              Edward. Sólo pensar en lo que acababa de pasar me quemaba la piel. Y ahora
              mi traidora amiga nos quería dejar a solas.

              -Podéis ir al comedor, está bien iluminado. Yo me quedaré en la cocina,
              desayunando tranquilamente. Supongo que no necesitarás ayuda, ¿no? - dijo
              Angela en cuanto él entró por la puerta. Edward negó con una sonrisa y ella se
              metió en la cocina y cerró la puerta, para fastidio mío.

              Observé cómo él, que se había lavado las manos, preparaba todo el ritual
              necesario para darme puntos. Se colocó unos guantes y cargó la anestesia en la
              jeringa. Yo no podía pensar en nada, estaba como en shock. Y él ahí estaba,
              aparentando serenidad. Pero me había demostrado que sabía fingir demasiado
              bien.

              -¿No me pones antiséptico?- no era un tema de conversación apasionante, pero
              me había llamado la atención.

              -No te preocupes, no se te infectará- murmuró, y comenzó a suturarme la
              herida. Sus ágiles dedos se movían con tanta destreza con la aguja y las pinzas
              como anteriormente se habían movido sobre mi piel. Me quedé absorta en su
              trabajo.

              -Tu amiga quiere que hablemos- dijo con suavidad.

              Aparté los ojos de mi herida y me di cuenta de que me estaba observando
              mientras trabajaba. Volví la mirada hacia sus manos luchando por no ceder a la
              hipnosis y negué con la cabeza.

              -Pero yo no quiero hablar, ¿para qué? No sirve de nada, si te vas a marchar -
              musité. Te ibas a marchar sin decirme nada.
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              -No me iré. Es decir, no si tú no me lo pides.

              -¿Ahora no te vas? ¿Y por qué te iba a pedir que te marcharas?-lo miré de
              nuevo, confusa. Ahora sí que no entendía nada de nada.
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              -Bella, ¿no has notado nada extraño en lo que ha pasado antes?- respondió
              alzando una ceja.

              Vale, volvía el turno de sonrojarme.

              -Sí.

              -Y no… ¿no sientes temor? -me estudiaba atentamente la expresión, mientras
              daba otro punto a mi herida.

              Rebusqué en mi interior. Sólo podía recordar la pequeña alarma que había
              sentido cuando vi su expresión, una alerta que había ignorado sin esfuerzo.
              Edward era más extraño de lo que hubiera imaginado y mi mente racional
              reconocía que debería estar como mínimo inquieta, pero mi corazón y mi
              instinto confiaban en él.

              -¿Debería sentir temor? Dímelo tú- ahora era mi turno.

              -No, ahora estoy seguro de que jamás te haría daño -repuso tajante.

              -Pero antes lo creías –susurré, pensativa. ¿Por qué temía hacerme daño? Lo
              que me haría daño sería dejar de verle. Él me dirigió una dolorida mirada y
              asintió. -Entonces si tú ya no tienes tu razón para marcharte yo no te pediré que
              lo hagas.

              -Quizá lo hagas cuando sepas más de mí- me acabó de colocar el vendaje y
              tomó mis manos entre las suyas, clavándome una mirada intensa.

              -¿Qué he de saber? ¿Eres un criminal?

              -No.

              -¿Pues qué?

              -Bella… antes de decidir debes conocerme un poco mejor, pero por hoy basta
              de descubrimientos; será mejor que me marche - me soltó las manos con
              suavidad y se levantó. Le seguí de forma automática.- ¿Cenas conmigo el lunes?
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               O el martes si estás demasiado cansada de la guardia de mañana- dijo desde la
               puerta.

               -El lunes está bien- aseguré.
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               Me dedicó una sonrisa que para no variar me hizo temblar las piernas e,
               inclinándose, rozó apenas mis labios con los suyos. Involuntariamente inspiré
               su aroma con fuerza.

               -Despídeme de Angela.

               Esta salió de la cocina en cuanto oyó la puerta cerrarse.

               -Parece que ha ido bien-sonrió al verme la cara.




                                                  Capítulo 11



               BPOV

               Ángela se marchó a pasar el sábado con Jake. Yo tenía trabajo que hacer y me
               negué a acompañarles a pesar de su insistencia. Aunque si no hubiera tenido
               tareas me las habría inventado, su relación estaba dando un paso adelante y no
               pensaba entorpecerla. Y a mí me vendría muy bien algo de tiempo para pensar.

               Aparté la vista de la pantalla después de haber leído el mismo párrafo diez
               veces y no haberme enterado de nada. Definitivamente, el Pediatric
               Nephrology debía irse a tomar viento. Sólo tenía a Edward en la cabeza.

               Fui a prepararme un café. Estaba en la cocina, e involuntariamente vívidas
               imágenes de lo sucedido por la mañana me llenaron la mente. Todo era
               extraño. Recordé sus palabras. Él dijo que se marcharía sólo si le pedía que lo
               hiciera. ¿Qué había pasado para que cambiara de idea? Me había lamido la
               sangre de la herida. No, definitivamente eso no era normal. Nos habíamos
               besado. Esto sí era más normal, y no era la primera vez que pasaba. Intenté
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             pensar con lógica. Edward había probado mi sangre y no se marchaba porque
             entonces ya no creía ser peligroso para mí. ¿Por qué hizo aquello y por qué fue
             todo tan… erótico? Me sonrojé sólo de recordarlo. Lo peor era que él se había
             dado cuenta, lo vi en su expresión. Fue entonces cuando me arrastró a la
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             encimera y me besó.

            El café subió con un ruido borboteante. Me lo serví y me senté a la mesa de la
            cocina.

            Pensaba. Me venían a la cabeza ideas locas, personajes como Hannibal Lecter.
            Sólo eran pensamientos absurdos, yo le creía cuando decía que no era un
            criminal, pero mi imaginación podía más.

            Había más cosas extrañas en él, como lo veloz que parecía moverse a veces,
            pero eso podía ser una falsa percepción mía, me turbaba tanto su cercanía que
            mis sentidos parecían funcionar peor. La sangre. Eso era lo más raro de todo.
            Ahí debía estar la clave.

            De pronto una idea se encendió en mi cerebro: nunca había visto comer a
            Edward, como mucho tomar un sorbo de café el día que salimos. ¿Sangre?
            ¿Un cirujano al que le gusta beber sangre? Solté una carcajada medio histérica.
            Me iba a volver loca. ¿Cómo podía pensar en esas cosas?

            Seguí sorbiendo el café. Quizás Edward tenía alguna enfermedad del
            metabolismo que yo no conocía. Eso debía ser. Me dirigí al ordenador.
            Absurdamente miré a mi espalda antes de teclear en la web de la Librería
            Nacional de Medicina. Me sentía ridícula con lo que estaba haciendo, pero usar
            la lógica científica era la única forma que veía de plantearme la cuestión si no
            quería que peligrara mi salud mental. Crucé los términos "sangre" y
            "alimentación" en mi búsqueda. La mayoría de artículos que resultaron eran
            para veterinarios. Otros hablaban de picaduras de artrópodos, pero ninguno de
            gente que se alimentara de sangre. Por lo menos tampoco había ningún artículo
            de revista psiquiátrica sobre locos que bebían sangre de sus parejas, ya era un
            punto positivo. Y yo quería ser positiva.

            Empezaba a estar muy turbada. Miré la hora… las cuatro de la tarde, quedaban
            un par de horas antes de que Angela volviera. No podía quedarme así hasta el
            lunes. Tenía que hablar con él. Tenía que preguntarle, no sabía cómo, pero
            encontraría la manera. Al fin y al cabo él me había dicho que me explicaría más
            cosas… que quizá no me iban a gustar. ¿No me gustaría si supiera que bebía
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           sangre? No me resultaba una idea agradable, pero… de dónde sacaba esa
           sangre era lo importante. Dios, estaba hecha un lío.

             Me detuve un instante antes de darle al botón de llamada ¿Confiaba en él? No
             era racional hacer lo que iba a hacer, pero ya había admitido que Edward se
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             había bebido todo mi sentido común. Y contra toda lógica sí, confiaba en él.

           -¿Bella? ¿Estás bien?-sonó precavido.

           -No. Sí. No, quiero decir que estoy bien pero si no hablo contigo ahora voy a
           enloquecer. Si es que no me falta ya un tornillo.

           -¿No quieres esperar hasta el lunes? Sería lo mejor.

           -Creo que no. A menos que quieras que pase la noche en vela y mañana
           cometa un error médico del cual te haré responsable, por la falta de sueño-
           amenacé. Él rió. Cómo me gustaba escuchar ese sonido.

           -Vale, pequeña manipuladora. ¿Y quién te dice a ti que después de hablar
           conmigo podrás dormir? – repuso. Tocada.

           -No lo sé, pero te aseguro que en la situación actual no dormiré- insistí.

           -Bien…- pareció dudar un instante- No quiero ese cargo sobre mi conciencia.
           ¿Te paso a buscar ahora?

           -Te espero.

           Me puse lo primero que encontré, unos pantalones muy viejos y un jersey
           grueso bastante feo, que guardaba solamente porque era cálido. De calzado,
           unas gruesas botas de montaña. No quería parecer demasiado interesada en
           arreglarme, sólo íbamos a hablar, no quería que lo que sentía por él me
           arrastrara como solía suceder últimamente. Intenté estar poco o nada "sexy".
           Pero me dejé el cabello suelto… claro, era por el frío.

           Suspiré ante el espejo. ¿A quién quería engañar? Sabía que a él le gustaba más
           así.

           Mis propósitos fueron absolutamente inútiles, tal como comprobé al abrir la
           puerta. Me observó de arriba abajo admirativo, como si llevara puesta carísima
           ropa de firma en vez de un jersey anti-ligue.
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            -Eres preciosa. Aunque te empeñaras más aún en no estar guapa jamás lo
            conseguirías – me dijo, burlón. Me sonrojé.

             -No me he empeñado en nada, es mi ropa de más abrigo y te agradecería que
             lo respetaras - mentí a medias mientras me ponía el anorak que colgaba al lado
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             de la puerta.

            -Claro, claro- se rió, tendiéndome la mano- ¿damos un paseo por el bosque? O
            lo que quieras. A lo mejor prefieres que haya gente a nuestro alrededor-
            comentó como indiferente, pero atento a mis reacciones.

            -¿Por… por qué iba a preferir eso?-farfullé, perdida en su mirada.

            -Hum, no sé… ¿no te parezco un tanto extraño? ¿No tienes instinto de
            supervivencia, Bella Swan? ¿No te enseñó tu madre a no fiarte de los tíos
            raritos como yo?

            -Eres raro hasta decir basta, Edward. Pero confío en ti, y no me preguntes por
            qué – respondí, cabreada por su alusión a mi falta de sentido común. Aunque,
            por otra parte, estaba de acuerdo con él.

            Le tomé la mano y salimos, cruzando la carretera y adentrándonos en el
            bosque. La tierra estaba todavía cubierta de nieve en algunas zonas, en otras la
            hierba estaba húmeda. El olor mezcla de tierra y vegetación mojada se
            mezclaba con el aroma del hombre que caminaba a mi lado, deleitándome.

            Me tuve que poner los guantes, porque tenía las manos heladas. Edward
            también, pero no parecía importarle. Caminábamos en silencio. Yo solía estar
            incómoda con ese tipo de situaciones a menos que tuviera mucha confianza
            con la otra persona. Pero con él podía limitarme a andar, respirar, disfrutar de
            su mano sujetando la mía, sin decir nada en absoluto. Era extraño.

            Estuve cavilando cómo empezar con lo que quería decirle y que no pensara
            que estaba loca. Él aguardaba a que yo tomara la palabra.

            -Edward… ¿por qué has hecho lo de antes?- fui directa, ya que no se me ocurría
            cómo hacerlo de otra forma.

            -¿Besarte? Es obvio, ¿no? -lo miré enfadada. Me estaba tomando el pelo otra
            vez.

            -Sabes a lo que me refiero- repuse, seria. Suspiró.
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               -De acuerdo- tomó aire con fuerza.- Ha sido el olor de tu sangre. Me ha
               trastornado- lo miré mientras caminábamos. Él miraba al frente. Pasó un largo
               rato hasta que prosiguió - Bella, yo no puedo alimentarme como tú… mi
               metabolismo sólo procesa la sangre- dijo.
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               Así que yo no andaba desencaminada.

               -¿De dónde la sacas? ¿Del ... banco de sangre del hospital? - no podía admitir
               otra posibilidad.

               -¿Qué! ¿Cómo puedes pensar que haría eso? ¡Robarles la sangre a los
               pacientes! ¡Con lo que escasea! -se le veía tan indignado porque yo hubiera sido
               capaz de pensar eso de él que no pude evitarlo y me dio un ataque de risa. Él
               me miró como si temiera por mi salud mental.

               -Perdona. Es la conversación más absurda de toda mi vida- expliqué
               entrecortadamente. No podía parar de reír. Yo también empezaba a dudar de
               mi sano juicio, porque en el fondo no dejaba de encontrar un tanto divertida la
               situación.

               -Tienes un sentido del humor un tanto peculiar, Swan - frunció el ceño.

               -Lo siento. Ya está. Ya me calmo. Son sólo… nervios. Entonces, ¿de dónde
               sacas la sangre?

               -Bella, te he hablado de sangre, pero en ningún momento he dicho que sea
               sangre humana. Cazo. Animales- concretó. De pronto sentí un tremendo alivio
               ante lo obvio, tan enorme que casi creía que me iba a estallar el pecho.

               -Animales…- repetí, pensativa.- ¿Hueles la sangre? – de pronto paró y se puso
               frente a mí, alzándome el mentón.

               -La huelo. Normalmente no tengo problema, ni siquiera en el trabajo. Pero el
               olor de la tuya… me hace perder el control- observé un leve atisbo de la
               expresión animal que había mostrado por la mañana.

               -Lo normal al escuchar eso sería salir corriendo, pero no sé cómo tus palabras
               me producen el efecto contrario. Tengo un problema contigo - murmuré sin
               apenas voz. Esa mirada, su presencia, me atraían, me embrujaban.

               -Sí, está claro que tienes un grave problema- se inclinó sobre mí, las manos
               sobre mi rostro. Sentía su aliento embriagador acariciándome, encendiéndome
Cambio De Destino
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               - Hueles demasiado bien. Y sabes aún mejor. Podría volverme adicto a ti- sus
               labios estaban demasiado cerca. Hice acopio de la poca voluntad que
               conservaba, puse las manos en su pecho y me separé de él una distancia
               prudencial.
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               -Edward. Hablemos.

               -Perdona ¿tenías más preguntas?-sonrió.

               -Ahora no recuerdo- él rió y me atrajo hacia sí, abrazándome.

               -Yo sí tengo preguntas- murmuró cerca de mi oído- ¿Siempre reaccionas así
               cuando te lamen las heridas?- dijo con voz sensual. Me ruboricé hasta la raíz
               del cabello.

               -No lo sé porque es la primera vez que me lo hacen. Dímelo tú -contraataqué-
               ¿Es normal que las chicas reaccionen así cuando haces eso?- me miró serio sin
               soltar su abrazo.

               -No lo sé, también era mi primera vez. Ya te he dicho que nunca antes me
               había descontrolado.

               -¿Nunca habías probado la sangre humana? - pregunté con un hilo de voz.
               Empezaba a inquietarme cada vez más el rumbo de la conversación.

               -Sí, sí lo hice, hace muchísimo tiempo- suspiró y me observó atentamente la
               cara- Bella, ¿no te preguntas cómo se llama mi trastorno?- me separó de él sin
               soltarme completamente pero sentí frío, percibiendo el vacío entre los dos.
               Negué con la cabeza. Aún estaba procesando lo que acababa de decirme - ¿No
               lo quieres saber?- repetí el gesto. No quería saberlo. No ahora. Él tenía razón,
               bastaba de descubrimientos por hoy.- ¿Volvemos a tu casa?- Afirmé con la
               cabeza. No tenía nada que decir, mi mente estaba en blanco.

               Volvimos para casa cogidos de la mano y en silencio. Yo continuaba incapaz de
               pensar. Sólo se repetían sus palabras en mi mente como un eco, como si mi
               cerebro estuviera vacío.

               -¿Quieres que mañana te lleve al trabajo?-preguntó con inseguridad.

               -¿Eh?- definitivamente mi mente ya estaba dañada, o no contestaba o me salían
               monosílabos.
Cambio De Destino
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               -Bella, tienes el coche en el taller, supongo- abrí mucho los ojos. ¡Era cierto! Ni
               siquiera lo había pensado.

               -Si no te importa madrugar un domingo…-paré cuando me miró como un
               padre que pilla a su hijo cometiendo una falta.
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               -¿Prefieres que te lleve Angela, o ir a pie? Bella, no te preocupes por mi sueño.

               -De acuerdo… ¿mañana a las 7.30 aquí?- habíamos llegado a la puerta de casa.
               Él asintió. Nos quedamos mirando; sus ojos tenían un fondo de tristeza y duda.

               -Hasta mañana, pues- me apretó la mano y se giró para marcharse.

               -Edward - me acerqué a él, me puse de puntillas aferrada a su cuello y le besé
               los labios desplazándome por ellos con suavidad, lenta y tiernamente. Sonrió
               contra mi boca.

               -Gracias por confiar en mí - apoyó su frente contra la mía durante unos
               instantes y se despidió.

               Cuando llegó Angela yo continuaba siendo un manojo de nervios. Intentaba
               calmarme preparando una cena que no sabía si iba a poder probar, mientras
               ella me explicaba el día tan maravilloso que había pasado con Jake, y que se
               habían besado. Me alegré mucho por la noticia. ¡Por fin! Se la veía
               resplandeciente. Habían quedado para verse mañana.

               -Bueno, ahora tú. Por cierto – me observó de arriba abajo- ese jersey y esos
               pantalones están diciendo "hay unas estupendas rebajas de moda en Port
               Angeles y mejores aún en Seattle".- Yo me miré la ropa y luego a ella.

               -Pasa de mí. Es calentito. Y no tengo nada que contar- zanjé mientras vigilaba
               atentamente las hamburguesas de la plancha.

               -Os habéis besado. Habéis hablado. Y no hay nada de contar. Vale - repuso
               burlona.

               -No… Espera ¿cómo sabes que nos hemos besado?

               -Bueno. A ti se te lee en la cara como un libro abierto. Edward disimula muy
               bien, pero de cintura para abajo… no - estalló en risas mientras mi rostro se
               encendía en llamas.
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               -¡ANGELA! Eres… -volví a voltear las hamburguesas-. Vale, esta mañana nos
               hemos besado, pero ahora no tengo ganas de hablar del tema, es… complicado-
               si se me ocurría soltarle a mi amiga lo que me había dicho Edward pensaría que
               era una broma de mal gusto o peor.
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               Decidimos cenar viendo una película. Fui repasando las que teníamos
               encajadas en el mueble del comedor. "El silencio de los corderos" o "Drácula de
               Bram Stoker" no eran buenas opciones. Mejor "Full Monty", al menos nos
               reiríamos un rato.

               Me acosté pronto, pero tuve la precaución de tomarme un ansiolítico. No me
               gustaba hacerlo pero mañana trabajaba las 24 horas y sabía que de no tomarlo
               no dormiría. Cuando fui a poner el despertador en el móvil vi que había un
               mensaje de Edward. Con el corazón acelerado lo leí.

               "Buenas noches, Bella. Espero que puedas descansar. Anhelo que llegue
               mañana para volver a verte, pero si tú no deseas verme más sólo dímelo y
               desapareceré de tu vida.

               E."

               Sin pensarlo un instante contesté. Mi ya escasa prudencia desaparecía por
               completo con este mensaje.

               "Yo también deseo volver a verte, rarito Cullen. No me sacarás de tu vida tan
               fácil. Buenas noches.

               B."

               La respuesta no se hizo esperar.

               "Tú ya estás en mi vida, temeraria Swan. Hasta que lo decidas. Buenas noches

               E."

               Sonreí con su respuesta y cerré la luz. Inmediatamente me dormí. Fue una
               noche sin sueños.

               EPOV

               Cuando acabé de hablar, Carlisle se levantó y se quedó mirando por la ventana,
               las manos en los bolsillos. Esme seguía sentada a mi lado frente a la chimenea,
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            pensativa. Les había contado a ambos el incidente de la mañana con la sangre
            de Bella, así como nuestra pequeña conversación.

             -Es una chica extraña. Por lo que dices no sólo no se asustó con tu reacción
             sino que cuando le hablaste de tu "dieta especial" no salió huyendo –
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             continuaba desconcertado.

            Por respeto a nuestra intimidad no le había explicado a Carlisle que Bella no
            sólo no se había asustado sino que había disfrutado sensualmente de mi
            reacción. Sólo de recordarlo se despertaba mi propia lujuria.

            -No. Y creo que puedo confiar en ella.

            -¿Estás seguro? ¿Vas a explicárselo todo?- se giró y me observó con reparo.

            -Sí… bueno, todo de golpe no. Sería demasiado. Es lista. Le diré lo más
            importante, y lo demás lo deducirá ella.

            -¿Has pensado a lo que te expones?

            -A volver a empezar en otro sitio. Sólo eso ¿crees que alguien la creería si
            repitiera lo que escuche de mi boca? Pero no dirá nada. Ella, Carlisle, es
            distinta.

            -Me tiene realmente sorprendido lo que sientes por ella, y más aún que ella te
            corresponda a pesar de lo que ya sabe de ti. Pero no olvides que te arriesgas a
            más cosas, Edward. Te estás enamorando, si es que no lo estás ya. Pero ella es
            humana, su existencia…

            -Ya lo sé - corté-. Pero me he hartado de pensar. Y no voy a decidir por ella.
            Que sea ella la que elija si me quiere o no en su vida, y de qué forma.- Miré a
            Esme y me sonrió, maternal. Luego hubo un breve cruce de miradas entre ellos
            dos y Carlisle pareció más convencido.

            -Hijo, creo que ya has sopesado todas las posibilidades. No sé cómo saldrá
            esto, pero está bien que sigas adelante si crees que debe ser así, y respeto tu
            decisión - dijo ella. Carlisle se limitó a asentir, con la duda aún escrita en los
            ojos.

            -Gracias por vuestro apoyo. Lo necesitaba- les sonreí.
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                                                 Capítulo 12



               BPOV

               A aquella hora aún había oscuridad, pero en el silencio de la madrugada
               escuché el motor del coche cuando llegó, puntual. Tomé el abrigo y salí. El aire
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               frío de primera hora de la mañana era estimulante... aunque no tanto como el
               hombre que me estaba esperando.

               Me observaba de pie, apoyando la barbilla sobre las manos, que tenía cruzadas
               sobre el techo del coche.
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               -Buenos días, temeraria - sonrió y se dirigió al lado del copiloto, abriéndome la
               puerta- ¿Cómo has dormido?

               -Muy bien, rarito - reí acercándome a él.

               Tenía pensado no acercarme demasiado, subir al coche, charlar
               tranquilamente. No contaba con el imán, esa invisible fuerza que había entre él
               y yo que me arrastraba sin poderlo evitar. Bastó un leve roce al pasar por su
               lado, su mano con la mía. No se quién empezó, pero al segundo siguiente su
               boca y la mía estaban fundidas en una sola, nuestras lenguas moviéndose la una
               junto a la otra, acariciándose dulce, lentamente. Me abrazó por la cintura,
               acercándome más a él, y yo me colgué de su cuello como si me fuera la vida en
               ello. Sentía fuego en las venas, un calor que me abrasaba y que sólo él con la
               frescura de su piel podía calmar…

               -Bella…-pidió hablando contra mis labios- sepárate de mí. Yo… no puedo.
               Llegarás tarde.

               Joder. Tenía razón… y qué manera de comenzar el día. Hice una respiración
               profunda y puse mis manos sobre su pecho, haciendo lo que me había pedido.
               Sin mirarle para evitar nuevas tentaciones entré en el coche.

               Puso el coche en marcha. Mientras, yo intentaba normalizar mi respiración.

               -No te quites el abrigo ¿Te importa que abra las ventanas?- dijo mientras
               encendía el motor.

               ¿Las ventanas? ¿A cero grados? Me sentí confusa y sin pensarlo me cogí un
               mechón de cabello y lo olí. Olía a fresia, mi champú favorito.

               -Bella, hueles muy bien... demasiado bien -explicó él al reparar en mi gesto.

               -¿Tan fuerte es para ti?- inquirí, comprendiendo.

               -Ni te lo imaginas. Estar a tu lado es un continuo ejercicio de fuerza de
               voluntad.
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           Quedé pensativa, mientras Edward maniobraba para tomar la carretera hacia el
           hospital.

             -¿Voluntad? ¿Para hacer o evitar qué? -me observó con atención y le
             correspondí - Edward, te creo cuando dices que no me harías daño. Pero
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             quiero saber más.

           -Tienes derecho a saberlo. Tu aroma, Bella, me provoca una mezcla intensa de
           deseos. Cuidarte. Protegerte. Deseo físico, de tu cuerpo, y… de tu sangre -dijo
           bajando tanto la voz que a duras penas lo pude oír. Sentí un escalofrío, pero no
           supe distinguir si era por la temperatura o por lo que acababa de escuchar. Me
           concentré en borrar la última palabra de mi mente y centrarme en el resto. El
           resto estaba bien.

           -¿Y hay alguno de esos impulsos que sea más fuerte?-inquirí intentando
           aparentar indiferencia. Como si fuera a engañar a alguien. Podía escuchar mis
           propios latidos retumbando como un tambor. Aguardé un segundo, tensa,
           esperando su respuesta.

           -Bella… sólo piensa en el único momento en que he perdido el control. Y
           ¿sabes? No me arrepiento. Ni de eso, ni de lo que vino después. Porque
           comprobé que tienes razón. Jamás -intensificó la palabra al pronunciarla-te
           haría daño.

           Mi inconsciente me gritaba una palabra, pero no lo escuché. No hoy, no ahora.
           Analicé mi estado físico y su tono de voz y decidí que era mejor terminar con el
           tema, de momento. El resto del corto viaje hasta el hospital permanecimos en
           silencio. Una vocecilla dentro de mí me decía que tenía que dejar esta extraña
           historia, pero no me fue difícil acallarla. Yo misma no me reconocía, pero no
           temía a Edward. Me daba igual que se alimentara de sangre de animal. Me daba
           igual que su olfato fuera tan fino como el de un animal salvaje. Me daba igual
           todo lo que no fuera perderme en esos ojos siempre que pudiera. Punto.

           Estaba amaneciendo, y comenzaba a llover un poco. Me esperaba un día
           pesado y tendría que concentrarme en el trabajo.

           -Te dejaré lejos de la puerta de entrada. Supongo que no querrás que te vean
           bajar de mi coche-murmuró rompiendo el silencio.

           -Edward, si es por eso ya no me importa. No quiero ir escondiéndome. E
           imagino que tú tampoco.
Cambio De Destino
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               -¿Estás completamente segura?- giró la cabeza para mirarme y asentí con
               convicción. Él sonrió, sorprendido- ¿Estás preparada para el intenso acoso de
               los paparazzi? -repetí el gesto- Entonces, ya que lo hacemos, hagámoslo bien-
               su tono de voz sonó travieso.
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               Edward aparcó en el parking exterior. Salimos del coche y me tomó de la
               cintura. Caminando rápidamente bajo la fina lluvia nos dirigimos al vestíbulo
               del edificio. De camino nos encontramos con el personal que iba llegando para
               comenzar la guardia. Si ya noté varios pares de ojos clavados en nosotros la
               tarde que me tomé un café con él, la sensación ahora se multiplicó. Ya no eran
               sólo miradas, algunos pasaban por nuestro lado y giraban la cabeza para
               seguirnos con la vista.

               -No podría ser estrella de cine jamás. Esto es bastante… incómodo. Por cierto,
               ¿qué haces, me vas a acompañar a los vestuarios?

               -Por supuesto - contestó con una sonrisa pícara. Algo tramaba.

               Después de un recorrido digno de alfombra roja, donde Edward fue saludando
               a todo el mundo y yo no sabía dónde mirar, llegamos al pasillo de los
               vestuarios. Me entretuvo conversando unos minutos hasta que ya no hubo
               nadie por el pasillo.

               -Vale, nos separamos aquí, ya, ahora, o llegaré tarde. ¿No pretenderás
               acompañarme hasta dentro del vestuario femenino?

               -No… aunque por falta de ganas no es; sólo voy a zanjar un asunto- me alzó la
               barbilla y depositó un tierno beso en mis labios, demorándose unos segundos
               sobre ellos, acariciándolos con los suyos.

               Volví a inspirar con anhelo para quedarme su aroma en un gesto que ya era
               casi inevitable cada vez que lo tenía cerca de mí. Escuché unos pasos cerca y
               automáticamente me separé de él.

               -Buenos días, Mike- saludó Edward con mucha cortesía.

               La cara de Mike Newton era un poema.

               -Buenos días- dije yo también. Mike masculló algo ininteligible y siguió
               caminando en dirección a la salida. Miré a Edward con el ceño fruncido y
               apoyé un dedo acusador sobre su pecho.
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               -No sé cómo lo has hecho para saber cuándo salía del vestuario pero esto lo has
               estado tramando hace rato- él a duras penas se aguantaba la risa.- Edward
               Cullen, ahora tengo prisa, pero ya hablaremos mañana- le regañé.

               Me puse de puntillas, le di un beso rápido en la mejilla y entré disparada a
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               cambiarme. Cuando salí ya no estaba. Fui corriendo por el pasillo y las
               escaleras, y no paré hasta llegar a la planta de pediatría.

               Mónica me esperaba con el busca en la mano y mirada de reprobación. Me
               disculpé por llegar un poco tarde, sabía lo mal que se pasaba cuando el
               compañero que entraba de guardia se retrasaba aunque fuera un minuto… cada
               segundo con todo el cansancio acumulado se hacía más y más pesado.

               La mañana fue cansadísima por la cantidad de trabajo. Debido a la bajada de
               temperaturas los casos de gripe e infecciones respiratorias diversas habían
               aumentado y Urgencias estaba colapsado de pacientes de todas las edades. Eran
               casi las tres de la tarde cuando pude ir al comedor, ingerir el sucedáneo de
               comida en quince minutos y volver al trabajo. Hoy tenía la gran suerte de estar
               de guardia con Emily, que bajaba a echarme una mano cuando la planta y los
               paritorios le permitían. El día también se había complicado para ella.

               Casi sin darme cuenta llegó la medianoche. En aquel momento la afluencia de
               enfermos se había calmado y pude sentarme a descansar y tomar un café. Hasta
               ese momento apenas había pensado en nada que no fueran fiebres y toses, y no
               me había dado cuenta de las miradas de soslayo que me dirigía el personal de
               urgencias. Ahora sí.

               En la salita estaban Jared, Thomas, que era el residente de cirugía, Lauren, la
               de medicina interna, y Susan, una enfermera. Estaban charlando
               animadamente pero callaron en cuanto hice mi aparición. Les ignoré y me serví
               el café. Fue Lauren la que habló.

               -No sabíamos que salías con Cullen- dijo con descaro.

               Nos caímos mal desde el primer día que nos vimos, así que estuve tentada de
               mandarla a la mierda, sabiendo que era tan envidiosa como Jess, de la que era
               muy amiga. Sin embargo, decidí que si intentaba ocultarlo sería peor.

               -Sí. Hace poco tiempo- sorbí mi café.
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               -Vaya, es duro para una relación reciente que se marche uno de los dos a
               trabajar en otra ciudad... eso podría poner a prueba cualquier relación - dijo
               con voz de pito.

               Era peor que Jess. Lo cierto es que no sabía qué iba a hacer Edward. Recordé
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               que mañana debía presentarse en Seattle pero habíamos quedado para cenar.
               Él había dejado claro que sólo se iría si yo se lo pedía, y yo no había hecho
               eso… aún.

               -Supongo- era la respuesta menos comprometedora ante la duda.

               Ante mi silencio Jared pasó a un tema distinto y nadie me planteó más
               preguntas que, por otra parte, no habría contestado. Le agradecí el cable con la
               mirada.

               -Bella, hay un niño con fiebre- me comunicó Karen, la otra enfermera de
               Urgencias.

               Estaba agotada pero me acabé el café y me dirigí al box de pediatría. Luego me
               tomaría otro.

               Cerca de la madrugada subí a la planta. En Urgencias no quedaban niños, y
               quería ver cómo estaba Emily para partirnos el resto de la noche. Me la
               encontré sentada sola en el cuarto de las enfermeras, con cara de agotamiento.

               -Bella, acabo de sentarme… ahora te iba a llamar. ¿Te parece bien trabajar el
               primer turno hasta las cinco y media? Aunque si estás muy cansada puedes
               quedarte el primer turno de descanso.

               -Qué dices, estás tú peor que yo.

               -Bueno, es cierto que no me he aburrido… me han llamado para cinco partos y
               una cesárea, parece que se han puesto de acuerdo todas las embarazadas del
               lugar. No sé si será la fase de la Luna. Luego están los cuatro ingresos que
               hemos hecho. Y el resto de la planta estaba fatal, algunos con fiebres altas, otros
               respirando mal, y las madres agobiadísimas. Ahora se han calmado todos, por
               fin.

               -A veces creo que lo peor de la especialidad es lidiar con la angustia de los
               padres- comenté, pensativa.
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             -Lo comprenderás mejor si alguna vez eres madre. Yo con mi primera hija me
             transformé en una madre histérica, -dijo carcajeándose- menos mal que James
             conservaba la calma, porque yo habría venido al hospital cada semana.- Debí
             poner cara de incomprensión total porque añadió- James Watson es mi ex
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             esposo. ¿Nadie te lo había dicho hasta ahora? ¡No me lo puedo creer!- rió.

           -No…

           -Sí, nuestra separación fue una de las comidillas de este pequeño hospital. Tras
           el divorcio él marchó a Seattle y consiguió la jefatura en el Hospital Infantil.
           Unos dijeron que se marchó porque aquí yo le hacía sombra, y a esos les supo
           mal que siguiéramos siendo amigos. Dolió, aunque no debería importarme la
           opinión de esa gente. Ahora te toca a ti… no te preocupes, todo pasa.- Puse
           cara de sorpresa y prosiguió- Bella, llevaba sólo un par de minutos con el
           uniforme puesto y ya me había enterado de que estás saliendo con Edward
           Cullen- explicó.

           -Vaya… sí, parece que salimos juntos -no sabía qué más decir. A Emily no le
           gustaba mezclar la vida laboral con la personal, y eso estaba bien en una jefa,
           pero quizá influenciada por el cansancio y la noche me estaba haciendo
           confidencias.

           -Una de las peores cosas de los chismorreos es cuando los provoca la envidia.
           Y Edward es el soltero más deseado del hospital. Ni siquiera su fama de poco
           sociable le ha librado del acoso. Muchas no sólo lo buscan por el atractivo, sino
           por posición social, dinero… debes ignorar lo que oigas - asentí. Emily estaba
           muy habladora, me gustaba - Y bien, ¿cuándo te marchas a Seattle? Me dijiste
           en abril, pero necesito planificarme.

           -No lo sé… Emily, dame un par de días y te lo confirmo. ¿Y si me marchara el
           tercer trimestre, o no… lo hiciera?

           -Piénsalo bien, Bella. Me gusta tenerte aquí pero la estancia en el Infantil te
           dará mucha nota en el currículo. Podrás publicar en revistas de prestigio. Más
           opciones de trabajo en grandes hospitales, aquí o en tu país. Además, ¿Edward
           no se va a Seattle también? Podréis estar juntos.

           -Sí, lo sé- suspiré - pero necesito aclararme las ideas.
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               -Sí, las 3 y pico de la madrugada no es hora de tener las ideas muy claras, y más
               después de llevar trabajando sin parar desde las 8 de la mañana - dijo mirando
               su reloj.

               Decidió marcharse y yo me quedé tumbada en el sofá del despacho de
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               pediatría, esperando que fuera mi turno para acostarme. Notaba una leve
               irritación de garganta, que atribuí a haber hablado mucho durante la guardia.

               Me desperté por el dolor. Sentía el cuerpo como si me hubieran dado una
               paliza. Primero pensé que era por haberme dormido en el sofá, pero al
               incorporarme el dolor aumentó y sentí como un mazazo en la cabeza. Notaba
               la garganta en carne viva y calor, mucho calor.

               -Joder, la gripe- dije para mí con voz que no parecía la mía. Me volví a tumbar
               en el sofá, sin fuerzas para nada.

               Allá me encontró Emily. Tras regañarme por no haberla avisado, darme un
               analgésico y asegurarse de que de verdad era gripe me acompañó a mi casa,
               prohibiéndome volver al trabajo en una semana.

               Durante todo el lunes estuve durmiendo. Angela me iba trayendo zumos y
               analgésicos que yo tomaba para inmediatamente volver a caer en la
               inconsciencia. Hubo un momento en que desperté… había anochecido, la
               tenue luz de las farolas de la calle se filtraba a través de las cortinas. Percibí la
               presencia de alguien en la oscuridad de mi habitación.

               -Angela, estoy bien. Vete a la cama.

               -Angela tiene turno de noche, Bella.

               -¡Edward!- Me incorporé bruscamente en la oscuridad, sólo para acostarme
               inmediatamente al sentir un intenso dolor de cabeza. Lo primero que pensé fue
               que debía tener una pinta horrible, por no hablar de mi olor- ¿Qué haces
               aquí?- dije con voz débil.

               -Teníamos una cita, ¿recuerdas?- se sentó en la cama y vi su silueta recortada
               contra la penumbra. Sentí su fresca mano acariciándome la sudorosa frente. El
               contacto era relajante.

               -Sí, pedazo de cita…- sentía la boca seca y alargué la mano para coger el vaso de
               agua. Él se adelantó y me lo acercó, ayudándome a incorporarme para beber-
               Edward, vete a casa, descansa. Estaré bien.- Estaba pringosa de sudor,
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               despeinada, y seguramente no olía nada bien. Pero quería y no quería que se
               fuera. Estaba tan bien en sus brazos…

               -No. Y no te canses insistiendo. Ya le he dicho a Angela que me iba a quedar
               toda la noche.
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               -Eres un exagerado- dije en un susurro para intentar no agravar el dolor de
               cabeza- sólo es una gripe. Y tú mañana trabajas. ¿Cómo vas a pasar la noche
               conmigo? No es buena idea.

               -Me conformaré si mañana me respetas después de pasar la noche juntos- dijo
               muy serio, con lo que no pude evitar reír con voz rota y que se agravara mi
               dolor de cabeza. Me la sujeté fuerte como si así pudiera calmarlo.- Lo siento…
               recuéstate, Bella. Te traeré paracetamol, Ángela me ha mostrado dónde lo
               guardáis.

               Aproveché que Edward se ausentó hacia la cocina para ir al baño, lo necesitaba
               con urgencia y no quería que me viera con el aspecto que llevaba. Me habría
               cambiado de pijama pero no tenía ni fuerzas para ello. Por lo menos me
               enjuagué rápidamente la boca con elixir dental. Cuando volvió ya estaba de
               nuevo en la cama.

               -Abajo hay un sofá cama. No hace falta que estés aquí conmigo -insistí después
               de ingerir el comprimido con un poco de agua.

               -¿Te molesta mi presencia?

               -No, pero…

               -Entonces buenas noches- cortó, besándome con suavidad en la pegajosa frente,
               para luego acomodarse en el sillón al lado de mi cama.

               -Cabezota…- refunfuñé mientras me cubría con el edredón.

               -Testaruda…- repuso, imitando mi tono de protesta.

               Y sin darme cuenta me dormí.
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                                                 Capítulo 13



               EPOV

               Desde la cocina escuché que Bella se había levantado para ir al baño. Me tomé
               mi tiempo y la dejé hacer. Cuando entré en la habitación percibí el mentol y
               sonreí. Ella pensaba que olía mal. No era consciente de que su maravilloso
               olor, el que le daba su sangre, era para mí más intenso que cualquier otro que
               pudiera percibir. Y más ahora; la fiebre había dilatado sus capilares,
               esparciendo su aroma por toda la casa. Tuve que dejar de respirar por unas
               horas.

               Volvió a dormirse. Escuchar su ritmo respiratorio me resultaba relajante. A
               medianoche reapareció la fiebre alta. Sabía que era una reacción del sistema
               inmune pero no dejaba de preocuparme. Me removí en el sillón, ansioso,
               sintiéndome inútil. Te aguantas, Edward. Esto es lo que pasa cuando sientes
               algo por una humana. Le toqué la cálida frente y susurró "Edward". Esperé por
               si continuaba, pero no fue así. Estaba dormida. Seguí acariciando la suave piel
               de su cara, apenas un roce para no despertarla. Me quedé aturdido por la
               naturaleza de mis sentimientos por esta mujer. Podían pasar de la lujuria más
               intensa a la ternura más exquisita, como ahora... Y también sentía ansiedad,
               miedo. Sabía que sólo era una gripe, pero eso fue lo que mató al humano que
               fui una vez. Eran débiles… Y yo le entregaba mi corazón a una. Carlisle me lo
               estaba advirtiendo, pero ya era tarde. No podía cambiar mis sentimientos.
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               De madrugada, Bella despertó y emitió un leve quejido. Estiró la mano
               tanteando para buscar la caja de paracetamol y la detuve. Estaba ardiendo.

               -Me duele la cabeza- susurró.
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               La incorporé un poco y le acerqué un vaso de agua y un comprimido.

               -Tranquila, amor- dije mientras le acariciaba el ardiente rostro y la besaba
               levemente en los labios. Sonrió y se recostó de nuevo, cayendo de nuevo en un
               profundo sueño.

               Y llegó la mañana. Me cambié de ropa y fui a prepararle un zumo. Cuando
               volví a su habitación estaba despierta y semiincorporada sobre la almohada.

               -Buenos días- me dijo en cuanto me vio-¿Cómo lo haces para estar siempre
               perfecto?-su voz sonaba un poco ronca pero vital.

               -¿Cómo te encuentras?- sonreí.

               -Como si me hubieran aplastado varias partes del cuerpo… pero mejor que
               ayer. ¿Y tú?

               -Yo estoy muy bien. He pasado mejor noche que tú- aseguré, sentándome en
               su cama.

               -Permite que lo dude.

               -Mírame… ¿tengo aspecto de cansado?

               -No… parece que hayas dormido diez horas, eso es cierto. Pero, te repito, no sé
               cómo lo haces. ¿Cuál es tu secreto de belleza?-me miró suspicaz.

               -Te lo explicaré otro día. Anda, tómate el zumo- me senté en la cama y le tendí
               el vaso.- Necesitas líquidos y vitaminas.

               -Gracias, doctor.- Lo tomó y me devolvió el vaso, mirándome con intensidad.-
               Muchas gracias.

               -Tengo que marcharme al trabajo. Supongo que Angela no tardará.

               -Sobre eso… Edward, ¿no tendrías que estar en Seattle?
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               -No, está pospuesto. Ya te explicaré. Volveré por la tarde.

               -Te estaré esperando- me tomó de la mano y su pálida cara dibujó una sonrisa.

               BPOV
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               Volví a dormir durante toda la mañana. Parecía que hubiese tomado una
               sobredosis de ansiolíticos. Pero me sentía feliz. Edward había pasado la noche
               conmigo, e incluso me había parecido oírle susurrar "amor". Podía haber sido
               un sueño, o la fiebre, pero quería pensar que fue real.

               A media tarde regresé de nuevo a la consciencia. Me encontraba bastante
               mejor, menos dolorida, aunque agotada y pringosa. Decidí que era hora de
               levantarme y darme una ducha de manera urgente.

               Cuando Ang se despertó me encontró mirando la TV tumbada en el sofá. Se
               sentó a mis pies.

               -La noche ha sido malísima, han venido muchos pacientes y algunos bastante
               fastidiados: un asmático que ha tenido que ir a la UCI, un motorista con
               politraumatismo, un infartado… fatal, me he tenido que acostar en cuanto he
               llegado porque no podía con mi alma. Pero antes he pasado a verte y he visto
               que dormías como una bendita. Edward es mejor que cualquier antigripal,
               ¿eh?- me guiñó el ojo y reí- Se presentó ayer por la tarde para preguntar por ti,
               y cuando se enteró de que yo tenía turno de noche insistió en quedarse. Volvió
               a su casa a por ropa y antes de irme ya lo tenía a la puerta. ¿No es tierno?

               -Sí, lo es… -convine - ¿Cómo te fue a ti con Jake?

               -Genial, nos hemos besado muuuuucho… y otras cosas - se la veía feliz.

               -Ya era hora, chica, ¡mira que esperar a que Jake se fuera para decidiros a
               tiraros los tejos! Vaya par- me dio un ataque de tos.

               -Pues sí, espero que tú espabiles y no dejes escapar a un tío como Edward.
               Porque nena, ese tío te quiere, de verdad. No estás en tu mejor momento, eso
               es evidente –me señaló de arriba abajo con la mano-, pero cuando me he
               cruzado con él esta mañana sonreía de oreja a oreja como si hubierais hecho el
               amor… cosa que dudo viendo las condiciones en las que te encuentras.

               -Sí, para ejercicio físico estoy yo -y me dio un prolongado ataque de tos, para
               apoyar el comentario.
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               Aquella tarde volví a tener algo de fiebre pero me encontraba mejor. Angela
               había salido a hacer la compra. Edward llegó directamente desde el hospital y
               me saludó con un dulce beso en los labios que prometía convertirse en algo
               más intenso… si no hubiera sido por el enésimo ataque de tos.
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               -¿Estás bien?-me observaba preocupado. Como no podía hablar asentí. -Deja
               que te ausculte los pulmones- sacó un estetoscopio de su maletín. Su expresión
               era ansiosa y diría que estaba aún más pálido de lo normal.

               -Cullen, ni se te ocurra usar esto-pronuncié en cuanto recuperé el habla,
               señalando al instrumento médico- conmigo. Estoy bien.

               -Deja que te ausculte.

               -No.

               -Por favor.

               -Que no- otra vez la maldita tos.

               -Vamos, no seas criatura. Soy un profesional. Hice un juramento y no voy a
               aprovecharme de una pobre y débil enferma - me picó. Me sonrojé. A veces
               me sentía muy tímida con él.

               -No te cansarás, ¿verdad?- repuse exasperada, y él negó con la cabeza.

               Rodé los ojos y me levanté la parte de atrás del pijama, dándole la espalda.
               Comencé a respirar profunda y lentamente, mientras sentía el movimiento del
               estetoscopio por mi piel. Cuando pensé que había acabado sentí sus labios en
               la parte alta de la espalda. Fue un beso fugaz, pero suficiente para provocarme
               un jadeo al tiempo que una corriente se dispersaba por mi piel, provocando
               que mi vello se erizara. Me bajó el pijama y se colocó delante de mí.

               -Se te ha puesto piel de gallina. Me parece que te va a subir la fiebre- me
               comentó alzando una ceja con aire de suficiencia y expresión burlona. La
               ansiedad había desaparecido por completo de su cara.

               -¡Serás creído! Voy a hacer que te retiren el título por faltar al juramento
               hipocrático, doctor Donjuán. Espero por tu bien que eso no se lo hagas a todas-
               fingí enfado mientras él reía- Estoy bien, supongo, o no te reirías tanto.
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               -Bueno, no tienes bronquitis ni neumonía, pero tendré que vigilar esa tos-
               comentó con tono hiper-profesional.

               -Edward, no exageres. En serio, sólo es gripe. Veo tropecientas cada semana, y
               no es la primera que tengo.
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               -Lo siento… supongo que contigo me vuelvo sobreprotector- me acarició la
               mejilla con un dedo.

               Si no hubiera estado tan agotada le habría saltado encima, pero no me resultó
               difícil contenerme. Él se dio cuenta e insistió en que me tumbara en el sofá. En
               un momento estaba dormida y para cuando desperté ya se había marchado.

               -Me podías haber despertado para despedirme de él -protesté a Angela, con un
               puchero.

               -Él no ha querido, tontorrona. Te ha dado un beso en los labios pero tú tienes
               de Bella Durmiente sólo el nombre, nena, ni te has enterado.

               -Jajaja, qué graciosa –le hice una mueca y automáticamente me toqué los labios.

               Los siguientes días pasaron lentamente. Edward venía a visitarme a diario,
               charlábamos, intercambiábamos algunas caricias, pero no volvió a quedarse
               conmigo por la noche, no fue necesario porque Angela tenía turno de mañana
               y además yo no tenía tanta fiebre.

               Las horas que pasaba con él me producían un mayor anhelo por su compañía,
               deseaba estar más tiempo, más cerca de él. Pero se mantenía a cierta distancia.
               Sabía que lo hacía porque yo estaba enferma y él preocupado por mi bienestar,
               pero cada vez le necesitaba más.

               La fiebre desapareció a los cuatro días, aunque aún tenía la jodida astenia y una
               molesta tos. Durante ese tiempo tuve muchas horas para pensar, para dormir, y
               para volver a pensar. Estuve dándole vueltas a lo que sabía de Edward y a mis
               propias reacciones. Durante días había disfrutado de una falsa inocencia, de
               negarme a ver la realidad, pero conforme aumentaba mi necesidad de él
               también lo hacía la de aceptar lo que veía, lo que había escuchado de su boca,
               lo que intuía... lo que él era.

               Edward sólo se alimentaba de sangre. Aquella tarde me preguntó si no quería
               saber el nombre de su trastorno. Yo me había negado, en aquél momento no
               sabía muy bien por qué, y luego lo supe: porque sólo una palabra me venía a la
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             cabeza y no deseaba escucharla. ¿Quién se alimentaría única y exclusivamente
             de sangre? ¿Y quién sería capaz de olerla a varios metros? Necesité horas y
             horas para llegar a, aunque no para aceptar, una obvia conclusión. Pero para
             aceptar esa conclusión tendría que cambiar mi concepto de lo que era el
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             mundo real. Y no era fácil.

            ¿Sería eso que yo no me atrevía ni a pensar lo que él me quiso decir? Y, si era
            así ¿me importaba? Por lo que sabía de él no me haría daño, ni a nadie. Le
            había visto ayudarme a salvar la vida de aquel bebé, y era un médico excelente.
            Compasivo. Encantador cuando se quitaba de encima el aura de antisocial. Sin
            embargo me angustiaba lo que me había dicho, dándome a entender que hacía
            años había probado la sangre humana. Tenía que saber las circunstancias de
            aquello. No era tan ciega como para cerrar los ojos ante eso.

            Llegó el viernes y me desperté a mediodía, sin fiebre y con las pilas más
            cargadas. Me duché, me vestí con la misma ropa que la primera vez que
            salimos juntos, (necesitaba renovar mi vestuario, era obvio), e incluso me
            arreglé un poco el cabello.

            Edward tuvo guardia el día anterior y vino a verme por la tarde. Cuando le abrí
            la puerta vi su mirada oscurecerse. Esta vez estaba segura. Sus iris cambiaban,
            no era efecto de la luz. Aquellos pozos oscuros me atraían, quería asomarme a
            su interior… De repente volvieron a virar al cálido ámbar.

            -Bella… vaya cambio- murmuró, regalándome una media sonrisa.

            -Me encuentro mucho mejor, sólo me queda algo de tos y cansancio- vacilé un
            momento.- Edward…esto… tenemos una conversación pendiente - intenté
            apartar los ojos de sus hermosos dientes. No me lo podía imaginar mordiendo,
            robándole la vida a nadie. Él pareció leerme el pensamiento y apretó los labios
            en una fina línea.

            -Cierto. ¿Dónde quieres ir a charlar? A un sitio descubierto mejor que no, hace
            demasiado frío para ti.

            -Pero no para ti, doctor- lo miré de arriba abajo. Como era habitual, se había
            dejado la cazadora en el coche y llevaba vaqueros oscuros, una camisa
            desabrochada y debajo una camiseta negra que se adhería demasiado
            tentadoramente a su torso. - Quedémonos en casa. Ang dobla turno, y no llega
            hasta pasadas las diez.
Cambio De Destino
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               Pasamos hacia la cocina y me preparé un café. Él me observaba, sentado a la
               mesa. Estaba serio. Me senté delante de él y le ofrecí una taza pero él la
               rechazó educadamente. No es que yo esperara otra cosa.

               -Ya sé - empecé, inevitablemente sonrojada - que bebes sangre de animal, que
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               no eres un criminal y que no me harías daño. Ahora quisiera saber en qué
               circunstancias probaste la sangre humana hace muchos años. O eso fue lo que
               me dijiste.

               -Antes de explicarte eso, necesito que sepas algo más. Bella, hay más cosas
               raras en mí - sentí que palidecía y el estómago subía hasta mi garganta: ¿Más?
               ¿Qué iba a explicarme ahora? ¿ Y si era peor y no podía aceptarlo?

               -Continúa- repuse intentando calmar mi corazón.

               -Puedo leer los pensamientos de las personas que me rodean, hasta una cierta
               distancia. Excepto los tuyos- añadió sin apenas pausa.

               Se me ocurrieron varias respuestas, algunas del tipo "dónde está la cámara
               oculta", o "por qué has dejado la medicación", pero ninguna de ellas cruzó el
               umbral de mis labios. Y no lo hizo porque, por una extraña razón, le creía.
               Pero no deseaba que él pensara que me tragaba todo lo que me soltaba, sin
               pensar.

               -Espero que no te ofendas, Edward, pero quiero una prueba de eso. Es muy…
               muy difícil de creer.

               -De acuerdo- afirmó pensativo-. El sábado, cuando Angela nos vio, sabía que
               nos habíamos besado. Pensó que tú disimulabas fatal, y que yo en cambio era
               muy bueno actuando pero mi… cuerpo me delataba. Te lo contó mientras
               preparabas unas hamburguesas a la plancha. Hoy bajé a Urgencias y cuando me
               vio se acordó de eso. Se lo puedes preguntar cuando la veas, si es que no te lo
               ha explicado ya.

               Me tapé la boca con las manos para ahogar una exclamación, y él continuó.

               -A ella le gusto como persona, te quiere mucho y cree que puedo hacerte feliz,
               aunque sea un tío un poco raro. También te puedo decir que no te fíes de
               Jessica ni de su amiga Lauren, porque no son legales y además te envidian. Por
               cierto, no te lo había contado, pero las dos se me acercaron al poco tiempo de
               trabajar aquí y las tuve que rechazar. Al principio con educación, y después tuve
               que ser más expeditivo.
Cambio De Destino
                                               DraBSwan


            Yo continuaba congelada con el mismo gesto, las manos sobre mi boca y los
            ojos muy abiertos. Creo que apenas respiraba.

             -En la guardia -prosiguió- tuviste una conversación con Emily, de madrugada,
             donde ella te explicó cosas de su pasado y te dijo que ignoraras a las malas
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             lenguas. Esto lo estaba recordando hoy, cuando me la he cruzado por las
             escaleras. Tiene ganas de que te quedes aquí porque te valora pero piensa que
             deberías trabajar en Seattle, donde tendrías más éxito profesional- le puse una
             mano en la boca.

            -Para… ¿y dices que mis pensamientos no puedes escucharlos?- él me tomó la
            mano y la besó, negando con la cabeza- ¿Tienes alguna explicación?- volvió a
            negar, sin soltarme la mano. El contacto de sus labios contra mi piel me
            descentraba. Me quedé muda, esperando que prosiguiera.

            -Bella, dime qué crees que soy. Necesito oírtelo decir. Que reconozcas que el
            mundo no es el lugar que creías que era. Que puedes permitirte dudar de lo
            que hasta ahora jurabas que era imposible -dijo en un susurro.

            -Eres un… un… un vampiro- tartamudeé enrojeciendo intensamente y fijando
            mi vista en una manchita de la mesa. Deseé con toda la fuerza de mi corazón
            que empezara a carcajearse de mi ocurrencia. Pero no fue así. Él liberó mis
            manos.

            -Mírame- ordenó suavemente, y así lo hice-. Puedo irme ahora, si lo deseas, y
            desaparecer de tu vida para siempre.- Consideré esa posibilidad durante un
            segundo y la descarté de inmediato.

            -No. No quiero hacer eso. Sigue, por favor- me sumergí en sus ojos y esta vez
            fui yo la que tomó su mano, y la entrelacé con la mía. Necesitaba sentir su
            contacto, añadir algo más de realidad a la situación.

            -Bella, yo… hace muchísimos años no tenía el autocontrol que tengo ahora. Era
            muy duro ir en contra de mi instinto. Jamás habría destrozado una vida
            inocente, pero cuando escuchaba algunos pensamientos…- frunció el ceño,
            evitando mis ojos- Pensé que liberaba al mundo de violadores y asesinos. Me
            erigí en juez y verdugo, cuando en realidad lo que tenía era sed, sed de sangre
            humana. Sólo era una excusa - permaneció silencioso e inmóvil como una
            estatua, con la mirada perdida en atormentados recuerdos.
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             Observé nuestras manos entrelazadas y sentí un alivio completamente
             irracional. Debería haberme sentido horrorizada ante semejante confesión, al
             imaginar al hombre que tenía ante mí segando vidas humanas, aunque fuesen
             vidas de criminales. Sin embargo ahora mi cuerpo parecía más ligero, y podía
Página | 126 respirar con más amplitud, como si se hubiera desatado un nudo que me
             rodeara el pecho.

            No sé cuánto tiempo estuvimos en silencio, perdidos cada uno en nuestros
            propios pensamientos. Cuando por fin le miré sus ojos estaban fijos en mi
            rostro, estudiándolo.

            -Me resulta muy frustrante no saber lo que piensas. Ni te imaginas cuánto.

            -Pues tú ni te imaginas cuánto me alegro de que sea así, por lo menos estamos
            empatados en una cosa.

            -Bella… necesito saber lo que piensas. Dímelo- rogó, acariciando mis dedos con
            suavidad.

            -No te juzgo por lo que hiciste. Y supongo que no está bien sentir esto, pero me
            alivia, y mucho, que no segaras vidas inocentes. También me tranquiliza que
            ahora tengas más autocontrol. Edward… sólo me importa lo que eres en estos
            momentos.

            -¿Y qué soy ahora? Para ti, quiero decir - preguntó sin rodeos, atento a
            cualquier mínimo gesto que hiciera mi rostro.

            -Para mí… eres el hombre que me vuelve total y absolutamente irracional-
            repuse sin dudar.

            Apenas había terminado de pronunciar estas palabras y sus iris se oscurecieron
            de forma evidente. Apartó la vista de mí y me soltó, quedando quieto unos
            segundos, como si fuera una estatua. Ni tan siquiera parecía respirar. Fue una
            extraña reacción a lo que yo le había explicado. Hasta que ligué cabos.

            -Te cambia el color de los ojos. Tiene que ver conmigo, ¿verdad?-le pregunté
            cuando pareció volver a la normalidad al cabo de unos breves segundos.

            -Sí- explicó, sonriéndome con dulzura- acabas de observar un duro ejercicio de
            autocontrol. Swan, me lo pones muy difícil cuando me dices esas cosas - por un
            instante deseé que no se controlara tanto, y me ruboricé de mi propio
            pensamiento. Él me observó con intensidad.
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               -Pagaría por saber en qué estás pensando ahora para ruborizarte así- su tono de
               voz provocó que sintiera mariposas revoloteando en mi estómago.

               -Ni por todo el oro del mundo, Cullen- dije alzando el mentón, desafiante.
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               Estuvimos hablando toda la tarde. Yo preguntaba, él contestaba. Me explicó
               que muchos de los mitos sobre los vampiros eran falsos. Por ejemplo, podía
               tocarles la luz directa del sol pero les debilitaba mucho, llegando a provocarles
               una somnolencia casi inevitable. Esta somnolencia era menor cuanto más años
               tuviera el vampiro. No había problemas con los símbolos religiosos o el ajo. No
               volaban ni cambiaban de forma pero sí eran mucho más veloces y fuertes que
               los humanos y podían vivir muchos, muchos más años. En aquel punto le
               interrumpí.

               -¿Cuántos tienes tú?

               -Eso no se le pregunta a un caballero.

               -Cuántos.

               -Bella… te lo diré otro día. Es mucha información de golpe.

               -Cuántos y te diré en qué pensaba antes cuando me he sonrojado- tenté. Él
               entornó los ojos y lo pensó unos segundos.

               -Eres malvada, Swan. Con la cara de ángel que tienes… pero de acuerdo. He
               cumplido los 120 -abrí los ojos como platos y tragué aire de golpe.

               -¿120?– casi grité. Le observé de arriba abajo, completamente turbada.

               -120. Nací en 1890. La pandemia de gripe española me mató cuando tenía 26
               años. Era médico, y era muy fácil contagiarse- explicó.

               De pronto se me llenaron los ojos de lágrimas. Había escuchado a mi abuela
               paterna explicar historias terribles sobre aquella pandemia, y sentí dolor por
               Edward, por lo que había vivido, por su historia.

               -Bella- susurró amoldando su mano a mi rostro- es demasiado para ti.
               Dejémoslo hasta mañana- secó las lágrimas delicadamente con sus dedos.
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                            Capítulo 14



               BPOV
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               El amanecer tardó en llegar, pero lo hizo. Escuché a Angela salir de casa.
               Entonces me dormí. Toda la noche revolviéndome en la cama dándole vueltas
               en la cabeza a lo que Edward me había explicado me había dejado
               definitivamente KO.
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               No era normal. Nada de lo que me estaba pasando lo era. Estaba descubriendo
               un mundo nuevo, esa mañana mi vida ya no era como la previa. Había seres
               que se alimentaban de sangre y conservaban toda su existencia el aspecto de un
               veinteañero. Y unos de esos seres me deseaba. A mí y a mi sangre. Y me estaba
               enamorando de él. Mentira. Ya estaba enamorada. ¿Qué podía hacer?
               Dejarlo… no era una posibilidad. Él me hacía sentir más viva de lo que jamás
               había estado. ¿Podía renunciar a él fríamente? Adiós, Edward, me gustas, pero
               esto es muy raro. Adiós. Hola, papá, mamá, no, es que no estaba bien en
               Forks, conocí a un guapo vampiro y lo nuestro no podía ser. Sí. En serio. Uno
               de verdad.

               Todo absurdo.

               No había otra que seguir el camino que había empezado. No había más vueltas
               que darle.

               Las dos de la tarde. Hora de levantarse. La tos estaba mejor. Yo ya había
               dejado de pensar, ahora sí, y también estaba mejor. Tomé una ducha. Comí los
               restos de la cena que Ang había preparado. Volvía a estar sola, pues ella
               doblaba turno de nuevo. Era pesado, pero lo hacía para tener cinco días
               enteros libres y poder ir a ver a Jake a Seattle.

               No había quedado con Edward. Cuando llegó Angela yo aún no había
               reaccionado. No es que me hubiera quedado catatónica, pero no sabía qué
               decir, ni qué hacer. Él me había besado y se había marchado, con una última
               mirada de preocupación. La misma que tenía Angela cuando me preguntó si
               estaba bien y le dije que sí.

               ¿Quería seguir hablando con él? ¿Lo soportaría mi mente, o sería demasiado y
               me tendrían que ingresar en una institución mental? Medité. Ahora ya daba
               igual. Ya había pasado la frontera. A partir de ahora me podía contar cualquier
               cosa. Estaba preparada. Y aunque no lo estuviera… ansiaba verle, escuchar su
               voz sedosa, tocar su suave, aunque fría, piel.

               -Bella- contestó rápido; sonaba cauto- pensaba que nunca volvería a saber nada
               más de ti.
Cambio De Destino
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               -Hola, Edward. Me conoces poco si crees eso. Estaba durmiendo… es que no
               he descansado mucho esta noche.

               -Lo comprendo- suspiró- Entonces… ¿quieres que nos veamos hoy? Mañana
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               tengo guardia- preguntó, vacilante.

               -Sí -escuché un suspiro de alivio al otro lado del auricular.

               -Te paso a buscar en una hora-dijo feliz.

               Me vestí rápido. Una falda corta de lana gris, unas medias tupidas, un jersey
               negro fino y escotado. No era lo más adecuado para alguien que acababa de
               salir de la gripe. El cabello suelto. Me miré al espejo. Algo ojerosa, pero me
               daba un aprobado. De nuevo apunté en mi lista mental que tenía que ir de
               compras con Angela la semana que viene. Sólo tenía dos jerseys bonitos, y
               Edward, con este, los conocería todos.

               Él llegó puntual. Como siempre, arrollador en su sobrehumana belleza,
               simplemente vestido con una camiseta gris de manga corta y unos vaqueros
               oscuros. Y, como solía ser, mi autoaprobado fue para él un sobresaliente. Lo
               percibí por sus ojos y por la pose de estatua que adoptó en cuanto me vio. Se
               quedó con las manos enterradas en los bolsillos del vaquero. Sabía que estaba,
               como decía él, ejercitando su autocontrol. No dejé de sentirme un tanto
               vanidosa por ello.

               -Buenos tardes, Bella- dijo formalmente, sin tocarme, mientras intentaba volver
               a tomar las riendas de sí mismo - Estás preciosa…

               -Gracias-repuse llanamente. De pronto me invadió la timidez.

               -¿Dónde quieres ir?

               -Llevo cinco días encerrada. Donde sea pero fuera de aquí.

               -¿Te sirve mi casa? Me gustaría enseñarte dónde vivo.

               -Claro –su casa- ¿Están todavía tus padres? –caminamos hacia su coche cogidos
               de la mano.

               -No… ellos sólo estuvieron el fin de semana pasado, pero se quedaron con las
               ganas de conocerte mejor. En otra ocasión, si tú quieres-sonrió.
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               Una vez dentro del coche bajé la ventanilla.

               -Bella Swan, haz el favor de no hacer locuras. ¿Quieres pillar una neumonía? -
               me regañó con dulzura al tiempo que subía mi ventanilla.
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               -¿No te importa?

               -Lo importante eres tú. Además, ya me voy acostumbrando-puso el coche en
               marcha.

               -Entonces, Cullen, ¿ya no tienes ganas de saltarme al cuello cuando me
               hueles?- ¿por qué había dicho eso? ¿No proceso las ideas antes de que salgan
               de mi boca?

               -Esas ganas las tengo siempre, Swan. Pero no de la manera en que tú estás
               bromeando. Y me alegro de que lo encuentres divertido… Ayer pensé que te
               había perdido para siempre-sonó sombrío.

               -Lo cierto es que por un momento pensé que era excesivo. Pero no lo es. Me…
               gustas demasiado - volvió a envararse. Hoy parecía estar haciendo esfuerzos
               extras.

               -Es girando por este camino- dijo al cabo de unos minutos.

               La casa no estaba lejos de la mía, tan sólo fueron unos quince minutos en
               coche. Después del bosque, cerca de la costa, había un claro, y en él una
               impactante casa de dos pisos cubierta de tantos ventanales como pared,
               rodeada de un enorme y cuidado jardín que en primavera debía ser bellísimo.
               Conforme nos acercamos vi que desde el jardín bajaban unas escaleras talladas
               en la roca hasta una cala cercana.

               -¡Vaya! ¿Cuidas de esto tú solo, con tu súper-fuerza?- Él rió y negó con la
               cabeza.

               -No. Tenemos personal contratado, gente de fuera del pueblo. Más discretos.

               -Vaya.

               -Eso ya lo has dicho antes -se burló.

               -Será que me dejas sin palabras, rarito -le saqué la lengua.
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               -Eso será, temeraria - dijo empujando la puerta que acababa de abrir con llave.

               -¡Vay… Joder!- exclamé viendo el interior de la casa.

               Si por fuera era impactante por dentro no se quedaba atrás. Era de una gran
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               luminosidad, paredes en blanco y crema con algunas zonas de obra vista, y
               decoración nada recargada, moderna pero cálida. No era lo que esperaba.
               Había un piano enorme a un lado del salón.

               -Bella, tienes que empezar a leer otros libros que no sean de medicina. Por la
               riqueza de tu lenguaje, digo- comentó, mordaz.

               -No todos tenemos 120 años para desarrollar la riqueza de nuestro lenguaje.

               -Tocado - asintió, con una sonrisa devastadora.

               Me enseñó toda la casa. No me gustó entrar en las habitaciones personales de
               sus familiares, me sentía como si estuviera invadiendo un espacio íntimo,
               aunque por lo que él me había explicado llevaban meses sin ser habitadas.
               Excepto la de sus padres.

               -¿No te encuentras solo en esta casa tan grande?-dije cuando me enseñaba la
               última habitación, la suya.-Oye, tienes una colección de música increíble-
               comenté, pasando mis dedos por una de las filas de CDs.

               -Hasta ahora no me sentía solo. Pero desde hace un tiempo echo de menos a
               alguien cuando llego - murmuró justo detrás de mí. Estaba tan cerca…Si me
               giraba…-¿Quieres que toque algo al piano?

               Ahora lo estaba oyendo desde más lejos. Me volteé y estaba en el quicio de la
               puerta, esperándome. Vaya. Sí que era rápido.

               -¿El piano es tuyo? Me encantaría escucharte-le seguí.

               Me senté a su lado en la banqueta. Tocó un par de piezas clásicas. No entiendo
               de música, pero me pareció que tocaba como los ángeles. Por no decir que
               estaba terriblemente sexy. Empezó a tocar una pieza lenta y dulce, me explicó
               que era una canción de amor. Yo no la conocía pero me encandiló. Observaba
               sus pálidos y fibrosos brazos, sus manos, los largos y elegantes dedos moverse
               por el instrumento y mientras esas manos acariciaban las teclas del piano
               fantaseaba que eran parte de mi cuerpo… Por suerte no podía leer mi
               pensamiento.
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            En aquel momento paró de tocar y quedó inmóvil, observando las teclas.

             -Te has vuelto a sonrojar, tu respiración y tu corazón se han acelerado. Como
             ayer. Y eso me ha hecho recordar que ayer te dije mi edad a cambio de
             explicarme algo… y aún no lo has hecho- sentí calor. Giró la cabeza y me dirigió
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             una mirada que hizo que mi respiración fuera más pesada. Aparté los ojos,
             súbitamente tímida, plenamente consciente de la cercanía de su cuerpo, de la
             intimidad de su casa. Pero contesté.

            -Ayer… deseé que no te controlaras tanto- miraba sus manos, que de pronto
            desaparecieron, y las sentí detrás de mi cuerpo.

            Sin apenas darme cuenta ya no estaba sentada en la banqueta sino a horcajadas
            sobre él. Me abrazaba por la cintura y besaba y lamía mi cuello, desplazándose
            hacia el lóbulo de la oreja con lentitud exquisita. Instantáneamente gemí y
            enredé mis manos con su suave cabello.

            -Tus deseos son órdenes para mí. Fin del control -susurró con voz ronca sobre
            mi piel. Mi vello se erizó al sentir su aliento.

            Sin parar de besarme introdujo sus manos bajo mi jersey y recorrió mi piel con
            delicadeza, provocando que mi temperatura aumentara varios grados. Apartó el
            sujetador y tomó mis pechos entre sus manos, rozando con sus dedos los
            erectos pezones al tiempo que me mordisqueaba el lóbulo de la oreja. La
            excitación hizo que mi cuerpo temblara sutilmente.

            -Espero que esos temblores no sean de miedo- susurró en mi oído. Por toda
            respuesta acerqué mis labios a los suyos y pasé la punta de la lengua por ellos –
            Lo tomaré como un no- dijo sonriendo sensualmente y atrapando mis labios.
            Su lengua acarició la mía. Su aliento, su sabor, eran dulces, adictivos.

            Las caricias en mis pechos se volvieron más exigentes. Yo quería más, lo quería
            más cerca. Sentía el bulto entre sus piernas rozando mi zona más sensible y una
            placentera tensión se instaló en mi bajo vientre. Me moví sobre su erección,
            provocándole unos seductores gemidos cuyo efecto fue encenderme más aún.
            Jamás había sentido tanto deseo por un hombre. Agarré su camiseta y con una
            pequeña ayuda de su parte, se la quité. Emití un jadeo por la visión que tuve
            ante mí. Su torso estaba suavemente musculado, el vello de la zona era dorado,
            la piel pálida, perfecta. Era un torso de estatua griega, cincelado, con los
            músculos suavemente definidos. Acaricié con deleite, casi con reverencia, su
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               suave y duro abdomen, ascendiendo hasta los pezones, los hombros… él cerró
               los párpados, con expresión de placer y abandono absoluto.

               -Te deseo, Edward- susurré en su oído.
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               En un momento estábamos en el piso de arriba. Me llevó a horcajadas como si
               pesara igual que una pluma. Entramos en su habitación y me depositó con
               suavidad en el lecho, mirándome de tal forma que me hervía la sangre.
               Despacio, me ayudó a quitarme el jersey y el sujetador. Quedé hipnotizada por
               sus iris, que ahora lucían negros y brillantes como la noche.

               -Eres preciosa, Bella. Y tengo hambre de ti - murmuró, cuando observó mi
               mirada.- ¿Tienes miedo?- me acarició la mejilla dulcemente con el dorso de los
               dedos.

               Negué firmemente con la cabeza, pues me sentía incapaz de hablar. Para
               demostrárselo le besé, mordiéndole suavemente el labio inferior. Él entreabrió
               los labios, respondiendo a mi exigente beso . Pasé la mano por su abdomen y
               bajé hasta rozar su erección, acariciándola por encima de los pantalones.
               Entonces hizo un movimiento rápido y prácticamente me arrancó la falda. Su
               autocontrol iba a menos, y eso, irreflexivamente, me excitaba más. Las medias
               quedaron reducidas a nada en décimas de segundo. Por un momento me
               observó, tendida en la cama tan sólo con las braguitas puestas…su expresión de
               deseo era electrizante. Con un gruñido suave me desgarró la única pieza de
               ropa que me quedaba puesta.

               -Bella… me vuelve loco tu aroma- dijo entrecortadamente.

               Me acarició las piernas, apenas un roce, y fue subiendo lentamente por los
               muslos. Mi respiración se transformó en un jadeo superficial. Su oscura mirada
               se cruzó con la mía cuando su mano se desplazó a mi zona más sensible.
               Contuve las ganas de gritar cuando, de forma delicada, introdujo un dedo en mi
               interior. Sonreía mientras observaba el efecto que su tortura ejercía sobre mí.
               Mi corazón palpitaba con fuerza contra la pared de mi pecho.

               -Quiero probarte-murmuró. Detuvo su caricia, se puso el dedo en la boca y lo
               lamió cerrando los párpados con placer. Me sonrojé violentamente al verle
               hacer aquello.

               Tumbados en la enorme cama nos acariciamos cada parte de piel ajena que
               estaba a nuestro alcance. Él lamió mis pechos, devoró mis pezones, y
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               descendió por mi abdomen... cuando llegó a la parte interna de los muslos tuve
               que aferrarme a las sabanas para no saltar... penetró con su lengua entre mis
               pliegues y el contraste entre su temperatura y la mía me hizo estremecer.

               -Bella, cariño... Tu sabor es aún mejor de lo que tu olor prometía- dijo,
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               empezando a lamerme, trazando suavemente círculos en mi clítoris.

               Me arqueé contra su boca, mordiéndome el labio para no gritar. Me introdujo
               un dedo, dos, acarició hábilmente mi interior. No tardé ni unos segundos en
               sentir una enorme descarga de placer que alcanzó hasta la última célula de mi
               rendido cuerpo. Sentí mi humedad fluir libremente y él lamió hasta quedar
               satisfecho. Cuando recuperé el control de mi cuerpo lo miré. Sonreía, y su
               expresión era una mezca de engreimiento y lujuria. Y él todavía llevaba los
               pantalones puestos. Me senté en la cama y le ayudé a quitárselos, excitada de
               nuevo. Le siguieron los boxers, y mis pupilas se dilataron al ver el tamaño de su
               erección. Al ver mi expresión, me tumbó en la cama, cerniéndose sobre mí
               como un ave de presa. Me devoró la boca con pasión, y le devolví el beso,
               entrelazando mi lengua con la suya.

               Me separé un instante de su boca.

               -Edward, te deseo dentro de mí. Ahora- pedí entrecortadamente.

               Él se colocó con suavidad entre mis piernas y empujó muy lentamente.

               -Bella… cielo, estás tan cálida…-susurró con dulzura. Lo miré a los ojos
               mientras mi cuerpo se abría para recibir al suyo.

               Sentirle dentro de mí me terminó de enajenar. Me arqueé contra su cuerpo y lo
               rodeé con el mío, deseando tenerle completamente dentro de mí. Fuertes y
               placenteras oleadas irradiaban del interior de mi pelvis al resto de mi ser. Él
               emitió un sonido animal, como un gruñido bajo, que consiguió volverme más
               loca.

               -Mírame, Bella.

               Fijé la vista en sus negros ojos, que mostraban una intensa mezcla de pasión y
               ternura. Me diluí en aquella oscuridad mientras él embestía contra mi cuerpo,
               profundamente, sin dejar de sumergirse en mis ojos. Se lanzó contra mi boca y
               me besó dejándome sin aliento. Yo gemía al ritmo que me imponía su cuerpo,
               cada vez más intensamente. Estalló en mi interior un orgasmo brutal pero él
               continuó embistiendo mi cuerpo, esta vez más lentamente, casi acariciándome.
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             Mientras tanto besaba mi cara, mi cuello, mis hombros. Enredé mis manos con
             sus cabellos. Era enloquecedor. Mi cuerpo estaba exánime pero él siguió
             poseyéndome hasta que volví a explotar en otro orgasmo aún más intenso que
             el anterior, momento en el cual él descargó dentro de mí, pronunciando mi
Página | 136 nombre. Se dejó caer a mi lado con suavidad y me abrazó, sin dejar de
             mirarme. Su rostro de ángel irradiaba felicidad.

           -Te amo, Bella.



                                             Capítulo 15



           EPOV

           -Yo también te amo, Edward-susurró Bella.

           De inmediato abrió mucho los ojos y exhaló con fuerza, como sorprendida por
           lo que acababa de decir. ¿Habría sido algo impulsivo y se acababa de
           arrepentir? Yo lo había dicho sin pensar, pero no estaba en absoluto
           arrepentido de haberlo hecho, porque era lo que sentía. ¿Sentía ella lo mismo?
           ¿Estaba bien que sintiera lo mismo? ¿Era yo un enorme egoísta? Lo eres, y
           Edward, deja ya de darle tantas vueltas a todo. Me quedé mirando su rostro.
           Ella parecía estar analizando lo que acababa de decir, y me descubrí mirándola
           con intensidad, intentando leer en cada mínimo cambio de expresión lo que
           estaba pasando por su cabeza.

           -Sí, es cierto, te amo-sonrió, todavía perpleja por sus propias palabras.- No me
           lo había planteado, pero es verdad.

           ...

           Bella dormida era la representación de la paz. Completamente abandonada en
           mis brazos, respiraba pausadamente. Un leve rubor cubría sus mejillas, donde
           su piel de alabastro brillaba de forma especial. Hacer el amor con ella había
           sido lo más extraordinario que recordaba haber vivido. Nada en mis recuerdos
           se podía comparar a esto, y ninguna de las veces que había fantaseado estar con
           ella pude acercarme a imaginar realmente lo que sentiría. Lo que más había
           temido era hacerle daño, pero confiaba completamente en mi control sobre mi
           propio cuerpo. Y al final todo fue instintivo: mi cuerpo se movió con el suyo
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             como en un baile ya aprendido, sin temor, libremente. Mi otro miedo había
             sido la sed, pero volví a confiar en mi voluntad. Ya había olido su sangre, la
             había probado, y había sabido parar. Mientras la besaba cerca de esas venas
             tentadoras, donde podía escuchar y oler cómo fluía el manjar más irresistible
Página | 137 que había conocido, había surgido en mí una intensa sed que había contraído
             mi garganta, pero el horror que sentí ante la idea de provocarle el más mínimo
             daño la había extinguido de inmediato.

            Abrió los párpados y me dirigió una tímida y dulce sonrisa.

            -Edward… me he dormido…- de pronto pareció recordar algo- ¡Oh, no! Me has
            dicho que me amas y ¿me he dormido? –exclamó, con los ojos abiertos de par
            en par.

            -Bueno, no diré que no haya dolido, pero supongo que estabas agotada- fruncí
            el ceño y curvé las comisuras de mis labios en un puchero aprendido de Alice.

            -Oh, Edward, lo siento, de veras - de pronto su expresión cambió, y entornó los
            párpados- serás… me estás tomando el pelo, ¿verdad? – Asentí riendo y me
            golpeó el hombro.

            -La verdad es que antes de caer en los brazos de Morfeo, que por cierto es un
            rival a tener en muy en cuenta, te ha dado tiempo a contestarme- su expresión
            se relajó.

            -Ahora lo recuerdo... Lo siento...esta noche he dormido mal, y la astenia de la
            gripe aún no me ha abandonado- se disculpó.

            -Qué pena, yo pensaba que era porque el sexo conmigo te había dejado muy
            relajada. He sobreestimado mis habilidades - estalló el calor en su rostro, lo que
            yo pretendía.

            -No has sobreestimado nada. Ha sido… no, no tengo palabras-replicó a pesar
            de su sonrojo.

            Esa mirada y sus palabras estaban consiguiendo excitarme, deseaba
            intensamente sentir su calor y su humedad de nuevo, pero no quería asustarla
            con mi libido… Empecé a concentrarme en recordar letras por letra todo el
            código genético de la mosca de la fruta para distraerme. Debían ser evidentes
            mis esfuerzos porque vi la risa bailando en sus ojos.
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               -¿Se puede saber en qué piensas? Cuando pones esa expresión, ya sabes, la de -
               puso cara seria y engoló la voz - "estoy ausente por motivos de fuerza mayor".

               -Pienso en cosas completamente aburridas que me obliguen a desviar la
               atención de otras más atractivas. ¿Se nota mucho?
Página | 138

               -No sé si otros lo notarán, yo sí, pero ya me empieza a gustar verte con esa
               expresión… porque sé lo que esconde -Desvió la vista y miró por la ventana-
               ¿qué tal si me enseñas un poco la propiedad? Aún es de día, y no hace
               demasiado frío. Venga, me encanta ver el mar y me encuentro estupendamente
               bien, ¿o no lo has notado? – añadió con un guiño al ver mi cara de
               preocupación.

               -De acuerdo, salgamos a que tomes el aire. Pero tienes un pequeño problema
               de vestuario… siento haberte roto la ropa interior antes.

               -¡Oh! -se tapó la boca con los dedos, las mejillas ardientes - No lo recordaba…

               -No te preocupes. Por ahí hay ropa interior sin estrenar de mis hermanas,
               tienen tanta que ni se enterarán si la cojo. Rosalie tiene más o menos tu misma
               talla y estatura.

               Salí y regresé con varias cajas de medias y braguitas. Bella estaba sentada en la
               cama, pensativa.

               -Tienes tantas cosas que explicarme… Supongo que tu familia comparte tu
               condición- me observó preocupada.

               -Sí. Y también se alimentan de animales- añadí de inmediato, sentándome en la
               cama. Lo último que quería era asustarla.

               -Tus padres me parecieron realmente encantadores.

               -Y lo son. Bella - le tomé la barbilla entre el pulgar y el índice, mirándola
               fijamente - no te angusties. Los conocerás a todos sólo si tú quieres, y cuando
               quieras.

               -Es tu familia. Claro que los querré conocer. Pero dame tiempo para seguir
               digiriendo esto. De momento con un vampiro en mi vida tengo el cupo
               cubierto. – Sonrió - ¿Con qué frecuencia os veis?
Cambio De Destino
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             -Bueno, hemos pasado por varias fases. Hemos vivido temporadas de estar
             juntos y otras de más independencia. Hasta hace unos dos años vivíamos todos
             en esta casa. Luego a Carlisle le salió el trabajo en Vancouver, Esme lo
             acompañó, Rosalie y Emmet decidieron viajar por el norte de Europa en luna
Página | 139 de miel, y Alice y Jasper se animaron a establecerse en Nueva York. Ya hacía
             tiempo que Alice deseaba vivir una temporada en la Gran Manzana. Me
             instaron a seguirles, pero yo preferí acabar la especialidad de cirugía, y luego ya
             vería lo que hacía.

            -¿Por qué cirugía aquí, en Forks? Seguro que podías haber elegido Seattle, o
            Vancouver como tu padre.

            -Por varios motivos. Me gusta Forks, me gusta esta casa… es donde más años de
            mi vida he estado. Además el lugar tiene un clima perfecto para mí, mejor aún
            que Seattle, y buena caza. Y tú sabes que muchas veces se aprende más en estos
            sitios pequeños, donde hay mucho más trabajo y menos medios. Ya me
            especializaré más adelante.

            -Podría decir muchas cosas pero lo único que se me ocurre es: ¿dos años de
            luna de miel? Joder - dijo con los ojos abiertos como platos.

            -Sí, y eso que llevan ya unas cuantas - reí al ver su cara.- Bueno, ahora ya no
            están de luna de miel, Rosalie es traumatóloga y Emmet bombero en Boston.
            Ella trabaja para la Universidad de Harvard.- Bella soltó una exclamación de
            admiración.

            -Entonces, ¿cuándo os reuniréis?-preguntó, de nuevo ansiosa.

            -No hay prisa -cambié de tercio para hacer desaparecer su preocupación. -
            Puedes escoger entre estas cajas lo que quieras ponerte, y si deseas ducharte
            ahora hay toallas limpias en el baño.

            -Parece que hayas atracado una lencería- comentó mientras escogía entre las
            cajas que había dejado sobre la cama.

            Tomó la ropa y se metió en el baño. Me obligué a no mirar su tentador cuerpo
            para evitar lanzarme sobre ella, pero me gustó que no hiciera esfuerzo alguno
            por taparse. Había descubierto en Bella una atractiva mezcla de timidez y
            lujuria. Sabía lo que quería y no se andaba con rodeos para pedirlo.

            ...
Cambio De Destino
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               -Aquello de allá- señalé a lo lejos- es la playa de la reserva.

               -La noche que conocí a tus padres volvía de esa playa -me sobresalté al oírlo.
               Desconocía esa parte de la historia, tan sólo sabía que la habían encontrado en
               la carretera en plena noche con un frío glacial.
Página | 140

               -¡Isabella Swan! ¿Se puede saber qué hacías en esa playa en pleno invierno, de
               noche, tú sola? ¡Fue una locura!-la reprendí.

               -Eh, eh, Edward Cullen, ¿cuándo te he dicho yo que sea una persona cuerda?
               ¿Si lo fuera estaría aquí contigo?-repuso con descaro.

               -Tocado, de nuevo- gruñí, y ella rió.

               Estábamos sentados en la arena de la calita de nuestra propiedad, ella apoyada
               sobre mi pecho mientras yo la abrazaba por la cintura. Sus cabellos alborotados
               por la brisa me hacían cosquillas en la nariz y me tentaban con su perfume. Las
               olas lamían las rocas, y el cielo lucía gris. Quedaba poco para el crepúsculo. Ya
               le había explicado a Bella que nunca dormía y ella recordó el episodio de la
               habitación en la primera guardia que compartimos; simuló enfadarse cuando le
               confesé que estaba esperando su llegada, pero al final ambos reímos. No
               recordaba haber reído tantas veces seguidas en mucho tiempo.

               -Edward… ¿cómo fue? Quiero decir, cómo pasaste de morir de gripe a ser un
               vampiro.

               -Fue en 1916... yo trabajaba en un hospital de Boston. La pandemia era brutal.
               La gente moría a centenares cada día en todas las salas del edificio, sin que
               apenas pudiéramos hacer nada más que certificar las defunciones.- Bella se
               incorporó, se sentó enfrente de mí y me tomó las manos, clavando sus castaños
               ojos en los míos.- Carlisle Cullen era uno de los mejores médicos de la ciudad,
               y además parecía inmune al cansancio. Éramos muy amigos. De hecho fue mi
               profesor en la facultad, y el que me ofreció el puesto de médico en el hospital.
               Tenía 26 años y estaba sano, pero nada de eso sirvió cuando me contagié de la
               gripe. Carlisle se sintió responsable cuando caí enfermo de extrema gravedad.
               Absurdo, porque nadie estaba a salvo del virus, pero él es así. Sabía que había
               perdido a mis padres en la epidemia –al oírme Bella hizo un gesto de dolor y
               me oprimió los dedos- así que cuando mi corazón estaba al borde del paro y no
               había vuelta atrás, me mordió -paré un momento para darle tiempo a digerir la
               información.
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            -¿Basta con un mordisco?-inquirió, acariciándome las manos un tanto inquieta.

             -Bella, la única forma de reproducirnos es mordiendo a un ser humano. Pero
             el veneno para producir esto lo segregamos a voluntad y se mezcla con la saliva.
             Además para completar la transformación, el humano ha de beber sangre del
Página | 141
             vampiro que lo ha mordido. Cuando sólo queremos alimentarnos la saliva
             simplemente contiene un anestésico que además es cicatrizante, lo que es muy
             útil para alimentarse varias veces de la misma víctima. Aunque los vampiros
             que viven de la sangre humana no suelen parar una vez han comenzado a beber
             de alguien - rematé, sombrío.

            -Por eso cuando me lamiste la sangre se me calmó el dolor-repuso pensativa.

            -Sí, pero la saliva no era responsable de lo que te pasó después, eso aún no me
            lo he explicado – alcé una ceja, burlón.

            -Yo tampoco. Seré rara, pero el momento me pareció tremendamente erótico-
            contestó a pesar de haber vuelto a ruborizarse, sin dejar de mirarme a los ojos.-
            Sigue, por favor.

            -Sí, rara eres, o no estarías conmigo -sonreí.- Bien, estuve inconsciente tres días
            y cuando me desperté… -exhalé con fuerza, recordando aquellos momentos-
            fue muy duro. Carlisle jamás acabó con ninguna vida humana y me inculcó ese
            principio, yo lo sentía como él, pero… el ansia de beber sangre humana te
            posee, se apodera de ti, sigues siendo tú pero te sientes un monstruo, porque es
            una necesidad casi irrefrenable. Es, supongo, como vivir cada día con síndrome
            de abstinencia. Cada segundo de cada día, durante meses, años. Y hay
            momentos donde se siente auténtico dolor. Al final acabas soportándolo, cada
            vez mejor, y vives aceptablemente con la sangre de animal. Bueno, aparte de…
            ya sabes, mi recaída. Por eso sé que la sangre animal no te da la misma energía
            ni te sacia como la humana, pero yo me siento más... en paz – Bella me
            escuchaba absorta. Sus ojos chocolate me derretían.

            -¿Ves como soy rara?- murmuró dulcemente- Debería marcharme chillando y
            sólo tengo ganas de abrazarte.

            -¿Y qué te detiene, Bella?- susurré. No podía resistir más la necesidad de volver
            a tenerla.

            Se abalanzó sobre mí, envolviéndome en sus brazos, besándome los labios, los
            párpados, la nariz, los pómulos, embriagándome con su aroma y su ternura,
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             regalándome su calor. Me tumbé en la arena con ella encima. Su liviano cuerpo
             sobre el mío, la calidez de su piel, su aliento, me envolvían y me cautivaban,
             abandonándome en la infinidad de sensaciones que me provocaba su contacto.
             Ella introdujo su mano bajo mi camiseta y me acarició el abdomen,
Página | 142 provocando una inmediata tensión en mi pantalón. Su boca buscó la mía y
             nuestras lenguas se acariciaron sensualmente, sin apremio. Ansiaba tocar su
             piel, pero temía que cogiera frío. Sin separarme de su boca me volteé en la
             arena colocándome encima de ella, cuidando de no apoyar mi peso sobre su
             cuerpo. Profundicé el beso hasta que se separó un momento para tomar aire.

            -Te amo, Edward -susurró jadeando, fijando sus oscuros ojos en los míos.

            -Necesito tenerte otra vez -murmuré roncamente. La deseaba como nunca
            antes había deseado nada, ansiaba sentirla otra vez a mi alrededor, y verla
            estremecerse de placer - Vamos a la casa.

            -Vamos -suspiró contra mi piel.

            La tomé en mis brazos y me encaminé de vuelta al edificio. Bella comenzó a
            besarme y lamerme el cuello y la oreja, provocando que mi nivel de excitación
            ascendiera peligrosamente.

            -Tú no quieres que lleguemos a la casa, ¿verdad?- jadeé entrecortadamente.

            -No puedo evitarlo…- ronroneó sensual- sabes deliciosamente bien- dijo, y me
            acarició la oreja con su ardiente lengua.

            -Bella, si juegas con fuego te quemarás- advertí, pero ella no cedió y continuó su
            tormento.

            Aunque iba rápido el trayecto se me hizo eterno. De no ser por la helada
            temperatura la habría desnudado allí mismo.

            Llegamos a la casa y en cuanto cerré la puerta de entrada le arranqué la ropa
            con incontrolable lujuria. No podía dominarme, estaba poseído por la
            necesidad de disfrutarla con mis cinco sentidos. El placer de mirar su cuerpo
            desnudo, la dicha de acariciarla, el gozo de olerla y saborearla por entero, el
            deleite de escuchar sus sonidos de excitación.

            Por un instante temí haberla asustado con mi violencia pero ella se mordió el
            labio inferior mirándome con deseo y ya fue demasiado para mi. En un
            instante me deshice de mi ropa y la acorralé entre mi cuerpo y la pared,
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               atacando su boca con ansia. Enlacé sus piernas alrededor de mis caderas, y la
               observé un instante.

               -Quiero que te corras gritando mi nombre, Bella.
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               No contestó. Jadeaba y su corazón palpitaba enloquecido. Se abrazó a mi
               cuello y miró fascinada mis ojos que, estaba seguro, lucían negros como el
               carbón. Aproximé mi miembro a su entrada, sintiendo su cálida humedad,
               oliendo su ardiente esencia. Me invadió el aroma de su excitación, tan
               enloquecedor como el de su sangre. No pude refrenarme. Me introduje en ella
               de una sola estocada. Gimió fuertemente, aferrada a mi nuca. Comencé a
               embestir cada vez con mayor fuerza, sujetándola entre mi cuerpo y la pared,
               mientras violentas oleadas de placer procedentes de su abrasador interior
               invadían cada parte de mi cuerpo. Cada acometida provocaba nuevos gritos,
               hasta que ella emitió un fuerte quejido y al fin gritó mi nombre. La contracción
               de su estrecha pared sobre mi miembro me provocó un clímax arrollador, y
               rugí sin ninguna contención. Ella se dejó caer sobre mí, desmadejada como una
               marioneta sin hilos.

               Empecé a preocuparme y la deposité en el sofá. Tenía los párpados cerrados
               pero estaba consciente. Me asusté de veras cuando percibí una lágrima cayendo
               por su mejilla.

               -¿Estás bien, amor?-inquirí, tocándole el rostro y observándola, aterrorizado.

               Esta vez no había controlado mi fuerza lo suficiente, no me lo perdonaría
               jamás. Ya no era sólo un tremendo egoísta. Era un monstruo. De nuevo.

               Por única respuesta ella dibujó una leve sonrisa, y movió apenas la cabeza para
               asentir, lo que calmó mi ansiedad. Su latido y la respiración iban
               normalizándose. Por fin abrió los ojos, fundiéndome con su mirada.

               -Oh, Bella, siento haber sido tan… salvaje. Temía haberte hecho daño- acuné su
               rostro entre mis manos.

               -Edward, no me has hecho daño, tontito. Sólo me has hecho tocar el cielo... y
               me ha costado un poco bajar- sonrió, colocando sus manos sobre la mías.-
               Siento que te hayas asustado.

               Estudié con atención su rostro, cada parte de su cuerpo, y no observé daños
               físicos. Sólo su rostro radiante, sus carnosos labios levemente hinchados. Por
               fin, me convencí de que realmente no la había dañado, de que sólo la había
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             hecho feliz. Nos miramos fijamente en silencio; no hacían falta palabras para
             transmitir lo que sentíamos. Se puso de rodillas en el sofá y se acercó más a mí,
             acarició mi rostro con ambas manos extendiendo los dedos como si quisiera
             memorizarlo. Cerré los párpados, sus dedos tocando mi piel provocaban
Página | 144 sensaciones deliciosas. Al cabo de unos minutos suspiró. La realidad nos
             llamaba.

            -He de marcharme - dijo por fin.

            Sentí una punzada en el pecho al oírla.

            -Mañana tengo guardia, y tú el lunes. No podremos estar juntos hasta el martes.
            Quédate conmigo esta noche, Bella. Te dejaré dormir -acerqué mi rostro al
            suyo y repartí por él pequeños besos, escuchando su corazón latir con fuerza.

            -No puedo… -repuso quejumbrosa- hace días quedé con Angela en que iríamos
            a cenar por ahí. Últimamente apenas nos vemos - mientras la besaba ella
            acariciaba mis cabellos, enredándolos entre sus dedos. Inspiró profundamente -
            Cómo me gustaría quedarme contigo esta noche, pero… Un momento ¿Por
            qué no te quedas tú en mi casa? Te mando un mensaje cuando volvamos a casa
            después de la cena. Si quieres, claro. Se lo explicaré a Angela, si te ve llegar a
            casa y meterte en mi habitación sin explicación previa le dará un pasmo - rió.-
            Ah, y prométeme que dormiremos.

            -Prometido- contesté alegremente- Y tú promete que no cambiarás de idea en
            lo de dormir. No quisiera tener que decirte que no, lo necesitas –rematé en
            tono petulante.

            -¡Ja! Tú ocúpate de controlarte, que con lo cansada que estoy no voy a tener
            problemas, vamos, ni que se me pusiera el mismísimo Robert Pattinson en la
            cama iba yo a responder.

            -¿Quién?- inquirí mosqueado.

            -Tú no ves mucho cine, ¿verdad? Es un actor, pero estoy bromeando, no tienes
            nada que envidiarle -miró alrededor como buscando algo y entonces abrió los
            ojos como platos – Joder, Edward… ahora sí tengo un grave problema de
            vestuario.

            -No, no lo tienes. Ya te dije que Rosalie y tú tenéis la misma talla. Cogeremos
            alguna pieza de su ropa.
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               -No sé… puede que no le guste. No quiero problemas con una "cuñada" que ni
               siquiera me conoce.

               -No te preocupes, ya la restituiré. Seguro que a ella no le importa. Bella, de
               nuevo te pido perdón por mi falta de contención- ella reprimió una sonrisa.
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               -Me gusta que seas apasionado, pero si seguimos así necesitaré una visita
               urgente a las rebajas. Angela estará feliz, hace tiempo que quiere llevarme.

               Como pensaba, a Bella le quedaba perfecta la ropa de Rose. La llevé a su casa
               antes de que su amiga volviera del trabajo, y me adelanté a abrirle la puerta del
               coche.

               -Espero que con estos anticuados modales no hiera tu orgullo de mujer
               moderna.

               -No. Me encantan tus anticuados modales- bajó del coche, y en aquel momento
               se le doblaron las rodillas. Habría caído al suelo si no la hubiese sujetado.

               -¡Eh! ¿Estás bien? -la aferré contra mí.

               -Ups… tengo flojera en las piernas- rió.

               -Pues no sé por qué -comenté, acercándome más a su cara, respirando sobre
               ella, mis ojos penetrando en la oscuridad de sus iris.

               La música de su corazón volvía a sonar fuerte para mí. Era adicto a ese sonido.
               No, era adicto a ella. Tragó en seco y me apartó suavemente pero con energía.

               -Eh, Cullen, esta noche nada de trampas como esta.

               -¿Trampas? ¿Qué trampas? -repuse arqueando las cejas con toda la inocencia
               que pude aparentar.

               -Lo sabes de sobras. Voto de castidad. Si es que eres capaz - me picó.

               Sin darme tiempo a contestarle me besó los labios y se metió corriendo en su
               casa. Me quedé allá mirando la puerta por la que había desaparecido y desde
               fuera la escuché reír.
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                                                Capítulo 16



               BPOV

               -Te juro que estoy agotada, esto de doblar turnos me puede. Y no están siendo
               turnos tranquilos, precisamente. Parece que tengamos el gafe encima. Oye, y la
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             próxima vez tenemos que salir del pueblo. Estoy un poco cansada de ver las
             mismas caras. ¿Ves aquél que me mira mal, en la otra mesa? - señaló
             discretamente con la cabeza y asentí- Estaba harta de verlo en Urgencias por
             crisis de asma y, no te lo pierdas, la última vez que le atendimos salí un
Página | 147 momento a preguntarle algo, al ver que no estaba en la sala de espera salí del
             edificio y ¡lo pillé fumando!. ¿Te lo puedes creer? ¡Acabábamos de ponerle
             tres nebulizaciones de oxígeno y ventolín! Se lo expliqué al residente que lo
             atendía y la que se armó, se ve que por culpa de todo esto le subirá la póliza del
             seguro médico. Por eso me mira mal. Creo que algún día me iré a trabajar a la
             gran ciudad.

            Sorprendentemente Angela apenas respiró entre frase y frase. Estábamos
            sentadas en una pizzería del pueblo ante un plato de deliciosa pasta fresca y una
            botella de Lambrusco compartida. Angela no paraba de hablar acelerada,
            realmente se la notaba estresada. Le apreté la mano para frenarla.

            -Ok, Ang. Ahora pasa de él. Pasa de todo. Hablemos de otras cosas que no
            sean trabajo. Necesitas desconectar, tanto como alimentarte. Come. Dale un
            trago al vino.- Ella suspiró.

            -Vale, hablemos de otras cosas. O mejor me cuentas cuántos - arqueé ambas
            cejas.

            -¿Cuántos qué?

            -Cuantos polvos has echado hoy –dijo en tono confidencial, inclinándose sobre
            la mesa mirando a ambos lados para asegurarse de que nadie de las mesas
            vecinas nos escuchaba.

            -¡Ángela! –exclamé avergonzada.

            -Bella, tienes los labios hinchados, un brillo en la mirada y una expresión
            radiante que pocas cosas pueden provocar, aparte del buen sexo- sonrió
            traviesa.

            -Un par… – repuse bebiendo un trago de vino, por lo menos su frescura
            aliviaría el acaloramiento que sentía.

            Quizá lo mejor hubiera sido seguir con las anécdotas del trabajo. Ella abrió los
            ojos como platos y negó con la cabeza.
Cambio De Destino
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             -¿Sólo un par? Pues habrán sido de sobresaliente porque con la cara que
             pones... Eres jodidamente afortunada, y te envidio lo indecible. Hasta ahora
             había tenido la esperanza de que Cullen fuera gay. Llegaste tú y fue evidente
             que no lo era. Después confié en que al menos fuera un desastre en la cama…
Página | 148 si, no me mires así, ¡no se puede tener todo! Pero no, es un dios del sexo, sólo
             hay que verte. ¡Qué injusto! - afirmó con teatral indignación elevando los ojos al
             cielo.

            Negué sonriente mientras bebía otro sorbo de vino y de paso ocultaba un poco
            mi expresión. Temía que Ang pudiera leer en mis ojos "Edward Cullen es un
            vampiro". Si ella supiera el secreto de Edward no me consideraría tan
            afortunada. Yo estaba enamorada de él pero no estaba cegada por el amor.
            Una relación así no iba a ser fácil.

            -Pues, a propósito de eso, te quería decir que luego viene a casa. Vamos a
            dormir juntos – comenté como de pasada.

            Mi amiga se atragantó con la pasta que se llevaba a la boca. Estuve tentada de ir
            a asistirla en su atragantamiento con una maniobra de Heimlich, pero no hizo
            falta.

            -¡Vaya! Dormir… ¿dormir? Ya. Lo vuestro va en serio, ¿eh? Después de la
            tardecita que os habéis dado, ¿no tenéis suficiente? Espero que no hagáis
            mucho ruido, mañana madrugo, ya sabes - escondió un bostezo. El maquillaje
            apenas disimulaba sus ojeras.

            -No haremos ruido. Estoy… estamos cansados, y él tiene guardia mañana.
            Vamos a dormir.

            -Tú verás como desperdicias tu tiempo, Bella Swan. Si Jake estuviera conmigo
            lo último que haría sería dormir. Tengo tantas ganas de verlo, de tocarlo, de
            estar con él… esos pocos días que vamos a pasar juntos se me pasarán en un
            suspiro. La última vez que nos vimos no llevábamos condón y no nos pudimos
            dejar llevar, pero esta vez me voy a llevar dos cajas tamaño extra. ¿Tú tomas
            precauciones con Edward, verdad? - desvié la mirada hacia la comida y pinché
            un ravioli.

            -Claro… mamá- le saqué la lengua. Por lo menos en ese aspecto el sexo con
            Edward era sexo seguro.
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             -Lo siento, chica, es deformación profesional. En serio, lo que te envidio es lo
             cerca que estás de él. Yo hice el gilipollas con Jake. Eso que él estuvo
             rondándome todo un año y no le hice caso. Y mírame ahora, doblando turnos
             para poder estar con él. Me lo merezco, por no apreciar lo que tengo hasta que
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             lo pierdo de vista.

            -Lo importante es que te hayas dado cuenta, aunque sea un poco tarde.

            En aquel momento oímos unas voces conocidas.

            -¡Hola, Bella, Angela!-saludó Monica, junto con Paul, Anne, Ben y Jared- Bella,
            veo que ya estás recuperada de la gripe, me alegro. ¿Es una cita íntima o nos
            podemos añadir?

            -Por supuesto que sí, no le tiraría los tejos a Bella, creo que no tengo ninguna
            posibilidad con ella en estos momentos -bromeó Ang.

            -Con el pedazo de maromo que se gasta no tienes nada que hacer, chica, parece
            mentira -rió Anne mientras el camarero acercaba sillas y una mesa para ellos.

            -Disculpad ¿hay alguien que no lo sepa de aquí al Mississipi? Porque si es así
            puedo poner un anuncio en la revista Life, o en el New York Times -bufé,
            enfurruñada.

            -No te enfades, Bella, esto es un pueblo, el hospital es pequeño y es todo un
            notición, no sabes cuántas le han tirado los trastos al soltero de oro, y llegas tú y
            en unas pocas semanas… - dijo Paul chasqueando los dedos.

            -Sí, Lauren y Jessica están que trinan, ya debes saberlo. Fueron las más lanzadas
            persiguiendo a Edward, y cuando las rechazó, y no fue sólo una vez, empezaron
            a despreciarle. Desde entonces son más amigas y por si fuera poco tienen su
            pequeño grupito de colegas envidiosas... Tendrás que cuidarte de sus lenguas
            venenosas, como ya viste el otro día -dijo Jared.

            -Gracias por el consejo, chicos - sonreí. Como si me fuera a importar mucho
            que me envidiaran, y menos ésas.

            Los recién llegados hicieron su pedido y estuvimos charlando un buen rato.
            Pude observar con alegría que Paul y Anne parecían tontear, aunque aún se
            cortaban un poco. A Anne debía importarle mucho Paul porque normalmente
            era más lanzada con los chicos, y con él era incluso tímida. Acabando de cenar
            se marcharon a un pub local. Angela no se apuntó al plan alegando que volvía a
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           doblar turno el domingo, y yo dije que necesitaba descansar. Cuando ella
           escondió una sonrisa ante mis palabras la miré a modo de advertencia.

             Apenas me puse el pijama le mandé un mensaje a Edward. Estaba terminando
             de lavarme los dientes cuando sonó el timbre. En cuanto le abrí la puerta me
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             levantó del suelo y me besó con suavidad los labios.

           -Estabas aquí cerca, ¿verdad?-susurré en su boca, y tuve que sofocar un suspiro.
           Los ojos parecían brillarle más, quizá por haberse alimentado hacía poco.
           Vestía tan sólo una sencilla sudadera, vaqueros oscuros y deportivas. Miré sus
           labios sonrientes y recordé el placer que esa perfecta boca podía regalar, deseé
           morderlos… tuve que hacer un esfuerzo para controlarme.

           Había dicho dormir. Mierda.

           -He salido a cazar un poco por el bosque de al lado de tu casa, no pensaba
           hacerlo pero… haces que me entre hambre -murmuró él en mi oído,
           depositándome en el suelo. Luego miró por encima de mi hombro -Hola,
           Angela. ¿Os lo habéis pasado bien?

           -Sí, claro. Gracias por cedérmela unas horas -sonrió.

           -Es lo justo.

           -Eh, vosotros dos, ya vale de hablar de mí como si fuera una cosa – bufé y estiré
           de él hacia las escaleras.

           -Buenas noches, Angela. Que descanses- dijo Edward cortésmente.

           -Lo haré si no hacéis mucho ruido, chicos -gritó mi amiga mientras subíamos
           las escaleras.

           Edward rió y negó con la cabeza, pero yo habría estrangulado a Angela.

           Cumplió su palabra, vaya que si lo hizo. No me rebajé a suplicarle pero intenté
           tentarle de distintas formas y se limitó a decirme que "si no me comportaba" él
           se acostaría por fuera del edredón. Realmente su autocontrol era increíble. Y
           odioso. Al final me rendí y pasamos la noche abrazados. La Bella cansada lo
           agradeció. La Bella lujuriosa no tanto, pero al final también se durmió, después
           de refunfuñar bastante. Por la mañana me despedí de él y de Angela y volví a la
           cama, pero sentía el lecho demasiado grande. Vacío. Suspiré. Ya tenía
           síndrome de abstinencia.
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             Decidí levantarme, hoy aprovecharía el tiempo para estudiar temas que tenía
             pendientes de la consulta externa. Me duché, me puse un viejo jersey y unos
             pantalones de chándal, recogiéndome el pelo en una coleta y, tras desayunar,
             me senté ante el ordenador. Seguí con mi revisión de los problemas renales
Página | 151 que podían provocar que hubiera sangre en la orina. Estaba concentrada y no
             sabía cuánto tiempo habría pasado cuando escuché el timbre de la puerta. No
             esperaba visitas. Me asomé a la mirilla y mi corazón se paró por un momento.
             Hice un par de respiraciones profundas y abrí la puerta. No había alternativa.

            -Buenos días -dijo la desconocida con una voz melodiosa -Disculpa que te
            moleste sin haberte avisado antes. Soy Alice, Alice Cullen - dijo, y extendió una
            menuda mano. Dudé un instante y la estreché. Su piel estaba fría. Lo había
            imaginado en cuanto la vi. Tez pálida, ojos color miel aunque de un tono
            distinto al de Edward, y una belleza aplastante. De estatura era bastante menor
            que yo, pero sus proporciones bajo el abrigo se adivinaban perfectas. Me sentí
            una cenicienta al lado de esta hermosa joven (eso era lo que parecía), que para
            colmo iba vestida con un estilo juvenil pero exquisito.

            -Pasa, Alice. Yo soy Bella, aunque imagino que eso ya lo sabes- me miraba
            como si quisiera traspasarme y, tras darme las gracias, se adentró en mi casa.

            La observé y sentí una punzada de envidia. Su oscuro cabello estaba cortado en
            forma de melena corta despuntada que la favorecía mucho, tanto como la ropa
            que llevaba. Aunque a decir verdad si hubiera sido calva y vistiera andrajos no
            habría tenido dificultad en ganar un concurso de belleza, sin hablar de la
            elegancia de bailarina con la que se movía. Me sentí como un hipopótamo
            vestido con andrajos dando clases de ballet mientras andaba a su lado.

            -Y bien, tú dirás- dije, una vez sentadas en el sofá.

            Alice no contestó, me miraba fijamente con una expresión inescrutable.
            Probablemente se estaría preguntando qué había visto su hermano adoptivo en
            mí. Yo también empezaba a replanteármelo, observándola. De momento él y
            yo no habíamos hablado de ex parejas, pero sí sabía que Edward jamás había
            estado con una humana. Una luz se había encendido en mi mente: si antes
            había estado con vampiras, y la belleza era un atributo de esa especie, cosa que
            empezaba a sospechar al ver a Alice… una punzada de celos me atravesó el
            corazón. Incómoda, rompí el silencio.

            -Si no me vas a decir nada podría seguir con mi trabajo, y mientras tanto tú me
            observas. ¿Te parece? Mi tiempo libre es muy escaso -dije fríamente, más
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           dolida por lo que acababa de pensar que por la actitud de Alice. Me levanté y
           ella me detuvo al tomarme de la mano con un movimiento veloz.

             -No… disculpa mis modales, Bella -suspiró-. He venido a conocerte. Edward
             habla mucho de ti. Las veces que hablamos por teléfono apenas habla sobre
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             otro tema, de hecho - comentó, rodando los ojos - Así que podríamos decir que
             te conozco un poco. ¿Qué sabes tú de mí?

           -Que Edward te quiere y te echa de menos. Y que eres una vampira que no
           bebe humanos.

           -Eres directa, eso me gusta. Yo también lo seré. ¿Te contó Edward de su don, y
           de que contigo no… no funciona? –asentí - Pues no es el único.

           -¿Cómo?

           -Que yo también tengo un don- dijo Alice pacientemente- y lo bloqueas. ¿Lo
           haces sin querer? -bufé sin quererlo remediar y negué con la cabeza.

           -Partiendo de la base que hace sólo unos días que sé que los vampiros existen y
           que uno de ellos puede leer las mentes, no, aún no me ha dado tiempo a
           controlar mi super-poder- gruñí. Para mi sorpresa Alice rió musicalmente.

           -Ahora empiezo a intuir lo que ha visto Edward en ti… tienes carácter, entre
           otras cosas. Bella, Edward lee las mentes, y yo tengo visiones del futuro. Pero
           contigo no me pasa, ni siquiera ahora que te tengo delante. Y lo peor de todo
           es que cuando estás con mi hermano él desaparece de las visiones, y eso me
           hace sentir muy inquieta. Comprenderás que no estoy acostumbrada a las
           incertidumbres y Edward me preocupa.

           Yo todavía estaba digiriendo lo que me acababa de decir. No es que no la
           creyera, pero jamás había pensado que el futuro estuviera escrito.
           Comprendiendo mi estupefacción ella siguió hablando.

           -Te lo explicaré. En la vida hay varios posibles caminos que recorrer… La
           voluntad es la que decide, al final. Pero yo veo lo que sucederá mientras la
           voluntad no cambia. Hace varios días me inquieté mucho cuando Edward me
           explicó por teléfono que se sentía muy atraído por una humana, porque yo no
           lo había visto venir. Y algo tan importante tendría que haberlo previsto. Pero
           ayer mi hermano "desapareció" por completo de mis visiones y no lo he vuelto
           a ver hasta hoy. Le he estado llamando al móvil pero él lo tenía desconectado.
           Por eso tomé el coche y me vine hasta aquí desde Nueva York. Hace un par de
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               horas he podido contactar con él, y por fin ha vuelto a aparecer en mis visiones.
               Me ha explicado que... que habéis pasado todo el día de ayer juntos y no quería
               interferencias externas, por eso había apagado el móvil. Y que hoy tenía guardia
               -intenté digerir todo lo que me estaba diciendo.
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               -Entonces has venido desde Nueva York… eso son… serían ¡dos días en coche!
               ¡Te has cruzado el país de este a oeste en menos de un día? ¿Cómo lo has
               hecho?- Alice sonrió con suficiencia.

               -Bueno, digamos que me gusta la velocidad, y que mi coche es rápido.

               -Y que no tienes miedo a morir. Joder…

               -Te das cuenta, te digo que veo el futuro y te quedas casi como si tal cosa, te
               digo que conduzco rápido y se te salen los ojos de las órbitas- tenía razón y
               ambas reímos ante lo absurdo. - Realmente eres extraña, pero me caes bien.
               Siento la mala impresión que te habré dado al principio, quiero a Edward con
               todo mi ser y el no tenerle en mis visiones me asustó muchísimo. Cuéntame
               cosas de ti, por favor. Quiero saber más de la mujer que por fin ha hecho
               perder los papeles a mi hermanito.

               Y así estuvimos hablando sobre mí durante más de una hora. Yo quería saber
               cosas sobre ella. Sólo me explicó que tenía una tienda de ropa que diseñaba
               ella misma en Manhatan, y que era de producción "sostenible y ecológica". Me
               dijo que otro día sería mi turno de preguntas, si es que yo quería volver a verla.

               -Claro, Alice. Cuando vuelvas a Forks me encantaría volver a verte.

               -Bella… hay algo más que te quería preguntar, y aunque sé que Edward se
               enfadará mucho, muchísimo, tengo que hacerlo.

               -Dispara- repuse, inquieta.

               -Es sobre vuestra relación ¿lo has pensado bien? Todo lo que no puedes hacer
               con él… no puedes ir de vacaciones a una playa soleada, ni compartir una
               buena comida, ni presentarlo a tus padres como su futuro yerno, no puedes
               tener hijos, tú envejecerás y él no…-la hice callar con un gesto de la mano.

               El hecho de que yo misma hubiera pensado ya en algunas de esas cosas no
               quitaba que doliera al oírlo. Y no tenía ganas de hablar de eso con Alice Cullen,
               cuando no había sido capaz de hablar del tema con su hermano. Ni siquiera
               hablarlo conmigo misma. Era demasiado pronto. Había tardado semanas en
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               reconocer que estaba enamorada de Edward. Ya pensaría más adelante en lo
               que ello comportaba. Ya tomaría decisiones. Pero no ahora.

               -Alice, estoy enamorada. Tú me hablas con la razón. Te comprendo y yo
               misma pienso como tú, pero no puedo evitar sentir lo que siento.
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               -No quiero que él sufra, Bella. Y cuanto más tiempo estéis juntos más dolerá al
               dejarlo. Debes plantearte si quieres convertirte en vampira, y si no olvidarte de
               Edward.

               -¿Qué? No me planteo nada de eso. No estoy segura de nada, Alice. Sólo de
               que le amo. ¿Has venido aquí para convencerme de que lo deje? Creía que era
               para conocernos -repuse algo dolida. Ella suspiró.

               -Si te convenciera con mis razonamientos vaya amor iba a ser el tuyo… hubiera
               deseado que fuera así, pero al mismo tiempo me alegro de que no lo sea. Qué
               poco razonable, ¿cierto?- repuso, curvando sus labios en una preciosa sonrisa.

               -El mundo no lo gobierna la razón, Alice, lo sabes. Escucha... Yo te quería
               preguntar también una cosa- ella asintió.- Los demás de la familia piensan como
               tú, supongo. Respecto a nuestra relación.

               -Eso no es una pregunta- me observó atentamente.- Pero no te voy a responder,
               creo que le corresponde a Edward explicártelo.

               -Con eso ya me has respondido, supongo -Alice me miraba con ternura, pero
               obvió mi comentario.

               -Bella, ahora tengo que marcharme, pasaré por el hospital a saludarle. No le
               digas nada de lo que hemos hablado, por si acaso puedo despistarle y no lo lee
               en mi mente. ¡Qué suerte tienes de que no pueda leer la tuya!-exclamó.

               La acompañé a su coche. Mi boca se abrió hasta el suelo: era un llamativo
               Porsche amarillo.

               -Un regalo de Edward –me guiñó un ojo y me puso la mano bajo la barbilla
               para cerrarme la boca.- Sí, esa es la reacción normal.- Ambas reímos. Joder con
               Edward.

               Nos despedimos con un beso en la mejilla. Ahora tenía bastante claro que mi
               relación no ilusionaba a la familia de Edward, pero por lo menos tenía una
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               aliada. Quizá una amiga. En el breve tiempo que habíamos pasado juntas estaba
               convencida de ello.

               -Oye- me dijo tras abrir la ventanilla del coche - la próxima vez que venga
               podemos ir de compras, es algo que me encanta hacer. ¿Te apetecería?
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               - Preferiría donarte medio litro de mi sangre, Alice Cullen. Creo que ahora sí
               me das mucho miedo.- Ella se carcajeó y puso rumbo hacia la carretera.

               La visita de Alice me había alterado un poco y no podía concentrarme en el
               estudio, así que después de comer me dediqué a limpiar. Ang y yo teníamos
               repartidas las tareas pero últimamente a causa de mi gripe y sus dobles turnos la
               casa estaba bastante abandonada. Limpiaba el baño cuando sonó el timbre.
               Estaba claro que hoy era el día de las visitas ¿Quién sería un domingo a las
               cuatro de la tarde?

               -¡Hola! Angela está trabajando… pensaba que lo sabías- miré a mi visitante, que
               estaba plantado ante la puerta con cara seria. Su expresión no cambió y eso me
               inquietó- ¿Ha pasado algo?

               -¿Puedo pasar? -preguntó Jacob con amabilidad aunque sin modificar su
               expresión.

               -Adelante…-mi cara debía reflejar mi confusión.

               Tomamos asiento en la mesa de la cocina ante un par de cervezas frías. No
               necesitaba más café.

               -Verás, Bella, es contigo con quien quiero hablar, y he venido ahora porque sé
               que Angela está trabajando.

               -Me estás asustando ¿Qué quieres decirme que no pueda oír ella? No tenemos
               secretos.

               -Me parece que en eso te equivocas, Bella. Todos tenemos secretos, incluso
               para nuestros seres más queridos- espetó.

               Una alarma saltó en mi interior. El único secreto que tenía para mi mejor amiga
               era la… peculiaridad, por decirlo así, de Edward y su familia.

               ¿Pero cómo…?
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               -Eso que estás pensando es a lo que me refiero- cortó mi hilo de pensamiento.

               -Pues tendrás que decirme qué es lo que estoy pensando porque soy yo la que
               no sabe a qué te refieres.
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               -Mientes fatal, eso ya me lo ha explicado Angela. Ella me habla mucho de ti,
               ¿sabes? Te quiere casi como a una hermana, aunque apenas hace tres meses
               que os conocéis. Y me ha contado que estás saliendo con un Cullen.

               -Edward.

               -Cualquiera, para el caso es lo mismo. Escúchame. A estas alturas ya te habrás
               dado cuenta de ciertas cosas… ¿Cómo puedes estar enamorada de él? No lo
               comprendo - me miró con expresión asqueada, haciéndome sentir muy
               violenta. ¿Dónde estaba el Jake agradable, el que yo conocía?

               -No sé de qué cosas me hablas y si has venido a insultarnos será mejor que te
               largues –me levanté y fui a abrirle la puerta pero Jacob me alcanzó antes de
               llegar a tocarla, me tomó firmemente de ambos hombros y me inmovilizó
               frente a él. Sentí temor.

               -Oye… no me importa la forma en que decidas jugarte la vida, por mí como si
               haces puenting sin cuerda, pero escúchame bien: de ninguna forma voy a
               tolerar a ese… a "eso", metido en la misma casa que la mujer que quiero. No lo
               quiero cerca de ella. Lo aguanté bastante en el hospital mientras estuve
               haciendo la especialidad, pero esto es diferente – bufó.

               -¡Jacob, estás loco! Estás insultándonos, a mí y al hombre que quiero–su cara de
               asco se acentuó al escuchar mi declaración- ¿Crees que yo jugaría con la vida de
               nadie? No tengo ni idea de lo que estás hablando, ni creo que tú la tengas o no
               estarías desvariando de esa forma. Si hay alguien peligroso aquí puede que seas
               tú. ¿Sabe Angela lo que has venido a hacer? No, claro, no te atreverías a
               hablarme así en su presencia- me removí, soltándome de su agarre.

               -No es por eso que he venido ahora, es porque ella no puede oír nada de lo
               que te digo, es un secreto.

               -Ah, tú también le escondes secretos, y luego me acusas a mí.

               -No por el mismo motivo que tú, yo estoy obligado a guardar este secreto, pero
               tú puedes decidir seguir con "eso" o dejarle- su voz sonaba amenazadora.
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             -Ahora escúchame tú: sigo sin entender nada de lo que me dices, no quiero
             oírte más hablar de Edward como "eso", y no voy a dejarle porque un tío con
             trastorno de personalidad venga a pedirme que lo haga. - Rápidamente abrí la
             puerta y salí de la casa. Me estaba asustando. – Te vas a marchar ya o voy a
Página | 157 empezar a gritar para que los vecinos llamen a la policía. Quedaría muy bien un
             "detenido por intento de agresión" en tu currículum para el próximo trabajo.

            Realmente no esperaba que llegara a tanto, pero tenía que conseguir que se
            fuera. Salió de la casa en dos zancadas y se detuvo ante mí, con expresión de ira
            contenida, los puños apretados. Yo ya no recordaba al Jacob que conocí en la
            reserva.

            -No puedo llamar otra cosa que "eso" a algo que no es humano- siseó.

            Definitivamente, lo sabía.

            Entré en casa, cerré la puerta en sus narices y me apoyé contra ella, intentando
            sosegar mi respiración. Me dejé resbalar hasta el suelo y permanecí allá
            apoyada, hasta que me calmé. Estuve dándole vueltas a la conversación. Jacob
            se había comportado de un modo horrible, justificado a medias porque estaba
            preocupado por Angela, pero ni aún así. Me puse a llorar como una niña…
            Hoy el mundo parecía haberse puesto de acuerdo para pedirme que me alejara
            de Edward. No me esperaba una situación tan desagradable después del
            maravilloso día de ayer. En aquel momento sonó el teléfono.
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                                                 Capítulo 17



               De nuevo había dormido mal. Demasiadas emociones el día anterior: la visita
               de Alice, la desagradable conducta del novio de mi amiga, y por si fuera poco la
               llamada de mis padres.

               -Hija, ¿cómo estás? No nos llamas mucho últimamente.

               -Papá, tienes razón… lo siento, ando liada.

               -Tu madre se disgusta, hija, Ya ha pasado una semana desde la última vez que
               hablamos.

               -Sí… es que me pasa el tiempo volando. ¿Cómo estáis?

               -Nosotros bien. Dime ¿cuándo irás al hospital de Seattle?

               -No lo sé, aún he de hablar con ellos.

               -Bella, hija, no dejes perder esta oportunidad. Te hicieron viajar miles de
               kilómetros para trabajar en un hospital de pueblo en vez de en uno con las
               últimas tecnologías, y han de solucionar eso cuanto antes. Debes aprovechar los
               meses que te quedan. En cuanto vuelvas aquí con el título de especialista
               podemos organizar entrevistas e intentar que consigas un puesto de adjunta en
               algún hospital de la ciudad. Si a tu currículo le sumamos un año de trabajo en
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            un hospital infantil de USA no tendrás ningún problema para conseguirlo,
            estoy seguro.

             ¿Y cómo le explicaba yo a mis padres que me había enamorado de un chico...
             bueno, algo así como un chico, de aquí, que estaba contenta con mi trabajo en
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             el hospital de pueblo, con mis amigos, y que ahora no me apetecía mucho
             cambiar a un hospital "con las últimas tecnologías"? Empecé a pensar que quizá
             ese jamás había sido mi deseo. Yo no era una persona ambiciosa, en este
             asunto sólo había seguido el consejo de mi padre. Tampoco se me había
             ocurrido que ninguna opción fuera mejor, que ninguna otra cosa fuera a hacer
             que me sintiera... completa. Los consejos de mis padres, de mi padre sobre
             todo, eran bienintencionados, pero estaba viendo que ya no me servía.

            -Vale, papá… pásame a mamá.

            -Hola, hija, ¿estás bien?

            -Muy bien, mamá.

            -¿Quién es él?

            -¿Q...q… qué?

            -Bella, llevas una semana sin llamar, en ti eso sólo significa que estás tan bien
            que el tiempo te ha pasado volando, y sólo con oírte la voz noto que eres muy
            feliz... ah, y llámame tópica, pero en este momento de tu vida no se me ocurre
            otra razón que un chico.

            -Se llama Edward. Es residente de cirugía del hospital. Tiene mi edad...

            -¡Lo sabía! ¿Lo ves, Charlie? ¡Lo sabía! ¡Nuestra niña está enamorada!

            -Esta mañana tenemos sesión medico-quirúrgica, no sé si lo sabías, Bella- dijo
            mi jefa despertándome de mi ensueño. Los gritos de alegría de mi madre
            resonaban aún en mis oídos.

            -¿Cómo? ¿Qué?

            -Bueno, hacemos una cada año, nos reunimos con los cirujanos y hacemos un
            repaso de los niños con problemas quirúrgicos que se han trasladado a otro
            centro, los que han estado ingresados más días de los que se supone, etc… esto
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               se hace para mejorar la calidad de la asistencia. Como no estabas la semana
               pasada nadie te lo dijo.

               -No, no sabía nada-me disculpé.
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               -No deben hablar mucho de trabajo- el tono de voz fue bajo pero aún así se oyó
               el comentario de Jessica en la gran mesa del despacho de pediatría.

               Emily le dirigió una mirada severa y Jess puso cara contrita. Pronunció un "Lo
               siento" que ni por un momento creí. La ignoré.

               -Es a las doce, en la sala general de reuniones, ya te hemos arreglado la agenda
               de la consulta externa para que acabes a esa hora.

               -Gracias - sesión conjunta con los cirujanos… eso significaba ver a Edward.
               Empecé a animarme.

                                                  ~~ooOoo~~

               -Buenos días, Daniel y mamá.- El pequeño rodeó la mesa de la consulta para
               darme un cálido abrazo, al cual correspondí gustosa.

               -¿Tas bien?- me preguntó. Miré a la madre, sorprendida.

               -Vinimos la semana pasada, preguntó por usted y le dijeron que estaba
               enferma. Nos atendió la doctora Stanley, pero él no paraba de preguntar por
               usted, e insistió en que tenía que visitarlo "la dotora Bella", que era "su dotora"–
               explicó con una sonrisa.

               -Vaya… pues estoy bien, sí. Sólo fue una gripe ¿Y tú, bichillo, estás bien?-el
               pequeño asintió y miré a su madre.

               -He estado mirando el pipí cada día y no ha vuelto a aparecer sangre –dijo ésta.

               -Bien, pues podemos alargar el intervalo entre seguimientos. Haremos
               controles mensuales de función renal, y si todo va bien te daré el alta pronto.-
               Daniel me miró, confuso, y luego giró la cabeza a ambos lados. -¿Qué buscas?

               -El alta que me vas a dar. ¿Dónde tá? ¿Es un regalo?-dijo ilusionado.

               -Quiero decir que ya no tendrás que venir más- reí.
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            -¿Podé verte, dotora Bella?- dijo con ingenuidad infantil.

             -Podrás verme, Daniel, no te preocupes por eso- sonreí, entonces el pequeño
             estiró el brazo y me entregó un papel que tenía en la mano. Era un dibujo que
             parecía representar dos figuras humanas, una de pie vestida de blanco y la otra
Página | 161
             más pequeña en una especie de cama. Ambas se daban la mano.

            -Soy yo, eta tú – señaló la figura mayor.- Para ti.- Añadió, orgulloso.

            -¡Oh! ¡Qué bonito regalo! Gracias, Daniel- Sonreí de oreja a oreja. En aquel
            momento sonó el teléfono.

            -Bella, ya estamos casi todos arriba y vamos a empezar. ¿Tardarás mucho?-dijo
            la voz de Emily.

            ¡La reunión! Casi se me había olvidado. El corazón me palpitó más fuerte.
            Había realizado duros esfuerzos para no pensar en Edward durante la mañana
            y lo había conseguido… a ratos, como ahora. Me despedí de Daniel y su madre,
            que eran la última visita, con las instrucciones para el siguiente análisis. Salí
            corriendo hacia la sala de reuniones del hospital, llevándome unos folios para
            tomar notas si era necesario.

            La sala de reuniones no era grande, pero suficiente para acoger a los equipos
            de pediatría y de cirugía, 22 personas en total. Para las reuniones con mayor
            asistencia se usaba el salón de actos. Entré apresurada y un poco avergonzada,
            odiaba llamar la atención. Había una ligera penumbra y por la pantalla estaban
            pasando diapositivas con datos estadísticos. Había una persona de pie al lado
            de la pantalla. Edward. Calló y curvó suavemente una comisura labial,
            observándome con una mirada que desprendía complicidad. Casi me fallaban
            las piernas sólo de verle. Le sonreí tímidamente y enrojecí, pues todos los
            presentes se habían girado en sus sillas para mirarme. Me senté en el primer
            asiento vacío que encontré, en una discreta última fila. Algunas caras se giraron
            para mirarme unos instantes. Inspiré y espiré con lentitud. Tendría que
            aprender a vivir con ello hasta que la gente se acostumbrara a nuestra relación.

            Edward iba explicando una serie de datos, básicamente sobre traslados a otros
            centros hospitalarios… No me estaba enterando de nada. Vestía su camisa azul
            de cirujano sobre los vaqueros, y movía elegantemente su felino cuerpo
            mientras explicaba los datos que aparecían en pantalla. Su voz penetraba en mí
            estimulando cada una de mis terminaciones nerviosas, haciéndolas ansiar su
            contacto. Recordaba sin poderlo ni quererlo evitar las sensaciones de mi
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               cuerpo unido al suyo. Tenía la sensación de que él no paraba de mirarme,
               aunque sus ojos apenas se detenían en mí. Cuando terminó su (seguramente)
               brillante exposición fue el turno de ruegos y preguntas. Joseph y Emily iban
               tomando notas y exponiendo temas en común. Los demás preguntaban dudas.
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               La siguiente en salir fue Jessica, se dispuso a comparar los datos de los niños
               ingresados por procesos quirúrgicos que habían sido consultados a pediatría, y
               otros temas que me perdí porque cuando ella se levantó Edward cruzó la sala
               en pocas zancadas para sentarse a mi lado, con un cuaderno para tomar notas
               en la mano. Inmediatamente sentí como un aleteo de mariposas en mi
               estómago y mi respiración se aceleró. Acercó sus labios a mi oreja y pude sentir
               su aroma.

               -Me has disgustado, Swan-chasqueó la lengua.-Con el esfuerzo que he
               empleado en prepararme esta charla y no has prestado atención. No sé en qué
               estabas pensando, pero me encantaría saberlo... no sabes cuánto -susurró. Su
               aliento provocó que mi vello se erizara y se escapó un suspiro de mis labios.

               -¿Cómo sabes que no escuchaba?-contesté sin atreverme a mirarle.

               -Espero que lo que pensaras fuera más fructífero que esta charla -comentó,
               burlón- Has estado totalmente abstraída- escribió en su cuaderno.- Y he visto
               cómo te has sonrojado varias veces.

               -No sabía que eras capaz de ver en la penumbra, pero para evitar sorpresas
               estaría bien que me explicaras todo lo que puedes hacer- susurré acercando mis
               labios a su piel lo más cerca que pude sin perder el decoro.

               Percibí la tensión en su cuerpo. Edward escribió en su cuaderno y me lo
               mostró.

               -Me gustaría explicarte todo lo que te podría hacer ahora si no estuviera toda
               esta gente delante. Pero puede ser peligroso. Podría fallar mi autocontrol.

               Mi corazón golpeó furiosamente mi pecho y me removí en la silla, incómoda.
               Me estaba excitando, y no era el momento más oportuno. Sería mejor dejar de
               provocarle o iba a pasarme toda la guardia con "sobrecalentamiento".

               -Si juegas con fuego te puedes quemar, ¿recuerdas?- escribí en mi papel.

               -Si ardo contigo no me importa -contestó él de la misma forma.
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               -No me estoy enterando de nada de la reunión. Espero que Emily no me haga
               preguntas -susurré.

               -Mañana te la explico completa si quieres- murmuró.
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               -Que sea resumida, y tendremos tiempo para otras cosas –repuse, y lo miré.
               Sólo iba a poder verlo ahora, luego el trabajo me retendría hasta mañana por la
               tarde. Él me sonrió con malicia y deseé lanzarme sobre esos labios y
               morderlos. De hecho, deseaba sentarme sobre él a horcajadas y... ¡no, no! -Eres
               malo para mi salud, Cullen.- Escribí. Él acentuó su sonrisa.

               -Y entonces como conclusiones –estaba diciendo Emily- parece ser que del año
               pasado respecto al anterior ha habido una mayor calidad asistencial, dado que
               el número de días ingresados por patología ha sido inferior al anterior y el
               número de traslados innecesarios ha disminuido.

               -Parece ser que la estancia de Edward en cirugía pediátrica del Hospital Infantil
               de Seattle hace dos años y los cambios posteriores en nuestros protocolos han
               tenido sus frutos. Lo que sería ideal es que uno de nosotros fuera a formarse
               completamente como cirujano pediátrico. Quizás haya alguien interesado,
               ahora que los pediatras y los cirujanos parece que tenemos mejor relación que
               nunca -dijo Joseph. Se escuchó alguna risa flojita ante la "sutil" broma.

               Cuando la reunión se dio por finalizada Edward tuvo que quedarse a hablar
               con su jefe en la misma sala de reuniones, yo tenía que comer porque tenía
               guardia así que me despedí de él con la mirada. Él me hizo un gesto con la
               mano queriendo decir "después".

               Cogí el "busca" de urgencias de manos de Ben y me dirigí hacia el comedor de
               guardia. El trabajo era lo primero... Una vez terminé de comer me metí en
               Urgencias y no paré de trabajar, perdiendo la noción horaria. Ni siquiera me
               dio tiempo de hacer una pausa breve para un café. Edward pasó a esa hora,
               antes de marcharse, para ver si podíamos tomar algo juntos. Lo miré con
               agobio, tenía ocho niños por visitar y cuatro para dar de alta, no podía irme.
               Me tomó de la mano y me arrastró a la salita, donde no había nadie en ese
               momento. Una vez allá me rodeó la cara con sus manos y me besó tierna y
               largamente.

               -Hasta mañana por la tarde -susurró, y se marchó en el momento en que
               entraba una enfermera. Inspiré profundamente y me llevé la mano a los labios,
               sintiendo aún su sabor en mi boca.
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             La noche continuó como la tarde. Cuando acabé mi turno era ya de día y me
             marché a la cafetería, que acababa de abrir. No me había podido tumbar ni un
             solo momento. Me senté sola en una mesa con una enorme taza de café y un
             grasiento donut ante mí. Apoyé la mandíbula en las manos y estuve pensando
Página | 164 sobre el día anterior. A lo mejor le hablaría a Edward de la visita de su
             hermana, pero no le diría nada de la otra visita. Ignoraría a Jacob,
             probablemente cuando viera que no pasaba nada dejaría de tener esas
             paranoias con mi… novio, si es que le podía llamar así. No entendía cómo sabía
             tanto de los Cullen, pero al parecer era un secreto que no podía revelar, así que
             no debía preocuparme por eso. Intuía que si le explicaba a Edward lo que
             había pasado con Jake sólo aumentaría los problemas. Mi capacidad para
             pensar ahora estaba bajo mínimos, pero tenía bastante claro que eso era lo que
             iba a hacer.

            Abrí los ojos de repente, me había dormido sin darme cuenta, con la cabeza
            apoyada en las manos. Ante mí estaba sentado Peter, mi compañero residente.
            Parpadeé.

            -¿Mala guardia?-dijo, comprensivo.

            -Ya te digo- me pasé ambas manos por la cara, frotándola, para espabilarme y
            borrar un poco las señales de la falta de sueño. Sorbí un poco de café y arrugué
            la nariz. Ya estaba frío.

            -Bella, ya sé que es mal momento, pero estoy haciendo el plan de guardias para
            los próximos meses y necesito que me digas cuándo te marchas, para saber
            hasta cuándo puedo contar contigo.

            Peter era el encargado del cuadrante de guardias de los residentes de pediatría.
            Era un trabajo impopular porque nunca estábamos contentos con el día que
            nos había tocado (nunca estábamos contentos con ningún día), pero cuando
            nos quejábamos él amenazaba con dejar el "cargo" a otro y eso nos hacía callar
            rápidamente. Además, adornaba el calendario con comentarios divertidos y
            tiras cómicas que sacaba de periódicos, por lo que recibir las guardias de cada
            mes era un poco más agradable.

            -Bueno… aún tengo que hablar con Emily y James, pero el próximo trimestre
            me quedo aquí -sus ojos se iluminaron. Peter y yo nos llevábamos bien, él era
            divertido, y además un par de manos más para coger el "busca" siempre se
            agradecían.
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               -¿De veras? ¿Estás segura? –asentí, aliviada. Era la primera vez que
               pronunciaba en voz alta mis deseos y me sentía mejor, más segura. Ahora "sólo"
               tenía que pensar en cómo explicarlo a mi familia y a James.

               Me acerqué a hablar con Emily tras la sesión de ingresos de la mañana para
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               comunicarle mi decisión.

               - Aquí siempre nos va bien un par de manos más para trabajar y además tú
               trabajas muy bien, Bella. Para mí es una gran alegría, pero no lo será para
               James. De todas formas es su problema, por tener esa secretaria tan inútil que
               dejó perder la oportunidad de que trabajaras con ellos desde el primer
               momento. – Reímos ambas, Irina tampoco era santo de la devoción de mi jefa -
               Oye… cambiando de tema, no le hagas caso a Joseph, es así de indiscreto, y con
               la edad va a peor. No te molestó la bromita, espero- me encogí de hombros.

               -Bueno, no estoy acostumbrada a que se hable de mi vida personal en público,
               pero supongo que es una de las muchas peculiaridades de trabajar en este sitio.
               Y tampoco fue un comentario de mal gusto -sonreí.

               -No lo sabes bien. Me refiero a lo de la vida personal…- repuso, rodando los
               ojos.

               Cuando tuve un momento llamé a James y le informé de mi decisión. No
               estaba contento, pero no protestó. Quedamos en que me quedaría en Forks
               por lo menos un trimestre más, pero a él le faltaba un residente hasta final de
               año e insistió que si en cualquier momento cambiaba de idea le podía llamar.
               Ahora sólo me faltaba llamar a mi casa e informarles de mi decisión que, tenía
               claro, no iban a comprender. Me entristecí. Ellos querían lo que pensaban que
               era mejor para mí, pero lo que pensaban ya no coincidía con mis ideas sobre el
               tema.

               Antes de irme me despedí de Angela. Estaba poniendo un gotero y esperé a
               que terminara. Salió del box con la cara exultante de felicidad.

               -¿Y esa cara?-pregunté.

               -Me ha llamado Jacob esta mañana-me estremecí levemente al oír su nombre-
               Dice que va a trabajar seis meses en la unidad de transporte médico urgente y
               que puede que algún día nos veamos si tiene que hacer un traslado de Forks a
               Seattle. Uao- miró hacia el cielo y sonrió.- Una dosis extra de Jake.
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               -Me alegro mucho- fingí una cara feliz pero no sabía mentir. No era una buena
               noticia. Cuanto más alejado estuviera Jake de Forks, tanto mejor para mí.

               -¿Te pasa algo?- me miró preocupada. Mi cara era transparente y Angela
               observadora.
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               ¿Que tu novio es un paranoico?

               -Nada, Angela, es que estoy hecha polvo. Nos vemos luego...- dudé un instante-
               o mañana, depende del plan con Edward.

               -No hagas nada que yo no haría, como se suele decir-guiñó un ojo.

               -No sé qué contestarte, puede que me cante una nana y yo caiga en coma
               profundo hasta mañana- contesté con fastidio.

               -Será posible que pienses en perder el tiempo durmiendo… La vida es corta,
               Bells.

               No la de todos.

               -Lo sé, lo sé, ya sabes que cuando salgo de guardia estoy de mal humor, sobre
               todo si no he dormido-me disculpé. Le apreté la mano con gesto cariñoso y me
               largué a casa.




                                                Capítulo 18
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             Abrí los párpados. Sentía cansancio. Desorientación. Apagué el primer
             despertador, el de la mesita de noche, y me levanté tambaleante para
             desconectar el segundo despertador, el que había dejado en el pasillo. Mi
             segundo pensamiento -el primero fue "mierda, qué sueño"- fue para Edward. A
Página | 167 estas horas de la tarde ya debía estar en su casa. Cogí el móvil y marqué su
             número. Estaba hecha una pena pero llevaba muchas horas sin sentir su
             contacto y en estos momentos ya sufría un agudo síndrome de abstinencia.
             ¿Cómo me podía haber enganchado a él tanto en tan poco tiempo?

           -¿Ya estás despierta?

           -No, hablo en sueños. Pues claro que estoy despierta - gruñí.

           -Dios. Si estás de ese humor mejor nos vemos otro día, no quiero arriesgarme a
           que me muerdas. ¡Menudo carácter! – se burló.

           - Lo siento, no me lo tengas en cuenta. Es que me sienta fatal la privación de
           sueño. Es capaz de sacar a la luz a la señora Hyde que hay en mí.

           -¿Quieres decir que si pasáramos toda una noche haciendo el amor, a la
           mañana siguiente vería a la Hyde esa? Es para pensárselo- contestó en tono
           serio.

           -Edward…- hice una pausa, tomé aire y me mordí la lengua para no soltarle otro
           gruñido.

           -Lo siento, lo siento… te propongo un trato: dejaré al señor Burlón haciendo
           compañía a tu señora Hyde y pasaré a buscarte. ¿Estás presentable ya?

           -Sí.

           Era un decir. Presentable… no mucho. La cara de zombi que tenía ganaría en
           palidez a la de Edward, aunque a mí esa blancura no me quedaba tan bien. Por
           no hablar de las ojeras, y mi vestuario… Miré mi armario una y otra vez. No,
           definitivamente había mentido, no estaba nada presentable. Me duché y me
           puse lo primero que pillé, unos vaqueros y una vieja sudadera. Anoté
           mentalmente por enésima vez: ir de compras con Angela. La pobre estaba tan
           harta de que no le hiciera caso en ese tema que había dejado un cartel pegado a
           la puerta de mi armario ropero, por dentro. Así que cada vez que lo abría leía
           "TENGO HAMBRE. LLÉNAME". Esta vez iba en serio, tenía que hablar con
           ella y quedar un día para ir a Port Angeles.
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               Cuando Edward me vio se iluminaron sus dorados ojos a pesar del aspecto que
               yo lucía, me atrapó por la cintura y me besó con suavidad. Sonrió con su frente
               apoyada en la mía.

               -Si fuera Alice te habría arrancado esa ropa de encima. Yo también tengo
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               ganas, pero no por los mismos motivos, es obvio.

               -Está claro que la señora Hyde y el señor Burlón no han tenido una buena cita.
               A este ya lo tenemos de vuelta -murmuré.

               -No le puedes culpar. ls señora esa es bastante insoportable - sonrió mi
               vampiro, y sentí que empezaba a desaparecer mi mal humor. Estaba recibiendo
               mi dosis.

               Había nombrado a Alice. ¿Habría sido ésta capaz de ocultar sus pensamientos?
               ¿Debía yo sacar el tema? Me moría de ganas de aclarar algunos puntos con él.
               Lo arrastré hacia el sofá del comedor y nos sentamos. No contento con
               tenerme a su lado me cogió y me sentó sobre sus piernas, lo que no era de
               mucha ayuda para mi perjudicada concentración. Empezaba a olvidarme de lo
               que quería hablarle. Tampoco ayudaba el que jugara a enredar sus largos dedos
               entre los mechones que me caían por la espalda.

               -No te preocupes, Bella. Alice vino a verme, y sé de lo que hablasteis- dijo con
               dulzura. No me leía el pensamiento pero era evidente que era transparente
               para él.

               -Alice… ¿te explicó algo?

               -¿Lo dudabas? Alice me lo explicó todo. Ni siquiera intentó ocultarme sus
               pensamientos como había pretendido hacer antes de verme. Bella, ella y yo
               tenemos una relación muy próxima. En cuanto me vio comprendió que no
               deseaba ocultarme nada. Repitió vuestra conversación palabra por palabra a
               una velocidad increíble hasta para un vampiro. Le caíste muy bien, aunque no
               sé qué pensarías tú de ella. Su comportamiento fue bastante impresentable, por
               lo menos al principio. Si no hubiera visto lo arrepentida que estaba me habría
               enfadado mucho con ella -frunció el ceño.

               -Al principio no le gustaba mucho, eso quedó bien claro. Pero luego hablamos
               y hablamos… y me sentí como si nos conociéramos desde hace años.
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               -Alice no tenía nada contra ti cuando se presentó aquí. Lo que no le gusta es
               que ciegas sus visiones y eso la hace sentir que yo soy vulnerable. Y se preocupa
               por mí. Para ella representa todo un problema, no sé si lo llegas a imaginar.

               -Sí, supongo que es como si yo perdiera alguno de mis cinco sentidos por la
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               proximidad de alguien. ¿Por qué crees que pasa eso?

               -Creo que es una especie de don. Algunos de nosotros teníamos ya ciertas…
               capacidades antes de ser vampiros, y al transformarnos estas se intensificaron.
               Esto le pasaba a Alice. Otros las desarrollamos después de la transformación,
               como me pasó a mí.

               -¿Todos los vampiros tenéis dones especiales?

               -Muchos tenemos algún don. No todos. Y tu don debe ser muy fuerte para
               manifestarse tan intensamente aún siendo humana -me miró con curiosidad.

               Pensé que por desgracia mi recién descubierto "don", como él decía, no me era
               muy útil en el mundo de los humanos. Y de momento no sabría cómo sería de
               útil siendo vampira porque el llegar a transformarme no entraba en mis planes.
               No ahora. Pero quería saber si Edward y su hermana habían hablado de ello.

               -Entonces… ¿te contó toda nuestra conversación?-su expresión se volvió
               cautelosa, sabiendo que tocaba un tema espinoso. Sí, habían hablado de todo.

               -Ya le dije a Alice que no se metiera donde nadie la había llamado. Si no me
               hubiera dado una ración extra de esos pucheros que sólo ella sabe hacer la
               habría estrangulado-bromeó.- Olvida eso ahora.

               Cambié de tema. El siguiente de la lista también era un tema difícil.

               -Edward… ¿qué piensa tu familia de nosotros como pareja? Me dió la sensación
               de que no son muy felices con el tema.

               -No ha de importarnos, Bella -negó con la cabeza y me clavó su mirada de
               miel. Sus dedos se fueron desplazando de mi cabello hasta la piel de mi cuello,
               apenas un roce pero suficiente para aturdirme. Era obvio que él deseaba
               cambiar de tema. Hice un esfuerzo para olvidar la sensación que esos dedos
               causaban en mi piel y me obligué a volver a la conversación.

               -Entonces estoy en lo cierto. Eso es que no les gusta la idea- repuse. Para mí era
               lógico. Edward suspiró al ver que su estrategia fallaba.
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             -No les gusta la idea de que yo esté con una humana, no de que esté contigo,
             Bella. Ellos temen muchas cosas de esta relación, es… extraña. Puede que
             seamos un caso único. Carlisle me explicó que había investigado y no había
             encontrado nada, ni siquiera en leyendas antiguas, sobre una relación
Página | 170 sentimental entre un vampiro y una humana, quizá porque… - dudó un
             momento- porque cuando sucedía la parte humana de la relación no sobrevivía.

           -Qué manera más rebuscada de decir que el vampiro se merendaba a la
           humana- gruñí.

           -Tienes un peculiar sentido del humor, Swan.

           -Y tú di las cosas por su nombre, Cullen. No me uses frases rebuscadas. Me
           haces pensar demasiado y no estoy en condiciones.

           -Volvió Hyde. - Rió y me acarició la cara, ignorando mi amenazador ceño. -
           Estoy convencido de que igual que ahora le gustas a Alice puedes llegar a
           gustarles a los demás. Si no te conocen saliendo de una guardia, claro.

           -Ja - hice una mueca, aunque no le faltaba razón.- Hay algo más que quisiera
           hablar contigo. Alice es muy hermosa- me miró esperando que continuara.- Tú
           también lo eres -alzó una ceja.

           -¿Y?

           -¿Es normal eso en los de tu especie?-de pronto su mente se iluminó y
           comprendió por dónde iban los tiros.

           -¿No habíamos quedado en que no eras celosa?

           -No, era que no estaba celosa. Pero ahora me imagino que tendrás varias ex
           despampanantes por ahí dispersas y no puedo evitar sentirme mal- me miré las
           manos, que tenía entrelazadas, y luego a él.

           -¿No confías en mis sentimientos por ti?-arqueó las cejas.

           -Sí, sí confío. Sólo dime… ¿cuántas? No me asustaré, 120 años dan tiempo para
           mucho.

           -Te sorprenderías... Probé suerte una vez, pero no estaba enamorado. La
           relación duró dos años... la más larga que he tenido, y tendría que haber
           durado menos.
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               -¿Y?

               -¿Y, qué?

               -No me vas a decir que el resto de los años tus impulsos sexuales han estado sin
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               satisfacer. Porque me voy a asustar, si tienes toda esa energía que gastar - él rió.

               -No, cuando lo he necesitado he tenido alguna relación esporádica con otra
               vampira, pero sólo de unos días, sabiendo ambos que no había compromiso.
               De esas he tenido varias, y no lo cuento como relación. Ni siquiera recordaría
               los nombres de la mayoría.

               ¿La mayoría? ¿Cuántas habían sido? No, ahora no estaba preparada para
               escuchar la respuesta. Un harén de preciosas vampiras rodeando a Edward era
               un pensamiento nada bienvenido en este momento. Pero no pude evitar seguir
               con mis indagaciones.

               -¿Y son hermosas todas las vampiras? No me has contestado todavía.

               -Lo son, pero- posó sus manos en mi nuca, entrelazó sus dedos con mi cabello
               y me clavó una mirada ardiente - Bella, ni una sola me ha hecho sentir una
               centésima parte de lo que tú me haces sentir. Porque estoy enamorado de ti, y
               no lo estaba de ellas. Ninguna me hizo sentir como si volviera a latirme el
               corazón. Ninguna desató el fuego que tú enciendes en mí sólo con inspirar tu
               aroma, con mirarme, con rozarme. Ninguna me hizo reír como tú, o desear
               que dijera cualquier cosa sólo para poder escuchar su voz.

               Sentí que mi ansiedad se evaporaba. Alargué la mano para rozarle la cara con
               las yemas de mis dedos. Notaba la electricidad entre su piel y la mía aún antes
               de tocarle, como si mis terminaciones nerviosas presintieran su tacto. Le
               acaricié el perfecto rostro bajando por la frente, los pómulos, el fuerte ángulo
               de la mandíbula, los sensuales labios, la nariz. Cerró los ojos y le besé los
               párpados, recorriendo el camino hasta su boca, que se entreabrió dándome
               paso. Mi lengua jugó con la suya dulcemente. Desplazó las manos
               descendiendo por mi espalda pero lo aparté con delicadeza.

               -No. Déjame tocarte – pedí. Él suspiró y siguió con los ojos cerrados.

               Bajé ambas manos por su cuello, apenas rozándole. Su piel era suave y firme,
               con un tacto levemente frío. Descendí hacia el cuello de la camisa y empecé a
               desabrocharlo, lentamente, sin prisas. Abrió los ojos y los hundió en los míos.
               Quemaban. Entreabrió los labios pero le puse un dedo encima para silenciarle.
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             Introduje mis manos por la abertura de su camisa, acariciándole el torso,
             quitándosela, colocándome a horcajadas sobre él. Observé su perfección y me
             incliné sobre su cuello, inspirando su aroma, llenándome de él, acariciándolo
             con mis labios, con la lengua, mientras seguía sintiendo cómo su pecho se
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             movía de forma cada vez más agitada.

            -Bella… no puedo quedarme quieto más tiempo. No me pidas eso-gimió.

            -Ejercitemos tu autocontrol- sonreí contra su cuello, y procedí a intentar
            desabotonarle los vaqueros, que ya mostraban una considerable erección. Con
            un poco de colaboración de su parte le quité el resto de ropa. Admiré su
            escultural cuerpo y me mordí el labio inferior.

            -Gracias por la ayuda. Ahora quiero probar una cosa. Quédate muy, muy
            quieto- susurré mientras mordisqueaba su cuello y bajaba hasta la clavícula.

            Tomé su erecto miembro, acariciándolo arriba y abajo, presionándolo,
            disfrutando del suave tacto, excitándome al sentir su placer, al escuchar cómo
            su respiración se entrecortaba y varios sensuales gemidos se escapaban de sus
            labios. Echó la cabeza hacia atrás, los párpados de nuevo cerrados. Mi
            excitación iba en aumento arrastrada por la suya, el deseo que sentía en mi
            interior se extendía nublándome la mente, haciéndome perder el poco control
            que me quedaba. Tenía que probar el sabor de todo su cuerpo. Fui bajando
            lamiendo, mordisqueando, deteniéndome en los pezones, en el abdomen, en
            el bajo vientre, hasta llegar a la sensible piel de su miembro. Sentí cómo
            Edward contenía la respiración. Sin parar de acariciarlo, lo rodeé con la boca,
            ascendiendo y descendiendo, acariciándolo con la lengua, succionándolo, cada
            vez con más insistencia, una y otra vez. Su sabor era excitante y sus sonidos de
            placer me estaban volviendo loca. Me acarició la cabeza e intentó apartarme
            suavemente.

            -Amor… no puedo… aguantar más- apenas pudo pronunciar las palabras. Me
            separé un instante.

            -Déjame probarte, Edward -pedí casi sin aliento.

            Él cerró los ojos y agarró con fuerza el reposabrazos del sofá. Seguí disfrutando
            con mi íntima caricia, hasta que su cuerpo se tensó y emitió un largo gruñido
            profundo, animal, y yo bebí de él, completamente extasiada por el placer que le
            había proporcionado. Nos quedamos quietos unos segundos, sus manos
            enredadas en mis cabellos, su cabeza reclinada hacia atrás. Jadeé al darme
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               cuenta de que el reposabrazos estaba parcialmente arrancado. Incluso en ese
               momento no puede evitar pensar qué le diría a mi amiga. De repente en uno
               de esos rápidos y desconcertantes movimientos se puso en pie, amarrando mis
               piernas alrededor de su cintura.
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               -Creo que necesitamos una ducha -murmuró roncamente en mi oído.

               Me depositó en el suelo del baño con suavidad, me apoyó contra la pared y
               empezó a quitarme la ropa. Lo hizo lentamente, sin perder de vista mis ojos,
               hipnotizados por los suyos. Se arrodilló para quitarme las braguitas, bajándolas
               con lentitud. Mi pecho subía y bajaba trabajosamente. Lo deseaba tan
               intensamente que casi me asustaba lo que me hacía sentir.

               -No te imaginas la vista que tengo desde aquí. Eres muy hermosa, Bella.

               Esa mirada oscura y su expresión animal volvían a poseerme, no podía apartar
               la vista de él. Cuando terminó de quitarme la lencería comenzó un lento
               ascenso con sus manos desde los pies acariciándome las piernas, el hueco de la
               rodilla, los muslos, pasando a la parte interna de estos, ascendiendo hasta mi
               zona íntima. Jadeé sonoramente y él sonrió lascivamente, pasando la punta de
               la lengua por sus labios. Sólo verle sonreír así hacía que la sangre ardiera en mis
               venas. Mis rodillas amenazaban con no soportar mi peso y me apoyé con las
               manos contra la pared.

               -Estás deliciosamente cálida. Y tan mojada… -su voz era un murmullo
               aterciopelado.

               Introdujo uno de sus largos dedos en mi interior al tiempo que acariciaba mi
               clítoris con el pulgar, y con la otra mano me rozaba las nalgas. No pasaron ni
               unos instantes y me derramé en su mano con un fuerte gemido. Pero él no
               paró, acercó su boca a mi zona más sensible y comenzó a lamerme. Me tomó
               una pierna y la pasó por encima de su hombro, sujetándome. Siguió moviendo
               su dedo en mi intimidad, tocando puntos que provocaban que mi placer
               ascendiera a cotas aún desconocidas por mí.

               -Edward, me vas a matar- protesté entrecortadamente y él apartó brevemente su
               boca de mí.

               -Vuelve a correrte para mí, cielo -pidió, introduciéndome otro dedo, lamiendo,
               y succionando suavemente mi clítoris. Mi cuerpo volvió a estremecerse, casi
               convulsionando de placer, y él también bebió de mí. Tuvo que sujetarme con
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               fuerza para evitar que me deslizara hacia el suelo del baño, sin fuerzas para
               nada más. Mis piernas claudicaban.

               -Todavía no he terminado contigo - su voz sonaba profunda y erótica.
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               Me alzó y me metió dentro de la bañera, abriendo el grifo de la ducha. Me
               rodeó fuertemente con sus brazos y se fundió con mis labios, besándome con
               ternura, acariciando mi lengua con la suya. Pude probar mi sabor, mezclado
               con el de su boca y con el del agua que corría por nuestras pieles. Siempre
               consciente de mis necesidades, se apartaba brevemente para dejarme respirar, y
               volvía a invadir mi boca de una manera que, aunque me parecía imposible,
               volvía a hacer que estuviera excitada. Su sabor era una droga para mí.
               Descendió hasta mis pezones, los mordisqueó y trazó círculos en la areola con
               su lengua, succionándolos.

               -No puedo más, Edward- él me ignoró y siguió con su tormento. Bajé mi mano
               hasta su miembro, que estaba más que preparado.

               -Aún no -susurró. De pronto me volteó y se apretó contra mi espalda,
               acariciándome los pezones con una mano y bajando la otra hasta mi clítoris.
               Mordisqueaba mi cuello y por un momento pensé qué sentiría si me mordiera
               más profundamente, e inexplicablemente para mí este pensamiento me excitó.
               Intenté tocarle pero él no me dejó, sujetándome ambas manos con una suya.

               -Ahora me toca a mí, cielo. ¿Dónde está tu autocontrol? –no podía verlo, pero
               sí imaginar su sonrisa torcida y su mirada de deseo.

               -Edward, no puedo más. Te quiero dentro de mí - pedí.

               En un movimiento me abrió ligeramente de piernas y me inclinó ligeramente
               hacia delante. Me penetró de forma enloquecedoramente lenta, retirándose
               cada vez que avanzaba un poquito, torturándome. Con la mano libre acariciaba
               mi clítoris, suavemente, aumentando mi tensión interna pero sin darme la
               liberación.

               -Ya estoy dentro de ti, amor... no puedo ni explicarte cómo te siento.

               -Edward…-supliqué, casi lloré.

               -Shhh- su aliento chocó contra mi oído. Fue su única réplica. Siguió
               acariciándome, entrando suavemente, saliendo de mí, dejándome vacía.
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               -Joder...Edward...te...odio -gemí a duras penas.

               -Lo sé, amor – sonrió sobre mi cuello, provocándome un escalofrío. Intenté
               moverme pero me tenía completamente sujeta. Sentía un deseo tan intenso que
               dolía físicamente.
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               -Por favor…

               -No -dijo mientras seguía con su juego.

               -Por favor, por favor…hazlo ya -supliqué casi llorando.

               Entonces se deslizó dentro de mí, profundamente y de una sola vez,
               provocándome un orgasmo que devastó mi cuerpo; grité y me apoyé contra la
               pared de la ducha para no caer y él empezó a bombear dentro de mí con
               fuerza. Gemíamos y gritábamos con cada embestida, hasta que me llevó de
               nuevo al clímax y lo sentí descargar dentro de mí. Me sujetó al notar que mi
               cuerpo cedía y me dio la vuelta. Me apoyé en su hombro, completamente
               exhausta, mientras él me abrazaba con fuerza y el agua caliente se deslizaba por
               mi espalda.

               -¿Me sigues odiando?-murmuró contra mi pelo, al cabo de unos instantes. No
               podía hablar, pero asentí con la cabeza y hundí mis dedos en el húmedo
               cabello de su nuca. Él rió suave y me meció lentamente, como acunándome.
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                                                 Capítulo 19



               BPOV

               Era domingo por la noche. El peor momento de la semana, quizá exceptuando
               el lunes por la mañana. Angela había ido a pasar cuatro días a casa de Jake, en
               Seattle, y no volvía hasta el dia siguiente. Así que Edward y yo habíamos tenido
               dos días por delante para nosotros solos, dos días para los que habíamos hecho
               muchos planes: ir de excursión por el Parque Natural, cenar en su compañía en
               un restaurante de Seattle del que le habían hablado muy bien, pasear por la
               zona portuaria de Port Angeles…. Sí, teníamos muchos planes. Que se
               quedaron en eso. Al final nuestro fin de semana consistió en hacer el amor en
               cada rincón de su casa el sábado y en cada rincón de la mía el domingo.

               En mis 26 años sólo había tenido una pareja, Marc. Nuestra relación duró lo
               que la carrera de medicina. Lo dejamos de mutuo acuerdo, o mejor dicho, de
               mutuo aburrimiento. Al terminar la carrera él se marchó a hacer la especialidad
               de anestesia a Madrid y yo me quedé en Barcelona. Nuestras llamadas se
               fueron espaciando cada vez más de forma natural hasta que nos dijimos adiós.
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             Con él conocí lo que era la intimidad con un hombre... pero Edward había
             despertado sensaciones en mi cuerpo que jamás había experimentado. A lo
             largo de las semanas que llevábamos juntos me mostró que era un amante tan
             dulce como apasionado, insaciable, atento e incansable. Me llevaba al cielo, una
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             y otra vez. El único límite eran mis humanas fuerzas.

            Mi vida era mi presente, y mi presente era él. No pensaba en el futuro, ahora
            no me importaba demasiado.

            -Un beso por tus pensamientos - susurró Edward.

            Abrí los párpados. A través de la ventana podía ver la luna tapada a medias por
            una cortina de nubes y ante mí su silueta recostada, abrazándome con suavidad.
            Antes de él jamás había podido dormir abrazada a nadie.

            -Nada importante. Recordaba.

            -Entonces no quieres el beso.

            -Tonto… siempre quiero tus besos. Pero no acepto los sobornos -sonreí.

            -Algo tengo que ingeniarme, ya que no te leo la mente. ¿Quizá otro tipo de
            sobornos?-preguntó con voz insinuante.

            -No sé en qué estás pensando, pero si es en lo que creo te recuerdo que soy
            humana. Apenas puedo moverme - reí.

            -Para lo que estoy pensando no hace falta que te muevas.

            -Estás loco.

            -Por ti.

            -Vale… te diré lo que pensaba. Me acordaba de mi primer y único novio. Sólo
            eso.

            -Ahora me dejas más tranquilo -bromeó. Cambié de postura y me apoyé sobre
            su pecho, mirando su rostro.- ¿Sólo ha habido un hombre del que estar celoso?
            -preguntó, ascendiendo con la mano a lo largo de mi espalda hasta llegar a la
            nuca. Casi ronroneé de placer.
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               -No ha habido ningún hombre del que estar celoso, porque ninguno puede
               compararse contigo.

               -Creo que acabo de sufrir una sobrecarga de ego.
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               -¿Es eso posible? ¿Se puede sobrecargar más?- abrí los ojos y la boca
               desmesuradamente, componiendo una exagerada mueca de sorpresa.

               -Swan, ¿estás intentando ofender a un vampiro?- preguntó con voz acerada.
               Algo en su tono hizo que parara de reírme.

               -No me das miedo.

               -No deberías haber dicho eso.

               Bella bocazas. En una décima de segundo había invertido nuestras posiciones y
               quedó encima de mí, con su cara amenazadoramente cercana a la mía.

               -Repite eso- su dulce aliento me rozó la piel de los labios.

               -No… me… das... miedo- repetí, mientras mi latido cardiaco alcanzaba un
               volumen audible incluso para mí misma. A pesar de la penumbra fui capaz de
               ver que Edward sonreía perversamente.

               -Buen intento. ¿Por dónde iba? Ah, sí… creo que te debo un beso –atrapó mi
               boca con la suya y me besó hasta que mi voluntad se redujo a cenizas.

               -¿Decías?- oh, dios, esa sonrisa.

               -Eres un monstruo terrible -susurré sin aliento, rendida.

               -Lo sé. Y ya sabes lo que hacen los monstruos terribles. Se comen a las
               inocentes muchachitas- y sin darme tiempo a réplica devoró mi boca.



               Cuando me levanté él ya estaba vestido y me observaba desde el sillón con una
               expresión indescifrable. Me dolían varias partes del cuerpo y lo que no me
               dolía parecía curiosamente anestesiado. Al ducharme descubrí en mi piel
               algunos hematomas superficiales. También sentía otros dolores en lugares más
               íntimos, pero nada de eso me importaba lo más mínimo. Me sentía
               enormemente feliz. Aunque había algo en su expresión que me inquietaba.
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               Durante el desayuno hablamos de diferentes temas, pero yo observaba algo
               diferente en su comportamiento. Como si quisiera decirme algo y no supiera
               cómo. En cuanto subimos al coche no pronunció una palabra más.

               -Estás un poco silencioso- comenté, un tanto intranquila.
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               -Bella, ¿no tienes nada que explicarme?- su voz sonó forzadamente casual.

               -No, que yo recuerde- repuse, confusa.

               -Entonces quizá hagas memoria si te digo que esta noche has hablado en
               sueños.- Una alarma se encendió en mí.

               -Ah, sí, a veces lo hago. Hablo en sueños, sobre todo cuando voy falta de
               sueño. ¿Y qué he dicho esta vez? Suelen ser tonterías sin sentido- Tonta Bella,
               esto último suena a excusa.

               -No sé si tendrá sentido para ti "Jacob, te marchas ya o me pongo a gritar" -
               comentó Edward con el ceño fruncido.

               Mierda. El corazón me dio un más que inoportuno vuelco.

               -No sé qué sería… algún sueño que no recuerdo. ¿Por qué le das tanta
               importancia?-contraataqué, repentinamente enfadada por el interrogatorio. Me
               miró con el ceño aún más fruncido.

               -Bella, no se la daría si no estuviera seguro de que me estás mintiendo.

               -Si me vas a llamar mentirosa se acabó la conversación- gruñí mientras me
               cruzaba de brazos, apretando los labios. Observó mi gesto, incrédulo.

               -¿Estoy saliendo con una mujer de 26 años o con una de 6? -Edward era un
               amante perfecto, pero su psicología femenina dejaba mucho que desear. Se me
               ocurrieron varias bonitas respuestas con referencia a su edad pero preferí
               omitirlas.

               -Déjame en paz.

               -No hasta que me digas por qué parecías tan angustiada cuando hablabas en
               sueños y por qué estás ocultándome cosas. ¿Te asustó Jacob Black? Tienes que
               explicármelo.
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               -No es nada importante. Si lo fuera te lo diría -repuse obstinadamente.

               -Si no es importante puedes decírmelo-sus ojos llameaban de ira. No sabía si
               estaba enfadado con Jacob o conmigo.
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               -No.

               -Entonces iré a ver a Jacob Black y le preguntaré por qué discutía con la mujer
               que amo.

               -¡No! - el grito se me escapó. De repente giró el volante y paró en el arcén. Se
               encaró hacia mí.

               -Pues será mejor que me lo expliques tú misma- replicó con voz endurecida.

               Observé su expresión fría y me dolió. Nunca se la había visto y no deseaba
               hacerlo. Giré la cabeza, mirando por la ventanilla el bosque cercano. Si creía
               que presionándome de esa forma iba a hacerme cambiar de idea no me
               conocía.

               -Tendrás que confiar en mí –le hablé al cristal, observando cómo se empañaba.

               -Bella, comprende que sólo quiero proteger lo que más quiero. Tú. – Su tono
               de voz se había dulcificado hasta ser suave como el tercipelo. Vaya. Cambio de
               estrategia.

               Exhalé con fuerza.

               -Ya tengo bastante con los paparazzi del hospital. No necesito también un
               guardaespaldas, gracias.

               Escuché como inspiraba y espiraba con lentitud, probablemente intentando
               calmarse. Seguí observando el paisaje a través del cristal de mi ventanilla. Él
               arrancó el motor y volvimos a la carretera, siempre en silencio. Al llegar al
               hospital bajé del coche antes que él y entré sola. Algunas caras me miraron al
               pasar y me saludaron. Quizá si no tuvieran tema de conversación en la comida
               podrían departir sobre las posibles causas de nuestra pelea.

               Apenas llegué a la sesión de la mañana cuando Mónica salió disparada del
               despacho. Casi chocó conmigo porque estaba mirando el mensaje de su
               "busca".
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               -Ven conmigo, Bella, hay una cesárea de gemelos y además son prematuros.
               Mejor cuatro manos que dos.

               -Ah, qué buena manera de empezar la mañana. Esto espabila más que el café.
               ¿Muy prematuros? –pregunté mientras la seguía, poniéndome a su altura.
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               -Son de 32 semanas. Es cesárea porque el primer gemelo va de nalgas.

               -Bueno, podía ser peor.

               Llegamos al área quirúrgica de la maternidad y, tras el engorro de ponernos el
               uniforme estéril, pasamos al antequirófano. Miré por la ventanita de la puerta
               del quirófano mientras Mónica comprobaba que la cuna térmica estuviera
               encendida.

               -Joder, ¡pero si aún están poniéndole la epidural! ¡Un día nos llamarán antes de
               que hagan al niño! ¿Es que se creen que no tenemos nada que hacer en todo el
               día que esperar aquí dentro?- gruñí.

               -¡Vaya humorcito mañanero que tenemos! ¿Has discutido con tu novio? -
               comentó Anne, pasando por mi lado y dirigiéndose al lavabo que había a la
               entrada del área estéril.

               Mónica me miraba, sentada en una camilla que había en el pasillo, con las
               piernas colgando. Me senté a su lado.

               -Lo siento, chicas. Sí, supongo que ha sido la primera discusión- Mónica me
               miró con comprensión.

               -Bueno, pues ya sabes lo que se dice de qué es lo mejor de las discusiones de
               enamorados, Bells- repuso Anne guiñándome un ojo.

               En un gesto universal a todos los cirujanos alzó las manos al terminar de
               lavarlas como si la estuvieran atracando, y apretó con el pie el botón que
               activaba la apertura automática de la puerta del quirófano, desapareciendo por
               ella.

               -Anímate- instó Mónica, dándome un golpecito en la mano - Parece que hoy va
               a salir el sol unas horas. Después de comer podemos subir un rato a la azotea y
               tomar el sol, estás casi tan pálida como Edward.
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               -¿Sol? -repuse volviendo la cabeza hacia el ventanal detrás nuestro. En efecto,
               los tenues rayos de un tímido sol asomaban entre unas nubes gruesas.

               -Sí, sol, esa bola de fuego que se ve brillar en el cielo. Poco más de dos meses
               aquí y ya se te olvidó del significado de esa palabra, Bella- se carcajeó Mónica.
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               -Ah, sí, como lo añoro -contesté de forma automática.

               Me levanté de la camilla para comprobar cómo iba la cesárea mirando a través
               del cristal de la puerta y le hice un gesto a mi compañera para que se acercara.
               Anne ya estaba realizando la incisión en el útero y era muy rápida.

               En esa situación siempre se me ocurría la misma imagen: como en un partido
               de fútbol americano, la matrona recogía al bebé de brazos de la ginecóloga,
               rápidamente lo envolvía en un paño estéril, se acercaba atravesando la puerta
               con el bebé y allá estábamos nosotras, en la portería, esperando para parar el
               gol.

               Los dos bebés nacieron sin complicaciones y con un peso aceptable, por lo que
               pronto podrían pasar a la habitación con sus emocionados papás.

               La mañana pasó tranquila. Me sentía mal por la discusión con Edward, sabía
               que él sólo se preocupaba por mí, pero no estaba dispuesta a que me tratara
               como a un ser débil e indefenso, aunque comparada con él eso es lo que yo
               era. Pero también tenía mi orgullo. Desanimada, bajé al comedor con mis
               compañeras.

               -¿Te quedas tres meses más, Bella? Me enteré ayer -comentó Mike, tomando
               un poco de puré de patatas. Aunque lo que con ese nombre servían en el
               comedor de personal bien habría podido servir para alisar las grietas que había
               en la pared de mi habitación. Tenía que hablar con Angela sobre eso.

               -Y eso que aún no lo ha publicado el Times- rió Monica. Puse cara de
               resignación.

               -Sí, la verdad es que aquí aprendo pediatría a nivel más primario, y creo que
               amplía el abanico de posibilidades una vez haya terminado. Y yo creo que me
               bastará con seis meses en Seattle para hacer currículo.

               -¿De veras vas a volver a España? ¿No nos echarás de menos?-inquirió Mónica.
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               -De momento es lo que tengo planeado. Ya veremos qué pasa- miré mi
               manzana fijamente, como si fuera una bola de cristal y de ella pudiera extraer la
               información que necesitaba. Lo cierto es que vivía tanto el presente que ni me
               había planteado lo de mi vuelta a España. Lo veía como algo muy lejano.
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               Tal como habíamos quedado nos dirigimos a la azotea del edificio después de
               la comida, pues teníamos unos minutos de descanso todavía. Me sentí
               deprimida. No podía olvidar que el helipuerto era el lugar donde Edward me
               besó por primera vez, y me atacó la nostalgia. Afortunadamente el sol ayudó a
               desvanecer la tristeza que empezaba a embargarme.

               Era un placer sentir el calor de los rayos solares en nuestro cuerpo. Nos
               tumbamos las tres en medio del helipuerto, con los brazos y piernas en cruz,
               para recibir la máxima irradiación posible. Por el aspecto del cielo no tenía
               pinta de durar mucho tiempo, y había que aprovecharlo. Hacía una
               temperatura tan agradable que nos quitamos las batas y nos quedamos sólo con
               el pijama blanco de manga corta.

               -Espero que no haya ningún traslado urgente en helicóptero- comentó Mónica.

               En aquel momento escuchamos a lo lejos un inconfundible sonido que se
               acercaba.

               -Moni, chica, ¿tienes poderes o qué? ¡Podías decir algo así como "espero que
               no aparezca Brad Pitt por Urgencias y me invite a cenar"!-exclamó Anne,
               sentándose y poniendo una mano a modo de visera para otear el horizonte.

               En efecto, un helicóptero se acercaba en la lejanía. Debía haber algún traslado
               urgente, aunque nada de pediatría o nos habríamos enterado, porque Monica
               continuaba llevando el "busca".

               -Será mejor que volvamos abajo -dije.

               Me separé de ellas y me dirigí a Urgencias. Quería saber qué pasaba, si podía
               ser útil en algo. No, no quería engañarme. Quería ver a Edward, lo necesitaba.
               Cuando llegué el box de reanimación estaba ocupado por varios profesionales
               que no paraban de moverse de un lado a otro.

               -¿Qué sucede? -pregunté a Claire, que estaba saliendo de otro box.
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               -Bueno, medicina de campaña, ya sabes, esto es un hospital pequeño. Hay un
               chico joven que ha tenido un accidente de moto, y tiene un hematoma
               intracraneal, al parecer epidural.

               -¡Dios! ¡Si aquí no hay neurocirujano! -exclamé, angustiada. Ese hematoma
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               podía provocarle la muerte en pocos minutos si no se vaciaba.

               -No, pero hay gente con valentía y experiencia – dijo Claire.- Los traumatólogos
               le acaban de hacer una craneotomía de urgencia y le han vaciado el hematoma.
               Los cirujanos le están poniendo un drenaje torácico, porque también tiene
               hemotórax.

               Ahora comprendía la llegada del helicóptero. Lo cierto es que en la zona
               alrededor de Forks había muchos accidentes, particularmente de moto, así que
               no era algo raro encontrarse pacientes politraumatizados casi a diario, y el
               personal estaba entrenado para técnicas que en los hospitales grandes sólo
               dominaban los más especialistas. Era algo que me gustaba de ese hospital, con
               los medios mínimos conseguían muy buenos resultados.

               De pronto me giré, como si hubiera escuchado una voz en mi mente, aunque
               era consciente de que no había sido así. Entonces vi a Jacob acercarse por el
               pasillo de urgencias en dirección al box de reanimación. Me miraba con un
               odio tan intenso que me dolió el corazón. Después noté que sus ojos se
               desplazaban en otra dirección, más allá de mí. Edward salía de aquel box,
               quitándose una bata verde de quirófano. Me sonrió al verme. El cambio en su
               expresión fue tan rápido que apenas pude darme cuenta de que había estado
               sonriendo, pues ahora sus ojos miraban más allá de mí, con una mirada
               asesina. Su labio superior se retrajo levemente, enseñando sus perfectos dientes
               en un gesto que no era una sonrisa.

               La expresión de Edward me recordó a una pantera a punto de lanzarse sobre
               su presa. Los brillantes e hipnóticos ojos clavados en Jacob, su flexible cuerpo
               súbitamente tenso, como preparado para saltar, los colmillos apenas
               insinuados... Estaba tan quieto que pensé que ni tan siquiera respiraba. Por un
               momento temí que perdiera su férreo autocontrol y me acerqué a él asustada,
               interponiéndome en la dirección de su mirada. Mi orgullo sufrió un pequeño
               desplante, porque no conseguí desviar sus ojos de Jacob ni un ápice. Me giré
               para observar a este y pude ver que arrugaba la nariz y había clavado en Edward
               su mirada de odio. Jacob quedó estático durante escasos segundos, que a mí
               me parecieron una eternidad. De repente reaccionó y entró en el box de donde
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               Edward había salido momentos antes. Cuando Jake desapareció de su vista
               aquel desvió sus ojos hacia mí y su mirada se dulcificó.

               -Ahora estamos trabajando, pero luego tenemos que hablar, Bella. En tu casa,
               por la tarde - murmuró.
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               Su voz sonaba contenida, pero su cuerpo se había relajado. Sentí que el peligro
               había pasado. Me apretó el brazo levemente a modo de despedida y se dirigió
               al cubo de la ropa sucia, donde depositó la bata de quirófano que aún llevaba
               en la mano. Decidí que mi presencia allá era un estorbo, y subí a la consulta
               externa a estudiar las historias clínicas de los pacientes que visitaría al día
               siguiente.

               Escuché el sonido del helicóptero despegando. Mi mente, que había
               conseguido centrar en los papeles que tenía delante, se liberó y empezó a
               divagar. Recordé la discusión con Edward. Ahora probablemente ya sabía lo
               que había pasado entre el quileute y yo. Tenía claro que había leído la mente
               de Jacob, de ahí su reacción. No comprendía a qué se debía el intenso odio de
               este, pero estaba segura de que mi novio vampiro no era un peligro para nadie.
               Estaba convencida de ello. Decidí dar carpetazo al tema en mi mente y seguir
               con el trabajo.

               Cuando por fin llegué a casa me pareció que había sido un día muy largo.
               Tenía muchas ganas de ver a Edward, y en ese momento nuestra pequeña
               discusión de la mañana me parecía una absoluta estupidez. Me estaba
               preparando un café cuando por fin sonó el timbre de la puerta. Abrí tras
               observar por la mirilla.

               -Hola-dijo, casi con timidez.

               Edward estaba parado en el umbral, guapo hasta dolerme el corazón, como
               siempre. Llevaba unos vaqueros negros, camiseta azul, tenía ambas manos en
               los bolsillos, y me observaba dubitativo. Sin pensarlo ni un segundo me
               abalancé sobre él y me abrazó con fuerza. Sus labios se desplazaron por mi
               cabello hasta mi rostro y de ahí a mis labios, besándome con ternura, una y otra
               vez.

               Por fin, tomé su mano y lo conduje a la mesa de la cocina. Nos sentamos frente
               a frente y esperé a que él hablara. Mientras una de mis manos aguantaba mi
               taza de café la otra se entrelazaba con la suya.
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                                                  Capítulo 20



               BPOV

               -Bella- comenzó- No me voy a disculpar por mi comportamiento de esta
               mañana. Te prometo que iba a hacerlo, no comprendía ni por qué nos
               habíamos enfadado por una tontería así… hasta que he leído la mente de Jacob
               – frunció el ceño y me clavó la mirada- ¿Cómo pudiste callártelo? Su actitud
               fue amenazante, te asustó, y te lo guardaste para ti. ¿Es que no confías en mí?
               ¿Crees que lo voy a matar o algo así? - Hizo una pausa cuando vio que yo
               arqueaba una ceja recordando la escena de horas antes - De acuerdo, es cierto
               que he tenido que emplear toda mi fuerza de voluntad para dominar el impulso
               de arrancarle la cabeza cuando he leído sus recuerdos. Pero lo que importa es
               que al final no lo he hecho, ¿no? – sonrió levemente, pero sus ojos
               centelleaban.

               -Irás a hablar con él, ¿verdad? – quise saber, preocupada, y él asintió -
               Prométeme que no le harás daño. Es el novio de mi mejor amiga.

               -¿Me crees capaz de hacérselo?- dijo, y compuso aquella cara de inocencia que
               yo ya conocía.

               -Edward, no te has visto la expresión esta tarde, en Urgencias. Me has asustado.
               Parecía que ibas a saltar sobre él.

               -Si no le he matado entonces no creo que vaya a hacerlo en un encuentro más
               o menos preparado. Puedes estar tranquila… supongo - añadió, curvando
               levemente una comisura de sus sensuales labios.
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               -Sí, mira, tranquilísima estoy, sobre todo después de ese "supongo"- su sonrisa
               se amplió más y sus dientes brillaron. Me obligué a mirarle a los ojos y no a la
               boca.

               -Por supuesto que iré a hacerle una visita. Esta tarde no era el lugar ni el
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               momento para dejar las cosas claras. Pero no voy a dejarlo así, y ni por un
               momento creas que él lo va a hacer. ¿Pensabas que ignorándole como has
               hecho hasta ahora nos iba a dejar en paz?

               -¿Pero por qué? ¿Por qué ese odio hacia vosotros?

               -Él sabe lo que soy, lo que mi familia es. Lo sabe porque su padre es uno de los
               patriarcas de los quileutes, y es un secreto que se transmiten entre ellos.

               -Ya imaginaba que lo sabía por todo lo que me dijo, pero ¿cómo?

               -Es una vieja historia, de la primera vez que aparecimos por aquí toda la familia,
               hace muchas décadas. Los quileutes no se tragaron nuestro disfraz de personas
               normales. Nosotros no lo sabíamos, pero ellos podían detectar que olíamos
               diferente que el resto de humanos. Según sus leyendas, hace siglos los lobos
               vencieron a unos vampiros en una lucha a muerte por poseer este territorio. La
               lucha fue larga y hubo muchas bajas en ambos bandos, pero ellos salieron
               victoriosos. Dicen que su tribu desciende de aquellos lobos, y no sé qué hay de
               real en eso, pero sí es cierto que algunos de ellos aún conservan el don de
               detectarnos.

               -No me estarás hablando de hombres lobo...- después de aceptar que Edward
               era un vampiro y leía mentes creí que ya nada sería demasiado, pero de vez en
               cuando había nuevas revelaciones que me hacían desestimar esa idea, como la
               capacidad de Alice de ver el futuro, y ahora… esto.

               -Bella, ahora no hay hombres lobo por aquí, aunque probablemente sí los
               hubo- me tomó ambas manos entre las suyas y las acarició.- Verás, aunque los
               vampiros seamos mucho más fuertes que los humanos no somos
               completamente indestructibles, además somos muy escasos en número, y no
               nos interesa que la gente sepa de nuestra existencia. El caso es que los quileute
               supieron lo que éramos pero cuando descubrieron cuál era nuestra
               alimentación… eso los descolocó, en sus leyendas no se hablaba de vampiros
               como nosotros. Cuando se aseguraron de que éramos distintos del resto de
               nuestra especie hicimos un pacto: ellos nos dejarían en paz y nos guardarían el
               secreto mientras siguiéramos con nuestra dieta especial, y nosotros
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               respetaríamos todo su territorio, la zona que actualmente ocupa la reserva.
               Supongo que no acaban de fiarse de nosotros, piensan que algún día se liberará
               nuestra auténtica naturaleza y prefieren tenernos lejos.

               -¿No habéis demostrado suficientemente que no sois peligrosos? Tú y tu padre,
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               con vuestro trabajo diario… y los demás Cullen.

               -Bella, no todo el mundo es como tú. Eres la única humana que he conocido
               que trata así con vampiros, con esa confianza. Por más que nos encuentren
               atractivos hay algo, una sensación inconsciente, que en algún momento hace
               percibir a los humanos que somos peligrosos. Lo sé porque he leído miles de
               mentes a lo largo de mi existencia. Algunos te dirán que somos raros, otros que
               hay un no se qué que no les gusta, pero lo cierto es que ninguno confía en
               nosotros de forma absoluta y todo el tiempo, tal como haces tú.

               -¿Y quién tiene razón?

               -¿Quién tiene razón? ¿Toda la humanidad o tú? Quién sabe – sonrió
               amargamente y apoyó la palma de su mano en mi mejilla. Yo coloqué la mía
               encima y la presioné contra mí, anhelando sentir su contacto. Me miró con
               dulzura - No dejamos de ser monstruos para los humanos y extrañas rarezas
               para los de nuestra especie. No tenemos lugar en ninguno de los dos mundos.
               Nos resistimos a un impulso tan natural en nosotros como tomar un vaso de
               agua y beber de él lo es para ti. Nos resistimos a abandonar lo poco de humano
               que queda en nosotros. – Me miró con intensidad. - Bella… jamás te haría
               daño. Pero el miedo que siente Jacob es totalmente instintivo, natural. Él teme
               que mi proximidad sea peligrosa para la mujer que ama. Por eso no iré a
               romperle la cara, porque comprendo lo que es proteger a tu mujer. Pero por
               eso mismo tampoco toleraré que te asuste o amenace, no por un temor
               infundado. Deberá aprender a vivir con esto, o llevarse a Angela a otro sitio. Y
               te pido que no me impidas que quiera protegerte.

               -Me gusta que me protejas, pero ten en cuenta que Angela es mi mejor amiga.
               Temo que si vas a ver a Jake y discutís pueda influir negativamente en nuestra
               amistad.

               -Bella, he de hacerlo. Me parece que no comprendes hasta dónde puede llegar
               Jacob queriendo proteger a su mujer.

               -¿Me haría daño? ¿Te haría daño a ti, o explicaría el secreto de los Cullen?
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               -Eso no, él es muy respetuoso con las tradiciones de su pueblo. Y a mí no
               puede hacerme nada él solo. Tampoco creo que te hiciera daño físico, pero si
               no puede conseguir que tú y yo nos separemos intentará que Angela y tú no
               viváis bajo el mismo techo.
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               -Ya. Pues yo haré lo que pueda por impedírselo. Jacob no se tiene que llevar a
               Angela a ningún sitio por una estupidez como esa. Y que digas "su mujer" me
               choca un poco… ¿Tú me ves así, como "tu mujer"? - Edward me dirigió una
               mirada incandescente.

               -Bella, yo lo siento así. Para mí eres la mujer, mi mujer, y no hay sitio para
               ninguna más... ni lo habrá – repuso.

               -Edward, no puedes saber el futuro, y tu vida es muy larga. ¿No es un poco
               pronto para hablar así? - me angustié.

               -Bells, los vampiros somos una especie monógama. Nuestra libido es fuerte,
               como ya sabes -sonrió levemente- y podemos tener relaciones esporádicas.
               Pero normalmente cuando nos enamoramos es para siempre, mientras nuestra
               pareja exista. A veces, incluso después de que ésta deje de existir nadie puede
               reemplazarla- bajó el tono de voz. El tema era delicado para ambos y mi
               corazón latía arrítmico, tal como él podía percibir.

               -Edward… tú esperas que me convierta tarde o temprano, ¿no es así?- repuse
               con un hilo de voz. No me había parado a pensar en lo que nuestra relación
               significaba para él. Me sentía egoísta pero tampoco conocía esa característica de
               su especie, hasta el momento.

               -No espero nada. Sólo vivo el presente, disfrutando de lo que siento.
               Simplemente quería saber lo que pasaba por tu corazón, porque hasta ahora no
               habíamos hablado de esto y ahora me parecía un buen momento- hizo una
               pausa.- De todas formas, Bella… sé que es muy pronto, pero ¿te ha pasado
               alguna vez por la cabeza?

               -¿El qué?- pregunté estúpidamente.

               -Transformarte en vampira- estudié su rostro y me perdí unos segundos en sus
               cálidos iris, antes de continuar.

               -Sí. Una y otra vez. Pero… no puedo separarme así como así del que ha sido
               todo mi mundo hasta hace poco. Te amo como jamás pensé que amaría a
Cambio De Destino
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               nadie... pero aún así no daría mi humanidad por ti, Edward. No ahora. Y no sé
               si algún día podré.

               Edward no hablaba. Me miraba desde el interior de su alma y a mí me dolía
               cada palabra que salía de mi boca.
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               -Creo que no soy capaz de renunciar a mi familia, mis amigos, mi posible
               maternidad, a la vida tal y como la conozco -continué.- Quizá tendríamos que
               haber tenido esta conversación antes de lanzarnos del avión sin paracaídas.

               -Para mí no habría cambiado nada- la sonrisa de Edward tenía un rastro de
               tristeza - Bella, cuando decidí estar contigo sopesé antes todas las posibilidades.
               Seguí adelante porque descubrí que no me importaba ninguna de ellas, porque
               pasara lo que pasara iba a seguir adelante con mis sentimientos. Lo lamento,
               porque yo tenía ventaja al conocer la situación real, y no tuve problemas en
               enredarte en este lío.

               -No digas eso. Cuando me di cuenta de que te quería ya era demasiado tarde
               para cambiar mis sentimientos, pero nada tiene que ver tu voluntad en eso.
               Sencillamente pasó.

               -Me podía haber alejado de ti…

               -Ya lo intentaste y no te dejé -le interrumpí. No me gustaba el nuevo derrotero
               que tomaba la conversación.- No vuelvas a hablar de eso, por favor. No elijas
               por mí, no vuelvas a hacerlo- supliqué.

               -No lo haré más, Bella, te lo prometí. No hablemos más del tema. En estos
               momentos no nos lleva a ningún sitio. Y tenemos poco tiempo para estar
               juntos. Mañana tengo otra guardia, ha caído un compañero más por la gripe.

               -Vaya mierda.

               -Sí, eso de ser el único inmune a la gripe tiene sus desventajas.

               -Entonces quizá podíamos aprovechar el tiempo... -murmuré, mordiéndome el
               labio.

               -¿Se te ocurre alguna manera? Quizá Angela guarda un juego de cartas por ahí
               y podíamos jugar al póker, para matar el rato- repuso sin dejar de mirarme la
               boca con la mirada encendida.
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               -Claro… podemos jugar al póker. No se me ocurre nada mejor que hacer para
               pasar el tiempo contigo. Ven, creo que sé dónde lo tenemos guardado. Por
               cierto, ¿sabes eso que dicen de qué es lo mejor de las peleas?- le dije, tirando
               de él hacia mi habitación.
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               Cuando llegamos a mi cama ya no llevábamos ni una sola pieza de ropa…



               Habíamos acordado que Edward se marcharía antes de que Angela llegara.
               Quería hablar con ella. Estábamos cenando y saqué el tema de conversación
               que me interesaba.

               -¿Has llegado a hablar con Jake esta tarde en Urgencias, Ang?

               -No, él iba con mucha prisa, normal, claro… pero al menos nos hemos visto.

               -Angela ¿Sabías que Edward y Jake no se caen bien?

               -Sí, eso es de dominio público- sonrió tranquilamente mientras cortaba una
               manzana a trozos.

               -Nunca me habías dicho nada.

               -Porque es una cosa entre ellos dos, Bells. A mí Edward sí me cae bien, pero
               cuando saco el tema de que salís juntos Jacob se pone… no sé decírtelo, pero su
               expresión cambia de una forma que casi asusta, y su único comentario es que
               no entiende cómo puedes salir con él. Cada vez que le he pedido que se
               explique lo único que acierta a decir es que no se fía de Edward, pero no me
               quiere decir por qué. ¡Yo qué sé! Cosas de tíos, a mí me da igual. Yo creo que
               tienes muy buen gusto, y eso es lo que importa, ¿no?- me guiñó un ojo.

               -Sin mencionar que casi desde el primer día que me conociste ya quisiste
               liarme con él-le recordé.

               -Sí, sin mencionar eso –sonrió pensativa. -¿A ti Edward te ha dicho algo?
               ¿Cómo te has enterado de eso de la antipatía?

               -Bueno… he visto cómo se han mirado los dos hoy en Urgencias y me ha
               quedado muy claro.
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               -Piensa que Jacob y Edward coincidieron en el hospital durante cuatro años. A
               eso de las caras de vinagre cada vez que se encuentran ya estaba acostumbrada,
               e incluso a que Jake arrugue la nariz cada vez que siente a Edward cerca de él,
               como si este no oliera de maravilla -rió.- ¡Hombres!
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               -Sí, hombres…-repuse, pensativa.

               Me alegraba escuchar la opinión de Angela. No creía que se dejara influenciar
               fácilmente por Jake, tenía las ideas muy claras desde hacía tiempo. En aquel
               momento sonó el teléfono y mi amiga se levantó disparada a contestar, supongo
               que pensando que sería su chico.

               -Bells, es de tu casa- dijo, pasándome el aparato. Empezó a retirar la mesa,
               mientras yo me llevaba el teléfono a mi habitación.

               -Hija, ¿cómo estás?- la voz de mi padre sonaba seria.

               -Bien, papá.

               -No, no estás bien. Hija, ¿se puede saber qué te pasa por la cabeza? He
               hablado con James Watson.

               Mierda. Quería habérselo dicho yo y no que se enterara así.

               -Papá, no entiendes.

               -No, no entiendo por qué mi única hija cruza el Atlántico para trabajar en un
               hospital que tiene muchas menos prestaciones y capacidad docente que donde
               estaba antes. ¿Es por ese chico?-su voz sonaba realmente enfadada.

               -No, papá. No es por él. Podría salir con él y trabajar en Seattle sin problemas.

               -Entonces aún lo entiendo menos.

               -Papá, estoy muy bien aquí, es un buen centro, con buenos compañeros, y
               aunque no te lo creas estoy aprendiendo mucho.

               -¡Para eso no hacía falta que hicieras miles de kilómetros!

               -Pero los he hecho, y es lo que me he encontrado, Charlie -siempre le llamaba
               Charlie cuando me enfadaba con él, y ahora empezaba a mosquearme. Toda
               mi vida había aceptado sus consejos y orientaciones porque coincidían con lo
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               que yo deseaba, o eso pensaba yo. Quizá lo que pasaba era que no me
               importaba mucho lo que fuera que tenía que decidir y le hacía caso. Sólo fui en
               contra de sus recomendaciones en dos ocasiones: a la hora de elegir
               especialidad, y ahora. Y no iba a echar marcha atrás.
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               -Hablaré con tu jefa para que te haga entrar en razón.

               -¡Ni se te ocurra! - cualquiera le decía que Emily le daría la razón a él.- Papá, no
               te metas en mi vida. Soy una adulta.

               -Hija, no lo haría pero me parece que estás tirando por la borda una
               oportunidad de oro. La única oportunidad de trabajar de adjunto en un gran
               hospital. ¿Cómo vas a competir con compañeros que acrediten una formación
               en las últimas técnicas? ¿Dirás que has estado en un hospital de pueblo pero
               que la gente era "muy maja"?- casi gritaba.

               Estaba a punto de colgarle el teléfono. Lo imaginaba de color granate, como
               cada vez que se enfadaba mucho por algún motivo. De fondo escuchaba a mi
               madre intentando calmarle. Yo me parecía más a ella que a él. La decisión de
               mudarse a Barcelona había sido de ella. Renée sentía que iba a estar a gusto en
               esa ciudad, y fue lo único que le importó. Que tuvieran suerte y encontraran un
               buen trabajo bien remunerado gracias también a su prestigio eran cosas
               secundarias para ella. Y él, que la adora, se dejó convencer sin problemas.

               -Escúchame, papá. No quiero que hagas nada. Es mi vida. Y tampoco creo que
               vuelva a España cuando acabe el año – hala, ya lo había dicho.

               -¿QUÉ? ¿NO VAS A VOLVER? – ahora sí chilló, tanto que tuve que separar
               el auricular de mi oreja, y me arrepentí de haber sido tan brusca. Lo había
               dicho sin pensar. Ni siquiera era una decisión que hubiera sido plenamente
               consciente de tomar, pero ahora que lo había dicho estaba segura. Escuché
               cómo mi madre le quitaba el teléfono.

               -¿Qué dice Charlie, Bella? ¿No vas a volver?

               -Mamá, no estoy segura, pero creo que no.

               -Es por ese chico, ¿no?

               -Sí.

               -¿Tan fuerte es? Apenas hace unas semanas que salís.
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               -Mamá, ¿cómo puedes decirme eso? ¿No fuisteis vosotros quienes os
               prometisteis a las dos semanas de conoceros?

               -Sabía que algún día me arrepentiría de haberte explicado esa historia- bufó,
               pero inmediatamente cambió el tono de voz y supe que estaba sonriendo.- Está
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               bien, hija. Confío en ti, ya eres mayor para tomar tus propias decisiones.

               -Díselo al doctor Aguafiestas Swan.

               -Hija, él sólo dice lo que cree que es mejor para ti - de fondo se escuchaba
               gruñir a Charlie palabras que no llegué a entender.- Bien, pues habrá que
               conocer al chico que ha logrado la hazaña de robarle el corazón a nuestra hija.
               Tenemos mucha curiosidad ¿verdad Charlie? ¿Qué te parece si te hacemos
               una corta visita para la Semana Santa, hija?- además de la voz de mi madre se
               escucharon más gruñidos inconexos al otro lado del teléfono. A mí me dio un
               vuelco el estómago. ¿Mis padres conociendo a Edward? ¿Y si notaban algo
               extraño? Esto iba demasiado rápido. No, no estaba preparada para eso.

               -Eeeeh… tengo que mirar el calendario de guardias, y eso. Ya os diré algo,
               ¿vale?

               -Mándanos una foto de los dos, hija. Al menos nos haremos una idea de cómo
               es.

               -De acuerdo mamá.- Pensé que no tenía ninguna foto de Edward. Tenía que
               poner remedio a eso. A lo mejor si le mandaba lo que me pedía satisfacía su
               curiosidad y posponían su visita hasta el verano.

               O hasta dentro de diez años.

               Me despedí de mi madre, porque Charlie no quiso volver a coger el auricular.
               Estaba enfurruñado, y probablemente la próxima vez que habláramos intentaría
               volver a convencerme de que estaba cometiendo un error. Era lo que había, iba
               a echarles de menos, a ellos y al sol, pero la opción de llevarme a Edward a mi
               soleado Mediterráneo era impensable y yo no me imaginaba sin él. Tenía que
               empezar a sondear mis posibilidades de trabajo por la zona, aunque aún me
               quedaban unos meses por delante. Parecía absurdo tomar esta decisión el
               mismo día que había hablado con Edward de mis dudas sobre mi posible
               transformación, pero una cosa tenía clara: no sabía si podría abandonar mi
               vida, pero lo que sí sabía era que no quería vivir sin él.
Cambio De Destino
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            EPOV

             Esperé pacientemente ante la puerta del edificio donde vivía Jacob a que este
             llegara de su trabajo. Me apoyé en un coche que había aparcado enfrente. Caía
             una lluvia suave, pero yo no llevaba paraguas ni me importaba. Me limité a
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             pasarme la mano por el cabello para apartármelo de la cara. Unas chicas
             pasaron, me miraron y luego rieron tras dirigirse una mirada de complicidad.
             Sonreí al escuchar sus pensamientos.

            No es que el nombre de Jacob Black saliera en la guía de teléfonos, pero fue
            sencillo saber dónde vivía gracias a Jasper. Ningún dato confidencial escapaba a
            la habilidad de mi hermano en la red. La informática era su trabajo y romper
            barreras de seguridad en Internet su pasión. Cuando le pedí que me
            consiguiera la dirección de Black me reprendió y me dijo que le hacía perder el
            tiempo al pedirle tareas que hasta un niño de primaria podría conseguir. Luego
            me confesó que había investigado a Bella, su pasado y su familia. Me enfadé
            con él por hacerlo sin mi permiso, que evidentemente no habría obtenido.
            Aunque se me pasó rápido. Sabía que lo hacía porque estaba preocupado por
            mí, como toda la familia. Jasper era quien menos comprendía mi relación con
            una humana. Hasta conocer a Alice su dieta había sido durante años la habitual
            de un vampiro, y eso no era algo fácil de superar. Pero él lo había conseguido,
            por amor a mi hermana. Ahora ya no tenía ningún problema en la convivencia
            con los humanos, pero aún le quedaban muchas décadas para poderse dedicar
            a una profesión como la de Carlisle, Rosalie y mía.

            Jacob llegaba caminando pausadamente, las manos en los bolsillos del anorak,
            con la capucha puesta. Iba mirando al suelo. A unos cuantos metros de mí alzó
            los ojos, arrugó la nariz y frunció el ceño. Su reacción habitual.

            -Te agradezco que no hayas entrado en mi casa. Por lo menos en la calle el tufo
            no es tan insoportable, Cullen -dijo, deteniéndose a un par de metros de mí.
            No estaba asustado, pero sí alerta.

            -Quiero hablar contigo- dije fríamente, ignorando su comentario.

            -Entonces será un monólogo, porque yo no tengo nada que decirte - espetó,
            cruzándose de brazos.

            -Supongo que no me vas a invitar a entrar en tu madriguera, así que hablaremos
            aquí fuera, si así lo deseas. Me basta con que me escuches, y espero que tu oído
            sea tan fino como tu olfato de perro, porque no lo repetiré.
Cambio De Destino
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            -Habla rápido y líbrame de tu molesta presencia, Cullen.

             -Muy bien, escucha atentamente y no olvides esto: jamás, jamás ¿me oyes? te
             vuelvas a dirigir a Bella de la forma en que lo hiciste aquel día. No la asustarás,
             molestarás ni le faltarás al respeto. Si me entero de que lo has hecho tendrás
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             graves problemas. Y no es una amenaza, es una promesa- dije, y mi voz sonaba
             gélida mientras me acercaba a él. Fue retrocediendo hasta que tocó con la
             pared.

            -Ya tardabas en venir a defender a tu novia, Cullen. No he roto el pacto, pero
            no toleraré que se ponga en peligro a Angela- me sostuvo la mirada y he de
            decir que durante un instante le admiré el valor. Nadie conseguía aguantar ni
            dos segundos cuando lo miraba de la forma en que lo hacía ahora con él.
            Incluso algún humano había llegado a orinarse encima.

            -¿Cuándo te entrará en la dura mollera que los Cullen no somos un peligro
            para nadie? –dije cansinamente.

            -Cuando viváis en la Antártida, sanguijuela. Entonces sólo temeré por los
            pingüinos, pero viviré más tranquilo. En lo que a mí respecta eres como un ex-
            alcohólico que trabaja en un bar. Tarde o temprano caerás, y no quiero que mi
            novia esté delante cuando eso suceda. Y para mi gusto pasas demasiado tiempo
            cerca de ella por culpa de tu amiguita- decidí que ya tenía suficiente de esta
            conversación. Le tomé por el cuello de la chaqueta y acerqué mi cara a escasos
            centímetros de la suya, clavando mis ojos en los suyos. Ahora sí empezaba a
            asustarse, pero no desvió la mirada.

            -Deja a Isabella en paz –vocalicé cada sílaba. - Si no lo haces, te obligaré a
            hacerlo – mi voz ya era un gruñido bajo.

            -De acuerdo, creeré tus palabras y la dejaré tranquila. Y ahora aléjate de mí o tu
            olor impregnará mi ropa y tendré que tirarla a la basura.

            -Bien. Sólo espero que te haya quedado claro- solté mi agarre y, sin
            despedirme, me alejé de él. Oí cómo escupía en el suelo al alejarme. Desde
            luego, no sabía si Jacob Black era valiente o idiota. Quizá las dos cosas. Pero sí
            sabía que no me decía la verdad en lo primero que había afirmado pues seguía
            sin creerme, pero sí en lo segundo. No volvería a molestar a Bella.
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                                                 Capítulo 21



               BPOV

               -¡Tenías razón, Angela! Bells, nena, tu guardarropa está para que lo metan en la
               UCI, necesita una reanimación inmediata - comentó Anne mirando el interior
               de mi armario con expresión de sorpresa.

               Ignoré su comentario mientras me abotonaba los vaqueros. Había perdido algo
               de peso, y no es que me sobrara. Tendría que alimentarme mejor, estaba claro
               que las sesiones de sexo con mi amante implicaban bastante gasto calórico. Por
               no hablar de la falta de sueño.
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               -Eso llevo diciéndole desde hace semanas, pero no paraba de darme largas.
               Menos mal que ahora tiene una buena razón para hacerme caso -repuso
               Angela, apoyada en el marco de la puerta de mi habitación, mirándome con
               sorna.
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               -Sí, una razón de más de metro ochenta- asintió Anne, sonriente.

               -Y además, la poca ropa de vestir que tiene ni se la pone… tiene una falda
               preciosa gris que no usa nunca. Bueno, al menos hace muchos días que no te la
               he visto- comentó mi indiscreta compañera de piso.

               Maldita sea, la falda. Esta mujer era una detective, un observador sabueso, y
               parecía que olfateaba mis secretos. Percibí mis mejillas coloreándose al
               recordar de forma inevitable y vívida el día en que aquella prenda de ropa
               había pasado a mejor vida. No me atreví a mirar a Angela y me concentré en
               bajar la cabeza, la mirada y calzarme las botas. Sentí un cosquilleo en mi nuca,
               seguramente el sitio donde mi compañera había clavado su atenta mirada. Ni
               siquiera sé cómo había podido hacer que se creyera que el reposabrazos del
               sillón lo había roto yo intentando moverlo de sitio mientras limpiaba. Quizá me
               vió tan sofocada que decidió no investigar más.

               -Dadme un respiro, chicas- bufé, mientras me ponía las botas.- ¿Mónica tardará
               mucho en llegar?

               - No lo creo, dijo que estaría aquí a las cinco y pasan un par de minutos -repuso
               Anne mirando mi despertador- Y bueno, con ese pedazo de maromo que te
               gastas ¿podemos saber por qué no le hacías caso a Angela? ¿Es que no te
               apetece ponerte guapa para él?–inquirió Anne. Ella era una chica guapa y
               además gustaba de realzar sus encantos. No comprendía que todas no éramos
               así.

               -Siempre he odiado ir de compras, es un trauma infantil no superado –repuse,
               seria.

               -¿Trauma infantil? -dijo Anne, cerrando las puertas de mi ropero y girándose
               para observarme.

               -Sí. Mi madre es muy presumida, y le encanta ir de compras. Cuando yo era
               pequeña muchas veces me llevaba con ella, porque hace años hacía bastantes
               guardias y quería aprovechar para estar conmigo todo el tiempo que tenía libre.
               Como además es bastante indecisa podía llegar a tardar una hora en decidirse
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             por qué par de zapatos o qué pieza de ropa quedarse. Es un encanto, así que
             las vendedoras que ya la conocían se lo tomaban con filosofía, pero para mí era
             un aburrimiento mortal. También le gustaba comprarme ropa a mí y hacía
             exactamente lo mismo, con lo que el suplicio era doble. Pasé horas y horas de
Página | 199 mi infancia dentro de probadores y tiendas, y así fue como aborrecí esos
             lugares. Fue un condicionante negativo, cuando oigo las palabras "tienda", o
             "probador" inmediatamente empiezo a sentir ansiedad - me subí la cremallera
             de la bota y me puse de pie.- Lista. Cuanto antes nos vayamos antes
             volveremos.

            -Que te crees tú eso, Bella Swan. Hoy que tu chico está de guardia eres toda
            nuestra. Iremos de compras, haremos una sesión de peluquería y manicura, y
            luego cenaremos en un restaurante de la zona marítima-dijo Anne. La miré
            horrorizada y se carcajeó. De repente se oyó el claxon del coche de Monica.

            -Eh, paso por lo de ir de compras y la cena, pero nada más- repuse firmemente,
            dirigiéndome veloz hacia las escaleras, como si escapara de algún peligro. Anne
            y Angela me siguieron.

            -Bueno, lo de la manicura y la peluquería era broma para hoy, pero quedan
            para otro día. No, si al final Edward nos hará un monumento- se burló Anne.
            Me giré y le hice una mueca.

            -A él le gusto tal como soy.

            -Eso no lo dudo, Bella, pero aún le puedes gustar más. ¿Qué mal hay en ello?-
            repuso.

            -Vale, vale… a ver, chicas, os estoy acompañando a hacer algo que va en contra
            de mi religión, ¿no? Fin del tema -gruñí mientras cerraba con llave la puerta de
            la casa.

            Ang y yo subimos a mi coche de piloto y copiloto, y en el asiento de atrás se
            colocaron Mónica y Anne. En el sorteo me había tocado llevar mi coche y
            conducir a la ida y a la vuelta. Cuando se estaba poniendo el cinturón de
            seguridad Angela se inclinó hacia mí y me susurró:

            -Ya me dirás dónde te olvidaste tu falda gris, porque me he quedado muy
            intrigada- la miré con los párpados entrecerrados, sonrojada.
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               -Eso es privado, señorita "quierosaberdemasiado"- espeté, mientras ella apretaba
               los labios para no sonreír. Suspiré y puse en marcha el coche y lo dirigí hacia la
               carretera. Iba a ser una dura jornada.

               Llegamos a Port Angeles en mi coche y fuimos directamente a un gran centro
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               comercial que había en las afueras. En esos sitios me sentía un poco como en
               casa, porque todos eran parecidos, con prácticamente las mismas tiendas. Mis
               amigas me hicieron entrar en absolutamente todas las tiendas de ropa femenina
               que había en el lugar, me obligaron a probarme decenas de pantalones,
               vestidos, faldas y jerseys. Me quedé con tres jerseys, un vestido, y un par de
               pantalones y faldas.

               -Bueno, espero que estéis satisfechas, porque hasta dentro de un par de lustros
               no repetiremos esta experiencia. Ha sido una auténtica tortura - protesté.

               -No seas quejica, Bells, aún nos queda la mejor parte.

               -¿De qué se trata? ¿De clavarme astillas entre las uñas y la carne de cada dedo?
               ¿Quemarme con hierros candentes? - Angela sonrió ampliamente, y Anne y
               ella se dirigieron una mirada pícara.

               -Eres una plañidera, Bella Swan, y una desagradecida. Esto lo hacemos por ti, y
               por lo menos Edward sí nos lo agradecerá - repuso Anne, y entre ambas me
               acercaron a la lencería. Monica iba cubriendo la retaguardia, como si en
               cualquier momento fuera a darme la vuelta y salir huyendo. Cosa que, por
               cierto, se me había pasado por la cabeza.

               -Ah, no, por ahí no paso –negué con firmeza, pero no me sirvió de nada, se
               habían colocado una a cada lado, me habían tomado por los brazos y me
               arrastraron al interior de la tienda. Jamás habría pensado que unas chicas tan
               delgadas pudieran tener tanta fuerza. ¿Serían vampiras y yo no lo sabía?

               -No pienso mirar nada de por aquí. Podéis obligarme a entrar pero no a mirar-
               dije tapándome los ojos con las manos.

               -Eso de trabajar con criaturas contagia comportamientos extraños. ¡Bella! Si no
               miras te vamos a comprar lo que nos dé la gana y será peor, porque te
               compraremos el conjunto más indecente y pervertido que podamos encontrar y
               luego le preguntaremos a Edward si le ha gustado nuestro regalo. Y somos
               capaces -aseveró Anne cruzada de brazos, imperturbable.
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             Me sonrojé nuevamente sin poderlo evitar. Edward tenía mayor autocontrol
             ahora, pero al principio de nuestra relación unas cuantas piezas de mi ropa y
             principalmente de mi lencería acabaron hechas trizas entre sus manos. No
             quería ni imaginar cuánto podía durar en sus manos un conjunto excesivamente
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             provocador. Era tirar el dinero.

           -No pagaré lo que me compréis- dije, alzando el mentón orgullosamente.

           -Y tanto que lo harás, lo pagaremos nosotras, será nuestro regalo de… no sé…
           ah, de bienvenida, que no te hicimos ninguno ¿verdad, chicas?-dijo Monica
           desde detrás de mí.

           -Vaaaaale, os odio a las tres, ¿lo sabéis? - refunfuñé, y empecé a mirar entre las
           perchas de la tienda.

           Al final escogí un par de conjuntos, uno en negro y otro en azul, y un camisón
           que me daba vergüenza hasta mirarlo y no sabía si me lanzaría a ponérmelo.
           Era ropa interior mucho más atrevida de la que solía usar, pero también me
           apetecía cambiar.

           Una vez finalizamos las compras fuimos a cenar a un restaurante de la ciudad.
           Estaba situado en el puerto, cerca de la cafetería donde Edward y yo tuvimos
           nuestra primera cita. Me parecía que habían pasado muchos meses desde
           entonces y tan sólo habían sido unas pocas semanas. Era ya de noche, pero el
           tiempo estaba siendo más primaveral, y eso se notaba en la mayor afluencia de
           turistas.

           -Este tiramisú está de vicio. Si me dieran a elegir entre él y buen sexo, no sabría
           qué escoger- dijo Anne relamiendo la cuchara de forma un tanto provocadora.
           El camarero la echaba miradas de soslayo de vez en cuando, y yo me alegré de
           no tener el don de Edward para leer los pensamientos.

           -¿Por qué tienes que escoger? Se pueden mezclar las dos cosas- repuso Angela
           con sonrisa traviesa.

           -Mmmmm, tienes razón, Angela, no hay por qué escoger – respondió Anne
           entornando los ojos mientras seguía con la cuchara en la boca.

           -Nena, cálmate, me da ganas de deciros a ti y al tiramisú que os busquéis una
           habitación- comentó Mónica, simulando estar escandalizada.
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               -Vale ya. Las tres. Si ya sois unas pervertidas sin ir achispadas no os digo nada
               ahora, con un par de copas de más. Ya está bien - la verdad es que con esa
               conversación me estaba alterando un poco, y sin darme cuenta estaba echando
               de menos a Edward.
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               -Lo que tú digas, madre superiora. Estás amargada porque te ha tocado a ti
               conducir y no puedes beber. Venga, anímate y cuéntanos algo de Edward, ¿qué
               tal es en la cama?

               -Eso son cosas privadas, Anne. ¿Y qué tal es Paul? - contraataqué.

               -A Paul aún no lo he catado, pero te aseguro que no tardará en caer. Y no
               cambies de tema. ¿Si yo te contara algo íntimo de Paul tú me contarías algo de
               Edward?

               -No- concedí.- Tú misma lo has dicho. Eso es íntimo.

               -Otro día te emborrachamos y nos lo cuentas.- Ante mi silencio se giró hacia
               Angela.- Ang, explícanos tú algo ¿son ruidosos?

               -No, que va, cuando duermen juntos parece que hagan eso, dormir- contestó
               mi amiga con expresión de inocencia. Si Angela supiera las veces que Edward
               había ahogado mis gemidos y mis gritos en su boca para que no nos
               escuchara… -De todas formas algo debe pasar entre ellos, porque la cara de
               felicidad que pone esta mujer por las mañanas da asco- rió y le saqué la lengua.

               Recordé la noche en que Edward mordió una de mis almohadas para no gritar
               y tuvimos que recoger las plumas desperdigadas por toda la habitación para
               evitar que Ang las viera por la mañana y tuviera tema para meterse conmigo
               durante toda una semana.

               -Pidamos un café antes de irnos. Lástima que mañana trabajamos, si no
               podríamos ir a la zona de pubs de la ciudad, seguro que ahora estará muy
               animada- comentó Anne.

               -¿En miércoles?-me sorprendí.

               -Hija, esto no es Forks. Y aquí hay mucho turismo- contestó Monica.

               La noche era muy oscura, para no variar el cielo estaba completamente
               encapotado y no dejaba ver la luz de la luna. Cuando llevábamos unos minutos
               en el coche empezó a llover, una lluvia fina pero continua. No me gustaba
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             conducir de noche y con precipitación, pero me había tocado, así que abrí bien
             los ojos y aminoré la velocidad, recordando la cantidad de accidentes que eran
             atendidos en el hospital de Forks por imprudencias. Mis amigas continuaban la
             cháchara pero me desatendí de ellas, con todos mis sentidos puestos en la
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             carretera.

            Y aún así me sorprendió. De pronto una sombra se interpuso en la trayectoria
            del coche, saliendo de la nada. Mi reflejo fue girar el volante para esquivarla. El
            coche patinó en la humedad de la carretera como si hubiera una pista de hielo
            bajo las ruedas y finalmente todo dio vueltas. Sentí un dolor muy agudo en la
            parte lateral de la cabeza. Escuché gritos, ruidos de metal doblándose, y de
            pronto silencio. Me concentré en mis sensaciones. Me dolía la cabeza, pero
            podía mover manos y pies. Unas voces fuera del vehículo rasgaron ese silencio.

            - Dios… El coche ha dado una vuelta completa de campana.

            -Hay alguien que sangra ahí dentro, tenemos que sacarles de ahí. Voy a llamar a
            emergencias. Mierda con el ciervo ese.

            -El ciervo ha hecho lo que le ha dado la gana, yo no he podido detenerlo pero
            tú tampoco, Rose.

            -Quitaré la llave del contacto.

            Dentro del coche estábamos en silencio absoluto. De repente se me ocurrió
            que ellas no habían pronunciado palabra y mi corazón se detuvo por unos
            segundos. Y si…

            -Chicas, ¿estáis bien?– dije en un tono de voz bordeando la histeria. Respiré
            mejor cuando una por una todas fueron contestando afirmativamente.

            Una cara asomó por mi ventanilla, que estaba rota. No la distinguía bien por la
            oscuridad y la incesante lluvia, pero parecía una mujer joven. Quitó las llaves
            del contacto y habló tras echar un rápido vistazo al interior del coche. Su voz
            sonó serena y musical, y tenía un móvil pegado a la oreja.

            -Estoy llamando a emergencias, veo que estáis todas conscientes. ¿Podéis
            moveros? ¿Alguna de vosotras tiene dolor? Huele a sangre.

            ¿Huele a sangre?
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               Me toqué un lado de la cabeza, donde me había golpeado, y me olí la mano.
               Por fin fui consciente de que el líquido cálido que me bañaba el cuello era
               sangre que manaba de mí.

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               -Yo, yo estoy sangrando. Creo que me he golpeado la cabeza contra la
               ventanilla.

               -¿Emergencias? -dijo la chica desde fuera del coche. Pero no pude oir lo que
               decía porque de nuevo se oyó un sonido de hierros por todos lados y las
               puertas del lado del conductor y de atrás desaparecieron de su sitio– Sí, aquí les
               esperamos. ¿No podías sencillamente haber abierto las puertas en vez de
               montar el numerito, Emmet?

               -Las puertas estaban atascadas, y mejor salir por ahí que por la ventana, ¿no?
               Dios, acabemos pronto, este olor a sangre es demasiado para mí. Yo no estoy
               tan acostumbrado como tú, aunque tendré que hacerlo.- Mientras decía esto,
               iba ayudándonos a salir del coche una por una. La chica estaba dando los datos
               de nuestra posición.

               El que tenía de nombre Emmet, que tenía el tamaño de un armario
               empotrado, me tomó en sus brazos con cuidado y me sentó en el suelo, bajo
               un árbol junto a las demás. De pronto escuché un zumbido en mi cabeza, mi
               dolor aumentó y todo se volvió negro. Antes de perder la conciencia tuve un
               último pensamiento: Emmet, Rose… Cullen? Y escuché el grito de Angela.

               -¡Bella!

               EPOV

               -Edward, han llamado de Emergencias en carretera. Dicen que tienen un aviso
               de accidente en la carretera de Port Angeles y que estemos preparados. Acaba
               de salir la ambulancia hacia allá -dijo Paul, asomándose al box donde me
               encontraba explorando a una paciente.

               -¿Sabemos el estado de los heridos? -pregunté.

               -Al parecer son cuatro chicas, la persona que ha llamado a Emergencias se ha
               identificado como médico y es quien las ha encontrado. Ha dicho que tres de
               ellas tienen varios hematomas y pequeñas heridas, pero que la otra está
               inconsciente, es la que traen primero. Edward ¿qué pasa? ¿Dónde vas?- La
               angustia comenzó a invadirme y busqué mi móvil. Estaba tan nervioso que me
               costó sacarlo de mi propio bolsillo.
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               -A llamar a Bella. Esta tarde iban de compras a Port Angeles Angela, Monica,
               Anne y ella. – Marqué su número.- Vamos, Bella, contesta, contesta- imploré
               en voz baja.

               Paul se había acercado y esperaba en silencio, atento al teléfono y a mi
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               expresión. Me salió el buzón de voz. Al ver que no recibía respuesta sacó el
               suyo.

               -Voy a probar suerte con Anne. - Tampoco hubo respuesta. Nos miramos con
               la angustia reflejada en nuestro rostro. Él había palidecido. No hubo suerte
               tampoco con Monica ni Angela.

               Sólo nos quedaba esperar.

               De pronto se abrió la puerta de entrada de Urgencias y pasó una camilla con
               dos paramédicos, dirigiéndose a toda prisa al box de reanimación.

               -Mujer, 26 años, traumatismo craneoencefálico con herida abierta, ha perdido
               la conciencia hace poco, Glasgow 10, sospechamos un hematoma epidural
               aunque no hay focalidad neurológica.

               Apenas alcancé a oir lo último que decía el paramédico por dos razones. La
               primera, que esa mujer era Bella. La segunda, que su hermoso cabello, el
               cuello, la camisa… todo estaba empapado de ese olor que me volvía loco. Mi
               cuerpo me impulsaba hacia ese aroma con una fuerza imposible de resistir.

               O casi imposible.

               Edward, mente en blanco. No respires. No te muevas.

               -¡Edward, Edward, reacciona!- sentí como me tomaban de los hombros y me
               intentaban zarandear. Miré enfrente mío. Paul me observaba con expresión
               atónita. Miré hacia el box y negué con la cabeza. No podía hablar. No debía
               tomar aire o no podría contenerme. Paul tomó las riendas al ver que no me
               movía.

               -Carol, ve a llamar al adjunto de cirugía. Edward, vete a la salita -ordenó.

               ¿La salita? Demasiado cerca de ese aroma. Y demasiado lejos. Quería estar con
               ella pero no podía, no iba a ser de ninguna ayuda si perdía el control, y estaba a
               punto de hacerlo.
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            Bella.

             De pronto unos brazos literalmente me arrastraron fuera del hospital. Miré sin
             ver al ser que tenía tanta fuerza como para movilizarme a pesar del estado en
             que me encontraba. El ser al que no distinguía, ya que sólo tenía ante mí la
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             imagen de la cabeza de Bella manchada de sangre, me apoyó con fuerza contra
             la pared externa del edificio. Se acercó una sombra que al parecer nos había
             seguido y le habló a la primera sombra.

            -¿No reacciona? - esa voz… hice un esfuerzo para enfocar al exterior y no a las
            imágenes que tenía dentro de mí.

            -Está como catatónico. Mierda ¡EDWARD! ¡Reacciona, no me obligues a darte
            un bofetón!- Exclamó con la cara muy cercana a la mía. Por fin pude enfocar.

            -Emmet…-el aludido se separó un poco, tomando aire con fuerza.- Rosalie -dije
            mirando a la sombra al lado de Emmet.

            -Edward, has estado a punto de dar un espectáculo ahí dentro- masculló
            Emmet.

            -No, no, he podido contenerme- contesté, frotándome la cara. La voz aún me
            salía con dificultad, como si no tuviera aire suficiente para hablar.

            -Pues no lo parecía. Más bien parecía que estabas al límite de tus fuerzas.
            Menuda escenita se habría montado -bromeó mi hermano. Rosalie lo miró
            furibunda y este calló inmediatamente.

            -No es momento, Em. Edward, ella está bien. Ha estado consciente unos
            minutos hasta desmayarse. Se recuperará. Estoy segura de que sólo es una
            fuerte conmoción. Dudo que haya sangrado interno, no había focalidad
            neurológica y no le palpé ninguna fractura. Ahora sólo hay que estar alertas a
            que no haga edema cerebral.

            Escuchar estas palabras de la boca de Rosalie me tranquilizaron mucho. Era
            una excelente traumatóloga y su excepcional sentido del tacto y el olfato,
            increíbles incluso para un vampiro, la hacían aún mejor. Apenas necesitaba de
            radiografías y otras pruebas de imagen para detectar pequeñas fracturas o
            hemorragias internas.

            -Gracias, Rosalie. Podrías…
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           -¿Entrar para preguntar por ella? Claro- Sonrió y me apretó una mano. A veces
           dudaba de si era tan capaz de leerme la mente como yo a ella.

             El aire fresco de la noche, el olor a vegetación, iba penetrando en mí,
             haciéndome olvidar un poco la esencia de Bella. Pasaron unos minutos hasta
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             que me serené un poco. Ahora tan sólo estaba impaciente por tener noticias
             del estado de Bella.

           -¿Mejor?

           -Sí…

           -¿Quieres que entre y le borre la memoria al tío que hablaba contigo? Por
           fuerza tiene que haber notado algo raro.

           -¿Paul? No, no. No he captado ningún pensamiento extraño. Ha creído que
           estaba así por miedo a que mi novia estuviera grave.

           -Tú no habrías captado nada de nada, ni aunque te lo hubieran gritado con un
           altavoz pegado a la oreja, tío. Ni siquiera me has oído llegar.

           -Es cierto… bueno, luego comprobaré qué ha pensado sobre la situación.
           ¿Sabes cómo ha sido?-me pasé la mano por el pelo.

           -Lo siento mucho… Rose y yo paseábamos y hemos asustado a un ciervo.
           Cuando nos hemos dado cuenta de que iba directo a la carretera y hemos oído
           el motor de un coche me he lanzado a detenerlo pero no he llegado a tiempo-
           Emmet me miraba apesadumbrado.

           -Los accidentes ocurren, y no ha sido culpa tuya. Lo que importa es que no ha
           pasado nada grave, aunque me quedaré más tranquilo cuando sepa el resultado
           de las pruebas.

           En aquel momento Rose asomó por la acristalada puerta de Urgencias.

           -Edward. El TAC es normal y Bella está despierta. Pregunta por ti.
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                                                  Capítulo 22



               BPOV

               -¡Abre los ojos, Bella!

               En la oscuridad de mi mente escuché una voz que reconocía, pero no podía
               ponerle nombre. Le hice caso por un par de segundos durante los cuales una
               luz me deslumbró, e inmediatamente se me volvieron a cerrar los párpados.

               - ¡Bella! ¡Ábrelos! ¡Vamos! –Sentí un fuerte pellizco en el brazo y los abrí de
               nuevo. La luz me deslumbró de nuevo y parpadeé varias veces.

               -¡Ay!- me quejé, indignada.

               Sentía movimiento bajo de mi cuerpo y me di cuenta de que iba en una camilla
               flanqueada por dos personas. Parpadeé de nuevo y por fin pude fijar la vista.
               Eran Paul y Jared. Me di cuenta de que me habían puesto un collarín cervical y
               no podía movilizar el cuello.

               -Joder, Paul, mira que eres bruto- dijo Jared. –Si los ha abierto una vez no hace
               falta que la pellizques fuerte. ¡A ver si nos aprendemos bien la escala de
               Glasgow, que ya toca!
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            -Es que me estaba poniendo de los nervios, quería que reaccionara de una vez.
            Bella -me volvió a mirar- ¿sabes dónde estás?

             -En el hospital, ¿dónde voy a estar si vais vestidos de blanco? -Las expresiones
             de ambos se relajaron.- ¿Y se puede saber por qué coño me has dado ese
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             pedazo de pellizco? ¿Y qué hago aquí con esto puesto?– gruñí.

            -Joder, estabas más guapa inconsciente.

            Esta vez se les veía a punto de echarse a reír de alivio, pero me detuvieron
            cuando intenté quitarme la inmovilización. Yo misma me tranquilicé al caer en
            la cuenta de que movía todas las extremidades.

            -Bella, habéis tenido un accidente- sí, comenzaba a recordar algunas imágenes-
            El paramédico dice que en la ambulancia tenías un Glasgow de 10, un poco
            menos y te intuban. Discúlpame por el pellizco. Veo que estás mejor-dijo Paul.

            De pronto recordé a mis amigas.

            -¿Y las demás? ¿Dónde están?- mi voz brotó con un agudo tono.

            De pronto la camilla paró en el área de radiología.

            -Están en observación, pero las tres están mucho mejor que tú. Algunos
            hematomas y rasguños superficiales, el susto, y nada más. Con el nivel de
            alcoholemia que llevaban no ha hecho falta desinfectarles las heridas- sonrió.-
            Menos mal que tú no bebiste, habría ido todo peor. Y ahora te vamos a hacer
            un TAC para descartar hematoma intracraneal. Órdenes del jefe.

            Una vez en la camilla del TAC aferré la mano de Paul para detenerlo antes de
            que se retirara tras el cristal.

            -¿Y Edward?- pregunté, ansiosa.

            Mi mente iba encendiendo las luces progresivamente. Me toqué la cabeza en la
            zona donde había sangrado y la noté cubierta de gasas. Aún no estaba suturada,
            claro, no lo harían hasta que no me hicieran el TAC. ¿Qué habría pasado con
            Edward? ¿Cómo habría reaccionado? Me sentí angustiada, el olor de mi sangre
            era lo único que podía hacerle perder el control.

            Paul miró a Jared antes de contestarme.
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            -Edward está mejor que tú, Bella, y te han de hacer un TAC urgente, no lo
            demoremos más.

             Escuché por el altavoz la voz del radiólogo que me pedía que estuviera
             completamente quieta y cerré los ojos al para evitar sentir claustrofobia cuando
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             el scanner se desplazó sobre mi cabeza.

            Una vez finalizado el TAC me llevaron a urgencias, al box de trauma. Tuve la
            misma escolta que a la ida. Me alegraba de ver dos rostros amigos, pero echaba
            de menos no ver el de Edward, aunque entendía la razón. Vaya si la entendía.

            -Bien, ya sabemos que no tienes lesiones internas ni fracturas, Bella. Ahora te
            voy a suturar esa herida. Te saldrá un buen chichón, pero parece que todo ha
            sido una fuerte conmoción, sin más. Te voy a poner unas cuantas grapas y te
            voy a dejar una herida preciosa- dijo Jared, sonriendo mientras me retiraba el
            collarín.

            -¿Grapas? Brrrr - me estremecí sólo de pensar en la grapadora sobre mi
            cabeza, pero Jared ya estaba inyectándome la anestesia. Carol, una enfermera
            de urgencias, entró en el box para ayudar a Jared en su trabajo.

            - ¿Dónde están las demás?- pregunté a ambos, al tiempo que llevaba las manos
            a mi cuello para frotarme la piel. Qué alivio al no llevar el molesto collarín.

            -Ingresadas en observación- contestó Carol.- No veas lo que han protestado,
            han amenazado con pedir el alta voluntaria y ha tenido que venir el jefe de la
            guardia a poner orden. "Señoritas – imitó la voz del jefe de traumatología, que
            estaba de jefe de la guardia- hagan el favor de comportarse de manera
            responsable y dar ejemplo. Se quedarán esta noche en observación les guste o
            no"- sonrió, moviendo la cabeza.

            -Ah, veo que te encuentras mejor- exclamó Paul al entrar en el box.- Acabo de
            visitar a las otras. Las han puesto en habitaciones contiguas, y ya están
            protestando. Anne encabeza la rebelión, dice que si no les traen un pijama
            decente dormirán vestidas. Se niega a ponerse, y cito, "la horrible bata azul esa
            que se ata por detrás y que no deja nada a la imaginación". También han
            pedido venir a verte pero se lo ha prohibido la supervisora de guardia.

            Sonreí a mi pesar. Por un momento imaginé a mis revolucionadas amigas
            protestando por todo y liderando una rebelión de todos los pacientes contra las
            rígidas normas del hospital.
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               Jared fue rápido en terminar su trabajo, y me dejaron sola un instante. Un
               breve instante. De inmediato apareció una bellísima y desconocida cara
               femenina, asomada al por la cortina del box.

               -¿Se puede?- contuve el aliento. Esa cara, esos ojos, esa voz. La había
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               escuchado cuando estaba dentro de mi coche, y recordaba sus palabras: "huelo
               a sangre". Ligué cabos a pesar de que aún sentía mi mente pesada. La otra voz
               la había llamado Rose.

               -¿Rosalie Cullen?- inquirí. Ella sonrió mientras asentía, acentuando esto aún
               más su aspecto de ángel, y me tendió la mano.

               -Sí. Me alegro de ver que estás mejor. Así que tú eres la famosa Bella- se sentó
               a mi lado y me estudió detenidamente.

               Me sentí un tanto incómoda; seguro que estaba preguntándose, como Alice,
               qué había visto su hermano en mí. Y con el aspecto que tenía ahora, yo
               también me lo preguntaría.

               -Gracias por ayudarnos, Rosalie- dije, porque lo sentía y porque quería romper
               ese silencio molesto.

               -De nada, Bella. ¿Cómo te encuentras?

               -Me duelen todos los huesos, sobre todo la cabeza, y me siento aún un poco
               atontada, pero estoy bien…- dudé un instante- ¿Crees que podría ver a Edward?
               ¿Está bien?

               -Sí, lo está- bajó la voz.- Ha sido capaz de resistir, y nosotros hemos llegado a
               tiempo para ayudarle. Pero se siente muy mal, fatal, por no haber podido
               asistirte.- Se levantó y sonrió con empatía- Voy a ver, pero creo que sí podrá
               entrar.

               -Sí, por favor.

               Cerré los ojos en cuanto Rosalie salió y sin darme cuenta me quedé
               adormilada. Me despertó un aroma conocido. El tacto suave de unos dedos
               sobre mi rostro… y no hizo falta nada más. Abrí los ojos y lo tenía ante mí.
               Observándome, angustiado, con unas leves ojeras y expresión ansiosa.

               -Hola…- el terciopelo de su voz me envolvió y me sentí mejor. Tomé su mano,
               entrelazando mis dedos con los suyos.
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            -Edward. ¿Estás bien? No tienes buena cara…

             -¿Tú me preguntas a mí si yo estoy bien? – Sonrió con tristeza- Sí… estoy bien.
             Acabo de firmar tu orden de ingreso en la planta de cirugía. Tus amigas están
             en traumatología, espero que no te importe que te separe de ellas, si estás en mi
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             sala es más fácil que pueda cuidar de ti a pesar del trabajo.

            -No necesito que…- frené al observar su mirada de dolor. Comprendí que
            Edward necesitaba sentir que cuidaba de mí, lo necesitaba más que yo. - De
            acuerdo. Pero no voy a ser una compañía muy amena - sonreí, apretándole la
            mano.- Me muero de sueño.

            En aquel momento entró el celador con la camilla para llevarme a mi
            habitación. Edward se despidió de mí y me dijo que subiría en cuanto le diera
            el alta a un par de pacientes que tenía en observación. Las enfermeras de la
            planta me atendieron con gran amabilidad y ya no recuerdo mucho más de esa
            noche, porque me quedé profundamente dormida. Ya eran las siete de la
            mañana cuando la luz que entraba por la ventana me despertó. Sentía dolor en
            todo el cuerpo y mi herida emitía quejidos en forma de punzadas, pero ya no
            notaba la mente confusa. Miré alrededor y allí estaba él. Sentado a mi lado, con
            esa mirada que me derretía, que estremecía hasta la última célula de mi cuerpo,
            que me hacía sentir lo importante que era para él. Pero había algo más en esos
            ojos. Era tristeza. Y yo tenía que conseguir borrarla, sacarla de ahí.

            -¿Llevas mucho tiempo aquí?

            -Toda la noche. Mi adjunto ha dado orden de que lo llamaran a él para todo, y
            no ha necesitado ayuda. ¿Cómo te encuentras?

            -Todo un detalle lo de tu adjunto. Estoy hecha polvo, pero he dormido bien. -
            Respiré profundamente.- Escucha Edward…

            -Entonces deja que te revise el vendaje- me interrumpió y acto seguido se
            levantó para hacerlo. Le detuve colocando una mano sobre la suya.

            -Tenemos que hablar, Edward. Sé que te sientes mal por lo de anoche. No le
            des más vueltas.

            -¿Qué no le dé más vueltas? -elevó el tono de voz- Dios… tendría que haber
            estado contigo desde el principio, y no fui capaz, fui un inútil. Bella, me moría
            por verte, por ayudarte, por atenderte, y en cambio tuve que alejarme de ti… Sí,
            fui un inútil completo y absoluto -se frotó la cara con las manos durante unos
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             instantes, y luego continuó hablando.- Percibí tu olor antes de que entraras en
             la sala de urgencias. Sentí al mismo tiempo terror por si te había pasado algo
             grave y un intensísimo deseo de tu sangre. Era como estar desgarrándome por
             dentro, partiéndome en dos: el Edward que te ama y el monstruo que desea
Página | 213 beber de ti. Luego entraron los paramédicos contigo en la camilla y fue peor, tu
             olor me impactó brutalmente, anulando mi voluntad casi por completo. Jamás
             había tenido que usar tanto autocontrol para no abalanzarme sobre un ser
             humano, y mientras tanto tú estabas allá, inconsciente, indefensa… - dijo, con la
             cara rota de dolor.

            -Eh… lo que importa es que lo conseguiste. Te controlaste, no pasó nada.

            -No lo sé… el mérito no es todo mío, por suerte llegó Emmet y me arrastró
            fuera de Urgencias en el momento en que me había quedado paralizado. La
            fuerza de voluntad me alcanzaba para no saltar sobre ti, pero no para moverme
            en dirección contraria a donde tú estabas.

            -No me habrías hecho daño, lo sé- acaricié su rostro, sus pómulos, sus labios.

            -Yo también lo creo, pero tampoco te habría ayudado. No necesitabas a nadie
            que bebiera de tu sangre en ese momento, necesitabas hasta la última gota, y
            ayuda médica. Aparte, la escena habría sido llamativa, por decirlo de alguna
            manera.

            -Sí, lo sé- no pude evitar sonreír imaginando esa escena. Edward me miró
            sorprendido.

            -¿Sonríes, Bella Swan? En serio que tienes un sentido del humor muy peculiar-
            dijo, alzando una ceja.

            -Edward, no te atormentes, no ha pasado nada, has podido contenerte, y han
            venido tus hermanos a echarte una mano.

            -¿Por qué cuando te escucho parece que las cosas sean menos importantes?

            -Porque son menos importantes, amor. He tenido un accidente y estoy bien, tú
            también estás bien, no ha pasado nada, no te amargues pensando en lo que
            podía haber sido, es absurdo e inútil.

            Parecía que mis palabras no lograban aligerar el peso de la culpa que sentía, lo
            veía en su expresión. Iba a contestarme cuando de pronto llamaron a la puerta
            de la habitación.
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               -Pasa- dijo Edward. La puerta se abrió lentamente.

               -¿Se puede? Rose está de charla con el jefe de traumatología y quería
               aprovechar para haceros una corta visita.- Lo recordaba, era Emmet, la pareja
               de Rosalie.
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               -Claro- contestó Edward.- Bella, este es mi hermano Emmet.

               El aludido entró en el box y pude comprobar su corpulencia. Era tan alto como
               Edward pero su cuerpo era casi el doble de grande, como el de un gran oso. Se
               acercó a mí y me tendió la mano. Tuvo la gentileza de oprimir la mía con
               suavidad. Su sonrisa y su mirada eran francas, e inmediatamente hicieron que
               me cayera bien.

               -Tenía ganas de conocerte, aunque Edward nos aburre tanto hablándonos de ti
               que ya casi es como si fueras una más de la familia. Respecto a lo que pasó
               ayer… - su semblante se tornó serio- siento no haber podido detener a ese
               ciervo. Al que se cruzó delante de tu coche y provocó el accidente- aclaró al ver
               mi cara de confusión.- No iba a cazarlo a él, de hecho Rose y yo ya habíamos
               cenado, pero creo que nos olió y se asustó.

               -Ah. ¡Era un ciervo! Por un momento creí que me había imaginado algo. No te
               preocupes, ha sido un accidente. Por fortuna no les ha pasado nada importante
               a las chicas, o no me lo habría perdonado. Quizá conducía a demasiada
               velocidad.

               -¡No! Si llegas a ir más lenta habrías ido marcha atrás, Bella- rió Emmet.- Ha
               sido un accidente aparatoso pero leve.

               Miré a Edward un momento. Su cara era la viva imagen de la angustia. En esos
               momentos debía estar pensando qué podría haber pasado de haber ido con
               más velocidad. Yo prefería no pensarlo. Los mortales teníamos que aprender a
               vivir sin pensar en esas cosas.

               -Ahora que recuerdo… ¿no arrancaste las puertas del coche antes de sacarnos
               de él? Eso y los comentarios del olor a sangre - abrí los ojos como platos- ¡Las
               demás lo recordarán, lo explicarán!

               -Lo sé, lo sé- dijo tranquilamente – Entre el accidente y lo "alegres" que iban no
               creo que nadie les hiciera mucho caso, pero por si acaso mientras esperábamos
               a las ambulancias les borré de la memoria aquello.
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            -¿Que hiciste qué?- Emmet miró a Edward con expresión de "se lo explicas tú o
            yo", y este tomó la palabra.

             -Emmet tiene el don de borrar de la memoria de las personas lo que él quiera,
             y, si lo desea, para llenar ese vacío puede introducir otros recuerdos. Es un
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             práctico don cuando se pasa media existencia escondiéndose, como nosotros.

            -En algunas novelas de vampiros es uno de los dones clásicos – recordé.

            -Edward, tu novia lee novelas de vampiros, deberías decirle que no sea tan
            fantasiosa- sonrió el grandullón.

            -¿Y qué se supone que ha pasado? Lo digo para no contradecir la versión de
            mis compañeras.

            -Da igual lo que tú digas, te has dado un buen golpe en la cabeza, así que si
            dices que han venido unos vampiros vegetarianos y te han ayudado a salir del
            coche no creo que nadie te haga mucho caso. Quizá si lo dices te ganes alguna
            prueba médica más y prolongues tu ingreso. Así que tú misma.

            -No, gracias, lo que tengo es ganas de salir de aquí hoy mismo.

            -Bella. Te quedarás el tiempo que haga falta. Como una paciente más -siseó
            Edward.

            -Si no me dan el alta firmaré un alta voluntaria. No pueden obligarme a
            permanecer aquí contra mi voluntad – repuse mirando ceñuda a Edward.

            -¡No harás eso y te comportarás como la adulta responsable que eres! – clamó
            él, exasperado.

            -Vaya, hermanito, creo que realmente has encontrado la horma de tu zapato.
            Es más cabezota que tú- rió Emmet. Lo cual sirvió para que ambos
            dirigiéramos hacia él nuestras airadas miradas y cesara la discusión. El hermano
            de Edward sonrió y miró la hora- Rose está tardando un poco, creo que iré a
            buscarla, antes de sufrir daños colaterales en esta batalla.

            Edward aprovechó que estaba mirando a su hermano para acercarse. Me tomó
            la cara entre sus manos y me besó de una forma apasionada, robándome el
            aliento. Me dejó jadeando y fue hacia la puerta. Antes de salir giró la cabeza y
            me clavó una intensa mirada.
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               -Nada de altas voluntarias.

               -Sí jefe. A sus órdenes- mascullé en voz baja cuando pude recuperar el aliento.

               Emmet rió al escucharme. Me observaba atentamente, y yo me dediqué a
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               contemplar la lluvia caer al otro lado del cristal. Esa era la tónica general de la
               familia Cullen al conocerme. Comprendía que tuvieran curiosidad, pero
               francamente eso de sentirme estudiada como un extraño especimen me
               incomodaba un poco. Al cabo de un instante Rosalie apareció.

               -Emmet, tenemos que irnos. Bella debe descansar y Edward está trabajando.

               Rosalie me hizo prometer que nos veríamos pronto, explicándome que se
               quedarían en la casa Cullen hasta el fin de semana, pues ambos disfrutaban de
               unas cortas vacaciones y habían venido a darle una sorpresa a Edward y a
               conocerme. Cuando se hubieron marchado pensé que la primera toma de
               contacto con mi "familia política" estaba siendo un poco accidentada.

               Al final no hizo falta discutir con nadie. Pasaron visita el traumatólogo y el
               cirujano. Me examinaron la herida de la cabeza y le dieron el visto bueno, y
               añadieron que al ser el TAC normal y mi evolución muy favorable podía irme
               a casa a media tarde, ordenándome reposo durante una semana. Médicos... me
               encontraba bien pero tenía que obedecer, pues trabajaba aquí. O lo intentaba,
               porque entre la gripe y esto mi jefa iba a pensar que menuda adquisición había
               hecho conmigo.

               Mis amigas pasaron a despedirse antes de marcharse a casa. Les habían dado el
               alta a todas a primera hora de la mañana, también con la recomendación de
               reposo, pero sólo durante un par de días. Me sentía culpable por no haber
               podido evitar el accidente pero las tres reaccionaron indignadas cuando me
               disculpé por ello. Aún así quedamos en que ya no me tocaría conducir en las
               salidas conjuntas, no me veía capaz. Aparte, mi coche había quedado bastante
               tocado por el accidente. La compañía que me lo alquilaba se puso en contacto
               conmigo y me comunicaron que el seguro del coche se haría responsable de los
               daños pero que me tendrían que rescindir el contrato. Ahora tendría que
               alquilar otro coche o quizá comprar uno barato. Los coches de segunda mano
               estaban a muy buen precio, y yo no necesitaba grandes lujos. Estaba absorta en
               estos pensamientos cuando entró Edward en la habitación.
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               -Te traigo ropa limpia. La que llevabas ayer está… llena de sangre. Creo que no
               se podrá salvar- dijo, dejando la ropa encima de la butaca que había al lado de
               mi cama, sin mirarme.

               -Edward. Mírame- lentamente él alzó su mirada y la enlazó con la mía -¿Cuánto
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               tiempo vas a estar así?

               Él no contestó y me dolió leer en su rostro y en su mirada lo mal que se sentía.
               Se sentó en la cama, en silencio, y tomé su mano.

               -Estoy segura que de haber estado los dos solos en la carretera me habrías
               auxiliado. Creo que tu instinto de cuidarme habría vencido al más primario-
               aseguré.

               -Tienes demasiado buen concepto de mi- respondió con una triste sonrisa.-Me
               idealizas.

               -¡Maldita sea, Edward, reacciona!-exploté.- Quizá deberías probar mi sangre de
               nuevo. Quizá si la probaras te acostumbrarías y no reaccionarías así. ¿No fuiste
               tú quien me dijo que te estabas acostumbrando a mi olor? Puede que con lo
               otro pasara lo mismo, y no estarías tan… tan… ansioso.

               Dije lo que dije sin pensarlo un instante. Pero una vez lo había soltado me di
               cuenta de que yo misma lo estaba deseando. Quería hacerle ese regalo, quería
               sentirlo beber de mí. Durante un segundo pude comprobar el deseo brillando
               en su mirada, deseo que casi inmediatamente fue sustituido por una mirada de
               horror.

               -Eso sería enfermizo- murmuró. Sentí un dolor punzante en mi interior al que
               no supe poner nombre. Estuve a punto de echarme a llorar y no quería que él
               estuviera delante.

               -De acuerdo. Márchate. Voy a cambiarme- dije sin mirarle siquiera. Me senté
               en la cama en el lado contrario a donde él estaba, mirando hacia la ventana. El
               día parecía aún más gris.

               -Pasaré a buscarte cuando acabe el trabajo para llevarte a casa-murmuró a mi
               espalda.

               Cuando escuché el sonido de la puerta al cerrarse dejé que las lágrimas vagaran
               libremente por mi cara. Mientras me vestía pude dar nombre al sentimiento
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               que me oprimía. Despecho. Rechazo. Cogí el teléfono de la habitación y tras
               identificarme pedí a la centralita que me pusieran con un número externo.

               -¿Angela?
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               -Sí, cielo, ¿estás bien?- su voz sonaba preocupada.

               -¿Podrías venir a por mi?

               -Claro, no te he dicho nada porque pensaba que te traería Edward.

               -No. Cuando quieras venir... ya tengo el alta, te espero.

               -Ok, salgo ya. Apenas llevo unas horas de reposo y estoy completamente
               aburrida, me vendrá bien salir de casa un rato.

               -Te espero.- Colgué el teléfono y me enjuagué una traicionera lágrima que se
               deslizaba por mi mejilla.




                                                  Capítulo 23



               EPOV
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               Estaba muy contrariado por el plantón que me había dado Bella. Por lo menos
               había tenido la delicadeza de mandarme un mensaje de móvil con una nota
               escueta: "No pases a por mí. Ya estoy en mi casa. Adiós".

               Realmente, ese "adiós" era lo que más me inquietaba de todo el asunto. Ni un
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               "hasta luego, te llamo", lo que sea. Adiós. No hacía falta ser un gran psicólogo
               para adivinar que mi novia humana estaba enfadada. Muy, muy enfadada. ¿Por
               qué tenía que ser tan cabezota y tener ese carácter? Se había puesto así sólo por
               hacerle ver que su idea era insensata, tan insensata como… como estar saliendo
               con un vampiro, dijo una voz dentro de mí. No. Se lo había prometido. No iba
               a dejarla, no iba a volver a decidir por ella. Pero ¿y si ella se volvía imprudente?
               Lo que me había pedido era una locura, irracional. Sí, y enfermizo. Como salir
               con un vampiro. Maldita voz interior, cállate ya. ¿Y yo, qué esperaba? Lo que
               pasó ayer era algo natural. Lo no natural era… ya, salir con un vampiro.

               Me seguía sintiendo horrible por lo de anoche, y en el fondo debía reconocer
               que me había aliviado no llevar a Bella en coche, ella no comprendía cómo me
               sentía y yo tampoco la entendía. Ambos necesitábamos pensar, serenarnos.
               Pero, ¿y si ella tenía razón? ¿Si probar su sangre hacía que me controlara
               mejor? Era cierto que estando en contacto estrecho con ella había aprendido a
               fortalecer mi autocontrol, pero lo que ella me pedía era equivalente a decirle a
               alguien que probara una droga para que no tuviera más ganas de drogarse. Una
               locura. Porque yo ya la había saboreado y estaba seguro de que la sangre de
               Bella sería como una droga para mí.

               La puerta de mi habitación se abrió de golpe.

               -¡Huy, perdón! Desde fuera he visto humo y he entrado sin avisar pensando
               que había un incendio, pero veo que no hay peligro, sale de tu cabeza.

               -Emmet, te has tomado tu actual profesión de bombero muy a pecho- dije,
               fastidiado.- ¿Qué piensan tus colegas de tu sentido del humor? ¿No se rifan las
               guardias para no coincidir contigo? ¿No ha aumentado el índice de suicidios en
               el Departamento de Bomberos de Boston desde que tú trabajas en él?

               -Qué va, tío- rió mi hermano, ignorando mis pullas - están encantados conmigo,
               les alegro la vida. Creo que me ganaría un sobresueldo si actuara en un bar de
               esos que aceptan aficionados para interpretar monólogos. Y a lo que iba.
               Venga, deja de hacer el ermitaño y ven a cazar con Rose y conmigo. Serás
               desagradecido… encima que venimos a hacerte una visita y de paso a conocer a
               tu chica... aunque no pensábamos que fuera en esas circunstancias.
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               -Tu diplomacia siempre ha dejado mucho que desear, Em- me senté en la
               cama, suspirando.- Gracias por intentar animarme, pero no quiero hablar del
               tema.

               -Entonces vendrás a cazar con nosotros. Créeme, he subido yo porque soy el
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               más suave, luego vendrá Rose y te presionará hasta límites insospechados, ya
               sabes cómo es. Más vale que cedas ahora- susurró mi hermano en un tono de
               voz confidencial.

               -¡Te estoy escuchando, Emmet Cullen! Como suba vas a saber tú lo qué es
               presión -se oyó la voz de Rosalie desde el comedor.

               No pude evitarlo y reí al escucharlos. Me di cuenta de cuánto los echaba de
               menos ahora que estaba con ellos. Llevaba demasiado tiempo viviendo solo.

               -Está bien - me puse de pie de un salto.- Vamos allá. Cazaremos, charlaremos si
               queréis, pero no se hablará de humanos, ¿de acuerdo? Es la condición.

               -De acuerdo- contestaron al unísono Rose desde el comedor y Emmet.

               Durante la "excursión" nos alejamos mucho de Forks. Era temporada de caza y
               no queríamos tener ninguna sorpresa, así que fuimos a la zona más intransitable
               de la península Olympic, sabedores de que allá era prácticamente imposible
               coincidir con personas. Hasta que no empecé a alimentarme no fui consciente
               de cómo estaba reprimiendo mi apetito, que se reveló voraz. Bebí casi tanto
               como Rosalie y Emmet juntos. Pero no hacía tanto que me había alimentado.
               Deduje que era un efecto secundario de lo sucedido anoche. Aunque quizá
               estaba haciéndolo de forma inconsciente para enfrentarme mejor preparado a
               la tentación que Bella me ofrecía. Porque a lo largo de las horas de caza decidí
               que esa misma noche tenía que verla. Se me había pasado el enfado, y la
               angustia de horas antes parecía ser sólo una pesadilla. Tenía que verla, sentirla.
               Era un imán que me atraía a ella una y otra vez, no importaba lo que pasara.

               Entré en su habitación por la ventana. Esta cedió fácilmente a una mínima
               presión. Me arrodillé ante su cama y la contemplé de cerca. La piel de su cara
               estaba más pálida de lo habitual. Su respiración sosegada mostraba un sueño
               tranquilo. Vi su boca ligeramente entreabierta y tuve el impulso de besarla,
               pero no quería asustarla.

               -Bella- susurré. Sus ojos se abrieron y parpadeó varias veces, frotándose los
               ojos.
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               -Edward… ¿Qué…qué haces aquí?

               -No podía esperar para pedirte disculpas por ser un estúpido.

               -No eres ningún estúpido. Ven – sonrió y alargó la mano tomando la mía,
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               tirando de ella- acuéstate a mi lado. No te preocupes, me he bañado y me he
               lavado el pelo, no hay ni un resto de sangre.

               -Sobre eso quería… siento haber dicho que tu idea era algo enfermizo -empecé,
               mientras me recostaba a su lado.- Puede que tengas razón, pero no podemos
               arriesgarnos, no…- Ella me puso el dedo sobre los labios, silenciándome.

               -Sssst. Sé que te preocupas más por mí que yo misma, y que por eso a veces te
               comportas de esa manera tan protectora. Te lo repito: nadie dijo que lo nuestro
               iba a ser fácil. Pero no cambiaría el haberte conocido por nada.

               La besé con suavidad, disfrutando del tacto de sus carnosos labios. Tuve que
               recordarme que Bella necesitaba reposo, porque mi cuerpo me traicionaba con
               el deseo que sentía por ella. De pronto se me ocurrió un pensamiento.

               -¿Te das cuenta de que has conocido a cinco vampiros de forma fortuita? Y no
               cuento a Alice porque ella vino a verte. Creo que tienes muy mala suerte.

               -O al contrario, porque tanto tus padres como Rose y Emmet me han ayudado
               en situaciones complicadas. Tengo muy buena suerte y aún mejor gusto en lo
               que a vampiros se refiere. Y no te consiento que me discutas eso, Edward
               Cullen- contestó con voz adormilada, acercándose más a mí. La recibí entre
               mis brazos.

               Comencé a tararearle una tranquila melodía y no tardó en volver a quedarse
               dormida, ahora con una sonrisa en los labios. Acerqué mi cara a su cabello e
               inspiré con fuerza. No. Nadie dijo que iba a ser fácil. Pero valía la pena.

               BPOV

               La semana pasó bastante aburrida. Angela aprovechó sus dos días de obligado
               descanso para hacer cambios de fin de semana. Así consiguió juntar cuatro días
               libres para ir a visitar a Jake a Seattle. No sabía yo si ella iba a descansar mucho
               estando con su novio, pero a mí mi enfermero particular sí me obligó a hacerlo,
               cumpliendo su particular juramento hipocrático como si le fuera la existencia
               en ello.
Cambio De Destino
                                                  DraBSwan


               -¿Qué haces levantada?- su voz en el silencio de la cocina me provocó un
               sobresalto y el plato que estaba fregando me resbaló de las manos. Por fortuna
               él reaccionó, y lo cazó al vuelo antes de que tocara el suelo.

               -Edward, te agradecería que llamaras antes de entrar o por lo menos no fueras
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               tan silencioso. Un día de estos me da un infarto – gruñí mientras tomaba el
               plato de sus manos y lo dejaba en la encimera.

               -Lo siento. Deja eso, Bella. Ya lo hago yo. Descansa.

               -Gracias por ofrecerte, pero si descanso un poco más reviento. Y no te gustaría
               ver eso.- Suspiré.- En serio, Edward, necesito moverme.

               -Otra vez estoy siendo sobreprotector, ¿verdad?- asentí y me senté en la mesa
               de la cocina, él lo hizo enfrente mío.- Me resulta muy difícil de controlar.
               Rosalie dice que no sabe cómo me aguantas.

               -Creo que Rosalie me va a caer muy bien- reí.

               -¿Te gustaría venir a casa el fin de semana? Ella y Emmet se quedan hasta el
               domingo a mediodía, luego vuelven a Boston. Podrías conocerlos un poco
               más… si no te incomoda –añadió, inseguro.

               -No. Ya es hora que conozca a la familia política. El destino me lo está
               gritando.

               -Genial. Ellos también tienen ganas de conocerte.

               El sábado Edward vino a buscarme a mediodía. Cuando me acercaba a la casa
               Cullen estaba nerviosa, a pesar de todo. Ya había conocido a Rosalie y Emmet
               Cullen en circunstancias más que desfavorables y ahora era simplemente una
               reunión informal, pero me preocupaba la impresión que pudiera causarles. Su
               familia era muy importante para Edward.

               -Te he de advertir una cosa. – La voz de Edward me sacó de mis cavilaciones.-
               No hagas mucho caso de Emmet. Le encanta bromear, lo malo que tiene es
               que no sabe cuándo frenar. Si te molesta cualquier cosa se lo dices claramente.-
               Me miró y comprobé con sorpresa que parecía preocupado. Al parecer no era
               la única que estaba nerviosa por este encuentro.

               -Tranquilo, sé defenderme- afirmé.
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            -Eso no lo dudo- sonrió mientras tomábamos el camino de la casa Cullen.

             El día había amanecido horrible, no era la habitual lluvia fina que caía en la
             zona, sino una auténtica tormenta la que estaba cayendo, con viento
             huracanado, rayos y truenos. Edward aparcó en el espacioso garaje de la casa.
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             Rosalie y Emmet nos vinieron a recibir y ante mi sorpresa ambos me dieron
             dos besos.

            -A la manera española, ¿no?- me sonrió Rose.

            Emmet además me dio un abrazo que me hizo sentirme como si hubiera
            chocado contra un armario.

            -¡Ay!-gemí.

            -Emmet, no seas bruto, todavía está magullada- le regañó Rose.- Ha venido aquí
            para hacer reposo y que la cuidemos, no para que le tenga que recomponer
            varios huesos.

            -Lo siento… ¿Reposo? Entonces ¿no tendremos que irnos para dejaros
            intimidad? No veas qué descanso, no me apetecía mucho salir ahí fuera con
            este día. Ahora, te advierto que Rose y yo no tenemos que hacer reposo y…-
            Edward lo cortó con una mirada asesina, mientras yo me sonrojaba.

            -Vamos, Bella, ven conmigo- invitó Rose.- Podemos charlar un rato. ¿En qué
            hospital de Barcelona haces la especialización?

            Fuimos al comedor y charlamos de varias cosas, al principio sólo de trabajo,
            pero poco a poco la conversación fue haciéndose más personal. Rosalie era
            traumatóloga en el prestigioso Massachussets General Hospital, de Boston,
            dependiente de la universidad de Harvard. Emmet hacía poco había estrenado
            la profesión de bombero, y estaba emocionado con ello. Fue una jornada
            agradable que transcurrió entre charla y charla. Hicimos un alto mientras me
            preparaba la comida.

            -¿Todo bien? – Edward me escrutaba atentamente, apoyado en la encimera
            mientras yo cocinaba.

            -Sí, muy bien- le sonreí.- Y Emmet no es tan pesado como decías.

            -Porque se está controlando mucho, si no ya sabe lo que le espera- se carcajeó
            Edward.- Y la amenaza no viene de mí, viene de su esposa…
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             Para evitarme la incomodidad de comer en la mesa siendo observada por tres
             vampiros Edward puso la cena en una bandeja y nos sentamos ante la TV.
             Cuando acabé Rosalie y Emmet fueron al garaje a arreglar no sé qué de las
             motos de ambos. Afuera seguía soplando un viento huracanado y Edward
Página | 224 encendió la chimenea. No es que fuera imprescindible porque la calefacción
             funcionaba muy bien, pero era muy agradable estar sentada cerca del fuego. Me
             estiré sobre su regazo y me quedé dormida mientras él masajeaba mi cabello.

           -Bella, he de marcharme un momento- escuché un susurro en mis oídos.

           -Qué… ¿qué?

           -Siento despertarte. Me ha llamado Joseph. He de ir a casa de Laurent, el
           residente de segundo año, y recoger unas cosas. Luego te explico.

           Me besó y se marchó. Inmediatamente Rosalie apareció en el gran comedor y
           me ofreció café, que acepté agradecida.

           -A todo esto, ¿te encuentras completamente bien? Tuviste una buena
           conmoción el otro día.

           -Sí, me escuece un poco la herida y tengo ganas de que me quiten las grapas,
           pero por lo demás estoy bien… Creo que Edward está peor que yo.

           -Veo que lo conoces bien- bromeó Rose, para inmediatamente ponerse seria.-
           Sí, lo ha pasado muy mal. Sabes… cuando nos explicó lo que sentía por ti todos
           nos llevamos las manos a la cabeza. Jamás había estado enamorado, y la
           primera vez que lo hacía era de una humana. Y una humana cuya sangre le
           llama más que nada en este mundo. Una humana mortal y frágil- me miró con
           sinceridad.- Era para estar preocupado. Hasta que vimos cómo había
           cambiado. La última vez que nos vimos fue por las fiestas navideñas, desde
           entonces no puedes imaginarte cuánto le has cambiado. Bella, lo del "rarito
           Cullen" no venía sólo por ser un vampiro. Era antisocial incluso para un
           vampiro. Y no ha sido siempre así, pero su carácter se fue… retrayendo poco a
           poco- hizo una pausa, como esperando algún comentario de mi parte.

           -No sabía eso.

           -Edward es un romántico, un ser apasionado, pero le faltaba algo en la vida, y
           eso se notaba. Creo, por lo que le conozco, que la pasión por la música y por
           su trabajo no podía suplir la sensación de vacío que tenía. Alguna vez nos lo
           confesó a Alice y a mí, pero en general no le gustaba mucho hablar del tema,
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               era muy reservado para eso- volvió a hacer una pausa.- ¿Más café? ¿Algo de
               comer? En honor a ti tenemos la despensa llena hasta los topes. No queríamos
               que te faltara de nada.

               -Oh, vaya, no era necesario. Gracias.
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               Yo esperaba que Rosalie continuara. Me interesaba muchísimo lo que me
               estaba contando porque me descubría facetas de Edward que yo desconocía
               completamente. Pero más me interesaba lo que estaba por explicarme, pues
               intuía que aún no me había dicho lo más interesante.

               -¿Te ha contado mi hermano algo sobre cómo nos conocimos Emmet y yo? -
               negué con la cabeza y ella prosiguió.- Bueno, yo fui una de las mujeres pioneras
               en estudiar medicina- se me abrieron la boca y los ojos de forma desmesurada y
               ella rió.

               -No sabía nada ¡Cuéntamelo!

               -Verás, yo estudié en la Escuela Londinense de Medicina para Mujeres. Se
               fundó en 1874, y los primeros tiempos fueron muy duros, como ya te imaginas.
               Cuando logré el título me fue casi imposible encontrar trabajo y alojamiento,
               pues ser médica estaba muy, muy mal considerado. Había muchos prejuicios
               contra nosotras. Por casualidad Carlisle, que por aquel entonces trabajaba en
               un barrio muy pobre de Londres, oyó hablar de mí. Necesitaba ayudantes, y la
               gente de aquel barrio era tan pobre que no se podía permitir tener manías, así
               que por fuerza me aceptaron. A veces tenía que ir a las casas de los pacientes,
               entonces me acompañaba Emmet, que se hacía pasar por hijo de Carlisle, y por
               entonces era periodista. No podían permitir que fuera sola, y de cuando en
               cuando Emmet escribía alguna crónica sobre las desventuras de una doctora en
               aquella época. Los hombres me decían groserías por la calle, pero… a todo se
               acostumbra una. Bueno, cuando iba con Emmet nadie osaba chistarme- rió.-
               Oye, creo que te voy a aburrir.

               -No, no, sigue, por favor.

               -Bien, con el tiempo yo miraba a ese hombretón con mejores ojos, él se daba
               cuenta y cada vez estaba más distante, ante mi frustración. No comprendía su
               actitud, aunque la verdad es que estaba acostumbrada a que me rechazaran los
               hombres por ser médico pues me consideraban una chiflada, pero él… Una
               noche, saliendo de una casa, me sinceré con él y me contestó que no me podía
               dar la vida que yo deseaba.
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            -Pensaba que Carlisle había dicho que no conocía ningún otro caso de una
            relación como la de Edward y mía…

             -No, claro, era yo la que me estaba enamorando de Emmet, y él no lo sentía lo
             mismo por aquella época. Y mi sangre no le atraía como a Edward la tuya. Lo
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             nuestro no fue un flechazo… fue algo más progresivo. Después de confesarme
             eso no insistí en el tema. Carlisle me mandó aquí, a EEUU, para
             complementar mis estudios de cirugía. Estuve un año fuera y cuando volví me
             di cuenta de que no sólo no habían cambiado mis sentimientos sino que habían
             aumentado. Creí que con mi ausencia las cosas volverían a su sitio pero no fue
             así. Un día Emmet, que también empezaba a sentir algo más que amistad por
             mí, me confesó su auténtica naturaleza. Seguro que puedes imaginar mi
             reacción.- Asentí mientras ella hacía una pausa. Yo apenas podía apartar la
             mirada de Rose. Su historia era apasionante.

            -Pero seguiste sintiendo lo mismo.

            -Sí, estuve unos días luchando contra mí misma, pero… me rendí. Aún así el
            seguía resistiéndose a dejarse llevar, pensaba que si estaba conmigo no podría
            evitar hacerme daño. No era un vampiro tan antiguo como Carlisle y dudaba de
            su capacidad de control. Fue cuando empecé a pensar en transformarme. Es
            inevitable planteárselo tarde o temprano, ¿no?- observó atentamente mi
            expresión.

            -Supongo que lo es. Pero es una decisión muy importante- repuse. Ella asintió.

            -Dudaba continuamente. Tampoco es que lo nuestro fuera una relación…
            como la vuestra. Podía ser que me transformara y Emmet no terminara tan
            enamorado de mí como yo de él, además siempre había soñado con tener hijos
            y verlos crecer, y estaba mi trabajo… ¿Cuánto tiempo podía pasar hasta volver a
            practicar la cirugía?- Ahora era mi turno de asentir. Lo comprendía bien.
            ¿Podía el amor por sí solo llegar a conseguir que todo lo demás dejara de ser
            importante?

            -Pero al final te decidiste.

            -Decidieron por mí- su sonrisa se volvió amarga y su mirada se perdió en sus
            recuerdos.- Una noche tuve que ir a visitar a un paciente anciano encamado
            que tenía unas enormes úlceras de decúbito. Llevaba días curándolas y aquel
            iba a ser el último, pues estaban evolucionando muy bien. Emmet no me pudo
            acompañar porque le salió un asunto que no recuerdo, Carlisle estaba en otra
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             ciudad… me empeñé en ir sola a pesar de que Em me pidió que no lo hiciese.
             Y cuando acabé la cura y le dije al hijo del anciano que le daba el alta… -hizo
             una pausa y suspiró. Yo aguanté la respiración.- Intentó forzarme. Según él, yo
             había llegado allá provocando esa situación, y tenía lo que había buscado. Pero
Página | 227 me resistí, y caí al suelo. Me golpeé la cabeza con un mueble durante la caída, y
             aquello me provocó una hemorragia intracraneal.

            -Es horrible-susurré con lágrimas en los ojos. Ella pareció despertar y me miró,
            tomándome de la mano.

            -Tranquila, ya no duele. Hace mucho tiempo de eso. Lo que pasó después lo
            sé por Emmet. Él no estaba tranquilo sabiendo mis intenciones de cumplir con
            mi deber e ir sola a pesar de todo, y en cuanto pudo se dirigió hacia la casa del
            anciano. Cuando caí al suelo inconsciente y sangrando mi atacante había huído
            despavorido, pero Emmet lo atrapó antes de que saliera de la casa. Lo agarró
            del cuello y lo arrastró ante mi presencia, y cuando me vio no se pudo
            contener… y apretó demasiado- encogió los hombros con indiferencia y
            prosiguió.- A pesar del olor de mi sangre pudo controlarse lo suficiente para
            buscarme el pulso. Al sentirlo cada vez más débil no lo pensó ni un segundo y
            decidió transformarme en aquel momento. Me mordió, inyectándome el
            veneno.

            -¿Alguna vez se lo…- dudé - has echado en cara?

            -No, nunca- sonrió Rose, alzando las cejas - ¿Por qué había de hacerlo?
            Finalmente él se podía dejar llevar y se enamoró de mí como yo lo estaba de él.
            Y yo al cabo de unos pocos años pude seguir con mi trabajo. Ahora soy
            traumatóloga pero además soy especialista en varios tipos de cirugía.

            Cuando Rose terminó su historia ambas nos quedamos pensativas. Ella de vez
            en cuando me echaba miradas de soslayo, intentando saber qué pasaba por mi
            cabeza en aquellos momentos.

            -Rosalie… yo no creo que esté dispuesta a transformarme. Todavía no, desde
            luego sería muy prematuro, pero ¿y si no lo estoy nunca? No quiero herir a
            Edward. Dios, esto es muy complicado- me froté la cara con las manos y tomé
            aire.

            -Bella, no te angusties, cielo. Sólo te he contado mi historia para que vieras que
            sé un poco de lo que estás pasando- Rose me frotó el brazo con cariño.- Por si
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               alguna vez necesitas alguien con quien hablar del tema que no sea el pesado
               sobreprotector de mi hermano. La decisión ha de ser sólo tuya, es tu vida.

               -Gracias, Rosalie.
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               Al poco se nos unió Emmet y seguimos charlando animadamente. Ambos
               estaban al tanto de mi capacidad de bloquear los dones de Alice y Edward, y
               Emmet propuso comprobar si también lo lograba con el suyo. Su cara de niño
               frustrado cuando comprobó que así era fue digna de haber sido fotografiada y
               enmarcada.

               Para cuando llegó Edward ya parecía que nos conociéramos de toda la vida. En
               el momento en que entró Emmet y yo nos estábamos riendo con una anécdota
               que él había explicado, mientras Rosalie alzaba los ojos al cielo de forma teatral
               como implorando paciencia.

               -Veo que no soy el único vampiro con quien congenias- dijo, con un punto
               celoso.

               -Es que tiene buen gusto, colega… lo dudaba, porque eso de estar saliendo
               contigo… pero sí, tiene buen gusto-se burló Emmet.

               Me preparé una cena rápida: un sandwich y una pieza de fruta. Estaba
               inapetente y no paraba de darle vueltas a lo que me había explicado Rose.
               Edward ya conocía el contenido de nuestra charla y me iba lanzando miradas
               escrutadoras. Evité su mirada lo más que pude.

               -Bien, con vuestro permiso me voy a retirar para tener a mi chica un rato para
               mi solo.

               -Ok, pero recordad, reposo- dijo Rosalie muy seria. Yo volví a enrojecer. Por
               desgracia iba a tener más reposo del que me gustaría. Edward me tomó de la
               cintura y nos dirigimos hacia las escaleras. Antes de empezar a ascender se
               volteó.

               -Reposo si nos dejáis. Comportaos, que tenemos invitada- contestó en el mismo
               tono que Rose.

               -Ni nos oiréis, hermanito.

               -¿Qué quería Joseph?- pregunté, entrando en la habitación tras cepillarme los
               dientes.
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               Ahogué un gemido. El vampiro más atractivo del mundo me esperaba
               recostado en la cama vestido tan sólo con una camiseta negra y unos boxer de
               color azul.

               Esto iba a ser difícil. Muy difícil.
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               -No son buenas noticias. La gripe de Laurent se ha complicado con una
               neumonía. No es grave, pero era el residente que tenía que ir al congreso
               nacional de cirugía en Nueva York, junto con el jefe y un par de adjuntos.
               Presentamos tres comunicaciones y una de ellas la leía él. Joseph me ha pedido
               que le sustituya.

               -Vaya…- me recosté a su lado.- ¿Cuándo te vas?

               -El jueves por la mañana sale el avión. Volvemos el domingo.

               A mi lo único que se me ocurrió pensar fue que el traumatólogo me había
               ordenado una semana de reposo y que cuando acabara ese reposo forzado no
               tendría al objeto de mis ardientes deseos a mi alcance. Él me miró a los ojos y
               sentí que leía mis pensamientos; me ruboricé intensamente sin poderlo evitar, y
               el sonrió divertido. Maldito vampiro vanidoso…

               De pronto me abrazó y se situó encima de mí, acercando su cara a la mía.

               -¿Te crees que no es difícil también para mí? – Su dulce aliento, su
               proximidad, la cadencia de su voz, me invadieron.- Pero uno de los dos tiene
               que preocuparse por tu salud.

               Siempre que él se acercaba demasiado a mí, mi capacidad de respuesta se
               reducía a la nada. Él lo sabía, y se aprovechaba de ello. Me acurruqué en sus
               brazos, dispuesta a dormir.

               -Rose te ha explicado su transformación, ¿verdad?- su suave voz rompió el
               silencio, cargada de interrogantes.

               -Sí. Una historia emocionante, con un final que podía haber sido muy triste
               pero es feliz.

               Él se quedó esperando que continuara, pero yo no quería hablar del tema. Me
               sentía como Rosalie, dividida en dos partes, siendo ambas igual de fuertes.
               Edward notó mi resistencia a tratar el tema y no lo retomó. Mientras sus dedos
               trazaban círculos en mi nuca me quedé dormida.
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             Al día siguiente el tiempo amaneció nublado pero más estable. Rosalie y
             Emmet se fueron a media tarde, no sin antes prometer que nos volveríamos a
             ver pronto. Rose pensaba que ya sólo me faltaba conocer a Jasper y que sería
             buena idea reunirnos todos algún día no lejano. Estuve de acuerdo. Me sentí
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             triste cuando se marcharon, pero no tardaríamos en vernos.




                                              Capítulo 24



            BPOV

            Las horas pasaban rápidamente y se acercaba el jueves. Edward trabajaba en la
            presentación para el congreso, pero afortunadamente tenía suficiente con
            concentrarse en ello por las noches. De día seguíamos disfrutando de nuestra
            mutua compañía. Varias veces tuvimos que refrenarnos, mejor dicho, él nos
            refrenaba a ambos, insistiendo en que era una orden médica: yo debía hacer
            reposo. Cuando persistió en esta actitud el miércoles, pasados ya siete días de
            mi accidente, comencé a tener serias dudas sobre su sinceridad. Intuí que su
            actitud ya no sólo reflejaba temor por los posibles efectos tardíos de la
            conmoción que yo había sufrido. Ahora había algo más, pero sabía que no
            conseguiría nada intentando razonar con él, pues las pocas ocasiones que yo
            había sacado el tema desviaba la conversación por otros derroteros.

            Tenía que pasar a la acción.

            Aquella mañana fui al hospital con Edward para que me quitaran las grapas,
            cosa que hizo Jared en un santiamén.
Cambio De Destino
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               -Qué artística sutura te hice- dijo, apartando mi cabello y observando
               cuidadosamente la cicatriz- Menudas manos ha perdido la alta costura
               conmigo.

               -Lo que tú digas, pero no me imagino un traje de Armani cosido con grapas, la
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               verdad- bufé.

               -Bah, los artistas de verdad nunca son apreciados en su época- repuso él,
               arrugando la nariz con fingido disgusto.

               Cuando estuve lista fui a saludar a mis compañeros y después llamé a la puerta
               del despacho de Emily.

               -Hola, Bella, qué alegría verte – se levantó y fue a darme un rápido abrazo.

               -Sí, yo también me alegro de estar de vuelta, y la verdad es que tengo ganas de
               ponerme a trabajar ya. El "trauma" me ha dado el alta y dice que mañana me
               podré incorporar a pleno rendimiento, con guardias y todo.

               - ¿Seguro que estás completamente recuperada? -preguntó, observándome
               intranquila.

               -Sí, fue un susto grande, nada más. Me quedará una bonita cicatriz de recuerdo,
               por suerte está bien cubierta por cabellos.

               Estuvimos un rato hablando de asuntos del trabajo y tras despedirnos me dirigí
               al parking del hospital. Edward me había prestado su coche para hoy y aún
               quedaban muchas horas para que saliera del trabajo, así que me dirigí a mi casa
               y recogí lo que necesitaba para mi plan, guardándolo a buen recaudo en una
               pequeña maleta que usaba para llevar ropa de recambio a la casa Cullen.

               Pasé a buscar a Edward a la salida del hospital, y nos dirigimos hacia su casa
               para pasar la que sería nuestra última velada juntos hasta su partida. Evité
               insinuarme y me mantuve toda la tarde en plan "qué bien estamos como
               amigos". En otras circunstancias él habría sospechado algo, pero ahora
               seguramente se sentía demasiado culpable como para recelar de mi actitud.

               Cuando vino a darme las buenas noches yo aún estaba vestida y cepillándome
               los dientes. Me besó con suavidad en la mejilla y se marchó al comedor. Le
               gustaba trabajar sentado junto al fuego con el portátil, aunque por lo que yo
               sabía no sentía frío y podría haber trabajado de pie sin problema.
Cambio De Destino
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             Esperé unos instantes y abrí la maleta, de donde saqué la pieza de lencería más
             indecente que tenía: el corto camisón negro de satén y encaje, que había
             comprado hacía una semana en el centro comercial de Port Angeles. Me
             desnudé, cogí el camisón y rápidamente me lo puse. Ni tan siquiera me miré al
Página | 232 espejo. Enrojecí tan sólo de imaginar cómo se me vería con esa pieza de ropa
             puesta, pero en el comedor había un hombre bloqueado por un temor que yo
             desconocía y tenía que usar la artillería pesada. Aunque… ¿y si no funcionaba?
             Si fracasaban mis intentos sería señal de que el problema era más grande de lo
             que yo temía… aparte de que mi ego quedaría bastante tocado.

            Pero no sería nada que no tuviera arreglo. Inspiré aire con fuerza y me dirigí
            hacia las escaleras.

            EPOV

            Aquellos días estaba ejercitando mi autocontrol hasta niveles insospechados.
            Bella se encontraba muy bien y era evidente que ya no necesitaba reposo. Esa
            misma mañana Jared le había quitado las grapas y la cicatriz presentaba un
            aspecto muy sano. Podíamos habernos dejado llevar como ella había intentado
            varias veces, pero cada vez que el deseo me acometía volvía a mí con violencia
            el recuerdo del perfume de su sangre. Entonces el monstruo que tenía dentro
            se agitaba y me imaginaba bebiendo de ella. No podía evitar que esta imagen
            me excitara y me horrorizara al mismo tiempo. Lo peor era que ella me había
            pedido hacerlo. Y ahora la deseaba pero temía no poder controlarme tan bien
            como hasta el momento, así que evitaba la intimidad con ella. Cuando volviera
            de Nueva York en unos días quizá la intensidad de mi recuerdo se hubiera
            apagado lo suficiente como para atreverme de nuevo a hacer el amor con Bella.

            Aquella noche le di un casto beso en la mejilla y me fui rápidamente a trabajar.
            Absurdamente eché de menos que no se me hubiera insinuado ni una sola vez
            esa tarde, y que me dejara salir del baño sin dirigirme ni una sola mirada.

            Estúpido, qué esperabas.

            Abrí el portátil y comencé a repasar varios artículos que necesitaba conocer
            para poder hacer mi presentación. Me quedaban sólo unos pocos y acabaría
            enseguida. Después iría a acostarme al lado de Bella y pasaría el resto de la
            noche en su compañía, abrazándola, sintiendo su latido, su aroma, su calor… y
            una vez más controlando mi anhelo de estar dentro de ella.
Cambio De Destino
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               De pronto la oí salir de la habitación y bajar las escaleras. Su ritmo cardiaco
               estaba acelerado, lo cual me intrigó. Alcé la vista y cuando llegó al pie de las
               escaleras pude verla.

               Jadeé, y el portátil estuvo a punto de deslizarse hasta el suelo.
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               Por todos los… demonios.

               Me quedé muy quieto, con las manos adheridas al ordenador, intentando
               controlar mi fuerza para no romperlo. Mi cuerpo se tensó como la cuerda de
               un arco.

               -¿Te encuentras bien?- mi traidora voz sonó más ronca de lo que yo habría
               deseado.

               -¿Qué? Ah, sí, es que me voy a preparar una infusión antes de acostarme-
               comentó como si no pasara nada, a pesar del rubor que invadía su rostro. Pasó
               por mi lado sin mirarme y se metió en la cocina. La escuché rebuscar entre los
               armarios durante unos eternos segundos durante los cuales mi voluntad se iba
               debilitando cada vez más- ¿Edward, puedes ayudarme?- dijo al cabo de unos
               instantes.

               Diabólica mujer.

               Me metí en la cocina, evitando respirar, intentando con todas mis fuerzas
               apartar la vista de aquella combinación de voluptuosas curvas y encaje negro.
               Imposible. Deseaba con todas mis fuerzas arrancarle esas ropas y hacerla gritar
               de placer.

               Contrólate, Edward.

               -No encuentro la valeriana, tú que eres más alto ¿puedes buscarla ahí arriba?-
               señaló una de las alacenas y luego me miró de arriba abajo. Noté que ocultaba
               una sonrisa. Era evidente lo que pasaba por mi mente, ella lo veía en mis ojos,
               y también bastante más abajo de ellos.

               Se la alcancé y, casualmente, le cayó la caja al suelo, por lo que se agachó para
               recogerla, regalándome un excitante primer plano de su trasero. Demasiado
               para mí. Mi autocontrol se agotó. En un instante Bella estaba arrinconada entre
               mi cuerpo y la pared. Mi pecho se pegó a su espalda y le sujeté ambas manos
               con una de las mías.
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               -Te dije que no jugaras con fuego, pero tú insistes una y otra vez- susurré en su
               oído.

               -Me gusta jugar con fuego si tú ardes conmigo... ¿no era así?- ronroneó de
               forma increíblemente sensual. Esa mujer iba a matarme.
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               Como respuesta dibujé su oreja con la punta de mi lengua, mordisqueé el
               lóbulo y recorrí con mis labios la delicada piel del cuello, escuchando con
               placer cómo sus latidos se desbocaban, sintiendo cómo se estremecía bajo mis
               caricias, y penetró en mí el incitante aroma de su excitación. Con la mano libre
               me dediqué a acariciar su cuerpo, con lentitud al principio, luego con avaricia,
               con el deseo acumulado durante todos esos días estallando en mí. A pesar de
               mis anteriores temores no había señales de que el monstruo de mi interior
               despertara.

               Mi mano se desplazó siguiendo la peligrosa curva de sus caderas, hacia el
               interior de sus muslos. Como respuesta ella se arqueó contra mí, rozando mi
               erección con sus nalgas, provocando que un gruñido vibrara en mi garganta.
               Seguí mi camino, deslizando la mano bajo sus braguitas, palpando la abundante
               humedad acumulada en aquella zona. Gimió.

               -Estás ardiendo, amor. Cómo me gusta sentirte así… - murmuré contra la piel
               de su cuello. Era un placer ver su vello erizarse ante ese sencillo gesto.

               Mojé mis dedos entre sus pliegues e introduje dos en su interior, acariciándola
               en los puntos que más la encendían, provocando que sus gemidos se
               intensificaran. Era tan excitante provocarle ese placer y sentirla así,
               completamente a mi merced… Pero no me engañaba, era yo quien estaba
               dominado por esta mujer. Podía hacer de mí lo que quisiera, y lo sabía. Su
               cuerpo se retorcía intentando liberarse mientras sollozaba de placer. Mi
               erección empezaba a ser dolorosa, pero no dejé de atormentarla con mis dedos
               hasta que un prolongado espasmo convulsionó su cuerpo y mi mano se llenó
               de su humedad. Su respiración fue volviendo paulatinamente a la normalidad.
               Entonces la liberé y la volteé, observando su provocadora expresión de placer.
               Pasé mi lengua por mi labio inferior y vi la lujuria brillar en sus oscuros iris.

               -Te quiero. Te deseo. Ahora - habló con voz entrecortada.

               -Amor. Debes ser paciente - sonreí de lado y la tomé en brazos, depositándola
               en la mullida alfombra que teníamos enfrente de la chimenea. En un instante
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               me despojé de mi ropa. Ella intentó hacer lo mismo pero la detuve.- No.
               Déjame que te desnude.

               -No lo destroces. Quiero que me dure más de una noche- suplicó.
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               -Esto no es una prenda, es un arma destructora. No puede estar en tu poder-
               contesté mientras le deslizaba las braguitas hacia los pies.

               Las aparté y volví a erguirme. Bella me miraba con los ojos llameantes. Por
               encima de la suave tela tomé sus pezones entre mis dedos y los acaricié. Su
               aliento se agitó de nuevo mientras una de sus manos se perdía entre mis
               cabellos y la otra se dirigía a mi miembro, que comenzó a acariciar y presionar
               por toda su largura. Se puso de puntillas y tiró de mi cuello, atrapando mis
               labios con su boca, mordiéndome el inferior y succionándolo, al tiempo que
               aumentaba la presión de su mano sobre mí.

               -Deseo tenerte dentro de mí, llenándome. Mi cuerpo está vacío sin el tuyo. Te
               echaba de menos - murmuró contra mi boca.

               Bella me estaba excitando cada vez más y me costaba controlar la situación, era
               ella quien llevaba el ritmo y a mí me estaban pasando factura los días de
               abstinencia. La tumbé delicadamente sobre la mullida alfombra y me coloqué
               encima de ella, intentado recuperar el control, pero sus caricias estaban
               volviéndome loco. Me besó profundamente y su lengua trazó dibujos sobre la
               mía, sobre mis dientes, en un beso exigente que hizo trizas lo poco que
               quedaba de mi dominio. Por encima del fino tejido aprisioné uno de sus
               pezones entre mis dientes y lo introduje en mi boca, mordiéndolo suavemente.
               Se arqueó contra mí.

               -Te necesito ya. Soy tuya - Rogó.

               Sus palabras de entrega me trastornaron. Necesitaba unirme a ella, perderme
               en su cuerpo, más de lo que jamás había necesitado. Entré en su cálido interior
               en una sola embestida. Gritó mi nombre y me abrazó fuertemente, clavando
               sus uñas en mi espalda. Levantó sus piernas y me rodeó con ellas,
               profundizando aún más la penetración.

               -Dilo otra vez. Di que eres mía, Bella. – La besaba y la mordía en la boca, la
               oreja, el cuello, saboreaba su piel y su seductor aroma mientras me hundía en
               ella, intentando controlar la fuerza que instintivamente se apoderaba de mí.

               -Tuya, soy tuya, Edward. Siempre- dijo, clavando sus brillantes ojos en mí.
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             Cubrí sus apetitosos labios con los míos y mi lengua devoró su boca. De pronto
             ella retomó el control y sin que yo tuviera voluntad para evitarlo me empujó
             suavemente, sin separarse apenas, quedando yo sentado y ella encima de mí a
             horcajadas. Pasó las manos por detrás de mi nuca, entrelazándolas con mi
Página | 236 cabello, y comenzó a moverse sobre mí, jadeando cada vez más, mientras
             inclinaba la cabeza hacia atrás y cerraba los párpados con abandono. Mis
             manos acariciaban la largura de su espalda, sus pechos llenos, sus nalgas,
             disfrutando del sedoso tacto de su cálida piel. De repente ella incrementó el
             ritmo de sus caderas y la profundidad de sus movimientos y nuestros gemidos
             se elevaron con una cadencia cada vez mayor. Acerqué la boca a su cuello
             extendido, tentador, donde podía ver la yugular a través de la piel de alabastro,
             podía sentir su calor en mis labios, y la rocé con los dientes. Sin previo aviso, el
             monstruo de mi interior despertó. Separé de inmediato mi boca de su piel.

            -Edward. Quiero que me tomes. Que bebas de mí. Hazlo, amor mío - su voz
            sonaba entrecortada y suplicante, mientras tiraba de mi nuca, acercándome de
            nuevo a su cuello.

            El corazón le latía desbocado y recordé de nuevo el olor embriagador de su
            sangre, aquel aroma que me invadió y me poseyó durante unos interminables
            minutos. El deseo provocó un doloroso nudo en mi interior. Deseo de su
            sangre y deseo de su cuerpo. El monstruo. Edward. No sabía dónde empezaba
            uno y acababa el otro. Ya no era dueño de mí. Mis colmillos se extendieron,
            por primera vez desde que estaba con ella. Bella gimió cuando rocé su cuello y
            su respiración se detuvo por unos instantes. Gritó cuando mis dientes
            penetraron la sensible piel y se clavaron en ella, pero no fue de dolor, yo podía
            sentir cómo su interior se contraía una y otra vez sobre mí, mientras bebía el
            líquido que se deslizaba ardiente, exquisito y adictivo por mi garganta. Era la
            unión absoluta con la mujer que amaba. Sin separarme ni un centímetro la
            tumbé en el suelo y seguí succionando y lamiendo su herida mientras la
            penetraba. Me hundí una y otra vez en su interior, provocando con cada
            embestida un nuevo grito de placer. Me sentí cercano al éxtasis. Sus
            contracciones y sus gritos, la extraordinaria experiencia de beber de ella
            mientras su cuerpo me acogía profundamente… todo unido provocó que por
            fin mi tensión estallara, se liberara y nos llevase a tocar el cielo, esta vez juntos.
            Después de eso se desvaneció.

            BPOV

            Desperté tumbada en el sofá envuelta por una manta, apoyada en el regazo de
            Edward, que depositaba ligeros besos por mi frente y mi cabello. Sentirle sobre
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               mi piel era delicioso. Al notarme despierta se movió un poco y acercó su
               hermoso rostro al mío.

               -Esta vez no me has asustado. Con esa sonrisa pintada en tus labios era
               imposible que tuvieras nada grave.- Me miró con expresión seria.
Página | 237

               -Estoy en un lío, ¿verdad?- pregunté, intentando simular un poco de
               arrepentimiento.

               -En uno muy grande. Pervertidora... –sus ojos se entrecerraron y por fin sonrió
               mostrando su perfecta dentadura.

               -De acuerdo, pero no me arrepiento de nada. Por un momento creí que moría
               de placer, de veras. Creo que me temblará el cuerpo durante días. Y no ha sido
               sólo algo físico, ha sido... me he sentido... -busqué la palabra- era como estar
               fundida contigo.

               -Lo sé. Me he sentido igual - murmuró con suavidad.- Eres peligrosa, Isabella
               Swan. Debería tenerte miedo… pero me alegro de que me hayas pervertido -
               acarició mi nariz con la suya.- Aunque no deberías arriesgarte de esa forma -su
               expresión se puso seria de nuevo.

               -No ha pasado nada, Edward. Yo lo sabía, te has podido contener- le acaricié la
               mejilla y su expresión se dulcificó.

               -Temeraria Swan- negó con la cabeza y repartió ligeros besos por mi rostro.

               -No soy temeraria, o sí, o tal vez sólo confío en ti más que tú mismo -murmuré,
               disfrutando de las caricias de sus labios.

               -Gracias, amor. Por confiar en mí. Por el generoso regalo que me has hecho.
               Por hacerme sentir algo... indescriptible.

               Nos besamos con ternura y nos quedamos en silencio durante unos minutos,
               abrazados y sumergidos en nuestros propios pensamientos.

               -¿Qué crees que pasará ahora? ¿Crees que soportarás el deseo mejor que
               antes?

               -No lo sé… puede que sí, o que sea incluso peor ahora que te he probado-
               deslizó sus labios por mi cuello y pasó la punta de su lengua lentamente por la
               herida. Me deleité en las sensaciones que me invadieron con este sencillo gesto.
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               - Lo cierto es que ahora no siento deseo de volver a beber de ti. Parece que he
               quedado satisfecho, de momento… Por cierto, tendrás que ponerte un apósito
               o algo para ocultar esto, las incisiones son bastante sospechosas.

               -Cierto, no había pensado en ello- me preocupé un poco, seguro que la intuitiva
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               Angela sospecharía cualquier cosa rara… pero no tan rara como la que
               realmente había sucedido. Bueno, ya me las arreglaría. Aunque con ella no me
               funcionaría el camisón… ¡El camisón! Lo busqué con la mirada y Edward se
               percató.

               -Está allá- señaló con expresión culpable.

               Imposible de reconocer, mi prenda más atrevida yacía hecha múltiples jirones
               justo enfrente de la chimenea. Miré al vampiro, indignada.

               -¡Lo siento! Ni tan siquiera recuerdo el momento en que lo he hecho. Joder, si
               hace cinco minutos no recordaba ni mi nombre- se quejó alzando las cejas, y
               compuso una mueca que desencadenó mi risa.

               -Ya lo veo, lo juzgaste, lo condenaste y ejecutaste la pena. Mi pobre camisón.

               -¿Camisón? Un nombre demasiado largo para una prenda tan corta. No llegaba
               ni a "ca".

               Esta vez nos reímos los dos. Entonces me fijé en un pequeño cambio en sus
               iris, que al principio había atribuido a la luz del fuego.

               -Están con un tono algo rojizo… tus ojos.- Él suspiró.

               -Lo sé, es por haber tomado sangre humana. Pero sólo durará unas horas,
               porque no he tomado mucha- me miró con la culpa reflejada en su semblante,
               mordiéndose el labio.- Bella, prométeme que tomarás un poco de hierro estos
               días. No te he quitado mucha sangre, pero la necesitas toda.

               -Tranquilo, lo haré.

               -Y ahora necesitas dormir. Tenía que leer algunos artículos más pero lo puedo
               hacer mañana en el aeropuerto. Esta noche quiero estar contigo.

               Y sin esperar mi opinión me alzó en brazos rodeada por la manta como si fuera
               un enorme rollito de primavera y me transportó a nuestra habitación.
Cambio De Destino
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                     Capítulo 25
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               BPOV

               -¿Puedes repetir eso? – mi interlocutor no podía creer lo que escuchaba por el
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               teléfono. De hecho, el residente de guardia de la UCI neonatal del Hospital
               Infantil parecía un poco paranoico.

               -Que os trasladamos un bebé prematuro que ha nacido en el WC. Oye, no sé a
               ti, pero a mí no me sobra el tiempo - repliqué con voz cansina.

               -Vale, entonces no era una broma.

               -¿Cómo iba a bromear con esas cosas, hombre? ¡No sería nada profesional!

               -Te sorprendería de las veces que me la han colado. Tengo unos compañeros
               muy cabrones. Ahora mismo te mandamos la UCI móvil. Has tenido suerte,
               sólo nos queda una incubadora vacía.

               Suerte, dice. La guardia del jueves estaba siendo un poco movida. Ahora que la
               epidemia de gripe estaba en claro retroceso yo esperaba un poco de calma,
               pero no fue posible. Cerca de medianoche apareció por la puerta de Urgencias
               una señora con un pequeño bebé de un kilo y medio de peso envuelto en
               varias mantas. Su hija adolescente, que era bastante obesa, había ocultado su
               embarazo hasta que por desgracia le entró dolor de barriga y, confundida, fue al
               aseo en vez de pensar que estaba de parto. El prematuro bebé nació en uno de
               los peores lugares posibles. Afortunadamente no parecía haberle faltado
               oxígeno, cuando lo metimos en la incubadora respiraba con dificultad pero
               respiraba. Al final lo habíamos tenido que intubar, pero se encontraba estable
               para trasladarlo a un centro con más medios técnicos.

               Una vez efectuado el traslado mi adjunto quiso hacer el primer turno de
               trabajo, así que me acosté esperando que me llamaran de madrugada. Sin
               embargo mi turno fue bastante tranquilo. Cerca de las 8 me dirigía hacia la
               cafetería cuando escuché una conocida vocecita que me llamaba.

               -¡Dotora Bella!

               Antes de girarme ya tenía mis dos piernas rodeadas e inmovilizadas por unos
               bracitos.

               -¡Daniel! ¿Qué haces aquí?-me agaché y le revolví el pelo.
Cambio De Destino
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            -Vuelvo a hacer pipi de coló dojo.

             Miré a la madre que se acercaba sonriente. Me dio los buenos días y me
             explicó que el pequeño había vuelto a orinar sangre. Llevábamos varios
             controles normales, así que era algo que no me esperaba. Me lo llevé al box de
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             pediatría, lo exploré y le hice a la madre unas cuantas preguntas.

            -Está bien, cielo, vamos a tomar una nueva muestra de ese pipí.

            -Traigo esta de casa- la madre me tendió un bote.

            -No, no, mejor que sea lo más reciente posible -rechacé el recipiente con una
            sonrisa, pero detecté un gesto de contrariedad en la expresión de la mujer-
            ¿Tienes ganas de hacer pipi, Danny? –El pequeño lo pensó durante unos
            segundos y al final negó con la cabeza.-Bien, pues esperaremos. Vengo en un
            ratito. Ahora te tomas un súper vaso de zumo y ya verás como pronto tendrás
            ganas otra vez.

            Desayuné dándole vueltas a lo que acababa de pasar, recordando el ingreso de
            Daniel y los controles seguidos en la Consulta Externa. Intuía algo peculiar en
            la actitud de la madre. De pronto se me ocurrió una idea. Una idea terrible.
            Recordaba haber leído un caso parecido en una revista médica. Intenté
            calmarme, probablemente estaba exagerando. Cuando volví a Urgencias ya
            habían enviado la orina para su análisis completo. Subí a la planta y en la sesión
            con mis compañeros expliqué los ingresos y las incidencias de la guardia,
            terminando con el caso de Daniel.

            -Comenté el caso de Daniel en una reunión que tuve con Mary Nelson, la
            nefróloga pediátrica del Infantil de Seattle, y me dijo que si volvía a sangrar
            sería aconsejable realizar una biopsia renal-explicó Emily.

            -¿Una biopsia? ¿No es una prueba demasiado agresiva para un caso así?-recelé.
            Jessica bufó y la miré. Probablemente pensaba que quién era yo para discutirle
            a un especialista de un hospital de tercer nivel.

            -Eso mismo le dije yo-contestó mi jefa,- pero me enumeró una serie de
            enfermedades que provocan sangrado intermitente, que sólo se diagnosticarían
            con biopsia y que detectadas a tiempo tienen mucho mejor pronóstico.

            -De acuerdo pero y si… ¿la sangre no fuera de él?-dije. Todos me miraron con
            interés.
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               -Bella ¿Sospechas un síndrome de Münchausen por poderes*?-la expresión de
               mi jefa era seria.

               -No lo sé, es una acusación muy fuerte, pero yo creo que antes de hacer una
               biopsia deberíamos estar seguros de que no es eso.
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               -El problema es que aquí no tenemos medios para identificar si los glóbulos
               rojos de la orina son de la madre o del niño- intervino Peter.

               -Podemos ingresarlo y recoger muestras de orina en presencia de testigos, cosa
               que hasta ahora no hemos hecho. Así no le daríamos oportunidad a la madre
               de introducir sangre suya en la muestra. Al fin y al cabo es un niño pequeño, no
               es tan raro que queramos obtener la muestra nosotras mismas- contribuyó
               Monica.

               -No es mala idea- dijo Emily frotándose la frente, pensativa. En aquel momento
               sonó el busca, que ahora llevaba Jessica, quien se dirigió al teléfono.

               -¿Sí? ¿Positiva? De acuerdo, ahora bajo.-Colgó y nos miró- El niño tiene sangre
               en la orina, ¿lo ingreso?

               -De acuerdo. Hablaré con la doctora Nelson, mientras tanto- contestó Emily.

               No me encontraba nada cansada y me quedé más tarde de lo que
               acostumbraba cuando salía de guardia, aprovechando para hacer trabajo
               administrativo atrasado y repasar unas historias clínicas para presentar un
               trabajo en el congreso nacional, que sería en verano. A media tarde subí a
               despedirme de las enfermeras y antes pasé a saludar a Daniel por su habitación.
               La encontré vacía y me dirigí al control de enfermería, donde se encontraba
               Jessica.

               -¿Por qué Daniel no está en su habitación? –inquirí.

               -Su madre pidió el alta voluntaria- contestó sin inmutarse.

               -¿Qué? ¿Por qué? ¿Por qué se lo has permitido?-casi grité.

               -¿Y qué podía hacer para detenerla? Ya me ha mirado mal cuando al ingreso le
               he dicho que era la enfermera quien tenía que recoger la muestra de orina.

               -¿Ya puestos, por qué no la has acusado directamente de fingir? ¿No había otra
               manera de decirlo?
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             -¿Qué insinúas? Antes de meter la pata juzgándome como si tú fueras doña
             perfecta escúchame. Al parecer Emily habló con alguien de Seattle y este
             insistió en la necesidad de una biopsia. Como no se podrá hacer hasta el lunes
             y el niño está bien la madre ha razonado que para qué iba a quedarse todo el
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             fin de semana ingresado.

            -¿Para qué? ¿Te parece poca razón para descartar malos tratos?- mi voz sonó
            demasiado aguda. Las enfermeras que estaban en el control habían
            desaparecido discretamente al escuchar cómo empezábamos a discutir.

            -¡Estás paranoica! Además ¿cómo se lo habrías dicho tú?- contestó Jessica con
            el ceño fruncido, encarándome.

            -No lo sé, quizá le habría dicho que teníamos que recoger varias muestras y con
            cualquier excusa habría intentado que algunas de ellas fueran en presencia de
            una enfermera. ¡Un fin de semana da para mucho!

            -¿Y crees que, de ser cierto lo que sospechas, ella habría dejado que nos
            saliéramos con la nuestra? Además, la de Seattle ha dicho que a veces varias
            patologías pueden dar síntomas intermitentes. Que las orinas hubieran salido
            normales no habría cambiado la decisión de la biopsia.

            Me intenté serenar y suspiré. Jessica tenía parte de razón, pero yo no podía
            dejar de pensar que no había manejado bien la situación y por su torpeza había
            descubierto nuestras sospechas a la madre. O quizá sólo era que yo no la
            soportaba. Tras unos instantes de silencio retomé la conversación.

            -Lo que sí creo es que si lo que sospecho es cierto Daniel el lunes no ingresará
            en el Infantil- murmuré, mirando la lluvia caer por la ventana del control de
            enfermería.

            -Eso está por ver- espetó Jess, dándome la espalda y marchándose.

            Me encontraba deprimida. Ya en casa comenté lo sucedido con Angela y ella
            me intentó animar, pues no pensaba que mis sospechas fueran ciertas. Yo
            también comenzaba a pensar que a lo mejor había exagerado, en cuyo caso
            tendría que disculparme con Jessica, cosa que me apetecía menos que un
            puñetazo en el abdomen.

            Edward llamó después de la hora de cenar, como cada día desde su marcha,
            que se me antojaba muy lejana.
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               -Hola, cariño. ¿Cómo ha ido el día?

               -¿Qué sucede, Bella?- su voz sonó suave pero ansiosa.

               Edward no me leía el pensamiento, pero cada vez era más intuitivo con mis
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               estados de ánimo. Le expliqué lo sucedido, pero a diferencia de Angela no se
               tomó mis sospechas como una exageración. Siempre decía que había leído
               demasiadas mentes en su larga vida como para no saber de lo que eran capaces
               los seres humanos.

               -¿Quieres que le diga a Jasper que la investigue? Por lo que sé de ese síndrome
               normalmente los padres van cambiando de hospitales para que no sospechen
               de ellos. Mi hermano podría indagar en las bases de datos de los ingresos
               pediátricos de todos los hospitales del país, o por lo menos intentarlo. Pero no
               será algo que tengamos rápido, comprenderás que hay mucho donde mirar. Y
               tampoco es algo legal.

               -De acuerdo, pídeselo, por favor - me animé y le di los datos del niño, no era
               legal pero yo no me habría quedado tranquila de otra forma. Además, sabía
               que el Cullen a quien aún no conocía era un buen hacker, se ganaba bien la
               vida con esa habilidad, y yo confiaba en él - ¿Cómo va el congreso?

               -¿En una palabra? Interminable. Te echo muchísimo de menos. Joseph ronca
               por las noches.

               -Ah, ¿ese es el único motivo por el cual me echas de menos? ¿Porque yo no
               ronco y tu jefe sí? Yo pensaba que era por que yo hacía unas cuantas cosas que
               tu jefe no hace contigo.

               -Dios, Bella, no vuelvas a decirme eso, qué mal, sólo de imaginarme a Joseph…
               brrrr, qué desagradable.

               -¿Quieres que te diga todas las cosas que te haría si yo estuviera ahí en vez de
               Joseph? – tenté. El sexo telefónico era mejor que nada de sexo, pero escuché
               un sonoro suspiro al otro lado de la linea.

               -Me encantaría, pero hemos quedado para ver un poco el ambiente nocturno
               de la ciudad. Tengo que colgar pronto.

               -De acuerdo, sé bueno y... no bebas demasiado.- Él rió sensualmente.
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               -Se me ocurren muchas respuestas a eso, pero espero a la vuelta para
               explicártelas en persona- contestó, y tan sólo su tono de voz consiguió que
               sintiera calor entre mis piernas.

               Hablamos unos minutos más y por fin nos despedimos. Añoraba a Edward, y
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               tan sólo llevaba dos días sin verlo. Me dirigí al comedor, donde Angela me
               esperaba con un gran recipiente de helado de chocolate, medio tumbada en
               nuestro gran sofá.

               -Dicen que es un sustitutivo del sexo- sonrió al ver mi expresión de sorpresa.

               -Quien inventó eso tenía que ir mal follado- repuse, a lo que Angela soltó una
               carcajada.- Aunque más vale esto que nada, eso no te lo discuto- repuse
               mientras clavaba mi cucharilla en el helado.

               -Es cierto, ojalá fuera tan fácil. Por cierto, creo que ya te puedes retirar ese
               apósito de cuello, si lo que pretendías era que la gente no se fijara en los
               chupetones que te hace tu novio con eso consigues el efecto contrario.-
               Enrojecí intensamente y me llevé los dedos al apósito con que cubría las
               pequeñas marcas que habían dejado en mi piel los colmillos de Edward.

               -Lo que tú digas, pero creo que es más discreto el apósito que lo de debajo- la
               miré avergonzada y mi amiga rió.

               -Estás de color granate. Tampoco hay que ponerse así por una marca de amor,
               todas hemos tenido alguna.

               -Creo que será mejor cambiar de tema – sonreí a mi compañera de piso.- ¿Os
               va muy bien a ti y a Jake, verdad?

               -¡Sí! Le echo mucho de menos. Ojalá él encontrara trabajo en Forks, aunque
               tampoco creo que le interesara. Prefiere trabajar en hospitales grandes, es
               ambicioso y en esos sitios hay más posibilidades de ser un médico de prestigio.

               Asentí, comparando la situación personal de Jake con la mía. La verdad es que
               a mí en el momento actual me importaba un pimiento lo de la ambición
               profesional y el prestigio, aunque eso a mi padre le molestara bastante.

               -¿Has pensado alguna vez qué harás si lo vuestro sigue adelante? Porque si la
               montaña no va a Mahoma…- dije. Ella hizo un mohín.
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             -Sí, supongo que me tendría que mudar yo. Pero no hay prisa, ¿no? ¿Tan mal
             estás conmigo que ya me quieres echar de tu lado?- dijo con fingida indignación
             y yo negué con la cabeza, sonriendo- ¿Y tú? Edward tiene un enorme palacio
             donde los dos podríais estar muy bien, y no tendrías que pagar el alquiler de
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             esta casa.

            -No hay ninguna prisa, Ang, como tú misma has dicho. Sería genial vivir con
            Edward, pero creo que aún es un poco pronto para planteármelo, no sé… lo
            nuestro va muy rápido, y prefiero tiempo para ir asimilando las cosas.

            -Ja, ni que hablaras del metabolismo de las esponjas, qué pasión, hija- le pegué
            con el cojín y rió.- En serio. A veces me parece que tienes miedo. Como
            cuando te diste cuenta de que estabas enamorada de él.

            -Miedo- repetí y miré cómo mi cuchara se clavaba en el helado, ocultando mi
            mirada de mi intuitiva amiga.

            -Sí. Jamás he visto una pareja más pillada que vosotros dos. En serio. Y eso te
            asusta. Es normal. Tienes miedo a sufrir.

            -Vale, doctora Freud. Siga con el psicoanálisis, por favor - subí las piernas al
            sofá y me senté cruzando las piernas, mirando a mi amiga de frente.

            -Muy bien -me apuntó con la cucharita.-Te podrías entregar más todavía, Bella,
            pero a más entrega más posibilidades de sufrir.

            -¿Cómo me podría entregar más todavía?-fue un pensamiento que hice en voz
            alta. Le había dado hasta mi sangre. ¿Qué más le podría dar?

            -No me refiero a físicamente, sino a entregarte por completo. Darle tu... tu
            alma.

            -¡Frena! Angela, aún hace poco que salimos, y si te hiciera caso iría a pedirle a
            Edward que se casara conmigo.

            -¿Crees que él no lo haría? Te mira como si fueras todo su mundo. Si no lo
            hace es para que no salgas corriendo, doña acojonada.

            -Parece que lo conoces muy bien.

            -Sé cómo es contigo, cómo te mira, cómo te habla. Hace cuatro años que lo
            conozco, y no necesito más.
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               -Angela… intento repartir un poco mis intereses, no centrarme exclusivamente
               en él. No me gustan esas parejas que están tan absorbidas la una en la otra…
               hay muchas más cosas en la vida…

               -Bla-bla-bla- me interrumpió mi amiga, elevando los ojos al cielo y haciendo
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               una mueca.- Todo eso no son más que palabras. Créetelas tú. Pones fronteras,
               barreras a tus sentimientos. Eso es un hecho.

               Estuve pensativa un buen rato mientras daba cuenta de mi parte del helado.

               -Angela… si Jake te pidiera dejarlo todo, y me refiero a todo: familia, amigos,
               toda la vida que conoces… ¿lo harías?

               -¿Por qué te iba a pedir eso Edward?- me observó con los ojos como platos.

               -No, no, sólo es una suposición. Pero estoy pensando en lo que me decías
               antes. ¿Lo harías? ¿Puede el amor suplir todo eso?

               -Esa pregunta debes respondértela a ti misma. En este momento yo te diría que
               no pero, si sigo con Jake, probablemente en un futuro la respuesta sería sí.
               Hazte la pregunta contraria ¿podrías vivir en un mundo con todo eso pero sin
               él?

               -Sí,- asentí quedamente- supongo que ésa es la pregunta.

               -¿Es por eso que no te entregas completamente? ¿Porque si fuera así no
               podrías vivir en un mundo sin él?

               Volví a bajar la vista hacia lo poco que quedaba en el recipiente y sonreí
               burlona, aunque por dentro sentía una punzada en el corazón.

               -Angela, deja de leer tantas novelas románticas. En serio, la vida no es así.

               Ella abrió la boca y tomó aire como para contestar pero de nuevo unió los
               labios. La observé y con la mirada nos lo dijimos todo. Mi amiga sabía cuándo
               parar.

               Nos dimos las buenas noches y me acosté pensando en nuestra conversación.
               Me tumbé de lado, mirando la ventana, a la oscuridad de la noche. Llamé hacia
               mi mente imágenes de Edward recostado a mi lado. Recordé sin esfuerzo su
               aroma embriagador, su aterciopelada voz susurrándome al oído, el tacto de su
Cambio De Destino
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            piel al abrazarme. La punzada se fue y por fin pude dormirme, pero no
            recuerdo qué soñé.

             La tarde del domingo Edward vino a verme en cuanto llegó del aeropuerto.
             Angela había ido a pasar la tarde con Anne y Monica en Port Angeles,
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             estrenaban no sé qué película, aunque supe que lo hacían para darnos
             intimidad. Después de una adecuada y cálida acogida en el mismo recibidor,
             que repetimos de nuevo en mi habitación, me encontraba paseando por el
             bosque abrazada a la cintura de Edward. Aún hacía frío, pero el sol calentaba
             más y los primeros signos de la primavera ya eran evidentes en el paisaje.

            -Jasper me llamó esta mañana para comunicarme los resultados de su
            investigación. No hay ningún ingreso previo de Daniel, aparte del de la
            hematuria. Lo único que llama la atención es que el niño no nació aquí. Al
            parecer la madre explicaba que se divorció del padre en Inglaterra y se vino con
            el niño a EEUU, aunque todo esto son datos que aún están por confirmar, sólo
            es lo que ella explica. Pero no hay nada más donde agarrarse para apoyar tus
            sospechas.

            -Me alegro. Así que divorciada… y el padre en Inglaterra. Por eso nunca lo he
            visto.

            Me tranquilizaron las noticias y me dejé llevar por la dulzura de estar de nuevo
            con el hombre a quien amaba.



            -Bella, ¿puedes venir a mi despacho?- dijo la voz de mi jefa al teléfono.

            Era lunes y me encontraba en el control de enfermería de la planta, con
            Monica, escribiendo los tratamientos de los niños ingresados.

            -Claro.- Colgué- Moni, vengo enseguida, me llama Emily.

            -A ver qué habrás hecho esta vez- bromeó mi compañera sin levantar la vista de
            lo que escribía.

            Llamé a la puerta de Emily y pasé. Me hizo invitó a sentarme en una de las
            sillas.
Cambio De Destino
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               -He llamado tres veces a lo largo de la mañana al Infantil para saber si había
               ingresado Daniel. En principio tenía que presentarse en Admisiones con
               nuestro informe de derivación.

               -No se ha presentado.- Emily negó con la cabeza.
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               -Eso es. La he llamado al número de móvil que dejó y no contesta.

               -¿Y en su casa?

               -He llamado ahora mismo. Era una casa alquilada, me ha contestado la
               propietaria, dice que la han abandonado el fin de semana- repuso Emily
               apesadumbrada. Yo empezaba a sentir un peso en el pecho.

               -Mierda. Llamemos a la policía.

               -¿Y de qué la vamos a acusar? Bella, no podemos demostrar nada- respondió
               mi desesperada jefa.

               -De acuerdo, pero ¿y la negligencia? Tendría que haber ingresado al niño en el
               hospital y no lo ha hecho, ¿no se la puede acusar de eso?

               -Sí, eso sería lo único… déjame que vuelva a hablar con James, hemos quedado
               en darle 24 horas de tiempo y hablar con la policía entonces para estudiar qué
               posibilidades tenemos de intervenir. Pero créeme, creo que muy pocas. Por
               suerte uno de los mejores amigos de mi ex es comisario en Seattle y nos podrá
               orientar.

               Salí del despacho de mi jefa sintiendo como si tuviera una losa en la cabeza.
               Aunque me decía a mi misma que estaba exagerando no dejaba de imaginarme
               la carita de Daniel y de imaginar que estaba a la merced de una mujer
               trastornada que podía poner su vida en peligro.
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                                                Capítulo 26



               BPOV

               Como ya imaginaba, Daniel no apareció en el hospital de Seattle para ingresar.
               James contactó con su amigo policía y, como también esperaba, le dijo que no
               había nada que hacer porque no había crimen. Ni siquiera podía ordenar que
               investigaran a la madre de Daniel porque las sospechas no eran "de peso".
               Cuando James intentó la vía de la negligencia chocó con la misma pared legal.
               El comisario le explicó que no se podía decir que el niño tuviera una grave
               enfermedad y su madre le negara los cuidados, lo cual sí habría sido punible,
               sino que no había acudido a un centro hospitalario para completar un estudio
               diagnóstico, y eso no era ilegal. Resumiendo mi sensación se podía hablar de
Cambio De Destino
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            auténtica impotencia. Parecía que sólo podríamos actuar legalmente si el niño si
            el niño sufría. Era desesperante.

             Pasé toda la semana atormentándome. Pensaba que durante el ingreso, o al
             menos el seguimiento del caso de Daniel, del cual me había encargado, debería
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             haber sospechado algo. Edward estaba preocupado de verme así, y le agradecí
             que no me tomara por una exagerada, cosa que algunas personas pensaban,
             entre ellas Jessica. Yo apenas podía dirigirle la palabra, no podía evitar pensar
             que su falta de mano izquierda era la responsable de que la madre de Daniel
             hubiera huido y no tuviéramos pruebas de su manipulación.

            Agotada la vía legal ya incluso antes de iniciarla opté inmediatamente por
            aceptar el ofrecimiento de Edward de investigar a la madre de Daniel. Jasper se
            encargaría de saber dónde se encontraba y qué hacía, y a partir de ahí
            mantenerla vigilada.

            -El tiempo es fundamental en una reanimación cardiopulmonar. Cuando vayáis
            a comprobar los signos vitales, empezad por el pulso, y luego la respiración. Si
            no hay pulso, no habrá respiración, pero puede no haber respiración y existir
            latido durante unos minutos.

            Se nota que nunca has intentado reanimar a un vampiro. Pueden respirar o no,
            pero nunca laten… Vaya cosas que se me ocurre pensar en plena clase, debería
            concentrarme en lo que están explicándome. ¿Tendré un trastorno de déficit
            de atención y no lo sé? No, más bien falta de sueño crónica.

            De pronto sentí el codo de Mónica clavarse en mis costillas y di un respingo.

            -¡Doctora Swan!- el instructor del curso de reanimación cardiopulmonar
            intentaba captar mi deficitaria atención y parecía mosqueado.

            -¿Qué?- dejé de apoyar la mejilla en mi mano y me puse erguida.

            -Estaba preguntándole por la relación que debe existir entre las compresiones
            torácicas y las respiraciones en la reanimación de niños.

            -Quince compresiones por cada dos respiraciones, tanto con uno como con
            dos reanimadores.

            El instructor me miró, satisfecho a medias. Estaba claro que me había echado
            el ojo y tendría que estar más atenta, puede que la próxima pregunta fuera más
            complicada.
Cambio De Destino
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               -¿Se puede saber qué te pasa? Estás en la luna- susurró Mónica.

               -Nada, tranquila, sólo es cansancio - repuse sin perder de vista al instructor, que
               ahora estaba conectando el simulador de desfibrilador.
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               Afortunadamente hicimos una pausa para el café. El instructor nos estaba
               provocando mucho estrés para que los alumnos nos pusiéramos en situación de
               urgencia vital, y un descanso era necesario. Me dirigí hacia la cafetería, donde
               había quedado con Edward. Lo vi antes de entrar, esperándome sentado en
               una mesa al lado de la ventana. Mi corazón se aceleró y recordé aquella guardia
               en la que me invitó a un café. Sonreí, parecían haber pasado siglos.

               Al entrar pude observar las miradas de refilón que le dirigían varias de las
               mujeres del local. Sus bellos ojos, que observaban el paisaje exterior con
               mirada indiferente, se iluminaron en el momento en que se cruzaron con los
               míos. Se levantó de la silla y cuando me acerqué me besó fugazmente en los
               labios. Con eso sólo bastó para serenarme. Sólo él podía conseguir que un
               minuto mi corazón latiera enloquecido y al minuto siguiente la paz invadiera mi
               cuerpo. Pedí un café en la barra y me senté enfrente de él.

               -No hay ni rastro de ella- suspiró Edward cuando le pregunté por las pesquisas
               que estaba haciendo su hermano- No hay ningún registro de alquiler, compra,
               pago con tarjeta, recibos de compañía eléctrica, móviles… a nombre de Jane
               Smith. De hecho, hay millones de estos registros, como puedes imaginar, pero
               filtrando la búsqueda ninguna es la que nos interesa. Los datos que teníamos
               sobre que el niño nació en Inglaterra y estaban divorciados ni tan siquiera son
               fiables.

               En aquel momento la camarera se acercó a nosotros con mi bebida. Mientras la
               depositaba sobre la mesa rozó con su brazo a Edward sin quitarle la vista de
               encima. Sentí una punzada de ira. ¿Se podía ser más descarada? Sentí un
               íntimo placer al comprobar que él no apartaba sus ojos de los míos.

               -¿Cómo puede ser? –sorbí mi café e hice una mueca involuntaria. Maldito café
               americano aguado, nunca me acostumbraría a él.

               -Estoy seguro de que el nombre actual era falso y ahora ha vuelto a la identidad
               que tenía antes, o puede que haya adoptado una diferente. Pero lo cierto es que
               el rastro de Jane y Daniel Smith se inicia y se pierde en Forks. Es como si se los
               hubiera tragado la tierra.
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               -Mierda. Eso es peor de lo que pensaba. Entonces… ya debía estar huyendo de
               algo cuando apareció por Forks- Edward asintió, ambos habíamos llegado a la
               misma conclusión.- ¿Hace cuánto?

               -Poco más de tres años. El niño tenía apenas un año cuando llegaron aquí.
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               ¿De qué huía esa mujer? Mi sentimiento de impotencia era cada vez mayor, lo
               sentí como una opresión alrededor de mi pecho. Edward me miró con
               preocupación y yo evité sus ojos, reparando en su bebida.

               -¿Puedo tomarme tu café? Me vendría muy bien, estoy bastante atontada.- Él
               movió lentamente la cabeza de lado a lado.

               -No. Estás demasiado nerviosa. Si estás atontada es porque no duermes bien, y
               no lo vas a solucionar con sobredosis de cafeína. Al revés, lo empeorarás.

               Sabía que tenía razón, pero me enervaba cuando usaba ese tono profesional
               conmigo. Además, cuando Edward me vetaba algo me entraban más ganas de
               hacerlo. Alargué la mano hacia su taza pero apenas inicié el movimiento él ya la
               había apurado, mirándome con petulancia. Yo sabía hasta qué punto le
               desagradaba cualquier comida o bebida que no se tratara de sangre, así que me
               quedé con la boca abierta ante su reacción.

               -Isabella Swan, eres imposible. ¿Sólo disfrutas llevándome la contraria a mí, o
               es con todo el mundo?- me observó ceñudo, haciéndome sentir como una niña
               traviesa- Hablo en serio. Cada noche te despiertas varias veces. Esas ojeras cada
               vez son más profundas -dijo, rozándomelas apenas con sus dedos. Cerré los
               ojos al sentir la dulzura de su contacto.- Me preocupas. Tarde o temprano los
               encontraremos, Bella, debes intentar calmarte. Ella no va a hacer nada, estará
               alerta después de lo que sucedió y pasará un tiempo hasta que vuelva a hacer
               de las suyas, si es que lo intenta. Al fin y al cabo en tres años es la primera vez
               que actúa. Daniel no tiene más historial médico que sus revisiones normales y
               los dos ingresos en el hospital.

               Respiré profundamente. Tenía razón. No podía seguir así, era inútil y mi salud
               se estaba resintiendo. Debía tomarme las cosas con más calma y frenar mi
               imaginación.

               En aquel momento me sobresaltó el sonido de mi móvil.

               -¿Bella?- la voz de mi madre sonó al otro lado de la línea.
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               -¡Mamá! ¿Estáis bien?- me preocupé, no esperaba una llamada de mi familia.

               -Claro, hija… sólo era para avisarte con tiempo.

               -¿Avisarme? ¿De qué?
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               -Hija, se nota que estás enamorada, vives en las nubes. ¿No recuerdas que
               hablamos de hacerte una visita? Por cierto, aún no nos has mandado ninguna
               foto de Edward, pero no hace falta, ya lo veremos en persona.

               -¿C-cuándo venís?- farfullé, sorprendida.

               -El próximo fin de semana, hija. Como no queremos molestarte nos
               quedaremos en Seattle y desde allá viajaremos a Forks para verte.

               Escuché un prolongado gruñido de fondo.

               -¿Qué dice papá? Creo que no está muy de acuerdo.

               -Tu padre quiere pescar y prefiere quedarse en algún hotelito cerca del parque
               natural. Ya sabes… aburridísimo. Como vamos a estar una semana entera
               supongo que al final haremos mitad y mitad- suspiró ruidosamente.

               Eran tan distintos que aún no comprendía cómo podía ser que siguieran juntos.
               Mi madre era básicamente urbanita, y a Charlie le encantaba la vida rural. Al
               planificar las vacaciones siempre discutían.

               -Mamá… espera que hable con Angela. Hay sitio en nuestra casa, y no creo que
               ella tenga ningún inconveniente en recibiros. Podéis estar la mitad de días en
               casa y el resto en Seattle.

               -Mmmm… de acuerdo, Bella, aunque no queremos molestaros, cielo. Habla
               con tu amiga, ¿eh? Si está de acuerdo házmelo saber hoy, porque en ese caso
               tendría que cambiar la reserva..

               -Vale, mamá. Te quiero. Y a papá también, aunque siga enfadado conmigo.

               -No está enfadado ya, hija, es que… es de pocas palabras, ya sabes - percibí que
               mi madre sonreía.
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               De nuevo escuché los gruñidos de fondo y no pude evitar sonreír yo también,
               maravillándome de que siguieran juntos y se amaran tan profundamente a pesar
               de los años y las diferencias. Colgué y quedé unos segundos pensativa.

               -Tus padres, ¿eh?- Edward parecía divertido.
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               -Ajá- lo miré alzando una ceja, sin encontrarle la diversión a la situación.

               -Creo que te llaman- dijo él, mirando por encima de mi hombro.

               Me giré. Mónica me hacía un gesto desde la puerta de la cafetería, indicando
               que el curso estaba a punto de reiniciarse. Me despedí con un beso rápido de
               Edward y me uní a ella.

               El resto de la tarde pasó velozmente, entre masajes cardiacos, intubaciones y
               electrocardiogramas. El ambiente era estresante y cuando acabamos el curso
               estábamos agotados y tensos. Lo que me faltaba para el insomnio.

               Mientras me cambiaba de ropa en el vestuario femenino recordaba la promesa
               de Renée de venir a verme, pero el tiempo se me había pasado volando gracias
               a Edward, y mi preocupación por el caso de Daniel había hecho el resto. Tenía
               que hablar con Angela. Menos mal que el fin de semana no tenía guardia ni
               ningún plan especial… aparte de estar con mi vampiro. Pero lo cierto es que,
               pasada la sorpresa inicial, me apetecía mucho la visita de mis padres. Llevaba
               casi cuatro meses sin verlos.

               Salí del vestuario y me encontré a Edward esperándome fuera, apoyado contra
               la pared con los brazos cruzados. Su despeinado cabello cobrizo brillaba a
               pesar de la mortecina luz de los fluorescentes del pasillo y vestía una camisa
               azul cuyas mangas dobladas dejaban ver sus fibrosos antebrazos. La llevaba
               informalmente por fuera del vaquero, que era de color negro. Mi pobre
               memoria visual jamás hacía justicia a su belleza. En aquel momento recordé la
               primera vez que lo vi, y especulé qué pensarían mis padres de él.

               -Quisiera leerte el pensamiento- dijo, mirándome intensamente.

               -Lo sé, y no sabes cuánto me alegro de mantener mi privacidad mental- le
               saqué la lengua y él alargó los brazos y me rodeó la cintura, anulando la
               distancia que nos separaba.

               -Tenías esa mirada.
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               -¿Cuál? -me sonrojé. Mi mente estaba cerrada a él, pero el cuerpo me
               traicionaba.

               -Esa que pones cuando dices que te deslumbro. Pero había algo más.- Me besó
               la cabeza con ternura e inspiró con fuerza.
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               -Cullen, no sé de qué te quejas, no te hace falta leerme el pensamiento- intenté
               aparentar fastidio, aunque su proximidad me estaba alterando, y él lo sentía.
               Como siempre. - Recordaba la primera vez que te vi, e intentaba imaginar lo
               que pensarán mis padres.

               -No te preocupes por eso. Usaré toda mi capacidad seductora con ellos- me
               dirigió su impactante sonrisa torcida y el corazón amenazó con salirse de mi
               pecho. Intenté separarme un poco para serenarme pero él no me lo permitió.

               -No dudo que seduzcas a mi madre, estoy segura de que en décimas de
               segundos la tendrás rendida a tus pies. Pero Renée es muy intuitiva, no sabes
               cuánto. Me preocupa que note... algo raro.

               -No te angusties, Bella. Todo saldrá bien – susurró sin apartar sus ojos de los
               míos. Intentar descifrar su mirada me fue imposible, pero algo escondía, estaba
               segura.

               -Para ti es fácil decirlo. Y también me preocupa Charlie. Te echa la culpa de mi
               decisión de quedarme aquí en Forks, con la que no está en absoluto de
               acuerdo. Y por si fuera poco te mirará en plan "¿Así que tú eres el que se
               acuesta con mi dulce hijita? Te estoy vigilando, chico"- hice una pobre imitación
               de la voz de mi padre.

               -Pero eso no es del todo cierto- repuso muy serio, entrecerrando los párpados e
               inclinándose un poco sobre mí.

               -¿El qué?- pregunté sin comprender.

               -No sólo nos acostamos. También hacemos el amor de pie, sentados, contra la
               pared, en el suelo, en…- puse mi mano sobre su boca.

               -¡Edward!- exclamé. Había conseguido que me sonrojara.- Pueden oírte- añadí
               en un tono de voz más bajo, mirando hacia ambos lados del pasillo.
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               -No hay nadie en los vestuarios, ni cerca de aquí –respondió besando mis
               dedos y apartándolos suavemente de sus labios. Su expresión cambió,
               provocándome un jadeo. Sus iris se estaban oscureciendo.

               -Edward… no. Aquí no- balbuceé, hipnotizada por su mirada. Respira, Bella.
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               Respira.

               -¿Por qué no? He deseado hacerlo desde que te encontré justo aquí intentando
               librarte del acoso de Mike Newton- susurró contra la piel de mi oreja
               provocando que todo el vello de mi cuerpo se erizara.

               Cerró aún más el cerco que me aprisionaba contra él, lo que me hizo sentir su
               dura erección contra mi abdomen. ¿Allí? ¿En el hospital? ¿En los vestuarios?
               Mi corazón latía enloquecido, y no sabría decir sí era más por la excitación que
               se apoderaba de mí o por el miedo a que nos descubrieran. Sin dejar de
               rodearme con su brazo de hierro, comenzó a moverse en dirección al vestuario
               femenino.

               -Edward, n…-no pude continuar. Sus labios silenciaron los míos, y su lengua
               penetró en mi boca, invadiéndola con su delicioso sabor.

               Gemí. Sentía una de sus manos acariciando mi cuerpo por debajo del jersey,
               generando placenteras oleadas que se dirigían directas hacia mi vientre,
               mientras la otra se hundía en mi cabello, sujetándome, apoderándose de mi
               boca. Su aliento era adictivo, embriagador, y yo apenas podía pensar, sólo
               sentir el fuego en mi interior, la presión de su cuerpo contra el mío,
               inmovilizándome contra la pared… del ¿aseo? Ni siquiera era consciente de
               haber entrado ya en el vestuario de mujeres. Me separé un poco para respirar.
               Ambos jadeábamos, aunque sólo uno de los dos necesitaba el aire.

               -Quítate la ropa interior. Si lo hago yo no puedo prometerte que quede entera-
               pidió con suavidad sobre mis labios. Su voz era baja y ronca.

               Mi última resistencia se evaporó al escucharle y ver su hermoso rostro
               transformado por el deseo, los iris negros y brillantes como una noche de luna
               nueva. Hice lo que me pedía, me quité las medias y mis braguitas. Me sentí
               tímida bajo su ardiente mirada.

               Sin dejar de clavar sus ojos en los míos tomó el dobladillo de mi falda y lo
               subió lentamente, acariciando la piel de mis muslos al mismo tiempo. Nuestra
               respiración se hizo pesada y ruidosa. La humedad bañaba el interior de mis
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             muslos y en aquel momento no me importaba nada más que tenerle dentro de
             mí. Puso una de sus manos en mi trasero y me alzó, mientras yo enlazaba mis
             piernas alrededor de sus caderas y envolvía su cuello con mis brazos. Deslizó
             sus labios por mi mandíbula, bajando hacia el cuello, lamiendo y succionando
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             suavemente la piel. Gemí con más fuerza y él me correspondió.

            -Me enloquece esa música que sale de ti. No pares- murmuró con voz ahogada
            por el deseo.

            Atrapada entre la pared y su duro cuerpo, escuché el sonido de una cremallera.

            -¡Ah!-grité sin poderlo evitar al sentirlo dentro de mí.

            De su garganta salió un profundo gruñido y me besó vorazmente, su lengua me
            robaba el aliento poseyendo mi boca como su cuerpo poseía el mío. Su mano
            libre tomó uno de mis pechos, deslizando el pezón entre sus dedos, trazando
            círculos sobre él. La piel me ardía.

            -Bella, te deseo tanto…Siénteme - susurró en mi oído, hundiéndose de nuevo
            en mí.

            Sus palabras, su olor, su cuerpo, la situación... No pude más. Apenas un par de
            embestidas y mi cuerpo se estremeció con la violencia de mi orgasmo,
            arqueándome contra él.

            -¡Edward!-grité. Él presionó sus caderas de nuevo contra mí, contra la pared.
            Una vez, otra, y otra. Sentí aumentar de nuevo la tensión en mi interior.

            -Mírame, Bella. Quiero que esta vez lleguemos juntos- ordenó
            entrecortadamente.

            Enlacé mi mirada con la suya mientras le recibía en mi interior y me sumergí
            completamente en aquella negrura tan profunda. Por unos segundos unas
            palabras se agolparon en mi boca, luchando por salir de ella. Pero no pude
            hablar, sólo gemir. Cuando de nuevo me sacudió una explosión de placer él me
            silenció cubriendo mi boca con la suya en un beso hambriento. Me dejé llevar
            por el torbellino que me transportaba liberándome, completamente
            abandonada en sus brazos. Apoyé mi cabeza sobre su hombro, acariciando la
            piel de su cuello con mi nariz, y me embriagué de su esencia mientras me
            serenaba. Olía tan bien…

            -Esto es culpa tuya –murmuró al cabo de unos minutos. Sentí que sonreía.
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            -¿El... qué?- musité. Apenas podía pensar, menos aún hablar.

             -Creo que beber tu sangre tiene efectos secundarios que desconocía. Antes te
             deseaba, pero desde aquella noche lo que siento por ti es... casi doloroso.
             Hasta ahora pensaba que era algo transitorio por los días que estuvimos
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             separados.

            -Oh- me había dejado sin palabras.

            Me depositó en el suelo con cuidado y, en silencio, me ayudó a ponerme la
            ropa interior, pues yo aún sentía mis huesos como de gelatina.

            No era justo. Su aspecto lucía como si acabara de salir de una refrescante ducha
            matutina, pero el mío... no quería ni verme en el espejo. El agotamiento del día
            y al final... esto. No me arrepentía en absoluto, pero en aquel momento mis
            neuronas estaban todas pugnando por dar las buenas noches y apagar la luz.

            -¿Debería preocuparme? ¿Algún efecto secundario más que no me hayas dicho
            y que deba saber? - pregunté con voz débil. Edward me miró, divertido.

            -Ninguno más... hasta el momento- repuso mientras abríamos la puerta del
            vestuario sin separar su brazo de mi cintura. Yo estaba tranquila, sabía que si
            había alguien alrededor él lo habría sabido.

            Me daba la sensación de que llevaba escrito en la frente "acabo de practicar
            sexo alucinante". Al pasar por delante del guardia de seguridad que había en la
            recepción me tapé la cara con el cabello y miré para otro lado, mientras
            Edward le daba las buenas noches.

            -Gracias a tu reacción ahora sí sospecha algo- bromeó Edward al entrar en el
            coche. O eso esperaba yo, que fuera una broma.

            Viajamos en silencio hasta mi casa. Pensaba en lo que él me había dicho.

            -¿Cómo sientes ahora el deseo de mi sangre? Quiero decir, desde aquella
            noche. ¿Sigues notándolo más suave?

            -Sí. Es como si ahora deseara más tu cuerpo que tu sangre. Aunque no te
            engaño, me gustaría repetir la experiencia dentro de un tiempo... si tú también
            lo deseas- respondió sin dejar de mirar la carretera, intentando aparentar
            despreocupación.
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             Dioses. Este hombre... este vampiro iba a matarme, pero no de la forma
             tradicional. Lo haría a base de sobrecargas de placer. Mi traidor cuerpo
             respondió a sus palabras a pesar de la extenuación que lo invadía. Sentí
             humedad en mi ropa interior. Edward inhaló de forma evidente, y no necesité
Página | 260 mirarle para saber que sonreía. Me ruboricé, miré por la ventanilla e intenté
             bromear para cambiar de tema.

            -Claro que lo deseo. En el fondo sé que todo esto lo haces por mí, para que
            duerma bien-bromeé para aligerar el ambiente. Dormir. Necesitaba dormir.

            -Eso también.

            Habíamos llegado a mi casa. Las ventanas de la cocina y el comedor estaban
            iluminadas, indicando que Angela estaba preparando la cena. Edward abrió mi
            puerta y cuando salí del coche me envolvió en un fuerte abrazo.

            -Te amo, Bella Swan. Jamás nada ni nadie me ha hecho tan feliz.

            -Yo también te amo, Edward- apoyé mi cabeza en su pecho. En aquel
            momento deseé con toda mi alma escuchar el latido de un corazón, y me aferré
            a su cuello desesperadamente.

            Al cabo de unos momentos nos separamos y me tomó por los hombros,
            estudiándome el rostro atentamente.

            -Tengo que ir de caza esta noche, pero sabes que puedo posponerlo. ¿Estás
            bien?- su mirada de preocupación me sondeaba.

            -Sí, muy bien. Vete de caza, además de alimentarte necesitas gastar energías o
            terminarás conmigo - le golpeé el hombro con suavidad, forzando una sonrisa.

            -Entonces hasta mañana, amor - era evidente que no me había creído, pero me
            besó con suavidad y subió al coche.

            Aquella noche Angela y yo hablamos durante la cena y planificamos la estancia
            de mis padres. Como ya había supuesto, ella estaba encantada de recibirles en
            casa aunque apenas los iba a ver, porque de nuevo iba doblando turnos para ir
            a ver a Jake al siguiente fin de semana.

            Cuando cabeceé por tercera vez sobre el plato de comida mi amiga me mandó
            a la cama sin derecho a rechistar. Me puse el pijama lo más rápidamente que
            pude y me metí bajo el edredón. Me coloqué de lado, mirando hacia la
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               ventana, y cerré los párpados. A pesar del sueño tardé mucho en dormirme; las
               palabras que no habían podido salir de mi boca esa tarde cuando estaba con él
               no cesaban de rondar por mi cabeza, atormentándome: Quiero estar contigo
               toda la eternidad. Hazlo ahora. Transfórmame.
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               No supe qué hora era cuando me desperté y lo vi enfrente de mí en la
               penumbra de la habitación. Arrodillado en el suelo apoyado sobre sus talones,
               me observaba quieto como una esfinge. Parpadeé, y extendí la mano para tocar
               su cara y asegurarme de que no era un sueño.

               -Edward... ¿ya te has alimentado? -acaricié sus suaves cabellos.

               -Sí, he tenido suerte con la caza. Te echaba de menos- susurró.

               Se colocó detrás de mí en la cama, abrazándome la cintura y acoplándose a la
               curva de mi cuerpo. De inmediato sentí que mis músculos se relajaban. Hasta
               ahora no había sido consciente de lo tensa que estaba.

               -Estabas inquieta en tu sueño ¿Hay alguna cosa que me quieras contar?- su voz
               era suave pero había cierta ansiedad.

               Intenté recordar lo que estaba soñando y no lo conseguí. ¿Habría hablado en
               sueños? Recordé las palabras que me hostigaban. ¿Las habría pronunciado en
               voz alta? ¿Valía la pena hablar de ello en este momento? No, no todavía.

               -No, amor- mentí.

               -Entonces buenas noches, Bella. Descansa - pronunció con resignación.

               No me dormí, no pude. La luz del alba invadió poco a poco la habitación y
               entonces me volteé en la cama, encarándolo. Su mirada dorada era dulce y
               preocupada al mismo tiempo.

               -Es como si se me desgarrara el alma- él asintió, esperando a que prosiguiera-
               ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a esperarme, a esperar que me decida a
               transformarme?

               -Toda tu vida, amor mío.

               No pude evitar una risa amarga al escucharle.

               -¿Y me desearás igual cuando sea una abuelita de 80 años?
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               -¿Me desearías tú si yo aparentara 120 años?- alzó ambas cejas y yo no pude
               evitar reír con el gesto que compuso.- Quizá te desearía menos, pero te amaría
               igual que ahora.

               -Vale. Así que aún tengo tiempo para decidirme- una lágrima brotó de mis ojos.
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               -Tenemos mucho tiempo, mi Bella- contestó al tiempo que lánguidamente
               secaba la humedad de mi cara con sus largos dedos. Luego se los llevó a la boca
               y los lamió.

               Yo estaba enferma... enferma de Edward. Él era mi veneno y mi antídoto.
               Jamás tenía suficiente de él, pues cuanto más me daba más lo necesitaba. A
               pesar del agotamiento acumulado, de mis dudas, de todo... ese sencillo gesto,
               que él hizo de forma natural, me encendió.

               -No creo que vuelva a dormirme. Y aún queda una hora para que suene el
               despertador- murmuré apartando con lentitud la vista de sus dedos. Me mordí
               el labio inferior y observé con placer cómo sus ojos se oscurecían a modo de
               respuesta.
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                                                 Capítulo 27



               El aeropuerto de Seattle, el Sea-Tac, estaba invadido por multitud de viajeros
               que iban y venían y por familiares que acudían a recibir o despedir a sus seres
               queridos. Mis padres habían aprovechado las fiestas de Pascua para venir a
               visitarme, y al parecer mucha más gente había decidido viajar en estas fechas.

               Edward había ido a recoger las llaves del coche que mis padres habían
               alquilado por Internet; con los datos que me habían facilitado esperaba que no
               tuviera problemas. Mientras tanto yo me sentía nerviosa esperando en la
               Terminal de llegadas, y no paraba de apoyarme sucesivamente en uno y otro
               pie. De hecho, lo que tenía eran ganas de saltar y correr para ahogar un poco la
               intranquilidad que me invadía, pero no era el momento. Y de pronto los vi.

               -¡Isabella!- gritó mi madre caminando presurosa hacia mí arrastrando una gran
               maleta de ruedas, seguida de mi padre, que arrastraba otra aún mayor.

               Ambos lucían una ancha sonrisa en sus bronceadas caras. Un momento...
               ¿Bronceadas? No, estaban como siempre. Me había acostumbrado a la palidez
               de todos los que me rodeaban, por no decir la de Edward, y ahora me llamaba
               la atención su sano tono de piel.

               -¡Ugh!- recibí el fuerte abrazo de mi madre intentando mantener el equilibrio-
               ¿Cómo que Isabella?- logré articular.
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               -¡Ah, era una prueba! ¡Qué bien, no te han sorbido el seso completamente,
               sigues siendo mi pequeña Bella!

               -Dejémoslo en Bella, mamá- sonreí soltándola y abrazando a mi padre.
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               -Bella, cielo - dijo Charlie con voz tomada. Mi padre era hombre de pocas
               palabras.

               -¿Habéis tenido buen viaje?

               -Sí, por fortuna nadie ha necesitado un neurocirujano en pleno vuelo- dijo mi
               madre sonriendo- aunque nos habría ido bien un pediatra, porque mira, había
               un bebé que lloraba bastante, pobre, debía tener una oti...-dejó la frase en
               suspenso y miró detrás de mí, con la boca abierta y las pupilas repentinamente
               dilatadas.

               -¿Qué...?-la miré con preocupación. Quizá había contraído algún virus durante
               el viaje. Seguí su mirada hasta encontrarme con... Edward.

               Por supuesto. Sin que ninguno nos hubiéramos dado cuenta mi novio había
               venido y se había situado cercano a mí pero a una distancia prudencial,
               esperando que la efusividad del reencuentro se evaporara un poco. Di un paso
               atrás y le tomé de la mano, acercándolo hasta situarlo enfrente de mis padres.

               -Mamá, papá, os presento a Edward.

               Mi madre cerró la boca, la abrió de nuevo y la volvió a cerrar, mirando
               fijamente a mi vampiro. Parecía un pececillo que hubieran sacado de del agua
               en vez de una mujer hecha y derecha. Me dieron unas ganas casi irresistibles de
               darle una colleja para ver si reaccionaba. Mi padre, por desgracia, lo miraba
               con una ceja ligeramente arqueada y la expresión acusadora que yo ya me había
               esperado.

               -Encantado de conocerles, señores Swan.- Edward tendió su mano.

               Mi padre le dió un apretón de manos breve y seco, rehuyendo el contacto
               demasiado prolongado. Edward se dirigió a estrechar la mano de Renée.

               Y entonces lo hizo. Sonrió de tal forma que me dieron unas ganas tremendas
               de sacar las gafas de sol y ponérmelas.
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               Mi madre parpadeó varias veces, completamente deslumbrada, mientras
               extendía su mano correspondiendo al saludo, y sus labios consiguieron curvarse
               en una tímida sonrisa.

Página | 265
               ¡Por dios, mamá, que tienes una edad!

               -Es un placer, Edward. Me alegro de conocerte, tenía muchas ganas de ver al
               hombre que ha robado el corazón de nuestra hija. Y tutéame, por favor.

               Me sonrojé. No estaba acostumbrada a que mi madre hablara así. Robar
               corazones... vale, sí, era cierto, pero... ¿qué había leído en el avión, alguna
               novela de las hermanas Brontë?

               -El placer es mío. Y no ha sido un robo, sólo un intercambio- repuso Edward.

               Mi madre soltó una risita, se sonrojó como una colegiala y prácticamente
               ronroneó al escuchar la voz de mi ángel. Por dios, ¿pero qué hay hoy en el
               aire? Miré a mi padre y vi que este estaba poniendo los ojos en blanco. Tuve
               que contener una risa histérica. Parecía que cuanto más le gustaba Edward a mi
               madre menos le gustaba a mi padre.

               Renée, Edward y yo volvimos a Forks en el Volvo, seguidos de cerca por
               Charlie, que iba en el coche de alquiler. Habían alquilado un Jeep Cherokee,
               que les iba a venir igual de bien para ir de pesca como para el tráfico urbano.
               La mujer que me trajo al mundo y mi novio vampiro no pararon de charlar en
               todo el viaje como si se conocieran de toda la vida.

               Yo tenía razón, Edward tenía a mi madre comiendo de su mano desde el
               primer momento y mi padre era un hueso duro de roer. Estaba entre
               preocupada y estimulada por el desenlace de la visita; ansiaba que mi padre
               también diera su aprobación al hombre del cual estaba enamorada pero al
               mismo tiempo ardía en deseos de ver cómo se las ingeniaba Edward para
               engatusar a Charlie.

               Había advertido a mis padres que Edward no cenaría con nosotros por sus
               problemas de intolerancias alimentarias, aún así en el momento de la cena
               hubo comentarios al respecto.

               -¿Seguro que no vas a comer nada?- inquirió mi madre, observándole con
               preocupación.
Cambio De Destino
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            -Sigo una dieta especial. No te preocupes, Renée- curvó los perfectos labios
            dulcemente.

             Mi madre fue prudente y no preguntó nada, aunque le dirigió una penetrante
             mirada que me creó una sensación de desasosiego. Para colmo la mirada de
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             Renée se desplazó hacia mí y no pude evitar sentir el calor en mi cara. Desvié
             los ojos hacia mi padre.

            -¿Ese problema con la alimentación es algo que puedan heredar tus hijos?-
            preguntó Charlie mirando a Edward con expresión suspicaz.

            -¡Papá!- lo miré furibunda, mientras sentía como la sangre recorría el camino
            contrario y mi rostro palidecía.

            -No que yo sepa, señor Swan- repuso Edward con su expresión más angelical.

            Angela distrajo la breve tensión que se había generado alabando la lasaña que
            yo había preparado y comentando anécdotas de nuestra convivencia. Mi madre
            hizo varias aportaciones en ese sentido. Mientras tanto Charlie no perdía de
            vista a Edward, pero a este se le veía increíblemente cómodo. La conversación
            fluyó por varios derroteros, hasta que, durante el café, mis padres comentaron
            los planes que tenían para esos tres días. Yo me había pedido fiesta el lunes
            para poder estar con ellos un poco más de tiempo. Iba a tardar mucho en
            volver a verlos. Si es que lo hacía...

            -Iré de pesca mañana muy temprano, mientras Bella y su madre se dedican a
            ponerse al día. Después podéis venir los tres, y haríamos un pic-nic en las
            montañas, si os parece bien. ¿Tú pescas, Edward?-le dirigió de nuevo esa
            mirada de "cuidadito con la respuesta".

            -No, a mí me va más la caza- repuso el aludido con una sonrisa mientras rozaba
            mi muslo con su mano.

            El café que estaba sorbiendo se me atragantó y empecé a toser. Angela me
            golpeó suavemente en la espalda para que me recuperara. Charlie lo miró
            como dudando de lo que acababa de oir.

            -No imaginaba que fueras hombre de exteriores... con esa palidez que luces.

            -Toda mi familia es así de pálida, señor Swan -contestó mi novio con
            sinceridad. Intenté respirar en profundidad para relajarme un poco. Inspira
            Bella, cuenta cinco, espira, cuenta diez.
Cambio De Destino
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            -¿Y qué cazas?

             -Depredadores básicamente- y Edward comenzó a explicarle a mi padre sus
             extensos conocimientos sobre la fauna local de Forks hasta Alaska, pasando
             por Canadá. Conocía las temporadas de caza, las armas que se usaban... y que
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             él no necesitaba, pero esa era una información innecesaria para Charlie.

            Mi padre estaba fascinado. La caza deportiva nunca le había atraído, pero
            Edward y sus conocimientos del ecosistema local sí. Sin darme cuenta ambos
            estaban enfrascados en una conversación sobre las mejores rutas de los
            alrededores para ir a pasear, cazar o pescar. Renée, Angela y yo nos dedicamos
            a conversar sobre otros temas. El ambiente estaba ahora más relajado.

            Mis padres y mi amiga se fueron a dormir pronto, los primeros por puro
            agotamiento y ésta porque trabajaba al día siguiente en turno matinal. Edward y
            yo nos quedamos en la cocina fregando los platos de la cena.

            -No ha sido tan difícil, ¿no? -dijo, pasándome la fuente de la lasaña ya limpia
            para que la secara.

            -Eso lo dirás tú, y no comprendo cómo. Charlie no te lo ha puesto nada fácil-
            froté con más fuerza de la necesaria. Mi padre me había puesto de los nervios.

            -Tu padre me gusta, aunque yo no le guste a él. Sólo intenta protegerte, y por
            eso es borde conmigo. Cree que tengo demasiado poder sobre ti, y aún tiene
            que juzgar si uso bien ese poder. Y por las decisiones que estás tomando
            últimamente, no se lo parece.

            -¡Eso también me mosquea! Como si yo no tuviera capacidad para tomar mis
            propias decisiones- protesté.

            -¿Quieres decir que si no nos hubiéramos conocido habrías seguido con el plan
            que habías previsto cuando aterrizaste en Seattle?

            -No lo sé... pero eso es algo que no importa ahora. Las cosas son así- insistí,
            cabezona.- A mamá sí la has conquistado-sonreí al recordar la actitud de Renée.

            -Tu madre cree que soy un ángel bajado del cielo para cuidarte – asintió.

            -Eres un ángel caído, más que bajado - le piqué, dándole un suave golpe de
            caderas.
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               -¿Doctora Swan, me está provocando?-su voz sonó melosa.

               -Sólo te he llamado ángel caído y te he dado un golpe de caderas- repuse. De
               pronto la atmósfera de la cocina había cambiado.
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               -Eso es suficiente. No sé cómo pero ahora me has recordado que tengo algunas
               cosas pendientes contigo. He tachado sólo una de la lista.

               -Sé cuál es la que has tachado - contesté, notando el calor en mis mejillas.- ¿Y
               qué más cosas tenemos pendientes, si puede saberse?- inquirí con un tono que
               intentaba aparentar indiferencia con muy poca fortuna. La excitación
               impregnaba mi voz.

               Me alejé de él un poco. No estaba dispuesta a ponérselo fácil, pero él se secó
               las manos con una lentitud inquietante y dejó el trapo al lado del fregadero sin
               tan sólo mirarme.

               -El día que te cortaste con las tijeras, ¿lo recuerdas? - ¡Cómo olvidarlo! - Angela
               nos interrumpió.- Se giró, encarándome. Se fue acercando a mí sin apenas
               moverse ni parpadear, sus ojos fijos en los míos como un cazador sobre su
               presa.

               -Lo recuerdo - dije en un hilo de voz, dando un paso atrás.

               -Y ahora miro esa encimera y pienso... - se interrumpió bruscamente y volvió al
               fregadero como si nada hubiera pasado.

               -¿Piensas...?- pregunté, confusa. En aquel momento escuché pasos por la
               escalera y volví a coger el trapo.

               -Hola, chicos. No sé qué me pasa que estoy agotada pero no puedo dormirme.
               Será el jet lag. Voy a hacerme una infusión de valeriana. ¿Dónde la tenéis? - mi
               madre entró en en pijama y bata, con cara de cansancio y sin darse cuenta de
               que la temperatura de la cocina estaba diez grados más alta que la del resto de
               la casa.

               -En aquella alacena- señalé con la cabeza, mientras terminaba de secar las
               copas.

               -Edward, tú que eres más alto ¿podrías alcanzármela?-pidió Renée.
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             La copa cayó de mis manos, pero por fortuna no se rompió. Mi mente se llenó
             de imágenes de la noche en que le había dicho exactamente la misma frase a
             Edward... la noche que bebió de mí. Aparté mi rostro color rubí de la vista de
             mi madre y estudié atentamente una de las copas que había secado, mientras
Página | 269 Edward acercaba la caja de las infusiones a Renée y se ofrecía amablemente a
             prepararle una. Estaba segura de que él ni tan siquiera había pestañeado, pero a
             mí me costaba esconder mi sofoco.

            Una vez preparada, Renée se tomo su valeriana en unos cuantos sorbos que a
            mí se me antojaron eternos.

            -Bueno, chicos, gracias por la ayuda. Bella, hija, dejad eso, que es muy tarde. Y
            mañana tienes que estar descansada, tenemos que aprovechar el poco tiempo
            que tenemos juntas - diciendo esto me dio un beso de buenas noches y se
            despidió de los dos.

            Las miradas de Edward y la mía se cruzaron. En la suya bailaba la risa pero yo,
            que no tenía tanto autocontrol, directamente me tapé la boca ahogando las
            carcajadas medio histéricas que pugnaban por escapar de mí.

            -No se puede negar que te pareces a tu madre- dijo él entornando los párpados,
            y tuve que taparme la boca más fuerte.

            Al cabo de unos minutos recuperé la capacidad de hablar. Con el incidente de
            mi madre la temperatura de la habitación había vuelto a la normalidad.

            -Ha sido un día muy largo, Edward - sofoqué un bostezo.- Será mejor que vaya
            a dormir.

            Le di un casto beso en los labios y me dirigí hacia las escaleras.

            -Oh... De acuerdo. Está claro que esa encimera está maldita- dijo. Su voz sonó
            como la de un niño frustrado, y de nuevo sofoqué mi risa.

            Las horas junto a mis padres transcurrieron veloces. Mi madre me expresó en
            varias ocasiones lo adorable que era mi novio y lo dichosa que estaba de verme
            tan enamorada. Por otra parte, parecía que Charlie estaba más abierto a no
            considerar a Edward persona non grata. Su antagonismo había mejorado un
            poco al volver de una exitosa sesión de pesca salvaje el sábado a la hora del
            almuerzo. El domingo pasamos la mañana los cuatro juntos, visitando el
            bellísimo parque nacional, y por la tarde Edward me dejó tiempo libre con
            Charlie y Renée. Aún teníamos mucho de que hablar.
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               El lunes lo dedicamos a pasear por Port Angeles los tres. A mis padres les
               gustaba el mar tanto como a mí, y aunque no hacía sol la temperatura era
               agradablemente primaveral. Charlie y yo nos sentamos en un banco del puerto
               mientras Renée se acercaba a una tienda cercana a por unos cafés para llevar.
Página | 270
               -Papá... ¿por qué no te cae bien Edward? -mi pregunta rompió el cómodo
               silencio en el que estábamos envueltos y la sorpresa hizo que mi padre me
               mirara parpadeando. Lo pensó unos segundos y suspiró.

               -No me cae mal. Bien, al principio sí, yo ya venía predispuesto en su contra, y
               cuando vi lo colgada que estabas por él...

               -¿Colgada? – reí entre dientes al escuchar a Charlie expresarse de esa forma.

               -Enamorada hasta la médula, si lo prefieres. Me preocupé mucho al verte así,
               hija - desvió la mirada hacia el mar al notar mi sonrojo. - Cuando amas le das
               mucho poder a la otra persona sobre ti, y yo no sabía cómo Edward iba a usar
               ese poder... pero me ha hecho cambiar de idea.

               -¿El qué te ha hecho cambiar de idea?

               Charlie dudó un poco antes de contestar. No solíamos tener conversaciones
               profundas, pero no tendríamos muchas más oportunidades de dejar las cosas
               claras antes de que se marcharan y para mí era importante.

               -Su forma de mirarte-dijo con suavidad.

               No necesité que se extendiera más. Le tomé de la mano y pestañeó un par de
               veces antes de apartar sus oscuros ojos de nuevo, ojos que yo había heredado,
               incómodo pero feliz.

               -Aún así sigue sin gustarme nada la decisión que tomaste – apuntó. Yo suspiré
               entre exasperada y aliviada. "Charlie Gruñón" no se había ido ...

               Mis padres habían previsto partir rumbo a Seattle al terminar la cena. Para mí
               estos últimos momentos en su compañía estaban resultando especialmente
               duros. En un arrebato masoquista, o quizá realista, intenté imaginar cómo me
               sentiría si fuera nuestra última despedida y jamás los volviera a ver. Me invadió
               un sentimiento de desolación tan brutal que jadeé. En aquel momento mi
               madre entraba en la cocina.
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               -Hija... ¿qué te sucede?- Me observó con cierta ansiedad a pesar de que intenté
               componer una sonrisa.

               -Nada, mamá. Estoy bien- agité la cabeza y me centré en lo que estaba
               haciendo, cortar una tarta para el postre.
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               -Bella. Dime la verdad. Dentro de poco nos vamos a separar y no sé cuándo
               volveré a ver a mi hija.

               Era lo que faltaba para hacer que las lágrimas fluyeran por mi cara.

               -En serio, estoy bien, es que... ya os echo de menos y aún no os habéis
               marchado- Renée me abrazó con fuerza, meciéndome.

               -Hija, nosotros también te echamos de menos. Pero estoy feliz de ver que
               tienes a alguien que cuide de ti y de que tienes una buena amiga. Y nosotros
               seguiremos estando ahí, para lo que tú necesites. Aunque estemos a miles de
               kilómetros- me dijo con voz serena y firme.

               -Gracias, mamá- el calor y la seguridad de su abrazo y sus palabras me
               invadieron como cuando era una niña y acudía en busca de consuelo. Respiré
               profundamente y sonreí con sinceridad.- Y ahora vamos a sacar este pastel
               antes de que Charlie venga a asesinarnos por haberlo dejado solo con Edward.

               Era miércoles. Mis padres estaban ya en Seattle, recordando lugares comunes y
               visitando a antiguos amigos, y mi madre me llamaba cada día para asegurarse
               de que estaba bien.

               Aquel día me tocaba llevar el busca por la mañana, y parecía que iban a
               fundírsele las pilas al trasto diabólico, porque había ido loco desde que yo
               había tomado el relevo. Ahora que ya no teníamos apenas gripes ni bronquitis
               nos atacaban los virus primaverales. Hoy tocaba gastroenteritis.

               -¿Y cuántas veces dice que ha vomitado?- pregunté a la madre de mi pequeño
               paciente, mientras le palpaba el abdomen.

               Era un niño con muchas cosquillas y estaba resultando más difícil de lo
               esperado. La madre dudó durante unos segundos y contestó:

               -Por lo menos 10 veces.
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               -¡Qué vaaaaaaaa!- exclamó el pequeño desde la camilla, agitando una mano y
               mirando a su madre indignado. Acto seguido giró la cabeza de nuevo hacia mí
               y añadió con aplastante seguridad para ser un niño de cinco años- Dos.

               Tuve que aguantar la risa al notar la expresión de la señora mirando a su hijo.
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               Era del tipo "quién eres tú y qué has hecho con mi pequeño".

               Salí del box y me dirigí al mostrador situado en el centro de la sala de
               Urgencias para escribir tres informes de alta.

               -Los resultados de la analítica de tu paciente, Bells- Angela dejó el papel en el
               mostrador y se alejó. Le eché un vistazo a los resultados y salí disparada detrás
               de mi amiga.

               -Ang, ¿te sucede algo? -me situé a su lado, acomodando mi paso al suyo.

               -No, no. Es sólo cansancio... ya sabes, tanto doblar turnos no es bueno para la
               salud.

               -Cierto. ¿Quieres que tomemos un café rápido?- levanté el papel que me había
               entregado-. Doy este informe de alta y nos escapamos diez minutos.

               -No, Bella, ahora no puedo- curvó los labios pero la sonrisa no le llegó a los
               ojos.

               -Está bien... entonces luego podemos quedar para tomar algo en el pub- insistí.

               -Puede. Luego hablamos, ¿vale?- me apretó el brazo a modo de despedida y se
               metió en el box de traumatología.

               Fin del diálogo.

               Me preocupaba mi amiga. Hacía un par de días que la notaba taciturna, no la
               había visto así desde que nos conocimos, y eso me creaba ansiedad. En varias
               ocasiones le había preguntado si le pasaba algo, pero la respuesta constante era
               una negativa. ¿Tendría problemas familiares y no me lo había dicho? Sabía que
               también era hija única y que su relación con sus padres era muy distante, quizá
               el verme a mí con los míos había despertado viejos fantasmas en ella. O quizá
               era Jake... ¿la estaría presionando para dejar su trabajo en Forks? Lo cierto es
               que no tenía ni idea de qué era lo que agobiaba a Angela. Agité la cabeza para
               librarme de estos pensamientos y me metí de nuevo en el box de pediatría.
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             La mañana del sábado me levanté temprano. Había quedado con Edward para
             ir de excursión. No me podía creer que estuviera haciendo tantas excursiones.
             En el pasado mi torpeza me había vuelto reticente a todo lo que fuera
             senderismo, pero la belleza de aquellos parajes, el profundo conocimiento que
Página | 273 Edward tenía de ellos y la seguridad que me proporcionaba su compañía había
             conseguido variar mis gustos. Ahora era una actividad que esperaba con gran
             placer.

            Me dirigí al baño pero vi la luz bajo la puerta y bajé las escaleras para ir al aseo
            de la planta baja.

            Desayuné mi bol de cereales y preparé café. Era extraño. Angela aún no había
            salido del baño y había pasado casi media hora. Subí las escaleras y llamé
            suavemente a la puerta.

            -Angela.

            No hubo respuesta.

            -Angela, contesta, por favor, me estás preocupando.

            Pasaron unos eternos minutos hasta que escuché su voz.

            -Pasa, está abierto- sonó rota y eso me hizo abrir la puerta de golpe, asustada.




                                                Capítulo 28



            Angela estaba sentada sobre la tapa del inodoro, cabizbaja, vestida con su
            pijama. Apoyaba sus antebrazos sobre los muslos, y su mano sostenía un
            pequeño rectángulo de plástico blanco. No alzó la cabeza cuando entré en el
Cambio De Destino
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               aseo. Sentí alivio al ver que aparentemente estaba bien, pero su postura
               derrotada y su quietud de estatua me impresionaron.

               -Niña, ¿qué te pasa?- me arrodillé en el suelo para poder ver su rostro y le quité
               con cuidado lo que sujetaba su mano.
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               Le di la vuelta al rectángulo y lo comprendí todo. Era un test de embarazo. Dos
               líneas paralelas bien definidas marcaban el test como indudablemente positivo.
               Lo deposité en el suelo y le puse las manos sobre las rodillas.

               -Angela. Mírame, por favor- ella desplazó lentamente su mirada desde su
               regazo hacia mis ojos y continué hablándole suavemente, como si me dirigiera a
               una niña asustada.- Muy bien, ahora vas a venir conmigo, ¿de acuerdo? Vamos
               a la cocina, nos sentamos y te preparo un chocolate caliente. Y cuando quieras
               hablar, hablamos- diciendo esto me incorporé y le tendí la mano.

               Pasaron varias respiraciones hasta que ella alargó su mano tomando la mía y se
               puso en pie.

               Aparté la silla de la mesa de la cocina para que Angela se sentara y me dispuse
               a preparar chocolate caliente y café. Durante el proceso miré hacia atrás unas
               cuantas veces para controlar el estado de mi amiga, que parecía haberse
               congelado en la misma postura. Permanecía mirando fijamente un punto
               indefinido de la pared, con los codos apoyados en la mesa y la cabeza sobre las
               manos. Ni siquiera podía jurar que la había visto parpadear. Esperaba que
               comenzara a reaccionar porque estaba empezando a inquietarme. Ahora
               comprendía su comportamiento durante los últimos días. Cuando la encontré
               en el baño debía llevar ya un rato llorando. La mortecina luz matinal que
               entraba por la ventana mostraba sus párpados hinchados y su cara, que
               normalmente estaba llena de alegría vital, estaba demacrada.

               La observé mientras tomaba la cálida bebida cerrando los párpados,
               disfrutando de su dulzura. Me serví café y fui sorbiéndolo poco a poco, a ratos
               mirando a mi silenciosa compañera de mesa, a ratos mirando por la ventana. El
               día me parecía más gris ahora, quizá contagiada por el desánimo de Angela.

               -A lo mejor debería hacerme la prueba de nuevo- dijo ella de repente,
               rompiendo el denso silencio.- Estos test no son fiables al cien por cien-
               murmuró, mirándome con un punto de esperanza en su pálido rostro.

               -Angela, ¿desde cuándo no tienes la regla?- pregunté suavemente.
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               -Una semana- repuso cerrando lo ojos. Tomó un sorbo de chocolate y respiró
               hondamente.- Vale... lo sé, es fiable.- Abrió los ojos y se quedó mirando el
               techo, perdida de nuevo en reflexiones internas.

               -¿Por eso estabas tan rara estos días?- tanteé. Ahora que había roto el silencio
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               no iba a dejarla que se sumiera de nuevo en su auto-flagelación o lo que fuera
               que estuviera pasado por su cabeza.- Podías haberme dicho algo, en vez de
               habértelo tragado tú solita.- De inmediato me arrepentí de mis palabras,
               sonaban como un reproche y eso era lo último que quería.- Lo siento. No
               quería decir eso.

               -No te preocupes- dirigió de nuevo su atención hacia mí, me tomó la mano y la
               apretó.- A veces hasta que no dices algo en voz alta parece que no sea real,
               ¿verdad? Yo me decía a mí misma que era un retraso producto del estrés, del
               exceso de trabajo, o yo qué sé, y no quería verbalizar mi miedo, o que lo
               hicieras tú. Pero creo que ha sido peor, sólo he conseguido pasar una semana
               horrible, y preocuparos a Jake, a ti y al resto de gente que se preocupa por mí.
               ¡Dios!-exclamó de repente- ¡Me siento atrapada!

               -Angela, estoy aquí- le devolví el apretón y ella por primera vez intentó una
               tenue sonrisa.

               -Lo sé- sus oscuros ojos se debatían entre la sorpresa aún no asimilada y la
               angustia de aceptar la realidad. -No sé qué voy a hacer. De ninguna manera me
               esperaba esto. Hemos tomado precauciones cada vez que hemos tenido
               relaciones, excepto una sola, una jodida y única vez. Él entró en mí sin
               protección, y después se puso el preservativo. Ya sabía que había cierto riesgo
               aunque él no se corriera dentro, pero pensaba que a nosotros no nos iba a
               pasar... ¡qué burra he sido!- movió la cabeza de un lado a otro, como si no
               terminara de creer lo que le estaba pasando- Deberían quitarme el título de
               enfermera.

               -Y a Jake el de médico, si te parece. Y a Anne, por fumar como una carretera a
               pesar de que conoce bien lo malo que es. Y ya puestos a Jessica, por tener una
               voz de pito que supera los decibelios admisibles en el interior de un hospital.-
               Angela rió entre dientes, a desgana, y eso me animó a seguir- En serio, yo creo
               que a los que trabajamos a su alrededor nos tendrían que dar unas orejeras
               como las que llevan los que trabajan en los aeropuertos- hice el gesto de
               cubrirme las orejas.- Creo que mi oído interno está ya un poco dañado, iré a
               ver al otorrino un día de estos- a Angela le había dado un ataque de risa tonta
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               que se me contagió, a sabiendas de que era más una reacción nerviosa que otra
               cosa.

               De pronto ella paró de reír y se puso a llorar.
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               -Mierda, ¿no es un poco pronto para los jodidos cambios de humor? -exclamó
               enfadada consigo misma mientras se restregaba los ojos con las manos.

               -Has aguantado mucha tensión tú sola esta semana, mujer. Por algún sitio tiene
               que salir. Oye. Todos cometemos errores y hacemos cosas pensando que no
               nos va a pasar nada. Eres... los dos, sois humanos. Angela, habla con Jake antes
               de pensar o decidir nada. Sois dos personas maduras, no es como si tuvieseis
               quince años, ¿no? - le tomé la mano, de nuevo.

               Ella no contestó. Permaneció perdida en sus pensamientos durante unos
               minutos y luego prosiguió, como reflexionando en voz alta.

               -Un hijo debe ser deseado. A mí nadie me esperaba. Fui un accidente, mis
               padres no querían tenerme. Jamás me demostraron cariño, más bien que era
               una molestia no deseada en sus cómodas vidas.

               Jamás me hablaba de su familia. Sabía que estaba totalmente distanciada de sus
               padres, pero no conocía las circunstancias.

               -Tampoco creo que Jake esté feliz con... con todo esto- prosiguió, señalando
               con ambas manos hacia su abdomen.- ¡Nuestra relación apenas acaba de
               empezar! Además él es ambicioso con su carrera, y un hijo ata mucho. ¿Cómo
               vamos a criarlo? Tendría que dejar mi trabajo o él el suyo para vivir juntos. ¿Y
               si se pone enfermo? ¡No tenemos a nadie con quién dejarlo mientras
               trabajamos!

               Me mordí una uña mientras escuchaba el monólogo de mi amiga. Me daba
               cuenta de que había pasado del shock a la aceptación de la realidad, y de
               negarse la posibilidad de ser madre a estar angustiándose por el futuro del
               bebé. Me limité a atender en silencio, y no pude evitar pensar que no sabía lo
               que daría por cambiarme por ella, por poder concebir un hijo con Edward...
               estaba casi segura de que él también sería feliz. Pero eso era imposible, y yo era
               una mala amiga y una egoísta por pensar en eso en vez de empatizar con mi
               compañera. Me esforcé por apartar esas emociones negativas y centrarme en
               ella.
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             -Angela. Sabes que lo primero que tienes que hacer es hablar con Jake. Un hijo
             no esperado no tiene por qué no ser amado... Tus padres son tus padres y tú
             eres tú, no tiene por qué ser la misma historia. Y seguro que lo de organizaros
             la vida con el bebé se puede solucionar de una forma u otra. - Ella asintió
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             apretando los labios y le echó una nerviosa mirada al reloj de la cocina.

            Jake había planeado pasar en nuestra casa el fin de semana. Era su primer fin
            de semana en nuestro hogar, pues Angela le había reprochado que siempre
            tuviera que desplazarse ella a Seattle. Ante esto a él no le había quedado más
            opción que transigir. Edward estaba seguro de que Jake no venía a nuestra casa
            para evitar su olor. Estaba impregnada de su aroma, y se sentía feliz como un
            crío travieso de que aquél tuviera que soportar ese olor durante todo un fin de
            semana. Yo me alegraba de que Jacob quisiera tanto a Angela como para
            aceptar "sufrir" el olor a vampiro. Aunque él y yo no nos lleváramos bien me
            daba perfecta cuenta del bien que su relación le hacía a mi compañera.

            Mientras Angela acababa su reconfortante bebida le mandé un sms a Edward
            explicándole que nuestros planes para la jornada tendrían que esperar mejor
            ocasión, que ya le aclararía todo más tarde. Al medio segundo de haberle dado
            a "enviar" recibí su llamada. Rodando los ojos me dirigí al comedor
            apartándome de mi amiga.

            -Edward, estoy bien, ahora no te puedo contar, es Ángela. Hablamos más tarde
            – insistí. No quería hablar delante de ella y menos aún dejarla sola más de unos
            minutos.

            -Entonces ya lo sabe – afirmó, y yo abrí los ojos como platos.

            -¿Qué?- exclamé.

            -Bella, ya sabes "qué". Lleva toda la semana pensando en ello, o más bien
            gritándolo. Me era imposible no pasar por su lado y oírlo. Estaba muy
            trastornada. ¿Cómo se lo ha tomado?

            -¿Quieres decir que mi amiga estaba pasándolo mal, tú sabías la causa y no me
            explicaste nada? -le reproché.

            -¿Te dijo ella algo cuando le preguntaste? – Hizo una pausa y yo, tercamente,
            no pude responderle más que silencio; tenía razón - Bella, no puedo evitar
            tener este don, pero dentro de lo posible huyo de meterme en las vidas de los
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               demás. Además hace días que su olor ha cambiado, así que estaba seguro de
               que sus sospechas eran ciertas. ¿Está bien?- sonaba preocupado.

               -Sí, Edward, está bien... bueno, más o menos. Hablamos luego, ¿vale?- suspiré
               y colgué cuando él se despidió.
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               Estaba claro que yo vivía en las nubes. Como solía pasar con las mujeres que
               convivían, a Angela y a mí nos venía la regla aproximadamente los mismos días.
               Esos días Edward se ponía más lujurioso de lo ya habitual, lo cual me dejaba
               particularmente agotada (y satisfecha) y ni me había dado cuenta de que ella no
               la tenía. Vivía absorbida por mi mundo feliz.

               Me sentí bastante egoísta.

               Entré de nuevo en el comedor mirando pensativa el móvil. Cuando alcé la vista
               mi amiga me observaba con muda interrogación. Parecía un poco más serena.

               -Edward. Le he dicho que nos veremos más tarde.

               -¿Se lo has dicho?- preguntó con cierta ansiedad en la voz.

               -No... –mentí a medias... lo sabía, pero no se lo había dicho yo- aunque está
               preocupado por ti, también te ha notado extraña toda la semana- me senté a la
               mesa y dejé el móvil a un lado.

               -No me importa que lo sepa, pero no se lo digáis a nadie más, ¿vale?

               -Por supuesto, Ang- la tranquilicé.- ¿A qué hora llega Jacob?- Ángela miró de
               nuevo el reloj de la cocina.

               -Dentro de una hora- repuso casi temblorosa.

               -Bien, tienes tiempo de ducharte y ponerte más guapa- ella alzó los hombros,
               inspiró y exhaló con fuerza.

               -Bells... ¿qué le voy a decir? ¿Cómo lo voy a hacer? -preguntó, moviendo la
               cabeza de un lado a otro y retorciéndose las manos.

               -No lo sé, supongo que primero lo preparas un poco y luego se lo sueltas de
               golpe. No te andes por las ramas, lo pondrías aún más nervioso...- hice una
               pausa y bufé.- Mira, no creo que haya una manera mejor que otra, aunque eso
               sí, asegúrate de que esté sentado
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            -Tengo miedo. De que me deje, de que me eche la culpa de lo que ha pasado.

             -Angela. ¿Jake te ama? ¿Lo amas? Porque si es sí, y lo es, no sé qué haces
             diciendo esas enormes tonterías - la regañé con dulzura y ella asintió. -Venga-
             me puse en pie tirando de ella para que se levantara de la silla – mueve el culo
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             y lárgate a asearte y arreglarte, yo me encargo de recoger la cocina.

            Angela se levantó y se alejó hacia las escaleras como si cargara demasiado peso
            sobre sus hombros. Aproveché para llamar a Edward.

            -¿Todo bien?- preguntó, ansioso.

            -Más o menos como antes, sólo espero que Jake llegue pronto, será el único
            que pueda calmarla un poco. ¿Puedes pasar a buscarme dentro de poco más
            de una hora?- dudé un poco antes de continuar.- Creo que será mejor si me
            esperaras fuera. Ya sabes, para que no os encontréis los dos...

            - Claro, no hay que añadirle más estrés al chico - ironizó Edward.- De acuerdo,
            pero por su bien espero que haga lo que un hombre debe hacer o lo cogeré del
            cuello y le estrujaré las pelotas de tal forma que tendrán que sacárselas de
            dentro del abdomen.

            -¡Eh, eh, tranquilo! Seguro que Jacob se comporta. Me escandalizas – reí, no
            esperaba que reaccionara así. Edward no solía ser protector con otros seres
            humanos y me agradaba su actitud hacia mi amiga.

            -Nunca he tenido amigos entre los humanos, hasta que llegaste tú, pero Angela
            es de las pocas personas que es algo parecido. No soportaría verla sufrir por un
            mal nacido.

            -Yo confío en Jake, Edward. Estará con ella porque la ama, y tú lo sabes mejor
            que yo, le has leído la mente. Esperaré aquí para tantear su reacción, pero sólo
            si es como creo que será me marcharé contigo. No la voy a dejar aquí sola y
            deprimida.

            -Me darías un motivo más para cogerlo por el cuello. Espero que tengas razón,
            por Angela. Te pasaré a buscar en una hora. Escucha... he de hacerte una
            proposición - su tono de voz cambió de enojado a otro más suave.

            -Te escucho- repuse, intrigada.
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               -Se ha hecho un poco tarde para excursiones por aquí... y si Jake y Angela se
               quedan juntos el fin de semana no puedes quedarte en tu casa ¿qué te parece si
               vamos a Seattle?

               -¿A Seattle?
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               -Sí. Pasamos la noche allá y volvemos mañana por la tarde para el cumpleaños
               de Anne. ¿Te apetece?

               Con la noticia de Angela casi lo había olvidado. Al día siguiente celebrábamos
               el cumpleaños de Anne en su casa, una construcción grande rodeada de jardín
               en las afueras de Forks. Había mucha gente del hospital invitada. La familia de
               Anne tenía buena posición económica, y esa propiedad la habían adquirido
               hacía tiempo como una de sus segundas residencias. El único problema era que
               Jake también vendría. Iba a ser una prueba de auto-control para el quileute y el
               vampiro, pero yo prefería no pensar en eso de momento. Me centré en la
               sugerencia de mi novio.

               -¿Turismo en Seattle? ¿Tú y yo refugiados bajo un paraguas, mojados hasta el
               culo? ¡Qué novedad! - bromeé. Lo cierto es que hasta ahora no habíamos ido a
               Seattle. Era algo que apetecía mucho, y Edward lo sabía.

               -No hace falta que hagamos turismo por Seattle. También podemos quedarnos
               en nuestra bonita habitación del hotel, estaríamos haciendo el amor hasta que
               perdieras el sentido - repuso en un tono de voz que me hizo estremecer por
               dentro.

               -Eso tampoco sería una novedad, Cullen- reí, un poco sonrojada.- De acuerdo,
               Seattle está bien. Turismo, vale. Perder el sentido... ya hablaremos de eso – me
               mordí el labio.

               -Perfecto, porque contaba que me dirías que sí y ya he reservado la habitación.

               -Qué previsible soy.

               -Sabía que no podrías resistirte a pasar un inolvidable fin de semana con el tío
               más sexy de Forks- bromeó en tono petulante y yo reí por su tono de voz,
               aunque tenía claro que acababa de pronunciar una gran verdad.

               -No tientes tu suerte, doctor... Hasta luego.
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               Colgué y me dispuse a limpiar y ordenar la cocina. Estaba acabando de fregar
               los platos cuando sonó el timbre de la puerta. Cerré el grifo y me sequé las
               manos para ir a abrir, pero Angela bajó corriendo por las escaleras,
               adelantándome.
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               -¡Ya abro yo!-vociferó.

               -¡Vale, pero deberías tener cuidado al bajar las escaleras, pedazo loca!- le grité
               desde la puerta de la cocina.

               No pude dejar de notar que estaba preciosa. No solía arreglarse demasiado, era
               de estilo informal como yo, pero cuando salía con Jake era otro tema... y quizá
               fueran imaginaciones mías porque ya sabía su estado, pero su piel tenía un
               brillo especial.

               Me quedé donde estaba para saludar a Jake. Como siempre, intenté disimular y
               que no se notara la antipatía que sentía. Él también fingía bastante bien en
               presencia de su novia. Angela se había dado cuenta hacía semanas de que la
               relación entre ambos había cambiado. Intentó averiguar los motivos pero
               ninguno de los dos estaba dispuesto a dar explicaciones al respecto. Pasados
               unos días y para mi tranquilidad dejó de indagar sobre el tema. Probablemente
               lo atribuía a la rivalidad entre Jacob y Edward, y tampoco eran muchas las
               ocasiones en que Jake y yo coincidíamos. Afortunadamente.

               -Buenos días, amor- dijo Angela al abrir la puerta.

               Sin decir ni una palabra Jake entró en casa, la abrazó por la cintura y el cuello y
               la envolvió en un apasionado beso estilo "Lo que el viento se llevó". Entonces
               decidí retirarme hacia la cocina, porque de repente me había atacado la
               invisibilidad y no sabía qué hacer con ella.

               -¿Qué te pasa, cariño? Estás ojerosa. ¿No has dormido bien?- la voz de Jake
               sonaba ansiosa desde el recibidor. Hubo un breve silencio y por fin mi amiga
               contestó.

               -Estoy bien, pero tengo algo que decirte- contestó con voz un poco temblorosa.

               Esperé para saber a dónde se dirigían y oí que se metían en el comedor. Salí
               rauda de la cocina, pasé por delante de la puerta abierta, saludé a Jacob con un
               rápido buenos días y me dirigí a mi habitación escaleras arriba. Jacob apenas
               me contestó pero observé que su rostro expresaba ansiedad. Era un hecho bien
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            conocido que frases como "tenemos que hablar" o similares casi nunca eran un
            buen augurio para una relación.

             Me duché y me vestí de manera informal, no tenía ganas ni tiempo de
             arreglarme demasiado. Un fino jersey gris escotado y unos vaqueros
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             desgastados irían bien. Mientras me ponía las botas agucé el oído pero no pude
             escuchar ningún sonido proveniente del comedor. Deseé con todas mis fuerzas
             que las cosas fueran bien entre ambos.

            Preparé una maleta de fin de semana con otro jersey, un vestido, unos zapatos,
            y un par de mudas de ropa interior (una de ellas era muy sexy, esperaba de
            veras que sobreviviera a la lujuria de Edward). Recogí las revueltas y aún
            húmedas ondas de mi cabello en una coleta y justo cuando acababa de
            anudármela recibí la llamada de mi novio avisándome de que estaba en la
            entrada. Bajé las escaleras a toda prisa cargada con mi pequeña maleta y me
            asomé por la puerta del comedor para despedirme. Estaban sentados en el sofá
            de forma que ambos estaban tomados de la mano, mirándose a los ojos.
            Percibí el ambiente que había entre ellos dos. Era cálido.

            -Angela, me marcho- dije desde la puerta, entonces mi amiga rompió el
            contacto visual con Jake para dirigirme la mirada. Una dulce mirada - Pasaré la
            noche fuera... ¿Nos vemos mañana en casa de Anne?

            -Sí, sí, hasta mañana, Bells – me sonrió radiante y volvió a dirigir sus ojos hacia
            el hombre que había a su lado.

            En su cara pude ver que había vuelto a llorar, pero la sonrisa que me había
            dirigido era sincera. A su lado, Jake la miraba como si ella fuera lo más
            maravilloso que pudiera haber en el mundo. Como siempre la miraba, pero
            esta vez con más intensidad. Respiré profundamente, aliviada. No sabía a
            ciencia cierta si habían decidido algo y qué, pero fuera lo que fuera estaban
            juntos en eso.

            Edward me esperaba apoyado contra una de las puertas laterales del Volvo.
            Llevaba un fino jersey azul oscuro y unos vaqueros gastados. Tomé aire al
            verlo... jamás me acostumbraría. Se pasó la mano por el cabello al tiempo que
            una leve sonrisa se dibujaba en sus labios.

            -Parece que no tendré que entrar a partirle la cara a Jacob. Lástima. Hubiera
            sido una buena excusa para hacerlo- comentó, apuntando con la barbilla hacia
            la casa y con una mirada de chico malo que me hizo flojear las piernas.
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               -Sí, parecía que estaban de luna de miel cuando he salido por la puerta-
               comenté, dándole un beso en los labios. Edward me abrió la puerta del
               copiloto y me metí en el coche.

               Metió mi pequeño equipaje en el maletero y entró de nuevo el coche. Puso en
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               marcha el motor y dirigió el vehículo hacia la carretera principal.

               -¿Qué habrán decidido?- dije, pensando en voz alta.

               -Lo sabrás cuando hables con ella- repuso.

               -No serás capaz...- lo miré airada.

               -Ya sabes,- se tocó la frente con el índice y compuso una expresión solemne-
               intento dar privacidad a la gente.

               -Claro, ahora voy y me lo creo. ¿No eres tú el que escaneaba los pensamientos
               de Angela para saber qué pensaba yo de ti? ¿Eso es dar "privacidad"?- hice las
               comillas en al aire.

               -Sólo lo hice al principio de conocerte- rió él entre dientes.- Y no es culpa mía,
               Angela es una excelente transmisora.

               Bufé y me crucé de brazos, mirando hacia la ventanilla lateral. Sentí los dedos
               de Edward tomarme de la barbilla e intentando que lo mirara, y me dejé hacer.

               -Jacob le ha dicho que la ama y que estará con ella siempre, que la idea de ser
               padre no le parece descabellada- explicó.

               -Genial. Jacob no me ha decepcionado ¿Y Angela qué piensa?

               -Angela ya había decidido seguir adelante antes de que él llegara- repuso.
               Asentí.

               -Eso lo he notado en su monólogo- sonreí- Sólo quería estar segura.- Suspiré. –
               Me alegro de que ambos estén de acuerdo y se apoyen. Esto va a ser un giro de
               180 grados para sus vidas.

               -Lo será, sin duda- respondió él, escrutándome la expresión. De pronto deseé
               cambiar de tema.
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               -Bueno, ahora explícame. ¿Qué iremos a visitar? ¿A qué hotel vamos?-
               pregunté entre tímida y emocionada, como si fuera nuestra primera cita. Al fin
               y al cabo aunque hubiéramos pasado algunos fines de semana juntos (cuando
               las guardias nos dejaban) era el primer viaje de fin de semana que hacíamos.
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               -Al Vintage Park- respondió, con los ojos pegados a la carretera. Mi mandíbula
               se descolgó y solté un jadeo.

               -¿El Vintage?- mi voz casi chirrió, haciendo un esfuerzo para no gritar... era el
               hotel donde mis padres habían celebrado su boda, y además uno de los
               mejores de la ciudad. Había bromeado con Edward explicándole que
               seguramente fui concebida entre esas paredes, pues pasaron allá su noche de
               bodas y yo nací a los nueve meses de ésta.

               -¿Te parece bien? – me observó con atención, un poco preocupado por mi
               reacción. Yo estaba abrumada y sólo acerté a cerrar la boca y asentir.- Pensé
               que te haría ilusión.

               -Edward- acerté a contestar al cabo de unos minutos- claro que me hace ilusión.
               ¡Muchísima! Pero es... demasiado. Yo... no puedo pagar eso.

               Él siguió conduciendo sin tan siquiera mirar a la carretera. No podía evitar estar
               inquieta cuando hacía eso, aunque sabía que su visión periférica era perfecta y
               su capacidad de atención era múltiple. Entrecerró los párpados, frunciendo los
               labios en silencio durante unos instantes. Por fin habló.

               -Bella. Eres mi invitada este fin de semana. No seas absurda y déjame cuidar de
               ti- declaró, mirándome con intensidad.

               Yo no fui capaz de responderle negativamente sin parecer grosera. Suspiré
               dándome por vencida y le sonreí, volviendo la cara hacia la carretera para
               desconectar del hechizo de sus ojos. Los árboles pasaban veloces por nuestro
               lado, mientras el Volvo de Edward se deslizaba por la casi desierta carretera.

               Empecé a pensar en la situación de mi amiga. En alguna conversación anterior
               me había dicho que los niños no le gustaban demasiado, que no tenía paciencia
               con ellos. Opinaba de sí misma que sería una madre horrible.

               -En cambio, tú serás una madre estupenda. Y encima, pediatra.

               -No lo creo. A la que el niño tuviera cualquier cosa pensaría en lo más grave.
               Sería como el "síndrome del estudiante de medicina" pero en peor. Una
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               histérica total. De todas formas, no es lo mismo tratar con los hijos de los
               demás que con los propios. A lo mejor con los tuyos tendrías una paciencia de
               santa.

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               -¿"Los tuyos"? ¡Ja! Si tengo uno ya será mucho. No tengo muy claro que quiera
               formar una familia, en serio.

               No lo tenía muy claro, pero ahí estaba. Inconscientemente me toqué el vientre
               con ambas manos y suspiré. Siempre había pensado que sería madre. Era hija
               única, y mi deseo habría sido tener por lo menos tres hijos. No es que estuviera
               obsesionada con ello ni mucho menos, aún era joven y mi carrera había
               ocupado todos mis esfuerzos... hasta el momento. Pero el hecho de saber que
               si seguía con el amor de mi vida jamás podría tenerlos me había despertado un
               intenso instinto maternal, como si algo dentro de mí se rebelara contra ese
               hecho. Una idea llevó a la otra y vino a mi cabeza la carita de Daniel. Notaba
               ese peso en mi pecho cada vez que pensaba en ese pobre niño indefenso. Las
               pesquisas de nuestro "hacker" particular no habían dado ningún resultado
               positivo hasta el momento. La mujer podía estar trastornada, pero no era
               idiota. Si no volvía a actuar no sabríamos nada de ella, pero si volvía a actuar y
               lo hacía de forma diferente que la última vez... ¿cómo nos enteraríamos? Los
               casos de Munchausen por poderes podían disfrazarse de muchas
               enfermedades. Si es que era eso de lo que se trataba y no me estaba volviendo
               paranoica, cosa que empezaba a plantearme.

               -Un centavo por tus pensamientos.- A mi lado, la suave voz de Edward me
               despertó de mis cavilaciones. Giré la cabeza y lo miré.

               -Pensaba en Ángela.- Obvié ante Edward mi malestar por Daniel.

               -Todo un cambio en su vida, ¿verdad?- me observó atentamente,
               sondeándome.

               Aquello más que una pregunta me pareció una invitación a explayarme. Pero
               yo ya no quería tocar ese tema, ni ninguno que pudiera entristecerme. Inspiré y
               exhalé con fuerza, alejándome de toda esa vía de pensamientos. Me esforcé en
               concentrarme en nuestro aquí y ahora.

               -Sí, cierto ¿Te importa si pongo música?- dije para cambiar de tema.

               -Sabes que no- contestó, captando el mensaje.
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             Sintonicé una emisora que a Edward le gustaba porque ponía música actual y
             de otras décadas. En aquel momento sonaba la canción de James Brown, "I feel
             good". Me reí cuando Edward comenzó a cantarla. En aquel momento parecía
             exactamente lo que aparentaba: un chico de ventitantos años. Tenía una
Página | 286 preciosa voz y no desentonó en ningún momento, pero era divertido verle así,
             tan diferente de la imagen de competente (y muy sexy) cirujano a la que estaba
             acostumbrada. Entonaba "cuando te tengo en mis brazos, mi amor, no te haría
             daño", y aunque no dejó de mirar la carretera me pareció que lo estaba
             cantando para mí.

            -Canta muy bien, doctor Cullen- aseguré cuando hubo terminado.

            -Pues a mí me encantaría escucharte. Jamás te he oído cantar, ni siquiera en la
            ducha.

            -No lo hago muy bien. Además, me da un corte terrible cantar delante de ti, así
            que no esperes que lo haga.

            -Nunca digas nunca- repuso con suavidad, curvando levemente sus labios.

            No contesté. Sabía que podía ser muy persuasivo si se lo proponía.




                                               Capítulo 29



            -Bien, ¿y cuál es el plan?- pregunté.

            Estábamos parados en medio de la calle, enfrente del hotel, como dos turistas
            más. El día era típico de Seattle, nublado pero con una temperatura bastante
            agradable. No parecía que fuera a llover en breve, pero lo más probable era
            que en un momento u otro cayera alguna que otra gota, así que llevaba un
            práctico paraguas plegable en mi bolso.

            Habíamos estacionado el coche en el parking del hotel y, tras firmar en
            recepción, dejamos las maletas en manos del botones. Ni siquiera habíamos
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             visto la habitación. Edward lo había preferido así con la excusa de que teníamos
             poco tiempo para disfrutar de paseos turísticos en nuestro corto fin de semana,
             pero yo pensaba que era lo más sabio si de veras íbamos a hacer turismo. Sólo
             de pensar en estar con él en una habitación de hotel me ponía la libido por las
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             nubes... aún más.

            -Bien, algo que hemos de hacer por fuerza es subir a la Aguja Espacial. La
            tenemos aquí al lado, así que podemos hacerlo ahora- repuso él señalándome
            con un gesto de la mano el más representativo edificio de la ciudad.- Luego
            tenemos mucho donde elegir. ¿Hay algo que desees ver? Está el mercado Pike
            Place, el Centro de Ciencias Pacific, nos podemos perder por las calles del
            distrito histórico... -sonrió viendo que yo asentía a todas sus sugerencias con
            entusiasmo infantil.

            -He oído que el Zoológico de la ciudad vale la pena- añadí a sus sugerencias.

            -No quieres ir al Zoo, Bella- negó, moviendo lentamente la cabeza de uno a
            otro lado, mirándome fijamente.

            -¿Cómo que no quiero...?- protesté, y él levantó una mano para detenerme.

            -Perdona, quería decir que no quieres ir al zoo... conmigo- se puso la mano en
            el pecho para remarcar la última palabra. Entonces comencé a comprender.

            -¿Por qué? ¿Sería como una especie de buffet libre prohibido o algo así?- le
            piqué.

            -Isabella Swan, tú sí eres una especie de buffet libre prohibido, y no te salto a la
            yugular a la primera de cambio- sonrió burlón y yo me ruboricé. Era un gran
            avance en nuestra relación, hacía un mes no se habría atrevido a bromear con
            ese tema.- Me refiero a que yo no engañaría a los demás animales tan
            fácilmente como a los humanos. No querrás aterrorizar a esos pobres seres que
            no tienen la más mínima posibilidad de huída y lo saben, ¿verdad?- sin dejar
            mirarme puso sus dedos bajo mi mandíbula con suavidad y me di cuenta de
            que lo contemplaba boquiabierta.

            Distraída, negué con la cabeza. De pronto mi mente había estado vagando por
            otros derroteros, recordando la noche en que tomó mi sangre. Sonrió torcido,
            como si me leyera el pensamiento, pasó su brazo por mi cintura y empezó a
            caminar en dirección a la Aguja Espacial, arrastrándome con él.

            Visto lo visto, tenía razón: lo mejor sería alejarse del Hotel.
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               -Vale, Zoo descartado- dije, concentrada en los folletos que había cogido del
               mostrador de la recepción.- ¡Oh! ¡En el Centro de Ciencias hacen una
               exposición sobre Harry Potter!- exclamé, mostrándole el papel.

               -¿Harry Potter? ¿Magos, hechizos, escobas que vuelan? – se burló enarcando
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               una ceja.

               -Ajá. Y vampiros- repliqué muy seria.

               -Y brujas- respondió con intención, sujetándome inmediatamente las manos
               para detener el golpe que iba a propinarle.

               -Serás...- gruñí.

               -Me refiero a que me tienes hechizado y todo eso, no te lo tomes a mal- rió.

               Me besó mientras sujetaba mis manos por detrás de mi espalda y le
               correspondí con pasión. Se separó unos centímetros de mi cara y pude ver que
               sus ojos se habían oscurecido levemente.

               -¿Entonces, empezamos por la Aguja?- murmuró cerca de mis labios, su aliento
               dulce embriagándome.

               Tuve que esperar unos segundos para recordar de qué estaba hablándome. A
               la mierda, llévame a la habitación. Pero no fue eso lo que contesté.

               -A la Aguja- repuse, intentando frenar mi agitada respiración.

               *.*.*.*

               La vista de Seattle a 200 metros de altura era espectacular.

               -La visibilidad no es muy buena hoy, pero siempre vale la pena subir aquí.-
               explicó Edward. Asentí, convencida.

               -Y de noche debe ser increíble- comenté, observando la ciudad desde lo alto.
               Los lagos Unión y Washington se veían magníficos.

               -Claro que lo es. Luego lo comprobarás.

               -¿Qué?
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               -He hecho una reserva en el restaurante. Tenemos una mesa... al lado de la
               ventana.

               -¿Cómo lo has conseguido?- No debía ser fácil encontrar una reserva libre con
               tan poca antelación.
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               -Uno tiene sus contactos – guiñándome un ojo me tomó de la mano mientras
               nos dirigíamos hacia el ascensor.

               Habíamos decidido pasear por el bonito distrito histórico de la ciudad
               aprovechando que la lluvia se hacía esperar. Podíamos dejar las actividades a
               cubierto, como la visita al Centro de Ciencias, para el día siguiente... si es que la
               hacíamos. No me apetecía encerrarme en ningún sitio, quería disfrutar de ese
               día con Edward, rondar por las calles, deleitarme de nuevo con la vitalidad, el
               movimiento, la velocidad y el anonimato de una gran ciudad. Me gustaba la
               vida tranquila en Forks pero ahora, al estar de nuevo rodeada de altos edificios
               y con toda esa animación, sentía que mi cuerpo había echado de menos todo
               eso y vibraba de energía.

               Tomamos el monorraíl y nos dirigimos hacia Westlake center, otra zona de la
               ciudad. Posteriormente paseamos por la zona histórica y, bendiciendo nuestra
               buena suerte climática, compré unos sandwiches para hacer picnic en uno de
               los bonitos y grandiosos parques de la ciudad. Cuando acabé mi bocadillo, me
               tumbé sobre el pecho de Edward, que estaba apoyado contra un enorme cedro.
               Inmediatamente me rodeó con sus brazos y sentí cómo inhalaba y besaba mi
               cabello. Cerré los ojos, completamente relajada, abandonándome con laxitud a
               la sensación de ser amada.

               Jamás había sido una romántica, y a pesar de tener un ejemplo de amor
               duradero en mi propio hogar no creía en el amor eterno. Pero Edward y su
               familia me habían demostrado que uno podía continuar seducido por la misma
               persona durante siglos. Edward me había hablado de la relación que mantenían
               Esme y Carlisle, Alice y Jasper, y yo misma había sido testigo de cómo se
               miraban Emmet y Rosalie. Parecía ser una característica de su especie, quizá un
               instinto, aunque pensado así no sonaba muy romántico. Angela había dicho
               que Edward sería capaz de pedirme que me casara con él pero que no lo hacía
               por no asustarme. ¿Tendría razón? Por mi parte, yo me sentía completa e
               inevitablemente atraída por el hombre que me tenía entre sus brazos. Cada vez
               que lo miraba sentía el mismo flechazo en mi pecho, el mismo cosquilleo en
               mi estómago, la misma necesidad de tocarlo, de que me tocara. ¿Sería siempre
               así?
Cambio De Destino
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               -Estás muy pensativa hoy- Edward rompió el silencio y me acarició la piel de la
               cara con dedos fríos. Su piel amoldaba su temperatura a la del exterior, y
               empezaba a hacer fresco.

               -Pienso en cuánto te amo- murmuré. Sentí sus brazos ceñirse con más fuerza a
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               mi alrededor.

               -Entonces no deberías estar tan silenciosa- noté que sonreía.- Vamos a
               movernos un poco, comienza a refrescar demasiado para estar en el césped.
               Además, diría que va a llover- Se puso en pie ágilmente y alargó su mano para
               ayudarme a levantar.

               -¿Ya tienes pensado qué querrás hacer cuando acabes la especialización?- me
               preguntó Edward mientras salíamos del parque cogidos de la cintura.

               -No sé decirte. Tenía las cosas tan claras hasta que te conocí... y ahora ni
               siquiera soy capaz de decidirme- el sonrió.

               -Quizá te dejabas llevar por lo que tu padre consideraba mejor para ti y no era
               lo que de veras deseabas.

               -Y quizá ahora me dejo llevar por lo que siento por ti- repliqué.- Me nublas el
               entendimiento. Pero ¿sabes qué?- añadí rápidamente cortando su réplica- Que
               me da igual. Lo que de veras deseo es estar contigo, me da igual el sitio.
               Supongo que por eso no me acabo de decidir. Porque no es important...eh!-
               Edward me acababa de levantar del suelo con el brazo que me rodeaba la
               cintura, haciéndome volar para sortear un amplio charco que había cerca de la
               acera. Una pareja de ancianos pasó por nuestro lado y nos sonrió con simpatía.

               -Vale, la próxima vez que me vayas a poner en órbita avisa, tengo vértigo- dije,
               riendo.

               Seguimos paseando entre las animadas calles de la ciudad durante el resto de la
               tarde hasta que tomamos un taxi para volver al hotel, pues se aproximaba la
               hora de la cena. El clima seguía siendo benigno con nosotros y no había llovido
               en todo el día.

               -Alice me llamó el otro día-comentó Edward. Estábamos sentados en la parte
               de atrás del taxi, su pulgar derecho acariciando el dorso de mi mano izquierda.

               -¿Alice?- inquirí.
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             Alice me había llamado varias veces y en todas y cada una de ellas se disculpaba
             por su comportamiento en nuestro primer encuentro. Rosalie me llamaba una
             vez por semana y hablábamos de todo un poco. Ahora se le había metido en la
             cabeza que cuando acabara la especialidad tenía que conseguir un postgrado en
Página | 291 Harvard y subespecializarme. Parecía una hermana mayor, y yo estaba segura
             de que si Charlie la conociera se iban a llevar muy bien. Ella jamás me hablaba
             de transformarme, pero estaba preocupada porque me labrara un futuro aparte
             de la relación con su hermano.

            -Sí, me ha pegado la bronca porque en todo este tiempo que ha pasado su
            marido es el único Cullen que no conoces. Así que ha organizado una cena.

            -¿Una cena para los cuatro?

            -No, una cena con toda mi familia. Si estás de acuerdo- añadió con cautela.

            Lo cierto es que ya era hora de conocer a la familia de Edward al completo.
            Hacía tiempo que quería agradecer a Jasper el interés que se había tomado con
            todo el asunto de Daniel, pero la sola idea de estar sentada a una mesa con un
            montón de vampiros observándome mientras comía me resultaba un tanto
            inquietante, y no pude evitarlo. Involuntariamente me recorrió un ligero
            escalofrío.

            -Bella, ¿tienes miedo?- Edward se movió en su asiento encarándome con
            mirada incrédula.

            -Es que me impone conocer a mi familia política- repuse, sonriendo
            torpemente. Por si no fuera bastante con la mueca que había dibujado mi
            rostro, me sonrojé ante su escrutadora mirada.

            -No puedo creer que a estas alturas tengas miedo de... lo que somos. Y menos
            después de...- no continuó pero clavó sus ojos en la zona de mi cuello que sus
            colmillos habían perforado, ahora ya sana y libre de marcas delatoras.

            -Sí,- confesé- ¿no será una cena un poco rara?-de repente se me acercó tanto
            que sentí su aliento contra mi oreja.

            -Tú procura no hacerte ningún corte y todo irá sobre ruedas- susurró en voz
            apenas audible- lo miré a los ojos y pude detectar la risa brillando en ellos,
            mientras apretaba sus labios escondiendo la sonrisa que pugnaba por salir a la
            superficie.
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               -No tiene gracia, Edward Cullen- fruncí el ceño y le di un pequeño golpe
               intentando apartarlo de mí. Mi cuerpo estaba empezando a responder como lo
               hacía ante su cercanía.

               El se apartó un poco sin apartar la vista de mis ojos, esta vez sin ocultar la
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               sonrisa que curvaba sus apetitosos labios. En aquel momento el taxista
               estacionó delante de nuestro hotel. Edward abonó el importe de la carrera
               mientras yo salía del vehículo. Cuando el taxi se alejó él se plantó delante de mí
               con las manos suavemente apoyadas sobre mis hombros.

               -¿Cuál es el problema?

               -No sé, me imagino la situación... y no lo puedo evitar- de nuevo mi piel sintió
               un suave escalofrío. Esta vez él me miró con cierta tristeza. Levantó su mano y
               rozó apenas la piel de mi mejilla. Esta vez el escalofrío que sentí no tenía nada
               que ver con la inquietud.

               -No quiero que te sientas incómoda u obligada, Bella. Les diré que
               posponemos la cena, ya se me ocurrirá alguna excusa.

               -¡No!- exclamé, no soportaba ver esa expresión en sus ojos.- No. Tan sólo... no
               sé, no puedo imaginar estar cenando y vosotros ahí mirándome. Me da apuro.

               -Ya le dije eso a Esme, pero la pobre pensó que eso te haría sentir más
               cómoda, más como si fuéramos... humanos. No sabes lo bien que podemos
               fingir que comemos. Son muchos años de práctica. O podemos comer de
               verdad y luego irnos al baño a vomitar...

               -¡Pero vaya tontería! Sé lo que sois, y que finjáis comer o comáis y luego
               vomitéis la comida o lo que sea que hagáis no me va a hacer olvidarlo. Edward,
               no le des más vueltas, ha sido una reacción totalmente involuntaria. Ahora lo
               he pensado mejor y quiero hacerlo. Pero que no sea una cena. Yo llegaré a tu
               casa ya cenada, y nos podemos reunir en el comedor, cerca de la chimenea...-
               me sonrojé de nuevo al terminar la frase. No podía evitar pensar en aquella
               chimenea con la gruesa alfombra frente a ella sin recordar "aquella" noche.

               -Lo sé- murmuró él mientras sus largos dedos acariciaban mi cuello.-Yo
               tampoco puedo estar ahí sin acordarme de ti.

               Sentía el aire más denso a nuestro alrededor. Si seguíamos así al entrar en el
               hotel dudaba que volviéramos a salir hasta mañana por la mañana como
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            mínimo. Le eché un vistazo a la Aguja Espacial, despidiéndome
            silenciosamente de la cena. De pronto escuché la musical risa de Edward.

             -Doctora Swan, que usted carezca de autocontrol no significa que a mí me
             suceda lo mismo- me besó rápidamente en los labios y, tomándome de la
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             cintura, me condujo hacia la entrada del Vintage.- Te he prometido una cena a
             doscientos metros de altura y la vas a tener- afirmó.

            ¿Era yo tan evidente o sólo que él era bueno leyendo mis expresiones? Sonreí
            con timidez y meneé la cabeza. Supuse que ambas cosas.

            La suite que nos esperaba superaba ampliamente a mi escasa imaginación. Me
            quedé parada como una estatua en el umbral de la habitación, mirando el
            interior con la cara de un niño en el día de Reyes. El interior era luminoso,
            amplio y la decoración era cálida. A través del amplio ventanal y a pesar de la
            escasa luz del crepúsculo destacaba la majestuosa vista de la Aguja Espacial. Las
            nubes acariciaban la línea del horizonte, amenazando descargar encima de
            nosotros toda el agua que habían reservado durante el día.

            En aquel momento me elevé sobre el suelo y no pude evitar que se me
            escapara primero un grito y luego una carcajada. Edward me había tomado en
            sus brazos y entraba en la suite. Me depositó con suavidad en el suelo y le tomé
            de la mano para explorarla. Tras un pequeño recibidor había una sala con gran
            sofá y dos sillones dispuestos cerca de una falsa chimenea. Me ruboricé al mirar
            a la chimenea. ¿Hasta cuándo va a durar esa reacción de mi cuerpo?. A la
            izquierda de la sala se abría la puerta que daba al dormitorio. Lo presidía una
            enorme cama de matrimonio, y disponía de otro enorme ventanal similar al de
            la salita contigua. La visión de la cama no hizo sino potenciar mi sensación de
            timidez. No me comprendía a mí misma. Había compartido muchos
            momentos íntimos con el hombre que, de pie a mi lado, me tomaba de la
            mano suavemente. ¿Por qué de pronto sentía como si fuera nuestra primera
            vez? Percibí la respiración de Edward, que de pronto era lenta y profunda.

            -Voy a meter las maletas en la habitación- dijo con suavidad. Liberó mi mano y,
            giró sobre sus talones.

            Aproveché para meterme en el baño. Era tan perfecto como el resto de la suite.
            Disponía de una amplia bañera con jacuzzi a la que se accedía por unos
            escalones. Dioses... aquí cabemos los dos juntos. Sentí un estremecimiento de
            placer en mi vientre ¡Contrólate, Isabella! A su lado había una ducha con
            columna de hidromasaje. Acaricié la suave y fría superficie de la mampara, y
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               miré la hora en mi teléfono móvil. Ya me había duchado por la mañana, no
               necesitaba hacerlo. Tendría que ir arreglándome ya o llegaríamos tarde a la
               reserva del restaurante.

               Me giré para ir a buscar mi maleta y choqué contra el duro cuerpo de mi novio,
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               al que no había percibido a pesar de estar casi pegado a mi espalda. Reboté
               contra él de tal forma que tuvo que tomarme por la cintura para evitar que me
               cayera hacia atrás. Apoyé mis manos en su pecho y alcé la cara para
               recriminarle que no me hubiera avisado de su presencia, pero no pude hablar.
               Su expresión era contenida pero sus iris eran oscuros. Jadeé. Durante unos
               segundos nos quedamos paralizados, sólo sentía, sentíamos, el vertiginoso
               latido de mi corazón. Él no respiraba, y me di cuenta de que yo tampoco
               cuando sentí la imperiosa necesidad de inhalar una bocanada de aire. Él cerró
               los párpados durante unos instantes y suspiró. Al abrirlos vi que sus ojos volvían
               a tener el cálido tono ámbar.

               -Me pones difícil lo del autocontrol echándote de esa manera en mis brazos,
               Bella- sonrió.

               Iba a contestarle que si no se acercara tanto a mí o por lo menos avisara de ello
               no provocaría que mi conocida torpeza se manifestara, pero lo dejé en un
               rápido:

               -Vale.

               Abrí mi pequeña maleta y saqué el vestido que había traído, la ropa interior, los
               zapatos y mi neceser de maquillaje y me encerré en el baño. La cena en el cielo
               de Seattle empezaba a pender de un hilo tan fino que no habría podido
               soportar el peso de una araña, y esa era la mejor manera de evitar tentaciones
               por ambas partes.

               Me puse el vestido, era quizá demasiado ligero para esa época del año pero el
               fin de semana nos había bendecido con temperaturas agradables y lo
               aproveché. Unas finas medias negras que me llegaban hasta la parte alta del
               muslo y unos zapatos de tacón completaban el conjunto. Me quité la goma de
               la coleta y peiné mis rebeldes ondas hasta que cayeron con suavidad por mi
               espalda. La imagen del espejo me devolvía una mirada brillante y unas mejillas
               sonrosadas producto del estado de excitación en el que me encontraba, por lo
               cual me limité a delinearme los ojos, ponerme sombra de ojos en marrón y
               beige, rimmel y pintarme los labios con un tono melocotón. Me miré en el
               espejo satisfecha con el resultado. Respiré profundamente, abrí la puerta del
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               baño y me dirigí a la habitación. Supuse que Edward ya se habría arreglado.
               Cuál fue mi sorpresa al encontrarme una nota sobre la mesa de la sala, donde
               distinguí la elegante caligrafía de mi novio.

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               Bella, te espero en recepción.

               E.

               Pues vaya. ¿Qué mosca le había picado ahora? Tomé mi bolso y la chaqueta y
               salí de la suite, un poco contrariada. Al salir del ascensor miré a mi alrededor
               buscando a Edward.
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                                                 Capítulo 30

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               BPOV

               -¿Bella? ¿Bella Swan?- me giré hacia donde provenía la voz y reconocí a James
               Watson. Iba acompañado de un hombre joven alto y moreno. Y bastante
               atractivo, por cierto. Ambos vestían smoking.

               -Hola... James– él y yo estrechamos las manos. ¿Qué hacían en el hotel?

               -Estamos en uno de los salones privados del hotel- dijo, contestando a mi
               silenciosa pregunta.- Nos hemos reunido algunos miembros del staff del Infantil
               con varias fundaciones privadas para conseguir apoyo a proyectos de
               investigación que se van a realizar en nuestro centro en un futuro próximo-
               señaló con la mano al hombre que había a su lado.- Te presento a Garret
               Randall, es uno de nuestros cirujanos pediátricos. Garret, esta es Bella Swan, la
               residente de pediatría que perdimos por error.

               Tendí la mano al tal Garret y él me correspondió, manteniendo el contacto
               durante unos segundos más de lo esperado.

               -Espero que no sea un error imposible de solucionar, Bella - sonrió de forma
               encantadora. En aquel momento percibí movimiento a mi lado y un posesivo
               brazo ciñéndose fuertemente a mi cintura.

               -Bunas noches, James, Garret- Edward había aparecido de la nada y tendía la
               mano para saludar formalmente a ambos hombres.

               Recordé que él había rotado durante unos meses por cirugía pediátrica del
               Hospital Infantil de Seattle, así que estaba claro de qué los conocía. Lo que no
               entendía era la frialdad con que chocaron las manos Garret y él. No me
               hubiera sorprendido si alguno de los dos luego se hubiera restregado la mano
               por la chaqueta.

               -Bella, tenemos que irnos ya o perderemos la reserva. Garret, James – Edward
               saludó con la cabeza a uno y otro y sin esperar respuesta comenzó a tirar de mí
               hacia la puerta. Apenas pude despedirme con un gesto y una sonrisa de
               disculpa.
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               -Perdona- dije una vez cruzamos las puertas del hotel- ¿Se puede saber qué
               mosca te ha picado? Primero desapareces de la habitación, luego apareces y te
               comportas como...

               -Un borde- me interrumpió y yo asentí, suspirando. Seguíamos caminando en
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               dirección a la Aguja, y Edward en ningún momento había aflojado su agarre.

               -He preferido esperarte abajo porque de veras quiero que cenes allí, conmigo.
               Cosa que habría sido imposible si hubiera estado en la habitación en el
               momento en que salías del baño vestida de esa forma- me acarició de pies a
               cabeza con la mirada y sentí calor - En cuanto a lo de la recepción, es una
               pequeña larga historia.

               -Esas son las mejores-le pinché.

               -De acuerdo- tomó aire con fuerza.- Ya sabes que roté durante unos meses por
               cirugía pediátrica del Infantil- asentí.- Mi relación con Garret era cordial, hasta
               que una de las residentes se fijó en mí. Se llamaba Kate, y él estaba colado por
               ella. Yo lo sabía por haberle leído los pensamientos, él no lo quería hacer
               evidente en aquel momento. Ya sabes que está muy mal visto que un adjunto y
               una residente tengan una relación- volví a asentir, eso no era diferente de mi
               país.

               -¿Y qué pasó?- sentí una punzada de celos al pensar que la atracción de Kate
               por Edward pudiera haber sido correspondida.

               -Que le gusté a Kate y ella sí se encargó de que fuera algo evidente, ante la
               impotencia de Garret, quien no podía competir conmigo sin quedar mal ante
               sus compañeros. Él estaba esperando a que ella, que era residente de último
               año, acabara la especialidad para cortejarla.

               -Que sepas que eres el único hombre que conozco que aún usa la palabra
               cortejar, deberías decir ligársela o algo así- bromeé.- Pero tú no tienes la culpa
               de estar tan bueno- continué, y él sonrió ampliamente.

               -Como si hubiera algo racional en los sentimientos, Bella- replicó, negando con
               la cabeza.

               Ya habíamos llegado a nuestro destino, el ascensor para subir al restaurante.
               Sólo estaba permitido el acceso a quien iba con reserva confirmada. Subimos
               en silencio, acompañados por un pequeño grupo de personas. Una vez en el
               local nos acompañaron a nuestra mesa, situada al lado del ventanal, como
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               Edward me había prometido. El lugar estaba atestado, y aún así nuestra mesa
               estaba lo suficientemente separada del resto para darnos un ambiente muy
               íntimo.

               -Ahora sé por qué le caes mal a Garret... los celos son una buena razón ¿Pero
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               por qué te cae mal él? - inquirí, abriendo la carta que nos acababa de entregar
               el maitre.

               -No me caía mal... hasta ahora- contestó él mirando la carta fijamente. Alargué
               la mano y se la retiré, alzando una ceja.- Está bien... es que no me ha gustado lo
               que pensaba cuando te saludaba. No se ha cortado un pelo y te aseguro que
               tiene una imaginación muy gráfica- me miró frunciendo el ceño, al tiempo que
               yo me sonrojaba.

               -Entonces lo suyo con Kate no prosperó.

               -Pues por lo que he leído en su cabeza al final prosperó. Llevan un tiempo
               saliendo, pero al parecer la relación ya no es tan fantástica. Pero eso no le da
               permiso a ese Donjuán para pensar ciertas cosas sobre mi chica.

               -Él no sabía que soy tu chica.

               -Ha seguido pensándolo hasta que hemos desaparecido por la puerta, Bella. Y
               ya estaba claro que estamos juntos- replicó secamente.

               -Está bien, cambiemos de tema- contesté dulcemente, no quería discutir con él
               por una tontería.- En esta carta hay platos con un aspecto delicioso. No sé qué
               pedir.

               -Yo sí sé qué pedir, y no está en la carta- murmuró él. Alcé la mirada y me
               quedé sin respiración ante la intensidad del deseo que se reflejaba en sus ojos.
               En aquel momento se aproximó la maitre.

               -¿Han decidido ya los señores?

               -Me parece que pediré una ensalada Skycity y un pastel de verduras de
               temporada. Ah, también agua y una copa de Merlot Leonetti del 2004- dije en
               un hilo de voz, sin poder dejar de mirar a Edward.

               -¿Y el señor?
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               -Yo no tomaré nada, gracias- Edward le devolvió la carta sonriendo pero sin
               apartar sus ojos de los míos.

               -¿Está seguro? Servimos medias raciones si lo que sucede es que tiene poco
               apetito- la camarera era insistente. Y no me gustaba cómo miraba a Edward.
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               -No se preocupe. Ahora no tengo apetito- la miró durante un par de segundos,
               sonriendo, ante lo cual ella parpadeó varias veces- Comeré más tarde- añadió
               lentamente, mirándome con fuego en los ojos. La sangre se agolpó en mis
               mejillas mientras la camarera emitía un leve carraspeo y se marchaba un tanto
               precipitadamente.

               -Has asustado a la camarera.

               -Mejor. Se estaba poniendo demasiado insistente- repuso, sin variar la
               intensidad de su expresión.

               -Si no dejas de atormentarme con esa mirada, creo que no podré comer. La
               verdad es que me están entrando unas ganas tremendas de salir de aquí-
               susurré. Él suavizó la fuerza de sus ojos y me tomó de las manos.

               -No. Quiero que disfrutes del lugar, de la comida y de la vista... incluso con la
               lluvia es hermosa- entonces miré hacia fuera y comprobé que una fina lluvia
               había hecho su aparición.

               -Ya tardaba. Por lo menos hemos disfrutado de un buen clima hasta el
               momento- suspiré, entrelazando mis dedos con los suyos.

               El resto de la cena, mi cena, transcurrió en una amena charla. A petición suya,
               le conté a Edward historias de cuando era niña. Le gustaba mucho escuchar
               todo lo relativo a mi vida antes de conocerle.

               -Siempre quise tener un hermanito, pero Renée tuvo una infección uterina
               poco después de tenerme, y le tuvieron que hacer una histerectomía. Ya sabes,
               seguramente fue el "síndrome del recomendado".

               -Lo sé, todas las complicaciones más raras aparecen en el personal sanitario.
               Ese síndrome no es una leyenda. Lo siento por Renéé.

               Bebí un trago del estupendo vino tinto que nos habían servido. Tenía que
               controlarme o Edward tendría que llevarme en brazos al hotel. Aunque no era
               mala idea... dios, contrólate, lujuriosa.
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             -Sí, lo pasó mal, y yo no ayudé con mi insistencia durante años en pedirle un
             hermanito- me encogí de hombros.- Así que me apuntaron a diversas
             actividades, para que me relacionara con niños de mi edad. ¡Hasta me
             apuntaron a ballet! Llorarías si me vieras bailar, si la tierra pudiera abrirse y
Página | 300 tragarme lo haría- sonreí negando con la cabeza, mientras me metía un trozo de
             pastel de verduras en la boca. Estaba realmente delicioso.

            -No lloraría. Si no pudiera conseguir que bailaras bien sería mi falta, no la tuya-
            repuso. Sonreí y pensé para mis adentros que ni siquiera él conseguiría el
            milagro de que mis pies se coordinaran al bailar.- ¿Cuál era tu hobby favorito,
            entonces?

            -La actividad que más me gustaba de las que me apuntaron fue un curso de
            astronomía de verano. Disfruté aprendiendo a manejar un telescopio, y a mirar
            el cielo, las constelaciones... ahora ya se me ha olvidado cómo son las estrellas.
            No recuerdo una noche completamente despejada desde que vine aquí hace
            meses- sonreí un poco triste.

            -Sí, yo también las echo de menos... Bella, podemos ir a buscarlas- dijo con
            súbita pasión.- Podemos irnos de viaje a otros sitios, quiero redescubrir el
            mundo contigo, Seattle jamás me ha parecido una ciudad tan atractiva como
            estas horas en que la he visitado a tu lado.

            -Pero no podemos... tienes que huir del sol- repuse, confundida.

            -El sol no va a hacer que me transforme en una antorcha, amor. Sólo tengo que
            evitar permanecer demasiado tiempo bajo sus rayos porque me va debilitando,
            pero a mi edad puedo aguantar casi una hora. No quiero que te sientas limitada
            por estar conmigo.

            -¡No! No me siento limitada... bueno, en algunas cosas sí, pero me compensa
            todo lo que me das- le tomé las manos y me las apretó.

            -Desearía poder dártelo todo. Desearía que no echaras nada de menos por
            estar conmigo.

            -Ya me lo das todo, Edward. Y tú tienes mi cuerpo, y mi alma- susurré
            perdiéndome en su mirada.

            -¿Desean algo de postre? -la camarera cortarrollos me sobresaltó con su
            pregunta. Me tendió la pequeña carta y le eché un vistazo rápido mientras ella
            recogía los platos.
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               -La tarta "Tentación de chocolate", por favor- le tendí la carta algo bruscamente
               por haber explotado nuestra burbuja. Ella la tomó y miró a mi novio por unos
               breves instantes, como esperando que aún fuera a pedirle algo de comer, pero
               suspiró y se retiró.
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               -Ha parado de llover- dijo él, mirando por el ventanal pensativamente. Admiré
               su perfil mientras intentaba interpretar su expresión. Parecía preocupado, pero
               él era mucho mejor que yo ocultando sus emociones.

               -Un dólar por tus pensamientos- dije, repitiendo la frase que él me dijera horas
               antes. Volvió su atención a mí y sonrió misteriosamente.

               Iba a protestar por su silencio cuando en aquel momento la camarera dejó el
               plato del postre delante de mí. El nombre era muy apropiado, porque sólo
               mirar esa obra de arte de la repostería era pecado. Cogí una cucharada y me la
               puse en la boca. Al sentir el dulce sabor llenando mi boca cerré los ojos y se
               me escapó un gemido involuntario. Cuando los abrí Edward estaba mirándome
               febrilmente. Percibí el calor en la piel de mi rostro y me mordí el labio. Él se
               removió en la silla e inspiró profundamente. Tomé una segunda cucharada y la
               metí con mucha lentitud en mi boca, volviendo a cerrar los párpados durante
               unos segundos. Cuando los volví a abrir una de sus manos aferraba con fuerza
               el borde de la mesa, que casi podía oír crujir, y la otra estaba tensa como una
               garra sobre la servilleta. Su mirada se movía entre mi boca y mis ojos, brillante y
               oscura. En aquel momento pensé que lo más prudente era parar. Pero no
               podía. Tomé una nueva cucharada y observé cómo él seguía hipnotizado el
               pedazo de tarta desde el plato hasta mi boca. Mi mano tembló y antes de que el
               dulce llegase a mis labios cayó sobre el mantel. Tomé el pedazo entre dos
               dedos, lo deposité en el borde del plato y me llevé la mano a la boca, lamiendo
               el chocolate con un nuevo gemido de placer. Edward me tomó la mano y la
               apartó de mi boca, llamando a la camarera con la mano libre.

               -Todavía no he terminado -protesté débilmente. Su mano sujetaba la mía con
               firmeza y mi respiración se hizo superficial.

               -La cuenta, por favor- dijo cuando se acercó la joven. Habló educadamente
               pero sin apartar sus abrasadores ojos de los míos.

               Subimos al ascensor sin que Edward me soltara de la mano. Había en él media
               docena de personas además de nosotros, todos volviendo de la velada en el
               restaurante. Busqué su mirada pero él se dedicó a mirar hacia el techo del
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            ascensor. En cuanto llegamos a la planta baja y se abrieron las puertas se lanzó
            hacia la calle, casi arrastrándome en dirección a nuestro hotel.

             -Edward, se puede saber q... –no pude continuar. Me había tomado en brazos y
             sin darme cuenta me encontré contra la pared de un callejón cercano al hotel.
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             Miré hacia los lados para situarme. Unos contenedores tapaban la vista desde la
             calle. Pensé que debían ser del propio hotel. Edward estaba de pie frente a mí
             respirando dificultosamente, y a pesar de la escasa luz del callejón pude ver el
             deseo encendiendo sus ojos. Apoyó una mano a cada lado de mi cabeza; estaba
             presa entre sus brazos y su cuerpo. Mi corazón latía con fuerza, esperando su
             siguiente movimiento.

            -Bella, ¿qué pretendes? Ha faltado poco para que te tumbara encima de la
            mesa del restaurante y te follara delante de toda esa gente- susurró apretando su
            frente contra la mía.

            -Lo siento – musité.

            No se me ocurrió nada más original. Lo cierto es que sentirme tan deseada por
            él me hacía comportarme de forma que a veces ni yo misma me reconocía. En
            cierta forma su deseo me hacía sentír poderosa, y como una pequeña tirana
            quería probar hasta dónde llegaba mi poder. Y a veces me pasaba... como
            ahora.

            De repente me tomó ambas muñecas con una sola de sus manos y las sujetó
            sobre mi cabeza.

            -¿Lo siento? Eso no es suficiente – siseó, rozándome el cuello con sus labios.
            Me estremecí.

            Tomó el bordillo de mi falda y lo subió, introduciendo la mano libre por
            debajo, acariciando mi piel. Yo llevaba puestas unas medias hasta medio muslo.
            Acarició la blonda de la prenda, y siguió subiendo. Jadeé cuando sus dedos
            fríos se introdujeron entre la seda de la ropa interior y mi piel.

            -¿Qué haces?-susurré mirando a ambos lados y por encima nuestro para
            asegurarme de que nadie estuviera mirándonos.

            -Sólo quiero que te sientas como yo- murmuró con el más intenso anhelo
            reflejado en su rostro.
Cambio De Destino
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             Sentí uno de sus dedos invadiendo mi interior y me mordí el labio para no
             gritar. Intenté zafarme de su agarre pero fue completamente imposible. Él
             curvó el dedo y lo movió despacio por mi interior, torturándome. Sentí fluir mi
             humedad entre las piernas y él dibujó una sonrisa indecente. Mi vientre se
Página | 303 contraía casi dolorosamente por el deseo, mientras reprimía un gemido. Él
             acercó su boca a la mía y me besó con sensualidad, su lengua me acariciaba y
             me torturaba tanto como su mano en mi interior.

            -Para- supliqué, separando mi boca de la suya, jadeando.- Ya he comprendido
            el mensaje.

            -No puedo parar. Estás tan mojada que me muero por probarte- diciendo esto
            se agachó, me quitó las braguitas y de un solo movimiento colocó mis piernas
            sobre sus hombros, apoyándome contra la pared. Hundió su boca en mí sin
            piedad. Yo apenas era consciente de la dureza y humedad de la pared que tenía
            detrás de mí. Sólo existía la boca de Edward, su lengua, sus dientes. Me llevé
            una mano a la boca y me la mordí, porque lo que él me hacía me estaba
            volviendo loca y necesitaba gritar, pero no debía.

            -Joder, Edward, ¿quieres matarme?- gemí, cerrando los párpados con fuerza,
            enredando una mano en sus cabellos, y mordiéndome el puño. Sentí su aliento
            contra mi hipersensible piel cuando rió por lo bajo.

            -Quiero devorar hasta la última gota de tu excitación, amor, pero te dejaré viva.

            Abrí los ojos y miré hacia abajo. La negrura de su lujuria se clavó en mi interior
            y me hizo arder, consumiéndome. ¿Cuándo iba a parar esta tortura? ¿Se podía
            morir de placer? Mordí más fuertemente mi puño y sentí el sabor de mi sangre
            en la boca. Mis entrañas se contraían, un placer tan intenso y doloroso que
            apenas podía respirar.

            No esperaba lo que sucedió al siguiente instante. Edward separó un momento
            su cara de entre mis piernas e inspiró profundamente clavando sus pupilas en
            mis ojos. Oh, dios, la reconocía, era "esa" expresión. Mi corazón se desbocó y
            escuché un gruñido que me llegó desde lo más profundo de su pecho. Cerré
            los ojos cuando noté su lengua lamerme la ingle y lo siguiente que sentí fue un
            latigazo de placer que me convulsionó todo el cuerpo, una, y otra vez, en
            oleadas que no cesaban, mientras sentía que caía, caía en un pozo sin fondo,
            pero no me importaba, porque estaba en sus brazos.
Cambio De Destino
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               En sus brazos... cuando abrí los ojos Edward me observaba con una extraña
               expresión en la cara, mezcla de varias emociones. Deseo. Amor. Culpabilidad.
               Levanté una mano y le acaricié el rostro.

               -Lo siento- susurró. Miré atentamente sus ojos y lo comprendí.
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               -Me has mordido- él asintió lentamente.

               -Te he tomado sin pedirte permiso. Me juré a mí mismo que si lo volvía a
               hacer sería si ambos lo deseábamos, como la primera vez, y ni siquiera te lo he
               pedido. He olido la sangre de tu mano y he perdido el control. Lo siento-
               repitió.

               No sabía qué decirle. Lo que experimentaba cuando él bebía de mi sangre era
               tan intenso que no se podía comparar a otras sensaciones, pero pensándolo con
               la cabeza fría no era muy sano estar sufriendo sangrías repetitivas. Además,
               Edward confiaba mucho en su autocontrol y perderlo le hacía sentirse débil, y
               lo que era peor, cuestionarse mi seguridad a su lado. Una parte de mí, quizá la
               más pervertida, veía claro que él, mi amor, estaba sufriendo por lo que acababa
               de hacer, y no estaba de acuerdo porque justamente eso me había llevado a
               tocar el cielo. Y esa parte fue la que ganó finalmente cuando acuné su cara
               entre mis manos.

               -Te quiero. Y me haces muy feliz, me hace feliz entregarme a ti en todos los
               sentidos. No sabes lo que siento cuando bebes de mí, es algo... es tan
               placentero que parece insoportable.

               -Entonces sentimos lo mismo. Pero yo no debería perder el control, tu
               seguridad depende de eso.

               -Edward, no...- me besó en los labios interrumpiendo lo que iba a decirle y me
               ayudó a levantarme, colocándome bien la ropa.

               -Bella, seguiremos hablando en el hotel- dijo.- Será mucho más cómodo y
               seguro.

               -De acuerdo- repuse a regañadientes.

               Intenté no pensar en la pinta que debía llevar yo con la ropa bastante arrugada,
               y en que no llevábamos unas buenas gafas de sol para tapar los rojizos iris de mi
               novio vampiro. ¿Pero quién iba a pensar que nos harían falta unas gafas de sol
               en Seattle?
Cambio De Destino
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                                                 Capítulo 31



               EPOV

               Llegué al ascensor esquivando cualquier presencia humana. Bella habría
               llegado ya a nuestra habitación. Habíamos decidido volver separados y ella se
               marchó primero. Yo no tenía forma segura de evitar encuentros si iba a su
               ritmo, y el color de mis ojos en estos momentos era más que extraño. Una vez
               dentro del ascensor levanté la vista y miré al hombre del espejo. Mi alma cayó a
               mis pies sin poder evitar los negros recuerdos de mi pasado. La primera vez
               que bebí de Bella no me había visto los ojos. Hacía tiempo que no veía esa
               expresión y me avergoncé de mí, de lo que acababa de hacerle al ser que
               amaba más en el mundo. De pronto me asaltó el temor antes de abrir la puerta.
               Podía soportar mi propio desprecio, pero no el suyo. ¿Qué pensaría ella de
               mí?
Cambio De Destino
                                               DraBSwan


             Cuando abrí la puerta de la habitación estaba deprimido, de mal humor, e
             irritado conmigo mismo por mi carencia de control. Era un egoísta y no podía
             renunciar a estar con Bella, pero veía que tampoco podía garantizar que ella
             estaba segura conmigo y eso era un pensamiento que me torturaba. Me
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             avergonzaba de mí mismo.

            Qué manera más estúpida de estropear una velada deliciosa.

            La luz de la habitación estaba muy atenuada. Me llegaba el sonido del agua
            desde el cuarto de baño y al entrar en la habitación vi que la ropa de Bella
            estaba doblada encima de una silla. Incluida la ropa interior. Desde la distancia
            podía oler sus braguitas, me acerqué y las tomé en mis manos. Casi me volví
            loco de deseo al oler en la misma prenda los dos aromas que más me
            enloquecían, la húmeda excitación de Bella y su sangre. Mi culpabilidad estaba
            desapareciendo arrastrada por la fuerza de mis instintos. Estaba embriagado,
            necesitaba aire fresco, necesitaba controlarme, y dejando la prenda donde
            estaba salí al balcón.

            Estaba volviendo a llover pero no me importaba mojarme, me ayudaba a sentir
            de nuevo el dominio de mi propio cuerpo. Las luces de la ciudad parpadeaban
            bajo la fina lluvia y por un momento pensé que yo también echaba de menos
            mirar las estrellas. Sentí el latido de Bella acercarse a mí, sus brazos
            rodeándome la cintura, su cuerpo adherirse al mío.

            -Te vas a resfriar- su broma apenas sonó como un susurro.- Ven- dijo, tomando
            mi mano y tirando de ella. Me fijé en que llevaba puesto uno de los albornoces
            del hotel.

            -Bella, yo...-me silenció colocando sus dedos sobre mis labios mientras con la
            otra mano cerraba la puerta de la terraza.

            -Antes no me has dejado hablar. Aún es mi turno- dijo, plantada frente a mí,
            mirándome con aquellos ojos tan profundos.

            -No era buen momento... allá en el callejón. Tú sí te puedes resfriar- me
            disculpé.

            -Sí, la verdad es que me entra frío sólo de verte con esta ropa mojada- dijo muy
            seria.- Te ayudaré a quitártela. Mientras quiero que me escuches bien, Edward.

            Me retiró la chaqueta y comenzó a desabotonarme la camisa, lentamente.
            Observé sus manos blancas y finas trabajando.
Cambio De Destino
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             -¿Sabes qué me pasa estos últimos meses? Que es como si hubiera empezado a
             vivir. Es como si mi vida anterior, mis amigos, mis recuerdos... todo estuviera
             en blanco y negro. Sólo Charlie y Renée me atan a esa vida. Mi verdadera
             existencia empezó el día que llegué a Forks. Mi amistad con Ángela, el hospital,
Página | 307 mis compañeros... todo es más real, más nítido, como si lo de antes fuera un
             sueño. Porque por encima de todo estás tú. Tú... –hizo una pausa, buscando
             las palabras y agitó bruscamente la cabeza- dios, qué cursi va a sonar esto pero
             no sé otra manera de decirlo... tú has iluminado mi existencia. Tú eres mi vida,
             Edward. ¿No lo ves? Estoy hecha para ti. Y acepto lo que eres con todas sus
             consecuencias.- Diciendo esto me retiró la camisa y empezó a deshacerse de mi
             cinturón. La escuchaba, sin respirar, atento a cada una de sus palabras, su
             modulación, su significado. Mis ojos iban de los suyos al resto de su cara,
             estudiando cada uno de sus cambios expresivos.

            -Quiero sentir que soy tuya, y no me importa, ¿me escuchas, cabezota?-dijo
            tomando mi cara entre sus manos y clavándome su cálida mirada- no me
            importa que bebas de mí. No es sólo por el casi insoportable placer que me
            haces sentir, es también la sensación que me queda después. Es como
            mezclarme contigo, saber que una parte de mí corre por tus venas... lo sabes,
            ¿verdad? –la abracé con fuerza, apretándola contra mi pecho. Estallaba de
            felicidad al escuchar sus palabras pero no podía dejarme llevar, no podía
            olvidar.

            -Bella... amor mío... es peligroso para ti que yo pierda el control. Nunca me
            crees cuando te lo digo.

            -Edward, estás exagerando, como siempre. Si me hubieras pedido beber de mí
            te habría dicho que sí y tú eso lo sabes. Por eso te has dejado llevar- se soltó de
            mi abrazo y agachándose me quitó los pantalones y los boxer en un solo
            movimiento. Por un momento pensé que había usado velocidad vampírica, y
            sonreí internamente ante la idea – Ven, Edward.- Tiró de mi mano y abrió la
            puerta del baño.

            Una nube de vapor se escapó del interior y nos sumergimos dentro. El jacuzzi
            estaba preparado, y no sólo eso, el iPod de Bella tenía un pequeño altavoz
            incorporado. La miré admirado. Sin dejar de mirarme a los ojos se estiró un
            poco para darle al "play" del aparato.

            -¿Intenta seducirme, doctora Swan?- pregunté alzando una ceja. Como única
            respuesta ella sonrió tímidamente.
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             Bella se quitó el albornoz y siguió tirando de mi mano hasta que ambos
             estuvimos dentro del jacuzzi. Entonces se sentó a horcajadas sobre mí y
             empezó a besarme la cara, el cuello, los hombros. Mi excitación no tardó en
             hacerse notoria al tiempo que cualquier sentimiento de culpa se esfumaba con
Página | 308 el vapor. Sus manos me acariciaron dulcemente el pecho, el abdomen... cerré
             los párpados abandonándome a lo que me hacían sentir mientras iban
             siguiendo hacia abajo, y escuché un levísimo siseo cuando su mano derecha
             tocó el agua.

            -¿Te duele?- pregunté tomando la mano que ella misma se había mordido.

            -Sólo me ha escocido un poco al tocar el agua.

            -Déjame ver- dije, examinando la herida.

            Me había concentrado en la deliciosa sangre que fluía de la suave piel de su
            ingle y había olvidado la mano. Observé un hematoma en su dedo índice y dos
            pequeñas incisiones superficiales. La escasa sangre que había brotado de esa
            herida había sido suficiente para terminar de enajenarme y empujarme a
            morderle la vena que tenía más cercana... la femoral. Suspiré y alcé la vista.
            Bella me miraba con cierta vergüenza.- Se supone que aquí el que muerde soy
            yo – bromeé curvando mis labios.

            -Era eso o gritar... no sé qué te parecía mejor opción dadas las circunstancias.
            Ah...-jadeó al sentir mi boca y mi lengua sobre su mano. Lo hacía para curarle
            la herida pero su respiración se estaba agitando y sus latidos golpeaban con
            fuerza su pecho. Su reacción y el sabor de su piel hacían que mi erección fuera
            ya tan dolorosa que no podía esperar a hundirme en ella.

            -Si vuelve a suceder prefiero que me muerdas a mí- la tomé de las nalgas y la
            desplacé más cerca de mi dureza. Se le escapó un leve suspiro al sentirme tan
            cerca.

            -¿Quieres decir que volverá a suceder?-me miró a través de sus largas pestañas,
            mordiéndose el labio inferior.

            -Pervertida -murmuré, mordiéndole suavemente un dedo.

            -Pervertidor- devolvió en un susurro.

            -Si me provocas lo suficiente, y parece que disfrutas con ello, volverá a suceder.
            Y tú serás la responsable de las consecuencias – advertí.
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             Entonces de un solo movimiento la alcé y la coloqué sobre mí; me fui
             introduciendo en ella despacio, disfrutando de cada milímetro que avanzaba
             entre sus abrasadoras paredes. La abracé por la cintura, disfrutando del tacto de
             su piel desnuda, tibia y húmeda en contacto con la mía, del latido de su
Página | 309 corazón golpeando mi pecho. Ella se acercó más y, rodeándome el cuello con
             sus brazos, reclinó su cabeza con abandono sobre uno de ellos. Repartí besos
             suaves por toda la línea de su cuello, inspirando sobre su piel, llenándome de
             su olor. Bella empezó a moverse suavemente al sentirme completamente
             dentro de ella.

            -No. No te muevas- pedí con dulzura. Quería frenar el tiempo, quedarme así
            para siempre, dentro de ella, abrazado a ella y por ella. Ella gimió levemente
            protestando y sonreí sobre su piel- Sshhh. Déjate llevar.

            Percibía el sonido del aire y el suave movimiento de su pecho al respirar, y en
            aquel silencio podía escuchar la sangre fluyendo bajo su piel. Todo su cuerpo
            me hablaba y en silencio me proclamaba su amor. Puse mis manos sobre sus
            caderas y las mecí con suavidad pero con firmeza, sintiendo el tormento que
            sus cada vez más apretadas paredes imponían contra mi miembro. Ella se dejó
            llevar dócilmente, su aliento cerca de mi cuello, cada vez más superficial, cada
            vez más quejumbroso. La presión en mi vientre me hacía sentir la urgencia de
            acelerar el ritmo pero me controlé. Quería más de ella.

            -Oh, Edward- casi sollozó.

            Ninguna música podía compararse a este sonido, mi alma vibraba cuando ella
            cantaba su placer. Deslizó sus manos alrededor de mis hombros, mis brazos,
            buscando las mías, liberándolas de sus caderas y entrelazándolas con las suyas.
            Se irguió y me miró al interior de los ojos, clavándome sus ojos profundos,
            húmedos y brillantes de amor y deseo. Con nuestros dedos entrelazados nos
            movimos uno con el otro, sincronizadamente.

            -¿No decías que nadie podía hacer que bailaras? Estás danzando conmigo-
            susurré contra su boca, que se curvó al escucharme. Lamí sus labios
            entreabiertos y su boca me abrió paso. Mi lengua y la suya se entrelazaron con
            dulzura, siguiendo el ritmo de nuestros cuerpos.

            -Edward-gimió y se separó de mi boca una fracción de centímetro.- No puedo
            más. Lo necesito.
Cambio De Destino
                                                   DraBSwan


               -¿El qué necesitas, amor?- la apremié, mientras lamía un punto debajo de su
               oreja, aquél que la volvía loca.

               -A ti. Más profundo. Más fuerte- se quejó fuertemente.
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               -¿Y cómo se pide?- la mortifiqué.

               -Por favor- casi chirrió su voz mientras contraía el interior de su pelvis contra mi
               erección.

               Liberé sus manos y ella las entrelazó en mi nuca. La tomé de las caderas y me
               moví profundizando la invasión de su cuerpo. Ambos gemimos con fuerza. Me
               sumergí en su mirada chocolate y ella se perdió en mis ojos, mientras salía y
               volvía a introducirme en ella, una y otra vez, aumentando el ritmo. Ella
               sincronizó sus movimientos con los míos intentando aumentar el roce pero yo
               no se lo permitía.

               -Voy a hacer que vuelvas a desmayarte, amor- dije, y bajando la cabeza tomé
               uno de sus pezones entre mis labios, succionando y mordiendo, lamiendo y
               rozando.

               Ella gemía ya totalmente abandonada a sus sensaciones, echando la cabeza
               hacia atrás y cerrando los párpados. Hasta que su cuerpo explotó.

               -¡Edward!- gritó, y se arqueó bruscamente hacia atrás, temblando.

               Sentí su convulsión en mi miembro y ya no pude controlarme más. Mi
               orgasmo se liberó y me golpeó con tanta fuerza que creí que sería yo el que se
               desmayaría. Me vertí en su interior abrazándola con fuerza, queriendo
               fundirme con ella en ese instante íntimo, momento en el cual ella se
               convulsionó por segunda vez y me mordió el cuello con fuerza ahogando un
               segundo grito sobre mi piel. Las descargas de placer sacudieron nuestros
               cuerpos una y otra vez, golpeándonos como las oleadas de un mar
               embravecido. Cuando la marea se retiró y nuestra jadeante respiración se
               calmó acaricié a la mujer que amaba recorriendo su espalda de arriba abajo.
               Estaba completamente exhausta, derrumbada sobre mí, y creo que se mantenía
               erguida sólo porque yo la sujetaba. Pero noté que aún estaba consciente.
               Chasqueé la lengua fingiendo disgusto.

               -Vamos a repetirlo, amor. No he conseguido que pierdas la conciencia –
               murmuré.
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               -Mmmm.

               -Si no me dices que no, lo haré. Ni siquiera he salido de ti y noto que casi
               vuelvo a estar preparado- añadí pícaro.
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               -Mmmm- contestó ella elevando el tono un poco más.

               -Vale, en la escala de coma de Glasgow eso es casi equivalente al desmayo-
               añadí con petulancia.

               Lo cierto es que no había mentido, mi cuerpo estaba ya listo para un segundo
               asalto y así se lo demostró. Cuando Bella lo notó toda su astenia desapareció y
               se irguió bruscamente, mirándome con los ojos como platos.

               -Te lo advertí - hice una mueca como disculpándome. Me moví dispuesto a
               abandonar su cálido refugio pero ella me detuvo. Esta vez fui yo quien la miré
               con los ojos como platos, al tiempo que ella se mordía el labio inferior.- ¿Eres
               insaciable?

               -No tanto como usted, doctor Cullen- susurró con voz ronca, entrecerrando los
               párpados.

               -Si mañana no puedes caminar no te quejes- la reprendí sonriendo mientras
               empezaba a mecerme con su cuerpo, de nuevo.

               -Lo prometo- aseveró ella y envolviéndome, me clavó las uñas en la espalda.
               Suspiré.

               BPOV

               - Buenos días, amor- sentí los labios de Edward posarse en mi hombro, sus
               brazos alrededor de mi cuerpo, una de sus piernas encima las mías y la otra
               enredada entre mis tobillos.

               Mis ojos no me obedecían. Mis músculos se negaban a funcionar, pero existían,
               porque si no no me dolerían, pensé con lógica. Sobre todo los de cintura para
               abajo. La conciencia fue llenando mi presente, y recordé la noche anterior.
               Todo. Desde la cena al jacuzzi, pasando por el callejón. Y el mordisco. Por lo
               menos esta vez no estaba en un sitio visible, volví a pensar con lógica aplastante.
               Estaba tan extenuada que no podía sentir nada más que una tremenda laxitud.
               Ni pudor, ni excitación, ni lujuria. ¿Se habría terminado ya mi dosis semanal de
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            esta? A lo mejor ya no volvía a desear a mi novio hasta dentro de... ¿un par de
            días?

             -Dormilona. No sabía si despertarte, pero creí que querrías aprovechar el
             domingo para continuar haciendo turismo- movió una mano y me rozó un
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             pezón con ligereza. De inmediato el interior de mi pelvis se contrajo de
             excitación.

            Como si él se hubiera dado cuenta sonrió ladeado. Insaciable. Era una adicta
            sin remedio, y comprendí que jamás tendría suficiente de él. Cuanto más me
            daba, más necesitaba. Él era mi droga. Intenté conectar mi mente racional, que
            era evidente que tardaba más en despertar que mis apetitos sexuales. Estaba en
            Seattle con Edward. Habíamos venido a hacer turismo. Lo demás podíamos
            hacerlo en casa... o en cualquier sitio. Vamos, Bella... uno, dos, ¡tres!

            Me levanté de la cama de un salto y corrí hacia el baño sin mirar atrás para no
            dejarme arrastrar por la tentación.

            -¡Turismo!-exclamé. Antes de cerrar la puerta pude escuchar su risa.



            -Me ha encantado el Centro de Ciencias, y la exposición sobre Harry Potter
            estaba muy bien montada. ¿Te ha gustado?-lo miré.

            -Me ha gustado ver cómo disfrutabas- apartó la vista de la carretera y sonrió
            mirándome. El clima nos había bendecido de nuevo con tan sólo un leve
            chubasco y volvíamos a Forks por una carretera poco transitada y casi seca.

            Edward me dejó en mi casa y se marchó a la suya para arreglarse para la fiesta
            de Anne. Esta me había amenazado con volverme a llevar de compras si no me
            presentaba en su casa engalanada de la cabeza a los pies. Algún día tendría que
            presentarle a Alice, seguro que harían buenas migas.

            Angela no estaba en casa. Cuando entré en mi habitación encontré una nota
            sobre la cama donde me decía que pasaría el día entero fuera con Jake y que
            llegaría directamente a la fiesta.

            Abrí mi armario. Ahora ya no parecía una gran cavidad inútil excavada en la
            pared sino que tenía bastante contenido. Como no hacía nada de frío elegí un
            vestido fino y escotado, de punto en distintos tonos grises, unas medias a juego
            y unos zapatos de tacón. Me vestí sin ponerme los zapatos, bastante iba a tener
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               que sufrirlos en la fiesta como para querer prolongar la tortura. Me arreglé el
               cabello, marcando las ondas naturales con la ayuda de la plancha del pelo, y me
               maquillé con suavidad.

               Me senté en la cama y me incliné para colocarme uno de los zapatos. Cuando
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               levanté la vista vi a alguien apoyado en el umbral de mi puerta y grité
               involuntariamente.

               -¡Edward! Tienes que dejar de entrar así en mi casa. ¡Podías haberme avisado
               de que estabas aquí!- le increpé mientras él reía a carcajada limpia. -¿Quieres
               que muera de un infarto?-fruncí el ceño. Mi corazón retumbaba en mi pecho.
               En un instante lo tenía arrodillado enfrente de mí.

               -No digas eso- me reprendió, a veces no toleraba según qué tipo de bromas
               sobre mi muerte. Tomó en su mano el zapato que aún no me había puesto y lo
               encajó delicadamente en mi pie como si yo fuera una moderna cenicienta y él
               mi príncipe.

               -En serio, no me des estos sustos-observé que llevaba puesta una camisa blanca
               de lino sin corbata y un traje gris de tejido fino. Me lo bebí con la mirada, debía
               ser pecado contemplar tanta belleza. Advirtiendo mi expresión desplazó las
               manos hacia arriba por la cara interna de mis piernas y se detuvo al llegar a las
               rodillas, separándolas un poco.

               -Si aún estás nerviosa conozco una forma de relajarte- era el diablo de la lujuria
               tentándome. Y luego la insaciable era yo. Con un esfuerzo sobrehumano decidí
               que era hora de irnos a casa de Anne, si llegábamos tarde me asesinaría.

               -Sátiro- sonreí mientras le echaba para atrás con un pie apoyado en su hombro.
               Dio un salto felino mientras se incorporaba, como si yo por un momento
               pudiera haberle hecho caer. Sentí una oleada de deseo como cada vez que le
               veía hacer esas cosas.

               Como cada vez que le veía hacer cualquier cosa, para qué engañarme.

               Estaba oscureciendo cuando llegamos a casa de Anne. Edward aparcó en el
               lugar dispuesto para ello y me tomó de la cintura. De esta forma nos dirigimos
               hacia la fiesta. El lugar estaba iluminado por hileras de bombillas y farolillos de
               colores distribuidas por encima y alrededor del camino de entrada, el campo
               de baloncesto que hacía las veces de pista de baile y el espacioso jardín. Varias
               mesas estaban distribuidas en el exterior de la casa, todas surtidas de apetitosos
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               platos. Desde luego Mónica tenía razón: Anne echaba la casa por la ventana el
               día de su cumpleaños. Conforme nos adentramos por el sendero del jardín
               fuimos saludando a conocidos. Anne y Paul se acercaron a recibirnos cogidos
               de la mano.
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               -Vaya, ya es oficial. Estás fuera del mercado - bromeó Edward.

               -Serás jodido, tío. Tú ni siquiera llegaste a entrar en el mercado y ya estás fuera.
               Dime cómo se come eso -se burló el anestesista.

               -La estaba esperando a ella- Edward sonrió ladeado, mirándome.

               -¡Dios, alguien que os traiga un hipoglicemiante, tenéis la glucosa por las
               nubes!-bromeó Anne, rodando los ojos. Se la veía feliz.

               -Anne, esto está genial- eché un vistazo admirativo a mi alrededor.

               -Gracias. Este año aún lo he querido hacer mejor... al fin y al cabo es mi último
               año de especialidad. Y está todo previsto: si nos llueve, adentro está todo
               preparado para recibirnos.

               -Por ahí llega Angela -levanté el brazo y agité la mano para saludarla.

               En aquel momento entraba por la puerta del jardín mi amiga. Llevaba puesto
               un vestido color burdeos y un abrigo negro entallado por encima. Estaba
               preciosa y, quizá era porque yo lo sabía, pero me pareció que su cara estaba
               especialmente resplandeciente. Jake la abrazaba posesivamente, en su cara una
               expresión levemente recelosa. O quizá era que yo estaba a la defensiva con él.
               Ángela nos vio y tiró de Jake para acercarse a nosotros.

               De forma inesperada Edward se deslizó delante de mí y extendió un brazo para
               impedirme que me moviera.

               -No te muevas, Bella-murmuró tan bajo que apenas pude escucharlo.

               Y entonces Jake se abalanzó hacia nosotros.
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                                                Capítulo 32



               BPOV

               Edward me apartó detrás de él y me protegió con su cuerpo del avance de
               Jacob. Este se abalanzó hacía nosotros y frenó a un centímetro de chocar contra
               el cuerpo de mi novio, que no se movió ni un ápice. Quedaron uno frente a
               otro mirándose cara a cara, pues ambos eran igual de altos.

               ¿Qué había pasado? Estaba totalmente confusa y asustada al ver la cara de odio
               de Jacob, superior a cualquiera que hubiera visto con anterioridad. Lo cual no
               era poco.

               -¡LO HAS HECHO, PARÁSITO!- gritó en la cara de Edward, su cara la viva
               imagen del odio.

               -Jake, será mejor que te controles- le contestó la voz acerada del vampiro, a
               quien yo no podía ver la cara porque aún me mantenía detrás de él. Jamás
               había escuchado esa entonación helada y amenazadora en su voz y me recorrió
               un involuntario temblor.

               -¡Eres TÚ quien debería controlarse!- esta vez Jake gritó un poco menos fuerte
               y dio un paso atrás, separándose de Edward.

               -Jacob- el tono de Edward era suave y helado; miró a nuestro alrededor y eso
               me impulsó a imitarle. Me di cuenta de que se había armado un corrillo de
               invitados, unos mirando con cara de consternación, otros asustados, algunos
               simplemente curiosos. Otros asistentes observaban desde la distancia - Estás
               preocupando – acentuó esta palabra- a tu novia y estropeando la fiesta de Anne.
               Si quieres hablar de algo vamos fuera de aquí.
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               -No voy a hablar de nada- gruñó el novio de Angela en un tono apenas
               audible.- Tú - dijo, apuntando con el índice a Edward y masticando las palabras
               con rabia- eres el que estás fuera.

               -No es algo que debas decidir tú- repuso mi escudo con una serenidad que yo
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               distaba mucho de sentir.

               -Venga ya, Jake, ¿qué os pasa a los dos?- mi amiga agarró el brazo de su pareja
               instándole a mirarla pero él no separaba los ojos de los de Edward.

               De pronto una idea me iluminó la mente y tuve que luchar para dominar los
               temblores que me acometieron. Recordé las palabras de Edward... los quileutes
               eran capaces de percibir el olor a vampiro de forma muy intensa; cuando
               conocieron a la familia Cullen sabían lo que eran, pero también que olían de
               forma diferente a otros vampiros por su dieta "vegetariana". Jacob había olido a
               Edward... y la dieta de Edward había sido un tanto diferente las últimas 24
               horas.

               Lo sabe.

               -Jake, déjalo ya- salí de detrás de la espalda de Edward.- Yo se lo he permitido -
               pronuncié con voz trémula, sintiendo que la sangre huía de mi rostro.

               Esperaba que esas palabras calmaran a Jake. Era cierto que el vampiro había
               tomado sangre humana, la mía, pero no había sido ningún crimen. Era algo
               entre nosotros.

               -Estás enferma ¿cómo puedes...?- Jake apretó los dientes, mirándome con tanto
               desprecio que casi deseé que se me tragara la tierra. Esta vez sentí arder mi
               rostro.- Me das asco- añadió.

               -¡Basta, Jake!- Angela estaba mirándolo horrorizada, como si no lo reconociera.

               De forma instantánea Edward salvó la distancia que les separaba con una
               zancada y levantó a Jacob por las solapas de la chaqueta. Las puntas de los pies
               del indio apenas rozaban el suelo.

               -Discúlpate con Bella- siseó amenazante, con su rostro a escasos centímetros
               del de Jacob.

               El indio, que tenía el rostro sofocado, intentaba soltarse del agarre de Edward
               pero no podía. Paul, Jared y Mike los rodearon instándolos a volver a la calma,
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               pero sin atreverse a tocar a ninguno de los dos. Y si la expresión de Edward,
               que me daba la espalda, era lo mitad de terrorífica que su tono de voz, no me
               extrañaba.

               -Vamos, Ed. Las cosas no se solucionan así- pidió Paul, conciliador.
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               Y en aquel momento Angela se desplomó.

               Ya no vi nada más que a mi amiga completamente desmadejada en el suelo,
               pálida como una muerta. Anne y yo dejamos de prestar atención a los hombres
               y nos arrodillamos a su lado precipitadamente.

               -¡Angela, Angela!-grité dando cachetes a la cara de mi amiga, mientras Anne le
               tomaba el pulso en el cuello.- Anne, está embarazada- susurré con un hilo de
               voz.

               -¡Dios! No tiene pulso- gritó Anne con voz deformada por el pánico.

               Sentí el hielo circulando por mis venas, y el aire escapó de mi pecho de forma
               brusca.

               Los hombres ya habían reaccionado y nos habían rodeado. Jake, situado en
               frente de mí, estaba gritándole a Angela, pero yo no entendía lo que le decía
               porque sentía un zumbido en mi cabeza. Paul se había arrodillado en el suelo a
               mi lado, y tomó el mando.

               -¡Llamad a Emergencias! ¡Está en parada cardiorrespiratoria!- gritó al público
               que nos rodeaba. Vi de refilón que varias personas tomaban su móvil al mismo
               tiempo, y también pude ver a Edward colocado al lado de Jacob, recolocando
               la cabeza de mi compañera para abrirle la boca con suavidad.- Empiezo masaje
               cardiaco. Edward, tú ventila. Jacob, aparta. Estás demasiado afectado y no
               ayudarás- ordenó Paul.

               -¡Ni se te ocurra tocarla!- chilló Jacob fuera de sí.

               Intentó empujar a Edward, pero consiguió el mismo efecto que si hubiera
               empujado la pared de la casa, momento que aprovecharon Jared, Mike y Eric,
               un residente de Urgencias al que no había visto hasta ahora, para apartarlo a
               rastras del lado de Angela. Edward acercó su boca a la de mi amiga e inyectó
               aire en sus pulmones, al tiempo que Paul desgarraba todos los botones de la
               blusa y dejaba su tórax al descubierto, empezando con las compresiones. Yo
               seguía helada en la misma posición, observando lo que pasaba con una
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               sensación de irrealidad. Unas manos me ayudaron a levantarme y me apartaron
               un poco de la escena. Continuaba con aquella parálisis cuando escuché desde
               lejos la voz de Monica.

               -Se pondrá bien, se pondrá bien...-repetía como un mantra relajante que no
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               conseguía su efecto en ninguna de las dos.

               -Controlad el tiempo-decía Paul.

               -Llevamos dos minutos- contestó Edward.

               -Tom,-llamó al residente de anestesia que había a su lado-cambio.

               Dar masaje cardiaco era una experiencia estresante y agotadora, y si se conoce a
               la víctima, muchísimo peor. No nos faltaban voluntarios para irse turnando.
               Miré a mi novio, que seguía sujetando la mandíbula y pinzando con dos dedos
               la nariz de mi mejor amiga, dándole el "beso de la vida". Su cara estaba pálida
               como la de una muerta. De pronto esta idea invadió completamente mi
               consciencia y casi no pude respirar. ¿Y si moría? Mis ojos ardieron.

               Escuché la sirena de la ambulancia. No sabía cuánto tiempo había pasado,
               quizá cinco minutos, pero fueron los más largos de mi vida. El equipo de
               paramédicos se apostó alrededor de Angela. Ahora eran ellos los responsables,
               y Paul les puso al corriente de la situación en escasos segundos, mientras uno
               de ellos le colocaba los electrodos del pequeño desfibrilador automático
               encima del pecho.

               -Está fibrilando-dijo, observando el ritmo del monitor.

               -¿Fibrilando?-murmuró Edward, y de pronto me di cuenta de que era él quien
               me estaba abrazando y no Monica. Ni siquiera había sido consciente del
               momento del cambio.

               Yo tenía la boca seca y la lengua pegada al paladar, me dolía respirar, pero
               tampoco me veía capaz de hablar aunque no hubiera sido así.

               El aparato pronunció con su voz fría e inexpresiva, pidiendo que nadie tocara a
               la paciente, y disparó una descarga eléctrica directa al corazón de mi amiga.
               Sentí como una aguja atravesando el mío cuando vi que el aparato preparaba
               una nueva descarga. Entonces la primera no había sido efectiva. ¿Y si no
               resultaba? De pronto el aire que respiraba pareció tan denso como si hubiera
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               intentado inhalar agua. Segunda descarga, y de nuevo el cuerpo de Angela se
               arqueó.

               -¡Ha entrado en sinusal! ¡Late!- Gritó el paramédico.
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               Me sentí tan ligera que casi podría volar. Abracé a Edward y enterré mi cara en
               su pecho, sin poder evitar la catarata de lágrimas que desbordaba mis ojos. Sus
               brazos me aferraban con fuerza, uno por la cintura y otro por el cuello, como si
               temiera que de un momento a otro pudiera desplomarme. Cuando volví a
               mirar los paramédicos ya habían intubado a Angela y puesto una via para
               pasarle la medicación, metiéndola en la ambulancia y llevándosela en un
               tiempo récord. Jake se había marchado con ellos.



               La sala de espera de la UCI del Hospital Northwest de Seattle era tan fría,
               estéril y despiadada como la de cualquier otro. Jake estaba sentado en una
               esquina, cabizbajo, con los brazos cruzados sobre el pecho. Cuando nos oyó
               llegar alzó la cabeza y nos dirigió una mirada fulminante. Le había pedido a
               Edward que no estuviera conmigo para no poner más difícil aún la situación,
               pero él no había cedido.

               -Quiero acompañarte,-me había dicho- no eres familia de Angela, ni te conocen
               en este hospital ¿Crees que te van a dar información de cómo está ella, así
               como así? Y creo que Jake no nos la va a facilitar.

               Tuve que darle la razón. Ni siquiera sabíamos cómo localizar a los padres de
               mi compañera, y en esos momentos nosotros éramos su única familia. Además,
               a él sí le conocían y eso facilitaría las cosas.

               Nos sentamos en el extremo opuesto de la sala de espera. Edward tomaba mi
               mano.

               -Maldito seas, Cullen-gruñó Jacob.-Te mataría sólo por haber acercado tus
               colmillos a la boca de mi novia.

               -No seas gilipollas, Black. Sabes mejor que nadie que el aire que sale de mis
               pulmones tiene más oxígeno que el de cualquiera que estuviera allá presente.
               Sólo pensé en lo mejor para Angela. Y si fueras un poco racional te darías
               cuenta-siseó mi novio.
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               -No me hables de racionalismos. No es racional que un alguien vaya por ahí
               con un corazón parado y tú lo haces. Jamás vuelvas a acercar tu boca a mi
               novia. No, jamás vuelvas a acercarte a mi novia-Jake masticó las palabras
               lentamente.
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               -Es imposible dialogar contigo, Jacob Black, los prejuicios te nublan la mente-
               suspiró Edward.

               Se hizo un denso silencio en la sala de espera que no fue roto hasta que al cabo
               de una eternidad la puerta de doble hoja se abrió y salió del recinto un médico
               de mediana edad que se directamente se dirigió hacia Jake, quien se puso en
               pie de inmediato. Por supuesto se conocían, ya que él trabajaba en aquél
               hospital. Me acerqué de la mano de Edward, colocándome al lado del indio
               enfrente del doctor, y casi pude escuchar su gruñido de advertencia, pero no
               iba a quedarme sin saber cómo estaba mi amiga.

               -Soy el doctor Laurent Gregory, el adjunto de guardia- dijo, mirándome. Debía
               ser la única a quien no conocía. -Jacob- sacudió la cabeza en su dirección-
               Edward- repitió el gesto-¿sois familia de la señorita Angela Webber?

               -No- dijeron ambos al unísono.

               -Esto es muy incómodo... sólo puedo informar a familiares directos. Lo sabéis,
               son las normas.

               -¡Oh, vamos, Laurent, no me jodas con eso!-el adjunto le dirigió una severa
               mirada.- Disculpa el lenguaje, pero ¡ella es mi novia y espera un hijo mío! No sé
               ni dónde está su familia. ¿Pretendes dejarme así?-protestó.

               -Sí, los del traslado ya nos han dicho lo del embarazo. Eh... y ¿vosotros qué
               relación tenéis con ella, Edward?

               -Es mi amiga y compañera de piso, y él es mi novio- dije rápidamente. El
               doctor Gregory me miró con curiosidad.- Soy la doctora –remarqué la palabra y
               le tendí la mano- Bella Swan.

               -Encantado, doctora Swan- me tendió su mano.-Pero usted como médico sabe
               que sólo puedo informar a familiares directos o, en su defecto, al doctor Black,
               que es lo más parecido en este momento. Claro que si a él da su permiso
               puedo compartir mi información con ustedes.
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           -No- repuso Jake secamente, sin dignarse a mirarme. El doctor Gregory no
           pudo evitar un respingo ante semejante brusquedad.

             Lo miré con los ojos como platos y las lágrimas amenazaron con desbordar mis
             ojos. El cuerpo de Edward se tensó como un arco, y su mano presionó la mía.
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             De pronto se relajó.

           -Vámonos, Bella. Laurent - hizo un gesto de asentimiento con la cabeza,
           despidiéndose de este, y tiró de mí.

           Pero tardó un segundo más de lo prudente, y en ese instante la ira me invadió,
           sustituyendo a la intensa pena que sentía en aquél momento.

           -Eres un desgraciado, Jacob Black. No te mereces a una mujer como Ángela.
           Me das asco- espeté y me marché, girando sobre mis talones.

           Jacob no se atrevió a responder, no le interesaba dar el espectáculo. Cuando
           hubimos desaparecido de su vista las lágrimas desbordaron mis ojos y empecé a
           sollozar, no sabía si lo que más sentía era rabia o dolor. Edward me abrazó y
           apoyé mi cara en su pecho. Me acariciaba la cabeza, enredando sus dedos entre
           mis cabellos con suavidad, y con la otra mano subía y bajaba por mi espalda, en
           un movimiento relajante.

           -Shh. Ella está bien. Lo he leído en la mente de Laurent- susurró en mi oído.

           Mi corazón se aligeró al escucharle.

           -¿Qué sabes? Oh, dios, Edward, qué idiota soy, a veces me olvido de tu don -
           murmuré aliviada, alzando mi cara para mirar la suya. Me sonrió con dulzura y
           pasó su dedo pulgar sobre mi piel, arrastrando con él mis lágrimas.

           -Ella está bien -repitió.-No podemos saber cómo está el bebé, pues está de muy
           poco tiempo de gestación y aún no se detecta el latido fetal. Le han tomado
           muestras de beta-HCG en la sangre para comprobar si los niveles descienden...-
           hizo una pausa, si la hormona del embarazo bajaba sus niveles... eso significaría
           que había abortado.- Por lo demás parece que no ha sufrido hipoxemia, y su
           tejido cerebral no da señales de haber resultado dañado. Por eso le han
           retirado la sedación y esperan que despierte pronto - añadió.

           Era una enorme buena noticia, de hecho era lo más importante de todo, que
           mi amiga no fuera a tener secuelas del paro cardiaco que habría sufrido.
           Porque yo confiaba ciegamente en eso.
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               -¿Pero qué le ha pasado? ¿Por qué el paro cardiaco? Angela es joven y sana.

               -Bella... le han puesto un marcapasos externo, de momento. El cardiólogo está
               todavía con ella. Tiene un síndrome del QT prolongado. Seguramente le
               implantarán un desfibrilador interno. ¿Jamás había tenido un síncope?
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               -No que yo sepa. ¿Un QT prolongado?- exhalé con fuerza- ¡Joder! ¡Vaya
               mierda! – negué con la cabeza.

               -Lo importante es que está bien - Edward seguía acariciándome la cabeza. De
               pronto me separó un poco de él y me estudió la cara.- Vamos, necesitas tomar
               algo.

               -Edward... ¿crees que el disgusto que se ha llevado Ángela con todo lo que ha
               pasado ha podido provocarle esto?- la culpabilidad me pesó sobre la cabeza
               como una losa.

               -Bella, nadie tiene la culpa de nada. No sabíamos que Angela tenía ese
               problema.- Yo asentí, no muy convencida. Sabía que el trastorno que padecía
               Angela podía provocar una arritmia en cualquier momento sin causa aparente,
               pero también sabía que las emociones fuertes podían influir mucho.

               Edward me tomó de la cintura y me condujo hasta la salida del hospital. Me
               dejé hacer sin protestar, me sentía abrumada por todas las emociones de las
               últimas horas. Arrastraba los pies, sintiendo que mis fuerzas empezaban a
               fallarme. Sin apenas darme cuenta me encontraba sentada en la mesa de un
               café cercano al Hospital, ante una humeante taza y un sándwich. Miré por el
               cristal. Era de noche, pero ¿qué hora debía ser? Recordé el restaurante de la
               Aguja. Parecían haber pasado siglos y tan sólo fue ayer.

               -Bebe. Estás tan agotada que dudo que te quite el sueño - instó Edward,
               acercándome más la taza.

               -¿Tú ofreciéndome café? Debo estar muy mal- sonreí a mi pesar.

               -La gente cambia- repuso él curvando los labios.

               Le hice caso y tomé un sorbo. El calor penetró mi cuerpo y me hizo sentir
               mejor casi de inmediato.

               -¿Cuándo crees que podré verla?
Cambio De Destino
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            -Supongo que cuando despierte de la sedación, mañana por la mañana.
            Entonces podrá decidir a quién quiere o no quiere ver.

             -Cierto- suspiré con alivio. Una oleada de rabia me invadió cuando recordé el
             impresentable comportamiento del novio de mi amiga- ¿Por qué lo ha hecho?-
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             apreté los dientes.

            -Por odio, a mí por lo que soy, a ti por estar conmigo. Jamás ha comprendido
            eso pero estaba dispuesto a no entrometerse. Ahora, con el embarazo de
            Ángela está mucho más celoso de su seguridad. Piensa que estoy descontrolado
            y que no quiere correr el riesgo de que mi siguiente víctima sea su novia
            embarazada- se asió el puente de la nariz y cerró los párpados con fuerza.-
            Dios, he hecho muchas cosas de las que me arrepiento pero me horroriza que
            alguien pueda llegar a pensar eso de mí. Por otra parte he sido un completo
            estúpido por no haber caído en que él se daría cuenta de que había bebido
            sangre humana.-Suspiró.- He roto el tratado.

            -¡No! ¿Qué... deja el tratado en paz! ¡Yo te he dado mi sangre libremente!

            -Técnicamente ayer no fue así pero...-se detuvo ante mi mirada furibunda, no
            quería volver a discutir los mismos términos.- Escucha, Bella. El pacto con los
            quileute nos comprometía a mantener nuestra dieta a base de animales como
            condición para permanecer en Forks. Vamos a tener problemas, y aquí se
            involucra toda mi familia, además de nosotros.

            -¿Tu familia?

            -Sí... los indios se tomaron nuestro pacto muy en serio, Bella. Si hay la más
            mínima duda sobre nuestro "correcto" comportamiento debemos alejarnos de
            su territorio. Jake le explicará a su padre, que es uno de los patriarcas de la
            tribu, lo que ha pasado. Sabiendo el estado de Angela...

            -Pero... pero ¿no puede Carlisle hablar con Billy o con quien sea de los
            quileute y explicar algo tan obvio como que no es lo mismo robar sangre a un
            humano que el que este humano decida entregarla?

            -Ay, Bella- suspiró él.- No los conoces. Su punto de vista parte de que no
            somos muy de fiar, pueden decir que he usado trucos de vampiro para poder
            convencerte, cualquier cosa...

            -¿Podrías hacer eso?- me terminé el café de un sorbo mientras lo observaba.
Cambio De Destino
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               -Hace mucho que no uso esos trucos, pero sí, podría intentarlo. Aunque
               contigo no sé si funcionaría.

               -Mierda. Entonces todo se basa en la confianza o desconfianza. Y con lo que
               hemos hecho hemos roto lo primero.
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               -Exactamente. Espero estar equivocado-bajó la mirada hacia el plato con mi
               sandwich.-No has probado la comida.

               -No tengo hambre. Si como algo vomitaré.

               -Está bien-suspiró.- Vámonos.

               -¿A dónde?-ni siquiera me había planteado dónde íbamos a pasar la noche.

               -A mi piso -se levantó y me tendió la mano.

               -¿Tu piso? ¿Tienes un piso en Seattle y hemos estado en un hotel?-pregunté
               confusa, mientras tomaba la mano que me tendía.

               -Sí, el hotel es mucho más romántico-me sonrió.

               -Edward Cullen, ¿hay más cosas de ti que no sepa?-lo miré con el ceño
               fruncido mientras sujetaba la puerta abierta para que yo pasara.

               -Sí. Pero lo más importante ya lo sabes -sonó su armoniosa voz detrás de mí.



               El piso de Edward estaba cercano al hospital. Me explicó que lo compró como
               inversión en la época en que hizo sus estancias en el Infantil y el Northwest. Si
               no hubiera estado tan hecha polvo física y psíquicamente habría bromeado
               sobre el tema y me habría metido con él, pero no tenía moral ni para eso. Sólo
               ansiaba meterme en la cama y dormirme entre sus brazos. Mañana me
               levantaría pronto e iría al hospital para saber de Ángela. Edward ya había
               llamado a nuestros respectivos jefes para pedirles unos días libres, cosa a la que
               ambos accedieron sin protestar. Al parecer la noticia de lo que había pasado en
               la fiesta se había corrido como un reguero de pólvora y ambos comprendían
               que quisiéramos estar aquí. Eso me hizo preguntarme cuántas versiones debían
               circular entre nuestros compañeros y qué pensarían ellos del enfrentamiento
               entre Jacob y Edward.
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             El ascensor llegó al ático y se abrieron las puertas. Edward abrió la puerta del
             piso, franqueándome la entrada. En cuanto entré las luces se encendieron solas,
             iluminando de forma cálida la estancia. Eché un vistazo rápido. Aquello tenía el
             sello de Esme. Decorado con exquisito gusto, moderno pero acogedor, como
Página | 325 la casa Cullen. Sabía por mi novio que ella se dedicaba a eso, y daba fe de que
             era muy buena en su trabajo.

            -Es precioso, Edward- susurré. Dejé mi bolso en la percha que había en el
            recibidor y me dirigí al enorme ventanal que mostraba las luces nocturnas de la
            ciudad.

            -Arriba hay más-explicó poniéndose a mi lado.-Es un dúplex.

            -Joder-susurré. Esta vez no bromeó sobre mi falta de vocabulario.

            Miré el edificio del hospital y me sentí tremendamente abatida. Comencé a
            llorar suavemente, sin sonido ni movimiento. Edward me tomó en brazos, me
            desnudó con cuidado y me acostó en la cama. Luego hizo lo mismo, nos cubrió
            con el edredón y se colocó tras de mí, abrazándome y amoldando su cuerpo al
            mío. Y así me dormí.




                                              Capítulo 33



            BPOV

            -Pueden pasar, pero sólo uno de ustedes. Y cinco minutos -remarcó la
            enfermera de la UCI.
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            Miré a Edward y él asintió. Me encaminé hacia la puerta de entrada, siguiendo
            a la adusta enfermera.

             La sala de la UCI tenía un control de enfermería en el centro y alrededor de
             este se situaban las habitaciones, sin puerta y acristaladas, de manera que desde
Página | 326
             el centro de la sala se podía controlar visualmente a todos los pacientes. Mi
             amiga ocupaba una cama en uno de aquellos cubículos. Le habían alzado el
             cabezal de la cama y estaba con la cabeza vuelta hacia la ventana, esperándome.

            Estaba pálida y lucía unas ojeras oscuras, pero sus ojos brillaban con la luz de
            siempre cuando se encontraron con los míos. Me emocioné al verla y la mirada
            se me volvió borrosa. Parpadeé varias veces.

            -Estoy bien, Bella- sonrió, tranquilizadora. Su voz estaba ligeramente ronca, por
            efecto de la intubación. Le besé la frente y me senté a su lado.- Perdona que no
            te dé un abrazo, pero es que me tienen atada- levantó un poco los brazos de la
            cama, mostrándome las vías y monitores que llevaba colocados.-Un poco
            exagerados, ¿no?-alzó las cejas y abrió mucho los ojos.

            -No sé cómo tienes ganas de bromear, eres increíble-meneé la cabeza,
            secándome con el índice la gota que corría por mi mejilla.

            -Supongo que porque no recuerdo nada. Me he despertado aquí y me he
            llevado un susto de aúpa. Imagina- suspiró.

            -¿Qué te ha dicho el médico?- pregunté cautelosa.

            -Me ha dicho que no parece que tenga secuelas del... –pareció que se le
            atragantaba la palabra- paro, y que tengo un problema del corazón que es
            solucionable colocándome un aparatito. Y que sigo embarazada- sonrió
            ampliamente, contagiándome. Qué cambio había pegado su punto de vista en
            dos días.- Oye...-hizo una pausa y se mordió el labio- he visto a Jake esta
            mañana, y no me ha querido explicar de qué iba lo que pasó entre él y Edward.
            No sé qué le ha llevado a comportarse de esa forma tan horrible, y lo siento
            mucho, Bella. Le he dicho que no toleraré que os insulte, y le he exigido una
            explicación, pero no ha habido manera, se ha cerrado en banda. Aunque estoy
            completamente segura de que tú sí sabes algo- me clavó sus ojos oscuros y
            desvié la vista hacia el monitor de constantes.
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               -Eso es algo entre ellos. No te puedo explicar nada- fruncí los labios con
               determinación. Me preocupé cuando observé que el ritmo cardiaco y la tensión
               arterial de mi amiga aumentaban ligeramente.

               -NO es algo entre ellos, Bella, ¿cómo puedes decir eso?-miró un momento por
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               el cristal y bajó el tono de voz. Me giré. Una enfermera la miraba a ella y al
               monitor en una silenciosa advertencia -¿Te parece normal que se lleven tan mal
               que hasta se insulten y casi lleguen a las manos? Ninguno de los dos es ese tipo
               de chico y lo sabes.

               -Ang, olvídalo, no servirá de nada que lo sepas- suspiré cansadamente y le tomé
               una mano, apretándola suavemente.

               -Eso lo decidiré yo. Estoy segura de que tiene algo que ver contigo, siempre han
               mantenido distancia entre ellos pero desde que sales con Edward la cosa ha
               empeorado. Pero no se me ocurre lo que pueda ser.

               Ni en un millón de años se te ocurriría, amiga.

               -Angela, ahora preocúpate de estar bien, cariño. Ya hablaremos de eso en otro
               momento-dije, para abandonar el tema.- ¿Sabes cuánto tiempo vas a estar aquí
               en la UCI?

               -Me han dicho que seguramente mañana por la mañana me pasarán a la planta.
               El cardiólogo me quería colocar un desfibrilador interno pero hace falta
               anestesia y no quieren hacerlo hasta que no esté embarazada de más de tres
               meses. Ya ves, cuando lo hagan tendré un pequeño alien en mi pecho-
               compuso una mueca.- Al menos en los aeropuertos me ahorraré la cola para
               pasar por el detector de metales.- No pude evitar que se me escapara una
               sonrisa, a pesar de todo.

               -Señoritas, fin de la visita- la enfermera de aspecto adusto se había acercado a
               nosotras.

               -Está bien. Monica y Anne te mandan saludos, tienen guardia pero mañana por
               la tarde vendrán a visitarte - me levanté y le di un beso a mi amiga.-Yo volveré
               mañana por la mañana.

               -No hace falta, no quiero que vengas a propósito desde Forks. Dentro de nada
               estaré en casa- se le iluminó la cara ante la idea.

               -No te preocupes, Edward y yo hemos tomado unos pocos días de vacaciones.
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               -¿Está fuera?

               -Sí, pero sólo han dejado entrar a uno- encogí los hombros.

               -Dale las gracias. Sé que él también me ayudó. Le arranqué la confesión a Jacob
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               esta mañana... al menos eso sí aceptó contármelo -frunció el ceño.

               - Lo haré. Mañana nos veremos en la planta- la besé de nuevo en la frente y me
               despedí.

               Edward estaba en la sala de espera. Se levantó en cuanto me vio aparecer.

               -Veo que está muy bien para todo lo que ha pasado. Es increíble- negó con la
               cabeza.

               Sonreí; Edward no solía ser admirativo con muchos humanos. Se me ocurrió
               en aquel momento que tenía que ser buena señal que él volviera a estar
               conectado con la mente de Angela.

               Nos dirigimos caminando al apartamento de Edward. Él estaba callado, y mi
               mente divagaba. Se había hecho un poco tarde. Quizá podíamos ver un poco
               más de Seattle, y luego cenar en el precioso apartamento. Una pizza a
               domicilio, o...

               -Tengo algo que decirte - Edward interrumpió mis pensamientos, y había algo
               en su tono de voz que no me gustó. Era un matiz cauteloso.

               -¿De qué se trata?

               -Mis padres están viniendo hacia aquí.

               -¿Qué? ¿Cómo?- chirrié. Él suspiró.

               -Les llamé esta noche mientras dormías. Se lo he explicado todo.

               Enrojecí furiosamente, sabiendo que un detalle tan íntimo de mi relación con
               Edward era conocido por cada vez más gente. Maldita sea. Me solté de su
               agarre y caminé rápido para separarme de él.

               -Supongo que de paso les habrás hecho un croquis sobre las distintas posturas
               sexuales que practicamos. A lo mejor ellos nos podrían dar ideas- gruñí en voz
               baja, sabedora de que me escuchaba perfectamente.
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            Apreté los dientes por la explosiva mezcla de ira y humillación que sentía
            estallar en mi pecho. En un instante lo tenía de nuevo a mi lado.

             -Bella, no saques las cosas de quicio. Si Carlisle y Esme no hablan con Billy y
             Sue, los patriarcas de los quileute, y los convencen de que lo que hemos hecho
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             no rompe el tratado, tendré que abandonar Forks.

            -Por dios, Edward, cuando hablas de lo que hemos hecho... lo haces sonar
            como algo terrible- estaba reprimiendo las lágrimas.

            -¡No! –me detuvo y me sujetó entre sus brazos, pegándome a su pecho sin
            darme opción a moverme- No es algo terrible. Es lo más cerca que puedo estar
            de ti. Sólo me importa no poder quedarme en Forks por estar cerca de ti, por
            no alterar tu vida más de lo que ya lo estoy haciendo. Y porque no quiero que
            lo que hago perjudique a mi familia.

            Su cercanía siempre me alteraba, y aunque lo que decía me llegaba al corazón
            necesitaba separarme de él para poder pensar con claridad. Había tenido
            demasiadas emociones las últimas horas y necesitaba poner en orden mis ideas
            con urgencia.

            -Déjame, por favor- apenas terminé de pronunciar las palabras y me había
            soltado. No me atrevía a mirarle a la cara o no podría pronunciar las siguientes
            palabras.- Quiero estar sola. No me sigas.

            Terminando de decir esto giré y me dirigí a tomar el primer taxi que pude
            parar.

            EPOV

            Me quedé mirando por donde se alejaba el taxi. ¿La seguía? Me había pedido
            que no lo hiciera. ¿Y si no volvía? ¿Estaría segura ella sola andando por las
            calles de Seattle? Pronto oscurecería, y sentí inquietud ¿Y si encontraba que su
            vida era demasiado complicada por mi culpa y no la volvía a ver? Sentí una
            punzada de dolor. Calma, Edward, calma. Me quedé allá clavado como una
            estaca durante no sé cuánto tiempo hasta que sonó mi móvil. Miré la pantalla.
            Jasper a veces tenía el don de la oportunidad.

            -Dime, Jasper- murmuré.

            -¿Sucede algo?- inquirió. Él era muy empático pero no hacía falta ser muy
            perceptivo para saberlo.
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            -Nada que deba preocuparte. ¿Por qué llamabas?-soné impaciente. Quería
            centrarme en el problema que tenía con Bella.

             -Veo que no quieres hablar de ello. Entonces seré breve. Quería decirte que
             Carlisle nos ha llamado a toda la familia. Me ha encargado que te dijera que
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             hemos quedado en reunirnos todos mañana en Seattle. Al fin y al cabo
             teníamos una reunión familiar dentro de un par de semanas, sólo se trata de
             adelantarla.

            -¿Sólo? Por dios, Jasper, ¿sabes cómo se pondrá Bella cuando se entere? No,
            no lo sabes.

            -Sí sé. Carlisle nos ha contado de qué va el problema- repuso Jasper
            tranquilamente.

            Me pasé la mano por el pelo, a punto de un ataque de nervios. Hasta ahora
            estaba acostumbrado a la falta de intimidad cuando convivía con mi familia, y
            ellos soportaban estoicamente mi don, pero ahora veía la situación con la
            perspectiva de los ojos de Bella, y sofoqué un quejido. ¿Cómo le podía explicar
            eso a Bella, habiendo reaccionado tan mal cuando creía que sólo lo sabían mis
            padres? Bastante duro había sido para ella sentirse juzgada por Jacob y sentirse
            absurdamente culpable de lo que le había pasado a Angela. Ahora nuestras
            relaciones íntimas eran objeto de conversación en mi familia y pronto serían
            motivo de discusión con los indios. Me dieron ganas de mandarlo todo a la
            mierda. Sólo quería estar con ella. ¿Por qué tenía que ser tan complicado?

            -Jasper, Bella acaba de irse y no sé dónde. No le ha sentado muy bien todo este
            asunto.

            -Puedo entenderlo. ¿Y tú, cómo lo llevas?

            -A mí todo me da igual, sólo me importa ella. No sé qué hacer, se ha ido, me
            ha dejado plantado en mitad de la calle y me ha dicho que no la siga.

            -Creo que deberías ir a buscarla ¿Quieres que te ayude a encontrarla? Si me
            das su número rastrearé su móvil. Es fácil. También me sirve el número de su
            tarjeta visa, en cuanto la use, claro- sonreí. El tranquilo y sincero Jasper, el
            complemento ideal para el manojo de nervios que era Alice.

            -No, sólo me faltaba eso para que se sintiera agredida en su intimidad. Pero
            gracias. Espero encontrarla yo solo.
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               -Tus habilidades como rastreador dejan mucho que desear, tío, pero tú mismo.
               Si me necesitas házmelo saber.

               -Gracias.
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               Me despedí de él y colgué. Marqué el número de Bella y me saltó el
               contestador automático. Apagado. El mensaje estaba claro. Quería que la
               dejara tranquila. Suspiré y por fin tomé una decisión.

               BPOV

               -¿Nos haces una foto, por favor?-me sobresalté y me viré.

               Una pareja joven se había acercado a mi lado mientras observaba por el
               ventanal. El chico me tendía una cámara.

               -Claro que sí- sonreí como pude y tomé la cámara. Mientras enfocaba a la feliz
               pareja pensé por qué no podía yo tener una relación normal, como mucha
               gente, sin tantas... complicaciones.

               Con Edward me sentía más viva que en toda mi vida, y estaba segura de que
               jamás iba a conocer a un hombre que me hiciera sentir como él, vibrante,
               completa, seductora, amante y amada. Pero aún tenía que averiguar si podía
               pagar el precio de todo eso. Me sentía deprimida y sin energías, cansada de
               todo. Miré el paisaje de Seattle desde lo alto de la Aguja espacial y de pronto
               me sentí muy sola y muy lejos de casa. Tomé el móvil y lo encendí.

               -¿Cariño?

               -Hola, mamá.

               -¿Estás bien?

               -¿Es que necesito estar mal para llamar a mi madre? Sólo quería saber de
               vosotros. Os... Os echo de menos- sofoqué las lágrimas que querían escapar de
               mis ojos.

               -¿Estás bien con Edward?-sonó preocupada.

               -Sí- hice una pausa.- No. Bueno, estamos bien, pero hemos tenido una
               discusión.
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               -Cariño, tómalo por el lado positivo; sin discusiones no se avanza en una pareja.
               Si no hay discusiones significa que alguien está cediendo siempre. Lo
               importante es no dejarse llevar por la ira, no hacer o decir cosas de las que te
               arrepientas más tarde.
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               -Supongo- me mordí la punta del dedo pulgar.

               -Cuando os serenéis podéis hablar las cosas con más calma.

               Como si esto se fuera a solucionar hablando con calma. Mi madre intentaba
               ayudarme, pero sin saber la verdad poco podía hacer. Y si le explicara el
               verdadero motivo de la disputa pensaría que me había dado un brote psicótico.
               Inspiré y exhalé profundamente.

               -Bella- continuó mi madre.- Os queréis. Todo lo demás es secundario.

               ¿Todo, mamá?

               -¿Va todo bien por allá?

               -Oh, sí, hace muy buen tiempo. Tu padre y yo estamos planificando las
               vacaciones. Como siempre, las negociaciones son más duras que las de un
               convenio sindical, pero estamos empezando a ponernos de acuerdo en algunos
               puntos. ¿Vendrás a visitarnos este verano? En un par de días te quitarías esa
               palidez y en unos pocos más hasta estarías morenita.

               -Mamá, ya sabes que soy resistente a los rayos solares. Mi piel refleja la luz pero
               no la absorbe -sonreí al teléfono.- Sí, supongo que iré. Tengo ganas de veros.

               -Si no puedes házmelo saber e iremos Charlie y yo- de fondo se escuchó una
               voz.-Es Bella, Charlie- ahora un gruñido de fondo- Dice que si no vienes a
               vernos irá a buscarte y te traerá para acá.-Más gruñidos.- Y que te puedes traer
               al paliducho de tu novio pero que dormiréis en habitaciones separadas.

               -¡Mamá! Dile a papá que ya no soy una niña - protesté.

               -Hija, estaba bromeando- tomó mi padre el teléfono.- ¿Es que ya no tienes
               sentido del humor? Aunque no me niegues que a tu chico le hace falta una
               sesión de rayos UVA.

               ¿Charlie bromeando? Si no me hubiera pillado desprevenida habría pillado la
               broma. Quizá estaba un poco a la defensiva en lo que a mi intimidad se refería.
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               -Oye- continuó- el otro día me encontré con María y su marido. Me dio
               recuerdos para ti, y dice que espera verte en verano.

               -Ya. Si la vuelves a ver le das recuerdos también, no he hablado con ella hace
               tiempo.
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               Charlé un poco más con mis padres y colgué. Ahora me sentía peor que antes.
               María había sido mi mejor amiga hasta que se había casado. Desde que estaba
               en USA no había recibido ni una sola llamada suya. De hecho desde que
               estaba en USA las únicas llamadas regulares habían sido de mis padres, con la
               excepción de alguna llamada ocasional de una amiga del hospital o de la
               facultad. Estaba perdiendo el contacto con mi pasado. ¿Quería eso?

               Me sentía como siempre, como si dos mundos tiraran de mí en direcciones
               opuestas. Apoyé la frente contra el frío cristal y los antebrazos en la barandilla
               del ventanal, sintiendo mi pecho pesado. Afuera ya había oscurecido y a mi
               alrededor había cada vez menos turistas. Miré hacia abajo, observando las luces
               del tráfico callejero. Pensé en Angela, en Edward... Edward. Tenía que
               llamarle, estaría preocupado.

               De pronto sentí mi vello erizarse y supe con seguridad que él estaba aquí. Miré
               hacia arriba y vi su reflejo en el cristal, detrás de mí.

               -¿Cómo me has encontrado?- le pregunté a su reflejo.

               -No lo sé. He pensado que estarías aquí. ¿Quieres que me vaya? - pronunció su
               aterciopelada voz.

               Se acercó tanto que percibí su aroma. Inspirarlo alivió inmediatamente el peso
               en mi corazón.

               -No...

               Me giré y levanté la cabeza para encontrar sus iris color miel. Entonces me fijé
               en que tenía un paquete en la mano. Él siguió la dirección de mis ojos.

               -Es una tontería... se me ha ocurrido que a lo mejor te apetecía- dijo
               tímidamente, y me lo tendió.

               -¿Qué es?- tomé el paquete y leí las palabras del envoltorio; durante un breve
               instante no comprendí pero al final reí entre dientes.- ¿Es lo que me imagino?
               –El asintió con cara de niño inocente.
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               -El otro día te quedaste sin postre por mi culpa. No podía hacer otra cosa que
               solucionarlo- siguió mirándome con aquella cara de no haber roto un plato.

               -Teóricamente la culpa fue mía, o eso dijiste- me sonrojé por el recuerdo.
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               -Dejémoslo en culpa compartida.- Dudó un instante- Bella, antes de nada he de
               darte otra noticia no muy agradable-se detuvo, esperando.

               -Adelante.

               -Va a venir toda mi familia, se ha adelantado la reunión que estaba prevista para
               dentro de dos semanas. Y...-frunció el ceño y me miró con culpabilidad- parece
               que todos saben lo del problema con los indios.

               Me eché para atrás, chocando contra el cristal. Abrí la boca y la cerré, porque
               no sabía ni que decir. Enrojecí por enésima vez.

               -¿Qué pensarán de mí? ¿Era necesario que lo supieran?

               -Lo siento- negó- digamos que en mi familia no hay mucho espacio para la
               intimidad. Tendré que hablar con ellos, Bella. Escucha... vámonos de aquí, a
               otro lugar, nosotros dos solos. No tienes por qué aguantar que ni Jacob ni nadie
               te insulte.

               -¿Y tu familia?

               -Tú eres lo primero. No tienes por qué verles si eso te incomoda. Lo siento -
               repitió.- Dime qué puedo hacer para que te sientas mejor- sus ojos brillaban
               con un anhelo irresistible.

               Lo pensé durante un momento. Mirando al hombre, al ser que tenía ante mí,
               de pronto lo tuve todo claro. No tenía absolutamente nada de que
               avergonzarme. Lo amaba profundamente y le había entregado mi cuerpo por
               completo. Y casi toda mi alma. No había nada malo en ello, ni nada por lo que
               avergonzarse.

               -Llévame a tu casa.

               -¿Vienes conmigo?- el ámbar de sus ojos brilló y sentí la casi irrefrenable
               necesidad de echarme en sus brazos.

               -Sí, vamos a casa.
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                                                  Capítulo 34



               -Oh, por dios, esto está tan bueno que debe ser pecado -exclamé entusiasta
               mientras me metía la cuchara en la boca.

               Estaba sentada frente a la mesa de la enorme cocina. ¿Para qué querían una
               cocina tan grande unos vampiros? Es lo mismo que pensé cuando vi la de la
               casa Cullen. Edward estaba a mi lado y su expresión era tranquila, sus ojos
               permanecían claros, aunque viajaban del pastel a mi boca con cada una de las
               cucharadas que daba.

               -¿Cuál era tu comida favorita cuando eras humano?

               -No recuerdo bien. Pero seguro que no era el pastel de chocolate- sonrió
               torcido y mi corazón respondió con unos cuantos latidos de más.

               -Es uno de mis dos sabores favoritos- me sonrojé y seguí mirando el pastel.

               Sentí el peso de su mirada y alcé los ojos. Me miraba con intensidad,
               acariciándose el labio inferior con el índice, pero no había cambios en sus iris.
               Tomé otra cucharada del postre y la dirigí hacia mi boca. Su mano me detuvo
               sin que ni siquiera la hubiera visto venir.

               -Déjame probar- pidió suavemente. Demasiado suavemente. Mi vello se erizó
               de anticipación.

               Tomó la cuchara de mi mano con delicadeza y se la acercó a la boca. Probó el
               dulce con la punta de la lengua, y lo observé hipnotizada. Me clavó la mirada
               dorada y, sin dejar de observarme, me acercó con cuidado la cuchara a la boca,
               que abrí de forma automática. El sabor dulce se fundió con mi lengua, en mi
               garganta. Entonces Edward partió un pedazo del pastel con ayuda de la
               cucharilla y lo tomó entre dos dedos, acercándolo a mis labios con cuidado.
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             Tragué en seco al ver ese gesto. Edward y chocolate. Mis dos sabores favoritos
             para tomar al mismo tiempo. Metí sus dedos en mi boca y, cerrando los
             párpados, lamí y chupé a conciencia, pasando mi lengua por todo el contorno
             de su piel hasta que sólo noté su sabor en mi lengua. Abrí los ojos y esta vez su
Página | 336 expresión provocó una contracción casi dolorosa en mis entrañas. Su rostro de
             ángel lucía ahora una máscara de pura lujuria y sus ojos eran azabache ardiente.
             De pronto sentí que el aire se movía a mi alrededor y me vi sentada en la fría
             encimera de la cocina, con las piernas pegadas a las caderas de Edward.
             Apoyaba sus brazos a cada lado de mi cuerpo, rodeándome, encerrándome,
             sonriendo como un cazador que acaba de atrapar a su presa.

            -Odio que hagas eso -puse las manos contra su pecho pero no hice esfuerzos
            por apartarle. Lo miré de hito en hito, intentando controlar mi respiración.

            -¿El qué? -preguntó, su sedosa voz teñida de infinita y falsa inocencia.

            -Manejarme de esa forma, como... como si fuera una muñeca de trapo.

            -¿En serio lo odias?-sonrió malicioso y una de sus manos ascendió entre mis
            muslos, rozándome apenas la piel. Mi traidor cuerpo respondió al instante.

            -Ajá- no pude articular más.

            -¿Y por qué te noto así si lo odias? -murmuró al tiempo que rozaba mis
            literalmente empapadas braguitas. Ahogué un jadeo.

            -Es una reacción fisiológica involuntaria, deberías saberlo, doctor -contesté con
            dificultad.

            -¿Y esto?-sentí su labios sobre mi cuello. Mi pulso golpeaba furiosamente
            contra la pared de mis arterias y percibí sobre mi piel su sonrisa.

            -In...voluntario-contesté en un hilo de voz, manteniendo las palmas de mis
            manos contra su duro pecho.

            -¿Y esa respiración?-susurró a pocos milímetros de mi boca mientras uno de
            sus largos dedos se abría paso entre mis pliegues.

            -Lo...mismo-musité ya sin aliento.

            -Ya... pues adoro esas reacciones involuntarias... como ésta- susurró rozándome
            apenas un pezón, duro hasta lo imposible. Todo su cuerpo transpiraba deseo y
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               sentí arder la sangre en mis venas- Voy a ver si descubro unas cuantas más.
               Tenemos algo pendiente en una encimera, ¿recuerdas? -su voz era ronca,
               sensual. Su dedo se retorcía en mi interior, provocándome deliciosos
               espasmos.
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               -Eso... es en... mi casa -no iba a rendirme sin luchar.

               Lo deseaba, oh, sí, y tanto que lo deseaba, cada poro de mi piel le llamaba,
               cada célula de mi cuerpo le necesitaba, pero una parte de mí quería ponerle las
               cosas un poco difíciles. Luchar. Sólo un poquito.

               -No me gusta dejar cosas pendientes. Dios, estás tan mojada, amor... no puedo
               esperar a estar dentro de ti - se inclinó y en un instante me había despojado de
               mis braguitas. Escuché el sonido de la cremallera de su pantalón y con un solo
               movimiento se hundió en mi interior.

               Un quejido escapó de lo más profundo de mi pecho. Bandera blanca. Si no
               puedes con tu enemigo únete a él. Rodeé su cuello con mis brazos, y mis
               tobillos se cruzaron tras su cuerpo pegándose a sus nalgas, acercándolo más
               todavía a mí. Profundamente.

               -Más.

               -¿Eso ha sido una palabra involuntaria?-susurró burlón retirándose un poco.
               Maldito vampiro.

               -Más. Fuerte. Ahora. Son tres. - entrelazada con su cuerpo, me adherí a él. La
               sensación de estar completamente llena era embriagadora. Volvió a retirarse
               casi completamente y me quejé por el vacío.

               -¿Lo quieres duro?- no esperó mi respuesta y me agarró ambas nalgas,
               invadiéndome con fuerza de nuevo.-Quiero oírte gritar de placer, cariño.

               Asaltó mi boca con un beso hambriento, necesitado, voraz. Embistió
               enérgicamente una, otra vez, devorando mis gemidos, que eran cada vez más
               fuertes. Una de sus manos se deslizó entre los dos, acariciando mi hinchado
               clítoris. Mi vientre se contraía, todas mis percepciones concentradas en aquella
               zona, hasta que sin previo aviso el nudo estalló. El placer se expandió tensando
               todo mi cuerpo, mis terminaciones nerviosas vibrando al mismo tiempo.

               Grité aferrándome a él mientras sentía mi liberación. Un rugido profundo hizo
               vibrar mi pecho cuando los ecos de su orgasmo me alcanzaron.
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               Nos quedamos abrazados durante unos minutos, recuperando la respiración.
               Por lo menos yo.

               -¿Esto último también ha sido involuntario?-rozó mis labios con los suyos.
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               -Totalmente -reí, y su boca me envolvió en un tierno beso.



               El sol ya debía estar alto y la luz del día entraba con fuerza por la ventana del
               dormitorio cuando me desperté al día siguiente. Me desperecé y vi que Edward
               no estaba a mi lado en la gran cama de matrimonio donde habíamos pasado la
               noche desnudos el uno en brazos del otro. Me puse la bata y fui a meterme en
               el cuarto de baño cuando un ruido en el piso de abajo me detuvo. Me quedé
               congelada. Ya no estábamos solos. La familia Cullen al completo estaba fuera
               de las protectoras puertas de la habitación. Y no había escaleras de incendio ni
               nada parecido por donde huir.

               Tonta Bella, sólo son unos cuantos vampiros. Que saben que no te importa
               compartir tu valiosa sangre con uno de ellos.

               Me había quedado congelada con la mano aferrando el pomo de la puerta del
               baño. No estaba preparada. No. Tuve un ataque de pánico como el que me dio
               cuando de pequeña tenía que salir en una obra de teatro y eché un vistazo a
               través de la cortina a todo el público que había en la sala. Tragué saliva. Casi
               salté sobre mis pies cuando llamaron a la puerta.

               -Bella- Edward entró y cerró tras de sí. Ya estaba vestido, una camiseta negra de
               cuello en pico suelta sobre los vaqueros desgastados que, sin ser ajustados,
               marcaban sus caderas y piernas de una forma ilícita. Si no hubiera estado al
               borde de la catatonia me habría alterado mucho al verle así, pero no podía
               alterarme mucho más.

               -Bella- repitió plantado ante mí, su expresión una mezcla a partes iguales de
               preocupación y diversión- mi familia está aquí... han llegado esta noche y he ido
               a recibirlos. Quería dejarte un rato a solas para que te vistieras sin prisas pero
               abajo están preocupados por tu ritmo cardiaco.

               Yo seguía allá plantada, con la mano en el pomo de la puerta, mirándolo
               estúpidamente.
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               -Isabella Swan, reacciona. Estoy empezando a preocuparme -me tomó la cara
               entre ambas manos. Ahora la ansiedad ganaba a la diversión en su expresión.
               En aquel momento llamaron a la puerta, y Alice y Rosalie entraron sin esperar
               respuesta.
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               -Vamos, hermanito. Lárgate, esto es cosa nuestra -afirmó Alice, al tiempo que
               señalaba con el pulgar por encima de su hombro.

               Ella y Rose me flanquearon y se metieron conmigo en el baño, cerrando la
               puerta en la cara de mi novio, cuyos reflejos vampíricos no le habían preparado
               para el ataque de sus hermanas. Pude escuchar un bufido al otro lado de la
               puerta.

               -Bella, si me necesitas sólo llámame-escuché la voz de Edward al otro lado de la
               puerta y luego el sonido de un portazo.

               -Vamos, chica, ¿qué te pasa? Ya nos conoces a casi todos. Y te aseguro que
               Jasper no se come a nadie. - Rose colocó sus manos sobre mis hombros y me
               miró con ojos afectuosos.

               -No, ya hace mucho tiempo que no hace eso - declaró Alice con solemnidad.
               Rosalie le dirigió una mirada asesina.-Perdona, cariño, sólo era una pequeña
               broma- me abrazó efusivamente.- Entiendo que no es el momento. Eh, sólo es
               una pequeña reunión familiar. Mira, te dejo aquí con Rosalie y voy a buscar
               algo para vestirte. -Sus ojos chispeantes me pidieron permiso y asentí. No sería
               capaz ni de elegir por mí misma algo que ponerme.

               Rosalie me tomó del brazo y me sentó en un taburete que había en el baño,
               sentándose ella misma en el borde de la bañera.

               -Bella, no estarás así por nosotros -me miró con tanto afecto y preocupación
               que me forcé a reaccionar. Medí bien mis palabras, sabiendo que lo más seguro
               es que fueran escuchadas también en el piso inferior.

               -Supongo que es un poco de todo. Hasta ahora no había estado con todos
               vosotros juntos, y si ya impone la familia política imagina en vuestro caso.
               Además... –me sonrojé- todos sabéis que es lo que ha forzado esta reunión.

               -Lo único que ha forzado esta reunión es la cabezonería de Jacob y la
               desconfianza que nos tiene. Lo que tú y Edward hagáis en privado a él no le va
               ni le viene.
Cambio De Destino
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               -¿Y tú qué piensas?- pregunté tímidamente.

               -No es importante lo que yo piense. Métetelo en la cabeza, cuñada- sonrió al
               decir la palabra. – Pero si de veras quieres saberlo, te diré que me parece muy,
               muy... sexy.
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               -¿Sexy?

               -Ajá- bajó muchísimo el tono de voz, convirtiéndose en apenas un suspiro,
               tanto que tuve que acercarme más para escucharla.- Ya tengo a Emmet y es el
               amor de mi vida, pero si amara a un humano y este me ofreciera su sangre... –
               puso los ojos en blanco- Piensa que los vampiros disfrutamos como locos sólo
               con dos cosas: la sangre y el sexo. Por eso después de irnos de caza estamos tan
               salidos- rió.- Tú se lo das todo a Edward. Guau.-me miró con intensidad.

               Me sonrojé hasta la raíz del cabello. Estaba bien que Rose fuera sincera, pero
               por un momento sus ojos se habían oscurecido y eso no contribuía a mi calma,
               precisamente.

               -¿Pensarán todos lo mismo?

               -No sabría decirte, pero diría que sí. Pregúntaselo a Edward, a estas alturas ya se
               habrá hecho una idea de lo que pasa por las cabezas de todos los presentes-
               sonrió con expresión de fastidio.- La suerte que tienes de ser opaca para él.
               Eres su mujer ideal...

               Alice irrumpió en el baño interrumpiendo la conversación. Llevaba en una
               mano una percha con un vestido, y en la otra un conjunto de ropa interior.
               Fruncí el ceño.

               -Alice, eso no es mío -miré confusa aquella preciosa prenda.

               El día anterior había comprado algo de ropa informal y algunas mudas de ropa
               interior en un centro comercial cercano al hospital, ya que lógicamente había
               venido sin nada de equipaje desde Forks.

               -Es un regalo para ti. Me gustaría que lo llevaras -sonrió espectacularmente.
               Antes de que pudiera decir nada levantó la mano para detenerme.- Bella,
               Edward me dijo que tienes un problema con los regalos. Esto lo he hecho yo
               misma en mi taller, no me ha costado nada más que un poco de tiempo. Y ya
               sabes que no duermo, así que tiempo tengo de sobras.
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               -Pero... –me detuve y suspiré. No podía rechazar un regalo tan gentil.- No
               tenías que haberte molestado, Alice. Muchas gracias –parpadeé repetidas veces,
               emocionada.

               -La verdad es que siempre siento la necesidad de disculparme contigo por lo
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               borde que fui la primera vez que nos vimos.

               -Ya lo has hecho. Diez veces o veinte, Alice-repuse tomando el vestido de sus
               manos y mirándolo apreciativamente.-Y quiero puntualizar que no tengo
               problema con los regalos, sino con no poder corresponder adecuadamente a
               ellos. La gente normal no va regalando coches de lujo por ahí, y si a alguien le
               pasa eso debería ir al psiquiatra a que le trataran ese desorden compulsivo -
               pronuncié en un tono de voz más alto, para que ese "alguien" captara
               correctamente el mensaje.

               Alice y Rosalie rieron. Moví la cabeza, recordando la discusión con Edward
               cuando se empeñó en comprarme un coche, y no uno cualquiera sino un
               Volvo s80 que costaba cerca de 70.000 dólares. Le juré que si lo compraba sin
               mi permiso no iba a subirme a él ni de acompañante y al final se rindió, no sin
               antes renegar de forma repetida contra mi testarudez.

               -Es diseño original mío, compuesto cien por cien de tejido de cultivo biológico,
               y todos los tratos comerciales para obtener la prenda siguen el sistema de
               comercio justo- sonrió orgullosa.

               -Es demasiado bonito para llevarlo ahora, Alice. Más tarde voy al hospital a
               visitar a Angela.- Entonces ella hizo "aquello". Compuso un puchero en su
               hermosa carita de duendecillo que me hizo reír.-Vale, vale, pero recuérdame
               que no te vuelva a mirar cuando pongas esa cara, con ella podrías conseguir
               cualquier cosa de mí.

               -Bueno es saberlo-arqueó ambas cejas.-Ah, viene con zapatos a juego.

               Ahora ya qué le iba a decir... se retiraron del baño y me dejaron intimidad para
               asearme y vestirme. Cuando estuve preparada salí a la habitación y para mi
               sorpresa mis cuñadas habían desaparecido, siendo sustituidas por mi novio,
               quien en este momento me estaba devorando con los ojos.

               -Conque tengo un desorden compulsivo.
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               -Sí, obsesivo compulsivo - le desafié con la mirada, alzando el mentón, aunque
               mi corazón estaba volviendo a sufrir taquicardia... pero esta vez por otro
               motivo.

               -El único desorden obsesivo que padezco se llama Isabella Swan... Estás
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               radiante. Me parece que voy a mandar a mi familia a la calle y voy a asegurar la
               puerta del piso para que no vuelvan a entrar- dio un paso hacia mí.

               -¡Si haces eso la tiraré al suelo!-escuché gritar a Emmet desde el piso inferior.

               Vale, cero intimidad a partir de ya. Métetelo en la cabeza, Swan.

               -Bienvenida a la falta de intimidad, Bella -resopló Edward, haciéndose eco de
               mis pensamientos.- Bajemos antes de que Emmet suba y te cargue sobre su
               hombro en plan troglodita. Si no lo ha hecho ya es porque Rosalie lo tiene
               amenazado, ya sabes lo efectiva que es- sonrió mientras me tendía el brazo.

               Enrosqué su codo con el mío y salí por la puerta. Las piernas me temblaban un
               poco pero las ignoré. Más o menos.

               Cuando llegué al salón me encontré con la familia Cullen al completo como si
               posaran para una postal de navidad. Carlisle y Esme estaban sentados en el sofá
               cogidos de la mano, Rosalie y Emmet de pie junto a la chimenea, y Alice
               sentada en el reposabrazos del sofá. De pie a su lado un rubio impresionante
               me miraba y sonreía ampliamente. Edward me condujo hasta él.

               -Bella, este es Jasper- nos presentó y nos dimos un apretón de manos mientras
               cada uno estudiaba al otro. Era francamente guapo, como todos los Cullen,
               alto, rubio, mirada color miel... Y una sonrisa que desarmaba a cualquiera.

               -Me alegro de conocerte por fin, Bella-dijo, y me sorprendió plantándome un
               beso en cada mejilla.

               -Es un placer. Hace tiempo que quería darte las gracias en persona por
               ayudarme con lo de Daniel.

               -Lamento no ser más útil con eso. Tengo mis teorías, pero luego te las
               explicaré- su voz perfectamente modulada y su expresión calma tenían un
               efecto profundamente relajante. ¿Podría ser el único Cullen a cuyo don no
               fuera inmune?
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           Parecía que hoy era transparente, porque como si hubiera leído mi
           pensamiento Alice contestó.

             -Está claro que también eres inmune al don de Jasper, porque cuando hemos
             escuchado el galope de tu corazón ha intentado calmarte, pero no ha habido
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             manera.

           ¿No? Entonces simplemente se podía decir una cosa. Jasper era de esas
           personas que podían caerme bien a simple vista. Muy bien.

           Me acerqué a saludar a los demás y todos me dieron dos besos, cosa que
           agradecí porque sabía que ellos normalmente no eran nada efusivos con los
           humanos, pero con ese gesto me estaban mostrando que podía confiar en ellos.
           Me senté en el otro sofá enfrente de Esme y Carlisle al lado de Edward, quien
           tomó mi mano tranquilizándome. No los había visto desde la noche en que me
           rescataron en la carretera.

           -¿Cómo está tu amiga, Bella? Edward nos ha explicado que ha podido hablar
           contigo -inquirió Carlisle.

           -Oh, se encuentra muy bien- sonreí y les puse en antecedentes sobre el estado
           de Ángela.- Probablemente esta tarde la pasen ya a la planta- terminé.

           -Está en buenas manos, Bella, conozco al jefe de cardiología del hospital y son
           gente muy competente -me tranquilizó Carlisle.- El único problema es que está
           embarazada y no querrán colocarle el desfibrilador interno hasta que no esté de
           tres meses. Pero una vez lo hagan y siguiendo los adecuados controles podrá
           estar tranquila.

           -Sí, eso mismo me dijo ella, que de momento no se lo iban a poder colocar- de
           repente se me ocurrió algo que no había pensado. Si había riesgo, aunque fuera
           ínfimo, de que lo sucedido se repitiera hasta que no se hiciera la intervención
           definitiva... ¿qué iba a pasar?

           -Bella- Esme me sacó de mis divagaciones,- queremos que sepas que
           lamentamos mucho estar aquí por el motivo que estamos. Creo que hablo por
           todos cuando te digo que no te sientas mal por lo que ha pasado. Es triste que
           un acto de amor se manipule para convertirlo en motivo de ofensa y
           escándalo.- Esme habló con serenidad y autoridad y todos asintieron. En aquel
           momento me pregunté a qué narices había esperado tanto para reunirme con
           ellos.
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            -Gracias, Esme. No te imaginas lo que significan esas palabras para mí, después
            de lo del domingo.

             -La reunión con Billy y Sue es esta tarde. Ellos actúan como representantes de
             los indios y Esme y yo hablaremos por nuestra familia. Pero hemos querido
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             reunirnos todos para mostraros a Edward y a ti nuestro apoyo -explicó Carlisle.-
             Aunque tengo que decir que cuando me enteré de que Edward había bebido
             de tu sangre lo primero que hice fue montar en cólera, así que lo admito: no
             espero grandes cosas de esta reunión. Pensé que mi hijo se había trastornado.
             Por teléfono le llamé egoísta, imprudente y cosas peores. Fue Esme quien me
             hizo entrar en razón. En mis más de tres siglos no he sabido de ninguna
             relación como la vuestra. No podía saber qué pasaría y pensaba que Edward
             tampoco y eso fue lo que me enfureció. Pero parece que vosotros dos os habéis
             dejado llevar por un instinto que supera mis conocimientos, y habéis confiado
             plenamente el uno en el otro.

            Miré a Esme. Su aspecto era el de una mujer en la treintena pero me sonreía
            con un cariño tan maternal que Renée se habría puesto un poco celosa. Me
            sentí agradecida por su forma de proteger la relación de Edward conmigo. Y
            tenían razón. Mi confianza en Edward iba más allá de lo racional, era algo
            completamente instintivo, y por lo tanto su fuerza era inexplicable en palabras.

            Y, de nuevo, me pareció que todos mis pensamientos y sentimientos eran
            captados.

            -Ya sé que te lo habrán dicho antes, Bella, pero no te imaginas lo feliz que soy,
            que somos todos, viendo a Edward tan radiante -miró a su hijo adoptivo con
            calidez infinita.- Eres lo mejor que le ha podido pasar.- Pensé en las dudas que
            tenía sobre mi transformación en vampira y Esme continuó, dejándome
            literalmente alucinada.- Y aunque no estés decidida aún a dar el paso para ser
            una de nosotros no te sientas agobiada, cuando sea el momento tomarás la
            decisión correcta.- Pensé que Esme tenía muy claro cuál sería esa decisión o no
            apoyaría con tanto ahínco nuestra relación.

            Edward carraspeó.

            -Mamá, tema tabú, ya te lo dije- la reprendió Edward con suavidad.- Lo siento
            Bella - dijo ansiosamente, observando mi expresión.
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               -No... Tranquilo. De hecho lo que me pasa es que parece que todo el mundo
               aquí lee mis pensamientos- contesté con los ojos muy abiertos. Todos
               sonrieron abiertamente excepto Emmet, que soltó una risotada.

               -Edward no está tan acostumbrado como nosotros a leer el lenguaje corporal
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               por su don, que le ha atrofiado la percepción de las expresiones del cuerpo
               humano, Bella. Pero el resto de vampiros que no compartimos el don de leer
               la mente podemos estudiar una cara y un cuerpo humanos con bastante acierto-
               explicó el grandullón de los Cullen.-Y tú además eres transparente como el
               cristal, cuñadita. No juegues nunca al póker.

               -Vaya-repuse, sin más palabras.

               El resto de la reunión transcurrió de forma mucho más agradable de lo que
               había imaginado en mis fantasías más optimistas. De forma natural fui
               hablando con cada uno de los Cullen, mientras los demás se ponían al día entre
               ellos. No era como comer juntos. Era mejor, porque en ese caso me habría
               encontrado comiendo sola con todos observándome. Parecía un baile, donde
               todos íbamos cambiando de pareja cada x tiempo, disfrutando de la compañía
               de todos.

               En un momento dado me encontré sentada en uno de los sofás con Jasper a mi
               lado y Alice a su lado en el reposabrazos.

               -Como te habrá explicado Edward, sabemos que Jane Smith es un nombre
               falso, puesto que los datos personales de esa persona y de su hijo "nacen" en
               Forks. La gente no va por ahí cambiando de identidad porque sí. Mi teoría es
               que esa mujer trastornada debió haber cometido algún delito y escapó hasta
               aquí, quizá cambió de país. Cuando volvió a delinquir y se sintió sorprendida
               por ti huyó. Por lo que he leído de ese tipo de problema psiquiátrico es
               bastante probable que el delito que cometió estuviera relacionado con lo
               mismo. Pero además esa mujer es inteligente y sabe esconderse. Puede que
               también padezca algún tipo de trastorno de la personalidad.

               Me estremecí al escuchar a Jasper, quizá la madre de Daniel era ya culpable de
               un delito grave, quizá incluso de asesinato. Jasper me miraba atentamente con
               ojos cálidos, e intenté centrarme en la información que me estaba
               proporcionando.

               -Puede que tengas razón. Su acento no era de la zona, aunque no sabría decir si
               era inglés no americano. Podría ser...-repuse, pensativa.- Imagino que es tarea
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             imposible, pero ¿has investigado en muertes extrañas aquí o en algún país de
             habla inglesa? Me refiero a muertes por alguna enfermedad extraña en la que
             se haya investigado a la familia de la víctima. Y tampoco ha de ser tan fácil
             conseguir una identidad nueva. ¿Habría alguna manera de investigar a la gente
Página | 346 que se dedica a eso, para encontrar el hilo de Jane Smith?- Jasper rió y me
             sonrojé, seguramente había dicho una burrada muy grande.

            -Oh, no te sientas avergonzada. Lo que has dicho tiene mucho sentido. Río
            simplemente porque tienes una gran confianza en mis habilidades, veo que
            Edward te ha hablado muy bien de mí -me guiñó el ojo.- Lo cierto es que ha
            sido mucho trabajo, pero lo más pesado lo hace el ordenador por sí solo, así
            que... sí respecto a la primera pregunta. Podemos empezar por unas cuantas
            fotografías que tengo que mostrarte, aunque ten en cuenta que la mujer puede
            haberse teñido el cabello, o llevar lentillas de color, por no hablar de la cirugía
            plástica. Tienes que fijarte bien. Respecto a lo segundo, eso es muchísimo más
            difícil. No creas que es tan difícil crearse una identidad falsa, y los registros de
            eso no se guardan en Internet así como así. Empecé a investigar a todos los
            tipos con antecedentes penales por falsificación de documentos pero hay tantos
            que hacerles una amable visita a todos con una foto de Jane Smith es muy, muy
            complicado.

            Por primera vez en mucho tiempo tuve la sensación de que había alguna
            esperanza en encontrar a Daniel. Fue como si me quitaran un peso de encima.
            Estuve a punto de lanzarme a abrazar a Jasper, pero no sabía cómo se lo
            tomaría y me abracé a mí misma para retenerme.

            -Eh, antes de iluminar más tu expresión espera a ver las fotografías, son sólo
            unos cuantos miles, y las has de mirar con mucho cuidado, no va a ser fácil.

            -Jasper, no sabes cuánto te lo agradezco, en serio. No... no sé qué decir -
            terminé emocionada.

            -No digas nada más. Me alegra ayudar a una buena causa, y más si esto supone
            un reto.

            -¿Cuándo podré ver las fotos?

            -Lo podemos dejar para cuando vuelvas del hospital esta tarde, si quieres. De
            todas formas tengo un lápiz de memoria con todos los archivos, pero me
            gustaría verlos contigo, podría cambiarles el color de pelo o de ojos según
            sugirieras.
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               -Eso también puedo hacerlo yo- la voz de Edward sonó a mi lado.

               Se había sentado y ni siquiera había sentido hundirse el sofá a mi lado, como si
               fuera una presencia incorpórea. Lo miré y tuve que contener una sonrisa. Mi
               novio estaba un poco celoso de la atención que le prestaba a su hermano.
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               -Bueno, si son miles de archivos seguro que podrás ayudarme en otro
               momento-le sonreí.

               -Te dije que Jasper era el mejor-me acarició la mejilla con el dorso de la mano.-
               No tardaremos en dar con Daniel, estoy convencido.

               Asentí. Por fin veía un final a la angustia, a la espera... algo de esperanza,
               aunque remota.




                                                   Capítulo 35



               BPOV
Cambio De Destino
                                                   DraBSwan


               -Guau, chica, ¿vienes de una fiesta?-Angela me miró de arriba abajo con los
               ojos muy abiertos cuando entré en su habitación.

               -Es un regalo de Alice, la hermana de Edward- sonreí pero el gesto se me
               congeló en la cara. Jacob acababa de salir del aseo.
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               La temperatura de la habitación bajó varios grados mientras nos mirábamos el
               uno al otro.

               -Hola -casi gruñó las palabras y ni tan sólo me miró al pronunciarlas, pero al
               menos saludaba.

               -Hola-repuse fríamente.

               -Angela, tengo que irme ya- se acercó a ella y la besó, acariciándole la mejilla.

               -Dale recuerdos a Billy-ella le acarició la mejilla, mirándolo con ternura.

               -Lo haré. Estaré aquí para pasar la noche contigo.

               -No quiero que hagas el viaje de ida y vuelta desde Forks. Es muy pesado.
               Prefiero que te quedes con tu padre.

               -Lo haré, volveré esta noche -repuso en tono que no admitía réplica.

               -No, no lo harás-frunció el ceño mi amiga.

               -Yo me puedo quedar contigo esta noche-intervine.

               -NADIE se va a quedar conmigo esta noche-repuso Angela. Ni Jacob ni yo
               perdimos de vista la ligera elevación de frecuencia cardiaca que estaba
               teniendo.- ¡Y dejad de mirar el puto trasto! ¡Lo malo es que baje, no que suba!

               -Cariño, deja que te cuide. Por favor -suplicó Jake cerca de la cara de Ang,
               cambiando de estrategia, tomándola de ambas manos.- Esta noche estaré aquí
               sano y salvo para cuidar de ti... de los dos.

               -Está bien-se ablandó mi amiga.- Qué ganas tengo de que me den de alta y dejar
               de ser una carga.

               -No eres una carga-dijimos ambos al unísono.
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               -Por lo menos os ponéis de acuerdo en algo -bufó.

               Jake se levantó y con un último beso se despidió de mi amiga. Cuando cerró la
               puerta Angela me taladró con la mirada.
Página | 349
               -¿No te has parado a pensar que si no me explicáis nada soy capaz de pensar
               cosas peores de lo que realmente es?

               -¿Cómo qué cosas?-inquirí. Ella frunció el ceño durante un rato y al final
               suspiró.

               -No sé. Me rindo. Soy incapaz de pensar mal de ninguno de los tres.

               -Confía en mí, Angela. –Me senté en la butaca al lado de la cama y le tomé la
               mano.- No es necesario que lo sepas. Lo único que tienes que saber es que ya
               no podemos estar los cuatro juntos en la misma habitación, y que no puedes
               hacer nada para arreglarlo.

               -No me voy a dar por vencida, Bella...

               -Oh, por dios, déjalo ya, Angela. Bastante mal me siento pensando que tengo
               algo que ver con lo te pasó -fruncí el ceño y me mordí el labio con fuerza para
               no llorar. Por más que había intentado reprimir esa idea la sensación de
               culpabilidad estaba ahí, aunque fuera irracional.

               -Bella. Jamás en tu vida vuelvas a decir algo así. Te aseguro que he tenido
               disgustos en mi vida mucho peores que el del domingo y jamás he tenido una
               jodida señal de que tenía este problema. Olvida eso, ¿de acuerdo?-me apretó la
               mano con fuerza.

               En aquel momento llamaron a la puerta y entraron Monica y Anne. Al
               momento siguiente estaban las tres abrazadas, riendo y llorando y hablando al
               mismo tiempo. Pasados los primeros minutos de emoción pudieron empezar a
               decir frases coherentes. Las dos la felicitaban por su embarazo y por lo bien
               que se la veía tras lo que había pasado.

               -Vamos, chicas, no he visto la luz del túnel, así que no sería tan grave.

               -Oh, dios, Angela, ¿como puedes bromear con algo así?- negaba Monica con
               los ojos brillantes.
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               -Supongo que porque no lo vi, y no recuerdo nada. Sólo... –me echó un vistazo
               rápido y luego miró a Anne -bueno, sólo recuerdo haber llegado a tu casa con
               Jake, y luego me desperté aquí.

               Entonces fue Anne la que me miró dubitativa.
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               -Está bien, chicas, no nos andemos con rodeos, de acuerdo, Jake y Edward se
               pelearon. Que no hablemos de ello no lo hace menos verdad. Pero si no os
               importa yo no hablaré del tema -dije.

               Las tres me miraron, Anne y Monica se mordían la lengua con ganas de saber
               más, y Angela me miraba con intensidad como si estuviera intentando leerme la
               mente.

               -Por cierto, ¿quién eres tú y qué has hecho con Bella?-cambió de tema Anne,
               observándome de arriba abajo.- Al final alguien ha hecho de ti una mujer bien
               vestida-sonrió y le saqué la lengua.

               -Sí, eso me recuerda que te tengo que presentar a mi cuñada Alice, os llevaríais
               muy bien.

               -¿Alice Cullen? La conozco de vista. ¿Ese vestido tiene algo que ver con ella?

               -Es un regalo suyo. Lo hizo ella -repuse entre orgullosa y avergonzada.

               -¿Llevas un vestido diseñado por Alice Cullen y por si eso fuera poco
               confeccionado por ella misma?-Anne abrió los ojos desorbitadamente y silbó
               con admiración.- Si yo fuera tú lo metería en una caja fuerte. No sabes lo
               buscados que están, y cómo se cotizan.

               -No, no lo sé, pero si sé que si no me lo pongo sería la propia Alice quien me
               metería en la caja fuerte y no me dejaría salir hasta que no accediera a vestirlo-
               rodé los ojos. Evidentemente, Anne no conocía a Alice.

               Nos pusimos a hablar de otras cosas, cotilleos del hospital sobre todo, aunque
               por respeto a mí obviaron los comentarios que el personal a buen seguro
               habría hecho sobre la pelea. A Angela se la notaba bastante más seria que el día
               anterior, lo que atribuí a que quizá se estaba dando cuenta de la gravedad de la
               situación que había vivido. Pero no era eso.

               -¿Cuándo te darán de alta? ¿Podrás trabajar?-inquirió Anne.
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             -Es una jodida mierda, chicas-suspiró Angela, agobiada.- No sé qué voy a hacer.
             No me quieren poner el desfibrilador interno hasta que no esté de más de tres
             meses, lo cual es dentro de mes y medio. Y aunque esto sólo me ha pasado una
             vez y quizá no vuelva a repetirse en toda mi vida Jake no quiere que me quede
Página | 351 sola en casa. Tampoco me dejan trabajar mientras no lo lleve puesto. Jake y yo
             hemos discutido porque yo pienso que no hay para tanto, pero él dice que soy
             una imprudente, que mire por mí y por el bebé, y que debería estar
             acompañada las 24 horas del día por si acaso, con alguien que sepa manejar un
             desfibrilador semiautomático que, por supuesto, ya ha comprado y tiene en
             casa- puso los ojos en blanco-¿Os lo podéis creer?

            -Ang, ahí le he de dar la razón a Jake- aunque me disguste- no puedes hacer
            como si no hubiera pasado nada.

            -No lo entiendes, Bella, toda mi vida he sido independiente, y odio la idea de
            sentirme inútil -me fulminó con la mirada.-Esto es la primera vez que me pasa,
            y no tiene por qué volver a sucederme.

            -Angela, apoyo lo que dice Bella- dijo Mónica con los ojos vidriosos.-No te
            imaginas lo que fue verte allá tendida, sin pulso. No puedes pedir que te
            comprendamos-sofocó un sollozo y a mí se me encogió el corazón al recordar
            aquella escena. Anne y yo asentimos.

            -Dios, no quiero pensar nada de todo eso. Ya tengo bastante con Jacob
            dándome la vara con ese tema. Por favor, si tenéis que seguir con eso prefiero
            que me dejéis sola-repuso nuestra amiga secamente.

            Por temor a que cumpliera su amenaza cambiamos de tema y continuamos
            hablando de banalidades.

            Creía saber lo que le pasaba a Angela. Además de querer ser independiente,
            estaba experimentando una de las reacciones más humanas ante una desgracia
            o pérdida: la negación. Ese sencillo mecanismo de la mente nos protegía a
            menudo contra el hundimiento de los ánimos, pero en su caso la ponía en
            peligro a ella y a la vida que estaba gestando.

                                               *º*º*º*º*

            Llevábamos ya más de dos horas delante de la pantalla del ordenador, y mis
            ojos comenzaban a ver lucecitas de colores. Cerré los párpados y me froté las
            sienes, masajeándome.
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               -Lo siento, debes estar agotada. Olvido con facilidad que eres humana, a pesar
               de lo bien que hueles-Jasper me guiñó un ojo-. Es extraño lo bien que te
               amoldas a nosotros. Como si fueras una más - me miró con curiosidad,
               mientras apagaba el monitor y cerraba el portátil.
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               -Siempre he sido un poquito rara-suspiré, reclinándome en el respaldo de la
               silla.- Toda mi vida he hecho esfuerzos por adaptarme y creo que lo he
               conseguido, pero en el fondo de mi corazón siempre me he sentido un poco
               fuera de lugar. Como si tanto esfuerzo para encajar no fuera natural. –Me
               sorprendí a mí misma al terminar la frase. No sabía por qué, pero me parecía
               que Jasper tenía la capacidad de sacar confesiones espontáneas de mí.

               -Eres una humana muy interesante, Bella -me sonrió mi cuñado. Tenía una
               sonrisa preciosa.

               -Eso en idioma de Jasper equivale a un halago tremendo. Me voy a poner muy
               celosa-intervino Alice, apareciendo a nuestro lado de la nada.

               -Por dios, me siento como en la casa del Gran hermano, me da la sensación de
               que todas mis palabras y movimientos están siendo controlados-me puse
               teatralmente las manos en las mejillas.

               -Pues no tienes ni idea de lo insoportable que es que además tus pensamientos
               estén vigilados. Mi hermano sí es el Gran hermano, ¿verdad Edward? -Alice
               habló en tono ligero, aunque en aquel momento el nombrado no se encontraba
               en la habitación. A los pocos segundos soltó una carcajada. Jasper sonrió. -
               ¿Con esa boca besas a Bella, Edward? ¡Qué lenguaje! –mi cuñada arrugó su
               perfecta nariz y fingió ofenderse.

               -Sí, no sabes lo que me alegro de ser un muro para él-asentí.-Bastante
               transparente soy por mí misma, ya habéis visto- sofoqué un bostezo.- ¿Cuántos
               archivos quedan por ver, Jasper?-el aludido soltó un silbido.

               -Sólo hemos visto la décima parte. Será mejor que te acuestes, Bella. Los que
               queden por ver te los dejaré en el lápiz de memoria. Edward se maneja
               aceptablemente con el programa de imagen, él te podrá ayudar con todos los
               cambios de aspecto de las sospechosas.

               -Aceptablemente no es la palabra- casi antes que escuchar su voz sentí las
               posesivas manos de mi novio sobre mis hombros, acariciando mi cuello,
               masajeándome la espalda. Reprimí un gemido bastante indecente que luchaba
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               por salir de mi garganta.- Lo manejo jodidamente bien. Aunque tú lo haces aún
               mejor, por eso te he dejado monopolizar a mi chica durante tanto tiempo.-
               Jasper alzó las cejas, divertido.

               Me levanté de la silla. Me estaba afectando demasiado el contacto con Edward.
Página | 353

               -¿Y Emmet y Rosalie? –pregunté inocentemente al entrar en el salón y no
               verles.

               -Digamos que ellos no tienen tus problemas con lo de la falta de intimidad,
               Bella- Edward alzó una ceja con intención mientras Jasper y Alice sofocaban
               una carcajada. Enseguida comprendí de qué hablaba y mi cara se tornó de un
               rabioso color escarlata.-Piensa que nosotros lo vemos como algo natural -sonrió
               tímidamente poniéndome una fresca mano en cada mejilla.

               -¡Ya sé que es algo natural! Pero para mí es un acto muy íntimo, y no podría
               sabiendo que... ¡que hay varios pares de agudos oídos escuchando!

               -¿Entonces hoy estarás a pan y agua, hermanito?- escuché una voz socarrona.

               Emmet asomaba en lo alto de la escalera "vestido" con tan sólo una minúscula
               toalla alrededor de la cintura. Se marcaba cada músculo de su enorme cuerpo.
               Estaba muy, pero que muy bien, lo poco que vi, porque aparté la mirada
               rápidamente; no quería ser testigo de si esa toalla formaba una "tienda de
               campaña" o no.

               -Será mejor que calles si no quieres hacer lo que estás haciendo ahora en plena
               calle, Emmet Cullen. No creo que en el cuerpo esté bien visto que un
               honorable bombero practique sexo en público-gruñó Edward.- Y tened cuidado
               con las paredes, la última vez que estuvisteis aquí tuve que llamar a un equipo
               de albañiles para que arreglaran la habitación entera.

               El enorme vampiro se retiró a la habitación con una carcajada.

               -¿Sabéis algo de cómo ha ido la reunión con los quileutes? ¿Cuándo volverán
               Esme y Carlisle?-pregunté.

               -Sólo sabemos que ya terminó la reunión, pero antes de volver van a cazar algo,
               Bella. Los dos llevan varios días sin alimentarse. Así que lo mejor será que te
               acuestes- explicó mi novio.

               -¿Yo sola?-inquirí confusa.
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               Sencillamente, no me cabía en la cabeza que él estuviera en la misma casa que
               yo y no "durmiera" conmigo, porque nunca había pasado algo así.

               Edward se mordió el labio inferior.
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               -Sinceramente, Bella, me va a resultar muy, muy difícil estar contigo en la
               misma cama y no... Acercarme demasiado.

               -Bien que te controlaste la primera noche que pasamos juntos, a pesar mío -
               reproché sin pensar que no estábamos solos.

               Alice y Jasper nos miraban, entretenidos por el espectáculo.

               -Bella, eso lo pude hacer porque aún no había probado tu sangre. No me pidas
               eso ahora. Cuanto más la pruebo más te deseo ¿Y vosotros dos qué hacéis
               mirando? ¡Al menos podríais disimular un poco y marcharos a otra habitación!-
               espetó a unos sonrientes Alice y Jasper.

               -Eh, eh, ya nos vamos, no pagues tu exceso de energía con nosotros-contestó
               Jasper levantando las manos en actitud de rendición, mientras Alice tiraba de él
               hacia otra habitación.

               O me acostumbraba a todo esto... o mi cara iba a quedarse de color granada a
               perpetuidad.

               -Vamos, Bella. Lo intentaré, supongo que podré hacerlo -Edward me tendió su
               mano, mirándome cálidamente.-Pero entiéndelo si en cualquier momento
               desaparezco.

               -Lo siento. No te preocupes, es sólo que... no me esperaba que me dijeras eso.
               Pero lo entiendo. De veras. Quédate con ellos -negué con la cabeza, le besé
               rápidamente y subí las escaleras.

               Por lo menos nuestra habitación estaba lejos de la que ocupaban Emmet y
               Rose, además de que estos, por deferencia a mí, a su hermano o a ambos, no
               estaban golpeando rítmicamente ninguna pared.

               Al menos para lo que captaban mis oídos humanos.

               Entré en la habitación y como único pijama me puse una camiseta de Edward,
               que me llegaba hasta la mitad de los muslos. El día anterior me había dado
               tiempo de comprar algo de ropa pero me había olvidado de la ropa de dormir.
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             Al fin y al cabo estando sola con Edward no la necesitaba, pero ahora no creía
             buena idea el pasearme en ropa interior por la casa. Abrí el edredón y me metí
             debajo, con un suspiro. Jamás había sido capaz de dormir con nadie en mi
             cama, me resultaba molesto oír respirar a otro a mi lado, sus movimientos me
Página | 355 despertaban inmediatamente, y no digamos de dormir abrazados. Pero ahora
             era al revés, me iba a costar dormir sin sentir el contacto con el duro y a la vez
             suave cuerpo de Edward.

            No podía dormirme, así que empecé a darle vueltas a lo que pasaría. Mañana
            miércoles sería el último día que Edward estaría en Seattle. Habíamos hecho
            planes para los próximos días. Emily no me reclamaba todavía pero en cirugía
            iban muy apretados de agenda y necesitaban un par de manos más para el
            quirófano, así que Edward debía estar el jueves en el trabajo. Trabajaría jueves,
            viernes y sábado, y volvería conmigo. Afortunadamente ambos habíamos
            podido cambiar la guardia que teníamos este domingo para el siguiente. Lo iba
            a echar de menos, pero no quería separarme de Angela. Físicamente se
            encontraba bien, pero quería que se sintiera apoyada, y no sólo por Jake. La
            falta de una familia que la amara y se preocupara por ella era difícilmente
            sustituible, pero había que intentarlo. No bastaba con el amor de Jacob.

            ¿Qué haría Angela ahora? ¿Y Jake? Ella no podía trabajar, y él tampoco podría
            hacerlo si se dedicaba a cuidar de ella todo el día. Perdería su trabajo. No
            llevaba tanto tiempo en él como para pedirse dos meses "sabáticos". ¿Cómo
            solucionaríamos esto? ¿Y si me ponía en contacto con sus padres? Seguro que
            Jasper podía conseguirme sus datos en un minuto. No, no era buena idea. A
            ella no le gustaría que hiciera eso a sus espaldas.

            Di la enésima vuelta en la cama y lo sentí. Edward estaba conmigo. Abrí los
            ojos y lo vi en la penumbra sentado en el suelo, con las piernas cruzadas,
            mirándome.

            -¿No puedes dormir? No has parado de dar vueltas en la cama desde que te
            has metido dentro-su voz sonó preocupada.

            Me había escuchado moverme en la cama desde el piso de abajo... él y cuatro
            vampiros más. Como para animarme a tener relaciones con él...

            -No... Estaba dándole vueltas a lo que iba a hacer Angela a partir de ahora.
            Quizá su familia pudiera apoyarla.

            -No. Si no te lo ha pedido no intervengas.
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               -¿Sabes algo de ellos?-inquirí, suspicaz.

               -Oh, yo sé mucho de muchas cosas-dijo en plan petulante.

               -Ya. No está bien hablar de las cosas que lees en la mente de otros, ¿no?
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               -Ah ¿te había hablado ya de ello? -fingió sorpresa y le golpeé con una almohada
               en plena cara.- No te pongas agresiva... puedes excitarme y te aseguro que
               puedo hacer que te dé igual que esté toda mi familia escuchándonos-bajó el
               tono de voz tanto que mi vello se erizó.

               -Creído - espeté, y le di la espalda mientras se reía.

               En aquel momento sentí su peso en la cama y su brazo amarrándome a él,
               aunque con el edredón separándonos. Sonreí para mí misma y suspiré. Tras
               unos minutos de silencio hablé.

               -¿Qué crees que habrá pasado en la reunión? ¿Van a cambiar mucho las
               cosas?¿Entenderán los indios lo que ha pasado?

               -No lo sé... no pienses en eso ahora, Bella. Duerme. Lo necesitas.

               Lo necesitaba, pero le necesitaba más a él. Y no hizo falta nada más que su
               abrazo. En pocos minutos estaba dormida.
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                                                 Capítulo 36



               Me despertó lo que parecía un ruido de algo al romperse. Miré el despertador:
               eran las cinco de la madrugada. Volví a escuchar otra vez el mismo sonido. Esta
               vez podía asegurar que algo se había roto en pedazos. Me levanté y de puntillas
               me dirigí hacia la puerta del dormitorio, entreabriéndola. Se oían voces
               apagadas en el piso de abajo.

               -Edward, te dije que despertarías a Bella -amonestó Alice.

               Me di cuenta de que estaba haciendo el idiota, porque todos los que estaban
               abajo ya sabían que yo estaba escuchando. Así que me puse unos vaqueros y
               una camiseta mía, me aseé un poco en el baño y bajé, intrigada. ¿Qué había
               pasado? ¿Habrían vuelto Esme y Carlisle? Empecé a angustiarme. Abrí la
               puerta del salón y allá estaban, todos.

               Edward apoyaba sus manos en la repisa de la chimenea... más que apoyar se
               aferraba a ella con tanta fuerza que dudaba que esta fuera a resistir mucho más
               sin comenzar a hacerse pedacitos. Alrededor en el suelo había fragmentos de lo
               que reconocí que eran dos bonitos jarrones que habían estado en dicha repisa.

               Pero no fue eso lo que me preocupó. Fue que no se giró para mirarme cuando
               entré.

               -Bella, cariño... siento que te hayas despertado -Esme se acercó a mí, me tomó
               de la cintura y me llevó hasta el sofá.

               Me senté sin mirar lo que hacía, pendiente de la espalda de Edward. Todos se
               sentaron a imitación mía, supuse que para no hacerme sentir incómoda.
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               -¿Qué ha pasado? ¿Ha ido algo mal? -inquirí tensa. Volví mis ojos hacia Esme,
               cuya expresión dulce no podía ocultar cierta preocupación.

               -Bueno, digamos que no ha ido bien. Los quileutes estaban muy a la defensiva.
               Realmente parecían lobos defendiendo su territorio -frunció el ceño.
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               -Eso del tratado es una absurda mierda. No tenemos por qué hacer caso.
               Todos los humanos que lo firmaron están muertos -espetó Edward girándose.
               Sus ojos echaban llamas mirando a Carlisle al tiempo que me evitaban.

               -Edward... -este lo miró con severidad, sin añadir nada más. Entonces mi novio
               desapareció por la puerta tan rápido que apenas me di cuenta y la puerta del
               comedor se cerró de golpe con tanta fuerza que quedó colgando de uno de los
               goznes.

               -¡Menudo carácter! Luego dirá que tiene que llamar a los obreros por nuestra
               culpa-comentó Emmet con los ojos muy abiertos.

               -Hacía tiempo que no lo veía así-dijo Alice, sentada en el suelo a los pies de
               Jasper, su espalda apoyada en el sofá de enfrente.-Desde... -me miró, dubitativa.

               -Desde que está conmigo -terminé la frase.- Yo jamás lo había visto así.

               -No te preocupes, se le pasará enseguida. Siempre se le pasa-me palmeó Esme
               en el muslo.

               Tomé aire con fuerza y me centré en lo importante. Qué habría pasado para
               que Edward sacara su peor genio.

               -Bien, explicádmelo todo, por favor –pedí llena de ansiedad, mirando
               alternativamente a Esme y a Carlisle quien suspiró, se sentó a mi otro lado y
               tomó la palabra.

               -Verás, Bella -dijo con suavidad- supongo que conoces el tratado que firmamos
               hace décadas con los dirigentes quileutes, entre ellos el abuelo de Jacob Black,
               que era el jefe. En él nos comprometimos a seguir con nuestra alimentación a
               base de animales y mantenernos apartados del área de la reserva, cosas que en
               aquel momento parecían sencillas porque era lo que siempre habíamos hecho.
               A cambio de eso ellos no revelarían nuestra auténtica naturaleza y nos dejarían
               vivir nuestra vida en paz. Quien comprometía el tratado, debería marcharse
               lejos de la reserva y de toda la región cercana.
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               -¿Qué? Es... ¡es absurdo! -protesté.- Edward no tiene que dejar su casa de
               Forks por lo que ha pasado. ¿Y qué pasa si alguien va diciendo por ahí que sois
               vampiros? ¡Lo más probable es que lo encerraran en una institución mental!-
               sentí la mano de Esme apretando la mía, tranquilizadora, y me viré hacia ella.
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               -Cielo, es mucho más complejo que eso. Primero, nos guste o no firmamos
               aquello y somos gente de palabra- me sonrojé un poco, Esme tenía razón.-
               Además, siempre hay alguien dispuesto a creer en eso, y nos da pereza volver a
               empezar de cero tan pronto -miró a Carlisle con intención y pensé que
               seguramente ya habrían vivido una situación así en otra época y lugar.-Nuestra
               única esperanza era que los indios no consideraran el que tú cedieras tu sangre
               a Edward como una violación del tratado... pero no ha sido así. Cuando los
               hemos intentado convencer con este argumento ha sido precisamente el que
               ellos han esgrimido para cerrarse en banda. Por una parte están muy
               protectores por el hecho de que Angela está embarazada.

               -No entiendo qué tiene que ver eso.

               -Verás, es... complicado. ¿Conoces las leyendas quileutes sobre los hombres
               lobo?-asentí.- Ninguno de nosotros ha visto nunca un hombre lobo, pero si
               nosotros existimos, no dudamos de que haya una base veraz en esas leyendas.
               Según esas historias, lo que pone en marcha esa transformación es el olor del
               vampiro... alimentado con sangre humana.- Jadeé. Ahora comenzaba a
               entender algo. Esme asintió al reparar en mi expresión, y continuó.- Los
               quileutes no quieren correr ese riesgo. No sabemos cuánta...-buscó la palabra-
               exposición hace falta para que ese olor ponga en marcha la transformación en
               lobo. Pero una vez empezada no habría vuelta atrás. También se dice que los
               lobos jóvenes tienen mal autocontrol, llegando a poner en peligro a sus seres
               queridos de forma involuntaria. Comprenderás que Jake no desee pasar por
               eso. Y por si fuera poco tampoco podríamos descartar que el embarazo de tu
               amiga se viera afectado por esa transformación, al fin y al cabo es posible que
               lleve los genes licántropos. Es muy, muy complicado, más de lo que
               imaginábamos. Ellos conocen bien sus leyendas. Y hay una cosa que no
               sabíamos...

               En aquel momento Edward hizo acto de presencia, plantándose en el umbral
               de la puerta del salón. Lo miré y no alcancé a descifrar su expresión.

               Carlisle se levantó y se sentó al lado de Esme, dejando un espacio libre a mi
               lado, que Edward no tardó en ocupar. Su mano se entrelazó con la mía. Estaba
               helada, lo que me indicaba que había estado en el exterior un buen rato. Quizá
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            en la terraza. Hizo un leve gesto con la cabeza, indicando a Carlisle que podía
            continuar.

             -Cuando Edward me habló de ti y de lo que sintió al conocerte tuve mucha
             curiosidad y me puse a investigar. No es que no crea en los flechazos, pero eso
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             no me lo parecía. Pero no encontré nada en las viejas leyendas de vampiros
             europeos que me recordara remotamente a lo que Edward me había
             explicando. Mi error fue que investigué en las leyendas escritas, cuando aún hay
             pueblos que mantienen la tradición oral, y las historias pasan de padres a hijos
             como cuentos. Hace siglos que los quileutes han coincidido con vampiros,
             nosotros no somos los primeros como sabes -Hizo una breve pausa y miró a
             Edward, quien repitió el gesto con la cabeza.

            ¿Adónde quería llegar Carlisle? La curiosidad me quemaba, pero la ansiedad
            me estaba matando. Tomé aire profundamente.

            -Algunas de esas historias -prosiguió- hablan de vampiros –y vampiras- que se
            sienten irremediablemente atraídos por el olor de la sangre de un humano en
            particular. Una atracción que no es la habitual. No se trata sólo de sed, que
            también. Es un deseo de posesión, de protección... es una necesidad absoluta
            del otro ser. Cuando esa atracción es correspondida por el ser humano acaba
            estableciéndose lo que ellos llaman un "vínculo de sangre" -pausó para dejarme
            tiempo a que absorbiera toda esa información.

            La mano de Edward oprimió la mía. Como si la pareja estuviera perfectamente
            acompasada, Esme tomó la palabra.

            -Bella, ¿has notado algo extraño últimamente respecto a Edward? Algo que no
            sintieras antes. Piénsalo.

            Miré hacia el fuego de la chimenea. Quería concentrarme y no podía sintiendo
            sobre mí tantos ojos curiosos. Y entonces fui consciente de ello.

            -Últimamente he notado -pronuncié lentamente las palabras, meditándolas- que
            siento la presencia de Edward. Sé cuando está cerca de mí, sin necesidad de
            nada más. La primera vez que me pasó fue en la Aguja Espacial. En aquél
            momento no le di importancia, pensaba que había sido casualidad. Pero esta
            noche -le miré- he sabido que estabas conmigo en la habitación antes de abrir
            los ojos. Creo que ya no me podrás asustar como hacías antes apareciendo de
            la nada – sonreí un poco y él me correspondió, aunque con gesto tenso.
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               -¿Y tú, Edward? No me has contestado a la pregunta que te hice antes de
               aparecer Bella -inquirió Carlisle. Aquél se envaró y de repente todos los Cullen
               excepto mi novio y sus padres adoptivos desaparecieron de la sala.

               -Ya te lo he dicho. Me resulta más difícil de controlar la intensidad de mi
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               deseo.

               Me sonrojé por enésima vez. Vaya, aquello sí era una conversación que me
               hacía sentir incómoda. Pero tenía mucho más interés en escuchar lo que se
               estaba diciendo que en salir disparada de la habitación como los demás Cullen.

               -Yo también siento algo distinto. Cuando desapareciste ayer -me miró con
               cautela- supe dónde estabas. No sabía cómo pero sabía dónde encontrarte. No
               pensé más en ello, podía haber sido una coincidencia.

               -¿Nada más?- insistió Esme.

               -Hay algo más- Edward suspiró con fuerza, mirando fijamente nuestras manos
               entrelazadas.- Últimamente cuando hacemos el amor siento dentro de mí el
               anhelo de... morderte para convertirte. Pero pensaba que era porque cada vez
               te necesito más. Es algo que puedo controlar, Bella. No quería decírtelo para
               no angustiarte - explicó alzando los ojos para mirarme entre tímido y
               arrepentido.

               -Llegarás a no poder controlarlo. Es el camino natural del vínculo -sentenció el
               patriarca de los Cullen, clavando su mirada en su hijo adoptivo.- Si sigues
               bebiendo su sangre un día no podrás controlarte y a pesar de que Bella es
               evidente que no está aún mentalmente preparada la morderás y le inyectarás el
               veneno. Y no habrá vuelta atrás. Has encontrado a tu compañera y no
               renunciarás a ella. Pero todos nosotros hemos caído en esta vida in extremis.
               Ella debe elegir, y eso no se lo puedes arrebatar.

               -Sé perfectamente que Bella no está preparada. Jamás la forzaría a una vida
               como la nuestra. Puedo controlarme - gruñó Edward furioso por el sermón de
               su padre.

               Mi sangre escapó de mi rostro primero, y luego de mi cerebro, y sentí que me
               mareaba. Solté la mano de mi novio y me recosté en el sofá y cerré los
               párpados.

               -¿Cuándo esperabas explicarme esos impulsos, Edward? –pregunté dolida.
               Había sido herida en mi confianza y no lo comprendía.
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             -El vínculo de sangre ayuda a algunos vampiros a encontrar su compañera para
             toda la vida- explicó Carlisle, conciliador.- Es un instinto incontrolable que
             afecta no sólo al vampiro sino también al humano. Puede que tú misma se lo
             pidas en un momento de pasión sin pensar en las consecuencias, y él te haga
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             caso sin pensar si estás segura, porque lo que desea es hacerlo.

            Puede que tú misma se lo pidas. Sentí que el calor volvía a la piel de mi cara.
            Recordé las palabras que luchaban por salir de mi boca la tarde que estuvimos
            juntos en el vestuario femenino del hospital.

            -Estuve a punto de pedírtelo. Una vez. Fue muy difícil contenerme- abrí los
            párpados, un tanto avergonzada. Al fin y al cabo yo tampoco le había explicado
            nada de esto. Sus ojos intensos e hipnóticos se cruzaron con los míos. Había
            estado a punto de pedírselo. Pero sólo me había pasado aquella vez. Si lo
            hubiera hecho...

            Me incorporé y me froté la cara. Fijé la vista en el bonito reloj que era lo único
            intacto de la repisa de la chimenea. Eran las seis de la mañana. Decidí que ya
            tenía bastante. Necesitaba meditar sobre lo que había escuchado. Sola.

            -Necesito descansar. Disculpadme - me levanté y ellos hicieron lo propio.

            -Claro que sí, cariño, es una sobrecarga de información -dijo Esme,
            apretándome el brazo con cariño. Carlisle me miraba comprensivo.

            -Creo que quiero estar sola- miré al hermoso vampiro que permanecía en el
            sofá, estudiando cada uno de mis gestos. Como única respuesta parpadeó
            lentamente.

            Me acosté y cerré los ojos, de veras necesitaba descansar, pero era lógico que el
            sueño me evadiera. ¿Qué significaba todo aquello? ¿En qué afectaría a nuestra
            relación? ¿Iba a confiar en que Edward no me inyectara veneno sin mi
            consentimiento mientras hacíamos el amor? ¿Iba a confiar en que no se
            escaparía de mis labios esa petición en un momento apasionado? ¿Podría parar
            el proceso si él no bebía más de mi sangre? ¿Tendría que irse Edward del
            único hogar estable que tenían en el momento actual? ¿Cómo afectaría a mi
            amistad con Ángela?

            Había dado tantas vueltas en la cama que las sábanas y el edredón estaban
            completamente revueltos. De pronto le echaba de menos y ya no estaba
            enfadada con él. Aunque habría preferido que me hubiera confiado ese
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             impulso que sentía, sabía que era sincero cuando decía que creía poder
             controlarlo. Si lo hubiera considerado importante, si hubiese creído que
             entrañaba algún riesgo, me lo habría explicado. Los dos éramos culpables de
             jugar con instintos cuya fuerza y alcance no conocíamos. Y era lógico que él
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             transformarme, como lo era que yo estuviera tentada de pedirle que lo hiciera.
             ¿Hasta qué punto eso era realmente originado por el llamado vínculo de
             sangre? ¿Hasta qué punto era todo controlable?

            Pero sí había algo cierto, yo había sabido que Edward estaba conmigo en dos
            ocasiones, había sentido su presencia. Y él había sabido encontrarme. ¿Eran
            casualidades o pruebas de que el vínculo se había establecido entre nosotros, y
            por tanto todo lo demás que comportaba también?

            De pronto me harté de darle tantas vueltas a todo. La verdad, en este momento
            todo eso no me importaba una mierda.

            -Edward, ¿quieres estar conmigo? –susurré, con los párpados cerrados. Al cabo
            de unos segundos sonreí levemente.- Hola.

            -Hola -su sedosa voz animó el latido de mi corazón- ¿De veras me quieres a tu
            lado esta noche?

            -Sólo si tú quieres estar –abrí los ojos y tendí la mano hacia su silueta, de pie al
            lado de la cama.

            -No deseo estar en ningún otro sitio- murmuró, se tumbó a mi lado sobre el
            edredón y me acercó a su cuerpo.

            -Edward, si te vas de Forks me iré contigo. Te seguiré a donde vayas - susurré, y
            sentí que me abrazaba con más fuerza.

            -No sé qué he hecho en algún momento de mi existencia para merecerte, Bella.

                                                º*º*º*º*º*º

            -Por dios, Alice, con un bol de cereales con leche ya tengo bastante. ¿Qué es
            esto?

            Miraba con los ojos como platos el buffet de desayuno que me había
            organizado la vampira en la mesa de la cocina: una jarrita de zumo de naranja,
            una bandeja variada con bollería francesa incluyendo croissants y brioches,
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               dosis individuales de mantequilla y mermelada de distintos sabores, una caja de
               muesli, una jarrita con chocolate, otra con leche y otra con café recién hecho.

               -No sé lo que te gusta, así que he traído un poco de todo. Lo que no quieras te
               sirve para mañana.
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               -Lo guardaré, sí. Gracias -le sonreí,- la verdad es que estoy hambrienta.

               Me senté y me serví zumo y también un vaso de leche a la que añadí una
               generosa cantidad de café. Tomé un croissant del montón y lo mojé en la
               leche. Alice se sentó enfrente de mí, mirándome comer con ojos curiosos.

               -¿Dónde ha ido Edward? ¿Y los demás? - pregunté entre sorbo y sorbo del café
               con leche.

               -Jasper está trabajando con su portátil, en sus cosas. Rosalie y Emmet han salido
               a pasear por la ciudad, creo que si siguen así repetirán luna de miel dentro de
               poco - rodó los ojos de forma expresiva.- Esme y Carlisle están visitando las
               nuevas instalaciones de cirugía en el Northwest, y Edward ha ido a cazar. Sé
               que está en Olympic porque me lo ha dicho, ha ido a su zona favorita. Es
               injusto que él siga pudiendo leerme el pensamiento y yo no pueda verle en mis
               visiones- compuso un divertido puchero de los suyos.

               -Pensaba que si no estaba conmigo podías verle – me interesé.

               -Eso era antes. Ahora vuestro futuro está tan ligado que apenas hay momentos
               en que lo veo.

               -¿Entonces ahora no lo ves es porque está haciendo algo que tiene que ver con
               los dos? -indagué. Bebí un sorbo de zumo de naranja. Estaba fresco y dulce.

               -Más o menos sí... -apoyó la barbilla en las manos, pensativa.- Ha salido a cazar
               porque quiere estar a tu lado sin que le moleste la sed, especialmente ahora.
               Todas las decisiones que él toma y tienen que ver contigo lo borran de mi
               scanner de futuro. Así que puedo decir que mi hermanito piensa mucho en ti,
               porque apenas lo veo -sonrió.

               -Espero que todo esto del supuesto vínculo no afecte a nuestra relación. Ya
               sabes cómo se pone Edward cuando cree que mi seguridad está en entredicho.

               -Es sobreprotector, ¿verdad?-Alice me observó con empatía.
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           -Sí, bastante complicado era ya sin meter a indios vengativos y vínculos de
           sangre de por medio - terminé el zumo y dejé el vaso vacío sobre la mesa.

             -Ya sabes que Edward es un hombre muy apasionado, y como tal también tiene
             su punto melodramático. Pero una cosa te puedo asegurar, si las cosas siguen
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             como hasta ahora continuaréis juntos. No veo a Edward en el futuro.

           -Alice, sé que lo nuestro es complicado, pero no imposible. No me van a
           separar de tu hermano unas viejas leyendas, ni Jacob Black en plan padre y
           novio megaprotector, y diría que Edward piensa lo mismo -le apreté la mano.-
           Ya nos adaptaremos - miré a mi cuñada y me metí un pedazo de brioche de
           mantequilla en la boca. Tendría que parar o me dolería la tripa, pero estaba
           muerta de hambre a pesar de los nervios que sentía. O quizá por eso.

           -Bella -esta vez fue Alice me observó con calidez.- Lo del vínculo os lo
           explicaron sólo para que mi hermano y tú fuerais conscientes de lo que os está
           pasando. Sólo os dejasteis llevar por el instinto. Creo que desde el momento en
           que conociste a Edward no tuviste elección. No deja de ser muy romántico esto
           del vínculo de sangre. –Ladeó la cabeza y sonrió con aspecto soñador.- La
           mayoría de nosotros, o más bien todos los vampiros que conozco, ha
           encontrado el amor después de la transformación. Vosotros parecíais
           destinados a encontraros. Sí, es muy de novela...- acentuó la sonrisa y me la
           contagió a pesar de lo preocupada que estaba.

           -Alice, te llevarías bien con mi compañera de piso. Siempre tiene una novela
           romántica entre manos, aunque sus preferidas son las clásicas. Creo que se sabe
           de memoria Romeo y Julieta. ¿Sabes? -cambié de tema- me parece que a
           Edward no le importa mucho dejar su hogar.

           -Si llevaras tantos años como nosotros en este mundo también te tomarías las
           cosas con más ligereza. No es que tengamos arterias coronarias que cuidar,
           pero se vive mejor dándole importancia a lo que la tiene, y cuando puedes vivir
           una vida tan larga... pocas cosas son tan importantes. El amor es una de ellas.
           Es lo que nos hace mantener la ilusión de seguir vivos.

           La conversación con Alice me animó bastante. Como mi volátil novio seguía
           desaparecido decidí no esperar más e ir a visitar a Angela. No sabía qué haría si
           Jacob estaba allá, pero estaba decidida a quedarme con ella el máximo tiempo
           que me dejaran las normas del hospital, sin dejarme intimidar por ninguna cara
           torcida.
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             Me duché y me puse una sudadera, unos vaqueros y mis botas. Me tapé con
             una chaqueta vaquera: la primavera por fin comenzaba a notarse en la ciudad y
             la temperatura estaba alrededor de los 15º, pero habían anunciado lluvias
             durante todo el día. Alice me escaneó cuando me despedí de ella, pero no
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             comentó nada aunque me pareció que apretaba los labios para no hacerlo.

            .

            -Buenos días, cielo. ¿Cómo has pasado la noche?-besé a mi amiga en ambas
            mejillas, sondeando su humor. Afortunadamente la había encontrado sola.

            -Mejor que Jake. Se ha empeñado en quedarse esta noche conmigo, en el
            sillón. Qué ganas tengo de que me den de alta y dejar de molestar a todo el
            mundo. Y tú estás malgastando tus vacaciones aquí por mi culpa -bufó con tono
            acusador.

            -Deja de decir eso-la reñí cariñosamente, mientras me retiraba la gabardina.-
            Estoy aprovechando para hacer algo de turismo por la ciudad.

            -Pues como no sea turismo para recoger setas, con este tiempo...-mi amiga miró
            por la ventana, torciendo el gesto.

            -La comida del hospital está transformándote en una especie de pitufo gruñón,
            amiga-palmeé su hombro sonriendo y me senté en la cama. Me fijé en que ya
            no llevaba suero intravenoso, pero le habían dejado una cánula colocada en la
            mano para medicación intravenosa de urgencia. -También he aprovechado
            para hacer relaciones familiares, todo el clan Cullen está en la ciudad.

            -Uao, qué impresión debe dar eso. Todos los Cullen que conozco son
            intimidantemente guapos, reunidos deben dar miedo.-Ni te lo imaginas, pensé
            para mí.-Edward ha pasado a primera hora a visitarme-sonrió ante mi expresión
            de sorpresa.- Decía que habías pasado una mala noche y que no había querido
            despertarte, pero que él tenía que hacer un pequeño viaje hoy y mañana volvía
            al trabajo, así que ha pasado a saludar y despedirse.

            -Cierto. Jake estaba...-pregunté con cautela.

            -Estaba -afirmó.-Ha pasado la noche conmigo.

            -No habrá sido agradable...
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               -Se han comportado y punto. Digamos que la tensión se podía palpar, masticar
               y hasta vomitar, pero se han dicho hola y adiós, eso sí, sin mirarse.

               -Vaya mierda. ¿Jake está de vacaciones?-cambiar de tema era la mejor opción.
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               -Sí, se ha tomado toda la semana, parece ser que entre mañana y el viernes me
               darán el alta. Mi cardiólogo no quiere hacerlo hasta que no esté todo ligado, y
               Jacob se está encargando de eso. Lo del marcapasos o el desfibrilador internos
               está descartado hasta los tres meses de embarazo, así que está mirando las
               posibilidades de quedarse en casa conmigo hasta que me pongan el alien -
               suspiró con fuerza y negó.-Está loco, no le darán un permiso de tres meses, lo
               echarán. Para más cabreo, tendré que llevar un jodido monitor de frecuencia
               cardiaca mientras duerma. ¡Y encima me han dicho que esto que tengo es
               genético! Como si no hubiera tenido bastante con la mierda de padres que me
               tocó, encima voy y heredo esto - gruñó.

               Lo estaba pasando mal y lo entendía. Sólo sería por unos meses, pero pasar de
               la noche a la mañana a sentirse completamente dependiente de alguien, aunque
               fuera alguien que amabas, no era plato del gusto de casi nadie. Ang necesitaba
               desahogarse, así que la dejé hablar.

               -Sobre eso...- sabía que me estaba entrometiendo, pero quería intentarlo- ¿estás
               segura de que no quieres que avisemos a ningún familiar tuyo?-una mirada
               fulminante de mi normalmente dulce amiga bastó como respuesta.

               Me quedé con ella toda la mañana, y pude decir que a la hora de la comida su
               estado de ánimo se había aligerado, incluso a pesar del ver el menú que le
               trajeron. Me despedí de ella a media tarde, un poco antes de que Jacob hiciera
               su aparición.

               Cuando llegué a casa de Edward sólo me encontré con Alice y Jasper. Estaban
               sentados en el sofá y un poco despeinados, y me pareció que había
               interrumpido algo. Joder con los vampiros, ¿nunca se cansaban?

               -¿Ni rastro de Edward?-me quité la chaqueta y la arrojé encima de una silla.

               -No -contestaron al unísono.

               Me dirigí a la cocina a por un vaso de zumo y Alice me siguió.

               -Creo que deberías hacer algo.
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            -Ah, no te preocupes, ahora me doy una vuelta por ahí y os dejo solos.

             -No me refiero a eso, tonta. Quiero decir que si Edward es melodramático tú
             tienes que ponerte a su altura- hizo una pausa observando mi reacción y la miré
             frunciendo el ceño con incomprensión.- Ve a buscarlo, sé la zona donde ha
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             ido, y que se ha llevado el móvil. Siempre lleva el móvil desde que está contigo-
             explicó.

            La idea de Alice penetró en mi corazón antes que en mi cerebro.

            -¿Crees que podré verlo cazar? -la impaciencia y la excitación se filtraron en
            mis palabras.

            -No veo por qué no- me guiñó el ojo.

            -Ya estás tardando en explicarme dónde encontrar a tu hermano -me mordí el
            labio.

            -Vale, vale, trae un mapa- sonrió, negando con la cabeza.




                                               Capítulo 37
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           BPOV

             Paré el coche y miré al cielo. Estaba nublado, pero de momento no amenazaba
             lluvia. Durante el trayecto escuché la radio del coche de Jasper (quien
             amablemente me lo había ofrecido) anunciando intensas lluvias. Quizá el
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             hombre del tiempo se había equivocado.

           O eso esperaba.

           Tomé el mapa que tenía desplegado sobre el asiento del conductor y volví a
           mirar el punto que me había marcado Alice. Sin duda, aquí era. Mi sentido de
           la orientación natural era bastante malo, pero gracias a mi padre y su afán
           excursionista me manejaba perfectamente con cualquier mapa y una brújula.

           Bajé del coche y avancé por un camino entre los árboles, hasta llegar a un
           pequeño claro del bosque. Allá estaba el coche de Edward. Sonreí, satisfecha
           conmigo misma, mientras avanzaba hacia el Volvo. Ahora me esperaba la
           segunda parte del plan. Encontrar a Edward... o que este me encontrara a mí.
           Metí la mano en mi bolsillo y tomé el móvil. Alice me había explicado que mi
           sobreprotector novio llevaba el teléfono consigo siempre desde que salíamos
           juntos. Incluso yendo de caza. Pero lo pensé mejor y volví a dejarlo en su sitio.
           No quería molestarle en plena caza.

           Distinguí una estrecha senda que salía del claro y se perdía en el bosque y
           decidí seguirla, sin pensarlo un solo instante. Algo me arrastraba hacia allá. Ni
           siquiera me planteé la posibilidad de que hubiera algún animal salvaje cerca.
           Estaba segura de que si había alguno mi vampiro ya habría dado buena cuenta
           de él.

           Avancé con lentitud por el sendero, disfrutando de la belleza y del aroma del
           bosque primaveral, hasta que de pronto los árboles se abrieron para mostrarme
           un amplio prado. Ahogué una exclamación. Tenía una belleza irreal. Sus
           múltiples y brillantes tonos verdes estaban tachonados de pinceladas de colores
           vivos gracias a las flores que crecían dispersas aquí y allá. Extasiada, avancé
           lentamente por entre la vegetación, que me llegaba por debajo de las rodillas.

           De pronto lo sentí. Un tenue hormigueo en la cabeza, una sensación de calor
           recorriendo mi columna hacia abajo.

           Él estaba cerca. Todo mi cuerpo me lo decía.
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               Sentí cierta inquietud. Edward siempre había dicho que la caza sacaba lo más
               primario y animal de él, y por ese motivo prefería que yo estuviera lejos cuando
               se alimentaba. Yo siempre le había hecho caso en eso... hasta ahora. Quería
               compartir también esa experiencia con él.
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               Seguí avanzando lentamente, sintiéndome como una oveja vigilada por los ojos
               de un león. Mi vello se erizó de repente, había algo extraño y al principio no
               reparé en qué era.

               Hasta que me di cuenta. El bosque estaba demasiado silencioso. ¿Y si había
               algún animal salvaje? Recordaba los osos de los que me había hablado Angela
               en nuestra primera excursión. Sólo podía escuchar el zumbido de los insectos y
               mi martilleante corazón.

               -¿Edward? Estás empezando a asustarme... -apenas había acabado la frase algo
               se abalanzó sobre mí y me vi tumbada sobre la hierba del prado. Unos brazos
               protectores impidieron que me golpeara al caer.

               -¿Asustada? Eso es nuevo – siseó Edward.

               El bello rostro de mi novio se cernía sobre mí. Estaba colocado a horcajadas
               sobre mi cuerpo clavándome en el suelo e inmovilizándome los brazos con sus
               manos en mis muñecas.

               -Sólo por si no eras tú... temí que fuera un oso -repuse, intentando mantener la
               calma. Me sentía más presa que nunca, y eso era decir mucho. Jamás había
               visto una expresión tan fiera en su perfecta cara.

               Estaba mortalmente hermoso, y ahora más que nunca era evidente que no era
               humano.

               -No tienes ninguna preocupación por tu propia seguridad, Bella –negó con la
               cabeza, sin variar su inquietante expresión.

               A pesar de eso era una gloriosa visión: el cobrizo cabello más despeinado de lo
               habitual, la camiseta negra por fuera de los vaqueros oscuros que cubrían
               aquellas largas y fibrosas piernas, el cuerpo felino tenso como un arco.
               Entonces me fijé que llevaba la camiseta algo desgarrada y con salpicaduras de
               lo que parecía sangre. Miré más abajo y observé otro desgarro en su pantalón.

               -¿Estás herido?-pregunte ansiosa. Él rió y se inclinó más sobre mí, hasta que
               percibí su aliento embriagador. Intenté moverme pero fue imposible.
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               -No. A veces les doy a mis presas la oportunidad de defenderse -su mirada y su
               aterciopelada voz me tenían tan atrapada como su cuerpo sobre el mío.

               -¿De defenderse? ¿Qué defensa tienen ante el mayor depredador de la
               naturaleza?-ironicé sin apenas voz.
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               Entonces algo cambió en su expresión, en la tensión de su cuerpo.

               -Supongo que tienes razón. Pero ésa es mi esencia, Bella. La puedo controlar,
               pero no anular -se apartó de mí y se tumbó en la hierba a mi lado, cerrando los
               ojos y respirando pausadamente.-Ve al coche, estarás más segura. En unos
               minutos te sigo.

               ¿Qué había pasado? No estaba segura, pero conocía a Edward y sabía que estos
               cambios de humor se debían a la ambivalencia de sus emociones respecto a mí.
               Tumbada a su lado pensé en que teníamos algo en común, una lucha interna.
               Mi lucha personal era la decisión entre dejar mi mundo y entrar en el suyo,
               para siempre. La suya era luchar entre el amor que sentía por mí y su instinto
               de beber mi sangre... y transformarme en alguien como él.

               Pero yo siempre confiaba en que su amor era más fuerte. Que podría controlar
               todos los demás instintos.

               De pronto escuché un suspiro.

               - No lo harás, ¿verdad?

               -¿El qué?

               -Marcharte.

               -No.

               -Isabella... a veces me desesperas. Ojalá te preocuparas más por preservarte de
               mí -se lamentó.

               Me senté a su lado y lo contemplé. Tumbado sobre la hierba como un animal
               herido, rodeado de vegetación y flores, los párpados cerrados, la ropa
               desgarrada y esa belleza sobrehumana. Tuve que contener un gemido. Era el
               ejemplar de hombre más hermoso sobre la tierra. Y era mío. No pude sofocar
               la oleada de deseo que me acometió.
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           -Jamás tendré ninguna ansiedad en lo que a ti respecta, lo sabes- mi voz sonó
           ronca y entonces él abrió los ojos, mirándome atentamente.

             Me coloqué sobre sus caderas en un solo movimiento, imitando su posición de
             unos minutos antes, y me quedé completamente quieta, estudiando su reacción,
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             que no se hizo esperar. Sentí su dureza entre mis piernas y contemplé cómo su
             pecho subía y bajaba con dificultad. Su expresión era una mezcla de deseo,
             enojo, e incertidumbre. Sin dejar de mirarle me desplacé lentamente en
             dirección a sus muslos, le desabotoné el pantalón y le bajé la cremallera,
             liberando su erección. Sonreí.

           -¿Sin ropa interior, Edward?-acaricié la suave piel de su pene, que aunque
           parecía imposible creció aún más entre mis manos.

           -Me he vestido rápido –dijo sin apenas voz.

           De pronto habíamos intercambiado papeles.

           -Ya... pues no me gusta – me incliné, lamí la punta y jadeó- que otras puedan -le
           acaricié los testículos con una mano y se mordió el labio - advertir con tanta
           facilidad -lamí de nuevo y se aferró con ambas manos al suelo -lo que es mío.-
           Metí la punta en mi boca y retorcí la lengua a su alrededor.

           El sabor único de su piel, su olor embriagador, incluso el sabor de su
           excitación... convertían la experiencia de tenerle en mi boca en algo tan sensual
           y electrizante que me dejaba al borde del orgasmo.

           Estimulada por sus gemidos lo introduje completamente en mi boca,
           succionando con fuerza al tiempo que lamía el glande en círculos. Relajé la
           musculatura de mi garganta, intentando introducirlo más profundamente cada
           vez, y entonces un gruñido vibró por todo su cuerpo.

           -Bella, ¿quieres matarme? ¡Joder!-jadeó y cerró los párpados con fuerza.

           Sus dedos se clavaron como garras en la tierra. Continué succionando
           profundamente y lamiendo, increíblemente excitada por el placer que le estaba
           dando, deleitándome en su sabor y su textura, y como pude me desabotoné mi
           propio pantalón y deslicé una mano entre mi piel y las braguitas. Estaba
           completamente empapada y apenas puse los dedos entre mis pliegues y rocé mi
           clítoris sentí que no iba a aguantar mucho más. Edward abrió los ojos y me
           miró... la imagen que tenía frente a él fue suficiente para que se liberara su
           orgasmo.
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               -¡Bella!-rugió con fuerza, y yo no necesité más. Mientras el descargaba en mi
               boca la intensa y placentera presión en mi vientre estalló expandiéndose por
               todo mi cuerpo.

               Me acosté a su lado, jadeando, mi cuerpo aún convulsionado por las últimas
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               oleadas de mi orgasmo, los ojos cerrados. De pronto sentí el roce de sus fríos
               labios sobre mi oreja, rozándola apenas.

               -Quítate los pantalones y las bragas -siseó.

               Su voz llena de deseo mandó ecos que asolaron mi cuerpo acelerando mi
               corazón y mi respiración. Mi cuerpo estaba completamente laxo y dudé
               durante un segundo; había sido tan poco previsiva que no traje ninguna muda
               de ropa. Cuando me di cuenta él mismo me había desnudado de cintura para
               abajo, por fortuna sin romper nada. Escuché mi propio latido retumbando en
               mis oídos, y sabía que si no intentaba calmar mi hiperventilación pronto me
               marearía. Edward me alzó los muslos colocándose entre ellos. Yo estaba en
               trance, absolutamente a merced de aquella magnética mirada.

               Me sujetaba con fuerza y mi laxo cuerpo se negaba a obedecerme.

               -Isabella Swan, vas a acabar conmigo. Pero no me voy a ir solo. -Diciendo esto
               se hundió sin dificultad en mi cuerpo y grité. – Cariño, estás completamente
               empapada...-gimió y cerró los párpados con fuerza; su cara lucía la expresión
               más erótica que podía imaginar. Entonces levantó mis piernas y las colocó
               sobre sus hombros, penetrándome más profundamente.

               Un quejido profundo y animal salió de mi garganta. El placer de recibirle
               dentro de mí, con un deseo tan primario e instintivo, me hizo perder la razón.

               -Fóllame duro, Edward. Por favor.

               Embistió una vez, fuerte, y me arqueé sobre mi espalda, gritando de nuevo. Su
               sola mirada hacía arder cada célula de mi sangre, vibrar cada nervio de mi
               cuerpo.

               -Grita, Bella -se hundió en mí implacable, y una violenta corriente de placer me
               sacudió el cuerpo, provocándome algo parecido a un rugido- No es suficiente,
               cariño... déjate llevar, aquí nadie puede escucharte.

               En aquel momento el cielo se iluminó con un súbito relámpago y al cabo de
               pocos segundos se escuchó un fuerte trueno. La lluvia empezó a caer, fina pero
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             abundante. Edward estaba quieto en la misma postura, mirándome con la boca
             apenas entreabierta, el pecho agitado. Me sujetaba los muslos con fuerza,
             clavando sus largos dedos en mi carne. El tiempo parecía haberse detenido
             mientras cada uno se perdía en la mirada del otro. En unos instantes ambos
Página | 374 estábamos empapados. No sé cuál sería mi aspecto tumbada sobre el prado,
             desnuda de cintura para abajo y con la cara, los cabellos y mi sudadera
             empapada, pero él se veía jodidamente sexy. La mojada camiseta, a través de
             cuyos desgarros veía su pálida piel, se le pegó al pecho marcando cada uno de
             los tensos músculos, y el cabello y la cara húmedos le daban una expresión aún
             más salvaje. Mi cuerpo palpitaba de anticipación y deseo.

            -Bebe de mí, Edward-gemí.

            -¡No!- gritó entre aterrorizado y enojado.

            -Hazlo. Por última vez -supliqué.

            -Es una locura, Bella- negó con la cabeza pero detecté una chispa de debilidad
            en sus ojos.

            -Por favor... lo necesito-rogué.-Y tú también. Por última vez, amor -repetí,
            contemplando la lucha interior en su cara.

            De pronto pareció reaccionar y se inclinó un poco sobre mí, sin soltarme.

            -Te deseo tanto que me duele, Bella. Estoy loco por ti. En cuerpo y alma -
            habló con voz rota por la pasión. Entonces lamió y repartió besos por la piel
            del interior de mi muslo.

            -¡AH!-grité con toda la fuerza de mis pulmones y mi cuerpo se convulsionó por
            la brutal invasión del placer agudo e intenso que me provocó al morderme.

            Salió de mí y volvió a penetrarme con fuerza, sin dejar de beber mi sangre. Fue
            rápido, duro y profundo, cada grito mío más fuerte, hasta que mi cuerpo estalló
            en un violento gozo, mientras sentía su liberación y le escuchaba gritar mi
            nombre, de nuevo.

            Se dejó caer con suavidad sobre mi pecho y le acaricié la cabeza mientras
            esperábamos que nuestra respiración se calmara y mis fuerzas volvieran. Y así
            nos quedamos durante varios minutos, abrazados mientras la lluvia caía sobre
            nosotros y los lejanos relámpagos iluminaban el cielo.
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               -Lo s...-empezó a decir Edward. Al captar el tono de voz le tapé la boca con la
               mano para evitar que pronunciara las palabras.

               -Si se te ocurre decir "lo siento" me voy de tu piso y me busco un hotel -dije
               enfadada.
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               Levantó la cabeza y me miró entre divertido y preocupado. Entonces se me
               ocurrió pensar que debíamos formar una imagen memorable, yo tumbada
               sobre la hierba con él entre mis piernas, y la lluvia cayendo sobre nosotros.

               -Está bien – sonrió con desgana pero su mirada era intensa.- Ha sido...
               devastadoramente placentero. Pero escúchame bien, Bella. Jamás vuelvas a
               pedírmelo. Lo del vínculo es cierto. He sentido que estabas cerca, y dónde
               estabas.

               -Yo también te he sentido -repuse.

               Él se movió sobre mí y acercó su rostro al mío, evitando que la lluvia cayera
               sobre él. Alcé las manos y las entrelacé en su nuca.

               -Entonces sabes lo que puede pasar. Amor, deseo que seas como yo, pero sólo
               cuando estés completamente preparada- frunció el ceño, mirándome
               angustiado.

               Tenía razón. Me regañé a mi misma por mi impulsividad y mi nulo
               autocontrol. Él era mi droga. Y quería estar con él toda la eternidad. Pero aún
               no estaba lista para eso y él también lo sabía. Asentí firmemente, sin pronunciar
               palabra.

               Se separó de mí y me ayudó a incorporarme. Se colocó bien los pantalones y
               cogió del suelo mis empapados zapatos, vaqueros y braguitas, se dirigió hacia
               mí y me tomó en sus brazos. Me aferré a su cuello y pegué mi nariz a su piel.
               Me dolía estar separada de él. Su aroma llenó mis pulmones, intensificado por
               la humedad de la lluvia.

               En cuanto llegamos al claro donde estaba su coche se dirigió al maletero del
               Volvo y sacó una bolsa de deporte.

               -Métete en el coche, Bella. Vas a resfriarte.-Se metió conmigo en el coche y
               sacó unos pantalones y una camisa a cuadros del interior de la bolsa.-Siempre
               llevo ropa seca cuando voy a cazar lejos de casa... es una buena precaución.
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           -Me vendrán enormes, pero te lo agradezco- sonreí. Los tomé de su mano y
           empecé a ponérmelos.

             -¿Se puede saber a qué ha venido esto? Ha sido una imprudencia superior a las
             que me tienes acostumbrado -inquirió observando cada uno de mis
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             movimientos.

           -Quería verte, y no estabas en casa -hice un mohín.- Alice me dio la idea de
           venir a buscarte y me pareció bien. Hace tiempo que quiero verte cazar, lo
           sabes.

           -Bella- suspiró, tocando delicadamente mi mejilla con el dorso de su mano.-
           Durante la caza me libero de prácticamente todas mis represiones. Tengo
           miedo de no poderme controlar y volver a morderte si estás a mi lado en ese
           momento. Prométeme que no vendrás a buscarme nunca más cuando esté de
           caza. No mientras seas humana.

           -Lo prometo -pronuncié, contrita.

           -Lo celebro. Luego tendré una charla con mi hermanita por meterte ciertas
           malas ideas en la cabeza, como si tú no tuvieras las suficientes.

           .

           -¡De nada!- Alice sonrió ampliamente cuando ambos entramos por la puerta.

           Jasper sofocó una risa y yo me sonrojé de forma violenta. No era para menos.
           Edward iba mojado de la cabeza a los pies; yo iba vestida con su ropa, con el
           cabello húmedo y despeinado, y probablemente mi expresión aún era
           resplandeciente por los orgasmos que mi novio me había regalado. Por no
           hablar del olor a sexo, que cualquier vampiro habría captado a unos cientos de
           metros.

           -Enana. Tú y yo tenemos que hablar, pero en otro momento- advirtió Edward a
           su hermana frunciendo el ceño forzadamente.

           Nos dirigimos por la escalera hacia nuestra habitación, ignorando las carcajadas
           que arreciaban como la lluvia detrás de nosotros.

                                               *º*º*º*º*º*
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            -Gracias por dejarme tu coche, Jasper- miré a mi guapo cuñado, que estaba
            jugando a la Play contra mi chico.

             Dejé las sobras de la manzana que me había comido en un plato sobre la
             mesita y doblé las rodillas sobre el sofá, observando la partida. Alice estaba
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             concentrada dibujando, sentada a la mesa del comedor.

            -No me las des, el coche es tuyo -sonrió el rubio sin apartar la mirada de la
            pantalla.

            -¿Qué?-la palabra se escapó de mi garganta como un chillido agudo. Alice dejó
            de dibujar, y la partida quedó en "pause".

            -¿Edward no te lo ha dicho? ¿Tío, has estado todo el día con ella y no has
            tenido ni un momento para explicárselo? Te diré un secreto porque eres nuevo
            en esto: para tener éxito con tu pareja no basta con el buen sexo, debe haber
            comunicación- se burló Jasper.

            -Vale, ya, piedad- Edward levantó ambas manos en señal de rendición y me
            miró.- Alice quiere regalarle un coche nuevo a Jasper y no sabían qué hacer con
            el viejo. He pensado que ya que no tienes coche te lo podían prestar...-negué
            con la cabeza.

            -¿Viejo? ¿Qué problema tenéis en vuestra familia con los coches? Ese debe
            tener un par de años a lo sumo... dios, si está en perfecto estado. Y yo no
            puedo aceptar la responsabilidad de usar el coche de otro. Jasper, te agradezco
            la amabilidad, pero tu coche corre peligro conmigo, soy propensa a los
            accidentes, aunque por fortuna no suelen ser graves -añadí precipitadamente al
            captar la expresión de alarma de mi novio.

            -Precisamente -gruñó Edward-Es uno de los más seguros en su categoría. Bella,
            necesitas un coche, y con el sueldo de residente no puedes conseguir uno ni la
            mitad de seguro que este. Y si no me dejas regalarte uno, lo cual sigo sin
            comprender, esta es la única opción que nos queda- su expresión ardía de
            indignación.

            -¡La única opción que te queda a ti!-espeté.- No... No puedo ir con el coche de
            Jasper por ahí... ¿y si lo abollo, o me lo roban?

            -Bella -intervino mi cuñado sonriendo de forma deslumbrante.- Hazte a la idea
            de que si no aceptas el préstamo bajaré a la calle y le regalaré el coche a la
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            primera persona que encuentre por la calle... y que no crea que estoy loco de
            atar o que hay una cámara oculta, claro.

             No pude evitar sonreír al imaginarlo. Lo pensé durante un minuto. Edward
             tenía razón, podía adquirir un coche con mi sueldo pero ni por asomo como el
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             que Jasper me prestaba. No sabía si era cierta la historia del cambio de
             automóvil o era un montaje destinado a que mi chico se saliera con la suya en
             lo referente a mi seguridad, pero decidí que iba a ceder... Suspiré. No deseaba
             que él se preocupara por mí aún más de lo que ya lo hacía. Comprendía sus
             sentimientos, pero intentaba frenar su sobreprotección siempre que podía, o
             me haría sentir asfixiada. Pero era hora de decir sí.

            -De acuerdo, lo tomo prestado -apenas acababa de pronunciar la "o" y Edward
            estaba sobre mí, robándome el aliento con un intenso beso.

            -Gracias -susurró contra mi boca.

            -No te acostumbres- sonreí, respondiendo a su beso con otro de igual
            intensidad.

                                                *º*º*º*º*º*

            Edward se acababa de marchar y ya lo echaba de menos. El resto de los Cullen
            excepto Alice y Jasper, que se quedaban un día más, fue despidiéndose de mí a
            lo largo de la mañana. Todos se habían ausentado de sus trabajos de forma
            imprevista y compromisos previos impedían prolongar más su estancia en
            Seattle.

            Pasé la mañana haciendo compañía a Angela, que estaba de mejor humor
            seguramente debido a su próxima alta: el cardiólogo le había confirmado que
            sería el viernes. Jake y yo habíamos establecido una rutina tácita: él pasaba la
            noche con Angela, yo la mañana hasta después de la comida, a media tarde él
            volvía y yo me iba a casa.

            El resto del día estuve ante la pantalla del ordenador con Jasper, mirando fotos
            de mujeres de entre 20 y 40 años de edad investigadas por muertes sospechosas
            de familiares. Eran casi las diez de la noche, llevábamos cinco horas seguidas
            ante la pantalla y estaba a punto de levantarme para irme a la cama cuando la
            vi.

            Mi corazón dio un vuelco.
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               -Esa -señalé. Estaba segura de que era ella. En la foto llevaba el cabello de color
               rubio, pero estaba segura de que era Jane Smith- Esa es- repetí, presa de la
               excitación- pero ahora lleva el pelo castaño oscuro.

               Jasper amplió la imagen y en unos segundos cambió el tono de cabello de la
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               madre de Daniel.

               -Sí-cerré los puños con fuerza, -esa es. ¿Por qué la investigaron? ¿Cuándo fue?
               ¿Cómo se llama?- exigí. Alice se había acercado y miraba la pantalla con
               curiosidad por encima del hombro de Jasper.

               -Veamos... Jane Taylor, nacida en 1978 en Cardiff. Se trasladó a Londres para
               estudiar enfermería y posteriormente trabajó en el hospital Queen Elizabeth. Se
               la investigó por la muerte de su hermano, parece que el joven era diabético y en
               el 2002 sufrió una sobredosis de insulina que le provocó la muerte tras un
               coma hipoglucémico. Vivían juntos y ella era quien le acompañaba a todas las
               visitas médicas, pero nada pudo relacionarla con la muerte, que se declaró
               accidental.

               -Una hipoglucemia... ¿Sospechaban que ella le había inyectado una sobredosis
               de insulina?

               -No al principio-siguió leyendo Jasper.- Parece ser que fue la novia de su
               hermano quien promovió que se iniciara la investigación. En un principio la
               muerte se atribuyó a un accidente en la administración de la dosis.

               -¿Y qué sabemos de la novia? -pregunté, temiendo la respuesta. Jasper tecleó
               rápido y abrió una nueva ventana en la pantalla.

               -Murió en 2005-respondió antes de que yo tuviera tiempo de leer, como buen
               vampiro- en un accidente de automóvil. Se salió de la carretera en una curva.
               No hubo testigos -concluyó, sombrío.

               -¡Y una mierda, accidente! -negué incrédula, sintiendo la angustia atenazar mi
               garganta. Cada vez estaba más segura de que la madre de Daniel era muy
               peligrosa. -Jasper, tenemos que encontrarla. Le hará daño, lo sé -intenté
               inútilmente calmar mi desesperación y ansié tener a Edward a mi lado.

               Alice me apretó el brazo con suavidad.

               -Estamos en ello, Bella-dijo con suavidad.
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            -Lo sé -puse mi mano sobre la suya.-Jasper, ¿sabemos algo de Jane... Taylor
            después de lo de la investigación?

             -Ahora que ya tenemos un nombre voy a investigar hasta en sus notas de
             preescolar, Bella. Ahora vete a descansar- añadió señalando el reloj del
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             portátil.-En cuanto sepa algo interesante te despierto.

            Me había acostumbrado a que alguno de los Cullen me mandara a la cama a
            dormir, así que no discutí. Estaba muy cansada y probablemente Jasper
            trabajaría más rápido él solo. Intentaría dormir, lo necesitaba para estar en
            plenas facultades. En aquel momento envidié profundamente su permanente
            vigilia. Pero me sentí agradecida, y mucho. Tenía suerte de contar con ellos.
            Confiaba en que más pronto que tarde descubriríamos el paradero de Jane
            Taylor, también conocida como Jane Smith, probable autora de un doble
            asesinato y madre de uno de los niños más dulces que había llegado a conocer.




                                              Capítulo 38



            Iba a poner la mano en el picaporte cuando la puerta de la habitación de
            Angela se abrió de golpe y Jacob salió como un vendaval, chocando contra mi
            brazo al pasar por mi lado.

            -¡Eh, ve con cuidado! Joder, casi me atropella y ni se disculpa – rezongué.

            Dirigí a Jacob una mirada asesina y me froté el brazo mientras lo veía
            alejándose por el pasillo de la planta de cardiología.

            -¡Pasa!-ladró mi compañera de piso cuando llamé a su puerta.

            Me armé de paciencia.
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            -Buenos días, Ang -mi amiga tenía el ceño profundamente marcado.- Llego en
            mal momento -afirmé.

             -Eres la leche de perspicaz -gruñó, para inmediatamente tomar aire y exhalar
             con fuerza.- Lo siento, no es culpa tuya, me estoy comportando como una
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             borde. Pero es que estoy harta de estar conectada a estas máquinas, de estar
             aquí metida, de que Jake sea tan protector. Lo amo, pero me está agobiando.
             Me trata como si fuera de cristal.

            -Créeme, sé un poco de eso-le sonreí sentándome en la cama.-Pero eso no es
            una novedad. ¿Por qué ahora estás así, si puedo saberlo?

            -Puedes. Me ha explicado su magnífico plan para que yo esté bien cuidada. Ha
            conseguido un desfibrilador, entre nosotras "cacharro", para su casa. Y me ha
            encontrado una cuidadora, quien no es ni más ni menos que Leah, su prima de
            la reserva. Leah, esa simpática mujer que parece que esté recibiendo pinchazos
            en el culo cada vez que me dirige la palabra, va a convivir conmigo cuando Jake
            no esté disponible por su trabajo.

            -¿Por qué Leah? ¿No sabe Jacob que no la soportas?

            -¡Claro que lo sabe! ¡Por eso me cabreo! Pero dice que ella está a punto de
            terminar la carrera de enfermería y está perfectamente capacitada para la tarea
            encomendada - engoló la voz intentando imitar a su novio.- Le pagará una
            cierta cantidad de dinero, y así Leah podrá ganar un dinerillo haciéndome de
            canguro mientras estudia. ¿Qué te parece? -rodó los ojos.- Tengo niñera a mis
            27 años. La niñera diabólica ¡Genial!

            -Vaya mierda.

            -Y por si fuera poco Leah además de caerme como el culo está medio
            enamorada de mi novio, se creerá que soy ciega y no veo los ojitos con los que
            lo mira. Me dan ganas de decirle: ¡Eh, niña, que lo que no me funciona bien es
            el corazón, las retinas las tengo de puta madre! –se señaló ambos ojos
            rezongando. Tuve que sofocar una sonrisa.

            -Cariño, sólo serán un par de meses. Luego podrás independizarte de todos
            nosotros. Y piensa que en julio empiezo en el Infantil. Podré hacer yo también
            de canguro-la tomé de la mano y sonreí cuando vi cómo se le iluminaba un
            poco la cara.

            -Es cierto, al menos el último de los tres meses se me hará un poco más corto.
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               -¿Ha pasado ya el cardiólogo? ¿Cuándo te dará el alta?

               -Después de la comida... ¿lo puedes creer? Me obligan a comer aquí.

               -Vamos, esta noche te desquitas con una buena cena en casa de Jake.
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               Romántica, por supuesto, con velitas y todo eso.

               -Sí, lo estoy deseando. Quisiera ir a cenar fuera de casa, pero el tío insiste en
               llevarse el "cacharro" detrás, por dios, llevo 27 años sin percances cardiológicos,
               ¿por qué iba a pasar algo en un par de horas? Si fuera por mí pasaría del
               "cacharro", pero a Jake le iba a dar un ataque. Y me diría eso de "ya no puedes
               pensar sólo en ti" -rodó los ojos y suspiró- Y es cierto, ¿verdad cacahuete?-dijo
               poniéndose una mano en el abdomen y bajando la vista.

               -¿Cacahuete?- reí entre dientes.

               -Sí, en la ecografía que me hicieron ayer parecía eso -sonrió tímidamente. -
               Hasta que no vea el latido no estaré tranquila, pero todavía es pronto- dijo. Yo
               asentí.

               -Sí, normalmente hasta la octava o novena semana no se ve.

               -Oye, y cambiando de tema, ¿qué vas a hacer ahora? No estaré en nuestra casa
               por lo menos hasta agosto. ¿Estarás bien sola? ¿O te irás a vivir con Edward?
               No te preocupes, puedo pagar la casa sola...-su voz se apagó.

               Me sorprendí de que ni tan siquiera hubiera pensado en hablarle de ello. Había
               tenido el pensamiento ocupado en tantas cosas las últimas horas que ni siquiera
               se me había ocurrido plantearle cómo iba a ser mi vida a partir de ahora. Me
               entristecí. Iba a echar mucho de menos la compañía de mi amiga. Había
               establecido con ella una relación de amistad tan intensa como jamás había
               hecho con nadie. La sentía como la hermana que siempre quise y nunca tuve, y
               desde ahora íbamos a hacer una vida independiente la una de la otra. Pero
               Edward iba a marcharse de Forks a Seattle, yo me iría con él y podíamos seguir
               viéndonos, al fin y al cabo viviríamos en la misma ciudad.

               -No... Ang, se me ha olvidado explicarte una cosa -repuse.

               -No me digas que tú y el cirujano más sexy del mundo os vais a vivir juntos.- El
               corazón me dio un vuelco. Tenía claro que vendría a Seattle pero irme a vivir
               con Edward... la idea me aterrorizaba y al mismo tiempo me atraía.
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            -Eeeh... no sé si juntos, pero él se viene a Seattle por temas de trabajo y yo voy
            a seguirle.

             -¿De veras? Entonces estaremos más cerca -sonrió.- Pero tú sigues acojonada.
             Tienes miedo de ir a vivir con él porque sería dar un paso adelante en tu
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             relación.

            -No empieces, Weber -gruñí advirtiéndola.

            -Escúchame, Bella- me tomó de la mano.-Escucha a una mujer que ha estado
            muerta por unos segundos.-La miré a los ojos. El tono era de broma, pero la
            mirada que me devolvió era intensa.- El miedo a sufrir no te dejará vivir. Bebe
            hasta el fondo de la copa de la pasión, apura la última gota, ama sin miedo a
            sufrir ni a perder. Déjate llevar por lo que sientes. La vida es corta y frágil, y
            mañana puedes estar arrepentida de lo que no hagas hoy.

            Me quedé unos instantes en silencio pensando en lo que mi amiga me había
            dicho. Tenía razón, yo lo sabía.

            -Supongo que...

            En aquel momento llamaron a la puerta y entró un médico joven con un sobre
            en la mano. Leí su identificación: doctor Grant, residente de cardiología. Debía
            ser de primer año, se le veía... novato.

            -Buenos días, Angela. Vengo a darte el informe de alta y explicarte todo lo que
            tienes y no tienes que hacer a partir de ahora.

            -Dios, me encanta que me des órdenes, Andrew- mi amiga guiñó el ojo al joven
            residente, quien se sonrojó hasta las uñas de los pies y me miró. Asentí y me
            despedí de Ang con un beso en la mejilla.

            -Voy a tomar un café. Luego vuelvo.

            A aquella hora del día la cafetería estaba bastante vacía. El café de la cafetería
            del Northwest no era mejor que el del hospital de Forks. Sinceramente, hacía
            que este pareciera un delicioso expresso de cafetería italiana. Probablemente lo
            daban en urgencias para los casos de intoxicaciones en vez de usar carbón
            activado y un laxante. El sabor, el color y las propiedades eran las mismas.

            Me puse a darle vueltas a lo que había hablado con Jasper por la mañana.
            Había trabajado varias horas en la noche para averiguar más cosas sobre Jane
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             Taylor, pero nada parecía de utilidad para encontrarla. La investigación fue
             concienzuda: movimientos en las cuentas de ahorro, facturas, cuentas de correo
             electrónico, datos escolares y universitarios... las habilidades de mi rubio
             cuñado daban miedo. No había dato que dejara rastro en la red al que no
Página | 384 pudiera acceder. Pero no pudimos encontrar nada que la inculpara o nos diera
             alguna pista de su paradero.

            -No hay nada, pero no desesperes, aún tengo unos cuantos sitios donde mirar.
            Ella aterrizó en Seattle con su nueva identidad, y no hay ninguna información
            en sus correos de la época, luego el que le consiguió la documentación falsa
            probablemente debía vivir en la misma ciudad. No creo que se comunicaran
            por correo postal. Eso acota un poco la búsqueda, podía investigar en los tipos
            con antecedentes penales por falsificación de documentos.

            -Jasper, no sabes cuánto te agradezco lo que estás haciendo. No sé cómo
            pagarte.

            -Medio litro de sangre me vendría bien. ¡Eh, es broma! Ya te dije que me
            gustan los retos... y además... no tolero que se maltrate a los niños.

            -Jasper... ¿alguna vez me has investigado?

            -Sí. ¡Pero por cuenta propia!, Edward se enfadó mucho cuando se enteró.

            -Vale, se agradece que por lo menos pongas cara de arrepentimiento.
            Prométeme que no lo volverás a hacer.

            -Prometo que no lo volveré a hacer mientras tu seguridad o la de otro ser
            querido no corra peligro.

            -De acuerdo, eso me vale. Y gracias por lo de incluirme en lo de ser querido.

            Dejé la taza casi llena y me dispuse a levantarme cuando unas manos sobre mis
            hombros me lo impidieron.

            -¿Pero qué...?-alcé la vista para saber quién obstaculizaba mis movimientos y
            Jacob Black se sentó frente a mí, clavándome sus oscuros ojos.

            -Tengo que hablar contigo-dijo con voz helada.

            -Pues yo no quiero oír nada que salga de tu boca -espeté y eché la silla atrás
            para levantarme.
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            -Oh, sí te interesa. Tiene que ver con tu novio y el tratado que rompió -sonrió
            maliciosamente contemplando cómo volvía a sentarme.

             -Tienes un problema mental, Jacob Black. Se llama paranoia y en esta ciudad
             hay muy buenos especialistas que gustosos accederían a tratarte. En serio, te
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             pagaré las consultas, si con eso consigo que dejes a los Cullen en paz -él
             chasqueó la lengua.

            -Swan, mi objetivo ahora es que tú dejes en paz a mi novia.

            -¿Qué... qué?

            -Vamos, supongo que los Cullen te habrán explicado cómo fue la reunión con
            mi tribu.

            -Lo han hecho. Y Edward acepta que debe marcharse de Forks. ¿Qué mierda
            te pasa ahora?

            -A mí no me pasa nada. A ti supongo que sí, porque no es normal ir ofreciendo
            el cuello a un chupasangre para que se alimente de ti. Eso sí debe ser un
            trastorno psiquiátrico. Lo que tengo claro es que todas nuestras leyendas tienen
            mucho de verdad. Y eso significa que estáis destinados el uno al otro y que
            tarde o temprano él te transformará en otro monstruo como él... y no quiero
            que estés en relación con mi novia por entonces. Así que amablemente te pido
            que cortes desde ya todo contacto con ella.

            -No haré nada de eso. Angela es mi mejor amiga, y ahora me necesita. Y si tú la
            amaras tanto no la dejarías con esa Leah, a sabiendas que no la soporta-mordí.

            -¡Eso no es cosa tuya!-exclamó entre enfadado y dolido.

            Me arrepentí un poco, sabía bien que Jacob se preocupaba más por Ang y el
            futuro bebé que por sí mismo. Y aunque me molestara reconocerlo y
            continuaba pensando que Jake tenía algo de paranoico, sabía también que su
            obsesión por separar a Angela de los Cullen y de mí era el resultado de un
            carácter sobreprotector.

            Pero eso no lo hacía menos desagradable.

            -Dios, Jake -intenté hablar de forma serena. -Ang y yo somos amigas, yo jamás
            le haría daño, igual que Edward tampoco haría daño a nadie. Ella me necesita
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            ahora, y yo puedo estar con ella cuando no trabaje, así no estará tanto tiempo
            con Leah- casi imploré mientras Jake negaba con la cabeza.

             -No. No vas a volver a verla mientras seas una... una chica vampiro. Despídete
             de ella hoy. Si me entero de que la ves explicaré lo de los Cullen. Hay maneras
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             de hacerlo sin que me tachen de loco. Sabes, siempre hay quien se cree esas
             cosas.

            -¿Vas a romper el pacto por tu cuenta?-pregunté horrorizada.

            -Sólo las palabras, no su espíritu. En su tiempo ese pacto se hizo para proteger
            a nuestro pueblo. Y yo estoy protegiendo a mi mujer y a nuestro hijo. Pasaré a
            buscarla para llevármela a casa hacia la una. Espero no encontrarte entonces en
            su habitación.

            -No puedes hablar en serio.

            -¿Me ves riendo o algo? Swan, es mi última palabra. Hazlo. No es tan difícil. Al
            fin y al cabo cuando te transformes en chupasangre tampoco podrás verla más.
            Sencillamente es adelantar los acontecimientos. Hazme caso y todos viviremos
            mejor -se levantó y se fue, dejándome sin despedirse.

            .

            -¿Te pasa algo? Estás muy pálida-Ang me observó con preocupación cuando
            volví a su habitación.

            -No, bueno... Creo que no me encuentro muy bien.

            -Ya te decía yo que tanto café de hospital iba a pasarte factura-me observó con
            atención.

            -Debo haber cogido algún virus por aquí -encogí los hombros sin mirarla.

            -Y yo adoro a mis padres y quiero que Leah sea mi dama de honor cuando me
            case con Jake. Bella, mientes fatal. ¿Qué ha pasado?

            -Nada, en serio, creo que estoy un poco nauseosa, eso es todo. ¿Qué te ha
            explicado el doctor Grant? –cambié de tema.

            -Oh... básicamente que haga vida de ameba hasta que me pongan el alien.
            Deberías haber visto el color de su cara cuando medio en broma le he
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            preguntado si podía tener sexo salvaje con mi novio – encogió los hombros
            haciendo una divertida mueca.

             A mi pesar me hizo reír. Y luego me entraron ganas de llorar al pensar que no
             iba a verla más. Porque lo había decidido ya: si le explicaba a cualquiera de los
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             Cullen la amenaza de Jacob habrían problemas graves. No quería pensar que la
             integridad física del novio de mi amiga corría peligro pero no quería correr el
             riesgo. Y si no le hacía caso y seguía viendo a mi amiga estaba segura de que
             cumpliría su amenaza.

            -Deberías avergonzarte por abusar de un "resi" de primer año.

            -Bah, que vaya acostumbrándose. Lo que le espera...

            Antes de lo que yo hubiera deseado trajeron la comida. Miré nerviosamente la
            hora en mi móvil. Quedaba menos de media hora para despedirme. Tras
            escuchar a mi amiga despotricar del primero, del segundo plato y un poco
            menos del postre, era hora de marcharme.

            Me senté en la cama y le tomé de las manos.

            -Angela, eres la mejor compañera de piso que podía haber encontrado jamás. Y
            la mejor amiga...-dije y la abracé sin poder evitar que mis ojos se humedecieran.

            -Eh... que nos veremos pronto-dijo con la voz tomada, respondiendo a mi
            abrazo.-Dile a tu guapo novio que te deje descansar algún día, que tanto sexo
            no puede ser bueno, y entonces te vienes a verme.

            Me mordí el labio fuerte para con ese dolor distraerme del que sentía en mi
            pecho. Hice fuerza para poder tragar saliva y romper el nudo que se había
            hecho en mi garganta. Pero los músculos de mi cuello no me obedecieron. Así
            que no pude hablar y continué abrazada a Angela.

            -Oye, lo del sexo sólo lo he dicho por pura envidia, no te lo tomes en serio-su
            voz sonó extraña como si estuviera conteniéndose. Poco a poco me separé de
            ella y la miré al fondo de sus oscuros ojos.

            -Suerte con todo. Amiga. Adiós- le apreté las manos y las solté, pero ella no me
            soltó a mí.

            -Hasta pronto, no adiós- me miró con cierta inseguridad y sonreí a medias.
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               -Hasta pronto.-Entonces me soltó.

               -¡Llámame cuando estés en Seattle!- dijo antes de que yo cerrara la puerta de su
               habitación.
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               Nunca se me había dado bien mentir. Pero asentí moviendo la cabeza
               enérgicamente.

               Afuera estaba lloviendo intensamente. No saqué el paraguas. Mis lágrimas se
               mezclaron con las gotas de lluvia, corriendo sobre mi cuerpo hasta llegar a los
               charcos del suelo.
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                                                 Capítulo 39

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               BPOV

               -Varón, doce años, pérdida de conciencia de un minuto con recuperación
               espontánea tras traumatismo abdominal en parque de atracciones -cantó el
               paramédico que llevaba la camilla.

               -Joder, tío, qué humillante, si puedo andar perfectamente - protestó el delgado
               adolescente.

               Lo seguí hacia el único box que quedaba libre en Urgencias. Mi último
               paciente. Aquel turno estaba resultando agotador y yo deseaba salir puntual
               porque sabía que Edward estaría esperándome. Hoy celebrábamos nuestro
               primer mes viviendo juntos y habíamos optado por una cena romántica en un
               restaurante. Bien, como siempre sólo yo cenaría, pero romántico iba a serlo.
               Mi adorable novio se había ofrecido incluso a comer algo ligero para que no
               me sintiera incómoda, después iría al lavabo a vomitarlo, por supuesto. Pero yo
               sabía cuánto odiaba la comida humana. Decía que sabía a tierra y yo no quería
               que pasara por eso. Ya estaba acostumbrada a alimentarme mientras era
               observada.

               -Lo siento, es el protocolo del hospital en las pérdidas de conciencia -me
               disculpé con una sonrisa y me coloqué a su lado en la camilla del box.

               -Bueno, si vas a ser tú mi doctora no hay problema- guiñó un ojo el chico.
               Bree, la enfermera que le estaba tomando las constantes vitales, sofocó una
               sonrisa.

               -Estoo... ¿y tu madre?- repliqué sonrojándome tontamente ante el piropo de
               aquel proyecto de hombre adulto.

               -Dando mis datos y toda esa mierda que pedís en estos sitios. Pero no hay prisa
               de que venga, ¿no?

               ¿Pero qué le dan de comer a esta juventud? Si podía ser su madre... si lo
               hubiera tenido con 14 años, claro.
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               -Vale, Casanova, para el carro y cuéntame qué recuerdas.

               -¿Casa qué? Me llamo Seth.

               -No hace falta que me lo jures: no sacaste buena nota en literatura. Sólo
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               cuéntame qué te ha pasado -bufé y le eché un vistazo rápido a mi móvil. Ya era
               casi la hora de finalizar mi turno y si no agilizaba la visita llegaría tarde.

               En aquel momento entró Garret Randall, el cirujano pediátrico, quien me clavó
               su oscura mirada de esa forma que me hacía sonrojar. Claro que a mí casi todo
               me hacía sonrojar. Era una de las cosas que a Edward le gustaba de mí.

               Y parecía que al doctor Randall también.

               El chico cambió su actitud tras la llegada de mi superior y más aún cuando su
               madre entró en el box, y se puso a la labor de contarnos lo que recordaba.
               Había subido en unos autos de choque sin ponerse el cinturón (para qué) y
               había chocado de frente varias veces (por qué no) contra sus amigos. En uno de
               esos choques se había golpeado el abdomen con fuerza contra el volante, pero
               había seguido en la atracción hasta que se detuvo. Fue cuando se levantó del
               asiento que se sintió mareado, cayendo al suelo.

               -Diagnóstico y tratamiento, doctora – los brillantes ojos del doctor Randall me
               contemplaban examinar rápidamente a mi paciente, sin perderse un detalle de
               mis movimientos.

               Odiaba ser el centro de atención, y más aún de un adjunto, y más aún todavía
               de un adjunto joven y atractivo que me observaba de aquella forma. Lo conocía
               poco, pero por experiencia sabía que no era normal que un adjunto supervisara
               tanto a un residente de último año. Pero era mi superior y no podía mandarlo a
               paseo.

               -¿Dónde te duele más?-pregunté a Seth.

               -Todo. Me duele toda la barriga. Y el hombro izquierdo, más cuando me tocas
               la tripa.

               -¿El hombro izquierdo?-pregunté alarmada.

               -Sí, no sé, igual me lo he golpeado al caer.

               -No creo, los hematomas por la caída están en tu lado derecho.
Cambio De Destino
                                                DraBSwan


            -¿Y bien, doctora?-Garret alzó una ceja interrogativa. Parecía Sherlock Holmes
            cuestionando a Watson.

             -Bueno...- miré tímida a la madre del chico y al cirujano – Seth tiene taquicardia
             leve, presión arterial normal, aún no hay palidez, pero... tiene síntomas de
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             sangrado peritoneal, posiblemente se ha producido una fisura en el bazo al
             golpearse contra el volante del auto. Lo del hombro es muy significativo. Yo
             solicitaría hemograma, pruebas de coagulación, y pruebas cruzadas por si
             necesita una transfusión. Una ecografía ahora mismo confirmaría el
             diagnóstico. Creo que tiene trabajo, doctor – terminé, más segura de mí misma
             al observar su expresión. Garret asintió.

            -Exacto – afirmó y miró a la madre amablemente.- Señora, como ha dicho la
            doctora Swan probablemente haya que intervenir a su hijo, debe tener una
            fisura en el bazo por donde está sangrando. Lo confirmaremos con una
            ecografía y si es así habrá que intervenir para cerrar eso o no, depende de la
            importancia del sangrado.

            Fue Garret mismo quien hizo la ecografía, confirmando el diagnóstico.
            Tranquilizó a la preocupada madre y al aún más ansioso adolescente. En ese
            sentido me recordaba a Edward, sabía ponerse en el lugar del paciente e
            intentaba calmar sus miedos dentro de lo posible. En una especialidad dura
            como la cirugía eso era poco frecuente y muy de agradecer. Y más aún en un
            cirujano pediátrico.

            Una vez se hubieron llevado al chico a quirófano le eché un vistazo al reloj de
            pared que había sobre el mostrador principal de la sala de Urgencias del
            Hospital Infantil de Seattle. Pasaban minutos de las seis de la tarde. Suspiré. Mi
            turno tendría que haber terminado hacía una hora, pero era lo que tenía esta
            profesión. No podías dejar a un paciente grave a medias porque ya se había
            terminado el turno.

            Me cambié de ropa en el vestuario femenino lo más rápidamente que pude,
            que no fue mucho porque estaba agotada. Las Urgencias quemaban más que
            otras especialidades. Y siempre salía tarde. Ansiaba ver a mi adorado novio... y
            nuevo compañero de piso. Reprimí como pude la oleada de pena que me
            asolaba cada vez que recordaba a Ángela.

            Al final habíamos terminado viviendo juntos, y aunque temía que nuestra
            relación se volviera rutinaria... esa palabra y Edward no se llevaban bien.
Cambio De Destino
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             Recordé cuando hablamos de nuestro traslado a Seattle. Fue fácil solucionar el
             tema del trabajo. Emily aceptó que yo me fuera unas semanas antes de lo
             previsto tan bien como al principio había aceptado que me quedara más
             tiempo. Sin pedirme explicaciones. No sabía qué clase de jefe sería James pero
Página | 392 desde luego no creía que fuera mejor que su ex. Mis compañeros incluso me
             organizaron una cena de despedida. Mucha gente relacionó nuestra marcha
             con los acontecimientos en la fiesta de cumpleaños de Anne, y realmente no les
             faltaba razón, pero ninguna especulación se acercaba a la verdad.

            Afortunadamente.

            El momento complicado vino cuando Edward me pidió que fuera a vivir con
            él. Acabábamos de hacer el amor en su cama. Me miró intensamente con
            aquellos hermosos ojos, me habló con aquella voz de terciopelo, y casi temí
            que se arrodillara y sacara un anillo. Vi el dolor en su mirada cuando leyó la
            duda en mi expresión, pero sólo duró unos segundos.

            -Si quieres podemos tener habitaciones separadas. O yo puedo vivir en el piso
            de abajo del dúplex y tú en el de arriba. Puedo entrar por la ventana de tu
            habitación y será casi como si siguieras viviendo en Forks.

            La pena que sentí entonces al pensar en Ángela lo confundió, y creyó que me
            angustiaba la idea de irme a vivir con él. No me angustiaba, pero en mi interior
            una pequeña parte seguía luchando contra mi absoluta necesidad de él. Pero
            entonces recordé las palabras de mi amiga. ¿De qué tenía miedo? No podía
            luchar contra la necesidad de respirar, y él era tan necesario como el aire para
            mí. Además siempre había sabido darme mi espacio, y eso no cambiaría al vivir
            juntos. Simplemente desaparecería el anhelo que sentía cada vez que nos
            separábamos.

            -No te preocupes, buscaremos un piso para ti cerca del Hospital Infantil...

            -¡No! No. Quiero que estemos juntos, Edward. Quiero encontrarte cuando me
            despierte por la mañana, cuando me acueste por la noche, cuando me levante
            de una guardia...

            -¿En serio?

            Recuerdo su perfecto rostro iluminado por la felicidad como si fuera un árbol
            de Navidad. Luego bromeó diciendo que tenía miedo de encontrarse conmigo
            cuando yo salía de guardia.
Cambio De Destino
                                                DraBSwan


             Fui arrastrando los pies en dirección a la salida. Cuando vi a Edward
             esperándome frente al mostrador de la recepción de Urgencias mi cuerpo se
             sintió más ligero. Llevaba meses saliendo con él y aún sentía mariposas en el
             estómago cuando lo encontraba tras unas horas sin verlo. Me pregunté si alguna
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             vez me acostumbraría.

            -Hola - dije casi con timidez.

            Como respuesta me tomó la cara entre sus manos y me besó, suavemente al
            principio, luego más profundamente, hasta que mi turbación me hizo
            separarme de él.

            -Edward, estoy en el trabajo -susurré reprobadora.

            -Sólo quiero dejar claro a quién perteneces –replicó en el mismo tono de voz,
            como bromeando, pero sus ojos ardían.

            Me tomó de la cintura y nos encaminamos a la salida.

            Una vez fuera rodeó mi cuello y mi cintura con sus brazos y me besó con
            pasión. Esta vez me dejé llevar por la caricia de su lengua sobre la mía, por su
            sabor delicioso. Cuando su boca liberó la mía mi respiración era jadeante y mi
            piernas un tambaleante flan apenas capaz de soportar mi peso.

            -Creo que este tipo de besos está prohibido en este estado, por lo menos en
            público.

            -Te habría besado así allá dentro- apuntó con la barbilla el edificio del Infantil.
            Sus brazos seguían rodeando mi cintura, pegándome a su duro cuerpo- Pero no
            me has dejado. Aunque si llega a estar Randall cerca de nosotros no te habrías
            librado.

            -¿Garret? Un momento... ¿cuánto tiempo llevabas esperándome? –fruncí el
            ceño.

            -Lo suficiente como para escuchar lo que te decía, y lo que es peor, lo que no
            te decía. Y ahora por su culpa lo que quiero es llevarte a casa y darnos una
            ducha juntos para borrar su desagradable olor de ti- su expresión intentaba ser
            contenida pero yo detectaba una chispa de ira... y deseo.

            -Oh... no, Edward, no haremos eso, por lo menos ahora. Me habías prometido
            una cena, una cena romántica – remarqué.
Cambio De Destino
                                                  DraBSwan


               Estaba cansada e irritable, y en aquel momento no me sentía nada comprensiva
               con los celos de Edward.

               -Está bien, tienes razón –repuso secamente.
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               Me tomó de la mano y caminamos en un tenso silencio hasta llegar al
               restaurante, que no estaba muy lejos de mi lugar de trabajo. Me sentí un poco
               deprimida. Todo el día esperando este momento, y ahora sentía esa
               desagradable tensión entre nosotros.

               De pronto Edward se detuvo a unos metros de la puerta del restaurante y tiró
               de mi mano con fuerza, arrastrándome hacia sí y envolviéndome con sus
               brazos.

               -Lo siento -murmuró contra mi cabello.

               -Yo también. Estaba... estoy cansada –expliqué sobre su pecho.- Sé que es duro
               para ti escuchar determinados pensamientos de otros hombres, pero Edward...
               yo llevo meses soportando cómo el noventa por ciento de las mujeres y el diez
               por ciento de los hombres con los que te cruzas se te comen con los ojos. Y
               aunque a veces me molesta, sobre todo si la mujer es muy atractiva, la mayoría
               de veces lo único que pienso es "Jodeos, es mío". -Edward soltó una carcajada y
               yo sonreí.- Confía en mí como yo en ti, amor. No puedo evitar las atenciones
               del doctor Randall. Pero se puede joder porque yo soy tuy... -no pude acabar la
               frase porque su boca invadió la mía vorazmente, robándome de nuevo el
               aliento. Mi cuerpo entró en ignición desde la raíz del cabello a las uñas de los
               pies. Nuestros labios jadeantes se separaron unos milímetros y me sentí
               mareada. El sabor y el aroma de Edward me hacían perder la cordura.

               -Será mejor que entremos. Una frase más como la que acabas de casi-
               pronunciar y te arrastraré al callejón más cercano. Y lo que te haría no tiene
               nada de romántico -su ronca y vibrante voz penetró hasta lo más profundo de
               mis entrañas, haciéndolas contraerse.

               No sería romántico pero yo también estaba a punto de mandar la cena a paseo.
               Sonreí mientras entrábamos en el restaurante. Las cosas entre Edward y yo
               habían sido así desde nuestro primer beso. Un momento estábamos hablando
               tranquilamente y al siguiente una chispa se encendía y la pasión se apoderaba
               de nosotros de forma explosiva.
Cambio De Destino
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               La cena fue romántica de veras. Nuestra mesa estaba en un lugar apartado e
               íntimo del restaurante, había velitas sobre la mesa, y la comida italiana era
               deliciosa. Pudimos conversar tranquilamente, mirarnos a los ojos en silencio y
               enlazar las manos entre plato y plato.
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               Pero mi cansancio no tenía nada de romántico. En cuanto me relajé con la
               compañía de mi novio y me olvidé de las preocupaciones del día todo mi
               cuerpo pidió estirarse sobre una cama y no moverse durante horas.

               -¿Es más duro el trabajo aquí que en Forks?- me preguntó él dulcemente,
               acariciándome la mano.

               -No, es la estancia en Urgencias, me estresa mucho -tomé un sorbo de vino y
               cerré los párpados unos segundos, volviendo a bloquear el recuerdo de mi
               amiga.- Y no creo que mejore el próximo mes, me toca pasarlo entero en la
               UCI neonatal -suspiré, recordando que había sido uno de mis campos favoritos
               dentro de la especialidad.

               Había sido, porque ahora echaba de menos a mis compañeros del Comunitario
               de Forks, a Anne, Monica, a mi jefa, y por encima de todo a Angela. Tomé una
               pequeña cucharada de tiramisú y sentí una fuerte punzada en el pecho
               recordando nuestra cena de chicas en Port Angeles.

               -¿Estás segura de lo de Angela? -tentó Edward.

               Sus agudos sentidos estaban atentos a cualquier ínfimo cambio en mi
               expresión, movimiento, respiración... y cada vez le resultaba más fácil leerme.

               -Ya te dije que sí. Por favor, no saques más el tema... me hace daño –supliqué
               tocándome el pecho.

               -No te prometo que te haga caso, sabes que no estoy de acuerdo con tu
               decisión, pero lo intentaré -insistió, cabezota como yo.

               Por supuesto, desde los primeros días de vivir juntos en Seattle Edward me
               había incitado a llamar a Angela. Entendía que no la visitara en casa de Jacob,
               pero no que no quedáramos en nuestra casa ni habláramos por teléfono. Así
               que le solté la gran mentira que tenía preparada: que aunque no estaba por
               completo segura de mi futura transformación era una idea que cada vez era más
               fuerte en mi corazón, y no quería que ningún ser humano me tomara
               demasiado cariño, ni, por supuesto, tomárselo yo. Edward se alegró por la
               primera parte de la mentira, la única parte cierta, pero puso mil y un reparos a
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               la segunda. Me negué en redondo a discutir el tema, y él no insistió más. Por el
               momento. Supongo que notó que le ocultaba algo y quería que se lo explicara,
               pero de ninguna manera iba a conseguir eso. Si le decía la verdad saldríamos
               todos perjudicados.
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               Una vez en nuestra casa mi agotamiento iba a más, pero yo tercamente me
               negaba a darme por vencida. Quería que la noche tuviera su broche final,
               deseaba hacer el amor con él.

               -Espera, Bella -susurró en mi oído cuando me abracé a él e intenté
               desabotonarle la camisa.- Déjame darte un masaje. Tus músculos lo están
               pidiendo a gritos.

               -De acuerdo...-repuse dubitativa.- Pero creo que me voy a quedar frita. No sé si
               es buena idea.

               -No pienses. Déjate hacer-susurró.

               Y así lo hice.

               .

               Cuando me desperté la habitación estaba a oscuras. Me había quedado
               completamente dormida gracias a las maravillosas manos de Edward, y seguía
               en la misma postura, boca abajo. Estiré un brazo tanteando la cama y me di
               cuenta de que él no estaba a mi lado. Miré la hora en el despertador de la
               mesita de noche. Las cinco de la madrugada. ¿Dónde estaría? Era raro que no
               estuviera a mi lado. Tan sólo eso bastó para desvelarme y hacerme incorporar.

               ¿Qué pasaba? Me coloqué el camisón (me había dormido con tan sólo las
               braguitas puestas) y fui a buscarlo. Sí, no recordaba haber usado camisón desde
               que era niña, pero... este era bastante sexy. Aunque no tanto como el que pasó
               a mejor vida cuando Edward bebió de mí la primera vez.

               No estaba en el enorme balcón, uno de sus sitios favoritos del ático, así que fui
               al único sitio donde pensaba que podría estar. La sala de música. Esta era una
               habitación completamente insonorizada, con ventanales que llegaban del techo
               al suelo como los de toda la casa. Era increíble el buen trabajo realizado en
               aquella habitación, realmente podías estar aporreando el piano con muchas
               ganas que si la puerta de la sala estaba cerrada nadie te oía desde fuera. Y no es
               que yo hubiera probado a aporrear el piano... es una forma de hablar...
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             No sé por qué llamé a la puerta antes de entrar. Sí, sé por qué. Para Edward
             tocar el piano era algo tan íntimo que cada vez que lo interrumpía era así como
             interrumpir una conversación de padre a hijo, el sueño de un bebé, una charla
             entre enamorados... prefería avisar de mi presencia antes, como si él no me
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             hubiera escuchado llegar.

            Entré sin esperar a que me dijera que pasara, silenciosamente (para un
            humano) y contemplé la imagen que tenía ante mí: Edward estaba ya vestido,
            sentado ante el piano con los ojos entornados, y tocaba una deliciosa melodía,
            lenta y apasionada al mismo tiempo. No hizo ninguna pausa ni abrió los ojos
            cuando entré, y siguió acariciando las teclas del instrumento de esa forma tan
            sensual.

            Me quedé plantada al lado de la puerta, contemplándolo embelesada.

            -Siéntate a mi lado y cierra la puerta-pidió con suavidad sin abrir los ojos. Y así
            lo hice.

            Me senté a su lado, contemplando hipnotizada el vaivén de sus flexibles y largos
            dedos sobre las brillantes teclas. Me sentí arrastrada tanto por la ferviente
            interpretación de Edward como por la música. Sus dedos fluían y sus brazos
            me rozaban una y otra vez mientras acariciaba el instrumento de una forma que
            me hizo sentir una absurda y dolorosa punzada de celos. El deseo iba
            creciendo en mi interior mecido por la cadencia del sonido.

            Pero algo iba mal. Lo sentía, tan seguro como podía percibir la presencia de
            Edward sin verlo ni oírlo. Lo miré con ansiedad durante unos minutos.

            -Bella, tengo miedo- murmuró por fin, sin mirarme ni dejar de tocar el
            instrumento.

            -¿De qué...? ¿Por qué?- mi voz salió extraña y apagada, no queriendo romper
            la melodía con su estridencia.

            -De que me dejes. De que algún día decidas que no es suficiente con que nos
            amemos para seguir juntos -abrió los ojos mirando las teclas, y en su perfil
            aprecié la angustia de su expresión.

            -Edward... no dices esto porque estás celoso de Garret, ¿verdad? – tanteé,
            confusa.
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                                                  DraBSwan


               -No estoy celoso de Garret, Bella. Estoy celoso de lo que él puede darte y yo
               no. De lo que cualquier hombre puede darte y yo no. Hijos, familia, una vida
               normal... Humanidad.

               De pronto la mínima cantidad de aire que nos separaba me pareció un
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               Universo. Me moví sobre la banqueta hasta que me coloqué a horcajadas sobre
               él, mis piernas apoyadas sobre el asiento. Pareció despertar de una especie de
               trance, y me miró sorprendido. Acuné su cara entre mis manos y lo miré
               directamente a los ojos. Quise borrar el dolor que estos transmitían, que se me
               hacía insoportable. Deposité ligeros besos en sus párpados, su nariz, sus
               pómulos, deslizando mis labios por la mandíbula. Apoyé mi frente en la suya,
               percibiendo su aroma seductor, su aliento perfumado.

               -Nadie puede darme más humanidad que tú, amor. No necesito nada, nada
               más que tú. Tú lo eres todo. Por favor...-besé sus labios, apenas un roce.-Por
               favor...-entreabrí su boca con la punta de mi lengua y acaricié la suya
               suavemente.-No tengas miedo...eres mi vida -susurré sin apenas separarme de
               él, los dedos perdidos entre sus sedosos cabellos.

               Volví a besarle y esta vez mi lengua fue voraz, quería devorar su boca, llevarme
               esos pensamientos que le atormentaban, hacerlos arder y volverse humo...
               hacerle olvidar. Pude notar que poco a poco su cuerpo abandonaba su
               resistencia, amoldándose al mío, a mis caricias, a mis brazos. Su boca me
               correspondió y su lengua bailó sensualmente con la mía. Sus brazos rodearon
               mi cintura abrazándome tan fuerte que mi respiración se volvió dificultosa,
               pero no me importaba. Sus labios recorrieron mi cuello depositando húmedos
               besos por toda la curvatura. Inspiraba sobre mi piel y luego exhalaba sobre la
               piel humedecida, provocando escalofríos de gozo que recorrían mi cuerpo.

               -El perfume del amor-su voz fue una caricia sedosa en mi cuello.

               -¿Qué?- pronuncié con dificultad, en parte por la fiebre que se apoderaba de
               mí y en parte por el fuerte abrazo.

               -Es el título de la pieza –repuso antes de volver a saborear mi boca en un beso
               lento y sensual. Alzó mi camisón, despojándome de él sin dificultad. Se echó
               hacia atrás mirándome de arriba abajo con ojos ardientes.- Eres tan hermosa...-
               Sus manos se posaron en mis endurecidos pezones, acariciándolos en círculos.
               Luego inclinó la cabeza e introdujo uno en su boca, succionándolo y
               rodeándolo con la lengua al mismo tiempo, mientras con la otra mano no
               dejaba de acariciar el otro pecho, rozando el pezón con suavidad.
Cambio De Destino
                                                 DraBSwan


            -Por dios, Edward... espera –gemí.

             Ansiaba aumentar el electrizante contacto de nuestras pieles y aferrando el
             borde de su camiseta se la quité. Besé y lamí su cuello, su boca, su marcada
             mandíbula, y adherí mi cuerpo al suyo con desesperación, como si quisiera
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             fundirme con su piel, y en aquel momento sentí el latido de mi corazón como
             si fuera el suyo.

            Sentí su erección presionando con fuerza justo donde más lo necesitaba y sin
            dejar de lamer, acariciar y besar cada centímetro de su piel a mi alcance, me
            mecí suavemente sobre él. Gemíamos con dulzura, con suavidad, como si la
            música aún sonara en el piano y no quisiéramos interrumpirla.

            -Bella... te necesito...-pronunció en un suspiro, y no esperé más. Me aparté lo
            mínimo para ayudarle a liberar su erección y él se deshizo de mis braguitas en
            un instante. Me alzó levemente y me penetró con delicadeza, como si fuera
            más frágil, como si temiera romperme.- No te muevas... Espera. Adoro sentirte.

            Rodeé su cuello con mis brazos, él me abrazó la cintura y nuestras caras
            quedaron a escasos centímetros. Su mirada oscura era al mismo tiempo fuego y
            dulzura y sentí calor en mi pecho, mis ojos se humedecieron y de pronto
            percibí con toda su fuerza la intensidad de mis sentimientos por aquel hombre
            que me miraba haciéndome sentir lo más importante del Universo.

            Al cabo de unos instantes empecé a mecerme suavemente, sin apartar mis ojos
            de los suyos, saboreando la delicia de nuestros cuerpos unidos, el contacto de
            nuestras pieles, su aroma incomparable, el amor que desprendía su mirada.
            Continué mi sensual danza, meciéndome en círculos, observando las señales
            del placer en él: los labios entreabiertos, los ojos casi entornados y oscuros que
            se resistían a abandonarse, la respiración dificultosa, la tensión de su cuello, y
            de sus manos sobre mis caderas... mientras percibía cómo iba creciendo el
            placer en mi vientre, dulcemente.

            -Déjate llevar, amor. Ahora -susurró él contra mi boca. Y de repente me
            sacudieron oleadas de placer, una y otra vez, y me sujeté a él con la poca fuerza
            que me quedaba, porque sentí que caíamos uno en brazos del otro.

            Al cabo de unos minutos las oleadas cedieron. Sin separarme un ápice de él
            pegué mis labios a la piel de su cuello, besándolo.

            No tengas miedo, amor. No te dejaré.
Cambio De Destino
                                                 DraBSwan


               De forma súbita él se separó de mí y tomó mi cara entre sus manos.

               -¿Qué has dicho?-me miró con los ojos muy abiertos, alerta.

               -No he dicho nada- repuse.
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               -No tengas miedo, amor. No te dejaré. Lo sé. Lo he oído.




                                                Capítulo 40



               BPOV

               -No puede ser, no he dicho nada –repetí, confusa.

               -Bella, he oído tus pensamientos, no sé cómo, pero los he oído. Aunque sólo
               por un instante.
Cambio De Destino
                                                DraBSwan


             Su cara era una pura expresión de júbilo. Cuando fui verdaderamente
             consciente de lo que acababa de pasar me sentí dividida. Por una parte era feliz
             al ver la felicidad del hombre al que estaba unida, por otra me sentía angustiada
             por la pérdida total de intimidad que eso significaba. Con el añadido de que
Página | 401 Edward seguía siendo opaco para mí, lo que consideraba de alguna manera
             injusto.

            Él pareció leer mi gesto.

            -¿Te disgusta?-acarició mi mejilla con las yemas de sus dedos.

            -Pues... No sé qué pensar -me sinceré. Él tomo aire con calma.

            -Lo siento... soy egoísta al alegrarme pero ha sido... muy íntimo.

            -Íntimo -apoyé mi mano en la que me acariciaba, presionándola contra mí.-
            Como el momento que hemos compartido.- Su mirada era profunda como un
            océano de oro líquido.

            -Sí-susurró.- ¿Crees que puede estar relacionado con eso o...? -se interrumpió,
            inquieto.

            -¿O qué?

            -O que haya sido una consecuencia de haber vuelto a beber de ti. ¿Significa
            esto que hemos pasado algún límite?

            -No lo sé... –me mordí el labio, pensativa.-De todas formas no vamos a
            repetirlo. Por culpa de mi imprudencia estamos jugando con fuego.

            -No te atormentes ahora, no sirve de nada- me observaba fijamente.- Nada -dijo
            un poco decepcionado, y supe que estaba intentando leerme de nuevo.

            -Espera... prueba ahora -intenté relajar mi mente, y para ello rememoré las
            emociones, sensaciones e imágenes que me habían recorrido minutos antes,
            mientras hacíamos el amor como jamás habíamos hecho.

            -No...-frunció los labios con frustración.-Oh, Bella, siento estar frustrado por no
            conseguir algo que a ti te incomoda... pero piensa que llevo décadas leyendo
            mentes, y la pared que hay entre la tuya y la mía hace de punto ciego cuando
            estás conmigo.
Cambio De Destino
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               -Lo sé—sonreí.- ¿Estás bien?-inquirí. Él sabía que me refería a su melancolía
               previa.

               -Sí-me besó en los labios.-Ha sido algo indescriptible.
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               Asentí. Estaba muy de acuerdo. No sabía qué había desmontado la pared que
               mi mente levantaba frente a mi amante, pero estaba segura de que mi sensación
               de completa entrega y abandono había tenido algo que ver.

               Prefería no pensar en la otra posibilidad.

                                                   º*º*º*º*º

               El busca volvió a sonar ante mi desesperación.

               -Tengo que llamar al paritorio -me disculpé.

               Heidi, la enfermera de la UCI neonatal, me miró con cara de pocos amigos.
               Todavía me faltaba calcular la composición para la alimentación intravenosa de
               dos de los prematuros ingresados y ella las tenía que mandar a la farmacia del
               hospital antes de mediodía o no estarían preparadas a tiempo y las tendría que
               preparar ella. Y era bastante trabajo, y delicado además. Pero ¿qué quería que
               hiciera? La compañera que llevaba el busca del paritorio estaba de baja y me
               tocaba estar en la UCI y supervisar a las dos residentes de primer año que
               estaban en la maternidad. Si Urgencias era estresante esto era aún peor.

               Inspiré profundamente y marqué el número del paritorio.

               -Bella, van a hacer la cesárea del bebé de la hernia diafragmática-dijo la nerviosa
               voz de Charlotte, la residente.

               -¿Qué? ¿Hoy? ¡Sólo nos queda una incubadora libre! ¿Han hablado con el
               adjunto de la UCI neonatal? –chirrié.

               -No lo sé, pero ya van a ponerle la epidural a la señora. Date prisa, por favor.

               -Vale, vale – comprendía la ansiedad de la resi, una hernia diafragmática no era
               cualquier cosa para un residente novato.- Oye, encárgate de llamar a cirugía
               pediátrica si no lo han hecho los ginecólogos, que imagino que no, estos hacen
               lo que les rota - rezongué.
Cambio De Destino
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            -Eso ya lo ha hecho Maggie, Kate ya está viniendo. Oye, tengo que ir al
            quirófano- se despidió.

             Colgué el teléfono y me despedí de la ceñuda Heidi, caminando a grandes
             zancadas en dirección al paritorio. Kate. ¿Había yo pasado bajo una escalera?
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             ¿Era martes o viernes 13? ¿Un gato negro había cruzado delante de mí sin yo
             darme cuenta? ¿Qué coño pasaba hoy? Aunque me hacía sentir incómoda
             habría preferido mil veces a Garret que a Kate. La cirujana pediátrica estaba de
             un humor de perros desde que su novio y ella lo habían dejado "de mutuo
             acuerdo". Comprendía bien la política de muchas empresas de evitar las
             relaciones entre sus empleados, puesto que el problema no eran las relaciones
             en sí, sino cuando estas se rompían. Kate estaba de un no disimulado humor
             de perros desde entonces, y todo el personal se armaba de paciencia cuando
             tenía que trabajar con ella. Para colmo sabía que yo era la pareja de Edward, y
             eso me había granjeado la posición de enemigo público número uno sin apenas
             conocernos.

            Me puse una bata estéril, gorro, guantes y mascarilla y me dirigí al quirófano del
            paritorio para ayudar a mis compañeras, mientras pronunciaba unas cuantas
            maldiciones en español. Un par de camilleros que pasaban a mi lado me
            miraron con curiosidad.

            Todo salió dentro de lo previsto: intubé al recién nacido y lo conecté al
            respirador de la incubadora. Las residentes se ocuparon mientras tanto de
            colocarle un catéter en la vena umbilical para que recibiera suero intravenoso.
            Afortunadamente Kate echó un rápido (y ceñudo) vistazo a la situación y tras
            comprobar que estaba todo controlado se marchó a su propio quirófano a
            prepararse para la intervención.

            Me alegré sobremanera de su desaparición. Cada vez que posaba su mirada
            sobre mí sentía como si estuviera mandándome descargas eléctricas. Era una
            sensación muy desagradable.

            -Hoy van a caer rayos y truenos en el quirófano- comentó Maggie, quitándose la
            bata estéril mientras yo rellenaba la petición de radiografía urgente para
            comprobar que el catéter estuviera bien insertado. La miré sin comprender.- La
            intervención la harán Garret y Kate-explicó.

            Genial, otro punto a favor en el día de hoy.
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               -Vamos, Bella, es para hoy, faltan tus dos parenterales -gruñó Heidi en cuanto
               pisé la UCI.

               Respira, Bella, respira. Tranquila. No puede ser peor.
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               -Tienes un ingreso, Bella-una voz varonil sonó a mi espalda en la sala de
               residentes de la UCI neonatal, provocando que mis ya estirados nervios
               amenazaran con desgarrarse.

               Miré por encima de mi hombro al moreno hombre que me miraba de aquella
               forma y agradecí no poder leer sus pensamientos.

               -Gracias, doctor Randall, voy en medio minuto-volví mi cabeza al historial que
               estaba redactando.

               -Te he dicho varias veces que me tutees.

               -Prefiero no hacerlo.

               -Con tu jefe lo haces.

               -Sólo me tuteo con los pediatras- bufé. Él sofocó una risa ante semejante
               tontería.

               -De acuerdo, sólo con los pediatras.

               Maldita sea, Edward me había explicado que Garret no había querido
               demostrar a Kate que estaba interesado en ella porque era una residente y eso
               no estaba bien visto. ¿Es que ahora ya no le gustaba su trabajo?

               Me levanté y me encaminé a la UCI seguida de cerca (demasiado cerca) por el
               apuesto cirujano. Kate estaba escribiendo las órdenes de tratamiento del
               postoperatorio.

               Genial.

               Cuando levantó los ojos de la mesa nos observó y sentí esas descargas eléctricas
               queriendo paralizar mi corazón.

               -Doctora Swan, ¿se encargará usted de este paciente? -su voz era puro hielo.

               -De la parte pediátrica -puntualicé.
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               En mi experiencia, muchos cirujanos intentaban quitarse el trabajo que no les
               gustaba de encima. Les gustaba la mesa de quirófano pero lo que venía después
               era más aburrido.

               -Por supuesto, el residente de cirugía pediátrica es el más competente para
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               manejar un postoperatorio como este, no me fiaría yo de un pediatra- mordió.-
               Sin embargo tendré que confiar en usted para la parte pediátrica- apuñaló.

               -Espero cumplir sus expectativas, doctora- repuse no sin cierta discreta ironía.

               Ya estaba a seis meses de acabar mi especialización y no me iba a dejar
               amilanar por una cirujana que, aunque era adjunto, no dejaba de ser novata.

               -Yo estoy de guardia -intervino Garret.- Si el trabajo me lo permite vendré de
               vez en cuando a controlar la evolución del niño -sonrió.

               Los ojos de Kate brillaron con ira y abrió la boca como para responder pero
               inmediatamente la cerró y frunció los labios. Firmó las órdenes médicas, se
               levantó y girando sobre sus talones se marchó sin despedirse de nosotros.
               Exhalé con fuerza y fui a auscultar al reciente ingreso, comprobando antes los
               números que aparecían en el respirador artificial. Ajusté los valores que
               aparecían en la pantalla de la máquina y sentí la presencia del cirujano a mi
               lado.

               -No le hagas caso, Bella. Ya se le pasará-pronunció en voz baja.

               -Ciertas actitudes no ayudan, doctor Randall – susurré; no pude evitarlo, estaba
               harta de morderme la lengua.

               -¿Te molestan esas actitudes?-cuestionó en el mismo tono con dulzura.

               Me puse el fonendoscopio y exploré al niño mientras pensaba la respuesta. En
               otra situación me habrían gustado las atenciones de Garret. Era guapo, buen
               profesional, educado y amable. Pero su interés me estaba granjeando la
               enemistad absoluta de Kate, probablemente generando habladurías de las que
               yo aún no era consciente porque no tenía tanta confianza con nadie del
               Hospital como para que viniera a contármelas, por no hablar de lo inseguro
               que se sentía Edward ante la situación.

               -Sí. Me molesta -repuse sin dejar de observar al niño.

               -Te desagrado.
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               -No-repuse exasperada.- No se trata de eso. Pero yo ya tengo pareja.

               -Lo único que me pararía sería un anillo. Pero no eres una mujer casada ¿No
               me darás una mínima oportunidad?- su insistencia podía haberme provocado
               un ataque de ira, pero su tono de voz era triste.
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               En aquel momento se acercó Heidi para inyectar medicación intravenosa a
               nuestro pequeño paciente y Randall se apartó de nosotras. Sólo por esa
               oportunidad le perdoné a ella todo su comportamiento borde de la mañana,
               porque en aquel momento sonó el busca del cirujano y tuvo que marcharse
               corriendo.

               Me escapé un momento a la cafetería de personal para comer un sándwich en
               los escasos quince minutos de que disponía. Miré a mi alrededor por si veía
               alguna cara amiga pero a aquella hora el local estaba casi vacío. Odiaba en parte
               aquellos necesarios momentos de descanso porque era cuando más recordaba
               a mis antiguas compañeras, y más aún a Angela. En el Infantil estaba trabajando
               y aprendiendo mucho, pero no me resultaba gratificante. En el Comunitario de
               Forks había descubierto compañerismo y amistad, y en este gran Hospital había
               mucha competencia y también competitividad y en el escaso mes que llevaba
               trabajando en él por desgracia había podido ser testigo de alguna que otra
               zancadilla entre los residentes, lo que me resultaba muy desagradable.

               De pronto una voz me distrajo de mis pensamientos.

               -Una doctora tan guapa jamás debería estar sola- Liam, uno de los residentes
               que se estaba especializando en pediatría de urgencias, se sentó enfrente de mí
               con una bandeja tan frugal como la mía: un sándwich y una coca-cola.

               -No había nadie que me quisiera acompañar-sonreí.

               Liam era encantador, y se llevaba bien con Edward, a quien recordaba muy,
               muy bien desde su rotatorio en el hospital. Quizá porque Liam era gay.

               -Pues para eso estoy yo. ¿Qué tal va la guardia? Ya sé que si te va bien no me
               vas a decir nada, contesta sólo si te va mal.

               -Ja, cómo me conoces... está siendo pesadita. Si no, ¿qué haría yo cenando a
               estas horas?-eché un vistazo al reloj de la cafetería.- ¡Incluso para horario
               español sería tarde!
Cambio De Destino
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               -Sí, en Urgencias también estamos teniendo mucho trabajo -mordisqueó con
               reticencia su momificado bocadillo. Jamás pensé que la cafetería del Infantil me
               hiciera añorar la de Forks.- Espero no tener ningún paciente más de cirugía,
               Kate se está comportando como una auténtica zorra.
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               -Lo sé-reí.-Yo también he sufrido en mis carnes su mala leche.

               -Tu Edward demostró tener buen gusto y aún mejor cerebro al no hacerle caso
               cuando le acosó. Porque aquello fue un acoso en toda regla. Pobrecito- miró
               hacia el techo.

               Tuvimos un rato de charla agradable sin pitidos molestos, hasta que fue hora de
               marcharnos. La conversación con Liam me ayudó a levantar un poco la moral.

               -Te acompaño a Urgencias, me vendrá bien estirar un rato las piernas antes de
               volverme a hundir en el infierno de alarmas que es la UCI aquélla.

               Fuimos caminando mientras Liam me preguntaba cosas sobre Barcelona, a
               donde pensaba viajar en verano con su pareja, Benjamin, un enfermero de
               quirófano.

               De pronto un ruido nos alertó, la puerta doble de Urgencias se abrió de golpe y
               una enfermera entró con un niño convulsionando en sus brazos.

               -La madre lo ha encontrado en su habitación así y lo ha traído en su propio
               coche. Está afuera, rellenando papeles, viene en seguida-informó pasando
               rápidamente por nuestro lado.

               -Qué imprudente- gruñó mi compañero mientras rápidamente seguía a la
               enfermera al box de cuidados vitales.

               Aunque apenas lo había visto, había algo en aquel niño que me había llamado
               la atención y mis propios pies le siguieron sin preguntarme.

               En el box de vitales el niño, de unos cuatro años, estaba estirado sobre la
               camilla, inconsciente, su pequeño cuerpo sacudido por espasmos mientras le
               colocaban una vía y le desgarraban la ropa para colocarle unos electrodos en el
               pecho.

               Mis ojos se abrieron como platos y mi boca quiso decir algo, pero en ese
               momento no podía respirar, y no podía hablar.
Cambio De Destino
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               -Quiero analítica completa urgente, una glucemia capilar, preparad cinco
               miligramos de diazepam para administración de bolo intravenoso -escuché la
               voz de Liam en la lejanía.- Bella. ¡Bella! ¿Qué sucede, estás pálida, te has
               mareado? ¡Traed una silla de ruedas!
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               -Daniel...
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                                                 Capítulo 41



               BPOV

               -¡Daniel!-grité por fin.

               -¿Lo conoces? - Liam me miró confuso.

               -Sí, lo...-me interrumpí y miré hacia la puerta del box desde donde, plantada
               con los ojos como platos, me observaba la madre de Daniel-¡Usted!

               Aquella mujer giró sobre sus talones y se esfumó de nuestra vista como si sólo
               hubiera sido una fugaz aparición.

               -¡Seguridad!-grité-¡Esa mujer! ¡No dejen que escape!- y sin pensar salí corriendo
               tras ella.

               Varios familiares de pacientes salieron de sus boxes alertados por los gritos.
               Pero los zuecos no se habían hecho para correr, Jane Smith era muy ágil y,
               admitámoslo, yo jamás había pasado de un suficiente en educación física.
               Desapareció por la puerta de Urgencias sin que nadie hubiera reaccionado a
               tiempo para detenerla.

               -Mierda...- salí a la calle y miré por dónde podía haber desaparecido, pero no
               había ni rastro de ella.

               Respiré con dificultad, jadeando más por la ansiedad que por la pequeña
               carrera que había hecho por el pasillo del hospital. Los dos guardias de
               seguridad aparecieron detrás de mí.

               -¿Algún problema, doctora? -dijo uno de ellos, grandote como un armario.
               Negué con la cabeza.
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               -No... Sí, pero ustedes ya no pueden hacer nada. Hay que llamar a la policía –
               volví dentro del edificio y me dirigí a zancadas al box de vitales.

               -¿Cómo está?-mi voz salió trémula y aún jadeante-Hipoglucemia, ¿no? -
               contemplé la pálida y sudorosa carita de Daniel.
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               Su cuerpo yacía ahora completamente relajado sobre la camilla, mientras la
               enfermera terminaba de inyectarle un líquido transparente en la vena.

               -Sí... convulsionaba por una hipoglucemia severa... ¿Cómo lo sabes? ¿Y a qué
               ha venido esto?- inquirió un perplejo Liam, sujetándome por los hombros.-
               ¿Te encuentras bien? ¿Esa que ha salido corriendo quién era?

               -La madre de este niño-tomé su manita fría y húmeda, contemplando su ahora
               pausada respiración.-La que lo trajo al mundo, porque no merece el nombre
               de madre-dije con rabia.

               -¿Malos tratos? ¿Es un caso de malos tratos?-la voz de Liam subió de volumen
               más de lo tolerado en Urgencias y sus puños se cerraron con fuerza hasta
               quedar blancos los nudillos.

               Bree me había explicado que una vez Liam había sido expedientado por pegar
               un puñetazo a un padre que trajo a su hijo con el ojo morado... a causa del
               puñetazo del propio padre. Los malos tratos era algo que no podía soportar y
               tentaban su autocontrol.

               -Sí...-respondí con voz apagada. Miré al silencioso "busca" para asegurarme de
               que no tenía ningún mensaje. De pronto me sentí muy cansada.- Hay que
               llamar a la policía, Liam. Ella ha huido.

               .

               El inspector de policía me miraba ceñudo cuando terminé de repetir el relato
               por tercera vez en poco tiempo.

               -¿A usted le parece muy normal que un médico salga en persecución de la
               madre de un paciente?

               -¿Qué me está diciendo?-abrí los ojos al máximo, sin poder creer a mis oídos.

               -Que si la señora es inocente no es tan raro que salga corriendo si la persiguen,
               y si es culpable no es nada prudente lo que usted hizo-gruñó.
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               Sentí la pesada mirada de Edward, sentado a mi lado en la mesa ovalada del
               despacho de médicos de Neonatología, y supe sin necesidad de leerle el
               pensamiento que estaba completamente de acuerdo con la última parte del
               discurso del policía.
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               Me mordí el labio por unos segundos, luchando contra la necesidad de soltar
               algún juramento.

               -Escuche... yo no soy la criminal aquí, lo es aquella mujer, y estoy segura de que
               en cuanto tengamos los resultados de las analíticas que le han hecho a Daniel se
               comprobará que había recibido una inyección de insulina, que fue lo que le
               provocó la hipoglucemia-repuse con la voz tensa como las cuerdas de un violín.

               El inspector relajó un poco su mal humor; al parecer las esperanzas de tener
               una evidencia palpable de mi acusación me hizo ganar puntos ante él. Se
               habían recogido dos muestras de sangre de Daniel, una cuando hablé con Liam
               y le expliqué mis sospechas, que no tendría mucho valor legal, y otra que había
               cumplido por completo los protocolos de seguridad de recogida de pruebas
               forenses cuando el juez de guardia dio su permiso.

               Tenía que decir que el funcionamiento de los engranajes del sistema había sido
               perfecto en esta ocasión, y tan sólo una hora y media después de la huída de
               Jane Smith de Urgencias ya se había dictado orden de busca y captura contra
               ella y se le habían extraído al pequeño Danny las muestras necesarias para la
               investigación.

               Yo había llamado a Edward para ponerle sobre aviso de lo que había pasado. A
               su vez, este alertó a Jasper de que intensificara las investigaciones y las centrara
               en la ciudad de Seattle, y decidió venir al Infantil para estar conmigo en esos
               momentos, lo que le agradecí profundamente. Mi adjunto se hizo cargo de
               todas las llamadas mientras yo me reunía con la policía.

               -¿Cuándo será eso?

               -Imagino que tardará menos de veinticuatro horas-repuse con desgana.

               -Estupendo. Pero he de decirle que espero que el análisis le dé la razón,
               señorita Swan. Sus acusaciones son muy graves y se sustentan sobre una base
               muy débil. De no tener razón la señora Smith podría tomar graves represalias
               contra usted, e incluso podría conseguir que le revocaran el permiso para
               trabajar en este país.
Cambio De Destino
                                                DraBSwan


             Me dolió el estómago al escuchar esto. Cierto que gracias a Jasper yo tenía
             mucha información que el inspector desconocía y no podía compartirla con él
             porque la había obtenido de forma ilegal, pero aún así... ¿y si la convulsión de
             Danny casualmente era por otro motivo? ¿Uno médico, real y no ocasionado
Página | 412 por la madre? Como mínimo me jugaba mi imagen en el Infantil, y por lo que
             se ve incluso mi carrera en USA.

            Edward me apretó de la mano que tenía cogida, captando mi nerviosismo.

            -Inspector- pronunció mi novio con serenidad- sabemos que le han sacado de
            la cama por un asunto que parece la paranoia de una joven doctora con falta de
            sueño- el inspector palideció y enrojeció de forma alternativa durante unos
            segundos, mirando a Edward con los ojos desorbitados, y supe que éste estaba
            vocalizando los pensamientos reales del policía- pero como bien le ha dicho la
            doctora Swan ella no es aquí la acusada, de momento y mientras no se
            demuestre lo contrario, así que le agradecería que controlara su mal humor con
            ella.

            -Vaya, ¿además de su novio es usted su abogado?-intentó burlarse el agente.

            -Digamos que además de la de medicina tengo la carrera de derecho, inspector
            Jenks- la voz de Edward sonó helada, diseccionando las palabras, y el policía
            palideció todavía más.

            En aquel momento sentí una imposible mezcla de cansancio, miedo y
            diversión, e incluso una aguda punzada de deseo por el protector vampiro
            sentado a mi lado.

            Inspiré profundamente y exhalé lentamente por enésima vez en las últimas
            horas, intentando poner orden en mi caos interno.

            -Bien, creo que ya tengo suficiente información por el momento. Señorita
            Swan, no salga de la ciudad. Doctor Cullen, doctora Swan - el inspector se
            levantó y sacudió la cabeza en nuestra dirección a modo de despedida.

            Le dirigió a Edward una extraña mirada antes de girar sobre sus talones y
            marcharse.

            Suspiré con fuerza cuando Jenks hubo cerrado la puerta tras de él. Estaba
            emocionalmente agotada, y todavía me quedaba trabajar la mitad de la noche y
            la mañana siguiente.
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               -No hagas caso al inspector-la suave voz de Edward me rescató de mi estado
               depresivo.

               -He hecho lo que he pensado que sería mejor. Espero no haberme equivocado-
               musité.
Página | 413

               -Has hecho lo mejor. Excepto en lo de salir corriendo detrás de Jane Smith -su
               voz intentó sonar ligera pero no pudo ocultar cierto tono de reprobación.

               No pude evitar rodar los ojos.

               -Supongo que he visto demasiadas películas de policías-ironicé.

               -Estás agotada. Habla con Frank, dile que necesitas tumbarte un rato en la
               cama. Le conozco, sé que lo entenderá.

               Frank Avery era mi adjunto de guardia, además del jefe de la UCI neonatal.
               Era una persona sensata y comprensiva, pero yo quería hacer bien mi trabajo.
               Y eso significaba intentar no pedir ayuda.

               -No, Edward. Puedo seguir. De hecho la sala estaba tranquila, ahora pasaré por
               si hay algo pendiente y me acostaré hasta que me llamen-de pronto Edward
               hizo un movimiento y giró la silla donde yo estaba sentada, quedando ambos
               encarados.

               -Testaruda- negó con la cabeza, acariciándome con sus ojos dorados.

               -Gracias por venir, amor. Si no llegas a estar aquí ese policía me habría hecho
               llorar de impotencia -puse mi mano en su mejilla.

               La puerta del despacho se abrió de repente y mi adjunto apareció en el umbral.
               Aparté la mano con rapidez.

               -¿Cómo ha ido todo? –preguntó Frank amablemente.

               -Bien, supongo- me encogí de hombros.

               -Nunca es agradable una visita de la policía. Edward, es un placer verte de
               nuevo-saludó Avery. Edward sonrió con cortesía.-Bella, puedes acostarte un
               rato, allá dentro está todo controlado.

               -No... Gracias, Frank, pero no podría dormir.
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               -Es una orden, doctora. Ningún paciente te agradecerá que lo lleves ahora, en
               el estado en que te encuentras. Descansa un poco, aunque no duermas.

               -Frank... ¿crees que sería posible visitar a Daniel?
Página | 414
               -Liam me ha dicho que está en una sala de cuidados intermedios, de momento
               bajo vigilancia policial.

               -¿Pero está bien?

               -Bella, está durmiendo bajo los efectos de la convulsión y por la medicación
               que ha recibido. Pero le han hecho un electroencefalograma y es prácticamente
               normal. Por la mañana lo verás.

               -De acuerdo...-musité. Frank me miraba, entre compasivo y dubitativo.

               -Espero que tengas razón en tus sospechas contra esa madre, Bella. Por ti y por
               tu carrera. Aunque por otra parte sería fantástico que te equivocaras y ese niño
               tuviera una buena madre- razonó.

               -Una buena madre habría aparecido ya, ¿no crees?-repliqué en tono cansino.
               Al final iban a hacerme dudar de mis propias sospechas.

               -Cierto-afirmó, aunque con un rastro de duda en la palabra.

               Me levanté y Edward me siguió, acompañándome a la minúscula habitación
               destinada al descanso (si es que te dejaban) del residente de guardia.

               -Cuidado y no te encuentres con Kate cuando salgas-bajé el tono de voz hasta
               convertirlo en apenas un susurro-Tú serás un vampiro pero ésa muerde.

               -¿Kate?-sus párpados se entrecerraron y su cuerpo se tensó ligeramente-¿Te
               está molestando de alguna forma?- sonó sutilmente inquietante.

               -No-estaba cansada y mis neuronas no funcionaban con normalidad, de otro
               modo no habría sacado el tema de Kate y su mal humor.- No -repetí, mientras
               mis neuronas intentaban desesperadamente encontrar una explicación.- Está de
               mal humor porque ha roto con Garrett.

               -¿Ha roto con Garret? ¿Cuándo?

               Esto se iba poniendo cada vez mejor.
Cambio De Destino
                                                   DraBSwan


               Por favor, estoy agotada.

               Si hubiera bebido no estaría más desinhibida, estaba soltándole a Edward lo
               que le había ocultado durante dos semanas, así de sopetón.
Página | 415
               -Hace dos semanas-suspiré, mirándolo a los ojos.

               -¿Y me lo dices ahora?-alzó una ceja, incrédulo.

               -No... no me gusta sacar el tema de esos dos, Edward. No tiene ninguna
               importancia para nosotros pero a ti te afecta- repuse con sinceridad. Su
               expresión se dulcificó de inmediato.

               -Me afecta si ella está siendo borde contigo por mi culpa- escrutó mi rostro e
               inspiró profundamente.-Lo siento, estás agotada y yo aquí, haciéndote un
               interrogatorio. Mañana hablaremos- terminó, inclinándose para depositar un
               beso en mis labios. -Hasta dentro de unas horas -susurró contra mis labios e
               inspiré profundamente, guardando su esencia en mi interior.

               -Unas horas eternas-sonreí débilmente, pensando en lo que me quedaba hasta
               que pudiéramos volver a vernos... más declaraciones a la policía, preguntas y
               más preguntas, las miradas curiosas o dudosas de mis compañeros, la angustia a
               la espera del resultado de las pruebas forenses, aguantar el tipo y seguir
               rindiendo a pesar del cansancio acumulado... pero lo mejor era que podría ver
               a Daniel, o eso esperaba. ¿Cómo reaccionaría?

               Me acosté, sabiendo que no podría dormir, a la espera de que el infernal
               aparatito volviera a sonar.

               .

               -¿Ya están los goteros calculados?- sonó a mi espaldas la voz de Heidi, mi azote
               particular en la UCI neonatal.

               Inspira, espira, inspira, espira.

               -Faltan un par-murmuré, en un intento titánico de retener un grito.

               Miré la hora en el reloj de pared. Quería acabar de una vez; desde que me
               había levantado de la cama no tenía otra idea en la cabeza: ir a visitar a Daniel.
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             Liam había venido a primera hora de la mañana a visitarme y explicarme las
             últimas novedades: Daniel había despertado de su sedación a primera hora de
             la mañana y lo primero que había hecho había sido pedir su muñeco de
             Spiderman. Le habían explicado que nadie lo tenía, que estaba en el hospital y
Página | 416 los motivos, y había preguntado por su madre. De alguna forma alguien le
             había explicado que su madre no estaba localizable por el momento, y su
             respuesta desde entonces había sido un mutismo absoluto.

            Yo conocía ese muñeco de Spiderman, lo había tenido consigo cada uno de los
            días que había estado ingresado o había acudido a la consulta externa. Sentía
            dentro de mí la urgencia de ir a verle, y que por lo menos viera una cara
            conocida, una cara amiga, entre la gente que lo rodeaba. Por dios, era un niño
            de cuatro años. ¿Qué sabía él de su situación, qué iba a pensar? Debía sentirse
            desamparado.

            Hice un esfuerzo con mis últimas energías y puse todos mis sentidos en lo que
            estaba haciendo. Me faltaba poco para acabar el trabajo de planta y entonces
            podría ir a verle.

            -Buenos días, doctora Swan - la varonil voz de Garret Randall me arrancó de mi
            estado de concentración, justo cuando estaba a medias de calcular la
            composición del gotero del bebé operado el día anterior.

            Tenía sentimientos ambivalentes con respecto a esa voz. Me desesperaba su
            resistencia al desaliento.

            -Buenos días, doctor Randall-murmuré sin levantar la cabeza de mis cálculos.
            Percibí movimiento y supe que se sentaba a mi lado en la mesa del control de
            la UCI. Olía bien, a fragancia masculina cara... nada que ver con el olor natural
            de Edward, pero agradable al fin y al cabo.

            -Por lo que sé, tuviste una mala guardia, y no precisamente en lo que respecta a
            la UCI neonatal-comentó.

            -Sí, y si no le importa, tengo que acabar estos cálculos antes de mediodía -
            repuse, demasiado seca. No tenía ganas de comentar el tema con nadie más y
            que me mirara con cara de "te has precipitado y la has cagado".

            -Los cálculos los puedo terminar yo. Bella, aún recuerdo lo que es calcular una
            nutrición intravenosa neonatal. Y no lo hace más fácil el tener a Heidi
            pinchándote todo el rato -terminó en un susurro confidencial. Levanté la vista
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                                                  DraBSwan


               de mi papel y, asombrada, la dirigí a sus oscuros ojos.-Sí, yo también tuve que
               aguantarla cuando roté por aquí hace unos años... es buena en su trabajo, pero
               es una mosca cojonera.-terminó, serio. No pude evitar que se me escapara una
               sonrisa.
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               -Me alegro de que no sea nada personal, entonces-repuse en el mismo
               confidencial tono de voz.- Había empezado a darle vueltas a todas las palabras
               que he intercambiado con ella desde que entré aquí, a ver si la había ofendido
               en algo. Y no recordaba nada en particular, estaba ya paranoica. Gracias por la
               ayuda-sonreí agradecida.- Desde que me he levantado de la cama a las seis no
               he parado más que para hacer un corto desayuno.

               -¿Cama? ¿Has podido tocar la cama? Pues no te quejes, cuando yo era
               residente nos pesaban antes y después de la guardia, y si no habíamos perdido
               peso se consideraba que habíamos trabajado poco, entonces nos obligaban a
               quedarnos más horas -afirmó tan serio que casi dudé de que lo que decía era
               una broma. Me lo quedé mirando de hito en hito y tras unos segundos sonreí.-
               Vale, tampoco era un chiste tan malo-esta vez sonrió ampliamente.

               -Estoy baja de reflejos, por el sueño-me disculpé y sentí que me ruborizaba un
               poco por su mirada.- Gracias por la ayuda. Tengo que ir a hacer una visita a
               Intermedios -me levanté.

               -¿Al niño del posible Munchausen? Era paciente tuyo, ¿no?-asentí.-Jamás
               comprenderé cómo alguien puede hacerle eso a un niño, y menos a su propio
               hijo-negó con la cabeza.

               Interiormente agradecí su apoyo al no dudar de mis sospechas, o al menos no
               expresarlo en voz alta. Asentí y me despedí de él, encaminándome presurosa
               hacia la planta de Cuidados Intermedios.

               Por el camino fui encontrándome con compañeros que me miraron cuanto
               menos con curiosidad. Tuve un dejà vu de mi primer día en el Hospital de
               Forks, y con él me embargó por completo la conocida sensación de tristeza.
               Echaba de menos a mis compañeros, mi jefa, mis amigas... incluso el verde que
               lo rodeaba todo. Pero lo que más añoraba era la cálida presencia de Angela en
               mi vida. Cada vez más...

               Luché por ahuyentar esas emociones, quería estar fuerte para cuando viera a
               Daniel. Pasé por el control de enfermería para informarme del número de la
               habitación.
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             -Tienes que firmar aquí, Bella-explicó Sarah, la enfermera de turno,
             tendiéndome un formulario.-Daniel no tiene las visitas restringidas, pero sí se
             controla quién lo viene a ver y en la habitación hay personal de Servicios
             Sociales constantemente. Tienen orden de no dejarlo solo ni un momento.
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             ¿Sabes? Es un niño muy salado- terminó, sonriente.

            -Lo sé-devolví el gesto mientras firmaba.

            -Pase-una voz amable contestó al otro lado de la puerta cuando llamé.

            Me sentí nerviosa. ¿Cómo reaccionaría? Asomé la cabeza por la puerta.

            -Buenos días, soy...

            -¡Dotora Bella!




                                               Capítulo 42



            BPOV

            Sin pensarlo, me abalancé sobre la cama y con cuidado envolví su pequeño
            cuerpo en un abrazo. No quería soltarlo. Por fin podía palpar con mis manos,
            ver con mis ojos que el pequeño estaba bien, que nada le había pasado, que
            cualquier peligro que había corrido había desaparecido con la huída de su
            madre... de la mujer que lo había traído a este mundo.

            -"Dotora"...-el pobrecito apenas podía hablar, ahogado con mi abrazo. Se debía
            sentir igual que yo cuando Edward se ponía demasiado efusivo.

            -Daniel...-me senté en la cama y tomé su carita entre mis manos-¿estás bien?
            ¿Te duele algo?

            -Sí. Me "dole" aquí, pero poquito -respondió poniéndose ambas manos en la
            cabeza y haciendo una divertida mueca.- ¿Vas a ser mi "dotora"?-sonrió.
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            -No... ahora no. Ya tienes otro doctor, ¿aún no lo has visto? - El pequeño
            asintió con la cabeza.

             Me habían informado de que el médico encargado de velar por Daniel era el
             propio James Watson. Ante mi sorpresa me enteré de que era el pediatra del
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             hospital que se encargaba de los casos donde se sospechaban malos tratos. Eso
             me provocó admiración, no era un tema que atrajera a demasiados
             profesionales por los problemas que solía comportar, más bien era una patata
             caliente.

            -Sí. Pero yo "quero" que seas tú mi "dotora"-hizo un pequeño puchero.-Quero
            ver a mi mamá-dijo de repente.

            Mi corazón dio un vuelco. Estúpida de mí, no había esperado esa pregunta.
            Giré la cabeza y dirigí una mirada interrogadora a la trabajadora social que
            estaba sentada en la butaca al lado de la cama.

            -Ya le he dicho que su mamá está trabajando y que vendrá más tarde, todas las
            veces que ha preguntado lo mismo -la trabajadora me miró con intención.

            Como mentira iba a ser poco duradero, cuando se hiciera de noche y el niño
            viera que no venía su madre habría que cambiar de explicación. Daniel era
            pequeño pero no tanto como para no darse cuenta de las cosas, y yo intuía que
            captaba más de lo que estaba dando a entender, por eso estaba preguntando lo
            mismo varias veces y a diferentes personas. Mis pensamientos tomaron otro
            rumbo y me encontré planteándome qué relación tendría Daniel con su madre.
            Lo que había leído sobre el perfil psicológico de estos progenitores era que
            fuera del ámbito médico solían mostrar muy poco interés por sus hijos, pero
            desconocía si sería así en el caso de Daniel, si su madre ejercería algún otro tipo
            de maltrato sobre él o sencillamente era negligente, o si, cosa que no me cabía
            de ninguna forma en la cabeza, era cariñosa con él.

            Fuera como fuera, Daniel era un niño pequeño, y su madre era la única madre
            que había conocido en el mundo. Lo lógico era que preguntara por ella y se
            angustiara si esta no aparecía.

            -No te preocupes, cariño, yo estaré por aquí aunque no sea tu doctora, no
            estarás solo-dije con sinceridad, apoyando la palma de mi mano en su suave
            mejilla. Por experiencia sabía que los niños detectaban las mentiras más pronto
            que los adultos.
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               Esa respuesta pareció calmar al pequeño, y su cara ansiosa se relajó.

               -Ya no he vuelto a hacer pipí con sangre, "dotora" Bella.

               -Llámame sólo Bella, Danny-sonreí.
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               -Bella. Be-lla -repitió tentativamente como comprobando qué tal sonaba el
               nombre sin el dotora delante.- Vale-afirmó, satisfecho con la prueba.

               -Entonces, ¿sabes por qué estás aquí?

               -Ésa me ha dicho que me puse malito y "pod" eso "toy" aquí-señaló sin disimulo
               a la cuidadora.

               -Esa tiene un nombre, Daniel, me llamo Rita-amonestó la mujer con
               amabilidad.

               -Eso, Rita. Pero no "toy" malito. "Quero" ime a casa. "Quero" mi "Spideman".

               -Ah, tu Spiderman... –sonreí, recordando que era una de los muñecos a los que
               tenía más cariño cuando estuvo ingresado.- ¿Aceptarías que te regalara uno?
               Aparte, intentaré conseguir que traigan el tuyo- aseveré, quizá demasiado segura
               de mí misma.

               Daniel asintió enérgicamente con los ojos brillantes.

               Estuvimos hablando de lo que habíamos hecho ambos durante el tiempo que
               no nos habíamos visto. Él me explicó que no iba a la guardería (en este país la
               edad de escolarización eran los 5 años), y que se aburría mucho con su madre.
               A veces en el parque había coincidido con otros niños y le hablaban de lo que
               era el "cole". Él quería ir a la guardería, pero su madre le decía que no era
               necesario.

               El pequeño siempre me había parecido un niño especialmente cariñoso, y
               ahora estaba pensando si no sería eso una reacción psicológica a la falta de
               cariño de su madre y a la soledad. Por mi parte le expliqué a un celoso Daniel
               que ya tenía novio, que se llamaba Edward y que también era médico. Sonreí
               para mis adentros mientras intentaba calmar sus celos asegurándole que podía
               ser novia de los dos.

               De forma brusca se abrió la puerta sin llamada previa y entraron James y el
               inspector Jenks.
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            -Buenos días, Bella-saludó un sorprendido James.-Señora Hunter-sacudió la
            cabeza en dirección a la trabajadora social.

             La cara del inspector no era nada amable. Me sentí un poco culpable, al fin y al
             cabo debería estar en la UCI y estaba aquí, en la habitación de un paciente,
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             charlando tan tranquilamente. Pero no era cualquier paciente, y en la UCI todo
             estaba controlado, como demostraba mi silencioso "busca". Al pensar esto bajé
             la mirada hacia los números que marcaba el aparatito, para asegurarme por
             enésima vez en mi vida de que era funcionante.

            -Buenos días-atiné a responder, mirando a James y obviando el incómodo
            escrutinio del somnoliento inspector.

            Que se joda, si quería dormir haber elegido otra carrera.

            -Doctora, me temo que tendrá que dejar de visitar a Daniel Smith hasta nueva
            orden-soltó Jenks sin rodeos.-Señora Hunter, la doctora Swan no tenía permiso
            para acceder a hablar con Daniel Smith. ¿Nadie le avisó de ello?

            Mi primer reflejo fue tensarme a causa de la falta de diplomacia del policía,
            más por lo que atañía a Daniel que por mí misma.

            -Nadie me avisó de ello, pero aunque lo hubiera hecho no creo que yo tenga
            ninguna autoridad para negarle el paso a una doctora de este hospital-repuso la
            asistente social con cara avinagrada. –Si usted quiere autoridad, mande aquí a
            un policía que vigile la puerta.- Doctor Watson, si me permite voy a tomarme
            un descanso-terminó, y muy digna se dirigió hacia la puerta de la habitación.

            -No le comprendo-repuse confusa. El niño miraba al grandote inspector con los
            ojos como platos.

            -Hasta que no haya pruebas de lo que usted dice...podría meter en la cabeza
            del niño ideas que luego fueran a su favor...-en aquel momento James se
            adelantó un paso y viró, colocándose entre el inspector y yo, de cara hacia éste.

            -Mientras tanto le agradecería, inspector, que tuviera un mínimo respeto por la
            doctora Swan. Y tengo que advertirle: no toleraré que le haga preguntas al niño
            si no es con la presencia de un psicólogo infantil. Y si sigue en esos términos, ni
            tan siquiera que hable delante de él.

            El oficial se envaró tanto como yo minutos antes. La voz de James era helada,
            autoritaria y no admitía réplica.
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            -De acuerdo-repuso secamente.- Chico, ¿has pasado buena noche?-intentó una
            torpe sonrisa.

             -Bella, ¿quién es "ete"?-Daniel me miró, ignorando las palabras del policía. Hice
             amago de levantarme de su cama pero él tiró de mi mano para que no lo
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             hiciera.

            -Bueno, quizá deberíamos decirle que se presente antes de hablar contigo,
            ¿no?-miré a Jenks entre burlona y cabreada. No había dormido y mi paciencia
            para soportar presiones psicológicas iba cayendo en barrena.

            -Soy un policía, Daniel. Me llamo Jerry ¿Tú no juegas a policías?-repuso el
            oficial con una sonrisa que no le llegó a los ojos.

            -No. Prefiero a "Spideman"-repuso el niño, tranquilo pero alerta.

            -Claro, claro...-balbuceó Jenks y me miró.-Eeeh... iba a hacerle algunas
            preguntas, pero...-miró a James que lo observaba con helados ojos azules, y
            luego bajó la mirada hasta su reloj-esperaré que venga el psicólogo de servicios
            sociales. Creo que no tardará. Mientras tanto, doctora Swan, sería una buena
            medida que usted se retirara.

            -¡No!-Daniel volvió de tirar de mi mano. El corazón me dio un vuelco. Estaba
            más asustado de lo que pretendía demostrar. Entendí que yo allá era la única
            persona que conocía y apreciaba, y temía separarse de mí, seguramente estaba
            captando cosas extrañas.-No "quero".

            -Tranquilo, cariño-suspiré, con todo el cansancio del mundo pesando sobre
            mis hombros. Opté por decirle una verdad a medias.-Sabes, he trabajado toda
            la noche y estoy muy cansada, tengo que descansar en mi casa y cuando lo haya
            hecho volveré a verte.

            -¿Con tu novio?-la expresión suspicaz que lució su carita hizo que a mi pesar se
            me escapara una carcajada. Incluso diría que el policía había dado un respingo
            al oír hablar de mi novio.

            -Sí, con mi novio. Pero te prometo que volveré-y eso lo decía muy en serio.

            En aquel instante sonó el teléfono del policía, que se retiró a fuera de la
            habitación para mantener una conversación privada.
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             -Disculpa, Bella. Ya sabes cómo es la policía... parece que todos seamos
             sospechosos hasta que no se demuestre lo contrario. Quiero que sepas que
             creo tu versión desde el primer momento en que Emily me la explicó. Llevo
             muchos años en este trabajo y por desgracia ya he visto de todo. Por desgracia
Página | 423 también, he tenido que tratar con Jenks en el pasado, y digamos que no es uno
             de mis policías favoritos. Y tú-se dirigió a Daniel, que escuchaba atentamente
             nuestra conversación- veo que te encuentras mejor que esta mañana a primera
             hora. ¿Cómo va el dolor de cabeza?-la cara de James se transformó desde una
             máscara de profesionalidad a una mueca simpática, dejándome alucinada por
             completo.

            -Bien, bien, James- pronunció exageradamente Daniel, como dándose
            importancia, y tuve que sofocar una carcajada.- ¿Conoces a
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Cambio de destino

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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 1 La doctora Bella Swan llega al hospital de Forks por error. Sus ambiciones no incluyen quedarse. No esperaba conocer en aquel lugar a alguien que le hará replantearse toda su vida. Él es Edward Cullen. Es cirujano. Y vampiro
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    Cambio De Destino DraBSwan Capítulo 1 Página | 2 BPOV Era de madrugada cuando aterrizamos en el aeropuerto de Seattle. Lo que veía por la ventanilla del avión confirmaba mis recuerdos de esa ciudad: estaba lloviendo. Seattle era conocida en USA como la "Rain City" y yo llegaba en enero, uno de los meses con mayor precipitación. Suspiré. Sabía perfectamente dónde iba, y aún así me deprimí un poco. Con esfuerzo, alejé aquellos pensamientos de mi mente; no iba a permitirme un bajón de moral por cuatro gotas de agua. Estaba emocionada por las novedades que me esperaban pero al mismo tiempo sentía miedo. Me había acomodado demasiado a la rutina, y sólo tenía 26 años. Siempre había querido pasar una temporada en mi país natal pero nunca me decidía. Por lo menos durante un año iba a echar de menos el clima mediterráneo y a Barcelona, la ciudad que me adoptó cuando mis padres decidieron cambiar de vida y venir a vivir a España. Ellos, ambos cirujanos cardiovasculares, eran de Seattle, pero nunca les acabó de convencer esa lluviosa ciudad y ansiaban mudarse. Cuando yo tenía seis años acudieron a un congreso internacional de su especialidad en Barcelona, y conocieron el lugar y su clima. En aquel congreso contactaron con el cirujano jefe de un hospital privado que les ofreció trabajo. Decir que lo pensaron unos días sería exagerado. Yo me adapté rápidamente al cambio. ¿Y quién no? Adoro el sol. Cuando estaba en el tercer año de los cuatro que constaba la especialización para pediatra mis padres me aconsejaron hacer una estancia fuera del país. Había mucha competencia para conseguir un puesto de adjunto en cualquiera de los hospitales de la ciudad, que era lo que yo ambicionaba, y eso podría ayudarme. No habría problema administrativo, había aprobado hacía años el examen de medicina para ejercer en los USA y además tenía la doble nacionalidad. Estaba acomodada a mi rutina y era bastante feliz con ella, pero quería algo más de mi vida, así que cuando mi jefe me dijo que había conseguido una plaza para residente de cuarto año en el Seattle Children´s Hospital apenas podía creérmelo. Era ahora o quizá nunca.
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    Cambio De Destino DraBSwan Y por fin aquí estaba, a miles de kilómetros de mi hogar. Pero acababa de llegar y ya me estaba dando un brutal ataque agudo de añoranza. El taxi me dejó en la puerta del hotel. No había querido alquilar un apartamento sin verlo e inspeccionar la zona donde estaba, así que había Página | 3 reservado una habitación por unos días. Quizá alguna compañera del hospital quisiera compartir piso. Una vez en la habitación noté que me vencía el agotamiento. Me tumbé en la cama y de inmediato caí en un profundo sueño. Desperté sin ser consciente de dónde estaba, me sentía confusa y desorientada hasta que recordé. Al mirar la hora mi corazón dio un vuelco: ¡joder, las doce! Tenía una cita con el jefe de pediatría para presentarme a las 12.30, y por un maldito descuido iba a llegar tarde. ¡Menuda presentación! Corrí al lavabo, me lavé los dientes, me cepillé el cabello y me alisé la ropa como pude, alegrándome de llevar unos vaqueros y un grueso jersey. No tenía tiempo de cambiarme. Tomé un taxi que me dejó en la puerta del hospital cinco minutos antes de la hora de la cita. Maldiciendo mi descuido entré a toda prisa y pregunté en información, donde me indicaron el camino hasta el despacho del doctor Watson, el jefe de pediatría. Casi sin resuello llamé a su puerta apenas un minuto después de la hora acordada. -Pase - dijo una amable voz. Abrí la puerta. El despacho era grande, bien iluminado. Tenía una biblioteca llena de libros de pediatría y archivadores. Nada original, como todos los despachos de jefes. James Watson estaba sentado tras una mesa enfrente de la cual había dos sillas. Tenía un portátil y un montón de papeles sobre la mesa. Era un hombre de mediana edad, cabellos rubios y ojos de un azul muy claro. En conjunto, tenía un aspecto agradable. -Buenos días, soy Bella Swan. Ya sabe, la doctora española…bueno, de hecho tengo la doble nacionalidad - dije al entrar, mientras sonreía nerviosamente. Qué tonterías se me ocurren, como si él no lo supiera ya. -Claro, Isabella, pasa y siéntate- se levantó y me indicó una silla frente a él. -Bella si no le importa, doctor Watson- repuse mientras me sentaba. Sonreí de nuevo para restar brusquedad a mis palabras.
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    Cambio De Destino DraBSwan -De acuerdo. Y tú llámame James, por favor. Siempre que oigo doctor Watson me imagino que estamos investigando algún crimen, o el genoma humano – bromeó. Me relajé un poco. Tenía ganas de hacer esto, pero mi timidez no del todo superada y los nervios estaban pudiendo conmigo. Página | 4 Estuvimos conversando un poco sobre mi viaje, mi residencia en España, etc… y al final me animé a centrar la conversación en lo que me interesaba. -James, ¿me podrías explicar un poco por encima cómo va a ser mi trabajo por este centro? Ya sabes, cómo se va a organizar mi estancia en este centro. -¿Este centro?- me miró desconcertado. Ay. Algo me decía que se avecinaban problemas. Lo miré fijamente. -Sí, no... ¿No era eso lo que había estipulado con mi jefe?- tartamudeé. -No, creo que ha habido un malentendido -dijo lentamente.- En este momento este hospital no puede admitir más residentes. Creí que lo sabías- se disculpó-. Pero sólo durante unos pocos meses. Mientras tanto trabajarás en otro hospital de la zona en estrecho contacto con nosotros, la jefa de pediatría de allá estará encantada de recibirte. Además nos reuniremos para sesiones clínicas, cursos… -¿Malentendido? ¿Cómo puede ser?- alcé la voz más de lo que pretendía - ¿He volado desde España para esto? No comprendo ¿Por qué?- con gusto habría empezado a soltar palabrotas en español pero me contuve, aunque estaba casi a punto de mandar al carajo la idea que pudiera tener ese hombre de mi. -Escucha -dijo con voz tranquilizadora, - antes de alterarte más déjame hablar. Mi secretaria fue la que lo organizó todo, conjuntamente con la de tu jefe. Al principio no había problema porque uno de nuestros médicos iba a hacer una estancia de un año en la Clínica Mayo, pero al final no se marchará hasta abril. Delegué en mi secretaria para que os informara por si había algún problema. Yo estaba muy ocupado y he confiado en ella porque suele ser competente. Entonces llamaron a la puerta. -¿Se puede?- Una pelirroja despampanante asomaba por la puerta. Vestía una bata blanca encima de un top ceñido, falda de cuero y unos tacones de aguja de por lo menos 8 centímetros de alto. Lo ideal para circular por un hospital.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Ah, Irina, pasa. Esta es Bella Swan, la residente que viene de España. Bella, Irina es mi secretaria - Así que esta era la culpable del desaguisado. Ahora veía dónde estaban sus "competencias". -Encantada de conocerte, Isabella- ignoré su saludo y que me llamara por mi Página | 5 nombre completo. -Irina, al parecer cometiste un error en la admisión de la doctora Swan como residente. ¿Qué tienes que decir al respecto? Te comenté que informaras a su jefe del cambio de planes - dijo James muy serio. -Eh… creo que se lo dejé claro a la secretaria de su jefe, no entiendo qué puede haber pasado. Habrá malinterpretado el último correo que le mandé- dijo toda compungida.- Yo sólo he venido a traerle estos informes de alta para revisar- La fulminé con la mirada, aunque lo que de veras deseaba era partirle su perfecta nariz. Ni siquiera se había disculpado. -Bien, ya aclararemos esto más tarde y espero que me des una buena explicación- el tono de James seguía serio.- Deja los informes ahí. Tengo cosas que hablar con la doctora Swan. -Adiós, Isabella, encantada de haberte conocido- Irina se despidió de mí con una sonrisita. Así se le rompa un tacón, se parta sus perfectos dientes y de paso algunas uñas. -Está bien, Bella, concretemos, a menos que te hayas arrepentido ya de haber cruzado el Atlántico - suspiró James.- Ahora trabajarías como residente de pediatría en el Hospital Comunitario de Forks, por tres meses. Allá ya tienen sólo un residente nuevo por año y siempre andan cortos de personal, agradecerán una ayuda. Pasado ese tiempo vendrás aquí y podrás rotar por los servicios que más te interesen, ya hablaremos de eso cuando quieras. -De acuerdo, James- sonreí levemente y chocamos las manos. -Te pondré en contacto con la responsable de pediatría del Hospital de Forks, allá estarás muy bien- dijo, tranquilizador. James me dio el teléfono de la doctora Emily Martin, la jefa de pediatría de Forks. Me dijo que se pondría en contacto con ella para que me llamara. Se le notaba un poco incómodo, pero me despidió con palabras amables. Al cerrar la puerta de su despacho aguanté las ganas de llorar. No había para tanto. Aunque si lo hubiera sabido habría venido en abril. Deshice mi camino hacia la
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    Cambio De Destino DraBSwan salida del hospital, ahora ya sin prisas. Afuera seguía lloviendo, el día era gris y eso no ayudaba mucho a mi maltrecho ánimo. Tomé un taxi y me dirigí de nuevo al hotel. Intenté respirar lenta, profundamente y ser positiva, mientras observaba por la ventanilla. Sólo sería un pequeño paréntesis, nada más eso. Página | 6 Una vez en la habitación me duché con agua bien caliente, notaba como mi cuerpo se relajaba. Mientras me secaba el cabello sonó el móvil. -¿Bella Swan?-preguntó una voz femenina. -Soy yo. -Hola, soy Emily Martin, James Watson me ha dado tu teléfono - un punto para la jefa, me había llamado Bella sin tener que corregirla. -Hola, doctora Martin. -Emily, por favor.- Caray, qué campechanos que son aquí los jefes. –Siento el malentendido, pero eso ahora no importa, lo que importa es que te sientas bien con nosotros durante los siguientes meses. -Ah, gracias, Emily,- sonreí al teléfono - eres muy amable. -Bueno, ¿cuándo nos conoceremos? Comprendo que no quieras venir en seguida, estarás un poco descolocada después de lo que ha sucedido, y con el viaje y todo lo demás… -A ver… no he deshecho las maletas, así que entre que pago la habitación, alquilo un coche para ir a Forks y llego… ¿cuánta distancia hay desde aquí? -Son unas tres horas… si respetas los límites de velocidad, cosa que te aconsejo. En este país hay un policía de tráfico detrás de cada valla publicitaria, ya sabes – bromeó. Aquella mujer me caía bien. James era atento, pero mucho menos cálido. -Vale, pues nos podemos conocer hoy mismo por la tarde. - Notaba mi corazón aligerarse. Quizá eso del paréntesis no fuera mala cosa, al fin y al cabo. – Eh… Emily – tanteé - ¿en Forks hay algún alojamiento que me aconsejes, o sabes de alguien del hospital que quiera compartir piso con una desconocida? -A ver, déjame pensar… -hizo una breve pausa- El otro día estuve hablando con Ángela, una enfermera de Urgencias, y me comentó que le iría bien compartir
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    Cambio De Destino DraBSwan casa, ya que la que era su compañera hasta ahora se ha trasladado a trabajar a otro centro. Es una persona encantadora, estoy segura de que congeniaríais. Si te parece bien voy a comentarle ya algo. -Está bien –repliqué, insegura… no me gustaba comprometerme ya, podría ser Página | 7 que la tal Ángela fuera una rarita, aunque no sabía por qué pero me fiaba de Emily. -De acuerdo- repuso Emily, y me dio instrucciones para encontrar el centro hospitalario. Mi sentido de la orientación era casi nulo, pero por lo que me explicaba no parecía difícil llegar hasta allá. Forks era un pueblo pequeño, con poco más de 3000 habitantes, pero a su hospital acudían muchas personas de los alrededores ya que era el único centro sanitario medianamente dotado en muchos kilómetros a la redonda. Se hallaba situado a las afueras del pueblo, sobre una pequeña colina que los humanos habían robado al bosque. Robado era la palabra. Si me obligaran a emplear un solo adjetivo para definir el pueblo diría "verde". Todo alrededor era verde en diferentes tonalidades. Hasta el aire parecía verdoso. Cuando me presenté ante el hospital con mi coche alquilado, la maleta y un mapa parecía una turista cualquiera. Había visto varios por la zona; al parecer era gente a la que le gustaba la humedad, el frío, y el asfixiante color verde. Me sentía nerviosa, de nuevo. Habíamos quedado en la cafetería, que estaba situada en la planta baja del edificio. Tenía una pared exterior acristalada para aprovechar al máximo la escasa intensidad de la luz diurna. Forks debía ser incluso menos soleado que Seattle, pensé luchando de nuevo contra la sensación de agobio que amenazaba con invadirme. En cuanto entré las reconocí, más que nada porque las dos estaban sentadas de cara a la entrada del local, observando fijamente: eran una chica de más o menos mi edad, morena y delgada, con gafas, y una mujer de unos 40 y pocos años, con el cabello y los ojos negros y la tez morena. Ambas sonreían ampliamente mirándome. Se debía notar a la legua que yo no era de allá. Me acerqué a ellas y se levantaron. Hicimos las presentaciones e inmediatamente me relajé: no me había equivocado en mi primera impresión de Emily, y Ángela parecía una chica sincera, abierta. Me pareció que nos llevaríamos bien.
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    Cambio De Destino DraBSwan Después de hablar un rato de naderías Emily pasó a explicarme cuáles serían mis funciones. - Como ya habrás observado es un centro pequeño, pero tenemos bastante trabajo, y no mucho personal - sonrió y continuó. – En las guardias el residente Página | 8 de pediatría suele dedicarse a urgencias. Cuando por la noche el flujo de visitas se reduce se parte el trabajo de planta y urgencias entre adjunto y resi, así que a menos que uno de los dos se vea desbordado se puede descansar un poco. También me explicaron que en ese pequeño hospital el espacio estaba aprovechado a más no poder, tanto que a la hora de planificarlo alguien se había olvidado de que los médicos hacíamos turnos de más de 24 horas y necesitábamos un lugar donde estirarnos un rato. Cuando se dieron cuenta del fallo la solución fue poner armarios con cama abatible en varias de las consultas externas. Los adjuntos descansaban en un sofá- cama en sus respectivos despachos. Hablamos un rato más, comentando temas prácticos sobre el trabajo. Ángela me dio las llaves de su casa, indicándome su situación en el pueblo. Mi nueva jefa me aseguró que le entregaría mi nuevo uniforme a Angela para que no tuviera que ir a buscarlo mañana por la mañana. Me despedí de ellas, ya que tenían que volver al trabajo. Yo empezaría al día siguiente. Ahora que había reconocido un poco mi nuevo "terreno" me sentía algo más tranquila. Salí de la cafetería y el olor a vegetación húmeda golpeó mis fosas nasales. No había parado de caer una fina lluvia desde mi llegada. Me iban a crecer setas en la piel, estaba segura. Localicé sin problemas la casa de Ángela. Era una bonita casa de dos pisos, con un pequeño jardín, situada a las afueras del pueblo en el lado contrario a donde estaba el hospital. Era alquilada, pero el alquiler mensual era baratísimo, ventaja de trabajar en un zona rural. Abrí e inspeccioné el interior. Era luminosa, olía a limpio, y estaba bastante ordenada. La decoración era juvenil y alegre. Me gustaba. No hacía mucho frío porque Ángela había dejado la calefacción puesta pero subí el termostato hasta una temperatura normal. Inspeccioné la cocina y la nevera, observando que ella y yo teníamos gustos cercanos en cuanto a alimentación, sin manías. Allá había un poco de todo. Poco. Necesitábamos compra urgente, ahora éramos dos, y ella estaba de turno de tarde, así que salí "de caza". Había visto un pequeño supermercado cerca, aunque más bien era una de esas tiendas de pueblo donde igual compras una navaja suiza que un paquete de arroz. Después de sortear con evasivas la natural curiosidad de la tendera (ya tendría tiempo de enterarse de mi vida
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    Cambio De Destino DraBSwan privada, no me cabía la menor duda) y comprar unas cuantas provisiones volví a mi nueva casa. Me entretuve deshaciendo las maletas y preparé la cena, lo cual alegró mucho a mi nueva compañera. Pusimos la mesa en el comedor. Mientras cenábamos nos explicamos un poco la vida, para empezar a Página | 9 conocernos. - Este pueblo no está mal para vivir en él, ya lo verás, aunque tiene el defecto del clima tan frío y húmedo- dijo Angela mientras cenábamos la pasta con verduras. - Llevo aquí cinco años y no sé si alguna vez me acostumbraré ¡Algún día emigraré al sur del país! -afirmó- Y eso que soy de Seattle, pero ¡es que aquí aún llueve más! No recuerdo cuándo fue el último día soleado- comentó, pensativa. Le conté que yo también era nacida en Seattle, explicándole mi vida muy por encima. Estuvimos comentando diversos temas personales y sobre el trabajo. Me explicó algunas cosas de mis nuevos compañeros. - Emily, la jefa, es tan legal como parece, ya la conocerás, es una gran persona y mejor profesional. En pediatría hay buena gente en general, aunque Jessica, en fin… se escaquea un poco. Tendrás que ir con cuidado, porque a la que te descuides tendrás que hacer tu trabajo y el suyo. No quiero que tengas prejuicios pero tampoco me parece bien no darte esta información, llevo años aquí y ya me conozco al personal- al decir esto último miró hacia el techo soñadoramente. -Eh, Angela- le dije pasándole la mano por delante para que reaccionara.- ¿En qué piensas?- ella me miró como si acabara de despertar. -¡Ah! Nada, nada, estaba pensando en los monumentos locales – dijo muy seria, pero un brillo pícaro le bailaba en los ojos. -¡Si aquí no hay otra cosa que verde y cuando se acaba el verde aún hay más verde! ¿Me tomas el pelo? Sí, me lo tomas- dije mientras ella se carcajeaba.- ¿De quién me hablas? -Bueno, vamos a dejarlo para mañana, de momento ya tienes suficiente información- se levantó y empezó a recoger la mesa. -¡Pero… no me dejes así hasta mañana! ¡No te dejaré dormir si no me cuentas algo más!- la amenacé.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Con la cara de muerta que pones eso no te lo crees ni tú, vas a caer KO en tu camita, Bella Swan. Recuerda que hoy has volado desde otro continente- repuso sonriendo petulante, mientras yo escondía un bostezo monumental. -Vale, pero de esta me acuerdo. Mañana me lo explicas.- Me levanté de la silla Página | 10 y también recogí. -Bella, mañana vuelvo a tener turno de mañana, así que por la tarde te lo cuento. Buenas noches, nueva compañera - dijo, feliz. - Buenas noches - le contesté con una sonrisa. Realmente era fácil hacerse amiga suya. ... -¡Bella!- escuché el grito desde las profundidades de mi inconsciencia, al mismo tiempo que sentía mi cuerpo zarandeándose. ¿Sería un terremoto? Abrí los ojos como platos y me senté bruscamente en la cama. Una figura se apartó para que no chocáramos. Parpadeé varias veces y me froté la cara. Entonces miré alrededor mío, y fue como si un relámpago me iluminara. -¡Dios! ¿Qué hora es?- busqué mi móvil sobre la mesita de noche. Se me cayó al suelo y gruñí de frustración. -Tranquila, son sólo las siete de la mañana. Niña, tienes suerte de que hoy entremos a la misma hora. Creo que tu móvil lo han escuchado hasta en Luisiana, pero tú ni te has enterado- Angela estaba ya vestida y sentada en mi cama, con una taza de café en la mano.- Por cierto, ¿qué música era esa?- preguntó, tendiéndome el humeante líquido. -Supermassive Black Hole, de Muse - acepté la taza.- Gracias. -Me suena- dijo pensativa.- ¿Está bueno el café? Lo he hecho más cargado de lo que acostumbro. -Mmm- cerré los ojos al sentir el vivificante calor del café en mi cuerpo.- Me has salvado la vida por segunda vez hoy, gracias. -Ah, es mi especialidad, trabajo en Urgencias, ya sabes- me guiñó un ojo.- Será mejor que te pongas en marcha o llegarás tarde, Bella- me cogió la taza de las manos y se incorporó, dejándome sola.
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    Cambio De Destino DraBSwan Miré por la ventana. Llovía. Vaya mierda, pensé, nuevamente deprimida. Inspiré profundamente y me dirigí a la ducha. Me presenté en la planta de pediatría puntualmente y vestida de uniforme (pijama blanco, zuecos y fonendocopio colgando al cuello). Aprovechando la Página | 11 sesión matinal de ingresos, donde estaban todos reunidos, Emily me presentó a mis nuevos compañeros, primero a los adjuntos, y luego vino el turno de los residentes que eran, por orden de mayor a menor año, Jessica, Peter, Monica y Ben. La última en las presentaciones oficiales fue Jessica. Recordaba lo que Angela me había dicho de ella. -Hola, Bella – me dio dos besos - Se te ve muy pálida. Yo pensaba que los españoles estabais todos morenos.- Soltó una risita. -Sí, por eso me echaron de allá- puse cara de sentirme apenada. Me miró como si no supiera qué contestar, mientras los demás compañeros sonreían. Pero en seguida reaccionó. -Hoy nos toca pasar visita en la planta -dijo, cortante. - Hay pocos niños, así que acabaremos pronto y te podré explicar temas de papeleo y cosas prácticas para poderte manejar por el hospital- dijo con aire de suficiencia. -Gracias- repuse. No podía olvidar las palabras de Ángela e hice bien, porque una vez fui presentada a las enfermeras del turno de mañana y habiéndome explicado el papeleo de forma somera, Jessica desapareció. Tuve que pasar visita yo sola en mi primer día. Casualmente, cuando ya había terminado apareció ella. -Vaya, Bella, ¡qué rápida has pasado visita! Me ha llamado el compañero de urgencias y he tenido que marchar a ayudarle, perdona por no haberte avisado. Julia, una enfermera de la planta, soltó un suave bufido. La miré y puso los ojos en blanco, meneando la cabeza. Jessica no advirtió el gesto. -No pasa nada – repuse con cara seria, mirándola- pero la próxima vez me gustaría que me avisaras para saber dónde encontrarte, como mínimo-. Julia me miró con aprobación. Jessica me observó fijamente, como estudiándome, y se limitó a asentir. -Venga, te voy a enseñar el área de urgencias- dijo, conciliadora.
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    Cambio De Destino DraBSwan Nos dirigimos por el pasillo hacia las escaleras. Entonces fue cuando lo vi. Se abrió la puerta del ascensor y salió un joven de unos veintitantos. Al verlo, Página | 12 me detuve sin darme cuenta. Porque no era consciente de nada que no fuera él. La voz de Jessica hablando a mi lado parecía un zumbido lejano. Aquel hombre tenía una belleza que no era de este mundo. Era muy alto, cercano al metro noventa. Sus cabellos, de un curioso color bronce, estaban elegantemente despeinados, y su cara, de tez muy pálida, parecía cincelada por un escultor de la Grecia clásica. Los labios eran carnosos y perfectamente dibujados. El cuerpo no le iba a la zaga al rostro: era delgado pero musculoso tal y como podía apreciarse en los brazos, que llevaba descubiertos. Vestía camisa azul de cirujano, y pantalón vaquero. Su andar era felino, elegante. Estaba concentrado mirando un historial del montón que llevaba entre sus brazos, mientras se desplazaba hacia nosotras. De pronto alzó la hermosa cara y me clavó una penetrante mirada. Mi corazón paró de latir en ese momento, y cuando reanudó su contracción noté una punzada en el pecho. Me sonrojé. El tiempo parecía pasar más lentamente alrededor nuestro y entonces sus ojos cambiaron ligeramente. Avergonzada, aparté la vista, aunque fui consciente de que él no lo hacía. Su intensa mirada me quemaba la piel y no sólo por el sofoco que ya sentía. Jessica seguía con su cháchara cuando el joven se acercó a nuestra altura y nos habló. -Buenos días, Jessica y…- la voz, aterciopelada y melódica, no desmerecía en absoluto al aspecto de su propietario. Se nos quedó mirado a las dos, esperando. Mi cara era un puro rubor, y el ser consciente de ello y del estudio al que estaba siendo sometida no me ayudaba en nada a cambiar de color. Estaba a punto de la hiperventilación. Mi reacción era ridícula, pero no podía evitar esa catarata de respuestas que mi rebelde organismo ofrecía a pesar de mis esfuerzos en contra. No me atrevía ni a mirarle. Jessica sí lo hizo, lo observó como si él acabara de descender de una nave espacial. -Ho…hola Edward, esta es Bella Swan, la nueva residente, estará unos meses con nosotros- farfulló boquiabierta. Edward me miró, sonriente. Era lo que me faltaba para parecer un semáforo en rojo. Al mismo tiempo me sorprendía la reacción de mi compañera hacia quien se suponía que era un compañero de trabajo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Hola, Bella, encantado de conocerte… había oído que venía una nueva pediatra pero no sabía cuándo. Mi nombre es Edward, Edward Cullen. Soy resi de cirugía, quinto año – explicó, pero no me tendió la mano ni se me acercó. Miraba esos ojos color miel que seguían clavados en los míos, al tiempo que Página | 13 persistía en la inútil tarea de palidecer mi piel a voluntad. Habría seguido allá, fascinada, si Jess no hubiera interrumpido mi trance tirándome del codo. -Hemos de irnos a urgencias, Bella. Hasta luego, Edward- se despidió mientras prácticamente me arrastraba con ella hacia las escaleras. -Adiós, Edward.- Me giré para despedirme, caminando mientras seguía mirándole. Esperaba que Jessica evitara que me cayese por las escaleras. Mientras bajábamos, Jessica me miró de arriba abajo. -¿Conocías a Edward de algo?- me miró interrogante. Negué con la cabeza y ella puso cara de extrañeza - Es raro. -¿El qué es raro? -Digamos que es bastante… arisco. Me ha extrañado que parara a presentarse. Pero –continuó mientras hacía un mohín - no te hagas ilusiones, para él las mujeres de este hospital somos poca cosa, no ha tenido nada que ver con ninguna, y eso que algunas lo han intentado. Creo que es gay.- No dudé ni por un momento de que ella entraba en el grupo de las "frustradas". Por supuesto para mí estaba claro que su reacción reflejaba simple interés por la novedad que yo representaba en ese pequeño lugar. Me obligué a centrarme de nuevo en lo que me decía Jessica. ¿Es que a esta mujer nunca se le acababa la batería de la lengua? En el área de Urgencias nos encontramos con Ángela. Me saludó con un movimiento de cabeza, sonriendo, mientras extraía sangre de un paciente en uno de los boxes. Jessica me presentó a tantas personas que al final de la mañana ya no recordaba el nombre de ninguna. Todos me miraban con curiosidad. Pero nadie me miraba como lo había hecho Edward Cullen.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 14 . Capítulo 2 EPOV Esta mañana tenía una cosa clara: iba a pasearme mucho. Me tocaba pasar visita solo y tenía muchos pacientes repartidos por todo el hospital. Por suerte el cansancio no hacía mella en mí, aunque tenía que simular que era así y por eso mismo me paré ante el ascensor y le di al botón de llamada. Me abstraje en mis propios pensamientos, intentando aislarme de los de los demás. Cuando decidí seguir los pasos de mi padre no imaginé que sería tan complicado todo: simular que era un ser humano había sido casi tan difícil
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    Cambio De Destino DraBSwan como controlar la sed de su sangre, pero más o menos me estaba saliendo con la mía. Más o menos, porque al final me había ganado a pulso la reputación de tipo raro y sin mucha vida social. Rarito Cullen, así me llamaban algunos, aunque esto no era algo que me preocupara. Era lo que era, un vampiro que Página | 15 renegaba de sus instintos, un tipo peculiar tanto para los de mi especie como para los humanos, pero un vampiro al fin y al cabo. No me interesaba relacionarme a fondo con la humanidad. Me bastaba con seguir con mi vocación, la que tuve siempre, y que no había cambiado a pesar de los años que habían pasado desde mi transformación. Subiendo en el ascensor percibí la chillona voz de Jessica Stanley. Incluso su mente era estridente. Suspiré y me armé de paciencia ante el inevitable encuentro. Cuando estaba cerca de ella intentaba bloquear sus pensamientos, que me hacían sentir incómodo. Desde aquella época en que no había parado de insinuárseme intentaba evitarla, pero era más complicado intentar no oírla. El ascensor paró en el primer piso y se abrieron las puertas. Jessica estaba al fondo del pasillo, caminando al lado de otra chica. Decidí ignorarlas y continué avanzando, con la mirada fija en el historial que llevaba en la mano. De repente una idea me sacudió la mente: no podía oír los pensamientos de la chica que estaba con Jessica. Al mismo tiempo me estremeció un aroma en el ambiente completamente desconocido para mí. Era el olor de aquella chica. Me sentí confuso. Jamás me había enfrentado a nadie que se resistiera a mi don, y ese seductor aroma... era nuevo para mí, me atraía hacia ella, nublándome la voluntad. Fui acercándome lentamente, aspirando esa fragancia, saboreándola. Intenté serenarme. Estaba alarmado ante mis propias reacciones, pero también sentía una enorme curiosidad. Decidí intentar abatir las barreras de la joven, y clavé mis ojos en los suyos, aún a riesgo de inquietarla… sólo para descubrir que ella me estaba observando fijamente. Escuché su arrítmico latido al enlazarse nuestras miradas. ¿La habría asustado? Vi que era preciosa; poseía unos expresivos y grandes ojos oscuros y una boca sensual de labios llenos. Su cabello era de un brillante tono castaño y lo llevaba recogido hacia atrás. No podía apreciar sus formas femeninas con la poco estimulante ropa del hospital, pero lo poco que se adivinaba me dejaba con ganas de descubrir más. Estudié su sonrojado rostro mientras me aproximaba, refrenando mis ganas de avanzar más rápidamente.
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    Cambio De Destino DraBSwan Ya cerca de la joven aquel perfume tentador comenzó a ofuscarme, me impulsaba hacia ella como un potente imán. Sentía la necesidad de respirarla de cerca, de tocarla, como si tuviera que comprobar que era real. Paré de inhalar o no podría controlarme. En aquel instante apartó sus pupilas de mí, y Página | 16 luché contra el impulso de pedirle que no lo hiciera. Recuperé cierto autocontrol y pedí a Jessica que me la presentara. Bella. Qué nombre tan apropiado. Bella. ¿Qué era eso que me hacía sentir? Quería saberlo, y sólo ella tenía la clave. Jamás ningún ser había despertado en mí tanto interés. Tras cruzar unas pocas palabras de cortesía conmigo ambas se alejaron por el pasillo. La seguí con la mirada hasta que la perdí de vista cuando giró hacia las escaleras. Antes de eso se volteó y nuestras miradas se volvieron a cruzar. Su mente en blanco me provocó una oleada de frustración, como si fuera un niño malcriado al que niegan el juguete más deseado. BPOV Ángela y yo nos habíamos pasado la tarde hablando de nuestras vidas, comentando también anécdotas del trabajo y de los compañeros. Le di las gracias por sus consejos. Ya en la noche nos dedicamos a ver una película en DVD y comer palomitas, tumbadas en el sofá del comedor. -Qué… ¿Ya lo has visto? - me dijo ella como de pasada, cogiendo un montón de palomitas. -No sé de qué me hablas- repuse indiferente, aunque sabía perfectamente a quién se refería. Me extrañaba que el tema no hubiera surgido durante la tarde. Desde luego, yo no lo saqué a relucir. -¡Venga ya!- me dio un manotazo ligero en el brazo- No te habrá pasado desapercibido. Además, sé que había un niño operado ingresado en pediatría y que él pasaba visita.- Reí para mis adentros, tenía que andar con ojo, Ángela parecía el Gran Hermano. -Por dios, Ángela, ¿para quién trabajas, para la CIA? - miré al cielo con resignación fingida. Me sentía tan cómoda con ella que era como si nos conociéramos desde hacía mucho tiempo. Y sólo era nuestro segundo día. -Venga, confiesa, ¿qué te ha parecido?- siguió pinchando, observándome. -Supongo que hablas del cirujano… es mono - reconocí con fingida indiferencia, sin apartar la mirada de la televisión.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Mono? ¡Pero si es un dios! – rió. -¿Te gusta Edward Cullen?- la miré intentando disimular cierta preocupación, aunque pensaba ignorar al "dios". Mi estancia en este país tenía un objetivo, y ese no era liarme con un compañero de trabajo. Además ese hombre estaba Página | 17 fuera de mi alcance. -Me gusta mirarlo, pero no me atrae.- Me miró, pensativa.- No te sabría decir qué es. Quizá tanta perfección física me asusta un poco. Pero es educado y muy buen cirujano. Y deberías ver lo amable que es con los pacientes. Las abuelitas que ingresan en cirugía lo adoran. Y… -Vale, vale, no me vengas ahora con querer emparejarme, no tengo ganas de problemas. Además sólo voy a estar tres meses aquí, y tú ya me quieres enredar - Ángela rió. -No te quiero emparejar, mujer. Sólo tenía ganas de un rato de sano cotilleo con mi nueva compañera. ¿Tienes algo en contra de ligar con un compañero de trabajo que está como un dios? -Sí. Ángela, no quiero sonar aburrida, pero estoy en Forks para pasar una temporada corta, y el resto de año lo pasaré en Seattle. He venido a este país a aprender y a trabajar- ella bostezó de forma fingida. -Pues sí que suena aburrido. Y un año da para muchos polv… ¡Ay!- le pegué una suave colleja antes de que acabara la frase, aunque me estaba riendo. Ella alzó una mano conciliadora. -Vale, vale, si he de soportar agresiones fin del tema. Venga, sigamos viendo la película, que mañana no habrá quien nos levante de la cama. -De acuerdo, pero otro día toca hablar de tus posibles relaciones, Webber. No te creas que aquí sólo yo voy a ser yo la interrogada. Ángela rió y diría que se había sonrojado un poquito, aunque la luz era demasiado escasa para asegurarlo. ... Me incliné para recoger el cambio y mi café de la máquina. Lo probé y arrugué la nariz. El sabor era espantoso, pero todavía arrastraba el jet lag y necesitaba un nuevo chute de cafeína.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Buenos días - sonó una voz amistosa a mi espalda. Me giré y vi la sonriente cara de Mónica, mi compañera de especialidad. Era una chica delgada, con ojos azules y el pelo negro cortado en media melena. Ayer se había marchado a la consulta externa a primera hora y apenas tuve Página | 18 tiempo de intercambiar unas palabras con ella, pero me había parecido agradable. Y solía fiarme de las primeras impresiones. -¡Hola! – le sonreí- Este café hace que me sienta como en casa. -Ese café tiene muchas propiedades pero la de aminorar la nostalgia no la conocía- alzó ambas cejas componiendo una divertida cara de sorpresa. -Ah, lo decía porque sabe igual de asqueroso que el de la máquina de mi hospital. ¿Qué más propiedades tiene? -Bueno, te digamos que a partir de ahora no vas a necesitar laxantes, si es que los tomas- me guiñó un ojo mientras introducía una moneda en la máquina. -Vale, es el mismo café, ahora estoy segura- asentí, convencida, observando el poso que quedaba en el vasito de plástico. Ambas nos miramos y reímos. -¿Te vas adaptando? Espero ser la primera en hacerte esta pregunta, creo que la vas a escuchar mucho durante unos días y acabarás odiando a quien te la haga. -Sí, eres la primera- sonreí-, y me voy adaptando- miré la hora en móvil.- ¿No deberíamos subir ya? La morena asintió y terminó su café en tres sorbos. Apretó el botón del ascensor. -Hoy me tocan paritorios, y Emily sugirió que vinieras conmigo. Oye... Sé que vienes de un hospital grande, así que no creo que tengas problemas para manejar a los pacientes cuando estés de guardia tú sola. Algunos adjuntos no colaboran mucho, pero si necesitaras ayuda cosa siempre puedes llamar a Emily, no vive lejos de aquí. Eso confirmaba la opinión que tenía de mi nueva jefa, y me tranquilizaba. Tras la sesión de presentación de ingresos Peter le dio a Monica el "busca" del paritorio. Estuvimos muy ocupadas toda la mañana; nos llamaban de la
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    Cambio De Destino DraBSwan maternidad, para una cesárea, o cualquier parto que se anticipara como complicado. Me tranquilicé viendo que la manera de hacer las cosas no distaba mucho de mi hospital de origen. Al final de la mañana mi compañera y yo nos encaminamos a la cafetería del hospital. Página | 19 -¿Ya has probado la comida de aquí?- Monica me dirigió una escrutadora mirada mientras ocupábamos una mesa libre con nuestras bandejas.- No, creo que no, tienes buen aspecto.- Sonreí, negando. Respecto a la "deliciosa" comida del hospital parecía que también iba a sentirme en casa. -Ayer no tenía mucha hambre y comí un yogur arriba en la planta- nos sentamos y me descubrí mirando alrededor, buscando una cabeza de cabellos cobrizos. Pero no estaba aquí. -Ojalá pudiéramos sobrevivir sólo con eso. Esta sopa parecen los restos de una clase de Pociones.- dijo Mónica, haciéndome reír y atragantarme. -Yo también soy fan de Harry Potter- sonreí. Una chica de pelo negro azabache recogido en una coleta y ojos verdes penetrantes se acercó a nosotras con su bandeja, sentándose al lado de mi compañera. -Tú debes ser la nueva pediatra- me tendió la mano por encima de la mesa.- Soy Anne, "resi" de ginecología. -Encantada- le di la mano.- Soy Bella. -Por supuesto que eres Bella, no podían haberte puesto mejor nombre- sentenció un chico rubio vestido de cirujano al tiempo que se sentaba a mi lado. Anne rodó los ojos y bufó. -Mike, esta es la mesa de las chicas. Vete para que podamos criticarte sin que te sientas herido- gruñó la ginecóloga. -Anne, me sorprendes ¿Desde cuándo eres tan compasiva? Mike Newton, cirugía, cuarto año- me tendió la mano clavándome sus ojos azules de una forma que me hizo sonrojar, aunque correspondí a su saludo. Tras retener mi mano unos segundos más de lo correcto miró a la ginecóloga- Anne, no me da la gana de comer solo. Ya sabes que Rarito Cullen nunca baja al comedor, y los demás están en quirófano.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No llames así a Edward- recriminó Mónica, molesta.- Es un poco especial pero es un buen compañero.- Anne asintió, y ambas ganaron muchos puntos de mi aprecio por este gesto. -¿Es cierto lo que he oído? ¿Que Leonard y él se atrevieron a suturar una Página | 20 rotura cardiaca?-preguntó Anne. -Sí, hicieron cirugía cardiaca en un hospital comunitario. Esos dos están locos- negó Mike con la cabeza.- Tuvieron suerte de que la cosa fuera bien, de haber sido de otra manera tendrían un pleito sobre sus cabezas. -Un pleito que no habría ido a ningún sitio. Si no lo hubieran hecho la paciente no habría soportado el traslado al Northwest. Le salvaron la vida- zanjó Anne. Mi jornada laboral finalizó y me dirigí a Urgencias para despedirme de Angela, pues ella tenía turno de tarde. Intercambié unas palabras con ella y me dirigí a la salida. Repentinamente la puerta de doble hoja se abrió y entró a toda pastilla una camilla empujada por dos paramédicos. Era un anciano inconsciente. Sentí un brazo en mi cintura y una mano en mi propio brazo que me apartaron del camino, evitando que la camilla me atropellara antes siquiera de que yo hubiera reaccionado, . Algo tembló en mi interior al sentir ese contacto. -Bella- Edward Cullen me soltó y se colocó ante mí.- Has de tener cuidado. Es mejor que no salgas por esta puerta, es la de las camillas y es peligrosa. La del personal es aquélla- señaló. Su hipnótica mirada se clavó en la mía. Sentí mi corazón latir con más fuerza, y mi rostro se sofocó. -Gracias por la ayuda- pronuncié con dificultad.- Además de nueva soy un poco torpe- sonreí. -Edward, te necesitamos aquí- una enfermera salió de uno de los boxes. -Hasta otra- sonrió Edward. Giró sobre sus talones y se dirigió al box donde le reclamaban, mientras yo intentaba recuperar la compostura. ... Los días pasaban rápidamente. Angela demostró ser una buena amiga, y con su ayuda, la de la jefa y de algunas de mis compañeras me adapté en poco tiempo a la rutina de ese pequeño hospital. Ya había superado la prueba de mi primera
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    Cambio De Destino DraBSwan guardia. Ya (casi) me había acostumbrado a la constante nebulosidad de Forks. Sólo había algo que alteraba esa rutina, y era Edward Cullen. Lo veía poco, pero cuando nos encontrábamos por los pasillos del edificio me alteraba de una forma incontrolable, siempre de igual manera, y por ello me enfadaba Página | 21 conmigo misma. Lo peor era que hubiera jurado que él se daba cuenta de ello. Sin embargo, tan sólo pasaba por mi lado, me dirigía un educado "hola, Bella" acompañado de una sonrisa que me acababa de rematar y seguía su camino. Yo entonces resistía el tremendo impulso de girarme y observarlo por detrás. ... -Bella, qué pena que sólo te vayas a quedar unos meses, es una maravilla cómo te has adaptado a todo en tan poco tiempo-dijo Emily. -Gracias, jefa- repuse para pincharla, sabía que no le gustaba que la llamara así- lo cierto es que me siento muy bien aquí, y en gran parte es gracias a Ángela y a ti. Hicisteis que comenzara con buen pie, a pesar del palo del primer día. Hoy me tocaba guardia, pero una guardia un poco especial. Era la primera vez que coincidía con Edward. Notaba mariposas en mi estómago, e intentaba convencerme a mí misma de que estar de turno con él no tenía nada que ver con ello. Pensé en otras cosas. Ángela tenía turno de noche en Urgencias. Siempre me alegraba coincidir con mi amiga. La tarde fue pasando bastante ajetreada, había visitado muchos casos de gripes y bronquitis, pero ninguno tan grave como para requerir su ingreso. A la hora de la cena no pude dejar de observar que Edward no estaba. Tan sólo lo había visto fugazmente un par de veces entrando y saliendo de los boxes de cirugía. Reprimí una oleada de decepción. Cené rápido porque tenía algunos pacientes esperando en urgencias, y cuando volví para allá Ángela ya había comenzado el turno. Fui a saludarla a la salita de personal, donde estaba tomando café. -¡Hola, "compa"! ¡Qué bien, una noche más conseguiste sobrevivir al menú hospitalario!- bromeó. -Sí, pero no cantes victoria, aún no ha pasado el período de seguridad para descartar una intoxicación aguda - compuse una mueca de desagrado tocándome la barriga.- Creí que no se podía comer peor que donde trabajaba antes pero estaba muy equivocada. Los pacientes tienen un buen acicate para curarse pronto, o eso o morir de inanición.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Eso es cierto -rió Ang.- No me extraña que Edward nunca coma aquí, ese sí que sabe cuidarse. Bueno, él dice que tiene unas cuantas intolerancias alimentarias y que debe seguir una dieta especial, por eso siempre se trae su propia comida…- comentó, con expresión un tanto suspicaz. Página | 22 -Ah… por eso nunca viene a comer. -Ja, eso sí que lo habías observado, señorita "yonomefijoenedwardcullen"-me dijo con cara de sorna. Le saqué la lengua. -A ver, niña, no somos tantos, es fácil darse cuenta cuando falta alguien- repliqué un tanto picada. -Sí, claro, claro – repuso incrédula. Yo bufé y puse los ojos en blanco, al tiempo que me despedía para continuar mi trabajo. Eran las dos de la mañana cuando mi adjunto y yo hablamos de partirnos la noche. Yo haría el primer turno, así que trabajaría hasta las cinco. Estaba realmente cansada, y para aguantar acepté un café al que me invitaron las enfermeras. Gracias a ello fui tirando hasta que se hizo la hora. Ángela se había ofrecido a ir a buscar las llaves de las consultas donde descansaríamos si podíamos, y las repartimos. Al terminar mi turno fui a buscar mi llave, que estaba encima de la mesa, en la salita de descanso de urgencias. Era raro. Habría jurado que tenía la llave de la consulta de pediatría, y esta era la de nefrología. Aunque daba igual, estaban una al lado de la otra y yo estaba demasiado hecha polvo como para más conjeturas. Sin más me despedí del personal de urgencias y me retiré. El ahora silencioso pasillo de las consultas estaba iluminado muy tenuemente por las luces de emergencia. Abrí la puerta y me fui directa al armario de la cama. No quería despejarme, por lo que ni tan siquiera abrí la luz. La consulta estaba a oscuras pero la ventana estaba parcialmente abierta y la iluminación exterior permitía intuir la silueta de la cama, situada en un extremo. Esta ya estaba bajada; debía ser un descuido de la señora de la limpieza. Estaba sentándome a punto de tocar el camastro cuando escuché una voz conocida. -Bella. Tuve tal sobresalto que habría caído al suelo, pero eso no llegó a pasar. Un segundo estaba a punto de tocar el piso con mi trasero y al siguiente estaba tumbada al lado de Edward. Al ser una cama estrecha él me sujetaba por la
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    Cambio De Destino DraBSwan cintura con brazo de hierro impidiendo que me cayese, mientras se inclinaba ligeramente sobre mí. Su hermosa cara estaba totalmente en la oscuridad, veía la silueta recortada contra la ventana, pero la sentía muy cerca de mí, y su aliento me llegaba dulce, turbador, y… mi cara ya estaba ardiendo. Yo estaba Página | 23 ardiendo. Tan sólo notar su duro cuerpo pegado al mío hizo que el cansancio pasara a un ultimísimo plano. -Lo siento, no quería asustarte- podía adivinar la sonrisa en su suave voz.- Diría que te has confundido de habitación…-seguía sujetándome y yo estaba al borde del colapso, ya no tan avergonzada como excitada. Fui consciente del intenso deseo que sentía por él, saliendo a la superficie con la misma fuerza con la que yo lo había intentado reprimir. Mis constantes vitales respondieron a su presencia como siempre hacían, descontrolándose. -No... no... oh, lo siento, no sé qué puede haber pasado, discúlpame.- me esforcé para pronunciar estas palabras con tono normal, pero no reconocí ni mi propia voz. Intenté levantarme pero él seguía aferrándome, reteniéndome a su lado. Inhalé su aroma, jamás lo había tenido tan cerca como para percibirlo pero me estaba trastornando. Lo miré e imaginé su hermosa cara, y no pude evitar morderme el labio inferior. Su rostro se aproximó al mío con lentitud y justo en el momento en que lo tuve tan cerca que creí que iba a besarme me puse muy nerviosa y mi cuerpo se tensó. Repentinamente se sentó en el camastro, soltando su agarre sobre mí. -No te preocupes, Bella.- me explicó en un susurro, mientras se pasaba la mano por el pelo.- Es una broma que suelen gastar Ángela y las demás enfermeras de urgencias a las residentes nuevas, pero esta no es la habitual, es raro. -¡Qué broma! Mataré a esa…¡ traidora! ¿El qué es raro? -conseguí farfullar furiosa mientras me sentaba en la cama a su lado, intentando parecer algo digna. -El cambiazo de la llave. Suelen hacerlo con la consulta donde duerme el jefe de la guardia, no el residente de cirugía- rió entre dientes y yo pensé en Joseph, el sexagenario jefe de cirugía que hoy estaba también de jefe de guardia. Mataré a Ang. Con mis propias manos. Y cualquier jurado me perdonará cuando sepa los motivos.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Bella – continuó Edward - si no te incomoda que yo haya estado aquí tumbado quédate, en serio, apenas he estado un rato y he de marcharme. Tengo que controlar un postoperatorio. Ya sabes, Joseph está un poco mayor y el peso de la guardia lo he de llevar yo. Al fin y al cabo es mi último año de residencia. Página | 24 Se levantó y se me quedó mirando en la oscuridad, o eso parecía. Estaba tan quieto que su silueta parecía la de una estatua. -Estoy tan cansada que diré que sí - suspiré para disimular, en absoluto me importaba que él hubiera estado acostado en esa cama - no tengo ganas de ir a buscar otras llaves. Pero haz el favor de no advertir a esa… a esa… de la que le va a caer encima. -Intuyo que ya lo sabe –ladeó la cabeza y volví a imaginar su sonrisa- Descansa, Bella - me dio la espalda y salió de la consulta. Me tumbé pero la somnolencia se había esfumado. Verdaderamente Edward debía llevar poco tiempo tumbado, las sábanas estaban frías, y aún a pesar de eso impregnadas de su aroma personal. Mala idea el acostarme aquí. Inspiré profundamente las sábanas, llenándome de él, dejándome llevar. A la mierda el autocontrol. Mis latidos aún iban acelerados. "Descansa, Bella", había dicho, y me ponía la piel de gallina recordar su suave voz. ¿Pero qué estaba haciendo yo? ¿Me estaba volviendo tonta? Y con este absurdo diálogo interno, contrariamente a lo que pensaba conseguí dormirme.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 25 Capítulo 3 EPOV Me tumbé en el camastro, con la luz apagada, y esperé. Hasta hacía dos semanas todas las guardias habían sido igual: trabajaba hasta muy tarde, y durante mi turno de descanso me tumbaba en el camastro simplemente dejando pasar el tiempo, pensando en el trabajo y los sucesos del día, o en nada. Cuando eres vampiro o aprendes a pensar en nada o lo más probable es que acabes deseando la muerte definitiva. Ahora pensaba en Bella. El mismo día de conocerla había llamado a mi padre y le había explicado que había encontrado a una humana capaz de bloquear mi don. No le expliqué mi reacción al sentir su olor porque quería pensar que me había pillado en un momento de descuido, y que lo que necesitaba era ir a cazar. A Carlisle también le llamó la atención que hubiera alguien que se resistiera a mi capacidad telépata. Aunque yo no lo pretendía, esto excitó su curiosidad científica y me prometió estudiar el tema. Me explicó que Alice tampoco le había comentado ninguna visión donde ella apareciera. Había la posibilidad de que Bella fuera inmune a las capacidades de Alice, lo cual abría muchos interrogantes. Pasaron los días y pude comprobar que me había equivocado pensando que la reacción que Bella había causado en mí era pasajera. Oh, sí, muy, muy equivocado. Tras dos semanas de conocernos mi interés por ella no hacía sino aumentar. Ya no era sólo su inigualable aroma personal ni la curiosidad que yo sentía ante su silencio mental lo que me llamaba hacia ella. La veía caminar, gesticular, sonreír, discutir, enfadarse, bromear… y me parecía como si nadie lo supiera hacer mejor que ella. Era irracional, lo sabía, pero había decidido que no importaba, quería explorar hasta dónde me llevaba este interés. Iinterés,
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    Cambio De Destino DraBSwan curiosidad, y cierta atracción física. Bella era una mujer bonita y yo me sentía feliz cuando escuchaba su cuerpo alterarse en mi presencia. De alguna manera yo también le interesaba, de eso estaba seguro. Pero quería conocer hasta qué punto. Página | 26 De pronto escuché unos pasos que se dirigían hacia la puerta. Ahora. Últimamente me había acostumbrado a sintonizar con los pensamientos de Ángela, y sabía lo que venía. Se abrió la puerta y me quedé quieto. Bella no encendió la luz. Tenía claro que si hacía amago de quitarse la ropa la iba a detener, no porque no tuviera ganas de ver lo que escondía ese feo uniforme blanco, sino porque me habían aleccionado a comportarme como un caballero, y no podía evitarlo. Se dirigió directamente al camastro y al deshacerse la coleta el movimiento desencadenó una leve corriente de aire que me transportó su fragancia, lo que fue bastante para hacerme estremecer. Control, Edward. La tenía delante, y debía estar agotada pues aún no se había percatado de mi presencia. Se acercó a la cama y fue a tumbarse. En aquel momento pensé que debía avisarla ya, de lo contrario sería peor. Pronuncié su nombre en voz baja, lo que le ocasionó un enorme sobresalto. Estuvo a punto de golpearse contra el suelo pero la cogí al vuelo y la deposité sobre la cama. A pesar de la oscuridad mis ojos me permitieron observarla a placer. Estaba hermosa con el cabello suelto, completamente sonrojada, los ojos y la boca abiertos en expresión de sorpresa. Su respiración era un jadeo irregular y el corazón estaba desbocado, todo lo cual me parecía de lo más excitante, y mi cuerpo así lo estaba manifestando. El tenerla así, tan vulnerable, tan cerca de mí, me despertaba poderosas sensaciones que nunca antes había sentido. Todo el autocontrol que había conseguido con los años estaba a punto de hacerse añicos. -Lo siento, no quería asustarte - sonreí e intenté calmarla. Y calmarme. Debía haberla asustado mucho porque sus constantes vitales seguían disparadas hasta llegar a preocuparme. - Diría que te has confundido de habitación - bromeé. Su expresión iba cambiando por segundos. Estaba pasando del sobresalto a… ¿qué hacía? Se estaba mordiendo el labio, y su mirada se hizo más brillante, las pupilas midriáticas, la boca entreabierta. Un impulso me forzó a probar su sabor. Envidiaba a sus dientes por poder morder esos labios, yo también quería hacerlo y la tenía tan cerca…
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    Cambio De Destino DraBSwan Entonces la noté tensarse y me aparté de ella rápidamente. ¿La había interpretado mal? La había estado sujetando, quizá con demasiada fuerza. Aproveché el retorno de mi autocontrol para separarme de ella y sentarme. Dejé de respirar unos segundos para serenarme más rápido, hasta que tuve que Página | 27 tomar aire para poder hablar. Charlamos brevemente. Me resultó tan agradable que decidí que podía intentar tener su amistad. Pero ahora no debía tentar a la suerte. La miraba atentamente mientras me excusaba para retirarme, y vi que su expresión era dulce. No estaba asustada. Me marché, cerrando la puerta de la consulta con cuidado. BPOV A la mañana siguiente la culpable de la vergüenza que había tenido que pasar estaba tan tranquila tomando un café en la acristalada cafetería del hospital. Entré en el local como una tromba. -¡Ángela! A esa hora aún había poca gente en la cafetería. Me miró con cara de total inocencia. -Buenos días, doctora Swan- sonrió con cara de angelito. Me senté frente a ella y la miré con la boca apretada y el ceño fruncido. Estaba realmente enfadada. -Dime una sola razón por la que no deba estar tan cabreada contigo como para pensar en cambiar de piso- gruñí. Ella abrió mucho los ojos. -Qué…qué… no pensaba que te lo tomarías tan mal, Bella. ¿Tan mala fue la experiencia?- su arrepentimiento era sincero. Mi cara me traicionó y empecé a sonrojarme intensamente al recordar aquel momento. Mierda. Ang empezó a soplarme a la cara mientras se carcajeaba. -Bella, me vas a contar qué pasó sin dejar ni una coma, porque la cara que pones es un poema, te lo aseguro -dijo riendo y moviendo la cabeza de un lado a otro. La mataría, seguro. Aunque ahora que la recordaba, la situación fue algo graciosa. En mi interior admiré los reflejos que tenía el cirujano, y no digamos
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    Cambio De Destino DraBSwan la fuerza de sus brazos para cogerme al vuelo como lo hizo. Esos brazos…su cuerpo contra el mío, su aroma, su aliento cerca de mí… mi respiración volvía a agitarse. Para, Bella, stop, cambio, fuera. Mi amiga leía en mi cara el cambio de expresiones como en un libro y aguantaba la risa, con una ceja levantada. Me Página | 28 levanté para serenarme un poco y aproveché para pedir un café doble (no me acostumbraba al aguado café americano) y un donut. Volví a la mesa más tranquila. -Como castigo por lo que hiciste te vas a quedar sin información de primera, nena. Pero seguiré compartiendo tu casa, estás perdonada- la miré con petulancia, mientras bebía a sorbos mi café. Angela apuró el suyo mientras contemplaba el verde paisaje por la ventana. Entonces me miró. -Da igual, algo ha pasado y me lo vas a explicar tarde o temprano porque no podrás aguantar más. Pero no lo hagas ahora –miró por detrás de mi hombro- porque Edward Cullen está entrando en la "cafe" con su jefe. -¡Ja! Ya me has tomado bastante el pelo en las últimas horas, guapa. Desde que estoy aquí no ha venido ning… -Buenos días, chicas - solté un jadeo y mi vello se erizó al oír la acariciante voz. Me di la vuelta y alcé la mirada, que chocó con aquellos ojos ámbar y quedó atrapada en ellos, como una mariposa en una tela de araña, sin esperanzas de resistirse. Se situó a mi lado, mientras Joseph estaba pidiendo el desayuno en la barra. Su boca perfecta lucía una media sonrisa y volví a enrojecer. Estaba evidentemente turbada. Deslumbrada a mi pesar. -Hola, Edward, ¿te sientas con nosotras?- dijo Ángela. La iba a fulminar con la mirada, pero entonces constaté que ella tampoco era inmune a la sonrisa del seductor cirujano. Lo miraba completamente embobada. La piel de Edward estaba tan pálida como siempre, pero era un hermoso pálido satinado. Los ojos y el cabello le brillaban como si hubiera descansado ocho horas seguidas… sí, estaba perfecto, como siempre. No pude evitar pensar qué diferente era su aspecto comparado con el de Ángela o el mío propio. Ambas teníamos ojeras y estábamos pálidas, con esa palidez enfermiza de no haber descansado.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Buenos días, señoritas -saludó Joseph en nuestra dirección, mientras se desplazaba con una café en una mano y un sándwich en la otra hacia una mesa separada de la nuestra. Nosotras correspondimos al saludo. Agradecí que ese día Joseph no tuviera Página | 29 ganas de charlar, porque a veces estaba de lo más comunicativo y no le importaba sentarse a nuestro lado. Entonces contaba viejas anécdotas que te hacían reír mucho. -No, gracias, –sonrió Edward, volviendo a iluminar la gris mañana- me sentaré con Joseph, -señaló hacia él con un gesto de la cabeza- me sabe mal dejarlo solo.- Mientras decía esto mantenía sus ojos dorados aprisionando los míos, sin piedad. Cuando Edward hubo desaparecido de mi vista desperté del trance y pude volver a respirar con normalidad. Miré a mi amiga, quien me estudiaba la cara con una sonrisa cómplice, pero no continuó con el tema de antes. Otra de sus virtudes era que sabía no hacerse pesada. Charlamos un rato mientras acabábamos el desayuno y nos despedimos, ella en dirección al vestuario para cambiarse y marchar a casa y yo hacia la planta de pediatría. La mañana me pasó rápida. La planta estaba a rebosar, y como era normal para la época del año la mayoría de ingresos eran por infecciones respiratorias. El pase de visita lo hice conjuntamente con Peter, el "resi" de tercer año, y Maurice, un adjunto. Ambos parecían más niños aún que los propios pacientes. Uno de los pequeños ingresados tenía neumonía pero se iba recuperando rápidamente de tal forma que, como pasa con todos los niños que se encuentran bien, su madre apenas podía retenerlo en la cama. Cuando entramos los tres en la habitación se escondió tras su almohada y nos disparó con una pistola de Buzz Lightyear. Ante nuestra sorpresa Peter se desplomó sobre una silla agarrándose el pecho, con los ojos cerrados y la lengua fuera. El niño reía a más no poder. Una vez hube terminado mi trabajo me despedí y me dirigí al vestuario, situado en el sótano del hospital. -Bella, buenos días, o más bien tardes ¿Sales de guardia?- Bufé. Mike Newton me atacó vilmente cuando estaba esperando el ascensor. Sólo tenía que bajar dos pisos, pero a esa hora estaba francamente fatigada y ahorraba toda la energía posible.
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    Cambio De Destino DraBSwan Aunque ya estaba arrepentida de no haber ido por las escaleras. Desde que nos conocimos Mike quería ligar conmigo de forma ostensible y yo no quería que tuviera ningún resquicio de duda sobre mi total falta de interés por él. Aunque tampoco quería herirlo, ese no era mi estilo. Sin embargo Mike Página | 30 pertenecía a esa insistente clase de chico que no atiende a las indirectas. -Mike- lo miré medio dormida- hola. Sí, salgo de guardia, y me iba a casa ya- respondí resaltando el "ya". El ascensor se abrió y entró conmigo. Mierda. Estaba claro que la conversación no había terminado, pero hubo un minuto de incómodo silencio mientras el ascensor nos dejaba en la planta de los vestuarios. -Bella, el próximo sábado vamos a ir a Port Angeles. ¿Te apetecería salir con nosotros? ¿Quedaría muy mal si le preguntaba quiénes eran "nosotros"? Dudé. La falta de sueño me enturbiaba las ideas y no se me ocurría qué excusa dar para negarme. Y sin pensar di una. Una nada original. -No, puedo, ya he quedado. -Ah- se sorprendió -¿Puedo saber con quién? "No es de tu incumbencia" hubiera sido una buena réplica para un tío normal. Pero no fue esa la que le di. Porque Mike era insistente. Pensé cuál era la mejor respuesta para que me dejara tranquila. -Con Edward Cullen- abrió los ojos como platos y la mandíbula hasta el esternón por lo que rápidamente expliqué, ampliando la mentira- vamos a hacer un trabajo para un congreso. Fue lo mejor que se me ocurrió. O eso pensaba, porque no hizo amago de despedirse y ya habíamos llegado a la puerta del vestuario femenino. Lo miré con fastidio. ¿Es que me iba a acompañar adentro? -¿Sobre qué es el trabajo? – inquirió con curiosidad. Piensa, Bella, piensa. -Sobre el manejo y las complicaciones de las apendicitis agudas infantiles comparando los resultados de este centro con los del hospital infantil de Seattle- Oí que decía una voz detrás nuestro.
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    Cambio De Destino DraBSwan Ahora deseaba estar muerta. O por lo menos a 5.000 kilómetros de allí. Edward estaba justo detrás de nosotros. Ninguno de los dos lo había oído llegar. Su aspecto era tan inmejorable como a primera hora de la mañana y me contemplaba con la cabeza un poco ladeada, la mirada brillante y "esa" sonrisa. Página | 31 Mike estaba tan sorprendido como yo y apenas llegó a reaccionar. -El tema parece interesante. Si necesitáis otro colaborador me lo decís – respondió en un tono que dejaba intuir algo de ¿celos?- Hasta luego- se despidió y se dirigió rápidamente al ascensor. Lo seguí con la mirada hasta que desapareció. Ahora me había librado de un lío, pero ante mí tenía otro mayor. Desde luego, no podía decir que me aburriera en ese pequeño hospital. Me notaba cada vez más cansada y con la capacidad de reacción muy baja. Tomé una gran bocanada de aire y hablé. -Edward, yo… no quería…- empecé a farfullar nerviosa. Él me interrumpió, levantando una pálida mano de largos dedos. Hasta sus manos eran perfectas. -Tranquila, Bella. Sé que querías librarte de Mike. A veces es muy... persistente, por decirlo de alguna forma. Ya nos inventaremos cualquier cosa, como que hemos dejado el trabajo de investigación porque no daba buenos resultados – decía la melodía de su voz. En aquel momento era incapaz de pensar nada coherente, no podía hacer otra cosa que contemplarle embobada. De pronto me di cuenta de que estaba apoyada contra la pared. Él se había ido acercando a mí con un movimiento imperceptible y de forma inconsciente yo había ido retrocediendo. Se hallaba tan cerca de mí que, a pesar de que era bastante más alto que yo, notaba otra vez el perfume de su aliento. Alzó su mano como para tocarme la cara pero se detuvo antes de llegar a rozarme. Noté un cosquilleo en la zona de la cara que estuvo cerca de su piel. - Debes estar agotada, lo mejor será que vuelvas a casa, a descansar- dijo de forma inesperada, apartándose ligeramente de mí. Reaccioné. -Sí, eso haré. Gracias por la ayuda, Edward.- le sonreí tímidamente. Acababa de suceder algo, aunque él actuara como si nada.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Quieres que te lleve a casa? Yo también he acabado mi turno. Imagino que has venido en tu coche, pero quizá estás demasiado cansada como para conducir segura- me observó con algo de preocupación. -Gracias, Edward, pero puedo conducir, no vivo lejos - me apresuré a Página | 32 responder. -Bien, pues hasta mañana, doctora Swan.- sonrió y asintió con la cabeza, después de lo cual se dirigió al vestuario de hombres. Resistí la tentación de seguirle con la vista, no fuera a girarse. Bastante vergüenza había pasado ya en las últimas 24 horas. Capítulo 4 BPOV Salí del vestuario y me encaminé hacia las escaleras para subir el piso que me separaba de la salida. Me sentía extrañamente descansada para salir de guardia, y a mi alrededor la luz de los fluorescentes del techo se había atenuado, proporcionando una penumbra que extrañamente no me resultaba atemorizadora. Puse un pie en el primer escalón y de pronto mi cuerpo se
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    Cambio De Destino DraBSwan desplazó hacia atrás cuando una fuerza me arrastró al hueco bajo las escaleras. No quise gritar. No tenía miedo. Entonces olí su aliento, su aroma dulce y atrayente, y vi la silueta de Edward en la penumbra. Mi cuerpo se llenó de un deseo ardiente. Página | 33 -Había olvidado decirte algo- susurró en mi oído. Sus brazos se cerraron entorno a mi cintura y sentí sus sedosos labios recorriendo lentamente el camino desde el lóbulo de mi oreja hasta la base de mi cuello. Mi piel se estremeció y rodeé su cuello con mis brazos, pegándome a su cuerpo, pidiendo más. Su lengua me torturó deshaciendo el camino que había seguido y acercándose a mis labios. -Pídeme que te bese. -Bésame, Edward. Un sonido infernal penetró en mi conciencia, y las dulces imágenes desaparecieron por completo. Estiré la mano para apagar la alarma de mi móvil. Eran las seis de la tarde. Me incorporé en la cama, sintiéndome mareada. Siempre que salía de guardia el cambio de ritmo horario me hacía sentirme atontada. Y mañana no estaría mucho mejor. Para colmo sentía una enorme sensación de frustración, como si alguien hubiera interrumpido el que iba a ser el mejor beso de mi vida. Agité la cabeza. Sabía lo que era la intimidad con un hombre, pero mi cuerpo jamás había reaccionado con tanta intensidad a alguien como lo hacía con el cirujano. -Buenas tardes, Bells. ¿Has descansado algo? – me preguntó Angela al oírme bajar las escaleras. Estaba sentada en el sofá, leyendo "Orgullo y Prejuicio". -Sí, más o menos.- gruñí. Bostecé y me froté los ojos, mirándome en el espejo del comedor. Dios, menudas pintas. Llevaba puesto el pijama, mi pelo estaba despeinado, y lucía unas ojeras donde se podrían cultivar champiñones. Me senté a su lado. -Pues nadie lo diría viéndote. Aunque no me extraña que no descanses si sueñas según qué cosas- dijo como si nada, sin apartar la vista del libro. No podía ser… al parecer había vuelto a hablar en sueños.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Bells, no te espío, pero tenías la puerta de la habitación abierta, y he pasado por delante justo cuando hablabas - se disculpó mi amiga, mirándome por encima del libro. -Tranquila, Ang- suspiré.- Lo cierto es que ese hombre me atrae, y mucho. Página | 34 Pero no es una buena idea pensar en él, me parece todo demasiado complicado. Y ni siquiera sé si le intereso - me sinceré. -Amiga, conozco a Edward hace cuatro años. Créeme si te digo que jamás había visto una mirada en sus ojos como la que te dirigía esta mañana en la cafetería… fue alucinante - rodó los ojos- ¡Estuve a punto de lanzarme encima suyo!- añadió carcajeándose. Me quedé pensativa. Entonces por qué esta mañana se había apartado cuando parecía que… pero Bella, ¿tú crees que el pasillo de los vestuarios es sitio para ir intimando con alguien? -No sé… no sé qué pensar- estaba demasiado agotada para eso. -Es que tú piensas demasiado, ese es el problema, doctora Swan. ¿Sabes qué voy a hacer? Me voy al videoclub y alquilo alguna película tonta, de reírse mucho y pensar poco. ¿Te apetece? -Me parece un plan estupendo - sonreí a mi amiga. -En ese caso hasta ahora. Se marchó y yo quedé pensativa, apoltronada en el sofá. Era feliz, de hecho me sentía mejor que en mucho tiempo. Y no podía obviar que Edward era una parte importante de este "mejor". Pero me entristecía el pensamiento de que no podía ser que un ángel así se fijara en una chica como yo. ¿Y si era una especie de broma, apuesta, o algo así? No parecía de ésos, por lo poco que sabía de él. Pero… ¿para qué darle más vueltas? Ang tenía razón. Tenía que vivir el presente, no complicármelo más con agobios mentales. Y ya veríamos qué pasaba en el futuro. ... El boletín meteorológico avisaba de un soleado fin de semana con alta posibilidad de nevada hacia principios de la semana siguiente, así que aprovechamos para hacer un poco de turismo durante el fin de semana.
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    Cambio De Destino DraBSwan Afortunadamente el sábado salió soleado. El senderismo nunca me había atraído mucho pero el tiempo invitaba a salir de casa y absorber los escasos rayos de sol que nos brindaba el clima de Forks, así que acepté la proposición de Angela de salir a conocer el entorno natural. Me alegré mucho de haber Página | 35 aceptado. El parque natural de Olympic poseía parajes preciosos, y el estar disfrutando del sol por primera vez desde mi llegada me hacía sentir pletórica y cargada de energía. Ángela era una guía perfecta, conocía el terreno al dedillo y fue gracias a ella que no nos extraviamos. Hicimos un pic-nic en un claro del bosque, a pleno sol. -No habrá osos por aquí, ¿verdad?- dije con algo de aprensión mientras terminaba mi bocadillo. Al fin y al cabo yo era una chica de ciudad y no conocía la fauna local. -Sí, sí los hay- me atraganté y empecé a toser cuando escuché la respuesta de Ang, quien me dio varios golpes en la espalda- pero no tan cerca del pueblo, tranquila. Están más lejos, por las montañas. No les gustan los humanos, y hacen bien de mantenerse alejados. Por aquí vienen turistas que a veces no son nada respetuosos con la naturaleza -puso mala cara- ya sabes, depredadores de dos patas. Si te quedaras hasta la temporada de caza, en primavera, conocerías algunos. -No creo que tenga ese placer, Angela- repuse, mirándola. -Es cierto, te irás antes- suspiró - bien, pero antes de eso te voy a enseñar la región - se levantó.- ¡Andando, chica de ciudad! ¡Te voy a convertir en toda una exploradora!- Rió al ver mi cara de susto y extendió la mano para ayudar a levantarme. Anduvimos un rato en silencio. Los sonidos del bosque eran relajantes. El camino estaba bien señalado y era cómodo andar por él. También era cómodo ir con Angela en silencio. Mi mente se puso a divagar. Hacía sólo tres semanas que la conocía y era de las pocas personas con las que me encontraba tan bien hablando como callada. Encontrar a una amiga tan increíble como ella había hecho que mi adaptación fuera más rápida. La idea de marchar a Seattle no me animaba tanto como escasas semanas atrás. Tenía la rara sensación de estar en mi hogar, aún sabiendo que lo que yo llamaba así estaba a miles de kilómetros cruzando un océano. El día siguiente también amaneció soleado para nuestra enorme sorpresa, sobre todo la mía. Parecía que la naturaleza quería enseñarnos su mejor aspecto antes
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    Cambio De Destino DraBSwan de ponernos mala cara. Había pensado ir a Port Angeles pero mi compañera tenía otros planes. -Bella, ¿qué te parece si, ya que ha salido este día, seguimos con las excursiones?- comentó mientras servía el café del desayuno. Página | 36 -No sé…- dudé. La verdad es que el día anterior había disfrutado, pero… -Podíamos ir a la playa, y conocerías la reserva india de La Push, venga, seguro que lo pasamos bien- me miró con un brillo especial en la mirada que me hizo sospechar algo. -Angela, me ocultas algo,- la miré suspicaz y vi que tenía razón, porque empezó a enrojecer ante mi escrutinio- algo… ¿o alguien? -Vale. Hay una cosa que no te he explicado. Lo haré ahora y te podrás vengar de todas las veces que me he metido contigo por lo de Edward- me miró algo cortada.- Hay un chico, un médico que vivía antes en la reserva de La Push. Hizo la especialidad de urgencias y hace unos meses está en Seattle, trabajando en el Northwest Hospital. Se llama Jacob Black. Me ha avisado de que este fin de semana está visitando a su padre y me gustaría verlo. Me disgustó un poco que mi amiga no hubiera confiado en mí lo suficiente como para abrirme su corazón hasta ahora, y así se lo hice saber. Me explicó que no me había comentado nada porque pensaba que no era importante, que sólo era un amigo, pero que cuanto más tiempo pasaba sin ver a Jake más se daba cuenta de que lo que sentía no era sólo amistad. La Push estaba a unos veinte minutos de Forks yendo en coche. Nunca había visto una reserva india. En realidad era un pueblo con un pequeño núcleo urbanístico y alrededor varias casas desperdigadas. Estaba claro que el turismo era una fuente de ingresos importante, ya que las típicas (y horribles) tiendas de recuerdos para turistas hacían acto de presencia por doquier. Billy Black, el padre de Jacob, vivía en una de las casas de las afueras. Era una cabaña humilde pero bonita. No había escalones por ningún sitio ya que, según me explicó mi amiga, Billy iba en silla de ruedas. Nos acercamos y fuimos a llamar a la puerta cuando de repente esta se abrió. -¡Angela!
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    Cambio De Destino DraBSwan Un hombre alto, moreno y de piel cobriza, de veintitantos años, salió como una estampida y se abalanzó sobre mi amiga, la levantó y empezó a girar con ella en el aire como si fuera una muñeca. Sólo se oían las risas de los dos. De repente sentí que sobraba. ¿Cómo podía Ángela estar tan ciega? Era evidente que había Página | 37 algo intenso entre ellos dos. Cuando Ángela amenazó con vomitar sobre Jacob este la depositó con cuidado en el suelo. Ambos seguían riendo. Entonces parecieron recordar mi presencia. Ella nos presentó y Jacob me estampó un par de besos en la cara. Para mi sorpresa me habló en perfecto español. -Encantado de conocerte, Bella- dijo sonriente. Era muy atractivo y tenía los ojos de un profundo color negro, cálidos y brillantes. -¡Vaya! ¡Hablas español, y tienes un acento estupendo! – repuse sorprendida. -Sí, siempre me han gustado los idiomas, particularmente el tuyo. El español, demás, me resulta muy útil en Urgencias.- Mientras hablaba Ángela lo miraba con una sonrisa embobada. Jake me presentó a su padre, quien nos invitó a comer con tal alegría que hubiera sido una descortesía negarse. Era un poco pronto, pero así aprovecharíamos bien el resto del día. Más tarde Jake nos enseñó la reserva y sus alrededores hasta la playa. Aquel día no había oleaje y el sol hacía que el azul del mar fuera intenso y deslumbrante. No era un sitio que invitara a darse un chapuzón (ni siquiera en pleno verano, pensé comparándolo con mi Mediterráneo) pero sí a sentarse, relajarse y respirar la fresca brisa marina. Mientras charlábamos pude notar cómo Jake miraba a Ángela con un brillo especial cuando ella no lo observaba. Me pareció que harían una pareja estupenda, y me encontré de nuevo pensando en Edward. Ya de vuelta a casa ambas nos sentíamos cansadas pero felices. La dosis extra de sol, oxígeno y amistad me había ido fenomenal. Le comenté a Ángela lo que había observado en Jacob y, simulando estar enfadada, me lanzó un cojín del sofá al tiempo que me decía que necesitaba gafas. Pero cuando se fue a acostar iba canturreando para sí. EPOV El jefe me llamó la tarde del domingo para pedirme si podía hacer la guardia del lunes y con eso me dio una más que agradable sorpresa. Sabía que a Bella
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    Cambio De Destino DraBSwan le tocaba estar de guardia, así que no dudé en decirle que sí. Colgué el teléfono con una sonrisa de oreja a oreja. Me disponía a seguir tocando el piano cuando el teléfono volvió a sonar. Esperaba que no fuera el jefe para decirme que Mike ya se encontraba bien. Página | 38 -Hola, Edward. -¡Carlisle! Qué alegría oírte. Hacía días que no hablábamos. ¿Cómo van las cosas por Vancouver? Mis padres estaban viviendo en esa ciudad canadiense desde que a Carlisle le surgiera un puesto de cirujano torácico en el Hospital General de dicha ciudad. Su clima nuboso era apropiado para los de nuestra especie, y no se lo pensó mucho. Podría estar trabajando unos cuantos años sin levantar sospechas. -Bien, bien hijo. El próximo fin de semana ni Esme ni yo trabajamos. ¿Te iría bien que fuéramos a visitarte?- Otra buena noticia. -Claro. Tengo guardia el domingo pero creo que podré cambiarla. Tengo muchas ganas de veros. -De acuerdo. También tenemos ganas de verte, hijo...- se interrumpió. -¿Pasa alguna cosa, Carlisle?- era evidente que algo le preocupaba. -¿Cómo van las cosas con la humana de la que me hablas… con Bella?- dijo con voz cautelosa. Claro, tenía que haberlo imaginado. La primera vez que le hablé de ella ya noté que no le gustaba mucho que me llamara la atención una humana. -¿Qué es lo que te preocupa, Carlisle? –fui directo. No necesitaba ser vidente para saber que me iba a caer un sermón. -No lo sé, Edward. Que yo sepa jamás te había atraído mucho ninguna mujer, vampira o humana. Esto de ahora es tan poco habitual que me preocupa. Mi padre tenía razón. En mi familia todos estaban emparejados, excepto yo. Y aunque mis 120 años me habían dado tiempo para disfrutar de unas cuantas relaciones ninguna de ellas había durado mucho, significando nada más que un desahogo temporal. A veces envidiaba la vida sentimental de mis hermanos y mis padres, y entonces me sentía el viejo solterón amargado de la familia. Pero la mayor parte del tiempo no pensaba en ello.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Carlisle. Bella me atrae, es cierto. Pero no hay nada más por ahora, así que preocuparte por eso es prematuro. Atracción. Seguramente se podría llamar así, aunque si era sincero conmigo mismo, cosa que culpablemente no lo era con mi padre, pensaba que era algo Página | 39 más que eso. Con frecuencia me sorprendía a mi mismo pensando en ella más de lo que debiera, la echaba de menos los fines de semana, y cuando estaba en el hospital me hacía el encontradizo para poder oler su incomparable aroma y ver ruborizarse su cara de ángel. En ocasiones me permitía imaginar qué sabor tendría su piel, su boca… -¿Y ella? ¿Te parece que se interesa por ti? – la voz de Carlisle me obligó a centrarme de nuevo en nuestra conversación. Recordé con placer cómo se alteraba el cuerpo de Bella cuando nos veíamos. -No lo sé. Apenas la conozco, y no puedo conocer sus pensamientos. Pero creo que sí, de alguna forma le intereso. No obstante no sé hasta qué punto - suspiré. Estaba acostumbrado a ciertas reacciones que podía provocar en el organismo de las mujeres, reacciones que no me habían importado demasiado hasta este momento. Todo sería más fácil si pudiera leer su mente. -Edward… he sabido de algunos casos de relaciones entre humanos y los de nuestra especie, y ninguna de ellas ha acabado bien- la última parte de la frase sonó ominosa. -¿Qué quieres decir con eso?- repuse realmente ofendido- ¿Piensas que ella corre peligro conmigo? Creo que he demostrado hace tiempo que tengo suficiente autocontrol, ¿si no qué coño hago oliendo sangre continuamente en el trabajo? -No quería decir eso, y a mí no me hables así Edward- repuso él, serio.- Me refiero a que ¿hasta dónde pretendes llegar con ella? ¿Te has planteado el futuro? Tarde o temprano sospechará algo, si llegáis a estar… juntos - bufé. Como si no me hubiera planteado eso. -Discúlpame por hablarte así. Y por favor, no le des más importancia a algo que de momento no la tiene. Si alguna vez pensara que la pongo en peligro, me alejaría de ella, y lo sabes. Pero no lo creo así. No le des más vueltas, no hay nada más.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Nada más pero, y cito tus propias palabras, notaste su aroma con una intensidad que jamás habías sentido antes con cualquier humano. No deseaste morderla, pero está claro que ella supone para ti un estímulo al que no estás acostumbrado. No sabes cómo reaccionarías ante una mayor… digamos… Página | 40 proximidad. Ahora me sentía como se debe sentir un hormonado adolescente aconsejado por su padre sobre sexo seguro. Si pudiera sonrojarme, lo estaría haciendo. -De acuerdo, vamos a dejarlo ya, ¿vale? Tú estudia más sobre el caso, sobre las historias entre vampiros y humanos, y qué significado puede tener que yo no le pueda oír el pensamiento. Y cuando sepas algo más hablaremos. Prometo escucharte serenamente. - Como si no te conociera –noté que sonreía.- Bien. Te paso a Esme, hijo. -Hola, cariño…- escuché la dulce voz de mi madre adoptiva. Llevaba horas dándole vueltas a lo que había hablado con Carlisle. Me sentía internamente dividido. Una parte de mí me decía que lo mejor que podía hacer era olvidarme de Bella, que estaba siendo egoísta, que mi padre tenía razón en sus temores y acabaría haciéndole daño. Pero otra parte me decía que no había nada malo. Sólo quería acercarme a ella, nada más. Era perfectamente capaz de controlarme. BPOV A la mañana siguiente, el clima había dado un giro de 180 grados. Cuando salí para ir hacia el trabajo (sola, pues Ángela libraba) caían los primeros copos de nieve. Era lunes, y volvía a tener guardia. Las guardias nunca me hacían ilusión pero según con qué compañeros coincidía eran más o menos pasables. A veces hasta divertidas. Pero esta no me hacía nada de gracia, por varios motivos. El adjunto pediatra con el que estaba de guardia, William Kane, no pertenecía a la plantilla del hospital, hacía sólo una guardia al mes y el resto del tiempo se dedicaba a su consulta privada. Por tanto iría más perdido que yo. Emily me había dicho que no me preocupara, que si había problemas la podía llamar. El adjunto de cirugía era uno de esos cirujanos estúpidos que se creen tocados por la mano divina. Vale, era buen cirujano, pero eso no le daba permiso para maltratar a las personas. Y el residente… era Mike Newton. Eso era lo que peor
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    Cambio De Destino DraBSwan llevaba. En Urgencias sería difícil escapar a su persecución. Confiaba en que tuvieran mucho trabajo en quirófano y no bajaran para nada. En cuanto el residente que salía de guardia me entregó el "busca" el infame aparatito emitió varios pitidos, provocándome una oleada de mal humor. Leí el Página | 41 mensaje: "Llame a urgencias". -Hola, soy Bella, la "resi" de pediatría. -Hola, Bella- era Claire, una adjunta de Urgencias. Claire era muy competente, si me llamaba no sería por una tontería. Joder, con mi suerte habría un niño con algún problema que al final sería quirúrgico. Según el protocolo del centro los niños con supuestos problemas quirúrgicos tenían que ser vistos por el pediatra y este decidía si llamar o no al cirujano. A veces esto era lógico, y otras sólo retrasaba las cosas. -¿Podrías bajar? Acabo de visitar a una niña de 8 años con dolor abdominal, y me parece que es una apendicitis. A lo mejor podría intentar adivinar el número de la lotería, o igual mi clarividencia sólo servía para predecir desgracias, al estilo agorero. Cuando llegué a Urgencias Claire estaba hablando por teléfono. Me señaló el box 2 por lo que entré lanzada, dispuesta a visitar a mi paciente. No esperaba encontrarme lo que vi y me quedé parada ahí, en la puerta. -Buenos días, Bella- Edward levantó un momento la mirada para saludarme y de nuevo se concentró en su trabajo de explorar con cuidado el abdomen de la niña, observándole la cara. -Hola, Edward- conseguí no farfullar. Sólo dos días sin verlo y mi imperfecta memoria no era justa con el recuerdo de su aspecto. Observé atentamente sus manos en acción. Tenían los dedos largos y flexibles, como los que se supone debe tener un pianista… o un cirujano. Palpaba el abdomen de la niña con sumo cuidado, mientras bromeaba con ella, distrayéndola de lo que hacía. La niña lo miraba con una sonrisa embobada, al igual que su madre. ¿Tendría el encanto de Edward el mismo efecto en los varones heterosexuales? Tendría que fijarme.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Es apendicitis, estoy seguro,- explicó mirando a la madre y luego a mí- voy a ingresarla y solicitar el preoperatorio. Martha- dijo con voz aún más dulce mirando a la niña y dedicándole una sonrisa - te vamos a quitar este dolor de barriga que tienes pero te tendrás que quedar tres días en el hospital. Página | 42 La pequeña Martha puso cara de fastidio. -¿Justo ahora que va a nevar? ¡No podré hacer muñecos de nieve! ¿No puede ser la semana que viene?- refunfuñó con los brazos cruzados sobre el pecho. -No, tiene que ser hoy, pero la nieve durará unos cuantos días, te lo prometo- aseguró él mientras le tocaba la nariz con un dedo. -¿Me vas a curar tú?- sonrió la pequeña esperanzada. -Claro, pequeña- Edward le devolvió una deslumbrante sonrisa y la niña puso carita de felicidad. Pensé en aquello que me había dicho Ángela: los pacientes lo adoran. No era habitual que un cirujano fuera tan dulce, lo sabía por experiencia. Después de eso él salió del box con el historial de la niña, y con un leve gesto de la cabeza me instó a ir con él. Noté que la madre lo seguía con la mirada de una forma que a su marido (si es que estaba casada) no le habría gustado nada, y sentí una punzada de celos. Seré estúpida. Nos sentamos en la salita de personal de Urgencias, mientras él escribía las órdenes médicas y de ingreso. Aproveché para tomar un café y ofrecerle, pero él lo rechazó cortésmente. -Disculpa que me haya adelantado. Claire no sabía que estaba aquí visitando a otro paciente, si no no te habría hecho bajar- comentó mirándome sin dejar de escribir. A pesar de que mi cuerpo reaccionaba a su mirada alterándose como siempre (aunque menos, quizá empezaba a acostumbrarme) no pude dejar de notar que no miraba al papel sino a mí y sin embargo su escritura era perfecta. Nada que ver con la famosa e internacional "letra de médico". -No pasa nada. ¿No era Mike el que hacía la guardia de hoy?
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    Cambio De Destino DraBSwan -Sí, es cierto. Pero el jefe me llamó ayer noche diciéndome que Mike estaba con gripe y que si le podía hacer yo la guardia- se encogió de hombros. Me quedé algo cortada, sin saber qué más decirle. Porque decir "cuando me miras me arden las entrañas" o "alabado sea el virus de la gripe" no eran buenas Página | 43 opciones en ese momento… así que me levanté y me marché argumentando que tenía trabajo en la planta. Justo cuando iba a salir de la salita de personal él me llamó. -¡Bella! -¿Sí?- lo miré desde la puerta de la salita. Durante un breve instante pareció inseguro. -Si por la tarde tenemos un rato libre ¿aceptarías que te invitara a un café? -¿Qué?- Mi pobre ritmo cardiaco, que ya había recuperado la normalidad, volvió a violentarse de una forma que no debía ser sana. -Esta tarde ¿aceptarías que te invitara a un café?- repitió Edward, esta vez evidentemente inseguro. -Claro, claro, eeh… ya me dirás algo- repuse, y sus labios se curvaron en una sonrisa. Salí tan precipitadamente que casi tropecé con una silla de ruedas que algún imprudente había dejado por ahí al medio. Me pareció escuchar una risita sofocada que venía de la salita.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 44 Capítulo 5 BPOV Jamás una guardia me había pasado tan lentamente. Cada vez que sonaba el busca me saltaba el corazón más de lo ya habitual. Siempre he odiado ese sonido. Entonces leía el mensaje esperando ver "llame a cirugía" o algo así, pero nada. No contribuía a mi paz interior el hecho de tener poco trabajo. La nevada estaba haciendo que la gente se quedara en sus casas y venían muy pocos pacientes. Subí a la planta de pediatría, a saludar a las enfermeras del turno de tarde. William estaba en el despacho médico, probablemente navegando por Internet. Ya le había saludado en el comedor de guardia, por lo que me abstuve de decirle nada. Estuve charlando con las enfermeras durante un rato. La planta también estaba muy tranquila, ya que habíamos dado muchas altas y los pocos niños que quedaban estaban todos estables.
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    Cambio De Destino DraBSwan Hacia media tarde me encontraba en el control de Urgencias. Apoyada en el mostrador, estaba absorta escribiendo el informe de un niño que tenía fiebre alta desde hacía días. -Hola- dijo una suave voz detrás de mí. Página | 45 Me sobresalté. Y, de forma nada lógica, me enfadé con él por haberlo hecho. -Joder, Edward, ¿por qué me das estos sustos?- maldije y me volteé, mirándolo con el ceño fruncido. -Tú sabrás por qué - levantó una ceja con un brillo divertido en la mirada y me dirigió "esa" sonrisa. Esto consiguió que aún me mosqueara más. El sentirme tan vulnerable cerca de él era lo que me hacía reaccionar así. Noté como me subía la sangre a la cara pero le aguanté la mirada, con el ceño fruncido y la boca apretada. Prefería estar enfadada, aunque fuera absurda, que avergonzada. -Sí, sí sé. Porque oír una voz en medio de la oscuridad en una habitación que se supone que está vacía asusta -dije lentamente, recordando aquella noche - Será porque apareces silenciosamente mientras estoy hablando con alguien, o concentrada en otra cosa. Sí. Eso. ¿Porque eres tan sigiloso? -¿Quieres que me acerque a ti cantando?- repuso, burlón. No era mala idea, con esa voz debía poner el vello de punta oírle cantar. Pero no le dije esto, simplemente lo miré con los párpados entrecerrados. Me seguía observando, evidentemente divertido. Mejor, cuando bromeaba estaba más… real. Porque a veces no parecía que lo fuera. -No será necesario… -relajé mi ceño, en señal de paz- ¿Vamos por ese café? Lo necesito y ahora tengo unos minutos. -Las damas primero- dijo, haciendo una leve reverencia cediéndome el paso, como si fuera de otra época. De camino a la cafetería él y yo fuimos charlando sobre trabajo. Pude observar que éramos el centro de la mirada de todos aquellos con quien nos cruzábamos, algunos más descarados que otros ¡Qué panda de cotillas! Eso hacía evidente que Edward no se relacionaba mucho… ¿Por qué? "Rarito Cullen", recordé. Pero yo no lo veía tan raro.
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    Cambio De Destino DraBSwan La cafetería estaba bastante concurrida a esa hora. Probablemente todos teníamos una guardia tranquila. De nuevo me sentí observada. Pedimos dos cafés y nos sentamos en una mesa un poco apartada. Me situé de cara a la acristalada pared para no ponerme nerviosa por la expectación que sentía Página | 46 rodeándonos. O a lo mejor ya estaba medio paranoica por estar viviendo en un pueblo. Era la hora del crepúsculo. Afuera caía una intensa nevada, que apenas dejaba ver unos metros más allá del cristal. -Y bien- su suave voz me sacó de mi ensimismamiento- cuéntame algo de ti, doctora Swan. Eres toda una novedad aquí- sus magnéticos ojos atrajeron a los míos, haciendo que me olvidara de todo menos de que él estaba frente a mí. Empecé a contarle sobre lo que me había traído a USA, tal como había hecho otras veces con tantas otras personas. La gente en general me preguntaba por cortesía y yo respondía con un brevísimo relato. Pero él no se conformó con eso. Quería saber más. Le expliqué cosas de mi vida en España, y me encontré explicándole que echaba de menos a mis padres, amigos, y el sol. A pesar de lo perturbador que era para mí, sentí que era increíblemente fácil hablar con él. Me escuchaba, asintiendo de vez en cuando, sonriendo otras veces, y siempre atento. -Edward, para de preguntarme cosas. Llevamos más de media hora hablando de mí. Ahora te toca a ti – le dije, al tiempo que miraba el busca por si estaba averiado. Era muy extraño que no sonara, pero comprobé que funcionaba. Me explicó que era de Seattle, que vivía solo en la casa que su familia había hecho construir a pocos kilómetros, en las afueras de Forks. Ellos estaban desperdigados por el país, e iban y venían de aquella casa según les permitían sus compromisos laborales y sociales. Su padre había muerto siendo él un niño y lo adoptó su tío, junto a sus hermanos Emmet y Alice. El padre adoptivo también era cirujano y trabajaba en Vancouver. Al parecer era una familia unida pero no les gustaba echar raíces en un solo sitio, y él los echaba de menos, pues sólo los veía algún fin de semana. Lo comprendía, le comenté que yo también estaba muy unida a mis padres, y que sin la gran ayuda de Angela lo habría pasado bastante peor. -¿Hablaste con ella sobre la broma que te gastó la otra noche? Si no me falla la memoria hablaste de asesinato – sonrió pero percibí que la pregunta no era
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    Cambio De Destino DraBSwan inocente. Lo noté cuando sus ojos color ámbar se clavaron en los míos, claramente atento a mis reacciones. De inmediato mi cuerpo reaccionó, recordando demasiado bien la sensación del contacto con el suyo. Durante unos segundos nos miramos en silencio, Página | 47 sondeándonos el uno al otro. Dejé de intentar disimular mis emociones, había comprendido que tal pretensión era absurda. Las dejé aflorar al exterior mientras su sofocante mirada me envolvía, arrebatando mis barreras de protección. El oro líquido de sus ojos se transformó en fuego. Entonces sonó el pitido del busca y me sobresalté. No sin esfuerzo, aparté la mirada de la de Edward. Miré el mensaje: "llame a Urgencias". Qué don de la oportunidad. Inspiré con fuerza. -Tengo que pasar por Urgencias- le dije, intentando recuperar la respiración y aparentar algo parecido a la tranquilidad. Me dolía separarme de él. ¿Por qué me comportaba de esta forma tan irracional? Porque estás colada hasta los huesos. Ya, era una pregunta retórica. -Yo tengo que subir a echar un vistazo en la planta. Más tarde iré a pediatría para ver a Martha. Si está todo bien podrá empezar a tomar líquidos esta noche. Fue una apendicectomía sin complicaciones. En cuanto despertó de la anestesia pidió un batido de chocolate - comentó sonriendo mientras nos levantábamos de la mesa. -Pues tú apenas has probado el café –observé,- si lo llego a saber me lo bebo yo, pero ahora ya no, está frío. -No necesitas más café, Bella. No es sano. Tu ritmo cardiaco ya va bastante acelerado. Caminábamos juntos hacia las escaleras. Al oír eso me detuve y lo miré. Me observaba arqueando una ceja y un tanto engreído, como un viejo médico dando su consejo a una paciente rebelde. -Mi pulso va perfectamente –espeté mosqueada. Entonces hizo algo que no me esperaba. Extendió la mano y tomó mi brazo. La piel de sus dedos era suave. De forma delicada y enloquecedoramente pausada los deslizó hacia mi muñeca, como en una caricia, hasta encontrar mi pulso. Sentí la temperatura de ese brazo aumentar, transportando el incendio en
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    Cambio De Destino DraBSwan dirección a mi vientre. Me clavó la mirada, inclinando un poco la cabeza, acercándose a mí. Sentí como el aire entre los dos se hacía más denso. -¿Lo ves? Va demasiado rápido. No más cafés por ahora, Bella- dijo con voz acariciadora. Página | 48 Luego me sonrió y subió los escalones ágilmente hacia la planta de cirugía. Me quedé allá plantada como un semáforo en rojo, hasta que pude reaccionar. El resto de la tarde no tuve tiempo de pensar en nada que no fuera el trabajo. En urgencias empezaba a haber un poco más de animación. Parecía que los pacientes dubitativos habían decidido venir antes de que la nevada dificultara más el desplazarse por los caminos. Acababan de llegar los resultados de mi paciente. A pesar de que llevaba unos días con fiebre alta se trataba de una simple infección viral y la radiografía era normal, por lo que decidí darle el alta a condición de que la madre lo llevara a visitar por su pediatra. Durante mi breve excursión a la cafetería habían venido unos pocos niños, los fui visitando pero ninguno necesitó ingresar. Cuando me di cuenta era la hora de cenar. Anne pasó a buscarme por Urgencias. Teníamos buena relación, aún teniendo en cuenta que pediatras y obstetras somos enemigos naturales, y en eso USA no era diferente de España. Aún así siempre había excepciones, como Anne y yo. En el comedor de guardia estábamos casi todos. Menos quien yo más deseaba que estuviese, por supuesto. Ingerir la comida que nos daban era un mero acto de supervivencia, pero si estabas bien acompañado disfrutabas de esos momentos. Allá estaban, entre otros, Paul, el "resi" de anestesia, un morenazo bastante atractivo, y Jared, el de traumatología. Nunca había coincidido en una guardia con ellos y comprobé lo divertidos que eran. Estuvimos riéndonos un rato los cuatro, contándonos anécdotas. Pasada la medianoche, Urgencias estaba más en calma. Había venido un hombre que había sufrido un accidente de coche por culpa de la nieve. Parecía estar bien pero Claire había llamado al cirujano porque al paciente le dolía bastante el abdomen y quería descartar que tuviera una hemorragia interna. Edward iba a venir… intenté concentrarme todo lo que pude en el trabajo.
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    Cambio De Destino DraBSwan Estaba de pie, escribiendo en el control de Urgencias y vi como Edward entraba distraído, sonriendo y hablando con Paul. Me volví a centrar en lo que estaba haciendo. Ahora no era momento de dejarse llevar por fantasías. Finalicé el informe que redactaba y lo entregué. Seguidamente entré en la salita Página | 49 de personal. Joanne, una de las enfermeras del turno de noche, estaba preparando un café que olía delicioso, mientras charlaba con Linda, la otra enfermera. Me senté con ellas, dispuesta a tener un momento de descanso y grata charla, acompañada de una bebida caliente. -¿Sabes si ya ha bajado el cirujano a ver al paciente del box 3? – me preguntó Joanne. -Sí… Edward acaba de bajar con Paul- noté como se coloreaban mis mejillas e incliné la cara sobre la taza para disimular. -Vaya pedazo de tíos que tenemos hoy de guardia. Así da gusto venir a trabajar, ¿eh, Bella? Vamos a ver si quieren una vía, analítica, o algo más personal - me guiñó un ojo y salió disparada, seguida de la otra enfermera de guardia. Me parecía a mí que en aquel box pronto habría overbooking… No tenía trabajo pero me tocaba el primer turno de la noche, así que esperaría un poco más antes de decidir si acostarme o no. Prefería estar por allá que irme a la cama. Si me tumbaba y me despertaban a los pocos minutos me sentaba fatal, y me levantaba mucho más torpe de lo habitual, lo cual no era poca cosa. Me estaba sirviendo un poco más de café cuando Edward y Paul entraron en la salita. El primero me miró con una ceja alzada, bajando la vista hasta llegar a mi taza de café, para después mirar al techo teatralmente mientras negaba con la cabeza. Le hice una mueca y me dispuse a seguir disfrutando de mi bebida. Estaba descubriendo que a veces era adorable pero otras me exasperaba. -¿Tenéis trabajo, chicos?- pregunté dirigiéndome sólo a Paul mientras se sentaban en el sofá enfrente mío. -Algo. He pedido analítica y unas radiografías al señor del box 3, y si está todo correcto le daré el alta y me retiraré a descansar- contestó Edward. Cabezona, me negué a mirarle. -Y yo estoy tan aburrido que acompaño al cirujano en sus paseos. ¡Menudo muermo de guardia! - comentó Paul, para luego bostezar sin disimulo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Eso no se dice hasta que no sales por la puerta y te vas a casa. Te lo digo por experiencia - intervine. En las guardias era muy supersticiosa. -Bella, qué pena que no viniste el fin de semana pasado con nosotros a Port Angeles. Lo habrías pasado genial. Me dijo Mike que teníais no se qué de un Página | 50 trabajo- comentó Paul, mirándonos alternativamente a Edward y a mí. Qué manía con el nosotros, podían especificar un poquito, ¿no? -Sí…-miré a Edward, que me observaba divertido al ver cómo me subían los colores por enésima vez. De seguir así me iba a quedar la piel del color de las cerezas - eeh… al final no hicimos nada, bueno, salí por ahí con Angela, aprovechando el buen tiempo para conocer el Parque Nacional. -Pues otro día salimos, y le dices a Ángela que venga también. No hay mucho que hacer en este pueblo pero hay algunos bares agradables, y alguna noche vamos a tomar unas cervezas. En Port Angeles sí que hay sitios para divertirse, ya sabes que hay bastante turismo. -¿Y quiénes vais? -Depende, los más fijos somos Mike, Anne, Jessica, Jared, y Monica. Pero a veces somos unos cuantos más. Ángela también ha salido alguna vez con nosotros. Durante la conversación le iba echando vistazos a Edward. No parecía sentirse incómodo aunque era evidente que Paul le ignoraba por completo en sus planes de diversión. ¿Es que nunca le invitaban a salir con ellos? -La verdad es que me vendría bien salir de vez en cuando. En mi ciudad estaba acostumbrada a más movimiento y esto es algo soporífero. Avísame la próxima vez que lo hagáis.- No lo decía por compromiso. Con las excepciones de Mike y Jess era un grupo agradable y me apetecía un poco de vida social. Entonces, y no sé por qué lo hice, miré a Edward y le pregunté:- ¿Por qué no te apuntas algún día? -Sí, algún día lo haré. Ya es hora de que salga un poco - me observó con su impactante sonrisa. Parpadeé. ¿Estaba alta la calefacción o eran imaginaciones mías? Escuchamos un carraspeo y ambos miramos a Paul. Este nos estaba observando con la
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    Cambio De Destino DraBSwan misma cara que si estuviera mirando a dos aliens que acabaran de aterrizar en urgencias. -¿Después de cuatro años te parece que "ya es hora de salir un poco"? ¡Tío, aleluya! ¡Ni siquiera pensé en comentarte nada porque siempre, siempre, me Página | 51 dices que no! -hizo un gesto teatral abriendo mucho los ojos y levantando los brazos al cielo, para luego mirarme, suspicaz. Tragué saliva. Esperaba que Paul no fuera la versión masculina de Jess, porque de ser así iban a empezar a correr rumores por el hospital más rápido que la pólvora. Por favor, que Paul sea como un anacoreta con voto de silencio. -Vamos, no seas exagerado, Paul. Alguna vez he salido con vosotros- repuso Edward. -A ver… cuento con los dedos de las manos… ¡uy, me sobran ocho! ¡Ay, tío! ¡Vigila esa fuerza! – el puño de Edward había golpeado suavemente su hombro, pero al parecer no había sido tan suave. -Eres un flojo, Paul- rió el cirujano. -Bella, ha venido un niño con fiebre muy alta que llora mucho - me dijo Joanne asomada a la puerta. Aprovechó para devorar con los ojos a un sonriente Edward, que parecía no enterarse de nada. Claire entró en aquel momento, acompañada de John, otro de los adjuntos de urgencias, que nos saludaron y se pusieron a comentar un caso mientras se servían café. -Voy, Joanne. Afortunadamente, mi pequeño paciente noctámbulo sólo tenía una otitis. Le extendí a la tranquilizada madre unas dosis de antibiótico para que tomara hasta que pudiera comprarlo, así como un analgésico. Pasé por delante de varios boxes de urgencias y observé con asombro que estaban todos vacíos excepto el 3, donde Edward estaba dando de alta al señor del accidente. Volví a la salita y me encontré con casi todo el equipo de residentes de guardia y con los dos adjuntos de urgencias, todos hablando como si estuvieran reunidos en una terraza veraniega. Cogí una silla de uno de los boxes y ocupé
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    Cambio De Destino DraBSwan mi lugar en la pequeña reunión. Estuvimos charlando un buen rato. Afuera seguía nevando. Sólo las urgencias de verdad vendrían una noche como esta. Cuando se hicieron las cuatro de la madrugada decidí irme a la cama. Ya no era mi turno y, a pesar de estar muy a gusto en la compañía de Paul, Claire y Página | 52 Edward, que eran los que todavía resistían a esa hora, empezaban a pesarme los párpados. Me levanté. -Bueno, chicos… ha sido un placer, pero ya es hora de descansar un poco. Yo ya no aguanto los párpados. Edward se levantó conmigo. -Yo también voy a acostarme. Te acompaño- dijo amablemente. En el reparto de consultas para descansar me había tocado la de Alergia, que estaba justo enfrente de la de Neurología… la que le tocó a Edward. No pude evitar mirar a Paul al despedirnos, quien me sonrió discretamente, pasándose los dedos sobre los labios, como si cerrara una cremallera. Le miré y puse los ojos en blanco, lástima que el resto de mi cara me delatara. Salimos de Urgencias y pasamos por la sala de espera. Miré hacia las puertas de cristal. Afuera la oscuridad era total fuera del perímetro iluminado por el hospital. En el suelo había una gruesa capa de nieve, que se había encargado de retirar un trabajador del centro para que no cerrase el camino. En aquel momento el trabajador entraba en la recepción de Urgencias, colándose por la puerta abierta una ráfaga de aire helado. A mi lado, Edward inspiró profundamente y se tensó. -Bella, espera aquí- instó, y ante mi sorpresa salió del edificio. No sabía qué mosca le había picado, hasta que lo vi volver casi igual de rápido pero con una mujer embarazada en sus brazos. Me quedé helada. -¡Bella, di que preparen el box de reanimación! Que llamen a las ginecólogas y al anestesista, y que traigan a Urgencias la incubadora de transporte. Me quedé parada durante unos segundos hasta que reaccioné, aún sin comprender nada de lo que estaba pasando, pero la actitud de Edward no daba lugar a dudas. Antes de dirigirme de nuevo a Urgencias seguida por él pude ver cómo por la puerta apareció un hombre corriendo, que debía ser el futuro padre. Estaba blanco como la cal y evidentemente nervioso.
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    Cambio De Destino DraBSwan Edward entró con la mujer directamente al box de urgencias vitales, que disponía de todo el equipo y medicación adecuados para una intervención de urgencia. Yo fui hacia la salita y repetí sus demandas. Paul salió disparado hacia el box, al tiempo que Joanne iba a hacer las llamadas solicitadas. Página | 53 Me dirigí al box acompañada de Claire y Linda. El marido estaba fuera, retorciéndose las manos de puro nervio. -Por favor, salven a mi mujer y a mi pequeño- imploró. Joder, cómo una guardia tan tranquila se podía fastidiar en unos segundos. Se me hizo un nudo en el estómago cuando fui consciente de que la señora, que había sido rápidamente despojada de sus ropas, tenía abundantes restos de sangre aún fresca manchando el interior de sus muslos. Edward se ponía una bata y unos guantes estériles, mientras ordenaba que trajeran sangre 0 negativo, una analítica completa y gasometría. Paul ponía una vía intravenosa y luego un monitor de constantes vitales a la inconsciente señora. Linda colocó una mascarilla de oxígeno sobre la cara de la paciente. -El marido me ha contado que su esposa está embarazada de 38 semanas, se ha quejado de un fuerte dolor abdominal y después ha comenzado a sangrar. En el camino de su casa hasta aquí ha quedado inconsciente- me explicó Edward. Me miraba muy serio. Lo que acababa de explicarme sólo podía significar una cosa, y yo lo sabía: desprendimiento prematuro de placenta. Los nervios me atenazaban el estómago, pero fui a ponerme unos guantes.
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    Cambio De Destino DraBSwan Capítulo 6 BPOV Página | 54 Llegaron dos celadores con la incubadora de transporte, que era la que se usaba para llevar a los neonatos de un lado a otro del hospital. Allá estaba todo el material que podría necesitar para una reanimación. Carmen, una veterana comadrona, y Anne llegaron tras ellos corriendo. Dijeron que la ginecóloga adjunta de guardia estaba atendiendo un parto con fórceps en ese mismo momento. Era la ley de Murphy. Mi adjunto, William, no podría venir a ayudarme ya que estaba arriba en el paritorio por si el fórceps se complicaba. Aunque la posibilidad de que él tuviera alguna dificultad era remota comparada con el problema que tenía ante mí. La comadrona había sido previsora y había traído un monitor de latido fetal. Al momento se acercó a la paciente y le fue pasando la sonda por todo el abultado abdomen. -¿Qué está pasando?– inquirió Carmen con ansiedad observando al marido de la paciente, quien firmaba el consentimiento para la cirugía de urgencia. Probablemente ella había pensado que la llamada era por un simple parto que nos había pillado desprevenidos en Urgencias. No habría sido la primera vez. -Esta señora está sangrando. Parece que sufre un desprendimiento de placenta- respondí, tensa. -¿Entonces qué está haciendo aquí? Vamos a subirla rápido al quirófano de maternidad, allá está todo mejor preparado que aquí - Carmen no atinaba a encontrar el latido fetal. Ojalá sólo fuera por los nervios. -No hay un solo segundo que perder, el feto ha sufrido por la hemorragia, y puede que esté ya parado- repuso Edward en voz baja pero firme para que el futuro padre no escuchara estas palabras- Y esta mujer no está para moverla más. Lo hemos de sacar ahora mismo- añadió mientras pintaba con antiséptico el abultado abdomen de la señora. Habían sacado al futuro padre del box y la sensación de apremio era cada vez mayor. Paul no perdía tiempo y estaba realizando una anestesia de urgencia. Se le notaba nervioso como a todos, pero estaba haciendo su trabajo con mucha profesionalidad. Edward, que era el único que parecía inmutable, ya llevaba
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    Cambio De Destino DraBSwan puesta una bata, mascarilla y gorro de quirófano y Joanne le estaba pasando el instrumental hasta que la sustituyó Carmen, más habituada a las cesáreas. No podíamos esperar a que bajara la adjunta ginecóloga. Los residentes de último año podíamos tomar decisiones importantes sin contar con los adjuntos, y eso Página | 55 estábamos haciendo. Anne, quien al principio se había quedado parada ante la situación, finalmente estaba reaccionando y se lavaba las manos para ayudar en la intervención. Edward realizó una rápida incisión en el abdomen de la mujer. Yo comprobaba febrilmente el buen funcionamiento de la incubadora, incluyendo el respirador, y depositaba al alcance de mi mano el material que probablemente necesitaría. El corazón me latía tan rápido que notaba el pulso en la garganta. Era una de las peores situaciones en que se podía encontrar un pediatra de guardia. Si el niño nacía con algo de vitalidad lucharía por él, pero si lo hacía en parada cardiorrespiratoria debía decidir si intentar reanimarlo a costa de la posibilidad de secuelas neurológicas irreversibles… o dejarlo a su suerte. Ni siquiera podía pensar en esta última opción, imaginaba el profundo dolor de ese padre que esperaba angustiado en la sala de espera y de esa madre que para su fortuna no se estaba enterando de nada. Pero si no acertaba con mi decisión, o me equivocaba en algo… no, no, ahuyenté estos pensamientos, no me hacían ninguna falta ahora. No había alternativa. En ese momento Edward me trajo al bebé y lo depositó en la incubadora, quedándose a mi lado. Anne permaneció junto a la paciente, cerrando la herida quirúrgica. Tomé el pulso al inerte bebé pinzando suavemente su cordón umbilical entre mi pulgar e índice: como ya imaginaba, no latía. Estaba completamente pálido y sin tono muscular. Muerto. Iba a iniciar la reanimación pero durante unos breves instantes me bloqueé, paralizada. Reaccioné cuando Edward se acercó a mí, tanto que incluso pude aspirar su aroma, y me susurró: -Latía hasta hace muy poco, Bella– dijo convencido, mientras me acercaba el material para intubación. Miré sus ojos ámbar, y de inmediato sentí una oleada de energía positiva. Reaccioné y me dispuse a colocar el tubo en la tráquea del bebé, luego lo conecté al respirador de la incubadora, al tiempo que Edward le hacía masaje cardiaco. Comprobé si el latido se reiniciaba. Nada. Me esforcé por mantener mi ritmo respiratorio normal.
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    Cambio De Destino DraBSwan Inyecté adrenalina a través del tubo endocraneal en un intento por conseguir reanimar aquel corazoncito. Habían pasado dos minutos desde el nacimiento del niño según el reloj de la incubadora, y el tiempo corría en nuestra contra, en contra del pronóstico vital de esa criatura. Tres minutos. Sin respuesta. De Página | 56 nuevo inyecté adrenalina. Edward no paraba de hacer masaje cardiaco al bebé, con delicadeza pero con dedos expertos. Su presencia, capaz de alterarme tanto en otras circunstancias, ahora era un poderoso sedante. Tres minutos y diez segundos: empecé a notar un suave golpeteo contra mis dedos al tocar el cordón umbilical: por fin el pulso había vuelto al niño, y eso se fue reflejando en un cambio en el color de su fina piel, pasando del blanco céreo al pálido sonrosado. -¿Crees que le iría bien un poco de bicarbonato intravenoso, Bella?- Edward me observaba, a la espera de mi respuesta. Lo miré maravillada: ¿cómo sabía tanto de pediatría? Se dio cuenta de mi pregunta no formulada y me respondió - El año pasado hice una estancia de unos meses en cirugía pediátrica del Hospital de Niños de Seattle. Y me gustaba mucho la neonatología. Con habilidad Edward abrió la vena umbilical del bebé, donde inserté un catéter e inyecté lentamente el bicarbonato diluido que me había preparado la enfermera. Esto pareció acabar de mejorar el color de su piel. El niño tenía ya 10 minutos de vida. Se movió un poquito. Miré a Edward, quien me correspondió cálidamente. No le veía la boca porque todos allá dentro llevábamos mascarilla, pero estaba segura de que sonreía. -Hay que subirlo a Pediatría y preparar el traslado para Seattle en el menor tiempo posible- dije. Él asintió. -Anne, Paul, ¿me necesitáis?- preguntó Edward, girándose hacia ellos. Anne separó un instante la vista de la sutura que estaba realizando ayudada por Carmen y negó con la cabeza. Paul estaba comprobando las constantes de la señora y calculando la cantidad de medicación que le era necesaria hasta el final de la intervención. De espaldas a nosotros, también negó. Mi ángel de la guardia se volvió para mirarme. -Ya acabé mi trabajo. Puedo ayudarte con el tuyo. Si no te importa, claro. ¿Importarme? No podía quejarme, tendría de ayudante al pariente vivo del David de Miguel Ángel, que además era un crack de la neonatología.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Te lo agradeceré toda la vida, pero le diré a William que organice el traslado mientras nosotros estamos con el niño. Al menos que ayude en algo – dije esto último algo mosqueada al constatar que ya hacía rato que debería haber bajado de "su" parto. A menos que hubiera tenido complicaciones, cosa harto dudosa. Página | 57 Salí del box y fui a hablar con el padre del bebé, que, viva imagen de la angustia, aguardaba en la sala de espera. El hecho de que no hubiera nadie más que él acrecentaba la sensación de desamparo que daba al mirarlo. Le informé de que su mujer se encontraba bien y que el niño vivía, pero que las próximas 24 horas iban a ser críticas en cuanto al pronóstico neurológico. Lo había visto en casos parecidos: edema cerebral, convulsiones… no bastaba con sobrevivir, las secuelas neurológicas graves podían estar ahí. Pero saber que sus dos seres queridos vivían fue suficiente para que volviera algo de paz y color a su rostro. Decidió quedarse con su esposa hasta que esta despertara. Llamé a mi adjunto. Obviamente, lo encontré en el despacho. Secamente le informé de lo que había sucedido durante su no-presencia. lÉl mismo se ofreció para llamar al teléfono de emergencias y dar los datos que estos le pidieran, y mientras él hacía esto Edward y yo podríamos hacer cosas más útiles. Subimos en el ascensor, acompañando a los celadores con la incubadora. Edward clavó su pupilas en las mías durante unos instantes, y yo habría pagado por saber qué pensaba. En la unidad de neonatología hubo mucho movimiento. Las dos enfermeras de pediatría, Mary y Susan, se pusieron a la labor de ayudarnos con mucho entusiasmo, aunque probablemente con una sola habría bastado. Observé que de vez en cuando se les escapaba un vistazo hacia mi ayudante. En fin, ya que había que trabajar, al menos hacerlo con alegría. El bebé seguía poco activo pero reaccionaba al tacto con leves movimientos. En los análisis que le practicamos comprobamos que a consecuencia de la hemorragia y la parada cardiaca que había sufrido necesitaba sangre y una nueva dosis de bicarbonato. Decidí que lo mejor sería introducir un catéter en la arteria umbilical, que era una buena vía de acceso en un recién nacido. De nuevo la ayuda de Edward fue inestimable. Separó con dos pinzas y un pulso envidiable las finísimas paredes de la arteria umbilical para que introdujera el catéter.
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    Cambio De Destino DraBSwan Ya se habían hecho cerca de las seis de la mañana. Llamaron del Hospital de Niños de informándonos de que en vez de la ambulancia venía de camino un helicóptero, aprovechando que estaba amaneciendo. Este llegaría mucho más rápido y seguro a su destino, ya que las carreteras estaban en mal estado a causa Página | 58 del temporal de nieve La última analítica del bebé había salido casi perfecta. Ahora estaba tan activo que decidí sedarlo un poco por miedo a que se arrancara el tubo endotraqueal. No era buena idea quitarle la respiración artificial de cara al traslado porque si empeoraba en el helicóptero sería muy difícil volver a intubarlo. Esos vehículos eran rápidos pero el vaivén no permitía realizar maniobras delicadas. Edward había marchado un momento a la planta de cirugía pero me había prometido volver. Yo aproveché para ir al vestuario a coger mi gruesa chaqueta, deseaba acompañar al equipo de traslado hasta el helicóptero. Cuando volví a la planta pasé a echarle un vistazo al recién nacido. -Bella, hoy habéis hecho un buen trabajo tú y el galán cirujano- me dijo Mary, la enfermera que cuidaba de los neonatos esa noche.- Te prometo que William me pone de los nervios. Cuando nos hemos enterado de lo que estaba pasando en Urgencias y vimos que no pensaba bajar hemos estado a punto de llamar a Emily. -Mary, te lo agradezco pero eso no hubiera estado bien, ya la habría llamado yo si la hubiera necesitado. Además, para cuando hubiera llegado ya nada se podría haber hecho. -De todas formas se lo tienes que explicar a tu jefa, Bella. Si al doctor comodón no le gustan las urgencias graves que no haga guardias. De no estar el monumento contigo lo habríamos pasado mucho peor, sobre todo tú. -Se llama Edward, Mary- la reñí al tiempo que me reía. -Para ti, Edward, nena. Para mí, "monumento" desde el primer día que su visión me impactó.- Rió- Por cierto, hacéis buena pareja. -¿Q-qué? ¿Qué dices, Mary? ¡No somos pareja!- negué rotundamente entretanto sentía la habitual oleada de calor en el rostro. -Sí, sí, lo que tú digas. Pero si ese dios me mirara de la manera que lo hace contigo…- suspiró, elevando los ojos al techo- ¿es que no te das cuenta? Y tú tampoco es que disimules bien, nena, que se te derriten los ojitos.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Vale, vale, dame un respiro. ¿Hay café?- cambié de tema radicalmente, estaba demasiado agotada a esas horas como para aguantar un tercer grado. De eso ya tenía suficiente con Ángela en nuestra propia casa. -Estaba esperando que lo hicieras tú, te sale excelente – Mary me guiñó un ojo Página | 59 y se dispuso a cambiar el gotero del bebé. -Bruja - respondí, simulando enfadarme. -Yo también te quiero, cielo- se burló a mis espaldas. Me dirigía hacia la salita de enfermeras, para preparar el preciado líquido, pero recordé que antes me quedaba algo importante que hacer y no podía esperar. El helicóptero estaría aquí en menos de una hora. Me acerqué a la Maternidad para ver a la madre del bebé. Estaba ya consciente, con su marido al lado tomándole la mano. Llevaba una vía endovenosa por donde estaba paséndole una bolsa de sangre. Si seguía estable al día siguiente podría ser trasladada en ambulancia a la Maternidad del Hospital de Niños para poder estar junto a su bebé. Se la veía pálida y agotada, pero serena. Hablamos un momento. Por suerte, su seguro médico disponía de la posibilidad del traslado, pero era una crueldad que después de haber estado a punto de morir tanto la madre como su bebé ella no pudiera verle la cara al pequeño. Hablé con Anne y me costó convencerla, pero al final accedió a que pasaran a la señora a una camilla y la desplazaran hasta la sala de Neonatología. Dejamos un momento de intimidad a la pequeña familia. El médico y el enfermero de la UCI móvil llegaron a pediatría y se hicieron cargo de todo, pasando el bebé de nuestra incubadora de transporte a la suya. Nos dirigimos hacia el ascensor. En aquel momento se acercaba Edward por el pasillo, y recordé el día en que nos conocimos. Ahora me daba cuenta, y sentí cierta desazón, de que podría enamorarme de él... hasta la médula. Subimos hasta el helipuerto, que estaba en la azotea del hospital. El paisaje desde aquella altura era de un blanco inmaculado, pero antes de que se me ocurriera pensar en lo hermoso que se veía el frío del exterior golpeó mi cara y mis manos, las únicas partes que llevaba descubiertas. Si estaba mucho tiempo al exterior pronto me volvería de color azulado. El equipo de transporte era realmente competente y en unos minutos cargaron la incubadora en el aparato y estaban a punto de despegar. Edward y yo nos
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    Cambio De Destino DraBSwan separamos una distancia prudencial y contemplamos cómo el helicóptero despegaba y se alejaba por el encapotado cielo de Forks. Miré a mi compañero de arriba abajo y me di cuenta de que llevaba puesto sólo el uniforme azul y la bata. Aunque se le veía de lo más feliz, la cara Página | 60 resplandeciente. -¡Edward, te vas a congelar!-exclamé. -No te preocupes, Bella, tolero muy bien el frío- negó con una sonrisa. Lo miré intensamente. Si no hubiera sido por él esa noche habría sido mucho, muchísimo más larga. Sin pensarlo fui a darle un espontáneo abrazo; sentía alivio de que se hubiera acabado todo. -Gracias, Edward. Has estado ahí, apoyándome, ayudándome. Eres increíble y…- enmudecí. Su brazo había capturado mi cintura pegando mi cuerpo al suyo mientras su mano libre se deslizaba hacia arriba por mi cuello, haciendo arder la piel a su paso. Me levantó delicadamente el mentón buscándome los ojos. Los suyos irradiaban pasión, pero había algo más… ¿duda? Yo sabía lo que él pretendía, pero parecía que él no tenía claro que yo lo deseaba. Y mucho. Entrecrucé mis dedos con sus cabellos y con suavidad tiré de él acercando nuestras caras. Entonces se dejó llevar. Sus labios rozaron los míos con delicadeza, y lentamente se amoldaron a ellos. Me estremecí de placer al sentir el contacto con su piel, su cuerpo, su boca. Oleadas de calor recorrieron mi cuerpo, y el frío dejó de ser un problema. Su sedosa lengua se adentró entre mis labios, al principio tímidamente, para luego apoderarse de mi boca, explorándola, haciéndola suya. Gemí al sentir su dulce sabor. Entrelacé mis brazos tras su cuello perdiéndome en ese beso. Me abrazó con más fuerza y continuó con la sensual caricia hasta que me tuve que separar de él para poder inhalar. Lo miré y vi que sonreía. Las piernas apenas me obedecían y era él quien soportaba mi peso. EPOV No fue nada premeditado. No lo tenía previsto, pero ella provocó esa reacción al abrazarme tan ingenuamente. Me fue imposible contener la respiración, y su proximidad terminó de doblegar mi voluntad. Tenía que olerla, estando tan cercana… y una vez su aroma me llenó, era inevitable probar el sabor de su
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    Cambio De Destino DraBSwan boca. Era deliciosa. Nada, absolutamente nada en mi experiencia era comparable, no podía parar de besarla . Fue ella la que separó nuestros labios, y me di cuenta de mi torpeza. Ella sí necesitaba el aire. Observé la cara de Bella. Estaba muy atractiva, con el rubor decorando sus Página | 61 mejillas, los sensuales labios ligeramente entreabiertos. Jadeaba suavemente, al igual que yo. Aunque no necesitaba respirar conservaba ese reflejo en determinadas situaciones. Me miraba desde la profundidad de sus grandes y oscuros ojos y maldije mi don, inútil para comprenderla a ella, el ser que más ansiaba leer. Hubiera deseado tanto saber qué pensaba en ese momento... -¿En qué piensas?- me sentí extraño haciendo esa pregunta. -En nada… - la miré, alzando una ceja. - Vale…en ti. En la expresión que tienes en este momento. En que a pesar de lo insegura que me siento me alegro que me hayas besado. Yo… tenía ganas de que ocurriera. -¿Insegura?- la miré extrañado- Bella, ¿estás insegura de mí?- parecía avergonzada, la tomé del mentón y la obligué a mirarme - ¿Crees que voy besando a todas las nuevas residentes que aparecen por este hospital? ¿No has oído hablar de Rarito Cullen, el que nunca se relaciona con nadie? -¿Y por qué conmigo? ¿Qué tengo yo de especial?- me miraba con la duda escrita en su rostro. ¿Qué le podía contestar? No lo sabría explicar. Su aroma, su inocente aspecto, su cándida belleza, su dulzura, su risa, sus ojos… qué sabía yo. Todo. -Bella, eres una mujer muy especial. Cuanto más te conozco, más seguro estoy de ello. Y además, no soy el único que te encuentra atractiva, eso te lo puedo asegurar. Pero sí soy al que más le importas, eso también te lo aseguro. Me gustas. Y mucho. Al escuchar estas palabras ella se turbó aún más ante mi atenta mirada. Con un gran esfuerzo de voluntad me contuve de volverla a besar. Quería más. Mucho más. Pero no quería asustarla. -Tú también me gustas, más de lo que debería- respondió en voz tan baja que si hubiera sido humano no la habría oído. Mi muerto corazón se sintió más ligero. De pronto abrió mucho los ojos y exclamó- ¡Edward, por más que aguantes bien el frío vas a enfermar si seguimos aquí fuera! Vamos adentro,
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    Cambio De Destino DraBSwan anda, que estás helado- y aquella frágil humana me tomó de la mano y me arrastró al interior del hospital. Me dejé hacer. Con ella no había nada que discutir. Estaba perdido. Página | 62 Capítulo 7 BPOV -Bella, cariño, creo que deberías marcharte a casa. Estás agotada. Era la tercera vez que Emily me hacía esa petición. Pero no pensaba irme, no todavía. En el Infantil estaban efectuándole varias pruebas al recién nacido, incluidas ecografía cerebral y electroencefalograma, y no quería marcharme a casa antes de saber el resultado. Sus padres habían decidido llamarlo David. James Watson había prometido que nos llamaría a lo largo de la mañana, cuando ya tuviera todo el informe. -Emily, puedo aguantar un rato más.- Me miró alzando una ceja, apretando los labios para sofocar una sonrisa. -Supongo. Entonces debe ser que hay una nueva manera de auscultar y yo no estoy al día. Fijé mi atención en lo que estaba haciendo en ese momento. Me encontraba auscultando a Jeremy, un niño ingresado por una crisis asmática. Tenía puesto el estetoscopio sobre el tórax del pequeño, pero la parte que tendría que estar introducida en mis orejas estaba aún colgada de mi cuello. La madre de Jeremy
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    Cambio De Destino DraBSwan me miraba, entre divertida y mosqueada, y el niño casi se estaba partiendo de risa. Me ruboricé. Estaba pasando la mañana con la mente sumergida en lo que había pasado la noche anterior y no estaba nada centrada en mi trabajo. -Eeh… sospecho que tienes razón.- Me disculpé ante la madre de Jeremy con Página | 63 una mirada y le alboroté el pelo al pequeño. -Bella, te prometo que te llamaré en cuanto sepa algo. -¿Sea la hora que sea? -Prometido- levantó la mano, solemne. -De acuerdo- me dirigí a la puerta. -Bella- llamó Emily- buen trabajo-. Le sonreí y salí de la habitación. Para ser sincera, no sólo me retenía en mi lugar de trabajo el ansia por saber algo del pequeño bebé. Esto era una razón importante, la otra es que no había conseguido hablar con Edward desde que habíamos bajado del helipuerto. Nos había rodeado un mar de papeleo, informes, burocracia… tal que ni tan siquiera habíamos podido desayunar juntos. A ratos se me ocurría la angustiosa idea de que esos minutos compartidos con él, ese beso que me hacía flaquear las piernas cada vez que lo recordaba, no habían sido otra cosa que fruto de un breve sueño echado durante la guardia. Angela estaba poniendo un vendaje compresivo para un esguince de tobillo en el box de "trauma". Había ido a Urgencias a despedirme de mi compañera hasta la noche, ya que hoy ella doblaba turno. Me asomé discretamente por la cortina del box. -Hola, cielo. Vengo a despedirme. Menuda guardia he tenido, ya te contaré por la noche- ella se volteó y me miró con una expresión que no supe interpretar. -Disculpe un momento, señor Fisher- el aludido asintió y Angela se acercó a mí y me puso un papel plegado en la mano, con aire misterioso y expresión pícara- Ten. -¿Qué… qué es esto, Ang?
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    Cambio De Destino DraBSwan -Tú sabrás, pero ya puedes dormir muy bien y levantarte descansada porque hoy tenemos una larga charla pendiente tú y yo- susurró mirándome con intensidad, y sin esperar respuesta volvió a su trabajo. El frío del exterior golpeó mi rostro y mis vías respiratorias. Inspiré con fuerza. Página | 64 El mejor momento de la guardia era cuando salía del hospital, sin duda era una sensación de libertad tan grande… Mientras me dirigía a mi coche fui abriendo el papel. ¿Qué misterios se llevaba mi amiga entre manos? Entonces quedé boquiabierta. Estaba bien segura de que esas cadenas no estaban ahí ayer. Alguien había tenido ese detalle conmigo, y era un gran detalle, primero porque estaba hecha polvo, segundo porque no tenía cadenas y tercero porque no sabía colocarlas. Ni siquiera tuve esa previsión, tonta de mí. Intuí que el papelito tenía que ver con aquello y leí: Bella Ha sido difícil no verte en toda la mañana, pero me ha secuestrado mi jefe. He pensado que quizá te irían bien unas cadenas para el coche, estas me sobraban y las guardaba en el maletero. Si ya tienes quédatelas, no me son necesarias. Imagino que de momento prefieres la discreción así que he preferido darle este papel a Angela que buscarte a ti en persona. Más abajo te he anotado mi teléfono, llámame cuando hayas descansado. Si quieres. Besos Edward ... Me desperté con dolor de cabeza. No había comido nada desde la cena del día anterior y eso me estaba pasando factura. Me quedé en la cama remoloneando, con el cerebro todavía funcionando a medias. En ese estado de duermevela fueron fluyendo por mi mente imágenes del día previo. Mientras la adormecida consciencia y el subconsciente se entremezclaban tuve la sensación de que alguna cosa del día anterior se me estaba escapando. Tiré del fino hilo que sobresalía de esa sensación. Edward había salido a buscar a la madre del pequeño David. ¿Habría oído algún grito de ayuda? Era extraño que tanto a mí como al trabajador que limpiaba de nieve en la entrada nos hubiera pasado desapercibido… Pero no tenía otra explicación. Decidí no darle más importancia al asunto. Edward tenía muchas cualidades, era evidente.
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    Cambio De Destino DraBSwan Llámame cuando estés despierta. Mierda. El recuerdo de su mensaje golpeó con fuerza mis neuronas, sacándolas de su letargo ¿Qué hora sería? Me levanté con sensación de resaca y la cabeza pesada, buscando mi móvil. Eran las tres de la tarde ya pasadas. Había una llamada perdida del hospital y un mensaje de Página | 65 voz. Emily había cumplido su promesa pero yo estaba tan cansada que ni siquiera había despertado por el timbre del teléfono. Mi jefa me comunicaba que todas las pruebas que le habían realizado al bebé eran normales y que ya respiraba por sí solo. Era algo que esperaba pero aún así sentí un gran alivio y felicidad. Necesitaba tomar algo antes de llamar a Edward y me preparé un café y un bocadillo. Mientras comía releí atentamente y varias veces su nota, analizando cada palabra, admirando su hermosa caligrafía. Tenía razón con la suposición de que yo prefería mantener discreción en lo que fuera que teníamos. Yo sabía que no lo decía por él. Por lo que le conocía no creía que le importara mucho lo que pensara la gente. Y a mí tampoco debería afectarme, pero sí lo hacía. Odiaba convertirme en el centro de atención. Además, no había pasado nada más que un beso. ¿Y si la cosa terminaba ahí? ¿Y si él o yo hoy o mañana decidíamos que era un error seguir adelante? ¿Y si no había "adelante"? Mejor que lo que fuera que pasara quedase sólo entre nosotros. Bueno, entre nosotros y Ángela… Inspiré profundamente. Era hora de llamarle. Estando saliente de guardia él ya debería estar en su casa. Me moría de vergüenza sólo de pensar en hablar con él, sentía mariposas en el estómago. Peor, sentía auténticas náuseas. Pero no debía posponerlo más. Marqué su número. -Hola- tan solo escuchar el sonido de su suave voz y ya estaba mi corazón latiendo como un loco. Estaba tan nerviosa que durante unos segundos no supe qué decirle- … ¿Bella? -Sí, soy yo, disculpa- esta vez respondí de inmediato, no quería que pensara que era boba o algo así. -No podía ser nadie más, estoy escuchando tu latido… ¿a que has vuelto a tomar café?- respondió riéndose a carcajadas. Perfecto. La primera vez que le llamaba por teléfono y el señor se dedicaba a hacer bromitas a mi costa. -Por supuesto que sí, gracias a eso soy capaz de articular palabras en este momento. Me alegra que lo encuentres tan divertido. Y ya te vale con la
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    Cambio De Destino DraBSwan bromita del café - bufé. A veces me sacaba de mis casillas. Se oyó un largo suspiro al otro lado de la línea. -No quería molestarte, Bella. Sólo es que me hace muy feliz que me hayas llamado- dijo con un tono de voz que me erizó el vello… sensual, total y Página | 66 absolutamente atrayente. Sin poderlo evitar empecé a sentir calor. Respira, Bella... así. -Me alegro de que sea por eso. ¿Estás en tu casa? ¿Has podido descansar? - respondí intentando aparentar una calma que no sentía. -Sí, sí, no te preocupes por mí. Espero que tú también hayas descansado. Por cierto, ya sabrás que el bebé está bien, ¿verdad? Creo que Emily te dejó un mensaje. Me lo dijo esta mañana. También me ha dicho que me van a fichar como pediatra- su risa acompañó estas últimas palabras y fue de nuevo una melodía para mi oído. -Seguro que colaborarías más y mejor que algunos adjuntos- repuse. No había tenido tiempo de hablar con mi jefa sobre la falta de colaboración de William pero estaba claro que se había enterado de todo - Edward, gracias de nuevo. Y gracias también por haber colocado las cadenas en mi coche. Si no fuera por ti aún estaría en el parking del hospital. -No es nada. Imaginaba que no estabas acostumbrada a la nieve y que no tendrías cadenas. Y aunque las hubieras tenido tampoco estabas en muy buena situación para colocarlas. -Estás en lo cierto. Te debo mucho. De veras. -De acuerdo, señorita, si insistes… es hora de que pagues algo de lo que me debes –repuso. -Ah, ya sabía yo que tanta consideración no era gratuita - intenté que no me temblara la voz- ¿y cuál se supone que es el pago a cambio? -Depende de cómo estés de cansada.- Me sonrojé. -También depende… de lo que quieras proponer – dudé. ¿De veras estaba preparada para esto? ¿De veras no había un momento mejor para una… una primera cita? Miré mi cara en el espejo. Había conocido días mucho, mucho mejores.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Quiero verte. Lo demás decídelo tú. Quiero verte. Pues yo ya estaba tardando en hiperventilar. -De acuerdo. ¿Qué te parece si vamos a tomar algo por ahí?- sugerí, siguiendo Página | 67 con el tono casual de la conversación. Quería verlo, pero no quería una cita a solas. Me daba… era una tontería… miedo. Miedo de su reacciones y de las mías. Me sentía como una adolescente antes de su primer beso. Aunque nosotros ya nos habíamos besado. Quizá por eso estaba asustada. Sabía lo que se sentía en sus brazos. -Será un placer. ¿Te paso a buscar en una hora? Afirmé y colgué. Después de ducharme, mirarme al espejo, maldecir mi cara de muerta viviente, ponerme histérica y despotricar contra mi vestuario (todo por este orden) decidí usar algún color que diera luz a mi apagado cutis. Me puse un fino jersey en tonos azules y unos vaqueros. Quería ir un poco arreglada pero sin parecer demasiado desesperada por mi aspecto físico. Dios, no recordaba lo que era una primera cita, ¡y encima saliente de guardia! Sin embargo, Edward ya conocía mi cara de zombi. Me había visto varias veces con ella. No me gustaba maquillarme pero necesitaba un poco de color en la cara así que me puse un toque de colorete, rimmel y brillo de labios. Me sequé el cabello y dejé caer las ondas sueltas por mi espalda. El jersey era de cuello vuelto y algo escotado y al menos el cabello me daría calor. Además en el hospital siempre llevaba coleta y me apetecía llevar el cabello suelto. Miré por la ventana del baño. Parecía que estaba mirando una postal de Navidad. Odiaba el frío pero me gustaba el modo en que la nieve daba una sensación de irrealidad al paisaje. Sonó el timbre. Aunque lo estaba esperando me sobresalté. Mi corazón de nuevo empezó a bailar su particular ritmo para Edward. Bajé las escaleras todo lo rápido que pude y abrí la puerta. Por unos instantes me deslumbró el contraluz. Sólo vi su alta silueta, y luego escuché su voz. -Buenas tardes, Bella – los ecos del sonido hicieron que cada célula de mi cuerpo vibrara.
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    Cambio De Destino DraBSwan Por un segundo dudé qué hacer, si besarle, si darle la mano… al final correspondí al formal saludo, y le cedí el paso para que entrase. Entonces sí lo pude observar bien. Durante unos instantes me olvidé de respirar. Llevaba una cazadora, jersey negro y unos vaqueros gastados. El sedoso cabello cobrizo Página | 68 cuyo tacto mis dedos imploraban volver a sentir, estaba atractivamente despeinado de un modo que estaba segura que en él era natural. Me examinaba complacido mientras sonreía de una forma que debería ser ilegal. Tenía que salir pronto de casa. Estar allá a solas con él me hacía sentir inquieta. -Voy por el abrigo- murmuré como pude ante el peso de su mirada. Lo tenía colgado de un pequeño vestidor que teníamos en el comedor, donde guardábamos la abultada ropa de abrigo. Lo tomé y me giré dispuesta a andar hacia la puerta. Ni siquiera le oí venir. Jadeé de la sorpresa pues, sin saber cómo, me encontraba entre la puerta del vestidor y el cuerpo de Edward, peligrosamente cercano al mío. Alcé la vista hasta encontrarme con su mirada. El dorado de sus ojos aparentaba ser más oscuro. Debía ser un efecto de la luz. -¿Te he vuelto a asustar?- preguntó, dibujando una leve sonrisa. Utilicé toda la fuerza de mi voluntad para escapar de su hechizo. -No, esta vez no- repuse sonriéndole mientras me escabullía hacia la puerta. Yo también sabía jugar. Tenía clara una cosa: por más que él me atrajera no me gustaba perder el control. Y sabía, en el fondo de mi corazón, que ese hombre podía conseguir que lo perdiera si se lo proponía. -¿Nos vamos? – insté desde la puerta alzando ambas cejas, señalando con la cabeza hacia fuera. Asintió y se dirigió hacia mí, observándome pensativo. Me abrió la puerta del copiloto. Me gustaba mucho su coche, un Volvo de color gris plateado. Lo que no me esperaba era la sensación que tendría al entrar en el vehículo. El interior olía a él. Sin poder evitarlo inspiré con toda mi capacidad pulmonar, al tiempo que cerraba los párpados durante un fugaz segundo. Fue un reflejo involuntario. Le miré, temerosa de que se hubiera dado cuenta, pero él parecía centrado en observar un punto del salpicadero. Quizás demasiado centrado. Su expresión era forzadamente hermética. Era una trampa, y yo había caído sin remedio.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Nos vamos? –encendió el motor y se metió en la carretera - He pensado que podríamos ir a Port Angeles… si te parece bien. Está cerca y tendremos un poco más de tranquilidad que aquí en Forks. Port Angeles estaba a una media hora larga de Forks. Eso significaba estar Página | 69 media hora solos en su coche. De pronto no me parecía tan buena idea lo de salir de casa, pero tras pensarlo unos segundos asentí. Ya sabía a lo que se refería con "tranquilidad", y estaba de acuerdo con él. Encendió la radio y nos pusimos a hablar de temas intrascendentes. Me gustaba hablar con él de cualquier cosa. Era muy ameno conversando, y yo no comprendía por qué no se relacionaba más. De esta forma recuperé un poco de serenidad. Port Angeles era una localidad costera, típicamente turística pero a mi modo de ver encantadora. Combinaba la belleza del mar y la montaña, aunque ahora en invierno eran pocos los turistas que se acercaban a ella. Cuando llegamos ya estaba anocheciendo. Edward aparcó el coche cerca del puerto, salió y me abrió la puerta. No estaba acostumbrada a esos detalles, y no sabía si quería habituarme. Al salir del vehículo me golpeó una brisa heladora que llegaba a nosotros procedente de las nevadas montañas. Edward me tomó de la mano, que por desgracia llevaba enguantada. Deseé sentir el tacto de su piel pero no podía quitarme los guantes. Era lo mejor si quería conservar los diez dedos. Paseamos a lo largo del puerto, hasta no pude evitar que me delatase el castañeteo de dientes. No era un sonido muy romántico que dijéramos. -Será mejor que entremos en algún lugar a cubierto, antes de que te pongas de color azul- bromeó él. Me llevó hacia una bonita cafetería con vistas al puerto. Dentro había una escasa clientela, pero suficiente como para que no llamáramos la atención. Elegimos una mesa al lado de la ventana. Me ayudó a quitarme el abrigo y me observó sin disimulo hasta que me obligó a apartar la vista. -Aún no te había dicho nada, pero estás realmente preciosa. Ese color… te favorece mucho.- Calor - Y deberías llevar el cabello suelto más veces.- Más calor - O mejor que no lo hagas. Entonces me costaría más esfuerzo quitarte los moscones de encima. No bastaría con decir que teníamos un trabajo pendiente. Puede que tuviera que partirle la cara a Mike Newton.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Gracias, pero espero que sea necesario - reí. Se acercó la camarera y pedimos un café, el mío doble. Esta vez no hizo ninguna broma al respecto. EPOV Página | 70 Todos mis buenos propósitos se estaban yendo al traste. Creía que a mi edad y con el trabajo que realizaba diariamente ya había alcanzado suficiente fuerza de voluntad, pero Bella… ella minaba mi control. Cuando me abrió la puerta y la vi, radiante a pesar de las tenues ojeras que enmarcaban sus expresivos ojos, me acometió la imperiosa necesidad de tomarla en brazos y llevármela a su habitación. Me refrené pero no pude evitar comportarme como un cazador jugando con su presa. O como un vampiro salido. Ella podía haber reaccionado mal y me habría arrepentido mil veces, pero por suerte para mí no se asustó. Después vino la prueba del coche, la peor. Su aroma me estaba enloqueciendo. Hubo momentos en los que asía el volante con tanta fuerza para controlar mis manos que temí romperlo. Y ahora la tenía delante de mí y continuamente tenía ganas de apartar de un manotazo la molesta mesa que nos separaba. Tenía ansia de su boca. Carlisle tenía razón. Quizá la estaba poniendo en peligro y egoístamente no quería reconocerlo. Jamás había sentido esa necesidad por nadie. Estuvimos charlando de todo, y riéndonos de anécdotas que nos habían acontecido. Ambos teníamos para dar y vender. La observé sorber su café con calma. Tenía envidia de la porcelana donde posaba sus labios. Bella de vez en cuando desviaba la vista hacia la ventana y se quedaba observando el oscuro mar, suspirando levemente. Sospechaba que la estaba incomodando y que lo hacía para apartar sus pupilas de las mías. Hacía mucho que yo no tenía una cita, y tampoco había salido jamás con una humana. Quizás ya estaba arrepentida de haber aceptado venir conmigo. -Discúlpame, Bella. -¿Perdona?- me miró sin comprender. -Me parece que te estoy incomodando. Lo siento, pero no puedo apartar los ojos de ti. ¿Quieres… que te lleve a casa? -No, no,- me contradijo firmemente, levemente azorada- no me molesta, bueno, es que no estoy acostumbrada a que me miren así. -Pues no lo comprendo – me sinceré, mientras la miraba de arriba abajo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Déjalo, Edward. Ahora ya debo estar del color de las cerezas- rió. -Sí, más o menos, pero tu tono de rojo es mucho más bonito- ella rió, pero de inmediato se puso seria. Página | 71 -¿Qué pasa? ¿He dicho algo?- la tomé de la mano. Era cálida y de tacto delicado. -Nada… Tu mano está un poco fría. ¿Te encuentras bien?- ya estábamos con la pregunta que esperaba. -Mi temperatura basal, es algo más baja de lo normal. Ya sabes, soy raro. También en eso. -Qué curioso ¿Va relacionado con tus intolerancias alimentarias? ¿Es un tema de metabolismo?- me observaba atenta. -Eeh… sí, más o menos- mentí descaradamente y me observó de hito en hito con suspicacia. -Creo que tienes razón. Se ha hecho un poco tarde y estoy cansada. ¿Me llevas a casa?- parpadeé ante el brusco cambio de tema. -Claro- dejé unas monedas en la mesa y la ayudé a ponerse el abrigo. Iba a preguntarle si quería cenar conmigo pero intuía que la respuesta sería una negativa. Me había perdido algo y no sabía qué. Hicimos la vuelta en silencio. Bella comentó que estaba cansada y puso la radio. Se había formado una arruguita en su ceño. No soltó una palabra más y pasó el viaje mirando todo el rato por la ventanilla, los ojos perdidos en la oscuridad de la noche. Ahora sí mataría por poder leerle la mente. Presentía que si le preguntaba de forma directa tampoco obtendría la verdad. -Ya hemos llegado. Te veo mañana en el hospital – dijo, y fue a abrir la manilla del coche. La detuve asiéndole la mano. No iba a permitir que se fuera así. Empezaba a estar angustiado y necesitaba saber qué estaba pasando. Se giró para protestar por mi acción y su cara indignada quedó a escasos centímetros de la mía. Entonces la tomé entre mis manos y la acerqué a mí, atrapando su boca. Chupé, mordisqueé y lamí sus labios tal y como estaba deseando hacer desde el momento en que la había visto. Con hambre. Esperé algún signo de oposición
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    Cambio De Destino DraBSwan por su parte pero no apareció ninguno. Gimió cuando introduje mi lengua y acaricié la suya, aferrándose a mi cuello para profundizar el beso. La alcé de su asiento y la coloqué a horcajadas sobre mí, echando el mío hacia atrás, cuidando de no dañarla con el volante. Nuestras bocas se exploraron, Página | 72 separándose de vez en cuando sólo el tiempo indispensable para que ella pudiera respirar entrecortadamente. Bella me acariciaba la nuca y respondía a mis besos con pasión, provocándome sensaciones que jamás antes había sentido. Acaricié la largura de su espalda con una mano, mientras el otro brazo la aprisionaba contra mi pecho. Ansiaba tocar su piel por debajo del jersey. Me separé de su boca y me dirigí a saborear otras partes de su rostro, pasando la lengua por su cuello hasta llegar al lóbulo de la oreja. Su piel sabía tan bien como prometía su aroma. Sus gemidos eran gasolina para el fuego que sentía dentro de mí y mi erección debía ser ya más que evidente para ella. Hasta que escuché un pensamiento. -Bella… creo que Angela nos ha visto- susurré entrecortadamente. -Dios… no- velozmente salió de encima de mí y volvió a su asiento, tapándose la cara con las manos y negando con la cabeza. -Bella… ¿qué sucede? -susurré, al tiempo que intenté retirar suavemente sus manos, pero no me dejó. De repente abrió la puerta del coche y salió disparada hasta su casa, sin mirar atrás. Capítulo 8
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    Cambio De Destino DraBSwan BPOV No sé cómo pude atinar a introducir la llave en la cerradura. Me temblaban las Página | 73 manos, al igual que el resto del cuerpo. Entré en casa como una exhalación sin mirar a Angela y subí corriendo hasta mi dormitorio, tumbándome en la cama en la oscuridad. Estaba muy alterada y aún no había racionalizado el porqué. Hice un esfuerzo intentando controlar el temblor que me recorría así como mi ritmo respiratorio. Pasó un largo rato hasta que pude conseguir que mi cuerpo comenzara a obedecer. No sabía cuánto tiempo más habría pasado cuando escuché unos golpecitos y la puerta se entreabrió. -¿Puedo? ¿O prefieres estar sola?- se oyó tras la puerta. Lo pensé unos segundos. -Puedes. Pero no abras la luz. La escuché entrar y noté cómo mi cama se hundía a la altura de los pies. Miré a Angela en la penumbra. Llevaba un tazón entre sus manos. -Valeriana, tila, melisa, y un buen chorro de whisky. Bueno, esto último es broma- dijo, tendiéndome el tazón. -Pues no me vendría mal. A lo mejor luego me tomo un trago. O mejor, media botella - me senté, sorbí un poco del cálido líquido y suspiré - Por favor, no bromees sobre lo que has visto. -¿Eres tonta? No, no es una pregunta. Eres tonta. Sólo he visto una pareja de enamorados demostrándose lo que sienten, Bella. Creo que sé cuándo puedo bromear con las cosas y cuándo no - me frotó el brazo con cariño y suspiré. ¿Enamorados? -No me esperaba… reaccionar así. Me he dejado llevar. -A veces está bien dejarse llevar, Bella. Permanecimos en silencio unos instantes, mientras me terminaba la cálida bebida. Intentaba poner orden en mi cabeza y mi corazón, pero en ambos había una fuerza de la naturaleza que había entrado a sacarlo de su perfecto equilibrio, y tenía nombre propio. Dejé el tazón en la mesita y me levanté.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Vamos al comedor. Necesito algo más fuerte. -¿Un poco de helado, quizás? Eso es lo que hacen en las películas cuando hay problemas sentimentales- comentó Ang siguiéndome-. Aunque no tenemos, pero te puedo traer nieve de fuera - bromeó intentando animarme. Página | 74 -¿Helado? Tú no estás bien de la azotea. Vamos a por ese whisky, necesito algo fuerte de verdad. Estábamos sentadas en el sofá con un vaso de escocés cada una, sin hielo. Angela me había obligado a cenar un bocadillo y no sirvieron para nada mis protestas. Decía que no podía beber con el estómago vacío, que me iba a dejar KO. Al final aunque no tenía apetito comí un poco, pues ella me amenazó de todas las maneras posibles hasta que se salió con la suya. Era peor que mi madre. -Y bien… explícame. Hice una respiración profunda y seguidamente le expliqué lo que había pasado en los últimos dos días entre Edward y yo, sin apenas pausa. Cuando terminé le di un sorbo a la bebida mientras ella me observaba, pensativa. -Imagino que Edward ahora debe estar flipando… -Seguro que sí. Puede que esté enfadado, puede que ya no quiera saber nada más de mi, que piense que estoy jugando con él, puede…- la interrumpí atropellándome con las palabras. -Puede, puede…- me cortó ella a mí, rodando los ojos y negando con la cabeza- Bells, abre el corazón y piensa un poco, a Edward le gustas. Eres la primera chica que conozco con la que se comporta así. No se va a echar atrás por un malentendido. Te apuesto lo que quieras. Otra cosa es lo que desees hacer tú. Porque me has explicado lo que ha pasado, pero no lo que sientes. -No… yo aún no sé bien lo que quiero- permanecimos en silencio durante unos minutos mientras intentaba poner en orden mis ideas y al fin proseguí - Angela, él puede hacer que yo no sea más yo… No sé decirlo mejor. Creo que puedo perder el control sobre mi misma. Y me inquieta, pero al mismo tiempo me atrae. De pronto en aquella cafetería pude sentir toda esa atracción y necesité salir de allí. - Suspiré por enésima vez- Antes pensaba que sólo era una cita con un amigo guapo que me gustaba, y que estaba empezando a enamorarme, pero esto… me es desconocido. Y me da miedo que alguien a quien apenas conozco
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    Cambio De Destino DraBSwan tenga ese poder sobre mí, y más aún alguien que creo que me oculta algo- de repente sentí humedad en mi cara y me descubrí llorando. Me sentí aliviada. -Creo que estás enamorada, Bells. Y no sé si Edward oculta algo, pero si él te importa quizá vale la pena intentar averiguarlo. Página | 75 -No puedo creer que esté sintiendo esto, Angela– limpié las lágrimas con un pañuelo que me tendió.- Y ya no puedo evitarlo. -¿Evitarlo? ¿Y cuál es el problema? Bella, ese hombre no ha descansado en toda la noche mientras te ayudaba en un trabajo que no tenía por qué hacer. Vale, eso podría ser por pura profesionalidad, compañerismo, yo qué sé, pero… chica, ¿te das cuenta de que ha pensado en poner unas cadenas en las ruedas de tu coche para que tú no tuvieras que preocuparte por ello? -Claro que me doy cuenta. Angela. Ya te lo he dicho, nunca me había sentido tan absorbida por alguien, y me da miedo... Como si fuera a hacer "puenting" o algo así. Y tengo otros planes para mi vida - tomé otro sorbo. El alcohol estaba empezando a hacer su efecto, embotando mi mente por momentos. Ang suspiró. -Bella… lo que necesitas ahora es dormir. Estás demasiado agotada como para pensar en nada. No te voy a decir lo deberías hacer. Eso lo sabes tú muy bien, sólo tienes que darte cuenta - comentó serena, mientras me tomaba la mano. Eso me hizo recordar el tacto de Edward. Su suave piel no era cálida, pero su tacto lo compensaba, era capaz de hacer arder cualquier parte de mi cuerpo que rozara. Volví a recordar sus besos y el calor invadió mis mejillas cuando rememoré el contacto de nuestros sexos a través de la ropa. Si Ángela no llega a vernos en ese momento… -Vale, no sé en qué estás pensando ahora pero déjalo ya- la voz de Angela me despertó del trance y me encontré acariciando su mano. La aparté como si me hubiera dado un calambre. -Lo siento- contesté sofocada, observando como mi amiga aguantaba la risa a duras penas- Vale, vale, tú ríete, envidiosa- continué, sacándole la lengua. -Sí, eso es totalmente cierto. Me muero de envidia, mmmm, seguro que Edward besa muy bien. ¡Chica, qué ganas de ver a Jake me han entrado desde hace un rato!- ahora sí se carcajeó a gusto.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Puedo asegurarte que besa mejor que muy bien-me sonrojé, aún me parecía sentir el sabor de su boca en la mía. -Pues espera a probar el resto, creo que tus dudas se disiparán rápidamente- replicó arqueando las cejas, con expresión pícara, tras lo cual salió corriendo Página | 76 rápido esquivando el cojín que le lancé. Aunque Angela había conseguido animarme un poco me costó dormirme. Y cuando lo conseguí fue un sueño inquieto el que me acogió, mezclado con periodos de desvelo durante los cuales mi mente iba de un lado al otro sin tomar una decisión. Porque mi corazón ya había decidido. ... -Menudas ojeras te gastas hoy, chica - comentó Jessica. -No he dormido bien- contesté lacónicamente. No tenía ganas de conversación. Había necesitado dosis extra de café para poder coger el coche con cierta seguridad y dirigirme al trabajo. Angela doblaba turno de nuevo y tenía que llevar su propio coche. En la sesión de la mañana, donde se comentaban los casos de los niños que habían ingresado en la guardia y la evolución de los que estaban hospitalizados, bostecé tantas veces que, aunque me tapaba para disimular, Emily me miró con algo de preocupación. Esa semana me tocaba pasar visita a los niños ingresados. Hoy pasaba junto a Jessica, que llevaba el "busca" del paritorio. Nuestra relación seguía siendo un poco tirante, pero nos tolerábamos la una a la otra con bastante cortesía. Uno de los recién ingresados era un niño de cuatro años llamado Daniel. Su madre había explicado en Urgencias que había observado que a veces el niño orinaba de color rojo, como con sangre, desde hacía un par de días. Esto se confirmó en los análisis de urgencias. Al tomarle la tensión arterial esta resultó estar elevada, por lo que Ben lo había ingresado al sospechar que se trataba de una inflamación del riñón llamada glomerulonefritis. Tras el saludo inicial Jessica se dedicó a hablar con la madre, tomando la historia clínica del pequeño, mientras yo le hacía una exploración física completa. Daniel era un niño de cabellos y ojos oscuros, simpático y abierto. Cuando terminé de explorarle ya nos habíamos hecho amigos. No hallé nada anormal.
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    Cambio De Destino DraBSwan -La analítica completa está normal. ¿No es extraño que la creatinina renal sea normal si es una glomerulonefritis? Puede que la causa de la hematuria sea otra - comentó Jessica ya en el despacho médico. -Sí, no es algo muy habitual-repuse.- A ver qué información nos dan la ecografía Página | 77 renal y la recogida de orina de 24 horas. De momento las tensiones siguen algo altas… aunque el niño tiene un aspecto estupendo. Lo más importante es descartar un tumor con la eco - comenté observando la gráfica y ocultando por enésima vez un bostezo. Terminamos de escribir las órdenes médicas de todos los niños ingresados y continuamos con la sala de neonatología. Allá hoy había poco trabajo, pero después del toque de atención que le di a Jessica el primer día no volvió a escaquearse más del trabajo cuando estaba conmigo. Acabamos pronto la tarea y fuimos al despacho médico para repasar bien todos los tipos de glomerulonefritis, ya que nuestro caso no parecía de los típicos. -Qué majo fue Edward el otro día, ¿eh? Me refiero a lo de ayudarte con el neonato aquel- comentó Jess como de pasada mientras buscábamos información médica actualizada en el ordenador del despacho. Ben estaba en el otro ordenador redactando informes de alta. Me pilló desprevenida. No habíamos vuelto a hablar de él desde el primer día. Mi cambio de coloración fue evidente, pero por suerte ella estaba con la vista fija en la pantalla. -Sí, sí lo fue- contesté secamente, evitando que me temblara la voz. Pero sólo conseguí que se girara para observarme la expresión. Seguí con la vista fija en los últimos artículos de la revista Pediatric nephrology. -No suele ser tan amable, más bien al contrario- insistió. Bruja. -No es eso lo que tengo entendido, sé que es arisco, pero es buen compañero y profesional- le defendí sin poder disimular. Tecleé para descargar un artículo que prometía. -Vale, lo que tú digas- repuso Jessica sin dejar de observarme.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Estoy con Bella, Edward no es un tío muy sociable y es rarito, pero siempre ha sido buen colega- intervino Ben mientras tecleaba en el otro ordenador. Gracias, Ben. No sólo por defender a Edward sino también por desviar la Página | 78 atención de la bruja. -Sí, raro sí lo es. Y poco sociable- repuso Jess mosqueada por no tener apoyo. En aquel momento sonó el teléfono y contesté yo. -Pediatría. -Hola, soy el doctor James Watson, quisiera hablar con la doctora Swan. -Soy yo, James. -Hola, Bella, me alegro de oírte. Quería darte buenas noticias, que espero te interesarán. El bebé que nos trasladasteis ayer está ya tomando lactancia materna y si sigue tan bien mañana lo pasaremos con su madre. No parece tener secuelas por falta de oxígeno. Ella también está bien, aunque un poco débil. -Me das una alegría muy grande, James. En serio. Gracias por preocuparte y llamar. -No me des las gracias. Vuelvo a decirte que lamento lo que pasó. Y recordarte que te estamos esperando con los brazos abiertos dentro de pocas semanas. Eres una buena profesional. -Eres muy amable, James. Pero tuve una buena ayuda- repuse, odiando a Jess por seguir observándome en vez de dedicarse a trabajar. -Bien. Además modesta. Volveré a llamaros cuando haya novedades. Saludos a Emily. Hice una respiración profunda al colgar. Recordé por un momento la airada reacción de mi padre cuando se había enterado del error que habían cometido en el Hospital Infantil. Charlie estuvo a punto de llamar a James para decirle cuatro palabras sobre la incompetencia de su secretaria y presionarle sobre su decisión de posponer hasta abril mi estancia en aquel centro. Fuimos mi madre y yo las que lo convencimos de que no sería una buena idea ni daría buena imagen de mí el que a mi edad mi padre interviniera en mis asuntos personales. Aunque ahora no me apetecía tanto ir al que tendría que haber sido mi destino
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    Cambio De Destino DraBSwan original. Seguí repasando la bibliografía al lado de Jessica, o más bien haciendo como que leía. Ella también eligió unos cuantos artículos, los importó y le dio a "imprimir". Ya teníamos trabajo para casa. Más tarde fuimos a Radiología para ver la ecografía que le habían practicado a Página | 79 nuestro paciente. Jess se había empeñado en ser mi sombra aquel día, y me acompañó. Yo deseaba con toda mi alma que hubiera un parto de trillizos para librarme de ella. Entramos en la sala de radiólogos, y nos dirigimos a hablar con la ecografista. Justo en aquel momento estaba redactando el informe. Jessica y ella se pusieron a comentar los resultados. El no haber dormido apenas en dos días me estaba pasando factura y mi mente empezó a divagar. Recordaba aquellas horas trabajando con Edward mano a mano, el beso en el helipuerto, su sonrisa en la cafetería de Port Angeles, el tacto de su mano, la mirada ardiente, el fuego de mi interior bajo su tacto, sus caricias y besos… -¡Bella!- exclamó la nasal voz de Jessica, retornándome a la realidad. La miré como si fuera una aparición. -¿Qué pasa?- contesté mal, mosqueada por la brusca interrupción. -Que te he repetido tres veces si venías y no ha habido respuesta, eso es lo que pasa. ¿Te has enterado de algo de lo que hemos hablado?- espetó alzando las cejas. -No. Ya te dije que no había dormido bien. Vamos- salí por la puerta del despacho sin esperarla. -Pues entonces te podías ir a casa- rezongó siguiéndome. Estuve a punto de mandarla a un sitio menos fino que freír espárragos pero me mordí la lengua y apreté los labios. ... -Te cambio unas patatas revenidas por un poco de arroz pasado- pidió Mónica. El comedor de personal estaba lleno, y para mí eso era un misterio tan insondable como los dibujos en el desierto de Nasca. Me habría comido un bocadillo como hacía casi cada día pero, dado que ahora me atraía el "puenting", podía atreverme con el menú del hospital.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No sé si el cambio es justo. Déjame probar una patata –respondí. -¿Justo? Si el mundo fuera justo no tendríamos que soportar esta comida- añadió Anne, con cara de estar bebiendo vinagre. Página | 80 -Chicas, os quejáis de todo. Es comida- repuso Julia, la enfermera supervisora de pediatría, metiéndose un trozo de hamburguesa medio carbonizada en la boca. -Ahora sólo hace falta que nos hables de la escasez de alimentos en la posguerra -comentó Angela, que hoy comía con nosotras. Inmediatamente recibió una mirada asesina de Julia. -Oye, muchacha, ya está bien de cachondeo, tengo 50 años, no 60 ni 70. No he vivido la posguerra. Pero es que la juventud os quejáis de todo. Si total apenas coméis, estáis todas de un delgado insano. Todas sonreímos. Nos encantaba hacer enfadar a Julia, porque sabíamos que no se lo tomaba a mal y pasábamos un buen rato. -Esta tarde tengo cinco histeroscopias, tendré que alimentarme bien -comentó Anne, ladeando la cabeza y levantando las hojas de lechuga de su ensalada una por una. -¿Se puede saber qué buscas? No hay gnomos por ahí abajo- la regañó Julia. -Gnomos no habrá, pero una vez encontré en la ensalada un gusano del mismo tamaño que el cerebro de Mike Newton –repuso Anne, muy seria. Me tapé la boca para que no se escuchara mi carcajada. -¿Desde cuando dejan traer microscopio al comedor? -añadió Mónica, sin tantos reparos. -Oye, que estoy aquí, ¿no me habéis visto?- protestó un ofendido Mike justo detrás de Anne. Estaba sentado en otra mesa con Paul y Jared, que estaban partiéndose de risa sin disimular. -Claro que sé que estás detrás-contestó Anne, tranquilamente, mirando hacia él -¿Prefieres que diga estas cosas sin estar tú presente? Tengo muchos defectos, pero no soy hipócrita… venga, no te enfades, sabes que es broma - contestó Anne. Era cierto, Anne tenía la lengua afilada y Mike era uno de sus objetivos favoritos, cosa que este aceptaba con más o menos resignación- Además, no es
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    Cambio De Destino DraBSwan correcto escuchar conversaciones ajenas, si tan aburridos estáis podéis sentaros con nosotras- y al decir esto miró directamente a Paul. No se hicieron de rogar. Se acercaron con las bandejas de comida y se sentaron a nuestro lado. Estuvimos charlando animadamente hasta que fue hora de Página | 81 volver al trabajo. El resto de la jornada pasó sin pena ni gloria, y yo no sabía nada de Edward. Pensaba que me lo encontraría por el hospital pero no fue así. ¿Por qué no había tenido el valor de ir yo a buscarlo? Al fin y al cabo ¿con qué idea se habría quedado él anoche? Le correspondí para luego rechazarlo sin explicación ninguna. Era una maldita tonta. Llegué a mi solitaria casa en un estado mezcla de agotamiento físico y emocional. Me tumbé en la cama, dándole vueltas a todo en la cabeza, hasta que me decidí a llamar a Edward. No podía dejar las cosas así. Lo intenté varias veces, pero no cogió la llamada. Suspiré. Eso no me daba buena espina. ¿Estaría enfadado? No creía que fuera eso, sería algo infantil, o rencoroso, y él no cuadraba con ninguna de esas definiciones. Quizás estaba en algún otro sitio y se había dejado el móvil. Cuando llegó Angela y me preguntó sobre el tema le dije que no tenía ganas de hablar. Cenamos en silencio, mirando la TV. Ella de vez en cuando me dirigía miradas de preocupación, a lo que yo forzaba una sonrisa para tranquilizarla… pero sabía que no lo lograba. Me marché a la cama en cuanto terminé, pues mi cuerpo ya no daba para más. Pasé otra mala noche, despertándome con frecuencia, hasta el punto que no sabía cuándo pensaba o cuándo soñaba. Al día siguiente, jueves, estaba aún más ojerosa si cabía. Esta vez mi jefa no ocultó su preocupación. -Bella, desde la guardia del lunes parece que no levantas cabeza. ¿Duermes bien? -Sí, Emily, tranquila- repuse sin desviar la vista de la gráfica de Daniel. Forcé un cambio de tema:- ¿Te has fijado?- señalé la gráfica- me refiero a las oscilaciones de tensión arterial que tiene Daniel. A veces está normal y otras alta. ¿Si fuera una glomerulonefritis no debería estar siempre alta? -Sí, es un caso poco frecuente. Y la analítica ha salido completamente normal, salvo lo que ya sabíamos, que hay pequeñas cantidades de sangre en la orina - comentó observando atentamente las líneas. Objetivo conseguido.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Cómo eran los glóbulos rojos? -Estaban sin fragmentar, no es típico. Habrá que pensar en otras posibilidades diagnósticas. - Yo asentí, pensativa. Página | 82 No había conseguido engañar a Emily y me mandó a hacer burocracia en vez de tomar la historia clínica de los niños ingresados. Odiaba el trabajo burocrático, pero era una labor que por fuerza ocupaba gran parte de mi labor profesional. Lo peor ahora era que estar sentada frente a la pantalla no me ayudaba nada. Mientras tecleaba mi cabeza se escapaba una y otra vez, unas veces recordando la cita con Edward, otras ideando teorías que explicaran por qué aún no sabía nada de él, por qué no había respondido a mi llamada, y las demás insultándome a mi misma por darle tanta importancia a cosas que no la debían tener. -Bella, ¿puedo interrumpirte un momento?- sonó una voz masculina a mi espalda. Era Paul. Me giré y asentí con la cabeza, extrañada de ver a un anestesista perdido por la sala de pediatría. No lo había oído entrar, concentrada como estaba en mis cavilaciones y mis informes. Se acercó y tomó una silla, colocándose a mi lado. -Tú dirás. -Hemos quedado unos cuantos para salir el viernes por la noche. Algo tranquilo, sin movernos de Forks. Hay un pub que no está mal. ¿Te apetece venir? -No lo sé. Hace días que no descanso mucho- dije, poniendo cara de circunstancias. -No hace falta que lo jures, se te nota. Oye, anímate, también vendrá Angela, se lo acabo de preguntar. Jake viene este fin de semana y se apunta. Y Anne, Jessica, Monica, Jared… Mike no, aún está flojo por la gripe y tiene guardia el sábado. Eso debería haberme acabado de convencer. Pero seguía sin ánimos. Decidí confiarme a Paul. -¿Y Edward?- musité, intentando parecer indiferente. Su expresión se volvió cautelosa.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Edward no viene. Bella…-hizo una breve pausa y tomó aire- hace tiempo pidió una estancia de cirugía torácica en el Hospital Northwest de Seattle y se la concedieron hace dos semanas. Tiene muchas cosas que preparar antes de irse. Intenté aguantar las ganas de llorar que me habían entrado de repente, pero no Página | 83 pude evitar que mis ojos brillaran más de lo normal. Aparté bruscamente la mirada hacia la pantalla del ordenador. -Gracias, no lo sabía. Ya te diré - me sentía incapaz de decir nada más con sentido. Paul se quedó unos breves instantes a mi lado, seguramente sopesando qué hacer o decir. Luego se levantó y se marchó. -Te esperamos mañana, Bella. Capítulo 9 BPOV Esperé hasta que Paul se fue y salí precipitadamente del despacho. Me metí en el primer aseo que encontré y, tras poner el cerrojo, lloré hasta que me tranquilicé. Me sentía deprimida pero más serena, aunque ahora mi cara era todo un poema. A mis ojeras se les añadía una hinchazón de párpados que asustaba. Mojé mi cara con agua fría y salí en busca de mi jefa. La encontré en su despacho inclinada sobre un montón de papeles que había sobre la mesa. -Emily, creo que me iría bien irme a casa- levantó la cara y al verme su expresión fue una mezcla de asombro y preocupación, que inmediatamente disimuló.
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    Cambio De Destino DraBSwan -De acuerdo, Bella. Vete a casa, no tienes buen aspecto. Y mañana no quiero verte aquí si no has descansado. -Pero… Página | 84 -Descansa. Medita. Escucha música. Come chocolate. Ve a pasear por el bosque… lo que sea que te haga sentir bien. Quiero que te recuperes. -Gracias, Emily... Hasta mañana. En cuanto llegué a casa me fui directa a mi dormitorio, y me quedé dormida llorando. Desperté a las pocas horas. Sólo eran las cinco de la tarde pero ya estaba oscuro, odiaba el invierno por eso. Miré por la ventana y tuve una gran sorpresa: el cielo estaba estrellado y había luna llena. Decidí que necesitaba salir, daría un paseo en coche. Me abrigué bien y me dirigí hacia mi vehículo. Aún no le había quitado las cadenas, pues la nieve invadía la calzada en muchos tramos de la carretera. Una sola mirada a aquellas cadenas bastó para empañar mis ojos de nuevo. Me los sequé pasándome una mano por la cara con rabia y encendí el motor. Era una imprudencia conducir a esas horas y con tanto frío, pero me daba igual. Sin pensarlo dos veces me dirigí hacia la playa de la reserva. La recordaba hermosa y tranquila, y sentía que necesitaba ver el mar, que siempre ha ejercido un efecto calmante en mí. El camino a la playa de la reserva fue dificultoso, lo cual agradecí porque tuve que estar concentrada en la carretera y en nada más. Cuando salí del vehículo el viento helado me golpeó la poca piel que dejaba al descubierto, clavándome finas agujas. Me dirigí hacia el océano caminando sobre la espesa capa de nieve que ocultaba como un manto la arena de la playa. Encontré una roca cercana al agua, la cual lamía serenamente la arena a su alcance. Me senté, observando el mar. Respiré profundamente, llenando mis pulmones con el helado aire perfumado con el aroma del océano. Sólo entonces me permití liberar mis pensamientos. La turbulencia de mis emociones se estaba calmando y me permitía pensar con más claridad. ¿Por qué no sabía nada de él? ¿Por qué se iba sin decirme nada? ¿Huía o simplemente era un plan premeditado? ¿Era su objetivo un simple polvo y luego largarse, y me había visto demasiado complicada? ¿Era esa la verdadera cara de Edward Cullen? ¿Se había ofendido por mi reacción? Entonces, ¿por qué no me dejaba explicarme? Demasiadas preguntas. Pero cavilara lo que cavilara, estaba clara una cosa: él no quería saber nada de mí. Cuando tuve esta revelación la ira sustituyó a la tristeza, y me sentí mejor.
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    Cambio De Destino DraBSwan Empecé a tiritar y miré el reloj. Llevaba una hora larga sentada en la roca, y me levanté de mi asiento sintiéndome como una abuela artrítica. Podía entrar en hipotermia si no empezaba a moverme ya. Me dirigí hacia el coche. Loca Bella. Acostumbrada a un clima templado despreciaba con imprudencia los peligros Página | 85 del frío. ¿Y si el coche no arrancaba? Ni siquiera había cogido el móvil. Me metí en el coche, temblando ya no sólo de frío, e intenté encender el motor. Suspiré de alivio al comprobar que funcionaba sin problemas. Pero mi buena suerte no duró mucho. A unos tres kilómetros de Forks mi coche hizo un ruido extraño y se paró. Aproveché la inercia para apartarlo de la calzada y allá me quedé. Idiota. Tres kilómetros con el mal estado de los caminos y en plena noche iban a ser una muy dura prueba. Ahora me habría dado de bofetadas, pero por más hecha polvo que estuviera tenía sentido práctico y sabía que no serviría de nada. Si me quedaba quieta podía volver a enfriarme, así que me puse la ropa de abrigo, abrí la puerta del coche y me lancé al frío de la noche. En el momento en que cerré la puerta del vehículo las luces de otro coche que venía en dirección contraria me deslumbraron. Hice gestos para que parara, esperando que no fuera un asesino en serie. EPOV No sabía qué había pasado en el coche con Bella. Lo único que se me ocurrió fue volver a casa, conduciendo como un autómata. Durante horas estuve sentado sin mover ni una sola pestaña, dándole vueltas a los hechos. En ese tiempo estuve tentado mil y una veces de volver a la casa y leer el pensamiento de Angela para intentar comprender qué pasaba por la mente de Bella, pero sólo de pensarlo me remordía la conciencia. Maldita caballerosidad. Mi corazón no deseaba violar su intimidad, si ella no se sinceraba conmigo yo no debía jugar sucio con ella, pero la mente me incitaba a dejarme de miramientos. Lo mejor sería hablar con Bella, si ella quería hacerlo, claro. Era de madrugada cuando recibí la llamada. -Buenos días, hijo. -Hola, papá. -¿Papá? Casi nunca me llamas así. ¿Pasa algo, Edward? Sé que sólo lo haces cuando estás agobiado… ¿es Bella? -Acertaste.
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    Cambio De Destino DraBSwan Le resumí los últimos acontecimientos. Me sentó bien hablar con él, aún así seguía confuso. -¿Por qué crees que ella reaccionó así? ¿Crees que la asusté? No he salido nunca con humanas y ahora me planteo si hice algo mal –pregunté Página | 86 ansiosamente. -Edward, no creo que la asustaras. Me parece más que se asustó. -Sigue- eso me hacía sentir algo mejor, pero seguía sin saber a qué se refería. -Quiero decir que creo que ella también está confusa por lo que siente, como tú. Quizá deberíais haber ido los dos un poco más… pausados. -Eso pretendía. Pero algo se encendió entre los dos- suspiré. -De eso quería hablarte, hijo. He estado investigando y no te creas que es tarea fácil, no hay tratados oficiales sobre nosotros y nuestra psicología – no bromeaba, así era Carlisle, científico hasta la médula- y hay algo que debes saber. -Cuéntame, pero diría por tu tono que no me va a gustar- repuse secamente. -Bien… he leído sobre algunos casos, viejas leyendas,- comentó ignorando mi tono- donde el olor personal de un humano atraía de forma especialmente intensa a uno de nuestra especie. Cuando el vampiro no sigue nuestra "dieta especial" el final nunca es feliz. Sabes que en nuestra especie el deseo físico y la sed se entremezclan a veces de forma que no sabes dónde empieza uno y dónde termina el otro. Según esas leyendas, la atracción que ejerce la víctima sobre el vampiro acaba en breve espacio de tiempo con la víctima desangrada - explicó en tono docente y cauto a la vez. -¿Y qué sucede cuando el vampiro es como nosotros y no bebe sangre humana?-pregunté anhelante. -No hay bibliografía al respecto. -Papá, por lo que más quieras, deja de hablar como si estuvieras en un congreso. Soy yo, Edward. Aparta la profesionalidad por un instante - respondí cabreado.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Lo siento, hijo. Tienes razón.- esta vez el tono de voz fue el habitual de Carlisle, cálido y sereno- Lo que me preocupa es eso. No sabemos qué esperar. Somos vampiros raros y no hay mucho escrito sobre nosotros. Pero la atracción sobre la que he leído es ta intensa que los vampiros no han podido evitar Página | 87 morder al oler "esa" sangre, aunque fuera una sola gota. ¿Cómo es tu atracción por Bella? -No sé. Es una mezcla de sentimientos. Siento necesidad, deseo, preocupación… -¿Y sed?- me interrumpió Carlisle. -¿Sed? Carlisle, sabes que siempre hay sed cuando hablamos de relaciones con humanos. Ella no es diferente. Pero puedo contenerme, como con todos. -No lo sabrás hasta que no huelas su sangre, y entonces quizá, sólo quizá, sea demasiado tarde, y tu naturaleza vampírica someta a tu voluntad. Sólo piénsalo, hijo - casi susurraba pero no tuve problemas para oírle. -No. No. Me niego a pensar en esa posibilidad, yo jamás le haría daño - gruñí colgando el teléfono. Después de eso seguí pensando durante horas, aunque sólo necesité unos minutos para tomar una decisión. BPOV -¿Has tenido alguna avería? No es una noche muy agradable para ir paseando por ahí. ¿Estás bien? El conductor del otro coche era un hombre de menos de 40 años, rubio y atractivo. No tenía cara de asesino en serie, al contrario, se le veía preocupado por mí y tenía esas facciones que te hacían confiar en una persona sin problemas, pero yo había visto suficientes películas de terror como para saber que eso no quería decir nada. Su acompañante, que permanecía de pie al lado de su coche, era una mujer joven, que me miraba con preocupación también. Eso me tranquilizó, los psicópatas no solían ir acompañados de mujeres. Yo debía parecerles una loca. -Bueno, sí, he tenido una avería- respondí sintiéndome muy tonta por habérmela jugado de esa manera.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Me permites que le eche un vistazo?- concedí y él se puso a la labor. -Es problema del anticongelante. Se ve que no eres de por aquí- comentó sonriente mirándome desde debajo del capó de mi auto. Era muy atractivo. Página | 88 -No, cierto - le sonreí yo también sin poderlo evitar. -Esto no se va a poder solucionar aquí, ¿vives en Forks?- asentí y prosiguió- Te llevamos al pueblo. Cuando llegues a casa podrás llamar al seguro del coche y que te manden una grúa para llevarlo al taller – era como haberme encontrado con mi padre. Me daba los consejos tan bien que no podía enfadarme aunque fueran obvios para cualquiera con sentido común. Claro que debía pensar que yo no tenía de eso, y no le culpaba. Me acerqué a su coche. Sería la primera vez en mi vida que subiría a un Mercedes tan lujoso. La mujer me tendió una mano enguantada. -Soy Esme. Encantada de conocerte… -hizo una pausa esperando que yo correspondiera. -Bella. Encantada.- y le tendí la mano. A pesar de que con la luz lunar no se veía muy bien me pareció que daba un respingo al oír mi nombre y que su expresión cambiaba por un fugaz segundo. -Has tenido suerte de encontrarte con nosotros, hija. ¿Seguro que estás bien? – comentó al tiempo que me abría la puerta de atrás. Comprendía que se refería a "bien" psicológicamente. Ciertamente ahora no me parecía nada racional lo que había hecho, y esa mujer, que debía tener como mucho diez años más que yo, me hacía sentir como una niña absurda. Y tenía razón, por desgracia. -Sí, sí – respondí. Esme me miró con ternura, como si intuyera lo que me pasaba. Era extraño. El conductor se presentó como Carlisle. Curiosos nombres. En aquel coche se iba muy cómoda. Con tanta comodidad, el calor que sentía y la amabilidad de esa pareja me sentía tan relajada que empezaron a cerrárseme los ojos. Intentar dar conversación era superior a mí. Esme me observaba por el retrovisor, y se dio cuenta. -Tranquila, Bella. Descansa.
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    Cambio De Destino DraBSwan Dejé que mi cuerpo se relajara pero haciendo esfuerzos sobrehumanos para no dormirme. Si echaba tan sólo una cabezada me encontraría peor al despertar. En breve estuvimos enfrente de casa. Carlisle salió y antes de que pudiera evitarlo se lanzó a abrirme la puerta. Me dio un vuelco el corazón. Ese gesto Página | 89 caballeroso y poco habitual me había recordado a alguien en quien prefería no pensar. -Deja que te acompañe hasta la puerta, quiero asegurarme de que llegas - dijo amable pero firmemente. Tuve claro que discutir era inútil. Me despedí de Esme y anduvimos en dirección a la casa. En aquel momento se abrió la puerta y Angela salió corriendo hacia nosotros. -¡Bella! ¡Estaba preocupada! ¿Sabes qué hora es? ¿Estás bien?- exclamó sin pausa para respirar, con el desasosiego reflejado en su rostro. Acto seguido miró a mi acompañante.- Doctor Cullen, ¿qué ha pasado? La sorpresa fue tan grande que estuve a punto de caer al suelo. Me quedé mirando a mi acompañante con la mandíbula despegada. No podía creer que fuera el padre de Edward. Cuando él me dijo que lo adoptó su tío me esperaba… alguien mucho mayor. Y menos atractivo. Y su madre bien podía pasar por la hermana mayor de Edward. Carlisle correspondía a mi observación con una expresión de preocupación. La sorpresa me impedía articular palabra, ni siquiera algo de cortesía. Entonces intervino Angela. -Muchas gracias por la ayuda, doctor Cullen. Ya me explicará Bella- dijo al tiempo que con un gesto de la cabeza dirigió un educado saludo a la mujer que esperaba en el Mercedes. Me tomó del brazo y literalmente me arrastró hacia el interior de la casa. Angela me metió en la cama tras ayudarme a ponerme el pijama. Y esa noche sufrí pesadillas donde Edward aparecía con la cara de su padre y se negaba a rescatarme de morir congelada en un desierto de nieve. Me desperté cerca del amanecer con la certeza de que no me volvería a dormir. Decidí que era la última noche que pasaba en vela. Mi trabajo se resentiría de ello, y no podía permitirlo. Además no quería preocupar a nadie con mi espectral aspecto. El domingo tenía guardia, así que esta noche tomaría un sedante. Lo necesitaba.
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    Cambio De Destino DraBSwan Fui dándole vueltas a los acontecimientos del día anterior. Me había sentado bien ir a pensar cerca del mar, como siempre, pero había sido una locura. Mi raciocinio estaba bajo mínimos. Podía haberme pasado algo si los padres de Edward no me hubieran encontrado. ¿Qué habrán pensado de mí? Y, bien Página | 90 pensado, ¿qué me importaba lo que pensaran? Debía olvidar a ese hombre. Sólo habíamos compartido un beso un día y un "medio revolcón" al día siguiente. Eso debió ser para él, si me atenía a los hechos. Me sentía engañada por haber llegado a pensar que le importaba, por haber creído unas palabras que los hechos estaban desmintiendo sin piedad, y me sentía estúpida por haber dejado que un hombre me rompiera el corazón en unos pocos días. La ira volvió a hacer aparición. Me levanté, me regalé una reconfortante ducha y me dirigí a preparar un reparador desayuno. Mientras tomaba café contemplé el amanecer. En aquel momento Angela bajaba por las escaleras. La miré sorprendida, pues ella trabajaba de tardes y debería estar aún durmiendo. Comprendí de inmediato el motivo de ello: estaba inquieta por mí. Otra razón para dejar de languidecer por el donjuán cirujano. Estaba preocupando a gente a quien de veras importaba. -Buenos días- saludó Angela mientras escudriñaba mi expresión. Se sentó ante mí en silencio. -Lo siento- suspiré- siento comportarme de forma tan estúpida. He decidido que voy a pasar de todo. No quiero hablar de él, ¿de acuerdo? No me ha contestado las llamadas y se va a marchar del hospital sin despedirse. No merece que piense en él ni un segundo más. Siento haberte preocupado. -Olvídalo. Pero… no comprendo nada- la expresión de mi amiga era de total confusión.- Jamás hubiera creído que Edward se comportara así. Es muy extraño. -Déjalo ya – corté. - Cambiando de tema, me dijo Paul que ibais a salir esta noche. No le contesté, pero creo que iré. -¿Así… sales y te tomas unas cervezas con nosotros? – repuso sonriente. -Sí ¿Se lo dirás tú a Paul? No quiero ponerme a buscarlo por el hospital, y no tengo su teléfono. Angela asintió. Estuvimos intercambiando cotilleos, criticando a Jessica y alegrándonos de que Mike no viniera a la salida de la noche. Me fui animando
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    Cambio De Destino DraBSwan poco a poco. Me apetecía volver a ver a Jake y reírme con Anne y Mónica, y sabía que Angela se sentía muy bien por ello. Ese viernes fue muy tranquilo y pude estar un ratito en la habitación de Daniel; lo entretuve haciendo marionetas con unos pequeños peluches que tenía en su Página | 91 cama, provocando sus risas. Escucharlas me hizo olvidar lo mal que me sentía por dentro. El niño estaba muy feliz porque le había dicho que se iba a ir a su casa y me estuvo explicando que quería volver al colegio porque tenía novia y la echaba de menos. Le di el informe de alta a la madre y lo cité a la consulta externa de pediatría. Cuando iba a salir de la habitación me llamó. -Dotora Bella. -¿Sí?- volví a acercarme a él. -También puedo ser tu novio. Te cuidaré. Me aguanté las ganas de llorar y me dio un tierno abrazo antes de marcharme, apretándome suavemente entre sus bracitos. Me había tomado cariño a pesar de los pocos días que nos habíamos visto, y era mutuo. Pero estaba bien y era absurdo que siguiera ingresado. Tanto su función renal como la tensión arterial se habían normalizado. Que algo no estuviera claro en su caso no justificaba mantenerlo ingresado, muchas veces la evolución a largo plazo solucionaba las incertidumbres. Le di cita para la semana siguiente en la consulta externa. Por la noche Jake nos vino a buscar con su coche. La dulzura en su mirada cuando saludó a Angela era más que obvia. Y a mi amiga le brillaron tanto los ojos al verle que pensé que bien podría iluminar el camino sin necesidad de faros en el coche. Aunque no me apetecía mucho hacerlo, Angela consiguió que me arreglara, y Jake nos dirigió un expresivo silbido a ambas. El pub estaba casi vacío, pero la compañía era grata y no nos hacía falta nadie más. Éramos Anne, Paul, Monica, Jared, Jessica, Angela y yo. Noté que Jess quería dar conversación a Jake, pero este la ignoraba de tal forma que daba vergüenza ajena observarla. Sólo tenía ojos para Angela. Como yo era la "nueva" todos se dedicaron a contarme anécdotas. Paul explicaba que había tenido problemas en una rotación que hizo en otro hospital.
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    Cambio De Destino DraBSwan -En nuestro hospital tenemos suerte de tener habitación individual, aunque sea en las consultas. En la Mayo Clinic de Minneapolis los residentes sólo tienen una gran habitación de descanso con varias camas. -Sí, es lo normal, lo raro es lo que pasa en Forks. ¿Cuál es el problema?-dije. Página | 92 -Soy sonámbulo. Durante la fase REM del sueño me muevo, camino, hablo, aunque no cada noche. Ya tiene miga que un anestesista tenga problemas de sueño, ¿no?- rió. -Jamás había conocido ningún adulto con ese trastorno, creía que era algo pediátrico-me asombré. -Pues ya ves, eso le decían a mis padres, y aún sigo con ello… Una vez casi me hinchan un ojo. Un compañero se despertó y me pilló de pie al lado de su camastro mirándolo, no sé qué pensaría él pero nada bueno, porque se lo tomó fatal. Le tuve que enseñar el informe que me hizo el neurofisiólogo para que dejara de mirarme mal - comentó mientras todos reíamos. Después Jared y Paul comenzaron a explicar chistes de médicos, algunos de ellos bastante subidos de tono, pero como ya llevábamos más de un par de cervezas nos reímos muchísimo. Nadie nombró al cirujano donjuán durante la noche y lo pasé fenomenal, pero me fui antes que todos a pesar de la protesta de los demás. Debía descansar, y me encontraba tan bien que sabía que esa noche lo lograría sin pastillas. Dejé a Jake y Angela bastante acaramelados. Aquella noche dormí sin sueños. Me desperté bien entrada la mañana del sábado, cerca del mediodía. Observé mi cara en el espejo del baño: por fin parecía humana, y no una pariente cercana de los zombis. Me cepillé el pelo, me lavé la cara y fui a echarle un vistazo a la habitación de Angela. Ella seguía durmiendo como un tronco. Bajé hacia la cocina, y prepararé un suculento desayuno con tortitas, al más puro estilo americano. Y con café bien cargado. El día era nuboso, para no variar. De nuevo me sentía equilibrada. No esperaba que sonara el timbre de la puerta y salté a abrir sin mirar, a pesar de que no iba muy presentable. No quería que despertaran a Angela. Me di cuenta de mi error demasiado tarde. Mierda. No había observado por la mirilla. -Buenos días, Bella.- Edward Cullen estaba plantado ante mi puerta, observándome de arriba abajo. Sus bellos ojos lucían unas tenues ojeras. Vestía
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    Cambio De Destino DraBSwan una camisa azul oscuro y vaqueros gastados, y al verlo así habría pensado que era un día de primavera si no fuera por la nieve que cubría nuestro pequeño jardín. Página | 93
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    Cambio De Destino DraBSwan Capítulo 10 Página | 94 Sentí un dolor agudo en el pecho. Mi ira no había conseguido rebajar la atracción que sentía por él, era como si la gravedad me arrastrara hacia su cuerpo con casi tanta fuerza como me unía al suelo que pisaba. Durante un segundo deseé llevar algo más sexy que mi sencillo pijama de algodón, y al segundo siguiente me enfadé conmigo misma por pensar eso. Por fin reaccioné y me encaré con quien debía hacerlo. -¿Qué haces aquí?- espeté, a punto de cerrarle la puerta en las narices. -Mis padres me explicaron lo que pasó la otra noche. Venía para saber cómo estabas - repuso con cara de preocupación. ¿Preocupación? Desde cuándo te importo, Edward Cullen? Odiaba los estragos que su sedosa voz y sus hipnóticos ojos causaban en mí y en mi recién recuperado equilibrio. -Bien- le contesté fríamente- si es por eso ya te puedes ir.- Estaba siendo descortés, pero él no se merecía más. Sin embargo su expresión siguió inmutable. -No es sólo eso. Quisiera que me concedieras unos minutos de tu tiempo- murmuró. -No veo por qué- corté. -Bella… por favor… - Joder. Si me lo pedía así y con esa expresión suplicante no podía negarme, no podía, aunque por dentro me estaba llamando estúpida cien veces. Suspiré y le franqueé el paso en silencio. Decidida a seguir comportándome como una borde caminé sin decirle nada hacia la cocina, mientras él me seguía. -Espero no haber interrumpido tu desayuno- comentó al reparar en la mesa.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Ya había acabado. Voy a fregar los platos, y lo que sea que me tengas que decir me lo puedes soltar mientras lo hago - así no tendría que mirarle a los ojos mientras me decía que iba a acabar con algo que no debía haber empezado. Recogí la mesa. Él se quedó de pie apoyado contra la pared opuesta al Página | 95 fregadero, con los brazos cruzados sobre el pecho, mirándome. Aparté la vista de su cuerpo perfecto y felino, de sus sensuales labios… ¡Bella, contrólate! Me esforcé en recordar los motivos de mi enfado y así conseguí calmar las emociones que me estaban dividiendo. Me puse a la labor con los platos de la cena. -Di lo que tengas que decir y lárgate- gruñí. Me ponía nerviosa tenerlo tan cerca de mí y quería que se fuera. -Bella, no quiero que pienses que he estado jugando contigo. Todo que dije, lo que hice, salió de mi corazón. Me voy porque… porque creo que es lo mejor para ti- monté en cólera al oírle. -No necesitabas venir para decirme eso, y venir a insultar mi inteligencia. ¿Lo pasaste bien tomándome el pelo? Lástima que no me pudiste echar un polvo, ¿no? La verdad, me encontraría mejor si no hubieras vuelto a aparecer. Si lo que querías era que me sintiera mejor la has jodido. -Ya lo estoy viendo. Pero no sé cómo actuar contigo. No quería que estuvieras dolida conmigo, y tampoco que te sintieras mal pensando en si habías hecho algo para que yo me comportase de una forma tan... impresentable. También deseaba decirte que podemos ser sólo amigos - ¿su voz sonaba atormentada? A este hombre podían darle el óscar al mejor actor. -Jamás había escuchado una sarta semejante de tonterías saliendo de la boca de un hombre, y mira que las he oído grandes – dije furiosa y entre dientes, pues Angela aún seguía durmiendo. Estaba realmente colérica y me desconcentré de lo que estaba haciendo. Limpiaba unas tijeras de cocina con el estropajo cuando este se me resbaló de las manos y las tijeras acabaron provocando un largo y profundo corte en la palma de mi mano derecha. De mi boca se escapó un agudo grito de dolor, mientras la sangre goteaba en abundancia hasta el fregadero, mezclándose con el agua que salía del grifo.
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    Cambio De Destino DraBSwan Lo siguiente que sucedió fue muy rápido. Edward apareció a mi lado como de la nada. Alcé la cara para mirarlo con los ojos muy abiertos por la sorpresa y quedé paralizada. Nunca había visto esa expresión en su perfecto rostro. En su mirada centelleaba algo... animal. Una pequeña señal de alarma se encendió en Página | 96 mi interior, pero la ignoré. Estaba absolutamente fascinada. Me tomó la mano herida, la alzó delicadamente, e hizo lo último que yo hubiera imaginado. Se llevó mi sangrante palma a la boca y la lamió. Sentí su lengua acariciando mi herida, apaciguando el dolor hasta hacerlo desaparecer. Cerró los párpados, su hermoso rostro transformado por una sensual expresión de placer. Mientras sentía sus labios sobre mi herida y su lengua lamiéndola una deliciosa corriente irradió desde mi mano a mi bajo vientre, y gemí. No podía creer lo que Edward estaba haciendo pero al mismo tiempo no quería que parara. Continuó lamiendo, besando, con lentitud infinita, los párpados cerrados con expresión de abandono absoluto. Sin darme cuenta el placer que sentía explotó dentro de mí y sentí humedad entre las piernas, que amenazaban con dejar de soportar mi peso. Él clavó sus ojos en los míos, su mirada oscura y brillante de deseo. Un suave gruñido se escapó del fondo de su pecho y me encontré sentada en la encimera de la cocina, aferrándome a sus cabellos y rodeándole las caderas con mis piernas, completamente adherida a él. Me lamió los labios como instantes antes había hecho con mi herida. Entreabrí la boca y sentí el sabor metálico de mi sangre junto a la caricia de su lengua, que invadió mi boca regalándome sensaciones que jamás antes había sentido con un beso. Sellé mis labios contra los suyos y profundicé el contacto, rendida. Le escuché gemir desde la lejanía del pozo donde me sentía caer. ¿O era yo la que gemía? No había barreras, ni miedos. Ya no pensaba, sólo me dejaba llevar. Bajé las manos y las metí bajo su camisa, ansiosa por sentir su tacto. Mis yemas se deleitaron en la suave piel de su abdomen, cuya musculatura palpaba dura como la piedra. Él me imitó sin abandonar mi boca, y sus dedos se deslizaron bajo mi pijama ascendiendo por mi cintura, dejando una estela ardiente en cada poro de piel que rozaban. Me acarició la espalda y se desplazó con lentitud enloquecedora hacia mi abdomen, deslizándose suavemente hacia mis pechos. Ahogué un jadeo en su boca apenas los rozó, y un fuerte gemido cuando las yemas de sus dedos acariciaron mis pezones. De pronto abandonó mi boca para acercarse a mi oído. -Viene Angela- susurró. Seguidamente estábamos de pie en la cocina, con la ropa en su sitio, mientras él observaba mi mano herida, que ya no sangraba, con gesto profesional.
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    Cambio De Destino DraBSwan ¿Qué ha pasado? Intenté detener mis jadeos y componer una cara del tipo "oh, me acabo de hacer daño, qué torpe soy", aunque sabía que no engañaría a mi observadora amiga. Estaba segura de que el rubor de mi cara y el brillo de mis ojos me delataban. Página | 97 -Es una herida limpia, sólo necesita unos pocos puntos de sutura- dijo Edward muy serio en cuanto Angela entró en la cocina. Estaba claro por la expresión que lucía mi compañera que lo que menos esperaba era esa escena. No sé qué cara hubiera puesto de haber visto la que se había desarrollado momentos antes. La sorpresa cambió a preocupación cuando se acercó y vio el feo corte. -¿Qué ha pasado?- nos miró interrogante. Abrí la boca para intentar decir algo pero aún era incapaz de hablar. -Se cortó con las tijeras de cocina… no necesitan un afilado, eso está claro- dijo Edward. Ang me estudiaba la expresión clavándome sus oscuros ojos. Se la veía confusa. -Hay que suturar esto. La palma de la mano es muy delicada y hay que cuidar de que la cicatriz no haga retracción. Tengo un equipo de cirugía menor en el coche – al oír esto miré a Edward, incrédula. - ¿Qué pasa? Unas cuantas veces me ha ido muy bien para atender a accidentados en la carretera- explicó. -Preferiría que me cosieran en el hospital- negué con la cabeza. Ya habíamos tenido suficiente contacto por hoy. Y por unos cuantos años. -De acuerdo. Mike Newton estará encantado de hacerlo. ¿Te llevo en mi coche?- Edward alzó las cejas con cara de angelito. Lo miré con ira. Realmente merecía un óscar. Yo sabía que por dentro cantaba victoria pero se guardó mucho de demostrarlo. Entretanto Angela observaba nuestra conversación como el que mira un partido de tenis y al final intervino en nombre del sentido común. -Bella, Edward es experto en suturas subdérmicas. Creo que lo mejor sería que él te curase. Esa herida no pinta bien. Exhalé con gran ruido, como el que da su brazo a torcer por la fuerza de los elementos, y asentí. Edward salió a buscar el equipo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Quédate conmigo. No quiero estar a solas con él –imploré en un susurro, como si Edward pudiera oírme desde fuera de la casa. -No. Necesitáis hablar. No sé qué ha pasado aquí, pero seguro que no ha habido una buena conversación- me observó de arriba abajo, suspicaz. Página | 98 -No nos ha dado tiempo, ¡llegó al poco de herirme! Y además no quiero hablar con él. -Mientes fatal, amiga. - cabeceó Ang- Y no. Tienes que hablar con él. Edward. Sólo pensar en lo que acababa de pasar me quemaba la piel. Y ahora mi traidora amiga nos quería dejar a solas. -Podéis ir al comedor, está bien iluminado. Yo me quedaré en la cocina, desayunando tranquilamente. Supongo que no necesitarás ayuda, ¿no? - dijo Angela en cuanto él entró por la puerta. Edward negó con una sonrisa y ella se metió en la cocina y cerró la puerta, para fastidio mío. Observé cómo él, que se había lavado las manos, preparaba todo el ritual necesario para darme puntos. Se colocó unos guantes y cargó la anestesia en la jeringa. Yo no podía pensar en nada, estaba como en shock. Y él ahí estaba, aparentando serenidad. Pero me había demostrado que sabía fingir demasiado bien. -¿No me pones antiséptico?- no era un tema de conversación apasionante, pero me había llamado la atención. -No te preocupes, no se te infectará- murmuró, y comenzó a suturarme la herida. Sus ágiles dedos se movían con tanta destreza con la aguja y las pinzas como anteriormente se habían movido sobre mi piel. Me quedé absorta en su trabajo. -Tu amiga quiere que hablemos- dijo con suavidad. Aparté los ojos de mi herida y me di cuenta de que me estaba observando mientras trabajaba. Volví la mirada hacia sus manos luchando por no ceder a la hipnosis y negué con la cabeza. -Pero yo no quiero hablar, ¿para qué? No sirve de nada, si te vas a marchar - musité. Te ibas a marchar sin decirme nada.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No me iré. Es decir, no si tú no me lo pides. -¿Ahora no te vas? ¿Y por qué te iba a pedir que te marcharas?-lo miré de nuevo, confusa. Ahora sí que no entendía nada de nada. Página | 99 -Bella, ¿no has notado nada extraño en lo que ha pasado antes?- respondió alzando una ceja. Vale, volvía el turno de sonrojarme. -Sí. -Y no… ¿no sientes temor? -me estudiaba atentamente la expresión, mientras daba otro punto a mi herida. Rebusqué en mi interior. Sólo podía recordar la pequeña alarma que había sentido cuando vi su expresión, una alerta que había ignorado sin esfuerzo. Edward era más extraño de lo que hubiera imaginado y mi mente racional reconocía que debería estar como mínimo inquieta, pero mi corazón y mi instinto confiaban en él. -¿Debería sentir temor? Dímelo tú- ahora era mi turno. -No, ahora estoy seguro de que jamás te haría daño -repuso tajante. -Pero antes lo creías –susurré, pensativa. ¿Por qué temía hacerme daño? Lo que me haría daño sería dejar de verle. Él me dirigió una dolorida mirada y asintió. -Entonces si tú ya no tienes tu razón para marcharte yo no te pediré que lo hagas. -Quizá lo hagas cuando sepas más de mí- me acabó de colocar el vendaje y tomó mis manos entre las suyas, clavándome una mirada intensa. -¿Qué he de saber? ¿Eres un criminal? -No. -¿Pues qué? -Bella… antes de decidir debes conocerme un poco mejor, pero por hoy basta de descubrimientos; será mejor que me marche - me soltó las manos con suavidad y se levantó. Le seguí de forma automática.- ¿Cenas conmigo el lunes?
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    Cambio De Destino DraBSwan O el martes si estás demasiado cansada de la guardia de mañana- dijo desde la puerta. -El lunes está bien- aseguré. Página | 100 Me dedicó una sonrisa que para no variar me hizo temblar las piernas e, inclinándose, rozó apenas mis labios con los suyos. Involuntariamente inspiré su aroma con fuerza. -Despídeme de Angela. Esta salió de la cocina en cuanto oyó la puerta cerrarse. -Parece que ha ido bien-sonrió al verme la cara. Capítulo 11 BPOV Ángela se marchó a pasar el sábado con Jake. Yo tenía trabajo que hacer y me negué a acompañarles a pesar de su insistencia. Aunque si no hubiera tenido tareas me las habría inventado, su relación estaba dando un paso adelante y no pensaba entorpecerla. Y a mí me vendría muy bien algo de tiempo para pensar. Aparté la vista de la pantalla después de haber leído el mismo párrafo diez veces y no haberme enterado de nada. Definitivamente, el Pediatric Nephrology debía irse a tomar viento. Sólo tenía a Edward en la cabeza. Fui a prepararme un café. Estaba en la cocina, e involuntariamente vívidas imágenes de lo sucedido por la mañana me llenaron la mente. Todo era extraño. Recordé sus palabras. Él dijo que se marcharía sólo si le pedía que lo hiciera. ¿Qué había pasado para que cambiara de idea? Me había lamido la sangre de la herida. No, definitivamente eso no era normal. Nos habíamos besado. Esto sí era más normal, y no era la primera vez que pasaba. Intenté
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    Cambio De Destino DraBSwan pensar con lógica. Edward había probado mi sangre y no se marchaba porque entonces ya no creía ser peligroso para mí. ¿Por qué hizo aquello y por qué fue todo tan… erótico? Me sonrojé sólo de recordarlo. Lo peor era que él se había dado cuenta, lo vi en su expresión. Fue entonces cuando me arrastró a la Página | 101 encimera y me besó. El café subió con un ruido borboteante. Me lo serví y me senté a la mesa de la cocina. Pensaba. Me venían a la cabeza ideas locas, personajes como Hannibal Lecter. Sólo eran pensamientos absurdos, yo le creía cuando decía que no era un criminal, pero mi imaginación podía más. Había más cosas extrañas en él, como lo veloz que parecía moverse a veces, pero eso podía ser una falsa percepción mía, me turbaba tanto su cercanía que mis sentidos parecían funcionar peor. La sangre. Eso era lo más raro de todo. Ahí debía estar la clave. De pronto una idea se encendió en mi cerebro: nunca había visto comer a Edward, como mucho tomar un sorbo de café el día que salimos. ¿Sangre? ¿Un cirujano al que le gusta beber sangre? Solté una carcajada medio histérica. Me iba a volver loca. ¿Cómo podía pensar en esas cosas? Seguí sorbiendo el café. Quizás Edward tenía alguna enfermedad del metabolismo que yo no conocía. Eso debía ser. Me dirigí al ordenador. Absurdamente miré a mi espalda antes de teclear en la web de la Librería Nacional de Medicina. Me sentía ridícula con lo que estaba haciendo, pero usar la lógica científica era la única forma que veía de plantearme la cuestión si no quería que peligrara mi salud mental. Crucé los términos "sangre" y "alimentación" en mi búsqueda. La mayoría de artículos que resultaron eran para veterinarios. Otros hablaban de picaduras de artrópodos, pero ninguno de gente que se alimentara de sangre. Por lo menos tampoco había ningún artículo de revista psiquiátrica sobre locos que bebían sangre de sus parejas, ya era un punto positivo. Y yo quería ser positiva. Empezaba a estar muy turbada. Miré la hora… las cuatro de la tarde, quedaban un par de horas antes de que Angela volviera. No podía quedarme así hasta el lunes. Tenía que hablar con él. Tenía que preguntarle, no sabía cómo, pero encontraría la manera. Al fin y al cabo él me había dicho que me explicaría más cosas… que quizá no me iban a gustar. ¿No me gustaría si supiera que bebía
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    Cambio De Destino DraBSwan sangre? No me resultaba una idea agradable, pero… de dónde sacaba esa sangre era lo importante. Dios, estaba hecha un lío. Me detuve un instante antes de darle al botón de llamada ¿Confiaba en él? No era racional hacer lo que iba a hacer, pero ya había admitido que Edward se Página | 102 había bebido todo mi sentido común. Y contra toda lógica sí, confiaba en él. -¿Bella? ¿Estás bien?-sonó precavido. -No. Sí. No, quiero decir que estoy bien pero si no hablo contigo ahora voy a enloquecer. Si es que no me falta ya un tornillo. -¿No quieres esperar hasta el lunes? Sería lo mejor. -Creo que no. A menos que quieras que pase la noche en vela y mañana cometa un error médico del cual te haré responsable, por la falta de sueño- amenacé. Él rió. Cómo me gustaba escuchar ese sonido. -Vale, pequeña manipuladora. ¿Y quién te dice a ti que después de hablar conmigo podrás dormir? – repuso. Tocada. -No lo sé, pero te aseguro que en la situación actual no dormiré- insistí. -Bien…- pareció dudar un instante- No quiero ese cargo sobre mi conciencia. ¿Te paso a buscar ahora? -Te espero. Me puse lo primero que encontré, unos pantalones muy viejos y un jersey grueso bastante feo, que guardaba solamente porque era cálido. De calzado, unas gruesas botas de montaña. No quería parecer demasiado interesada en arreglarme, sólo íbamos a hablar, no quería que lo que sentía por él me arrastrara como solía suceder últimamente. Intenté estar poco o nada "sexy". Pero me dejé el cabello suelto… claro, era por el frío. Suspiré ante el espejo. ¿A quién quería engañar? Sabía que a él le gustaba más así. Mis propósitos fueron absolutamente inútiles, tal como comprobé al abrir la puerta. Me observó de arriba abajo admirativo, como si llevara puesta carísima ropa de firma en vez de un jersey anti-ligue.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Eres preciosa. Aunque te empeñaras más aún en no estar guapa jamás lo conseguirías – me dijo, burlón. Me sonrojé. -No me he empeñado en nada, es mi ropa de más abrigo y te agradecería que lo respetaras - mentí a medias mientras me ponía el anorak que colgaba al lado Página | 103 de la puerta. -Claro, claro- se rió, tendiéndome la mano- ¿damos un paseo por el bosque? O lo que quieras. A lo mejor prefieres que haya gente a nuestro alrededor- comentó como indiferente, pero atento a mis reacciones. -¿Por… por qué iba a preferir eso?-farfullé, perdida en su mirada. -Hum, no sé… ¿no te parezco un tanto extraño? ¿No tienes instinto de supervivencia, Bella Swan? ¿No te enseñó tu madre a no fiarte de los tíos raritos como yo? -Eres raro hasta decir basta, Edward. Pero confío en ti, y no me preguntes por qué – respondí, cabreada por su alusión a mi falta de sentido común. Aunque, por otra parte, estaba de acuerdo con él. Le tomé la mano y salimos, cruzando la carretera y adentrándonos en el bosque. La tierra estaba todavía cubierta de nieve en algunas zonas, en otras la hierba estaba húmeda. El olor mezcla de tierra y vegetación mojada se mezclaba con el aroma del hombre que caminaba a mi lado, deleitándome. Me tuve que poner los guantes, porque tenía las manos heladas. Edward también, pero no parecía importarle. Caminábamos en silencio. Yo solía estar incómoda con ese tipo de situaciones a menos que tuviera mucha confianza con la otra persona. Pero con él podía limitarme a andar, respirar, disfrutar de su mano sujetando la mía, sin decir nada en absoluto. Era extraño. Estuve cavilando cómo empezar con lo que quería decirle y que no pensara que estaba loca. Él aguardaba a que yo tomara la palabra. -Edward… ¿por qué has hecho lo de antes?- fui directa, ya que no se me ocurría cómo hacerlo de otra forma. -¿Besarte? Es obvio, ¿no? -lo miré enfadada. Me estaba tomando el pelo otra vez. -Sabes a lo que me refiero- repuse, seria. Suspiró.
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    Cambio De Destino DraBSwan -De acuerdo- tomó aire con fuerza.- Ha sido el olor de tu sangre. Me ha trastornado- lo miré mientras caminábamos. Él miraba al frente. Pasó un largo rato hasta que prosiguió - Bella, yo no puedo alimentarme como tú… mi metabolismo sólo procesa la sangre- dijo. Página | 104 Así que yo no andaba desencaminada. -¿De dónde la sacas? ¿Del ... banco de sangre del hospital? - no podía admitir otra posibilidad. -¿Qué! ¿Cómo puedes pensar que haría eso? ¡Robarles la sangre a los pacientes! ¡Con lo que escasea! -se le veía tan indignado porque yo hubiera sido capaz de pensar eso de él que no pude evitarlo y me dio un ataque de risa. Él me miró como si temiera por mi salud mental. -Perdona. Es la conversación más absurda de toda mi vida- expliqué entrecortadamente. No podía parar de reír. Yo también empezaba a dudar de mi sano juicio, porque en el fondo no dejaba de encontrar un tanto divertida la situación. -Tienes un sentido del humor un tanto peculiar, Swan - frunció el ceño. -Lo siento. Ya está. Ya me calmo. Son sólo… nervios. Entonces, ¿de dónde sacas la sangre? -Bella, te he hablado de sangre, pero en ningún momento he dicho que sea sangre humana. Cazo. Animales- concretó. De pronto sentí un tremendo alivio ante lo obvio, tan enorme que casi creía que me iba a estallar el pecho. -Animales…- repetí, pensativa.- ¿Hueles la sangre? – de pronto paró y se puso frente a mí, alzándome el mentón. -La huelo. Normalmente no tengo problema, ni siquiera en el trabajo. Pero el olor de la tuya… me hace perder el control- observé un leve atisbo de la expresión animal que había mostrado por la mañana. -Lo normal al escuchar eso sería salir corriendo, pero no sé cómo tus palabras me producen el efecto contrario. Tengo un problema contigo - murmuré sin apenas voz. Esa mirada, su presencia, me atraían, me embrujaban. -Sí, está claro que tienes un grave problema- se inclinó sobre mí, las manos sobre mi rostro. Sentía su aliento embriagador acariciándome, encendiéndome
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    Cambio De Destino DraBSwan - Hueles demasiado bien. Y sabes aún mejor. Podría volverme adicto a ti- sus labios estaban demasiado cerca. Hice acopio de la poca voluntad que conservaba, puse las manos en su pecho y me separé de él una distancia prudencial. Página | 105 -Edward. Hablemos. -Perdona ¿tenías más preguntas?-sonrió. -Ahora no recuerdo- él rió y me atrajo hacia sí, abrazándome. -Yo sí tengo preguntas- murmuró cerca de mi oído- ¿Siempre reaccionas así cuando te lamen las heridas?- dijo con voz sensual. Me ruboricé hasta la raíz del cabello. -No lo sé porque es la primera vez que me lo hacen. Dímelo tú -contraataqué- ¿Es normal que las chicas reaccionen así cuando haces eso?- me miró serio sin soltar su abrazo. -No lo sé, también era mi primera vez. Ya te he dicho que nunca antes me había descontrolado. -¿Nunca habías probado la sangre humana? - pregunté con un hilo de voz. Empezaba a inquietarme cada vez más el rumbo de la conversación. -Sí, sí lo hice, hace muchísimo tiempo- suspiró y me observó atentamente la cara- Bella, ¿no te preguntas cómo se llama mi trastorno?- me separó de él sin soltarme completamente pero sentí frío, percibiendo el vacío entre los dos. Negué con la cabeza. Aún estaba procesando lo que acababa de decirme - ¿No lo quieres saber?- repetí el gesto. No quería saberlo. No ahora. Él tenía razón, bastaba de descubrimientos por hoy.- ¿Volvemos a tu casa?- Afirmé con la cabeza. No tenía nada que decir, mi mente estaba en blanco. Volvimos para casa cogidos de la mano y en silencio. Yo continuaba incapaz de pensar. Sólo se repetían sus palabras en mi mente como un eco, como si mi cerebro estuviera vacío. -¿Quieres que mañana te lleve al trabajo?-preguntó con inseguridad. -¿Eh?- definitivamente mi mente ya estaba dañada, o no contestaba o me salían monosílabos.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Bella, tienes el coche en el taller, supongo- abrí mucho los ojos. ¡Era cierto! Ni siquiera lo había pensado. -Si no te importa madrugar un domingo…-paré cuando me miró como un padre que pilla a su hijo cometiendo una falta. Página | 106 -¿Prefieres que te lleve Angela, o ir a pie? Bella, no te preocupes por mi sueño. -De acuerdo… ¿mañana a las 7.30 aquí?- habíamos llegado a la puerta de casa. Él asintió. Nos quedamos mirando; sus ojos tenían un fondo de tristeza y duda. -Hasta mañana, pues- me apretó la mano y se giró para marcharse. -Edward - me acerqué a él, me puse de puntillas aferrada a su cuello y le besé los labios desplazándome por ellos con suavidad, lenta y tiernamente. Sonrió contra mi boca. -Gracias por confiar en mí - apoyó su frente contra la mía durante unos instantes y se despidió. Cuando llegó Angela yo continuaba siendo un manojo de nervios. Intentaba calmarme preparando una cena que no sabía si iba a poder probar, mientras ella me explicaba el día tan maravilloso que había pasado con Jake, y que se habían besado. Me alegré mucho por la noticia. ¡Por fin! Se la veía resplandeciente. Habían quedado para verse mañana. -Bueno, ahora tú. Por cierto – me observó de arriba abajo- ese jersey y esos pantalones están diciendo "hay unas estupendas rebajas de moda en Port Angeles y mejores aún en Seattle".- Yo me miré la ropa y luego a ella. -Pasa de mí. Es calentito. Y no tengo nada que contar- zanjé mientras vigilaba atentamente las hamburguesas de la plancha. -Os habéis besado. Habéis hablado. Y no hay nada de contar. Vale - repuso burlona. -No… Espera ¿cómo sabes que nos hemos besado? -Bueno. A ti se te lee en la cara como un libro abierto. Edward disimula muy bien, pero de cintura para abajo… no - estalló en risas mientras mi rostro se encendía en llamas.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¡ANGELA! Eres… -volví a voltear las hamburguesas-. Vale, esta mañana nos hemos besado, pero ahora no tengo ganas de hablar del tema, es… complicado- si se me ocurría soltarle a mi amiga lo que me había dicho Edward pensaría que era una broma de mal gusto o peor. Página | 107 Decidimos cenar viendo una película. Fui repasando las que teníamos encajadas en el mueble del comedor. "El silencio de los corderos" o "Drácula de Bram Stoker" no eran buenas opciones. Mejor "Full Monty", al menos nos reiríamos un rato. Me acosté pronto, pero tuve la precaución de tomarme un ansiolítico. No me gustaba hacerlo pero mañana trabajaba las 24 horas y sabía que de no tomarlo no dormiría. Cuando fui a poner el despertador en el móvil vi que había un mensaje de Edward. Con el corazón acelerado lo leí. "Buenas noches, Bella. Espero que puedas descansar. Anhelo que llegue mañana para volver a verte, pero si tú no deseas verme más sólo dímelo y desapareceré de tu vida. E." Sin pensarlo un instante contesté. Mi ya escasa prudencia desaparecía por completo con este mensaje. "Yo también deseo volver a verte, rarito Cullen. No me sacarás de tu vida tan fácil. Buenas noches. B." La respuesta no se hizo esperar. "Tú ya estás en mi vida, temeraria Swan. Hasta que lo decidas. Buenas noches E." Sonreí con su respuesta y cerré la luz. Inmediatamente me dormí. Fue una noche sin sueños. EPOV Cuando acabé de hablar, Carlisle se levantó y se quedó mirando por la ventana, las manos en los bolsillos. Esme seguía sentada a mi lado frente a la chimenea,
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    Cambio De Destino DraBSwan pensativa. Les había contado a ambos el incidente de la mañana con la sangre de Bella, así como nuestra pequeña conversación. -Es una chica extraña. Por lo que dices no sólo no se asustó con tu reacción sino que cuando le hablaste de tu "dieta especial" no salió huyendo – Página | 108 continuaba desconcertado. Por respeto a nuestra intimidad no le había explicado a Carlisle que Bella no sólo no se había asustado sino que había disfrutado sensualmente de mi reacción. Sólo de recordarlo se despertaba mi propia lujuria. -No. Y creo que puedo confiar en ella. -¿Estás seguro? ¿Vas a explicárselo todo?- se giró y me observó con reparo. -Sí… bueno, todo de golpe no. Sería demasiado. Es lista. Le diré lo más importante, y lo demás lo deducirá ella. -¿Has pensado a lo que te expones? -A volver a empezar en otro sitio. Sólo eso ¿crees que alguien la creería si repitiera lo que escuche de mi boca? Pero no dirá nada. Ella, Carlisle, es distinta. -Me tiene realmente sorprendido lo que sientes por ella, y más aún que ella te corresponda a pesar de lo que ya sabe de ti. Pero no olvides que te arriesgas a más cosas, Edward. Te estás enamorando, si es que no lo estás ya. Pero ella es humana, su existencia… -Ya lo sé - corté-. Pero me he hartado de pensar. Y no voy a decidir por ella. Que sea ella la que elija si me quiere o no en su vida, y de qué forma.- Miré a Esme y me sonrió, maternal. Luego hubo un breve cruce de miradas entre ellos dos y Carlisle pareció más convencido. -Hijo, creo que ya has sopesado todas las posibilidades. No sé cómo saldrá esto, pero está bien que sigas adelante si crees que debe ser así, y respeto tu decisión - dijo ella. Carlisle se limitó a asentir, con la duda aún escrita en los ojos. -Gracias por vuestro apoyo. Lo necesitaba- les sonreí.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 109 Capítulo 12 BPOV A aquella hora aún había oscuridad, pero en el silencio de la madrugada escuché el motor del coche cuando llegó, puntual. Tomé el abrigo y salí. El aire
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    Cambio De Destino DraBSwan frío de primera hora de la mañana era estimulante... aunque no tanto como el hombre que me estaba esperando. Me observaba de pie, apoyando la barbilla sobre las manos, que tenía cruzadas sobre el techo del coche. Página | 110 -Buenos días, temeraria - sonrió y se dirigió al lado del copiloto, abriéndome la puerta- ¿Cómo has dormido? -Muy bien, rarito - reí acercándome a él. Tenía pensado no acercarme demasiado, subir al coche, charlar tranquilamente. No contaba con el imán, esa invisible fuerza que había entre él y yo que me arrastraba sin poderlo evitar. Bastó un leve roce al pasar por su lado, su mano con la mía. No se quién empezó, pero al segundo siguiente su boca y la mía estaban fundidas en una sola, nuestras lenguas moviéndose la una junto a la otra, acariciándose dulce, lentamente. Me abrazó por la cintura, acercándome más a él, y yo me colgué de su cuello como si me fuera la vida en ello. Sentía fuego en las venas, un calor que me abrasaba y que sólo él con la frescura de su piel podía calmar… -Bella…-pidió hablando contra mis labios- sepárate de mí. Yo… no puedo. Llegarás tarde. Joder. Tenía razón… y qué manera de comenzar el día. Hice una respiración profunda y puse mis manos sobre su pecho, haciendo lo que me había pedido. Sin mirarle para evitar nuevas tentaciones entré en el coche. Puso el coche en marcha. Mientras, yo intentaba normalizar mi respiración. -No te quites el abrigo ¿Te importa que abra las ventanas?- dijo mientras encendía el motor. ¿Las ventanas? ¿A cero grados? Me sentí confusa y sin pensarlo me cogí un mechón de cabello y lo olí. Olía a fresia, mi champú favorito. -Bella, hueles muy bien... demasiado bien -explicó él al reparar en mi gesto. -¿Tan fuerte es para ti?- inquirí, comprendiendo. -Ni te lo imaginas. Estar a tu lado es un continuo ejercicio de fuerza de voluntad.
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    Cambio De Destino DraBSwan Quedé pensativa, mientras Edward maniobraba para tomar la carretera hacia el hospital. -¿Voluntad? ¿Para hacer o evitar qué? -me observó con atención y le correspondí - Edward, te creo cuando dices que no me harías daño. Pero Página | 111 quiero saber más. -Tienes derecho a saberlo. Tu aroma, Bella, me provoca una mezcla intensa de deseos. Cuidarte. Protegerte. Deseo físico, de tu cuerpo, y… de tu sangre -dijo bajando tanto la voz que a duras penas lo pude oír. Sentí un escalofrío, pero no supe distinguir si era por la temperatura o por lo que acababa de escuchar. Me concentré en borrar la última palabra de mi mente y centrarme en el resto. El resto estaba bien. -¿Y hay alguno de esos impulsos que sea más fuerte?-inquirí intentando aparentar indiferencia. Como si fuera a engañar a alguien. Podía escuchar mis propios latidos retumbando como un tambor. Aguardé un segundo, tensa, esperando su respuesta. -Bella… sólo piensa en el único momento en que he perdido el control. Y ¿sabes? No me arrepiento. Ni de eso, ni de lo que vino después. Porque comprobé que tienes razón. Jamás -intensificó la palabra al pronunciarla-te haría daño. Mi inconsciente me gritaba una palabra, pero no lo escuché. No hoy, no ahora. Analicé mi estado físico y su tono de voz y decidí que era mejor terminar con el tema, de momento. El resto del corto viaje hasta el hospital permanecimos en silencio. Una vocecilla dentro de mí me decía que tenía que dejar esta extraña historia, pero no me fue difícil acallarla. Yo misma no me reconocía, pero no temía a Edward. Me daba igual que se alimentara de sangre de animal. Me daba igual que su olfato fuera tan fino como el de un animal salvaje. Me daba igual todo lo que no fuera perderme en esos ojos siempre que pudiera. Punto. Estaba amaneciendo, y comenzaba a llover un poco. Me esperaba un día pesado y tendría que concentrarme en el trabajo. -Te dejaré lejos de la puerta de entrada. Supongo que no querrás que te vean bajar de mi coche-murmuró rompiendo el silencio. -Edward, si es por eso ya no me importa. No quiero ir escondiéndome. E imagino que tú tampoco.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Estás completamente segura?- giró la cabeza para mirarme y asentí con convicción. Él sonrió, sorprendido- ¿Estás preparada para el intenso acoso de los paparazzi? -repetí el gesto- Entonces, ya que lo hacemos, hagámoslo bien- su tono de voz sonó travieso. Página | 112 Edward aparcó en el parking exterior. Salimos del coche y me tomó de la cintura. Caminando rápidamente bajo la fina lluvia nos dirigimos al vestíbulo del edificio. De camino nos encontramos con el personal que iba llegando para comenzar la guardia. Si ya noté varios pares de ojos clavados en nosotros la tarde que me tomé un café con él, la sensación ahora se multiplicó. Ya no eran sólo miradas, algunos pasaban por nuestro lado y giraban la cabeza para seguirnos con la vista. -No podría ser estrella de cine jamás. Esto es bastante… incómodo. Por cierto, ¿qué haces, me vas a acompañar a los vestuarios? -Por supuesto - contestó con una sonrisa pícara. Algo tramaba. Después de un recorrido digno de alfombra roja, donde Edward fue saludando a todo el mundo y yo no sabía dónde mirar, llegamos al pasillo de los vestuarios. Me entretuvo conversando unos minutos hasta que ya no hubo nadie por el pasillo. -Vale, nos separamos aquí, ya, ahora, o llegaré tarde. ¿No pretenderás acompañarme hasta dentro del vestuario femenino? -No… aunque por falta de ganas no es; sólo voy a zanjar un asunto- me alzó la barbilla y depositó un tierno beso en mis labios, demorándose unos segundos sobre ellos, acariciándolos con los suyos. Volví a inspirar con anhelo para quedarme su aroma en un gesto que ya era casi inevitable cada vez que lo tenía cerca de mí. Escuché unos pasos cerca y automáticamente me separé de él. -Buenos días, Mike- saludó Edward con mucha cortesía. La cara de Mike Newton era un poema. -Buenos días- dije yo también. Mike masculló algo ininteligible y siguió caminando en dirección a la salida. Miré a Edward con el ceño fruncido y apoyé un dedo acusador sobre su pecho.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No sé cómo lo has hecho para saber cuándo salía del vestuario pero esto lo has estado tramando hace rato- él a duras penas se aguantaba la risa.- Edward Cullen, ahora tengo prisa, pero ya hablaremos mañana- le regañé. Me puse de puntillas, le di un beso rápido en la mejilla y entré disparada a Página | 113 cambiarme. Cuando salí ya no estaba. Fui corriendo por el pasillo y las escaleras, y no paré hasta llegar a la planta de pediatría. Mónica me esperaba con el busca en la mano y mirada de reprobación. Me disculpé por llegar un poco tarde, sabía lo mal que se pasaba cuando el compañero que entraba de guardia se retrasaba aunque fuera un minuto… cada segundo con todo el cansancio acumulado se hacía más y más pesado. La mañana fue cansadísima por la cantidad de trabajo. Debido a la bajada de temperaturas los casos de gripe e infecciones respiratorias diversas habían aumentado y Urgencias estaba colapsado de pacientes de todas las edades. Eran casi las tres de la tarde cuando pude ir al comedor, ingerir el sucedáneo de comida en quince minutos y volver al trabajo. Hoy tenía la gran suerte de estar de guardia con Emily, que bajaba a echarme una mano cuando la planta y los paritorios le permitían. El día también se había complicado para ella. Casi sin darme cuenta llegó la medianoche. En aquel momento la afluencia de enfermos se había calmado y pude sentarme a descansar y tomar un café. Hasta ese momento apenas había pensado en nada que no fueran fiebres y toses, y no me había dado cuenta de las miradas de soslayo que me dirigía el personal de urgencias. Ahora sí. En la salita estaban Jared, Thomas, que era el residente de cirugía, Lauren, la de medicina interna, y Susan, una enfermera. Estaban charlando animadamente pero callaron en cuanto hice mi aparición. Les ignoré y me serví el café. Fue Lauren la que habló. -No sabíamos que salías con Cullen- dijo con descaro. Nos caímos mal desde el primer día que nos vimos, así que estuve tentada de mandarla a la mierda, sabiendo que era tan envidiosa como Jess, de la que era muy amiga. Sin embargo, decidí que si intentaba ocultarlo sería peor. -Sí. Hace poco tiempo- sorbí mi café.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Vaya, es duro para una relación reciente que se marche uno de los dos a trabajar en otra ciudad... eso podría poner a prueba cualquier relación - dijo con voz de pito. Era peor que Jess. Lo cierto es que no sabía qué iba a hacer Edward. Recordé Página | 114 que mañana debía presentarse en Seattle pero habíamos quedado para cenar. Él había dejado claro que sólo se iría si yo se lo pedía, y yo no había hecho eso… aún. -Supongo- era la respuesta menos comprometedora ante la duda. Ante mi silencio Jared pasó a un tema distinto y nadie me planteó más preguntas que, por otra parte, no habría contestado. Le agradecí el cable con la mirada. -Bella, hay un niño con fiebre- me comunicó Karen, la otra enfermera de Urgencias. Estaba agotada pero me acabé el café y me dirigí al box de pediatría. Luego me tomaría otro. Cerca de la madrugada subí a la planta. En Urgencias no quedaban niños, y quería ver cómo estaba Emily para partirnos el resto de la noche. Me la encontré sentada sola en el cuarto de las enfermeras, con cara de agotamiento. -Bella, acabo de sentarme… ahora te iba a llamar. ¿Te parece bien trabajar el primer turno hasta las cinco y media? Aunque si estás muy cansada puedes quedarte el primer turno de descanso. -Qué dices, estás tú peor que yo. -Bueno, es cierto que no me he aburrido… me han llamado para cinco partos y una cesárea, parece que se han puesto de acuerdo todas las embarazadas del lugar. No sé si será la fase de la Luna. Luego están los cuatro ingresos que hemos hecho. Y el resto de la planta estaba fatal, algunos con fiebres altas, otros respirando mal, y las madres agobiadísimas. Ahora se han calmado todos, por fin. -A veces creo que lo peor de la especialidad es lidiar con la angustia de los padres- comenté, pensativa.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Lo comprenderás mejor si alguna vez eres madre. Yo con mi primera hija me transformé en una madre histérica, -dijo carcajeándose- menos mal que James conservaba la calma, porque yo habría venido al hospital cada semana.- Debí poner cara de incomprensión total porque añadió- James Watson es mi ex Página | 115 esposo. ¿Nadie te lo había dicho hasta ahora? ¡No me lo puedo creer!- rió. -No… -Sí, nuestra separación fue una de las comidillas de este pequeño hospital. Tras el divorcio él marchó a Seattle y consiguió la jefatura en el Hospital Infantil. Unos dijeron que se marchó porque aquí yo le hacía sombra, y a esos les supo mal que siguiéramos siendo amigos. Dolió, aunque no debería importarme la opinión de esa gente. Ahora te toca a ti… no te preocupes, todo pasa.- Puse cara de sorpresa y prosiguió- Bella, llevaba sólo un par de minutos con el uniforme puesto y ya me había enterado de que estás saliendo con Edward Cullen- explicó. -Vaya… sí, parece que salimos juntos -no sabía qué más decir. A Emily no le gustaba mezclar la vida laboral con la personal, y eso estaba bien en una jefa, pero quizá influenciada por el cansancio y la noche me estaba haciendo confidencias. -Una de las peores cosas de los chismorreos es cuando los provoca la envidia. Y Edward es el soltero más deseado del hospital. Ni siquiera su fama de poco sociable le ha librado del acoso. Muchas no sólo lo buscan por el atractivo, sino por posición social, dinero… debes ignorar lo que oigas - asentí. Emily estaba muy habladora, me gustaba - Y bien, ¿cuándo te marchas a Seattle? Me dijiste en abril, pero necesito planificarme. -No lo sé… Emily, dame un par de días y te lo confirmo. ¿Y si me marchara el tercer trimestre, o no… lo hiciera? -Piénsalo bien, Bella. Me gusta tenerte aquí pero la estancia en el Infantil te dará mucha nota en el currículo. Podrás publicar en revistas de prestigio. Más opciones de trabajo en grandes hospitales, aquí o en tu país. Además, ¿Edward no se va a Seattle también? Podréis estar juntos. -Sí, lo sé- suspiré - pero necesito aclararme las ideas.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Sí, las 3 y pico de la madrugada no es hora de tener las ideas muy claras, y más después de llevar trabajando sin parar desde las 8 de la mañana - dijo mirando su reloj. Decidió marcharse y yo me quedé tumbada en el sofá del despacho de Página | 116 pediatría, esperando que fuera mi turno para acostarme. Notaba una leve irritación de garganta, que atribuí a haber hablado mucho durante la guardia. Me desperté por el dolor. Sentía el cuerpo como si me hubieran dado una paliza. Primero pensé que era por haberme dormido en el sofá, pero al incorporarme el dolor aumentó y sentí como un mazazo en la cabeza. Notaba la garganta en carne viva y calor, mucho calor. -Joder, la gripe- dije para mí con voz que no parecía la mía. Me volví a tumbar en el sofá, sin fuerzas para nada. Allá me encontró Emily. Tras regañarme por no haberla avisado, darme un analgésico y asegurarse de que de verdad era gripe me acompañó a mi casa, prohibiéndome volver al trabajo en una semana. Durante todo el lunes estuve durmiendo. Angela me iba trayendo zumos y analgésicos que yo tomaba para inmediatamente volver a caer en la inconsciencia. Hubo un momento en que desperté… había anochecido, la tenue luz de las farolas de la calle se filtraba a través de las cortinas. Percibí la presencia de alguien en la oscuridad de mi habitación. -Angela, estoy bien. Vete a la cama. -Angela tiene turno de noche, Bella. -¡Edward!- Me incorporé bruscamente en la oscuridad, sólo para acostarme inmediatamente al sentir un intenso dolor de cabeza. Lo primero que pensé fue que debía tener una pinta horrible, por no hablar de mi olor- ¿Qué haces aquí?- dije con voz débil. -Teníamos una cita, ¿recuerdas?- se sentó en la cama y vi su silueta recortada contra la penumbra. Sentí su fresca mano acariciándome la sudorosa frente. El contacto era relajante. -Sí, pedazo de cita…- sentía la boca seca y alargué la mano para coger el vaso de agua. Él se adelantó y me lo acercó, ayudándome a incorporarme para beber- Edward, vete a casa, descansa. Estaré bien.- Estaba pringosa de sudor,
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    Cambio De Destino DraBSwan despeinada, y seguramente no olía nada bien. Pero quería y no quería que se fuera. Estaba tan bien en sus brazos… -No. Y no te canses insistiendo. Ya le he dicho a Angela que me iba a quedar toda la noche. Página | 117 -Eres un exagerado- dije en un susurro para intentar no agravar el dolor de cabeza- sólo es una gripe. Y tú mañana trabajas. ¿Cómo vas a pasar la noche conmigo? No es buena idea. -Me conformaré si mañana me respetas después de pasar la noche juntos- dijo muy serio, con lo que no pude evitar reír con voz rota y que se agravara mi dolor de cabeza. Me la sujeté fuerte como si así pudiera calmarlo.- Lo siento… recuéstate, Bella. Te traeré paracetamol, Ángela me ha mostrado dónde lo guardáis. Aproveché que Edward se ausentó hacia la cocina para ir al baño, lo necesitaba con urgencia y no quería que me viera con el aspecto que llevaba. Me habría cambiado de pijama pero no tenía ni fuerzas para ello. Por lo menos me enjuagué rápidamente la boca con elixir dental. Cuando volvió ya estaba de nuevo en la cama. -Abajo hay un sofá cama. No hace falta que estés aquí conmigo -insistí después de ingerir el comprimido con un poco de agua. -¿Te molesta mi presencia? -No, pero… -Entonces buenas noches- cortó, besándome con suavidad en la pegajosa frente, para luego acomodarse en el sillón al lado de mi cama. -Cabezota…- refunfuñé mientras me cubría con el edredón. -Testaruda…- repuso, imitando mi tono de protesta. Y sin darme cuenta me dormí.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 118 Capítulo 13 EPOV Desde la cocina escuché que Bella se había levantado para ir al baño. Me tomé mi tiempo y la dejé hacer. Cuando entré en la habitación percibí el mentol y sonreí. Ella pensaba que olía mal. No era consciente de que su maravilloso olor, el que le daba su sangre, era para mí más intenso que cualquier otro que pudiera percibir. Y más ahora; la fiebre había dilatado sus capilares, esparciendo su aroma por toda la casa. Tuve que dejar de respirar por unas horas. Volvió a dormirse. Escuchar su ritmo respiratorio me resultaba relajante. A medianoche reapareció la fiebre alta. Sabía que era una reacción del sistema inmune pero no dejaba de preocuparme. Me removí en el sillón, ansioso, sintiéndome inútil. Te aguantas, Edward. Esto es lo que pasa cuando sientes algo por una humana. Le toqué la cálida frente y susurró "Edward". Esperé por si continuaba, pero no fue así. Estaba dormida. Seguí acariciando la suave piel de su cara, apenas un roce para no despertarla. Me quedé aturdido por la naturaleza de mis sentimientos por esta mujer. Podían pasar de la lujuria más intensa a la ternura más exquisita, como ahora... Y también sentía ansiedad, miedo. Sabía que sólo era una gripe, pero eso fue lo que mató al humano que fui una vez. Eran débiles… Y yo le entregaba mi corazón a una. Carlisle me lo estaba advirtiendo, pero ya era tarde. No podía cambiar mis sentimientos.
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    Cambio De Destino DraBSwan De madrugada, Bella despertó y emitió un leve quejido. Estiró la mano tanteando para buscar la caja de paracetamol y la detuve. Estaba ardiendo. -Me duele la cabeza- susurró. Página | 119 La incorporé un poco y le acerqué un vaso de agua y un comprimido. -Tranquila, amor- dije mientras le acariciaba el ardiente rostro y la besaba levemente en los labios. Sonrió y se recostó de nuevo, cayendo de nuevo en un profundo sueño. Y llegó la mañana. Me cambié de ropa y fui a prepararle un zumo. Cuando volví a su habitación estaba despierta y semiincorporada sobre la almohada. -Buenos días- me dijo en cuanto me vio-¿Cómo lo haces para estar siempre perfecto?-su voz sonaba un poco ronca pero vital. -¿Cómo te encuentras?- sonreí. -Como si me hubieran aplastado varias partes del cuerpo… pero mejor que ayer. ¿Y tú? -Yo estoy muy bien. He pasado mejor noche que tú- aseguré, sentándome en su cama. -Permite que lo dude. -Mírame… ¿tengo aspecto de cansado? -No… parece que hayas dormido diez horas, eso es cierto. Pero, te repito, no sé cómo lo haces. ¿Cuál es tu secreto de belleza?-me miró suspicaz. -Te lo explicaré otro día. Anda, tómate el zumo- me senté en la cama y le tendí el vaso.- Necesitas líquidos y vitaminas. -Gracias, doctor.- Lo tomó y me devolvió el vaso, mirándome con intensidad.- Muchas gracias. -Tengo que marcharme al trabajo. Supongo que Angela no tardará. -Sobre eso… Edward, ¿no tendrías que estar en Seattle?
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    Cambio De Destino DraBSwan -No, está pospuesto. Ya te explicaré. Volveré por la tarde. -Te estaré esperando- me tomó de la mano y su pálida cara dibujó una sonrisa. BPOV Página | 120 Volví a dormir durante toda la mañana. Parecía que hubiese tomado una sobredosis de ansiolíticos. Pero me sentía feliz. Edward había pasado la noche conmigo, e incluso me había parecido oírle susurrar "amor". Podía haber sido un sueño, o la fiebre, pero quería pensar que fue real. A media tarde regresé de nuevo a la consciencia. Me encontraba bastante mejor, menos dolorida, aunque agotada y pringosa. Decidí que era hora de levantarme y darme una ducha de manera urgente. Cuando Ang se despertó me encontró mirando la TV tumbada en el sofá. Se sentó a mis pies. -La noche ha sido malísima, han venido muchos pacientes y algunos bastante fastidiados: un asmático que ha tenido que ir a la UCI, un motorista con politraumatismo, un infartado… fatal, me he tenido que acostar en cuanto he llegado porque no podía con mi alma. Pero antes he pasado a verte y he visto que dormías como una bendita. Edward es mejor que cualquier antigripal, ¿eh?- me guiñó el ojo y reí- Se presentó ayer por la tarde para preguntar por ti, y cuando se enteró de que yo tenía turno de noche insistió en quedarse. Volvió a su casa a por ropa y antes de irme ya lo tenía a la puerta. ¿No es tierno? -Sí, lo es… -convine - ¿Cómo te fue a ti con Jake? -Genial, nos hemos besado muuuuucho… y otras cosas - se la veía feliz. -Ya era hora, chica, ¡mira que esperar a que Jake se fuera para decidiros a tiraros los tejos! Vaya par- me dio un ataque de tos. -Pues sí, espero que tú espabiles y no dejes escapar a un tío como Edward. Porque nena, ese tío te quiere, de verdad. No estás en tu mejor momento, eso es evidente –me señaló de arriba abajo con la mano-, pero cuando me he cruzado con él esta mañana sonreía de oreja a oreja como si hubierais hecho el amor… cosa que dudo viendo las condiciones en las que te encuentras. -Sí, para ejercicio físico estoy yo -y me dio un prolongado ataque de tos, para apoyar el comentario.
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    Cambio De Destino DraBSwan Aquella tarde volví a tener algo de fiebre pero me encontraba mejor. Angela había salido a hacer la compra. Edward llegó directamente desde el hospital y me saludó con un dulce beso en los labios que prometía convertirse en algo más intenso… si no hubiera sido por el enésimo ataque de tos. Página | 121 -¿Estás bien?-me observaba preocupado. Como no podía hablar asentí. -Deja que te ausculte los pulmones- sacó un estetoscopio de su maletín. Su expresión era ansiosa y diría que estaba aún más pálido de lo normal. -Cullen, ni se te ocurra usar esto-pronuncié en cuanto recuperé el habla, señalando al instrumento médico- conmigo. Estoy bien. -Deja que te ausculte. -No. -Por favor. -Que no- otra vez la maldita tos. -Vamos, no seas criatura. Soy un profesional. Hice un juramento y no voy a aprovecharme de una pobre y débil enferma - me picó. Me sonrojé. A veces me sentía muy tímida con él. -No te cansarás, ¿verdad?- repuse exasperada, y él negó con la cabeza. Rodé los ojos y me levanté la parte de atrás del pijama, dándole la espalda. Comencé a respirar profunda y lentamente, mientras sentía el movimiento del estetoscopio por mi piel. Cuando pensé que había acabado sentí sus labios en la parte alta de la espalda. Fue un beso fugaz, pero suficiente para provocarme un jadeo al tiempo que una corriente se dispersaba por mi piel, provocando que mi vello se erizara. Me bajó el pijama y se colocó delante de mí. -Se te ha puesto piel de gallina. Me parece que te va a subir la fiebre- me comentó alzando una ceja con aire de suficiencia y expresión burlona. La ansiedad había desaparecido por completo de su cara. -¡Serás creído! Voy a hacer que te retiren el título por faltar al juramento hipocrático, doctor Donjuán. Espero por tu bien que eso no se lo hagas a todas- fingí enfado mientras él reía- Estoy bien, supongo, o no te reirías tanto.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Bueno, no tienes bronquitis ni neumonía, pero tendré que vigilar esa tos- comentó con tono hiper-profesional. -Edward, no exageres. En serio, sólo es gripe. Veo tropecientas cada semana, y no es la primera que tengo. Página | 122 -Lo siento… supongo que contigo me vuelvo sobreprotector- me acarició la mejilla con un dedo. Si no hubiera estado tan agotada le habría saltado encima, pero no me resultó difícil contenerme. Él se dio cuenta e insistió en que me tumbara en el sofá. En un momento estaba dormida y para cuando desperté ya se había marchado. -Me podías haber despertado para despedirme de él -protesté a Angela, con un puchero. -Él no ha querido, tontorrona. Te ha dado un beso en los labios pero tú tienes de Bella Durmiente sólo el nombre, nena, ni te has enterado. -Jajaja, qué graciosa –le hice una mueca y automáticamente me toqué los labios. Los siguientes días pasaron lentamente. Edward venía a visitarme a diario, charlábamos, intercambiábamos algunas caricias, pero no volvió a quedarse conmigo por la noche, no fue necesario porque Angela tenía turno de mañana y además yo no tenía tanta fiebre. Las horas que pasaba con él me producían un mayor anhelo por su compañía, deseaba estar más tiempo, más cerca de él. Pero se mantenía a cierta distancia. Sabía que lo hacía porque yo estaba enferma y él preocupado por mi bienestar, pero cada vez le necesitaba más. La fiebre desapareció a los cuatro días, aunque aún tenía la jodida astenia y una molesta tos. Durante ese tiempo tuve muchas horas para pensar, para dormir, y para volver a pensar. Estuve dándole vueltas a lo que sabía de Edward y a mis propias reacciones. Durante días había disfrutado de una falsa inocencia, de negarme a ver la realidad, pero conforme aumentaba mi necesidad de él también lo hacía la de aceptar lo que veía, lo que había escuchado de su boca, lo que intuía... lo que él era. Edward sólo se alimentaba de sangre. Aquella tarde me preguntó si no quería saber el nombre de su trastorno. Yo me había negado, en aquél momento no sabía muy bien por qué, y luego lo supe: porque sólo una palabra me venía a la
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    Cambio De Destino DraBSwan cabeza y no deseaba escucharla. ¿Quién se alimentaría única y exclusivamente de sangre? ¿Y quién sería capaz de olerla a varios metros? Necesité horas y horas para llegar a, aunque no para aceptar, una obvia conclusión. Pero para aceptar esa conclusión tendría que cambiar mi concepto de lo que era el Página | 123 mundo real. Y no era fácil. ¿Sería eso que yo no me atrevía ni a pensar lo que él me quiso decir? Y, si era así ¿me importaba? Por lo que sabía de él no me haría daño, ni a nadie. Le había visto ayudarme a salvar la vida de aquel bebé, y era un médico excelente. Compasivo. Encantador cuando se quitaba de encima el aura de antisocial. Sin embargo me angustiaba lo que me había dicho, dándome a entender que hacía años había probado la sangre humana. Tenía que saber las circunstancias de aquello. No era tan ciega como para cerrar los ojos ante eso. Llegó el viernes y me desperté a mediodía, sin fiebre y con las pilas más cargadas. Me duché, me vestí con la misma ropa que la primera vez que salimos juntos, (necesitaba renovar mi vestuario, era obvio), e incluso me arreglé un poco el cabello. Edward tuvo guardia el día anterior y vino a verme por la tarde. Cuando le abrí la puerta vi su mirada oscurecerse. Esta vez estaba segura. Sus iris cambiaban, no era efecto de la luz. Aquellos pozos oscuros me atraían, quería asomarme a su interior… De repente volvieron a virar al cálido ámbar. -Bella… vaya cambio- murmuró, regalándome una media sonrisa. -Me encuentro mucho mejor, sólo me queda algo de tos y cansancio- vacilé un momento.- Edward…esto… tenemos una conversación pendiente - intenté apartar los ojos de sus hermosos dientes. No me lo podía imaginar mordiendo, robándole la vida a nadie. Él pareció leerme el pensamiento y apretó los labios en una fina línea. -Cierto. ¿Dónde quieres ir a charlar? A un sitio descubierto mejor que no, hace demasiado frío para ti. -Pero no para ti, doctor- lo miré de arriba abajo. Como era habitual, se había dejado la cazadora en el coche y llevaba vaqueros oscuros, una camisa desabrochada y debajo una camiseta negra que se adhería demasiado tentadoramente a su torso. - Quedémonos en casa. Ang dobla turno, y no llega hasta pasadas las diez.
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    Cambio De Destino DraBSwan Pasamos hacia la cocina y me preparé un café. Él me observaba, sentado a la mesa. Estaba serio. Me senté delante de él y le ofrecí una taza pero él la rechazó educadamente. No es que yo esperara otra cosa. -Ya sé - empecé, inevitablemente sonrojada - que bebes sangre de animal, que Página | 124 no eres un criminal y que no me harías daño. Ahora quisiera saber en qué circunstancias probaste la sangre humana hace muchos años. O eso fue lo que me dijiste. -Antes de explicarte eso, necesito que sepas algo más. Bella, hay más cosas raras en mí - sentí que palidecía y el estómago subía hasta mi garganta: ¿Más? ¿Qué iba a explicarme ahora? ¿ Y si era peor y no podía aceptarlo? -Continúa- repuse intentando calmar mi corazón. -Puedo leer los pensamientos de las personas que me rodean, hasta una cierta distancia. Excepto los tuyos- añadió sin apenas pausa. Se me ocurrieron varias respuestas, algunas del tipo "dónde está la cámara oculta", o "por qué has dejado la medicación", pero ninguna de ellas cruzó el umbral de mis labios. Y no lo hizo porque, por una extraña razón, le creía. Pero no deseaba que él pensara que me tragaba todo lo que me soltaba, sin pensar. -Espero que no te ofendas, Edward, pero quiero una prueba de eso. Es muy… muy difícil de creer. -De acuerdo- afirmó pensativo-. El sábado, cuando Angela nos vio, sabía que nos habíamos besado. Pensó que tú disimulabas fatal, y que yo en cambio era muy bueno actuando pero mi… cuerpo me delataba. Te lo contó mientras preparabas unas hamburguesas a la plancha. Hoy bajé a Urgencias y cuando me vio se acordó de eso. Se lo puedes preguntar cuando la veas, si es que no te lo ha explicado ya. Me tapé la boca con las manos para ahogar una exclamación, y él continuó. -A ella le gusto como persona, te quiere mucho y cree que puedo hacerte feliz, aunque sea un tío un poco raro. También te puedo decir que no te fíes de Jessica ni de su amiga Lauren, porque no son legales y además te envidian. Por cierto, no te lo había contado, pero las dos se me acercaron al poco tiempo de trabajar aquí y las tuve que rechazar. Al principio con educación, y después tuve que ser más expeditivo.
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    Cambio De Destino DraBSwan Yo continuaba congelada con el mismo gesto, las manos sobre mi boca y los ojos muy abiertos. Creo que apenas respiraba. -En la guardia -prosiguió- tuviste una conversación con Emily, de madrugada, donde ella te explicó cosas de su pasado y te dijo que ignoraras a las malas Página | 125 lenguas. Esto lo estaba recordando hoy, cuando me la he cruzado por las escaleras. Tiene ganas de que te quedes aquí porque te valora pero piensa que deberías trabajar en Seattle, donde tendrías más éxito profesional- le puse una mano en la boca. -Para… ¿y dices que mis pensamientos no puedes escucharlos?- él me tomó la mano y la besó, negando con la cabeza- ¿Tienes alguna explicación?- volvió a negar, sin soltarme la mano. El contacto de sus labios contra mi piel me descentraba. Me quedé muda, esperando que prosiguiera. -Bella, dime qué crees que soy. Necesito oírtelo decir. Que reconozcas que el mundo no es el lugar que creías que era. Que puedes permitirte dudar de lo que hasta ahora jurabas que era imposible -dijo en un susurro. -Eres un… un… un vampiro- tartamudeé enrojeciendo intensamente y fijando mi vista en una manchita de la mesa. Deseé con toda la fuerza de mi corazón que empezara a carcajearse de mi ocurrencia. Pero no fue así. Él liberó mis manos. -Mírame- ordenó suavemente, y así lo hice-. Puedo irme ahora, si lo deseas, y desaparecer de tu vida para siempre.- Consideré esa posibilidad durante un segundo y la descarté de inmediato. -No. No quiero hacer eso. Sigue, por favor- me sumergí en sus ojos y esta vez fui yo la que tomó su mano, y la entrelacé con la mía. Necesitaba sentir su contacto, añadir algo más de realidad a la situación. -Bella, yo… hace muchísimos años no tenía el autocontrol que tengo ahora. Era muy duro ir en contra de mi instinto. Jamás habría destrozado una vida inocente, pero cuando escuchaba algunos pensamientos…- frunció el ceño, evitando mis ojos- Pensé que liberaba al mundo de violadores y asesinos. Me erigí en juez y verdugo, cuando en realidad lo que tenía era sed, sed de sangre humana. Sólo era una excusa - permaneció silencioso e inmóvil como una estatua, con la mirada perdida en atormentados recuerdos.
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    Cambio De Destino DraBSwan Observé nuestras manos entrelazadas y sentí un alivio completamente irracional. Debería haberme sentido horrorizada ante semejante confesión, al imaginar al hombre que tenía ante mí segando vidas humanas, aunque fuesen vidas de criminales. Sin embargo ahora mi cuerpo parecía más ligero, y podía Página | 126 respirar con más amplitud, como si se hubiera desatado un nudo que me rodeara el pecho. No sé cuánto tiempo estuvimos en silencio, perdidos cada uno en nuestros propios pensamientos. Cuando por fin le miré sus ojos estaban fijos en mi rostro, estudiándolo. -Me resulta muy frustrante no saber lo que piensas. Ni te imaginas cuánto. -Pues tú ni te imaginas cuánto me alegro de que sea así, por lo menos estamos empatados en una cosa. -Bella… necesito saber lo que piensas. Dímelo- rogó, acariciando mis dedos con suavidad. -No te juzgo por lo que hiciste. Y supongo que no está bien sentir esto, pero me alivia, y mucho, que no segaras vidas inocentes. También me tranquiliza que ahora tengas más autocontrol. Edward… sólo me importa lo que eres en estos momentos. -¿Y qué soy ahora? Para ti, quiero decir - preguntó sin rodeos, atento a cualquier mínimo gesto que hiciera mi rostro. -Para mí… eres el hombre que me vuelve total y absolutamente irracional- repuse sin dudar. Apenas había terminado de pronunciar estas palabras y sus iris se oscurecieron de forma evidente. Apartó la vista de mí y me soltó, quedando quieto unos segundos, como si fuera una estatua. Ni tan siquiera parecía respirar. Fue una extraña reacción a lo que yo le había explicado. Hasta que ligué cabos. -Te cambia el color de los ojos. Tiene que ver conmigo, ¿verdad?-le pregunté cuando pareció volver a la normalidad al cabo de unos breves segundos. -Sí- explicó, sonriéndome con dulzura- acabas de observar un duro ejercicio de autocontrol. Swan, me lo pones muy difícil cuando me dices esas cosas - por un instante deseé que no se controlara tanto, y me ruboricé de mi propio pensamiento. Él me observó con intensidad.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Pagaría por saber en qué estás pensando ahora para ruborizarte así- su tono de voz provocó que sintiera mariposas revoloteando en mi estómago. -Ni por todo el oro del mundo, Cullen- dije alzando el mentón, desafiante. Página | 127 Estuvimos hablando toda la tarde. Yo preguntaba, él contestaba. Me explicó que muchos de los mitos sobre los vampiros eran falsos. Por ejemplo, podía tocarles la luz directa del sol pero les debilitaba mucho, llegando a provocarles una somnolencia casi inevitable. Esta somnolencia era menor cuanto más años tuviera el vampiro. No había problemas con los símbolos religiosos o el ajo. No volaban ni cambiaban de forma pero sí eran mucho más veloces y fuertes que los humanos y podían vivir muchos, muchos más años. En aquel punto le interrumpí. -¿Cuántos tienes tú? -Eso no se le pregunta a un caballero. -Cuántos. -Bella… te lo diré otro día. Es mucha información de golpe. -Cuántos y te diré en qué pensaba antes cuando me he sonrojado- tenté. Él entornó los ojos y lo pensó unos segundos. -Eres malvada, Swan. Con la cara de ángel que tienes… pero de acuerdo. He cumplido los 120 -abrí los ojos como platos y tragué aire de golpe. -¿120?– casi grité. Le observé de arriba abajo, completamente turbada. -120. Nací en 1890. La pandemia de gripe española me mató cuando tenía 26 años. Era médico, y era muy fácil contagiarse- explicó. De pronto se me llenaron los ojos de lágrimas. Había escuchado a mi abuela paterna explicar historias terribles sobre aquella pandemia, y sentí dolor por Edward, por lo que había vivido, por su historia. -Bella- susurró amoldando su mano a mi rostro- es demasiado para ti. Dejémoslo hasta mañana- secó las lágrimas delicadamente con sus dedos.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 128 Capítulo 14 BPOV
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    Cambio De Destino DraBSwan El amanecer tardó en llegar, pero lo hizo. Escuché a Angela salir de casa. Entonces me dormí. Toda la noche revolviéndome en la cama dándole vueltas en la cabeza a lo que Edward me había explicado me había dejado definitivamente KO. Página | 129 No era normal. Nada de lo que me estaba pasando lo era. Estaba descubriendo un mundo nuevo, esa mañana mi vida ya no era como la previa. Había seres que se alimentaban de sangre y conservaban toda su existencia el aspecto de un veinteañero. Y unos de esos seres me deseaba. A mí y a mi sangre. Y me estaba enamorando de él. Mentira. Ya estaba enamorada. ¿Qué podía hacer? Dejarlo… no era una posibilidad. Él me hacía sentir más viva de lo que jamás había estado. ¿Podía renunciar a él fríamente? Adiós, Edward, me gustas, pero esto es muy raro. Adiós. Hola, papá, mamá, no, es que no estaba bien en Forks, conocí a un guapo vampiro y lo nuestro no podía ser. Sí. En serio. Uno de verdad. Todo absurdo. No había otra que seguir el camino que había empezado. No había más vueltas que darle. Las dos de la tarde. Hora de levantarse. La tos estaba mejor. Yo ya había dejado de pensar, ahora sí, y también estaba mejor. Tomé una ducha. Comí los restos de la cena que Ang había preparado. Volvía a estar sola, pues ella doblaba turno de nuevo. Era pesado, pero lo hacía para tener cinco días enteros libres y poder ir a ver a Jake a Seattle. No había quedado con Edward. Cuando llegó Angela yo aún no había reaccionado. No es que me hubiera quedado catatónica, pero no sabía qué decir, ni qué hacer. Él me había besado y se había marchado, con una última mirada de preocupación. La misma que tenía Angela cuando me preguntó si estaba bien y le dije que sí. ¿Quería seguir hablando con él? ¿Lo soportaría mi mente, o sería demasiado y me tendrían que ingresar en una institución mental? Medité. Ahora ya daba igual. Ya había pasado la frontera. A partir de ahora me podía contar cualquier cosa. Estaba preparada. Y aunque no lo estuviera… ansiaba verle, escuchar su voz sedosa, tocar su suave, aunque fría, piel. -Bella- contestó rápido; sonaba cauto- pensaba que nunca volvería a saber nada más de ti.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Hola, Edward. Me conoces poco si crees eso. Estaba durmiendo… es que no he descansado mucho esta noche. -Lo comprendo- suspiró- Entonces… ¿quieres que nos veamos hoy? Mañana Página | 130 tengo guardia- preguntó, vacilante. -Sí -escuché un suspiro de alivio al otro lado del auricular. -Te paso a buscar en una hora-dijo feliz. Me vestí rápido. Una falda corta de lana gris, unas medias tupidas, un jersey negro fino y escotado. No era lo más adecuado para alguien que acababa de salir de la gripe. El cabello suelto. Me miré al espejo. Algo ojerosa, pero me daba un aprobado. De nuevo apunté en mi lista mental que tenía que ir de compras con Angela la semana que viene. Sólo tenía dos jerseys bonitos, y Edward, con este, los conocería todos. Él llegó puntual. Como siempre, arrollador en su sobrehumana belleza, simplemente vestido con una camiseta gris de manga corta y unos vaqueros oscuros. Y, como solía ser, mi autoaprobado fue para él un sobresaliente. Lo percibí por sus ojos y por la pose de estatua que adoptó en cuanto me vio. Se quedó con las manos enterradas en los bolsillos del vaquero. Sabía que estaba, como decía él, ejercitando su autocontrol. No dejé de sentirme un tanto vanidosa por ello. -Buenos tardes, Bella- dijo formalmente, sin tocarme, mientras intentaba volver a tomar las riendas de sí mismo - Estás preciosa… -Gracias-repuse llanamente. De pronto me invadió la timidez. -¿Dónde quieres ir? -Llevo cinco días encerrada. Donde sea pero fuera de aquí. -¿Te sirve mi casa? Me gustaría enseñarte dónde vivo. -Claro –su casa- ¿Están todavía tus padres? –caminamos hacia su coche cogidos de la mano. -No… ellos sólo estuvieron el fin de semana pasado, pero se quedaron con las ganas de conocerte mejor. En otra ocasión, si tú quieres-sonrió.
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    Cambio De Destino DraBSwan Una vez dentro del coche bajé la ventanilla. -Bella Swan, haz el favor de no hacer locuras. ¿Quieres pillar una neumonía? - me regañó con dulzura al tiempo que subía mi ventanilla. Página | 131 -¿No te importa? -Lo importante eres tú. Además, ya me voy acostumbrando-puso el coche en marcha. -Entonces, Cullen, ¿ya no tienes ganas de saltarme al cuello cuando me hueles?- ¿por qué había dicho eso? ¿No proceso las ideas antes de que salgan de mi boca? -Esas ganas las tengo siempre, Swan. Pero no de la manera en que tú estás bromeando. Y me alegro de que lo encuentres divertido… Ayer pensé que te había perdido para siempre-sonó sombrío. -Lo cierto es que por un momento pensé que era excesivo. Pero no lo es. Me… gustas demasiado - volvió a envararse. Hoy parecía estar haciendo esfuerzos extras. -Es girando por este camino- dijo al cabo de unos minutos. La casa no estaba lejos de la mía, tan sólo fueron unos quince minutos en coche. Después del bosque, cerca de la costa, había un claro, y en él una impactante casa de dos pisos cubierta de tantos ventanales como pared, rodeada de un enorme y cuidado jardín que en primavera debía ser bellísimo. Conforme nos acercamos vi que desde el jardín bajaban unas escaleras talladas en la roca hasta una cala cercana. -¡Vaya! ¿Cuidas de esto tú solo, con tu súper-fuerza?- Él rió y negó con la cabeza. -No. Tenemos personal contratado, gente de fuera del pueblo. Más discretos. -Vaya. -Eso ya lo has dicho antes -se burló. -Será que me dejas sin palabras, rarito -le saqué la lengua.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Eso será, temeraria - dijo empujando la puerta que acababa de abrir con llave. -¡Vay… Joder!- exclamé viendo el interior de la casa. Si por fuera era impactante por dentro no se quedaba atrás. Era de una gran Página | 132 luminosidad, paredes en blanco y crema con algunas zonas de obra vista, y decoración nada recargada, moderna pero cálida. No era lo que esperaba. Había un piano enorme a un lado del salón. -Bella, tienes que empezar a leer otros libros que no sean de medicina. Por la riqueza de tu lenguaje, digo- comentó, mordaz. -No todos tenemos 120 años para desarrollar la riqueza de nuestro lenguaje. -Tocado - asintió, con una sonrisa devastadora. Me enseñó toda la casa. No me gustó entrar en las habitaciones personales de sus familiares, me sentía como si estuviera invadiendo un espacio íntimo, aunque por lo que él me había explicado llevaban meses sin ser habitadas. Excepto la de sus padres. -¿No te encuentras solo en esta casa tan grande?-dije cuando me enseñaba la última habitación, la suya.-Oye, tienes una colección de música increíble- comenté, pasando mis dedos por una de las filas de CDs. -Hasta ahora no me sentía solo. Pero desde hace un tiempo echo de menos a alguien cuando llego - murmuró justo detrás de mí. Estaba tan cerca…Si me giraba…-¿Quieres que toque algo al piano? Ahora lo estaba oyendo desde más lejos. Me volteé y estaba en el quicio de la puerta, esperándome. Vaya. Sí que era rápido. -¿El piano es tuyo? Me encantaría escucharte-le seguí. Me senté a su lado en la banqueta. Tocó un par de piezas clásicas. No entiendo de música, pero me pareció que tocaba como los ángeles. Por no decir que estaba terriblemente sexy. Empezó a tocar una pieza lenta y dulce, me explicó que era una canción de amor. Yo no la conocía pero me encandiló. Observaba sus pálidos y fibrosos brazos, sus manos, los largos y elegantes dedos moverse por el instrumento y mientras esas manos acariciaban las teclas del piano fantaseaba que eran parte de mi cuerpo… Por suerte no podía leer mi pensamiento.
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    Cambio De Destino DraBSwan En aquel momento paró de tocar y quedó inmóvil, observando las teclas. -Te has vuelto a sonrojar, tu respiración y tu corazón se han acelerado. Como ayer. Y eso me ha hecho recordar que ayer te dije mi edad a cambio de explicarme algo… y aún no lo has hecho- sentí calor. Giró la cabeza y me dirigió Página | 133 una mirada que hizo que mi respiración fuera más pesada. Aparté los ojos, súbitamente tímida, plenamente consciente de la cercanía de su cuerpo, de la intimidad de su casa. Pero contesté. -Ayer… deseé que no te controlaras tanto- miraba sus manos, que de pronto desaparecieron, y las sentí detrás de mi cuerpo. Sin apenas darme cuenta ya no estaba sentada en la banqueta sino a horcajadas sobre él. Me abrazaba por la cintura y besaba y lamía mi cuello, desplazándose hacia el lóbulo de la oreja con lentitud exquisita. Instantáneamente gemí y enredé mis manos con su suave cabello. -Tus deseos son órdenes para mí. Fin del control -susurró con voz ronca sobre mi piel. Mi vello se erizó al sentir su aliento. Sin parar de besarme introdujo sus manos bajo mi jersey y recorrió mi piel con delicadeza, provocando que mi temperatura aumentara varios grados. Apartó el sujetador y tomó mis pechos entre sus manos, rozando con sus dedos los erectos pezones al tiempo que me mordisqueaba el lóbulo de la oreja. La excitación hizo que mi cuerpo temblara sutilmente. -Espero que esos temblores no sean de miedo- susurró en mi oído. Por toda respuesta acerqué mis labios a los suyos y pasé la punta de la lengua por ellos – Lo tomaré como un no- dijo sonriendo sensualmente y atrapando mis labios. Su lengua acarició la mía. Su aliento, su sabor, eran dulces, adictivos. Las caricias en mis pechos se volvieron más exigentes. Yo quería más, lo quería más cerca. Sentía el bulto entre sus piernas rozando mi zona más sensible y una placentera tensión se instaló en mi bajo vientre. Me moví sobre su erección, provocándole unos seductores gemidos cuyo efecto fue encenderme más aún. Jamás había sentido tanto deseo por un hombre. Agarré su camiseta y con una pequeña ayuda de su parte, se la quité. Emití un jadeo por la visión que tuve ante mí. Su torso estaba suavemente musculado, el vello de la zona era dorado, la piel pálida, perfecta. Era un torso de estatua griega, cincelado, con los músculos suavemente definidos. Acaricié con deleite, casi con reverencia, su
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    Cambio De Destino DraBSwan suave y duro abdomen, ascendiendo hasta los pezones, los hombros… él cerró los párpados, con expresión de placer y abandono absoluto. -Te deseo, Edward- susurré en su oído. Página | 134 En un momento estábamos en el piso de arriba. Me llevó a horcajadas como si pesara igual que una pluma. Entramos en su habitación y me depositó con suavidad en el lecho, mirándome de tal forma que me hervía la sangre. Despacio, me ayudó a quitarme el jersey y el sujetador. Quedé hipnotizada por sus iris, que ahora lucían negros y brillantes como la noche. -Eres preciosa, Bella. Y tengo hambre de ti - murmuró, cuando observó mi mirada.- ¿Tienes miedo?- me acarició la mejilla dulcemente con el dorso de los dedos. Negué firmemente con la cabeza, pues me sentía incapaz de hablar. Para demostrárselo le besé, mordiéndole suavemente el labio inferior. Él entreabrió los labios, respondiendo a mi exigente beso . Pasé la mano por su abdomen y bajé hasta rozar su erección, acariciándola por encima de los pantalones. Entonces hizo un movimiento rápido y prácticamente me arrancó la falda. Su autocontrol iba a menos, y eso, irreflexivamente, me excitaba más. Las medias quedaron reducidas a nada en décimas de segundo. Por un momento me observó, tendida en la cama tan sólo con las braguitas puestas…su expresión de deseo era electrizante. Con un gruñido suave me desgarró la única pieza de ropa que me quedaba puesta. -Bella… me vuelve loco tu aroma- dijo entrecortadamente. Me acarició las piernas, apenas un roce, y fue subiendo lentamente por los muslos. Mi respiración se transformó en un jadeo superficial. Su oscura mirada se cruzó con la mía cuando su mano se desplazó a mi zona más sensible. Contuve las ganas de gritar cuando, de forma delicada, introdujo un dedo en mi interior. Sonreía mientras observaba el efecto que su tortura ejercía sobre mí. Mi corazón palpitaba con fuerza contra la pared de mi pecho. -Quiero probarte-murmuró. Detuvo su caricia, se puso el dedo en la boca y lo lamió cerrando los párpados con placer. Me sonrojé violentamente al verle hacer aquello. Tumbados en la enorme cama nos acariciamos cada parte de piel ajena que estaba a nuestro alcance. Él lamió mis pechos, devoró mis pezones, y
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    Cambio De Destino DraBSwan descendió por mi abdomen... cuando llegó a la parte interna de los muslos tuve que aferrarme a las sabanas para no saltar... penetró con su lengua entre mis pliegues y el contraste entre su temperatura y la mía me hizo estremecer. -Bella, cariño... Tu sabor es aún mejor de lo que tu olor prometía- dijo, Página | 135 empezando a lamerme, trazando suavemente círculos en mi clítoris. Me arqueé contra su boca, mordiéndome el labio para no gritar. Me introdujo un dedo, dos, acarició hábilmente mi interior. No tardé ni unos segundos en sentir una enorme descarga de placer que alcanzó hasta la última célula de mi rendido cuerpo. Sentí mi humedad fluir libremente y él lamió hasta quedar satisfecho. Cuando recuperé el control de mi cuerpo lo miré. Sonreía, y su expresión era una mezca de engreimiento y lujuria. Y él todavía llevaba los pantalones puestos. Me senté en la cama y le ayudé a quitárselos, excitada de nuevo. Le siguieron los boxers, y mis pupilas se dilataron al ver el tamaño de su erección. Al ver mi expresión, me tumbó en la cama, cerniéndose sobre mí como un ave de presa. Me devoró la boca con pasión, y le devolví el beso, entrelazando mi lengua con la suya. Me separé un instante de su boca. -Edward, te deseo dentro de mí. Ahora- pedí entrecortadamente. Él se colocó con suavidad entre mis piernas y empujó muy lentamente. -Bella… cielo, estás tan cálida…-susurró con dulzura. Lo miré a los ojos mientras mi cuerpo se abría para recibir al suyo. Sentirle dentro de mí me terminó de enajenar. Me arqueé contra su cuerpo y lo rodeé con el mío, deseando tenerle completamente dentro de mí. Fuertes y placenteras oleadas irradiaban del interior de mi pelvis al resto de mi ser. Él emitió un sonido animal, como un gruñido bajo, que consiguió volverme más loca. -Mírame, Bella. Fijé la vista en sus negros ojos, que mostraban una intensa mezcla de pasión y ternura. Me diluí en aquella oscuridad mientras él embestía contra mi cuerpo, profundamente, sin dejar de sumergirse en mis ojos. Se lanzó contra mi boca y me besó dejándome sin aliento. Yo gemía al ritmo que me imponía su cuerpo, cada vez más intensamente. Estalló en mi interior un orgasmo brutal pero él continuó embistiendo mi cuerpo, esta vez más lentamente, casi acariciándome.
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    Cambio De Destino DraBSwan Mientras tanto besaba mi cara, mi cuello, mis hombros. Enredé mis manos con sus cabellos. Era enloquecedor. Mi cuerpo estaba exánime pero él siguió poseyéndome hasta que volví a explotar en otro orgasmo aún más intenso que el anterior, momento en el cual él descargó dentro de mí, pronunciando mi Página | 136 nombre. Se dejó caer a mi lado con suavidad y me abrazó, sin dejar de mirarme. Su rostro de ángel irradiaba felicidad. -Te amo, Bella. Capítulo 15 EPOV -Yo también te amo, Edward-susurró Bella. De inmediato abrió mucho los ojos y exhaló con fuerza, como sorprendida por lo que acababa de decir. ¿Habría sido algo impulsivo y se acababa de arrepentir? Yo lo había dicho sin pensar, pero no estaba en absoluto arrepentido de haberlo hecho, porque era lo que sentía. ¿Sentía ella lo mismo? ¿Estaba bien que sintiera lo mismo? ¿Era yo un enorme egoísta? Lo eres, y Edward, deja ya de darle tantas vueltas a todo. Me quedé mirando su rostro. Ella parecía estar analizando lo que acababa de decir, y me descubrí mirándola con intensidad, intentando leer en cada mínimo cambio de expresión lo que estaba pasando por su cabeza. -Sí, es cierto, te amo-sonrió, todavía perpleja por sus propias palabras.- No me lo había planteado, pero es verdad. ... Bella dormida era la representación de la paz. Completamente abandonada en mis brazos, respiraba pausadamente. Un leve rubor cubría sus mejillas, donde su piel de alabastro brillaba de forma especial. Hacer el amor con ella había sido lo más extraordinario que recordaba haber vivido. Nada en mis recuerdos se podía comparar a esto, y ninguna de las veces que había fantaseado estar con ella pude acercarme a imaginar realmente lo que sentiría. Lo que más había temido era hacerle daño, pero confiaba completamente en mi control sobre mi propio cuerpo. Y al final todo fue instintivo: mi cuerpo se movió con el suyo
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    Cambio De Destino DraBSwan como en un baile ya aprendido, sin temor, libremente. Mi otro miedo había sido la sed, pero volví a confiar en mi voluntad. Ya había olido su sangre, la había probado, y había sabido parar. Mientras la besaba cerca de esas venas tentadoras, donde podía escuchar y oler cómo fluía el manjar más irresistible Página | 137 que había conocido, había surgido en mí una intensa sed que había contraído mi garganta, pero el horror que sentí ante la idea de provocarle el más mínimo daño la había extinguido de inmediato. Abrió los párpados y me dirigió una tímida y dulce sonrisa. -Edward… me he dormido…- de pronto pareció recordar algo- ¡Oh, no! Me has dicho que me amas y ¿me he dormido? –exclamó, con los ojos abiertos de par en par. -Bueno, no diré que no haya dolido, pero supongo que estabas agotada- fruncí el ceño y curvé las comisuras de mis labios en un puchero aprendido de Alice. -Oh, Edward, lo siento, de veras - de pronto su expresión cambió, y entornó los párpados- serás… me estás tomando el pelo, ¿verdad? – Asentí riendo y me golpeó el hombro. -La verdad es que antes de caer en los brazos de Morfeo, que por cierto es un rival a tener en muy en cuenta, te ha dado tiempo a contestarme- su expresión se relajó. -Ahora lo recuerdo... Lo siento...esta noche he dormido mal, y la astenia de la gripe aún no me ha abandonado- se disculpó. -Qué pena, yo pensaba que era porque el sexo conmigo te había dejado muy relajada. He sobreestimado mis habilidades - estalló el calor en su rostro, lo que yo pretendía. -No has sobreestimado nada. Ha sido… no, no tengo palabras-replicó a pesar de su sonrojo. Esa mirada y sus palabras estaban consiguiendo excitarme, deseaba intensamente sentir su calor y su humedad de nuevo, pero no quería asustarla con mi libido… Empecé a concentrarme en recordar letras por letra todo el código genético de la mosca de la fruta para distraerme. Debían ser evidentes mis esfuerzos porque vi la risa bailando en sus ojos.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Se puede saber en qué piensas? Cuando pones esa expresión, ya sabes, la de - puso cara seria y engoló la voz - "estoy ausente por motivos de fuerza mayor". -Pienso en cosas completamente aburridas que me obliguen a desviar la atención de otras más atractivas. ¿Se nota mucho? Página | 138 -No sé si otros lo notarán, yo sí, pero ya me empieza a gustar verte con esa expresión… porque sé lo que esconde -Desvió la vista y miró por la ventana- ¿qué tal si me enseñas un poco la propiedad? Aún es de día, y no hace demasiado frío. Venga, me encanta ver el mar y me encuentro estupendamente bien, ¿o no lo has notado? – añadió con un guiño al ver mi cara de preocupación. -De acuerdo, salgamos a que tomes el aire. Pero tienes un pequeño problema de vestuario… siento haberte roto la ropa interior antes. -¡Oh! -se tapó la boca con los dedos, las mejillas ardientes - No lo recordaba… -No te preocupes. Por ahí hay ropa interior sin estrenar de mis hermanas, tienen tanta que ni se enterarán si la cojo. Rosalie tiene más o menos tu misma talla y estatura. Salí y regresé con varias cajas de medias y braguitas. Bella estaba sentada en la cama, pensativa. -Tienes tantas cosas que explicarme… Supongo que tu familia comparte tu condición- me observó preocupada. -Sí. Y también se alimentan de animales- añadí de inmediato, sentándome en la cama. Lo último que quería era asustarla. -Tus padres me parecieron realmente encantadores. -Y lo son. Bella - le tomé la barbilla entre el pulgar y el índice, mirándola fijamente - no te angusties. Los conocerás a todos sólo si tú quieres, y cuando quieras. -Es tu familia. Claro que los querré conocer. Pero dame tiempo para seguir digiriendo esto. De momento con un vampiro en mi vida tengo el cupo cubierto. – Sonrió - ¿Con qué frecuencia os veis?
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    Cambio De Destino DraBSwan -Bueno, hemos pasado por varias fases. Hemos vivido temporadas de estar juntos y otras de más independencia. Hasta hace unos dos años vivíamos todos en esta casa. Luego a Carlisle le salió el trabajo en Vancouver, Esme lo acompañó, Rosalie y Emmet decidieron viajar por el norte de Europa en luna Página | 139 de miel, y Alice y Jasper se animaron a establecerse en Nueva York. Ya hacía tiempo que Alice deseaba vivir una temporada en la Gran Manzana. Me instaron a seguirles, pero yo preferí acabar la especialidad de cirugía, y luego ya vería lo que hacía. -¿Por qué cirugía aquí, en Forks? Seguro que podías haber elegido Seattle, o Vancouver como tu padre. -Por varios motivos. Me gusta Forks, me gusta esta casa… es donde más años de mi vida he estado. Además el lugar tiene un clima perfecto para mí, mejor aún que Seattle, y buena caza. Y tú sabes que muchas veces se aprende más en estos sitios pequeños, donde hay mucho más trabajo y menos medios. Ya me especializaré más adelante. -Podría decir muchas cosas pero lo único que se me ocurre es: ¿dos años de luna de miel? Joder - dijo con los ojos abiertos como platos. -Sí, y eso que llevan ya unas cuantas - reí al ver su cara.- Bueno, ahora ya no están de luna de miel, Rosalie es traumatóloga y Emmet bombero en Boston. Ella trabaja para la Universidad de Harvard.- Bella soltó una exclamación de admiración. -Entonces, ¿cuándo os reuniréis?-preguntó, de nuevo ansiosa. -No hay prisa -cambié de tercio para hacer desaparecer su preocupación. - Puedes escoger entre estas cajas lo que quieras ponerte, y si deseas ducharte ahora hay toallas limpias en el baño. -Parece que hayas atracado una lencería- comentó mientras escogía entre las cajas que había dejado sobre la cama. Tomó la ropa y se metió en el baño. Me obligué a no mirar su tentador cuerpo para evitar lanzarme sobre ella, pero me gustó que no hiciera esfuerzo alguno por taparse. Había descubierto en Bella una atractiva mezcla de timidez y lujuria. Sabía lo que quería y no se andaba con rodeos para pedirlo. ...
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    Cambio De Destino DraBSwan -Aquello de allá- señalé a lo lejos- es la playa de la reserva. -La noche que conocí a tus padres volvía de esa playa -me sobresalté al oírlo. Desconocía esa parte de la historia, tan sólo sabía que la habían encontrado en la carretera en plena noche con un frío glacial. Página | 140 -¡Isabella Swan! ¿Se puede saber qué hacías en esa playa en pleno invierno, de noche, tú sola? ¡Fue una locura!-la reprendí. -Eh, eh, Edward Cullen, ¿cuándo te he dicho yo que sea una persona cuerda? ¿Si lo fuera estaría aquí contigo?-repuso con descaro. -Tocado, de nuevo- gruñí, y ella rió. Estábamos sentados en la arena de la calita de nuestra propiedad, ella apoyada sobre mi pecho mientras yo la abrazaba por la cintura. Sus cabellos alborotados por la brisa me hacían cosquillas en la nariz y me tentaban con su perfume. Las olas lamían las rocas, y el cielo lucía gris. Quedaba poco para el crepúsculo. Ya le había explicado a Bella que nunca dormía y ella recordó el episodio de la habitación en la primera guardia que compartimos; simuló enfadarse cuando le confesé que estaba esperando su llegada, pero al final ambos reímos. No recordaba haber reído tantas veces seguidas en mucho tiempo. -Edward… ¿cómo fue? Quiero decir, cómo pasaste de morir de gripe a ser un vampiro. -Fue en 1916... yo trabajaba en un hospital de Boston. La pandemia era brutal. La gente moría a centenares cada día en todas las salas del edificio, sin que apenas pudiéramos hacer nada más que certificar las defunciones.- Bella se incorporó, se sentó enfrente de mí y me tomó las manos, clavando sus castaños ojos en los míos.- Carlisle Cullen era uno de los mejores médicos de la ciudad, y además parecía inmune al cansancio. Éramos muy amigos. De hecho fue mi profesor en la facultad, y el que me ofreció el puesto de médico en el hospital. Tenía 26 años y estaba sano, pero nada de eso sirvió cuando me contagié de la gripe. Carlisle se sintió responsable cuando caí enfermo de extrema gravedad. Absurdo, porque nadie estaba a salvo del virus, pero él es así. Sabía que había perdido a mis padres en la epidemia –al oírme Bella hizo un gesto de dolor y me oprimió los dedos- así que cuando mi corazón estaba al borde del paro y no había vuelta atrás, me mordió -paré un momento para darle tiempo a digerir la información.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Basta con un mordisco?-inquirió, acariciándome las manos un tanto inquieta. -Bella, la única forma de reproducirnos es mordiendo a un ser humano. Pero el veneno para producir esto lo segregamos a voluntad y se mezcla con la saliva. Además para completar la transformación, el humano ha de beber sangre del Página | 141 vampiro que lo ha mordido. Cuando sólo queremos alimentarnos la saliva simplemente contiene un anestésico que además es cicatrizante, lo que es muy útil para alimentarse varias veces de la misma víctima. Aunque los vampiros que viven de la sangre humana no suelen parar una vez han comenzado a beber de alguien - rematé, sombrío. -Por eso cuando me lamiste la sangre se me calmó el dolor-repuso pensativa. -Sí, pero la saliva no era responsable de lo que te pasó después, eso aún no me lo he explicado – alcé una ceja, burlón. -Yo tampoco. Seré rara, pero el momento me pareció tremendamente erótico- contestó a pesar de haber vuelto a ruborizarse, sin dejar de mirarme a los ojos.- Sigue, por favor. -Sí, rara eres, o no estarías conmigo -sonreí.- Bien, estuve inconsciente tres días y cuando me desperté… -exhalé con fuerza, recordando aquellos momentos- fue muy duro. Carlisle jamás acabó con ninguna vida humana y me inculcó ese principio, yo lo sentía como él, pero… el ansia de beber sangre humana te posee, se apodera de ti, sigues siendo tú pero te sientes un monstruo, porque es una necesidad casi irrefrenable. Es, supongo, como vivir cada día con síndrome de abstinencia. Cada segundo de cada día, durante meses, años. Y hay momentos donde se siente auténtico dolor. Al final acabas soportándolo, cada vez mejor, y vives aceptablemente con la sangre de animal. Bueno, aparte de… ya sabes, mi recaída. Por eso sé que la sangre animal no te da la misma energía ni te sacia como la humana, pero yo me siento más... en paz – Bella me escuchaba absorta. Sus ojos chocolate me derretían. -¿Ves como soy rara?- murmuró dulcemente- Debería marcharme chillando y sólo tengo ganas de abrazarte. -¿Y qué te detiene, Bella?- susurré. No podía resistir más la necesidad de volver a tenerla. Se abalanzó sobre mí, envolviéndome en sus brazos, besándome los labios, los párpados, la nariz, los pómulos, embriagándome con su aroma y su ternura,
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    Cambio De Destino DraBSwan regalándome su calor. Me tumbé en la arena con ella encima. Su liviano cuerpo sobre el mío, la calidez de su piel, su aliento, me envolvían y me cautivaban, abandonándome en la infinidad de sensaciones que me provocaba su contacto. Ella introdujo su mano bajo mi camiseta y me acarició el abdomen, Página | 142 provocando una inmediata tensión en mi pantalón. Su boca buscó la mía y nuestras lenguas se acariciaron sensualmente, sin apremio. Ansiaba tocar su piel, pero temía que cogiera frío. Sin separarme de su boca me volteé en la arena colocándome encima de ella, cuidando de no apoyar mi peso sobre su cuerpo. Profundicé el beso hasta que se separó un momento para tomar aire. -Te amo, Edward -susurró jadeando, fijando sus oscuros ojos en los míos. -Necesito tenerte otra vez -murmuré roncamente. La deseaba como nunca antes había deseado nada, ansiaba sentirla otra vez a mi alrededor, y verla estremecerse de placer - Vamos a la casa. -Vamos -suspiró contra mi piel. La tomé en mis brazos y me encaminé de vuelta al edificio. Bella comenzó a besarme y lamerme el cuello y la oreja, provocando que mi nivel de excitación ascendiera peligrosamente. -Tú no quieres que lleguemos a la casa, ¿verdad?- jadeé entrecortadamente. -No puedo evitarlo…- ronroneó sensual- sabes deliciosamente bien- dijo, y me acarició la oreja con su ardiente lengua. -Bella, si juegas con fuego te quemarás- advertí, pero ella no cedió y continuó su tormento. Aunque iba rápido el trayecto se me hizo eterno. De no ser por la helada temperatura la habría desnudado allí mismo. Llegamos a la casa y en cuanto cerré la puerta de entrada le arranqué la ropa con incontrolable lujuria. No podía dominarme, estaba poseído por la necesidad de disfrutarla con mis cinco sentidos. El placer de mirar su cuerpo desnudo, la dicha de acariciarla, el gozo de olerla y saborearla por entero, el deleite de escuchar sus sonidos de excitación. Por un instante temí haberla asustado con mi violencia pero ella se mordió el labio inferior mirándome con deseo y ya fue demasiado para mi. En un instante me deshice de mi ropa y la acorralé entre mi cuerpo y la pared,
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    Cambio De Destino DraBSwan atacando su boca con ansia. Enlacé sus piernas alrededor de mis caderas, y la observé un instante. -Quiero que te corras gritando mi nombre, Bella. Página | 143 No contestó. Jadeaba y su corazón palpitaba enloquecido. Se abrazó a mi cuello y miró fascinada mis ojos que, estaba seguro, lucían negros como el carbón. Aproximé mi miembro a su entrada, sintiendo su cálida humedad, oliendo su ardiente esencia. Me invadió el aroma de su excitación, tan enloquecedor como el de su sangre. No pude refrenarme. Me introduje en ella de una sola estocada. Gimió fuertemente, aferrada a mi nuca. Comencé a embestir cada vez con mayor fuerza, sujetándola entre mi cuerpo y la pared, mientras violentas oleadas de placer procedentes de su abrasador interior invadían cada parte de mi cuerpo. Cada acometida provocaba nuevos gritos, hasta que ella emitió un fuerte quejido y al fin gritó mi nombre. La contracción de su estrecha pared sobre mi miembro me provocó un clímax arrollador, y rugí sin ninguna contención. Ella se dejó caer sobre mí, desmadejada como una marioneta sin hilos. Empecé a preocuparme y la deposité en el sofá. Tenía los párpados cerrados pero estaba consciente. Me asusté de veras cuando percibí una lágrima cayendo por su mejilla. -¿Estás bien, amor?-inquirí, tocándole el rostro y observándola, aterrorizado. Esta vez no había controlado mi fuerza lo suficiente, no me lo perdonaría jamás. Ya no era sólo un tremendo egoísta. Era un monstruo. De nuevo. Por única respuesta ella dibujó una leve sonrisa, y movió apenas la cabeza para asentir, lo que calmó mi ansiedad. Su latido y la respiración iban normalizándose. Por fin abrió los ojos, fundiéndome con su mirada. -Oh, Bella, siento haber sido tan… salvaje. Temía haberte hecho daño- acuné su rostro entre mis manos. -Edward, no me has hecho daño, tontito. Sólo me has hecho tocar el cielo... y me ha costado un poco bajar- sonrió, colocando sus manos sobre la mías.- Siento que te hayas asustado. Estudié con atención su rostro, cada parte de su cuerpo, y no observé daños físicos. Sólo su rostro radiante, sus carnosos labios levemente hinchados. Por fin, me convencí de que realmente no la había dañado, de que sólo la había
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    Cambio De Destino DraBSwan hecho feliz. Nos miramos fijamente en silencio; no hacían falta palabras para transmitir lo que sentíamos. Se puso de rodillas en el sofá y se acercó más a mí, acarició mi rostro con ambas manos extendiendo los dedos como si quisiera memorizarlo. Cerré los párpados, sus dedos tocando mi piel provocaban Página | 144 sensaciones deliciosas. Al cabo de unos minutos suspiró. La realidad nos llamaba. -He de marcharme - dijo por fin. Sentí una punzada en el pecho al oírla. -Mañana tengo guardia, y tú el lunes. No podremos estar juntos hasta el martes. Quédate conmigo esta noche, Bella. Te dejaré dormir -acerqué mi rostro al suyo y repartí por él pequeños besos, escuchando su corazón latir con fuerza. -No puedo… -repuso quejumbrosa- hace días quedé con Angela en que iríamos a cenar por ahí. Últimamente apenas nos vemos - mientras la besaba ella acariciaba mis cabellos, enredándolos entre sus dedos. Inspiró profundamente - Cómo me gustaría quedarme contigo esta noche, pero… Un momento ¿Por qué no te quedas tú en mi casa? Te mando un mensaje cuando volvamos a casa después de la cena. Si quieres, claro. Se lo explicaré a Angela, si te ve llegar a casa y meterte en mi habitación sin explicación previa le dará un pasmo - rió.- Ah, y prométeme que dormiremos. -Prometido- contesté alegremente- Y tú promete que no cambiarás de idea en lo de dormir. No quisiera tener que decirte que no, lo necesitas –rematé en tono petulante. -¡Ja! Tú ocúpate de controlarte, que con lo cansada que estoy no voy a tener problemas, vamos, ni que se me pusiera el mismísimo Robert Pattinson en la cama iba yo a responder. -¿Quién?- inquirí mosqueado. -Tú no ves mucho cine, ¿verdad? Es un actor, pero estoy bromeando, no tienes nada que envidiarle -miró alrededor como buscando algo y entonces abrió los ojos como platos – Joder, Edward… ahora sí tengo un grave problema de vestuario. -No, no lo tienes. Ya te dije que Rosalie y tú tenéis la misma talla. Cogeremos alguna pieza de su ropa.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No sé… puede que no le guste. No quiero problemas con una "cuñada" que ni siquiera me conoce. -No te preocupes, ya la restituiré. Seguro que a ella no le importa. Bella, de nuevo te pido perdón por mi falta de contención- ella reprimió una sonrisa. Página | 145 -Me gusta que seas apasionado, pero si seguimos así necesitaré una visita urgente a las rebajas. Angela estará feliz, hace tiempo que quiere llevarme. Como pensaba, a Bella le quedaba perfecta la ropa de Rose. La llevé a su casa antes de que su amiga volviera del trabajo, y me adelanté a abrirle la puerta del coche. -Espero que con estos anticuados modales no hiera tu orgullo de mujer moderna. -No. Me encantan tus anticuados modales- bajó del coche, y en aquel momento se le doblaron las rodillas. Habría caído al suelo si no la hubiese sujetado. -¡Eh! ¿Estás bien? -la aferré contra mí. -Ups… tengo flojera en las piernas- rió. -Pues no sé por qué -comenté, acercándome más a su cara, respirando sobre ella, mis ojos penetrando en la oscuridad de sus iris. La música de su corazón volvía a sonar fuerte para mí. Era adicto a ese sonido. No, era adicto a ella. Tragó en seco y me apartó suavemente pero con energía. -Eh, Cullen, esta noche nada de trampas como esta. -¿Trampas? ¿Qué trampas? -repuse arqueando las cejas con toda la inocencia que pude aparentar. -Lo sabes de sobras. Voto de castidad. Si es que eres capaz - me picó. Sin darme tiempo a contestarle me besó los labios y se metió corriendo en su casa. Me quedé allá mirando la puerta por la que había desaparecido y desde fuera la escuché reír.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 146 Capítulo 16 BPOV -Te juro que estoy agotada, esto de doblar turnos me puede. Y no están siendo turnos tranquilos, precisamente. Parece que tengamos el gafe encima. Oye, y la
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    Cambio De Destino DraBSwan próxima vez tenemos que salir del pueblo. Estoy un poco cansada de ver las mismas caras. ¿Ves aquél que me mira mal, en la otra mesa? - señaló discretamente con la cabeza y asentí- Estaba harta de verlo en Urgencias por crisis de asma y, no te lo pierdas, la última vez que le atendimos salí un Página | 147 momento a preguntarle algo, al ver que no estaba en la sala de espera salí del edificio y ¡lo pillé fumando!. ¿Te lo puedes creer? ¡Acabábamos de ponerle tres nebulizaciones de oxígeno y ventolín! Se lo expliqué al residente que lo atendía y la que se armó, se ve que por culpa de todo esto le subirá la póliza del seguro médico. Por eso me mira mal. Creo que algún día me iré a trabajar a la gran ciudad. Sorprendentemente Angela apenas respiró entre frase y frase. Estábamos sentadas en una pizzería del pueblo ante un plato de deliciosa pasta fresca y una botella de Lambrusco compartida. Angela no paraba de hablar acelerada, realmente se la notaba estresada. Le apreté la mano para frenarla. -Ok, Ang. Ahora pasa de él. Pasa de todo. Hablemos de otras cosas que no sean trabajo. Necesitas desconectar, tanto como alimentarte. Come. Dale un trago al vino.- Ella suspiró. -Vale, hablemos de otras cosas. O mejor me cuentas cuántos - arqueé ambas cejas. -¿Cuántos qué? -Cuantos polvos has echado hoy –dijo en tono confidencial, inclinándose sobre la mesa mirando a ambos lados para asegurarse de que nadie de las mesas vecinas nos escuchaba. -¡Ángela! –exclamé avergonzada. -Bella, tienes los labios hinchados, un brillo en la mirada y una expresión radiante que pocas cosas pueden provocar, aparte del buen sexo- sonrió traviesa. -Un par… – repuse bebiendo un trago de vino, por lo menos su frescura aliviaría el acaloramiento que sentía. Quizá lo mejor hubiera sido seguir con las anécdotas del trabajo. Ella abrió los ojos como platos y negó con la cabeza.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Sólo un par? Pues habrán sido de sobresaliente porque con la cara que pones... Eres jodidamente afortunada, y te envidio lo indecible. Hasta ahora había tenido la esperanza de que Cullen fuera gay. Llegaste tú y fue evidente que no lo era. Después confié en que al menos fuera un desastre en la cama… Página | 148 si, no me mires así, ¡no se puede tener todo! Pero no, es un dios del sexo, sólo hay que verte. ¡Qué injusto! - afirmó con teatral indignación elevando los ojos al cielo. Negué sonriente mientras bebía otro sorbo de vino y de paso ocultaba un poco mi expresión. Temía que Ang pudiera leer en mis ojos "Edward Cullen es un vampiro". Si ella supiera el secreto de Edward no me consideraría tan afortunada. Yo estaba enamorada de él pero no estaba cegada por el amor. Una relación así no iba a ser fácil. -Pues, a propósito de eso, te quería decir que luego viene a casa. Vamos a dormir juntos – comenté como de pasada. Mi amiga se atragantó con la pasta que se llevaba a la boca. Estuve tentada de ir a asistirla en su atragantamiento con una maniobra de Heimlich, pero no hizo falta. -¡Vaya! Dormir… ¿dormir? Ya. Lo vuestro va en serio, ¿eh? Después de la tardecita que os habéis dado, ¿no tenéis suficiente? Espero que no hagáis mucho ruido, mañana madrugo, ya sabes - escondió un bostezo. El maquillaje apenas disimulaba sus ojeras. -No haremos ruido. Estoy… estamos cansados, y él tiene guardia mañana. Vamos a dormir. -Tú verás como desperdicias tu tiempo, Bella Swan. Si Jake estuviera conmigo lo último que haría sería dormir. Tengo tantas ganas de verlo, de tocarlo, de estar con él… esos pocos días que vamos a pasar juntos se me pasarán en un suspiro. La última vez que nos vimos no llevábamos condón y no nos pudimos dejar llevar, pero esta vez me voy a llevar dos cajas tamaño extra. ¿Tú tomas precauciones con Edward, verdad? - desvié la mirada hacia la comida y pinché un ravioli. -Claro… mamá- le saqué la lengua. Por lo menos en ese aspecto el sexo con Edward era sexo seguro.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Lo siento, chica, es deformación profesional. En serio, lo que te envidio es lo cerca que estás de él. Yo hice el gilipollas con Jake. Eso que él estuvo rondándome todo un año y no le hice caso. Y mírame ahora, doblando turnos para poder estar con él. Me lo merezco, por no apreciar lo que tengo hasta que Página | 149 lo pierdo de vista. -Lo importante es que te hayas dado cuenta, aunque sea un poco tarde. En aquel momento oímos unas voces conocidas. -¡Hola, Bella, Angela!-saludó Monica, junto con Paul, Anne, Ben y Jared- Bella, veo que ya estás recuperada de la gripe, me alegro. ¿Es una cita íntima o nos podemos añadir? -Por supuesto que sí, no le tiraría los tejos a Bella, creo que no tengo ninguna posibilidad con ella en estos momentos -bromeó Ang. -Con el pedazo de maromo que se gasta no tienes nada que hacer, chica, parece mentira -rió Anne mientras el camarero acercaba sillas y una mesa para ellos. -Disculpad ¿hay alguien que no lo sepa de aquí al Mississipi? Porque si es así puedo poner un anuncio en la revista Life, o en el New York Times -bufé, enfurruñada. -No te enfades, Bella, esto es un pueblo, el hospital es pequeño y es todo un notición, no sabes cuántas le han tirado los trastos al soltero de oro, y llegas tú y en unas pocas semanas… - dijo Paul chasqueando los dedos. -Sí, Lauren y Jessica están que trinan, ya debes saberlo. Fueron las más lanzadas persiguiendo a Edward, y cuando las rechazó, y no fue sólo una vez, empezaron a despreciarle. Desde entonces son más amigas y por si fuera poco tienen su pequeño grupito de colegas envidiosas... Tendrás que cuidarte de sus lenguas venenosas, como ya viste el otro día -dijo Jared. -Gracias por el consejo, chicos - sonreí. Como si me fuera a importar mucho que me envidiaran, y menos ésas. Los recién llegados hicieron su pedido y estuvimos charlando un buen rato. Pude observar con alegría que Paul y Anne parecían tontear, aunque aún se cortaban un poco. A Anne debía importarle mucho Paul porque normalmente era más lanzada con los chicos, y con él era incluso tímida. Acabando de cenar se marcharon a un pub local. Angela no se apuntó al plan alegando que volvía a
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    Cambio De Destino DraBSwan doblar turno el domingo, y yo dije que necesitaba descansar. Cuando ella escondió una sonrisa ante mis palabras la miré a modo de advertencia. Apenas me puse el pijama le mandé un mensaje a Edward. Estaba terminando de lavarme los dientes cuando sonó el timbre. En cuanto le abrí la puerta me Página | 150 levantó del suelo y me besó con suavidad los labios. -Estabas aquí cerca, ¿verdad?-susurré en su boca, y tuve que sofocar un suspiro. Los ojos parecían brillarle más, quizá por haberse alimentado hacía poco. Vestía tan sólo una sencilla sudadera, vaqueros oscuros y deportivas. Miré sus labios sonrientes y recordé el placer que esa perfecta boca podía regalar, deseé morderlos… tuve que hacer un esfuerzo para controlarme. Había dicho dormir. Mierda. -He salido a cazar un poco por el bosque de al lado de tu casa, no pensaba hacerlo pero… haces que me entre hambre -murmuró él en mi oído, depositándome en el suelo. Luego miró por encima de mi hombro -Hola, Angela. ¿Os lo habéis pasado bien? -Sí, claro. Gracias por cedérmela unas horas -sonrió. -Es lo justo. -Eh, vosotros dos, ya vale de hablar de mí como si fuera una cosa – bufé y estiré de él hacia las escaleras. -Buenas noches, Angela. Que descanses- dijo Edward cortésmente. -Lo haré si no hacéis mucho ruido, chicos -gritó mi amiga mientras subíamos las escaleras. Edward rió y negó con la cabeza, pero yo habría estrangulado a Angela. Cumplió su palabra, vaya que si lo hizo. No me rebajé a suplicarle pero intenté tentarle de distintas formas y se limitó a decirme que "si no me comportaba" él se acostaría por fuera del edredón. Realmente su autocontrol era increíble. Y odioso. Al final me rendí y pasamos la noche abrazados. La Bella cansada lo agradeció. La Bella lujuriosa no tanto, pero al final también se durmió, después de refunfuñar bastante. Por la mañana me despedí de él y de Angela y volví a la cama, pero sentía el lecho demasiado grande. Vacío. Suspiré. Ya tenía síndrome de abstinencia.
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    Cambio De Destino DraBSwan Decidí levantarme, hoy aprovecharía el tiempo para estudiar temas que tenía pendientes de la consulta externa. Me duché, me puse un viejo jersey y unos pantalones de chándal, recogiéndome el pelo en una coleta y, tras desayunar, me senté ante el ordenador. Seguí con mi revisión de los problemas renales Página | 151 que podían provocar que hubiera sangre en la orina. Estaba concentrada y no sabía cuánto tiempo habría pasado cuando escuché el timbre de la puerta. No esperaba visitas. Me asomé a la mirilla y mi corazón se paró por un momento. Hice un par de respiraciones profundas y abrí la puerta. No había alternativa. -Buenos días -dijo la desconocida con una voz melodiosa -Disculpa que te moleste sin haberte avisado antes. Soy Alice, Alice Cullen - dijo, y extendió una menuda mano. Dudé un instante y la estreché. Su piel estaba fría. Lo había imaginado en cuanto la vi. Tez pálida, ojos color miel aunque de un tono distinto al de Edward, y una belleza aplastante. De estatura era bastante menor que yo, pero sus proporciones bajo el abrigo se adivinaban perfectas. Me sentí una cenicienta al lado de esta hermosa joven (eso era lo que parecía), que para colmo iba vestida con un estilo juvenil pero exquisito. -Pasa, Alice. Yo soy Bella, aunque imagino que eso ya lo sabes- me miraba como si quisiera traspasarme y, tras darme las gracias, se adentró en mi casa. La observé y sentí una punzada de envidia. Su oscuro cabello estaba cortado en forma de melena corta despuntada que la favorecía mucho, tanto como la ropa que llevaba. Aunque a decir verdad si hubiera sido calva y vistiera andrajos no habría tenido dificultad en ganar un concurso de belleza, sin hablar de la elegancia de bailarina con la que se movía. Me sentí como un hipopótamo vestido con andrajos dando clases de ballet mientras andaba a su lado. -Y bien, tú dirás- dije, una vez sentadas en el sofá. Alice no contestó, me miraba fijamente con una expresión inescrutable. Probablemente se estaría preguntando qué había visto su hermano adoptivo en mí. Yo también empezaba a replanteármelo, observándola. De momento él y yo no habíamos hablado de ex parejas, pero sí sabía que Edward jamás había estado con una humana. Una luz se había encendido en mi mente: si antes había estado con vampiras, y la belleza era un atributo de esa especie, cosa que empezaba a sospechar al ver a Alice… una punzada de celos me atravesó el corazón. Incómoda, rompí el silencio. -Si no me vas a decir nada podría seguir con mi trabajo, y mientras tanto tú me observas. ¿Te parece? Mi tiempo libre es muy escaso -dije fríamente, más
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    Cambio De Destino DraBSwan dolida por lo que acababa de pensar que por la actitud de Alice. Me levanté y ella me detuvo al tomarme de la mano con un movimiento veloz. -No… disculpa mis modales, Bella -suspiró-. He venido a conocerte. Edward habla mucho de ti. Las veces que hablamos por teléfono apenas habla sobre Página | 152 otro tema, de hecho - comentó, rodando los ojos - Así que podríamos decir que te conozco un poco. ¿Qué sabes tú de mí? -Que Edward te quiere y te echa de menos. Y que eres una vampira que no bebe humanos. -Eres directa, eso me gusta. Yo también lo seré. ¿Te contó Edward de su don, y de que contigo no… no funciona? –asentí - Pues no es el único. -¿Cómo? -Que yo también tengo un don- dijo Alice pacientemente- y lo bloqueas. ¿Lo haces sin querer? -bufé sin quererlo remediar y negué con la cabeza. -Partiendo de la base que hace sólo unos días que sé que los vampiros existen y que uno de ellos puede leer las mentes, no, aún no me ha dado tiempo a controlar mi super-poder- gruñí. Para mi sorpresa Alice rió musicalmente. -Ahora empiezo a intuir lo que ha visto Edward en ti… tienes carácter, entre otras cosas. Bella, Edward lee las mentes, y yo tengo visiones del futuro. Pero contigo no me pasa, ni siquiera ahora que te tengo delante. Y lo peor de todo es que cuando estás con mi hermano él desaparece de las visiones, y eso me hace sentir muy inquieta. Comprenderás que no estoy acostumbrada a las incertidumbres y Edward me preocupa. Yo todavía estaba digiriendo lo que me acababa de decir. No es que no la creyera, pero jamás había pensado que el futuro estuviera escrito. Comprendiendo mi estupefacción ella siguió hablando. -Te lo explicaré. En la vida hay varios posibles caminos que recorrer… La voluntad es la que decide, al final. Pero yo veo lo que sucederá mientras la voluntad no cambia. Hace varios días me inquieté mucho cuando Edward me explicó por teléfono que se sentía muy atraído por una humana, porque yo no lo había visto venir. Y algo tan importante tendría que haberlo previsto. Pero ayer mi hermano "desapareció" por completo de mis visiones y no lo he vuelto a ver hasta hoy. Le he estado llamando al móvil pero él lo tenía desconectado. Por eso tomé el coche y me vine hasta aquí desde Nueva York. Hace un par de
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    Cambio De Destino DraBSwan horas he podido contactar con él, y por fin ha vuelto a aparecer en mis visiones. Me ha explicado que... que habéis pasado todo el día de ayer juntos y no quería interferencias externas, por eso había apagado el móvil. Y que hoy tenía guardia -intenté digerir todo lo que me estaba diciendo. Página | 153 -Entonces has venido desde Nueva York… eso son… serían ¡dos días en coche! ¡Te has cruzado el país de este a oeste en menos de un día? ¿Cómo lo has hecho?- Alice sonrió con suficiencia. -Bueno, digamos que me gusta la velocidad, y que mi coche es rápido. -Y que no tienes miedo a morir. Joder… -Te das cuenta, te digo que veo el futuro y te quedas casi como si tal cosa, te digo que conduzco rápido y se te salen los ojos de las órbitas- tenía razón y ambas reímos ante lo absurdo. - Realmente eres extraña, pero me caes bien. Siento la mala impresión que te habré dado al principio, quiero a Edward con todo mi ser y el no tenerle en mis visiones me asustó muchísimo. Cuéntame cosas de ti, por favor. Quiero saber más de la mujer que por fin ha hecho perder los papeles a mi hermanito. Y así estuvimos hablando sobre mí durante más de una hora. Yo quería saber cosas sobre ella. Sólo me explicó que tenía una tienda de ropa que diseñaba ella misma en Manhatan, y que era de producción "sostenible y ecológica". Me dijo que otro día sería mi turno de preguntas, si es que yo quería volver a verla. -Claro, Alice. Cuando vuelvas a Forks me encantaría volver a verte. -Bella… hay algo más que te quería preguntar, y aunque sé que Edward se enfadará mucho, muchísimo, tengo que hacerlo. -Dispara- repuse, inquieta. -Es sobre vuestra relación ¿lo has pensado bien? Todo lo que no puedes hacer con él… no puedes ir de vacaciones a una playa soleada, ni compartir una buena comida, ni presentarlo a tus padres como su futuro yerno, no puedes tener hijos, tú envejecerás y él no…-la hice callar con un gesto de la mano. El hecho de que yo misma hubiera pensado ya en algunas de esas cosas no quitaba que doliera al oírlo. Y no tenía ganas de hablar de eso con Alice Cullen, cuando no había sido capaz de hablar del tema con su hermano. Ni siquiera hablarlo conmigo misma. Era demasiado pronto. Había tardado semanas en
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    Cambio De Destino DraBSwan reconocer que estaba enamorada de Edward. Ya pensaría más adelante en lo que ello comportaba. Ya tomaría decisiones. Pero no ahora. -Alice, estoy enamorada. Tú me hablas con la razón. Te comprendo y yo misma pienso como tú, pero no puedo evitar sentir lo que siento. Página | 154 -No quiero que él sufra, Bella. Y cuanto más tiempo estéis juntos más dolerá al dejarlo. Debes plantearte si quieres convertirte en vampira, y si no olvidarte de Edward. -¿Qué? No me planteo nada de eso. No estoy segura de nada, Alice. Sólo de que le amo. ¿Has venido aquí para convencerme de que lo deje? Creía que era para conocernos -repuse algo dolida. Ella suspiró. -Si te convenciera con mis razonamientos vaya amor iba a ser el tuyo… hubiera deseado que fuera así, pero al mismo tiempo me alegro de que no lo sea. Qué poco razonable, ¿cierto?- repuso, curvando sus labios en una preciosa sonrisa. -El mundo no lo gobierna la razón, Alice, lo sabes. Escucha... Yo te quería preguntar también una cosa- ella asintió.- Los demás de la familia piensan como tú, supongo. Respecto a nuestra relación. -Eso no es una pregunta- me observó atentamente.- Pero no te voy a responder, creo que le corresponde a Edward explicártelo. -Con eso ya me has respondido, supongo -Alice me miraba con ternura, pero obvió mi comentario. -Bella, ahora tengo que marcharme, pasaré por el hospital a saludarle. No le digas nada de lo que hemos hablado, por si acaso puedo despistarle y no lo lee en mi mente. ¡Qué suerte tienes de que no pueda leer la tuya!-exclamó. La acompañé a su coche. Mi boca se abrió hasta el suelo: era un llamativo Porsche amarillo. -Un regalo de Edward –me guiñó un ojo y me puso la mano bajo la barbilla para cerrarme la boca.- Sí, esa es la reacción normal.- Ambas reímos. Joder con Edward. Nos despedimos con un beso en la mejilla. Ahora tenía bastante claro que mi relación no ilusionaba a la familia de Edward, pero por lo menos tenía una
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    Cambio De Destino DraBSwan aliada. Quizá una amiga. En el breve tiempo que habíamos pasado juntas estaba convencida de ello. -Oye- me dijo tras abrir la ventanilla del coche - la próxima vez que venga podemos ir de compras, es algo que me encanta hacer. ¿Te apetecería? Página | 155 - Preferiría donarte medio litro de mi sangre, Alice Cullen. Creo que ahora sí me das mucho miedo.- Ella se carcajeó y puso rumbo hacia la carretera. La visita de Alice me había alterado un poco y no podía concentrarme en el estudio, así que después de comer me dediqué a limpiar. Ang y yo teníamos repartidas las tareas pero últimamente a causa de mi gripe y sus dobles turnos la casa estaba bastante abandonada. Limpiaba el baño cuando sonó el timbre. Estaba claro que hoy era el día de las visitas ¿Quién sería un domingo a las cuatro de la tarde? -¡Hola! Angela está trabajando… pensaba que lo sabías- miré a mi visitante, que estaba plantado ante la puerta con cara seria. Su expresión no cambió y eso me inquietó- ¿Ha pasado algo? -¿Puedo pasar? -preguntó Jacob con amabilidad aunque sin modificar su expresión. -Adelante…-mi cara debía reflejar mi confusión. Tomamos asiento en la mesa de la cocina ante un par de cervezas frías. No necesitaba más café. -Verás, Bella, es contigo con quien quiero hablar, y he venido ahora porque sé que Angela está trabajando. -Me estás asustando ¿Qué quieres decirme que no pueda oír ella? No tenemos secretos. -Me parece que en eso te equivocas, Bella. Todos tenemos secretos, incluso para nuestros seres más queridos- espetó. Una alarma saltó en mi interior. El único secreto que tenía para mi mejor amiga era la… peculiaridad, por decirlo así, de Edward y su familia. ¿Pero cómo…?
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    Cambio De Destino DraBSwan -Eso que estás pensando es a lo que me refiero- cortó mi hilo de pensamiento. -Pues tendrás que decirme qué es lo que estoy pensando porque soy yo la que no sabe a qué te refieres. Página | 156 -Mientes fatal, eso ya me lo ha explicado Angela. Ella me habla mucho de ti, ¿sabes? Te quiere casi como a una hermana, aunque apenas hace tres meses que os conocéis. Y me ha contado que estás saliendo con un Cullen. -Edward. -Cualquiera, para el caso es lo mismo. Escúchame. A estas alturas ya te habrás dado cuenta de ciertas cosas… ¿Cómo puedes estar enamorada de él? No lo comprendo - me miró con expresión asqueada, haciéndome sentir muy violenta. ¿Dónde estaba el Jake agradable, el que yo conocía? -No sé de qué cosas me hablas y si has venido a insultarnos será mejor que te largues –me levanté y fui a abrirle la puerta pero Jacob me alcanzó antes de llegar a tocarla, me tomó firmemente de ambos hombros y me inmovilizó frente a él. Sentí temor. -Oye… no me importa la forma en que decidas jugarte la vida, por mí como si haces puenting sin cuerda, pero escúchame bien: de ninguna forma voy a tolerar a ese… a "eso", metido en la misma casa que la mujer que quiero. No lo quiero cerca de ella. Lo aguanté bastante en el hospital mientras estuve haciendo la especialidad, pero esto es diferente – bufó. -¡Jacob, estás loco! Estás insultándonos, a mí y al hombre que quiero–su cara de asco se acentuó al escuchar mi declaración- ¿Crees que yo jugaría con la vida de nadie? No tengo ni idea de lo que estás hablando, ni creo que tú la tengas o no estarías desvariando de esa forma. Si hay alguien peligroso aquí puede que seas tú. ¿Sabe Angela lo que has venido a hacer? No, claro, no te atreverías a hablarme así en su presencia- me removí, soltándome de su agarre. -No es por eso que he venido ahora, es porque ella no puede oír nada de lo que te digo, es un secreto. -Ah, tú también le escondes secretos, y luego me acusas a mí. -No por el mismo motivo que tú, yo estoy obligado a guardar este secreto, pero tú puedes decidir seguir con "eso" o dejarle- su voz sonaba amenazadora.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Ahora escúchame tú: sigo sin entender nada de lo que me dices, no quiero oírte más hablar de Edward como "eso", y no voy a dejarle porque un tío con trastorno de personalidad venga a pedirme que lo haga. - Rápidamente abrí la puerta y salí de la casa. Me estaba asustando. – Te vas a marchar ya o voy a Página | 157 empezar a gritar para que los vecinos llamen a la policía. Quedaría muy bien un "detenido por intento de agresión" en tu currículum para el próximo trabajo. Realmente no esperaba que llegara a tanto, pero tenía que conseguir que se fuera. Salió de la casa en dos zancadas y se detuvo ante mí, con expresión de ira contenida, los puños apretados. Yo ya no recordaba al Jacob que conocí en la reserva. -No puedo llamar otra cosa que "eso" a algo que no es humano- siseó. Definitivamente, lo sabía. Entré en casa, cerré la puerta en sus narices y me apoyé contra ella, intentando sosegar mi respiración. Me dejé resbalar hasta el suelo y permanecí allá apoyada, hasta que me calmé. Estuve dándole vueltas a la conversación. Jacob se había comportado de un modo horrible, justificado a medias porque estaba preocupado por Angela, pero ni aún así. Me puse a llorar como una niña… Hoy el mundo parecía haberse puesto de acuerdo para pedirme que me alejara de Edward. No me esperaba una situación tan desagradable después del maravilloso día de ayer. En aquel momento sonó el teléfono.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 158 Capítulo 17 De nuevo había dormido mal. Demasiadas emociones el día anterior: la visita de Alice, la desagradable conducta del novio de mi amiga, y por si fuera poco la llamada de mis padres. -Hija, ¿cómo estás? No nos llamas mucho últimamente. -Papá, tienes razón… lo siento, ando liada. -Tu madre se disgusta, hija, Ya ha pasado una semana desde la última vez que hablamos. -Sí… es que me pasa el tiempo volando. ¿Cómo estáis? -Nosotros bien. Dime ¿cuándo irás al hospital de Seattle? -No lo sé, aún he de hablar con ellos. -Bella, hija, no dejes perder esta oportunidad. Te hicieron viajar miles de kilómetros para trabajar en un hospital de pueblo en vez de en uno con las últimas tecnologías, y han de solucionar eso cuanto antes. Debes aprovechar los meses que te quedan. En cuanto vuelvas aquí con el título de especialista podemos organizar entrevistas e intentar que consigas un puesto de adjunta en algún hospital de la ciudad. Si a tu currículo le sumamos un año de trabajo en
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    Cambio De Destino DraBSwan un hospital infantil de USA no tendrás ningún problema para conseguirlo, estoy seguro. ¿Y cómo le explicaba yo a mis padres que me había enamorado de un chico... bueno, algo así como un chico, de aquí, que estaba contenta con mi trabajo en Página | 159 el hospital de pueblo, con mis amigos, y que ahora no me apetecía mucho cambiar a un hospital "con las últimas tecnologías"? Empecé a pensar que quizá ese jamás había sido mi deseo. Yo no era una persona ambiciosa, en este asunto sólo había seguido el consejo de mi padre. Tampoco se me había ocurrido que ninguna opción fuera mejor, que ninguna otra cosa fuera a hacer que me sintiera... completa. Los consejos de mis padres, de mi padre sobre todo, eran bienintencionados, pero estaba viendo que ya no me servía. -Vale, papá… pásame a mamá. -Hola, hija, ¿estás bien? -Muy bien, mamá. -¿Quién es él? -¿Q...q… qué? -Bella, llevas una semana sin llamar, en ti eso sólo significa que estás tan bien que el tiempo te ha pasado volando, y sólo con oírte la voz noto que eres muy feliz... ah, y llámame tópica, pero en este momento de tu vida no se me ocurre otra razón que un chico. -Se llama Edward. Es residente de cirugía del hospital. Tiene mi edad... -¡Lo sabía! ¿Lo ves, Charlie? ¡Lo sabía! ¡Nuestra niña está enamorada! -Esta mañana tenemos sesión medico-quirúrgica, no sé si lo sabías, Bella- dijo mi jefa despertándome de mi ensueño. Los gritos de alegría de mi madre resonaban aún en mis oídos. -¿Cómo? ¿Qué? -Bueno, hacemos una cada año, nos reunimos con los cirujanos y hacemos un repaso de los niños con problemas quirúrgicos que se han trasladado a otro centro, los que han estado ingresados más días de los que se supone, etc… esto
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    Cambio De Destino DraBSwan se hace para mejorar la calidad de la asistencia. Como no estabas la semana pasada nadie te lo dijo. -No, no sabía nada-me disculpé. Página | 160 -No deben hablar mucho de trabajo- el tono de voz fue bajo pero aún así se oyó el comentario de Jessica en la gran mesa del despacho de pediatría. Emily le dirigió una mirada severa y Jess puso cara contrita. Pronunció un "Lo siento" que ni por un momento creí. La ignoré. -Es a las doce, en la sala general de reuniones, ya te hemos arreglado la agenda de la consulta externa para que acabes a esa hora. -Gracias - sesión conjunta con los cirujanos… eso significaba ver a Edward. Empecé a animarme. ~~ooOoo~~ -Buenos días, Daniel y mamá.- El pequeño rodeó la mesa de la consulta para darme un cálido abrazo, al cual correspondí gustosa. -¿Tas bien?- me preguntó. Miré a la madre, sorprendida. -Vinimos la semana pasada, preguntó por usted y le dijeron que estaba enferma. Nos atendió la doctora Stanley, pero él no paraba de preguntar por usted, e insistió en que tenía que visitarlo "la dotora Bella", que era "su dotora"– explicó con una sonrisa. -Vaya… pues estoy bien, sí. Sólo fue una gripe ¿Y tú, bichillo, estás bien?-el pequeño asintió y miré a su madre. -He estado mirando el pipí cada día y no ha vuelto a aparecer sangre –dijo ésta. -Bien, pues podemos alargar el intervalo entre seguimientos. Haremos controles mensuales de función renal, y si todo va bien te daré el alta pronto.- Daniel me miró, confuso, y luego giró la cabeza a ambos lados. -¿Qué buscas? -El alta que me vas a dar. ¿Dónde tá? ¿Es un regalo?-dijo ilusionado. -Quiero decir que ya no tendrás que venir más- reí.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Podé verte, dotora Bella?- dijo con ingenuidad infantil. -Podrás verme, Daniel, no te preocupes por eso- sonreí, entonces el pequeño estiró el brazo y me entregó un papel que tenía en la mano. Era un dibujo que parecía representar dos figuras humanas, una de pie vestida de blanco y la otra Página | 161 más pequeña en una especie de cama. Ambas se daban la mano. -Soy yo, eta tú – señaló la figura mayor.- Para ti.- Añadió, orgulloso. -¡Oh! ¡Qué bonito regalo! Gracias, Daniel- Sonreí de oreja a oreja. En aquel momento sonó el teléfono. -Bella, ya estamos casi todos arriba y vamos a empezar. ¿Tardarás mucho?-dijo la voz de Emily. ¡La reunión! Casi se me había olvidado. El corazón me palpitó más fuerte. Había realizado duros esfuerzos para no pensar en Edward durante la mañana y lo había conseguido… a ratos, como ahora. Me despedí de Daniel y su madre, que eran la última visita, con las instrucciones para el siguiente análisis. Salí corriendo hacia la sala de reuniones del hospital, llevándome unos folios para tomar notas si era necesario. La sala de reuniones no era grande, pero suficiente para acoger a los equipos de pediatría y de cirugía, 22 personas en total. Para las reuniones con mayor asistencia se usaba el salón de actos. Entré apresurada y un poco avergonzada, odiaba llamar la atención. Había una ligera penumbra y por la pantalla estaban pasando diapositivas con datos estadísticos. Había una persona de pie al lado de la pantalla. Edward. Calló y curvó suavemente una comisura labial, observándome con una mirada que desprendía complicidad. Casi me fallaban las piernas sólo de verle. Le sonreí tímidamente y enrojecí, pues todos los presentes se habían girado en sus sillas para mirarme. Me senté en el primer asiento vacío que encontré, en una discreta última fila. Algunas caras se giraron para mirarme unos instantes. Inspiré y espiré con lentitud. Tendría que aprender a vivir con ello hasta que la gente se acostumbrara a nuestra relación. Edward iba explicando una serie de datos, básicamente sobre traslados a otros centros hospitalarios… No me estaba enterando de nada. Vestía su camisa azul de cirujano sobre los vaqueros, y movía elegantemente su felino cuerpo mientras explicaba los datos que aparecían en pantalla. Su voz penetraba en mí estimulando cada una de mis terminaciones nerviosas, haciéndolas ansiar su contacto. Recordaba sin poderlo ni quererlo evitar las sensaciones de mi
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    Cambio De Destino DraBSwan cuerpo unido al suyo. Tenía la sensación de que él no paraba de mirarme, aunque sus ojos apenas se detenían en mí. Cuando terminó su (seguramente) brillante exposición fue el turno de ruegos y preguntas. Joseph y Emily iban tomando notas y exponiendo temas en común. Los demás preguntaban dudas. Página | 162 La siguiente en salir fue Jessica, se dispuso a comparar los datos de los niños ingresados por procesos quirúrgicos que habían sido consultados a pediatría, y otros temas que me perdí porque cuando ella se levantó Edward cruzó la sala en pocas zancadas para sentarse a mi lado, con un cuaderno para tomar notas en la mano. Inmediatamente sentí como un aleteo de mariposas en mi estómago y mi respiración se aceleró. Acercó sus labios a mi oreja y pude sentir su aroma. -Me has disgustado, Swan-chasqueó la lengua.-Con el esfuerzo que he empleado en prepararme esta charla y no has prestado atención. No sé en qué estabas pensando, pero me encantaría saberlo... no sabes cuánto -susurró. Su aliento provocó que mi vello se erizara y se escapó un suspiro de mis labios. -¿Cómo sabes que no escuchaba?-contesté sin atreverme a mirarle. -Espero que lo que pensaras fuera más fructífero que esta charla -comentó, burlón- Has estado totalmente abstraída- escribió en su cuaderno.- Y he visto cómo te has sonrojado varias veces. -No sabía que eras capaz de ver en la penumbra, pero para evitar sorpresas estaría bien que me explicaras todo lo que puedes hacer- susurré acercando mis labios a su piel lo más cerca que pude sin perder el decoro. Percibí la tensión en su cuerpo. Edward escribió en su cuaderno y me lo mostró. -Me gustaría explicarte todo lo que te podría hacer ahora si no estuviera toda esta gente delante. Pero puede ser peligroso. Podría fallar mi autocontrol. Mi corazón golpeó furiosamente mi pecho y me removí en la silla, incómoda. Me estaba excitando, y no era el momento más oportuno. Sería mejor dejar de provocarle o iba a pasarme toda la guardia con "sobrecalentamiento". -Si juegas con fuego te puedes quemar, ¿recuerdas?- escribí en mi papel. -Si ardo contigo no me importa -contestó él de la misma forma.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No me estoy enterando de nada de la reunión. Espero que Emily no me haga preguntas -susurré. -Mañana te la explico completa si quieres- murmuró. Página | 163 -Que sea resumida, y tendremos tiempo para otras cosas –repuse, y lo miré. Sólo iba a poder verlo ahora, luego el trabajo me retendría hasta mañana por la tarde. Él me sonrió con malicia y deseé lanzarme sobre esos labios y morderlos. De hecho, deseaba sentarme sobre él a horcajadas y... ¡no, no! -Eres malo para mi salud, Cullen.- Escribí. Él acentuó su sonrisa. -Y entonces como conclusiones –estaba diciendo Emily- parece ser que del año pasado respecto al anterior ha habido una mayor calidad asistencial, dado que el número de días ingresados por patología ha sido inferior al anterior y el número de traslados innecesarios ha disminuido. -Parece ser que la estancia de Edward en cirugía pediátrica del Hospital Infantil de Seattle hace dos años y los cambios posteriores en nuestros protocolos han tenido sus frutos. Lo que sería ideal es que uno de nosotros fuera a formarse completamente como cirujano pediátrico. Quizás haya alguien interesado, ahora que los pediatras y los cirujanos parece que tenemos mejor relación que nunca -dijo Joseph. Se escuchó alguna risa flojita ante la "sutil" broma. Cuando la reunión se dio por finalizada Edward tuvo que quedarse a hablar con su jefe en la misma sala de reuniones, yo tenía que comer porque tenía guardia así que me despedí de él con la mirada. Él me hizo un gesto con la mano queriendo decir "después". Cogí el "busca" de urgencias de manos de Ben y me dirigí hacia el comedor de guardia. El trabajo era lo primero... Una vez terminé de comer me metí en Urgencias y no paré de trabajar, perdiendo la noción horaria. Ni siquiera me dio tiempo de hacer una pausa breve para un café. Edward pasó a esa hora, antes de marcharse, para ver si podíamos tomar algo juntos. Lo miré con agobio, tenía ocho niños por visitar y cuatro para dar de alta, no podía irme. Me tomó de la mano y me arrastró a la salita, donde no había nadie en ese momento. Una vez allá me rodeó la cara con sus manos y me besó tierna y largamente. -Hasta mañana por la tarde -susurró, y se marchó en el momento en que entraba una enfermera. Inspiré profundamente y me llevé la mano a los labios, sintiendo aún su sabor en mi boca.
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    Cambio De Destino DraBSwan La noche continuó como la tarde. Cuando acabé mi turno era ya de día y me marché a la cafetería, que acababa de abrir. No me había podido tumbar ni un solo momento. Me senté sola en una mesa con una enorme taza de café y un grasiento donut ante mí. Apoyé la mandíbula en las manos y estuve pensando Página | 164 sobre el día anterior. A lo mejor le hablaría a Edward de la visita de su hermana, pero no le diría nada de la otra visita. Ignoraría a Jacob, probablemente cuando viera que no pasaba nada dejaría de tener esas paranoias con mi… novio, si es que le podía llamar así. No entendía cómo sabía tanto de los Cullen, pero al parecer era un secreto que no podía revelar, así que no debía preocuparme por eso. Intuía que si le explicaba a Edward lo que había pasado con Jake sólo aumentaría los problemas. Mi capacidad para pensar ahora estaba bajo mínimos, pero tenía bastante claro que eso era lo que iba a hacer. Abrí los ojos de repente, me había dormido sin darme cuenta, con la cabeza apoyada en las manos. Ante mí estaba sentado Peter, mi compañero residente. Parpadeé. -¿Mala guardia?-dijo, comprensivo. -Ya te digo- me pasé ambas manos por la cara, frotándola, para espabilarme y borrar un poco las señales de la falta de sueño. Sorbí un poco de café y arrugué la nariz. Ya estaba frío. -Bella, ya sé que es mal momento, pero estoy haciendo el plan de guardias para los próximos meses y necesito que me digas cuándo te marchas, para saber hasta cuándo puedo contar contigo. Peter era el encargado del cuadrante de guardias de los residentes de pediatría. Era un trabajo impopular porque nunca estábamos contentos con el día que nos había tocado (nunca estábamos contentos con ningún día), pero cuando nos quejábamos él amenazaba con dejar el "cargo" a otro y eso nos hacía callar rápidamente. Además, adornaba el calendario con comentarios divertidos y tiras cómicas que sacaba de periódicos, por lo que recibir las guardias de cada mes era un poco más agradable. -Bueno… aún tengo que hablar con Emily y James, pero el próximo trimestre me quedo aquí -sus ojos se iluminaron. Peter y yo nos llevábamos bien, él era divertido, y además un par de manos más para coger el "busca" siempre se agradecían.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿De veras? ¿Estás segura? –asentí, aliviada. Era la primera vez que pronunciaba en voz alta mis deseos y me sentía mejor, más segura. Ahora "sólo" tenía que pensar en cómo explicarlo a mi familia y a James. Me acerqué a hablar con Emily tras la sesión de ingresos de la mañana para Página | 165 comunicarle mi decisión. - Aquí siempre nos va bien un par de manos más para trabajar y además tú trabajas muy bien, Bella. Para mí es una gran alegría, pero no lo será para James. De todas formas es su problema, por tener esa secretaria tan inútil que dejó perder la oportunidad de que trabajaras con ellos desde el primer momento. – Reímos ambas, Irina tampoco era santo de la devoción de mi jefa - Oye… cambiando de tema, no le hagas caso a Joseph, es así de indiscreto, y con la edad va a peor. No te molestó la bromita, espero- me encogí de hombros. -Bueno, no estoy acostumbrada a que se hable de mi vida personal en público, pero supongo que es una de las muchas peculiaridades de trabajar en este sitio. Y tampoco fue un comentario de mal gusto -sonreí. -No lo sabes bien. Me refiero a lo de la vida personal…- repuso, rodando los ojos. Cuando tuve un momento llamé a James y le informé de mi decisión. No estaba contento, pero no protestó. Quedamos en que me quedaría en Forks por lo menos un trimestre más, pero a él le faltaba un residente hasta final de año e insistió que si en cualquier momento cambiaba de idea le podía llamar. Ahora sólo me faltaba llamar a mi casa e informarles de mi decisión que, tenía claro, no iban a comprender. Me entristecí. Ellos querían lo que pensaban que era mejor para mí, pero lo que pensaban ya no coincidía con mis ideas sobre el tema. Antes de irme me despedí de Angela. Estaba poniendo un gotero y esperé a que terminara. Salió del box con la cara exultante de felicidad. -¿Y esa cara?-pregunté. -Me ha llamado Jacob esta mañana-me estremecí levemente al oír su nombre- Dice que va a trabajar seis meses en la unidad de transporte médico urgente y que puede que algún día nos veamos si tiene que hacer un traslado de Forks a Seattle. Uao- miró hacia el cielo y sonrió.- Una dosis extra de Jake.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Me alegro mucho- fingí una cara feliz pero no sabía mentir. No era una buena noticia. Cuanto más alejado estuviera Jake de Forks, tanto mejor para mí. -¿Te pasa algo?- me miró preocupada. Mi cara era transparente y Angela observadora. Página | 166 ¿Que tu novio es un paranoico? -Nada, Angela, es que estoy hecha polvo. Nos vemos luego...- dudé un instante- o mañana, depende del plan con Edward. -No hagas nada que yo no haría, como se suele decir-guiñó un ojo. -No sé qué contestarte, puede que me cante una nana y yo caiga en coma profundo hasta mañana- contesté con fastidio. -Será posible que pienses en perder el tiempo durmiendo… La vida es corta, Bells. No la de todos. -Lo sé, lo sé, ya sabes que cuando salgo de guardia estoy de mal humor, sobre todo si no he dormido-me disculpé. Le apreté la mano con gesto cariñoso y me largué a casa. Capítulo 18
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    Cambio De Destino DraBSwan Abrí los párpados. Sentía cansancio. Desorientación. Apagué el primer despertador, el de la mesita de noche, y me levanté tambaleante para desconectar el segundo despertador, el que había dejado en el pasillo. Mi segundo pensamiento -el primero fue "mierda, qué sueño"- fue para Edward. A Página | 167 estas horas de la tarde ya debía estar en su casa. Cogí el móvil y marqué su número. Estaba hecha una pena pero llevaba muchas horas sin sentir su contacto y en estos momentos ya sufría un agudo síndrome de abstinencia. ¿Cómo me podía haber enganchado a él tanto en tan poco tiempo? -¿Ya estás despierta? -No, hablo en sueños. Pues claro que estoy despierta - gruñí. -Dios. Si estás de ese humor mejor nos vemos otro día, no quiero arriesgarme a que me muerdas. ¡Menudo carácter! – se burló. - Lo siento, no me lo tengas en cuenta. Es que me sienta fatal la privación de sueño. Es capaz de sacar a la luz a la señora Hyde que hay en mí. -¿Quieres decir que si pasáramos toda una noche haciendo el amor, a la mañana siguiente vería a la Hyde esa? Es para pensárselo- contestó en tono serio. -Edward…- hice una pausa, tomé aire y me mordí la lengua para no soltarle otro gruñido. -Lo siento, lo siento… te propongo un trato: dejaré al señor Burlón haciendo compañía a tu señora Hyde y pasaré a buscarte. ¿Estás presentable ya? -Sí. Era un decir. Presentable… no mucho. La cara de zombi que tenía ganaría en palidez a la de Edward, aunque a mí esa blancura no me quedaba tan bien. Por no hablar de las ojeras, y mi vestuario… Miré mi armario una y otra vez. No, definitivamente había mentido, no estaba nada presentable. Me duché y me puse lo primero que pillé, unos vaqueros y una vieja sudadera. Anoté mentalmente por enésima vez: ir de compras con Angela. La pobre estaba tan harta de que no le hiciera caso en ese tema que había dejado un cartel pegado a la puerta de mi armario ropero, por dentro. Así que cada vez que lo abría leía "TENGO HAMBRE. LLÉNAME". Esta vez iba en serio, tenía que hablar con ella y quedar un día para ir a Port Angeles.
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    Cambio De Destino DraBSwan Cuando Edward me vio se iluminaron sus dorados ojos a pesar del aspecto que yo lucía, me atrapó por la cintura y me besó con suavidad. Sonrió con su frente apoyada en la mía. -Si fuera Alice te habría arrancado esa ropa de encima. Yo también tengo Página | 168 ganas, pero no por los mismos motivos, es obvio. -Está claro que la señora Hyde y el señor Burlón no han tenido una buena cita. A este ya lo tenemos de vuelta -murmuré. -No le puedes culpar. ls señora esa es bastante insoportable - sonrió mi vampiro, y sentí que empezaba a desaparecer mi mal humor. Estaba recibiendo mi dosis. Había nombrado a Alice. ¿Habría sido ésta capaz de ocultar sus pensamientos? ¿Debía yo sacar el tema? Me moría de ganas de aclarar algunos puntos con él. Lo arrastré hacia el sofá del comedor y nos sentamos. No contento con tenerme a su lado me cogió y me sentó sobre sus piernas, lo que no era de mucha ayuda para mi perjudicada concentración. Empezaba a olvidarme de lo que quería hablarle. Tampoco ayudaba el que jugara a enredar sus largos dedos entre los mechones que me caían por la espalda. -No te preocupes, Bella. Alice vino a verme, y sé de lo que hablasteis- dijo con dulzura. No me leía el pensamiento pero era evidente que era transparente para él. -Alice… ¿te explicó algo? -¿Lo dudabas? Alice me lo explicó todo. Ni siquiera intentó ocultarme sus pensamientos como había pretendido hacer antes de verme. Bella, ella y yo tenemos una relación muy próxima. En cuanto me vio comprendió que no deseaba ocultarme nada. Repitió vuestra conversación palabra por palabra a una velocidad increíble hasta para un vampiro. Le caíste muy bien, aunque no sé qué pensarías tú de ella. Su comportamiento fue bastante impresentable, por lo menos al principio. Si no hubiera visto lo arrepentida que estaba me habría enfadado mucho con ella -frunció el ceño. -Al principio no le gustaba mucho, eso quedó bien claro. Pero luego hablamos y hablamos… y me sentí como si nos conociéramos desde hace años.
  • 169.
    Cambio De Destino DraBSwan -Alice no tenía nada contra ti cuando se presentó aquí. Lo que no le gusta es que ciegas sus visiones y eso la hace sentir que yo soy vulnerable. Y se preocupa por mí. Para ella representa todo un problema, no sé si lo llegas a imaginar. -Sí, supongo que es como si yo perdiera alguno de mis cinco sentidos por la Página | 169 proximidad de alguien. ¿Por qué crees que pasa eso? -Creo que es una especie de don. Algunos de nosotros teníamos ya ciertas… capacidades antes de ser vampiros, y al transformarnos estas se intensificaron. Esto le pasaba a Alice. Otros las desarrollamos después de la transformación, como me pasó a mí. -¿Todos los vampiros tenéis dones especiales? -Muchos tenemos algún don. No todos. Y tu don debe ser muy fuerte para manifestarse tan intensamente aún siendo humana -me miró con curiosidad. Pensé que por desgracia mi recién descubierto "don", como él decía, no me era muy útil en el mundo de los humanos. Y de momento no sabría cómo sería de útil siendo vampira porque el llegar a transformarme no entraba en mis planes. No ahora. Pero quería saber si Edward y su hermana habían hablado de ello. -Entonces… ¿te contó toda nuestra conversación?-su expresión se volvió cautelosa, sabiendo que tocaba un tema espinoso. Sí, habían hablado de todo. -Ya le dije a Alice que no se metiera donde nadie la había llamado. Si no me hubiera dado una ración extra de esos pucheros que sólo ella sabe hacer la habría estrangulado-bromeó.- Olvida eso ahora. Cambié de tema. El siguiente de la lista también era un tema difícil. -Edward… ¿qué piensa tu familia de nosotros como pareja? Me dió la sensación de que no son muy felices con el tema. -No ha de importarnos, Bella -negó con la cabeza y me clavó su mirada de miel. Sus dedos se fueron desplazando de mi cabello hasta la piel de mi cuello, apenas un roce pero suficiente para aturdirme. Era obvio que él deseaba cambiar de tema. Hice un esfuerzo para olvidar la sensación que esos dedos causaban en mi piel y me obligué a volver a la conversación. -Entonces estoy en lo cierto. Eso es que no les gusta la idea- repuse. Para mí era lógico. Edward suspiró al ver que su estrategia fallaba.
  • 170.
    Cambio De Destino DraBSwan -No les gusta la idea de que yo esté con una humana, no de que esté contigo, Bella. Ellos temen muchas cosas de esta relación, es… extraña. Puede que seamos un caso único. Carlisle me explicó que había investigado y no había encontrado nada, ni siquiera en leyendas antiguas, sobre una relación Página | 170 sentimental entre un vampiro y una humana, quizá porque… - dudó un momento- porque cuando sucedía la parte humana de la relación no sobrevivía. -Qué manera más rebuscada de decir que el vampiro se merendaba a la humana- gruñí. -Tienes un peculiar sentido del humor, Swan. -Y tú di las cosas por su nombre, Cullen. No me uses frases rebuscadas. Me haces pensar demasiado y no estoy en condiciones. -Volvió Hyde. - Rió y me acarició la cara, ignorando mi amenazador ceño. - Estoy convencido de que igual que ahora le gustas a Alice puedes llegar a gustarles a los demás. Si no te conocen saliendo de una guardia, claro. -Ja - hice una mueca, aunque no le faltaba razón.- Hay algo más que quisiera hablar contigo. Alice es muy hermosa- me miró esperando que continuara.- Tú también lo eres -alzó una ceja. -¿Y? -¿Es normal eso en los de tu especie?-de pronto su mente se iluminó y comprendió por dónde iban los tiros. -¿No habíamos quedado en que no eras celosa? -No, era que no estaba celosa. Pero ahora me imagino que tendrás varias ex despampanantes por ahí dispersas y no puedo evitar sentirme mal- me miré las manos, que tenía entrelazadas, y luego a él. -¿No confías en mis sentimientos por ti?-arqueó las cejas. -Sí, sí confío. Sólo dime… ¿cuántas? No me asustaré, 120 años dan tiempo para mucho. -Te sorprenderías... Probé suerte una vez, pero no estaba enamorado. La relación duró dos años... la más larga que he tenido, y tendría que haber durado menos.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Y? -¿Y, qué? -No me vas a decir que el resto de los años tus impulsos sexuales han estado sin Página | 171 satisfacer. Porque me voy a asustar, si tienes toda esa energía que gastar - él rió. -No, cuando lo he necesitado he tenido alguna relación esporádica con otra vampira, pero sólo de unos días, sabiendo ambos que no había compromiso. De esas he tenido varias, y no lo cuento como relación. Ni siquiera recordaría los nombres de la mayoría. ¿La mayoría? ¿Cuántas habían sido? No, ahora no estaba preparada para escuchar la respuesta. Un harén de preciosas vampiras rodeando a Edward era un pensamiento nada bienvenido en este momento. Pero no pude evitar seguir con mis indagaciones. -¿Y son hermosas todas las vampiras? No me has contestado todavía. -Lo son, pero- posó sus manos en mi nuca, entrelazó sus dedos con mi cabello y me clavó una mirada ardiente - Bella, ni una sola me ha hecho sentir una centésima parte de lo que tú me haces sentir. Porque estoy enamorado de ti, y no lo estaba de ellas. Ninguna me hizo sentir como si volviera a latirme el corazón. Ninguna desató el fuego que tú enciendes en mí sólo con inspirar tu aroma, con mirarme, con rozarme. Ninguna me hizo reír como tú, o desear que dijera cualquier cosa sólo para poder escuchar su voz. Sentí que mi ansiedad se evaporaba. Alargué la mano para rozarle la cara con las yemas de mis dedos. Notaba la electricidad entre su piel y la mía aún antes de tocarle, como si mis terminaciones nerviosas presintieran su tacto. Le acaricié el perfecto rostro bajando por la frente, los pómulos, el fuerte ángulo de la mandíbula, los sensuales labios, la nariz. Cerró los ojos y le besé los párpados, recorriendo el camino hasta su boca, que se entreabrió dándome paso. Mi lengua jugó con la suya dulcemente. Desplazó las manos descendiendo por mi espalda pero lo aparté con delicadeza. -No. Déjame tocarte – pedí. Él suspiró y siguió con los ojos cerrados. Bajé ambas manos por su cuello, apenas rozándole. Su piel era suave y firme, con un tacto levemente frío. Descendí hacia el cuello de la camisa y empecé a desabrocharlo, lentamente, sin prisas. Abrió los ojos y los hundió en los míos. Quemaban. Entreabrió los labios pero le puse un dedo encima para silenciarle.
  • 172.
    Cambio De Destino DraBSwan Introduje mis manos por la abertura de su camisa, acariciándole el torso, quitándosela, colocándome a horcajadas sobre él. Observé su perfección y me incliné sobre su cuello, inspirando su aroma, llenándome de él, acariciándolo con mis labios, con la lengua, mientras seguía sintiendo cómo su pecho se Página | 172 movía de forma cada vez más agitada. -Bella… no puedo quedarme quieto más tiempo. No me pidas eso-gimió. -Ejercitemos tu autocontrol- sonreí contra su cuello, y procedí a intentar desabotonarle los vaqueros, que ya mostraban una considerable erección. Con un poco de colaboración de su parte le quité el resto de ropa. Admiré su escultural cuerpo y me mordí el labio inferior. -Gracias por la ayuda. Ahora quiero probar una cosa. Quédate muy, muy quieto- susurré mientras mordisqueaba su cuello y bajaba hasta la clavícula. Tomé su erecto miembro, acariciándolo arriba y abajo, presionándolo, disfrutando del suave tacto, excitándome al sentir su placer, al escuchar cómo su respiración se entrecortaba y varios sensuales gemidos se escapaban de sus labios. Echó la cabeza hacia atrás, los párpados de nuevo cerrados. Mi excitación iba en aumento arrastrada por la suya, el deseo que sentía en mi interior se extendía nublándome la mente, haciéndome perder el poco control que me quedaba. Tenía que probar el sabor de todo su cuerpo. Fui bajando lamiendo, mordisqueando, deteniéndome en los pezones, en el abdomen, en el bajo vientre, hasta llegar a la sensible piel de su miembro. Sentí cómo Edward contenía la respiración. Sin parar de acariciarlo, lo rodeé con la boca, ascendiendo y descendiendo, acariciándolo con la lengua, succionándolo, cada vez con más insistencia, una y otra vez. Su sabor era excitante y sus sonidos de placer me estaban volviendo loca. Me acarició la cabeza e intentó apartarme suavemente. -Amor… no puedo… aguantar más- apenas pudo pronunciar las palabras. Me separé un instante. -Déjame probarte, Edward -pedí casi sin aliento. Él cerró los ojos y agarró con fuerza el reposabrazos del sofá. Seguí disfrutando con mi íntima caricia, hasta que su cuerpo se tensó y emitió un largo gruñido profundo, animal, y yo bebí de él, completamente extasiada por el placer que le había proporcionado. Nos quedamos quietos unos segundos, sus manos enredadas en mis cabellos, su cabeza reclinada hacia atrás. Jadeé al darme
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    Cambio De Destino DraBSwan cuenta de que el reposabrazos estaba parcialmente arrancado. Incluso en ese momento no puede evitar pensar qué le diría a mi amiga. De repente en uno de esos rápidos y desconcertantes movimientos se puso en pie, amarrando mis piernas alrededor de su cintura. Página | 173 -Creo que necesitamos una ducha -murmuró roncamente en mi oído. Me depositó en el suelo del baño con suavidad, me apoyó contra la pared y empezó a quitarme la ropa. Lo hizo lentamente, sin perder de vista mis ojos, hipnotizados por los suyos. Se arrodilló para quitarme las braguitas, bajándolas con lentitud. Mi pecho subía y bajaba trabajosamente. Lo deseaba tan intensamente que casi me asustaba lo que me hacía sentir. -No te imaginas la vista que tengo desde aquí. Eres muy hermosa, Bella. Esa mirada oscura y su expresión animal volvían a poseerme, no podía apartar la vista de él. Cuando terminó de quitarme la lencería comenzó un lento ascenso con sus manos desde los pies acariciándome las piernas, el hueco de la rodilla, los muslos, pasando a la parte interna de estos, ascendiendo hasta mi zona íntima. Jadeé sonoramente y él sonrió lascivamente, pasando la punta de la lengua por sus labios. Sólo verle sonreír así hacía que la sangre ardiera en mis venas. Mis rodillas amenazaban con no soportar mi peso y me apoyé con las manos contra la pared. -Estás deliciosamente cálida. Y tan mojada… -su voz era un murmullo aterciopelado. Introdujo uno de sus largos dedos en mi interior al tiempo que acariciaba mi clítoris con el pulgar, y con la otra mano me rozaba las nalgas. No pasaron ni unos instantes y me derramé en su mano con un fuerte gemido. Pero él no paró, acercó su boca a mi zona más sensible y comenzó a lamerme. Me tomó una pierna y la pasó por encima de su hombro, sujetándome. Siguió moviendo su dedo en mi intimidad, tocando puntos que provocaban que mi placer ascendiera a cotas aún desconocidas por mí. -Edward, me vas a matar- protesté entrecortadamente y él apartó brevemente su boca de mí. -Vuelve a correrte para mí, cielo -pidió, introduciéndome otro dedo, lamiendo, y succionando suavemente mi clítoris. Mi cuerpo volvió a estremecerse, casi convulsionando de placer, y él también bebió de mí. Tuvo que sujetarme con
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    Cambio De Destino DraBSwan fuerza para evitar que me deslizara hacia el suelo del baño, sin fuerzas para nada más. Mis piernas claudicaban. -Todavía no he terminado contigo - su voz sonaba profunda y erótica. Página | 174 Me alzó y me metió dentro de la bañera, abriendo el grifo de la ducha. Me rodeó fuertemente con sus brazos y se fundió con mis labios, besándome con ternura, acariciando mi lengua con la suya. Pude probar mi sabor, mezclado con el de su boca y con el del agua que corría por nuestras pieles. Siempre consciente de mis necesidades, se apartaba brevemente para dejarme respirar, y volvía a invadir mi boca de una manera que, aunque me parecía imposible, volvía a hacer que estuviera excitada. Su sabor era una droga para mí. Descendió hasta mis pezones, los mordisqueó y trazó círculos en la areola con su lengua, succionándolos. -No puedo más, Edward- él me ignoró y siguió con su tormento. Bajé mi mano hasta su miembro, que estaba más que preparado. -Aún no -susurró. De pronto me volteó y se apretó contra mi espalda, acariciándome los pezones con una mano y bajando la otra hasta mi clítoris. Mordisqueaba mi cuello y por un momento pensé qué sentiría si me mordiera más profundamente, e inexplicablemente para mí este pensamiento me excitó. Intenté tocarle pero él no me dejó, sujetándome ambas manos con una suya. -Ahora me toca a mí, cielo. ¿Dónde está tu autocontrol? –no podía verlo, pero sí imaginar su sonrisa torcida y su mirada de deseo. -Edward, no puedo más. Te quiero dentro de mí - pedí. En un movimiento me abrió ligeramente de piernas y me inclinó ligeramente hacia delante. Me penetró de forma enloquecedoramente lenta, retirándose cada vez que avanzaba un poquito, torturándome. Con la mano libre acariciaba mi clítoris, suavemente, aumentando mi tensión interna pero sin darme la liberación. -Ya estoy dentro de ti, amor... no puedo ni explicarte cómo te siento. -Edward…-supliqué, casi lloré. -Shhh- su aliento chocó contra mi oído. Fue su única réplica. Siguió acariciándome, entrando suavemente, saliendo de mí, dejándome vacía.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Joder...Edward...te...odio -gemí a duras penas. -Lo sé, amor – sonrió sobre mi cuello, provocándome un escalofrío. Intenté moverme pero me tenía completamente sujeta. Sentía un deseo tan intenso que dolía físicamente. Página | 175 -Por favor… -No -dijo mientras seguía con su juego. -Por favor, por favor…hazlo ya -supliqué casi llorando. Entonces se deslizó dentro de mí, profundamente y de una sola vez, provocándome un orgasmo que devastó mi cuerpo; grité y me apoyé contra la pared de la ducha para no caer y él empezó a bombear dentro de mí con fuerza. Gemíamos y gritábamos con cada embestida, hasta que me llevó de nuevo al clímax y lo sentí descargar dentro de mí. Me sujetó al notar que mi cuerpo cedía y me dio la vuelta. Me apoyé en su hombro, completamente exhausta, mientras él me abrazaba con fuerza y el agua caliente se deslizaba por mi espalda. -¿Me sigues odiando?-murmuró contra mi pelo, al cabo de unos instantes. No podía hablar, pero asentí con la cabeza y hundí mis dedos en el húmedo cabello de su nuca. Él rió suave y me meció lentamente, como acunándome.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 176 Capítulo 19 BPOV Era domingo por la noche. El peor momento de la semana, quizá exceptuando el lunes por la mañana. Angela había ido a pasar cuatro días a casa de Jake, en Seattle, y no volvía hasta el dia siguiente. Así que Edward y yo habíamos tenido dos días por delante para nosotros solos, dos días para los que habíamos hecho muchos planes: ir de excursión por el Parque Natural, cenar en su compañía en un restaurante de Seattle del que le habían hablado muy bien, pasear por la zona portuaria de Port Angeles…. Sí, teníamos muchos planes. Que se quedaron en eso. Al final nuestro fin de semana consistió en hacer el amor en cada rincón de su casa el sábado y en cada rincón de la mía el domingo. En mis 26 años sólo había tenido una pareja, Marc. Nuestra relación duró lo que la carrera de medicina. Lo dejamos de mutuo acuerdo, o mejor dicho, de mutuo aburrimiento. Al terminar la carrera él se marchó a hacer la especialidad de anestesia a Madrid y yo me quedé en Barcelona. Nuestras llamadas se fueron espaciando cada vez más de forma natural hasta que nos dijimos adiós.
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    Cambio De Destino DraBSwan Con él conocí lo que era la intimidad con un hombre... pero Edward había despertado sensaciones en mi cuerpo que jamás había experimentado. A lo largo de las semanas que llevábamos juntos me mostró que era un amante tan dulce como apasionado, insaciable, atento e incansable. Me llevaba al cielo, una Página | 177 y otra vez. El único límite eran mis humanas fuerzas. Mi vida era mi presente, y mi presente era él. No pensaba en el futuro, ahora no me importaba demasiado. -Un beso por tus pensamientos - susurró Edward. Abrí los párpados. A través de la ventana podía ver la luna tapada a medias por una cortina de nubes y ante mí su silueta recostada, abrazándome con suavidad. Antes de él jamás había podido dormir abrazada a nadie. -Nada importante. Recordaba. -Entonces no quieres el beso. -Tonto… siempre quiero tus besos. Pero no acepto los sobornos -sonreí. -Algo tengo que ingeniarme, ya que no te leo la mente. ¿Quizá otro tipo de sobornos?-preguntó con voz insinuante. -No sé en qué estás pensando, pero si es en lo que creo te recuerdo que soy humana. Apenas puedo moverme - reí. -Para lo que estoy pensando no hace falta que te muevas. -Estás loco. -Por ti. -Vale… te diré lo que pensaba. Me acordaba de mi primer y único novio. Sólo eso. -Ahora me dejas más tranquilo -bromeó. Cambié de postura y me apoyé sobre su pecho, mirando su rostro.- ¿Sólo ha habido un hombre del que estar celoso? -preguntó, ascendiendo con la mano a lo largo de mi espalda hasta llegar a la nuca. Casi ronroneé de placer.
  • 178.
    Cambio De Destino DraBSwan -No ha habido ningún hombre del que estar celoso, porque ninguno puede compararse contigo. -Creo que acabo de sufrir una sobrecarga de ego. Página | 178 -¿Es eso posible? ¿Se puede sobrecargar más?- abrí los ojos y la boca desmesuradamente, componiendo una exagerada mueca de sorpresa. -Swan, ¿estás intentando ofender a un vampiro?- preguntó con voz acerada. Algo en su tono hizo que parara de reírme. -No me das miedo. -No deberías haber dicho eso. Bella bocazas. En una décima de segundo había invertido nuestras posiciones y quedó encima de mí, con su cara amenazadoramente cercana a la mía. -Repite eso- su dulce aliento me rozó la piel de los labios. -No… me… das... miedo- repetí, mientras mi latido cardiaco alcanzaba un volumen audible incluso para mí misma. A pesar de la penumbra fui capaz de ver que Edward sonreía perversamente. -Buen intento. ¿Por dónde iba? Ah, sí… creo que te debo un beso –atrapó mi boca con la suya y me besó hasta que mi voluntad se redujo a cenizas. -¿Decías?- oh, dios, esa sonrisa. -Eres un monstruo terrible -susurré sin aliento, rendida. -Lo sé. Y ya sabes lo que hacen los monstruos terribles. Se comen a las inocentes muchachitas- y sin darme tiempo a réplica devoró mi boca. Cuando me levanté él ya estaba vestido y me observaba desde el sillón con una expresión indescifrable. Me dolían varias partes del cuerpo y lo que no me dolía parecía curiosamente anestesiado. Al ducharme descubrí en mi piel algunos hematomas superficiales. También sentía otros dolores en lugares más íntimos, pero nada de eso me importaba lo más mínimo. Me sentía enormemente feliz. Aunque había algo en su expresión que me inquietaba.
  • 179.
    Cambio De Destino DraBSwan Durante el desayuno hablamos de diferentes temas, pero yo observaba algo diferente en su comportamiento. Como si quisiera decirme algo y no supiera cómo. En cuanto subimos al coche no pronunció una palabra más. -Estás un poco silencioso- comenté, un tanto intranquila. Página | 179 -Bella, ¿no tienes nada que explicarme?- su voz sonó forzadamente casual. -No, que yo recuerde- repuse, confusa. -Entonces quizá hagas memoria si te digo que esta noche has hablado en sueños.- Una alarma se encendió en mí. -Ah, sí, a veces lo hago. Hablo en sueños, sobre todo cuando voy falta de sueño. ¿Y qué he dicho esta vez? Suelen ser tonterías sin sentido- Tonta Bella, esto último suena a excusa. -No sé si tendrá sentido para ti "Jacob, te marchas ya o me pongo a gritar" - comentó Edward con el ceño fruncido. Mierda. El corazón me dio un más que inoportuno vuelco. -No sé qué sería… algún sueño que no recuerdo. ¿Por qué le das tanta importancia?-contraataqué, repentinamente enfadada por el interrogatorio. Me miró con el ceño aún más fruncido. -Bella, no se la daría si no estuviera seguro de que me estás mintiendo. -Si me vas a llamar mentirosa se acabó la conversación- gruñí mientras me cruzaba de brazos, apretando los labios. Observó mi gesto, incrédulo. -¿Estoy saliendo con una mujer de 26 años o con una de 6? -Edward era un amante perfecto, pero su psicología femenina dejaba mucho que desear. Se me ocurrieron varias bonitas respuestas con referencia a su edad pero preferí omitirlas. -Déjame en paz. -No hasta que me digas por qué parecías tan angustiada cuando hablabas en sueños y por qué estás ocultándome cosas. ¿Te asustó Jacob Black? Tienes que explicármelo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No es nada importante. Si lo fuera te lo diría -repuse obstinadamente. -Si no es importante puedes decírmelo-sus ojos llameaban de ira. No sabía si estaba enfadado con Jacob o conmigo. Página | 180 -No. -Entonces iré a ver a Jacob Black y le preguntaré por qué discutía con la mujer que amo. -¡No! - el grito se me escapó. De repente giró el volante y paró en el arcén. Se encaró hacia mí. -Pues será mejor que me lo expliques tú misma- replicó con voz endurecida. Observé su expresión fría y me dolió. Nunca se la había visto y no deseaba hacerlo. Giré la cabeza, mirando por la ventanilla el bosque cercano. Si creía que presionándome de esa forma iba a hacerme cambiar de idea no me conocía. -Tendrás que confiar en mí –le hablé al cristal, observando cómo se empañaba. -Bella, comprende que sólo quiero proteger lo que más quiero. Tú. – Su tono de voz se había dulcificado hasta ser suave como el tercipelo. Vaya. Cambio de estrategia. Exhalé con fuerza. -Ya tengo bastante con los paparazzi del hospital. No necesito también un guardaespaldas, gracias. Escuché como inspiraba y espiraba con lentitud, probablemente intentando calmarse. Seguí observando el paisaje a través del cristal de mi ventanilla. Él arrancó el motor y volvimos a la carretera, siempre en silencio. Al llegar al hospital bajé del coche antes que él y entré sola. Algunas caras me miraron al pasar y me saludaron. Quizá si no tuvieran tema de conversación en la comida podrían departir sobre las posibles causas de nuestra pelea. Apenas llegué a la sesión de la mañana cuando Mónica salió disparada del despacho. Casi chocó conmigo porque estaba mirando el mensaje de su "busca".
  • 181.
    Cambio De Destino DraBSwan -Ven conmigo, Bella, hay una cesárea de gemelos y además son prematuros. Mejor cuatro manos que dos. -Ah, qué buena manera de empezar la mañana. Esto espabila más que el café. ¿Muy prematuros? –pregunté mientras la seguía, poniéndome a su altura. Página | 181 -Son de 32 semanas. Es cesárea porque el primer gemelo va de nalgas. -Bueno, podía ser peor. Llegamos al área quirúrgica de la maternidad y, tras el engorro de ponernos el uniforme estéril, pasamos al antequirófano. Miré por la ventanita de la puerta del quirófano mientras Mónica comprobaba que la cuna térmica estuviera encendida. -Joder, ¡pero si aún están poniéndole la epidural! ¡Un día nos llamarán antes de que hagan al niño! ¿Es que se creen que no tenemos nada que hacer en todo el día que esperar aquí dentro?- gruñí. -¡Vaya humorcito mañanero que tenemos! ¿Has discutido con tu novio? - comentó Anne, pasando por mi lado y dirigiéndose al lavabo que había a la entrada del área estéril. Mónica me miraba, sentada en una camilla que había en el pasillo, con las piernas colgando. Me senté a su lado. -Lo siento, chicas. Sí, supongo que ha sido la primera discusión- Mónica me miró con comprensión. -Bueno, pues ya sabes lo que se dice de qué es lo mejor de las discusiones de enamorados, Bells- repuso Anne guiñándome un ojo. En un gesto universal a todos los cirujanos alzó las manos al terminar de lavarlas como si la estuvieran atracando, y apretó con el pie el botón que activaba la apertura automática de la puerta del quirófano, desapareciendo por ella. -Anímate- instó Mónica, dándome un golpecito en la mano - Parece que hoy va a salir el sol unas horas. Después de comer podemos subir un rato a la azotea y tomar el sol, estás casi tan pálida como Edward.
  • 182.
    Cambio De Destino DraBSwan -¿Sol? -repuse volviendo la cabeza hacia el ventanal detrás nuestro. En efecto, los tenues rayos de un tímido sol asomaban entre unas nubes gruesas. -Sí, sol, esa bola de fuego que se ve brillar en el cielo. Poco más de dos meses aquí y ya se te olvidó del significado de esa palabra, Bella- se carcajeó Mónica. Página | 182 -Ah, sí, como lo añoro -contesté de forma automática. Me levanté de la camilla para comprobar cómo iba la cesárea mirando a través del cristal de la puerta y le hice un gesto a mi compañera para que se acercara. Anne ya estaba realizando la incisión en el útero y era muy rápida. En esa situación siempre se me ocurría la misma imagen: como en un partido de fútbol americano, la matrona recogía al bebé de brazos de la ginecóloga, rápidamente lo envolvía en un paño estéril, se acercaba atravesando la puerta con el bebé y allá estábamos nosotras, en la portería, esperando para parar el gol. Los dos bebés nacieron sin complicaciones y con un peso aceptable, por lo que pronto podrían pasar a la habitación con sus emocionados papás. La mañana pasó tranquila. Me sentía mal por la discusión con Edward, sabía que él sólo se preocupaba por mí, pero no estaba dispuesta a que me tratara como a un ser débil e indefenso, aunque comparada con él eso es lo que yo era. Pero también tenía mi orgullo. Desanimada, bajé al comedor con mis compañeras. -¿Te quedas tres meses más, Bella? Me enteré ayer -comentó Mike, tomando un poco de puré de patatas. Aunque lo que con ese nombre servían en el comedor de personal bien habría podido servir para alisar las grietas que había en la pared de mi habitación. Tenía que hablar con Angela sobre eso. -Y eso que aún no lo ha publicado el Times- rió Monica. Puse cara de resignación. -Sí, la verdad es que aquí aprendo pediatría a nivel más primario, y creo que amplía el abanico de posibilidades una vez haya terminado. Y yo creo que me bastará con seis meses en Seattle para hacer currículo. -¿De veras vas a volver a España? ¿No nos echarás de menos?-inquirió Mónica.
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    Cambio De Destino DraBSwan -De momento es lo que tengo planeado. Ya veremos qué pasa- miré mi manzana fijamente, como si fuera una bola de cristal y de ella pudiera extraer la información que necesitaba. Lo cierto es que vivía tanto el presente que ni me había planteado lo de mi vuelta a España. Lo veía como algo muy lejano. Página | 183 Tal como habíamos quedado nos dirigimos a la azotea del edificio después de la comida, pues teníamos unos minutos de descanso todavía. Me sentí deprimida. No podía olvidar que el helipuerto era el lugar donde Edward me besó por primera vez, y me atacó la nostalgia. Afortunadamente el sol ayudó a desvanecer la tristeza que empezaba a embargarme. Era un placer sentir el calor de los rayos solares en nuestro cuerpo. Nos tumbamos las tres en medio del helipuerto, con los brazos y piernas en cruz, para recibir la máxima irradiación posible. Por el aspecto del cielo no tenía pinta de durar mucho tiempo, y había que aprovecharlo. Hacía una temperatura tan agradable que nos quitamos las batas y nos quedamos sólo con el pijama blanco de manga corta. -Espero que no haya ningún traslado urgente en helicóptero- comentó Mónica. En aquel momento escuchamos a lo lejos un inconfundible sonido que se acercaba. -Moni, chica, ¿tienes poderes o qué? ¡Podías decir algo así como "espero que no aparezca Brad Pitt por Urgencias y me invite a cenar"!-exclamó Anne, sentándose y poniendo una mano a modo de visera para otear el horizonte. En efecto, un helicóptero se acercaba en la lejanía. Debía haber algún traslado urgente, aunque nada de pediatría o nos habríamos enterado, porque Monica continuaba llevando el "busca". -Será mejor que volvamos abajo -dije. Me separé de ellas y me dirigí a Urgencias. Quería saber qué pasaba, si podía ser útil en algo. No, no quería engañarme. Quería ver a Edward, lo necesitaba. Cuando llegué el box de reanimación estaba ocupado por varios profesionales que no paraban de moverse de un lado a otro. -¿Qué sucede? -pregunté a Claire, que estaba saliendo de otro box.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Bueno, medicina de campaña, ya sabes, esto es un hospital pequeño. Hay un chico joven que ha tenido un accidente de moto, y tiene un hematoma intracraneal, al parecer epidural. -¡Dios! ¡Si aquí no hay neurocirujano! -exclamé, angustiada. Ese hematoma Página | 184 podía provocarle la muerte en pocos minutos si no se vaciaba. -No, pero hay gente con valentía y experiencia – dijo Claire.- Los traumatólogos le acaban de hacer una craneotomía de urgencia y le han vaciado el hematoma. Los cirujanos le están poniendo un drenaje torácico, porque también tiene hemotórax. Ahora comprendía la llegada del helicóptero. Lo cierto es que en la zona alrededor de Forks había muchos accidentes, particularmente de moto, así que no era algo raro encontrarse pacientes politraumatizados casi a diario, y el personal estaba entrenado para técnicas que en los hospitales grandes sólo dominaban los más especialistas. Era algo que me gustaba de ese hospital, con los medios mínimos conseguían muy buenos resultados. De pronto me giré, como si hubiera escuchado una voz en mi mente, aunque era consciente de que no había sido así. Entonces vi a Jacob acercarse por el pasillo de urgencias en dirección al box de reanimación. Me miraba con un odio tan intenso que me dolió el corazón. Después noté que sus ojos se desplazaban en otra dirección, más allá de mí. Edward salía de aquel box, quitándose una bata verde de quirófano. Me sonrió al verme. El cambio en su expresión fue tan rápido que apenas pude darme cuenta de que había estado sonriendo, pues ahora sus ojos miraban más allá de mí, con una mirada asesina. Su labio superior se retrajo levemente, enseñando sus perfectos dientes en un gesto que no era una sonrisa. La expresión de Edward me recordó a una pantera a punto de lanzarse sobre su presa. Los brillantes e hipnóticos ojos clavados en Jacob, su flexible cuerpo súbitamente tenso, como preparado para saltar, los colmillos apenas insinuados... Estaba tan quieto que pensé que ni tan siquiera respiraba. Por un momento temí que perdiera su férreo autocontrol y me acerqué a él asustada, interponiéndome en la dirección de su mirada. Mi orgullo sufrió un pequeño desplante, porque no conseguí desviar sus ojos de Jacob ni un ápice. Me giré para observar a este y pude ver que arrugaba la nariz y había clavado en Edward su mirada de odio. Jacob quedó estático durante escasos segundos, que a mí me parecieron una eternidad. De repente reaccionó y entró en el box de donde
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    Cambio De Destino DraBSwan Edward había salido momentos antes. Cuando Jake desapareció de su vista aquel desvió sus ojos hacia mí y su mirada se dulcificó. -Ahora estamos trabajando, pero luego tenemos que hablar, Bella. En tu casa, por la tarde - murmuró. Página | 185 Su voz sonaba contenida, pero su cuerpo se había relajado. Sentí que el peligro había pasado. Me apretó el brazo levemente a modo de despedida y se dirigió al cubo de la ropa sucia, donde depositó la bata de quirófano que aún llevaba en la mano. Decidí que mi presencia allá era un estorbo, y subí a la consulta externa a estudiar las historias clínicas de los pacientes que visitaría al día siguiente. Escuché el sonido del helicóptero despegando. Mi mente, que había conseguido centrar en los papeles que tenía delante, se liberó y empezó a divagar. Recordé la discusión con Edward. Ahora probablemente ya sabía lo que había pasado entre el quileute y yo. Tenía claro que había leído la mente de Jacob, de ahí su reacción. No comprendía a qué se debía el intenso odio de este, pero estaba segura de que mi novio vampiro no era un peligro para nadie. Estaba convencida de ello. Decidí dar carpetazo al tema en mi mente y seguir con el trabajo. Cuando por fin llegué a casa me pareció que había sido un día muy largo. Tenía muchas ganas de ver a Edward, y en ese momento nuestra pequeña discusión de la mañana me parecía una absoluta estupidez. Me estaba preparando un café cuando por fin sonó el timbre de la puerta. Abrí tras observar por la mirilla. -Hola-dijo, casi con timidez. Edward estaba parado en el umbral, guapo hasta dolerme el corazón, como siempre. Llevaba unos vaqueros negros, camiseta azul, tenía ambas manos en los bolsillos, y me observaba dubitativo. Sin pensarlo ni un segundo me abalancé sobre él y me abrazó con fuerza. Sus labios se desplazaron por mi cabello hasta mi rostro y de ahí a mis labios, besándome con ternura, una y otra vez. Por fin, tomé su mano y lo conduje a la mesa de la cocina. Nos sentamos frente a frente y esperé a que él hablara. Mientras una de mis manos aguantaba mi taza de café la otra se entrelazaba con la suya.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 186 Capítulo 20 BPOV -Bella- comenzó- No me voy a disculpar por mi comportamiento de esta mañana. Te prometo que iba a hacerlo, no comprendía ni por qué nos habíamos enfadado por una tontería así… hasta que he leído la mente de Jacob – frunció el ceño y me clavó la mirada- ¿Cómo pudiste callártelo? Su actitud fue amenazante, te asustó, y te lo guardaste para ti. ¿Es que no confías en mí? ¿Crees que lo voy a matar o algo así? - Hizo una pausa cuando vio que yo arqueaba una ceja recordando la escena de horas antes - De acuerdo, es cierto que he tenido que emplear toda mi fuerza de voluntad para dominar el impulso de arrancarle la cabeza cuando he leído sus recuerdos. Pero lo que importa es que al final no lo he hecho, ¿no? – sonrió levemente, pero sus ojos centelleaban. -Irás a hablar con él, ¿verdad? – quise saber, preocupada, y él asintió - Prométeme que no le harás daño. Es el novio de mi mejor amiga. -¿Me crees capaz de hacérselo?- dijo, y compuso aquella cara de inocencia que yo ya conocía. -Edward, no te has visto la expresión esta tarde, en Urgencias. Me has asustado. Parecía que ibas a saltar sobre él. -Si no le he matado entonces no creo que vaya a hacerlo en un encuentro más o menos preparado. Puedes estar tranquila… supongo - añadió, curvando levemente una comisura de sus sensuales labios.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Sí, mira, tranquilísima estoy, sobre todo después de ese "supongo"- su sonrisa se amplió más y sus dientes brillaron. Me obligué a mirarle a los ojos y no a la boca. -Por supuesto que iré a hacerle una visita. Esta tarde no era el lugar ni el Página | 187 momento para dejar las cosas claras. Pero no voy a dejarlo así, y ni por un momento creas que él lo va a hacer. ¿Pensabas que ignorándole como has hecho hasta ahora nos iba a dejar en paz? -¿Pero por qué? ¿Por qué ese odio hacia vosotros? -Él sabe lo que soy, lo que mi familia es. Lo sabe porque su padre es uno de los patriarcas de los quileutes, y es un secreto que se transmiten entre ellos. -Ya imaginaba que lo sabía por todo lo que me dijo, pero ¿cómo? -Es una vieja historia, de la primera vez que aparecimos por aquí toda la familia, hace muchas décadas. Los quileutes no se tragaron nuestro disfraz de personas normales. Nosotros no lo sabíamos, pero ellos podían detectar que olíamos diferente que el resto de humanos. Según sus leyendas, hace siglos los lobos vencieron a unos vampiros en una lucha a muerte por poseer este territorio. La lucha fue larga y hubo muchas bajas en ambos bandos, pero ellos salieron victoriosos. Dicen que su tribu desciende de aquellos lobos, y no sé qué hay de real en eso, pero sí es cierto que algunos de ellos aún conservan el don de detectarnos. -No me estarás hablando de hombres lobo...- después de aceptar que Edward era un vampiro y leía mentes creí que ya nada sería demasiado, pero de vez en cuando había nuevas revelaciones que me hacían desestimar esa idea, como la capacidad de Alice de ver el futuro, y ahora… esto. -Bella, ahora no hay hombres lobo por aquí, aunque probablemente sí los hubo- me tomó ambas manos entre las suyas y las acarició.- Verás, aunque los vampiros seamos mucho más fuertes que los humanos no somos completamente indestructibles, además somos muy escasos en número, y no nos interesa que la gente sepa de nuestra existencia. El caso es que los quileute supieron lo que éramos pero cuando descubrieron cuál era nuestra alimentación… eso los descolocó, en sus leyendas no se hablaba de vampiros como nosotros. Cuando se aseguraron de que éramos distintos del resto de nuestra especie hicimos un pacto: ellos nos dejarían en paz y nos guardarían el secreto mientras siguiéramos con nuestra dieta especial, y nosotros
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    Cambio De Destino DraBSwan respetaríamos todo su territorio, la zona que actualmente ocupa la reserva. Supongo que no acaban de fiarse de nosotros, piensan que algún día se liberará nuestra auténtica naturaleza y prefieren tenernos lejos. -¿No habéis demostrado suficientemente que no sois peligrosos? Tú y tu padre, Página | 188 con vuestro trabajo diario… y los demás Cullen. -Bella, no todo el mundo es como tú. Eres la única humana que he conocido que trata así con vampiros, con esa confianza. Por más que nos encuentren atractivos hay algo, una sensación inconsciente, que en algún momento hace percibir a los humanos que somos peligrosos. Lo sé porque he leído miles de mentes a lo largo de mi existencia. Algunos te dirán que somos raros, otros que hay un no se qué que no les gusta, pero lo cierto es que ninguno confía en nosotros de forma absoluta y todo el tiempo, tal como haces tú. -¿Y quién tiene razón? -¿Quién tiene razón? ¿Toda la humanidad o tú? Quién sabe – sonrió amargamente y apoyó la palma de su mano en mi mejilla. Yo coloqué la mía encima y la presioné contra mí, anhelando sentir su contacto. Me miró con dulzura - No dejamos de ser monstruos para los humanos y extrañas rarezas para los de nuestra especie. No tenemos lugar en ninguno de los dos mundos. Nos resistimos a un impulso tan natural en nosotros como tomar un vaso de agua y beber de él lo es para ti. Nos resistimos a abandonar lo poco de humano que queda en nosotros. – Me miró con intensidad. - Bella… jamás te haría daño. Pero el miedo que siente Jacob es totalmente instintivo, natural. Él teme que mi proximidad sea peligrosa para la mujer que ama. Por eso no iré a romperle la cara, porque comprendo lo que es proteger a tu mujer. Pero por eso mismo tampoco toleraré que te asuste o amenace, no por un temor infundado. Deberá aprender a vivir con esto, o llevarse a Angela a otro sitio. Y te pido que no me impidas que quiera protegerte. -Me gusta que me protejas, pero ten en cuenta que Angela es mi mejor amiga. Temo que si vas a ver a Jake y discutís pueda influir negativamente en nuestra amistad. -Bella, he de hacerlo. Me parece que no comprendes hasta dónde puede llegar Jacob queriendo proteger a su mujer. -¿Me haría daño? ¿Te haría daño a ti, o explicaría el secreto de los Cullen?
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    Cambio De Destino DraBSwan -Eso no, él es muy respetuoso con las tradiciones de su pueblo. Y a mí no puede hacerme nada él solo. Tampoco creo que te hiciera daño físico, pero si no puede conseguir que tú y yo nos separemos intentará que Angela y tú no viváis bajo el mismo techo. Página | 189 -Ya. Pues yo haré lo que pueda por impedírselo. Jacob no se tiene que llevar a Angela a ningún sitio por una estupidez como esa. Y que digas "su mujer" me choca un poco… ¿Tú me ves así, como "tu mujer"? - Edward me dirigió una mirada incandescente. -Bella, yo lo siento así. Para mí eres la mujer, mi mujer, y no hay sitio para ninguna más... ni lo habrá – repuso. -Edward, no puedes saber el futuro, y tu vida es muy larga. ¿No es un poco pronto para hablar así? - me angustié. -Bells, los vampiros somos una especie monógama. Nuestra libido es fuerte, como ya sabes -sonrió levemente- y podemos tener relaciones esporádicas. Pero normalmente cuando nos enamoramos es para siempre, mientras nuestra pareja exista. A veces, incluso después de que ésta deje de existir nadie puede reemplazarla- bajó el tono de voz. El tema era delicado para ambos y mi corazón latía arrítmico, tal como él podía percibir. -Edward… tú esperas que me convierta tarde o temprano, ¿no es así?- repuse con un hilo de voz. No me había parado a pensar en lo que nuestra relación significaba para él. Me sentía egoísta pero tampoco conocía esa característica de su especie, hasta el momento. -No espero nada. Sólo vivo el presente, disfrutando de lo que siento. Simplemente quería saber lo que pasaba por tu corazón, porque hasta ahora no habíamos hablado de esto y ahora me parecía un buen momento- hizo una pausa.- De todas formas, Bella… sé que es muy pronto, pero ¿te ha pasado alguna vez por la cabeza? -¿El qué?- pregunté estúpidamente. -Transformarte en vampira- estudié su rostro y me perdí unos segundos en sus cálidos iris, antes de continuar. -Sí. Una y otra vez. Pero… no puedo separarme así como así del que ha sido todo mi mundo hasta hace poco. Te amo como jamás pensé que amaría a
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    Cambio De Destino DraBSwan nadie... pero aún así no daría mi humanidad por ti, Edward. No ahora. Y no sé si algún día podré. Edward no hablaba. Me miraba desde el interior de su alma y a mí me dolía cada palabra que salía de mi boca. Página | 190 -Creo que no soy capaz de renunciar a mi familia, mis amigos, mi posible maternidad, a la vida tal y como la conozco -continué.- Quizá tendríamos que haber tenido esta conversación antes de lanzarnos del avión sin paracaídas. -Para mí no habría cambiado nada- la sonrisa de Edward tenía un rastro de tristeza - Bella, cuando decidí estar contigo sopesé antes todas las posibilidades. Seguí adelante porque descubrí que no me importaba ninguna de ellas, porque pasara lo que pasara iba a seguir adelante con mis sentimientos. Lo lamento, porque yo tenía ventaja al conocer la situación real, y no tuve problemas en enredarte en este lío. -No digas eso. Cuando me di cuenta de que te quería ya era demasiado tarde para cambiar mis sentimientos, pero nada tiene que ver tu voluntad en eso. Sencillamente pasó. -Me podía haber alejado de ti… -Ya lo intentaste y no te dejé -le interrumpí. No me gustaba el nuevo derrotero que tomaba la conversación.- No vuelvas a hablar de eso, por favor. No elijas por mí, no vuelvas a hacerlo- supliqué. -No lo haré más, Bella, te lo prometí. No hablemos más del tema. En estos momentos no nos lleva a ningún sitio. Y tenemos poco tiempo para estar juntos. Mañana tengo otra guardia, ha caído un compañero más por la gripe. -Vaya mierda. -Sí, eso de ser el único inmune a la gripe tiene sus desventajas. -Entonces quizá podíamos aprovechar el tiempo... -murmuré, mordiéndome el labio. -¿Se te ocurre alguna manera? Quizá Angela guarda un juego de cartas por ahí y podíamos jugar al póker, para matar el rato- repuso sin dejar de mirarme la boca con la mirada encendida.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Claro… podemos jugar al póker. No se me ocurre nada mejor que hacer para pasar el tiempo contigo. Ven, creo que sé dónde lo tenemos guardado. Por cierto, ¿sabes eso que dicen de qué es lo mejor de las peleas?- le dije, tirando de él hacia mi habitación. Página | 191 Cuando llegamos a mi cama ya no llevábamos ni una sola pieza de ropa… Habíamos acordado que Edward se marcharía antes de que Angela llegara. Quería hablar con ella. Estábamos cenando y saqué el tema de conversación que me interesaba. -¿Has llegado a hablar con Jake esta tarde en Urgencias, Ang? -No, él iba con mucha prisa, normal, claro… pero al menos nos hemos visto. -Angela ¿Sabías que Edward y Jake no se caen bien? -Sí, eso es de dominio público- sonrió tranquilamente mientras cortaba una manzana a trozos. -Nunca me habías dicho nada. -Porque es una cosa entre ellos dos, Bells. A mí Edward sí me cae bien, pero cuando saco el tema de que salís juntos Jacob se pone… no sé decírtelo, pero su expresión cambia de una forma que casi asusta, y su único comentario es que no entiende cómo puedes salir con él. Cada vez que le he pedido que se explique lo único que acierta a decir es que no se fía de Edward, pero no me quiere decir por qué. ¡Yo qué sé! Cosas de tíos, a mí me da igual. Yo creo que tienes muy buen gusto, y eso es lo que importa, ¿no?- me guiñó un ojo. -Sin mencionar que casi desde el primer día que me conociste ya quisiste liarme con él-le recordé. -Sí, sin mencionar eso –sonrió pensativa. -¿A ti Edward te ha dicho algo? ¿Cómo te has enterado de eso de la antipatía? -Bueno… he visto cómo se han mirado los dos hoy en Urgencias y me ha quedado muy claro.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Piensa que Jacob y Edward coincidieron en el hospital durante cuatro años. A eso de las caras de vinagre cada vez que se encuentran ya estaba acostumbrada, e incluso a que Jake arrugue la nariz cada vez que siente a Edward cerca de él, como si este no oliera de maravilla -rió.- ¡Hombres! Página | 192 -Sí, hombres…-repuse, pensativa. Me alegraba escuchar la opinión de Angela. No creía que se dejara influenciar fácilmente por Jake, tenía las ideas muy claras desde hacía tiempo. En aquel momento sonó el teléfono y mi amiga se levantó disparada a contestar, supongo que pensando que sería su chico. -Bells, es de tu casa- dijo, pasándome el aparato. Empezó a retirar la mesa, mientras yo me llevaba el teléfono a mi habitación. -Hija, ¿cómo estás?- la voz de mi padre sonaba seria. -Bien, papá. -No, no estás bien. Hija, ¿se puede saber qué te pasa por la cabeza? He hablado con James Watson. Mierda. Quería habérselo dicho yo y no que se enterara así. -Papá, no entiendes. -No, no entiendo por qué mi única hija cruza el Atlántico para trabajar en un hospital que tiene muchas menos prestaciones y capacidad docente que donde estaba antes. ¿Es por ese chico?-su voz sonaba realmente enfadada. -No, papá. No es por él. Podría salir con él y trabajar en Seattle sin problemas. -Entonces aún lo entiendo menos. -Papá, estoy muy bien aquí, es un buen centro, con buenos compañeros, y aunque no te lo creas estoy aprendiendo mucho. -¡Para eso no hacía falta que hicieras miles de kilómetros! -Pero los he hecho, y es lo que me he encontrado, Charlie -siempre le llamaba Charlie cuando me enfadaba con él, y ahora empezaba a mosquearme. Toda mi vida había aceptado sus consejos y orientaciones porque coincidían con lo
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    Cambio De Destino DraBSwan que yo deseaba, o eso pensaba yo. Quizá lo que pasaba era que no me importaba mucho lo que fuera que tenía que decidir y le hacía caso. Sólo fui en contra de sus recomendaciones en dos ocasiones: a la hora de elegir especialidad, y ahora. Y no iba a echar marcha atrás. Página | 193 -Hablaré con tu jefa para que te haga entrar en razón. -¡Ni se te ocurra! - cualquiera le decía que Emily le daría la razón a él.- Papá, no te metas en mi vida. Soy una adulta. -Hija, no lo haría pero me parece que estás tirando por la borda una oportunidad de oro. La única oportunidad de trabajar de adjunto en un gran hospital. ¿Cómo vas a competir con compañeros que acrediten una formación en las últimas técnicas? ¿Dirás que has estado en un hospital de pueblo pero que la gente era "muy maja"?- casi gritaba. Estaba a punto de colgarle el teléfono. Lo imaginaba de color granate, como cada vez que se enfadaba mucho por algún motivo. De fondo escuchaba a mi madre intentando calmarle. Yo me parecía más a ella que a él. La decisión de mudarse a Barcelona había sido de ella. Renée sentía que iba a estar a gusto en esa ciudad, y fue lo único que le importó. Que tuvieran suerte y encontraran un buen trabajo bien remunerado gracias también a su prestigio eran cosas secundarias para ella. Y él, que la adora, se dejó convencer sin problemas. -Escúchame, papá. No quiero que hagas nada. Es mi vida. Y tampoco creo que vuelva a España cuando acabe el año – hala, ya lo había dicho. -¿QUÉ? ¿NO VAS A VOLVER? – ahora sí chilló, tanto que tuve que separar el auricular de mi oreja, y me arrepentí de haber sido tan brusca. Lo había dicho sin pensar. Ni siquiera era una decisión que hubiera sido plenamente consciente de tomar, pero ahora que lo había dicho estaba segura. Escuché cómo mi madre le quitaba el teléfono. -¿Qué dice Charlie, Bella? ¿No vas a volver? -Mamá, no estoy segura, pero creo que no. -Es por ese chico, ¿no? -Sí. -¿Tan fuerte es? Apenas hace unas semanas que salís.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Mamá, ¿cómo puedes decirme eso? ¿No fuisteis vosotros quienes os prometisteis a las dos semanas de conoceros? -Sabía que algún día me arrepentiría de haberte explicado esa historia- bufó, pero inmediatamente cambió el tono de voz y supe que estaba sonriendo.- Está Página | 194 bien, hija. Confío en ti, ya eres mayor para tomar tus propias decisiones. -Díselo al doctor Aguafiestas Swan. -Hija, él sólo dice lo que cree que es mejor para ti - de fondo se escuchaba gruñir a Charlie palabras que no llegué a entender.- Bien, pues habrá que conocer al chico que ha logrado la hazaña de robarle el corazón a nuestra hija. Tenemos mucha curiosidad ¿verdad Charlie? ¿Qué te parece si te hacemos una corta visita para la Semana Santa, hija?- además de la voz de mi madre se escucharon más gruñidos inconexos al otro lado del teléfono. A mí me dio un vuelco el estómago. ¿Mis padres conociendo a Edward? ¿Y si notaban algo extraño? Esto iba demasiado rápido. No, no estaba preparada para eso. -Eeeeh… tengo que mirar el calendario de guardias, y eso. Ya os diré algo, ¿vale? -Mándanos una foto de los dos, hija. Al menos nos haremos una idea de cómo es. -De acuerdo mamá.- Pensé que no tenía ninguna foto de Edward. Tenía que poner remedio a eso. A lo mejor si le mandaba lo que me pedía satisfacía su curiosidad y posponían su visita hasta el verano. O hasta dentro de diez años. Me despedí de mi madre, porque Charlie no quiso volver a coger el auricular. Estaba enfurruñado, y probablemente la próxima vez que habláramos intentaría volver a convencerme de que estaba cometiendo un error. Era lo que había, iba a echarles de menos, a ellos y al sol, pero la opción de llevarme a Edward a mi soleado Mediterráneo era impensable y yo no me imaginaba sin él. Tenía que empezar a sondear mis posibilidades de trabajo por la zona, aunque aún me quedaban unos meses por delante. Parecía absurdo tomar esta decisión el mismo día que había hablado con Edward de mis dudas sobre mi posible transformación, pero una cosa tenía clara: no sabía si podría abandonar mi vida, pero lo que sí sabía era que no quería vivir sin él.
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    Cambio De Destino DraBSwan EPOV Esperé pacientemente ante la puerta del edificio donde vivía Jacob a que este llegara de su trabajo. Me apoyé en un coche que había aparcado enfrente. Caía una lluvia suave, pero yo no llevaba paraguas ni me importaba. Me limité a Página | 195 pasarme la mano por el cabello para apartármelo de la cara. Unas chicas pasaron, me miraron y luego rieron tras dirigirse una mirada de complicidad. Sonreí al escuchar sus pensamientos. No es que el nombre de Jacob Black saliera en la guía de teléfonos, pero fue sencillo saber dónde vivía gracias a Jasper. Ningún dato confidencial escapaba a la habilidad de mi hermano en la red. La informática era su trabajo y romper barreras de seguridad en Internet su pasión. Cuando le pedí que me consiguiera la dirección de Black me reprendió y me dijo que le hacía perder el tiempo al pedirle tareas que hasta un niño de primaria podría conseguir. Luego me confesó que había investigado a Bella, su pasado y su familia. Me enfadé con él por hacerlo sin mi permiso, que evidentemente no habría obtenido. Aunque se me pasó rápido. Sabía que lo hacía porque estaba preocupado por mí, como toda la familia. Jasper era quien menos comprendía mi relación con una humana. Hasta conocer a Alice su dieta había sido durante años la habitual de un vampiro, y eso no era algo fácil de superar. Pero él lo había conseguido, por amor a mi hermana. Ahora ya no tenía ningún problema en la convivencia con los humanos, pero aún le quedaban muchas décadas para poderse dedicar a una profesión como la de Carlisle, Rosalie y mía. Jacob llegaba caminando pausadamente, las manos en los bolsillos del anorak, con la capucha puesta. Iba mirando al suelo. A unos cuantos metros de mí alzó los ojos, arrugó la nariz y frunció el ceño. Su reacción habitual. -Te agradezco que no hayas entrado en mi casa. Por lo menos en la calle el tufo no es tan insoportable, Cullen -dijo, deteniéndose a un par de metros de mí. No estaba asustado, pero sí alerta. -Quiero hablar contigo- dije fríamente, ignorando su comentario. -Entonces será un monólogo, porque yo no tengo nada que decirte - espetó, cruzándose de brazos. -Supongo que no me vas a invitar a entrar en tu madriguera, así que hablaremos aquí fuera, si así lo deseas. Me basta con que me escuches, y espero que tu oído sea tan fino como tu olfato de perro, porque no lo repetiré.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Habla rápido y líbrame de tu molesta presencia, Cullen. -Muy bien, escucha atentamente y no olvides esto: jamás, jamás ¿me oyes? te vuelvas a dirigir a Bella de la forma en que lo hiciste aquel día. No la asustarás, molestarás ni le faltarás al respeto. Si me entero de que lo has hecho tendrás Página | 196 graves problemas. Y no es una amenaza, es una promesa- dije, y mi voz sonaba gélida mientras me acercaba a él. Fue retrocediendo hasta que tocó con la pared. -Ya tardabas en venir a defender a tu novia, Cullen. No he roto el pacto, pero no toleraré que se ponga en peligro a Angela- me sostuvo la mirada y he de decir que durante un instante le admiré el valor. Nadie conseguía aguantar ni dos segundos cuando lo miraba de la forma en que lo hacía ahora con él. Incluso algún humano había llegado a orinarse encima. -¿Cuándo te entrará en la dura mollera que los Cullen no somos un peligro para nadie? –dije cansinamente. -Cuando viváis en la Antártida, sanguijuela. Entonces sólo temeré por los pingüinos, pero viviré más tranquilo. En lo que a mí respecta eres como un ex- alcohólico que trabaja en un bar. Tarde o temprano caerás, y no quiero que mi novia esté delante cuando eso suceda. Y para mi gusto pasas demasiado tiempo cerca de ella por culpa de tu amiguita- decidí que ya tenía suficiente de esta conversación. Le tomé por el cuello de la chaqueta y acerqué mi cara a escasos centímetros de la suya, clavando mis ojos en los suyos. Ahora sí empezaba a asustarse, pero no desvió la mirada. -Deja a Isabella en paz –vocalicé cada sílaba. - Si no lo haces, te obligaré a hacerlo – mi voz ya era un gruñido bajo. -De acuerdo, creeré tus palabras y la dejaré tranquila. Y ahora aléjate de mí o tu olor impregnará mi ropa y tendré que tirarla a la basura. -Bien. Sólo espero que te haya quedado claro- solté mi agarre y, sin despedirme, me alejé de él. Oí cómo escupía en el suelo al alejarme. Desde luego, no sabía si Jacob Black era valiente o idiota. Quizá las dos cosas. Pero sí sabía que no me decía la verdad en lo primero que había afirmado pues seguía sin creerme, pero sí en lo segundo. No volvería a molestar a Bella.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 197 Capítulo 21 BPOV -¡Tenías razón, Angela! Bells, nena, tu guardarropa está para que lo metan en la UCI, necesita una reanimación inmediata - comentó Anne mirando el interior de mi armario con expresión de sorpresa. Ignoré su comentario mientras me abotonaba los vaqueros. Había perdido algo de peso, y no es que me sobrara. Tendría que alimentarme mejor, estaba claro que las sesiones de sexo con mi amante implicaban bastante gasto calórico. Por no hablar de la falta de sueño.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Eso llevo diciéndole desde hace semanas, pero no paraba de darme largas. Menos mal que ahora tiene una buena razón para hacerme caso -repuso Angela, apoyada en el marco de la puerta de mi habitación, mirándome con sorna. Página | 198 -Sí, una razón de más de metro ochenta- asintió Anne, sonriente. -Y además, la poca ropa de vestir que tiene ni se la pone… tiene una falda preciosa gris que no usa nunca. Bueno, al menos hace muchos días que no te la he visto- comentó mi indiscreta compañera de piso. Maldita sea, la falda. Esta mujer era una detective, un observador sabueso, y parecía que olfateaba mis secretos. Percibí mis mejillas coloreándose al recordar de forma inevitable y vívida el día en que aquella prenda de ropa había pasado a mejor vida. No me atreví a mirar a Angela y me concentré en bajar la cabeza, la mirada y calzarme las botas. Sentí un cosquilleo en mi nuca, seguramente el sitio donde mi compañera había clavado su atenta mirada. Ni siquiera sé cómo había podido hacer que se creyera que el reposabrazos del sillón lo había roto yo intentando moverlo de sitio mientras limpiaba. Quizá me vió tan sofocada que decidió no investigar más. -Dadme un respiro, chicas- bufé, mientras me ponía las botas.- ¿Mónica tardará mucho en llegar? - No lo creo, dijo que estaría aquí a las cinco y pasan un par de minutos -repuso Anne mirando mi despertador- Y bueno, con ese pedazo de maromo que te gastas ¿podemos saber por qué no le hacías caso a Angela? ¿Es que no te apetece ponerte guapa para él?–inquirió Anne. Ella era una chica guapa y además gustaba de realzar sus encantos. No comprendía que todas no éramos así. -Siempre he odiado ir de compras, es un trauma infantil no superado –repuse, seria. -¿Trauma infantil? -dijo Anne, cerrando las puertas de mi ropero y girándose para observarme. -Sí. Mi madre es muy presumida, y le encanta ir de compras. Cuando yo era pequeña muchas veces me llevaba con ella, porque hace años hacía bastantes guardias y quería aprovechar para estar conmigo todo el tiempo que tenía libre. Como además es bastante indecisa podía llegar a tardar una hora en decidirse
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    Cambio De Destino DraBSwan por qué par de zapatos o qué pieza de ropa quedarse. Es un encanto, así que las vendedoras que ya la conocían se lo tomaban con filosofía, pero para mí era un aburrimiento mortal. También le gustaba comprarme ropa a mí y hacía exactamente lo mismo, con lo que el suplicio era doble. Pasé horas y horas de Página | 199 mi infancia dentro de probadores y tiendas, y así fue como aborrecí esos lugares. Fue un condicionante negativo, cuando oigo las palabras "tienda", o "probador" inmediatamente empiezo a sentir ansiedad - me subí la cremallera de la bota y me puse de pie.- Lista. Cuanto antes nos vayamos antes volveremos. -Que te crees tú eso, Bella Swan. Hoy que tu chico está de guardia eres toda nuestra. Iremos de compras, haremos una sesión de peluquería y manicura, y luego cenaremos en un restaurante de la zona marítima-dijo Anne. La miré horrorizada y se carcajeó. De repente se oyó el claxon del coche de Monica. -Eh, paso por lo de ir de compras y la cena, pero nada más- repuse firmemente, dirigiéndome veloz hacia las escaleras, como si escapara de algún peligro. Anne y Angela me siguieron. -Bueno, lo de la manicura y la peluquería era broma para hoy, pero quedan para otro día. No, si al final Edward nos hará un monumento- se burló Anne. Me giré y le hice una mueca. -A él le gusto tal como soy. -Eso no lo dudo, Bella, pero aún le puedes gustar más. ¿Qué mal hay en ello?- repuso. -Vale, vale… a ver, chicas, os estoy acompañando a hacer algo que va en contra de mi religión, ¿no? Fin del tema -gruñí mientras cerraba con llave la puerta de la casa. Ang y yo subimos a mi coche de piloto y copiloto, y en el asiento de atrás se colocaron Mónica y Anne. En el sorteo me había tocado llevar mi coche y conducir a la ida y a la vuelta. Cuando se estaba poniendo el cinturón de seguridad Angela se inclinó hacia mí y me susurró: -Ya me dirás dónde te olvidaste tu falda gris, porque me he quedado muy intrigada- la miré con los párpados entrecerrados, sonrojada.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Eso es privado, señorita "quierosaberdemasiado"- espeté, mientras ella apretaba los labios para no sonreír. Suspiré y puse en marcha el coche y lo dirigí hacia la carretera. Iba a ser una dura jornada. Llegamos a Port Angeles en mi coche y fuimos directamente a un gran centro Página | 200 comercial que había en las afueras. En esos sitios me sentía un poco como en casa, porque todos eran parecidos, con prácticamente las mismas tiendas. Mis amigas me hicieron entrar en absolutamente todas las tiendas de ropa femenina que había en el lugar, me obligaron a probarme decenas de pantalones, vestidos, faldas y jerseys. Me quedé con tres jerseys, un vestido, y un par de pantalones y faldas. -Bueno, espero que estéis satisfechas, porque hasta dentro de un par de lustros no repetiremos esta experiencia. Ha sido una auténtica tortura - protesté. -No seas quejica, Bells, aún nos queda la mejor parte. -¿De qué se trata? ¿De clavarme astillas entre las uñas y la carne de cada dedo? ¿Quemarme con hierros candentes? - Angela sonrió ampliamente, y Anne y ella se dirigieron una mirada pícara. -Eres una plañidera, Bella Swan, y una desagradecida. Esto lo hacemos por ti, y por lo menos Edward sí nos lo agradecerá - repuso Anne, y entre ambas me acercaron a la lencería. Monica iba cubriendo la retaguardia, como si en cualquier momento fuera a darme la vuelta y salir huyendo. Cosa que, por cierto, se me había pasado por la cabeza. -Ah, no, por ahí no paso –negué con firmeza, pero no me sirvió de nada, se habían colocado una a cada lado, me habían tomado por los brazos y me arrastraron al interior de la tienda. Jamás habría pensado que unas chicas tan delgadas pudieran tener tanta fuerza. ¿Serían vampiras y yo no lo sabía? -No pienso mirar nada de por aquí. Podéis obligarme a entrar pero no a mirar- dije tapándome los ojos con las manos. -Eso de trabajar con criaturas contagia comportamientos extraños. ¡Bella! Si no miras te vamos a comprar lo que nos dé la gana y será peor, porque te compraremos el conjunto más indecente y pervertido que podamos encontrar y luego le preguntaremos a Edward si le ha gustado nuestro regalo. Y somos capaces -aseveró Anne cruzada de brazos, imperturbable.
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    Cambio De Destino DraBSwan Me sonrojé nuevamente sin poderlo evitar. Edward tenía mayor autocontrol ahora, pero al principio de nuestra relación unas cuantas piezas de mi ropa y principalmente de mi lencería acabaron hechas trizas entre sus manos. No quería ni imaginar cuánto podía durar en sus manos un conjunto excesivamente Página | 201 provocador. Era tirar el dinero. -No pagaré lo que me compréis- dije, alzando el mentón orgullosamente. -Y tanto que lo harás, lo pagaremos nosotras, será nuestro regalo de… no sé… ah, de bienvenida, que no te hicimos ninguno ¿verdad, chicas?-dijo Monica desde detrás de mí. -Vaaaaale, os odio a las tres, ¿lo sabéis? - refunfuñé, y empecé a mirar entre las perchas de la tienda. Al final escogí un par de conjuntos, uno en negro y otro en azul, y un camisón que me daba vergüenza hasta mirarlo y no sabía si me lanzaría a ponérmelo. Era ropa interior mucho más atrevida de la que solía usar, pero también me apetecía cambiar. Una vez finalizamos las compras fuimos a cenar a un restaurante de la ciudad. Estaba situado en el puerto, cerca de la cafetería donde Edward y yo tuvimos nuestra primera cita. Me parecía que habían pasado muchos meses desde entonces y tan sólo habían sido unas pocas semanas. Era ya de noche, pero el tiempo estaba siendo más primaveral, y eso se notaba en la mayor afluencia de turistas. -Este tiramisú está de vicio. Si me dieran a elegir entre él y buen sexo, no sabría qué escoger- dijo Anne relamiendo la cuchara de forma un tanto provocadora. El camarero la echaba miradas de soslayo de vez en cuando, y yo me alegré de no tener el don de Edward para leer los pensamientos. -¿Por qué tienes que escoger? Se pueden mezclar las dos cosas- repuso Angela con sonrisa traviesa. -Mmmmm, tienes razón, Angela, no hay por qué escoger – respondió Anne entornando los ojos mientras seguía con la cuchara en la boca. -Nena, cálmate, me da ganas de deciros a ti y al tiramisú que os busquéis una habitación- comentó Mónica, simulando estar escandalizada.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Vale ya. Las tres. Si ya sois unas pervertidas sin ir achispadas no os digo nada ahora, con un par de copas de más. Ya está bien - la verdad es que con esa conversación me estaba alterando un poco, y sin darme cuenta estaba echando de menos a Edward. Página | 202 -Lo que tú digas, madre superiora. Estás amargada porque te ha tocado a ti conducir y no puedes beber. Venga, anímate y cuéntanos algo de Edward, ¿qué tal es en la cama? -Eso son cosas privadas, Anne. ¿Y qué tal es Paul? - contraataqué. -A Paul aún no lo he catado, pero te aseguro que no tardará en caer. Y no cambies de tema. ¿Si yo te contara algo íntimo de Paul tú me contarías algo de Edward? -No- concedí.- Tú misma lo has dicho. Eso es íntimo. -Otro día te emborrachamos y nos lo cuentas.- Ante mi silencio se giró hacia Angela.- Ang, explícanos tú algo ¿son ruidosos? -No, que va, cuando duermen juntos parece que hagan eso, dormir- contestó mi amiga con expresión de inocencia. Si Angela supiera las veces que Edward había ahogado mis gemidos y mis gritos en su boca para que no nos escuchara… -De todas formas algo debe pasar entre ellos, porque la cara de felicidad que pone esta mujer por las mañanas da asco- rió y le saqué la lengua. Recordé la noche en que Edward mordió una de mis almohadas para no gritar y tuvimos que recoger las plumas desperdigadas por toda la habitación para evitar que Ang las viera por la mañana y tuviera tema para meterse conmigo durante toda una semana. -Pidamos un café antes de irnos. Lástima que mañana trabajamos, si no podríamos ir a la zona de pubs de la ciudad, seguro que ahora estará muy animada- comentó Anne. -¿En miércoles?-me sorprendí. -Hija, esto no es Forks. Y aquí hay mucho turismo- contestó Monica. La noche era muy oscura, para no variar el cielo estaba completamente encapotado y no dejaba ver la luz de la luna. Cuando llevábamos unos minutos en el coche empezó a llover, una lluvia fina pero continua. No me gustaba
  • 203.
    Cambio De Destino DraBSwan conducir de noche y con precipitación, pero me había tocado, así que abrí bien los ojos y aminoré la velocidad, recordando la cantidad de accidentes que eran atendidos en el hospital de Forks por imprudencias. Mis amigas continuaban la cháchara pero me desatendí de ellas, con todos mis sentidos puestos en la Página | 203 carretera. Y aún así me sorprendió. De pronto una sombra se interpuso en la trayectoria del coche, saliendo de la nada. Mi reflejo fue girar el volante para esquivarla. El coche patinó en la humedad de la carretera como si hubiera una pista de hielo bajo las ruedas y finalmente todo dio vueltas. Sentí un dolor muy agudo en la parte lateral de la cabeza. Escuché gritos, ruidos de metal doblándose, y de pronto silencio. Me concentré en mis sensaciones. Me dolía la cabeza, pero podía mover manos y pies. Unas voces fuera del vehículo rasgaron ese silencio. - Dios… El coche ha dado una vuelta completa de campana. -Hay alguien que sangra ahí dentro, tenemos que sacarles de ahí. Voy a llamar a emergencias. Mierda con el ciervo ese. -El ciervo ha hecho lo que le ha dado la gana, yo no he podido detenerlo pero tú tampoco, Rose. -Quitaré la llave del contacto. Dentro del coche estábamos en silencio absoluto. De repente se me ocurrió que ellas no habían pronunciado palabra y mi corazón se detuvo por unos segundos. Y si… -Chicas, ¿estáis bien?– dije en un tono de voz bordeando la histeria. Respiré mejor cuando una por una todas fueron contestando afirmativamente. Una cara asomó por mi ventanilla, que estaba rota. No la distinguía bien por la oscuridad y la incesante lluvia, pero parecía una mujer joven. Quitó las llaves del contacto y habló tras echar un rápido vistazo al interior del coche. Su voz sonó serena y musical, y tenía un móvil pegado a la oreja. -Estoy llamando a emergencias, veo que estáis todas conscientes. ¿Podéis moveros? ¿Alguna de vosotras tiene dolor? Huele a sangre. ¿Huele a sangre?
  • 204.
    Cambio De Destino DraBSwan Me toqué un lado de la cabeza, donde me había golpeado, y me olí la mano. Por fin fui consciente de que el líquido cálido que me bañaba el cuello era sangre que manaba de mí. Página | 204 -Yo, yo estoy sangrando. Creo que me he golpeado la cabeza contra la ventanilla. -¿Emergencias? -dijo la chica desde fuera del coche. Pero no pude oir lo que decía porque de nuevo se oyó un sonido de hierros por todos lados y las puertas del lado del conductor y de atrás desaparecieron de su sitio– Sí, aquí les esperamos. ¿No podías sencillamente haber abierto las puertas en vez de montar el numerito, Emmet? -Las puertas estaban atascadas, y mejor salir por ahí que por la ventana, ¿no? Dios, acabemos pronto, este olor a sangre es demasiado para mí. Yo no estoy tan acostumbrado como tú, aunque tendré que hacerlo.- Mientras decía esto, iba ayudándonos a salir del coche una por una. La chica estaba dando los datos de nuestra posición. El que tenía de nombre Emmet, que tenía el tamaño de un armario empotrado, me tomó en sus brazos con cuidado y me sentó en el suelo, bajo un árbol junto a las demás. De pronto escuché un zumbido en mi cabeza, mi dolor aumentó y todo se volvió negro. Antes de perder la conciencia tuve un último pensamiento: Emmet, Rose… Cullen? Y escuché el grito de Angela. -¡Bella! EPOV -Edward, han llamado de Emergencias en carretera. Dicen que tienen un aviso de accidente en la carretera de Port Angeles y que estemos preparados. Acaba de salir la ambulancia hacia allá -dijo Paul, asomándose al box donde me encontraba explorando a una paciente. -¿Sabemos el estado de los heridos? -pregunté. -Al parecer son cuatro chicas, la persona que ha llamado a Emergencias se ha identificado como médico y es quien las ha encontrado. Ha dicho que tres de ellas tienen varios hematomas y pequeñas heridas, pero que la otra está inconsciente, es la que traen primero. Edward ¿qué pasa? ¿Dónde vas?- La angustia comenzó a invadirme y busqué mi móvil. Estaba tan nervioso que me costó sacarlo de mi propio bolsillo.
  • 205.
    Cambio De Destino DraBSwan -A llamar a Bella. Esta tarde iban de compras a Port Angeles Angela, Monica, Anne y ella. – Marqué su número.- Vamos, Bella, contesta, contesta- imploré en voz baja. Paul se había acercado y esperaba en silencio, atento al teléfono y a mi Página | 205 expresión. Me salió el buzón de voz. Al ver que no recibía respuesta sacó el suyo. -Voy a probar suerte con Anne. - Tampoco hubo respuesta. Nos miramos con la angustia reflejada en nuestro rostro. Él había palidecido. No hubo suerte tampoco con Monica ni Angela. Sólo nos quedaba esperar. De pronto se abrió la puerta de entrada de Urgencias y pasó una camilla con dos paramédicos, dirigiéndose a toda prisa al box de reanimación. -Mujer, 26 años, traumatismo craneoencefálico con herida abierta, ha perdido la conciencia hace poco, Glasgow 10, sospechamos un hematoma epidural aunque no hay focalidad neurológica. Apenas alcancé a oir lo último que decía el paramédico por dos razones. La primera, que esa mujer era Bella. La segunda, que su hermoso cabello, el cuello, la camisa… todo estaba empapado de ese olor que me volvía loco. Mi cuerpo me impulsaba hacia ese aroma con una fuerza imposible de resistir. O casi imposible. Edward, mente en blanco. No respires. No te muevas. -¡Edward, Edward, reacciona!- sentí como me tomaban de los hombros y me intentaban zarandear. Miré enfrente mío. Paul me observaba con expresión atónita. Miré hacia el box y negué con la cabeza. No podía hablar. No debía tomar aire o no podría contenerme. Paul tomó las riendas al ver que no me movía. -Carol, ve a llamar al adjunto de cirugía. Edward, vete a la salita -ordenó. ¿La salita? Demasiado cerca de ese aroma. Y demasiado lejos. Quería estar con ella pero no podía, no iba a ser de ninguna ayuda si perdía el control, y estaba a punto de hacerlo.
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    Cambio De Destino DraBSwan Bella. De pronto unos brazos literalmente me arrastraron fuera del hospital. Miré sin ver al ser que tenía tanta fuerza como para movilizarme a pesar del estado en que me encontraba. El ser al que no distinguía, ya que sólo tenía ante mí la Página | 206 imagen de la cabeza de Bella manchada de sangre, me apoyó con fuerza contra la pared externa del edificio. Se acercó una sombra que al parecer nos había seguido y le habló a la primera sombra. -¿No reacciona? - esa voz… hice un esfuerzo para enfocar al exterior y no a las imágenes que tenía dentro de mí. -Está como catatónico. Mierda ¡EDWARD! ¡Reacciona, no me obligues a darte un bofetón!- Exclamó con la cara muy cercana a la mía. Por fin pude enfocar. -Emmet…-el aludido se separó un poco, tomando aire con fuerza.- Rosalie -dije mirando a la sombra al lado de Emmet. -Edward, has estado a punto de dar un espectáculo ahí dentro- masculló Emmet. -No, no, he podido contenerme- contesté, frotándome la cara. La voz aún me salía con dificultad, como si no tuviera aire suficiente para hablar. -Pues no lo parecía. Más bien parecía que estabas al límite de tus fuerzas. Menuda escenita se habría montado -bromeó mi hermano. Rosalie lo miró furibunda y este calló inmediatamente. -No es momento, Em. Edward, ella está bien. Ha estado consciente unos minutos hasta desmayarse. Se recuperará. Estoy segura de que sólo es una fuerte conmoción. Dudo que haya sangrado interno, no había focalidad neurológica y no le palpé ninguna fractura. Ahora sólo hay que estar alertas a que no haga edema cerebral. Escuchar estas palabras de la boca de Rosalie me tranquilizaron mucho. Era una excelente traumatóloga y su excepcional sentido del tacto y el olfato, increíbles incluso para un vampiro, la hacían aún mejor. Apenas necesitaba de radiografías y otras pruebas de imagen para detectar pequeñas fracturas o hemorragias internas. -Gracias, Rosalie. Podrías…
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Entrar para preguntar por ella? Claro- Sonrió y me apretó una mano. A veces dudaba de si era tan capaz de leerme la mente como yo a ella. El aire fresco de la noche, el olor a vegetación, iba penetrando en mí, haciéndome olvidar un poco la esencia de Bella. Pasaron unos minutos hasta Página | 207 que me serené un poco. Ahora tan sólo estaba impaciente por tener noticias del estado de Bella. -¿Mejor? -Sí… -¿Quieres que entre y le borre la memoria al tío que hablaba contigo? Por fuerza tiene que haber notado algo raro. -¿Paul? No, no. No he captado ningún pensamiento extraño. Ha creído que estaba así por miedo a que mi novia estuviera grave. -Tú no habrías captado nada de nada, ni aunque te lo hubieran gritado con un altavoz pegado a la oreja, tío. Ni siquiera me has oído llegar. -Es cierto… bueno, luego comprobaré qué ha pensado sobre la situación. ¿Sabes cómo ha sido?-me pasé la mano por el pelo. -Lo siento mucho… Rose y yo paseábamos y hemos asustado a un ciervo. Cuando nos hemos dado cuenta de que iba directo a la carretera y hemos oído el motor de un coche me he lanzado a detenerlo pero no he llegado a tiempo- Emmet me miraba apesadumbrado. -Los accidentes ocurren, y no ha sido culpa tuya. Lo que importa es que no ha pasado nada grave, aunque me quedaré más tranquilo cuando sepa el resultado de las pruebas. En aquel momento Rose asomó por la acristalada puerta de Urgencias. -Edward. El TAC es normal y Bella está despierta. Pregunta por ti.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 208 Capítulo 22 BPOV -¡Abre los ojos, Bella! En la oscuridad de mi mente escuché una voz que reconocía, pero no podía ponerle nombre. Le hice caso por un par de segundos durante los cuales una luz me deslumbró, e inmediatamente se me volvieron a cerrar los párpados. - ¡Bella! ¡Ábrelos! ¡Vamos! –Sentí un fuerte pellizco en el brazo y los abrí de nuevo. La luz me deslumbró de nuevo y parpadeé varias veces. -¡Ay!- me quejé, indignada. Sentía movimiento bajo de mi cuerpo y me di cuenta de que iba en una camilla flanqueada por dos personas. Parpadeé de nuevo y por fin pude fijar la vista. Eran Paul y Jared. Me di cuenta de que me habían puesto un collarín cervical y no podía movilizar el cuello. -Joder, Paul, mira que eres bruto- dijo Jared. –Si los ha abierto una vez no hace falta que la pellizques fuerte. ¡A ver si nos aprendemos bien la escala de Glasgow, que ya toca!
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    Cambio De Destino DraBSwan -Es que me estaba poniendo de los nervios, quería que reaccionara de una vez. Bella -me volvió a mirar- ¿sabes dónde estás? -En el hospital, ¿dónde voy a estar si vais vestidos de blanco? -Las expresiones de ambos se relajaron.- ¿Y se puede saber por qué coño me has dado ese Página | 209 pedazo de pellizco? ¿Y qué hago aquí con esto puesto?– gruñí. -Joder, estabas más guapa inconsciente. Esta vez se les veía a punto de echarse a reír de alivio, pero me detuvieron cuando intenté quitarme la inmovilización. Yo misma me tranquilicé al caer en la cuenta de que movía todas las extremidades. -Bella, habéis tenido un accidente- sí, comenzaba a recordar algunas imágenes- El paramédico dice que en la ambulancia tenías un Glasgow de 10, un poco menos y te intuban. Discúlpame por el pellizco. Veo que estás mejor-dijo Paul. De pronto recordé a mis amigas. -¿Y las demás? ¿Dónde están?- mi voz brotó con un agudo tono. De pronto la camilla paró en el área de radiología. -Están en observación, pero las tres están mucho mejor que tú. Algunos hematomas y rasguños superficiales, el susto, y nada más. Con el nivel de alcoholemia que llevaban no ha hecho falta desinfectarles las heridas- sonrió.- Menos mal que tú no bebiste, habría ido todo peor. Y ahora te vamos a hacer un TAC para descartar hematoma intracraneal. Órdenes del jefe. Una vez en la camilla del TAC aferré la mano de Paul para detenerlo antes de que se retirara tras el cristal. -¿Y Edward?- pregunté, ansiosa. Mi mente iba encendiendo las luces progresivamente. Me toqué la cabeza en la zona donde había sangrado y la noté cubierta de gasas. Aún no estaba suturada, claro, no lo harían hasta que no me hicieran el TAC. ¿Qué habría pasado con Edward? ¿Cómo habría reaccionado? Me sentí angustiada, el olor de mi sangre era lo único que podía hacerle perder el control. Paul miró a Jared antes de contestarme.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Edward está mejor que tú, Bella, y te han de hacer un TAC urgente, no lo demoremos más. Escuché por el altavoz la voz del radiólogo que me pedía que estuviera completamente quieta y cerré los ojos al para evitar sentir claustrofobia cuando Página | 210 el scanner se desplazó sobre mi cabeza. Una vez finalizado el TAC me llevaron a urgencias, al box de trauma. Tuve la misma escolta que a la ida. Me alegraba de ver dos rostros amigos, pero echaba de menos no ver el de Edward, aunque entendía la razón. Vaya si la entendía. -Bien, ya sabemos que no tienes lesiones internas ni fracturas, Bella. Ahora te voy a suturar esa herida. Te saldrá un buen chichón, pero parece que todo ha sido una fuerte conmoción, sin más. Te voy a poner unas cuantas grapas y te voy a dejar una herida preciosa- dijo Jared, sonriendo mientras me retiraba el collarín. -¿Grapas? Brrrr - me estremecí sólo de pensar en la grapadora sobre mi cabeza, pero Jared ya estaba inyectándome la anestesia. Carol, una enfermera de urgencias, entró en el box para ayudar a Jared en su trabajo. - ¿Dónde están las demás?- pregunté a ambos, al tiempo que llevaba las manos a mi cuello para frotarme la piel. Qué alivio al no llevar el molesto collarín. -Ingresadas en observación- contestó Carol.- No veas lo que han protestado, han amenazado con pedir el alta voluntaria y ha tenido que venir el jefe de la guardia a poner orden. "Señoritas – imitó la voz del jefe de traumatología, que estaba de jefe de la guardia- hagan el favor de comportarse de manera responsable y dar ejemplo. Se quedarán esta noche en observación les guste o no"- sonrió, moviendo la cabeza. -Ah, veo que te encuentras mejor- exclamó Paul al entrar en el box.- Acabo de visitar a las otras. Las han puesto en habitaciones contiguas, y ya están protestando. Anne encabeza la rebelión, dice que si no les traen un pijama decente dormirán vestidas. Se niega a ponerse, y cito, "la horrible bata azul esa que se ata por detrás y que no deja nada a la imaginación". También han pedido venir a verte pero se lo ha prohibido la supervisora de guardia. Sonreí a mi pesar. Por un momento imaginé a mis revolucionadas amigas protestando por todo y liderando una rebelión de todos los pacientes contra las rígidas normas del hospital.
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    Cambio De Destino DraBSwan Jared fue rápido en terminar su trabajo, y me dejaron sola un instante. Un breve instante. De inmediato apareció una bellísima y desconocida cara femenina, asomada al por la cortina del box. -¿Se puede?- contuve el aliento. Esa cara, esos ojos, esa voz. La había Página | 211 escuchado cuando estaba dentro de mi coche, y recordaba sus palabras: "huelo a sangre". Ligué cabos a pesar de que aún sentía mi mente pesada. La otra voz la había llamado Rose. -¿Rosalie Cullen?- inquirí. Ella sonrió mientras asentía, acentuando esto aún más su aspecto de ángel, y me tendió la mano. -Sí. Me alegro de ver que estás mejor. Así que tú eres la famosa Bella- se sentó a mi lado y me estudió detenidamente. Me sentí un tanto incómoda; seguro que estaba preguntándose, como Alice, qué había visto su hermano en mí. Y con el aspecto que tenía ahora, yo también me lo preguntaría. -Gracias por ayudarnos, Rosalie- dije, porque lo sentía y porque quería romper ese silencio molesto. -De nada, Bella. ¿Cómo te encuentras? -Me duelen todos los huesos, sobre todo la cabeza, y me siento aún un poco atontada, pero estoy bien…- dudé un instante- ¿Crees que podría ver a Edward? ¿Está bien? -Sí, lo está- bajó la voz.- Ha sido capaz de resistir, y nosotros hemos llegado a tiempo para ayudarle. Pero se siente muy mal, fatal, por no haber podido asistirte.- Se levantó y sonrió con empatía- Voy a ver, pero creo que sí podrá entrar. -Sí, por favor. Cerré los ojos en cuanto Rosalie salió y sin darme cuenta me quedé adormilada. Me despertó un aroma conocido. El tacto suave de unos dedos sobre mi rostro… y no hizo falta nada más. Abrí los ojos y lo tenía ante mí. Observándome, angustiado, con unas leves ojeras y expresión ansiosa. -Hola…- el terciopelo de su voz me envolvió y me sentí mejor. Tomé su mano, entrelazando mis dedos con los suyos.
  • 212.
    Cambio De Destino DraBSwan -Edward. ¿Estás bien? No tienes buena cara… -¿Tú me preguntas a mí si yo estoy bien? – Sonrió con tristeza- Sí… estoy bien. Acabo de firmar tu orden de ingreso en la planta de cirugía. Tus amigas están en traumatología, espero que no te importe que te separe de ellas, si estás en mi Página | 212 sala es más fácil que pueda cuidar de ti a pesar del trabajo. -No necesito que…- frené al observar su mirada de dolor. Comprendí que Edward necesitaba sentir que cuidaba de mí, lo necesitaba más que yo. - De acuerdo. Pero no voy a ser una compañía muy amena - sonreí, apretándole la mano.- Me muero de sueño. En aquel momento entró el celador con la camilla para llevarme a mi habitación. Edward se despidió de mí y me dijo que subiría en cuanto le diera el alta a un par de pacientes que tenía en observación. Las enfermeras de la planta me atendieron con gran amabilidad y ya no recuerdo mucho más de esa noche, porque me quedé profundamente dormida. Ya eran las siete de la mañana cuando la luz que entraba por la ventana me despertó. Sentía dolor en todo el cuerpo y mi herida emitía quejidos en forma de punzadas, pero ya no notaba la mente confusa. Miré alrededor y allí estaba él. Sentado a mi lado, con esa mirada que me derretía, que estremecía hasta la última célula de mi cuerpo, que me hacía sentir lo importante que era para él. Pero había algo más en esos ojos. Era tristeza. Y yo tenía que conseguir borrarla, sacarla de ahí. -¿Llevas mucho tiempo aquí? -Toda la noche. Mi adjunto ha dado orden de que lo llamaran a él para todo, y no ha necesitado ayuda. ¿Cómo te encuentras? -Todo un detalle lo de tu adjunto. Estoy hecha polvo, pero he dormido bien. - Respiré profundamente.- Escucha Edward… -Entonces deja que te revise el vendaje- me interrumpió y acto seguido se levantó para hacerlo. Le detuve colocando una mano sobre la suya. -Tenemos que hablar, Edward. Sé que te sientes mal por lo de anoche. No le des más vueltas. -¿Qué no le dé más vueltas? -elevó el tono de voz- Dios… tendría que haber estado contigo desde el principio, y no fui capaz, fui un inútil. Bella, me moría por verte, por ayudarte, por atenderte, y en cambio tuve que alejarme de ti… Sí, fui un inútil completo y absoluto -se frotó la cara con las manos durante unos
  • 213.
    Cambio De Destino DraBSwan instantes, y luego continuó hablando.- Percibí tu olor antes de que entraras en la sala de urgencias. Sentí al mismo tiempo terror por si te había pasado algo grave y un intensísimo deseo de tu sangre. Era como estar desgarrándome por dentro, partiéndome en dos: el Edward que te ama y el monstruo que desea Página | 213 beber de ti. Luego entraron los paramédicos contigo en la camilla y fue peor, tu olor me impactó brutalmente, anulando mi voluntad casi por completo. Jamás había tenido que usar tanto autocontrol para no abalanzarme sobre un ser humano, y mientras tanto tú estabas allá, inconsciente, indefensa… - dijo, con la cara rota de dolor. -Eh… lo que importa es que lo conseguiste. Te controlaste, no pasó nada. -No lo sé… el mérito no es todo mío, por suerte llegó Emmet y me arrastró fuera de Urgencias en el momento en que me había quedado paralizado. La fuerza de voluntad me alcanzaba para no saltar sobre ti, pero no para moverme en dirección contraria a donde tú estabas. -No me habrías hecho daño, lo sé- acaricié su rostro, sus pómulos, sus labios. -Yo también lo creo, pero tampoco te habría ayudado. No necesitabas a nadie que bebiera de tu sangre en ese momento, necesitabas hasta la última gota, y ayuda médica. Aparte, la escena habría sido llamativa, por decirlo de alguna manera. -Sí, lo sé- no pude evitar sonreír imaginando esa escena. Edward me miró sorprendido. -¿Sonríes, Bella Swan? En serio que tienes un sentido del humor muy peculiar- dijo, alzando una ceja. -Edward, no te atormentes, no ha pasado nada, has podido contenerte, y han venido tus hermanos a echarte una mano. -¿Por qué cuando te escucho parece que las cosas sean menos importantes? -Porque son menos importantes, amor. He tenido un accidente y estoy bien, tú también estás bien, no ha pasado nada, no te amargues pensando en lo que podía haber sido, es absurdo e inútil. Parecía que mis palabras no lograban aligerar el peso de la culpa que sentía, lo veía en su expresión. Iba a contestarme cuando de pronto llamaron a la puerta de la habitación.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Pasa- dijo Edward. La puerta se abrió lentamente. -¿Se puede? Rose está de charla con el jefe de traumatología y quería aprovechar para haceros una corta visita.- Lo recordaba, era Emmet, la pareja de Rosalie. Página | 214 -Claro- contestó Edward.- Bella, este es mi hermano Emmet. El aludido entró en el box y pude comprobar su corpulencia. Era tan alto como Edward pero su cuerpo era casi el doble de grande, como el de un gran oso. Se acercó a mí y me tendió la mano. Tuvo la gentileza de oprimir la mía con suavidad. Su sonrisa y su mirada eran francas, e inmediatamente hicieron que me cayera bien. -Tenía ganas de conocerte, aunque Edward nos aburre tanto hablándonos de ti que ya casi es como si fueras una más de la familia. Respecto a lo que pasó ayer… - su semblante se tornó serio- siento no haber podido detener a ese ciervo. Al que se cruzó delante de tu coche y provocó el accidente- aclaró al ver mi cara de confusión.- No iba a cazarlo a él, de hecho Rose y yo ya habíamos cenado, pero creo que nos olió y se asustó. -Ah. ¡Era un ciervo! Por un momento creí que me había imaginado algo. No te preocupes, ha sido un accidente. Por fortuna no les ha pasado nada importante a las chicas, o no me lo habría perdonado. Quizá conducía a demasiada velocidad. -¡No! Si llegas a ir más lenta habrías ido marcha atrás, Bella- rió Emmet.- Ha sido un accidente aparatoso pero leve. Miré a Edward un momento. Su cara era la viva imagen de la angustia. En esos momentos debía estar pensando qué podría haber pasado de haber ido con más velocidad. Yo prefería no pensarlo. Los mortales teníamos que aprender a vivir sin pensar en esas cosas. -Ahora que recuerdo… ¿no arrancaste las puertas del coche antes de sacarnos de él? Eso y los comentarios del olor a sangre - abrí los ojos como platos- ¡Las demás lo recordarán, lo explicarán! -Lo sé, lo sé- dijo tranquilamente – Entre el accidente y lo "alegres" que iban no creo que nadie les hiciera mucho caso, pero por si acaso mientras esperábamos a las ambulancias les borré de la memoria aquello.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Que hiciste qué?- Emmet miró a Edward con expresión de "se lo explicas tú o yo", y este tomó la palabra. -Emmet tiene el don de borrar de la memoria de las personas lo que él quiera, y, si lo desea, para llenar ese vacío puede introducir otros recuerdos. Es un Página | 215 práctico don cuando se pasa media existencia escondiéndose, como nosotros. -En algunas novelas de vampiros es uno de los dones clásicos – recordé. -Edward, tu novia lee novelas de vampiros, deberías decirle que no sea tan fantasiosa- sonrió el grandullón. -¿Y qué se supone que ha pasado? Lo digo para no contradecir la versión de mis compañeras. -Da igual lo que tú digas, te has dado un buen golpe en la cabeza, así que si dices que han venido unos vampiros vegetarianos y te han ayudado a salir del coche no creo que nadie te haga mucho caso. Quizá si lo dices te ganes alguna prueba médica más y prolongues tu ingreso. Así que tú misma. -No, gracias, lo que tengo es ganas de salir de aquí hoy mismo. -Bella. Te quedarás el tiempo que haga falta. Como una paciente más -siseó Edward. -Si no me dan el alta firmaré un alta voluntaria. No pueden obligarme a permanecer aquí contra mi voluntad – repuse mirando ceñuda a Edward. -¡No harás eso y te comportarás como la adulta responsable que eres! – clamó él, exasperado. -Vaya, hermanito, creo que realmente has encontrado la horma de tu zapato. Es más cabezota que tú- rió Emmet. Lo cual sirvió para que ambos dirigiéramos hacia él nuestras airadas miradas y cesara la discusión. El hermano de Edward sonrió y miró la hora- Rose está tardando un poco, creo que iré a buscarla, antes de sufrir daños colaterales en esta batalla. Edward aprovechó que estaba mirando a su hermano para acercarse. Me tomó la cara entre sus manos y me besó de una forma apasionada, robándome el aliento. Me dejó jadeando y fue hacia la puerta. Antes de salir giró la cabeza y me clavó una intensa mirada.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Nada de altas voluntarias. -Sí jefe. A sus órdenes- mascullé en voz baja cuando pude recuperar el aliento. Emmet rió al escucharme. Me observaba atentamente, y yo me dediqué a Página | 216 contemplar la lluvia caer al otro lado del cristal. Esa era la tónica general de la familia Cullen al conocerme. Comprendía que tuvieran curiosidad, pero francamente eso de sentirme estudiada como un extraño especimen me incomodaba un poco. Al cabo de un instante Rosalie apareció. -Emmet, tenemos que irnos. Bella debe descansar y Edward está trabajando. Rosalie me hizo prometer que nos veríamos pronto, explicándome que se quedarían en la casa Cullen hasta el fin de semana, pues ambos disfrutaban de unas cortas vacaciones y habían venido a darle una sorpresa a Edward y a conocerme. Cuando se hubieron marchado pensé que la primera toma de contacto con mi "familia política" estaba siendo un poco accidentada. Al final no hizo falta discutir con nadie. Pasaron visita el traumatólogo y el cirujano. Me examinaron la herida de la cabeza y le dieron el visto bueno, y añadieron que al ser el TAC normal y mi evolución muy favorable podía irme a casa a media tarde, ordenándome reposo durante una semana. Médicos... me encontraba bien pero tenía que obedecer, pues trabajaba aquí. O lo intentaba, porque entre la gripe y esto mi jefa iba a pensar que menuda adquisición había hecho conmigo. Mis amigas pasaron a despedirse antes de marcharse a casa. Les habían dado el alta a todas a primera hora de la mañana, también con la recomendación de reposo, pero sólo durante un par de días. Me sentía culpable por no haber podido evitar el accidente pero las tres reaccionaron indignadas cuando me disculpé por ello. Aún así quedamos en que ya no me tocaría conducir en las salidas conjuntas, no me veía capaz. Aparte, mi coche había quedado bastante tocado por el accidente. La compañía que me lo alquilaba se puso en contacto conmigo y me comunicaron que el seguro del coche se haría responsable de los daños pero que me tendrían que rescindir el contrato. Ahora tendría que alquilar otro coche o quizá comprar uno barato. Los coches de segunda mano estaban a muy buen precio, y yo no necesitaba grandes lujos. Estaba absorta en estos pensamientos cuando entró Edward en la habitación.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Te traigo ropa limpia. La que llevabas ayer está… llena de sangre. Creo que no se podrá salvar- dijo, dejando la ropa encima de la butaca que había al lado de mi cama, sin mirarme. -Edward. Mírame- lentamente él alzó su mirada y la enlazó con la mía -¿Cuánto Página | 217 tiempo vas a estar así? Él no contestó y me dolió leer en su rostro y en su mirada lo mal que se sentía. Se sentó en la cama, en silencio, y tomé su mano. -Estoy segura que de haber estado los dos solos en la carretera me habrías auxiliado. Creo que tu instinto de cuidarme habría vencido al más primario- aseguré. -Tienes demasiado buen concepto de mi- respondió con una triste sonrisa.-Me idealizas. -¡Maldita sea, Edward, reacciona!-exploté.- Quizá deberías probar mi sangre de nuevo. Quizá si la probaras te acostumbrarías y no reaccionarías así. ¿No fuiste tú quien me dijo que te estabas acostumbrando a mi olor? Puede que con lo otro pasara lo mismo, y no estarías tan… tan… ansioso. Dije lo que dije sin pensarlo un instante. Pero una vez lo había soltado me di cuenta de que yo misma lo estaba deseando. Quería hacerle ese regalo, quería sentirlo beber de mí. Durante un segundo pude comprobar el deseo brillando en su mirada, deseo que casi inmediatamente fue sustituido por una mirada de horror. -Eso sería enfermizo- murmuró. Sentí un dolor punzante en mi interior al que no supe poner nombre. Estuve a punto de echarme a llorar y no quería que él estuviera delante. -De acuerdo. Márchate. Voy a cambiarme- dije sin mirarle siquiera. Me senté en la cama en el lado contrario a donde él estaba, mirando hacia la ventana. El día parecía aún más gris. -Pasaré a buscarte cuando acabe el trabajo para llevarte a casa-murmuró a mi espalda. Cuando escuché el sonido de la puerta al cerrarse dejé que las lágrimas vagaran libremente por mi cara. Mientras me vestía pude dar nombre al sentimiento
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    Cambio De Destino DraBSwan que me oprimía. Despecho. Rechazo. Cogí el teléfono de la habitación y tras identificarme pedí a la centralita que me pusieran con un número externo. -¿Angela? Página | 218 -Sí, cielo, ¿estás bien?- su voz sonaba preocupada. -¿Podrías venir a por mi? -Claro, no te he dicho nada porque pensaba que te traería Edward. -No. Cuando quieras venir... ya tengo el alta, te espero. -Ok, salgo ya. Apenas llevo unas horas de reposo y estoy completamente aburrida, me vendrá bien salir de casa un rato. -Te espero.- Colgué el teléfono y me enjuagué una traicionera lágrima que se deslizaba por mi mejilla. Capítulo 23 EPOV
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    Cambio De Destino DraBSwan Estaba muy contrariado por el plantón que me había dado Bella. Por lo menos había tenido la delicadeza de mandarme un mensaje de móvil con una nota escueta: "No pases a por mí. Ya estoy en mi casa. Adiós". Realmente, ese "adiós" era lo que más me inquietaba de todo el asunto. Ni un Página | 219 "hasta luego, te llamo", lo que sea. Adiós. No hacía falta ser un gran psicólogo para adivinar que mi novia humana estaba enfadada. Muy, muy enfadada. ¿Por qué tenía que ser tan cabezota y tener ese carácter? Se había puesto así sólo por hacerle ver que su idea era insensata, tan insensata como… como estar saliendo con un vampiro, dijo una voz dentro de mí. No. Se lo había prometido. No iba a dejarla, no iba a volver a decidir por ella. Pero ¿y si ella se volvía imprudente? Lo que me había pedido era una locura, irracional. Sí, y enfermizo. Como salir con un vampiro. Maldita voz interior, cállate ya. ¿Y yo, qué esperaba? Lo que pasó ayer era algo natural. Lo no natural era… ya, salir con un vampiro. Me seguía sintiendo horrible por lo de anoche, y en el fondo debía reconocer que me había aliviado no llevar a Bella en coche, ella no comprendía cómo me sentía y yo tampoco la entendía. Ambos necesitábamos pensar, serenarnos. Pero, ¿y si ella tenía razón? ¿Si probar su sangre hacía que me controlara mejor? Era cierto que estando en contacto estrecho con ella había aprendido a fortalecer mi autocontrol, pero lo que ella me pedía era equivalente a decirle a alguien que probara una droga para que no tuviera más ganas de drogarse. Una locura. Porque yo ya la había saboreado y estaba seguro de que la sangre de Bella sería como una droga para mí. La puerta de mi habitación se abrió de golpe. -¡Huy, perdón! Desde fuera he visto humo y he entrado sin avisar pensando que había un incendio, pero veo que no hay peligro, sale de tu cabeza. -Emmet, te has tomado tu actual profesión de bombero muy a pecho- dije, fastidiado.- ¿Qué piensan tus colegas de tu sentido del humor? ¿No se rifan las guardias para no coincidir contigo? ¿No ha aumentado el índice de suicidios en el Departamento de Bomberos de Boston desde que tú trabajas en él? -Qué va, tío- rió mi hermano, ignorando mis pullas - están encantados conmigo, les alegro la vida. Creo que me ganaría un sobresueldo si actuara en un bar de esos que aceptan aficionados para interpretar monólogos. Y a lo que iba. Venga, deja de hacer el ermitaño y ven a cazar con Rose y conmigo. Serás desagradecido… encima que venimos a hacerte una visita y de paso a conocer a tu chica... aunque no pensábamos que fuera en esas circunstancias.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Tu diplomacia siempre ha dejado mucho que desear, Em- me senté en la cama, suspirando.- Gracias por intentar animarme, pero no quiero hablar del tema. -Entonces vendrás a cazar con nosotros. Créeme, he subido yo porque soy el Página | 220 más suave, luego vendrá Rose y te presionará hasta límites insospechados, ya sabes cómo es. Más vale que cedas ahora- susurró mi hermano en un tono de voz confidencial. -¡Te estoy escuchando, Emmet Cullen! Como suba vas a saber tú lo qué es presión -se oyó la voz de Rosalie desde el comedor. No pude evitarlo y reí al escucharlos. Me di cuenta de cuánto los echaba de menos ahora que estaba con ellos. Llevaba demasiado tiempo viviendo solo. -Está bien - me puse de pie de un salto.- Vamos allá. Cazaremos, charlaremos si queréis, pero no se hablará de humanos, ¿de acuerdo? Es la condición. -De acuerdo- contestaron al unísono Rose desde el comedor y Emmet. Durante la "excursión" nos alejamos mucho de Forks. Era temporada de caza y no queríamos tener ninguna sorpresa, así que fuimos a la zona más intransitable de la península Olympic, sabedores de que allá era prácticamente imposible coincidir con personas. Hasta que no empecé a alimentarme no fui consciente de cómo estaba reprimiendo mi apetito, que se reveló voraz. Bebí casi tanto como Rosalie y Emmet juntos. Pero no hacía tanto que me había alimentado. Deduje que era un efecto secundario de lo sucedido anoche. Aunque quizá estaba haciéndolo de forma inconsciente para enfrentarme mejor preparado a la tentación que Bella me ofrecía. Porque a lo largo de las horas de caza decidí que esa misma noche tenía que verla. Se me había pasado el enfado, y la angustia de horas antes parecía ser sólo una pesadilla. Tenía que verla, sentirla. Era un imán que me atraía a ella una y otra vez, no importaba lo que pasara. Entré en su habitación por la ventana. Esta cedió fácilmente a una mínima presión. Me arrodillé ante su cama y la contemplé de cerca. La piel de su cara estaba más pálida de lo habitual. Su respiración sosegada mostraba un sueño tranquilo. Vi su boca ligeramente entreabierta y tuve el impulso de besarla, pero no quería asustarla. -Bella- susurré. Sus ojos se abrieron y parpadeó varias veces, frotándose los ojos.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Edward… ¿Qué…qué haces aquí? -No podía esperar para pedirte disculpas por ser un estúpido. -No eres ningún estúpido. Ven – sonrió y alargó la mano tomando la mía, Página | 221 tirando de ella- acuéstate a mi lado. No te preocupes, me he bañado y me he lavado el pelo, no hay ni un resto de sangre. -Sobre eso quería… siento haber dicho que tu idea era algo enfermizo -empecé, mientras me recostaba a su lado.- Puede que tengas razón, pero no podemos arriesgarnos, no…- Ella me puso el dedo sobre los labios, silenciándome. -Sssst. Sé que te preocupas más por mí que yo misma, y que por eso a veces te comportas de esa manera tan protectora. Te lo repito: nadie dijo que lo nuestro iba a ser fácil. Pero no cambiaría el haberte conocido por nada. La besé con suavidad, disfrutando del tacto de sus carnosos labios. Tuve que recordarme que Bella necesitaba reposo, porque mi cuerpo me traicionaba con el deseo que sentía por ella. De pronto se me ocurrió un pensamiento. -¿Te das cuenta de que has conocido a cinco vampiros de forma fortuita? Y no cuento a Alice porque ella vino a verte. Creo que tienes muy mala suerte. -O al contrario, porque tanto tus padres como Rose y Emmet me han ayudado en situaciones complicadas. Tengo muy buena suerte y aún mejor gusto en lo que a vampiros se refiere. Y no te consiento que me discutas eso, Edward Cullen- contestó con voz adormilada, acercándose más a mí. La recibí entre mis brazos. Comencé a tararearle una tranquila melodía y no tardó en volver a quedarse dormida, ahora con una sonrisa en los labios. Acerqué mi cara a su cabello e inspiré con fuerza. No. Nadie dijo que iba a ser fácil. Pero valía la pena. BPOV La semana pasó bastante aburrida. Angela aprovechó sus dos días de obligado descanso para hacer cambios de fin de semana. Así consiguió juntar cuatro días libres para ir a visitar a Jake a Seattle. No sabía yo si ella iba a descansar mucho estando con su novio, pero a mí mi enfermero particular sí me obligó a hacerlo, cumpliendo su particular juramento hipocrático como si le fuera la existencia en ello.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Qué haces levantada?- su voz en el silencio de la cocina me provocó un sobresalto y el plato que estaba fregando me resbaló de las manos. Por fortuna él reaccionó, y lo cazó al vuelo antes de que tocara el suelo. -Edward, te agradecería que llamaras antes de entrar o por lo menos no fueras Página | 222 tan silencioso. Un día de estos me da un infarto – gruñí mientras tomaba el plato de sus manos y lo dejaba en la encimera. -Lo siento. Deja eso, Bella. Ya lo hago yo. Descansa. -Gracias por ofrecerte, pero si descanso un poco más reviento. Y no te gustaría ver eso.- Suspiré.- En serio, Edward, necesito moverme. -Otra vez estoy siendo sobreprotector, ¿verdad?- asentí y me senté en la mesa de la cocina, él lo hizo enfrente mío.- Me resulta muy difícil de controlar. Rosalie dice que no sabe cómo me aguantas. -Creo que Rosalie me va a caer muy bien- reí. -¿Te gustaría venir a casa el fin de semana? Ella y Emmet se quedan hasta el domingo a mediodía, luego vuelven a Boston. Podrías conocerlos un poco más… si no te incomoda –añadió, inseguro. -No. Ya es hora que conozca a la familia política. El destino me lo está gritando. -Genial. Ellos también tienen ganas de conocerte. El sábado Edward vino a buscarme a mediodía. Cuando me acercaba a la casa Cullen estaba nerviosa, a pesar de todo. Ya había conocido a Rosalie y Emmet Cullen en circunstancias más que desfavorables y ahora era simplemente una reunión informal, pero me preocupaba la impresión que pudiera causarles. Su familia era muy importante para Edward. -Te he de advertir una cosa. – La voz de Edward me sacó de mis cavilaciones.- No hagas mucho caso de Emmet. Le encanta bromear, lo malo que tiene es que no sabe cuándo frenar. Si te molesta cualquier cosa se lo dices claramente.- Me miró y comprobé con sorpresa que parecía preocupado. Al parecer no era la única que estaba nerviosa por este encuentro. -Tranquilo, sé defenderme- afirmé.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Eso no lo dudo- sonrió mientras tomábamos el camino de la casa Cullen. El día había amanecido horrible, no era la habitual lluvia fina que caía en la zona, sino una auténtica tormenta la que estaba cayendo, con viento huracanado, rayos y truenos. Edward aparcó en el espacioso garaje de la casa. Página | 223 Rosalie y Emmet nos vinieron a recibir y ante mi sorpresa ambos me dieron dos besos. -A la manera española, ¿no?- me sonrió Rose. Emmet además me dio un abrazo que me hizo sentirme como si hubiera chocado contra un armario. -¡Ay!-gemí. -Emmet, no seas bruto, todavía está magullada- le regañó Rose.- Ha venido aquí para hacer reposo y que la cuidemos, no para que le tenga que recomponer varios huesos. -Lo siento… ¿Reposo? Entonces ¿no tendremos que irnos para dejaros intimidad? No veas qué descanso, no me apetecía mucho salir ahí fuera con este día. Ahora, te advierto que Rose y yo no tenemos que hacer reposo y…- Edward lo cortó con una mirada asesina, mientras yo me sonrojaba. -Vamos, Bella, ven conmigo- invitó Rose.- Podemos charlar un rato. ¿En qué hospital de Barcelona haces la especialización? Fuimos al comedor y charlamos de varias cosas, al principio sólo de trabajo, pero poco a poco la conversación fue haciéndose más personal. Rosalie era traumatóloga en el prestigioso Massachussets General Hospital, de Boston, dependiente de la universidad de Harvard. Emmet hacía poco había estrenado la profesión de bombero, y estaba emocionado con ello. Fue una jornada agradable que transcurrió entre charla y charla. Hicimos un alto mientras me preparaba la comida. -¿Todo bien? – Edward me escrutaba atentamente, apoyado en la encimera mientras yo cocinaba. -Sí, muy bien- le sonreí.- Y Emmet no es tan pesado como decías. -Porque se está controlando mucho, si no ya sabe lo que le espera- se carcajeó Edward.- Y la amenaza no viene de mí, viene de su esposa…
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    Cambio De Destino DraBSwan Para evitarme la incomodidad de comer en la mesa siendo observada por tres vampiros Edward puso la cena en una bandeja y nos sentamos ante la TV. Cuando acabé Rosalie y Emmet fueron al garaje a arreglar no sé qué de las motos de ambos. Afuera seguía soplando un viento huracanado y Edward Página | 224 encendió la chimenea. No es que fuera imprescindible porque la calefacción funcionaba muy bien, pero era muy agradable estar sentada cerca del fuego. Me estiré sobre su regazo y me quedé dormida mientras él masajeaba mi cabello. -Bella, he de marcharme un momento- escuché un susurro en mis oídos. -Qué… ¿qué? -Siento despertarte. Me ha llamado Joseph. He de ir a casa de Laurent, el residente de segundo año, y recoger unas cosas. Luego te explico. Me besó y se marchó. Inmediatamente Rosalie apareció en el gran comedor y me ofreció café, que acepté agradecida. -A todo esto, ¿te encuentras completamente bien? Tuviste una buena conmoción el otro día. -Sí, me escuece un poco la herida y tengo ganas de que me quiten las grapas, pero por lo demás estoy bien… Creo que Edward está peor que yo. -Veo que lo conoces bien- bromeó Rose, para inmediatamente ponerse seria.- Sí, lo ha pasado muy mal. Sabes… cuando nos explicó lo que sentía por ti todos nos llevamos las manos a la cabeza. Jamás había estado enamorado, y la primera vez que lo hacía era de una humana. Y una humana cuya sangre le llama más que nada en este mundo. Una humana mortal y frágil- me miró con sinceridad.- Era para estar preocupado. Hasta que vimos cómo había cambiado. La última vez que nos vimos fue por las fiestas navideñas, desde entonces no puedes imaginarte cuánto le has cambiado. Bella, lo del "rarito Cullen" no venía sólo por ser un vampiro. Era antisocial incluso para un vampiro. Y no ha sido siempre así, pero su carácter se fue… retrayendo poco a poco- hizo una pausa, como esperando algún comentario de mi parte. -No sabía eso. -Edward es un romántico, un ser apasionado, pero le faltaba algo en la vida, y eso se notaba. Creo, por lo que le conozco, que la pasión por la música y por su trabajo no podía suplir la sensación de vacío que tenía. Alguna vez nos lo confesó a Alice y a mí, pero en general no le gustaba mucho hablar del tema,
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    Cambio De Destino DraBSwan era muy reservado para eso- volvió a hacer una pausa.- ¿Más café? ¿Algo de comer? En honor a ti tenemos la despensa llena hasta los topes. No queríamos que te faltara de nada. -Oh, vaya, no era necesario. Gracias. Página | 225 Yo esperaba que Rosalie continuara. Me interesaba muchísimo lo que me estaba contando porque me descubría facetas de Edward que yo desconocía completamente. Pero más me interesaba lo que estaba por explicarme, pues intuía que aún no me había dicho lo más interesante. -¿Te ha contado mi hermano algo sobre cómo nos conocimos Emmet y yo? - negué con la cabeza y ella prosiguió.- Bueno, yo fui una de las mujeres pioneras en estudiar medicina- se me abrieron la boca y los ojos de forma desmesurada y ella rió. -No sabía nada ¡Cuéntamelo! -Verás, yo estudié en la Escuela Londinense de Medicina para Mujeres. Se fundó en 1874, y los primeros tiempos fueron muy duros, como ya te imaginas. Cuando logré el título me fue casi imposible encontrar trabajo y alojamiento, pues ser médica estaba muy, muy mal considerado. Había muchos prejuicios contra nosotras. Por casualidad Carlisle, que por aquel entonces trabajaba en un barrio muy pobre de Londres, oyó hablar de mí. Necesitaba ayudantes, y la gente de aquel barrio era tan pobre que no se podía permitir tener manías, así que por fuerza me aceptaron. A veces tenía que ir a las casas de los pacientes, entonces me acompañaba Emmet, que se hacía pasar por hijo de Carlisle, y por entonces era periodista. No podían permitir que fuera sola, y de cuando en cuando Emmet escribía alguna crónica sobre las desventuras de una doctora en aquella época. Los hombres me decían groserías por la calle, pero… a todo se acostumbra una. Bueno, cuando iba con Emmet nadie osaba chistarme- rió.- Oye, creo que te voy a aburrir. -No, no, sigue, por favor. -Bien, con el tiempo yo miraba a ese hombretón con mejores ojos, él se daba cuenta y cada vez estaba más distante, ante mi frustración. No comprendía su actitud, aunque la verdad es que estaba acostumbrada a que me rechazaran los hombres por ser médico pues me consideraban una chiflada, pero él… Una noche, saliendo de una casa, me sinceré con él y me contestó que no me podía dar la vida que yo deseaba.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Pensaba que Carlisle había dicho que no conocía ningún otro caso de una relación como la de Edward y mía… -No, claro, era yo la que me estaba enamorando de Emmet, y él no lo sentía lo mismo por aquella época. Y mi sangre no le atraía como a Edward la tuya. Lo Página | 226 nuestro no fue un flechazo… fue algo más progresivo. Después de confesarme eso no insistí en el tema. Carlisle me mandó aquí, a EEUU, para complementar mis estudios de cirugía. Estuve un año fuera y cuando volví me di cuenta de que no sólo no habían cambiado mis sentimientos sino que habían aumentado. Creí que con mi ausencia las cosas volverían a su sitio pero no fue así. Un día Emmet, que también empezaba a sentir algo más que amistad por mí, me confesó su auténtica naturaleza. Seguro que puedes imaginar mi reacción.- Asentí mientras ella hacía una pausa. Yo apenas podía apartar la mirada de Rose. Su historia era apasionante. -Pero seguiste sintiendo lo mismo. -Sí, estuve unos días luchando contra mí misma, pero… me rendí. Aún así el seguía resistiéndose a dejarse llevar, pensaba que si estaba conmigo no podría evitar hacerme daño. No era un vampiro tan antiguo como Carlisle y dudaba de su capacidad de control. Fue cuando empecé a pensar en transformarme. Es inevitable planteárselo tarde o temprano, ¿no?- observó atentamente mi expresión. -Supongo que lo es. Pero es una decisión muy importante- repuse. Ella asintió. -Dudaba continuamente. Tampoco es que lo nuestro fuera una relación… como la vuestra. Podía ser que me transformara y Emmet no terminara tan enamorado de mí como yo de él, además siempre había soñado con tener hijos y verlos crecer, y estaba mi trabajo… ¿Cuánto tiempo podía pasar hasta volver a practicar la cirugía?- Ahora era mi turno de asentir. Lo comprendía bien. ¿Podía el amor por sí solo llegar a conseguir que todo lo demás dejara de ser importante? -Pero al final te decidiste. -Decidieron por mí- su sonrisa se volvió amarga y su mirada se perdió en sus recuerdos.- Una noche tuve que ir a visitar a un paciente anciano encamado que tenía unas enormes úlceras de decúbito. Llevaba días curándolas y aquel iba a ser el último, pues estaban evolucionando muy bien. Emmet no me pudo acompañar porque le salió un asunto que no recuerdo, Carlisle estaba en otra
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    Cambio De Destino DraBSwan ciudad… me empeñé en ir sola a pesar de que Em me pidió que no lo hiciese. Y cuando acabé la cura y le dije al hijo del anciano que le daba el alta… -hizo una pausa y suspiró. Yo aguanté la respiración.- Intentó forzarme. Según él, yo había llegado allá provocando esa situación, y tenía lo que había buscado. Pero Página | 227 me resistí, y caí al suelo. Me golpeé la cabeza con un mueble durante la caída, y aquello me provocó una hemorragia intracraneal. -Es horrible-susurré con lágrimas en los ojos. Ella pareció despertar y me miró, tomándome de la mano. -Tranquila, ya no duele. Hace mucho tiempo de eso. Lo que pasó después lo sé por Emmet. Él no estaba tranquilo sabiendo mis intenciones de cumplir con mi deber e ir sola a pesar de todo, y en cuanto pudo se dirigió hacia la casa del anciano. Cuando caí al suelo inconsciente y sangrando mi atacante había huído despavorido, pero Emmet lo atrapó antes de que saliera de la casa. Lo agarró del cuello y lo arrastró ante mi presencia, y cuando me vio no se pudo contener… y apretó demasiado- encogió los hombros con indiferencia y prosiguió.- A pesar del olor de mi sangre pudo controlarse lo suficiente para buscarme el pulso. Al sentirlo cada vez más débil no lo pensó ni un segundo y decidió transformarme en aquel momento. Me mordió, inyectándome el veneno. -¿Alguna vez se lo…- dudé - has echado en cara? -No, nunca- sonrió Rose, alzando las cejas - ¿Por qué había de hacerlo? Finalmente él se podía dejar llevar y se enamoró de mí como yo lo estaba de él. Y yo al cabo de unos pocos años pude seguir con mi trabajo. Ahora soy traumatóloga pero además soy especialista en varios tipos de cirugía. Cuando Rose terminó su historia ambas nos quedamos pensativas. Ella de vez en cuando me echaba miradas de soslayo, intentando saber qué pasaba por mi cabeza en aquellos momentos. -Rosalie… yo no creo que esté dispuesta a transformarme. Todavía no, desde luego sería muy prematuro, pero ¿y si no lo estoy nunca? No quiero herir a Edward. Dios, esto es muy complicado- me froté la cara con las manos y tomé aire. -Bella, no te angusties, cielo. Sólo te he contado mi historia para que vieras que sé un poco de lo que estás pasando- Rose me frotó el brazo con cariño.- Por si
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    Cambio De Destino DraBSwan alguna vez necesitas alguien con quien hablar del tema que no sea el pesado sobreprotector de mi hermano. La decisión ha de ser sólo tuya, es tu vida. -Gracias, Rosalie. Página | 228 Al poco se nos unió Emmet y seguimos charlando animadamente. Ambos estaban al tanto de mi capacidad de bloquear los dones de Alice y Edward, y Emmet propuso comprobar si también lo lograba con el suyo. Su cara de niño frustrado cuando comprobó que así era fue digna de haber sido fotografiada y enmarcada. Para cuando llegó Edward ya parecía que nos conociéramos de toda la vida. En el momento en que entró Emmet y yo nos estábamos riendo con una anécdota que él había explicado, mientras Rosalie alzaba los ojos al cielo de forma teatral como implorando paciencia. -Veo que no soy el único vampiro con quien congenias- dijo, con un punto celoso. -Es que tiene buen gusto, colega… lo dudaba, porque eso de estar saliendo contigo… pero sí, tiene buen gusto-se burló Emmet. Me preparé una cena rápida: un sandwich y una pieza de fruta. Estaba inapetente y no paraba de darle vueltas a lo que me había explicado Rose. Edward ya conocía el contenido de nuestra charla y me iba lanzando miradas escrutadoras. Evité su mirada lo más que pude. -Bien, con vuestro permiso me voy a retirar para tener a mi chica un rato para mi solo. -Ok, pero recordad, reposo- dijo Rosalie muy seria. Yo volví a enrojecer. Por desgracia iba a tener más reposo del que me gustaría. Edward me tomó de la cintura y nos dirigimos hacia las escaleras. Antes de empezar a ascender se volteó. -Reposo si nos dejáis. Comportaos, que tenemos invitada- contestó en el mismo tono que Rose. -Ni nos oiréis, hermanito. -¿Qué quería Joseph?- pregunté, entrando en la habitación tras cepillarme los dientes.
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    Cambio De Destino DraBSwan Ahogué un gemido. El vampiro más atractivo del mundo me esperaba recostado en la cama vestido tan sólo con una camiseta negra y unos boxer de color azul. Esto iba a ser difícil. Muy difícil. Página | 229 -No son buenas noticias. La gripe de Laurent se ha complicado con una neumonía. No es grave, pero era el residente que tenía que ir al congreso nacional de cirugía en Nueva York, junto con el jefe y un par de adjuntos. Presentamos tres comunicaciones y una de ellas la leía él. Joseph me ha pedido que le sustituya. -Vaya…- me recosté a su lado.- ¿Cuándo te vas? -El jueves por la mañana sale el avión. Volvemos el domingo. A mi lo único que se me ocurrió pensar fue que el traumatólogo me había ordenado una semana de reposo y que cuando acabara ese reposo forzado no tendría al objeto de mis ardientes deseos a mi alcance. Él me miró a los ojos y sentí que leía mis pensamientos; me ruboricé intensamente sin poderlo evitar, y el sonrió divertido. Maldito vampiro vanidoso… De pronto me abrazó y se situó encima de mí, acercando su cara a la mía. -¿Te crees que no es difícil también para mí? – Su dulce aliento, su proximidad, la cadencia de su voz, me invadieron.- Pero uno de los dos tiene que preocuparse por tu salud. Siempre que él se acercaba demasiado a mí, mi capacidad de respuesta se reducía a la nada. Él lo sabía, y se aprovechaba de ello. Me acurruqué en sus brazos, dispuesta a dormir. -Rose te ha explicado su transformación, ¿verdad?- su suave voz rompió el silencio, cargada de interrogantes. -Sí. Una historia emocionante, con un final que podía haber sido muy triste pero es feliz. Él se quedó esperando que continuara, pero yo no quería hablar del tema. Me sentía como Rosalie, dividida en dos partes, siendo ambas igual de fuertes. Edward notó mi resistencia a tratar el tema y no lo retomó. Mientras sus dedos trazaban círculos en mi nuca me quedé dormida.
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    Cambio De Destino DraBSwan Al día siguiente el tiempo amaneció nublado pero más estable. Rosalie y Emmet se fueron a media tarde, no sin antes prometer que nos volveríamos a ver pronto. Rose pensaba que ya sólo me faltaba conocer a Jasper y que sería buena idea reunirnos todos algún día no lejano. Estuve de acuerdo. Me sentí Página | 230 triste cuando se marcharon, pero no tardaríamos en vernos. Capítulo 24 BPOV Las horas pasaban rápidamente y se acercaba el jueves. Edward trabajaba en la presentación para el congreso, pero afortunadamente tenía suficiente con concentrarse en ello por las noches. De día seguíamos disfrutando de nuestra mutua compañía. Varias veces tuvimos que refrenarnos, mejor dicho, él nos refrenaba a ambos, insistiendo en que era una orden médica: yo debía hacer reposo. Cuando persistió en esta actitud el miércoles, pasados ya siete días de mi accidente, comencé a tener serias dudas sobre su sinceridad. Intuí que su actitud ya no sólo reflejaba temor por los posibles efectos tardíos de la conmoción que yo había sufrido. Ahora había algo más, pero sabía que no conseguiría nada intentando razonar con él, pues las pocas ocasiones que yo había sacado el tema desviaba la conversación por otros derroteros. Tenía que pasar a la acción. Aquella mañana fui al hospital con Edward para que me quitaran las grapas, cosa que hizo Jared en un santiamén.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Qué artística sutura te hice- dijo, apartando mi cabello y observando cuidadosamente la cicatriz- Menudas manos ha perdido la alta costura conmigo. -Lo que tú digas, pero no me imagino un traje de Armani cosido con grapas, la Página | 231 verdad- bufé. -Bah, los artistas de verdad nunca son apreciados en su época- repuso él, arrugando la nariz con fingido disgusto. Cuando estuve lista fui a saludar a mis compañeros y después llamé a la puerta del despacho de Emily. -Hola, Bella, qué alegría verte – se levantó y fue a darme un rápido abrazo. -Sí, yo también me alegro de estar de vuelta, y la verdad es que tengo ganas de ponerme a trabajar ya. El "trauma" me ha dado el alta y dice que mañana me podré incorporar a pleno rendimiento, con guardias y todo. - ¿Seguro que estás completamente recuperada? -preguntó, observándome intranquila. -Sí, fue un susto grande, nada más. Me quedará una bonita cicatriz de recuerdo, por suerte está bien cubierta por cabellos. Estuvimos un rato hablando de asuntos del trabajo y tras despedirnos me dirigí al parking del hospital. Edward me había prestado su coche para hoy y aún quedaban muchas horas para que saliera del trabajo, así que me dirigí a mi casa y recogí lo que necesitaba para mi plan, guardándolo a buen recaudo en una pequeña maleta que usaba para llevar ropa de recambio a la casa Cullen. Pasé a buscar a Edward a la salida del hospital, y nos dirigimos hacia su casa para pasar la que sería nuestra última velada juntos hasta su partida. Evité insinuarme y me mantuve toda la tarde en plan "qué bien estamos como amigos". En otras circunstancias él habría sospechado algo, pero ahora seguramente se sentía demasiado culpable como para recelar de mi actitud. Cuando vino a darme las buenas noches yo aún estaba vestida y cepillándome los dientes. Me besó con suavidad en la mejilla y se marchó al comedor. Le gustaba trabajar sentado junto al fuego con el portátil, aunque por lo que yo sabía no sentía frío y podría haber trabajado de pie sin problema.
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    Cambio De Destino DraBSwan Esperé unos instantes y abrí la maleta, de donde saqué la pieza de lencería más indecente que tenía: el corto camisón negro de satén y encaje, que había comprado hacía una semana en el centro comercial de Port Angeles. Me desnudé, cogí el camisón y rápidamente me lo puse. Ni tan siquiera me miré al Página | 232 espejo. Enrojecí tan sólo de imaginar cómo se me vería con esa pieza de ropa puesta, pero en el comedor había un hombre bloqueado por un temor que yo desconocía y tenía que usar la artillería pesada. Aunque… ¿y si no funcionaba? Si fracasaban mis intentos sería señal de que el problema era más grande de lo que yo temía… aparte de que mi ego quedaría bastante tocado. Pero no sería nada que no tuviera arreglo. Inspiré aire con fuerza y me dirigí hacia las escaleras. EPOV Aquellos días estaba ejercitando mi autocontrol hasta niveles insospechados. Bella se encontraba muy bien y era evidente que ya no necesitaba reposo. Esa misma mañana Jared le había quitado las grapas y la cicatriz presentaba un aspecto muy sano. Podíamos habernos dejado llevar como ella había intentado varias veces, pero cada vez que el deseo me acometía volvía a mí con violencia el recuerdo del perfume de su sangre. Entonces el monstruo que tenía dentro se agitaba y me imaginaba bebiendo de ella. No podía evitar que esta imagen me excitara y me horrorizara al mismo tiempo. Lo peor era que ella me había pedido hacerlo. Y ahora la deseaba pero temía no poder controlarme tan bien como hasta el momento, así que evitaba la intimidad con ella. Cuando volviera de Nueva York en unos días quizá la intensidad de mi recuerdo se hubiera apagado lo suficiente como para atreverme de nuevo a hacer el amor con Bella. Aquella noche le di un casto beso en la mejilla y me fui rápidamente a trabajar. Absurdamente eché de menos que no se me hubiera insinuado ni una sola vez esa tarde, y que me dejara salir del baño sin dirigirme ni una sola mirada. Estúpido, qué esperabas. Abrí el portátil y comencé a repasar varios artículos que necesitaba conocer para poder hacer mi presentación. Me quedaban sólo unos pocos y acabaría enseguida. Después iría a acostarme al lado de Bella y pasaría el resto de la noche en su compañía, abrazándola, sintiendo su latido, su aroma, su calor… y una vez más controlando mi anhelo de estar dentro de ella.
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    Cambio De Destino DraBSwan De pronto la oí salir de la habitación y bajar las escaleras. Su ritmo cardiaco estaba acelerado, lo cual me intrigó. Alcé la vista y cuando llegó al pie de las escaleras pude verla. Jadeé, y el portátil estuvo a punto de deslizarse hasta el suelo. Página | 233 Por todos los… demonios. Me quedé muy quieto, con las manos adheridas al ordenador, intentando controlar mi fuerza para no romperlo. Mi cuerpo se tensó como la cuerda de un arco. -¿Te encuentras bien?- mi traidora voz sonó más ronca de lo que yo habría deseado. -¿Qué? Ah, sí, es que me voy a preparar una infusión antes de acostarme- comentó como si no pasara nada, a pesar del rubor que invadía su rostro. Pasó por mi lado sin mirarme y se metió en la cocina. La escuché rebuscar entre los armarios durante unos eternos segundos durante los cuales mi voluntad se iba debilitando cada vez más- ¿Edward, puedes ayudarme?- dijo al cabo de unos instantes. Diabólica mujer. Me metí en la cocina, evitando respirar, intentando con todas mis fuerzas apartar la vista de aquella combinación de voluptuosas curvas y encaje negro. Imposible. Deseaba con todas mis fuerzas arrancarle esas ropas y hacerla gritar de placer. Contrólate, Edward. -No encuentro la valeriana, tú que eres más alto ¿puedes buscarla ahí arriba?- señaló una de las alacenas y luego me miró de arriba abajo. Noté que ocultaba una sonrisa. Era evidente lo que pasaba por mi mente, ella lo veía en mis ojos, y también bastante más abajo de ellos. Se la alcancé y, casualmente, le cayó la caja al suelo, por lo que se agachó para recogerla, regalándome un excitante primer plano de su trasero. Demasiado para mí. Mi autocontrol se agotó. En un instante Bella estaba arrinconada entre mi cuerpo y la pared. Mi pecho se pegó a su espalda y le sujeté ambas manos con una de las mías.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Te dije que no jugaras con fuego, pero tú insistes una y otra vez- susurré en su oído. -Me gusta jugar con fuego si tú ardes conmigo... ¿no era así?- ronroneó de forma increíblemente sensual. Esa mujer iba a matarme. Página | 234 Como respuesta dibujé su oreja con la punta de mi lengua, mordisqueé el lóbulo y recorrí con mis labios la delicada piel del cuello, escuchando con placer cómo sus latidos se desbocaban, sintiendo cómo se estremecía bajo mis caricias, y penetró en mí el incitante aroma de su excitación. Con la mano libre me dediqué a acariciar su cuerpo, con lentitud al principio, luego con avaricia, con el deseo acumulado durante todos esos días estallando en mí. A pesar de mis anteriores temores no había señales de que el monstruo de mi interior despertara. Mi mano se desplazó siguiendo la peligrosa curva de sus caderas, hacia el interior de sus muslos. Como respuesta ella se arqueó contra mí, rozando mi erección con sus nalgas, provocando que un gruñido vibrara en mi garganta. Seguí mi camino, deslizando la mano bajo sus braguitas, palpando la abundante humedad acumulada en aquella zona. Gimió. -Estás ardiendo, amor. Cómo me gusta sentirte así… - murmuré contra la piel de su cuello. Era un placer ver su vello erizarse ante ese sencillo gesto. Mojé mis dedos entre sus pliegues e introduje dos en su interior, acariciándola en los puntos que más la encendían, provocando que sus gemidos se intensificaran. Era tan excitante provocarle ese placer y sentirla así, completamente a mi merced… Pero no me engañaba, era yo quien estaba dominado por esta mujer. Podía hacer de mí lo que quisiera, y lo sabía. Su cuerpo se retorcía intentando liberarse mientras sollozaba de placer. Mi erección empezaba a ser dolorosa, pero no dejé de atormentarla con mis dedos hasta que un prolongado espasmo convulsionó su cuerpo y mi mano se llenó de su humedad. Su respiración fue volviendo paulatinamente a la normalidad. Entonces la liberé y la volteé, observando su provocadora expresión de placer. Pasé mi lengua por mi labio inferior y vi la lujuria brillar en sus oscuros iris. -Te quiero. Te deseo. Ahora - habló con voz entrecortada. -Amor. Debes ser paciente - sonreí de lado y la tomé en brazos, depositándola en la mullida alfombra que teníamos enfrente de la chimenea. En un instante
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    Cambio De Destino DraBSwan me despojé de mi ropa. Ella intentó hacer lo mismo pero la detuve.- No. Déjame que te desnude. -No lo destroces. Quiero que me dure más de una noche- suplicó. Página | 235 -Esto no es una prenda, es un arma destructora. No puede estar en tu poder- contesté mientras le deslizaba las braguitas hacia los pies. Las aparté y volví a erguirme. Bella me miraba con los ojos llameantes. Por encima de la suave tela tomé sus pezones entre mis dedos y los acaricié. Su aliento se agitó de nuevo mientras una de sus manos se perdía entre mis cabellos y la otra se dirigía a mi miembro, que comenzó a acariciar y presionar por toda su largura. Se puso de puntillas y tiró de mi cuello, atrapando mis labios con su boca, mordiéndome el inferior y succionándolo, al tiempo que aumentaba la presión de su mano sobre mí. -Deseo tenerte dentro de mí, llenándome. Mi cuerpo está vacío sin el tuyo. Te echaba de menos - murmuró contra mi boca. Bella me estaba excitando cada vez más y me costaba controlar la situación, era ella quien llevaba el ritmo y a mí me estaban pasando factura los días de abstinencia. La tumbé delicadamente sobre la mullida alfombra y me coloqué encima de ella, intentado recuperar el control, pero sus caricias estaban volviéndome loco. Me besó profundamente y su lengua trazó dibujos sobre la mía, sobre mis dientes, en un beso exigente que hizo trizas lo poco que quedaba de mi dominio. Por encima del fino tejido aprisioné uno de sus pezones entre mis dientes y lo introduje en mi boca, mordiéndolo suavemente. Se arqueó contra mí. -Te necesito ya. Soy tuya - Rogó. Sus palabras de entrega me trastornaron. Necesitaba unirme a ella, perderme en su cuerpo, más de lo que jamás había necesitado. Entré en su cálido interior en una sola embestida. Gritó mi nombre y me abrazó fuertemente, clavando sus uñas en mi espalda. Levantó sus piernas y me rodeó con ellas, profundizando aún más la penetración. -Dilo otra vez. Di que eres mía, Bella. – La besaba y la mordía en la boca, la oreja, el cuello, saboreaba su piel y su seductor aroma mientras me hundía en ella, intentando controlar la fuerza que instintivamente se apoderaba de mí. -Tuya, soy tuya, Edward. Siempre- dijo, clavando sus brillantes ojos en mí.
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    Cambio De Destino DraBSwan Cubrí sus apetitosos labios con los míos y mi lengua devoró su boca. De pronto ella retomó el control y sin que yo tuviera voluntad para evitarlo me empujó suavemente, sin separarse apenas, quedando yo sentado y ella encima de mí a horcajadas. Pasó las manos por detrás de mi nuca, entrelazándolas con mi Página | 236 cabello, y comenzó a moverse sobre mí, jadeando cada vez más, mientras inclinaba la cabeza hacia atrás y cerraba los párpados con abandono. Mis manos acariciaban la largura de su espalda, sus pechos llenos, sus nalgas, disfrutando del sedoso tacto de su cálida piel. De repente ella incrementó el ritmo de sus caderas y la profundidad de sus movimientos y nuestros gemidos se elevaron con una cadencia cada vez mayor. Acerqué la boca a su cuello extendido, tentador, donde podía ver la yugular a través de la piel de alabastro, podía sentir su calor en mis labios, y la rocé con los dientes. Sin previo aviso, el monstruo de mi interior despertó. Separé de inmediato mi boca de su piel. -Edward. Quiero que me tomes. Que bebas de mí. Hazlo, amor mío - su voz sonaba entrecortada y suplicante, mientras tiraba de mi nuca, acercándome de nuevo a su cuello. El corazón le latía desbocado y recordé de nuevo el olor embriagador de su sangre, aquel aroma que me invadió y me poseyó durante unos interminables minutos. El deseo provocó un doloroso nudo en mi interior. Deseo de su sangre y deseo de su cuerpo. El monstruo. Edward. No sabía dónde empezaba uno y acababa el otro. Ya no era dueño de mí. Mis colmillos se extendieron, por primera vez desde que estaba con ella. Bella gimió cuando rocé su cuello y su respiración se detuvo por unos instantes. Gritó cuando mis dientes penetraron la sensible piel y se clavaron en ella, pero no fue de dolor, yo podía sentir cómo su interior se contraía una y otra vez sobre mí, mientras bebía el líquido que se deslizaba ardiente, exquisito y adictivo por mi garganta. Era la unión absoluta con la mujer que amaba. Sin separarme ni un centímetro la tumbé en el suelo y seguí succionando y lamiendo su herida mientras la penetraba. Me hundí una y otra vez en su interior, provocando con cada embestida un nuevo grito de placer. Me sentí cercano al éxtasis. Sus contracciones y sus gritos, la extraordinaria experiencia de beber de ella mientras su cuerpo me acogía profundamente… todo unido provocó que por fin mi tensión estallara, se liberara y nos llevase a tocar el cielo, esta vez juntos. Después de eso se desvaneció. BPOV Desperté tumbada en el sofá envuelta por una manta, apoyada en el regazo de Edward, que depositaba ligeros besos por mi frente y mi cabello. Sentirle sobre
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    Cambio De Destino DraBSwan mi piel era delicioso. Al notarme despierta se movió un poco y acercó su hermoso rostro al mío. -Esta vez no me has asustado. Con esa sonrisa pintada en tus labios era imposible que tuvieras nada grave.- Me miró con expresión seria. Página | 237 -Estoy en un lío, ¿verdad?- pregunté, intentando simular un poco de arrepentimiento. -En uno muy grande. Pervertidora... –sus ojos se entrecerraron y por fin sonrió mostrando su perfecta dentadura. -De acuerdo, pero no me arrepiento de nada. Por un momento creí que moría de placer, de veras. Creo que me temblará el cuerpo durante días. Y no ha sido sólo algo físico, ha sido... me he sentido... -busqué la palabra- era como estar fundida contigo. -Lo sé. Me he sentido igual - murmuró con suavidad.- Eres peligrosa, Isabella Swan. Debería tenerte miedo… pero me alegro de que me hayas pervertido - acarició mi nariz con la suya.- Aunque no deberías arriesgarte de esa forma -su expresión se puso seria de nuevo. -No ha pasado nada, Edward. Yo lo sabía, te has podido contener- le acaricié la mejilla y su expresión se dulcificó. -Temeraria Swan- negó con la cabeza y repartió ligeros besos por mi rostro. -No soy temeraria, o sí, o tal vez sólo confío en ti más que tú mismo -murmuré, disfrutando de las caricias de sus labios. -Gracias, amor. Por confiar en mí. Por el generoso regalo que me has hecho. Por hacerme sentir algo... indescriptible. Nos besamos con ternura y nos quedamos en silencio durante unos minutos, abrazados y sumergidos en nuestros propios pensamientos. -¿Qué crees que pasará ahora? ¿Crees que soportarás el deseo mejor que antes? -No lo sé… puede que sí, o que sea incluso peor ahora que te he probado- deslizó sus labios por mi cuello y pasó la punta de su lengua lentamente por la herida. Me deleité en las sensaciones que me invadieron con este sencillo gesto.
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    Cambio De Destino DraBSwan - Lo cierto es que ahora no siento deseo de volver a beber de ti. Parece que he quedado satisfecho, de momento… Por cierto, tendrás que ponerte un apósito o algo para ocultar esto, las incisiones son bastante sospechosas. -Cierto, no había pensado en ello- me preocupé un poco, seguro que la intuitiva Página | 238 Angela sospecharía cualquier cosa rara… pero no tan rara como la que realmente había sucedido. Bueno, ya me las arreglaría. Aunque con ella no me funcionaría el camisón… ¡El camisón! Lo busqué con la mirada y Edward se percató. -Está allá- señaló con expresión culpable. Imposible de reconocer, mi prenda más atrevida yacía hecha múltiples jirones justo enfrente de la chimenea. Miré al vampiro, indignada. -¡Lo siento! Ni tan siquiera recuerdo el momento en que lo he hecho. Joder, si hace cinco minutos no recordaba ni mi nombre- se quejó alzando las cejas, y compuso una mueca que desencadenó mi risa. -Ya lo veo, lo juzgaste, lo condenaste y ejecutaste la pena. Mi pobre camisón. -¿Camisón? Un nombre demasiado largo para una prenda tan corta. No llegaba ni a "ca". Esta vez nos reímos los dos. Entonces me fijé en un pequeño cambio en sus iris, que al principio había atribuido a la luz del fuego. -Están con un tono algo rojizo… tus ojos.- Él suspiró. -Lo sé, es por haber tomado sangre humana. Pero sólo durará unas horas, porque no he tomado mucha- me miró con la culpa reflejada en su semblante, mordiéndose el labio.- Bella, prométeme que tomarás un poco de hierro estos días. No te he quitado mucha sangre, pero la necesitas toda. -Tranquilo, lo haré. -Y ahora necesitas dormir. Tenía que leer algunos artículos más pero lo puedo hacer mañana en el aeropuerto. Esta noche quiero estar contigo. Y sin esperar mi opinión me alzó en brazos rodeada por la manta como si fuera un enorme rollito de primavera y me transportó a nuestra habitación.
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    Cambio De Destino DraBSwan BPOV -¿Puedes repetir eso? – mi interlocutor no podía creer lo que escuchaba por el Página | 240 teléfono. De hecho, el residente de guardia de la UCI neonatal del Hospital Infantil parecía un poco paranoico. -Que os trasladamos un bebé prematuro que ha nacido en el WC. Oye, no sé a ti, pero a mí no me sobra el tiempo - repliqué con voz cansina. -Vale, entonces no era una broma. -¿Cómo iba a bromear con esas cosas, hombre? ¡No sería nada profesional! -Te sorprendería de las veces que me la han colado. Tengo unos compañeros muy cabrones. Ahora mismo te mandamos la UCI móvil. Has tenido suerte, sólo nos queda una incubadora vacía. Suerte, dice. La guardia del jueves estaba siendo un poco movida. Ahora que la epidemia de gripe estaba en claro retroceso yo esperaba un poco de calma, pero no fue posible. Cerca de medianoche apareció por la puerta de Urgencias una señora con un pequeño bebé de un kilo y medio de peso envuelto en varias mantas. Su hija adolescente, que era bastante obesa, había ocultado su embarazo hasta que por desgracia le entró dolor de barriga y, confundida, fue al aseo en vez de pensar que estaba de parto. El prematuro bebé nació en uno de los peores lugares posibles. Afortunadamente no parecía haberle faltado oxígeno, cuando lo metimos en la incubadora respiraba con dificultad pero respiraba. Al final lo habíamos tenido que intubar, pero se encontraba estable para trasladarlo a un centro con más medios técnicos. Una vez efectuado el traslado mi adjunto quiso hacer el primer turno de trabajo, así que me acosté esperando que me llamaran de madrugada. Sin embargo mi turno fue bastante tranquilo. Cerca de las 8 me dirigía hacia la cafetería cuando escuché una conocida vocecita que me llamaba. -¡Dotora Bella! Antes de girarme ya tenía mis dos piernas rodeadas e inmovilizadas por unos bracitos. -¡Daniel! ¿Qué haces aquí?-me agaché y le revolví el pelo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Vuelvo a hacer pipi de coló dojo. Miré a la madre que se acercaba sonriente. Me dio los buenos días y me explicó que el pequeño había vuelto a orinar sangre. Llevábamos varios controles normales, así que era algo que no me esperaba. Me lo llevé al box de Página | 241 pediatría, lo exploré y le hice a la madre unas cuantas preguntas. -Está bien, cielo, vamos a tomar una nueva muestra de ese pipí. -Traigo esta de casa- la madre me tendió un bote. -No, no, mejor que sea lo más reciente posible -rechacé el recipiente con una sonrisa, pero detecté un gesto de contrariedad en la expresión de la mujer- ¿Tienes ganas de hacer pipi, Danny? –El pequeño lo pensó durante unos segundos y al final negó con la cabeza.-Bien, pues esperaremos. Vengo en un ratito. Ahora te tomas un súper vaso de zumo y ya verás como pronto tendrás ganas otra vez. Desayuné dándole vueltas a lo que acababa de pasar, recordando el ingreso de Daniel y los controles seguidos en la Consulta Externa. Intuía algo peculiar en la actitud de la madre. De pronto se me ocurrió una idea. Una idea terrible. Recordaba haber leído un caso parecido en una revista médica. Intenté calmarme, probablemente estaba exagerando. Cuando volví a Urgencias ya habían enviado la orina para su análisis completo. Subí a la planta y en la sesión con mis compañeros expliqué los ingresos y las incidencias de la guardia, terminando con el caso de Daniel. -Comenté el caso de Daniel en una reunión que tuve con Mary Nelson, la nefróloga pediátrica del Infantil de Seattle, y me dijo que si volvía a sangrar sería aconsejable realizar una biopsia renal-explicó Emily. -¿Una biopsia? ¿No es una prueba demasiado agresiva para un caso así?-recelé. Jessica bufó y la miré. Probablemente pensaba que quién era yo para discutirle a un especialista de un hospital de tercer nivel. -Eso mismo le dije yo-contestó mi jefa,- pero me enumeró una serie de enfermedades que provocan sangrado intermitente, que sólo se diagnosticarían con biopsia y que detectadas a tiempo tienen mucho mejor pronóstico. -De acuerdo pero y si… ¿la sangre no fuera de él?-dije. Todos me miraron con interés.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Bella ¿Sospechas un síndrome de Münchausen por poderes*?-la expresión de mi jefa era seria. -No lo sé, es una acusación muy fuerte, pero yo creo que antes de hacer una biopsia deberíamos estar seguros de que no es eso. Página | 242 -El problema es que aquí no tenemos medios para identificar si los glóbulos rojos de la orina son de la madre o del niño- intervino Peter. -Podemos ingresarlo y recoger muestras de orina en presencia de testigos, cosa que hasta ahora no hemos hecho. Así no le daríamos oportunidad a la madre de introducir sangre suya en la muestra. Al fin y al cabo es un niño pequeño, no es tan raro que queramos obtener la muestra nosotras mismas- contribuyó Monica. -No es mala idea- dijo Emily frotándose la frente, pensativa. En aquel momento sonó el busca, que ahora llevaba Jessica, quien se dirigió al teléfono. -¿Sí? ¿Positiva? De acuerdo, ahora bajo.-Colgó y nos miró- El niño tiene sangre en la orina, ¿lo ingreso? -De acuerdo. Hablaré con la doctora Nelson, mientras tanto- contestó Emily. No me encontraba nada cansada y me quedé más tarde de lo que acostumbraba cuando salía de guardia, aprovechando para hacer trabajo administrativo atrasado y repasar unas historias clínicas para presentar un trabajo en el congreso nacional, que sería en verano. A media tarde subí a despedirme de las enfermeras y antes pasé a saludar a Daniel por su habitación. La encontré vacía y me dirigí al control de enfermería, donde se encontraba Jessica. -¿Por qué Daniel no está en su habitación? –inquirí. -Su madre pidió el alta voluntaria- contestó sin inmutarse. -¿Qué? ¿Por qué? ¿Por qué se lo has permitido?-casi grité. -¿Y qué podía hacer para detenerla? Ya me ha mirado mal cuando al ingreso le he dicho que era la enfermera quien tenía que recoger la muestra de orina. -¿Ya puestos, por qué no la has acusado directamente de fingir? ¿No había otra manera de decirlo?
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Qué insinúas? Antes de meter la pata juzgándome como si tú fueras doña perfecta escúchame. Al parecer Emily habló con alguien de Seattle y este insistió en la necesidad de una biopsia. Como no se podrá hacer hasta el lunes y el niño está bien la madre ha razonado que para qué iba a quedarse todo el Página | 243 fin de semana ingresado. -¿Para qué? ¿Te parece poca razón para descartar malos tratos?- mi voz sonó demasiado aguda. Las enfermeras que estaban en el control habían desaparecido discretamente al escuchar cómo empezábamos a discutir. -¡Estás paranoica! Además ¿cómo se lo habrías dicho tú?- contestó Jessica con el ceño fruncido, encarándome. -No lo sé, quizá le habría dicho que teníamos que recoger varias muestras y con cualquier excusa habría intentado que algunas de ellas fueran en presencia de una enfermera. ¡Un fin de semana da para mucho! -¿Y crees que, de ser cierto lo que sospechas, ella habría dejado que nos saliéramos con la nuestra? Además, la de Seattle ha dicho que a veces varias patologías pueden dar síntomas intermitentes. Que las orinas hubieran salido normales no habría cambiado la decisión de la biopsia. Me intenté serenar y suspiré. Jessica tenía parte de razón, pero yo no podía dejar de pensar que no había manejado bien la situación y por su torpeza había descubierto nuestras sospechas a la madre. O quizá sólo era que yo no la soportaba. Tras unos instantes de silencio retomé la conversación. -Lo que sí creo es que si lo que sospecho es cierto Daniel el lunes no ingresará en el Infantil- murmuré, mirando la lluvia caer por la ventana del control de enfermería. -Eso está por ver- espetó Jess, dándome la espalda y marchándose. Me encontraba deprimida. Ya en casa comenté lo sucedido con Angela y ella me intentó animar, pues no pensaba que mis sospechas fueran ciertas. Yo también comenzaba a pensar que a lo mejor había exagerado, en cuyo caso tendría que disculparme con Jessica, cosa que me apetecía menos que un puñetazo en el abdomen. Edward llamó después de la hora de cenar, como cada día desde su marcha, que se me antojaba muy lejana.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Hola, cariño. ¿Cómo ha ido el día? -¿Qué sucede, Bella?- su voz sonó suave pero ansiosa. Edward no me leía el pensamiento, pero cada vez era más intuitivo con mis Página | 244 estados de ánimo. Le expliqué lo sucedido, pero a diferencia de Angela no se tomó mis sospechas como una exageración. Siempre decía que había leído demasiadas mentes en su larga vida como para no saber de lo que eran capaces los seres humanos. -¿Quieres que le diga a Jasper que la investigue? Por lo que sé de ese síndrome normalmente los padres van cambiando de hospitales para que no sospechen de ellos. Mi hermano podría indagar en las bases de datos de los ingresos pediátricos de todos los hospitales del país, o por lo menos intentarlo. Pero no será algo que tengamos rápido, comprenderás que hay mucho donde mirar. Y tampoco es algo legal. -De acuerdo, pídeselo, por favor - me animé y le di los datos del niño, no era legal pero yo no me habría quedado tranquila de otra forma. Además, sabía que el Cullen a quien aún no conocía era un buen hacker, se ganaba bien la vida con esa habilidad, y yo confiaba en él - ¿Cómo va el congreso? -¿En una palabra? Interminable. Te echo muchísimo de menos. Joseph ronca por las noches. -Ah, ¿ese es el único motivo por el cual me echas de menos? ¿Porque yo no ronco y tu jefe sí? Yo pensaba que era por que yo hacía unas cuantas cosas que tu jefe no hace contigo. -Dios, Bella, no vuelvas a decirme eso, qué mal, sólo de imaginarme a Joseph… brrrr, qué desagradable. -¿Quieres que te diga todas las cosas que te haría si yo estuviera ahí en vez de Joseph? – tenté. El sexo telefónico era mejor que nada de sexo, pero escuché un sonoro suspiro al otro lado de la linea. -Me encantaría, pero hemos quedado para ver un poco el ambiente nocturno de la ciudad. Tengo que colgar pronto. -De acuerdo, sé bueno y... no bebas demasiado.- Él rió sensualmente.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Se me ocurren muchas respuestas a eso, pero espero a la vuelta para explicártelas en persona- contestó, y tan sólo su tono de voz consiguió que sintiera calor entre mis piernas. Hablamos unos minutos más y por fin nos despedimos. Añoraba a Edward, y Página | 245 tan sólo llevaba dos días sin verlo. Me dirigí al comedor, donde Angela me esperaba con un gran recipiente de helado de chocolate, medio tumbada en nuestro gran sofá. -Dicen que es un sustitutivo del sexo- sonrió al ver mi expresión de sorpresa. -Quien inventó eso tenía que ir mal follado- repuse, a lo que Angela soltó una carcajada.- Aunque más vale esto que nada, eso no te lo discuto- repuse mientras clavaba mi cucharilla en el helado. -Es cierto, ojalá fuera tan fácil. Por cierto, creo que ya te puedes retirar ese apósito de cuello, si lo que pretendías era que la gente no se fijara en los chupetones que te hace tu novio con eso consigues el efecto contrario.- Enrojecí intensamente y me llevé los dedos al apósito con que cubría las pequeñas marcas que habían dejado en mi piel los colmillos de Edward. -Lo que tú digas, pero creo que es más discreto el apósito que lo de debajo- la miré avergonzada y mi amiga rió. -Estás de color granate. Tampoco hay que ponerse así por una marca de amor, todas hemos tenido alguna. -Creo que será mejor cambiar de tema – sonreí a mi compañera de piso.- ¿Os va muy bien a ti y a Jake, verdad? -¡Sí! Le echo mucho de menos. Ojalá él encontrara trabajo en Forks, aunque tampoco creo que le interesara. Prefiere trabajar en hospitales grandes, es ambicioso y en esos sitios hay más posibilidades de ser un médico de prestigio. Asentí, comparando la situación personal de Jake con la mía. La verdad es que a mí en el momento actual me importaba un pimiento lo de la ambición profesional y el prestigio, aunque eso a mi padre le molestara bastante. -¿Has pensado alguna vez qué harás si lo vuestro sigue adelante? Porque si la montaña no va a Mahoma…- dije. Ella hizo un mohín.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Sí, supongo que me tendría que mudar yo. Pero no hay prisa, ¿no? ¿Tan mal estás conmigo que ya me quieres echar de tu lado?- dijo con fingida indignación y yo negué con la cabeza, sonriendo- ¿Y tú? Edward tiene un enorme palacio donde los dos podríais estar muy bien, y no tendrías que pagar el alquiler de Página | 246 esta casa. -No hay ninguna prisa, Ang, como tú misma has dicho. Sería genial vivir con Edward, pero creo que aún es un poco pronto para planteármelo, no sé… lo nuestro va muy rápido, y prefiero tiempo para ir asimilando las cosas. -Ja, ni que hablaras del metabolismo de las esponjas, qué pasión, hija- le pegué con el cojín y rió.- En serio. A veces me parece que tienes miedo. Como cuando te diste cuenta de que estabas enamorada de él. -Miedo- repetí y miré cómo mi cuchara se clavaba en el helado, ocultando mi mirada de mi intuitiva amiga. -Sí. Jamás he visto una pareja más pillada que vosotros dos. En serio. Y eso te asusta. Es normal. Tienes miedo a sufrir. -Vale, doctora Freud. Siga con el psicoanálisis, por favor - subí las piernas al sofá y me senté cruzando las piernas, mirando a mi amiga de frente. -Muy bien -me apuntó con la cucharita.-Te podrías entregar más todavía, Bella, pero a más entrega más posibilidades de sufrir. -¿Cómo me podría entregar más todavía?-fue un pensamiento que hice en voz alta. Le había dado hasta mi sangre. ¿Qué más le podría dar? -No me refiero a físicamente, sino a entregarte por completo. Darle tu... tu alma. -¡Frena! Angela, aún hace poco que salimos, y si te hiciera caso iría a pedirle a Edward que se casara conmigo. -¿Crees que él no lo haría? Te mira como si fueras todo su mundo. Si no lo hace es para que no salgas corriendo, doña acojonada. -Parece que lo conoces muy bien. -Sé cómo es contigo, cómo te mira, cómo te habla. Hace cuatro años que lo conozco, y no necesito más.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Angela… intento repartir un poco mis intereses, no centrarme exclusivamente en él. No me gustan esas parejas que están tan absorbidas la una en la otra… hay muchas más cosas en la vida… -Bla-bla-bla- me interrumpió mi amiga, elevando los ojos al cielo y haciendo Página | 247 una mueca.- Todo eso no son más que palabras. Créetelas tú. Pones fronteras, barreras a tus sentimientos. Eso es un hecho. Estuve pensativa un buen rato mientras daba cuenta de mi parte del helado. -Angela… si Jake te pidiera dejarlo todo, y me refiero a todo: familia, amigos, toda la vida que conoces… ¿lo harías? -¿Por qué te iba a pedir eso Edward?- me observó con los ojos como platos. -No, no, sólo es una suposición. Pero estoy pensando en lo que me decías antes. ¿Lo harías? ¿Puede el amor suplir todo eso? -Esa pregunta debes respondértela a ti misma. En este momento yo te diría que no pero, si sigo con Jake, probablemente en un futuro la respuesta sería sí. Hazte la pregunta contraria ¿podrías vivir en un mundo con todo eso pero sin él? -Sí,- asentí quedamente- supongo que ésa es la pregunta. -¿Es por eso que no te entregas completamente? ¿Porque si fuera así no podrías vivir en un mundo sin él? Volví a bajar la vista hacia lo poco que quedaba en el recipiente y sonreí burlona, aunque por dentro sentía una punzada en el corazón. -Angela, deja de leer tantas novelas románticas. En serio, la vida no es así. Ella abrió la boca y tomó aire como para contestar pero de nuevo unió los labios. La observé y con la mirada nos lo dijimos todo. Mi amiga sabía cuándo parar. Nos dimos las buenas noches y me acosté pensando en nuestra conversación. Me tumbé de lado, mirando la ventana, a la oscuridad de la noche. Llamé hacia mi mente imágenes de Edward recostado a mi lado. Recordé sin esfuerzo su aroma embriagador, su aterciopelada voz susurrándome al oído, el tacto de su
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    Cambio De Destino DraBSwan piel al abrazarme. La punzada se fue y por fin pude dormirme, pero no recuerdo qué soñé. La tarde del domingo Edward vino a verme en cuanto llegó del aeropuerto. Angela había ido a pasar la tarde con Anne y Monica en Port Angeles, Página | 248 estrenaban no sé qué película, aunque supe que lo hacían para darnos intimidad. Después de una adecuada y cálida acogida en el mismo recibidor, que repetimos de nuevo en mi habitación, me encontraba paseando por el bosque abrazada a la cintura de Edward. Aún hacía frío, pero el sol calentaba más y los primeros signos de la primavera ya eran evidentes en el paisaje. -Jasper me llamó esta mañana para comunicarme los resultados de su investigación. No hay ningún ingreso previo de Daniel, aparte del de la hematuria. Lo único que llama la atención es que el niño no nació aquí. Al parecer la madre explicaba que se divorció del padre en Inglaterra y se vino con el niño a EEUU, aunque todo esto son datos que aún están por confirmar, sólo es lo que ella explica. Pero no hay nada más donde agarrarse para apoyar tus sospechas. -Me alegro. Así que divorciada… y el padre en Inglaterra. Por eso nunca lo he visto. Me tranquilizaron las noticias y me dejé llevar por la dulzura de estar de nuevo con el hombre a quien amaba. -Bella, ¿puedes venir a mi despacho?- dijo la voz de mi jefa al teléfono. Era lunes y me encontraba en el control de enfermería de la planta, con Monica, escribiendo los tratamientos de los niños ingresados. -Claro.- Colgué- Moni, vengo enseguida, me llama Emily. -A ver qué habrás hecho esta vez- bromeó mi compañera sin levantar la vista de lo que escribía. Llamé a la puerta de Emily y pasé. Me hizo invitó a sentarme en una de las sillas.
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    Cambio De Destino DraBSwan -He llamado tres veces a lo largo de la mañana al Infantil para saber si había ingresado Daniel. En principio tenía que presentarse en Admisiones con nuestro informe de derivación. -No se ha presentado.- Emily negó con la cabeza. Página | 249 -Eso es. La he llamado al número de móvil que dejó y no contesta. -¿Y en su casa? -He llamado ahora mismo. Era una casa alquilada, me ha contestado la propietaria, dice que la han abandonado el fin de semana- repuso Emily apesadumbrada. Yo empezaba a sentir un peso en el pecho. -Mierda. Llamemos a la policía. -¿Y de qué la vamos a acusar? Bella, no podemos demostrar nada- respondió mi desesperada jefa. -De acuerdo, pero ¿y la negligencia? Tendría que haber ingresado al niño en el hospital y no lo ha hecho, ¿no se la puede acusar de eso? -Sí, eso sería lo único… déjame que vuelva a hablar con James, hemos quedado en darle 24 horas de tiempo y hablar con la policía entonces para estudiar qué posibilidades tenemos de intervenir. Pero créeme, creo que muy pocas. Por suerte uno de los mejores amigos de mi ex es comisario en Seattle y nos podrá orientar. Salí del despacho de mi jefa sintiendo como si tuviera una losa en la cabeza. Aunque me decía a mi misma que estaba exagerando no dejaba de imaginarme la carita de Daniel y de imaginar que estaba a la merced de una mujer trastornada que podía poner su vida en peligro.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 250 Capítulo 26 BPOV Como ya imaginaba, Daniel no apareció en el hospital de Seattle para ingresar. James contactó con su amigo policía y, como también esperaba, le dijo que no había nada que hacer porque no había crimen. Ni siquiera podía ordenar que investigaran a la madre de Daniel porque las sospechas no eran "de peso". Cuando James intentó la vía de la negligencia chocó con la misma pared legal. El comisario le explicó que no se podía decir que el niño tuviera una grave enfermedad y su madre le negara los cuidados, lo cual sí habría sido punible, sino que no había acudido a un centro hospitalario para completar un estudio diagnóstico, y eso no era ilegal. Resumiendo mi sensación se podía hablar de
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    Cambio De Destino DraBSwan auténtica impotencia. Parecía que sólo podríamos actuar legalmente si el niño si el niño sufría. Era desesperante. Pasé toda la semana atormentándome. Pensaba que durante el ingreso, o al menos el seguimiento del caso de Daniel, del cual me había encargado, debería Página | 251 haber sospechado algo. Edward estaba preocupado de verme así, y le agradecí que no me tomara por una exagerada, cosa que algunas personas pensaban, entre ellas Jessica. Yo apenas podía dirigirle la palabra, no podía evitar pensar que su falta de mano izquierda era la responsable de que la madre de Daniel hubiera huido y no tuviéramos pruebas de su manipulación. Agotada la vía legal ya incluso antes de iniciarla opté inmediatamente por aceptar el ofrecimiento de Edward de investigar a la madre de Daniel. Jasper se encargaría de saber dónde se encontraba y qué hacía, y a partir de ahí mantenerla vigilada. -El tiempo es fundamental en una reanimación cardiopulmonar. Cuando vayáis a comprobar los signos vitales, empezad por el pulso, y luego la respiración. Si no hay pulso, no habrá respiración, pero puede no haber respiración y existir latido durante unos minutos. Se nota que nunca has intentado reanimar a un vampiro. Pueden respirar o no, pero nunca laten… Vaya cosas que se me ocurre pensar en plena clase, debería concentrarme en lo que están explicándome. ¿Tendré un trastorno de déficit de atención y no lo sé? No, más bien falta de sueño crónica. De pronto sentí el codo de Mónica clavarse en mis costillas y di un respingo. -¡Doctora Swan!- el instructor del curso de reanimación cardiopulmonar intentaba captar mi deficitaria atención y parecía mosqueado. -¿Qué?- dejé de apoyar la mejilla en mi mano y me puse erguida. -Estaba preguntándole por la relación que debe existir entre las compresiones torácicas y las respiraciones en la reanimación de niños. -Quince compresiones por cada dos respiraciones, tanto con uno como con dos reanimadores. El instructor me miró, satisfecho a medias. Estaba claro que me había echado el ojo y tendría que estar más atenta, puede que la próxima pregunta fuera más complicada.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Se puede saber qué te pasa? Estás en la luna- susurró Mónica. -Nada, tranquila, sólo es cansancio - repuse sin perder de vista al instructor, que ahora estaba conectando el simulador de desfibrilador. Página | 252 Afortunadamente hicimos una pausa para el café. El instructor nos estaba provocando mucho estrés para que los alumnos nos pusiéramos en situación de urgencia vital, y un descanso era necesario. Me dirigí hacia la cafetería, donde había quedado con Edward. Lo vi antes de entrar, esperándome sentado en una mesa al lado de la ventana. Mi corazón se aceleró y recordé aquella guardia en la que me invitó a un café. Sonreí, parecían haber pasado siglos. Al entrar pude observar las miradas de refilón que le dirigían varias de las mujeres del local. Sus bellos ojos, que observaban el paisaje exterior con mirada indiferente, se iluminaron en el momento en que se cruzaron con los míos. Se levantó de la silla y cuando me acerqué me besó fugazmente en los labios. Con eso sólo bastó para serenarme. Sólo él podía conseguir que un minuto mi corazón latiera enloquecido y al minuto siguiente la paz invadiera mi cuerpo. Pedí un café en la barra y me senté enfrente de él. -No hay ni rastro de ella- suspiró Edward cuando le pregunté por las pesquisas que estaba haciendo su hermano- No hay ningún registro de alquiler, compra, pago con tarjeta, recibos de compañía eléctrica, móviles… a nombre de Jane Smith. De hecho, hay millones de estos registros, como puedes imaginar, pero filtrando la búsqueda ninguna es la que nos interesa. Los datos que teníamos sobre que el niño nació en Inglaterra y estaban divorciados ni tan siquiera son fiables. En aquel momento la camarera se acercó a nosotros con mi bebida. Mientras la depositaba sobre la mesa rozó con su brazo a Edward sin quitarle la vista de encima. Sentí una punzada de ira. ¿Se podía ser más descarada? Sentí un íntimo placer al comprobar que él no apartaba sus ojos de los míos. -¿Cómo puede ser? –sorbí mi café e hice una mueca involuntaria. Maldito café americano aguado, nunca me acostumbraría a él. -Estoy seguro de que el nombre actual era falso y ahora ha vuelto a la identidad que tenía antes, o puede que haya adoptado una diferente. Pero lo cierto es que el rastro de Jane y Daniel Smith se inicia y se pierde en Forks. Es como si se los hubiera tragado la tierra.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Mierda. Eso es peor de lo que pensaba. Entonces… ya debía estar huyendo de algo cuando apareció por Forks- Edward asintió, ambos habíamos llegado a la misma conclusión.- ¿Hace cuánto? -Poco más de tres años. El niño tenía apenas un año cuando llegaron aquí. Página | 253 ¿De qué huía esa mujer? Mi sentimiento de impotencia era cada vez mayor, lo sentí como una opresión alrededor de mi pecho. Edward me miró con preocupación y yo evité sus ojos, reparando en su bebida. -¿Puedo tomarme tu café? Me vendría muy bien, estoy bastante atontada.- Él movió lentamente la cabeza de lado a lado. -No. Estás demasiado nerviosa. Si estás atontada es porque no duermes bien, y no lo vas a solucionar con sobredosis de cafeína. Al revés, lo empeorarás. Sabía que tenía razón, pero me enervaba cuando usaba ese tono profesional conmigo. Además, cuando Edward me vetaba algo me entraban más ganas de hacerlo. Alargué la mano hacia su taza pero apenas inicié el movimiento él ya la había apurado, mirándome con petulancia. Yo sabía hasta qué punto le desagradaba cualquier comida o bebida que no se tratara de sangre, así que me quedé con la boca abierta ante su reacción. -Isabella Swan, eres imposible. ¿Sólo disfrutas llevándome la contraria a mí, o es con todo el mundo?- me observó ceñudo, haciéndome sentir como una niña traviesa- Hablo en serio. Cada noche te despiertas varias veces. Esas ojeras cada vez son más profundas -dijo, rozándomelas apenas con sus dedos. Cerré los ojos al sentir la dulzura de su contacto.- Me preocupas. Tarde o temprano los encontraremos, Bella, debes intentar calmarte. Ella no va a hacer nada, estará alerta después de lo que sucedió y pasará un tiempo hasta que vuelva a hacer de las suyas, si es que lo intenta. Al fin y al cabo en tres años es la primera vez que actúa. Daniel no tiene más historial médico que sus revisiones normales y los dos ingresos en el hospital. Respiré profundamente. Tenía razón. No podía seguir así, era inútil y mi salud se estaba resintiendo. Debía tomarme las cosas con más calma y frenar mi imaginación. En aquel momento me sobresaltó el sonido de mi móvil. -¿Bella?- la voz de mi madre sonó al otro lado de la línea.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¡Mamá! ¿Estáis bien?- me preocupé, no esperaba una llamada de mi familia. -Claro, hija… sólo era para avisarte con tiempo. -¿Avisarme? ¿De qué? Página | 254 -Hija, se nota que estás enamorada, vives en las nubes. ¿No recuerdas que hablamos de hacerte una visita? Por cierto, aún no nos has mandado ninguna foto de Edward, pero no hace falta, ya lo veremos en persona. -¿C-cuándo venís?- farfullé, sorprendida. -El próximo fin de semana, hija. Como no queremos molestarte nos quedaremos en Seattle y desde allá viajaremos a Forks para verte. Escuché un prolongado gruñido de fondo. -¿Qué dice papá? Creo que no está muy de acuerdo. -Tu padre quiere pescar y prefiere quedarse en algún hotelito cerca del parque natural. Ya sabes… aburridísimo. Como vamos a estar una semana entera supongo que al final haremos mitad y mitad- suspiró ruidosamente. Eran tan distintos que aún no comprendía cómo podía ser que siguieran juntos. Mi madre era básicamente urbanita, y a Charlie le encantaba la vida rural. Al planificar las vacaciones siempre discutían. -Mamá… espera que hable con Angela. Hay sitio en nuestra casa, y no creo que ella tenga ningún inconveniente en recibiros. Podéis estar la mitad de días en casa y el resto en Seattle. -Mmmm… de acuerdo, Bella, aunque no queremos molestaros, cielo. Habla con tu amiga, ¿eh? Si está de acuerdo házmelo saber hoy, porque en ese caso tendría que cambiar la reserva.. -Vale, mamá. Te quiero. Y a papá también, aunque siga enfadado conmigo. -No está enfadado ya, hija, es que… es de pocas palabras, ya sabes - percibí que mi madre sonreía.
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    Cambio De Destino DraBSwan De nuevo escuché los gruñidos de fondo y no pude evitar sonreír yo también, maravillándome de que siguieran juntos y se amaran tan profundamente a pesar de los años y las diferencias. Colgué y quedé unos segundos pensativa. -Tus padres, ¿eh?- Edward parecía divertido. Página | 255 -Ajá- lo miré alzando una ceja, sin encontrarle la diversión a la situación. -Creo que te llaman- dijo él, mirando por encima de mi hombro. Me giré. Mónica me hacía un gesto desde la puerta de la cafetería, indicando que el curso estaba a punto de reiniciarse. Me despedí con un beso rápido de Edward y me uní a ella. El resto de la tarde pasó velozmente, entre masajes cardiacos, intubaciones y electrocardiogramas. El ambiente era estresante y cuando acabamos el curso estábamos agotados y tensos. Lo que me faltaba para el insomnio. Mientras me cambiaba de ropa en el vestuario femenino recordaba la promesa de Renée de venir a verme, pero el tiempo se me había pasado volando gracias a Edward, y mi preocupación por el caso de Daniel había hecho el resto. Tenía que hablar con Angela. Menos mal que el fin de semana no tenía guardia ni ningún plan especial… aparte de estar con mi vampiro. Pero lo cierto es que, pasada la sorpresa inicial, me apetecía mucho la visita de mis padres. Llevaba casi cuatro meses sin verlos. Salí del vestuario y me encontré a Edward esperándome fuera, apoyado contra la pared con los brazos cruzados. Su despeinado cabello cobrizo brillaba a pesar de la mortecina luz de los fluorescentes del pasillo y vestía una camisa azul cuyas mangas dobladas dejaban ver sus fibrosos antebrazos. La llevaba informalmente por fuera del vaquero, que era de color negro. Mi pobre memoria visual jamás hacía justicia a su belleza. En aquel momento recordé la primera vez que lo vi, y especulé qué pensarían mis padres de él. -Quisiera leerte el pensamiento- dijo, mirándome intensamente. -Lo sé, y no sabes cuánto me alegro de mantener mi privacidad mental- le saqué la lengua y él alargó los brazos y me rodeó la cintura, anulando la distancia que nos separaba. -Tenías esa mirada.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Cuál? -me sonrojé. Mi mente estaba cerrada a él, pero el cuerpo me traicionaba. -Esa que pones cuando dices que te deslumbro. Pero había algo más.- Me besó la cabeza con ternura e inspiró con fuerza. Página | 256 -Cullen, no sé de qué te quejas, no te hace falta leerme el pensamiento- intenté aparentar fastidio, aunque su proximidad me estaba alterando, y él lo sentía. Como siempre. - Recordaba la primera vez que te vi, e intentaba imaginar lo que pensarán mis padres. -No te preocupes por eso. Usaré toda mi capacidad seductora con ellos- me dirigió su impactante sonrisa torcida y el corazón amenazó con salirse de mi pecho. Intenté separarme un poco para serenarme pero él no me lo permitió. -No dudo que seduzcas a mi madre, estoy segura de que en décimas de segundos la tendrás rendida a tus pies. Pero Renée es muy intuitiva, no sabes cuánto. Me preocupa que note... algo raro. -No te angusties, Bella. Todo saldrá bien – susurró sin apartar sus ojos de los míos. Intentar descifrar su mirada me fue imposible, pero algo escondía, estaba segura. -Para ti es fácil decirlo. Y también me preocupa Charlie. Te echa la culpa de mi decisión de quedarme aquí en Forks, con la que no está en absoluto de acuerdo. Y por si fuera poco te mirará en plan "¿Así que tú eres el que se acuesta con mi dulce hijita? Te estoy vigilando, chico"- hice una pobre imitación de la voz de mi padre. -Pero eso no es del todo cierto- repuso muy serio, entrecerrando los párpados e inclinándose un poco sobre mí. -¿El qué?- pregunté sin comprender. -No sólo nos acostamos. También hacemos el amor de pie, sentados, contra la pared, en el suelo, en…- puse mi mano sobre su boca. -¡Edward!- exclamé. Había conseguido que me sonrojara.- Pueden oírte- añadí en un tono de voz más bajo, mirando hacia ambos lados del pasillo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No hay nadie en los vestuarios, ni cerca de aquí –respondió besando mis dedos y apartándolos suavemente de sus labios. Su expresión cambió, provocándome un jadeo. Sus iris se estaban oscureciendo. -Edward… no. Aquí no- balbuceé, hipnotizada por su mirada. Respira, Bella. Página | 257 Respira. -¿Por qué no? He deseado hacerlo desde que te encontré justo aquí intentando librarte del acoso de Mike Newton- susurró contra la piel de mi oreja provocando que todo el vello de mi cuerpo se erizara. Cerró aún más el cerco que me aprisionaba contra él, lo que me hizo sentir su dura erección contra mi abdomen. ¿Allí? ¿En el hospital? ¿En los vestuarios? Mi corazón latía enloquecido, y no sabría decir sí era más por la excitación que se apoderaba de mí o por el miedo a que nos descubrieran. Sin dejar de rodearme con su brazo de hierro, comenzó a moverse en dirección al vestuario femenino. -Edward, n…-no pude continuar. Sus labios silenciaron los míos, y su lengua penetró en mi boca, invadiéndola con su delicioso sabor. Gemí. Sentía una de sus manos acariciando mi cuerpo por debajo del jersey, generando placenteras oleadas que se dirigían directas hacia mi vientre, mientras la otra se hundía en mi cabello, sujetándome, apoderándose de mi boca. Su aliento era adictivo, embriagador, y yo apenas podía pensar, sólo sentir el fuego en mi interior, la presión de su cuerpo contra el mío, inmovilizándome contra la pared… del ¿aseo? Ni siquiera era consciente de haber entrado ya en el vestuario de mujeres. Me separé un poco para respirar. Ambos jadeábamos, aunque sólo uno de los dos necesitaba el aire. -Quítate la ropa interior. Si lo hago yo no puedo prometerte que quede entera- pidió con suavidad sobre mis labios. Su voz era baja y ronca. Mi última resistencia se evaporó al escucharle y ver su hermoso rostro transformado por el deseo, los iris negros y brillantes como una noche de luna nueva. Hice lo que me pedía, me quité las medias y mis braguitas. Me sentí tímida bajo su ardiente mirada. Sin dejar de clavar sus ojos en los míos tomó el dobladillo de mi falda y lo subió lentamente, acariciando la piel de mis muslos al mismo tiempo. Nuestra respiración se hizo pesada y ruidosa. La humedad bañaba el interior de mis
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    Cambio De Destino DraBSwan muslos y en aquel momento no me importaba nada más que tenerle dentro de mí. Puso una de sus manos en mi trasero y me alzó, mientras yo enlazaba mis piernas alrededor de sus caderas y envolvía su cuello con mis brazos. Deslizó sus labios por mi mandíbula, bajando hacia el cuello, lamiendo y succionando Página | 258 suavemente la piel. Gemí con más fuerza y él me correspondió. -Me enloquece esa música que sale de ti. No pares- murmuró con voz ahogada por el deseo. Atrapada entre la pared y su duro cuerpo, escuché el sonido de una cremallera. -¡Ah!-grité sin poderlo evitar al sentirlo dentro de mí. De su garganta salió un profundo gruñido y me besó vorazmente, su lengua me robaba el aliento poseyendo mi boca como su cuerpo poseía el mío. Su mano libre tomó uno de mis pechos, deslizando el pezón entre sus dedos, trazando círculos sobre él. La piel me ardía. -Bella, te deseo tanto…Siénteme - susurró en mi oído, hundiéndose de nuevo en mí. Sus palabras, su olor, su cuerpo, la situación... No pude más. Apenas un par de embestidas y mi cuerpo se estremeció con la violencia de mi orgasmo, arqueándome contra él. -¡Edward!-grité. Él presionó sus caderas de nuevo contra mí, contra la pared. Una vez, otra, y otra. Sentí aumentar de nuevo la tensión en mi interior. -Mírame, Bella. Quiero que esta vez lleguemos juntos- ordenó entrecortadamente. Enlacé mi mirada con la suya mientras le recibía en mi interior y me sumergí completamente en aquella negrura tan profunda. Por unos segundos unas palabras se agolparon en mi boca, luchando por salir de ella. Pero no pude hablar, sólo gemir. Cuando de nuevo me sacudió una explosión de placer él me silenció cubriendo mi boca con la suya en un beso hambriento. Me dejé llevar por el torbellino que me transportaba liberándome, completamente abandonada en sus brazos. Apoyé mi cabeza sobre su hombro, acariciando la piel de su cuello con mi nariz, y me embriagué de su esencia mientras me serenaba. Olía tan bien… -Esto es culpa tuya –murmuró al cabo de unos minutos. Sentí que sonreía.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿El... qué?- musité. Apenas podía pensar, menos aún hablar. -Creo que beber tu sangre tiene efectos secundarios que desconocía. Antes te deseaba, pero desde aquella noche lo que siento por ti es... casi doloroso. Hasta ahora pensaba que era algo transitorio por los días que estuvimos Página | 259 separados. -Oh- me había dejado sin palabras. Me depositó en el suelo con cuidado y, en silencio, me ayudó a ponerme la ropa interior, pues yo aún sentía mis huesos como de gelatina. No era justo. Su aspecto lucía como si acabara de salir de una refrescante ducha matutina, pero el mío... no quería ni verme en el espejo. El agotamiento del día y al final... esto. No me arrepentía en absoluto, pero en aquel momento mis neuronas estaban todas pugnando por dar las buenas noches y apagar la luz. -¿Debería preocuparme? ¿Algún efecto secundario más que no me hayas dicho y que deba saber? - pregunté con voz débil. Edward me miró, divertido. -Ninguno más... hasta el momento- repuso mientras abríamos la puerta del vestuario sin separar su brazo de mi cintura. Yo estaba tranquila, sabía que si había alguien alrededor él lo habría sabido. Me daba la sensación de que llevaba escrito en la frente "acabo de practicar sexo alucinante". Al pasar por delante del guardia de seguridad que había en la recepción me tapé la cara con el cabello y miré para otro lado, mientras Edward le daba las buenas noches. -Gracias a tu reacción ahora sí sospecha algo- bromeó Edward al entrar en el coche. O eso esperaba yo, que fuera una broma. Viajamos en silencio hasta mi casa. Pensaba en lo que él me había dicho. -¿Cómo sientes ahora el deseo de mi sangre? Quiero decir, desde aquella noche. ¿Sigues notándolo más suave? -Sí. Es como si ahora deseara más tu cuerpo que tu sangre. Aunque no te engaño, me gustaría repetir la experiencia dentro de un tiempo... si tú también lo deseas- respondió sin dejar de mirar la carretera, intentando aparentar despreocupación.
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    Cambio De Destino DraBSwan Dioses. Este hombre... este vampiro iba a matarme, pero no de la forma tradicional. Lo haría a base de sobrecargas de placer. Mi traidor cuerpo respondió a sus palabras a pesar de la extenuación que lo invadía. Sentí humedad en mi ropa interior. Edward inhaló de forma evidente, y no necesité Página | 260 mirarle para saber que sonreía. Me ruboricé, miré por la ventanilla e intenté bromear para cambiar de tema. -Claro que lo deseo. En el fondo sé que todo esto lo haces por mí, para que duerma bien-bromeé para aligerar el ambiente. Dormir. Necesitaba dormir. -Eso también. Habíamos llegado a mi casa. Las ventanas de la cocina y el comedor estaban iluminadas, indicando que Angela estaba preparando la cena. Edward abrió mi puerta y cuando salí del coche me envolvió en un fuerte abrazo. -Te amo, Bella Swan. Jamás nada ni nadie me ha hecho tan feliz. -Yo también te amo, Edward- apoyé mi cabeza en su pecho. En aquel momento deseé con toda mi alma escuchar el latido de un corazón, y me aferré a su cuello desesperadamente. Al cabo de unos momentos nos separamos y me tomó por los hombros, estudiándome el rostro atentamente. -Tengo que ir de caza esta noche, pero sabes que puedo posponerlo. ¿Estás bien?- su mirada de preocupación me sondeaba. -Sí, muy bien. Vete de caza, además de alimentarte necesitas gastar energías o terminarás conmigo - le golpeé el hombro con suavidad, forzando una sonrisa. -Entonces hasta mañana, amor - era evidente que no me había creído, pero me besó con suavidad y subió al coche. Aquella noche Angela y yo hablamos durante la cena y planificamos la estancia de mis padres. Como ya había supuesto, ella estaba encantada de recibirles en casa aunque apenas los iba a ver, porque de nuevo iba doblando turnos para ir a ver a Jake al siguiente fin de semana. Cuando cabeceé por tercera vez sobre el plato de comida mi amiga me mandó a la cama sin derecho a rechistar. Me puse el pijama lo más rápidamente que pude y me metí bajo el edredón. Me coloqué de lado, mirando hacia la
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    Cambio De Destino DraBSwan ventana, y cerré los párpados. A pesar del sueño tardé mucho en dormirme; las palabras que no habían podido salir de mi boca esa tarde cuando estaba con él no cesaban de rondar por mi cabeza, atormentándome: Quiero estar contigo toda la eternidad. Hazlo ahora. Transfórmame. Página | 261 No supe qué hora era cuando me desperté y lo vi enfrente de mí en la penumbra de la habitación. Arrodillado en el suelo apoyado sobre sus talones, me observaba quieto como una esfinge. Parpadeé, y extendí la mano para tocar su cara y asegurarme de que no era un sueño. -Edward... ¿ya te has alimentado? -acaricié sus suaves cabellos. -Sí, he tenido suerte con la caza. Te echaba de menos- susurró. Se colocó detrás de mí en la cama, abrazándome la cintura y acoplándose a la curva de mi cuerpo. De inmediato sentí que mis músculos se relajaban. Hasta ahora no había sido consciente de lo tensa que estaba. -Estabas inquieta en tu sueño ¿Hay alguna cosa que me quieras contar?- su voz era suave pero había cierta ansiedad. Intenté recordar lo que estaba soñando y no lo conseguí. ¿Habría hablado en sueños? Recordé las palabras que me hostigaban. ¿Las habría pronunciado en voz alta? ¿Valía la pena hablar de ello en este momento? No, no todavía. -No, amor- mentí. -Entonces buenas noches, Bella. Descansa - pronunció con resignación. No me dormí, no pude. La luz del alba invadió poco a poco la habitación y entonces me volteé en la cama, encarándolo. Su mirada dorada era dulce y preocupada al mismo tiempo. -Es como si se me desgarrara el alma- él asintió, esperando a que prosiguiera- ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a esperarme, a esperar que me decida a transformarme? -Toda tu vida, amor mío. No pude evitar una risa amarga al escucharle. -¿Y me desearás igual cuando sea una abuelita de 80 años?
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Me desearías tú si yo aparentara 120 años?- alzó ambas cejas y yo no pude evitar reír con el gesto que compuso.- Quizá te desearía menos, pero te amaría igual que ahora. -Vale. Así que aún tengo tiempo para decidirme- una lágrima brotó de mis ojos. Página | 262 -Tenemos mucho tiempo, mi Bella- contestó al tiempo que lánguidamente secaba la humedad de mi cara con sus largos dedos. Luego se los llevó a la boca y los lamió. Yo estaba enferma... enferma de Edward. Él era mi veneno y mi antídoto. Jamás tenía suficiente de él, pues cuanto más me daba más lo necesitaba. A pesar del agotamiento acumulado, de mis dudas, de todo... ese sencillo gesto, que él hizo de forma natural, me encendió. -No creo que vuelva a dormirme. Y aún queda una hora para que suene el despertador- murmuré apartando con lentitud la vista de sus dedos. Me mordí el labio inferior y observé con placer cómo sus ojos se oscurecían a modo de respuesta.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 263 Capítulo 27 El aeropuerto de Seattle, el Sea-Tac, estaba invadido por multitud de viajeros que iban y venían y por familiares que acudían a recibir o despedir a sus seres queridos. Mis padres habían aprovechado las fiestas de Pascua para venir a visitarme, y al parecer mucha más gente había decidido viajar en estas fechas. Edward había ido a recoger las llaves del coche que mis padres habían alquilado por Internet; con los datos que me habían facilitado esperaba que no tuviera problemas. Mientras tanto yo me sentía nerviosa esperando en la Terminal de llegadas, y no paraba de apoyarme sucesivamente en uno y otro pie. De hecho, lo que tenía eran ganas de saltar y correr para ahogar un poco la intranquilidad que me invadía, pero no era el momento. Y de pronto los vi. -¡Isabella!- gritó mi madre caminando presurosa hacia mí arrastrando una gran maleta de ruedas, seguida de mi padre, que arrastraba otra aún mayor. Ambos lucían una ancha sonrisa en sus bronceadas caras. Un momento... ¿Bronceadas? No, estaban como siempre. Me había acostumbrado a la palidez de todos los que me rodeaban, por no decir la de Edward, y ahora me llamaba la atención su sano tono de piel. -¡Ugh!- recibí el fuerte abrazo de mi madre intentando mantener el equilibrio- ¿Cómo que Isabella?- logré articular.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¡Ah, era una prueba! ¡Qué bien, no te han sorbido el seso completamente, sigues siendo mi pequeña Bella! -Dejémoslo en Bella, mamá- sonreí soltándola y abrazando a mi padre. Página | 264 -Bella, cielo - dijo Charlie con voz tomada. Mi padre era hombre de pocas palabras. -¿Habéis tenido buen viaje? -Sí, por fortuna nadie ha necesitado un neurocirujano en pleno vuelo- dijo mi madre sonriendo- aunque nos habría ido bien un pediatra, porque mira, había un bebé que lloraba bastante, pobre, debía tener una oti...-dejó la frase en suspenso y miró detrás de mí, con la boca abierta y las pupilas repentinamente dilatadas. -¿Qué...?-la miré con preocupación. Quizá había contraído algún virus durante el viaje. Seguí su mirada hasta encontrarme con... Edward. Por supuesto. Sin que ninguno nos hubiéramos dado cuenta mi novio había venido y se había situado cercano a mí pero a una distancia prudencial, esperando que la efusividad del reencuentro se evaporara un poco. Di un paso atrás y le tomé de la mano, acercándolo hasta situarlo enfrente de mis padres. -Mamá, papá, os presento a Edward. Mi madre cerró la boca, la abrió de nuevo y la volvió a cerrar, mirando fijamente a mi vampiro. Parecía un pececillo que hubieran sacado de del agua en vez de una mujer hecha y derecha. Me dieron unas ganas casi irresistibles de darle una colleja para ver si reaccionaba. Mi padre, por desgracia, lo miraba con una ceja ligeramente arqueada y la expresión acusadora que yo ya me había esperado. -Encantado de conocerles, señores Swan.- Edward tendió su mano. Mi padre le dió un apretón de manos breve y seco, rehuyendo el contacto demasiado prolongado. Edward se dirigió a estrechar la mano de Renée. Y entonces lo hizo. Sonrió de tal forma que me dieron unas ganas tremendas de sacar las gafas de sol y ponérmelas.
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    Cambio De Destino DraBSwan Mi madre parpadeó varias veces, completamente deslumbrada, mientras extendía su mano correspondiendo al saludo, y sus labios consiguieron curvarse en una tímida sonrisa. Página | 265 ¡Por dios, mamá, que tienes una edad! -Es un placer, Edward. Me alegro de conocerte, tenía muchas ganas de ver al hombre que ha robado el corazón de nuestra hija. Y tutéame, por favor. Me sonrojé. No estaba acostumbrada a que mi madre hablara así. Robar corazones... vale, sí, era cierto, pero... ¿qué había leído en el avión, alguna novela de las hermanas Brontë? -El placer es mío. Y no ha sido un robo, sólo un intercambio- repuso Edward. Mi madre soltó una risita, se sonrojó como una colegiala y prácticamente ronroneó al escuchar la voz de mi ángel. Por dios, ¿pero qué hay hoy en el aire? Miré a mi padre y vi que este estaba poniendo los ojos en blanco. Tuve que contener una risa histérica. Parecía que cuanto más le gustaba Edward a mi madre menos le gustaba a mi padre. Renée, Edward y yo volvimos a Forks en el Volvo, seguidos de cerca por Charlie, que iba en el coche de alquiler. Habían alquilado un Jeep Cherokee, que les iba a venir igual de bien para ir de pesca como para el tráfico urbano. La mujer que me trajo al mundo y mi novio vampiro no pararon de charlar en todo el viaje como si se conocieran de toda la vida. Yo tenía razón, Edward tenía a mi madre comiendo de su mano desde el primer momento y mi padre era un hueso duro de roer. Estaba entre preocupada y estimulada por el desenlace de la visita; ansiaba que mi padre también diera su aprobación al hombre del cual estaba enamorada pero al mismo tiempo ardía en deseos de ver cómo se las ingeniaba Edward para engatusar a Charlie. Había advertido a mis padres que Edward no cenaría con nosotros por sus problemas de intolerancias alimentarias, aún así en el momento de la cena hubo comentarios al respecto. -¿Seguro que no vas a comer nada?- inquirió mi madre, observándole con preocupación.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Sigo una dieta especial. No te preocupes, Renée- curvó los perfectos labios dulcemente. Mi madre fue prudente y no preguntó nada, aunque le dirigió una penetrante mirada que me creó una sensación de desasosiego. Para colmo la mirada de Página | 266 Renée se desplazó hacia mí y no pude evitar sentir el calor en mi cara. Desvié los ojos hacia mi padre. -¿Ese problema con la alimentación es algo que puedan heredar tus hijos?- preguntó Charlie mirando a Edward con expresión suspicaz. -¡Papá!- lo miré furibunda, mientras sentía como la sangre recorría el camino contrario y mi rostro palidecía. -No que yo sepa, señor Swan- repuso Edward con su expresión más angelical. Angela distrajo la breve tensión que se había generado alabando la lasaña que yo había preparado y comentando anécdotas de nuestra convivencia. Mi madre hizo varias aportaciones en ese sentido. Mientras tanto Charlie no perdía de vista a Edward, pero a este se le veía increíblemente cómodo. La conversación fluyó por varios derroteros, hasta que, durante el café, mis padres comentaron los planes que tenían para esos tres días. Yo me había pedido fiesta el lunes para poder estar con ellos un poco más de tiempo. Iba a tardar mucho en volver a verlos. Si es que lo hacía... -Iré de pesca mañana muy temprano, mientras Bella y su madre se dedican a ponerse al día. Después podéis venir los tres, y haríamos un pic-nic en las montañas, si os parece bien. ¿Tú pescas, Edward?-le dirigió de nuevo esa mirada de "cuidadito con la respuesta". -No, a mí me va más la caza- repuso el aludido con una sonrisa mientras rozaba mi muslo con su mano. El café que estaba sorbiendo se me atragantó y empecé a toser. Angela me golpeó suavemente en la espalda para que me recuperara. Charlie lo miró como dudando de lo que acababa de oir. -No imaginaba que fueras hombre de exteriores... con esa palidez que luces. -Toda mi familia es así de pálida, señor Swan -contestó mi novio con sinceridad. Intenté respirar en profundidad para relajarme un poco. Inspira Bella, cuenta cinco, espira, cuenta diez.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Y qué cazas? -Depredadores básicamente- y Edward comenzó a explicarle a mi padre sus extensos conocimientos sobre la fauna local de Forks hasta Alaska, pasando por Canadá. Conocía las temporadas de caza, las armas que se usaban... y que Página | 267 él no necesitaba, pero esa era una información innecesaria para Charlie. Mi padre estaba fascinado. La caza deportiva nunca le había atraído, pero Edward y sus conocimientos del ecosistema local sí. Sin darme cuenta ambos estaban enfrascados en una conversación sobre las mejores rutas de los alrededores para ir a pasear, cazar o pescar. Renée, Angela y yo nos dedicamos a conversar sobre otros temas. El ambiente estaba ahora más relajado. Mis padres y mi amiga se fueron a dormir pronto, los primeros por puro agotamiento y ésta porque trabajaba al día siguiente en turno matinal. Edward y yo nos quedamos en la cocina fregando los platos de la cena. -No ha sido tan difícil, ¿no? -dijo, pasándome la fuente de la lasaña ya limpia para que la secara. -Eso lo dirás tú, y no comprendo cómo. Charlie no te lo ha puesto nada fácil- froté con más fuerza de la necesaria. Mi padre me había puesto de los nervios. -Tu padre me gusta, aunque yo no le guste a él. Sólo intenta protegerte, y por eso es borde conmigo. Cree que tengo demasiado poder sobre ti, y aún tiene que juzgar si uso bien ese poder. Y por las decisiones que estás tomando últimamente, no se lo parece. -¡Eso también me mosquea! Como si yo no tuviera capacidad para tomar mis propias decisiones- protesté. -¿Quieres decir que si no nos hubiéramos conocido habrías seguido con el plan que habías previsto cuando aterrizaste en Seattle? -No lo sé... pero eso es algo que no importa ahora. Las cosas son así- insistí, cabezona.- A mamá sí la has conquistado-sonreí al recordar la actitud de Renée. -Tu madre cree que soy un ángel bajado del cielo para cuidarte – asintió. -Eres un ángel caído, más que bajado - le piqué, dándole un suave golpe de caderas.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Doctora Swan, me está provocando?-su voz sonó melosa. -Sólo te he llamado ángel caído y te he dado un golpe de caderas- repuse. De pronto la atmósfera de la cocina había cambiado. Página | 268 -Eso es suficiente. No sé cómo pero ahora me has recordado que tengo algunas cosas pendientes contigo. He tachado sólo una de la lista. -Sé cuál es la que has tachado - contesté, notando el calor en mis mejillas.- ¿Y qué más cosas tenemos pendientes, si puede saberse?- inquirí con un tono que intentaba aparentar indiferencia con muy poca fortuna. La excitación impregnaba mi voz. Me alejé de él un poco. No estaba dispuesta a ponérselo fácil, pero él se secó las manos con una lentitud inquietante y dejó el trapo al lado del fregadero sin tan sólo mirarme. -El día que te cortaste con las tijeras, ¿lo recuerdas? - ¡Cómo olvidarlo! - Angela nos interrumpió.- Se giró, encarándome. Se fue acercando a mí sin apenas moverse ni parpadear, sus ojos fijos en los míos como un cazador sobre su presa. -Lo recuerdo - dije en un hilo de voz, dando un paso atrás. -Y ahora miro esa encimera y pienso... - se interrumpió bruscamente y volvió al fregadero como si nada hubiera pasado. -¿Piensas...?- pregunté, confusa. En aquel momento escuché pasos por la escalera y volví a coger el trapo. -Hola, chicos. No sé qué me pasa que estoy agotada pero no puedo dormirme. Será el jet lag. Voy a hacerme una infusión de valeriana. ¿Dónde la tenéis? - mi madre entró en en pijama y bata, con cara de cansancio y sin darse cuenta de que la temperatura de la cocina estaba diez grados más alta que la del resto de la casa. -En aquella alacena- señalé con la cabeza, mientras terminaba de secar las copas. -Edward, tú que eres más alto ¿podrías alcanzármela?-pidió Renée.
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    Cambio De Destino DraBSwan La copa cayó de mis manos, pero por fortuna no se rompió. Mi mente se llenó de imágenes de la noche en que le había dicho exactamente la misma frase a Edward... la noche que bebió de mí. Aparté mi rostro color rubí de la vista de mi madre y estudié atentamente una de las copas que había secado, mientras Página | 269 Edward acercaba la caja de las infusiones a Renée y se ofrecía amablemente a prepararle una. Estaba segura de que él ni tan siquiera había pestañeado, pero a mí me costaba esconder mi sofoco. Una vez preparada, Renée se tomo su valeriana en unos cuantos sorbos que a mí se me antojaron eternos. -Bueno, chicos, gracias por la ayuda. Bella, hija, dejad eso, que es muy tarde. Y mañana tienes que estar descansada, tenemos que aprovechar el poco tiempo que tenemos juntas - diciendo esto me dio un beso de buenas noches y se despidió de los dos. Las miradas de Edward y la mía se cruzaron. En la suya bailaba la risa pero yo, que no tenía tanto autocontrol, directamente me tapé la boca ahogando las carcajadas medio histéricas que pugnaban por escapar de mí. -No se puede negar que te pareces a tu madre- dijo él entornando los párpados, y tuve que taparme la boca más fuerte. Al cabo de unos minutos recuperé la capacidad de hablar. Con el incidente de mi madre la temperatura de la habitación había vuelto a la normalidad. -Ha sido un día muy largo, Edward - sofoqué un bostezo.- Será mejor que vaya a dormir. Le di un casto beso en los labios y me dirigí hacia las escaleras. -Oh... De acuerdo. Está claro que esa encimera está maldita- dijo. Su voz sonó como la de un niño frustrado, y de nuevo sofoqué mi risa. Las horas junto a mis padres transcurrieron veloces. Mi madre me expresó en varias ocasiones lo adorable que era mi novio y lo dichosa que estaba de verme tan enamorada. Por otra parte, parecía que Charlie estaba más abierto a no considerar a Edward persona non grata. Su antagonismo había mejorado un poco al volver de una exitosa sesión de pesca salvaje el sábado a la hora del almuerzo. El domingo pasamos la mañana los cuatro juntos, visitando el bellísimo parque nacional, y por la tarde Edward me dejó tiempo libre con Charlie y Renée. Aún teníamos mucho de que hablar.
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    Cambio De Destino DraBSwan El lunes lo dedicamos a pasear por Port Angeles los tres. A mis padres les gustaba el mar tanto como a mí, y aunque no hacía sol la temperatura era agradablemente primaveral. Charlie y yo nos sentamos en un banco del puerto mientras Renée se acercaba a una tienda cercana a por unos cafés para llevar. Página | 270 -Papá... ¿por qué no te cae bien Edward? -mi pregunta rompió el cómodo silencio en el que estábamos envueltos y la sorpresa hizo que mi padre me mirara parpadeando. Lo pensó unos segundos y suspiró. -No me cae mal. Bien, al principio sí, yo ya venía predispuesto en su contra, y cuando vi lo colgada que estabas por él... -¿Colgada? – reí entre dientes al escuchar a Charlie expresarse de esa forma. -Enamorada hasta la médula, si lo prefieres. Me preocupé mucho al verte así, hija - desvió la mirada hacia el mar al notar mi sonrojo. - Cuando amas le das mucho poder a la otra persona sobre ti, y yo no sabía cómo Edward iba a usar ese poder... pero me ha hecho cambiar de idea. -¿El qué te ha hecho cambiar de idea? Charlie dudó un poco antes de contestar. No solíamos tener conversaciones profundas, pero no tendríamos muchas más oportunidades de dejar las cosas claras antes de que se marcharan y para mí era importante. -Su forma de mirarte-dijo con suavidad. No necesité que se extendiera más. Le tomé de la mano y pestañeó un par de veces antes de apartar sus oscuros ojos de nuevo, ojos que yo había heredado, incómodo pero feliz. -Aún así sigue sin gustarme nada la decisión que tomaste – apuntó. Yo suspiré entre exasperada y aliviada. "Charlie Gruñón" no se había ido ... Mis padres habían previsto partir rumbo a Seattle al terminar la cena. Para mí estos últimos momentos en su compañía estaban resultando especialmente duros. En un arrebato masoquista, o quizá realista, intenté imaginar cómo me sentiría si fuera nuestra última despedida y jamás los volviera a ver. Me invadió un sentimiento de desolación tan brutal que jadeé. En aquel momento mi madre entraba en la cocina.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Hija... ¿qué te sucede?- Me observó con cierta ansiedad a pesar de que intenté componer una sonrisa. -Nada, mamá. Estoy bien- agité la cabeza y me centré en lo que estaba haciendo, cortar una tarta para el postre. Página | 271 -Bella. Dime la verdad. Dentro de poco nos vamos a separar y no sé cuándo volveré a ver a mi hija. Era lo que faltaba para hacer que las lágrimas fluyeran por mi cara. -En serio, estoy bien, es que... ya os echo de menos y aún no os habéis marchado- Renée me abrazó con fuerza, meciéndome. -Hija, nosotros también te echamos de menos. Pero estoy feliz de ver que tienes a alguien que cuide de ti y de que tienes una buena amiga. Y nosotros seguiremos estando ahí, para lo que tú necesites. Aunque estemos a miles de kilómetros- me dijo con voz serena y firme. -Gracias, mamá- el calor y la seguridad de su abrazo y sus palabras me invadieron como cuando era una niña y acudía en busca de consuelo. Respiré profundamente y sonreí con sinceridad.- Y ahora vamos a sacar este pastel antes de que Charlie venga a asesinarnos por haberlo dejado solo con Edward. Era miércoles. Mis padres estaban ya en Seattle, recordando lugares comunes y visitando a antiguos amigos, y mi madre me llamaba cada día para asegurarse de que estaba bien. Aquel día me tocaba llevar el busca por la mañana, y parecía que iban a fundírsele las pilas al trasto diabólico, porque había ido loco desde que yo había tomado el relevo. Ahora que ya no teníamos apenas gripes ni bronquitis nos atacaban los virus primaverales. Hoy tocaba gastroenteritis. -¿Y cuántas veces dice que ha vomitado?- pregunté a la madre de mi pequeño paciente, mientras le palpaba el abdomen. Era un niño con muchas cosquillas y estaba resultando más difícil de lo esperado. La madre dudó durante unos segundos y contestó: -Por lo menos 10 veces.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¡Qué vaaaaaaaa!- exclamó el pequeño desde la camilla, agitando una mano y mirando a su madre indignado. Acto seguido giró la cabeza de nuevo hacia mí y añadió con aplastante seguridad para ser un niño de cinco años- Dos. Tuve que aguantar la risa al notar la expresión de la señora mirando a su hijo. Página | 272 Era del tipo "quién eres tú y qué has hecho con mi pequeño". Salí del box y me dirigí al mostrador situado en el centro de la sala de Urgencias para escribir tres informes de alta. -Los resultados de la analítica de tu paciente, Bells- Angela dejó el papel en el mostrador y se alejó. Le eché un vistazo a los resultados y salí disparada detrás de mi amiga. -Ang, ¿te sucede algo? -me situé a su lado, acomodando mi paso al suyo. -No, no. Es sólo cansancio... ya sabes, tanto doblar turnos no es bueno para la salud. -Cierto. ¿Quieres que tomemos un café rápido?- levanté el papel que me había entregado-. Doy este informe de alta y nos escapamos diez minutos. -No, Bella, ahora no puedo- curvó los labios pero la sonrisa no le llegó a los ojos. -Está bien... entonces luego podemos quedar para tomar algo en el pub- insistí. -Puede. Luego hablamos, ¿vale?- me apretó el brazo a modo de despedida y se metió en el box de traumatología. Fin del diálogo. Me preocupaba mi amiga. Hacía un par de días que la notaba taciturna, no la había visto así desde que nos conocimos, y eso me creaba ansiedad. En varias ocasiones le había preguntado si le pasaba algo, pero la respuesta constante era una negativa. ¿Tendría problemas familiares y no me lo había dicho? Sabía que también era hija única y que su relación con sus padres era muy distante, quizá el verme a mí con los míos había despertado viejos fantasmas en ella. O quizá era Jake... ¿la estaría presionando para dejar su trabajo en Forks? Lo cierto es que no tenía ni idea de qué era lo que agobiaba a Angela. Agité la cabeza para librarme de estos pensamientos y me metí de nuevo en el box de pediatría.
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    Cambio De Destino DraBSwan La mañana del sábado me levanté temprano. Había quedado con Edward para ir de excursión. No me podía creer que estuviera haciendo tantas excursiones. En el pasado mi torpeza me había vuelto reticente a todo lo que fuera senderismo, pero la belleza de aquellos parajes, el profundo conocimiento que Página | 273 Edward tenía de ellos y la seguridad que me proporcionaba su compañía había conseguido variar mis gustos. Ahora era una actividad que esperaba con gran placer. Me dirigí al baño pero vi la luz bajo la puerta y bajé las escaleras para ir al aseo de la planta baja. Desayuné mi bol de cereales y preparé café. Era extraño. Angela aún no había salido del baño y había pasado casi media hora. Subí las escaleras y llamé suavemente a la puerta. -Angela. No hubo respuesta. -Angela, contesta, por favor, me estás preocupando. Pasaron unos eternos minutos hasta que escuché su voz. -Pasa, está abierto- sonó rota y eso me hizo abrir la puerta de golpe, asustada. Capítulo 28 Angela estaba sentada sobre la tapa del inodoro, cabizbaja, vestida con su pijama. Apoyaba sus antebrazos sobre los muslos, y su mano sostenía un pequeño rectángulo de plástico blanco. No alzó la cabeza cuando entré en el
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    Cambio De Destino DraBSwan aseo. Sentí alivio al ver que aparentemente estaba bien, pero su postura derrotada y su quietud de estatua me impresionaron. -Niña, ¿qué te pasa?- me arrodillé en el suelo para poder ver su rostro y le quité con cuidado lo que sujetaba su mano. Página | 274 Le di la vuelta al rectángulo y lo comprendí todo. Era un test de embarazo. Dos líneas paralelas bien definidas marcaban el test como indudablemente positivo. Lo deposité en el suelo y le puse las manos sobre las rodillas. -Angela. Mírame, por favor- ella desplazó lentamente su mirada desde su regazo hacia mis ojos y continué hablándole suavemente, como si me dirigiera a una niña asustada.- Muy bien, ahora vas a venir conmigo, ¿de acuerdo? Vamos a la cocina, nos sentamos y te preparo un chocolate caliente. Y cuando quieras hablar, hablamos- diciendo esto me incorporé y le tendí la mano. Pasaron varias respiraciones hasta que ella alargó su mano tomando la mía y se puso en pie. Aparté la silla de la mesa de la cocina para que Angela se sentara y me dispuse a preparar chocolate caliente y café. Durante el proceso miré hacia atrás unas cuantas veces para controlar el estado de mi amiga, que parecía haberse congelado en la misma postura. Permanecía mirando fijamente un punto indefinido de la pared, con los codos apoyados en la mesa y la cabeza sobre las manos. Ni siquiera podía jurar que la había visto parpadear. Esperaba que comenzara a reaccionar porque estaba empezando a inquietarme. Ahora comprendía su comportamiento durante los últimos días. Cuando la encontré en el baño debía llevar ya un rato llorando. La mortecina luz matinal que entraba por la ventana mostraba sus párpados hinchados y su cara, que normalmente estaba llena de alegría vital, estaba demacrada. La observé mientras tomaba la cálida bebida cerrando los párpados, disfrutando de su dulzura. Me serví café y fui sorbiéndolo poco a poco, a ratos mirando a mi silenciosa compañera de mesa, a ratos mirando por la ventana. El día me parecía más gris ahora, quizá contagiada por el desánimo de Angela. -A lo mejor debería hacerme la prueba de nuevo- dijo ella de repente, rompiendo el denso silencio.- Estos test no son fiables al cien por cien- murmuró, mirándome con un punto de esperanza en su pálido rostro. -Angela, ¿desde cuándo no tienes la regla?- pregunté suavemente.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Una semana- repuso cerrando lo ojos. Tomó un sorbo de chocolate y respiró hondamente.- Vale... lo sé, es fiable.- Abrió los ojos y se quedó mirando el techo, perdida de nuevo en reflexiones internas. -¿Por eso estabas tan rara estos días?- tanteé. Ahora que había roto el silencio Página | 275 no iba a dejarla que se sumiera de nuevo en su auto-flagelación o lo que fuera que estuviera pasado por su cabeza.- Podías haberme dicho algo, en vez de habértelo tragado tú solita.- De inmediato me arrepentí de mis palabras, sonaban como un reproche y eso era lo último que quería.- Lo siento. No quería decir eso. -No te preocupes- dirigió de nuevo su atención hacia mí, me tomó la mano y la apretó.- A veces hasta que no dices algo en voz alta parece que no sea real, ¿verdad? Yo me decía a mí misma que era un retraso producto del estrés, del exceso de trabajo, o yo qué sé, y no quería verbalizar mi miedo, o que lo hicieras tú. Pero creo que ha sido peor, sólo he conseguido pasar una semana horrible, y preocuparos a Jake, a ti y al resto de gente que se preocupa por mí. ¡Dios!-exclamó de repente- ¡Me siento atrapada! -Angela, estoy aquí- le devolví el apretón y ella por primera vez intentó una tenue sonrisa. -Lo sé- sus oscuros ojos se debatían entre la sorpresa aún no asimilada y la angustia de aceptar la realidad. -No sé qué voy a hacer. De ninguna manera me esperaba esto. Hemos tomado precauciones cada vez que hemos tenido relaciones, excepto una sola, una jodida y única vez. Él entró en mí sin protección, y después se puso el preservativo. Ya sabía que había cierto riesgo aunque él no se corriera dentro, pero pensaba que a nosotros no nos iba a pasar... ¡qué burra he sido!- movió la cabeza de un lado a otro, como si no terminara de creer lo que le estaba pasando- Deberían quitarme el título de enfermera. -Y a Jake el de médico, si te parece. Y a Anne, por fumar como una carretera a pesar de que conoce bien lo malo que es. Y ya puestos a Jessica, por tener una voz de pito que supera los decibelios admisibles en el interior de un hospital.- Angela rió entre dientes, a desgana, y eso me animó a seguir- En serio, yo creo que a los que trabajamos a su alrededor nos tendrían que dar unas orejeras como las que llevan los que trabajan en los aeropuertos- hice el gesto de cubrirme las orejas.- Creo que mi oído interno está ya un poco dañado, iré a ver al otorrino un día de estos- a Angela le había dado un ataque de risa tonta
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    Cambio De Destino DraBSwan que se me contagió, a sabiendas de que era más una reacción nerviosa que otra cosa. De pronto ella paró de reír y se puso a llorar. Página | 276 -Mierda, ¿no es un poco pronto para los jodidos cambios de humor? -exclamó enfadada consigo misma mientras se restregaba los ojos con las manos. -Has aguantado mucha tensión tú sola esta semana, mujer. Por algún sitio tiene que salir. Oye. Todos cometemos errores y hacemos cosas pensando que no nos va a pasar nada. Eres... los dos, sois humanos. Angela, habla con Jake antes de pensar o decidir nada. Sois dos personas maduras, no es como si tuvieseis quince años, ¿no? - le tomé la mano, de nuevo. Ella no contestó. Permaneció perdida en sus pensamientos durante unos minutos y luego prosiguió, como reflexionando en voz alta. -Un hijo debe ser deseado. A mí nadie me esperaba. Fui un accidente, mis padres no querían tenerme. Jamás me demostraron cariño, más bien que era una molestia no deseada en sus cómodas vidas. Jamás me hablaba de su familia. Sabía que estaba totalmente distanciada de sus padres, pero no conocía las circunstancias. -Tampoco creo que Jake esté feliz con... con todo esto- prosiguió, señalando con ambas manos hacia su abdomen.- ¡Nuestra relación apenas acaba de empezar! Además él es ambicioso con su carrera, y un hijo ata mucho. ¿Cómo vamos a criarlo? Tendría que dejar mi trabajo o él el suyo para vivir juntos. ¿Y si se pone enfermo? ¡No tenemos a nadie con quién dejarlo mientras trabajamos! Me mordí una uña mientras escuchaba el monólogo de mi amiga. Me daba cuenta de que había pasado del shock a la aceptación de la realidad, y de negarse la posibilidad de ser madre a estar angustiándose por el futuro del bebé. Me limité a atender en silencio, y no pude evitar pensar que no sabía lo que daría por cambiarme por ella, por poder concebir un hijo con Edward... estaba casi segura de que él también sería feliz. Pero eso era imposible, y yo era una mala amiga y una egoísta por pensar en eso en vez de empatizar con mi compañera. Me esforcé por apartar esas emociones negativas y centrarme en ella.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Angela. Sabes que lo primero que tienes que hacer es hablar con Jake. Un hijo no esperado no tiene por qué no ser amado... Tus padres son tus padres y tú eres tú, no tiene por qué ser la misma historia. Y seguro que lo de organizaros la vida con el bebé se puede solucionar de una forma u otra. - Ella asintió Página | 277 apretando los labios y le echó una nerviosa mirada al reloj de la cocina. Jake había planeado pasar en nuestra casa el fin de semana. Era su primer fin de semana en nuestro hogar, pues Angela le había reprochado que siempre tuviera que desplazarse ella a Seattle. Ante esto a él no le había quedado más opción que transigir. Edward estaba seguro de que Jake no venía a nuestra casa para evitar su olor. Estaba impregnada de su aroma, y se sentía feliz como un crío travieso de que aquél tuviera que soportar ese olor durante todo un fin de semana. Yo me alegraba de que Jacob quisiera tanto a Angela como para aceptar "sufrir" el olor a vampiro. Aunque él y yo no nos lleváramos bien me daba perfecta cuenta del bien que su relación le hacía a mi compañera. Mientras Angela acababa su reconfortante bebida le mandé un sms a Edward explicándole que nuestros planes para la jornada tendrían que esperar mejor ocasión, que ya le aclararía todo más tarde. Al medio segundo de haberle dado a "enviar" recibí su llamada. Rodando los ojos me dirigí al comedor apartándome de mi amiga. -Edward, estoy bien, ahora no te puedo contar, es Ángela. Hablamos más tarde – insistí. No quería hablar delante de ella y menos aún dejarla sola más de unos minutos. -Entonces ya lo sabe – afirmó, y yo abrí los ojos como platos. -¿Qué?- exclamé. -Bella, ya sabes "qué". Lleva toda la semana pensando en ello, o más bien gritándolo. Me era imposible no pasar por su lado y oírlo. Estaba muy trastornada. ¿Cómo se lo ha tomado? -¿Quieres decir que mi amiga estaba pasándolo mal, tú sabías la causa y no me explicaste nada? -le reproché. -¿Te dijo ella algo cuando le preguntaste? – Hizo una pausa y yo, tercamente, no pude responderle más que silencio; tenía razón - Bella, no puedo evitar tener este don, pero dentro de lo posible huyo de meterme en las vidas de los
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    Cambio De Destino DraBSwan demás. Además hace días que su olor ha cambiado, así que estaba seguro de que sus sospechas eran ciertas. ¿Está bien?- sonaba preocupado. -Sí, Edward, está bien... bueno, más o menos. Hablamos luego, ¿vale?- suspiré y colgué cuando él se despidió. Página | 278 Estaba claro que yo vivía en las nubes. Como solía pasar con las mujeres que convivían, a Angela y a mí nos venía la regla aproximadamente los mismos días. Esos días Edward se ponía más lujurioso de lo ya habitual, lo cual me dejaba particularmente agotada (y satisfecha) y ni me había dado cuenta de que ella no la tenía. Vivía absorbida por mi mundo feliz. Me sentí bastante egoísta. Entré de nuevo en el comedor mirando pensativa el móvil. Cuando alcé la vista mi amiga me observaba con muda interrogación. Parecía un poco más serena. -Edward. Le he dicho que nos veremos más tarde. -¿Se lo has dicho?- preguntó con cierta ansiedad en la voz. -No... –mentí a medias... lo sabía, pero no se lo había dicho yo- aunque está preocupado por ti, también te ha notado extraña toda la semana- me senté a la mesa y dejé el móvil a un lado. -No me importa que lo sepa, pero no se lo digáis a nadie más, ¿vale? -Por supuesto, Ang- la tranquilicé.- ¿A qué hora llega Jacob?- Ángela miró de nuevo el reloj de la cocina. -Dentro de una hora- repuso casi temblorosa. -Bien, tienes tiempo de ducharte y ponerte más guapa- ella alzó los hombros, inspiró y exhaló con fuerza. -Bells... ¿qué le voy a decir? ¿Cómo lo voy a hacer? -preguntó, moviendo la cabeza de un lado a otro y retorciéndose las manos. -No lo sé, supongo que primero lo preparas un poco y luego se lo sueltas de golpe. No te andes por las ramas, lo pondrías aún más nervioso...- hice una pausa y bufé.- Mira, no creo que haya una manera mejor que otra, aunque eso sí, asegúrate de que esté sentado
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    Cambio De Destino DraBSwan -Tengo miedo. De que me deje, de que me eche la culpa de lo que ha pasado. -Angela. ¿Jake te ama? ¿Lo amas? Porque si es sí, y lo es, no sé qué haces diciendo esas enormes tonterías - la regañé con dulzura y ella asintió. -Venga- me puse en pie tirando de ella para que se levantara de la silla – mueve el culo Página | 279 y lárgate a asearte y arreglarte, yo me encargo de recoger la cocina. Angela se levantó y se alejó hacia las escaleras como si cargara demasiado peso sobre sus hombros. Aproveché para llamar a Edward. -¿Todo bien?- preguntó, ansioso. -Más o menos como antes, sólo espero que Jake llegue pronto, será el único que pueda calmarla un poco. ¿Puedes pasar a buscarme dentro de poco más de una hora?- dudé un poco antes de continuar.- Creo que será mejor si me esperaras fuera. Ya sabes, para que no os encontréis los dos... - Claro, no hay que añadirle más estrés al chico - ironizó Edward.- De acuerdo, pero por su bien espero que haga lo que un hombre debe hacer o lo cogeré del cuello y le estrujaré las pelotas de tal forma que tendrán que sacárselas de dentro del abdomen. -¡Eh, eh, tranquilo! Seguro que Jacob se comporta. Me escandalizas – reí, no esperaba que reaccionara así. Edward no solía ser protector con otros seres humanos y me agradaba su actitud hacia mi amiga. -Nunca he tenido amigos entre los humanos, hasta que llegaste tú, pero Angela es de las pocas personas que es algo parecido. No soportaría verla sufrir por un mal nacido. -Yo confío en Jake, Edward. Estará con ella porque la ama, y tú lo sabes mejor que yo, le has leído la mente. Esperaré aquí para tantear su reacción, pero sólo si es como creo que será me marcharé contigo. No la voy a dejar aquí sola y deprimida. -Me darías un motivo más para cogerlo por el cuello. Espero que tengas razón, por Angela. Te pasaré a buscar en una hora. Escucha... he de hacerte una proposición - su tono de voz cambió de enojado a otro más suave. -Te escucho- repuse, intrigada.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Se ha hecho un poco tarde para excursiones por aquí... y si Jake y Angela se quedan juntos el fin de semana no puedes quedarte en tu casa ¿qué te parece si vamos a Seattle? -¿A Seattle? Página | 280 -Sí. Pasamos la noche allá y volvemos mañana por la tarde para el cumpleaños de Anne. ¿Te apetece? Con la noticia de Angela casi lo había olvidado. Al día siguiente celebrábamos el cumpleaños de Anne en su casa, una construcción grande rodeada de jardín en las afueras de Forks. Había mucha gente del hospital invitada. La familia de Anne tenía buena posición económica, y esa propiedad la habían adquirido hacía tiempo como una de sus segundas residencias. El único problema era que Jake también vendría. Iba a ser una prueba de auto-control para el quileute y el vampiro, pero yo prefería no pensar en eso de momento. Me centré en la sugerencia de mi novio. -¿Turismo en Seattle? ¿Tú y yo refugiados bajo un paraguas, mojados hasta el culo? ¡Qué novedad! - bromeé. Lo cierto es que hasta ahora no habíamos ido a Seattle. Era algo que apetecía mucho, y Edward lo sabía. -No hace falta que hagamos turismo por Seattle. También podemos quedarnos en nuestra bonita habitación del hotel, estaríamos haciendo el amor hasta que perdieras el sentido - repuso en un tono de voz que me hizo estremecer por dentro. -Eso tampoco sería una novedad, Cullen- reí, un poco sonrojada.- De acuerdo, Seattle está bien. Turismo, vale. Perder el sentido... ya hablaremos de eso – me mordí el labio. -Perfecto, porque contaba que me dirías que sí y ya he reservado la habitación. -Qué previsible soy. -Sabía que no podrías resistirte a pasar un inolvidable fin de semana con el tío más sexy de Forks- bromeó en tono petulante y yo reí por su tono de voz, aunque tenía claro que acababa de pronunciar una gran verdad. -No tientes tu suerte, doctor... Hasta luego.
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    Cambio De Destino DraBSwan Colgué y me dispuse a limpiar y ordenar la cocina. Estaba acabando de fregar los platos cuando sonó el timbre de la puerta. Cerré el grifo y me sequé las manos para ir a abrir, pero Angela bajó corriendo por las escaleras, adelantándome. Página | 281 -¡Ya abro yo!-vociferó. -¡Vale, pero deberías tener cuidado al bajar las escaleras, pedazo loca!- le grité desde la puerta de la cocina. No pude dejar de notar que estaba preciosa. No solía arreglarse demasiado, era de estilo informal como yo, pero cuando salía con Jake era otro tema... y quizá fueran imaginaciones mías porque ya sabía su estado, pero su piel tenía un brillo especial. Me quedé donde estaba para saludar a Jake. Como siempre, intenté disimular y que no se notara la antipatía que sentía. Él también fingía bastante bien en presencia de su novia. Angela se había dado cuenta hacía semanas de que la relación entre ambos había cambiado. Intentó averiguar los motivos pero ninguno de los dos estaba dispuesto a dar explicaciones al respecto. Pasados unos días y para mi tranquilidad dejó de indagar sobre el tema. Probablemente lo atribuía a la rivalidad entre Jacob y Edward, y tampoco eran muchas las ocasiones en que Jake y yo coincidíamos. Afortunadamente. -Buenos días, amor- dijo Angela al abrir la puerta. Sin decir ni una palabra Jake entró en casa, la abrazó por la cintura y el cuello y la envolvió en un apasionado beso estilo "Lo que el viento se llevó". Entonces decidí retirarme hacia la cocina, porque de repente me había atacado la invisibilidad y no sabía qué hacer con ella. -¿Qué te pasa, cariño? Estás ojerosa. ¿No has dormido bien?- la voz de Jake sonaba ansiosa desde el recibidor. Hubo un breve silencio y por fin mi amiga contestó. -Estoy bien, pero tengo algo que decirte- contestó con voz un poco temblorosa. Esperé para saber a dónde se dirigían y oí que se metían en el comedor. Salí rauda de la cocina, pasé por delante de la puerta abierta, saludé a Jacob con un rápido buenos días y me dirigí a mi habitación escaleras arriba. Jacob apenas me contestó pero observé que su rostro expresaba ansiedad. Era un hecho bien
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    Cambio De Destino DraBSwan conocido que frases como "tenemos que hablar" o similares casi nunca eran un buen augurio para una relación. Me duché y me vestí de manera informal, no tenía ganas ni tiempo de arreglarme demasiado. Un fino jersey gris escotado y unos vaqueros Página | 282 desgastados irían bien. Mientras me ponía las botas agucé el oído pero no pude escuchar ningún sonido proveniente del comedor. Deseé con todas mis fuerzas que las cosas fueran bien entre ambos. Preparé una maleta de fin de semana con otro jersey, un vestido, unos zapatos, y un par de mudas de ropa interior (una de ellas era muy sexy, esperaba de veras que sobreviviera a la lujuria de Edward). Recogí las revueltas y aún húmedas ondas de mi cabello en una coleta y justo cuando acababa de anudármela recibí la llamada de mi novio avisándome de que estaba en la entrada. Bajé las escaleras a toda prisa cargada con mi pequeña maleta y me asomé por la puerta del comedor para despedirme. Estaban sentados en el sofá de forma que ambos estaban tomados de la mano, mirándose a los ojos. Percibí el ambiente que había entre ellos dos. Era cálido. -Angela, me marcho- dije desde la puerta, entonces mi amiga rompió el contacto visual con Jake para dirigirme la mirada. Una dulce mirada - Pasaré la noche fuera... ¿Nos vemos mañana en casa de Anne? -Sí, sí, hasta mañana, Bells – me sonrió radiante y volvió a dirigir sus ojos hacia el hombre que había a su lado. En su cara pude ver que había vuelto a llorar, pero la sonrisa que me había dirigido era sincera. A su lado, Jake la miraba como si ella fuera lo más maravilloso que pudiera haber en el mundo. Como siempre la miraba, pero esta vez con más intensidad. Respiré profundamente, aliviada. No sabía a ciencia cierta si habían decidido algo y qué, pero fuera lo que fuera estaban juntos en eso. Edward me esperaba apoyado contra una de las puertas laterales del Volvo. Llevaba un fino jersey azul oscuro y unos vaqueros gastados. Tomé aire al verlo... jamás me acostumbraría. Se pasó la mano por el cabello al tiempo que una leve sonrisa se dibujaba en sus labios. -Parece que no tendré que entrar a partirle la cara a Jacob. Lástima. Hubiera sido una buena excusa para hacerlo- comentó, apuntando con la barbilla hacia la casa y con una mirada de chico malo que me hizo flojear las piernas.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Sí, parecía que estaban de luna de miel cuando he salido por la puerta- comenté, dándole un beso en los labios. Edward me abrió la puerta del copiloto y me metí en el coche. Metió mi pequeño equipaje en el maletero y entró de nuevo el coche. Puso en Página | 283 marcha el motor y dirigió el vehículo hacia la carretera principal. -¿Qué habrán decidido?- dije, pensando en voz alta. -Lo sabrás cuando hables con ella- repuso. -No serás capaz...- lo miré airada. -Ya sabes,- se tocó la frente con el índice y compuso una expresión solemne- intento dar privacidad a la gente. -Claro, ahora voy y me lo creo. ¿No eres tú el que escaneaba los pensamientos de Angela para saber qué pensaba yo de ti? ¿Eso es dar "privacidad"?- hice las comillas en al aire. -Sólo lo hice al principio de conocerte- rió él entre dientes.- Y no es culpa mía, Angela es una excelente transmisora. Bufé y me crucé de brazos, mirando hacia la ventanilla lateral. Sentí los dedos de Edward tomarme de la barbilla e intentando que lo mirara, y me dejé hacer. -Jacob le ha dicho que la ama y que estará con ella siempre, que la idea de ser padre no le parece descabellada- explicó. -Genial. Jacob no me ha decepcionado ¿Y Angela qué piensa? -Angela ya había decidido seguir adelante antes de que él llegara- repuso. Asentí. -Eso lo he notado en su monólogo- sonreí- Sólo quería estar segura.- Suspiré. – Me alegro de que ambos estén de acuerdo y se apoyen. Esto va a ser un giro de 180 grados para sus vidas. -Lo será, sin duda- respondió él, escrutándome la expresión. De pronto deseé cambiar de tema.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Bueno, ahora explícame. ¿Qué iremos a visitar? ¿A qué hotel vamos?- pregunté entre tímida y emocionada, como si fuera nuestra primera cita. Al fin y al cabo aunque hubiéramos pasado algunos fines de semana juntos (cuando las guardias nos dejaban) era el primer viaje de fin de semana que hacíamos. Página | 284 -Al Vintage Park- respondió, con los ojos pegados a la carretera. Mi mandíbula se descolgó y solté un jadeo. -¿El Vintage?- mi voz casi chirrió, haciendo un esfuerzo para no gritar... era el hotel donde mis padres habían celebrado su boda, y además uno de los mejores de la ciudad. Había bromeado con Edward explicándole que seguramente fui concebida entre esas paredes, pues pasaron allá su noche de bodas y yo nací a los nueve meses de ésta. -¿Te parece bien? – me observó con atención, un poco preocupado por mi reacción. Yo estaba abrumada y sólo acerté a cerrar la boca y asentir.- Pensé que te haría ilusión. -Edward- acerté a contestar al cabo de unos minutos- claro que me hace ilusión. ¡Muchísima! Pero es... demasiado. Yo... no puedo pagar eso. Él siguió conduciendo sin tan siquiera mirar a la carretera. No podía evitar estar inquieta cuando hacía eso, aunque sabía que su visión periférica era perfecta y su capacidad de atención era múltiple. Entrecerró los párpados, frunciendo los labios en silencio durante unos instantes. Por fin habló. -Bella. Eres mi invitada este fin de semana. No seas absurda y déjame cuidar de ti- declaró, mirándome con intensidad. Yo no fui capaz de responderle negativamente sin parecer grosera. Suspiré dándome por vencida y le sonreí, volviendo la cara hacia la carretera para desconectar del hechizo de sus ojos. Los árboles pasaban veloces por nuestro lado, mientras el Volvo de Edward se deslizaba por la casi desierta carretera. Empecé a pensar en la situación de mi amiga. En alguna conversación anterior me había dicho que los niños no le gustaban demasiado, que no tenía paciencia con ellos. Opinaba de sí misma que sería una madre horrible. -En cambio, tú serás una madre estupenda. Y encima, pediatra. -No lo creo. A la que el niño tuviera cualquier cosa pensaría en lo más grave. Sería como el "síndrome del estudiante de medicina" pero en peor. Una
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    Cambio De Destino DraBSwan histérica total. De todas formas, no es lo mismo tratar con los hijos de los demás que con los propios. A lo mejor con los tuyos tendrías una paciencia de santa. Página | 285 -¿"Los tuyos"? ¡Ja! Si tengo uno ya será mucho. No tengo muy claro que quiera formar una familia, en serio. No lo tenía muy claro, pero ahí estaba. Inconscientemente me toqué el vientre con ambas manos y suspiré. Siempre había pensado que sería madre. Era hija única, y mi deseo habría sido tener por lo menos tres hijos. No es que estuviera obsesionada con ello ni mucho menos, aún era joven y mi carrera había ocupado todos mis esfuerzos... hasta el momento. Pero el hecho de saber que si seguía con el amor de mi vida jamás podría tenerlos me había despertado un intenso instinto maternal, como si algo dentro de mí se rebelara contra ese hecho. Una idea llevó a la otra y vino a mi cabeza la carita de Daniel. Notaba ese peso en mi pecho cada vez que pensaba en ese pobre niño indefenso. Las pesquisas de nuestro "hacker" particular no habían dado ningún resultado positivo hasta el momento. La mujer podía estar trastornada, pero no era idiota. Si no volvía a actuar no sabríamos nada de ella, pero si volvía a actuar y lo hacía de forma diferente que la última vez... ¿cómo nos enteraríamos? Los casos de Munchausen por poderes podían disfrazarse de muchas enfermedades. Si es que era eso de lo que se trataba y no me estaba volviendo paranoica, cosa que empezaba a plantearme. -Un centavo por tus pensamientos.- A mi lado, la suave voz de Edward me despertó de mis cavilaciones. Giré la cabeza y lo miré. -Pensaba en Ángela.- Obvié ante Edward mi malestar por Daniel. -Todo un cambio en su vida, ¿verdad?- me observó atentamente, sondeándome. Aquello más que una pregunta me pareció una invitación a explayarme. Pero yo ya no quería tocar ese tema, ni ninguno que pudiera entristecerme. Inspiré y exhalé con fuerza, alejándome de toda esa vía de pensamientos. Me esforcé en concentrarme en nuestro aquí y ahora. -Sí, cierto ¿Te importa si pongo música?- dije para cambiar de tema. -Sabes que no- contestó, captando el mensaje.
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    Cambio De Destino DraBSwan Sintonicé una emisora que a Edward le gustaba porque ponía música actual y de otras décadas. En aquel momento sonaba la canción de James Brown, "I feel good". Me reí cuando Edward comenzó a cantarla. En aquel momento parecía exactamente lo que aparentaba: un chico de ventitantos años. Tenía una Página | 286 preciosa voz y no desentonó en ningún momento, pero era divertido verle así, tan diferente de la imagen de competente (y muy sexy) cirujano a la que estaba acostumbrada. Entonaba "cuando te tengo en mis brazos, mi amor, no te haría daño", y aunque no dejó de mirar la carretera me pareció que lo estaba cantando para mí. -Canta muy bien, doctor Cullen- aseguré cuando hubo terminado. -Pues a mí me encantaría escucharte. Jamás te he oído cantar, ni siquiera en la ducha. -No lo hago muy bien. Además, me da un corte terrible cantar delante de ti, así que no esperes que lo haga. -Nunca digas nunca- repuso con suavidad, curvando levemente sus labios. No contesté. Sabía que podía ser muy persuasivo si se lo proponía. Capítulo 29 -Bien, ¿y cuál es el plan?- pregunté. Estábamos parados en medio de la calle, enfrente del hotel, como dos turistas más. El día era típico de Seattle, nublado pero con una temperatura bastante agradable. No parecía que fuera a llover en breve, pero lo más probable era que en un momento u otro cayera alguna que otra gota, así que llevaba un práctico paraguas plegable en mi bolso. Habíamos estacionado el coche en el parking del hotel y, tras firmar en recepción, dejamos las maletas en manos del botones. Ni siquiera habíamos
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    Cambio De Destino DraBSwan visto la habitación. Edward lo había preferido así con la excusa de que teníamos poco tiempo para disfrutar de paseos turísticos en nuestro corto fin de semana, pero yo pensaba que era lo más sabio si de veras íbamos a hacer turismo. Sólo de pensar en estar con él en una habitación de hotel me ponía la libido por las Página | 287 nubes... aún más. -Bien, algo que hemos de hacer por fuerza es subir a la Aguja Espacial. La tenemos aquí al lado, así que podemos hacerlo ahora- repuso él señalándome con un gesto de la mano el más representativo edificio de la ciudad.- Luego tenemos mucho donde elegir. ¿Hay algo que desees ver? Está el mercado Pike Place, el Centro de Ciencias Pacific, nos podemos perder por las calles del distrito histórico... -sonrió viendo que yo asentía a todas sus sugerencias con entusiasmo infantil. -He oído que el Zoológico de la ciudad vale la pena- añadí a sus sugerencias. -No quieres ir al Zoo, Bella- negó, moviendo lentamente la cabeza de uno a otro lado, mirándome fijamente. -¿Cómo que no quiero...?- protesté, y él levantó una mano para detenerme. -Perdona, quería decir que no quieres ir al zoo... conmigo- se puso la mano en el pecho para remarcar la última palabra. Entonces comencé a comprender. -¿Por qué? ¿Sería como una especie de buffet libre prohibido o algo así?- le piqué. -Isabella Swan, tú sí eres una especie de buffet libre prohibido, y no te salto a la yugular a la primera de cambio- sonrió burlón y yo me ruboricé. Era un gran avance en nuestra relación, hacía un mes no se habría atrevido a bromear con ese tema.- Me refiero a que yo no engañaría a los demás animales tan fácilmente como a los humanos. No querrás aterrorizar a esos pobres seres que no tienen la más mínima posibilidad de huída y lo saben, ¿verdad?- sin dejar mirarme puso sus dedos bajo mi mandíbula con suavidad y me di cuenta de que lo contemplaba boquiabierta. Distraída, negué con la cabeza. De pronto mi mente había estado vagando por otros derroteros, recordando la noche en que tomó mi sangre. Sonrió torcido, como si me leyera el pensamiento, pasó su brazo por mi cintura y empezó a caminar en dirección a la Aguja Espacial, arrastrándome con él. Visto lo visto, tenía razón: lo mejor sería alejarse del Hotel.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Vale, Zoo descartado- dije, concentrada en los folletos que había cogido del mostrador de la recepción.- ¡Oh! ¡En el Centro de Ciencias hacen una exposición sobre Harry Potter!- exclamé, mostrándole el papel. -¿Harry Potter? ¿Magos, hechizos, escobas que vuelan? – se burló enarcando Página | 288 una ceja. -Ajá. Y vampiros- repliqué muy seria. -Y brujas- respondió con intención, sujetándome inmediatamente las manos para detener el golpe que iba a propinarle. -Serás...- gruñí. -Me refiero a que me tienes hechizado y todo eso, no te lo tomes a mal- rió. Me besó mientras sujetaba mis manos por detrás de mi espalda y le correspondí con pasión. Se separó unos centímetros de mi cara y pude ver que sus ojos se habían oscurecido levemente. -¿Entonces, empezamos por la Aguja?- murmuró cerca de mis labios, su aliento dulce embriagándome. Tuve que esperar unos segundos para recordar de qué estaba hablándome. A la mierda, llévame a la habitación. Pero no fue eso lo que contesté. -A la Aguja- repuse, intentando frenar mi agitada respiración. *.*.*.* La vista de Seattle a 200 metros de altura era espectacular. -La visibilidad no es muy buena hoy, pero siempre vale la pena subir aquí.- explicó Edward. Asentí, convencida. -Y de noche debe ser increíble- comenté, observando la ciudad desde lo alto. Los lagos Unión y Washington se veían magníficos. -Claro que lo es. Luego lo comprobarás. -¿Qué?
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    Cambio De Destino DraBSwan -He hecho una reserva en el restaurante. Tenemos una mesa... al lado de la ventana. -¿Cómo lo has conseguido?- No debía ser fácil encontrar una reserva libre con tan poca antelación. Página | 289 -Uno tiene sus contactos – guiñándome un ojo me tomó de la mano mientras nos dirigíamos hacia el ascensor. Habíamos decidido pasear por el bonito distrito histórico de la ciudad aprovechando que la lluvia se hacía esperar. Podíamos dejar las actividades a cubierto, como la visita al Centro de Ciencias, para el día siguiente... si es que la hacíamos. No me apetecía encerrarme en ningún sitio, quería disfrutar de ese día con Edward, rondar por las calles, deleitarme de nuevo con la vitalidad, el movimiento, la velocidad y el anonimato de una gran ciudad. Me gustaba la vida tranquila en Forks pero ahora, al estar de nuevo rodeada de altos edificios y con toda esa animación, sentía que mi cuerpo había echado de menos todo eso y vibraba de energía. Tomamos el monorraíl y nos dirigimos hacia Westlake center, otra zona de la ciudad. Posteriormente paseamos por la zona histórica y, bendiciendo nuestra buena suerte climática, compré unos sandwiches para hacer picnic en uno de los bonitos y grandiosos parques de la ciudad. Cuando acabé mi bocadillo, me tumbé sobre el pecho de Edward, que estaba apoyado contra un enorme cedro. Inmediatamente me rodeó con sus brazos y sentí cómo inhalaba y besaba mi cabello. Cerré los ojos, completamente relajada, abandonándome con laxitud a la sensación de ser amada. Jamás había sido una romántica, y a pesar de tener un ejemplo de amor duradero en mi propio hogar no creía en el amor eterno. Pero Edward y su familia me habían demostrado que uno podía continuar seducido por la misma persona durante siglos. Edward me había hablado de la relación que mantenían Esme y Carlisle, Alice y Jasper, y yo misma había sido testigo de cómo se miraban Emmet y Rosalie. Parecía ser una característica de su especie, quizá un instinto, aunque pensado así no sonaba muy romántico. Angela había dicho que Edward sería capaz de pedirme que me casara con él pero que no lo hacía por no asustarme. ¿Tendría razón? Por mi parte, yo me sentía completa e inevitablemente atraída por el hombre que me tenía entre sus brazos. Cada vez que lo miraba sentía el mismo flechazo en mi pecho, el mismo cosquilleo en mi estómago, la misma necesidad de tocarlo, de que me tocara. ¿Sería siempre así?
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    Cambio De Destino DraBSwan -Estás muy pensativa hoy- Edward rompió el silencio y me acarició la piel de la cara con dedos fríos. Su piel amoldaba su temperatura a la del exterior, y empezaba a hacer fresco. -Pienso en cuánto te amo- murmuré. Sentí sus brazos ceñirse con más fuerza a Página | 290 mi alrededor. -Entonces no deberías estar tan silenciosa- noté que sonreía.- Vamos a movernos un poco, comienza a refrescar demasiado para estar en el césped. Además, diría que va a llover- Se puso en pie ágilmente y alargó su mano para ayudarme a levantar. -¿Ya tienes pensado qué querrás hacer cuando acabes la especialización?- me preguntó Edward mientras salíamos del parque cogidos de la cintura. -No sé decirte. Tenía las cosas tan claras hasta que te conocí... y ahora ni siquiera soy capaz de decidirme- el sonrió. -Quizá te dejabas llevar por lo que tu padre consideraba mejor para ti y no era lo que de veras deseabas. -Y quizá ahora me dejo llevar por lo que siento por ti- repliqué.- Me nublas el entendimiento. Pero ¿sabes qué?- añadí rápidamente cortando su réplica- Que me da igual. Lo que de veras deseo es estar contigo, me da igual el sitio. Supongo que por eso no me acabo de decidir. Porque no es important...eh!- Edward me acababa de levantar del suelo con el brazo que me rodeaba la cintura, haciéndome volar para sortear un amplio charco que había cerca de la acera. Una pareja de ancianos pasó por nuestro lado y nos sonrió con simpatía. -Vale, la próxima vez que me vayas a poner en órbita avisa, tengo vértigo- dije, riendo. Seguimos paseando entre las animadas calles de la ciudad durante el resto de la tarde hasta que tomamos un taxi para volver al hotel, pues se aproximaba la hora de la cena. El clima seguía siendo benigno con nosotros y no había llovido en todo el día. -Alice me llamó el otro día-comentó Edward. Estábamos sentados en la parte de atrás del taxi, su pulgar derecho acariciando el dorso de mi mano izquierda. -¿Alice?- inquirí.
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    Cambio De Destino DraBSwan Alice me había llamado varias veces y en todas y cada una de ellas se disculpaba por su comportamiento en nuestro primer encuentro. Rosalie me llamaba una vez por semana y hablábamos de todo un poco. Ahora se le había metido en la cabeza que cuando acabara la especialidad tenía que conseguir un postgrado en Página | 291 Harvard y subespecializarme. Parecía una hermana mayor, y yo estaba segura de que si Charlie la conociera se iban a llevar muy bien. Ella jamás me hablaba de transformarme, pero estaba preocupada porque me labrara un futuro aparte de la relación con su hermano. -Sí, me ha pegado la bronca porque en todo este tiempo que ha pasado su marido es el único Cullen que no conoces. Así que ha organizado una cena. -¿Una cena para los cuatro? -No, una cena con toda mi familia. Si estás de acuerdo- añadió con cautela. Lo cierto es que ya era hora de conocer a la familia de Edward al completo. Hacía tiempo que quería agradecer a Jasper el interés que se había tomado con todo el asunto de Daniel, pero la sola idea de estar sentada a una mesa con un montón de vampiros observándome mientras comía me resultaba un tanto inquietante, y no pude evitarlo. Involuntariamente me recorrió un ligero escalofrío. -Bella, ¿tienes miedo?- Edward se movió en su asiento encarándome con mirada incrédula. -Es que me impone conocer a mi familia política- repuse, sonriendo torpemente. Por si no fuera bastante con la mueca que había dibujado mi rostro, me sonrojé ante su escrutadora mirada. -No puedo creer que a estas alturas tengas miedo de... lo que somos. Y menos después de...- no continuó pero clavó sus ojos en la zona de mi cuello que sus colmillos habían perforado, ahora ya sana y libre de marcas delatoras. -Sí,- confesé- ¿no será una cena un poco rara?-de repente se me acercó tanto que sentí su aliento contra mi oreja. -Tú procura no hacerte ningún corte y todo irá sobre ruedas- susurró en voz apenas audible- lo miré a los ojos y pude detectar la risa brillando en ellos, mientras apretaba sus labios escondiendo la sonrisa que pugnaba por salir a la superficie.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No tiene gracia, Edward Cullen- fruncí el ceño y le di un pequeño golpe intentando apartarlo de mí. Mi cuerpo estaba empezando a responder como lo hacía ante su cercanía. El se apartó un poco sin apartar la vista de mis ojos, esta vez sin ocultar la Página | 292 sonrisa que curvaba sus apetitosos labios. En aquel momento el taxista estacionó delante de nuestro hotel. Edward abonó el importe de la carrera mientras yo salía del vehículo. Cuando el taxi se alejó él se plantó delante de mí con las manos suavemente apoyadas sobre mis hombros. -¿Cuál es el problema? -No sé, me imagino la situación... y no lo puedo evitar- de nuevo mi piel sintió un suave escalofrío. Esta vez él me miró con cierta tristeza. Levantó su mano y rozó apenas la piel de mi mejilla. Esta vez el escalofrío que sentí no tenía nada que ver con la inquietud. -No quiero que te sientas incómoda u obligada, Bella. Les diré que posponemos la cena, ya se me ocurrirá alguna excusa. -¡No!- exclamé, no soportaba ver esa expresión en sus ojos.- No. Tan sólo... no sé, no puedo imaginar estar cenando y vosotros ahí mirándome. Me da apuro. -Ya le dije eso a Esme, pero la pobre pensó que eso te haría sentir más cómoda, más como si fuéramos... humanos. No sabes lo bien que podemos fingir que comemos. Son muchos años de práctica. O podemos comer de verdad y luego irnos al baño a vomitar... -¡Pero vaya tontería! Sé lo que sois, y que finjáis comer o comáis y luego vomitéis la comida o lo que sea que hagáis no me va a hacer olvidarlo. Edward, no le des más vueltas, ha sido una reacción totalmente involuntaria. Ahora lo he pensado mejor y quiero hacerlo. Pero que no sea una cena. Yo llegaré a tu casa ya cenada, y nos podemos reunir en el comedor, cerca de la chimenea...- me sonrojé de nuevo al terminar la frase. No podía evitar pensar en aquella chimenea con la gruesa alfombra frente a ella sin recordar "aquella" noche. -Lo sé- murmuró él mientras sus largos dedos acariciaban mi cuello.-Yo tampoco puedo estar ahí sin acordarme de ti. Sentía el aire más denso a nuestro alrededor. Si seguíamos así al entrar en el hotel dudaba que volviéramos a salir hasta mañana por la mañana como
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    Cambio De Destino DraBSwan mínimo. Le eché un vistazo a la Aguja Espacial, despidiéndome silenciosamente de la cena. De pronto escuché la musical risa de Edward. -Doctora Swan, que usted carezca de autocontrol no significa que a mí me suceda lo mismo- me besó rápidamente en los labios y, tomándome de la Página | 293 cintura, me condujo hacia la entrada del Vintage.- Te he prometido una cena a doscientos metros de altura y la vas a tener- afirmó. ¿Era yo tan evidente o sólo que él era bueno leyendo mis expresiones? Sonreí con timidez y meneé la cabeza. Supuse que ambas cosas. La suite que nos esperaba superaba ampliamente a mi escasa imaginación. Me quedé parada como una estatua en el umbral de la habitación, mirando el interior con la cara de un niño en el día de Reyes. El interior era luminoso, amplio y la decoración era cálida. A través del amplio ventanal y a pesar de la escasa luz del crepúsculo destacaba la majestuosa vista de la Aguja Espacial. Las nubes acariciaban la línea del horizonte, amenazando descargar encima de nosotros toda el agua que habían reservado durante el día. En aquel momento me elevé sobre el suelo y no pude evitar que se me escapara primero un grito y luego una carcajada. Edward me había tomado en sus brazos y entraba en la suite. Me depositó con suavidad en el suelo y le tomé de la mano para explorarla. Tras un pequeño recibidor había una sala con gran sofá y dos sillones dispuestos cerca de una falsa chimenea. Me ruboricé al mirar a la chimenea. ¿Hasta cuándo va a durar esa reacción de mi cuerpo?. A la izquierda de la sala se abría la puerta que daba al dormitorio. Lo presidía una enorme cama de matrimonio, y disponía de otro enorme ventanal similar al de la salita contigua. La visión de la cama no hizo sino potenciar mi sensación de timidez. No me comprendía a mí misma. Había compartido muchos momentos íntimos con el hombre que, de pie a mi lado, me tomaba de la mano suavemente. ¿Por qué de pronto sentía como si fuera nuestra primera vez? Percibí la respiración de Edward, que de pronto era lenta y profunda. -Voy a meter las maletas en la habitación- dijo con suavidad. Liberó mi mano y, giró sobre sus talones. Aproveché para meterme en el baño. Era tan perfecto como el resto de la suite. Disponía de una amplia bañera con jacuzzi a la que se accedía por unos escalones. Dioses... aquí cabemos los dos juntos. Sentí un estremecimiento de placer en mi vientre ¡Contrólate, Isabella! A su lado había una ducha con columna de hidromasaje. Acaricié la suave y fría superficie de la mampara, y
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    Cambio De Destino DraBSwan miré la hora en mi teléfono móvil. Ya me había duchado por la mañana, no necesitaba hacerlo. Tendría que ir arreglándome ya o llegaríamos tarde a la reserva del restaurante. Me giré para ir a buscar mi maleta y choqué contra el duro cuerpo de mi novio, Página | 294 al que no había percibido a pesar de estar casi pegado a mi espalda. Reboté contra él de tal forma que tuvo que tomarme por la cintura para evitar que me cayera hacia atrás. Apoyé mis manos en su pecho y alcé la cara para recriminarle que no me hubiera avisado de su presencia, pero no pude hablar. Su expresión era contenida pero sus iris eran oscuros. Jadeé. Durante unos segundos nos quedamos paralizados, sólo sentía, sentíamos, el vertiginoso latido de mi corazón. Él no respiraba, y me di cuenta de que yo tampoco cuando sentí la imperiosa necesidad de inhalar una bocanada de aire. Él cerró los párpados durante unos instantes y suspiró. Al abrirlos vi que sus ojos volvían a tener el cálido tono ámbar. -Me pones difícil lo del autocontrol echándote de esa manera en mis brazos, Bella- sonrió. Iba a contestarle que si no se acercara tanto a mí o por lo menos avisara de ello no provocaría que mi conocida torpeza se manifestara, pero lo dejé en un rápido: -Vale. Abrí mi pequeña maleta y saqué el vestido que había traído, la ropa interior, los zapatos y mi neceser de maquillaje y me encerré en el baño. La cena en el cielo de Seattle empezaba a pender de un hilo tan fino que no habría podido soportar el peso de una araña, y esa era la mejor manera de evitar tentaciones por ambas partes. Me puse el vestido, era quizá demasiado ligero para esa época del año pero el fin de semana nos había bendecido con temperaturas agradables y lo aproveché. Unas finas medias negras que me llegaban hasta la parte alta del muslo y unos zapatos de tacón completaban el conjunto. Me quité la goma de la coleta y peiné mis rebeldes ondas hasta que cayeron con suavidad por mi espalda. La imagen del espejo me devolvía una mirada brillante y unas mejillas sonrosadas producto del estado de excitación en el que me encontraba, por lo cual me limité a delinearme los ojos, ponerme sombra de ojos en marrón y beige, rimmel y pintarme los labios con un tono melocotón. Me miré en el espejo satisfecha con el resultado. Respiré profundamente, abrí la puerta del
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    Cambio De Destino DraBSwan baño y me dirigí a la habitación. Supuse que Edward ya se habría arreglado. Cuál fue mi sorpresa al encontrarme una nota sobre la mesa de la sala, donde distinguí la elegante caligrafía de mi novio. Página | 295 Bella, te espero en recepción. E. Pues vaya. ¿Qué mosca le había picado ahora? Tomé mi bolso y la chaqueta y salí de la suite, un poco contrariada. Al salir del ascensor miré a mi alrededor buscando a Edward.
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    Cambio De Destino DraBSwan Capítulo 30 Página | 296 BPOV -¿Bella? ¿Bella Swan?- me giré hacia donde provenía la voz y reconocí a James Watson. Iba acompañado de un hombre joven alto y moreno. Y bastante atractivo, por cierto. Ambos vestían smoking. -Hola... James– él y yo estrechamos las manos. ¿Qué hacían en el hotel? -Estamos en uno de los salones privados del hotel- dijo, contestando a mi silenciosa pregunta.- Nos hemos reunido algunos miembros del staff del Infantil con varias fundaciones privadas para conseguir apoyo a proyectos de investigación que se van a realizar en nuestro centro en un futuro próximo- señaló con la mano al hombre que había a su lado.- Te presento a Garret Randall, es uno de nuestros cirujanos pediátricos. Garret, esta es Bella Swan, la residente de pediatría que perdimos por error. Tendí la mano al tal Garret y él me correspondió, manteniendo el contacto durante unos segundos más de lo esperado. -Espero que no sea un error imposible de solucionar, Bella - sonrió de forma encantadora. En aquel momento percibí movimiento a mi lado y un posesivo brazo ciñéndose fuertemente a mi cintura. -Bunas noches, James, Garret- Edward había aparecido de la nada y tendía la mano para saludar formalmente a ambos hombres. Recordé que él había rotado durante unos meses por cirugía pediátrica del Hospital Infantil de Seattle, así que estaba claro de qué los conocía. Lo que no entendía era la frialdad con que chocaron las manos Garret y él. No me hubiera sorprendido si alguno de los dos luego se hubiera restregado la mano por la chaqueta. -Bella, tenemos que irnos ya o perderemos la reserva. Garret, James – Edward saludó con la cabeza a uno y otro y sin esperar respuesta comenzó a tirar de mí hacia la puerta. Apenas pude despedirme con un gesto y una sonrisa de disculpa.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Perdona- dije una vez cruzamos las puertas del hotel- ¿Se puede saber qué mosca te ha picado? Primero desapareces de la habitación, luego apareces y te comportas como... -Un borde- me interrumpió y yo asentí, suspirando. Seguíamos caminando en Página | 297 dirección a la Aguja, y Edward en ningún momento había aflojado su agarre. -He preferido esperarte abajo porque de veras quiero que cenes allí, conmigo. Cosa que habría sido imposible si hubiera estado en la habitación en el momento en que salías del baño vestida de esa forma- me acarició de pies a cabeza con la mirada y sentí calor - En cuanto a lo de la recepción, es una pequeña larga historia. -Esas son las mejores-le pinché. -De acuerdo- tomó aire con fuerza.- Ya sabes que roté durante unos meses por cirugía pediátrica del Infantil- asentí.- Mi relación con Garret era cordial, hasta que una de las residentes se fijó en mí. Se llamaba Kate, y él estaba colado por ella. Yo lo sabía por haberle leído los pensamientos, él no lo quería hacer evidente en aquel momento. Ya sabes que está muy mal visto que un adjunto y una residente tengan una relación- volví a asentir, eso no era diferente de mi país. -¿Y qué pasó?- sentí una punzada de celos al pensar que la atracción de Kate por Edward pudiera haber sido correspondida. -Que le gusté a Kate y ella sí se encargó de que fuera algo evidente, ante la impotencia de Garret, quien no podía competir conmigo sin quedar mal ante sus compañeros. Él estaba esperando a que ella, que era residente de último año, acabara la especialidad para cortejarla. -Que sepas que eres el único hombre que conozco que aún usa la palabra cortejar, deberías decir ligársela o algo así- bromeé.- Pero tú no tienes la culpa de estar tan bueno- continué, y él sonrió ampliamente. -Como si hubiera algo racional en los sentimientos, Bella- replicó, negando con la cabeza. Ya habíamos llegado a nuestro destino, el ascensor para subir al restaurante. Sólo estaba permitido el acceso a quien iba con reserva confirmada. Subimos en silencio, acompañados por un pequeño grupo de personas. Una vez en el local nos acompañaron a nuestra mesa, situada al lado del ventanal, como
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    Cambio De Destino DraBSwan Edward me había prometido. El lugar estaba atestado, y aún así nuestra mesa estaba lo suficientemente separada del resto para darnos un ambiente muy íntimo. -Ahora sé por qué le caes mal a Garret... los celos son una buena razón ¿Pero Página | 298 por qué te cae mal él? - inquirí, abriendo la carta que nos acababa de entregar el maitre. -No me caía mal... hasta ahora- contestó él mirando la carta fijamente. Alargué la mano y se la retiré, alzando una ceja.- Está bien... es que no me ha gustado lo que pensaba cuando te saludaba. No se ha cortado un pelo y te aseguro que tiene una imaginación muy gráfica- me miró frunciendo el ceño, al tiempo que yo me sonrojaba. -Entonces lo suyo con Kate no prosperó. -Pues por lo que he leído en su cabeza al final prosperó. Llevan un tiempo saliendo, pero al parecer la relación ya no es tan fantástica. Pero eso no le da permiso a ese Donjuán para pensar ciertas cosas sobre mi chica. -Él no sabía que soy tu chica. -Ha seguido pensándolo hasta que hemos desaparecido por la puerta, Bella. Y ya estaba claro que estamos juntos- replicó secamente. -Está bien, cambiemos de tema- contesté dulcemente, no quería discutir con él por una tontería.- En esta carta hay platos con un aspecto delicioso. No sé qué pedir. -Yo sí sé qué pedir, y no está en la carta- murmuró él. Alcé la mirada y me quedé sin respiración ante la intensidad del deseo que se reflejaba en sus ojos. En aquel momento se aproximó la maitre. -¿Han decidido ya los señores? -Me parece que pediré una ensalada Skycity y un pastel de verduras de temporada. Ah, también agua y una copa de Merlot Leonetti del 2004- dije en un hilo de voz, sin poder dejar de mirar a Edward. -¿Y el señor?
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    Cambio De Destino DraBSwan -Yo no tomaré nada, gracias- Edward le devolvió la carta sonriendo pero sin apartar sus ojos de los míos. -¿Está seguro? Servimos medias raciones si lo que sucede es que tiene poco apetito- la camarera era insistente. Y no me gustaba cómo miraba a Edward. Página | 299 -No se preocupe. Ahora no tengo apetito- la miró durante un par de segundos, sonriendo, ante lo cual ella parpadeó varias veces- Comeré más tarde- añadió lentamente, mirándome con fuego en los ojos. La sangre se agolpó en mis mejillas mientras la camarera emitía un leve carraspeo y se marchaba un tanto precipitadamente. -Has asustado a la camarera. -Mejor. Se estaba poniendo demasiado insistente- repuso, sin variar la intensidad de su expresión. -Si no dejas de atormentarme con esa mirada, creo que no podré comer. La verdad es que me están entrando unas ganas tremendas de salir de aquí- susurré. Él suavizó la fuerza de sus ojos y me tomó de las manos. -No. Quiero que disfrutes del lugar, de la comida y de la vista... incluso con la lluvia es hermosa- entonces miré hacia fuera y comprobé que una fina lluvia había hecho su aparición. -Ya tardaba. Por lo menos hemos disfrutado de un buen clima hasta el momento- suspiré, entrelazando mis dedos con los suyos. El resto de la cena, mi cena, transcurrió en una amena charla. A petición suya, le conté a Edward historias de cuando era niña. Le gustaba mucho escuchar todo lo relativo a mi vida antes de conocerle. -Siempre quise tener un hermanito, pero Renée tuvo una infección uterina poco después de tenerme, y le tuvieron que hacer una histerectomía. Ya sabes, seguramente fue el "síndrome del recomendado". -Lo sé, todas las complicaciones más raras aparecen en el personal sanitario. Ese síndrome no es una leyenda. Lo siento por Renéé. Bebí un trago del estupendo vino tinto que nos habían servido. Tenía que controlarme o Edward tendría que llevarme en brazos al hotel. Aunque no era mala idea... dios, contrólate, lujuriosa.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Sí, lo pasó mal, y yo no ayudé con mi insistencia durante años en pedirle un hermanito- me encogí de hombros.- Así que me apuntaron a diversas actividades, para que me relacionara con niños de mi edad. ¡Hasta me apuntaron a ballet! Llorarías si me vieras bailar, si la tierra pudiera abrirse y Página | 300 tragarme lo haría- sonreí negando con la cabeza, mientras me metía un trozo de pastel de verduras en la boca. Estaba realmente delicioso. -No lloraría. Si no pudiera conseguir que bailaras bien sería mi falta, no la tuya- repuso. Sonreí y pensé para mis adentros que ni siquiera él conseguiría el milagro de que mis pies se coordinaran al bailar.- ¿Cuál era tu hobby favorito, entonces? -La actividad que más me gustaba de las que me apuntaron fue un curso de astronomía de verano. Disfruté aprendiendo a manejar un telescopio, y a mirar el cielo, las constelaciones... ahora ya se me ha olvidado cómo son las estrellas. No recuerdo una noche completamente despejada desde que vine aquí hace meses- sonreí un poco triste. -Sí, yo también las echo de menos... Bella, podemos ir a buscarlas- dijo con súbita pasión.- Podemos irnos de viaje a otros sitios, quiero redescubrir el mundo contigo, Seattle jamás me ha parecido una ciudad tan atractiva como estas horas en que la he visitado a tu lado. -Pero no podemos... tienes que huir del sol- repuse, confundida. -El sol no va a hacer que me transforme en una antorcha, amor. Sólo tengo que evitar permanecer demasiado tiempo bajo sus rayos porque me va debilitando, pero a mi edad puedo aguantar casi una hora. No quiero que te sientas limitada por estar conmigo. -¡No! No me siento limitada... bueno, en algunas cosas sí, pero me compensa todo lo que me das- le tomé las manos y me las apretó. -Desearía poder dártelo todo. Desearía que no echaras nada de menos por estar conmigo. -Ya me lo das todo, Edward. Y tú tienes mi cuerpo, y mi alma- susurré perdiéndome en su mirada. -¿Desean algo de postre? -la camarera cortarrollos me sobresaltó con su pregunta. Me tendió la pequeña carta y le eché un vistazo rápido mientras ella recogía los platos.
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    Cambio De Destino DraBSwan -La tarta "Tentación de chocolate", por favor- le tendí la carta algo bruscamente por haber explotado nuestra burbuja. Ella la tomó y miró a mi novio por unos breves instantes, como esperando que aún fuera a pedirle algo de comer, pero suspiró y se retiró. Página | 301 -Ha parado de llover- dijo él, mirando por el ventanal pensativamente. Admiré su perfil mientras intentaba interpretar su expresión. Parecía preocupado, pero él era mucho mejor que yo ocultando sus emociones. -Un dólar por tus pensamientos- dije, repitiendo la frase que él me dijera horas antes. Volvió su atención a mí y sonrió misteriosamente. Iba a protestar por su silencio cuando en aquel momento la camarera dejó el plato del postre delante de mí. El nombre era muy apropiado, porque sólo mirar esa obra de arte de la repostería era pecado. Cogí una cucharada y me la puse en la boca. Al sentir el dulce sabor llenando mi boca cerré los ojos y se me escapó un gemido involuntario. Cuando los abrí Edward estaba mirándome febrilmente. Percibí el calor en la piel de mi rostro y me mordí el labio. Él se removió en la silla e inspiró profundamente. Tomé una segunda cucharada y la metí con mucha lentitud en mi boca, volviendo a cerrar los párpados durante unos segundos. Cuando los volví a abrir una de sus manos aferraba con fuerza el borde de la mesa, que casi podía oír crujir, y la otra estaba tensa como una garra sobre la servilleta. Su mirada se movía entre mi boca y mis ojos, brillante y oscura. En aquel momento pensé que lo más prudente era parar. Pero no podía. Tomé una nueva cucharada y observé cómo él seguía hipnotizado el pedazo de tarta desde el plato hasta mi boca. Mi mano tembló y antes de que el dulce llegase a mis labios cayó sobre el mantel. Tomé el pedazo entre dos dedos, lo deposité en el borde del plato y me llevé la mano a la boca, lamiendo el chocolate con un nuevo gemido de placer. Edward me tomó la mano y la apartó de mi boca, llamando a la camarera con la mano libre. -Todavía no he terminado -protesté débilmente. Su mano sujetaba la mía con firmeza y mi respiración se hizo superficial. -La cuenta, por favor- dijo cuando se acercó la joven. Habló educadamente pero sin apartar sus abrasadores ojos de los míos. Subimos al ascensor sin que Edward me soltara de la mano. Había en él media docena de personas además de nosotros, todos volviendo de la velada en el restaurante. Busqué su mirada pero él se dedicó a mirar hacia el techo del
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    Cambio De Destino DraBSwan ascensor. En cuanto llegamos a la planta baja y se abrieron las puertas se lanzó hacia la calle, casi arrastrándome en dirección a nuestro hotel. -Edward, se puede saber q... –no pude continuar. Me había tomado en brazos y sin darme cuenta me encontré contra la pared de un callejón cercano al hotel. Página | 302 Miré hacia los lados para situarme. Unos contenedores tapaban la vista desde la calle. Pensé que debían ser del propio hotel. Edward estaba de pie frente a mí respirando dificultosamente, y a pesar de la escasa luz del callejón pude ver el deseo encendiendo sus ojos. Apoyó una mano a cada lado de mi cabeza; estaba presa entre sus brazos y su cuerpo. Mi corazón latía con fuerza, esperando su siguiente movimiento. -Bella, ¿qué pretendes? Ha faltado poco para que te tumbara encima de la mesa del restaurante y te follara delante de toda esa gente- susurró apretando su frente contra la mía. -Lo siento – musité. No se me ocurrió nada más original. Lo cierto es que sentirme tan deseada por él me hacía comportarme de forma que a veces ni yo misma me reconocía. En cierta forma su deseo me hacía sentír poderosa, y como una pequeña tirana quería probar hasta dónde llegaba mi poder. Y a veces me pasaba... como ahora. De repente me tomó ambas muñecas con una sola de sus manos y las sujetó sobre mi cabeza. -¿Lo siento? Eso no es suficiente – siseó, rozándome el cuello con sus labios. Me estremecí. Tomó el bordillo de mi falda y lo subió, introduciendo la mano libre por debajo, acariciando mi piel. Yo llevaba puestas unas medias hasta medio muslo. Acarició la blonda de la prenda, y siguió subiendo. Jadeé cuando sus dedos fríos se introdujeron entre la seda de la ropa interior y mi piel. -¿Qué haces?-susurré mirando a ambos lados y por encima nuestro para asegurarme de que nadie estuviera mirándonos. -Sólo quiero que te sientas como yo- murmuró con el más intenso anhelo reflejado en su rostro.
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    Cambio De Destino DraBSwan Sentí uno de sus dedos invadiendo mi interior y me mordí el labio para no gritar. Intenté zafarme de su agarre pero fue completamente imposible. Él curvó el dedo y lo movió despacio por mi interior, torturándome. Sentí fluir mi humedad entre las piernas y él dibujó una sonrisa indecente. Mi vientre se Página | 303 contraía casi dolorosamente por el deseo, mientras reprimía un gemido. Él acercó su boca a la mía y me besó con sensualidad, su lengua me acariciaba y me torturaba tanto como su mano en mi interior. -Para- supliqué, separando mi boca de la suya, jadeando.- Ya he comprendido el mensaje. -No puedo parar. Estás tan mojada que me muero por probarte- diciendo esto se agachó, me quitó las braguitas y de un solo movimiento colocó mis piernas sobre sus hombros, apoyándome contra la pared. Hundió su boca en mí sin piedad. Yo apenas era consciente de la dureza y humedad de la pared que tenía detrás de mí. Sólo existía la boca de Edward, su lengua, sus dientes. Me llevé una mano a la boca y me la mordí, porque lo que él me hacía me estaba volviendo loca y necesitaba gritar, pero no debía. -Joder, Edward, ¿quieres matarme?- gemí, cerrando los párpados con fuerza, enredando una mano en sus cabellos, y mordiéndome el puño. Sentí su aliento contra mi hipersensible piel cuando rió por lo bajo. -Quiero devorar hasta la última gota de tu excitación, amor, pero te dejaré viva. Abrí los ojos y miré hacia abajo. La negrura de su lujuria se clavó en mi interior y me hizo arder, consumiéndome. ¿Cuándo iba a parar esta tortura? ¿Se podía morir de placer? Mordí más fuertemente mi puño y sentí el sabor de mi sangre en la boca. Mis entrañas se contraían, un placer tan intenso y doloroso que apenas podía respirar. No esperaba lo que sucedió al siguiente instante. Edward separó un momento su cara de entre mis piernas e inspiró profundamente clavando sus pupilas en mis ojos. Oh, dios, la reconocía, era "esa" expresión. Mi corazón se desbocó y escuché un gruñido que me llegó desde lo más profundo de su pecho. Cerré los ojos cuando noté su lengua lamerme la ingle y lo siguiente que sentí fue un latigazo de placer que me convulsionó todo el cuerpo, una, y otra vez, en oleadas que no cesaban, mientras sentía que caía, caía en un pozo sin fondo, pero no me importaba, porque estaba en sus brazos.
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    Cambio De Destino DraBSwan En sus brazos... cuando abrí los ojos Edward me observaba con una extraña expresión en la cara, mezcla de varias emociones. Deseo. Amor. Culpabilidad. Levanté una mano y le acaricié el rostro. -Lo siento- susurró. Miré atentamente sus ojos y lo comprendí. Página | 304 -Me has mordido- él asintió lentamente. -Te he tomado sin pedirte permiso. Me juré a mí mismo que si lo volvía a hacer sería si ambos lo deseábamos, como la primera vez, y ni siquiera te lo he pedido. He olido la sangre de tu mano y he perdido el control. Lo siento- repitió. No sabía qué decirle. Lo que experimentaba cuando él bebía de mi sangre era tan intenso que no se podía comparar a otras sensaciones, pero pensándolo con la cabeza fría no era muy sano estar sufriendo sangrías repetitivas. Además, Edward confiaba mucho en su autocontrol y perderlo le hacía sentirse débil, y lo que era peor, cuestionarse mi seguridad a su lado. Una parte de mí, quizá la más pervertida, veía claro que él, mi amor, estaba sufriendo por lo que acababa de hacer, y no estaba de acuerdo porque justamente eso me había llevado a tocar el cielo. Y esa parte fue la que ganó finalmente cuando acuné su cara entre mis manos. -Te quiero. Y me haces muy feliz, me hace feliz entregarme a ti en todos los sentidos. No sabes lo que siento cuando bebes de mí, es algo... es tan placentero que parece insoportable. -Entonces sentimos lo mismo. Pero yo no debería perder el control, tu seguridad depende de eso. -Edward, no...- me besó en los labios interrumpiendo lo que iba a decirle y me ayudó a levantarme, colocándome bien la ropa. -Bella, seguiremos hablando en el hotel- dijo.- Será mucho más cómodo y seguro. -De acuerdo- repuse a regañadientes. Intenté no pensar en la pinta que debía llevar yo con la ropa bastante arrugada, y en que no llevábamos unas buenas gafas de sol para tapar los rojizos iris de mi novio vampiro. ¿Pero quién iba a pensar que nos harían falta unas gafas de sol en Seattle?
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 305 Capítulo 31 EPOV Llegué al ascensor esquivando cualquier presencia humana. Bella habría llegado ya a nuestra habitación. Habíamos decidido volver separados y ella se marchó primero. Yo no tenía forma segura de evitar encuentros si iba a su ritmo, y el color de mis ojos en estos momentos era más que extraño. Una vez dentro del ascensor levanté la vista y miré al hombre del espejo. Mi alma cayó a mis pies sin poder evitar los negros recuerdos de mi pasado. La primera vez que bebí de Bella no me había visto los ojos. Hacía tiempo que no veía esa expresión y me avergoncé de mí, de lo que acababa de hacerle al ser que amaba más en el mundo. De pronto me asaltó el temor antes de abrir la puerta. Podía soportar mi propio desprecio, pero no el suyo. ¿Qué pensaría ella de mí?
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    Cambio De Destino DraBSwan Cuando abrí la puerta de la habitación estaba deprimido, de mal humor, e irritado conmigo mismo por mi carencia de control. Era un egoísta y no podía renunciar a estar con Bella, pero veía que tampoco podía garantizar que ella estaba segura conmigo y eso era un pensamiento que me torturaba. Me Página | 306 avergonzaba de mí mismo. Qué manera más estúpida de estropear una velada deliciosa. La luz de la habitación estaba muy atenuada. Me llegaba el sonido del agua desde el cuarto de baño y al entrar en la habitación vi que la ropa de Bella estaba doblada encima de una silla. Incluida la ropa interior. Desde la distancia podía oler sus braguitas, me acerqué y las tomé en mis manos. Casi me volví loco de deseo al oler en la misma prenda los dos aromas que más me enloquecían, la húmeda excitación de Bella y su sangre. Mi culpabilidad estaba desapareciendo arrastrada por la fuerza de mis instintos. Estaba embriagado, necesitaba aire fresco, necesitaba controlarme, y dejando la prenda donde estaba salí al balcón. Estaba volviendo a llover pero no me importaba mojarme, me ayudaba a sentir de nuevo el dominio de mi propio cuerpo. Las luces de la ciudad parpadeaban bajo la fina lluvia y por un momento pensé que yo también echaba de menos mirar las estrellas. Sentí el latido de Bella acercarse a mí, sus brazos rodeándome la cintura, su cuerpo adherirse al mío. -Te vas a resfriar- su broma apenas sonó como un susurro.- Ven- dijo, tomando mi mano y tirando de ella. Me fijé en que llevaba puesto uno de los albornoces del hotel. -Bella, yo...-me silenció colocando sus dedos sobre mis labios mientras con la otra mano cerraba la puerta de la terraza. -Antes no me has dejado hablar. Aún es mi turno- dijo, plantada frente a mí, mirándome con aquellos ojos tan profundos. -No era buen momento... allá en el callejón. Tú sí te puedes resfriar- me disculpé. -Sí, la verdad es que me entra frío sólo de verte con esta ropa mojada- dijo muy seria.- Te ayudaré a quitártela. Mientras quiero que me escuches bien, Edward. Me retiró la chaqueta y comenzó a desabotonarme la camisa, lentamente. Observé sus manos blancas y finas trabajando.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Sabes qué me pasa estos últimos meses? Que es como si hubiera empezado a vivir. Es como si mi vida anterior, mis amigos, mis recuerdos... todo estuviera en blanco y negro. Sólo Charlie y Renée me atan a esa vida. Mi verdadera existencia empezó el día que llegué a Forks. Mi amistad con Ángela, el hospital, Página | 307 mis compañeros... todo es más real, más nítido, como si lo de antes fuera un sueño. Porque por encima de todo estás tú. Tú... –hizo una pausa, buscando las palabras y agitó bruscamente la cabeza- dios, qué cursi va a sonar esto pero no sé otra manera de decirlo... tú has iluminado mi existencia. Tú eres mi vida, Edward. ¿No lo ves? Estoy hecha para ti. Y acepto lo que eres con todas sus consecuencias.- Diciendo esto me retiró la camisa y empezó a deshacerse de mi cinturón. La escuchaba, sin respirar, atento a cada una de sus palabras, su modulación, su significado. Mis ojos iban de los suyos al resto de su cara, estudiando cada uno de sus cambios expresivos. -Quiero sentir que soy tuya, y no me importa, ¿me escuchas, cabezota?-dijo tomando mi cara entre sus manos y clavándome su cálida mirada- no me importa que bebas de mí. No es sólo por el casi insoportable placer que me haces sentir, es también la sensación que me queda después. Es como mezclarme contigo, saber que una parte de mí corre por tus venas... lo sabes, ¿verdad? –la abracé con fuerza, apretándola contra mi pecho. Estallaba de felicidad al escuchar sus palabras pero no podía dejarme llevar, no podía olvidar. -Bella... amor mío... es peligroso para ti que yo pierda el control. Nunca me crees cuando te lo digo. -Edward, estás exagerando, como siempre. Si me hubieras pedido beber de mí te habría dicho que sí y tú eso lo sabes. Por eso te has dejado llevar- se soltó de mi abrazo y agachándose me quitó los pantalones y los boxer en un solo movimiento. Por un momento pensé que había usado velocidad vampírica, y sonreí internamente ante la idea – Ven, Edward.- Tiró de mi mano y abrió la puerta del baño. Una nube de vapor se escapó del interior y nos sumergimos dentro. El jacuzzi estaba preparado, y no sólo eso, el iPod de Bella tenía un pequeño altavoz incorporado. La miré admirado. Sin dejar de mirarme a los ojos se estiró un poco para darle al "play" del aparato. -¿Intenta seducirme, doctora Swan?- pregunté alzando una ceja. Como única respuesta ella sonrió tímidamente.
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    Cambio De Destino DraBSwan Bella se quitó el albornoz y siguió tirando de mi mano hasta que ambos estuvimos dentro del jacuzzi. Entonces se sentó a horcajadas sobre mí y empezó a besarme la cara, el cuello, los hombros. Mi excitación no tardó en hacerse notoria al tiempo que cualquier sentimiento de culpa se esfumaba con Página | 308 el vapor. Sus manos me acariciaron dulcemente el pecho, el abdomen... cerré los párpados abandonándome a lo que me hacían sentir mientras iban siguiendo hacia abajo, y escuché un levísimo siseo cuando su mano derecha tocó el agua. -¿Te duele?- pregunté tomando la mano que ella misma se había mordido. -Sólo me ha escocido un poco al tocar el agua. -Déjame ver- dije, examinando la herida. Me había concentrado en la deliciosa sangre que fluía de la suave piel de su ingle y había olvidado la mano. Observé un hematoma en su dedo índice y dos pequeñas incisiones superficiales. La escasa sangre que había brotado de esa herida había sido suficiente para terminar de enajenarme y empujarme a morderle la vena que tenía más cercana... la femoral. Suspiré y alcé la vista. Bella me miraba con cierta vergüenza.- Se supone que aquí el que muerde soy yo – bromeé curvando mis labios. -Era eso o gritar... no sé qué te parecía mejor opción dadas las circunstancias. Ah...-jadeó al sentir mi boca y mi lengua sobre su mano. Lo hacía para curarle la herida pero su respiración se estaba agitando y sus latidos golpeaban con fuerza su pecho. Su reacción y el sabor de su piel hacían que mi erección fuera ya tan dolorosa que no podía esperar a hundirme en ella. -Si vuelve a suceder prefiero que me muerdas a mí- la tomé de las nalgas y la desplacé más cerca de mi dureza. Se le escapó un leve suspiro al sentirme tan cerca. -¿Quieres decir que volverá a suceder?-me miró a través de sus largas pestañas, mordiéndose el labio inferior. -Pervertida -murmuré, mordiéndole suavemente un dedo. -Pervertidor- devolvió en un susurro. -Si me provocas lo suficiente, y parece que disfrutas con ello, volverá a suceder. Y tú serás la responsable de las consecuencias – advertí.
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    Cambio De Destino DraBSwan Entonces de un solo movimiento la alcé y la coloqué sobre mí; me fui introduciendo en ella despacio, disfrutando de cada milímetro que avanzaba entre sus abrasadoras paredes. La abracé por la cintura, disfrutando del tacto de su piel desnuda, tibia y húmeda en contacto con la mía, del latido de su Página | 309 corazón golpeando mi pecho. Ella se acercó más y, rodeándome el cuello con sus brazos, reclinó su cabeza con abandono sobre uno de ellos. Repartí besos suaves por toda la línea de su cuello, inspirando sobre su piel, llenándome de su olor. Bella empezó a moverse suavemente al sentirme completamente dentro de ella. -No. No te muevas- pedí con dulzura. Quería frenar el tiempo, quedarme así para siempre, dentro de ella, abrazado a ella y por ella. Ella gimió levemente protestando y sonreí sobre su piel- Sshhh. Déjate llevar. Percibía el sonido del aire y el suave movimiento de su pecho al respirar, y en aquel silencio podía escuchar la sangre fluyendo bajo su piel. Todo su cuerpo me hablaba y en silencio me proclamaba su amor. Puse mis manos sobre sus caderas y las mecí con suavidad pero con firmeza, sintiendo el tormento que sus cada vez más apretadas paredes imponían contra mi miembro. Ella se dejó llevar dócilmente, su aliento cerca de mi cuello, cada vez más superficial, cada vez más quejumbroso. La presión en mi vientre me hacía sentir la urgencia de acelerar el ritmo pero me controlé. Quería más de ella. -Oh, Edward- casi sollozó. Ninguna música podía compararse a este sonido, mi alma vibraba cuando ella cantaba su placer. Deslizó sus manos alrededor de mis hombros, mis brazos, buscando las mías, liberándolas de sus caderas y entrelazándolas con las suyas. Se irguió y me miró al interior de los ojos, clavándome sus ojos profundos, húmedos y brillantes de amor y deseo. Con nuestros dedos entrelazados nos movimos uno con el otro, sincronizadamente. -¿No decías que nadie podía hacer que bailaras? Estás danzando conmigo- susurré contra su boca, que se curvó al escucharme. Lamí sus labios entreabiertos y su boca me abrió paso. Mi lengua y la suya se entrelazaron con dulzura, siguiendo el ritmo de nuestros cuerpos. -Edward-gimió y se separó de mi boca una fracción de centímetro.- No puedo más. Lo necesito.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿El qué necesitas, amor?- la apremié, mientras lamía un punto debajo de su oreja, aquél que la volvía loca. -A ti. Más profundo. Más fuerte- se quejó fuertemente. Página | 310 -¿Y cómo se pide?- la mortifiqué. -Por favor- casi chirrió su voz mientras contraía el interior de su pelvis contra mi erección. Liberé sus manos y ella las entrelazó en mi nuca. La tomé de las caderas y me moví profundizando la invasión de su cuerpo. Ambos gemimos con fuerza. Me sumergí en su mirada chocolate y ella se perdió en mis ojos, mientras salía y volvía a introducirme en ella, una y otra vez, aumentando el ritmo. Ella sincronizó sus movimientos con los míos intentando aumentar el roce pero yo no se lo permitía. -Voy a hacer que vuelvas a desmayarte, amor- dije, y bajando la cabeza tomé uno de sus pezones entre mis labios, succionando y mordiendo, lamiendo y rozando. Ella gemía ya totalmente abandonada a sus sensaciones, echando la cabeza hacia atrás y cerrando los párpados. Hasta que su cuerpo explotó. -¡Edward!- gritó, y se arqueó bruscamente hacia atrás, temblando. Sentí su convulsión en mi miembro y ya no pude controlarme más. Mi orgasmo se liberó y me golpeó con tanta fuerza que creí que sería yo el que se desmayaría. Me vertí en su interior abrazándola con fuerza, queriendo fundirme con ella en ese instante íntimo, momento en el cual ella se convulsionó por segunda vez y me mordió el cuello con fuerza ahogando un segundo grito sobre mi piel. Las descargas de placer sacudieron nuestros cuerpos una y otra vez, golpeándonos como las oleadas de un mar embravecido. Cuando la marea se retiró y nuestra jadeante respiración se calmó acaricié a la mujer que amaba recorriendo su espalda de arriba abajo. Estaba completamente exhausta, derrumbada sobre mí, y creo que se mantenía erguida sólo porque yo la sujetaba. Pero noté que aún estaba consciente. Chasqueé la lengua fingiendo disgusto. -Vamos a repetirlo, amor. No he conseguido que pierdas la conciencia – murmuré.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Mmmm. -Si no me dices que no, lo haré. Ni siquiera he salido de ti y noto que casi vuelvo a estar preparado- añadí pícaro. Página | 311 -Mmmm- contestó ella elevando el tono un poco más. -Vale, en la escala de coma de Glasgow eso es casi equivalente al desmayo- añadí con petulancia. Lo cierto es que no había mentido, mi cuerpo estaba ya listo para un segundo asalto y así se lo demostró. Cuando Bella lo notó toda su astenia desapareció y se irguió bruscamente, mirándome con los ojos como platos. -Te lo advertí - hice una mueca como disculpándome. Me moví dispuesto a abandonar su cálido refugio pero ella me detuvo. Esta vez fui yo quien la miré con los ojos como platos, al tiempo que ella se mordía el labio inferior.- ¿Eres insaciable? -No tanto como usted, doctor Cullen- susurró con voz ronca, entrecerrando los párpados. -Si mañana no puedes caminar no te quejes- la reprendí sonriendo mientras empezaba a mecerme con su cuerpo, de nuevo. -Lo prometo- aseveró ella y envolviéndome, me clavó las uñas en la espalda. Suspiré. BPOV - Buenos días, amor- sentí los labios de Edward posarse en mi hombro, sus brazos alrededor de mi cuerpo, una de sus piernas encima las mías y la otra enredada entre mis tobillos. Mis ojos no me obedecían. Mis músculos se negaban a funcionar, pero existían, porque si no no me dolerían, pensé con lógica. Sobre todo los de cintura para abajo. La conciencia fue llenando mi presente, y recordé la noche anterior. Todo. Desde la cena al jacuzzi, pasando por el callejón. Y el mordisco. Por lo menos esta vez no estaba en un sitio visible, volví a pensar con lógica aplastante. Estaba tan extenuada que no podía sentir nada más que una tremenda laxitud. Ni pudor, ni excitación, ni lujuria. ¿Se habría terminado ya mi dosis semanal de
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    Cambio De Destino DraBSwan esta? A lo mejor ya no volvía a desear a mi novio hasta dentro de... ¿un par de días? -Dormilona. No sabía si despertarte, pero creí que querrías aprovechar el domingo para continuar haciendo turismo- movió una mano y me rozó un Página | 312 pezón con ligereza. De inmediato el interior de mi pelvis se contrajo de excitación. Como si él se hubiera dado cuenta sonrió ladeado. Insaciable. Era una adicta sin remedio, y comprendí que jamás tendría suficiente de él. Cuanto más me daba, más necesitaba. Él era mi droga. Intenté conectar mi mente racional, que era evidente que tardaba más en despertar que mis apetitos sexuales. Estaba en Seattle con Edward. Habíamos venido a hacer turismo. Lo demás podíamos hacerlo en casa... o en cualquier sitio. Vamos, Bella... uno, dos, ¡tres! Me levanté de la cama de un salto y corrí hacia el baño sin mirar atrás para no dejarme arrastrar por la tentación. -¡Turismo!-exclamé. Antes de cerrar la puerta pude escuchar su risa. -Me ha encantado el Centro de Ciencias, y la exposición sobre Harry Potter estaba muy bien montada. ¿Te ha gustado?-lo miré. -Me ha gustado ver cómo disfrutabas- apartó la vista de la carretera y sonrió mirándome. El clima nos había bendecido de nuevo con tan sólo un leve chubasco y volvíamos a Forks por una carretera poco transitada y casi seca. Edward me dejó en mi casa y se marchó a la suya para arreglarse para la fiesta de Anne. Esta me había amenazado con volverme a llevar de compras si no me presentaba en su casa engalanada de la cabeza a los pies. Algún día tendría que presentarle a Alice, seguro que harían buenas migas. Angela no estaba en casa. Cuando entré en mi habitación encontré una nota sobre la cama donde me decía que pasaría el día entero fuera con Jake y que llegaría directamente a la fiesta. Abrí mi armario. Ahora ya no parecía una gran cavidad inútil excavada en la pared sino que tenía bastante contenido. Como no hacía nada de frío elegí un vestido fino y escotado, de punto en distintos tonos grises, unas medias a juego y unos zapatos de tacón. Me vestí sin ponerme los zapatos, bastante iba a tener
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    Cambio De Destino DraBSwan que sufrirlos en la fiesta como para querer prolongar la tortura. Me arreglé el cabello, marcando las ondas naturales con la ayuda de la plancha del pelo, y me maquillé con suavidad. Me senté en la cama y me incliné para colocarme uno de los zapatos. Cuando Página | 313 levanté la vista vi a alguien apoyado en el umbral de mi puerta y grité involuntariamente. -¡Edward! Tienes que dejar de entrar así en mi casa. ¡Podías haberme avisado de que estabas aquí!- le increpé mientras él reía a carcajada limpia. -¿Quieres que muera de un infarto?-fruncí el ceño. Mi corazón retumbaba en mi pecho. En un instante lo tenía arrodillado enfrente de mí. -No digas eso- me reprendió, a veces no toleraba según qué tipo de bromas sobre mi muerte. Tomó en su mano el zapato que aún no me había puesto y lo encajó delicadamente en mi pie como si yo fuera una moderna cenicienta y él mi príncipe. -En serio, no me des estos sustos-observé que llevaba puesta una camisa blanca de lino sin corbata y un traje gris de tejido fino. Me lo bebí con la mirada, debía ser pecado contemplar tanta belleza. Advirtiendo mi expresión desplazó las manos hacia arriba por la cara interna de mis piernas y se detuvo al llegar a las rodillas, separándolas un poco. -Si aún estás nerviosa conozco una forma de relajarte- era el diablo de la lujuria tentándome. Y luego la insaciable era yo. Con un esfuerzo sobrehumano decidí que era hora de irnos a casa de Anne, si llegábamos tarde me asesinaría. -Sátiro- sonreí mientras le echaba para atrás con un pie apoyado en su hombro. Dio un salto felino mientras se incorporaba, como si yo por un momento pudiera haberle hecho caer. Sentí una oleada de deseo como cada vez que le veía hacer esas cosas. Como cada vez que le veía hacer cualquier cosa, para qué engañarme. Estaba oscureciendo cuando llegamos a casa de Anne. Edward aparcó en el lugar dispuesto para ello y me tomó de la cintura. De esta forma nos dirigimos hacia la fiesta. El lugar estaba iluminado por hileras de bombillas y farolillos de colores distribuidas por encima y alrededor del camino de entrada, el campo de baloncesto que hacía las veces de pista de baile y el espacioso jardín. Varias mesas estaban distribuidas en el exterior de la casa, todas surtidas de apetitosos
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    Cambio De Destino DraBSwan platos. Desde luego Mónica tenía razón: Anne echaba la casa por la ventana el día de su cumpleaños. Conforme nos adentramos por el sendero del jardín fuimos saludando a conocidos. Anne y Paul se acercaron a recibirnos cogidos de la mano. Página | 314 -Vaya, ya es oficial. Estás fuera del mercado - bromeó Edward. -Serás jodido, tío. Tú ni siquiera llegaste a entrar en el mercado y ya estás fuera. Dime cómo se come eso -se burló el anestesista. -La estaba esperando a ella- Edward sonrió ladeado, mirándome. -¡Dios, alguien que os traiga un hipoglicemiante, tenéis la glucosa por las nubes!-bromeó Anne, rodando los ojos. Se la veía feliz. -Anne, esto está genial- eché un vistazo admirativo a mi alrededor. -Gracias. Este año aún lo he querido hacer mejor... al fin y al cabo es mi último año de especialidad. Y está todo previsto: si nos llueve, adentro está todo preparado para recibirnos. -Por ahí llega Angela -levanté el brazo y agité la mano para saludarla. En aquel momento entraba por la puerta del jardín mi amiga. Llevaba puesto un vestido color burdeos y un abrigo negro entallado por encima. Estaba preciosa y, quizá era porque yo lo sabía, pero me pareció que su cara estaba especialmente resplandeciente. Jake la abrazaba posesivamente, en su cara una expresión levemente recelosa. O quizá era que yo estaba a la defensiva con él. Ángela nos vio y tiró de Jake para acercarse a nosotros. De forma inesperada Edward se deslizó delante de mí y extendió un brazo para impedirme que me moviera. -No te muevas, Bella-murmuró tan bajo que apenas pude escucharlo. Y entonces Jake se abalanzó hacia nosotros.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 315 Capítulo 32 BPOV Edward me apartó detrás de él y me protegió con su cuerpo del avance de Jacob. Este se abalanzó hacía nosotros y frenó a un centímetro de chocar contra el cuerpo de mi novio, que no se movió ni un ápice. Quedaron uno frente a otro mirándose cara a cara, pues ambos eran igual de altos. ¿Qué había pasado? Estaba totalmente confusa y asustada al ver la cara de odio de Jacob, superior a cualquiera que hubiera visto con anterioridad. Lo cual no era poco. -¡LO HAS HECHO, PARÁSITO!- gritó en la cara de Edward, su cara la viva imagen del odio. -Jake, será mejor que te controles- le contestó la voz acerada del vampiro, a quien yo no podía ver la cara porque aún me mantenía detrás de él. Jamás había escuchado esa entonación helada y amenazadora en su voz y me recorrió un involuntario temblor. -¡Eres TÚ quien debería controlarse!- esta vez Jake gritó un poco menos fuerte y dio un paso atrás, separándose de Edward. -Jacob- el tono de Edward era suave y helado; miró a nuestro alrededor y eso me impulsó a imitarle. Me di cuenta de que se había armado un corrillo de invitados, unos mirando con cara de consternación, otros asustados, algunos simplemente curiosos. Otros asistentes observaban desde la distancia - Estás preocupando – acentuó esta palabra- a tu novia y estropeando la fiesta de Anne. Si quieres hablar de algo vamos fuera de aquí.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No voy a hablar de nada- gruñó el novio de Angela en un tono apenas audible.- Tú - dijo, apuntando con el índice a Edward y masticando las palabras con rabia- eres el que estás fuera. -No es algo que debas decidir tú- repuso mi escudo con una serenidad que yo Página | 316 distaba mucho de sentir. -Venga ya, Jake, ¿qué os pasa a los dos?- mi amiga agarró el brazo de su pareja instándole a mirarla pero él no separaba los ojos de los de Edward. De pronto una idea me iluminó la mente y tuve que luchar para dominar los temblores que me acometieron. Recordé las palabras de Edward... los quileutes eran capaces de percibir el olor a vampiro de forma muy intensa; cuando conocieron a la familia Cullen sabían lo que eran, pero también que olían de forma diferente a otros vampiros por su dieta "vegetariana". Jacob había olido a Edward... y la dieta de Edward había sido un tanto diferente las últimas 24 horas. Lo sabe. -Jake, déjalo ya- salí de detrás de la espalda de Edward.- Yo se lo he permitido - pronuncié con voz trémula, sintiendo que la sangre huía de mi rostro. Esperaba que esas palabras calmaran a Jake. Era cierto que el vampiro había tomado sangre humana, la mía, pero no había sido ningún crimen. Era algo entre nosotros. -Estás enferma ¿cómo puedes...?- Jake apretó los dientes, mirándome con tanto desprecio que casi deseé que se me tragara la tierra. Esta vez sentí arder mi rostro.- Me das asco- añadió. -¡Basta, Jake!- Angela estaba mirándolo horrorizada, como si no lo reconociera. De forma instantánea Edward salvó la distancia que les separaba con una zancada y levantó a Jacob por las solapas de la chaqueta. Las puntas de los pies del indio apenas rozaban el suelo. -Discúlpate con Bella- siseó amenazante, con su rostro a escasos centímetros del de Jacob. El indio, que tenía el rostro sofocado, intentaba soltarse del agarre de Edward pero no podía. Paul, Jared y Mike los rodearon instándolos a volver a la calma,
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    Cambio De Destino DraBSwan pero sin atreverse a tocar a ninguno de los dos. Y si la expresión de Edward, que me daba la espalda, era lo mitad de terrorífica que su tono de voz, no me extrañaba. -Vamos, Ed. Las cosas no se solucionan así- pidió Paul, conciliador. Página | 317 Y en aquel momento Angela se desplomó. Ya no vi nada más que a mi amiga completamente desmadejada en el suelo, pálida como una muerta. Anne y yo dejamos de prestar atención a los hombres y nos arrodillamos a su lado precipitadamente. -¡Angela, Angela!-grité dando cachetes a la cara de mi amiga, mientras Anne le tomaba el pulso en el cuello.- Anne, está embarazada- susurré con un hilo de voz. -¡Dios! No tiene pulso- gritó Anne con voz deformada por el pánico. Sentí el hielo circulando por mis venas, y el aire escapó de mi pecho de forma brusca. Los hombres ya habían reaccionado y nos habían rodeado. Jake, situado en frente de mí, estaba gritándole a Angela, pero yo no entendía lo que le decía porque sentía un zumbido en mi cabeza. Paul se había arrodillado en el suelo a mi lado, y tomó el mando. -¡Llamad a Emergencias! ¡Está en parada cardiorrespiratoria!- gritó al público que nos rodeaba. Vi de refilón que varias personas tomaban su móvil al mismo tiempo, y también pude ver a Edward colocado al lado de Jacob, recolocando la cabeza de mi compañera para abrirle la boca con suavidad.- Empiezo masaje cardiaco. Edward, tú ventila. Jacob, aparta. Estás demasiado afectado y no ayudarás- ordenó Paul. -¡Ni se te ocurra tocarla!- chilló Jacob fuera de sí. Intentó empujar a Edward, pero consiguió el mismo efecto que si hubiera empujado la pared de la casa, momento que aprovecharon Jared, Mike y Eric, un residente de Urgencias al que no había visto hasta ahora, para apartarlo a rastras del lado de Angela. Edward acercó su boca a la de mi amiga e inyectó aire en sus pulmones, al tiempo que Paul desgarraba todos los botones de la blusa y dejaba su tórax al descubierto, empezando con las compresiones. Yo seguía helada en la misma posición, observando lo que pasaba con una
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    Cambio De Destino DraBSwan sensación de irrealidad. Unas manos me ayudaron a levantarme y me apartaron un poco de la escena. Continuaba con aquella parálisis cuando escuché desde lejos la voz de Monica. -Se pondrá bien, se pondrá bien...-repetía como un mantra relajante que no Página | 318 conseguía su efecto en ninguna de las dos. -Controlad el tiempo-decía Paul. -Llevamos dos minutos- contestó Edward. -Tom,-llamó al residente de anestesia que había a su lado-cambio. Dar masaje cardiaco era una experiencia estresante y agotadora, y si se conoce a la víctima, muchísimo peor. No nos faltaban voluntarios para irse turnando. Miré a mi novio, que seguía sujetando la mandíbula y pinzando con dos dedos la nariz de mi mejor amiga, dándole el "beso de la vida". Su cara estaba pálida como la de una muerta. De pronto esta idea invadió completamente mi consciencia y casi no pude respirar. ¿Y si moría? Mis ojos ardieron. Escuché la sirena de la ambulancia. No sabía cuánto tiempo había pasado, quizá cinco minutos, pero fueron los más largos de mi vida. El equipo de paramédicos se apostó alrededor de Angela. Ahora eran ellos los responsables, y Paul les puso al corriente de la situación en escasos segundos, mientras uno de ellos le colocaba los electrodos del pequeño desfibrilador automático encima del pecho. -Está fibrilando-dijo, observando el ritmo del monitor. -¿Fibrilando?-murmuró Edward, y de pronto me di cuenta de que era él quien me estaba abrazando y no Monica. Ni siquiera había sido consciente del momento del cambio. Yo tenía la boca seca y la lengua pegada al paladar, me dolía respirar, pero tampoco me veía capaz de hablar aunque no hubiera sido así. El aparato pronunció con su voz fría e inexpresiva, pidiendo que nadie tocara a la paciente, y disparó una descarga eléctrica directa al corazón de mi amiga. Sentí como una aguja atravesando el mío cuando vi que el aparato preparaba una nueva descarga. Entonces la primera no había sido efectiva. ¿Y si no resultaba? De pronto el aire que respiraba pareció tan denso como si hubiera
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    Cambio De Destino DraBSwan intentado inhalar agua. Segunda descarga, y de nuevo el cuerpo de Angela se arqueó. -¡Ha entrado en sinusal! ¡Late!- Gritó el paramédico. Página | 319 Me sentí tan ligera que casi podría volar. Abracé a Edward y enterré mi cara en su pecho, sin poder evitar la catarata de lágrimas que desbordaba mis ojos. Sus brazos me aferraban con fuerza, uno por la cintura y otro por el cuello, como si temiera que de un momento a otro pudiera desplomarme. Cuando volví a mirar los paramédicos ya habían intubado a Angela y puesto una via para pasarle la medicación, metiéndola en la ambulancia y llevándosela en un tiempo récord. Jake se había marchado con ellos. La sala de espera de la UCI del Hospital Northwest de Seattle era tan fría, estéril y despiadada como la de cualquier otro. Jake estaba sentado en una esquina, cabizbajo, con los brazos cruzados sobre el pecho. Cuando nos oyó llegar alzó la cabeza y nos dirigió una mirada fulminante. Le había pedido a Edward que no estuviera conmigo para no poner más difícil aún la situación, pero él no había cedido. -Quiero acompañarte,-me había dicho- no eres familia de Angela, ni te conocen en este hospital ¿Crees que te van a dar información de cómo está ella, así como así? Y creo que Jake no nos la va a facilitar. Tuve que darle la razón. Ni siquiera sabíamos cómo localizar a los padres de mi compañera, y en esos momentos nosotros éramos su única familia. Además, a él sí le conocían y eso facilitaría las cosas. Nos sentamos en el extremo opuesto de la sala de espera. Edward tomaba mi mano. -Maldito seas, Cullen-gruñó Jacob.-Te mataría sólo por haber acercado tus colmillos a la boca de mi novia. -No seas gilipollas, Black. Sabes mejor que nadie que el aire que sale de mis pulmones tiene más oxígeno que el de cualquiera que estuviera allá presente. Sólo pensé en lo mejor para Angela. Y si fueras un poco racional te darías cuenta-siseó mi novio.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No me hables de racionalismos. No es racional que un alguien vaya por ahí con un corazón parado y tú lo haces. Jamás vuelvas a acercar tu boca a mi novia. No, jamás vuelvas a acercarte a mi novia-Jake masticó las palabras lentamente. Página | 320 -Es imposible dialogar contigo, Jacob Black, los prejuicios te nublan la mente- suspiró Edward. Se hizo un denso silencio en la sala de espera que no fue roto hasta que al cabo de una eternidad la puerta de doble hoja se abrió y salió del recinto un médico de mediana edad que se directamente se dirigió hacia Jake, quien se puso en pie de inmediato. Por supuesto se conocían, ya que él trabajaba en aquél hospital. Me acerqué de la mano de Edward, colocándome al lado del indio enfrente del doctor, y casi pude escuchar su gruñido de advertencia, pero no iba a quedarme sin saber cómo estaba mi amiga. -Soy el doctor Laurent Gregory, el adjunto de guardia- dijo, mirándome. Debía ser la única a quien no conocía. -Jacob- sacudió la cabeza en su dirección- Edward- repitió el gesto-¿sois familia de la señorita Angela Webber? -No- dijeron ambos al unísono. -Esto es muy incómodo... sólo puedo informar a familiares directos. Lo sabéis, son las normas. -¡Oh, vamos, Laurent, no me jodas con eso!-el adjunto le dirigió una severa mirada.- Disculpa el lenguaje, pero ¡ella es mi novia y espera un hijo mío! No sé ni dónde está su familia. ¿Pretendes dejarme así?-protestó. -Sí, los del traslado ya nos han dicho lo del embarazo. Eh... y ¿vosotros qué relación tenéis con ella, Edward? -Es mi amiga y compañera de piso, y él es mi novio- dije rápidamente. El doctor Gregory me miró con curiosidad.- Soy la doctora –remarqué la palabra y le tendí la mano- Bella Swan. -Encantado, doctora Swan- me tendió su mano.-Pero usted como médico sabe que sólo puedo informar a familiares directos o, en su defecto, al doctor Black, que es lo más parecido en este momento. Claro que si a él da su permiso puedo compartir mi información con ustedes.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No- repuso Jake secamente, sin dignarse a mirarme. El doctor Gregory no pudo evitar un respingo ante semejante brusquedad. Lo miré con los ojos como platos y las lágrimas amenazaron con desbordar mis ojos. El cuerpo de Edward se tensó como un arco, y su mano presionó la mía. Página | 321 De pronto se relajó. -Vámonos, Bella. Laurent - hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, despidiéndose de este, y tiró de mí. Pero tardó un segundo más de lo prudente, y en ese instante la ira me invadió, sustituyendo a la intensa pena que sentía en aquél momento. -Eres un desgraciado, Jacob Black. No te mereces a una mujer como Ángela. Me das asco- espeté y me marché, girando sobre mis talones. Jacob no se atrevió a responder, no le interesaba dar el espectáculo. Cuando hubimos desaparecido de su vista las lágrimas desbordaron mis ojos y empecé a sollozar, no sabía si lo que más sentía era rabia o dolor. Edward me abrazó y apoyé mi cara en su pecho. Me acariciaba la cabeza, enredando sus dedos entre mis cabellos con suavidad, y con la otra mano subía y bajaba por mi espalda, en un movimiento relajante. -Shh. Ella está bien. Lo he leído en la mente de Laurent- susurró en mi oído. Mi corazón se aligeró al escucharle. -¿Qué sabes? Oh, dios, Edward, qué idiota soy, a veces me olvido de tu don - murmuré aliviada, alzando mi cara para mirar la suya. Me sonrió con dulzura y pasó su dedo pulgar sobre mi piel, arrastrando con él mis lágrimas. -Ella está bien -repitió.-No podemos saber cómo está el bebé, pues está de muy poco tiempo de gestación y aún no se detecta el latido fetal. Le han tomado muestras de beta-HCG en la sangre para comprobar si los niveles descienden...- hizo una pausa, si la hormona del embarazo bajaba sus niveles... eso significaría que había abortado.- Por lo demás parece que no ha sufrido hipoxemia, y su tejido cerebral no da señales de haber resultado dañado. Por eso le han retirado la sedación y esperan que despierte pronto - añadió. Era una enorme buena noticia, de hecho era lo más importante de todo, que mi amiga no fuera a tener secuelas del paro cardiaco que habría sufrido. Porque yo confiaba ciegamente en eso.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Pero qué le ha pasado? ¿Por qué el paro cardiaco? Angela es joven y sana. -Bella... le han puesto un marcapasos externo, de momento. El cardiólogo está todavía con ella. Tiene un síndrome del QT prolongado. Seguramente le implantarán un desfibrilador interno. ¿Jamás había tenido un síncope? Página | 322 -No que yo sepa. ¿Un QT prolongado?- exhalé con fuerza- ¡Joder! ¡Vaya mierda! – negué con la cabeza. -Lo importante es que está bien - Edward seguía acariciándome la cabeza. De pronto me separó un poco de él y me estudió la cara.- Vamos, necesitas tomar algo. -Edward... ¿crees que el disgusto que se ha llevado Ángela con todo lo que ha pasado ha podido provocarle esto?- la culpabilidad me pesó sobre la cabeza como una losa. -Bella, nadie tiene la culpa de nada. No sabíamos que Angela tenía ese problema.- Yo asentí, no muy convencida. Sabía que el trastorno que padecía Angela podía provocar una arritmia en cualquier momento sin causa aparente, pero también sabía que las emociones fuertes podían influir mucho. Edward me tomó de la cintura y me condujo hasta la salida del hospital. Me dejé hacer sin protestar, me sentía abrumada por todas las emociones de las últimas horas. Arrastraba los pies, sintiendo que mis fuerzas empezaban a fallarme. Sin apenas darme cuenta me encontraba sentada en la mesa de un café cercano al Hospital, ante una humeante taza y un sándwich. Miré por el cristal. Era de noche, pero ¿qué hora debía ser? Recordé el restaurante de la Aguja. Parecían haber pasado siglos y tan sólo fue ayer. -Bebe. Estás tan agotada que dudo que te quite el sueño - instó Edward, acercándome más la taza. -¿Tú ofreciéndome café? Debo estar muy mal- sonreí a mi pesar. -La gente cambia- repuso él curvando los labios. Le hice caso y tomé un sorbo. El calor penetró mi cuerpo y me hizo sentir mejor casi de inmediato. -¿Cuándo crees que podré verla?
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    Cambio De Destino DraBSwan -Supongo que cuando despierte de la sedación, mañana por la mañana. Entonces podrá decidir a quién quiere o no quiere ver. -Cierto- suspiré con alivio. Una oleada de rabia me invadió cuando recordé el impresentable comportamiento del novio de mi amiga- ¿Por qué lo ha hecho?- Página | 323 apreté los dientes. -Por odio, a mí por lo que soy, a ti por estar conmigo. Jamás ha comprendido eso pero estaba dispuesto a no entrometerse. Ahora, con el embarazo de Ángela está mucho más celoso de su seguridad. Piensa que estoy descontrolado y que no quiere correr el riesgo de que mi siguiente víctima sea su novia embarazada- se asió el puente de la nariz y cerró los párpados con fuerza.- Dios, he hecho muchas cosas de las que me arrepiento pero me horroriza que alguien pueda llegar a pensar eso de mí. Por otra parte he sido un completo estúpido por no haber caído en que él se daría cuenta de que había bebido sangre humana.-Suspiró.- He roto el tratado. -¡No! ¿Qué... deja el tratado en paz! ¡Yo te he dado mi sangre libremente! -Técnicamente ayer no fue así pero...-se detuvo ante mi mirada furibunda, no quería volver a discutir los mismos términos.- Escucha, Bella. El pacto con los quileute nos comprometía a mantener nuestra dieta a base de animales como condición para permanecer en Forks. Vamos a tener problemas, y aquí se involucra toda mi familia, además de nosotros. -¿Tu familia? -Sí... los indios se tomaron nuestro pacto muy en serio, Bella. Si hay la más mínima duda sobre nuestro "correcto" comportamiento debemos alejarnos de su territorio. Jake le explicará a su padre, que es uno de los patriarcas de la tribu, lo que ha pasado. Sabiendo el estado de Angela... -Pero... pero ¿no puede Carlisle hablar con Billy o con quien sea de los quileute y explicar algo tan obvio como que no es lo mismo robar sangre a un humano que el que este humano decida entregarla? -Ay, Bella- suspiró él.- No los conoces. Su punto de vista parte de que no somos muy de fiar, pueden decir que he usado trucos de vampiro para poder convencerte, cualquier cosa... -¿Podrías hacer eso?- me terminé el café de un sorbo mientras lo observaba.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Hace mucho que no uso esos trucos, pero sí, podría intentarlo. Aunque contigo no sé si funcionaría. -Mierda. Entonces todo se basa en la confianza o desconfianza. Y con lo que hemos hecho hemos roto lo primero. Página | 324 -Exactamente. Espero estar equivocado-bajó la mirada hacia el plato con mi sandwich.-No has probado la comida. -No tengo hambre. Si como algo vomitaré. -Está bien-suspiró.- Vámonos. -¿A dónde?-ni siquiera me había planteado dónde íbamos a pasar la noche. -A mi piso -se levantó y me tendió la mano. -¿Tu piso? ¿Tienes un piso en Seattle y hemos estado en un hotel?-pregunté confusa, mientras tomaba la mano que me tendía. -Sí, el hotel es mucho más romántico-me sonrió. -Edward Cullen, ¿hay más cosas de ti que no sepa?-lo miré con el ceño fruncido mientras sujetaba la puerta abierta para que yo pasara. -Sí. Pero lo más importante ya lo sabes -sonó su armoniosa voz detrás de mí. El piso de Edward estaba cercano al hospital. Me explicó que lo compró como inversión en la época en que hizo sus estancias en el Infantil y el Northwest. Si no hubiera estado tan hecha polvo física y psíquicamente habría bromeado sobre el tema y me habría metido con él, pero no tenía moral ni para eso. Sólo ansiaba meterme en la cama y dormirme entre sus brazos. Mañana me levantaría pronto e iría al hospital para saber de Ángela. Edward ya había llamado a nuestros respectivos jefes para pedirles unos días libres, cosa a la que ambos accedieron sin protestar. Al parecer la noticia de lo que había pasado en la fiesta se había corrido como un reguero de pólvora y ambos comprendían que quisiéramos estar aquí. Eso me hizo preguntarme cuántas versiones debían circular entre nuestros compañeros y qué pensarían ellos del enfrentamiento entre Jacob y Edward.
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    Cambio De Destino DraBSwan El ascensor llegó al ático y se abrieron las puertas. Edward abrió la puerta del piso, franqueándome la entrada. En cuanto entré las luces se encendieron solas, iluminando de forma cálida la estancia. Eché un vistazo rápido. Aquello tenía el sello de Esme. Decorado con exquisito gusto, moderno pero acogedor, como Página | 325 la casa Cullen. Sabía por mi novio que ella se dedicaba a eso, y daba fe de que era muy buena en su trabajo. -Es precioso, Edward- susurré. Dejé mi bolso en la percha que había en el recibidor y me dirigí al enorme ventanal que mostraba las luces nocturnas de la ciudad. -Arriba hay más-explicó poniéndose a mi lado.-Es un dúplex. -Joder-susurré. Esta vez no bromeó sobre mi falta de vocabulario. Miré el edificio del hospital y me sentí tremendamente abatida. Comencé a llorar suavemente, sin sonido ni movimiento. Edward me tomó en brazos, me desnudó con cuidado y me acostó en la cama. Luego hizo lo mismo, nos cubrió con el edredón y se colocó tras de mí, abrazándome y amoldando su cuerpo al mío. Y así me dormí. Capítulo 33 BPOV -Pueden pasar, pero sólo uno de ustedes. Y cinco minutos -remarcó la enfermera de la UCI.
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    Cambio De Destino DraBSwan Miré a Edward y él asintió. Me encaminé hacia la puerta de entrada, siguiendo a la adusta enfermera. La sala de la UCI tenía un control de enfermería en el centro y alrededor de este se situaban las habitaciones, sin puerta y acristaladas, de manera que desde Página | 326 el centro de la sala se podía controlar visualmente a todos los pacientes. Mi amiga ocupaba una cama en uno de aquellos cubículos. Le habían alzado el cabezal de la cama y estaba con la cabeza vuelta hacia la ventana, esperándome. Estaba pálida y lucía unas ojeras oscuras, pero sus ojos brillaban con la luz de siempre cuando se encontraron con los míos. Me emocioné al verla y la mirada se me volvió borrosa. Parpadeé varias veces. -Estoy bien, Bella- sonrió, tranquilizadora. Su voz estaba ligeramente ronca, por efecto de la intubación. Le besé la frente y me senté a su lado.- Perdona que no te dé un abrazo, pero es que me tienen atada- levantó un poco los brazos de la cama, mostrándome las vías y monitores que llevaba colocados.-Un poco exagerados, ¿no?-alzó las cejas y abrió mucho los ojos. -No sé cómo tienes ganas de bromear, eres increíble-meneé la cabeza, secándome con el índice la gota que corría por mi mejilla. -Supongo que porque no recuerdo nada. Me he despertado aquí y me he llevado un susto de aúpa. Imagina- suspiró. -¿Qué te ha dicho el médico?- pregunté cautelosa. -Me ha dicho que no parece que tenga secuelas del... –pareció que se le atragantaba la palabra- paro, y que tengo un problema del corazón que es solucionable colocándome un aparatito. Y que sigo embarazada- sonrió ampliamente, contagiándome. Qué cambio había pegado su punto de vista en dos días.- Oye...-hizo una pausa y se mordió el labio- he visto a Jake esta mañana, y no me ha querido explicar de qué iba lo que pasó entre él y Edward. No sé qué le ha llevado a comportarse de esa forma tan horrible, y lo siento mucho, Bella. Le he dicho que no toleraré que os insulte, y le he exigido una explicación, pero no ha habido manera, se ha cerrado en banda. Aunque estoy completamente segura de que tú sí sabes algo- me clavó sus ojos oscuros y desvié la vista hacia el monitor de constantes.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Eso es algo entre ellos. No te puedo explicar nada- fruncí los labios con determinación. Me preocupé cuando observé que el ritmo cardiaco y la tensión arterial de mi amiga aumentaban ligeramente. -NO es algo entre ellos, Bella, ¿cómo puedes decir eso?-miró un momento por Página | 327 el cristal y bajó el tono de voz. Me giré. Una enfermera la miraba a ella y al monitor en una silenciosa advertencia -¿Te parece normal que se lleven tan mal que hasta se insulten y casi lleguen a las manos? Ninguno de los dos es ese tipo de chico y lo sabes. -Ang, olvídalo, no servirá de nada que lo sepas- suspiré cansadamente y le tomé una mano, apretándola suavemente. -Eso lo decidiré yo. Estoy segura de que tiene algo que ver contigo, siempre han mantenido distancia entre ellos pero desde que sales con Edward la cosa ha empeorado. Pero no se me ocurre lo que pueda ser. Ni en un millón de años se te ocurriría, amiga. -Angela, ahora preocúpate de estar bien, cariño. Ya hablaremos de eso en otro momento-dije, para abandonar el tema.- ¿Sabes cuánto tiempo vas a estar aquí en la UCI? -Me han dicho que seguramente mañana por la mañana me pasarán a la planta. El cardiólogo me quería colocar un desfibrilador interno pero hace falta anestesia y no quieren hacerlo hasta que no esté embarazada de más de tres meses. Ya ves, cuando lo hagan tendré un pequeño alien en mi pecho- compuso una mueca.- Al menos en los aeropuertos me ahorraré la cola para pasar por el detector de metales.- No pude evitar que se me escapara una sonrisa, a pesar de todo. -Señoritas, fin de la visita- la enfermera de aspecto adusto se había acercado a nosotras. -Está bien. Monica y Anne te mandan saludos, tienen guardia pero mañana por la tarde vendrán a visitarte - me levanté y le di un beso a mi amiga.-Yo volveré mañana por la mañana. -No hace falta, no quiero que vengas a propósito desde Forks. Dentro de nada estaré en casa- se le iluminó la cara ante la idea. -No te preocupes, Edward y yo hemos tomado unos pocos días de vacaciones.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Está fuera? -Sí, pero sólo han dejado entrar a uno- encogí los hombros. -Dale las gracias. Sé que él también me ayudó. Le arranqué la confesión a Jacob Página | 328 esta mañana... al menos eso sí aceptó contármelo -frunció el ceño. - Lo haré. Mañana nos veremos en la planta- la besé de nuevo en la frente y me despedí. Edward estaba en la sala de espera. Se levantó en cuanto me vio aparecer. -Veo que está muy bien para todo lo que ha pasado. Es increíble- negó con la cabeza. Sonreí; Edward no solía ser admirativo con muchos humanos. Se me ocurrió en aquel momento que tenía que ser buena señal que él volviera a estar conectado con la mente de Angela. Nos dirigimos caminando al apartamento de Edward. Él estaba callado, y mi mente divagaba. Se había hecho un poco tarde. Quizá podíamos ver un poco más de Seattle, y luego cenar en el precioso apartamento. Una pizza a domicilio, o... -Tengo algo que decirte - Edward interrumpió mis pensamientos, y había algo en su tono de voz que no me gustó. Era un matiz cauteloso. -¿De qué se trata? -Mis padres están viniendo hacia aquí. -¿Qué? ¿Cómo?- chirrié. Él suspiró. -Les llamé esta noche mientras dormías. Se lo he explicado todo. Enrojecí furiosamente, sabiendo que un detalle tan íntimo de mi relación con Edward era conocido por cada vez más gente. Maldita sea. Me solté de su agarre y caminé rápido para separarme de él. -Supongo que de paso les habrás hecho un croquis sobre las distintas posturas sexuales que practicamos. A lo mejor ellos nos podrían dar ideas- gruñí en voz baja, sabedora de que me escuchaba perfectamente.
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    Cambio De Destino DraBSwan Apreté los dientes por la explosiva mezcla de ira y humillación que sentía estallar en mi pecho. En un instante lo tenía de nuevo a mi lado. -Bella, no saques las cosas de quicio. Si Carlisle y Esme no hablan con Billy y Sue, los patriarcas de los quileute, y los convencen de que lo que hemos hecho Página | 329 no rompe el tratado, tendré que abandonar Forks. -Por dios, Edward, cuando hablas de lo que hemos hecho... lo haces sonar como algo terrible- estaba reprimiendo las lágrimas. -¡No! –me detuvo y me sujetó entre sus brazos, pegándome a su pecho sin darme opción a moverme- No es algo terrible. Es lo más cerca que puedo estar de ti. Sólo me importa no poder quedarme en Forks por estar cerca de ti, por no alterar tu vida más de lo que ya lo estoy haciendo. Y porque no quiero que lo que hago perjudique a mi familia. Su cercanía siempre me alteraba, y aunque lo que decía me llegaba al corazón necesitaba separarme de él para poder pensar con claridad. Había tenido demasiadas emociones las últimas horas y necesitaba poner en orden mis ideas con urgencia. -Déjame, por favor- apenas terminé de pronunciar las palabras y me había soltado. No me atrevía a mirarle a la cara o no podría pronunciar las siguientes palabras.- Quiero estar sola. No me sigas. Terminando de decir esto giré y me dirigí a tomar el primer taxi que pude parar. EPOV Me quedé mirando por donde se alejaba el taxi. ¿La seguía? Me había pedido que no lo hiciera. ¿Y si no volvía? ¿Estaría segura ella sola andando por las calles de Seattle? Pronto oscurecería, y sentí inquietud ¿Y si encontraba que su vida era demasiado complicada por mi culpa y no la volvía a ver? Sentí una punzada de dolor. Calma, Edward, calma. Me quedé allá clavado como una estaca durante no sé cuánto tiempo hasta que sonó mi móvil. Miré la pantalla. Jasper a veces tenía el don de la oportunidad. -Dime, Jasper- murmuré. -¿Sucede algo?- inquirió. Él era muy empático pero no hacía falta ser muy perceptivo para saberlo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Nada que deba preocuparte. ¿Por qué llamabas?-soné impaciente. Quería centrarme en el problema que tenía con Bella. -Veo que no quieres hablar de ello. Entonces seré breve. Quería decirte que Carlisle nos ha llamado a toda la familia. Me ha encargado que te dijera que Página | 330 hemos quedado en reunirnos todos mañana en Seattle. Al fin y al cabo teníamos una reunión familiar dentro de un par de semanas, sólo se trata de adelantarla. -¿Sólo? Por dios, Jasper, ¿sabes cómo se pondrá Bella cuando se entere? No, no lo sabes. -Sí sé. Carlisle nos ha contado de qué va el problema- repuso Jasper tranquilamente. Me pasé la mano por el pelo, a punto de un ataque de nervios. Hasta ahora estaba acostumbrado a la falta de intimidad cuando convivía con mi familia, y ellos soportaban estoicamente mi don, pero ahora veía la situación con la perspectiva de los ojos de Bella, y sofoqué un quejido. ¿Cómo le podía explicar eso a Bella, habiendo reaccionado tan mal cuando creía que sólo lo sabían mis padres? Bastante duro había sido para ella sentirse juzgada por Jacob y sentirse absurdamente culpable de lo que le había pasado a Angela. Ahora nuestras relaciones íntimas eran objeto de conversación en mi familia y pronto serían motivo de discusión con los indios. Me dieron ganas de mandarlo todo a la mierda. Sólo quería estar con ella. ¿Por qué tenía que ser tan complicado? -Jasper, Bella acaba de irse y no sé dónde. No le ha sentado muy bien todo este asunto. -Puedo entenderlo. ¿Y tú, cómo lo llevas? -A mí todo me da igual, sólo me importa ella. No sé qué hacer, se ha ido, me ha dejado plantado en mitad de la calle y me ha dicho que no la siga. -Creo que deberías ir a buscarla ¿Quieres que te ayude a encontrarla? Si me das su número rastrearé su móvil. Es fácil. También me sirve el número de su tarjeta visa, en cuanto la use, claro- sonreí. El tranquilo y sincero Jasper, el complemento ideal para el manojo de nervios que era Alice. -No, sólo me faltaba eso para que se sintiera agredida en su intimidad. Pero gracias. Espero encontrarla yo solo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Tus habilidades como rastreador dejan mucho que desear, tío, pero tú mismo. Si me necesitas házmelo saber. -Gracias. Página | 331 Me despedí de él y colgué. Marqué el número de Bella y me saltó el contestador automático. Apagado. El mensaje estaba claro. Quería que la dejara tranquila. Suspiré y por fin tomé una decisión. BPOV -¿Nos haces una foto, por favor?-me sobresalté y me viré. Una pareja joven se había acercado a mi lado mientras observaba por el ventanal. El chico me tendía una cámara. -Claro que sí- sonreí como pude y tomé la cámara. Mientras enfocaba a la feliz pareja pensé por qué no podía yo tener una relación normal, como mucha gente, sin tantas... complicaciones. Con Edward me sentía más viva que en toda mi vida, y estaba segura de que jamás iba a conocer a un hombre que me hiciera sentir como él, vibrante, completa, seductora, amante y amada. Pero aún tenía que averiguar si podía pagar el precio de todo eso. Me sentía deprimida y sin energías, cansada de todo. Miré el paisaje de Seattle desde lo alto de la Aguja espacial y de pronto me sentí muy sola y muy lejos de casa. Tomé el móvil y lo encendí. -¿Cariño? -Hola, mamá. -¿Estás bien? -¿Es que necesito estar mal para llamar a mi madre? Sólo quería saber de vosotros. Os... Os echo de menos- sofoqué las lágrimas que querían escapar de mis ojos. -¿Estás bien con Edward?-sonó preocupada. -Sí- hice una pausa.- No. Bueno, estamos bien, pero hemos tenido una discusión.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Cariño, tómalo por el lado positivo; sin discusiones no se avanza en una pareja. Si no hay discusiones significa que alguien está cediendo siempre. Lo importante es no dejarse llevar por la ira, no hacer o decir cosas de las que te arrepientas más tarde. Página | 332 -Supongo- me mordí la punta del dedo pulgar. -Cuando os serenéis podéis hablar las cosas con más calma. Como si esto se fuera a solucionar hablando con calma. Mi madre intentaba ayudarme, pero sin saber la verdad poco podía hacer. Y si le explicara el verdadero motivo de la disputa pensaría que me había dado un brote psicótico. Inspiré y exhalé profundamente. -Bella- continuó mi madre.- Os queréis. Todo lo demás es secundario. ¿Todo, mamá? -¿Va todo bien por allá? -Oh, sí, hace muy buen tiempo. Tu padre y yo estamos planificando las vacaciones. Como siempre, las negociaciones son más duras que las de un convenio sindical, pero estamos empezando a ponernos de acuerdo en algunos puntos. ¿Vendrás a visitarnos este verano? En un par de días te quitarías esa palidez y en unos pocos más hasta estarías morenita. -Mamá, ya sabes que soy resistente a los rayos solares. Mi piel refleja la luz pero no la absorbe -sonreí al teléfono.- Sí, supongo que iré. Tengo ganas de veros. -Si no puedes házmelo saber e iremos Charlie y yo- de fondo se escuchó una voz.-Es Bella, Charlie- ahora un gruñido de fondo- Dice que si no vienes a vernos irá a buscarte y te traerá para acá.-Más gruñidos.- Y que te puedes traer al paliducho de tu novio pero que dormiréis en habitaciones separadas. -¡Mamá! Dile a papá que ya no soy una niña - protesté. -Hija, estaba bromeando- tomó mi padre el teléfono.- ¿Es que ya no tienes sentido del humor? Aunque no me niegues que a tu chico le hace falta una sesión de rayos UVA. ¿Charlie bromeando? Si no me hubiera pillado desprevenida habría pillado la broma. Quizá estaba un poco a la defensiva en lo que a mi intimidad se refería.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Oye- continuó- el otro día me encontré con María y su marido. Me dio recuerdos para ti, y dice que espera verte en verano. -Ya. Si la vuelves a ver le das recuerdos también, no he hablado con ella hace tiempo. Página | 333 Charlé un poco más con mis padres y colgué. Ahora me sentía peor que antes. María había sido mi mejor amiga hasta que se había casado. Desde que estaba en USA no había recibido ni una sola llamada suya. De hecho desde que estaba en USA las únicas llamadas regulares habían sido de mis padres, con la excepción de alguna llamada ocasional de una amiga del hospital o de la facultad. Estaba perdiendo el contacto con mi pasado. ¿Quería eso? Me sentía como siempre, como si dos mundos tiraran de mí en direcciones opuestas. Apoyé la frente contra el frío cristal y los antebrazos en la barandilla del ventanal, sintiendo mi pecho pesado. Afuera ya había oscurecido y a mi alrededor había cada vez menos turistas. Miré hacia abajo, observando las luces del tráfico callejero. Pensé en Angela, en Edward... Edward. Tenía que llamarle, estaría preocupado. De pronto sentí mi vello erizarse y supe con seguridad que él estaba aquí. Miré hacia arriba y vi su reflejo en el cristal, detrás de mí. -¿Cómo me has encontrado?- le pregunté a su reflejo. -No lo sé. He pensado que estarías aquí. ¿Quieres que me vaya? - pronunció su aterciopelada voz. Se acercó tanto que percibí su aroma. Inspirarlo alivió inmediatamente el peso en mi corazón. -No... Me giré y levanté la cabeza para encontrar sus iris color miel. Entonces me fijé en que tenía un paquete en la mano. Él siguió la dirección de mis ojos. -Es una tontería... se me ha ocurrido que a lo mejor te apetecía- dijo tímidamente, y me lo tendió. -¿Qué es?- tomé el paquete y leí las palabras del envoltorio; durante un breve instante no comprendí pero al final reí entre dientes.- ¿Es lo que me imagino? –El asintió con cara de niño inocente.
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    Cambio De Destino DraBSwan -El otro día te quedaste sin postre por mi culpa. No podía hacer otra cosa que solucionarlo- siguió mirándome con aquella cara de no haber roto un plato. -Teóricamente la culpa fue mía, o eso dijiste- me sonrojé por el recuerdo. Página | 334 -Dejémoslo en culpa compartida.- Dudó un instante- Bella, antes de nada he de darte otra noticia no muy agradable-se detuvo, esperando. -Adelante. -Va a venir toda mi familia, se ha adelantado la reunión que estaba prevista para dentro de dos semanas. Y...-frunció el ceño y me miró con culpabilidad- parece que todos saben lo del problema con los indios. Me eché para atrás, chocando contra el cristal. Abrí la boca y la cerré, porque no sabía ni que decir. Enrojecí por enésima vez. -¿Qué pensarán de mí? ¿Era necesario que lo supieran? -Lo siento- negó- digamos que en mi familia no hay mucho espacio para la intimidad. Tendré que hablar con ellos, Bella. Escucha... vámonos de aquí, a otro lugar, nosotros dos solos. No tienes por qué aguantar que ni Jacob ni nadie te insulte. -¿Y tu familia? -Tú eres lo primero. No tienes por qué verles si eso te incomoda. Lo siento - repitió.- Dime qué puedo hacer para que te sientas mejor- sus ojos brillaban con un anhelo irresistible. Lo pensé durante un momento. Mirando al hombre, al ser que tenía ante mí, de pronto lo tuve todo claro. No tenía absolutamente nada de que avergonzarme. Lo amaba profundamente y le había entregado mi cuerpo por completo. Y casi toda mi alma. No había nada malo en ello, ni nada por lo que avergonzarse. -Llévame a tu casa. -¿Vienes conmigo?- el ámbar de sus ojos brilló y sentí la casi irrefrenable necesidad de echarme en sus brazos. -Sí, vamos a casa.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 335 Capítulo 34 -Oh, por dios, esto está tan bueno que debe ser pecado -exclamé entusiasta mientras me metía la cuchara en la boca. Estaba sentada frente a la mesa de la enorme cocina. ¿Para qué querían una cocina tan grande unos vampiros? Es lo mismo que pensé cuando vi la de la casa Cullen. Edward estaba a mi lado y su expresión era tranquila, sus ojos permanecían claros, aunque viajaban del pastel a mi boca con cada una de las cucharadas que daba. -¿Cuál era tu comida favorita cuando eras humano? -No recuerdo bien. Pero seguro que no era el pastel de chocolate- sonrió torcido y mi corazón respondió con unos cuantos latidos de más. -Es uno de mis dos sabores favoritos- me sonrojé y seguí mirando el pastel. Sentí el peso de su mirada y alcé los ojos. Me miraba con intensidad, acariciándose el labio inferior con el índice, pero no había cambios en sus iris. Tomé otra cucharada del postre y la dirigí hacia mi boca. Su mano me detuvo sin que ni siquiera la hubiera visto venir. -Déjame probar- pidió suavemente. Demasiado suavemente. Mi vello se erizó de anticipación. Tomó la cuchara de mi mano con delicadeza y se la acercó a la boca. Probó el dulce con la punta de la lengua, y lo observé hipnotizada. Me clavó la mirada dorada y, sin dejar de observarme, me acercó con cuidado la cuchara a la boca, que abrí de forma automática. El sabor dulce se fundió con mi lengua, en mi garganta. Entonces Edward partió un pedazo del pastel con ayuda de la cucharilla y lo tomó entre dos dedos, acercándolo a mis labios con cuidado.
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    Cambio De Destino DraBSwan Tragué en seco al ver ese gesto. Edward y chocolate. Mis dos sabores favoritos para tomar al mismo tiempo. Metí sus dedos en mi boca y, cerrando los párpados, lamí y chupé a conciencia, pasando mi lengua por todo el contorno de su piel hasta que sólo noté su sabor en mi lengua. Abrí los ojos y esta vez su Página | 336 expresión provocó una contracción casi dolorosa en mis entrañas. Su rostro de ángel lucía ahora una máscara de pura lujuria y sus ojos eran azabache ardiente. De pronto sentí que el aire se movía a mi alrededor y me vi sentada en la fría encimera de la cocina, con las piernas pegadas a las caderas de Edward. Apoyaba sus brazos a cada lado de mi cuerpo, rodeándome, encerrándome, sonriendo como un cazador que acaba de atrapar a su presa. -Odio que hagas eso -puse las manos contra su pecho pero no hice esfuerzos por apartarle. Lo miré de hito en hito, intentando controlar mi respiración. -¿El qué? -preguntó, su sedosa voz teñida de infinita y falsa inocencia. -Manejarme de esa forma, como... como si fuera una muñeca de trapo. -¿En serio lo odias?-sonrió malicioso y una de sus manos ascendió entre mis muslos, rozándome apenas la piel. Mi traidor cuerpo respondió al instante. -Ajá- no pude articular más. -¿Y por qué te noto así si lo odias? -murmuró al tiempo que rozaba mis literalmente empapadas braguitas. Ahogué un jadeo. -Es una reacción fisiológica involuntaria, deberías saberlo, doctor -contesté con dificultad. -¿Y esto?-sentí su labios sobre mi cuello. Mi pulso golpeaba furiosamente contra la pared de mis arterias y percibí sobre mi piel su sonrisa. -In...voluntario-contesté en un hilo de voz, manteniendo las palmas de mis manos contra su duro pecho. -¿Y esa respiración?-susurró a pocos milímetros de mi boca mientras uno de sus largos dedos se abría paso entre mis pliegues. -Lo...mismo-musité ya sin aliento. -Ya... pues adoro esas reacciones involuntarias... como ésta- susurró rozándome apenas un pezón, duro hasta lo imposible. Todo su cuerpo transpiraba deseo y
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    Cambio De Destino DraBSwan sentí arder la sangre en mis venas- Voy a ver si descubro unas cuantas más. Tenemos algo pendiente en una encimera, ¿recuerdas? -su voz era ronca, sensual. Su dedo se retorcía en mi interior, provocándome deliciosos espasmos. Página | 337 -Eso... es en... mi casa -no iba a rendirme sin luchar. Lo deseaba, oh, sí, y tanto que lo deseaba, cada poro de mi piel le llamaba, cada célula de mi cuerpo le necesitaba, pero una parte de mí quería ponerle las cosas un poco difíciles. Luchar. Sólo un poquito. -No me gusta dejar cosas pendientes. Dios, estás tan mojada, amor... no puedo esperar a estar dentro de ti - se inclinó y en un instante me había despojado de mis braguitas. Escuché el sonido de la cremallera de su pantalón y con un solo movimiento se hundió en mi interior. Un quejido escapó de lo más profundo de mi pecho. Bandera blanca. Si no puedes con tu enemigo únete a él. Rodeé su cuello con mis brazos, y mis tobillos se cruzaron tras su cuerpo pegándose a sus nalgas, acercándolo más todavía a mí. Profundamente. -Más. -¿Eso ha sido una palabra involuntaria?-susurró burlón retirándose un poco. Maldito vampiro. -Más. Fuerte. Ahora. Son tres. - entrelazada con su cuerpo, me adherí a él. La sensación de estar completamente llena era embriagadora. Volvió a retirarse casi completamente y me quejé por el vacío. -¿Lo quieres duro?- no esperó mi respuesta y me agarró ambas nalgas, invadiéndome con fuerza de nuevo.-Quiero oírte gritar de placer, cariño. Asaltó mi boca con un beso hambriento, necesitado, voraz. Embistió enérgicamente una, otra vez, devorando mis gemidos, que eran cada vez más fuertes. Una de sus manos se deslizó entre los dos, acariciando mi hinchado clítoris. Mi vientre se contraía, todas mis percepciones concentradas en aquella zona, hasta que sin previo aviso el nudo estalló. El placer se expandió tensando todo mi cuerpo, mis terminaciones nerviosas vibrando al mismo tiempo. Grité aferrándome a él mientras sentía mi liberación. Un rugido profundo hizo vibrar mi pecho cuando los ecos de su orgasmo me alcanzaron.
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    Cambio De Destino DraBSwan Nos quedamos abrazados durante unos minutos, recuperando la respiración. Por lo menos yo. -¿Esto último también ha sido involuntario?-rozó mis labios con los suyos. Página | 338 -Totalmente -reí, y su boca me envolvió en un tierno beso. El sol ya debía estar alto y la luz del día entraba con fuerza por la ventana del dormitorio cuando me desperté al día siguiente. Me desperecé y vi que Edward no estaba a mi lado en la gran cama de matrimonio donde habíamos pasado la noche desnudos el uno en brazos del otro. Me puse la bata y fui a meterme en el cuarto de baño cuando un ruido en el piso de abajo me detuvo. Me quedé congelada. Ya no estábamos solos. La familia Cullen al completo estaba fuera de las protectoras puertas de la habitación. Y no había escaleras de incendio ni nada parecido por donde huir. Tonta Bella, sólo son unos cuantos vampiros. Que saben que no te importa compartir tu valiosa sangre con uno de ellos. Me había quedado congelada con la mano aferrando el pomo de la puerta del baño. No estaba preparada. No. Tuve un ataque de pánico como el que me dio cuando de pequeña tenía que salir en una obra de teatro y eché un vistazo a través de la cortina a todo el público que había en la sala. Tragué saliva. Casi salté sobre mis pies cuando llamaron a la puerta. -Bella- Edward entró y cerró tras de sí. Ya estaba vestido, una camiseta negra de cuello en pico suelta sobre los vaqueros desgastados que, sin ser ajustados, marcaban sus caderas y piernas de una forma ilícita. Si no hubiera estado al borde de la catatonia me habría alterado mucho al verle así, pero no podía alterarme mucho más. -Bella- repitió plantado ante mí, su expresión una mezcla a partes iguales de preocupación y diversión- mi familia está aquí... han llegado esta noche y he ido a recibirlos. Quería dejarte un rato a solas para que te vistieras sin prisas pero abajo están preocupados por tu ritmo cardiaco. Yo seguía allá plantada, con la mano en el pomo de la puerta, mirándolo estúpidamente.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Isabella Swan, reacciona. Estoy empezando a preocuparme -me tomó la cara entre ambas manos. Ahora la ansiedad ganaba a la diversión en su expresión. En aquel momento llamaron a la puerta, y Alice y Rosalie entraron sin esperar respuesta. Página | 339 -Vamos, hermanito. Lárgate, esto es cosa nuestra -afirmó Alice, al tiempo que señalaba con el pulgar por encima de su hombro. Ella y Rose me flanquearon y se metieron conmigo en el baño, cerrando la puerta en la cara de mi novio, cuyos reflejos vampíricos no le habían preparado para el ataque de sus hermanas. Pude escuchar un bufido al otro lado de la puerta. -Bella, si me necesitas sólo llámame-escuché la voz de Edward al otro lado de la puerta y luego el sonido de un portazo. -Vamos, chica, ¿qué te pasa? Ya nos conoces a casi todos. Y te aseguro que Jasper no se come a nadie. - Rose colocó sus manos sobre mis hombros y me miró con ojos afectuosos. -No, ya hace mucho tiempo que no hace eso - declaró Alice con solemnidad. Rosalie le dirigió una mirada asesina.-Perdona, cariño, sólo era una pequeña broma- me abrazó efusivamente.- Entiendo que no es el momento. Eh, sólo es una pequeña reunión familiar. Mira, te dejo aquí con Rosalie y voy a buscar algo para vestirte. -Sus ojos chispeantes me pidieron permiso y asentí. No sería capaz ni de elegir por mí misma algo que ponerme. Rosalie me tomó del brazo y me sentó en un taburete que había en el baño, sentándose ella misma en el borde de la bañera. -Bella, no estarás así por nosotros -me miró con tanto afecto y preocupación que me forcé a reaccionar. Medí bien mis palabras, sabiendo que lo más seguro es que fueran escuchadas también en el piso inferior. -Supongo que es un poco de todo. Hasta ahora no había estado con todos vosotros juntos, y si ya impone la familia política imagina en vuestro caso. Además... –me sonrojé- todos sabéis que es lo que ha forzado esta reunión. -Lo único que ha forzado esta reunión es la cabezonería de Jacob y la desconfianza que nos tiene. Lo que tú y Edward hagáis en privado a él no le va ni le viene.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Y tú qué piensas?- pregunté tímidamente. -No es importante lo que yo piense. Métetelo en la cabeza, cuñada- sonrió al decir la palabra. – Pero si de veras quieres saberlo, te diré que me parece muy, muy... sexy. Página | 340 -¿Sexy? -Ajá- bajó muchísimo el tono de voz, convirtiéndose en apenas un suspiro, tanto que tuve que acercarme más para escucharla.- Ya tengo a Emmet y es el amor de mi vida, pero si amara a un humano y este me ofreciera su sangre... – puso los ojos en blanco- Piensa que los vampiros disfrutamos como locos sólo con dos cosas: la sangre y el sexo. Por eso después de irnos de caza estamos tan salidos- rió.- Tú se lo das todo a Edward. Guau.-me miró con intensidad. Me sonrojé hasta la raíz del cabello. Estaba bien que Rose fuera sincera, pero por un momento sus ojos se habían oscurecido y eso no contribuía a mi calma, precisamente. -¿Pensarán todos lo mismo? -No sabría decirte, pero diría que sí. Pregúntaselo a Edward, a estas alturas ya se habrá hecho una idea de lo que pasa por las cabezas de todos los presentes- sonrió con expresión de fastidio.- La suerte que tienes de ser opaca para él. Eres su mujer ideal... Alice irrumpió en el baño interrumpiendo la conversación. Llevaba en una mano una percha con un vestido, y en la otra un conjunto de ropa interior. Fruncí el ceño. -Alice, eso no es mío -miré confusa aquella preciosa prenda. El día anterior había comprado algo de ropa informal y algunas mudas de ropa interior en un centro comercial cercano al hospital, ya que lógicamente había venido sin nada de equipaje desde Forks. -Es un regalo para ti. Me gustaría que lo llevaras -sonrió espectacularmente. Antes de que pudiera decir nada levantó la mano para detenerme.- Bella, Edward me dijo que tienes un problema con los regalos. Esto lo he hecho yo misma en mi taller, no me ha costado nada más que un poco de tiempo. Y ya sabes que no duermo, así que tiempo tengo de sobras.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Pero... –me detuve y suspiré. No podía rechazar un regalo tan gentil.- No tenías que haberte molestado, Alice. Muchas gracias –parpadeé repetidas veces, emocionada. -La verdad es que siempre siento la necesidad de disculparme contigo por lo Página | 341 borde que fui la primera vez que nos vimos. -Ya lo has hecho. Diez veces o veinte, Alice-repuse tomando el vestido de sus manos y mirándolo apreciativamente.-Y quiero puntualizar que no tengo problema con los regalos, sino con no poder corresponder adecuadamente a ellos. La gente normal no va regalando coches de lujo por ahí, y si a alguien le pasa eso debería ir al psiquiatra a que le trataran ese desorden compulsivo - pronuncié en un tono de voz más alto, para que ese "alguien" captara correctamente el mensaje. Alice y Rosalie rieron. Moví la cabeza, recordando la discusión con Edward cuando se empeñó en comprarme un coche, y no uno cualquiera sino un Volvo s80 que costaba cerca de 70.000 dólares. Le juré que si lo compraba sin mi permiso no iba a subirme a él ni de acompañante y al final se rindió, no sin antes renegar de forma repetida contra mi testarudez. -Es diseño original mío, compuesto cien por cien de tejido de cultivo biológico, y todos los tratos comerciales para obtener la prenda siguen el sistema de comercio justo- sonrió orgullosa. -Es demasiado bonito para llevarlo ahora, Alice. Más tarde voy al hospital a visitar a Angela.- Entonces ella hizo "aquello". Compuso un puchero en su hermosa carita de duendecillo que me hizo reír.-Vale, vale, pero recuérdame que no te vuelva a mirar cuando pongas esa cara, con ella podrías conseguir cualquier cosa de mí. -Bueno es saberlo-arqueó ambas cejas.-Ah, viene con zapatos a juego. Ahora ya qué le iba a decir... se retiraron del baño y me dejaron intimidad para asearme y vestirme. Cuando estuve preparada salí a la habitación y para mi sorpresa mis cuñadas habían desaparecido, siendo sustituidas por mi novio, quien en este momento me estaba devorando con los ojos. -Conque tengo un desorden compulsivo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Sí, obsesivo compulsivo - le desafié con la mirada, alzando el mentón, aunque mi corazón estaba volviendo a sufrir taquicardia... pero esta vez por otro motivo. -El único desorden obsesivo que padezco se llama Isabella Swan... Estás Página | 342 radiante. Me parece que voy a mandar a mi familia a la calle y voy a asegurar la puerta del piso para que no vuelvan a entrar- dio un paso hacia mí. -¡Si haces eso la tiraré al suelo!-escuché gritar a Emmet desde el piso inferior. Vale, cero intimidad a partir de ya. Métetelo en la cabeza, Swan. -Bienvenida a la falta de intimidad, Bella -resopló Edward, haciéndose eco de mis pensamientos.- Bajemos antes de que Emmet suba y te cargue sobre su hombro en plan troglodita. Si no lo ha hecho ya es porque Rosalie lo tiene amenazado, ya sabes lo efectiva que es- sonrió mientras me tendía el brazo. Enrosqué su codo con el mío y salí por la puerta. Las piernas me temblaban un poco pero las ignoré. Más o menos. Cuando llegué al salón me encontré con la familia Cullen al completo como si posaran para una postal de navidad. Carlisle y Esme estaban sentados en el sofá cogidos de la mano, Rosalie y Emmet de pie junto a la chimenea, y Alice sentada en el reposabrazos del sofá. De pie a su lado un rubio impresionante me miraba y sonreía ampliamente. Edward me condujo hasta él. -Bella, este es Jasper- nos presentó y nos dimos un apretón de manos mientras cada uno estudiaba al otro. Era francamente guapo, como todos los Cullen, alto, rubio, mirada color miel... Y una sonrisa que desarmaba a cualquiera. -Me alegro de conocerte por fin, Bella-dijo, y me sorprendió plantándome un beso en cada mejilla. -Es un placer. Hace tiempo que quería darte las gracias en persona por ayudarme con lo de Daniel. -Lamento no ser más útil con eso. Tengo mis teorías, pero luego te las explicaré- su voz perfectamente modulada y su expresión calma tenían un efecto profundamente relajante. ¿Podría ser el único Cullen a cuyo don no fuera inmune?
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    Cambio De Destino DraBSwan Parecía que hoy era transparente, porque como si hubiera leído mi pensamiento Alice contestó. -Está claro que también eres inmune al don de Jasper, porque cuando hemos escuchado el galope de tu corazón ha intentado calmarte, pero no ha habido Página | 343 manera. ¿No? Entonces simplemente se podía decir una cosa. Jasper era de esas personas que podían caerme bien a simple vista. Muy bien. Me acerqué a saludar a los demás y todos me dieron dos besos, cosa que agradecí porque sabía que ellos normalmente no eran nada efusivos con los humanos, pero con ese gesto me estaban mostrando que podía confiar en ellos. Me senté en el otro sofá enfrente de Esme y Carlisle al lado de Edward, quien tomó mi mano tranquilizándome. No los había visto desde la noche en que me rescataron en la carretera. -¿Cómo está tu amiga, Bella? Edward nos ha explicado que ha podido hablar contigo -inquirió Carlisle. -Oh, se encuentra muy bien- sonreí y les puse en antecedentes sobre el estado de Ángela.- Probablemente esta tarde la pasen ya a la planta- terminé. -Está en buenas manos, Bella, conozco al jefe de cardiología del hospital y son gente muy competente -me tranquilizó Carlisle.- El único problema es que está embarazada y no querrán colocarle el desfibrilador interno hasta que no esté de tres meses. Pero una vez lo hagan y siguiendo los adecuados controles podrá estar tranquila. -Sí, eso mismo me dijo ella, que de momento no se lo iban a poder colocar- de repente se me ocurrió algo que no había pensado. Si había riesgo, aunque fuera ínfimo, de que lo sucedido se repitiera hasta que no se hiciera la intervención definitiva... ¿qué iba a pasar? -Bella- Esme me sacó de mis divagaciones,- queremos que sepas que lamentamos mucho estar aquí por el motivo que estamos. Creo que hablo por todos cuando te digo que no te sientas mal por lo que ha pasado. Es triste que un acto de amor se manipule para convertirlo en motivo de ofensa y escándalo.- Esme habló con serenidad y autoridad y todos asintieron. En aquel momento me pregunté a qué narices había esperado tanto para reunirme con ellos.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Gracias, Esme. No te imaginas lo que significan esas palabras para mí, después de lo del domingo. -La reunión con Billy y Sue es esta tarde. Ellos actúan como representantes de los indios y Esme y yo hablaremos por nuestra familia. Pero hemos querido Página | 344 reunirnos todos para mostraros a Edward y a ti nuestro apoyo -explicó Carlisle.- Aunque tengo que decir que cuando me enteré de que Edward había bebido de tu sangre lo primero que hice fue montar en cólera, así que lo admito: no espero grandes cosas de esta reunión. Pensé que mi hijo se había trastornado. Por teléfono le llamé egoísta, imprudente y cosas peores. Fue Esme quien me hizo entrar en razón. En mis más de tres siglos no he sabido de ninguna relación como la vuestra. No podía saber qué pasaría y pensaba que Edward tampoco y eso fue lo que me enfureció. Pero parece que vosotros dos os habéis dejado llevar por un instinto que supera mis conocimientos, y habéis confiado plenamente el uno en el otro. Miré a Esme. Su aspecto era el de una mujer en la treintena pero me sonreía con un cariño tan maternal que Renée se habría puesto un poco celosa. Me sentí agradecida por su forma de proteger la relación de Edward conmigo. Y tenían razón. Mi confianza en Edward iba más allá de lo racional, era algo completamente instintivo, y por lo tanto su fuerza era inexplicable en palabras. Y, de nuevo, me pareció que todos mis pensamientos y sentimientos eran captados. -Ya sé que te lo habrán dicho antes, Bella, pero no te imaginas lo feliz que soy, que somos todos, viendo a Edward tan radiante -miró a su hijo adoptivo con calidez infinita.- Eres lo mejor que le ha podido pasar.- Pensé en las dudas que tenía sobre mi transformación en vampira y Esme continuó, dejándome literalmente alucinada.- Y aunque no estés decidida aún a dar el paso para ser una de nosotros no te sientas agobiada, cuando sea el momento tomarás la decisión correcta.- Pensé que Esme tenía muy claro cuál sería esa decisión o no apoyaría con tanto ahínco nuestra relación. Edward carraspeó. -Mamá, tema tabú, ya te lo dije- la reprendió Edward con suavidad.- Lo siento Bella - dijo ansiosamente, observando mi expresión.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No... Tranquilo. De hecho lo que me pasa es que parece que todo el mundo aquí lee mis pensamientos- contesté con los ojos muy abiertos. Todos sonrieron abiertamente excepto Emmet, que soltó una risotada. -Edward no está tan acostumbrado como nosotros a leer el lenguaje corporal Página | 345 por su don, que le ha atrofiado la percepción de las expresiones del cuerpo humano, Bella. Pero el resto de vampiros que no compartimos el don de leer la mente podemos estudiar una cara y un cuerpo humanos con bastante acierto- explicó el grandullón de los Cullen.-Y tú además eres transparente como el cristal, cuñadita. No juegues nunca al póker. -Vaya-repuse, sin más palabras. El resto de la reunión transcurrió de forma mucho más agradable de lo que había imaginado en mis fantasías más optimistas. De forma natural fui hablando con cada uno de los Cullen, mientras los demás se ponían al día entre ellos. No era como comer juntos. Era mejor, porque en ese caso me habría encontrado comiendo sola con todos observándome. Parecía un baile, donde todos íbamos cambiando de pareja cada x tiempo, disfrutando de la compañía de todos. En un momento dado me encontré sentada en uno de los sofás con Jasper a mi lado y Alice a su lado en el reposabrazos. -Como te habrá explicado Edward, sabemos que Jane Smith es un nombre falso, puesto que los datos personales de esa persona y de su hijo "nacen" en Forks. La gente no va por ahí cambiando de identidad porque sí. Mi teoría es que esa mujer trastornada debió haber cometido algún delito y escapó hasta aquí, quizá cambió de país. Cuando volvió a delinquir y se sintió sorprendida por ti huyó. Por lo que he leído de ese tipo de problema psiquiátrico es bastante probable que el delito que cometió estuviera relacionado con lo mismo. Pero además esa mujer es inteligente y sabe esconderse. Puede que también padezca algún tipo de trastorno de la personalidad. Me estremecí al escuchar a Jasper, quizá la madre de Daniel era ya culpable de un delito grave, quizá incluso de asesinato. Jasper me miraba atentamente con ojos cálidos, e intenté centrarme en la información que me estaba proporcionando. -Puede que tengas razón. Su acento no era de la zona, aunque no sabría decir si era inglés no americano. Podría ser...-repuse, pensativa.- Imagino que es tarea
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    Cambio De Destino DraBSwan imposible, pero ¿has investigado en muertes extrañas aquí o en algún país de habla inglesa? Me refiero a muertes por alguna enfermedad extraña en la que se haya investigado a la familia de la víctima. Y tampoco ha de ser tan fácil conseguir una identidad nueva. ¿Habría alguna manera de investigar a la gente Página | 346 que se dedica a eso, para encontrar el hilo de Jane Smith?- Jasper rió y me sonrojé, seguramente había dicho una burrada muy grande. -Oh, no te sientas avergonzada. Lo que has dicho tiene mucho sentido. Río simplemente porque tienes una gran confianza en mis habilidades, veo que Edward te ha hablado muy bien de mí -me guiñó el ojo.- Lo cierto es que ha sido mucho trabajo, pero lo más pesado lo hace el ordenador por sí solo, así que... sí respecto a la primera pregunta. Podemos empezar por unas cuantas fotografías que tengo que mostrarte, aunque ten en cuenta que la mujer puede haberse teñido el cabello, o llevar lentillas de color, por no hablar de la cirugía plástica. Tienes que fijarte bien. Respecto a lo segundo, eso es muchísimo más difícil. No creas que es tan difícil crearse una identidad falsa, y los registros de eso no se guardan en Internet así como así. Empecé a investigar a todos los tipos con antecedentes penales por falsificación de documentos pero hay tantos que hacerles una amable visita a todos con una foto de Jane Smith es muy, muy complicado. Por primera vez en mucho tiempo tuve la sensación de que había alguna esperanza en encontrar a Daniel. Fue como si me quitaran un peso de encima. Estuve a punto de lanzarme a abrazar a Jasper, pero no sabía cómo se lo tomaría y me abracé a mí misma para retenerme. -Eh, antes de iluminar más tu expresión espera a ver las fotografías, son sólo unos cuantos miles, y las has de mirar con mucho cuidado, no va a ser fácil. -Jasper, no sabes cuánto te lo agradezco, en serio. No... no sé qué decir - terminé emocionada. -No digas nada más. Me alegra ayudar a una buena causa, y más si esto supone un reto. -¿Cuándo podré ver las fotos? -Lo podemos dejar para cuando vuelvas del hospital esta tarde, si quieres. De todas formas tengo un lápiz de memoria con todos los archivos, pero me gustaría verlos contigo, podría cambiarles el color de pelo o de ojos según sugirieras.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Eso también puedo hacerlo yo- la voz de Edward sonó a mi lado. Se había sentado y ni siquiera había sentido hundirse el sofá a mi lado, como si fuera una presencia incorpórea. Lo miré y tuve que contener una sonrisa. Mi novio estaba un poco celoso de la atención que le prestaba a su hermano. Página | 347 -Bueno, si son miles de archivos seguro que podrás ayudarme en otro momento-le sonreí. -Te dije que Jasper era el mejor-me acarició la mejilla con el dorso de la mano.- No tardaremos en dar con Daniel, estoy convencido. Asentí. Por fin veía un final a la angustia, a la espera... algo de esperanza, aunque remota. Capítulo 35 BPOV
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    Cambio De Destino DraBSwan -Guau, chica, ¿vienes de una fiesta?-Angela me miró de arriba abajo con los ojos muy abiertos cuando entré en su habitación. -Es un regalo de Alice, la hermana de Edward- sonreí pero el gesto se me congeló en la cara. Jacob acababa de salir del aseo. Página | 348 La temperatura de la habitación bajó varios grados mientras nos mirábamos el uno al otro. -Hola -casi gruñó las palabras y ni tan sólo me miró al pronunciarlas, pero al menos saludaba. -Hola-repuse fríamente. -Angela, tengo que irme ya- se acercó a ella y la besó, acariciándole la mejilla. -Dale recuerdos a Billy-ella le acarició la mejilla, mirándolo con ternura. -Lo haré. Estaré aquí para pasar la noche contigo. -No quiero que hagas el viaje de ida y vuelta desde Forks. Es muy pesado. Prefiero que te quedes con tu padre. -Lo haré, volveré esta noche -repuso en tono que no admitía réplica. -No, no lo harás-frunció el ceño mi amiga. -Yo me puedo quedar contigo esta noche-intervine. -NADIE se va a quedar conmigo esta noche-repuso Angela. Ni Jacob ni yo perdimos de vista la ligera elevación de frecuencia cardiaca que estaba teniendo.- ¡Y dejad de mirar el puto trasto! ¡Lo malo es que baje, no que suba! -Cariño, deja que te cuide. Por favor -suplicó Jake cerca de la cara de Ang, cambiando de estrategia, tomándola de ambas manos.- Esta noche estaré aquí sano y salvo para cuidar de ti... de los dos. -Está bien-se ablandó mi amiga.- Qué ganas tengo de que me den de alta y dejar de ser una carga. -No eres una carga-dijimos ambos al unísono.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Por lo menos os ponéis de acuerdo en algo -bufó. Jake se levantó y con un último beso se despidió de mi amiga. Cuando cerró la puerta Angela me taladró con la mirada. Página | 349 -¿No te has parado a pensar que si no me explicáis nada soy capaz de pensar cosas peores de lo que realmente es? -¿Cómo qué cosas?-inquirí. Ella frunció el ceño durante un rato y al final suspiró. -No sé. Me rindo. Soy incapaz de pensar mal de ninguno de los tres. -Confía en mí, Angela. –Me senté en la butaca al lado de la cama y le tomé la mano.- No es necesario que lo sepas. Lo único que tienes que saber es que ya no podemos estar los cuatro juntos en la misma habitación, y que no puedes hacer nada para arreglarlo. -No me voy a dar por vencida, Bella... -Oh, por dios, déjalo ya, Angela. Bastante mal me siento pensando que tengo algo que ver con lo te pasó -fruncí el ceño y me mordí el labio con fuerza para no llorar. Por más que había intentado reprimir esa idea la sensación de culpabilidad estaba ahí, aunque fuera irracional. -Bella. Jamás en tu vida vuelvas a decir algo así. Te aseguro que he tenido disgustos en mi vida mucho peores que el del domingo y jamás he tenido una jodida señal de que tenía este problema. Olvida eso, ¿de acuerdo?-me apretó la mano con fuerza. En aquel momento llamaron a la puerta y entraron Monica y Anne. Al momento siguiente estaban las tres abrazadas, riendo y llorando y hablando al mismo tiempo. Pasados los primeros minutos de emoción pudieron empezar a decir frases coherentes. Las dos la felicitaban por su embarazo y por lo bien que se la veía tras lo que había pasado. -Vamos, chicas, no he visto la luz del túnel, así que no sería tan grave. -Oh, dios, Angela, ¿como puedes bromear con algo así?- negaba Monica con los ojos brillantes.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Supongo que porque no lo vi, y no recuerdo nada. Sólo... –me echó un vistazo rápido y luego miró a Anne -bueno, sólo recuerdo haber llegado a tu casa con Jake, y luego me desperté aquí. Entonces fue Anne la que me miró dubitativa. Página | 350 -Está bien, chicas, no nos andemos con rodeos, de acuerdo, Jake y Edward se pelearon. Que no hablemos de ello no lo hace menos verdad. Pero si no os importa yo no hablaré del tema -dije. Las tres me miraron, Anne y Monica se mordían la lengua con ganas de saber más, y Angela me miraba con intensidad como si estuviera intentando leerme la mente. -Por cierto, ¿quién eres tú y qué has hecho con Bella?-cambió de tema Anne, observándome de arriba abajo.- Al final alguien ha hecho de ti una mujer bien vestida-sonrió y le saqué la lengua. -Sí, eso me recuerda que te tengo que presentar a mi cuñada Alice, os llevaríais muy bien. -¿Alice Cullen? La conozco de vista. ¿Ese vestido tiene algo que ver con ella? -Es un regalo suyo. Lo hizo ella -repuse entre orgullosa y avergonzada. -¿Llevas un vestido diseñado por Alice Cullen y por si eso fuera poco confeccionado por ella misma?-Anne abrió los ojos desorbitadamente y silbó con admiración.- Si yo fuera tú lo metería en una caja fuerte. No sabes lo buscados que están, y cómo se cotizan. -No, no lo sé, pero si sé que si no me lo pongo sería la propia Alice quien me metería en la caja fuerte y no me dejaría salir hasta que no accediera a vestirlo- rodé los ojos. Evidentemente, Anne no conocía a Alice. Nos pusimos a hablar de otras cosas, cotilleos del hospital sobre todo, aunque por respeto a mí obviaron los comentarios que el personal a buen seguro habría hecho sobre la pelea. A Angela se la notaba bastante más seria que el día anterior, lo que atribuí a que quizá se estaba dando cuenta de la gravedad de la situación que había vivido. Pero no era eso. -¿Cuándo te darán de alta? ¿Podrás trabajar?-inquirió Anne.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Es una jodida mierda, chicas-suspiró Angela, agobiada.- No sé qué voy a hacer. No me quieren poner el desfibrilador interno hasta que no esté de más de tres meses, lo cual es dentro de mes y medio. Y aunque esto sólo me ha pasado una vez y quizá no vuelva a repetirse en toda mi vida Jake no quiere que me quede Página | 351 sola en casa. Tampoco me dejan trabajar mientras no lo lleve puesto. Jake y yo hemos discutido porque yo pienso que no hay para tanto, pero él dice que soy una imprudente, que mire por mí y por el bebé, y que debería estar acompañada las 24 horas del día por si acaso, con alguien que sepa manejar un desfibrilador semiautomático que, por supuesto, ya ha comprado y tiene en casa- puso los ojos en blanco-¿Os lo podéis creer? -Ang, ahí le he de dar la razón a Jake- aunque me disguste- no puedes hacer como si no hubiera pasado nada. -No lo entiendes, Bella, toda mi vida he sido independiente, y odio la idea de sentirme inútil -me fulminó con la mirada.-Esto es la primera vez que me pasa, y no tiene por qué volver a sucederme. -Angela, apoyo lo que dice Bella- dijo Mónica con los ojos vidriosos.-No te imaginas lo que fue verte allá tendida, sin pulso. No puedes pedir que te comprendamos-sofocó un sollozo y a mí se me encogió el corazón al recordar aquella escena. Anne y yo asentimos. -Dios, no quiero pensar nada de todo eso. Ya tengo bastante con Jacob dándome la vara con ese tema. Por favor, si tenéis que seguir con eso prefiero que me dejéis sola-repuso nuestra amiga secamente. Por temor a que cumpliera su amenaza cambiamos de tema y continuamos hablando de banalidades. Creía saber lo que le pasaba a Angela. Además de querer ser independiente, estaba experimentando una de las reacciones más humanas ante una desgracia o pérdida: la negación. Ese sencillo mecanismo de la mente nos protegía a menudo contra el hundimiento de los ánimos, pero en su caso la ponía en peligro a ella y a la vida que estaba gestando. *º*º*º*º* Llevábamos ya más de dos horas delante de la pantalla del ordenador, y mis ojos comenzaban a ver lucecitas de colores. Cerré los párpados y me froté las sienes, masajeándome.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Lo siento, debes estar agotada. Olvido con facilidad que eres humana, a pesar de lo bien que hueles-Jasper me guiñó un ojo-. Es extraño lo bien que te amoldas a nosotros. Como si fueras una más - me miró con curiosidad, mientras apagaba el monitor y cerraba el portátil. Página | 352 -Siempre he sido un poquito rara-suspiré, reclinándome en el respaldo de la silla.- Toda mi vida he hecho esfuerzos por adaptarme y creo que lo he conseguido, pero en el fondo de mi corazón siempre me he sentido un poco fuera de lugar. Como si tanto esfuerzo para encajar no fuera natural. –Me sorprendí a mí misma al terminar la frase. No sabía por qué, pero me parecía que Jasper tenía la capacidad de sacar confesiones espontáneas de mí. -Eres una humana muy interesante, Bella -me sonrió mi cuñado. Tenía una sonrisa preciosa. -Eso en idioma de Jasper equivale a un halago tremendo. Me voy a poner muy celosa-intervino Alice, apareciendo a nuestro lado de la nada. -Por dios, me siento como en la casa del Gran hermano, me da la sensación de que todas mis palabras y movimientos están siendo controlados-me puse teatralmente las manos en las mejillas. -Pues no tienes ni idea de lo insoportable que es que además tus pensamientos estén vigilados. Mi hermano sí es el Gran hermano, ¿verdad Edward? -Alice habló en tono ligero, aunque en aquel momento el nombrado no se encontraba en la habitación. A los pocos segundos soltó una carcajada. Jasper sonrió. - ¿Con esa boca besas a Bella, Edward? ¡Qué lenguaje! –mi cuñada arrugó su perfecta nariz y fingió ofenderse. -Sí, no sabes lo que me alegro de ser un muro para él-asentí.-Bastante transparente soy por mí misma, ya habéis visto- sofoqué un bostezo.- ¿Cuántos archivos quedan por ver, Jasper?-el aludido soltó un silbido. -Sólo hemos visto la décima parte. Será mejor que te acuestes, Bella. Los que queden por ver te los dejaré en el lápiz de memoria. Edward se maneja aceptablemente con el programa de imagen, él te podrá ayudar con todos los cambios de aspecto de las sospechosas. -Aceptablemente no es la palabra- casi antes que escuchar su voz sentí las posesivas manos de mi novio sobre mis hombros, acariciando mi cuello, masajeándome la espalda. Reprimí un gemido bastante indecente que luchaba
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    Cambio De Destino DraBSwan por salir de mi garganta.- Lo manejo jodidamente bien. Aunque tú lo haces aún mejor, por eso te he dejado monopolizar a mi chica durante tanto tiempo.- Jasper alzó las cejas, divertido. Me levanté de la silla. Me estaba afectando demasiado el contacto con Edward. Página | 353 -¿Y Emmet y Rosalie? –pregunté inocentemente al entrar en el salón y no verles. -Digamos que ellos no tienen tus problemas con lo de la falta de intimidad, Bella- Edward alzó una ceja con intención mientras Jasper y Alice sofocaban una carcajada. Enseguida comprendí de qué hablaba y mi cara se tornó de un rabioso color escarlata.-Piensa que nosotros lo vemos como algo natural -sonrió tímidamente poniéndome una fresca mano en cada mejilla. -¡Ya sé que es algo natural! Pero para mí es un acto muy íntimo, y no podría sabiendo que... ¡que hay varios pares de agudos oídos escuchando! -¿Entonces hoy estarás a pan y agua, hermanito?- escuché una voz socarrona. Emmet asomaba en lo alto de la escalera "vestido" con tan sólo una minúscula toalla alrededor de la cintura. Se marcaba cada músculo de su enorme cuerpo. Estaba muy, pero que muy bien, lo poco que vi, porque aparté la mirada rápidamente; no quería ser testigo de si esa toalla formaba una "tienda de campaña" o no. -Será mejor que calles si no quieres hacer lo que estás haciendo ahora en plena calle, Emmet Cullen. No creo que en el cuerpo esté bien visto que un honorable bombero practique sexo en público-gruñó Edward.- Y tened cuidado con las paredes, la última vez que estuvisteis aquí tuve que llamar a un equipo de albañiles para que arreglaran la habitación entera. El enorme vampiro se retiró a la habitación con una carcajada. -¿Sabéis algo de cómo ha ido la reunión con los quileutes? ¿Cuándo volverán Esme y Carlisle?-pregunté. -Sólo sabemos que ya terminó la reunión, pero antes de volver van a cazar algo, Bella. Los dos llevan varios días sin alimentarse. Así que lo mejor será que te acuestes- explicó mi novio. -¿Yo sola?-inquirí confusa.
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    Cambio De Destino DraBSwan Sencillamente, no me cabía en la cabeza que él estuviera en la misma casa que yo y no "durmiera" conmigo, porque nunca había pasado algo así. Edward se mordió el labio inferior. Página | 354 -Sinceramente, Bella, me va a resultar muy, muy difícil estar contigo en la misma cama y no... Acercarme demasiado. -Bien que te controlaste la primera noche que pasamos juntos, a pesar mío - reproché sin pensar que no estábamos solos. Alice y Jasper nos miraban, entretenidos por el espectáculo. -Bella, eso lo pude hacer porque aún no había probado tu sangre. No me pidas eso ahora. Cuanto más la pruebo más te deseo ¿Y vosotros dos qué hacéis mirando? ¡Al menos podríais disimular un poco y marcharos a otra habitación!- espetó a unos sonrientes Alice y Jasper. -Eh, eh, ya nos vamos, no pagues tu exceso de energía con nosotros-contestó Jasper levantando las manos en actitud de rendición, mientras Alice tiraba de él hacia otra habitación. O me acostumbraba a todo esto... o mi cara iba a quedarse de color granada a perpetuidad. -Vamos, Bella. Lo intentaré, supongo que podré hacerlo -Edward me tendió su mano, mirándome cálidamente.-Pero entiéndelo si en cualquier momento desaparezco. -Lo siento. No te preocupes, es sólo que... no me esperaba que me dijeras eso. Pero lo entiendo. De veras. Quédate con ellos -negué con la cabeza, le besé rápidamente y subí las escaleras. Por lo menos nuestra habitación estaba lejos de la que ocupaban Emmet y Rose, además de que estos, por deferencia a mí, a su hermano o a ambos, no estaban golpeando rítmicamente ninguna pared. Al menos para lo que captaban mis oídos humanos. Entré en la habitación y como único pijama me puse una camiseta de Edward, que me llegaba hasta la mitad de los muslos. El día anterior me había dado tiempo de comprar algo de ropa pero me había olvidado de la ropa de dormir.
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    Cambio De Destino DraBSwan Al fin y al cabo estando sola con Edward no la necesitaba, pero ahora no creía buena idea el pasearme en ropa interior por la casa. Abrí el edredón y me metí debajo, con un suspiro. Jamás había sido capaz de dormir con nadie en mi cama, me resultaba molesto oír respirar a otro a mi lado, sus movimientos me Página | 355 despertaban inmediatamente, y no digamos de dormir abrazados. Pero ahora era al revés, me iba a costar dormir sin sentir el contacto con el duro y a la vez suave cuerpo de Edward. No podía dormirme, así que empecé a darle vueltas a lo que pasaría. Mañana miércoles sería el último día que Edward estaría en Seattle. Habíamos hecho planes para los próximos días. Emily no me reclamaba todavía pero en cirugía iban muy apretados de agenda y necesitaban un par de manos más para el quirófano, así que Edward debía estar el jueves en el trabajo. Trabajaría jueves, viernes y sábado, y volvería conmigo. Afortunadamente ambos habíamos podido cambiar la guardia que teníamos este domingo para el siguiente. Lo iba a echar de menos, pero no quería separarme de Angela. Físicamente se encontraba bien, pero quería que se sintiera apoyada, y no sólo por Jake. La falta de una familia que la amara y se preocupara por ella era difícilmente sustituible, pero había que intentarlo. No bastaba con el amor de Jacob. ¿Qué haría Angela ahora? ¿Y Jake? Ella no podía trabajar, y él tampoco podría hacerlo si se dedicaba a cuidar de ella todo el día. Perdería su trabajo. No llevaba tanto tiempo en él como para pedirse dos meses "sabáticos". ¿Cómo solucionaríamos esto? ¿Y si me ponía en contacto con sus padres? Seguro que Jasper podía conseguirme sus datos en un minuto. No, no era buena idea. A ella no le gustaría que hiciera eso a sus espaldas. Di la enésima vuelta en la cama y lo sentí. Edward estaba conmigo. Abrí los ojos y lo vi en la penumbra sentado en el suelo, con las piernas cruzadas, mirándome. -¿No puedes dormir? No has parado de dar vueltas en la cama desde que te has metido dentro-su voz sonó preocupada. Me había escuchado moverme en la cama desde el piso de abajo... él y cuatro vampiros más. Como para animarme a tener relaciones con él... -No... Estaba dándole vueltas a lo que iba a hacer Angela a partir de ahora. Quizá su familia pudiera apoyarla. -No. Si no te lo ha pedido no intervengas.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Sabes algo de ellos?-inquirí, suspicaz. -Oh, yo sé mucho de muchas cosas-dijo en plan petulante. -Ya. No está bien hablar de las cosas que lees en la mente de otros, ¿no? Página | 356 -Ah ¿te había hablado ya de ello? -fingió sorpresa y le golpeé con una almohada en plena cara.- No te pongas agresiva... puedes excitarme y te aseguro que puedo hacer que te dé igual que esté toda mi familia escuchándonos-bajó el tono de voz tanto que mi vello se erizó. -Creído - espeté, y le di la espalda mientras se reía. En aquel momento sentí su peso en la cama y su brazo amarrándome a él, aunque con el edredón separándonos. Sonreí para mí misma y suspiré. Tras unos minutos de silencio hablé. -¿Qué crees que habrá pasado en la reunión? ¿Van a cambiar mucho las cosas?¿Entenderán los indios lo que ha pasado? -No lo sé... no pienses en eso ahora, Bella. Duerme. Lo necesitas. Lo necesitaba, pero le necesitaba más a él. Y no hizo falta nada más que su abrazo. En pocos minutos estaba dormida.
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 357 Capítulo 36 Me despertó lo que parecía un ruido de algo al romperse. Miré el despertador: eran las cinco de la madrugada. Volví a escuchar otra vez el mismo sonido. Esta vez podía asegurar que algo se había roto en pedazos. Me levanté y de puntillas me dirigí hacia la puerta del dormitorio, entreabriéndola. Se oían voces apagadas en el piso de abajo. -Edward, te dije que despertarías a Bella -amonestó Alice. Me di cuenta de que estaba haciendo el idiota, porque todos los que estaban abajo ya sabían que yo estaba escuchando. Así que me puse unos vaqueros y una camiseta mía, me aseé un poco en el baño y bajé, intrigada. ¿Qué había pasado? ¿Habrían vuelto Esme y Carlisle? Empecé a angustiarme. Abrí la puerta del salón y allá estaban, todos. Edward apoyaba sus manos en la repisa de la chimenea... más que apoyar se aferraba a ella con tanta fuerza que dudaba que esta fuera a resistir mucho más sin comenzar a hacerse pedacitos. Alrededor en el suelo había fragmentos de lo que reconocí que eran dos bonitos jarrones que habían estado en dicha repisa. Pero no fue eso lo que me preocupó. Fue que no se giró para mirarme cuando entré. -Bella, cariño... siento que te hayas despertado -Esme se acercó a mí, me tomó de la cintura y me llevó hasta el sofá. Me senté sin mirar lo que hacía, pendiente de la espalda de Edward. Todos se sentaron a imitación mía, supuse que para no hacerme sentir incómoda.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Qué ha pasado? ¿Ha ido algo mal? -inquirí tensa. Volví mis ojos hacia Esme, cuya expresión dulce no podía ocultar cierta preocupación. -Bueno, digamos que no ha ido bien. Los quileutes estaban muy a la defensiva. Realmente parecían lobos defendiendo su territorio -frunció el ceño. Página | 358 -Eso del tratado es una absurda mierda. No tenemos por qué hacer caso. Todos los humanos que lo firmaron están muertos -espetó Edward girándose. Sus ojos echaban llamas mirando a Carlisle al tiempo que me evitaban. -Edward... -este lo miró con severidad, sin añadir nada más. Entonces mi novio desapareció por la puerta tan rápido que apenas me di cuenta y la puerta del comedor se cerró de golpe con tanta fuerza que quedó colgando de uno de los goznes. -¡Menudo carácter! Luego dirá que tiene que llamar a los obreros por nuestra culpa-comentó Emmet con los ojos muy abiertos. -Hacía tiempo que no lo veía así-dijo Alice, sentada en el suelo a los pies de Jasper, su espalda apoyada en el sofá de enfrente.-Desde... -me miró, dubitativa. -Desde que está conmigo -terminé la frase.- Yo jamás lo había visto así. -No te preocupes, se le pasará enseguida. Siempre se le pasa-me palmeó Esme en el muslo. Tomé aire con fuerza y me centré en lo importante. Qué habría pasado para que Edward sacara su peor genio. -Bien, explicádmelo todo, por favor –pedí llena de ansiedad, mirando alternativamente a Esme y a Carlisle quien suspiró, se sentó a mi otro lado y tomó la palabra. -Verás, Bella -dijo con suavidad- supongo que conoces el tratado que firmamos hace décadas con los dirigentes quileutes, entre ellos el abuelo de Jacob Black, que era el jefe. En él nos comprometimos a seguir con nuestra alimentación a base de animales y mantenernos apartados del área de la reserva, cosas que en aquel momento parecían sencillas porque era lo que siempre habíamos hecho. A cambio de eso ellos no revelarían nuestra auténtica naturaleza y nos dejarían vivir nuestra vida en paz. Quien comprometía el tratado, debería marcharse lejos de la reserva y de toda la región cercana.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Qué? Es... ¡es absurdo! -protesté.- Edward no tiene que dejar su casa de Forks por lo que ha pasado. ¿Y qué pasa si alguien va diciendo por ahí que sois vampiros? ¡Lo más probable es que lo encerraran en una institución mental!- sentí la mano de Esme apretando la mía, tranquilizadora, y me viré hacia ella. Página | 359 -Cielo, es mucho más complejo que eso. Primero, nos guste o no firmamos aquello y somos gente de palabra- me sonrojé un poco, Esme tenía razón.- Además, siempre hay alguien dispuesto a creer en eso, y nos da pereza volver a empezar de cero tan pronto -miró a Carlisle con intención y pensé que seguramente ya habrían vivido una situación así en otra época y lugar.-Nuestra única esperanza era que los indios no consideraran el que tú cedieras tu sangre a Edward como una violación del tratado... pero no ha sido así. Cuando los hemos intentado convencer con este argumento ha sido precisamente el que ellos han esgrimido para cerrarse en banda. Por una parte están muy protectores por el hecho de que Angela está embarazada. -No entiendo qué tiene que ver eso. -Verás, es... complicado. ¿Conoces las leyendas quileutes sobre los hombres lobo?-asentí.- Ninguno de nosotros ha visto nunca un hombre lobo, pero si nosotros existimos, no dudamos de que haya una base veraz en esas leyendas. Según esas historias, lo que pone en marcha esa transformación es el olor del vampiro... alimentado con sangre humana.- Jadeé. Ahora comenzaba a entender algo. Esme asintió al reparar en mi expresión, y continuó.- Los quileutes no quieren correr ese riesgo. No sabemos cuánta...-buscó la palabra- exposición hace falta para que ese olor ponga en marcha la transformación en lobo. Pero una vez empezada no habría vuelta atrás. También se dice que los lobos jóvenes tienen mal autocontrol, llegando a poner en peligro a sus seres queridos de forma involuntaria. Comprenderás que Jake no desee pasar por eso. Y por si fuera poco tampoco podríamos descartar que el embarazo de tu amiga se viera afectado por esa transformación, al fin y al cabo es posible que lleve los genes licántropos. Es muy, muy complicado, más de lo que imaginábamos. Ellos conocen bien sus leyendas. Y hay una cosa que no sabíamos... En aquel momento Edward hizo acto de presencia, plantándose en el umbral de la puerta del salón. Lo miré y no alcancé a descifrar su expresión. Carlisle se levantó y se sentó al lado de Esme, dejando un espacio libre a mi lado, que Edward no tardó en ocupar. Su mano se entrelazó con la mía. Estaba helada, lo que me indicaba que había estado en el exterior un buen rato. Quizá
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    Cambio De Destino DraBSwan en la terraza. Hizo un leve gesto con la cabeza, indicando a Carlisle que podía continuar. -Cuando Edward me habló de ti y de lo que sintió al conocerte tuve mucha curiosidad y me puse a investigar. No es que no crea en los flechazos, pero eso Página | 360 no me lo parecía. Pero no encontré nada en las viejas leyendas de vampiros europeos que me recordara remotamente a lo que Edward me había explicando. Mi error fue que investigué en las leyendas escritas, cuando aún hay pueblos que mantienen la tradición oral, y las historias pasan de padres a hijos como cuentos. Hace siglos que los quileutes han coincidido con vampiros, nosotros no somos los primeros como sabes -Hizo una breve pausa y miró a Edward, quien repitió el gesto con la cabeza. ¿Adónde quería llegar Carlisle? La curiosidad me quemaba, pero la ansiedad me estaba matando. Tomé aire profundamente. -Algunas de esas historias -prosiguió- hablan de vampiros –y vampiras- que se sienten irremediablemente atraídos por el olor de la sangre de un humano en particular. Una atracción que no es la habitual. No se trata sólo de sed, que también. Es un deseo de posesión, de protección... es una necesidad absoluta del otro ser. Cuando esa atracción es correspondida por el ser humano acaba estableciéndose lo que ellos llaman un "vínculo de sangre" -pausó para dejarme tiempo a que absorbiera toda esa información. La mano de Edward oprimió la mía. Como si la pareja estuviera perfectamente acompasada, Esme tomó la palabra. -Bella, ¿has notado algo extraño últimamente respecto a Edward? Algo que no sintieras antes. Piénsalo. Miré hacia el fuego de la chimenea. Quería concentrarme y no podía sintiendo sobre mí tantos ojos curiosos. Y entonces fui consciente de ello. -Últimamente he notado -pronuncié lentamente las palabras, meditándolas- que siento la presencia de Edward. Sé cuando está cerca de mí, sin necesidad de nada más. La primera vez que me pasó fue en la Aguja Espacial. En aquél momento no le di importancia, pensaba que había sido casualidad. Pero esta noche -le miré- he sabido que estabas conmigo en la habitación antes de abrir los ojos. Creo que ya no me podrás asustar como hacías antes apareciendo de la nada – sonreí un poco y él me correspondió, aunque con gesto tenso.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Y tú, Edward? No me has contestado a la pregunta que te hice antes de aparecer Bella -inquirió Carlisle. Aquél se envaró y de repente todos los Cullen excepto mi novio y sus padres adoptivos desaparecieron de la sala. -Ya te lo he dicho. Me resulta más difícil de controlar la intensidad de mi Página | 361 deseo. Me sonrojé por enésima vez. Vaya, aquello sí era una conversación que me hacía sentir incómoda. Pero tenía mucho más interés en escuchar lo que se estaba diciendo que en salir disparada de la habitación como los demás Cullen. -Yo también siento algo distinto. Cuando desapareciste ayer -me miró con cautela- supe dónde estabas. No sabía cómo pero sabía dónde encontrarte. No pensé más en ello, podía haber sido una coincidencia. -¿Nada más?- insistió Esme. -Hay algo más- Edward suspiró con fuerza, mirando fijamente nuestras manos entrelazadas.- Últimamente cuando hacemos el amor siento dentro de mí el anhelo de... morderte para convertirte. Pero pensaba que era porque cada vez te necesito más. Es algo que puedo controlar, Bella. No quería decírtelo para no angustiarte - explicó alzando los ojos para mirarme entre tímido y arrepentido. -Llegarás a no poder controlarlo. Es el camino natural del vínculo -sentenció el patriarca de los Cullen, clavando su mirada en su hijo adoptivo.- Si sigues bebiendo su sangre un día no podrás controlarte y a pesar de que Bella es evidente que no está aún mentalmente preparada la morderás y le inyectarás el veneno. Y no habrá vuelta atrás. Has encontrado a tu compañera y no renunciarás a ella. Pero todos nosotros hemos caído en esta vida in extremis. Ella debe elegir, y eso no se lo puedes arrebatar. -Sé perfectamente que Bella no está preparada. Jamás la forzaría a una vida como la nuestra. Puedo controlarme - gruñó Edward furioso por el sermón de su padre. Mi sangre escapó de mi rostro primero, y luego de mi cerebro, y sentí que me mareaba. Solté la mano de mi novio y me recosté en el sofá y cerré los párpados. -¿Cuándo esperabas explicarme esos impulsos, Edward? –pregunté dolida. Había sido herida en mi confianza y no lo comprendía.
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    Cambio De Destino DraBSwan -El vínculo de sangre ayuda a algunos vampiros a encontrar su compañera para toda la vida- explicó Carlisle, conciliador.- Es un instinto incontrolable que afecta no sólo al vampiro sino también al humano. Puede que tú misma se lo pidas en un momento de pasión sin pensar en las consecuencias, y él te haga Página | 362 caso sin pensar si estás segura, porque lo que desea es hacerlo. Puede que tú misma se lo pidas. Sentí que el calor volvía a la piel de mi cara. Recordé las palabras que luchaban por salir de mi boca la tarde que estuvimos juntos en el vestuario femenino del hospital. -Estuve a punto de pedírtelo. Una vez. Fue muy difícil contenerme- abrí los párpados, un tanto avergonzada. Al fin y al cabo yo tampoco le había explicado nada de esto. Sus ojos intensos e hipnóticos se cruzaron con los míos. Había estado a punto de pedírselo. Pero sólo me había pasado aquella vez. Si lo hubiera hecho... Me incorporé y me froté la cara. Fijé la vista en el bonito reloj que era lo único intacto de la repisa de la chimenea. Eran las seis de la mañana. Decidí que ya tenía bastante. Necesitaba meditar sobre lo que había escuchado. Sola. -Necesito descansar. Disculpadme - me levanté y ellos hicieron lo propio. -Claro que sí, cariño, es una sobrecarga de información -dijo Esme, apretándome el brazo con cariño. Carlisle me miraba comprensivo. -Creo que quiero estar sola- miré al hermoso vampiro que permanecía en el sofá, estudiando cada uno de mis gestos. Como única respuesta parpadeó lentamente. Me acosté y cerré los ojos, de veras necesitaba descansar, pero era lógico que el sueño me evadiera. ¿Qué significaba todo aquello? ¿En qué afectaría a nuestra relación? ¿Iba a confiar en que Edward no me inyectara veneno sin mi consentimiento mientras hacíamos el amor? ¿Iba a confiar en que no se escaparía de mis labios esa petición en un momento apasionado? ¿Podría parar el proceso si él no bebía más de mi sangre? ¿Tendría que irse Edward del único hogar estable que tenían en el momento actual? ¿Cómo afectaría a mi amistad con Ángela? Había dado tantas vueltas en la cama que las sábanas y el edredón estaban completamente revueltos. De pronto le echaba de menos y ya no estaba enfadada con él. Aunque habría preferido que me hubiera confiado ese
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    Cambio De Destino DraBSwan impulso que sentía, sabía que era sincero cuando decía que creía poder controlarlo. Si lo hubiera considerado importante, si hubiese creído que entrañaba algún riesgo, me lo habría explicado. Los dos éramos culpables de jugar con instintos cuya fuerza y alcance no conocíamos. Y era lógico que él Página | 363 sintiera en nuestros intensos momentos de intimidad el impulso de transformarme, como lo era que yo estuviera tentada de pedirle que lo hiciera. ¿Hasta qué punto eso era realmente originado por el llamado vínculo de sangre? ¿Hasta qué punto era todo controlable? Pero sí había algo cierto, yo había sabido que Edward estaba conmigo en dos ocasiones, había sentido su presencia. Y él había sabido encontrarme. ¿Eran casualidades o pruebas de que el vínculo se había establecido entre nosotros, y por tanto todo lo demás que comportaba también? De pronto me harté de darle tantas vueltas a todo. La verdad, en este momento todo eso no me importaba una mierda. -Edward, ¿quieres estar conmigo? –susurré, con los párpados cerrados. Al cabo de unos segundos sonreí levemente.- Hola. -Hola -su sedosa voz animó el latido de mi corazón- ¿De veras me quieres a tu lado esta noche? -Sólo si tú quieres estar –abrí los ojos y tendí la mano hacia su silueta, de pie al lado de la cama. -No deseo estar en ningún otro sitio- murmuró, se tumbó a mi lado sobre el edredón y me acercó a su cuerpo. -Edward, si te vas de Forks me iré contigo. Te seguiré a donde vayas - susurré, y sentí que me abrazaba con más fuerza. -No sé qué he hecho en algún momento de mi existencia para merecerte, Bella. º*º*º*º*º*º -Por dios, Alice, con un bol de cereales con leche ya tengo bastante. ¿Qué es esto? Miraba con los ojos como platos el buffet de desayuno que me había organizado la vampira en la mesa de la cocina: una jarrita de zumo de naranja, una bandeja variada con bollería francesa incluyendo croissants y brioches,
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    Cambio De Destino DraBSwan dosis individuales de mantequilla y mermelada de distintos sabores, una caja de muesli, una jarrita con chocolate, otra con leche y otra con café recién hecho. -No sé lo que te gusta, así que he traído un poco de todo. Lo que no quieras te sirve para mañana. Página | 364 -Lo guardaré, sí. Gracias -le sonreí,- la verdad es que estoy hambrienta. Me senté y me serví zumo y también un vaso de leche a la que añadí una generosa cantidad de café. Tomé un croissant del montón y lo mojé en la leche. Alice se sentó enfrente de mí, mirándome comer con ojos curiosos. -¿Dónde ha ido Edward? ¿Y los demás? - pregunté entre sorbo y sorbo del café con leche. -Jasper está trabajando con su portátil, en sus cosas. Rosalie y Emmet han salido a pasear por la ciudad, creo que si siguen así repetirán luna de miel dentro de poco - rodó los ojos de forma expresiva.- Esme y Carlisle están visitando las nuevas instalaciones de cirugía en el Northwest, y Edward ha ido a cazar. Sé que está en Olympic porque me lo ha dicho, ha ido a su zona favorita. Es injusto que él siga pudiendo leerme el pensamiento y yo no pueda verle en mis visiones- compuso un divertido puchero de los suyos. -Pensaba que si no estaba conmigo podías verle – me interesé. -Eso era antes. Ahora vuestro futuro está tan ligado que apenas hay momentos en que lo veo. -¿Entonces ahora no lo ves es porque está haciendo algo que tiene que ver con los dos? -indagué. Bebí un sorbo de zumo de naranja. Estaba fresco y dulce. -Más o menos sí... -apoyó la barbilla en las manos, pensativa.- Ha salido a cazar porque quiere estar a tu lado sin que le moleste la sed, especialmente ahora. Todas las decisiones que él toma y tienen que ver contigo lo borran de mi scanner de futuro. Así que puedo decir que mi hermanito piensa mucho en ti, porque apenas lo veo -sonrió. -Espero que todo esto del supuesto vínculo no afecte a nuestra relación. Ya sabes cómo se pone Edward cuando cree que mi seguridad está en entredicho. -Es sobreprotector, ¿verdad?-Alice me observó con empatía.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Sí, bastante complicado era ya sin meter a indios vengativos y vínculos de sangre de por medio - terminé el zumo y dejé el vaso vacío sobre la mesa. -Ya sabes que Edward es un hombre muy apasionado, y como tal también tiene su punto melodramático. Pero una cosa te puedo asegurar, si las cosas siguen Página | 365 como hasta ahora continuaréis juntos. No veo a Edward en el futuro. -Alice, sé que lo nuestro es complicado, pero no imposible. No me van a separar de tu hermano unas viejas leyendas, ni Jacob Black en plan padre y novio megaprotector, y diría que Edward piensa lo mismo -le apreté la mano.- Ya nos adaptaremos - miré a mi cuñada y me metí un pedazo de brioche de mantequilla en la boca. Tendría que parar o me dolería la tripa, pero estaba muerta de hambre a pesar de los nervios que sentía. O quizá por eso. -Bella -esta vez fue Alice me observó con calidez.- Lo del vínculo os lo explicaron sólo para que mi hermano y tú fuerais conscientes de lo que os está pasando. Sólo os dejasteis llevar por el instinto. Creo que desde el momento en que conociste a Edward no tuviste elección. No deja de ser muy romántico esto del vínculo de sangre. –Ladeó la cabeza y sonrió con aspecto soñador.- La mayoría de nosotros, o más bien todos los vampiros que conozco, ha encontrado el amor después de la transformación. Vosotros parecíais destinados a encontraros. Sí, es muy de novela...- acentuó la sonrisa y me la contagió a pesar de lo preocupada que estaba. -Alice, te llevarías bien con mi compañera de piso. Siempre tiene una novela romántica entre manos, aunque sus preferidas son las clásicas. Creo que se sabe de memoria Romeo y Julieta. ¿Sabes? -cambié de tema- me parece que a Edward no le importa mucho dejar su hogar. -Si llevaras tantos años como nosotros en este mundo también te tomarías las cosas con más ligereza. No es que tengamos arterias coronarias que cuidar, pero se vive mejor dándole importancia a lo que la tiene, y cuando puedes vivir una vida tan larga... pocas cosas son tan importantes. El amor es una de ellas. Es lo que nos hace mantener la ilusión de seguir vivos. La conversación con Alice me animó bastante. Como mi volátil novio seguía desaparecido decidí no esperar más e ir a visitar a Angela. No sabía qué haría si Jacob estaba allá, pero estaba decidida a quedarme con ella el máximo tiempo que me dejaran las normas del hospital, sin dejarme intimidar por ninguna cara torcida.
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    Cambio De Destino DraBSwan Me duché y me puse una sudadera, unos vaqueros y mis botas. Me tapé con una chaqueta vaquera: la primavera por fin comenzaba a notarse en la ciudad y la temperatura estaba alrededor de los 15º, pero habían anunciado lluvias durante todo el día. Alice me escaneó cuando me despedí de ella, pero no Página | 366 comentó nada aunque me pareció que apretaba los labios para no hacerlo. . -Buenos días, cielo. ¿Cómo has pasado la noche?-besé a mi amiga en ambas mejillas, sondeando su humor. Afortunadamente la había encontrado sola. -Mejor que Jake. Se ha empeñado en quedarse esta noche conmigo, en el sillón. Qué ganas tengo de que me den de alta y dejar de molestar a todo el mundo. Y tú estás malgastando tus vacaciones aquí por mi culpa -bufó con tono acusador. -Deja de decir eso-la reñí cariñosamente, mientras me retiraba la gabardina.- Estoy aprovechando para hacer algo de turismo por la ciudad. -Pues como no sea turismo para recoger setas, con este tiempo...-mi amiga miró por la ventana, torciendo el gesto. -La comida del hospital está transformándote en una especie de pitufo gruñón, amiga-palmeé su hombro sonriendo y me senté en la cama. Me fijé en que ya no llevaba suero intravenoso, pero le habían dejado una cánula colocada en la mano para medicación intravenosa de urgencia. -También he aprovechado para hacer relaciones familiares, todo el clan Cullen está en la ciudad. -Uao, qué impresión debe dar eso. Todos los Cullen que conozco son intimidantemente guapos, reunidos deben dar miedo.-Ni te lo imaginas, pensé para mí.-Edward ha pasado a primera hora a visitarme-sonrió ante mi expresión de sorpresa.- Decía que habías pasado una mala noche y que no había querido despertarte, pero que él tenía que hacer un pequeño viaje hoy y mañana volvía al trabajo, así que ha pasado a saludar y despedirse. -Cierto. Jake estaba...-pregunté con cautela. -Estaba -afirmó.-Ha pasado la noche conmigo. -No habrá sido agradable...
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    Cambio De Destino DraBSwan -Se han comportado y punto. Digamos que la tensión se podía palpar, masticar y hasta vomitar, pero se han dicho hola y adiós, eso sí, sin mirarse. -Vaya mierda. ¿Jake está de vacaciones?-cambiar de tema era la mejor opción. Página | 367 -Sí, se ha tomado toda la semana, parece ser que entre mañana y el viernes me darán el alta. Mi cardiólogo no quiere hacerlo hasta que no esté todo ligado, y Jacob se está encargando de eso. Lo del marcapasos o el desfibrilador internos está descartado hasta los tres meses de embarazo, así que está mirando las posibilidades de quedarse en casa conmigo hasta que me pongan el alien - suspiró con fuerza y negó.-Está loco, no le darán un permiso de tres meses, lo echarán. Para más cabreo, tendré que llevar un jodido monitor de frecuencia cardiaca mientras duerma. ¡Y encima me han dicho que esto que tengo es genético! Como si no hubiera tenido bastante con la mierda de padres que me tocó, encima voy y heredo esto - gruñó. Lo estaba pasando mal y lo entendía. Sólo sería por unos meses, pero pasar de la noche a la mañana a sentirse completamente dependiente de alguien, aunque fuera alguien que amabas, no era plato del gusto de casi nadie. Ang necesitaba desahogarse, así que la dejé hablar. -Sobre eso...- sabía que me estaba entrometiendo, pero quería intentarlo- ¿estás segura de que no quieres que avisemos a ningún familiar tuyo?-una mirada fulminante de mi normalmente dulce amiga bastó como respuesta. Me quedé con ella toda la mañana, y pude decir que a la hora de la comida su estado de ánimo se había aligerado, incluso a pesar del ver el menú que le trajeron. Me despedí de ella a media tarde, un poco antes de que Jacob hiciera su aparición. Cuando llegué a casa de Edward sólo me encontré con Alice y Jasper. Estaban sentados en el sofá y un poco despeinados, y me pareció que había interrumpido algo. Joder con los vampiros, ¿nunca se cansaban? -¿Ni rastro de Edward?-me quité la chaqueta y la arrojé encima de una silla. -No -contestaron al unísono. Me dirigí a la cocina a por un vaso de zumo y Alice me siguió. -Creo que deberías hacer algo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Ah, no te preocupes, ahora me doy una vuelta por ahí y os dejo solos. -No me refiero a eso, tonta. Quiero decir que si Edward es melodramático tú tienes que ponerte a su altura- hizo una pausa observando mi reacción y la miré frunciendo el ceño con incomprensión.- Ve a buscarlo, sé la zona donde ha Página | 368 ido, y que se ha llevado el móvil. Siempre lleva el móvil desde que está contigo- explicó. La idea de Alice penetró en mi corazón antes que en mi cerebro. -¿Crees que podré verlo cazar? -la impaciencia y la excitación se filtraron en mis palabras. -No veo por qué no- me guiñó el ojo. -Ya estás tardando en explicarme dónde encontrar a tu hermano -me mordí el labio. -Vale, vale, trae un mapa- sonrió, negando con la cabeza. Capítulo 37
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    Cambio De Destino DraBSwan BPOV Paré el coche y miré al cielo. Estaba nublado, pero de momento no amenazaba lluvia. Durante el trayecto escuché la radio del coche de Jasper (quien amablemente me lo había ofrecido) anunciando intensas lluvias. Quizá el Página | 369 hombre del tiempo se había equivocado. O eso esperaba. Tomé el mapa que tenía desplegado sobre el asiento del conductor y volví a mirar el punto que me había marcado Alice. Sin duda, aquí era. Mi sentido de la orientación natural era bastante malo, pero gracias a mi padre y su afán excursionista me manejaba perfectamente con cualquier mapa y una brújula. Bajé del coche y avancé por un camino entre los árboles, hasta llegar a un pequeño claro del bosque. Allá estaba el coche de Edward. Sonreí, satisfecha conmigo misma, mientras avanzaba hacia el Volvo. Ahora me esperaba la segunda parte del plan. Encontrar a Edward... o que este me encontrara a mí. Metí la mano en mi bolsillo y tomé el móvil. Alice me había explicado que mi sobreprotector novio llevaba el teléfono consigo siempre desde que salíamos juntos. Incluso yendo de caza. Pero lo pensé mejor y volví a dejarlo en su sitio. No quería molestarle en plena caza. Distinguí una estrecha senda que salía del claro y se perdía en el bosque y decidí seguirla, sin pensarlo un solo instante. Algo me arrastraba hacia allá. Ni siquiera me planteé la posibilidad de que hubiera algún animal salvaje cerca. Estaba segura de que si había alguno mi vampiro ya habría dado buena cuenta de él. Avancé con lentitud por el sendero, disfrutando de la belleza y del aroma del bosque primaveral, hasta que de pronto los árboles se abrieron para mostrarme un amplio prado. Ahogué una exclamación. Tenía una belleza irreal. Sus múltiples y brillantes tonos verdes estaban tachonados de pinceladas de colores vivos gracias a las flores que crecían dispersas aquí y allá. Extasiada, avancé lentamente por entre la vegetación, que me llegaba por debajo de las rodillas. De pronto lo sentí. Un tenue hormigueo en la cabeza, una sensación de calor recorriendo mi columna hacia abajo. Él estaba cerca. Todo mi cuerpo me lo decía.
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    Cambio De Destino DraBSwan Sentí cierta inquietud. Edward siempre había dicho que la caza sacaba lo más primario y animal de él, y por ese motivo prefería que yo estuviera lejos cuando se alimentaba. Yo siempre le había hecho caso en eso... hasta ahora. Quería compartir también esa experiencia con él. Página | 370 Seguí avanzando lentamente, sintiéndome como una oveja vigilada por los ojos de un león. Mi vello se erizó de repente, había algo extraño y al principio no reparé en qué era. Hasta que me di cuenta. El bosque estaba demasiado silencioso. ¿Y si había algún animal salvaje? Recordaba los osos de los que me había hablado Angela en nuestra primera excursión. Sólo podía escuchar el zumbido de los insectos y mi martilleante corazón. -¿Edward? Estás empezando a asustarme... -apenas había acabado la frase algo se abalanzó sobre mí y me vi tumbada sobre la hierba del prado. Unos brazos protectores impidieron que me golpeara al caer. -¿Asustada? Eso es nuevo – siseó Edward. El bello rostro de mi novio se cernía sobre mí. Estaba colocado a horcajadas sobre mi cuerpo clavándome en el suelo e inmovilizándome los brazos con sus manos en mis muñecas. -Sólo por si no eras tú... temí que fuera un oso -repuse, intentando mantener la calma. Me sentía más presa que nunca, y eso era decir mucho. Jamás había visto una expresión tan fiera en su perfecta cara. Estaba mortalmente hermoso, y ahora más que nunca era evidente que no era humano. -No tienes ninguna preocupación por tu propia seguridad, Bella –negó con la cabeza, sin variar su inquietante expresión. A pesar de eso era una gloriosa visión: el cobrizo cabello más despeinado de lo habitual, la camiseta negra por fuera de los vaqueros oscuros que cubrían aquellas largas y fibrosas piernas, el cuerpo felino tenso como un arco. Entonces me fijé que llevaba la camiseta algo desgarrada y con salpicaduras de lo que parecía sangre. Miré más abajo y observé otro desgarro en su pantalón. -¿Estás herido?-pregunte ansiosa. Él rió y se inclinó más sobre mí, hasta que percibí su aliento embriagador. Intenté moverme pero fue imposible.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No. A veces les doy a mis presas la oportunidad de defenderse -su mirada y su aterciopelada voz me tenían tan atrapada como su cuerpo sobre el mío. -¿De defenderse? ¿Qué defensa tienen ante el mayor depredador de la naturaleza?-ironicé sin apenas voz. Página | 371 Entonces algo cambió en su expresión, en la tensión de su cuerpo. -Supongo que tienes razón. Pero ésa es mi esencia, Bella. La puedo controlar, pero no anular -se apartó de mí y se tumbó en la hierba a mi lado, cerrando los ojos y respirando pausadamente.-Ve al coche, estarás más segura. En unos minutos te sigo. ¿Qué había pasado? No estaba segura, pero conocía a Edward y sabía que estos cambios de humor se debían a la ambivalencia de sus emociones respecto a mí. Tumbada a su lado pensé en que teníamos algo en común, una lucha interna. Mi lucha personal era la decisión entre dejar mi mundo y entrar en el suyo, para siempre. La suya era luchar entre el amor que sentía por mí y su instinto de beber mi sangre... y transformarme en alguien como él. Pero yo siempre confiaba en que su amor era más fuerte. Que podría controlar todos los demás instintos. De pronto escuché un suspiro. - No lo harás, ¿verdad? -¿El qué? -Marcharte. -No. -Isabella... a veces me desesperas. Ojalá te preocuparas más por preservarte de mí -se lamentó. Me senté a su lado y lo contemplé. Tumbado sobre la hierba como un animal herido, rodeado de vegetación y flores, los párpados cerrados, la ropa desgarrada y esa belleza sobrehumana. Tuve que contener un gemido. Era el ejemplar de hombre más hermoso sobre la tierra. Y era mío. No pude sofocar la oleada de deseo que me acometió.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Jamás tendré ninguna ansiedad en lo que a ti respecta, lo sabes- mi voz sonó ronca y entonces él abrió los ojos, mirándome atentamente. Me coloqué sobre sus caderas en un solo movimiento, imitando su posición de unos minutos antes, y me quedé completamente quieta, estudiando su reacción, Página | 372 que no se hizo esperar. Sentí su dureza entre mis piernas y contemplé cómo su pecho subía y bajaba con dificultad. Su expresión era una mezcla de deseo, enojo, e incertidumbre. Sin dejar de mirarle me desplacé lentamente en dirección a sus muslos, le desabotoné el pantalón y le bajé la cremallera, liberando su erección. Sonreí. -¿Sin ropa interior, Edward?-acaricié la suave piel de su pene, que aunque parecía imposible creció aún más entre mis manos. -Me he vestido rápido –dijo sin apenas voz. De pronto habíamos intercambiado papeles. -Ya... pues no me gusta – me incliné, lamí la punta y jadeó- que otras puedan -le acaricié los testículos con una mano y se mordió el labio - advertir con tanta facilidad -lamí de nuevo y se aferró con ambas manos al suelo -lo que es mío.- Metí la punta en mi boca y retorcí la lengua a su alrededor. El sabor único de su piel, su olor embriagador, incluso el sabor de su excitación... convertían la experiencia de tenerle en mi boca en algo tan sensual y electrizante que me dejaba al borde del orgasmo. Estimulada por sus gemidos lo introduje completamente en mi boca, succionando con fuerza al tiempo que lamía el glande en círculos. Relajé la musculatura de mi garganta, intentando introducirlo más profundamente cada vez, y entonces un gruñido vibró por todo su cuerpo. -Bella, ¿quieres matarme? ¡Joder!-jadeó y cerró los párpados con fuerza. Sus dedos se clavaron como garras en la tierra. Continué succionando profundamente y lamiendo, increíblemente excitada por el placer que le estaba dando, deleitándome en su sabor y su textura, y como pude me desabotoné mi propio pantalón y deslicé una mano entre mi piel y las braguitas. Estaba completamente empapada y apenas puse los dedos entre mis pliegues y rocé mi clítoris sentí que no iba a aguantar mucho más. Edward abrió los ojos y me miró... la imagen que tenía frente a él fue suficiente para que se liberara su orgasmo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¡Bella!-rugió con fuerza, y yo no necesité más. Mientras el descargaba en mi boca la intensa y placentera presión en mi vientre estalló expandiéndose por todo mi cuerpo. Me acosté a su lado, jadeando, mi cuerpo aún convulsionado por las últimas Página | 373 oleadas de mi orgasmo, los ojos cerrados. De pronto sentí el roce de sus fríos labios sobre mi oreja, rozándola apenas. -Quítate los pantalones y las bragas -siseó. Su voz llena de deseo mandó ecos que asolaron mi cuerpo acelerando mi corazón y mi respiración. Mi cuerpo estaba completamente laxo y dudé durante un segundo; había sido tan poco previsiva que no traje ninguna muda de ropa. Cuando me di cuenta él mismo me había desnudado de cintura para abajo, por fortuna sin romper nada. Escuché mi propio latido retumbando en mis oídos, y sabía que si no intentaba calmar mi hiperventilación pronto me marearía. Edward me alzó los muslos colocándose entre ellos. Yo estaba en trance, absolutamente a merced de aquella magnética mirada. Me sujetaba con fuerza y mi laxo cuerpo se negaba a obedecerme. -Isabella Swan, vas a acabar conmigo. Pero no me voy a ir solo. -Diciendo esto se hundió sin dificultad en mi cuerpo y grité. – Cariño, estás completamente empapada...-gimió y cerró los párpados con fuerza; su cara lucía la expresión más erótica que podía imaginar. Entonces levantó mis piernas y las colocó sobre sus hombros, penetrándome más profundamente. Un quejido profundo y animal salió de mi garganta. El placer de recibirle dentro de mí, con un deseo tan primario e instintivo, me hizo perder la razón. -Fóllame duro, Edward. Por favor. Embistió una vez, fuerte, y me arqueé sobre mi espalda, gritando de nuevo. Su sola mirada hacía arder cada célula de mi sangre, vibrar cada nervio de mi cuerpo. -Grita, Bella -se hundió en mí implacable, y una violenta corriente de placer me sacudió el cuerpo, provocándome algo parecido a un rugido- No es suficiente, cariño... déjate llevar, aquí nadie puede escucharte. En aquel momento el cielo se iluminó con un súbito relámpago y al cabo de pocos segundos se escuchó un fuerte trueno. La lluvia empezó a caer, fina pero
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    Cambio De Destino DraBSwan abundante. Edward estaba quieto en la misma postura, mirándome con la boca apenas entreabierta, el pecho agitado. Me sujetaba los muslos con fuerza, clavando sus largos dedos en mi carne. El tiempo parecía haberse detenido mientras cada uno se perdía en la mirada del otro. En unos instantes ambos Página | 374 estábamos empapados. No sé cuál sería mi aspecto tumbada sobre el prado, desnuda de cintura para abajo y con la cara, los cabellos y mi sudadera empapada, pero él se veía jodidamente sexy. La mojada camiseta, a través de cuyos desgarros veía su pálida piel, se le pegó al pecho marcando cada uno de los tensos músculos, y el cabello y la cara húmedos le daban una expresión aún más salvaje. Mi cuerpo palpitaba de anticipación y deseo. -Bebe de mí, Edward-gemí. -¡No!- gritó entre aterrorizado y enojado. -Hazlo. Por última vez -supliqué. -Es una locura, Bella- negó con la cabeza pero detecté una chispa de debilidad en sus ojos. -Por favor... lo necesito-rogué.-Y tú también. Por última vez, amor -repetí, contemplando la lucha interior en su cara. De pronto pareció reaccionar y se inclinó un poco sobre mí, sin soltarme. -Te deseo tanto que me duele, Bella. Estoy loco por ti. En cuerpo y alma - habló con voz rota por la pasión. Entonces lamió y repartió besos por la piel del interior de mi muslo. -¡AH!-grité con toda la fuerza de mis pulmones y mi cuerpo se convulsionó por la brutal invasión del placer agudo e intenso que me provocó al morderme. Salió de mí y volvió a penetrarme con fuerza, sin dejar de beber mi sangre. Fue rápido, duro y profundo, cada grito mío más fuerte, hasta que mi cuerpo estalló en un violento gozo, mientras sentía su liberación y le escuchaba gritar mi nombre, de nuevo. Se dejó caer con suavidad sobre mi pecho y le acaricié la cabeza mientras esperábamos que nuestra respiración se calmara y mis fuerzas volvieran. Y así nos quedamos durante varios minutos, abrazados mientras la lluvia caía sobre nosotros y los lejanos relámpagos iluminaban el cielo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Lo s...-empezó a decir Edward. Al captar el tono de voz le tapé la boca con la mano para evitar que pronunciara las palabras. -Si se te ocurre decir "lo siento" me voy de tu piso y me busco un hotel -dije enfadada. Página | 375 Levantó la cabeza y me miró entre divertido y preocupado. Entonces se me ocurrió pensar que debíamos formar una imagen memorable, yo tumbada sobre la hierba con él entre mis piernas, y la lluvia cayendo sobre nosotros. -Está bien – sonrió con desgana pero su mirada era intensa.- Ha sido... devastadoramente placentero. Pero escúchame bien, Bella. Jamás vuelvas a pedírmelo. Lo del vínculo es cierto. He sentido que estabas cerca, y dónde estabas. -Yo también te he sentido -repuse. Él se movió sobre mí y acercó su rostro al mío, evitando que la lluvia cayera sobre él. Alcé las manos y las entrelacé en su nuca. -Entonces sabes lo que puede pasar. Amor, deseo que seas como yo, pero sólo cuando estés completamente preparada- frunció el ceño, mirándome angustiado. Tenía razón. Me regañé a mi misma por mi impulsividad y mi nulo autocontrol. Él era mi droga. Y quería estar con él toda la eternidad. Pero aún no estaba lista para eso y él también lo sabía. Asentí firmemente, sin pronunciar palabra. Se separó de mí y me ayudó a incorporarme. Se colocó bien los pantalones y cogió del suelo mis empapados zapatos, vaqueros y braguitas, se dirigió hacia mí y me tomó en sus brazos. Me aferré a su cuello y pegué mi nariz a su piel. Me dolía estar separada de él. Su aroma llenó mis pulmones, intensificado por la humedad de la lluvia. En cuanto llegamos al claro donde estaba su coche se dirigió al maletero del Volvo y sacó una bolsa de deporte. -Métete en el coche, Bella. Vas a resfriarte.-Se metió conmigo en el coche y sacó unos pantalones y una camisa a cuadros del interior de la bolsa.-Siempre llevo ropa seca cuando voy a cazar lejos de casa... es una buena precaución.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Me vendrán enormes, pero te lo agradezco- sonreí. Los tomé de su mano y empecé a ponérmelos. -¿Se puede saber a qué ha venido esto? Ha sido una imprudencia superior a las que me tienes acostumbrado -inquirió observando cada uno de mis Página | 376 movimientos. -Quería verte, y no estabas en casa -hice un mohín.- Alice me dio la idea de venir a buscarte y me pareció bien. Hace tiempo que quiero verte cazar, lo sabes. -Bella- suspiró, tocando delicadamente mi mejilla con el dorso de su mano.- Durante la caza me libero de prácticamente todas mis represiones. Tengo miedo de no poderme controlar y volver a morderte si estás a mi lado en ese momento. Prométeme que no vendrás a buscarme nunca más cuando esté de caza. No mientras seas humana. -Lo prometo -pronuncié, contrita. -Lo celebro. Luego tendré una charla con mi hermanita por meterte ciertas malas ideas en la cabeza, como si tú no tuvieras las suficientes. . -¡De nada!- Alice sonrió ampliamente cuando ambos entramos por la puerta. Jasper sofocó una risa y yo me sonrojé de forma violenta. No era para menos. Edward iba mojado de la cabeza a los pies; yo iba vestida con su ropa, con el cabello húmedo y despeinado, y probablemente mi expresión aún era resplandeciente por los orgasmos que mi novio me había regalado. Por no hablar del olor a sexo, que cualquier vampiro habría captado a unos cientos de metros. -Enana. Tú y yo tenemos que hablar, pero en otro momento- advirtió Edward a su hermana frunciendo el ceño forzadamente. Nos dirigimos por la escalera hacia nuestra habitación, ignorando las carcajadas que arreciaban como la lluvia detrás de nosotros. *º*º*º*º*º*
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    Cambio De Destino DraBSwan -Gracias por dejarme tu coche, Jasper- miré a mi guapo cuñado, que estaba jugando a la Play contra mi chico. Dejé las sobras de la manzana que me había comido en un plato sobre la mesita y doblé las rodillas sobre el sofá, observando la partida. Alice estaba Página | 377 concentrada dibujando, sentada a la mesa del comedor. -No me las des, el coche es tuyo -sonrió el rubio sin apartar la mirada de la pantalla. -¿Qué?-la palabra se escapó de mi garganta como un chillido agudo. Alice dejó de dibujar, y la partida quedó en "pause". -¿Edward no te lo ha dicho? ¿Tío, has estado todo el día con ella y no has tenido ni un momento para explicárselo? Te diré un secreto porque eres nuevo en esto: para tener éxito con tu pareja no basta con el buen sexo, debe haber comunicación- se burló Jasper. -Vale, ya, piedad- Edward levantó ambas manos en señal de rendición y me miró.- Alice quiere regalarle un coche nuevo a Jasper y no sabían qué hacer con el viejo. He pensado que ya que no tienes coche te lo podían prestar...-negué con la cabeza. -¿Viejo? ¿Qué problema tenéis en vuestra familia con los coches? Ese debe tener un par de años a lo sumo... dios, si está en perfecto estado. Y yo no puedo aceptar la responsabilidad de usar el coche de otro. Jasper, te agradezco la amabilidad, pero tu coche corre peligro conmigo, soy propensa a los accidentes, aunque por fortuna no suelen ser graves -añadí precipitadamente al captar la expresión de alarma de mi novio. -Precisamente -gruñó Edward-Es uno de los más seguros en su categoría. Bella, necesitas un coche, y con el sueldo de residente no puedes conseguir uno ni la mitad de seguro que este. Y si no me dejas regalarte uno, lo cual sigo sin comprender, esta es la única opción que nos queda- su expresión ardía de indignación. -¡La única opción que te queda a ti!-espeté.- No... No puedo ir con el coche de Jasper por ahí... ¿y si lo abollo, o me lo roban? -Bella -intervino mi cuñado sonriendo de forma deslumbrante.- Hazte a la idea de que si no aceptas el préstamo bajaré a la calle y le regalaré el coche a la
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    Cambio De Destino DraBSwan primera persona que encuentre por la calle... y que no crea que estoy loco de atar o que hay una cámara oculta, claro. No pude evitar sonreír al imaginarlo. Lo pensé durante un minuto. Edward tenía razón, podía adquirir un coche con mi sueldo pero ni por asomo como el Página | 378 que Jasper me prestaba. No sabía si era cierta la historia del cambio de automóvil o era un montaje destinado a que mi chico se saliera con la suya en lo referente a mi seguridad, pero decidí que iba a ceder... Suspiré. No deseaba que él se preocupara por mí aún más de lo que ya lo hacía. Comprendía sus sentimientos, pero intentaba frenar su sobreprotección siempre que podía, o me haría sentir asfixiada. Pero era hora de decir sí. -De acuerdo, lo tomo prestado -apenas acababa de pronunciar la "o" y Edward estaba sobre mí, robándome el aliento con un intenso beso. -Gracias -susurró contra mi boca. -No te acostumbres- sonreí, respondiendo a su beso con otro de igual intensidad. *º*º*º*º*º* Edward se acababa de marchar y ya lo echaba de menos. El resto de los Cullen excepto Alice y Jasper, que se quedaban un día más, fue despidiéndose de mí a lo largo de la mañana. Todos se habían ausentado de sus trabajos de forma imprevista y compromisos previos impedían prolongar más su estancia en Seattle. Pasé la mañana haciendo compañía a Angela, que estaba de mejor humor seguramente debido a su próxima alta: el cardiólogo le había confirmado que sería el viernes. Jake y yo habíamos establecido una rutina tácita: él pasaba la noche con Angela, yo la mañana hasta después de la comida, a media tarde él volvía y yo me iba a casa. El resto del día estuve ante la pantalla del ordenador con Jasper, mirando fotos de mujeres de entre 20 y 40 años de edad investigadas por muertes sospechosas de familiares. Eran casi las diez de la noche, llevábamos cinco horas seguidas ante la pantalla y estaba a punto de levantarme para irme a la cama cuando la vi. Mi corazón dio un vuelco.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Esa -señalé. Estaba segura de que era ella. En la foto llevaba el cabello de color rubio, pero estaba segura de que era Jane Smith- Esa es- repetí, presa de la excitación- pero ahora lleva el pelo castaño oscuro. Jasper amplió la imagen y en unos segundos cambió el tono de cabello de la Página | 379 madre de Daniel. -Sí-cerré los puños con fuerza, -esa es. ¿Por qué la investigaron? ¿Cuándo fue? ¿Cómo se llama?- exigí. Alice se había acercado y miraba la pantalla con curiosidad por encima del hombro de Jasper. -Veamos... Jane Taylor, nacida en 1978 en Cardiff. Se trasladó a Londres para estudiar enfermería y posteriormente trabajó en el hospital Queen Elizabeth. Se la investigó por la muerte de su hermano, parece que el joven era diabético y en el 2002 sufrió una sobredosis de insulina que le provocó la muerte tras un coma hipoglucémico. Vivían juntos y ella era quien le acompañaba a todas las visitas médicas, pero nada pudo relacionarla con la muerte, que se declaró accidental. -Una hipoglucemia... ¿Sospechaban que ella le había inyectado una sobredosis de insulina? -No al principio-siguió leyendo Jasper.- Parece ser que fue la novia de su hermano quien promovió que se iniciara la investigación. En un principio la muerte se atribuyó a un accidente en la administración de la dosis. -¿Y qué sabemos de la novia? -pregunté, temiendo la respuesta. Jasper tecleó rápido y abrió una nueva ventana en la pantalla. -Murió en 2005-respondió antes de que yo tuviera tiempo de leer, como buen vampiro- en un accidente de automóvil. Se salió de la carretera en una curva. No hubo testigos -concluyó, sombrío. -¡Y una mierda, accidente! -negué incrédula, sintiendo la angustia atenazar mi garganta. Cada vez estaba más segura de que la madre de Daniel era muy peligrosa. -Jasper, tenemos que encontrarla. Le hará daño, lo sé -intenté inútilmente calmar mi desesperación y ansié tener a Edward a mi lado. Alice me apretó el brazo con suavidad. -Estamos en ello, Bella-dijo con suavidad.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Lo sé -puse mi mano sobre la suya.-Jasper, ¿sabemos algo de Jane... Taylor después de lo de la investigación? -Ahora que ya tenemos un nombre voy a investigar hasta en sus notas de preescolar, Bella. Ahora vete a descansar- añadió señalando el reloj del Página | 380 portátil.-En cuanto sepa algo interesante te despierto. Me había acostumbrado a que alguno de los Cullen me mandara a la cama a dormir, así que no discutí. Estaba muy cansada y probablemente Jasper trabajaría más rápido él solo. Intentaría dormir, lo necesitaba para estar en plenas facultades. En aquel momento envidié profundamente su permanente vigilia. Pero me sentí agradecida, y mucho. Tenía suerte de contar con ellos. Confiaba en que más pronto que tarde descubriríamos el paradero de Jane Taylor, también conocida como Jane Smith, probable autora de un doble asesinato y madre de uno de los niños más dulces que había llegado a conocer. Capítulo 38 Iba a poner la mano en el picaporte cuando la puerta de la habitación de Angela se abrió de golpe y Jacob salió como un vendaval, chocando contra mi brazo al pasar por mi lado. -¡Eh, ve con cuidado! Joder, casi me atropella y ni se disculpa – rezongué. Dirigí a Jacob una mirada asesina y me froté el brazo mientras lo veía alejándose por el pasillo de la planta de cardiología. -¡Pasa!-ladró mi compañera de piso cuando llamé a su puerta. Me armé de paciencia.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Buenos días, Ang -mi amiga tenía el ceño profundamente marcado.- Llego en mal momento -afirmé. -Eres la leche de perspicaz -gruñó, para inmediatamente tomar aire y exhalar con fuerza.- Lo siento, no es culpa tuya, me estoy comportando como una Página | 381 borde. Pero es que estoy harta de estar conectada a estas máquinas, de estar aquí metida, de que Jake sea tan protector. Lo amo, pero me está agobiando. Me trata como si fuera de cristal. -Créeme, sé un poco de eso-le sonreí sentándome en la cama.-Pero eso no es una novedad. ¿Por qué ahora estás así, si puedo saberlo? -Puedes. Me ha explicado su magnífico plan para que yo esté bien cuidada. Ha conseguido un desfibrilador, entre nosotras "cacharro", para su casa. Y me ha encontrado una cuidadora, quien no es ni más ni menos que Leah, su prima de la reserva. Leah, esa simpática mujer que parece que esté recibiendo pinchazos en el culo cada vez que me dirige la palabra, va a convivir conmigo cuando Jake no esté disponible por su trabajo. -¿Por qué Leah? ¿No sabe Jacob que no la soportas? -¡Claro que lo sabe! ¡Por eso me cabreo! Pero dice que ella está a punto de terminar la carrera de enfermería y está perfectamente capacitada para la tarea encomendada - engoló la voz intentando imitar a su novio.- Le pagará una cierta cantidad de dinero, y así Leah podrá ganar un dinerillo haciéndome de canguro mientras estudia. ¿Qué te parece? -rodó los ojos.- Tengo niñera a mis 27 años. La niñera diabólica ¡Genial! -Vaya mierda. -Y por si fuera poco Leah además de caerme como el culo está medio enamorada de mi novio, se creerá que soy ciega y no veo los ojitos con los que lo mira. Me dan ganas de decirle: ¡Eh, niña, que lo que no me funciona bien es el corazón, las retinas las tengo de puta madre! –se señaló ambos ojos rezongando. Tuve que sofocar una sonrisa. -Cariño, sólo serán un par de meses. Luego podrás independizarte de todos nosotros. Y piensa que en julio empiezo en el Infantil. Podré hacer yo también de canguro-la tomé de la mano y sonreí cuando vi cómo se le iluminaba un poco la cara. -Es cierto, al menos el último de los tres meses se me hará un poco más corto.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Ha pasado ya el cardiólogo? ¿Cuándo te dará el alta? -Después de la comida... ¿lo puedes creer? Me obligan a comer aquí. -Vamos, esta noche te desquitas con una buena cena en casa de Jake. Página | 382 Romántica, por supuesto, con velitas y todo eso. -Sí, lo estoy deseando. Quisiera ir a cenar fuera de casa, pero el tío insiste en llevarse el "cacharro" detrás, por dios, llevo 27 años sin percances cardiológicos, ¿por qué iba a pasar algo en un par de horas? Si fuera por mí pasaría del "cacharro", pero a Jake le iba a dar un ataque. Y me diría eso de "ya no puedes pensar sólo en ti" -rodó los ojos y suspiró- Y es cierto, ¿verdad cacahuete?-dijo poniéndose una mano en el abdomen y bajando la vista. -¿Cacahuete?- reí entre dientes. -Sí, en la ecografía que me hicieron ayer parecía eso -sonrió tímidamente. - Hasta que no vea el latido no estaré tranquila, pero todavía es pronto- dijo. Yo asentí. -Sí, normalmente hasta la octava o novena semana no se ve. -Oye, y cambiando de tema, ¿qué vas a hacer ahora? No estaré en nuestra casa por lo menos hasta agosto. ¿Estarás bien sola? ¿O te irás a vivir con Edward? No te preocupes, puedo pagar la casa sola...-su voz se apagó. Me sorprendí de que ni tan siquiera hubiera pensado en hablarle de ello. Había tenido el pensamiento ocupado en tantas cosas las últimas horas que ni siquiera se me había ocurrido plantearle cómo iba a ser mi vida a partir de ahora. Me entristecí. Iba a echar mucho de menos la compañía de mi amiga. Había establecido con ella una relación de amistad tan intensa como jamás había hecho con nadie. La sentía como la hermana que siempre quise y nunca tuve, y desde ahora íbamos a hacer una vida independiente la una de la otra. Pero Edward iba a marcharse de Forks a Seattle, yo me iría con él y podíamos seguir viéndonos, al fin y al cabo viviríamos en la misma ciudad. -No... Ang, se me ha olvidado explicarte una cosa -repuse. -No me digas que tú y el cirujano más sexy del mundo os vais a vivir juntos.- El corazón me dio un vuelco. Tenía claro que vendría a Seattle pero irme a vivir con Edward... la idea me aterrorizaba y al mismo tiempo me atraía.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Eeeh... no sé si juntos, pero él se viene a Seattle por temas de trabajo y yo voy a seguirle. -¿De veras? Entonces estaremos más cerca -sonrió.- Pero tú sigues acojonada. Tienes miedo de ir a vivir con él porque sería dar un paso adelante en tu Página | 383 relación. -No empieces, Weber -gruñí advirtiéndola. -Escúchame, Bella- me tomó de la mano.-Escucha a una mujer que ha estado muerta por unos segundos.-La miré a los ojos. El tono era de broma, pero la mirada que me devolvió era intensa.- El miedo a sufrir no te dejará vivir. Bebe hasta el fondo de la copa de la pasión, apura la última gota, ama sin miedo a sufrir ni a perder. Déjate llevar por lo que sientes. La vida es corta y frágil, y mañana puedes estar arrepentida de lo que no hagas hoy. Me quedé unos instantes en silencio pensando en lo que mi amiga me había dicho. Tenía razón, yo lo sabía. -Supongo que... En aquel momento llamaron a la puerta y entró un médico joven con un sobre en la mano. Leí su identificación: doctor Grant, residente de cardiología. Debía ser de primer año, se le veía... novato. -Buenos días, Angela. Vengo a darte el informe de alta y explicarte todo lo que tienes y no tienes que hacer a partir de ahora. -Dios, me encanta que me des órdenes, Andrew- mi amiga guiñó el ojo al joven residente, quien se sonrojó hasta las uñas de los pies y me miró. Asentí y me despedí de Ang con un beso en la mejilla. -Voy a tomar un café. Luego vuelvo. A aquella hora del día la cafetería estaba bastante vacía. El café de la cafetería del Northwest no era mejor que el del hospital de Forks. Sinceramente, hacía que este pareciera un delicioso expresso de cafetería italiana. Probablemente lo daban en urgencias para los casos de intoxicaciones en vez de usar carbón activado y un laxante. El sabor, el color y las propiedades eran las mismas. Me puse a darle vueltas a lo que había hablado con Jasper por la mañana. Había trabajado varias horas en la noche para averiguar más cosas sobre Jane
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    Cambio De Destino DraBSwan Taylor, pero nada parecía de utilidad para encontrarla. La investigación fue concienzuda: movimientos en las cuentas de ahorro, facturas, cuentas de correo electrónico, datos escolares y universitarios... las habilidades de mi rubio cuñado daban miedo. No había dato que dejara rastro en la red al que no Página | 384 pudiera acceder. Pero no pudimos encontrar nada que la inculpara o nos diera alguna pista de su paradero. -No hay nada, pero no desesperes, aún tengo unos cuantos sitios donde mirar. Ella aterrizó en Seattle con su nueva identidad, y no hay ninguna información en sus correos de la época, luego el que le consiguió la documentación falsa probablemente debía vivir en la misma ciudad. No creo que se comunicaran por correo postal. Eso acota un poco la búsqueda, podía investigar en los tipos con antecedentes penales por falsificación de documentos. -Jasper, no sabes cuánto te agradezco lo que estás haciendo. No sé cómo pagarte. -Medio litro de sangre me vendría bien. ¡Eh, es broma! Ya te dije que me gustan los retos... y además... no tolero que se maltrate a los niños. -Jasper... ¿alguna vez me has investigado? -Sí. ¡Pero por cuenta propia!, Edward se enfadó mucho cuando se enteró. -Vale, se agradece que por lo menos pongas cara de arrepentimiento. Prométeme que no lo volverás a hacer. -Prometo que no lo volveré a hacer mientras tu seguridad o la de otro ser querido no corra peligro. -De acuerdo, eso me vale. Y gracias por lo de incluirme en lo de ser querido. Dejé la taza casi llena y me dispuse a levantarme cuando unas manos sobre mis hombros me lo impidieron. -¿Pero qué...?-alcé la vista para saber quién obstaculizaba mis movimientos y Jacob Black se sentó frente a mí, clavándome sus oscuros ojos. -Tengo que hablar contigo-dijo con voz helada. -Pues yo no quiero oír nada que salga de tu boca -espeté y eché la silla atrás para levantarme.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Oh, sí te interesa. Tiene que ver con tu novio y el tratado que rompió -sonrió maliciosamente contemplando cómo volvía a sentarme. -Tienes un problema mental, Jacob Black. Se llama paranoia y en esta ciudad hay muy buenos especialistas que gustosos accederían a tratarte. En serio, te Página | 385 pagaré las consultas, si con eso consigo que dejes a los Cullen en paz -él chasqueó la lengua. -Swan, mi objetivo ahora es que tú dejes en paz a mi novia. -¿Qué... qué? -Vamos, supongo que los Cullen te habrán explicado cómo fue la reunión con mi tribu. -Lo han hecho. Y Edward acepta que debe marcharse de Forks. ¿Qué mierda te pasa ahora? -A mí no me pasa nada. A ti supongo que sí, porque no es normal ir ofreciendo el cuello a un chupasangre para que se alimente de ti. Eso sí debe ser un trastorno psiquiátrico. Lo que tengo claro es que todas nuestras leyendas tienen mucho de verdad. Y eso significa que estáis destinados el uno al otro y que tarde o temprano él te transformará en otro monstruo como él... y no quiero que estés en relación con mi novia por entonces. Así que amablemente te pido que cortes desde ya todo contacto con ella. -No haré nada de eso. Angela es mi mejor amiga, y ahora me necesita. Y si tú la amaras tanto no la dejarías con esa Leah, a sabiendas que no la soporta-mordí. -¡Eso no es cosa tuya!-exclamó entre enfadado y dolido. Me arrepentí un poco, sabía bien que Jacob se preocupaba más por Ang y el futuro bebé que por sí mismo. Y aunque me molestara reconocerlo y continuaba pensando que Jake tenía algo de paranoico, sabía también que su obsesión por separar a Angela de los Cullen y de mí era el resultado de un carácter sobreprotector. Pero eso no lo hacía menos desagradable. -Dios, Jake -intenté hablar de forma serena. -Ang y yo somos amigas, yo jamás le haría daño, igual que Edward tampoco haría daño a nadie. Ella me necesita
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    Cambio De Destino DraBSwan ahora, y yo puedo estar con ella cuando no trabaje, así no estará tanto tiempo con Leah- casi imploré mientras Jake negaba con la cabeza. -No. No vas a volver a verla mientras seas una... una chica vampiro. Despídete de ella hoy. Si me entero de que la ves explicaré lo de los Cullen. Hay maneras Página | 386 de hacerlo sin que me tachen de loco. Sabes, siempre hay quien se cree esas cosas. -¿Vas a romper el pacto por tu cuenta?-pregunté horrorizada. -Sólo las palabras, no su espíritu. En su tiempo ese pacto se hizo para proteger a nuestro pueblo. Y yo estoy protegiendo a mi mujer y a nuestro hijo. Pasaré a buscarla para llevármela a casa hacia la una. Espero no encontrarte entonces en su habitación. -No puedes hablar en serio. -¿Me ves riendo o algo? Swan, es mi última palabra. Hazlo. No es tan difícil. Al fin y al cabo cuando te transformes en chupasangre tampoco podrás verla más. Sencillamente es adelantar los acontecimientos. Hazme caso y todos viviremos mejor -se levantó y se fue, dejándome sin despedirse. . -¿Te pasa algo? Estás muy pálida-Ang me observó con preocupación cuando volví a su habitación. -No, bueno... Creo que no me encuentro muy bien. -Ya te decía yo que tanto café de hospital iba a pasarte factura-me observó con atención. -Debo haber cogido algún virus por aquí -encogí los hombros sin mirarla. -Y yo adoro a mis padres y quiero que Leah sea mi dama de honor cuando me case con Jake. Bella, mientes fatal. ¿Qué ha pasado? -Nada, en serio, creo que estoy un poco nauseosa, eso es todo. ¿Qué te ha explicado el doctor Grant? –cambié de tema. -Oh... básicamente que haga vida de ameba hasta que me pongan el alien. Deberías haber visto el color de su cara cuando medio en broma le he
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    Cambio De Destino DraBSwan preguntado si podía tener sexo salvaje con mi novio – encogió los hombros haciendo una divertida mueca. A mi pesar me hizo reír. Y luego me entraron ganas de llorar al pensar que no iba a verla más. Porque lo había decidido ya: si le explicaba a cualquiera de los Página | 387 Cullen la amenaza de Jacob habrían problemas graves. No quería pensar que la integridad física del novio de mi amiga corría peligro pero no quería correr el riesgo. Y si no le hacía caso y seguía viendo a mi amiga estaba segura de que cumpliría su amenaza. -Deberías avergonzarte por abusar de un "resi" de primer año. -Bah, que vaya acostumbrándose. Lo que le espera... Antes de lo que yo hubiera deseado trajeron la comida. Miré nerviosamente la hora en mi móvil. Quedaba menos de media hora para despedirme. Tras escuchar a mi amiga despotricar del primero, del segundo plato y un poco menos del postre, era hora de marcharme. Me senté en la cama y le tomé de las manos. -Angela, eres la mejor compañera de piso que podía haber encontrado jamás. Y la mejor amiga...-dije y la abracé sin poder evitar que mis ojos se humedecieran. -Eh... que nos veremos pronto-dijo con la voz tomada, respondiendo a mi abrazo.-Dile a tu guapo novio que te deje descansar algún día, que tanto sexo no puede ser bueno, y entonces te vienes a verme. Me mordí el labio fuerte para con ese dolor distraerme del que sentía en mi pecho. Hice fuerza para poder tragar saliva y romper el nudo que se había hecho en mi garganta. Pero los músculos de mi cuello no me obedecieron. Así que no pude hablar y continué abrazada a Angela. -Oye, lo del sexo sólo lo he dicho por pura envidia, no te lo tomes en serio-su voz sonó extraña como si estuviera conteniéndose. Poco a poco me separé de ella y la miré al fondo de sus oscuros ojos. -Suerte con todo. Amiga. Adiós- le apreté las manos y las solté, pero ella no me soltó a mí. -Hasta pronto, no adiós- me miró con cierta inseguridad y sonreí a medias.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Hasta pronto.-Entonces me soltó. -¡Llámame cuando estés en Seattle!- dijo antes de que yo cerrara la puerta de su habitación. Página | 388 Nunca se me había dado bien mentir. Pero asentí moviendo la cabeza enérgicamente. Afuera estaba lloviendo intensamente. No saqué el paraguas. Mis lágrimas se mezclaron con las gotas de lluvia, corriendo sobre mi cuerpo hasta llegar a los charcos del suelo.
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    Cambio De Destino DraBSwan Capítulo 39 Página | 389 BPOV -Varón, doce años, pérdida de conciencia de un minuto con recuperación espontánea tras traumatismo abdominal en parque de atracciones -cantó el paramédico que llevaba la camilla. -Joder, tío, qué humillante, si puedo andar perfectamente - protestó el delgado adolescente. Lo seguí hacia el único box que quedaba libre en Urgencias. Mi último paciente. Aquel turno estaba resultando agotador y yo deseaba salir puntual porque sabía que Edward estaría esperándome. Hoy celebrábamos nuestro primer mes viviendo juntos y habíamos optado por una cena romántica en un restaurante. Bien, como siempre sólo yo cenaría, pero romántico iba a serlo. Mi adorable novio se había ofrecido incluso a comer algo ligero para que no me sintiera incómoda, después iría al lavabo a vomitarlo, por supuesto. Pero yo sabía cuánto odiaba la comida humana. Decía que sabía a tierra y yo no quería que pasara por eso. Ya estaba acostumbrada a alimentarme mientras era observada. -Lo siento, es el protocolo del hospital en las pérdidas de conciencia -me disculpé con una sonrisa y me coloqué a su lado en la camilla del box. -Bueno, si vas a ser tú mi doctora no hay problema- guiñó un ojo el chico. Bree, la enfermera que le estaba tomando las constantes vitales, sofocó una sonrisa. -Estoo... ¿y tu madre?- repliqué sonrojándome tontamente ante el piropo de aquel proyecto de hombre adulto. -Dando mis datos y toda esa mierda que pedís en estos sitios. Pero no hay prisa de que venga, ¿no? ¿Pero qué le dan de comer a esta juventud? Si podía ser su madre... si lo hubiera tenido con 14 años, claro.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Vale, Casanova, para el carro y cuéntame qué recuerdas. -¿Casa qué? Me llamo Seth. -No hace falta que me lo jures: no sacaste buena nota en literatura. Sólo Página | 390 cuéntame qué te ha pasado -bufé y le eché un vistazo rápido a mi móvil. Ya era casi la hora de finalizar mi turno y si no agilizaba la visita llegaría tarde. En aquel momento entró Garret Randall, el cirujano pediátrico, quien me clavó su oscura mirada de esa forma que me hacía sonrojar. Claro que a mí casi todo me hacía sonrojar. Era una de las cosas que a Edward le gustaba de mí. Y parecía que al doctor Randall también. El chico cambió su actitud tras la llegada de mi superior y más aún cuando su madre entró en el box, y se puso a la labor de contarnos lo que recordaba. Había subido en unos autos de choque sin ponerse el cinturón (para qué) y había chocado de frente varias veces (por qué no) contra sus amigos. En uno de esos choques se había golpeado el abdomen con fuerza contra el volante, pero había seguido en la atracción hasta que se detuvo. Fue cuando se levantó del asiento que se sintió mareado, cayendo al suelo. -Diagnóstico y tratamiento, doctora – los brillantes ojos del doctor Randall me contemplaban examinar rápidamente a mi paciente, sin perderse un detalle de mis movimientos. Odiaba ser el centro de atención, y más aún de un adjunto, y más aún todavía de un adjunto joven y atractivo que me observaba de aquella forma. Lo conocía poco, pero por experiencia sabía que no era normal que un adjunto supervisara tanto a un residente de último año. Pero era mi superior y no podía mandarlo a paseo. -¿Dónde te duele más?-pregunté a Seth. -Todo. Me duele toda la barriga. Y el hombro izquierdo, más cuando me tocas la tripa. -¿El hombro izquierdo?-pregunté alarmada. -Sí, no sé, igual me lo he golpeado al caer. -No creo, los hematomas por la caída están en tu lado derecho.
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    Cambio De Destino DraBSwan -¿Y bien, doctora?-Garret alzó una ceja interrogativa. Parecía Sherlock Holmes cuestionando a Watson. -Bueno...- miré tímida a la madre del chico y al cirujano – Seth tiene taquicardia leve, presión arterial normal, aún no hay palidez, pero... tiene síntomas de Página | 391 sangrado peritoneal, posiblemente se ha producido una fisura en el bazo al golpearse contra el volante del auto. Lo del hombro es muy significativo. Yo solicitaría hemograma, pruebas de coagulación, y pruebas cruzadas por si necesita una transfusión. Una ecografía ahora mismo confirmaría el diagnóstico. Creo que tiene trabajo, doctor – terminé, más segura de mí misma al observar su expresión. Garret asintió. -Exacto – afirmó y miró a la madre amablemente.- Señora, como ha dicho la doctora Swan probablemente haya que intervenir a su hijo, debe tener una fisura en el bazo por donde está sangrando. Lo confirmaremos con una ecografía y si es así habrá que intervenir para cerrar eso o no, depende de la importancia del sangrado. Fue Garret mismo quien hizo la ecografía, confirmando el diagnóstico. Tranquilizó a la preocupada madre y al aún más ansioso adolescente. En ese sentido me recordaba a Edward, sabía ponerse en el lugar del paciente e intentaba calmar sus miedos dentro de lo posible. En una especialidad dura como la cirugía eso era poco frecuente y muy de agradecer. Y más aún en un cirujano pediátrico. Una vez se hubieron llevado al chico a quirófano le eché un vistazo al reloj de pared que había sobre el mostrador principal de la sala de Urgencias del Hospital Infantil de Seattle. Pasaban minutos de las seis de la tarde. Suspiré. Mi turno tendría que haber terminado hacía una hora, pero era lo que tenía esta profesión. No podías dejar a un paciente grave a medias porque ya se había terminado el turno. Me cambié de ropa en el vestuario femenino lo más rápidamente que pude, que no fue mucho porque estaba agotada. Las Urgencias quemaban más que otras especialidades. Y siempre salía tarde. Ansiaba ver a mi adorado novio... y nuevo compañero de piso. Reprimí como pude la oleada de pena que me asolaba cada vez que recordaba a Ángela. Al final habíamos terminado viviendo juntos, y aunque temía que nuestra relación se volviera rutinaria... esa palabra y Edward no se llevaban bien.
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    Cambio De Destino DraBSwan Recordé cuando hablamos de nuestro traslado a Seattle. Fue fácil solucionar el tema del trabajo. Emily aceptó que yo me fuera unas semanas antes de lo previsto tan bien como al principio había aceptado que me quedara más tiempo. Sin pedirme explicaciones. No sabía qué clase de jefe sería James pero Página | 392 desde luego no creía que fuera mejor que su ex. Mis compañeros incluso me organizaron una cena de despedida. Mucha gente relacionó nuestra marcha con los acontecimientos en la fiesta de cumpleaños de Anne, y realmente no les faltaba razón, pero ninguna especulación se acercaba a la verdad. Afortunadamente. El momento complicado vino cuando Edward me pidió que fuera a vivir con él. Acabábamos de hacer el amor en su cama. Me miró intensamente con aquellos hermosos ojos, me habló con aquella voz de terciopelo, y casi temí que se arrodillara y sacara un anillo. Vi el dolor en su mirada cuando leyó la duda en mi expresión, pero sólo duró unos segundos. -Si quieres podemos tener habitaciones separadas. O yo puedo vivir en el piso de abajo del dúplex y tú en el de arriba. Puedo entrar por la ventana de tu habitación y será casi como si siguieras viviendo en Forks. La pena que sentí entonces al pensar en Ángela lo confundió, y creyó que me angustiaba la idea de irme a vivir con él. No me angustiaba, pero en mi interior una pequeña parte seguía luchando contra mi absoluta necesidad de él. Pero entonces recordé las palabras de mi amiga. ¿De qué tenía miedo? No podía luchar contra la necesidad de respirar, y él era tan necesario como el aire para mí. Además siempre había sabido darme mi espacio, y eso no cambiaría al vivir juntos. Simplemente desaparecería el anhelo que sentía cada vez que nos separábamos. -No te preocupes, buscaremos un piso para ti cerca del Hospital Infantil... -¡No! No. Quiero que estemos juntos, Edward. Quiero encontrarte cuando me despierte por la mañana, cuando me acueste por la noche, cuando me levante de una guardia... -¿En serio? Recuerdo su perfecto rostro iluminado por la felicidad como si fuera un árbol de Navidad. Luego bromeó diciendo que tenía miedo de encontrarse conmigo cuando yo salía de guardia.
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    Cambio De Destino DraBSwan Fui arrastrando los pies en dirección a la salida. Cuando vi a Edward esperándome frente al mostrador de la recepción de Urgencias mi cuerpo se sintió más ligero. Llevaba meses saliendo con él y aún sentía mariposas en el estómago cuando lo encontraba tras unas horas sin verlo. Me pregunté si alguna Página | 393 vez me acostumbraría. -Hola - dije casi con timidez. Como respuesta me tomó la cara entre sus manos y me besó, suavemente al principio, luego más profundamente, hasta que mi turbación me hizo separarme de él. -Edward, estoy en el trabajo -susurré reprobadora. -Sólo quiero dejar claro a quién perteneces –replicó en el mismo tono de voz, como bromeando, pero sus ojos ardían. Me tomó de la cintura y nos encaminamos a la salida. Una vez fuera rodeó mi cuello y mi cintura con sus brazos y me besó con pasión. Esta vez me dejé llevar por la caricia de su lengua sobre la mía, por su sabor delicioso. Cuando su boca liberó la mía mi respiración era jadeante y mi piernas un tambaleante flan apenas capaz de soportar mi peso. -Creo que este tipo de besos está prohibido en este estado, por lo menos en público. -Te habría besado así allá dentro- apuntó con la barbilla el edificio del Infantil. Sus brazos seguían rodeando mi cintura, pegándome a su duro cuerpo- Pero no me has dejado. Aunque si llega a estar Randall cerca de nosotros no te habrías librado. -¿Garret? Un momento... ¿cuánto tiempo llevabas esperándome? –fruncí el ceño. -Lo suficiente como para escuchar lo que te decía, y lo que es peor, lo que no te decía. Y ahora por su culpa lo que quiero es llevarte a casa y darnos una ducha juntos para borrar su desagradable olor de ti- su expresión intentaba ser contenida pero yo detectaba una chispa de ira... y deseo. -Oh... no, Edward, no haremos eso, por lo menos ahora. Me habías prometido una cena, una cena romántica – remarqué.
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    Cambio De Destino DraBSwan Estaba cansada e irritable, y en aquel momento no me sentía nada comprensiva con los celos de Edward. -Está bien, tienes razón –repuso secamente. Página | 394 Me tomó de la mano y caminamos en un tenso silencio hasta llegar al restaurante, que no estaba muy lejos de mi lugar de trabajo. Me sentí un poco deprimida. Todo el día esperando este momento, y ahora sentía esa desagradable tensión entre nosotros. De pronto Edward se detuvo a unos metros de la puerta del restaurante y tiró de mi mano con fuerza, arrastrándome hacia sí y envolviéndome con sus brazos. -Lo siento -murmuró contra mi cabello. -Yo también. Estaba... estoy cansada –expliqué sobre su pecho.- Sé que es duro para ti escuchar determinados pensamientos de otros hombres, pero Edward... yo llevo meses soportando cómo el noventa por ciento de las mujeres y el diez por ciento de los hombres con los que te cruzas se te comen con los ojos. Y aunque a veces me molesta, sobre todo si la mujer es muy atractiva, la mayoría de veces lo único que pienso es "Jodeos, es mío". -Edward soltó una carcajada y yo sonreí.- Confía en mí como yo en ti, amor. No puedo evitar las atenciones del doctor Randall. Pero se puede joder porque yo soy tuy... -no pude acabar la frase porque su boca invadió la mía vorazmente, robándome de nuevo el aliento. Mi cuerpo entró en ignición desde la raíz del cabello a las uñas de los pies. Nuestros labios jadeantes se separaron unos milímetros y me sentí mareada. El sabor y el aroma de Edward me hacían perder la cordura. -Será mejor que entremos. Una frase más como la que acabas de casi- pronunciar y te arrastraré al callejón más cercano. Y lo que te haría no tiene nada de romántico -su ronca y vibrante voz penetró hasta lo más profundo de mis entrañas, haciéndolas contraerse. No sería romántico pero yo también estaba a punto de mandar la cena a paseo. Sonreí mientras entrábamos en el restaurante. Las cosas entre Edward y yo habían sido así desde nuestro primer beso. Un momento estábamos hablando tranquilamente y al siguiente una chispa se encendía y la pasión se apoderaba de nosotros de forma explosiva.
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    Cambio De Destino DraBSwan La cena fue romántica de veras. Nuestra mesa estaba en un lugar apartado e íntimo del restaurante, había velitas sobre la mesa, y la comida italiana era deliciosa. Pudimos conversar tranquilamente, mirarnos a los ojos en silencio y enlazar las manos entre plato y plato. Página | 395 Pero mi cansancio no tenía nada de romántico. En cuanto me relajé con la compañía de mi novio y me olvidé de las preocupaciones del día todo mi cuerpo pidió estirarse sobre una cama y no moverse durante horas. -¿Es más duro el trabajo aquí que en Forks?- me preguntó él dulcemente, acariciándome la mano. -No, es la estancia en Urgencias, me estresa mucho -tomé un sorbo de vino y cerré los párpados unos segundos, volviendo a bloquear el recuerdo de mi amiga.- Y no creo que mejore el próximo mes, me toca pasarlo entero en la UCI neonatal -suspiré, recordando que había sido uno de mis campos favoritos dentro de la especialidad. Había sido, porque ahora echaba de menos a mis compañeros del Comunitario de Forks, a Anne, Monica, a mi jefa, y por encima de todo a Angela. Tomé una pequeña cucharada de tiramisú y sentí una fuerte punzada en el pecho recordando nuestra cena de chicas en Port Angeles. -¿Estás segura de lo de Angela? -tentó Edward. Sus agudos sentidos estaban atentos a cualquier ínfimo cambio en mi expresión, movimiento, respiración... y cada vez le resultaba más fácil leerme. -Ya te dije que sí. Por favor, no saques más el tema... me hace daño –supliqué tocándome el pecho. -No te prometo que te haga caso, sabes que no estoy de acuerdo con tu decisión, pero lo intentaré -insistió, cabezota como yo. Por supuesto, desde los primeros días de vivir juntos en Seattle Edward me había incitado a llamar a Angela. Entendía que no la visitara en casa de Jacob, pero no que no quedáramos en nuestra casa ni habláramos por teléfono. Así que le solté la gran mentira que tenía preparada: que aunque no estaba por completo segura de mi futura transformación era una idea que cada vez era más fuerte en mi corazón, y no quería que ningún ser humano me tomara demasiado cariño, ni, por supuesto, tomárselo yo. Edward se alegró por la primera parte de la mentira, la única parte cierta, pero puso mil y un reparos a
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    Cambio De Destino DraBSwan la segunda. Me negué en redondo a discutir el tema, y él no insistió más. Por el momento. Supongo que notó que le ocultaba algo y quería que se lo explicara, pero de ninguna manera iba a conseguir eso. Si le decía la verdad saldríamos todos perjudicados. Página | 396 Una vez en nuestra casa mi agotamiento iba a más, pero yo tercamente me negaba a darme por vencida. Quería que la noche tuviera su broche final, deseaba hacer el amor con él. -Espera, Bella -susurró en mi oído cuando me abracé a él e intenté desabotonarle la camisa.- Déjame darte un masaje. Tus músculos lo están pidiendo a gritos. -De acuerdo...-repuse dubitativa.- Pero creo que me voy a quedar frita. No sé si es buena idea. -No pienses. Déjate hacer-susurró. Y así lo hice. . Cuando me desperté la habitación estaba a oscuras. Me había quedado completamente dormida gracias a las maravillosas manos de Edward, y seguía en la misma postura, boca abajo. Estiré un brazo tanteando la cama y me di cuenta de que él no estaba a mi lado. Miré la hora en el despertador de la mesita de noche. Las cinco de la madrugada. ¿Dónde estaría? Era raro que no estuviera a mi lado. Tan sólo eso bastó para desvelarme y hacerme incorporar. ¿Qué pasaba? Me coloqué el camisón (me había dormido con tan sólo las braguitas puestas) y fui a buscarlo. Sí, no recordaba haber usado camisón desde que era niña, pero... este era bastante sexy. Aunque no tanto como el que pasó a mejor vida cuando Edward bebió de mí la primera vez. No estaba en el enorme balcón, uno de sus sitios favoritos del ático, así que fui al único sitio donde pensaba que podría estar. La sala de música. Esta era una habitación completamente insonorizada, con ventanales que llegaban del techo al suelo como los de toda la casa. Era increíble el buen trabajo realizado en aquella habitación, realmente podías estar aporreando el piano con muchas ganas que si la puerta de la sala estaba cerrada nadie te oía desde fuera. Y no es que yo hubiera probado a aporrear el piano... es una forma de hablar...
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    Cambio De Destino DraBSwan No sé por qué llamé a la puerta antes de entrar. Sí, sé por qué. Para Edward tocar el piano era algo tan íntimo que cada vez que lo interrumpía era así como interrumpir una conversación de padre a hijo, el sueño de un bebé, una charla entre enamorados... prefería avisar de mi presencia antes, como si él no me Página | 397 hubiera escuchado llegar. Entré sin esperar a que me dijera que pasara, silenciosamente (para un humano) y contemplé la imagen que tenía ante mí: Edward estaba ya vestido, sentado ante el piano con los ojos entornados, y tocaba una deliciosa melodía, lenta y apasionada al mismo tiempo. No hizo ninguna pausa ni abrió los ojos cuando entré, y siguió acariciando las teclas del instrumento de esa forma tan sensual. Me quedé plantada al lado de la puerta, contemplándolo embelesada. -Siéntate a mi lado y cierra la puerta-pidió con suavidad sin abrir los ojos. Y así lo hice. Me senté a su lado, contemplando hipnotizada el vaivén de sus flexibles y largos dedos sobre las brillantes teclas. Me sentí arrastrada tanto por la ferviente interpretación de Edward como por la música. Sus dedos fluían y sus brazos me rozaban una y otra vez mientras acariciaba el instrumento de una forma que me hizo sentir una absurda y dolorosa punzada de celos. El deseo iba creciendo en mi interior mecido por la cadencia del sonido. Pero algo iba mal. Lo sentía, tan seguro como podía percibir la presencia de Edward sin verlo ni oírlo. Lo miré con ansiedad durante unos minutos. -Bella, tengo miedo- murmuró por fin, sin mirarme ni dejar de tocar el instrumento. -¿De qué...? ¿Por qué?- mi voz salió extraña y apagada, no queriendo romper la melodía con su estridencia. -De que me dejes. De que algún día decidas que no es suficiente con que nos amemos para seguir juntos -abrió los ojos mirando las teclas, y en su perfil aprecié la angustia de su expresión. -Edward... no dices esto porque estás celoso de Garret, ¿verdad? – tanteé, confusa.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No estoy celoso de Garret, Bella. Estoy celoso de lo que él puede darte y yo no. De lo que cualquier hombre puede darte y yo no. Hijos, familia, una vida normal... Humanidad. De pronto la mínima cantidad de aire que nos separaba me pareció un Página | 398 Universo. Me moví sobre la banqueta hasta que me coloqué a horcajadas sobre él, mis piernas apoyadas sobre el asiento. Pareció despertar de una especie de trance, y me miró sorprendido. Acuné su cara entre mis manos y lo miré directamente a los ojos. Quise borrar el dolor que estos transmitían, que se me hacía insoportable. Deposité ligeros besos en sus párpados, su nariz, sus pómulos, deslizando mis labios por la mandíbula. Apoyé mi frente en la suya, percibiendo su aroma seductor, su aliento perfumado. -Nadie puede darme más humanidad que tú, amor. No necesito nada, nada más que tú. Tú lo eres todo. Por favor...-besé sus labios, apenas un roce.-Por favor...-entreabrí su boca con la punta de mi lengua y acaricié la suya suavemente.-No tengas miedo...eres mi vida -susurré sin apenas separarme de él, los dedos perdidos entre sus sedosos cabellos. Volví a besarle y esta vez mi lengua fue voraz, quería devorar su boca, llevarme esos pensamientos que le atormentaban, hacerlos arder y volverse humo... hacerle olvidar. Pude notar que poco a poco su cuerpo abandonaba su resistencia, amoldándose al mío, a mis caricias, a mis brazos. Su boca me correspondió y su lengua bailó sensualmente con la mía. Sus brazos rodearon mi cintura abrazándome tan fuerte que mi respiración se volvió dificultosa, pero no me importaba. Sus labios recorrieron mi cuello depositando húmedos besos por toda la curvatura. Inspiraba sobre mi piel y luego exhalaba sobre la piel humedecida, provocando escalofríos de gozo que recorrían mi cuerpo. -El perfume del amor-su voz fue una caricia sedosa en mi cuello. -¿Qué?- pronuncié con dificultad, en parte por la fiebre que se apoderaba de mí y en parte por el fuerte abrazo. -Es el título de la pieza –repuso antes de volver a saborear mi boca en un beso lento y sensual. Alzó mi camisón, despojándome de él sin dificultad. Se echó hacia atrás mirándome de arriba abajo con ojos ardientes.- Eres tan hermosa...- Sus manos se posaron en mis endurecidos pezones, acariciándolos en círculos. Luego inclinó la cabeza e introdujo uno en su boca, succionándolo y rodeándolo con la lengua al mismo tiempo, mientras con la otra mano no dejaba de acariciar el otro pecho, rozando el pezón con suavidad.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Por dios, Edward... espera –gemí. Ansiaba aumentar el electrizante contacto de nuestras pieles y aferrando el borde de su camiseta se la quité. Besé y lamí su cuello, su boca, su marcada mandíbula, y adherí mi cuerpo al suyo con desesperación, como si quisiera Página | 399 fundirme con su piel, y en aquel momento sentí el latido de mi corazón como si fuera el suyo. Sentí su erección presionando con fuerza justo donde más lo necesitaba y sin dejar de lamer, acariciar y besar cada centímetro de su piel a mi alcance, me mecí suavemente sobre él. Gemíamos con dulzura, con suavidad, como si la música aún sonara en el piano y no quisiéramos interrumpirla. -Bella... te necesito...-pronunció en un suspiro, y no esperé más. Me aparté lo mínimo para ayudarle a liberar su erección y él se deshizo de mis braguitas en un instante. Me alzó levemente y me penetró con delicadeza, como si fuera más frágil, como si temiera romperme.- No te muevas... Espera. Adoro sentirte. Rodeé su cuello con mis brazos, él me abrazó la cintura y nuestras caras quedaron a escasos centímetros. Su mirada oscura era al mismo tiempo fuego y dulzura y sentí calor en mi pecho, mis ojos se humedecieron y de pronto percibí con toda su fuerza la intensidad de mis sentimientos por aquel hombre que me miraba haciéndome sentir lo más importante del Universo. Al cabo de unos instantes empecé a mecerme suavemente, sin apartar mis ojos de los suyos, saboreando la delicia de nuestros cuerpos unidos, el contacto de nuestras pieles, su aroma incomparable, el amor que desprendía su mirada. Continué mi sensual danza, meciéndome en círculos, observando las señales del placer en él: los labios entreabiertos, los ojos casi entornados y oscuros que se resistían a abandonarse, la respiración dificultosa, la tensión de su cuello, y de sus manos sobre mis caderas... mientras percibía cómo iba creciendo el placer en mi vientre, dulcemente. -Déjate llevar, amor. Ahora -susurró él contra mi boca. Y de repente me sacudieron oleadas de placer, una y otra vez, y me sujeté a él con la poca fuerza que me quedaba, porque sentí que caíamos uno en brazos del otro. Al cabo de unos minutos las oleadas cedieron. Sin separarme un ápice de él pegué mis labios a la piel de su cuello, besándolo. No tengas miedo, amor. No te dejaré.
  • 400.
    Cambio De Destino DraBSwan De forma súbita él se separó de mí y tomó mi cara entre sus manos. -¿Qué has dicho?-me miró con los ojos muy abiertos, alerta. -No he dicho nada- repuse. Página | 400 -No tengas miedo, amor. No te dejaré. Lo sé. Lo he oído. Capítulo 40 BPOV -No puede ser, no he dicho nada –repetí, confusa. -Bella, he oído tus pensamientos, no sé cómo, pero los he oído. Aunque sólo por un instante.
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    Cambio De Destino DraBSwan Su cara era una pura expresión de júbilo. Cuando fui verdaderamente consciente de lo que acababa de pasar me sentí dividida. Por una parte era feliz al ver la felicidad del hombre al que estaba unida, por otra me sentía angustiada por la pérdida total de intimidad que eso significaba. Con el añadido de que Página | 401 Edward seguía siendo opaco para mí, lo que consideraba de alguna manera injusto. Él pareció leer mi gesto. -¿Te disgusta?-acarició mi mejilla con las yemas de sus dedos. -Pues... No sé qué pensar -me sinceré. Él tomo aire con calma. -Lo siento... soy egoísta al alegrarme pero ha sido... muy íntimo. -Íntimo -apoyé mi mano en la que me acariciaba, presionándola contra mí.- Como el momento que hemos compartido.- Su mirada era profunda como un océano de oro líquido. -Sí-susurró.- ¿Crees que puede estar relacionado con eso o...? -se interrumpió, inquieto. -¿O qué? -O que haya sido una consecuencia de haber vuelto a beber de ti. ¿Significa esto que hemos pasado algún límite? -No lo sé... –me mordí el labio, pensativa.-De todas formas no vamos a repetirlo. Por culpa de mi imprudencia estamos jugando con fuego. -No te atormentes ahora, no sirve de nada- me observaba fijamente.- Nada -dijo un poco decepcionado, y supe que estaba intentando leerme de nuevo. -Espera... prueba ahora -intenté relajar mi mente, y para ello rememoré las emociones, sensaciones e imágenes que me habían recorrido minutos antes, mientras hacíamos el amor como jamás habíamos hecho. -No...-frunció los labios con frustración.-Oh, Bella, siento estar frustrado por no conseguir algo que a ti te incomoda... pero piensa que llevo décadas leyendo mentes, y la pared que hay entre la tuya y la mía hace de punto ciego cuando estás conmigo.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Lo sé—sonreí.- ¿Estás bien?-inquirí. Él sabía que me refería a su melancolía previa. -Sí-me besó en los labios.-Ha sido algo indescriptible. Página | 402 Asentí. Estaba muy de acuerdo. No sabía qué había desmontado la pared que mi mente levantaba frente a mi amante, pero estaba segura de que mi sensación de completa entrega y abandono había tenido algo que ver. Prefería no pensar en la otra posibilidad. º*º*º*º*º El busca volvió a sonar ante mi desesperación. -Tengo que llamar al paritorio -me disculpé. Heidi, la enfermera de la UCI neonatal, me miró con cara de pocos amigos. Todavía me faltaba calcular la composición para la alimentación intravenosa de dos de los prematuros ingresados y ella las tenía que mandar a la farmacia del hospital antes de mediodía o no estarían preparadas a tiempo y las tendría que preparar ella. Y era bastante trabajo, y delicado además. Pero ¿qué quería que hiciera? La compañera que llevaba el busca del paritorio estaba de baja y me tocaba estar en la UCI y supervisar a las dos residentes de primer año que estaban en la maternidad. Si Urgencias era estresante esto era aún peor. Inspiré profundamente y marqué el número del paritorio. -Bella, van a hacer la cesárea del bebé de la hernia diafragmática-dijo la nerviosa voz de Charlotte, la residente. -¿Qué? ¿Hoy? ¡Sólo nos queda una incubadora libre! ¿Han hablado con el adjunto de la UCI neonatal? –chirrié. -No lo sé, pero ya van a ponerle la epidural a la señora. Date prisa, por favor. -Vale, vale – comprendía la ansiedad de la resi, una hernia diafragmática no era cualquier cosa para un residente novato.- Oye, encárgate de llamar a cirugía pediátrica si no lo han hecho los ginecólogos, que imagino que no, estos hacen lo que les rota - rezongué.
  • 403.
    Cambio De Destino DraBSwan -Eso ya lo ha hecho Maggie, Kate ya está viniendo. Oye, tengo que ir al quirófano- se despidió. Colgué el teléfono y me despedí de la ceñuda Heidi, caminando a grandes zancadas en dirección al paritorio. Kate. ¿Había yo pasado bajo una escalera? Página | 403 ¿Era martes o viernes 13? ¿Un gato negro había cruzado delante de mí sin yo darme cuenta? ¿Qué coño pasaba hoy? Aunque me hacía sentir incómoda habría preferido mil veces a Garret que a Kate. La cirujana pediátrica estaba de un humor de perros desde que su novio y ella lo habían dejado "de mutuo acuerdo". Comprendía bien la política de muchas empresas de evitar las relaciones entre sus empleados, puesto que el problema no eran las relaciones en sí, sino cuando estas se rompían. Kate estaba de un no disimulado humor de perros desde entonces, y todo el personal se armaba de paciencia cuando tenía que trabajar con ella. Para colmo sabía que yo era la pareja de Edward, y eso me había granjeado la posición de enemigo público número uno sin apenas conocernos. Me puse una bata estéril, gorro, guantes y mascarilla y me dirigí al quirófano del paritorio para ayudar a mis compañeras, mientras pronunciaba unas cuantas maldiciones en español. Un par de camilleros que pasaban a mi lado me miraron con curiosidad. Todo salió dentro de lo previsto: intubé al recién nacido y lo conecté al respirador de la incubadora. Las residentes se ocuparon mientras tanto de colocarle un catéter en la vena umbilical para que recibiera suero intravenoso. Afortunadamente Kate echó un rápido (y ceñudo) vistazo a la situación y tras comprobar que estaba todo controlado se marchó a su propio quirófano a prepararse para la intervención. Me alegré sobremanera de su desaparición. Cada vez que posaba su mirada sobre mí sentía como si estuviera mandándome descargas eléctricas. Era una sensación muy desagradable. -Hoy van a caer rayos y truenos en el quirófano- comentó Maggie, quitándose la bata estéril mientras yo rellenaba la petición de radiografía urgente para comprobar que el catéter estuviera bien insertado. La miré sin comprender.- La intervención la harán Garret y Kate-explicó. Genial, otro punto a favor en el día de hoy.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Vamos, Bella, es para hoy, faltan tus dos parenterales -gruñó Heidi en cuanto pisé la UCI. Respira, Bella, respira. Tranquila. No puede ser peor. Página | 404 -Tienes un ingreso, Bella-una voz varonil sonó a mi espalda en la sala de residentes de la UCI neonatal, provocando que mis ya estirados nervios amenazaran con desgarrarse. Miré por encima de mi hombro al moreno hombre que me miraba de aquella forma y agradecí no poder leer sus pensamientos. -Gracias, doctor Randall, voy en medio minuto-volví mi cabeza al historial que estaba redactando. -Te he dicho varias veces que me tutees. -Prefiero no hacerlo. -Con tu jefe lo haces. -Sólo me tuteo con los pediatras- bufé. Él sofocó una risa ante semejante tontería. -De acuerdo, sólo con los pediatras. Maldita sea, Edward me había explicado que Garret no había querido demostrar a Kate que estaba interesado en ella porque era una residente y eso no estaba bien visto. ¿Es que ahora ya no le gustaba su trabajo? Me levanté y me encaminé a la UCI seguida de cerca (demasiado cerca) por el apuesto cirujano. Kate estaba escribiendo las órdenes de tratamiento del postoperatorio. Genial. Cuando levantó los ojos de la mesa nos observó y sentí esas descargas eléctricas queriendo paralizar mi corazón. -Doctora Swan, ¿se encargará usted de este paciente? -su voz era puro hielo. -De la parte pediátrica -puntualicé.
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    Cambio De Destino DraBSwan En mi experiencia, muchos cirujanos intentaban quitarse el trabajo que no les gustaba de encima. Les gustaba la mesa de quirófano pero lo que venía después era más aburrido. -Por supuesto, el residente de cirugía pediátrica es el más competente para Página | 405 manejar un postoperatorio como este, no me fiaría yo de un pediatra- mordió.- Sin embargo tendré que confiar en usted para la parte pediátrica- apuñaló. -Espero cumplir sus expectativas, doctora- repuse no sin cierta discreta ironía. Ya estaba a seis meses de acabar mi especialización y no me iba a dejar amilanar por una cirujana que, aunque era adjunto, no dejaba de ser novata. -Yo estoy de guardia -intervino Garret.- Si el trabajo me lo permite vendré de vez en cuando a controlar la evolución del niño -sonrió. Los ojos de Kate brillaron con ira y abrió la boca como para responder pero inmediatamente la cerró y frunció los labios. Firmó las órdenes médicas, se levantó y girando sobre sus talones se marchó sin despedirse de nosotros. Exhalé con fuerza y fui a auscultar al reciente ingreso, comprobando antes los números que aparecían en el respirador artificial. Ajusté los valores que aparecían en la pantalla de la máquina y sentí la presencia del cirujano a mi lado. -No le hagas caso, Bella. Ya se le pasará-pronunció en voz baja. -Ciertas actitudes no ayudan, doctor Randall – susurré; no pude evitarlo, estaba harta de morderme la lengua. -¿Te molestan esas actitudes?-cuestionó en el mismo tono con dulzura. Me puse el fonendoscopio y exploré al niño mientras pensaba la respuesta. En otra situación me habrían gustado las atenciones de Garret. Era guapo, buen profesional, educado y amable. Pero su interés me estaba granjeando la enemistad absoluta de Kate, probablemente generando habladurías de las que yo aún no era consciente porque no tenía tanta confianza con nadie del Hospital como para que viniera a contármelas, por no hablar de lo inseguro que se sentía Edward ante la situación. -Sí. Me molesta -repuse sin dejar de observar al niño. -Te desagrado.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No-repuse exasperada.- No se trata de eso. Pero yo ya tengo pareja. -Lo único que me pararía sería un anillo. Pero no eres una mujer casada ¿No me darás una mínima oportunidad?- su insistencia podía haberme provocado un ataque de ira, pero su tono de voz era triste. Página | 406 En aquel momento se acercó Heidi para inyectar medicación intravenosa a nuestro pequeño paciente y Randall se apartó de nosotras. Sólo por esa oportunidad le perdoné a ella todo su comportamiento borde de la mañana, porque en aquel momento sonó el busca del cirujano y tuvo que marcharse corriendo. Me escapé un momento a la cafetería de personal para comer un sándwich en los escasos quince minutos de que disponía. Miré a mi alrededor por si veía alguna cara amiga pero a aquella hora el local estaba casi vacío. Odiaba en parte aquellos necesarios momentos de descanso porque era cuando más recordaba a mis antiguas compañeras, y más aún a Angela. En el Infantil estaba trabajando y aprendiendo mucho, pero no me resultaba gratificante. En el Comunitario de Forks había descubierto compañerismo y amistad, y en este gran Hospital había mucha competencia y también competitividad y en el escaso mes que llevaba trabajando en él por desgracia había podido ser testigo de alguna que otra zancadilla entre los residentes, lo que me resultaba muy desagradable. De pronto una voz me distrajo de mis pensamientos. -Una doctora tan guapa jamás debería estar sola- Liam, uno de los residentes que se estaba especializando en pediatría de urgencias, se sentó enfrente de mí con una bandeja tan frugal como la mía: un sándwich y una coca-cola. -No había nadie que me quisiera acompañar-sonreí. Liam era encantador, y se llevaba bien con Edward, a quien recordaba muy, muy bien desde su rotatorio en el hospital. Quizá porque Liam era gay. -Pues para eso estoy yo. ¿Qué tal va la guardia? Ya sé que si te va bien no me vas a decir nada, contesta sólo si te va mal. -Ja, cómo me conoces... está siendo pesadita. Si no, ¿qué haría yo cenando a estas horas?-eché un vistazo al reloj de la cafetería.- ¡Incluso para horario español sería tarde!
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    Cambio De Destino DraBSwan -Sí, en Urgencias también estamos teniendo mucho trabajo -mordisqueó con reticencia su momificado bocadillo. Jamás pensé que la cafetería del Infantil me hiciera añorar la de Forks.- Espero no tener ningún paciente más de cirugía, Kate se está comportando como una auténtica zorra. Página | 407 -Lo sé-reí.-Yo también he sufrido en mis carnes su mala leche. -Tu Edward demostró tener buen gusto y aún mejor cerebro al no hacerle caso cuando le acosó. Porque aquello fue un acoso en toda regla. Pobrecito- miró hacia el techo. Tuvimos un rato de charla agradable sin pitidos molestos, hasta que fue hora de marcharnos. La conversación con Liam me ayudó a levantar un poco la moral. -Te acompaño a Urgencias, me vendrá bien estirar un rato las piernas antes de volverme a hundir en el infierno de alarmas que es la UCI aquélla. Fuimos caminando mientras Liam me preguntaba cosas sobre Barcelona, a donde pensaba viajar en verano con su pareja, Benjamin, un enfermero de quirófano. De pronto un ruido nos alertó, la puerta doble de Urgencias se abrió de golpe y una enfermera entró con un niño convulsionando en sus brazos. -La madre lo ha encontrado en su habitación así y lo ha traído en su propio coche. Está afuera, rellenando papeles, viene en seguida-informó pasando rápidamente por nuestro lado. -Qué imprudente- gruñó mi compañero mientras rápidamente seguía a la enfermera al box de cuidados vitales. Aunque apenas lo había visto, había algo en aquel niño que me había llamado la atención y mis propios pies le siguieron sin preguntarme. En el box de vitales el niño, de unos cuatro años, estaba estirado sobre la camilla, inconsciente, su pequeño cuerpo sacudido por espasmos mientras le colocaban una vía y le desgarraban la ropa para colocarle unos electrodos en el pecho. Mis ojos se abrieron como platos y mi boca quiso decir algo, pero en ese momento no podía respirar, y no podía hablar.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Quiero analítica completa urgente, una glucemia capilar, preparad cinco miligramos de diazepam para administración de bolo intravenoso -escuché la voz de Liam en la lejanía.- Bella. ¡Bella! ¿Qué sucede, estás pálida, te has mareado? ¡Traed una silla de ruedas! Página | 408 -Daniel...
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    Cambio De Destino DraBSwan Página | 409 Capítulo 41 BPOV -¡Daniel!-grité por fin. -¿Lo conoces? - Liam me miró confuso. -Sí, lo...-me interrumpí y miré hacia la puerta del box desde donde, plantada con los ojos como platos, me observaba la madre de Daniel-¡Usted! Aquella mujer giró sobre sus talones y se esfumó de nuestra vista como si sólo hubiera sido una fugaz aparición. -¡Seguridad!-grité-¡Esa mujer! ¡No dejen que escape!- y sin pensar salí corriendo tras ella. Varios familiares de pacientes salieron de sus boxes alertados por los gritos. Pero los zuecos no se habían hecho para correr, Jane Smith era muy ágil y, admitámoslo, yo jamás había pasado de un suficiente en educación física. Desapareció por la puerta de Urgencias sin que nadie hubiera reaccionado a tiempo para detenerla. -Mierda...- salí a la calle y miré por dónde podía haber desaparecido, pero no había ni rastro de ella. Respiré con dificultad, jadeando más por la ansiedad que por la pequeña carrera que había hecho por el pasillo del hospital. Los dos guardias de seguridad aparecieron detrás de mí. -¿Algún problema, doctora? -dijo uno de ellos, grandote como un armario. Negué con la cabeza.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No... Sí, pero ustedes ya no pueden hacer nada. Hay que llamar a la policía – volví dentro del edificio y me dirigí a zancadas al box de vitales. -¿Cómo está?-mi voz salió trémula y aún jadeante-Hipoglucemia, ¿no? - contemplé la pálida y sudorosa carita de Daniel. Página | 410 Su cuerpo yacía ahora completamente relajado sobre la camilla, mientras la enfermera terminaba de inyectarle un líquido transparente en la vena. -Sí... convulsionaba por una hipoglucemia severa... ¿Cómo lo sabes? ¿Y a qué ha venido esto?- inquirió un perplejo Liam, sujetándome por los hombros.- ¿Te encuentras bien? ¿Esa que ha salido corriendo quién era? -La madre de este niño-tomé su manita fría y húmeda, contemplando su ahora pausada respiración.-La que lo trajo al mundo, porque no merece el nombre de madre-dije con rabia. -¿Malos tratos? ¿Es un caso de malos tratos?-la voz de Liam subió de volumen más de lo tolerado en Urgencias y sus puños se cerraron con fuerza hasta quedar blancos los nudillos. Bree me había explicado que una vez Liam había sido expedientado por pegar un puñetazo a un padre que trajo a su hijo con el ojo morado... a causa del puñetazo del propio padre. Los malos tratos era algo que no podía soportar y tentaban su autocontrol. -Sí...-respondí con voz apagada. Miré al silencioso "busca" para asegurarme de que no tenía ningún mensaje. De pronto me sentí muy cansada.- Hay que llamar a la policía, Liam. Ella ha huido. . El inspector de policía me miraba ceñudo cuando terminé de repetir el relato por tercera vez en poco tiempo. -¿A usted le parece muy normal que un médico salga en persecución de la madre de un paciente? -¿Qué me está diciendo?-abrí los ojos al máximo, sin poder creer a mis oídos. -Que si la señora es inocente no es tan raro que salga corriendo si la persiguen, y si es culpable no es nada prudente lo que usted hizo-gruñó.
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    Cambio De Destino DraBSwan Sentí la pesada mirada de Edward, sentado a mi lado en la mesa ovalada del despacho de médicos de Neonatología, y supe sin necesidad de leerle el pensamiento que estaba completamente de acuerdo con la última parte del discurso del policía. Página | 411 Me mordí el labio por unos segundos, luchando contra la necesidad de soltar algún juramento. -Escuche... yo no soy la criminal aquí, lo es aquella mujer, y estoy segura de que en cuanto tengamos los resultados de las analíticas que le han hecho a Daniel se comprobará que había recibido una inyección de insulina, que fue lo que le provocó la hipoglucemia-repuse con la voz tensa como las cuerdas de un violín. El inspector relajó un poco su mal humor; al parecer las esperanzas de tener una evidencia palpable de mi acusación me hizo ganar puntos ante él. Se habían recogido dos muestras de sangre de Daniel, una cuando hablé con Liam y le expliqué mis sospechas, que no tendría mucho valor legal, y otra que había cumplido por completo los protocolos de seguridad de recogida de pruebas forenses cuando el juez de guardia dio su permiso. Tenía que decir que el funcionamiento de los engranajes del sistema había sido perfecto en esta ocasión, y tan sólo una hora y media después de la huída de Jane Smith de Urgencias ya se había dictado orden de busca y captura contra ella y se le habían extraído al pequeño Danny las muestras necesarias para la investigación. Yo había llamado a Edward para ponerle sobre aviso de lo que había pasado. A su vez, este alertó a Jasper de que intensificara las investigaciones y las centrara en la ciudad de Seattle, y decidió venir al Infantil para estar conmigo en esos momentos, lo que le agradecí profundamente. Mi adjunto se hizo cargo de todas las llamadas mientras yo me reunía con la policía. -¿Cuándo será eso? -Imagino que tardará menos de veinticuatro horas-repuse con desgana. -Estupendo. Pero he de decirle que espero que el análisis le dé la razón, señorita Swan. Sus acusaciones son muy graves y se sustentan sobre una base muy débil. De no tener razón la señora Smith podría tomar graves represalias contra usted, e incluso podría conseguir que le revocaran el permiso para trabajar en este país.
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    Cambio De Destino DraBSwan Me dolió el estómago al escuchar esto. Cierto que gracias a Jasper yo tenía mucha información que el inspector desconocía y no podía compartirla con él porque la había obtenido de forma ilegal, pero aún así... ¿y si la convulsión de Danny casualmente era por otro motivo? ¿Uno médico, real y no ocasionado Página | 412 por la madre? Como mínimo me jugaba mi imagen en el Infantil, y por lo que se ve incluso mi carrera en USA. Edward me apretó de la mano que tenía cogida, captando mi nerviosismo. -Inspector- pronunció mi novio con serenidad- sabemos que le han sacado de la cama por un asunto que parece la paranoia de una joven doctora con falta de sueño- el inspector palideció y enrojeció de forma alternativa durante unos segundos, mirando a Edward con los ojos desorbitados, y supe que éste estaba vocalizando los pensamientos reales del policía- pero como bien le ha dicho la doctora Swan ella no es aquí la acusada, de momento y mientras no se demuestre lo contrario, así que le agradecería que controlara su mal humor con ella. -Vaya, ¿además de su novio es usted su abogado?-intentó burlarse el agente. -Digamos que además de la de medicina tengo la carrera de derecho, inspector Jenks- la voz de Edward sonó helada, diseccionando las palabras, y el policía palideció todavía más. En aquel momento sentí una imposible mezcla de cansancio, miedo y diversión, e incluso una aguda punzada de deseo por el protector vampiro sentado a mi lado. Inspiré profundamente y exhalé lentamente por enésima vez en las últimas horas, intentando poner orden en mi caos interno. -Bien, creo que ya tengo suficiente información por el momento. Señorita Swan, no salga de la ciudad. Doctor Cullen, doctora Swan - el inspector se levantó y sacudió la cabeza en nuestra dirección a modo de despedida. Le dirigió a Edward una extraña mirada antes de girar sobre sus talones y marcharse. Suspiré con fuerza cuando Jenks hubo cerrado la puerta tras de él. Estaba emocionalmente agotada, y todavía me quedaba trabajar la mitad de la noche y la mañana siguiente.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No hagas caso al inspector-la suave voz de Edward me rescató de mi estado depresivo. -He hecho lo que he pensado que sería mejor. Espero no haberme equivocado- musité. Página | 413 -Has hecho lo mejor. Excepto en lo de salir corriendo detrás de Jane Smith -su voz intentó sonar ligera pero no pudo ocultar cierto tono de reprobación. No pude evitar rodar los ojos. -Supongo que he visto demasiadas películas de policías-ironicé. -Estás agotada. Habla con Frank, dile que necesitas tumbarte un rato en la cama. Le conozco, sé que lo entenderá. Frank Avery era mi adjunto de guardia, además del jefe de la UCI neonatal. Era una persona sensata y comprensiva, pero yo quería hacer bien mi trabajo. Y eso significaba intentar no pedir ayuda. -No, Edward. Puedo seguir. De hecho la sala estaba tranquila, ahora pasaré por si hay algo pendiente y me acostaré hasta que me llamen-de pronto Edward hizo un movimiento y giró la silla donde yo estaba sentada, quedando ambos encarados. -Testaruda- negó con la cabeza, acariciándome con sus ojos dorados. -Gracias por venir, amor. Si no llegas a estar aquí ese policía me habría hecho llorar de impotencia -puse mi mano en su mejilla. La puerta del despacho se abrió de repente y mi adjunto apareció en el umbral. Aparté la mano con rapidez. -¿Cómo ha ido todo? –preguntó Frank amablemente. -Bien, supongo- me encogí de hombros. -Nunca es agradable una visita de la policía. Edward, es un placer verte de nuevo-saludó Avery. Edward sonrió con cortesía.-Bella, puedes acostarte un rato, allá dentro está todo controlado. -No... Gracias, Frank, pero no podría dormir.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Es una orden, doctora. Ningún paciente te agradecerá que lo lleves ahora, en el estado en que te encuentras. Descansa un poco, aunque no duermas. -Frank... ¿crees que sería posible visitar a Daniel? Página | 414 -Liam me ha dicho que está en una sala de cuidados intermedios, de momento bajo vigilancia policial. -¿Pero está bien? -Bella, está durmiendo bajo los efectos de la convulsión y por la medicación que ha recibido. Pero le han hecho un electroencefalograma y es prácticamente normal. Por la mañana lo verás. -De acuerdo...-musité. Frank me miraba, entre compasivo y dubitativo. -Espero que tengas razón en tus sospechas contra esa madre, Bella. Por ti y por tu carrera. Aunque por otra parte sería fantástico que te equivocaras y ese niño tuviera una buena madre- razonó. -Una buena madre habría aparecido ya, ¿no crees?-repliqué en tono cansino. Al final iban a hacerme dudar de mis propias sospechas. -Cierto-afirmó, aunque con un rastro de duda en la palabra. Me levanté y Edward me siguió, acompañándome a la minúscula habitación destinada al descanso (si es que te dejaban) del residente de guardia. -Cuidado y no te encuentres con Kate cuando salgas-bajé el tono de voz hasta convertirlo en apenas un susurro-Tú serás un vampiro pero ésa muerde. -¿Kate?-sus párpados se entrecerraron y su cuerpo se tensó ligeramente-¿Te está molestando de alguna forma?- sonó sutilmente inquietante. -No-estaba cansada y mis neuronas no funcionaban con normalidad, de otro modo no habría sacado el tema de Kate y su mal humor.- No -repetí, mientras mis neuronas intentaban desesperadamente encontrar una explicación.- Está de mal humor porque ha roto con Garrett. -¿Ha roto con Garret? ¿Cuándo? Esto se iba poniendo cada vez mejor.
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    Cambio De Destino DraBSwan Por favor, estoy agotada. Si hubiera bebido no estaría más desinhibida, estaba soltándole a Edward lo que le había ocultado durante dos semanas, así de sopetón. Página | 415 -Hace dos semanas-suspiré, mirándolo a los ojos. -¿Y me lo dices ahora?-alzó una ceja, incrédulo. -No... no me gusta sacar el tema de esos dos, Edward. No tiene ninguna importancia para nosotros pero a ti te afecta- repuse con sinceridad. Su expresión se dulcificó de inmediato. -Me afecta si ella está siendo borde contigo por mi culpa- escrutó mi rostro e inspiró profundamente.-Lo siento, estás agotada y yo aquí, haciéndote un interrogatorio. Mañana hablaremos- terminó, inclinándose para depositar un beso en mis labios. -Hasta dentro de unas horas -susurró contra mis labios e inspiré profundamente, guardando su esencia en mi interior. -Unas horas eternas-sonreí débilmente, pensando en lo que me quedaba hasta que pudiéramos volver a vernos... más declaraciones a la policía, preguntas y más preguntas, las miradas curiosas o dudosas de mis compañeros, la angustia a la espera del resultado de las pruebas forenses, aguantar el tipo y seguir rindiendo a pesar del cansancio acumulado... pero lo mejor era que podría ver a Daniel, o eso esperaba. ¿Cómo reaccionaría? Me acosté, sabiendo que no podría dormir, a la espera de que el infernal aparatito volviera a sonar. . -¿Ya están los goteros calculados?- sonó a mi espaldas la voz de Heidi, mi azote particular en la UCI neonatal. Inspira, espira, inspira, espira. -Faltan un par-murmuré, en un intento titánico de retener un grito. Miré la hora en el reloj de pared. Quería acabar de una vez; desde que me había levantado de la cama no tenía otra idea en la cabeza: ir a visitar a Daniel.
  • 416.
    Cambio De Destino DraBSwan Liam había venido a primera hora de la mañana a visitarme y explicarme las últimas novedades: Daniel había despertado de su sedación a primera hora de la mañana y lo primero que había hecho había sido pedir su muñeco de Spiderman. Le habían explicado que nadie lo tenía, que estaba en el hospital y Página | 416 los motivos, y había preguntado por su madre. De alguna forma alguien le había explicado que su madre no estaba localizable por el momento, y su respuesta desde entonces había sido un mutismo absoluto. Yo conocía ese muñeco de Spiderman, lo había tenido consigo cada uno de los días que había estado ingresado o había acudido a la consulta externa. Sentía dentro de mí la urgencia de ir a verle, y que por lo menos viera una cara conocida, una cara amiga, entre la gente que lo rodeaba. Por dios, era un niño de cuatro años. ¿Qué sabía él de su situación, qué iba a pensar? Debía sentirse desamparado. Hice un esfuerzo con mis últimas energías y puse todos mis sentidos en lo que estaba haciendo. Me faltaba poco para acabar el trabajo de planta y entonces podría ir a verle. -Buenos días, doctora Swan - la varonil voz de Garret Randall me arrancó de mi estado de concentración, justo cuando estaba a medias de calcular la composición del gotero del bebé operado el día anterior. Tenía sentimientos ambivalentes con respecto a esa voz. Me desesperaba su resistencia al desaliento. -Buenos días, doctor Randall-murmuré sin levantar la cabeza de mis cálculos. Percibí movimiento y supe que se sentaba a mi lado en la mesa del control de la UCI. Olía bien, a fragancia masculina cara... nada que ver con el olor natural de Edward, pero agradable al fin y al cabo. -Por lo que sé, tuviste una mala guardia, y no precisamente en lo que respecta a la UCI neonatal-comentó. -Sí, y si no le importa, tengo que acabar estos cálculos antes de mediodía - repuse, demasiado seca. No tenía ganas de comentar el tema con nadie más y que me mirara con cara de "te has precipitado y la has cagado". -Los cálculos los puedo terminar yo. Bella, aún recuerdo lo que es calcular una nutrición intravenosa neonatal. Y no lo hace más fácil el tener a Heidi pinchándote todo el rato -terminó en un susurro confidencial. Levanté la vista
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    Cambio De Destino DraBSwan de mi papel y, asombrada, la dirigí a sus oscuros ojos.-Sí, yo también tuve que aguantarla cuando roté por aquí hace unos años... es buena en su trabajo, pero es una mosca cojonera.-terminó, serio. No pude evitar que se me escapara una sonrisa. Página | 417 -Me alegro de que no sea nada personal, entonces-repuse en el mismo confidencial tono de voz.- Había empezado a darle vueltas a todas las palabras que he intercambiado con ella desde que entré aquí, a ver si la había ofendido en algo. Y no recordaba nada en particular, estaba ya paranoica. Gracias por la ayuda-sonreí agradecida.- Desde que me he levantado de la cama a las seis no he parado más que para hacer un corto desayuno. -¿Cama? ¿Has podido tocar la cama? Pues no te quejes, cuando yo era residente nos pesaban antes y después de la guardia, y si no habíamos perdido peso se consideraba que habíamos trabajado poco, entonces nos obligaban a quedarnos más horas -afirmó tan serio que casi dudé de que lo que decía era una broma. Me lo quedé mirando de hito en hito y tras unos segundos sonreí.- Vale, tampoco era un chiste tan malo-esta vez sonrió ampliamente. -Estoy baja de reflejos, por el sueño-me disculpé y sentí que me ruborizaba un poco por su mirada.- Gracias por la ayuda. Tengo que ir a hacer una visita a Intermedios -me levanté. -¿Al niño del posible Munchausen? Era paciente tuyo, ¿no?-asentí.-Jamás comprenderé cómo alguien puede hacerle eso a un niño, y menos a su propio hijo-negó con la cabeza. Interiormente agradecí su apoyo al no dudar de mis sospechas, o al menos no expresarlo en voz alta. Asentí y me despedí de él, encaminándome presurosa hacia la planta de Cuidados Intermedios. Por el camino fui encontrándome con compañeros que me miraron cuanto menos con curiosidad. Tuve un dejà vu de mi primer día en el Hospital de Forks, y con él me embargó por completo la conocida sensación de tristeza. Echaba de menos a mis compañeros, mi jefa, mis amigas... incluso el verde que lo rodeaba todo. Pero lo que más añoraba era la cálida presencia de Angela en mi vida. Cada vez más... Luché por ahuyentar esas emociones, quería estar fuerte para cuando viera a Daniel. Pasé por el control de enfermería para informarme del número de la habitación.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Tienes que firmar aquí, Bella-explicó Sarah, la enfermera de turno, tendiéndome un formulario.-Daniel no tiene las visitas restringidas, pero sí se controla quién lo viene a ver y en la habitación hay personal de Servicios Sociales constantemente. Tienen orden de no dejarlo solo ni un momento. Página | 418 ¿Sabes? Es un niño muy salado- terminó, sonriente. -Lo sé-devolví el gesto mientras firmaba. -Pase-una voz amable contestó al otro lado de la puerta cuando llamé. Me sentí nerviosa. ¿Cómo reaccionaría? Asomé la cabeza por la puerta. -Buenos días, soy... -¡Dotora Bella! Capítulo 42 BPOV Sin pensarlo, me abalancé sobre la cama y con cuidado envolví su pequeño cuerpo en un abrazo. No quería soltarlo. Por fin podía palpar con mis manos, ver con mis ojos que el pequeño estaba bien, que nada le había pasado, que cualquier peligro que había corrido había desaparecido con la huída de su madre... de la mujer que lo había traído a este mundo. -"Dotora"...-el pobrecito apenas podía hablar, ahogado con mi abrazo. Se debía sentir igual que yo cuando Edward se ponía demasiado efusivo. -Daniel...-me senté en la cama y tomé su carita entre mis manos-¿estás bien? ¿Te duele algo? -Sí. Me "dole" aquí, pero poquito -respondió poniéndose ambas manos en la cabeza y haciendo una divertida mueca.- ¿Vas a ser mi "dotora"?-sonrió.
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    Cambio De Destino DraBSwan -No... ahora no. Ya tienes otro doctor, ¿aún no lo has visto? - El pequeño asintió con la cabeza. Me habían informado de que el médico encargado de velar por Daniel era el propio James Watson. Ante mi sorpresa me enteré de que era el pediatra del Página | 419 hospital que se encargaba de los casos donde se sospechaban malos tratos. Eso me provocó admiración, no era un tema que atrajera a demasiados profesionales por los problemas que solía comportar, más bien era una patata caliente. -Sí. Pero yo "quero" que seas tú mi "dotora"-hizo un pequeño puchero.-Quero ver a mi mamá-dijo de repente. Mi corazón dio un vuelco. Estúpida de mí, no había esperado esa pregunta. Giré la cabeza y dirigí una mirada interrogadora a la trabajadora social que estaba sentada en la butaca al lado de la cama. -Ya le he dicho que su mamá está trabajando y que vendrá más tarde, todas las veces que ha preguntado lo mismo -la trabajadora me miró con intención. Como mentira iba a ser poco duradero, cuando se hiciera de noche y el niño viera que no venía su madre habría que cambiar de explicación. Daniel era pequeño pero no tanto como para no darse cuenta de las cosas, y yo intuía que captaba más de lo que estaba dando a entender, por eso estaba preguntando lo mismo varias veces y a diferentes personas. Mis pensamientos tomaron otro rumbo y me encontré planteándome qué relación tendría Daniel con su madre. Lo que había leído sobre el perfil psicológico de estos progenitores era que fuera del ámbito médico solían mostrar muy poco interés por sus hijos, pero desconocía si sería así en el caso de Daniel, si su madre ejercería algún otro tipo de maltrato sobre él o sencillamente era negligente, o si, cosa que no me cabía de ninguna forma en la cabeza, era cariñosa con él. Fuera como fuera, Daniel era un niño pequeño, y su madre era la única madre que había conocido en el mundo. Lo lógico era que preguntara por ella y se angustiara si esta no aparecía. -No te preocupes, cariño, yo estaré por aquí aunque no sea tu doctora, no estarás solo-dije con sinceridad, apoyando la palma de mi mano en su suave mejilla. Por experiencia sabía que los niños detectaban las mentiras más pronto que los adultos.
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    Cambio De Destino DraBSwan Esa respuesta pareció calmar al pequeño, y su cara ansiosa se relajó. -Ya no he vuelto a hacer pipí con sangre, "dotora" Bella. -Llámame sólo Bella, Danny-sonreí. Página | 420 -Bella. Be-lla -repitió tentativamente como comprobando qué tal sonaba el nombre sin el dotora delante.- Vale-afirmó, satisfecho con la prueba. -Entonces, ¿sabes por qué estás aquí? -Ésa me ha dicho que me puse malito y "pod" eso "toy" aquí-señaló sin disimulo a la cuidadora. -Esa tiene un nombre, Daniel, me llamo Rita-amonestó la mujer con amabilidad. -Eso, Rita. Pero no "toy" malito. "Quero" ime a casa. "Quero" mi "Spideman". -Ah, tu Spiderman... –sonreí, recordando que era una de los muñecos a los que tenía más cariño cuando estuvo ingresado.- ¿Aceptarías que te regalara uno? Aparte, intentaré conseguir que traigan el tuyo- aseveré, quizá demasiado segura de mí misma. Daniel asintió enérgicamente con los ojos brillantes. Estuvimos hablando de lo que habíamos hecho ambos durante el tiempo que no nos habíamos visto. Él me explicó que no iba a la guardería (en este país la edad de escolarización eran los 5 años), y que se aburría mucho con su madre. A veces en el parque había coincidido con otros niños y le hablaban de lo que era el "cole". Él quería ir a la guardería, pero su madre le decía que no era necesario. El pequeño siempre me había parecido un niño especialmente cariñoso, y ahora estaba pensando si no sería eso una reacción psicológica a la falta de cariño de su madre y a la soledad. Por mi parte le expliqué a un celoso Daniel que ya tenía novio, que se llamaba Edward y que también era médico. Sonreí para mis adentros mientras intentaba calmar sus celos asegurándole que podía ser novia de los dos. De forma brusca se abrió la puerta sin llamada previa y entraron James y el inspector Jenks.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Buenos días, Bella-saludó un sorprendido James.-Señora Hunter-sacudió la cabeza en dirección a la trabajadora social. La cara del inspector no era nada amable. Me sentí un poco culpable, al fin y al cabo debería estar en la UCI y estaba aquí, en la habitación de un paciente, Página | 421 charlando tan tranquilamente. Pero no era cualquier paciente, y en la UCI todo estaba controlado, como demostraba mi silencioso "busca". Al pensar esto bajé la mirada hacia los números que marcaba el aparatito, para asegurarme por enésima vez en mi vida de que era funcionante. -Buenos días-atiné a responder, mirando a James y obviando el incómodo escrutinio del somnoliento inspector. Que se joda, si quería dormir haber elegido otra carrera. -Doctora, me temo que tendrá que dejar de visitar a Daniel Smith hasta nueva orden-soltó Jenks sin rodeos.-Señora Hunter, la doctora Swan no tenía permiso para acceder a hablar con Daniel Smith. ¿Nadie le avisó de ello? Mi primer reflejo fue tensarme a causa de la falta de diplomacia del policía, más por lo que atañía a Daniel que por mí misma. -Nadie me avisó de ello, pero aunque lo hubiera hecho no creo que yo tenga ninguna autoridad para negarle el paso a una doctora de este hospital-repuso la asistente social con cara avinagrada. –Si usted quiere autoridad, mande aquí a un policía que vigile la puerta.- Doctor Watson, si me permite voy a tomarme un descanso-terminó, y muy digna se dirigió hacia la puerta de la habitación. -No le comprendo-repuse confusa. El niño miraba al grandote inspector con los ojos como platos. -Hasta que no haya pruebas de lo que usted dice...podría meter en la cabeza del niño ideas que luego fueran a su favor...-en aquel momento James se adelantó un paso y viró, colocándose entre el inspector y yo, de cara hacia éste. -Mientras tanto le agradecería, inspector, que tuviera un mínimo respeto por la doctora Swan. Y tengo que advertirle: no toleraré que le haga preguntas al niño si no es con la presencia de un psicólogo infantil. Y si sigue en esos términos, ni tan siquiera que hable delante de él. El oficial se envaró tanto como yo minutos antes. La voz de James era helada, autoritaria y no admitía réplica.
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    Cambio De Destino DraBSwan -De acuerdo-repuso secamente.- Chico, ¿has pasado buena noche?-intentó una torpe sonrisa. -Bella, ¿quién es "ete"?-Daniel me miró, ignorando las palabras del policía. Hice amago de levantarme de su cama pero él tiró de mi mano para que no lo Página | 422 hiciera. -Bueno, quizá deberíamos decirle que se presente antes de hablar contigo, ¿no?-miré a Jenks entre burlona y cabreada. No había dormido y mi paciencia para soportar presiones psicológicas iba cayendo en barrena. -Soy un policía, Daniel. Me llamo Jerry ¿Tú no juegas a policías?-repuso el oficial con una sonrisa que no le llegó a los ojos. -No. Prefiero a "Spideman"-repuso el niño, tranquilo pero alerta. -Claro, claro...-balbuceó Jenks y me miró.-Eeeh... iba a hacerle algunas preguntas, pero...-miró a James que lo observaba con helados ojos azules, y luego bajó la mirada hasta su reloj-esperaré que venga el psicólogo de servicios sociales. Creo que no tardará. Mientras tanto, doctora Swan, sería una buena medida que usted se retirara. -¡No!-Daniel volvió de tirar de mi mano. El corazón me dio un vuelco. Estaba más asustado de lo que pretendía demostrar. Entendí que yo allá era la única persona que conocía y apreciaba, y temía separarse de mí, seguramente estaba captando cosas extrañas.-No "quero". -Tranquilo, cariño-suspiré, con todo el cansancio del mundo pesando sobre mis hombros. Opté por decirle una verdad a medias.-Sabes, he trabajado toda la noche y estoy muy cansada, tengo que descansar en mi casa y cuando lo haya hecho volveré a verte. -¿Con tu novio?-la expresión suspicaz que lució su carita hizo que a mi pesar se me escapara una carcajada. Incluso diría que el policía había dado un respingo al oír hablar de mi novio. -Sí, con mi novio. Pero te prometo que volveré-y eso lo decía muy en serio. En aquel instante sonó el teléfono del policía, que se retiró a fuera de la habitación para mantener una conversación privada.
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    Cambio De Destino DraBSwan -Disculpa, Bella. Ya sabes cómo es la policía... parece que todos seamos sospechosos hasta que no se demuestre lo contrario. Quiero que sepas que creo tu versión desde el primer momento en que Emily me la explicó. Llevo muchos años en este trabajo y por desgracia ya he visto de todo. Por desgracia Página | 423 también, he tenido que tratar con Jenks en el pasado, y digamos que no es uno de mis policías favoritos. Y tú-se dirigió a Daniel, que escuchaba atentamente nuestra conversación- veo que te encuentras mejor que esta mañana a primera hora. ¿Cómo va el dolor de cabeza?-la cara de James se transformó desde una máscara de profesionalidad a una mueca simpática, dejándome alucinada por completo. -Bien, bien, James- pronunció exageradamente Daniel, como dándose importancia, y tuve que sofocar una carcajada.- ¿Conoces a