El autor compara el canibalismo antiguo con el "canibalismo informático" actual, donde unas pocas empresas dominan el mundo de la comunicación y convierten nuestro cerebro en una "sopa" a través de las redes sociales. Aunque antaño el conocimiento prometía progreso, hoy somos consumidores controlados y desarmados, con el móvil pegado a la yugular como si fuera Drácula chupándonos la sangre hasta dejarnos vacíos.