La autora critica duramente la sentencia del caso de La Manada, en la que se consideró que no hubo intimidación ni consentimiento viciado en una violación múltiple. Argumenta que la interpretación de los términos por parte del tribunal sólo se explica por motivos ideológicos y machistas, pues considera que una mujer debe defender su honra con sangre para ser considerada víctima, y que una violación grupal en contexto de fiesta es una juerga de la que los agresores se pasaron un poco. Pide a los legisladores cambiar los tipos