El documento cuenta la historia de un hombre llamado Jim Miller que ayudaba a niños pobres de su comunidad intercambiando alimentos por canicas. Años después, en el funeral de Jim, tres hombres que habían sido ayudados de niños le rindieron tributo dejando tres canicas rojas en su ataúd para pagar su deuda. La viuda de Jim se sintió conmovida al ver que a pesar de no haber tenido riquezas materiales, Jim se consideraría el hombre más rico por los niños a los que ayudó.