El documento analiza la cuestión de si los cristianos pueden comer cerdo, citando pasajes de la Biblia, especialmente Hechos 10, donde Pedro recibe una visión que le instruye que no debe llamar impuro lo que Dios ha limpiado. A través de la historia de Cornelio, se refuerza la idea de que Dios no hace distinción entre personas, y que el mensaje del evangelio debe ser llevado a todas las naciones. Finalmente, la narrativa concluye con la imposición del Espíritu Santo sobre los gentiles y la decisión de Pedro de baptizarlos.