CÓMO CULTIVAR LA MENTE DE CRISTO
INTRODUCCIÓN

El ser semejante a Cristo se logra mediante un proceso. Si consideráramos las actividades
de la mente como un proceso, pueden clasificarse las tres acciones como las partes —
inicial, intermedia y final— del proceso. Se pueden definir estas tres fases de la manera
siguiente:

1.-
1.- Fijar la mente en las cosas de arriba (inicial)

Colosenses 3.2: “Poned la mira en las cosas de arriba no en las de la tierra”.

Un concepto similar aparece en Filipenses 4.8: “Por lo demás, hermanos, todo lo que
es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo
que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto
pensad”. En esta fase inicial debemos decidir, escoger o determinar en qué vamos a
pensar. Lo opuesto de voluntad es instinto o reacciones involuntarias. El tomar una
decisión no es un problema para los animales. Pero para los seres humanos la voluntad es
esa parte de la mente sobre la cual se tiene control. La voluntad nos permite obedecer a
pesar de nuestros sentimientos o intuiciones. A menudo no podemos dominar las
emociones, pero siempre tenemos dominio sobre nuestra voluntad. Lo que debemos hacer
es llevar 2 Corintios 10.5 “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.
Entregarle a Dios la voluntad es el primer paso para llegar a tener la mente de Cristo. En la
fase inicial ponemos la mente en Cristo. Le entregamos nuestra voluntad a Dios y
buscamos hacer la voluntad de Él como si fuera la nuestra. Cristo identificó repetidamente
su voluntad como la de su Padre. En la última semana de su vida terrenal, cuando se
enfrentó a la cruz, Jesús dijo: Juan 12.27-28 “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué
diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre,
glorifica tu nombre”. Jesús confesó con franqueza que sus emociones estaban en un
lugar, pero su voluntad estaba en otro. Esa decisión de permitir que su voluntad gobierne
sus emociones o sentimientos también se ve en la petición de Cristo en Getsemaní:
Marcos 14.36 “Padre... aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo
que tú”. La conducta de Jesús fue impecable, porque El afirmó su voluntad desde el
principio. La mente de Jesús estaba entregada a Dios. Por lo tanto, su conducta producía
los efectos de una mente intachable. La mente de Jesús estaba puesta en las cosas de
arriba. Solamente la voluntad puede escoger más allá de los sentimientos.

2.-
2.- Permitir que Dios renueve nuestra mente (intermedia)

Romanos 12.2 “Transformaos             por   medio    de   la   renovación     de   vuestro
entendimiento”.

¡El cristiano vive en un estado constante de renovación!
Después que entreguemos la voluntad a Dios, tenemos que seguir permitiendo que nuestra
mente sea cambiada (transformada) mediante un proceso de renovación. Esta parte del
proceso es un tiempo de crecimiento.
Jesús dijo: Juan 7.38 “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior
correrán ríos de agua viva”. El agua viva pura corre y limpia lo viejo y lo muerto. Casi
ninguno de nosotros obramos sobre este principio. ¡Más bien obramos sobre el principio de
la charca! Las charcas se estancan, pero los ríos corren. Las charcas se vuelven pantanos,
pero los ríos se vuelven océanos. Debemos de crecer espiritualmente, y nuestro
crecimiento en Cristo al fin va a ser enorme. Nuestro cuerpo crece al producir nuevas
células. Mientras continúe la vida, nuestro cuerpo constantemente producirá nuevas
células. Esa renovación es un indicio de vida. El que no haya renovación es un indicio de
muerte. También la vida espiritual debe caracterizarse por una renovación constante. La
falta de renovación o crecimiento es indicio de muerte. A veces la renovación viene en la
forma de nuevas ideas, desconocidas antes. A veces viene en la forma de energía
espiritual. A veces es un sentido nuevo y más profundo aplicado a un viejo versículo
conocido. Puede haber renovación cuando entramos en una nueva y más profunda relación
con el cuerpo de Cristo, o con otro creyente. La renovación puede implicar una nueva
dedicación de alguna clase. A veces la renovación adopta la forma de una nueva fortaleza o
una nueva manera de resistir la tentación. La renovación es una forma de progreso
mientras vamos moviéndonos de una gloria a otra (2 Corintios 3.18 Por tanto,
nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del
Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por
el Espíritu del Señor). Permita que Dios renueve su mente en la fase de crecimiento. ¿Ve
el contraste entre un río y una charca? La renovación trae nuevas ideas y nueva energía
espiritual. La vida de Cristo mostró progreso y crecimiento. Lucas 2.52 “Jesús crecía en
sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”. Si ha de tener la
mente de Cristo, usted debe esperar renovación. Esa es la fase del crecimiento. Eso es
renovación.

3.-
3.- Preparar nuestra mente para entrar en acción (final)

La tercera fase nos lleva a la culminación del proceso. Debemos ceñir nuestra mente para
la acción. (1 Pedro 1.13 Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed
sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo
sea manifestado). Eso se refiere a las largas y holgadas vestiduras que se usaban en el
primer siglo. La gente no podía correr ni moverse rápidamente con semejante ropa. Para
realizar alguna actividad deportiva, una persona tenía que levantar el borde de la túnica v
doblarlo bajo el cinturón a fin de dejar libre las piernas para la acción. A eso se le llamaba
ceñirse la ropa. Este mandato es el principio de la disposición. Nuestra mente tiene que
estar preparada para la acción. En la fase de capacitación preparamos nuestra mente para
la acción al ceñir nuestro entendimiento. Jesús estaba prevenido, o preparado, cuando
diversos grupos trataron de atraparlo con sus preguntas como vemos en Lucas 20.20-40.
Los escribas y los principales sacerdotes le preguntaron si los judíos debían pagar
impuestos al gobierno romano. El ardid de ellos fracasó cuando Jesús respondió que debían
darle a Dios y a César lo que a cada uno le pertenecía. Cuando los saduceos le preguntaron
sobre la resurrección, Jesús corrigió hábilmente los conceptos erróneos que tenían sobre el
carácter de la vida futura. Jesús mostró aptitud mental en todo momento. Aptitud significa
estar capacitado para el servicio. Si hemos puesto nuestra voluntad y se ha desarrollado
nuestra mente mediante la renovación constante, estaremos capacitados para cualquier
prueba que Dios permita que se presente. Estemos prevenidos y preparados.
CONCLUSIÓN

El cultivar la mente de Cristo abarca un proceso de tres fases. En la naturaleza vemos
como un proceso el desarrollo de la mente de un niño pequeño. En el mundo espiritual,
también es un proceso el desarrollo de la mente de Cristo. En el nacimiento espiritual,
tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2.16 Porque ¿quién conoció la mente del
Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo). Pero en el
desarrollo subsiguiente esa mente tiene que luchar con hábitos establecidos, la cultura en
que vivimos y la obra de Satanás para impedirnos crecer. La mente de Cristo se
perfecciona en nosotros mediante un proceso de crecimiento.




                                                              José Santos Chávez Briseño

Cómo cultivar la mente de cristo

  • 1.
    CÓMO CULTIVAR LAMENTE DE CRISTO INTRODUCCIÓN El ser semejante a Cristo se logra mediante un proceso. Si consideráramos las actividades de la mente como un proceso, pueden clasificarse las tres acciones como las partes — inicial, intermedia y final— del proceso. Se pueden definir estas tres fases de la manera siguiente: 1.- 1.- Fijar la mente en las cosas de arriba (inicial) Colosenses 3.2: “Poned la mira en las cosas de arriba no en las de la tierra”. Un concepto similar aparece en Filipenses 4.8: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. En esta fase inicial debemos decidir, escoger o determinar en qué vamos a pensar. Lo opuesto de voluntad es instinto o reacciones involuntarias. El tomar una decisión no es un problema para los animales. Pero para los seres humanos la voluntad es esa parte de la mente sobre la cual se tiene control. La voluntad nos permite obedecer a pesar de nuestros sentimientos o intuiciones. A menudo no podemos dominar las emociones, pero siempre tenemos dominio sobre nuestra voluntad. Lo que debemos hacer es llevar 2 Corintios 10.5 “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Entregarle a Dios la voluntad es el primer paso para llegar a tener la mente de Cristo. En la fase inicial ponemos la mente en Cristo. Le entregamos nuestra voluntad a Dios y buscamos hacer la voluntad de Él como si fuera la nuestra. Cristo identificó repetidamente su voluntad como la de su Padre. En la última semana de su vida terrenal, cuando se enfrentó a la cruz, Jesús dijo: Juan 12.27-28 “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre”. Jesús confesó con franqueza que sus emociones estaban en un lugar, pero su voluntad estaba en otro. Esa decisión de permitir que su voluntad gobierne sus emociones o sentimientos también se ve en la petición de Cristo en Getsemaní: Marcos 14.36 “Padre... aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú”. La conducta de Jesús fue impecable, porque El afirmó su voluntad desde el principio. La mente de Jesús estaba entregada a Dios. Por lo tanto, su conducta producía los efectos de una mente intachable. La mente de Jesús estaba puesta en las cosas de arriba. Solamente la voluntad puede escoger más allá de los sentimientos. 2.- 2.- Permitir que Dios renueve nuestra mente (intermedia) Romanos 12.2 “Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. ¡El cristiano vive en un estado constante de renovación! Después que entreguemos la voluntad a Dios, tenemos que seguir permitiendo que nuestra mente sea cambiada (transformada) mediante un proceso de renovación. Esta parte del proceso es un tiempo de crecimiento.
  • 2.
    Jesús dijo: Juan7.38 “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. El agua viva pura corre y limpia lo viejo y lo muerto. Casi ninguno de nosotros obramos sobre este principio. ¡Más bien obramos sobre el principio de la charca! Las charcas se estancan, pero los ríos corren. Las charcas se vuelven pantanos, pero los ríos se vuelven océanos. Debemos de crecer espiritualmente, y nuestro crecimiento en Cristo al fin va a ser enorme. Nuestro cuerpo crece al producir nuevas células. Mientras continúe la vida, nuestro cuerpo constantemente producirá nuevas células. Esa renovación es un indicio de vida. El que no haya renovación es un indicio de muerte. También la vida espiritual debe caracterizarse por una renovación constante. La falta de renovación o crecimiento es indicio de muerte. A veces la renovación viene en la forma de nuevas ideas, desconocidas antes. A veces viene en la forma de energía espiritual. A veces es un sentido nuevo y más profundo aplicado a un viejo versículo conocido. Puede haber renovación cuando entramos en una nueva y más profunda relación con el cuerpo de Cristo, o con otro creyente. La renovación puede implicar una nueva dedicación de alguna clase. A veces la renovación adopta la forma de una nueva fortaleza o una nueva manera de resistir la tentación. La renovación es una forma de progreso mientras vamos moviéndonos de una gloria a otra (2 Corintios 3.18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor). Permita que Dios renueve su mente en la fase de crecimiento. ¿Ve el contraste entre un río y una charca? La renovación trae nuevas ideas y nueva energía espiritual. La vida de Cristo mostró progreso y crecimiento. Lucas 2.52 “Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”. Si ha de tener la mente de Cristo, usted debe esperar renovación. Esa es la fase del crecimiento. Eso es renovación. 3.- 3.- Preparar nuestra mente para entrar en acción (final) La tercera fase nos lleva a la culminación del proceso. Debemos ceñir nuestra mente para la acción. (1 Pedro 1.13 Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado). Eso se refiere a las largas y holgadas vestiduras que se usaban en el primer siglo. La gente no podía correr ni moverse rápidamente con semejante ropa. Para realizar alguna actividad deportiva, una persona tenía que levantar el borde de la túnica v doblarlo bajo el cinturón a fin de dejar libre las piernas para la acción. A eso se le llamaba ceñirse la ropa. Este mandato es el principio de la disposición. Nuestra mente tiene que estar preparada para la acción. En la fase de capacitación preparamos nuestra mente para la acción al ceñir nuestro entendimiento. Jesús estaba prevenido, o preparado, cuando diversos grupos trataron de atraparlo con sus preguntas como vemos en Lucas 20.20-40. Los escribas y los principales sacerdotes le preguntaron si los judíos debían pagar impuestos al gobierno romano. El ardid de ellos fracasó cuando Jesús respondió que debían darle a Dios y a César lo que a cada uno le pertenecía. Cuando los saduceos le preguntaron sobre la resurrección, Jesús corrigió hábilmente los conceptos erróneos que tenían sobre el carácter de la vida futura. Jesús mostró aptitud mental en todo momento. Aptitud significa estar capacitado para el servicio. Si hemos puesto nuestra voluntad y se ha desarrollado nuestra mente mediante la renovación constante, estaremos capacitados para cualquier prueba que Dios permita que se presente. Estemos prevenidos y preparados.
  • 3.
    CONCLUSIÓN El cultivar lamente de Cristo abarca un proceso de tres fases. En la naturaleza vemos como un proceso el desarrollo de la mente de un niño pequeño. En el mundo espiritual, también es un proceso el desarrollo de la mente de Cristo. En el nacimiento espiritual, tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2.16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo). Pero en el desarrollo subsiguiente esa mente tiene que luchar con hábitos establecidos, la cultura en que vivimos y la obra de Satanás para impedirnos crecer. La mente de Cristo se perfecciona en nosotros mediante un proceso de crecimiento. José Santos Chávez Briseño