Por C.J. Mahaney Y Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 1 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Cómo Usar Este Libro




¿Cómo puedo cambiar?, como todos los libros en la serie En busca de la santidad, está
diseñado para uso en grupo o individual. La serie es el lógico resultado de cuatro profundamente
enraizadas convicciones:

■La Biblia es nuestra medida infalible para la fe, doctrina, y práctica. Los que resisten su
autoridad serán apartados del camino por sus propios sentimientos y tendencias culturales.

■El conocimiento sin aplicación carece de vida. Para poder ser transformados, debemos aplicar
y practicar la verdad de la Palabra de Dios a la vida diaria.

■La aplicación de estos principios es imposible aparte del Espíritu Santo. Aunque debemos
participar en el cambio, Él es la fuente de nuestro poder.

■La iglesia es el contexto deseado por Dios para el cambio. Nunca fue la intención de Dios que
viviéramos aislados o independientes de otros cristianos. A través de dedicada participación en
la iglesia local, encontramos instrucción, ánimo, corrección, y oportunidades para seguir adelante
hacia la madurez en Cristo.

A medida que estudias estas páginas, confiamos en que cada una de estas convicciones
fundamentales serán reforzadas en tu corazón.

Con la posible excepción de las preguntas para “Discusión en grupo”, el formato de este libro se
presta igualmente para individuos como para grupos pequeños. Se ha incluido una variedad de
diferentes elementos para hacer cada capítulo lo más interesante y útil posible. Para aquellos de
ustedes que no se pueden satisfacer con un tema particular, hemos incluido al final de cada
capítulo uno o más libros adicionales que les ayudarán a crecer en el Señor.

Aunque se te anima a experimentar en tu uso de este libro, la discusión en grupo será mejor
servida cuando los miembros estudien el material por adelantado. Y recuerda que no estudias
este libro solo. El Espíritu Santo es tu tutor. Con su ayuda, este libro tiene el potencial de
cambiar tu vida.



Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 2 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Prefacio




Cuando yo estaba en la escuela intermedia, era requisito que todos corriéramos una carrera
marcada con el reloj. Normalmente yo hubiera ejecutado una carrera marginal, si acaso. Pero
esta vez decidí poner todo mi esfuerzo en la prueba.

No me mal entiendas – aunque no soy un atleta sobresaliente, por lo regular mantenía mi paso, y
estaba dispuesto a esforzarme en otros deportes. Pero la carrera larga era diferente. Era difícil.
No compleja-sólo difícil. Quería decir dolor, y a mí no me interesaba el dolor. De hecho, durante
una unidad de carrera larga en mi clase de gimnasia, mis amigos y yo, a escondidas de nuestro
instructor, regularmente trotábamos un curso más corto que nos llevaba por el edificio de la
secundaria, por el corredor donde estaban las clases de mecanografía, y luego salíamos de
nuevo al campo. Así ahorrábamos casi cuarta milla del curso, hasta que el maestro de
mecanografía cayó en la cuenta por el ensordecedor ruido de cascos que disturbaba su clase.

Pero esta vez yo decidí hacer lo mejor que pudiera. De modo que, con toda mi fortaleza interior,
me empujé hasta no más y entregué una carrera extraordinaria. De hecho fue tan extraordinaria,
que el entrenador se enteró y trató de enlistarme para el equipo. Yo le respondí de la misma
manera que había respondido a mamá cuando me sugirió que tomara clases de ballet junto con
mis hermanas: -No gracias-.

-Pero Robin,- me dijo ella, -los chicos también bailan ballet.-

No este chico.

Yo me sentía como que iba a morir después de esa carrera, y por razones obvias. No había
hecho nada para entrenarme para la carrera-no podía molestarme con eso-así que no estaba en
forma para perseverar.

Veinticinco años después, he adquirido un nuevo respeto para la carrera larga. Es una de las
mejores analogías para comprender la vida cristiana, como vemos tan claramente en la
Escritura:

“Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos,
despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos
con perseverancia la carrera que tenemos por delante” (Heb 12:1).

Esta gran multitud de testigos incluye a esos heroicos hombres y mujeres de la historia bíblica-
como Abraham, José, y Moisés-que corrieron fielmente su carrera (Heb 10).

Aunque en la Escritura hay otras útiles ilustraciones de la vida cristiana, el tema de la carrera
larga nos da mucho para pensar. Una carrera como esa exige perseverancia. Exige disciplina y
entrenamiento. Exige fijar la vista en la meta. Y aunque no sea particularmente complicada, los
corredores de éxito han estado entre nuestros atletas más inteligentes. Pueden armarse de sus
recursos y enfocarlos en la tarea a mano, paso a paso.

Hemos escrito este libro para los corredores-mujeres y hombres cristianos sinceramente
interesados en correr la carrera que les está marcada. A los que han tratado y han fracaso y
están a punto de darla por algo sin esperanza, ofrecemos ánimo. Habiendo nosotros tropezado
lo suficiente en el camino, hemos consistentemente encontrado que Aquel que nos llama a correr
es fiel. Su Palabra y su Espíritu nos están disponibles. No sólo eso, sino que tiene un interés
compasivo en nuestro éxito. “No acabará de romper la caña quebrada”, dijo el profeta Isaías, “ni
apagará la mecha que apenas arde” (Is 42:3). Cuando estés tan doblado que estás seguro de
partirte en dos, cuando tu fuego esté casi apagado, Él está ahí para revivirlo.

A los que puedan sentirse como que han logrado un cómodo grado de éxito en la vida cristiana,
ofrecemos una exhortación. El profeta advirtió a sus oyentes, “¡Ay de los que viven tranquilos en
Sión!” (Am 6:1). Una actitud así es extremadamente peligrosa, porque cuando creemos que
tenemos afianzada la santidad, es cuando estamos más inclinados a relajar y confiar en nosotros
mismos en vez de confiar en Dios. En ese punto por lo regular es necesaria una crisis para
volvernos a la realidad.

Finalmente, este libro es para los que simplemente desean crecer como cristianos, que están
satisfechos en Cristo pero no satisfechos consigo mismos. Quizás estés frustrado con tu
progreso. Quizás no estés seguro de dónde comenzar. Quizás hayas corrido muchas millas y
simplemente necesitas un segundo aliento. Creemos que este libro ayudará.
En un día cuando con demasiada facilidad se ofrecen soluciones rápidas a problemas que
existen desde mucho tiempo, deseamos recomendar los caminos antiguos, habiéndolos
encontrado probados y verdaderos. No hay atajos hacia la madurez cristiana. No hay un camino
sin cruz para seguir a Cristo, no hay secreto instante para la vida cristiana. Pero como la carrera
larga, si el camino de la cruz no es fácil, tampoco es complicado. Dios nos presenta un camino
que es angosto pero recto. Él muestra sus caminos a los que están sinceramente interesados en
seguirlo a Él, y Él se mostrará fuerte a favor de aquellos cuyo corazón es enteramente suyo.

Nuestro propósito en introducir la doctrina de la santificación (eso es lo mejor que podíamos
esperar hacer en un libro de este tamaño) es que podamos ser transformados según la imagen
de Jesucristo (Ro 8:29). Y desde el comienzo damos énfasis al hecho de que el Espíritu de Dios
es el que nos transforma (2 Co 3:18). Aunque se requiere de nuestro vigoroso esfuerzo, todo
crecimiento es por su gracia. Con esa maravillosa verdad como nuestro bloque para comenzar,
sigamos hacia la meta, cada uno confiado de que “el que comenzó tan buena obra en ustedes la
irá perfeccionando hasta el día de Cristo” (Fil 1:6).

-Robin Boisvert

“Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del
Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que
es el Espíritu” (2 Corintios 3:18)



Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 3 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Atrapado en la Trampa de la Brecha




“Todos los que están luchando con la ira, por favor pasen al frente. Nos gustaría orar por
ustedes.”

Era domingo por la mañana. Yo acababa de enseñar sobre la ira, y quería dar al Espíritu Santo
la oportunidad de obrar en el corazón de los presentes. Pero yo no podía haber anticipado la
reacción.

Casi veinte humildes santos pasaron al frente del auditorio-un grupo grande para una iglesia del
tamaño de la nuestra. Pero no fue el número lo que captó mi atención. Fueron las personas.
¡Diecinueve de los veinte eran madres de niños pequeños! (La ira es un peligro de la ocupación,
según la mayoría de las madres que he conocido.)

Como su pastor, yo sabía que todas estas mujeres eran cristianas serias y dedicadas al Señor.
Lo que hizo que pasaran al frente era su intensa frustración al encontrarse atrapadas en la
brecha-una brecha entre el modelo bíblico para el control de sí mismas y su propio fracaso en
vivir según ese modelo.

Ya sea que el problema es la ira, el temor, la preocupación o algo tan común como la pereza,
todos hemos experimentado esa brecha entre lo que somos y lo que debemos ser. La Biblia dice
que somos nuevas creaciones, victoriosos, vencedores. Y no somos sólo vencedores-somos
más que vencedores (Ro 8:37). A veces hasta nos sentimos así. Pero la mayoría de las veces se
nos hace difícil ver más allá de nuestras limitaciones y perpetuos fracasos. Y siempre parece ser
durante estos tiempos de la vida que Mateo 5:48 surge en nuestro plan de lectura bíblica: “Por
tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto”.
Para más estudio: Hasta Pablo el apóstol cayó en la trampa de la brecha (Ro 7:21-25). ¿Puedes
identificarte con su frustración?
En silencio suspiramos y pensamos, Nunca sucederá.

Yo llamo a este estado de mente la “trampa de la brecha”. Así es como funciona: Como
cristianos todos tenemos cierto conocimiento sobre lo que Dios espera de nosotros. Pero
logramos menos de lo que sabemos que debemos estar logrando. Luego entonces existe una
brecha entre lo que sabemos que se nos exige y nuestro comportamiento en sí. Si la distancia
entre lo que sabemos y lo que estamos viviendo se hace demasiado grande, correctamente se
nos puede llamar hipócritas.
“La vida cristiana se trata de hacernos en carácter intrínseco lo que ya somos en Cristo...El
propósito de estos pasajes (v.g. Romanos 6, Colosenses 3:5-14, Efesios 4:22-32) es mostrarnos
la gran brecha que existe entre lo que somos contados o considerados ser en Cristo
(justificación) y lo que en realidad somos en la vida diaria (santificación) para poder instarnos a
cerrar la brecha...el propósito de Pablo es instarnos a hacernos en la vida diaria lo que ya se nos
considera ser en Cristo.”[1]
— Jay Adams

Esta brecha es un hecho de la vida cristiana. Para la mayoría de nosotros, no es necesario que
nadie nos diga cuáles son nuestras inconsistencias-estamos perfectamente concientes de ellas.
Esa conciencia debe servir para mantenernos humildes y dependientes de Dios para triunfar.
Pero la trampa con frecuencia nos la tiende nuestra ignorancia de la doctrina de la santificación.
En vez de reconocer que la brecha existe para instarnos hacia adelante en fervorosa confianza
en Cristo, permitimos que nos condene y que detenga nuestro progreso hacia adelante. Somos
atrapados a creer que simplemente somos perdedores, fracasos, que no servimos para nada...y
que quizás ni tan siquiera somos cristianos. Algunos hasta pasan a la inactividad o a la
desobediencia. Los que son atrapados en esta trampa (y, hasta cierto punto, todos lo somos)
innecesariamente padecen de desánimo.

Como pastor, una de mis mayores responsabilidades es ayudar a los individuos a salir de la
trampa de la brecha. Con frecuencia me encuentro diciendo a la gente, “No será instante, y le
exigirá serio esfuerzo, pero salir de la trampa de la brecha no es complicado. Y créame, valdrá la
pena.”

Quizás tú te has encontrado en la trampa de la brecha. Quizás estés ahí ahora mismo. Si así es,
tenemos confianza de que este libro puede ayudarte a cerrar la brecha entre lo que debes ser en
Cristo y lo que eres en la práctica.

¿Puedes imaginarte una vida en la que rompes los hábitos pecaminosos y haces verdadero
progreso en la santidad? Esa vida es posible. Y este libro está escrito para ayudarte y animarte
cuando hagas tuya esa vida.
Entre “Ahora” y “Todavía no”
1 1 ¿Hay cosas en tu vida en las que sabes que no estás viviendo como Dios espera que vivas?
(Describe brevemente una de esas cosas en el espacio abajo.)




Sin duda, una de las cosas más frustrantes de la vida cristiana es la aparente contradicción entre
lo que Dios espera que seamos y lo que nosotros, por experiencia, sabemos que somos.
Observa a los corintios, por ejemplo. En un punto Pablo les asegura, “ya han sido lavados, ya
han sido santificados, ya han sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu
de nuestro Dios” (1Co 6:11). Parece un caso cerrado, ¿no? Hasta que leemos la segunda carta
de Pablo a esta iglesia, en la que parece decir casi lo opuesto: “Purifiquémonos de todo lo que
contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de nuestra
santificación” (2Co 7:1).

Espero que los corintios estuvieran un tanto confusos. ¿Estaban santificados...o contaminados?
En realidad, estaban santificados y contaminados, y así estamos nosotros. Para poder explicar
eso, permíteme llevarte brevemente por una tangente.
Medita en 1 Juan 3:2-3. ¿Qué impacto debe tener en el “ahora” lo que pensamos del “todavía
no”?

El reino de Dios es tanto “ahora” como “todavía no”. Está presente en ciertos respectos y es
futuro en otros. Nuestro Señor vino proclamando y demostrando que el reino (o dominio) de Dios
había cruzado la historia humana: “Pero si expulso a los demonios con el poder de Dios, eso
significa que ha llegado a ustedes el reino de Dios” (Lu 11:20). Sin embargo, el reino de Dios
todavía no ha llegado en su plenitud. Eso no sucederá hasta que Jesús regrese en poder,
cuando toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Él es Señor. Hasta entonces, sin
negar la presente realidad del reino de Dios, oramos fervorosos, “Venga tu reino” (Mt 6:10).

En este respecto, el reino de Dios paralela bastante nuestra vida individual. Dios, por medio de la
maravillosa obra de justificación, nos ha declarado justos. Nuestra posición legal ante Él ha
cambiado. Ese asunto ha sido arreglado una vez y por todas en la corte del cielo. Pero, en este
lado del cielo, nuestra transformación interna es un proyecto en progreso. El proceso de
santificación me mantiene ocupado personalmente como cristiano, y también me da suficiente
trabajo como pastor.

De modo que ¿tenemos victoria en Jesús o no? ¿Somos vencedores, o somos vencidos? Oscar
Cullman sugiere una analogía de la Segunda Guerra Mundial que creo que nos puede ayudar a
comprender esta aparente contradicción.[2]

La historia nos cuenta de dos días importantes hacia el final de la II Guerra Mundial: D-Day (Día
D) y VE-Day (Día VE). El D-Day tuvo lugar el 6 de junio de 1944 cuando las fuerzas Aliadas
desembarcaron en las playas de Normandía, Francia. Este fue el punto decisivo en la guerra;
una vez se llevó a cabo con éxito esta desembarco, la suerte de Hitler se selló. La guerra
esencialmente había terminado. Pero la victoria total en Europa (VE-Day) no ocurrió sino hasta el
7 de mayo de 1945 cuando las fuerzas alemanas se rindieron en Berlín. Este intervalo de once
meses se recuerda como uno de los períodos más sangrientos de la guerra. Se pelearon batallas
campales por toda Francia, Bélgica, y Alemania. Aunque el enemigo había sido herido
mortalmente, no sucumbió inmediatamente.
“Elección divina es la garantía de que Dios se encargará de completar por gracia santificadora lo
que su gracia electora ha comenzado. Este es el significado del nuevo pacto: Dios no sólo
ordena obediencia, Él la da.”[3]
- John Piper

La cruz fue nuestro D-Day. Ahí el Señor Jesucristo murió para romper las cadenas del pecado de
su pueblo. Por su muerte y resurrección somos justificados. Pero la victoria final espera el
regreso de Cristo. No hay duda de cuál será el resultado de las cosas. Pero todavía nos
encontraremos envueltos en escaramuzas y batallas hasta que el Señor aparezca en gloria para
derrotar para siempre las fuerzas de las tinieblas.
Para más estudio: Lee 1 Pedro 5:8-9. Aunque el triunfo final de Dios es inevitable, debemos
luchar con un saludable respeto para nuestro adversario.

Esta distinción, si se mantiene en mente, nos puede evitar mucho desánimo. La batalla todavía
sigue atroz, pero la guerra ya se ganó. Una conciencia de la obra acabada de Cristo a nuestro
favor es esencial para levantar el ánimo mientras buscamos la santificación. Debemos estudiar y
meditar en la gran doctrina de la santificación hasta que penetre profundamente en nuestra
conciencia.
¿Alguien quiere Listerine?
Aunque estamos totalmente justificados en Cristo (D-Day), de ninguna manera estamos
totalmente santificados (VE-Day). Algunos no han comprendido esto.

El maestro de la Biblia Ern Baxter cuenta de un incidente que ocurrió durante el Avivamiento de
la lluvia al final de los 1940. Había surgido una herética enseñanza llamada “Los manifiestos
hijos de Dios”. Esencialmente era una doctrina que prometía total santificación en esta vida. En
su forma más extrema, incluía la creencia de que una élite espiritual recibiría cuerpos glorificados
antes del regreso de Cristo.

Al final de una reunión en la que Baxter predicaba, varios hijos (e hijas) manifiestos aparecieron
atrás del auditorio vestidos con túnicas blancas. Cuando terminó de predicar se deslizaron por el
pasillo hasta el frente de la iglesia y comenzaron a tratar de hacer discípulos para su doctrina de
absoluta perfección. Según él relata la historia, “La señora que era su líder tenía seria necesidad
de usar Listerine. Esa no es la clase de perfección a la que yo añoro.”[4]

Más común que el escenario de Ern Baxter son las situaciones que resultan de un concepto
superficial, sencillo de lo que es la santificación.
2 Si tú buscaras total perfección en esta vida, ¿cuál de los siguientes te sería más difícil hacer?

❏Nunca conducir ni siquiera una milla sobre el límite de velocidad

❏Hablar con afecto y bondad a todo vendedor que llame por teléfono

❏Evitar todas las calorías innecesarias

❏Nunca usar el botón del despertador para dormir un poquito más
❏Siempre pagar los impuestos sobre ingresos con alegría

Cuando yo era recién convertido, conocí a un joven llamado Greg, un admitido ladrón y
drogadicto que al parecer se había convertido cuando estaba en la prisión. Se comportaba con
audaz certeza y caminaba con un ligero contoneo. Más de una vez me dijo cómo había sido
“salvado, santificado, y lleno con el Espíritu Santo.”

Según él lo describía, todo parecía tan sencillo. Un día, cuando era recién convertido, se montó
en un tren, y cuando se bajó horas después había tenido lo que él llamaba una “experiencia
santificadora”. Me aseguró que una experiencia así era un preludio necesario para recibir el
bautismo en el Espíritu Santo, y que una vez eso sucediera, uno estaba listo.

Debo admitir que había ciertas cosas de Greg que decían que quizás no estaba muy santificado.
Tenía una tendencia a pasar juicio y una actitud farisaica. Podía ser imperioso y rencoroso.
Recuerdo su indignada expresión cuando un amigo sin darse cuenta puso algo sobre su Biblia:
“¡Oye, disculpa, pero esa es la Palabra de Dios!” Con todo, él sí que podía citar la Biblia, y
parecía entender su asunto de la santificación.
Para más estudio: Lee Mateo 26:41. ¿Cuándo es seguro dar por sentado que hemos “logrado” la
santificación?

Qué impresión más desagradable me causó cuando Greg volvió a vender y a usar drogas
fuertes.

Los problemas de Greg incluían un incompleto, y por lo tanto incorrecto, entendimiento de la
enseñanza de la Biblia sobre la santificación. Él había hecho lo que muchos hacen al enfocarse
sólo en las citas bíblicas favoritas que parecen validar su experiencia personal.
“La santidad no es el camino a Cristo. Cristo es el camino a la santidad.”[5]
— Adrian Rogers

La santificación es tanto definitiva (que ocurre en el momento de la conversión) como progresiva.
No sucedió todo en una sola experiencia en el pasado, ni tampoco se debe considerar como algo
que sólo sucede por grados. Fuimos cambiados y estamos cambiando. Sin amenguar el
entusiasmo de nuestro exitoso desembarque en Normandía, seamos sobrios y realistas cuando
asesoramos la oposición que se encuentra entre nosotros y Berlín. No tenemos la opción de
subirnos al tren de la santificación, como Greg decía haberlo hecho. Va a ser una batalla a cada
paso del camino.
Vale la Pena el Trabajo

Para muchos, “santificación” es otra de esas largas palabras teológicas que se oyen con
frecuencia pero que raramente se entienden. Suena erudita e impráctica. Sin embargo es
intensamente práctica. La doctrina de la santificación contesta las preguntas que ha hecho casi
todo cristiano en la historia de la iglesia:

¿Cómo cambio?

¿Cómo crezco?

¿Cómo me hago como Cristo?

¿Cómo salgo de la trampa de la brecha?

Cualquier cosa que pueda contestar esas preguntas vale la pena cierto esfuerzo. El Apéndice A
(página ) muestra cómo diversas ramas de la Iglesia han manejado este asunto en el pasado,
pero veamos lo que podemos aprender sobre esta esencial doctrina según se aplica a nosotros
hoy.
“¿Nos puede salvar la santidad? ¿Puede la santidad apartar el pecado, satisfacer por las
transgresiones, pagar a Dios nuestra deuda? No, ni una pizca. Dios no permita que yo diga eso
nunca. La santidad no puede hacer ninguna de estas cosas. Los santos más brillantes son todos
‘siervos inútiles’. Nuestras obras más puras no son más que trapos inmundos, cuando los
probamos bajo la luz de la santa ley de Dios. El manto blanco, que Jesús ofrece y la fe pone,
debe ser nuestra única justicia, el nombre de Cristo nuestra única confianza, el libro de vida del
Cordero nuestro único derecho al cielo. Con toda nuestra santidad no somos mejores que los
pecadores. Nuestras mejores cosas están manchadas y contaminadas con imperfección. Todas
son más o menos incompletas, sus motivos son equivocados o su rendimiento es defectuoso.
‘Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino
que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte’ (Ef 2:8,9)”[6]
— J.C. Ryle

El significado bíblico de la palabra santificar es “apartar; consagrar”. Puede aplicarse a una
persona, lugar, ocasión, u objeto. Cuando algo es santificado, es que se ha separado del uso
común y se ha dedicado a un uso especial. Por ejemplo, en los tiempos de Moisés el Día de la
Expiación era apartado (santificado) a un Dios santo. Ese día se convirtió en un día santo. Una
cosa santificada no se hace santa simplemente por ser apartada; deriva su santidad de aquello a
lo que ha sido dedicada. Porque sólo Dios es santo, solamente Él puede impartir santidad.

Teológicamente la palabra “santificación” ha sido usada para describir el proceso por el que pasa
el creyente a medida que el Espíritu de Dios obra en él para hacerlo como Cristo. El proceso
comienza en el momento en que nacemos de nuevo y sigue mientras vivamos. Está marcado por
el conflicto diario a medida que nos apropiamos de la gracia y la fortaleza de Dios para vencer el
pecado que está en nosotros.

Ten en mente que la culpa del pecado ya ha sido quitada por medio de la justificación, como lo
explica Anthony Hoekema: la santificación quita la contaminación del pecado:

Al decir culpa queremos decir el estado de merecer condenación o de merecer castigo porque la
ley de Dios ha sido violada. En la justificación, que es un acto declarativo de Dios, la culpa de
nuestro pecado es removida a base de la obra expiatoria de Jesucristo. Sin embargo, al decir
contaminación queremos decir la corrupción de nuestra naturaleza que es el resultado del
pecado y que, a su vez, produce más pecado. Como resultado de la caída de nuestros primeros
padres, todos nacemos en un estado de corrupción; los pecados que cometemos no sólo son
producto de esa corrupción sino que también añaden a ella. En la santificación la contaminación
del pecado está en el proceso de ser removida (aunque no será totalmente removida hasta la
vida que está por venir)[7]
Para más estudio: ¿Te das cuenta cuán importante y beneficioso es temer al Señor? (Ve Salmo
19:9 y 25:14, Proverbios 1:7 y 9:10, y 1 Pedro 1:17.)

La Biblia también describe la santificación como crecimiento en santidad. Por santidad me refiero
a una devoción a Dios y el carácter que resulta de esa devoción. La santidad incluye amor y
deseo de Dios[8] También incluye el temor de Dios, que John Murray ha llamado “el alma de la
santidad”.[9] Habiendo sido liberado del temor del tormento eterno, el cristiano teme a Dios al
enfocarse no en su ira sino en su “majestad, santidad y transcendente gloria...”[10] 10 El temor
del Señor tiene en el corazón un efecto purificante y es una precondición para la intimidad con
Dios.

La santidad tiene que ver con más que moralidad y celo. Surge de una unión con Cristo y una
pasión por darle honra. Una persona santa quiere ser como su Señor para darle placer a Él.
Quiere sentir lo que Dios siente, pensar como Él piensa, y hacer su voluntad. En pocas palabras,
desea tomar para sí el carácter de Dios para que Dios pueda ser glorificado. Ninguna empresa
es más de digna de nuestro esfuerzo durante toda la vida: “Pues aunque el ejercicio físico trae
algún provecho, la piedad (santidad) es útil para todo, ya que incluye una promesa no sólo para
la vida presente sino también para la venidera. (1Ti 4:8).

Tanto Dios como el hombre tienen lugares clave en la obra por gracia de la santificación. Él, por
su admirable gracia, inicia nuestra salvación e imparte el deseo y el poder para vencer el
pecado. Al responder a y confiar en su gracia, nosotros a nuestra vez obedecemos el
mandamiento bíblico que dice “lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es
quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad”
(Fil 2:12-13).
“La santificación, dice el catecismo Westminster Shorter (Q.35), es ‘la obra de la gracia libre de
Dios, por la cual somos renovados en el hombre entero a la imagen de Dios, y somos
capacitados más y más para morir al pecado, y vivir en justicia.’ El concepto no es que el pecado
es totalmente erradicado (eso es decir mucho) o simplemente contrarrestado (eso es decir muy
poco), sino que es un cambio de carácter divinamente forjado que nos libra de hábitos
pecaminosos y forma en nosotros afectos, disposiciones, y virtudes como los de Cristo.”[11]
— J.I. Packer

El Nuevo Testamento fija un curso para vivir en santidad que es un campo medio (en realidad un
campo más alto) entre el legalismo por un lado y el libertinaje por otro. Esas tradiciones de la
iglesia que han puesto demasiado énfasis en la obra de Dios dentro de nosotros sin esperar que
esa obra resulte en un creciente deseo de santidad, se apartan del camino hacia el libertinaje.
“Como les he dicho a menudo, y ahora lo repito hasta con lágrimas, muchos se comportan como
enemigos de la cruz de Cristo. Su destino es la destrucción, adoran al dios de sus propios
deseos y se enorgullecen de lo que es su vergüenza. Sólo piensan en lo terrenal” (Fil 3:18-19).
Por otro lado, hay aquellos que han enfatizado tanto la parte del hombre, que elevan la técnica
sobre la verdad de Dios y acaban en legalismo. (Por supuesto que hay variados grados de estas
derivaciones.)
Medita en 1 Timoteo 6:11-16. Pablo hubiera sido un sargento de entrenamiento muy motivador.
Cómo Obtener la Perfección

Una pregunta común que oigo a los cristianos hacer es, “¿Hasta dónde puedo esperar que
llegue este proceso de santificación? ¿Algún día estaré completamente libre del pecado?” Es
una pregunta que se hace especialmente relevante cuando leemos una declaración como la de
Pablo a la iglesia de los filipenses: “Así que, ¡escuchen los perfectos! Todos debemos tener este
modo de pensar. Y si en algo piensan en forma diferente, Dios les hará ver esto también” (Fil
3:15). Jesús lo dijo aún más enfáticamente en un versículo citado anteriormente: “Por tanto, sean
perfectos, así como su Padre celestial es perfecto” (Mt 5:48).
3 Toma esta corta prueba de Verdadero/Falso para ver si has comprendido bien este material
hasta aquí:

(Las respuestas se encuentran cabeza abajo en la parte inferior de la página 9)

•La palabra “santificar” quiere decir “destrozar; profanar”.V F

•La santificación comienza en el momento en que uno nace de nuevo y sigue mientras vive.V F

•La culpa de nuestro pecado ha sido removida por la justificación.V F

•La santidad se refiere exclusivamente a la moralidad y celo de la persona.V F
•Dios tiene toda la responsabilidad de nuestra santificación.V F

¿En realidad espera Dios que logremos la perfección?

El anhelo por la perfección ha inspirado a muchos a seguir a Dios. A través de la historia humana
poetas y filósofos han expresado el deseo de volver a lograr una inocencia y pureza perdidas.
Los cantantes contemporáneos Crosby, Stills, y Nash celebraron la experiencia de Woodstock
con una canción que decía, “Somos polvo de estrella, somos dorados, estamos atrapados en la
ganga del diablo. Y tenemos que volver al Edén.”

El problema es que no somos perfectos y lo sabemos. En el mundo de fantasía de las películas,
Mary Poppins muy bien puede alegremente referirse a sí misma como “prácticamente perfecta
en todo”, pero no es así en la vida real. Y ciertamente no vamos a lograr la perfección a través
de Woodstock.
Cuando el amanecer de...la santidad de Dios irrumpe en nuestro espíritu, somos liberados de
todo pensamiento superficial e inadecuado sobre nuestra propia santificación. También somos
preservados de cualquier enseñanza barata que nos animara a pensar que hay atajos por los
que podemos obtener la santidad con más facilidad. La santidad no es una experiencia; es la
reintegración de nuestro carácter, la reedificación de una ruina. Es labor diestra, un proyecto de
largo alcance, que exige todo lo que Dios nos ha dado para vida y santidad.”[12]
— Sinclair Ferguson

R.A. Miller señala que la Escritura claramente nos dice que seamos perfectos, mientras que al
mismo tiempo da evidencia de que la perfección no se puede lograr en esta vida.[13] 12 Esto nos
presenta un dilema. No estamos libres para poner manos arriba y admitir derrota. Pero tampoco
podemos adoptar una actitud respecto a la perfección que diga “puedo hacerlo”, que tiene más
en común con el pensamiento positivo que con la Biblia. La única manera de resolver este
dilema es darnos cuenta de que el Nuevo Testamento ve la perfección de dos maneras.[14]

La visión de Pablo para los filipenses era la madurez, no la infalibilidad. Nota cómo la Nueva
Versión Internacional traduce su comentario a la iglesia filipense: “¡Escuchen los perfectos!
Todos debemos tener este modo de pensar” (Fil 3:15). Los “perfectos” en este sentido se pueden
describir como “los que han logrado razonable progreso en el crecimiento y la estabilidad
espiritual.”
Medita en 1 Pedro 1:14-16. ¿Te parece poco realista este mandamiento? ¿Te pediría Dios a ti
que hicieras lo imposible?

Es algo natural que todo niño quiera ser grande, llegar a adulto. Esto no es menos cierto del
creyente. Antes que adoptar una actitud casual o descuidada respecto al crecimiento, debemos
dejar que el llamado a la perfección nos impulse hacia adelante en una seria búsqueda de ser
como Jesús. El propio ejemplo de Pablo debe ser el modelo para todos nosotros:
Respuestas: F, V, V, F, F

No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante
esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que
yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y
esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el
premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. (Fil 3:12-14)
4 Una pegatina para el parachoques del automóvil que una vez fue muy popular decía, “Los
cristianos no son perfectos, sólo son perdonados.” ¿Qué clase de actitud podría reflejar esto?
(Especialmente si el automóvil va a más del límite de velocidad.)




“Primero debemos ser hechos buenos antes de poder hacer el bien.”[15]
— Hugh Latimer

Vemos un segundo uso de la palabra perfección en la primera epístola de Pablo a los corintios.
“Pero cuando llegue lo perfecto,” dice él, “lo imperfecto desaparecerá” (1Co 13:10). En este
sentido, la perfección es una palabra correctamente restricta a Dios – una perfección que no
veremos hasta que Cristo vuelva. El teólogo Louis Berkhof prefiere hablar de las perfecciones de
Dios antes que de sus atributos.[16] Sólo Dios no tiene faltas. No importa cuánto maduremos en
esta vida, jamás lograremos la perfección hasta ese día cuando Dios nos perfeccione en la
gloria.
Siete Razones Para Cerrar la Brecha

Generalmente hablando, el mundo tiene una impresión negativa de la santidad. Muchos la
igualan con una existencia aburrida, que carga con una cruz vacía de gozo. Parece más una
justificación de sí mismo que dice “soy más santo que tú” que la gozosa experiencia que en
realidad es. Al terminar, rechacemos esa idea examinando algunos de los muchos beneficios y
bendiciones que ganamos al seguir a Cristo. Aquí hay siete frutos de la santificación:

Dios es glorificado. Cuando nosotros somos santos, damos peso a lo que decimos de que Dios
es tan real y maravilloso como decimos que es. Pablo nos dice que las buenas obras de los
cristianos adornan la doctrina de Cristo (Tit 2:10). Hasta los que niegan a Dios son obligados a
admitir su realidad cuando su pueblo anda en sus caminos.

Continuo compañerismo en esta vida con la Trinidad. “Le contestó Jesús: -El que me ama,
obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él” (Jn 14:23). Es un
tremendo gozo y consuelo tener la presencia del Padre y del Hijo por medio del Espíritu Santo. Y
Jesús indica que esta presencia es una presencia amorosa, no indiferente ni impersonal. Por
supuesto que junto con su presencia viene su poder, que nos permite vencer los obstáculos de la
vida.
“No hay gozo permanente sin santidad...¡Cuán importante es, entonces, la verdad que santifica!
¡Cuán crucial es la Palabra que rompe el poder de los tesoros falsos! ¡Y cuán vigilantes debemos
ser de alumbrar nuestros caminos y cargar nuestro corazón con la Palabra de Dios!”[17]
- John Piper

Compañerismo con otros cristianos. Si caminamos en oscuridad, no podemos gozar de
auténticas relaciones con otros creyentes. “Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz,
tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado”
(1Jn 1:7).

El Señor promete darnos compañeros, compañeros de viaje en el camino a la santificación. Por
mi parte, he encontrado que la verdad de Dios combinada con el ejemplo del pueblo de Dios son
absolutamente necesarios para mi crecimiento espiritual. Y cuando he andado en sus caminos
nunca me ha hecho falta ninguno de los dos. Nos necesitamos unos a otros en el contexto de la
iglesia para poder triunfar. La santidad y la comunidad cristiana van mano a mano.

Seguridad de salvación. Aunque nuestra salvación no se basa en nuestro afán de ir tras la
santidad, la seguridad de salvación seguramente está conectada con ello. En su segunda
epístola, Pedro exhorta a sus lectores a hacer todo esfuerzo por amontonar virtudes espirituales,
añadiendo virtud a la fe y entendimiento a la virtud hasta tener en medida abundante dominio
propio, constancia, devoción a Dios, afecto fraternal y amor (2P 1:5-9). Él advierte que cuando
éstos faltan, la persona puede olvidar...

“...que ha sido limpiado de sus pasados pecados. Por lo tanto, hermanos, esfuércense más
todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no
caerán jamás, y se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo.” (2P 1:9-11)

Evangelismo. De joven bajo la convicción del pecado, yo traté lo mejor que pude de encontrar
faltas a los cristianos para poder rechazar su mensaje y despacharlos como hipócritas. Pero
aunque no eran perfectos, yo no pude encontrar inconsistencias mayores. La familia grande que
me extendió el evangelio hizo más impacto en mí con su modo de vivir que con sus palabras. El
esposo amaba a su esposa, la esposa respetaba a su esposo, los hijos obedecían a sus padres,
y todos tenían gozo. Yo nunca había visto nada así.
Medita en 1 Pedro 2:12. Aunque los que no son cristianos se pueden burlar de tu estilo de vida
ahora, ¿qué efecto tendrá al final en ellos?

Se ha dicho que aunque el mundo no lea su Biblia, ciertamente lee a sus cristianos. Dios usa a
gente santa para alcanzar a otros. No perfecta, sino santa.

Entendimiento, sabiduría, y conocimiento. Estos tesoros esperan a los que buscan a Dios de
todo corazón (Pr 2:1-11). Se esconden del perverso, el rebelde, y el necio.

Ver a Dios. La Escritura nos dice, “Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá
al Señor” (Heb 12:14). Aunque el total significado de este pasaje está envuelto en un velo de
misterio, la Escritura sí tiene mucho que decir sobre la “visión beatífica”, o ver a Dios. Ocurrirá
después del regreso de nuestro Señor cuando todo enemigo haya sido vencido y hayamos sido
totalmente santificados. En ese tiempo nuestra visión de Dios será continua e intensa, sin
distracción ni la conciencia de sí mismos que causa el pecado. Entonces conoceremos así como
somos conocidos. No que nuestro conocimiento de Dios será completo, porque Él siempre nos
revelará más y más de su infinito y maravilloso ser.
“Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.”
- Jesús (Mateo 5:8)

“Dichosos los de corazón limpio,” dijo Jesús, “porque ellos verán a Dios” (Mt 5:8). Esta continua
iluminación de su grandeza y bondad ciertamente es la maravilla más sobresaliente que resulta
de una vida de santidad.

Como puedes ver, hay suficientes buenas razones para cerrar la brecha entre lo que Dios espera
de nosotros y nuestra propia experiencia. Fuimos hechos para compartir de su santidad-no sólo
en el cielo, sino aquí en la tierra. Paso a paso, podemos aprender a vencer el pecado y a vivir de
una manera que refleje más y más la gloria y el carácter de Dios.

En este primer capítulo hemos tratado de estimular tu apetito por la santidad. Comenzando con
el Capítulo Dos, vamos a empezar a formar el marco bíblico necesario para una vida santa y
feliz.
Discusión en Grupo
1. ¿Qué síntomas indican que uno está atrapado en la “trampa de la brecha”?
 2. Una cierta brecha entre las normas de Dios y nuestro desempeño es inevitable; pero
demasiada, y calificamos como hipócritas. ¿Dónde fijamos el límite?
 3. ¿Cómo es que nuestra santificación es tanto historia pasada como esperanza futura?
 4. El temor del Señor, dice el autor, es una “precondición para la intimidad con Dios” (página ).
¿Qué quiere decir?
 5. ¿Hasta qué punto debe un cristiano maduro estar libre de pecado?
 6. Ahora que has terminado este capítulo, ¿cómo explicarías Mateo 5:48 a un nuevo cristiano?

Lectura Recomendada

How to Help People Change 'por Jay E. Adams (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House,
1986)

Saved by Grace por Anthony A. Hoekema (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1989)
Referencias

  1. ↑ Jay E. Adams, The Biblical View of Self-Esteem, Self-Love, Self-Image (Eugene, OR:
Harvest House Publishers, 1986), p. 78.
  2. ↑ Oscar Cullman, Christ and Time (Philadelphia, PA: The Westminster Press, 1964), p. 3.
  3. ↑ John Piper, The Pleasures Of God (Portland, OR: Multnomah Press, 1991), p. 147.
  4. ↑ Ern Baxter, taped message, “Sanctification,” n.d.
  5. ↑ Citado en Gathered Gold, John Blanchard, ed. (Welwyn, Hertfordshire, England:
Evangelical Press, 1984), p.146.
  6. ↑ J.C. Ryle, Holiness (Welwyn, Hertfordshire, England: Evangelical Press, 1879, reprinted
1989), p. 39.
  7. ↑ Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co.,
1989), pp. 192-93.
  8. ↑ Jerry Bridges, The Practice of Godliness (Colorado Springs, CO: NavPress, 1983), pp.
15-20.
  9. ↑ Ibid., p. 24.
 10. ↑ Ibid., p. 26.
 11. ↑ J.I. Packer, Concise Theology (Wheaton, IL: Tyndale House, 1993), p. 169.
 12. ↑ Sinclair Ferguson, A Heart for God (Colorado Springs, CO: NavPress, 1985), p. 129.
 13. ↑ R.A. Muller, The International Standard Bible Encyclopedia, Volume Four (Grand Rapids,
MI: Eerdmans Publishing Co., 1988), p. 324.
 14. ↑ William Hendriksen, New Testament Commentary: Philippians (Grand Rapids, MI:
Eerdmans Publishing Co., 1962), p. 176.
 15. ↑ Citado en Gathered Gold, p.148.
 16. ↑ Louis Berkhof, Systematic Theology (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1941),
p. 52.
 17. ↑ Reference missing from original




Por C.J. Mahaney. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 4 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Donde Todo Comienza



No hace muchos años comenzó a circular el rumor de que una popular estrella de rock había
“nacido de nuevo.” La reacción de la comunidad cristiana fue, como era de esperar, de mucho
entusiasmo. Pero cuando se enteró de su supuesta conversión, la estrella de rock pronto puso
fin al rumor: “Se informó que yo nací de nuevo. Eso no es verdad. Lo que dije fue que me había
metido a la porno de nuevo.”

Unas pocas letras pueden hacer toda una diferencia.

A veces me hago escéptico cuando oigo vagos informes de que se han convertido figuras
públicas. Aunque el individuo admita haber tomado la decisión de seguir a Cristo, su vida quizás
no refleje el cambio correspondiente. Quizás no haya evidencia de un arrepentimiento, ni
ninguna participación en una iglesia local. A medida que los ciudadanos ordinarios observan
dichas aparentes contradicciones, concluyen incorrectamente que esto es lo que quiere decir
nacer de nuevo.
Medita en 1 Pedro 2:2-3. ¿Cuál es la “leche” que se describe aquí? ¿Por qué es esencial para el
crecimiento espiritual la leche pura?

Charles Colson es una notable excepción al patrón. Un anterior abogado y asistente presidencial
en la administración del presidente Nixon, Colson fue condenado y encarcelado por su parte en
el escándalo de Watergate. Pareció sospechoso cuando, durante ese tiempo, dijo haber
entregado su vida a Cristo. Pero esa no era una trama para reducir su sentencia. La conversión
de Colson fue genuina, según dejaba ver su nuevo estilo de vida. Su libro, Nacido de Nuevo,
ofrece un elocuente y poderoso relato de su auténtico encuentro con el evangelio.

Aunque la frase “nacido de nuevo” se usa comúnmente en la cultura de hoy, sus implicaciones
teológicas han sido oscurecidas. Por ejemplo, cuando el boxeador George Foreman, que se
había retirado, volvió al boxeo, los locutores deportivos dijeron que su carrera había “nacido de
nuevo”. A los políticos que experimentan un retraso y luego vuelven a recuperar la popularidad a
veces se les llama nacidos de nuevo. Y muchas personas piensan de los cristianos nacidos de
nuevo como un hiperactivo grupo marginal dentro de la iglesia, sin darse cuenta de que el nuevo
nacimiento ¡es un prerrequisito bíblico para siquiera ser parte de la iglesia!
“Hacerse cristiano no es comenzar de nuevo en la vida; es recibir una nueva vida para
comenzar.”[1]
- Thomas Adams

Hasta el cristiano maduro puede faltar en comprender esta crítica frase. Pero si alguna vez
esperamos cambiar como Dios lo quiere, debemos comenzar con experimentar y entender lo
que es la regeneración-el nuevo nacimiento. Aquí es donde comienza el proceso entero de la
santificación.
1 ¿Cuál de las siguientes frases mejor describe, en tu opinión, lo que significa nacer de nuevo?

(La respuesta está cabeza abajo en la parte inferior de la página)

❏Tomar una decisión de comenzar a vivir una vida mejor

❏Renovar un compromiso con Cristo ya perdido desde hace mucho tiempo

❏Pedir a Dios que te perdone tus pecados y que viva en tu corazón

❏Decir a todos tus antiguos amigos que se van a ir al infierno
❏Ninguno de los anteriores
La Educación de un Fariseo

La frase “nacido de nuevo” no se originó con el presidente Jimmy Carter. Se originó con
Jesucristo. Descubramos dónde la introdujo y cómo quiso que se entendiera mientras
escuchamos a escondidas una conversación capaz de doblar el cerebro en el tercer capítulo de
Juan.

Nicodemo era fariseo y miembro del concilio judío, el Sanedrín. Era muy respetado en Jerusalén
como teólogo y maestro de la ley. En vista de su posición y prestigio, es sorprendente que
Nicodemo hiciera una visita privada a Jesús. Después de todo, Jesús carecía de la preparación
formal que Nicodemo y sus compañeros tanto valoraban. Además, este conservador rabí
acababa de alborotar el templo al insinuar que tenía autoridad única de parte de Dios (Jn
2:13-22). Pero Nicodemo se sintió intrigado por la enseñanza de Jesús, y no podía negar ni
rechazar los milagros que sucedían. Así que, con cierto grado de humildad, el prominente
religioso privilegiado dijo al carpintero sin preparación académica de Galilea:

Rabí, sabemos que eres un maestro que ha venido de parte de Dios, porque nadie podría hacer
las señales que tú haces si Dios no estuviera con él (Jn 3:2).
Respuesta: Ninguno de los anteriores. Para una definición bíblica, sigue leyendo.

Una cosa se podría decir a favor de los fariseos - es que sabían la importancia de la etiqueta. Al
dirigirse a Jesús como “Rabí”, Nicodemo expresó respeto por su posición como maestro y
demostró disposición para aprender. Pero su próxima frase fue una de las que pronto se
arrepentiría: “Rabí, sabemos...”.

No era la manera recomendada para comenzar una conversación con el Hijo de Dios.

Jesús pudo haber confrontado a Nicodemo por su arrogante actitud y pudo haber terminado ahí
mismo la conversación. En vez de eso, decidió ayudar a Nicodemo a ver cuán limitado en
realidad era su conocimiento. ¿Su método? Un rápido juego de Jeopardy (Peligro) bíblico.
Categoría: Regeneración, por $200.
“Raramente tomamos esta enseñanza [de que el hombre no puede entrar al reino de Dios] lo
suficientemente en serio, quizás porque nos quita de debajo de los pies los últimos vestigios de
nuestra natural suficiencia en nosotros mismos. Subraya la enseñanza bíblica de que nuestra
salvación es toda por gracia. ¡Lo único que es necesario es lo que nosotros no podemos
hacer!”[2]
— Sinclair Ferguson

“De veras te aseguro”, le contestó Jesús, “que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de
Dios” (vs. 3).

La declaración del Señor dejó perplejo a Nicodemo. Él preguntó “¿Cómo puede uno nacer de
nuevo siendo ya viejo?” Nicodemo no podía comprender lo que Jesús quería decir, ni tampoco
estaba acostumbrado a que se dirigieran a él de esta manera. Típicamente le tocaba a él dar las
respuestas, no buscarlas a tientas. Pueda que haya estado en el templo cuando Jesús, a los
doce años de edad, maravilló a los sacerdotes con sus preguntas. Pero Jesús ya no era un
adolescente.
Para más estudio: Lee Mateo 19:23-26. ¿Cuál es la posibilidad, aparte de la intervención de
Dios, de que la persona entre al reino de Dios?

“Yo te aseguro”, continuó Jesús, “que quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en
el reino de Dios...no te sorprendas de que te haya dicho: ‘Tienen que nacer de nuevo’” (vs. 5,7).

Pero Nicodemo se sorprendió. De hecho, se escandalizó.

“¿Cómo es posible que esto suceda?” preguntó.

En este momento Nicodemo necesitaba dos aspirinas. Para añadir a su dificultad tenía un
sentido de humillación, especialmente cuando Jesús dijo, “Te digo con seguridad y verdad que
hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto personalmente, pero
ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si les he hablado de las cosas terrenales, y no creen,
¿entonces cómo van a creer si les hablo de las celestiales?” (vs. 11-12).
“El nuevo nacimiento no es sólo un misterio que ningún hombre comprende, es un milagro que
ningún hombre puede emprender.”[3]
— Richard Baxter
Es fácil mirar con desprecio al humillado erudito, pero sometámonos al mismo examen:
¿Comprendemos lo que Jesús decía sobre nacer de nuevo? ¿Nos sorprendemos ante las
declaraciones de Jesús? A menos que hayamos llegado al lugar donde, como Nicodemo,
preguntamos, “¿Cómo es posible que esto suceda?”, no es probable que hayamos comprendido
totalmente el misterio y el milagro de la regeneración.
Nada Que Contribuir
2 Al enfocarte en las partes individuales de la extraordinaria declaración de Jesús, ¿recibes una
nueva percepción?

Tienen

que

nacer

de
nuevo

Lo que Jesús intencionalmente omitió fue toda sugerencia de que Nicodemo tenía
personalmente toda la responsabilidad de nacer de nuevo. De hecho, dijo todo lo opuesto: “Lo
que nace del cuerpo es cuerpo; lo que nace del Espíritu es espíritu” (Jn 3:6).
Para más estudio: ¿Cómo es que la paternidad de Abraham de Isaac e Ismael muestra el
contraste entre nuestros esfuerzos y los de Dios? (Ve Génesis 21:1-13 y Romanos 9:6-9)

No es difícil ver por qué a Nicodemo le parecieran tan confusos los comentarios de Jesús.
Habiendo entendido e interpretado incorrectamente la ley, los fariseos buscaban establecer su
propia justicia ante Dios. Nicodemo habrá supuesto que nacer de nuevo (cualquiera que sea el
significado) tenía que ver con algún esfuerzo o contribución de su parte. La mayoría de nosotros
supondríamos lo mismo. Y es exactamente esa suposición lo que Jesús ponía en duda.

“Tienen que nacer de nuevo” no es un mandamiento para creer en Cristo; es una declaración
que clarifica lo que Él debe hacer en nosotros.

“La regeneración es un cambio que Dios hace en nosotros”, escribe C. Samuel Storms, “no un
acto autónomo que nosotros desempeñamos por nuestra propia cuenta”.[4]

Pausa por un momento para considerar las asombrosas implicaciones de las palabras de Cristo:

■Aunque absolutamente esencial para la vida cristiana, la regeneración no se puede lograr con
el esfuerzo humano.

■Dios es el único autor del nuevo nacimiento; no es un esfuerzo cooperativo.

■La regeneración es una experiencia que debemos tener pero que sólo Dios puede dar.

No es por falta de inteligencia que Nicodemo encontró las palabras del Señor tan confusas; es
porque exigían un cambio de paradigma en su modo de pensar. Le revelaron cuán indefenso era
y cuánto dependía de la misericordia del Señor.

Antes de seguir, permíteme clarificar un punto. No estoy disminuyendo la importancia del
arrepentimiento y la fe. Estas deben caracterizar nuestra respuesta a la regeneración, y son
esenciales para la conversión y para nuestra continua santificación. Pero desde mi perspectiva
son el resultado del nuevo nacimiento, no la causa. El teólogo A.A. Hodge nos advierte que
mantengamos la perspectiva de la Escritura: “Haga lo que haga el hombre después de la
regeneración, la primera resurrección de los muertos debe originarse en Dios”.[5]
“Una noche entre semana, cuando estaba sentado en la casa de Dios, no pensaba mucho en el
sermón del predicador porque no lo creía. De repente me llegó el pensamiento, ‘¿Cómo es que
llegaste a ser cristiano?’ Yo busqué al Señor. ‘Pero ¿cómo llegaste a buscar al Señor?’ En un
momento la verdad me pasó por la mente como un relámpago – yo no debí haberlo buscado a Él
a menos que haya habido una previa influencia en mi mente para hacer que lo buscara. Yo oré,
creía yo, pero luego me pregunté, ¿Cómo es que llegué a orar? Fui inducido a orar al leer la
Escritura. ¿Cómo es que llegué a leer la Escritura? La leí yo, pero ¿qué me llevó a hacerlo?
Luego, en un momento, vi que Dios estaba detrás de todo, y que era Él el autor de mi fe, y así
toda la doctrina de la gracia se abrió ante mí, y de esa doctrina no me he apartado hasta este
día, y deseo hacer de esta mi constante confesión, ‘atribuyo mi cambio totalmente a Dios’”.[6]
—Charles H. Spurgeon

Considera esto con cuidado. Aprecia la radical transformación que se exige, y cuán incapaz e
impotente eres para producirla. La regeneración es la distintiva obra de Dios solamente. Como
dice J.I. Packer, “No es un cambio que el hombre hace algo para efectuar, tal como los infantes
no hacen nada para inducir, ni contribuir, a su propia procreación y nacimiento”.[7]No nacemos
“por voluntad humana, sino que...de Dios” escribió Juan (Jn 1:13).

Una nueva, justa naturaleza ha sido impartida, de la que Dios es el único autor. Además,
tenemos la seguridad de que “el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando
hasta el día de Cristo Jesús” (Fil 1:6). ¡Eso debería producir verdadero regocijo!
Medita en Tito 3:4-7. Reconocer el origen de nuestra salvación (v. 5) fortalece nuestra esperanza
de la vida eterna (v. 7).

Ya no necesitamos preguntarnos si nuestra voluntad y autodisciplina son suficientes. No lo son.
Ser conformados a la imagen de Cristo no depende de nuestra habilidad. Más bien, podemos
confiar respecto a nuestro crecimiento en santidad gracias a la obra definitiva de Dios. Él ha
puesto dentro de nosotros una nueva disposición, una pasión por la justicia. “Esto”, dice J.
Rodman Williams, “es el milagro más grande que cualquier persona puede experimentar”.[8]
Que Haya Vida

¿Qué es lo que en realidad ocurre cuando uno nace de nuevo?

J.I. Packer dice que la palabra regeneración “denota un nuevo comienzo de vida. . . habla de una
renovación creativa efectuada por el poder de Dios”.[9] Cuando Dios te regeneró a ti, te llamó a
ser algo que no existía anteriormente. La Biblia lo describe de esta manera: “Porque Dios, que
ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que
conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo” (2Co 4:6). El paralelo aquí
entre nuestra regeneración y la creación es intencional. Nuestra regeneración no fue un acto
menos creativo de Dios. El mismo Dios que dijo: “Que haya luz” un día nos habló a nosotros y
dijo, “Que haya vida”. ¡Y hubo vida!
Medita en 1 Pedro 1:23. ¿Cómo añade esta analogía a tu entendimiento del nuevo nacimiento?

El nuevo nacimiento también se puede ver como una resurrección. Aunque estábamos muertos
en pecado y éramos incapaces de alterar esta condición, ahora hemos sido hechos vivos a Dios
por la regeneradora obra del Espíritu Santo. El teólogo R.C. Sproul explica esto en mayor detalle:
3 He aquí la situación: Tú eres un especialista en la juventud que asesora a jóvenes con un raro
desorden mental – están absolutamente convencidos de que se dieron a luz a sí mismos. ¿Qué
clase de ansiedades esperarías que esto produjera en ellos?




(¿Esperarías ver similares ansiedades en los cristianos que no entienden el papel que
desempeña Dios en la regeneración?)
El Espíritu vuelve a crear el corazón humano, reviviéndolo de la muerte espiritual a la vida
espiritual. Las personas regeneradas son nuevas creaciones. Mientras que anteriormente no
tenían disposición, inclinación, ni deseo de las cosas de Dios, ahora están dispuestas e
inclinadas hacia Dios. En la regeneración, Dios siembra un deseo de sí mismo en el corazón
humano que de otra manera no estaría ahí.[10]

“Un hombre muerto no puede ayudar en su propia resurrección”, observa W.G.T. Shedd.[11] Si
no hubiera sido por la obra de gracia del Espíritu Santo, quien nos dio una nueva vida completa
con una nueva naturaleza y un nuevo deseo de agradar, servir, obedecer, y glorificar a Dios,
todavía estaríamos espiritualmente muertos y seríamos hostiles hacia Dios.

La regeneración se distingue de las otras facetas de nuestra salvación. Por ejemplo, aunque la
justificación altera nuestra posición legal ante Dios (o sea, somos declarados justos en vez de
culpables), la regeneración transforma nuestra naturaleza fundamental. Este cambio interno es
tan radical y extenso que ahora se nos describe como nuevas creaciones. La imagen de Dios
que se corrompió en la caída del hombre se vuelve a crear a través del nuevo nacimiento y es
progresivamente renovada a través de la santificación. Pero a diferencia de la santificación, la
regeneración no es un proceso. No toma lugar gradualmente ni por grados. Es una obra
soberana e instantánea de Dios en nuestra vida.
“La regeneración es un cambio que se conoce y se siente: se conoce por las obras de santidad y
se siente por una experiencia de gracia”.[12]
— Charles H. Spurgeon

Por favor no me mal entiendas. No todos son regenerados con todas las dramáticas experiencias
que tuvo Pablo. Aquí estaba un hombre que fue sobrenaturalmente cegado por tres días y a
quién se le habló audiblemente desde el cielo. Pero Pablo no fue la única persona que nació de
nuevo en el libro de los Hechos. Cuando Lidia oyó el evangelio en una reunión de oración para
mujeres, “el Señor le abrió el corazón para que respondiera al mensaje de Pablo” (Hch 16:14).
Eso fue lo único. Los ojos de Pablo fueron temporalmente cegados, y el corazón de Lidia fue
tranquilamente abierto. Diferentes experiencias, pero el resultado fue exactamente el mismo.
Para más estudio: ¿Quién es “el que santifica”? (Hebreos 2:11). ¿Para qué etapas de nuestra
santificación es responsable Él? (Hebreos 12:2)

Con frecuencia somos tentados a medir la autenticidad de una conversión por las experiencias
que la acompañan. A todos les gusta oír a un líder de pandilla o vendedor de drogas cuya vida
es dramáticamente cambiada. Pero supongamos que tú eres una Lidia. Simplemente ibas
conduciendo el automóvil un día, escuchando una cinta que alguien te había prestado, y sin
nadie como testigo Dios suavemente te abrió el corazón. No oíste ninguna voz, el auto no se
salió de la carretera. Nada dramático. Pero al llegar al trabajo sabías, aunque no lo pudieras
explicar, que algo significante había sucedido. Eras diferente. Habías nacido de nuevo.

Yo he tenido el privilegio de visitar el lugar en Inglaterra donde John Wesley nació de nuevo.
Considera este sencillo relato de ese momento: “Sentí el corazón extrañamente tibio dentro de
mí”. No lo que uno describiría como una experiencia explosiva, pero la validez y el impacto de la
regeneración de Wesley no se puede negar.
4 En el espacio abajo, o al pie de esta página, traza una sencilla línea de tiempo de tu vida,
comenzando con tu nacimiento y extendiéndola hasta el presente. Luego indica cuándo
experimentaste cada uno de los siguientes: regeneración, justificación, santificación,
arrepentimiento, y fe. ¿Cuál sucedió en un punto específico en el tiempo? ¿Cuáles continúan por
el presente?
Ya sea discreto o dramático, cada nuevo nacimiento tiene esto en común: su autoría ha sido
exclusiva y totalmente de Dios. La trama y los personajes son únicos, pero la historia es siempre
la misma. Somos nuevas creaciones. Lo viejo ha pasado, lo nuevo ha llegado.
Una Resolución Inútil

No es sólo en su evangelio que encontramos a Juan incluyendo notables declaraciones sobre la
regeneración. Terminemos examinando estas asombrosas palabras:

Ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él;
no puede practicar el pecado, porque ha nacido de Dios. (1Jn 3.9)

¿Alguna vez has leído este versículo y te has sentido confuso? No es posible que pueda querer
decir lo que dice...¿no? Pocas personas pueden existir siquiera una hora o dos sin pecar de un
modo u otro. Quizás el verdadero significado del versículo se perdió en la traducción. Por otro
lado, nos preocupamos, ¿y qué si está correcto? Esa no parece ser mi experiencia...¿eso quiere
decir que no he “nacido de Dios”?

Juan no está sugiriendo que los verdaderos cristianos son incapaces de pecar. Eso es evidente
en el primer capítulo de la misma epístola, donde escribió, “Si afirmamos que no tenemos
pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad” (1Jn 1:8). No-el pecado
todavía está muy presente, y aunque su dominio en nuestra vida ha sido destruido, podemos
rendirnos ante su influencia en cualquier momento. Pero al escribir que el que nace de Dios “no
puede practicar el pecado”, Juan demuestra que la regeneración nos ha hecho incapaces de
seguir pecando.

El significado de Juan en este pasaje, según Anthony Hoekema, es que el cristiano “no sigue
practicando y gozándose en el pecado, con total abandono...no es capaz de seguir pecando con
gozo, de seguir viviendo en pecado”.[13] John R.W. Stott lo resume más sencillamente: “El
creyente puede caer en pecado, pero no caminará en él”.[14]

¿Ves la diferencia?
“La regeneración ocurre principalmente en el centro del ser del hombre, o sea, en su corazón o
espíritu. En este nivel más profundo de la existencia humana hay un cambio decisivo”.[15]
— J. Rodman Williams

Supongamos que yo fuera lo suficientemente necio como para probar la aserción de Juan al
tomar esta resolución personal: “En los próximos seis meses trataré de desarrollar un estilo de
vida pecaminoso”. Esto obviamente no es algo que yo desearía ni recomendaría. Sin embargo,
no creo que podría llevar a cabo tal resolución. ¿Por qué? Porque he nacido de Dios. Ahora
tengo un nuevo corazón, una nueva vida, y una nueva inclinación a buscar la santidad y agradar
a Dios. Aunque todavía cometo pecados, por su poder de regeneración soy incapaz de
dedicarme al pecado o de seguir en él. Jamás volveré a poder gozar del pecado como un estilo
de vida. Sólo un hecho divino pudo haber logrado un cambio semejante.
Medita en Efesios 4:22-24. ¿Qué caracteriza al “nuevo ser” en que nos hemos convertido a
través de la regeneración?

Ya no estamos desvalidos o indefensos en nuestra diaria confrontación con el pecado. No
estamos destinados a andar en continua desobediencia y derrota. Dios interna, sobrenatural, y
fundamentalmente nos ha transformado. Ahora poseemos el deseo y habilidad de agradarlo a Él
por el resto de nuestra vida. Motivados y fortalecidos por la gracia, podemos anticipar una vida
entera de cambio progresivo y definitivo.

Aquí es donde comienza la santificación-en la seguridad y confianza de que hemos nacido de
nuevo, no por nuestro propio esfuerzo sino por el poder y propósito de Dios.
Discusión En Grupo
1. ¿Cuáles son algunas de las palabras que uno que no es cristiano podría usar para describir
a un cristiano “nacido de nuevo” típico?
  2. ¿Cuál es una posible razón por la que las conversiones de celebridades son frecuentemente
superficiales?
  3. Thomas Adams ha escrito, “Quitemos el misterio del nuevo nacimiento y le hemos quitado
su majestad”.[16]¿Qué hace misteriosa la regeneración?
  4. ¿Es una lucha para ti creer que Dios fue el único responsable por tu renacimiento?
  5. Si Lidia y Pablo representan los extremos de la experiencia de nacer de nuevo, ¿dónde
estarías tú en el espectro?
  6. Habla de la línea de tiempo que trazaste en la página . ¿Alguna pregunta sobre la secuencia
de la salvación?
  7. Lee Hebreos 12:2. ¿Cómo afecta tu opinión de la santificación esta “garantía incondicional”?
  8. ¿Este capítulo te ha hecho pensar de manera diferente sobre el nuevo nacimiento?

Lectura Recomendada

The Christian Life por Sinclair Ferguson (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1989)

God’s Words por J.I. Packer (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1981)
Referencias

  1. ↑ Citado en R.C. Sproul, Born Again: Leader Guide (Orlando, FL: Ligonier Ministries, Inc.,
1988), capítulo I, p. 14.
  2. ↑ Sinclair Ferguson, The Christian Life (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1989), p. 55.
  3. ↑ Citado en R.C. Sproul, Born Again: Leader Guide, capítulo III, p. 20.
  4. ↑ C. Samuel Storms, Chosen for Life (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1987), p. 108.
  5. ↑ Citado en R.C. Sproul, Born Again: Leader Guide, capítulo III, p. 19.
  6. ↑ Charles Spurgeon, Autobiography, 1 (Edinburgh: Banner of Truth Trust, 1962), pp. 164-65.
  7. ↑ J.I. Packer, God’s Words (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1981), p. 151.
  8. ↑ J. Rodman Williams, Renewal Theology, Volume II: Salvation, The Holy Spirit, and
Christian Living (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1990), p. 37.
  9. ↑ J.I. Packer, God’s Words, pp. 148-149.
 10. ↑ R.C. Sproul, Essential Truths of the Christian Faith (Wheaton, IL: Tyndale House, 1992),
pp. 171-172.
 11. ↑ Citado en R.C. Sproul, Born Again: Leader Guide, capítulo III, p. 19.
 12. ↑ Citado en R.C. Sproul, Born Again: Leader Guide, capítulo II, p. 17.
 13. ↑ Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co.,
1989), p. 100.
 14. ↑ John R.W. Stott, The Epistles of John (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co.,
1964), p. 136.
 15. ↑ J. Rodman Williams, Renewal Theology, Volume II, p. 50.
 16. ↑ Quoted in R.C. Sproul, Born Again: Leader Guide, Chapter II, p. 16.



Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 5 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Unidos Con Cristo



Cuando me convertí en 1972, al comienzo del movimiento carismático y del movimiento del
pueblo de Jesús, no me impresionaban los argumentos lógicos sobre Dios o la vida cristiana. La
mía era una generación irreverente, una generación que “se iluminaba y permanecía iluminada”.
Me inclinaba más a burlarme de cualquier conversación seria sobre el tema de la religión que
escuchar.
Lo que yo necesitaba era una experiencia con Dios. Y eso es exactamente lo que recibí.

Conocí a una familia cristiana cuya vida llena de gozo hizo una tremenda impresión en mí.
Hablaban de Jesús como si estuviera presente allí mismo, y se comportaban como si su vida
hiciera una verdadera diferencia para ellos. Al principio pensé que eso era original. Pero luego
sentí curiosidad. Me atrajo la calidad de su vida. Y cuando me explicaron que no siempre había
sido así para ellos sino que Jesús había cambiado su vida, comencé a desear que lo mismo
sucediera conmigo
Medita en 2 Timoteo 3:16-17. Si de verdad quieres cambiar, he aquí el boleto.

Al decir “vida cambiada” me refiero a la diferencia que Jesucristo hace en la manera, los hábitos,
y la cosmovisión de la persona, hasta en el mismo centro de su naturaleza. Esta familia era
prueba sólida de que Dios sí hace una diferencia. Y cuando yo nací de nuevo y mi vida comenzó
a cambiar, también concluí que Jesús vive.

Pero también aprendí que el cambio tiene que ver con algo más que una sola experiencia. Es
necesario que entendamos cómo es que sucede ese cambio, por qué sucede, y quién hace que
suceda. La Escritura trata directamente con esos asuntos. Aquí es donde vamos si queremos
crecer.
Una Carta a Roma
1 Después que naciste de nuevo, ¿cuál fue lo primero en tu vida que sabías que necesitabas
cambiar?




¿Cómo vencemos el pecado y vivimos victoriosamente en Cristo? Los cristianos en todo lugar
buscan respuestas a esta pregunta...muchos de ellos en los lugares equivocados. Como se
podría esperar, Dios ha dado la respuesta en su Palabra. El sexto capítulo de la epístola de
Pablo a la iglesia en Roma ha sido reconocido desde hace mucho tiempo por su esencial
contribución a la doctrina de la santificación. En este capítulo encontramos a Pablo arguyendo a
favor de un correcto entendimiento de lo que significa vivir como cristiano. Pero sería un error
tratar de descubrir el significado que Pablo da en Romanos 6 sin tomar en cuenta su contexto,
así que un breve repaso de esta epístola está en orden.

Romanos, más que ninguna de las otras epístolas de Pablo, sistemáticamente expone la
doctrina de la salvación. Luego de algunas expresiones de introducción, él suelta una dura
condena de toda la raza humana, mostrando que todos somos culpables como pecadores ante
Dios. Luego explica cómo es que Dios justifica a esos pecadores por medio de la fe en
Jesucristo. Esto es lo esencial en los primeros cuatro capítulos.

En el capítulo 5 Pablo comienza a hablar de la paz y seguridad que nos vienen como resultado
directo de la obra expiatoria de Cristo en la cruz. Ahora tenemos paz con Dios y podemos
regocijarnos en la esperanza de la gloria de Dios. Hasta podemos regocijarnos en las
tribulaciones que nos vienen porque desarrollan nuestro carácter y producen esperanza. El amor
de Dios nos ha sido derramado a través del Espíritu Santo. Y siendo que estas grandes cosas
fueron hechas por nosotros cuando éramos sus enemigos, podemos estar más que seguros de
la continua gracia de Dios ahora que somos sus amigos.

En la última parte del capítulo 5, Pablo bosqueja una comparación y un contraste entre Jesús y
Adán, mostrando que el sacrificio de Cristo más que compensa por la miseria causada por el
pecado de Adán. Termina el capítulo con estos dos versículos:
Para más estudio: Los oponentes de Pablo convencieron a la iglesia de los gálatas de que su
mensaje trivializaba la ley. Mira con qué fuerza Pablo responde en Gálatas 1:6-9 y 3:1-14.

En lo que atañe la ley, ésta intervino para que aumentara la transgresión. Pero allí donde abundó
el pecado, sobreabundó la gracia, a fin de que, así como reinó el pecado en la muerte, reine
también la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor
(Ro 5:20-21).

A Pablo le gustaría seguir describiendo las bendiciones de la justificación, pero hace una pausa,
dándose cuenta de que la última frase fácilmente podría malinterpretarse. Por tanto comienza el
capítulo 6 con un asalto frontal contra los que tratarían de torcer su significado:[1] “¿Qué
concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde? ¡De ninguna
manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?” (Ro
6:2).
“¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde? ¡De ninguna
manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?”
— Pablo el Apóstol (Romanos 6:1-2)

Cuando se predica correctamente, el evangelio de la gracia siempre estará expuesto a la
acusación de que promueve la infracción de la ley. Dondequiera que iba Pablo era acosado por
oponentes que lo acusaban de enseñar que, siendo que estaban perdonados, no importaba
cómo vivieran. Así era como distorsionaban su razonamiento: “Si Dios perdona libremente por
gracia (lo que sí hace) y si es verdad que la gracia de Dios se magnifica en el perdón del pecado
(lo que así es), entonces ¿por qué no pecar más todavía para que fluya más gracia y Dios reciba
más gloria?”

“Alto ahí”, dice Pablo. “Ustedes están pasando por alto algo fundamental. Por medio de este
evangelio morimos al pecado. Y si ese es el caso, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?”

Pablo pasa el resto del capítulo 6 contrarrestando esta acusación de faltar en el cumplimiento a
la ley, o antinomianismo. Al hacerlo así, no solamente responde a sus críticos sino que nos da
algo de la enseñanza más rica que se encuentra en el Nuevo Testamento. Pues aquí
descubrimos lo que significa estar unidos con Cristo, un lugar que radicalmente altera nuestra
relación con el pecado.
¿Estuviste Ahí?
Para más estudio: Colosenses 3:3 dice “su vida está escondida con Cristo en Dios”. Eso da
tremenda seguridad-una verdad que David capta bellamente en el Salmo 91.

Todos podemos ver a individuos en el pasado que han influenciado nuestra vida: nuestros
padres, un amigo especial, o quizás una buena maestra de primaria. Pero Jesucristo es diferente
a cualquier otro. Es seguramente cierto que muchos que nunca han nacido de nuevo han sido
influenciados por el ejemplo y la enseñanza de nuestro Señor, pero el Nuevo Testamento
siempre ha sostenido que la verdadera fe en Jesucristo lleva a una relación mucho más
penetrante e infinitamente más significante que la simple influencia moral. Pablo habla de que
“estamos en Cristo” y que Cristo “está en nosotros”. Y las implicaciones de esta misteriosa unión
son, sin ninguna exageración, asombrosas.

John R.W. Stott ha escrito,

El gran tema de Romanos 6, y en particular los versículos 1-11, es que la muerte y resurrección
de Jesucristo no son sólo hechos históricos y doctrinas significantes, sino experiencias
personales del creyente cristiano. Son sucesos en los que nosotros mismos hemos llegado a
compartir. Todos los cristianos han sido unidos a Cristo en su muerte y resurrección. Además, si
esto es cierto, es inconcebible que sigamos viviendo en pecado.[2]
2 Si pudieras compartir en los logros de uno de estos individuos famosos, ¿quién sería?

❏Martin Luther King, Jr.: Líder en la lucha por los derechos civiles

❏Winston Churchill: Político británico
❏Thomas Edison: Prolífico inventor

❏Beverly Sills: Cantante de ópera

❏Michael Jordan: Leyenda del baloncesto

❏Madame Curie: Primera persona en ganar dos premios Nobel
❏Jesucristo: Creador, Salvador, y Señor

¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús,
en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo
fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del
Padre, también nosotros llevemos una vida nueva. En efecto, si hemos estado unidos con él en
su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. Sabemos que nuestra
vieja naturaleza fue crucificada en él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de
modo que no siguiéramos siendo esclavos del pecado. (Ro 6:3-6)

Que nuestro Señor en realidad conquistó la muerte es una verdad abrumadora. Pero, tan
admirable como es esto, es quizás más notable el hecho de que se nos considera estar unidos
con Él en su muerte, sepultura, y resurrección. Pablo reitera esta verdad en otra epístola:

He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el
cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. (Gá 2:20)

Nota las frases “con Cristo” y “en mí” en los pasajes anteriores. Indican nuestra unión con
Jesucristo. Pablo usa el acto del bautismo para recordarnos estas verdades. Pero lo que está
ansioso por demostrar no es el bautismo, sino la fe que lleva al bautismo. Es sobre esta fe que
se basa nuestra presente unión con Cristo.
Para más estudio: Nótense los lugares en Juan 17 donde Jesús se refiere a estar “en” sus
discípulos y viceversa (vs. 21, 23, y 26).

De modo que, ¿cuáles son las implicaciones de esta relación? De alguna manera estamos
conectados con Jesucristo mismo. Y este es uno de esos casos en los que a quién uno conoce
es mucho más importante que lo que uno sabe - una lección que yo aprendí en un café de
Connecticut.

En 1974 Joyce, mi hermana menor, y yo visitábamos a nuestra anciana abuela en Bridgeport,
Connecticut. Un día Joyce sugirió que cruzáramos la calle para ir al café y comprar unos
sándwiches. Pero el vecindario de abuela se había deteriorado, y al nomás entrar vi que
habíamos cometido un error. El lugar estaba repleto de adolescentes de dura y amenazadora
apariencia. Todo se volvió silencio y todos los ojos se fijaron en nosotros - y nadie sonreía.

Varios pensamientos se cruzaron por mi mente. ¿Creerán que estamos invadiendo su territorio?
¿Serán lo suficientemente mayores como para saber que se pueden meter en un gran problema
por asesinar?
“¿Cómo puede una persona que vivió hace casi dos mil años radicalmente cambiar una vida
humana aquí y ahora?....¿Acaso el Jesús del pasado se convierte, de hecho, en el Jesús del
presente? El apóstol Pablo dice que así es. Y esta es la diferencia entre su influencia y la de
cualquier otra persona de influencia. Él nos toca aquí y ahora, no simplemente con las ondas de
las corrientes históricas que una vez puso en movimiento, sino al entrar en unión con nosotros
personalmente.”[3]
— Lewis Smedes

Todavía me pongo nervioso al pensar en ello. Joyce, por el contrario, estaba tan fresca como
una lechuga. Aunque atractiva y muy femenina, había pasado un par de años como directora en
un campamento de adiestramiento del Cuerpo de trabajo en Montana donde obtuvo valiosa
experiencia en cómo lidiar con delincuentes. Y en años futuros llegaría a prestar servicio como
enfermera de salud pública en Alaska, a atravesar bastante del camino en la cordillera
Appalachia, y a trabajar como enfermera de conmoción y trauma. (Estos son sólo los puntos
sobresalientes.) Creo que se podría decir que carecía de todo miedo.

Pero yo no. Mientras estábamos ahí de pie, rodeados de inminente peligro, Joyce notó mi temor.
Me dijo en un tono que yo juzgué demasiado fuerte, “¿Qué te pasa? ¿Tienes miedo?” Yo no
sentí ganas de contestar, por lo menos en ese momento. De alguna manera nos arreglamos
para conseguir los sándwiches y salimos unos pocos minutos después sin ningún incidente. Ya
seguros afuera, yo le dije a ella, “Joyce, esta es una parte peligrosa de la ciudad. Me alegro que
estés conmigo. Necesito la protección." No es lo que uno sabe, sino a quién uno conoce lo que
vale.


El Significado de Unión
Medita en Efesios 4:7-8. Qué mejor cautiverio que ser rehenes de Cristo Jesús.

Todos los cristianos-no sólo la élite espiritual-están unidos a Jesucristo. Si uno no está unido a
Cristo, no es cristiano.[4]
3 Medita en los siguientes hechos bíblicos. ¿Cuál de estos versículos te alienta más?

❏“Yo estoy contigo. Te protegeré por dondequiera que vayas” (Gn 28:15).

❏“Estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mt 28:20).

❏“Ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios...podrá apartarnos del amor que Dios
nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Ro 8:38-39).
❏“Nunca te dejaré; jamás te abandonaré” (Heb 13:5).

Nuestra unión con Cristo es una relación viviente que nos da la gracia para vencer el pecado y
vivir vidas victoriosas. Jesús es el autor y consumador de nuestra fe, el capitán de nuestra
salvación. Él es el pionero que ha ido delante de nosotros y hasta ha conquistado la muerte.
Sinclair Ferguson lo describe como el alpinista principal de un equipo que escala el santo monte
de Sión. Estamos amarrados a Él. Y es tan seguro que como Él ha triunfado, así triunfaremos
nosotros.[5]

Esta relación también se puede ver en las metáforas que nuestro mismo Señor usa cuando dice,
“Yo soy la vid y ustedes son las ramas” (Jn 15:5). Se nos dice que permanezcamos en Él, pues
aparte de Él no podemos hacer nada. La Versión Reina Valera Revisada también hace resaltar
esto: “Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también
lo seremos en la [semejanza] de su resurrección. . .” (Ro 6:5, RVR). Nuestra unión con Cristo es
dinámica, no estática. Él nos ha injertado a una relación que crece.
Medita en Filipenses 2:1. Aunque nuestra unión con Cristo es un hecho, la conciencia de ese
hecho debe generar suficiente sensibilidad.

Ya sea que nos sintamos unidos con Cristo o no es de secundaria importancia; el hecho es que
lo estamos. Este es nuestro estado como creyentes. ¿Acaso un matrimonio deja de existir sólo
porque los esposos sienten cierta distancia entre ellos? Claro que no. Permanecen legalmente
unidos aun cuando su afecto se enfríe por un tiempo. Los sentimientos - o la falta de ellos - de
ninguna manera ponen en peligro el hecho de nuestra unión con Jesús.

El matrimonio con frecuencia ofrece una bella analogía de nuestra unión con Cristo. En el
matrimonio, dos personas se juntan para formar una nueva entidad, una unión. Retienen sus
identidades individuales al mismo tiempo que emergen de una manera que es única y misteriosa.
La mujer toma el nombre de su esposo, mostrando su sumisión a él. El esposo asume la
responsabilidad por el apoyo y protección de su esposa. Tienen todos sus bienes y
responsabilidades en común, y llevan anillos como simbólica evidencia de su especial relación.

Así es cuando nos casamos con Jesucristo. Aunque retenemos nuestra propia personalidad,
nuestra naturaleza cambia dramáticamente cuando compartimos de la divina naturaleza. Ya no
somos la misma persona que éramos antes. Pertenecemos a Cristo, habiendo tomado su
nombre. Nos hemos identificado con Él, deseando ser conocidos como suyos, sin importar el
costo. Traemos a la relación todos nuestros bienes y responsabilidades y así lo hace también Él.
(¡Qué mal negocio, al parecer, para el Señor - Él recibe nuestro pecado y nosotros recibimos su
justicia!) Y por último, el bautismo es el “anillo de boda” que dice al mundo que observa que
pertenecemos a Cristo.
Para más estudio: Lee Juan 14:19. “Porque yo vivo, también ustedes vivirán”. ¡Qué promesa!

Nuestra unión con Cristo es una unión duradera y eterna. Jesús alentó a sus discípulos con la
promesa, “Así ustedes estarán donde yo esté” (Jn 14:3). El significado claro es que un día
gozaremos de la presencia física del Señor, así como ahora gozamos de su presencia espiritual.

Que el cristiano está unido a Jesucristo es un hecho claro. Pero exactamente cómo estamos
unidos a Él es un asunto de profundo misterio. Sabemos que esto lo hace el Espíritu Santo. Cito
a Lewis Smedes:

El Espíritu es el lazo viviente entre Él y nosotros. Él toma lo que es de Cristo y lo “baja” hasta
nosotros. El Espíritu siempre es representado en términos personales. Él no es como un tubo por
el que la materia llamada vida nos es derramada a nosotros que estamos al otro lado. Él siempre
es un ser viviente, dinámico creador de vida; Él nos devuelve a nuestro sentido espiritual, nos
abre los ojos a la realidad de Cristo, alimenta nuestra fe, nos disciplina, y sobre todo, nos injerta
al Cristo viviente.[6]

No hemos sido eliminados de esta unión, sino que Cristo ha sido añadido. No hemos sido
eliminados, sino que hemos sido cambiados por el Espíritu que ha tomado residencia dentro de
nosotros. Además, no se nos ha entregado una guía ni se nos ha dicho que busquemos nuestro
camino al cielo. Al contrario, se nos ha dado un Guía que nos acompañará hasta ahí
personalmente.
¿Vamos a Persistir en el Pecado?

Como notamos anteriormente, Pablo contesta esta pregunta con una resonante negativa. No
podemos persistir en el pecado, arguye él, porque “hemos muerto al pecado”.
Desafortunadamente, esta frase ha sido sujeta a mala interpretación, a veces con catastróficos
resultados.

Un popular maestro de la Biblia interpreta la declaración de Pablo como que el pecado ya no
tiene ninguna influencia en el cristiano. Hace la pregunta: Si uno recostara a un muerto en la
pared, luego desfilara ante él a un grupo de mujeres escasamente vestidas, ¿qué efecto tendría
esto en él? Ningún efecto. ¿Por qué? Porque está muerto. El pecado ya no lo puede tentar.

Aunque ciertamente es muy atractiva, esta interpretación contradice la experiencia humana y
rinde incompresible la multitud de advertencias bíblicas de evitar el pecado. Pablo nos insta a no
rendir nuestro cuerpo al pecado (Ro 6:12-14), una admonición “totalmente innecesaria si hemos
muerto al pecado de tal manera que ahora no respondemos a él.”[7]8 Los que creen que de
cierto modo están más allá de ser tentados ignoran la advertencia del apóstol a los corintios: “Por
lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer” (1Co 10:12).
Medita en Hebreos 4:14-16. Siendo que Cristo mismo fue tentado “en todo de la misma manera
que nosotros”, ¿no sería insensato fingir que nosotros no lo somos?

Algunos han tratado de entender la frase de Pablo “hemos muerto al pecado” como un
imperativo, un mandato, algo que el cristiano debe hacer. El próximo paso es insistir que todo
cristiano tenga una experiencia de “muerte al pecado” o de “muerte a sí mismo”: “Necesita morir
a sí mismo. Y si no ha sucedido, es necesario que lo considere que así es hasta que lo sea.”
“Si ustedes se consideran haber muerto en su muerte, y haber resucitado a una nueva manera
de vivir en su resurrección, el pecado ya no los dominará. Ahora viven bajo un régimen de
gracia, y la gracia no estimula el pecado, como lo hace la ley; la gracia libera del pecado y les
permite triunfar sobre él.”[8]
— F.F. Bruce

Si vemos “morir al pecado” como algo que debemos hacer, nos dirigimos hacia serio
desánimo...o algo peor. Yo creo que esta es la razón por la que muchos parecen caer tan de
repente. (¿Recuerdas a mi amigo Greg?) Luchan para mantener una apariencia externa de
victoria al mismo tiempo que por dentro su vida es una masa de frustración. Luego cuando por
fin se les acaba la gasolina, no tienen esperanza para volver a tratar. Habiendo aportado su
mejor esfuerzo, no ven cómo pueden posiblemente lograrlo.

Creo que Sinclair Ferguson tiene la interpretación más correcta de esta muerte al pecado. Él
escribe, “Pablo no nos está diciendo que hagamos algo; él está analizando algo que ya ha tenido
lugar”.[9]A pesar de nuestra continua vulnerabilidad ante la tentación del pecado, se pueden
decir dos cosas con certeza de los que han sido unidos con Cristo:
Medita en Romanos 6:18. Apréndete de memoria este versículo y tu “potencia de fuego”
aumentará inmediatamente.

Nosotros morimos a la paga (o culpa) del pecado.La Escritura dice claramente que “la paga del
pecado es muerte” (Ro 6:23). La muerte es la paga del pecado. Pero la muerte de nuestro Señor
eliminó la paga del pegado. Y porque estamos “en él”, nosotros también hemos muerto a la paga
del pecado. Otra manera de decir esto es, “Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los
que están unidos a Cristo Jesús” (Ro 8:1).

Hemos muerto al reino del pecado. Como resultado de nuestra unión con Cristo en su muerte, ya
no estamos obligados a pecar. ¡Esto es emocionante! No es que ya no podamos pecar sino que
podemos no pecar. Pablo dice, “Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no
están bajo la ley sino bajo la gracia” (Ro 6:14).
4 Indica cuáles de las siguientes declaraciones son verdaderas y cuáles son falsas.

(Las respuestas están cabeza abajo en la parte inferior de esta página)

•Todo cristiano necesita tener una experiencia de “muerte a sí mismo”V F

•Un cristiano verdaderamente maduro ya no es tentado por el pecado V F

•El cristiano santificado no lucha con tentaciones mayores V F
•Porque estoy muerto “en Cristo” la paga del pecado no me puede hacer daño V F

La esclavitud es un tema prominente en Romanos 6, donde se presentan dos tipos muy
diferentes de esclavitud. Antes de ser cristianos éramos esclavos del pecado. No teníamos otra
opción aparte de pecar. Ahora que estamos en Cristo somos esclavos de Dios. La relación de
amo/esclavo que teníamos con el pecado ha sido rota. Ahora Dios es nuestro amo. Por lo tanto
es correcto decir, “No tengo que servir al pecado hoy. He sido puesto en libertad”. Pero la única
persona que puede verdaderamente decir esto es la persona que es esclava de Dios.

Aunque hemos muerto con Cristo, la Escritura nos exhorta a dar “muerte a los malos hábitos del
cuerpo” para que podamos vivir (Ro 8:13). Esperamos que el Apéndice B, que comienza en la
página , ilumine este tema que tiene la posibilidad de confundir.
Lo Necesario Para Cambiar

Ya hemos dicho lo suficiente sobre el fundamento para la victoria. ¿Cómo funciona en la
práctica?
Yo he tenido muchas oportunidades para confiar en estas verdades en mi propia vida y
ministerio pastoral. En más de una ocasión, hombres que luchaban con fantasías sexuales me
han pedido ayuda para renovar su mente. La lujuria es un asunto completamente antitético a
toda la noción de la santidad. Los que luchan con ella se desesperan por ser liberados. Pero es
muy raro que la ayuda duradera llegue inmediatamente.

Recuerdo a un hombre en sus treinta que demostró la actitud correcta hacia este problema. Su
conciencia había sido despertada y vio su pecado bajo la luz de la santidad de Dios. Porque
quería ser libre para glorificar a Dios, estaba muy motivado y dispuesto a hacer el trabajo
necesario para crecer en santidad. Estos fueron los pensamientos que compartí con él de
Romanos 6:
Para más estudio: Lee Efesios 4:22-24. ¿Qué pasos prácticos puedes dar para implementar este
mandamiento?

Saber la verdad. “Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro
cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del
pecado” (Ro 6:6).

Debemos primero saber para poder creer. El conocimiento espiritual precede a la fe. Yo le sugerí
a este hombre que comenzara memorizándose el capítulo seis de Romanos. Pablo después
declara que “la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz” (Ro 8:6). ¿Qué mejor manera
de tener una mente espiritual que llenar la mente con la Escritura?
Respuestas: F, F, F, V

Es mucho más fácil seguir el ejemplo de Jesús de luchar contra la tentación con la Palabra de
Dios cuando esa Palabra ha sido guardada en el corazón. “En mi corazón atesoro tus dichos
para no pecar contra ti” (Sal 119:11). Necesitamos tener la verdad en nuestro corazón y en la
punta de la lengua. A medida que nos memorizamos la Escritura y meditamos en ella, seremos
transformados de enclenques espirituales que se dan por vencidos ante la más mínima
tentación, a guerreros espirituales que dicen, “Morimos al pecado; ¿cómo podemos vivir más en
él?”
“No hay nada, quizás, en todo el alcance y esfera de doctrina que, si se conoce a fondo y se
comprende, dé mayor seguridad, mayor consuelo y mayor esperanza que esta doctrina de
nuestra unión con Cristo”[10]
—D. Martyn Lloyd-Jones

Darlo por cierto. “En cuanto a su muerte, murió al pecado una vez y para siempre; en cuanto a
su vida, vive para Dios. De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado,
pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Ro 6:10-11).
5 La lucha contra el pecado comienza en tu mente. Traza una línea conectando cada uno de los
pensamientos destructivos abajo con el versículo que mejor lo refuta.
“Esta noche estoy solo...¿qué si alguien se mete a la casa?”      Fil 4:13
“Soy tan feo y gordo - de nada sirve seguir con la dieta.” 1Co 10:13
“Simplemente no me atrevo a hablar de Jesucristo a mi jefe.”      2Ti 1:7
“Nunca podré mantener mi virginidad.” Mt 19:26
“¿Cómo puedo perdonarlo por lo que hizo?”         Sal 139:14

“Este no es un juego de ‘hagamos de caso’”, escribe el teólogo F.F. Bruce. “Los creyentes deben
considerarse ser lo que Dios de hecho los hizo”.[11] Porque estamos muertos al pecado, la paga
y culpa del pecado ya no son un problema. Tenemos que agradecérselo a Jesús. Pero más allá
de esto, ya no estamos obligados a pecar, ¡sino que estamos vivos para Dios en Cristo Jesús!
Esta frase nos lleva otra vez a nuestra unión con Cristo y todas las bendiciones asociadas con
ese feliz principio.[12] “Considérense muertos al pecado” usa un término de contabilidad que
también se puede traducir como “estímense” o “calcúlense”. Si yo fuera confiable y le dijera que
he depositado dinero en su cuenta bancaria, usted lo consideraría como hecho. En esencia,
Pablo está diciendo, “No te comportes como perdedor, porque no eres perdedor. Compórtate
como el hijo de Dios que eres”.

Ofrézcanse a Dios. “No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de
injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la
vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia” (Ro 6:13).

Tenemos que escoger - muchas veces - todos los días. Podemos ofrecer las partes de nuestro
cuerpo a Dios para usarlas en justicia, o podemos ofrecerlas para uso pecaminoso. Nuestra
mente, lengua, ojos, y otras partes del cuerpo son en sí moralmente neutras. Pero la manera en
que decidimos usarlas determina si honramos o entristecemos a Dios.

Para más estudio: Nota los términos íntimos que Pablo usa en 1 Corintios 6:15-17 para describir
nuestra unión con Cristo. ¿Te motiva esto a honrar a Dios con tu cuerpo?

Los hábitos pecaminosos no se desarrollan de la noche a la mañana, y raramente cambian de la
noche a la mañana. Sólo pueden ser vencidos a través de la persistente aplicación de la verdad
de Dios. Pero como nota Jay Adams, esto requiere perseverancia:

Demasiados son los cristianos que se dan por vencidos. Quieren el cambio demasiado pronto.
Lo que en realidad quieren es el cambio sin la lucha diaria. A veces se dan por vencidos cuando
están a la puerta del éxito. Paran antes de recibir. Por lo regular se toma por lo menos tres
semanas de constante esfuerzo diario para que uno se sienta cómodo desempeñando una
nueva práctica. Y se toma como tres semanas más para hacer de la práctica parte de uno
mismo. Sin embargo, muchos cristianos no continúan ni por tres días. Si no reciben éxito
instantáneo, se desaniman. Quieren lo que quieren ahora mismo, y si no lo reciben ahora mismo,
se dan por vencidos.[13]

Una señora que conozco había sido atormentada con temerosos y depresivos pensamientos que
eran resultado de pecados cometidos contra ella en años pasados. Sus pensamientos negativos
la tenían en una cárcel espiritual. Si meditaba en esas anteriores experiencias o se encontraba
con una dificultad presente, una aguja de fonógrafo en su mente bajaba y comenzaba a tocar un
viejo disco de larga duración. Patrones de pensamiento repetidos a través de los años habían
hecho profundos surcos mentales que tocaban las mismas canciones deprimentes una y otra
vez.
“Sólo hay estas dos maneras de vivir: la vida de pecado motivada por los sentimientos que se
orienta hacia el yo, y la vida de santidad motivada por el mandamiento que se orienta hacia Dios.
Vivir según los sentimientos en vez de los mandamientos de Dios es un estorbo fundamental
para la santidad...Es una astuta ‘artimaña’ de Satanás para tentar a los hombres a pensar que no
pueden hacer lo que Dios exige porque no sienten ganas de hacerlo, o que deben hacer lo que
sienten ganas de hacer y que no pueden evitarlo”.[14]
— Jay Adams

Pero luego aprendió que no tenía que cantar con el disco. Cristo Jesús murió en la cruz para
hacer pedazos esos discos. A medida que aumentó esa conciencia, ella comenzó a reconocer
las canciones melancólicas cuando comenzaban a tocar y pronto las reemplazó con nuevos
cantos de la Palabra de Dios.

Cuando la gente oye la verdad librante de que las experiencias pasadas no tienen ya que dictar
su comportamiento presente, surge en su corazón la esperanza. Ya no es nuestro pasado, sino
el pasado de Cristo el factor decisivo en nuestra vida, porque estamos unidos a Él en su muerte
y en su nueva vida. Yo he tenido que aprender que cuando los recuerdos de pecados pasados
se me amontonan en la mente, inmediatamente debo hacer referencia a mi unión con Jesucristo.
Ahora, en vez de estar paralizado por la condenación, típicamente puedo volver esos recuerdos
en una oportunidad para dar gracias a Dios por perdonar mi pecado...aún ese.
Lancaster, Pennsylvania es hogar de un excelente ministerio para madres solteras. The House of
His Creation [La Casa de su creación] fue establecida y dirigida por Jim y Anne Pierson durante
muchos años. En una ocasión Anne me dijo de una recurrente dificultad con que se enfrentaban
sus jóvenes. Muchas de estas chicas habían quedado embarazadas como resultado de pecado
sexual, pero habían llegado a creer en Jesús y a recibir su perdón. Pero como a los cinco meses
de embarazo, cuando comenzaban a sentir a su bebé moverse dentro de ellas, recordaban
vívidamente sus antiguos pecados. Cada nueva patadita o salto interno del bebé multiplicaba su
culpa y su desánimo.
Cree en la Palabra y en el poder de Dios más de lo que crees en tus propios sentimientos y
experiencias. Tu Roca es Cristo, y no es la Roca la que sube y baja, sino tu mar.[15]
— Samuel Rutherford

Pero los hermanos Pierson ganaron al acusador en su propio juego. Anne enseñó a las jóvenes
a dejar que el movimiento del bebé sirviera como recordatorio de que Dios en verdad las había
perdonado, y que Él haría que todas las cosas resultaran para su bien. ¡Qué manera tan sabia y
creativa de tratar con la condenación!

Por medio de nuestra unión con Cristo hemos muerto a la paga y al poder del pecado. Su cuerpo
crucificado ha expiado por nuestra culpa, así como su cuerpo resucitado es nuestra promesa de
victoria. Nuestra unión con Cristo es la base para nuestra liberación de la esclavitud del pecado.
Es tan inalterable como inmerecida; tan suficiente como cierta. Si tan siquiera buscamos saber la
verdad, considerarla que así es, y luego ofrecernos en consistente obediencia a Dios, pasaremos
de fe a fe, de fortaleza a fortaleza, y de gloria a gloria.
Discusión En Grupo

  1. ¿Alguna vez te has identificado tan íntimamente con la experiencia de otra persona que te
parece como que lo habías experimentado tú?
  2. En tus propias palabras, trata de describir este misterio de estar unido con Cristo.
  3. ¿Cómo podemos considerarnos “muertos al pecado” cuando todavía somos tan susceptibles
a la tentación?
  4. . En vista de este capítulo, ¿cómo explicarías tú 1 Juan 2:1?
  5. . “No es que no podemos pecar”, escribe el autor, “sino que podemos no pecar” (página ).
¿Qué quiere decir?
  6. ¿Cómo cambiará este capítulo la manera en que tú resistes al pecado?

Lectura Recomendada

Men Made New por John R.W. Stott (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1966, 1984)

Romans Chapter Six: The New Man por D. Martyn Lloyd-Jones (Grand Rapids, MI: Zondervan
Publishing House, 1972)
Referencias

  1. ↑ D. Martyn Lloyd-Jones, Romans Chapter Six: The New Man (Grand Rapids, MI: Zondervan
Publishing House, 1972), pp. 4-6.
  2. ↑ John R.W. Stott, Men Made New (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1966, 1984), p.
30.
  3. ↑ Lewis Smedes, Union with Christ (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1970;
edición revisada, 1983), p. xi.
  4. ↑ D. Martyn Lloyd-Jones, Romans Chapter Six,p. 39.
  5. ↑ Sinclair Ferguson, Christian Spirituality: Five Views of Sanctification, Donald L. Alexander,
ed. (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1988), p. 49.
  6. ↑ Lewis Smedes,Union with Christ, p. 32.
  7. ↑ John R.W. Stott, Men Made New, p. 40.
  8. ↑ F.F. Bruce, The Letter of Paul to the Romans: An Introduction and Commentary (Grand
Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1985), pp. 129-130.
9. ↑ Sinclair Ferguson, Christian Spirituality, p. 55.
 10. ↑ D. Martyn Lloyd-Jones, Romans Chapter Six, p. 30.
 11. ↑ F.F. Bruce, The Letter of Paul to the Romans, p. 132.
 12. ↑ D. Martyn Lloyd-Jones, Romans Chapter Six, pp. 106-148 para una discusión completa de
estos versículos.
 13. ↑ Jay E. Adams, The Christian Counselor’s Manual (Grand Rapids, MI: Zondervan
Publishing House, 1973), p. 185.
 14. ↑ Idem., p. 118
 15. ↑ Citado en Sinclair Ferguson, The Christian Life, pp. 25-26.



Por C.J. Mahaney. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 6 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/La Batalla Contra el Pecado


En su libro titulado A Nation of Victims: The Decay of American Character [Una nación de
víctimas: El desmoronamiento del carácter americano], el autor Charles Sykes hace la siguiente
observación: “A través del siglo pasado, el triunfo del pensamiento terapéutico ha sido tan
completo que con frecuencia se pasa por alto; lo que comenzó con el Dr. Freud es ahora lo
básico de los programas de charla por la televisión durante el día, rutina en la política, casi
reflexivo en asuntos de justicia criminal y ética”.[1]

Ya que haya oído o no haya oído la frase, sin duda se ha encontrado con el pensamiento
terapéutico. Se ve en la sala tribunal cuando el abogado del asesino en serie pide lenidad a base
de que su cliente fue rutinariamente abusado por su padre alcohólico. Dice que la mayoría de
nosotros nos criamos en familias “disfuncionales”, ofreciendo así una explicación y excusa por
nuestro comportamiento. En vez de enfatizar la responsabilidad personal, subraya la manera en
que hemos sido psicológicamente afectados por nuestro ambiente. Como nota el científico social
Dr. James Deese, el pensamiento terapéutico “está tan arraigado en las actitudes americanas
modernas que apenas se puede desafiar.”[2]
Medita en Colosenses 2:8. ¿Cómo podemos protegernos para no ser tomados cautivos?

Sorprendentemente, la única institución que está mejor equipada para desafiar la tendencia
terapéutica en realidad ha contribuido a su popularidad. Hablo de la Iglesia. En vez de exponer
los errores de la psicoterapia, la Iglesia americana en la mayoría de los casos ha dado una
aceptación sin crítico...aunque hay algunas francas excepciones. En su libro Biblical Medical
Ethics, el Dr. Franklin Payne comenta, “La psicoterapia, como psicología y psiquiatría, necesita el
más crítico y detallado examen por los cristianos evangélicos...Muchos cristianos son más
influenciados por los conceptos de los psicoterapistas seculares que por la Palabra de Dios.”[3]
Los cristianos evangélicos y carismáticos tienen fronteras sin protección por las que las ideas
psicológicas se deslizan fácilmente.[4]
—William Kilpatrick

He conocido a muchos de los cristianos que el Dr. Payne está describiendo. No hace mucho se
me pidió que predicara en un retiro de hombres en otra iglesia. Al final de una sesión se me
acercó un hombre que se me presentó y luego comenzó a hablarme de su situación difícil. Se
había criado en una familia disfuncional. Era co-dependiente. Padecía de muy baja autoestima.
En el espacio de los primeros dos minutos usó casi todas las palabras psicológicas de moda que
existen.

Fue un encuentro incómodo. Yo no estaba ansioso por discrepar con él. Nunca lo había
conocido antes, y quería que él experimentara mi cuidado e interés. Pero a medida que seguía y
seguía parecía obvio que él daba por hecho de que yo estaba de acuerdo con él. Y no era así.
¿Por qué? Aunque él hablaba un impecable psicoparloteo, su diagnosis omitía toda referencia a
la palabra con “P”. . . .
1¿Qué cosas en la vida de Jesús podrían hacer que un asesor le recomiende que se una al
movimiento de recuperación?




Pecado.

Dichas omisiones lamentablemente son la norma hoy en la literatura cristiana popular y en los
programas de charla por la radio. Vamos tras una comprensión más profunda de nosotros
mismos (como la define el movimiento de recuperación) en vez de una convicción más profunda
del pecado (como la define la Escritura). Nos interesamos más en nuestras propias necesidades
y sentimientos que en el carácter y los mandamientos de Dios. No es de sorprender que no
estamos madurando como Él quiere.
Nuestro Problema Más Serio

Escribiendo hace un siglo, J.C. Ryle ofreció una aguda pero sencilla explicación por las
deficiencias que observó en la Iglesia: “Las confusas o indistintas opiniones sobre el pecado son
el origen de la mayoría de los errores, herejías, y falsas doctrinas de los días presentes...yo creo
que una de las principales necesidades de la Iglesia en el siglo diecinueve ha sido, y es, una
enseñanza más clara, más plena sobre el pecado.”[5]Si esto era cierto durante su generación,
cuánto más cierto es hoy.

Pero hemos ido un paso más allá. La enseñanza contemporánea sobre la autoestima ha
reemplazado a la doctrina del pecado. Considera esta declaración de un autor bien conocido:

No creo que se haya hecho nada en el nombre de Cristo ni bajo la bandera del cristianismo que
haya probado ser más destructivo para la personalidad humana, y por tanto contraproductivo al
esfuerzo evangelístico, que la no cristiana, inculta estrategia de tratar de hacer que la gente se
dé cuenta de su condición perdida y pecaminosa.[6]
Decir que nuestra primera necesidad en la vida es aprender sobre el pecado podría sonar
extraño, pero en el sentido deseado es profundamente cierto. Si tú no has aprendido sobre el
pecado, no puedes entenderte a ti mismo, ni a los demás, ni el mundo en que vives, ni la fe
cristiana. Y no le podrás encontrar sentido a la Biblia. Porque la Biblia es una exposición de la
respuesta de Dios al problema del pecado humano, y a menos que tengas ese problema
claramente ante ti, seguirás perdiendo el punto de lo que dice...por lo tanto, está claro que
necesitamos fijar nuestra mente en lo que nuestros antepasado hubieran llamado ‘claras
opiniones sobre el pecado’.[7]
— J.I. Packer

Este pastor dice que llamar al pecado “rebelión contra Dios” es “superficial y un insulto al ser
humano”.[8] Su convicción acerca del inherente valor del hombre lo lleva a la singular conclusión
de que una nueva “reforma” está en orden. Mientras que el énfasis de Martín Lutero en la
salvación por gracia a través de la fe transformó a la Iglesia en el siglo dieciséis, dice él, las
iglesias de hoy deben reconocer el derecho sagrado de autoestima que tienen todas las
personas.

Yo no pongo en duda la sinceridad del hombre, pero sus declaraciones son falsas. De hecho,
son falsa doctrina. El énfasis moderno en la autoestima se ha convertido en una alternativa
inaceptable para las doctrinas bíblicas de justificación y santificación.

Justificación. Jesús no murió en la cruz para mejorar nuestra autoestima. Él murió para expiar
por nuestro pecado. Y aún así la cruz nos enseña una crucial lección sobre nuestro valor: Cada
uno de nosotros merecemos la ira de Dios. Como manifestación de la inmerecida misericordia de
Dios, la cruz revela la profundidad y la seriedad de nuestro pecado. Anthony Hoekema señala
esto:
Para más estudio: La NIV Complete Concordance ofrece una lista de 466 veces en las que
aparece la palabra “pecado” (o un derivativo) en la Escritura. Para un entendimiento bíblico de
este vital tema...simplemente comienza a leer.

En el mundo de hoy hay poco énfasis en la doctrina bíblica del pecado. Pero la persona con un
frívolo sentido del pecado y de la ira de Dios contra nuestro pecado ni sentirá la necesidad de ni
comprenderá la doctrina bíblica de la justificación. Cuando el pecado se ignora, se minimiza, o se
redefine ya no vivimos conscientes de nuestra desesperante necesidad de Jesucristo ni
apreciamos lo que Él hizo en la cruz por nosotros.[9]

A menos que comprendamos la naturaleza del pecado y cuán ofensivo es a Dios, jamás
entenderemos por qué la cruz fue necesaria. Jamás nos maravillaremos ante la gracia.
Con frecuencia he oído decir, ‘Si yo hubiera sido la única persona en la tierra, Jesús con todo
hubiera muerto por mí’. Aunque nuestro Señor hubiera dado su vida por solamente una persona,
ciertamente no hubiera sido porque esa persona fuera tan valiosa, sino porque Dios es clemente.
Por lo tanto, algo así apenas debe considerarse como una fuente de orgullo o de valor propio.
Que yo arguya que Jesús hubiera muerto por mí aunque yo fuera la única persona en la tierra
simplemente indica que solamente mis pecados, sin el resto de ustedes para contribuir su parte,
eran suficientes para exigir el severo castigo que Jesucristo asumió en mi lugar. Ante esa
realidad, debemos llorar por el desinteresado sacrificio de nuestro Señor en vez de encontrar en
ella una oportunidad más para sentirnos bien con nosotros mismos.[10]
—Dan Matzat

Santificación.Un claro entendimiento de la doctrina del pecado también es imperativo para la
santificación. La Escritura revela que nuestro estorbo más serio para el crecimiento es el pecado
contra Dios. El movimiento de recuperación, por otro lado, insiste en que las necesidades sin
atender, el dolor, las emociones dañadas, o la baja autoestima son la raíz de nuestras
dificultades. Las dos conclusiones están irreconciliablemente opuestas.
Para más estudio: Muchas de las referencias que hace la Biblia a la compasión de Dios se
pueden encontrar en los Salmos (9:12,18; 34:18; 147:3) y en Isaías (49:13; 61:1).

No estoy negando la realidad ni la severidad del dolor que experimentamos cuando los demás
pecan contra nosotros. Es crítico que no se me entiendas mal aquí. La Biblia hace numerosas
referencias a los que están afligidos y oprimidos. Pero por favor comprende: El dolor no es
nuestro problema principal. Jesús dijo, “Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos
pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la
maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos
males vienen de adentro y contaminan a la persona” (Mr 7:21-23; ve también Stg 1:14-15).

Demasiados de nosotros “sentimos la realidad de nuestras heridas más que el hecho de nuestro
pecado”.[11] Pero si nosotros genuinamente queremos conformarnos a la imagen de Jesucristo,
esto tendrá que cambiar. Nuestra libertad y madurez dependen de ello. El modelo terapéutico da
un mal diagnóstico de nuestro problema principal, y por tanto prueba ser incapaz de ofrecer una
solución eficaz. Pero una vez que reconocemos el pecado como la fuente de nuestro problema,
de repente tenemos una solución bíblica y esperanza bíblica para cambiar. Esta se llama la
doctrina de la santificación.
Poda Tu Propio Césped

La santificación es un proceso de arrepentimiento que dura toda la vida (no de recuperación) y
obediencia (no sanidad interna) que resulta en santidad (no integridad) para la gloria de Dios (no
la satisfacción personal). Esta doctrina es sucintamente expresada en Colosenses 3:1-17. Si
todavía no lo has hecho, por favor toma un minuto para leer ese pasaje antes de continuar.
Medita en Colosenses 1:15-20. Juzgando por esta descripción, ¿crees que Jesús es suficiente
para regenerarte y redimirte?

Es importante ver la transición que Pablo hace en este tercer capítulo. Los primeros dos
capítulos de Colosenses enfatizan la supremacía y suficiencia de Cristo. Él enfatiza esto otra vez
al comienzo del capítulo 3. Pablo conscientemente evitó enseñar a los colosenses sobre la
santificación antes de que primero entendieran la obra de Cristo por ellos y dentro de ellos.
Hasta que captaran lo que significa ser reconciliados con y regenerados por Dios, él sabía que
no serían debidamente motivados por la gracia.

Ni nosotros tampoco. Esto es porque el segundo y el tercer capítulos de este libro subrayan la
regeneración y nuestra unión con Cristo. También hemos escrito un libro sobre la doctrina de la
justificación llamado This Great Salvation [Esta gran salvación]. Como Pablo, queremos motivar
por gracia. Una vez se ha establecido ese fundamento, entonces podemos ir tras la santidad sin
desviarnos hacia el legalismo o el libertinaje.

Pablo define el proceso de la santificación con dos sorprendentes frases: Debemos “abandonar”
el pecado y “revestirnos” de rectitud (Col 3:8,12). Es sólo por lo que Cristo ha logrado en la cruz
y el milagro de regeneración que podemos obedecer estos mandamientos. Y sin embargo esos
dos imperativos sobrenaturales ahora nos dejan sin excusa. Si la gracia no resulta en santidad,
entonces no hemos entendido correctamente lo que es la gracia. Dios totalmente espera que
cambiemos, crezcamos, y maduremos. Como exhorta F.F. Bruce, “Ahora sean (en práctica de
verdad) lo que saben que son (por un acto divino)”.[12]
Aunque el poder para tener un carácter santo viene de Cristo, la responsabilidad de desarrollar y
exhibir ese carácter es nuestra. Este principio parece ser uno de los más difíciles de entender y
aplicar. Un día sentimos nuestra responsabilidad personal y tratamos de vivir una vida santa en
la fortaleza de nuestra propia fuerza de voluntad. El próximo día, dándonos cuenta de la futilidad
de confiar en nosotros mismos, lo entregamos todo a Cristo y renunciamos a nuestra
responsabilidad que está fijada en la Escritura. Necesitamos aprender que la Biblia enseña total
responsabilidad y total dependencia en todos los aspectos de la vida cristiana.[13]
— Jerry Bridges

Por favor fíjate que Pablo dice que debemos “abandonar” y “revestirnos”. Tenemos el privilegio y
la responsabilidad de participar en el cambio. Aunque la santificación no es una obra menos
sobrenatural del Espíritu Santo que la regeneración, hay una diferencia fundamental: en la
santificación tenemos un papel crítico. “Dios obra en nosotros y con nosotros”, dijo el gran pastor
puritano John Owen, “no en contra de nosotros ni sin nosotros”.
Para más estudio: ¿Cómo contestarías a alguien que concluyera que “todo esfuerzo es malo”
después de leer Zacarías 4:6?

Frases como “Deja de tratar y comienza a confiar” o “Desiste y deja que Dios” se prestan para
imprimir en placas populares pero expresan una mala teología. Los que dicen que “Todo
esfuerzo es malo” se equivocan tristemente. En realidad, la Biblia nos instruye a que busquemos
“la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb 12:14). Esta es esfuerzo motivado por gracia,
por supuesto, no obstante es esfuerzo. Dios no nos ha dicho que oremos o que simplemente
confiemos en Él para recibir santidad; Él dice, “ejercítate en la piedad” (1Ti 4:7). Hemos de
obedecer en el poder del Espíritu Santo.

Pablo clarifica esta combinación de la obra de Dios con nuestra responsabilidad cuando escribe,
“lleven a cabo su salvación (no trabajen para) con temor y temblor, pues Dios es quien produce
en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (Fil 2:12-13).
Aunque nuestro esfuerzo aparte de la obra de Dios sería inútil, la santificación no se puede
delegar a Dios. Cada uno de nosotros debe podar su propio césped.

¿Qué forma toma nuestra responsabilidad? ¿Cómo cumplimos con el mandamiento bíblico de
deshacernos del pecado? La Escritura ofrece una estrategia de dos partes.
Estrategia #1: Atacar el Pecado

Me encanta la postura ofensiva contra el pecado del Nuevo Testamento. En ninguna parte es
eso más evidente que en el mandamiento terso del apóstol Pablo a los colosenses: “Por tanto,
hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal” (Col 3:5). En la batalla por la
santidad personal, la agresividad es tanto un mandamiento como una necesidad. Debemos ser
implacables. Debemos ir al ataque.
Necesitamos cultivar en nuestro propio corazón el mismo odio al pecado que tiene Dios. El odio
al pecado como pecado, no sólo como algo inquietante o destructivo para nosotros, sino como
algo desagradable a Dios, yace en la raíz de toda santidad.[14]
— Jerry Bridges


Pablo usa aquí una violenta metáfora no simplemente para captar nuestra atención sino para
subrayar un aspecto crítico de la santificación. Hemos de matar cualquiera y toda manifestación
de pecado en nuestro corazón. Debemos tomar la iniciativa para matar el pecado a diario.

Jesús llegó hasta decir, “si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una
sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno” (Mt 5:29). Él también
recomendó amputarse una mano por la misma razón. ¿Jesús ordenaba una mutilación de
verdad aquí? Yo creo que no, porque la mano o el ojo no es la causa principal. Jesús a propósito
usó imágenes vivas para decir: Debemos reconocer la seriedad del pecado y tratar
decisivamente con él. Resistir el pecado cuando somos tentados no es suficiente. Debemos dar
pasos drásticos para atacar y matar el pecado en nuestra vida. John Owen nos exhorta a ir tras
“una victoria sobre él, e ir tras una conquista completa... el pecado no morirá de otra manera,
sino sólo al ser gradual y constantemente debilitado; si lo excusas, él sana sus heridas y recobra
fuerza”.[15]

La disciplina espiritual de dar muerte al pecado, de otra manera conocida como mortificación, es
una área muy descuidada de la verdad. La mayoría de nosotros tenemos tanta familiaridad con
este tema como con las letrinas. “Nuestros padres hablaban de mortificar el pecado”, nota
Sinclair Ferguson.[16] And J.I. Packer laments, “It is a theme on which no contemporary writing of
significance seems to be available.”[17] Eso no es sorprendente, pero es revelador. ¿Puedes
imaginarte un libro titulado ¡Muerte al pecado! como un éxito de librería?
Podemos tomar consuelo para nuestra alma si sabemos algo de la lucha y el conflicto interno. Es
el invariable compañero de la genuina santidad cristiana...¿Encontramos en lo más profundo de
nuestro corazón una lucha espiritual? ¿Sentimos algo de la carne que codicia contra el espíritu y
el espíritu contra la carne...? ¿Nos damos cuenta de dos principios dentro de nosotros que
contienden para dominar? ¿Sentimos algo de la guerra en nuestro hombre interior? Bueno,
¡demos gracias a Dios por ello! Es una buena señal. Muy probablemente es evidencia de la gran
obra de la santificación...Evidentemente no somos amigos de Satanás...El mero hecho de que él
nos asalta debe llenar nuestra mente de esperanza.[18]
— J.C. Ryle
Medita en 2 Corintios 10:3-5. En términos de guerra espiritual, ¿Pablo era un “halcón” o una
“paloma”?

La mortificación no es popular porque tiende a ser difícil. Pregunta a la persona que está
tratando de someterse alegremente a un jefe que repetidamente le ha negado un ascenso bien
merecido. Pregunta a la pareja de recién convertidos, que están sin casarse y que ahora deben
controlar los deseos sexuales que han gratificado por años. Pero escucha: esto no es un fin de
semana de golf. Esta es una guerra. La santidad y el discipulado son guerra.

Atacar el pecado no es algo complejo. Y aunque yo quiero decir esto con sensibilidad, también
quiero decirlo con firmeza: Tu habilidad para atacar el pecado no depende de tu pasado. No
tenemos ninguna excusa aceptable para el pecado. Nunca se considera como una debilidad
comprensible.

Vivir como cristiano quiere decir vivir en las trincheras. Sinclair Ferguson lo dice tan bien como lo
podría decir cualquiera:
¿Qué es, entonces, esto de matar el pecado? Es la constante batalla contra el pecado que
debemos llevar a diario - negarse a permitir que el ojo desvaríe, que la mente contemple, que los
afectos vayan tras cualquier cosa que nos apartará de Cristo. Es el deliberado rechazo de todo
pecaminoso pensamiento, sugerencia, deseo, aspiración, hecho, circunstancia o provocación en
el momento en que nos damos cuenta de su existencia. Es el consistente esfuerzo por hacer
todo lo que está en nuestro poder para debilitar el apretón que tiene el pecado en general, y sus
manifestaciones en nuestra propia vida en particular. No se logra con sólo decir “no” a lo que es
malo, sino con una determinada aceptación de todas las buenas y espiritualmente nutritivas
disciplinas del evangelio.[19]
Medita en Gálatas 5:16-17. ¿Por qué todo cristiano genuino experimenta inquietud interna?

¿Describe esto tu actitud? ¿Hacia cuál fin están dirigidas principalmente tus energías, recreación
o justicia? ¿Indulgencia a sí mismo o control de sí mismo? ¿Estás preparado para hacer lo que
sea necesario para ganar la guerra? Si así es, ¿cuál es tu estrategia para atacar el pecado en tu
vida ahora mismo?
Estrategia #2: Evitar el Pecado

Atacar el pecado no es todo lo que incluye el proceso de santificación. Debemos también evitar
el pecado. Como seguidores de Jesucristo, somos llamados a una vida que se distingue de la
cultura que nos rodea: “Como tenemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de
todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de
nuestra santificación” (2Co 7:1). ¿Cuáles son estas promesas que nos motivan a purificarnos y a
buscar la santidad? La propia oferta de Dios de estar singularmente presente entre su pueblo a
medida que nos separamos del mundo: “Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios,
y ellos serán mi pueblo” (2Co 6:16).
Para más estudio: Lee Santiago 1:27. ¿Puedes escribir dos o tres maneras específicas en las
que el cristiano podría ser “corrompido por el mundo”?

En un sentido, sería más fácil si Dios nos dijera que nos separáramos físicamente de la cultura.
Pero Dios específicamente prohíbe eso (1Co 5:9-10), y por el contrario nos nombra embajadores
(2Co 5:18-20). Ningún embajador trabaja con efectividad si está aislado. Hemos de relacionarnos
con nuestra cultura sin reflejar nuestra cultura, siempre navegando entre lo secular y lo justo.

Nuestra carne constantemente nos ruega que seamos indulgentes, pero Pablo nos dice “no se
preocupen por satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa” (Ro 13:14). Eso quiere decir
distanciarnos de todo lo que nos pueda tentar para pecar. Pablo dijo lo mismo a los corintios en
términos más claros: “Huyan de la inmoralidad sexual” (1Co 6:18)...no dijo luchen con ella.

Aunque José vivió mucho antes que fuera escrito el Nuevo Testamento, él es un ejemplo de la
manera en que debemos evitar el pecado (Gn 39:6-20). Por algún tiempo la esposa de su amo
había tratado de seducirlo. Por fin, frustrada por la integridad de él, ella lo asió del manto y le
dijo, “¡Acuéstate conmigo!”.
2 Cuando la tentación llega, tenemos dos reacciones básicas: luchar o huir. Marca lo que tú
crees que sería la correcta reacción ante cada una de las tentaciones de la lista siguiente:

Repentino temor de que alguien se meterá a robar en tu casa
❏Luchar ❏Huir

Curiosidad por el número de la revista Playboy sobre la política del Medio Oriente
❏Luchar ❏Huir

Deseo de “entrar en hibernación” cuando los amigos te decepcionan
❏Luchar ❏Huir

Fuerte sentido de ira cuando tu hijo derrama tu café
❏Luchar ❏Huir
Deseo de pasar por el bar (cantina) “sólo para ver a los viejos amigos”
❏Luchar ❏Huir

Ahora, José pudo haber visto esto como una cita divina. Pudo haber pensado: “Esta podría ser la
oportunidad ideal para compartir con ella lo que Dios ha hecho en mi vida”. Pero él no coqueteó
con la tentación. Ni siquiera lucho con ella. Simplemente huyó, dejando a la esposa de Potifar
con el manto en la mano.

Me puedo imaginar uno de los criados caminando afuera de la casa cuando de repente, ¡gush!
Una borrosa imagen humana sale por la puerta como un relámpago a una velocidad increíble.

-¿Qué fue eso?

José. El hombre de Dios. Corriendo para salvarse la vida.

-¡Señor!- dice sin aliento después de correr media milla. -¡Ayúdame!-

-Te estoy ayudando. Sólo sigue corriendo. Aléjate de esa mujer lo más que puedas-.

Es algo inteligente huir de la tentación. Es algo idiota quedarse ahí parado y tratar de vencerla
con una mirada intensa. Sin embargo, algunos hubieran respondido a la situación de José de
esta manera:
Esforzarse por conocer las maneras, tretas, métodos, ventajas, y ocasiones del éxito del pecado
es el comienzo a esta guerra.[20]
— John Owen

-Dios, siento que la tentación comienza a desarrollarse. Clamo a ti, Señor. Por favor líbrame de
esta situación.-

-Yo voy a librarte,- dice Dios. -¡Corre!-

-Señor, confío en que tú me librarás. Líbrame ahora mismo de sentir esta lujuria.-

-Esto no sucederá hasta que yo no vuelva, y no voy a volver en los próximos cinco minutos. Así
que ¡a correr, Don Cabeza de Papa!-

-Señor, te doy gracias. Tú me has hecho nacer de nuevo, y yo sé que tu poder obra en mí.
Mayor es el que está en mí que el que está en el mundo.-

-Sí, así es, y el Mayor te está diciendo, ‘¡Muévete!’ ¡Mueve el cuerpo y muévelo ya!-

Si tomas en serio la santificación, no estarás tratando de ver cuánto te puedes acercar a la orilla
de la acera. Estarás preparado para conducir al otro lado de la calle, si es necesario, para evitar
el pecado. Y en las áreas en las que sabes que eres vulnerable, estarás obedeciendo el
mandamiento de Jesús: “Estén alerta y oren para que no caigan en tentación” (Mt 26:41).
Medita en 1 Timoteo 6:11. ¿Cuánto tiempo te toma, como promedio, para huir de la tentación
una vez la has reconocido?

Necesitamos cultivar la habilidad de discernir dónde es que nos inclinamos más a pecar. De esa
manera podremos desarrollar una estrategia para evitar la tentación. Las áreas de vulnerabilidad
serán diferentes, pero cuidarse no es una opción para ninguno de nosotros.

¿En qué área(s) necesitas desarrollar una estrategia para evitar? Quizás puedas comenzar con
cualquier cosa que hayas estado pensando al leer esta sección.
Una Nueva Mudada de Ropa
Como vimos anteriormente en Colosenses, quitarnos el pecado es sólo la mitad de la ecuación.
Pablo nos exhorta, “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto
entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia” (Col 3:12). No sólo debemos
quitarnos el pecado, sino que debemos revestirnos de justicia (Ef 4:22-24).

“Estos dos factores”, escribe Jay Adams, “siempre deben estar presentes para poder efectuar
genuino cambio. El quitarse no será permanente sin el revestirse. Revestirse es algo hipócrita y
temporal, a menos que vaya acompañado de quitarse...La santificación continúa mientras el
creyente a diario se aparta del pecado / a la justicia”.[21]
Para más estudio: Lee Apocalipsis 3:4-6. ¿Puedes identificar cuatro promesas en este pasaje?

Por ejemplo, si Dios ha expuesto el materialismo o la avaricia en tu corazón, arrepiéntete y luego
comienza sistemáticamente a reemplazarlo con la generosidad. Comienza con pagar fielmente el
diezmo a tu iglesia local; añade a eso las ofrendas, y busca oportunidades de dar en secreto
también. Quizás tiendes a criticar a los demás. Si así es, confiesa el pecado de orgullo y
conscientemente enfócate en animar y honrar a los demás. Si el egoísmo es un tema recurrente,
ponte en situaciones que te exijan servir.

Lo que debe ser inmediatamente obvio es que el carácter no se puede desarrollar ni refinar en el
aislamiento. Para cultivar una vida de justicia y fructífera necesitamos el contexto de una iglesia
local. Por ejemplo, puedo ser un modelo de paciencia...con tal que esté solo. Puedo pasar días
estudiando el tema de la compasión sin nunca encontrarme con alguien que necesite cuidado. A
menos que tenga interacción con los demás soy simplemente incapaz de juzgar dónde es que
necesito crecer.

El hecho es que hay muy pocos rasgos como los de Cristo que podemos desarrollar aparte de
las relaciones en la iglesia. ¡Necesitamos gente para practicar! Si deseamos cambiar, nos
comprometeremos con una iglesia donde los individuos toman en serio las exhortaciones
bíblicas de animar y corregir.
3 Después de leer Colosenses 3:12-17, elige el rasgo de carácter cristiano que se menciona ahí
(humildad, amabilidad, etc.) que más te gustaría desarrollar. Durante la próxima semana o dos,
aparta tanto como cinco momentos devocionales para meditar sobre las Escrituras que subrayan
esa área. También, pide a Dios maneras específicas de aplicar lo que aprendas.

Character Trait:


Día uno:
Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación


Día dos: Two:
Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación


Día tres:
Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación


Día cuatro:
Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación


Día cinco:
Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación
Como quizás ya habrás percibido hasta ahora, luchar contra el pecado no sucede sin esfuerzo.
Incluye la genuina confesión, el arrepentimiento, la obediencia a la Escritura, la responsabilidad
ante los demás, y la consistente práctica de las disciplinas espirituales. También necesitarás
valor y perseverancia. “No hay caminos rápidos ni fáciles hacia la madurez espiritual”, dice R.C.
Sproul. “El alma que busca un nivel más profundo de madurez debe estar preparada para una
larga, ardua tarea”.[22]
Es parte de la sana experiencia cristiana gozar de un continuo grado de liberación de los
pecados...Pocas cosas dan al cristiano tanto alivio y ánimo como el recuerdo de pecados que
una vez lo dominaban, pero que ha conquistado por el poder el Espíritu de Dios.[23]
— J.I. Packer

Pero ¿sabes cómo se siente crecer? ¿Sentir el placer y la presencia de Dios? ¿Oír su voz?
¿Saber que estás contribuyendo al avance de su reino? Nada se compara con esa experiencia.
Y esta es la admirable recompensa de Dios para todos los que están dispuestos a quitarse el
pecado y revestirse de justicia.

Permíteme impartir nueva esperanza en ti. No importa lo que hayas experimentado en el pasado,
- por la gracia de Dios - puedes cambiar. Por medio de una determinada estrategia para atacar y
evitar el pecado y al revestirte de justicia, puedes ser una persona dramáticamente distinta para
estos días el próximo año.
Dicusión Grupo

1. Imagínate que estás en el jurado enjuiciando al asesino en serie que se menciona en la
página . Está claro que el hombre fue golpeado con frecuencia por su padre que era alcohólico
durante la niñez. ¿Cuánto influenciaría eso tu veredicto?

2. “Nos hemos interesado más por nuestras propias necesidades y sentimientos que por el
carácter y los mandamientos de Dios”, dice el autor. (Página ) ¿Cuál es un ejemplo?

3. ¿Qué significa para ti autoestima?

4. ¿El mensaje de la cruz te hace sentir más o menos seguro respecto a tu identidad?

5. ¿Por qué es que el movimiento de recuperación es incapaz de subsanar nuestras
necesidades más profundas?

6. Identifica el problema que está en la raíz de cada una de las siguientes situaciones:
-Desde que fue violada en la universidad, a Ana le han disgustado y ha desconfiado mucho de
los hombres
-Guillermo quiere un divorcio porque su esposa le demuestra muy poco afecto
-Cuando está bajo intensa presión, María alienta pensamientos de suicidio
-Roberto, que creció visitando a su padre solamente los fines de semana, es un adicto al trabajo

7. . ¿Cuál es la mayor distinción entre la santificación y la regeneración?

8. ¿Por qué es que las relaciones en la iglesia son tan esenciales para el crecimiento del
carácter?

9. . ¿En qué área de tu vida necesitas más una “nueva mudada de ropa”?
Recommended Reading

The Pursuit of Holiness por Jerry Bridges (Colorado Springs, CO: NavPress, 1978)

The Practice of Godliness por Jerry Bridges (Colorado Springs, CO: NavPress, 1983)
Holiness por J.C. Ryle (Welwyn, Hertfordshire, England: Evangelical Press, 1979)

The Enemy Within por Kris Lundgaard (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 1998)
Referencias

  1. ↑ Charles J. Sykes, A Nation of Victims: The Decay of the American Character (New York,
NY: St. Martin’s Press, 1992), p. 33.
  2. ↑ Idem.
  3. ↑ Franklin E. Payne, Jr., M.D., Biblical/Medical Ethics: The Christian and the Practice of
Medicine (Milford, MI: Mott Media, Inc., 1985), p. 155.
  4. ↑ William K. Kilpatrick, Psychological Seduction: The Failure of Modern Psychology
(Nashville, TN: Thomas Nelson, Inc., 1983), p. 24.
  5. ↑ J.C. Ryle, Holiness (Welwyn, Hertfordshire, England: Evangelical Press, 1979), p. 1.
  6. ↑ Robert Schuller, citado por Michael Scott Horton en Made in America: The Shaping of
Modern American Evangelicalism (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1991), p. 78.
  7. ↑ J.I. Packer, God’s Words (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1981), p. 71.
  8. ↑ Citado en Anthony A. Hoekema, Created in God’s Image (Grand Rapids, MI: Eerdmans
Publishing Co., 1986), p. 106.
  9. ↑ Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co.,
1989), p. 153.
 10. ↑ Dan Matzat, et al., Power Religion: The Selling Out of the Evangelical Church?, Michael
Scott Horton, ed. (Chicago, IL: Moody Press, 1992), p. 256.
 11. ↑ Larry Crabb, Men and Women (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1991), p.
114.
 12. ↑ F.F. Bruce, The New International Commentary on the New Testament: Colossians,
Philemon, and Ephesians (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1984), p. 140.
 13. ↑ Jerry Bridges, The Practice of Godliness (Colorado Springs, CO: NavPress, 1983), pp.
75-76.
 14. ↑ Jerry Bridges, The Pursuit of Holiness (Colorado Springs, CO: NavPress, 1978), p. 32.
 15. ↑ Citado en Packer, God’s Words, pp.184-185.
 16. ↑ Sinclair Ferguson, The Christian Life (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1989), p.
158.
 17. ↑ J.I. Packer, God’s Words, p. 182.
 18. ↑ J.C. Ryle, Holiness, p. 55.
 19. ↑ Sinclair Ferguson, The Christian Life, p. 162.
 20. ↑ John Owen, Temptation and Sin (Evansville, IN: Sovereign Grace Book Club, edición
reimpresa, 1958), p. 31.
 21. ↑ Jay E. Adams, The Christian Counselor’s Manual (Grand Rapids, MI: Zondervan
Publishing House, 1973), pp. 177, 179.
 22. ↑ R.C. Sproul, The Soul’s Quest for God (Wheaton, IL: Tyndale House, 1992), p. 7.
 23. ↑ J.I. Packer, God’s Words, p. 185.



Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 7 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Las Herramientas Del Oficio (I)




Allá por los días cuando un paquete de cigarrillos todavía costaba 35 céntimos yo fumaba
mucho. Algunos podrían decir que era amigo de la nicotina, un tipo regular al estilo Chesterfield.
Yo era un adicto al tabaco y lo sabía.
Dejar de fumar no era el problema - lo había hecho una docena de veces. Pero cuando el deseo
de fumar se hacía muy fuerte, yo comenzaba otra vez. Así que decidí dejar de comprar
cigarrillos. Eso tampoco dio resultado. Sólo me convirtió en una molestia para mis amigos, ya
que siempre estaba pidiéndoles cigarrillos. En mi punto más bajo, me encontré sacando del
cenicero colillas medio fumadas.

Por este tiempo me di cuenta de que el Espíritu Santo me estaba redarguyendo de mis pecados
y acercándome a Jesús. Aunque mi fumar era solamente una de las evidencias de mi estado
interno, parecía simbólico de mi vida entera. Estaba atrapado. Cada vez que había intentado
dejar de fumar había fracasado. No podía ver cómo jamás podría vencer este hábito. Ni tan
siquiera estaba seguro de que quería hacerlo.

Sabía que Jesús iba principalmente tras mi corazón, no mi hábito. Con todo, no me podía
imaginar seguirlo y fumar al mismo tiempo. Así que una noche pregunté a Larry, un creyente a
quien acababa de conocer, si un tipo podía ser cristiano y seguir fumando. Esa era mi versión de
la pregunta de los fariseos para atrapar a Jesús sobre el pago de los impuestos al César.
Pensaron que podían atraparlo de cualquier manera que contestara.
Medita en Romanos 8:29. ¿Cuál es el aspecto del carácter de Jesús que te gustaría de verdad
ver en tu propia vida?

Mi estrategia era algo como esto. Si Larry contestaba, “No - nadie puede ser cristiano y fumar,”
yo solemnemente pronunciaría su respuesta como legalista y contraria al principio de que Dios
mira el corazón. Por otro lado, si decía, “Sí, no hay problema”, entonces yo podía despedir el
cristianismo como un conjunto sin significado de creencias que no tenían ningún poder. Pero la
pregunta no era totalmente cínica. Parte de mí desesperadamente quería creer - y ser libre.

Bueno, Larry me dio una respuesta con la que yo no había contado. “Supongamos”, dijo, “que tú
quisieras animar a alguien a confiar en el Señor. ¿Crees que tendrías más efecto como testigo
con un cigarrillo en la mano o sin uno?”

Hmmmm...buena respuesta. De repente el asunto no era el fumar, sino si yo quería que mi vida
glorificara a Dios o no. En realidad era un asunto de motivo.

No soy de la opinión de que a la persona con verdadera fe en Jesucristo se le negaría la entrada
al cielo por tener un paquete de cigarrillos en su bolsillo. Pero eso no tiene nada que ver con el
asunto, pues el propósito de Dios en la santificación es que seamos conformados a la imagen de
Jesucristo. Y yo no puedo imaginarme a Jesús acercarse a la mujer samaritana (Jn 4:7-18) y
decir, “¿Tienes fuego? Gracias. Ahora, hablemos de tu pecado. ¿Cuántos esposos has tenido?”
Gracia no es simplemente poca severidad cuando hemos pecado. Gracia es el don de Dios que
permite no pecar. Gracia es poder, no sólo perdón.[1]
— John Piper

Por cierto, yo ya no soy un tipo regular al estilo Chesterfield. Dios tenía medios disponibles para
ayudarme a dejar el vicio - los mismos medios que examinaremos en estos dos próximos
capítulos. Pero, de primera importancia era mi motivo. Dios siempre ayudará a aquel cuyo motivo
es correcto, que en realidad quiere glorificarlo y hacer su voluntad. Pero no nos dejará usarlo
simplemente para mejorar la calidad de nuestra vida o cambiar nuestras circunstancias. El no
busca nada menos que nuestro corazón. En la santidad, el motivo siempre precede a los medios.

Antes de ahondar más en la próxima sección, repasemos rápidamente lo que hemos aprendido
hasta aquí sobre el plan de Dios para la santificación. Somos nuevas creaciones que gozamos
de una viva unión con Jesucristo. Pero todavía estamos en una batalla. Experimentamos tanto
guerra como paz interior; luchamos con el pecado y reposamos en Cristo.
1 ¿Puedes encontrar un versículo bíblico que demuestra que somos impotentes para ganarnos
la salvación de Dios? (Si no sabes dónde buscar, trata Efesios capítulo 2.)
Un claro entendimiento de esta tensión entre el “ahora y el todavía no” te guardará de ciertas
serias mal interpretaciones. Por ejemplo, sólo porque te encuentras con severas tentaciones y
batallas espirituales no quiere decir necesariamente que has cometido algo malo. Una persona
santa no es la que nunca tiene ningún conflicto espiritual, ni que ya ha alcanzado la perfección.
Más bien, una persona santa es la que se está haciendo más como Cristo a través del proceso
de obedecer a Dios en medio de las luchas cotidianas de la vida.
Aprendamos del Maestro

Como la mayoría de los hombres, yo tengo gran afición por las herramientas. Todavía puedo
recordar mi emoción cuando mis amigos me dieron una caja de herramientas nuevecita,
completamente equipada en la fiesta de mi despedida de soltero. No me aguantaba porque
terminara la fiesta para poder jugar con mis nuevas herramientas. De hecho, estaba tan ansioso
que me herí el dedo tratando de abrir la caja.
Para más estudio: Lee Romanos 3:9-12. ¿Consideras ésta una justa descripción de ti mismo? Si
no, ¿qué evidencia bíblica encuentras a lo contrario?

Cualquier cristiano genuino admitirá que tiene seria necesidad de reparación espiritual. ¡Qué
seguridad tenemos en saber que el Espíritu Santo tiene las herramientas correctas para hacer
esas reparaciones - para santificarnos! Todavía más importante, él personalmente tiene la
responsabilidad de enseñarnos cómo usar esas herramientas para que maduremos y
cambiemos. Y Él nos puede enseñar cómo usarlas sin que nos hagamos daño a nosotros
mismos.

Como la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo es quien cambia nuestra vida. El
Espíritu de Dios participa en nuestra salvación de principio a fin. Ser regenerados (nacidos de
nuevo) es nacer del Espíritu. Tanto el arrepentimiento como la fe - los dos lados de la conversión
- son dones que da el Espíritu.<ref>Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI:
Eerdmans Publishing Co., 1989), p. 29.</ref> Él está activo en nuestra justificación y en nuestra
adopción. Él nos llena, intercede por nosotros, nos sella en Cristo para el día de la redención, y
al final nos glorificará.
Dios no deja ni tan siquiera el asunto de la conversión finalmente en manos del hombre...Ni
tampoco Dios deja al riesgo incierto nuestro crecimiento y perseverancia y santidad. Más bien, Él
dice, ‘Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes’
(Ezequiel 36:27). Es el Señor mismo quien obra en nosotros para querer y hacer su buena
voluntad (Filipenses 2:12-13; Hebreos 13:21).[2]
- John Piper

Pero ahora nos ocupamos con el Espíritu Santo en su papel como santificador. Somos los que
han sido “elegidos...según la previsión de Dios el Padre, mediante la obra santificadora del
Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser redimidos por su sangre” (1P 1:2). A través del resto
de este capítulo y el próximo, examinaremos algunas de las herramientas con las que Él tan
eficazmente obra en nosotros.
La Palabra de Dios

La Biblia es la singular revelación de Dios al hombre. Nos dice verdades que jamás podríamos
encontrar en ninguna otra fuente, como la manera en que comenzó el mundo, lo que sucede
después que morimos, y así por el estilo. También nos dice algunas cosas que jamás
hubiéramos querido saber: somos nacidos en pecado, estamos en necesidad de redención, y
somos incapaces de agradar a Dios por nosotros mismos. ¡Alguien ha dicho que la Biblia debe
ser la Palabra de Dios porque el hombre jamás escribiría algo tan desaprobante de sí mismo!
Medita en Jeremías 23:29. ¿Alguna vez has sentido el poder de la Palabra de Dios como se
describe en este pasaje?

La Biblia no nos adula, ni tampoco enseña - como lo hacen virtualmente todas las religiones -
que el hombre puede perfeccionarse a sí mismo. De hecho, la Escritura es pesimista hasta el
extremo respecto a la innata habilidad del hombre. Es por eso que es una herramienta tan
valiosa y esencial en la santificación del hombre. Jesús mismo confirmó esto cuando oró al
Padre, “Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad” (Jn 17:17).

El libro clásico de John Bunyan, El Progreso del Peregrino empieza cuando el héroe, Cristiano,
encuentra “el libro”...y ese fue el comienzo de sus problemas. Pero también fue el comienzo del
final de sus problemas. El Espíritu Santo y la Biblia conspiran juntos para convencernos de
nuestra gran necesidad de Dios. Pero tal como descubrió Cristiano, ellos nos convencen para
poder convertirnos, y nos convierten para poder transformarnos:

Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y de lo cual estás convencido, pues sabes de
quiénes lo aprendiste. Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la
sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es
inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia.
(2 Ti 3:14-16)
Medita en Salmo 32:8-9. Si ignoramos la Escritura, Dios quizás tenga que sacar la brida y el
freno.

Como Pablo hace claro en esta carta a Timoteo, la Escritura tiene un singular poder para
producir cambio en el cristiano. Nos enseña las leyes y los caminos de Dios, luego nos reprende
cuando no cumplimos con esa instrucción. Pero también nos corrige. No sólo nos dice que
estamos equivocados; sino que nos vuelve a levantar y nos pone en el camino recto. Finalmente,
nos instruye en justicia, enseñándonos cómo vivir.

¿Alguna vez has notado que se usan muchas vívidas metáforas para describir la Palabra de
Dios?

Es nuestro alimento y bebida espiritual. “No sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale
de la boca del SEÑOR” (Dt 8:3). La escritura es leche para los pequeños y comida sólida para
los maduros (Heb 5:12-14).

Es un espejo. “El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el
rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es” (Stg
1:23-24). La Biblia nos muestra a nosotros mismos tal como Dios nos ve. Es una verificación de
la realidad, que revela quién y qué en realidad somos.

Es una luz. “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero” (Sal 119:105). La
Escritura nos muestra la manera en que debemos vivir y lo que debemos evitar.

Es semilla. “Un sembrador salió a sembrar...La semilla es la palabra de Dios” (Lc 8:5,11).
Cuando se siembra en el buen terreno de un corazón receptivo, da mucho fruto.

Es una espada.“Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que
cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la
médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb 4:12).

Lo que todas estas figuras tienen en común (y hay más) es la absoluta necesidad y utilidad de la
Escritura. Nada sobre la Biblia es superfluo, y no necesita suplemento. Es suficiente para todas
las cosas que tienen que ver con la salvación y la santidad, “a fin de que el siervo de Dios esté
enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Ti 3:17).
Para más estudio: ¿Es suficiente solamente oír la Palabra para producir cambio? (Ve Mateo
7:24-27; Juan 14:21-24; Santiago 1:22))

En generaciones pasadas, la inspiración e infalibilidad de la Santa Escritura ha sido atacada
repetidamente. Hoy la suficiencia de la Biblia es puesta en duda por los que sugieren, abierta y
sutilmente, que es incapaz de tratar con algunos de los interrogantes más profundos y
necesidades más fundamentales de la humanidad. Pero la Biblia de ninguna manera depende de
ninguna fuente externa de conocimiento. Es más que suficiente. Este maravilloso libro es la
herramienta principal del Espíritu Santo para cambiarnos.

¿Cómo ocurre ese cambio? Cuando oímos y aplicamos la Palabra de Dios, que también se
conoce como obediencia. Eso sólo sucederá consistentemente a medida que nos
comprometemos con las siguientes disciplinas:
Algunos amigos míos practican una disciplina de ‘no Biblia, no desayuno’. Algunos la leen por la
noche. Otros pasan momentos con Dios durante el día. Pero yo no conozco a ninguno que tenga
un andar profundamente espiritual que no pase tiempo todos los días con Dios en su Palabra. Es
indispensable. Exige de un compromiso específico.[3]
— Jerry White

Apartar un tiempo regular para leer la Biblia...y cumplir con la cita. Lo primero por la mañana es
para muchos el mejor momento. Por supuesto que eso quizás signifique acostarte más temprano
para dormir lo suficiente. Si no estás leyendo tu Biblia regularmente, y no pareces poder ponerlo
en tu horario, es porque algo menos importante se ha hecho muy importante. Averigua lo que es
y haz cambios. Sé despiadado.
2 Según una encuesta de Barna, 73% de los norteamericanos dicen que es importante leer la
Biblia. Un asombroso 93% de hogares en los Estados Unidos tienen por lo menos una Biblia.
Pero fíjate con cuánta frecuencia en realidad se abren esas Biblias...luego marca el cuadrado
que refleja más correctamente tu propio hábito de lectura.

En una semana promedio, los norteamericanos leen la Biblia...

❏Todos los días 12%

❏Varios días 15%

❏Un día 16%
❏Nunca 57%

Una distracción mayor son las noticias y la información. En esta edad de comunicación instante y
global, muchos cristianos pasan más tiempo con los periódicos, revistas de noticias, y noticieros
que con el Señor. Ahora hay más cosas que nunca para sobresaltarnos, airarnos, asustarnos, y
robarnos tiempo precioso. Pero no hay manera posible para poder controlar o responder a todo
lo que está sucediendo. Por supuesto que no estoy sugiriendo ignorancia o inacción, pero si el
periódico o las noticias de la noche invaden tu estudio de la Biblia, entonces es tiempo que
hagas ajustes mayores.

Comprométete a un plan de estudio específico.Leer a través de la NIV Study Bible me ha dado
buen resultado a mí. De esta manera me veo obligado a leer esas porciones de la Escritura que
podría considerar menos importantes o menos interesantes. Se toma una lectura completa de la
Biblia para desarrollar una imagen completa de Dios. Como dijo una vez el difunto A.W. Tozer,
“Podemos tener una opinión correcta de la verdad solamente al atrevernos a creer todo lo que
Dios ha dicho de sí mismo”.<ref>A.W. Tozer, Gems From Tozer (Harrisburg, PA: Send the Light
Trust/ Christian Publications, Inc., 1969), p. 4.</ref>
Para más estudio: Timoteo se benefició inmensamente al tener a Pablo como su mentor. Para
ver el impacto de esta relación lee 2 Timoteo 1:13-14 y 3:10-15.

Hay un buen número de buenos recursos que pueden mejorar tu tiempo diario con la Palabra.
Hemos puesto unos cuantos en la sección “Lectura recomendada” al final de este capítulo. Variar
tu método de vez en cuando hará más placentera y beneficiosa esta disciplina.
La palabra escondida comunica el pensamiento de guardar algo para los tiempos de futura
necesidad. Hacemos esto al meditar continuamente en la Palabra de Dios, al pensar
constantemente en ella, y aplicar sus verdades a las situaciones diarias de la vida. Yo
personalmente he encontrado que un programa sistemático para memorizar la Escritura es
absolutamente necesario para la continua meditación en la Palabra de Dios. No puedo pensar
durante el día lo que no tengo en mi corazón.[4]
— Jerry Bridges

Busca a alguien que te ayude. Tu estudio de la Biblia acelerará grandemente al relacionarte con
un mentor cristiano. Aprenderás mucho simplemente al preguntar, “¿Cómo es que tú estudias la
Escritura?” También te beneficiará (aunque no sin cierta vergüenza) cuando él o ella te pregunte,
“Así que...¿de verdad lo estás haciendo?” Ser responsable ante otra persona es de gran
beneficio. Sólo mira que la persona que te pide cuentas no tenga similares defectos - ni el don de
misericordia.

Guarda la Palabra de Dios en tu corazón memorizándote la Escritura. Pablo indica la
transformación interna que ocurre a medida que comenzamos a dejar que la Biblia dé forma a
nuestros pensamientos y actitudes: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados
mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena,
agradable y perfecta” (Ro 12:2). La memorización quizás no te sea fácil, pero a medida que tejes
la Palabra en la tela de tu vida, estarás bien preparado cuando venga la tentación o la
adversidad.
Una Conciencia Limpia

Esto afirmo. No puedo hacer lo contrario...mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No
puedo y no retraeré en nada, pues ir contra mi conciencia no es ni correcto ni seguro. Que Dios
me ayude. Amén7<ref>Quoted in Roland Bainton, Here I Stand: A Life of Martin Luther
(Nashville, TN: Abingdon Press, 1950), p. 185.</ref>

La famosa defensa de Lutero ante la Dieta de Worms [en inglés ‘lombrices’] (ese era el nombre
del concilio oficial que lo enjuició, ¡en serio!) indica el importante lugar que ocupa la conciencia
en la vida del cristiano. También tiene un lugar importante en nuestra santificación.

Todos nosotros sin duda nos hemos encontrado con esta misteriosa facultad llamada conciencia.
Cuando, en el sexto grado, yo tiré un aro de goma a un grupo de estudiantes por la puerta del
aula, no esperaba golpear a nadie en el ojo. Pero así fue. Y cuando mi compañera de clase gritó
de dolor, ni ella ni ninguno de los demás sabía lo que había sucedido. Pero mi conciencia sí lo
sabía e insistió en que yo tomara responsabilidad por lo que había hecho. Yo luché contra ello,
tratando de salir con cualquier posible excusa, pero fue en vano. Mi conciencia se negó a
soltarme del anzuelo. La única manera de silenciarla fue admitir mi culpa y aceptar las
consecuencias.

Este incidente ilustra el rasgo más extraordinario de la conciencia - los juicios que declara son
completamente objetivos e imparciales.<ref>Ole Christian Hallesby, Conscience (Minneapolis,
MN: AugsburgPublishing House, 1933), p. 14.</ref> En otras palabras, uno nunca puede ganar
un argumento con su conciencia. Siempre está trabajando, hasta en los sueños. Puede funcionar
como testigo, al decir lo que ve u oye. Puede funcionar como abogado, acusándonos por delitos
o, en raras ocasiones, defendiéndonos. También puede funcionar como juez, entregando
veredictos categóricos que no pueden ser apelados.
Medita en Romanos 1:20-21. ¿Por qué no hay excusa para rechazar la ley moral de Dios?

-Mentiste-, proclama la conciencia.

-¡No mentí! Sólo decía la verdad a modo de no causar ningún conflicto innecesario.-

-Mentiste.-

La conciencia no discute el asunto. Sólo lo declara. Esta es la razón por la que la conciencia
lleva a algunos a la distracción y por la que harán todo lo posible por apagarla, o amortiguarla
con el alcohol o las drogas.
¡Grande en realidad es el poder de la conciencia! Poderosa es la influencia que puede ejercer en
el corazón de los hombres! Puede infundir terror en la mente de monarcas en su trono. Puede
hacer temblar y sacudir a las multitudes ante unos cuantos valientes amigos de la verdad como
una manada de ovejas. Tan ciega y equivocada como la conciencia con frecuencia es, incapaz
de convertir a un hombre o de llevarlo a Cristo, con todo es una parte muy bendita de la
constitución del hombre, y la mejor amiga en la congregación que tiene el predicador del
evangelio.[5]
— J.C. Ryle

La palabra en sí quiere decir “saber junto con”. El teólogo Ole Hallesby explica el significado de
esta definición:

Es, entonces, no simplemente un saber, un conocimiento junto con algo o alguien. Tampoco
necesitamos tener duda respecto a junto con qué es lo que el hombre en su conciencia sabe.
Entre todas las razas...es una característica del hombre que él en su conciencia sabe junto con
una voluntad que está sobre y por encima de la suya propia...Esta voluntad, que es la voluntad
de Dios, es lo que los hombres llaman la ley o la ley moral, o sea, la ley según la cual la vida del
hombre debe vivirse.<ref>Ole Christian Hallesby, Conscience, p. 12.</ref>

Aunque imparcial, la conciencia no es infalible. Puede estar mal informada. Puede ser
demasiado sensible. O, si ha sido represada rutinariamente, quizás yo sea absolutamente
sensible. La persona que ignora su conciencia se dirige al desastre. Pronto perderá la habilidad
de distinguir entre la iniquidad y la justicia, entre el bien y el mal. Esto explica mucho sobre
nuestra sociedad...y sobre mi primer encuentro con las drogas

Cuando yo tenía dieciocho años un amigo me dio un porro (un cigarrillo de mariguana). Era 1968
y las drogas acababan de comenzar a filtrarse en los suburbios de Washington, D.C. donde yo
vivía. Yo sabía que era ilegal. Yo sabía que era malo. Mi conciencia me gritaba...pero yo lo hice
de todos modos. Un par de días después me fumé otro porro, y otra vez sonó la sirena de mi
conciencia. Sólo que esta vez no era tan fuerte. Después de media docena de veces, casi ni la
podía oír. Como resultado, poco a poco perdí mi compás moral. En esas raras ocasiones cuando
apenas podía distinguir la voz de mi conciencia, la consideraba como una molestia y una
aguafiestas.

Si el hombre cauteriza su conciencia pronto la verá como una maldición. Pero Dios no dio la
conciencia para bendecirnos. No siempre trae noticias placenteras. Puede excusar como
también acusar, felicitar como también condenar. Y como dijo Pablo al joven Timoteo, la
conciencia es una salvaguarda esencial de la vida cristiana:

Timoteo, hijo mío, te doy este encargo porque tengo en cuenta las profecías que antes se
hicieron acerca de ti. Deseo que, apoyado en ellas, pelees la buena batalla y mantengas la fe y
una buena conciencia. Por no hacerle caso a su conciencia, algunos han naufragado en la fe.
(1Ti 1:18-19)

Puede que la conciencia sea una arma sencilla, pero es altamente eficaz en la batalla contra el
pecado. “No hacerle caso a la conciencia” es lo mismo que cometer suicidio espiritual.
3 Lee Efesios 4:25-32, luego toma un minuto para escuchar a tu conciencia. ¿Te das cuenta de
alguna ofensa sin confesar contra Dios u hombre?




Una conciencia limpia es uno de los beneficios más preciosos del nuevo nacimiento. “Así que,
hermanos, mediante la sangre de Jesús,” dice el escritor de Hebreos, “Acerquémonos, pues, a
Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una
conciencia culpable” (Heb 10:19,22; Heb 9:14). ¡Qué gracia la de Cristo de purgarnos con su
sangre de las asquerosas manchas de nuestros pecados pasados! Ahora que tenemos una
conciencia limpia, debemos esforzarnos para mantenerla así.

La conciencia funciona como una luz de advertencia en el tablero de mandos de nuestra vida, y
necesitamos poner atención cuando se enciende intermitentemente. El proceso es el mismo que
cualquier mecánico de automóviles seguiría: determinar de dónde proviene la dificultad y luego
corregirla. Por lo regular la solución tiene que ver con confesar el pecado y pedir perdón.

Después de cometer adulterio con Betsabé y de asesinar a Urías, el rey David siguió como si
nada hubiera ocurrido durante meses ignorando la luz roja de su conciencia. Él nos escribe
sobre su experiencia en el Salmo 32:
Medita en Hechos 24:16. ¿Pablo daba por sentado la conciencia?

Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados.
Dichoso aquel a quien el SEÑOR no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay
engaño. Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir todo el día.
Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre
mí. Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: ‘Voy a confesar mis
transgresiones al SEÑOR’, y tú perdonaste mi maldad y mi pecado. Por eso los fieles te invocan
en momentos de angustia; caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ello no los alcanzarán.
(Sal 32:1-6)
Para más estudio: Escribe Salmo 139:23-24 en una tarjeta pequeña y ponla en un lugar donde te
sirva de recordatorio diario.

Mientras David guardó silencio su conciencia no calló. El pecado sin confesar lo llevó a la
angustia espiritual y física. Pero el perdón y la liberación le llegaron tan pronto como reconoció
su comportamiento y se arrepintió. El testimonio de David muestra que una conciencia limpia
podría curar muchos de los problemas que tenemos, incluso muchos que son llamados
“enfermedades mentales” o “depresión”.
Se llegó el momento de que nosotros los cristianos hagamos frente a nuestra responsabilidad
con la santidad. Con demasiada frecuencia decimos que somos ‘derrotados’ por este o aquel
pecado. No, no somos derrotados; simplemente somos desobedientes. Podría ser algo bueno si
dejáramos de usar las palabras ‘victoria’ y ‘derrota’ para describir nuestro progreso en la
santidad. Más bien debemos usar las palabras ‘obediencia’ y ‘desobediencia’.[6]
— Jerry Bridges

Cuando el cristiano tiene una conciencia saludable, le advertirá antes de iniciar un acto malo.
Durante el acto la conciencia podría guardar silencio. Pero después de verdad se dejará oír. Las
palabras, los pensamientos, las actitudes, y los motivos también pasan bajo su implacable
escrutinio. Recuerda - esto es una bendición.

Una conciencia activa fomenta el examen de sí mismo que marca al cristiano en crecimiento. Es
una tremenda aliada de la verdad.Como se mencionó arriba, el peligro principal es que faltamos
en obedecer a la conciencia y ésta se cauteriza. El cristiano sin una conciencia limpia puede ser
chantajeado por el enemigo. Al haber perdido un equipo de navegación tan crucial, ya no puede
discernir el curso correcto, y corre el riesgo de naufragar. Esto no es algo insignificante.
Para más estudio: Para entender las opiniones de Pablo sobre la conciencia débil y la conciencia
fuerte, lee 1 Corintios 8:4-13 y 10:23-33.

Pero una conciencia hipersensible puede ser un problema tan grande como la que se ha
cauterizado. Esto no es raro entre los cristianos serios, especialmente cuando son recién
convertidos. Los que tienen lo que a veces se llama una conciencia demasiado escrupulosa o
débil, viven en un continuo estado de injustificada culpa. “Aquí lo más insignificante puede
producir una conciencia malvada, de hecho, una ansiedad muy insoportable. Puede ser, o un
acto insignificante, o un pequeño pensamiento o una palabra descuidada”.<ref>Ole Christian
Hallesby, Conscience, p. 142</ref> Un pedazo de basura en el suelo que no se recoge se
convierte en un pecado mayor porque “comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo
hace” (Stg 4:17). O un comentario de improviso que no es absolutamente correcto se convierte
en una mentira premeditada.
Durante esos ataques de duda, cuando el creyente en un grado excepcionalmente marcado
pierde contacto con la gracia que puede sentir, su vida entera en Dios cae fuera de balance,
como quien dice. Todos los valores espirituales se distorsionan, y tiende a perderlos totalmente
de vista. Ya no parece poder beneficiarse de sus anteriores experiencias cristianas ni de su
anterior perspicacia sobre asuntos espirituales. Los asuntos esenciales y los no esenciales se
convierten en una confusa masa en lo que a él respecta. Dios le enseñará en momentos así
cuán impotente es en sí mismo tanto en la moralidad como en la religión. [7]
— Ole Christian Hallesby

Como ilustran estos ejemplos, los que tienen una conciencia demasiado escrupulosa yerran al
exaltar la letra del versículo bíblico por encima del espíritu del versículo. Recuerda, Dios está
más interesado en el motivo del corazón que en los detalles externos.

También es posible que falten en distinguir entre la tentación y el pecado. Es cierto que con
frecuencia la una lleva al otro, pero no son lo mismo. La tentación es inevitable, pero no es
necesario que dé a luz el pecado. Como dijo Lutero, “No puedes evitar que los pájaros vuelen
sobre tu cabeza, pero puedes evitar que hagan un nido en tu pelo”.

Mi consejo a los que tienen una conciencia hipersensible es que busquen el consejo de un
cristiano maduro - un pastor o el líder de un grupo pequeño que pueda ayudarles a separar lo
esencial de lo no esencial. También la activa participación en el ministerio de grupos pequeños
de tu iglesia es indispensable para mantener una conciencia saludable.
4 ¿Cuál de los siguientes considerarías ser pecados dignos de arrepentimiento? (Marca todos
los que apliquen.)

❏Dejar un poco de chicle masticado debajo del asiento frente al tuyo en la iglesia.

❏Fantasear brevemente de que tu suegra se ha mudado a Nepal.

❏Doblar a la izquierda con la luz en rojo en el único semáforo en el pueblo a las 2:47 a.m.

❏Dejar que pase una semana sin bañar a tu niño pequeño.
❏Tirar una lata vacía de refresco que pudo haber sido reciclada.
La Oración

La oración es nuestra cuerda salvavidas de comunicación con Dios. A través de la oración
tenemos una avenida para acercarnos a nuestro Padre celestial y expresar nuestra gratitud y
comunicarle nuestras necesidades. Es una oportunidad de múltiples facetas para tener comunión
con el Creador del universo. La oración consistente, persistente nos cambia tan profundamente
como cualquier otro medio usado por el Espíritu Santo.

La Biblia nos anima, “Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos.
Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos” (Ef 6:18). Hay por lo menos
tres clases de oración que contribuyen grandemente a nuestra santificación. Examinémoslas
individualmente.

La oración como un clamor de liberación del pecado. Es difícil imaginarse una situación más
desesperante que en la que Jonás se encontraba. Habiendo desobedecido el mandato de Dios
de ir a Nínive, acabó en el estómago de un gran pez. La oración era su única esperanza:

Entonces Jonás oró al SEÑOR su Dios desde el vientre del pez. Dijo: ‘En mi angustia clamé al
SEÑOR, y él me respondió. Desde las entrañas del sepulcro pedí auxilio, y tú escuchaste mi
clamor’. (Jon 2:1-2)
No sólo te sientes ahí solo o apartado colgando la cabeza, y sacudiéndola y mordiéndote los
puños preocupado y buscando una salida, sin nada más en tu mente que lo malo que te sientes,
cuánto sufres, qué pobre tipo eres. ¡Levántate, perezoso tunante! ¡De rodillas! ¡Levanta las
manos y los ojos al cielo![8]
— Martin Luther

No importa cuán desesperante sea el predicamento, nuestro primer paso para ser liberados del
pecado es siempre hacia el Señor. Este paso se logra a través de la oración. Cuando yo sé que
he pecado, la salida no es complicada - sólo difícil. El Espíritu Santo me dirige a clamar pidiendo
misericordia, a confesar mi pecado, y a pedir perdón.

La promesa de Dios está clara: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos
los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1Jn 1:9). La palabra griega que se traduce aquí
como “confesamos” significa “decir la misma cosa” - estar de acuerdo con Dios de que en verdad
hemos pecado. Él ya sabe cuál es nuestro pecado. Él solamente está esperando que nosotros
nos hagamos responsables del pecado. Una vez lo hagamos, Él promete perdonarnos y
purificarnos. Yo encuentro interesante que la base para el perdón de Dios no es su misericordia,
sino más bien su fidelidad y justicia. Podemos someter con confianza nuestras peticiones a Dios
por lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz.
Medita en Salmo 86:1-7. Aunque merecemos su ira, Dios nos ama grandemente cuando
clamamos pidiendo liberación del pecado.

La oración por libertad de pecado es una manifestación de verdadero humildad. Y humildad es
necesaria para experimentar gracia.

La oración es una petición de dirección. Yo recuerdo los tiempos justo antes de pedir a mi
esposa que se casara conmigo. ¡Vaya, si en serio quería recibir dirección de parte de Dios! Sólo
la cantidad de las oraciones pidiéndole dirección debió haber comunicado claramente al Señor
que yo de verdad quería saber cuál era su voluntad.

Recibir dirección tiene que ver con más que solamente la oración, por supuesto. Por ejemplo,
exige de estudio bíblico y fiel aplicación de la sabiduría que ya poseemos. Anticipa que
tengamos una sincera determinación para hacer la voluntad de Dios suceda lo que suceda, y
una disposición a oír la multitud de consejeros que misericordiosamente Él pone a nuestro
alrededor. Pero la oración es primordial en la dirección simplemente porque nos mantiene en
constante contacto con Aquel que nos dirige por sendas de justicia por amor a su nombre (Sal
23:3).

Nadie puede reducir a una fórmula la verdadera dirección. Consiste en oír y obedecer, una
relación constante reforzada por la comunicación regular, y en reposar en las seguras promesas
de Dios. Mi propia opinión es que el cristiano que se propone a hacer la voluntad de Dios
encontrará muy difícil no ver esa voluntad si es que es una persona de oración.
5 Describe brevemente un incidente cuando recibiste liberación o dirección de Dios como
resultado de la oración.




La oración como sumisión a la voluntad de Dios.En el huerto de Getsemaní, Jesús hizo la
oración más conmovedora de todas: “Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo:
pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22:42). Iba acompañada de un fuerte clamor a
Dios y una presión tan intensa que Cristo sudó gotas de sangre. Fue expresada cuando estaba
sin la compañía de ningún ser humano, porque sus amigos más cercanos se habían dormido.
Nuestro Señor estaba solo. Aquí, en su hora de mayor prueba, Jesús nos dio un modelo de
verdadera sumisión, una humildad que lo cualificó para heredar la tierra.

Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, los aviones aliados hicieron llover sobre Alemania
grandes bombas incendiarias. Ciudades como Dresde y Hamburgo quedaron completamente
destruidas. Uno de los sobrevivientes de Dresde fue John Noble, un ciudadano norteamericano
que junto con su familia fue puesto bajo arresto en su casa cuando estalló la guerra.<ref>John
Noble, I Found God in Soviet Russia (London: Lakeland, Marshall, Morgan and Scott,
1959)</ref> Tenía 22 años de edad.
Para más estudio: Lee Hebreos 12:7-13. ¿Qué promesa encontramos aquí que nos motiva a
someternos a Dios?

Después que se rindieron los poderes del Axis en 1945, John esperaba volver a los Estados
Unidos. Pero los comunistas soviéticos controlaban ahora esa parte de Alemania, y ellos tenían
otros planes para él. Fue encarcelado bajo un pretexto y durante los próximos diez años fue
sujeto al más inhumano trato que uno se pueda imaginar. Sólo una pequeñísima fracción de los
prisioneros sobrevivieron. Los que habían padecido bajo los alemanes y los comunistas dijeron
que aunque los nazis eran mucho más crueles y vengativos en su trato de los prisioneros, los
comunistas eran más mortíferos, ya que sistemáticamente hacían morir de hambre a los que
estaban en sus garras.

Aunque Noble se había criado en un hogar cristiano, su fe no se extendía mucho más allá de la
asistencia superficial a la iglesia. Se daban gracias a Dios antes de comer, pero las oraciones, si
se hacían, no salían del corazón. Su padre, un anterior ministro, se había vuelto más y más
materialista a través de los años. Llevó a la familia a Alemania a mediados de los 1930 para
dirigir una fábrica de cámaras. Así es como quedaron atrapados en Alemania cuando las tropas
de Hitler comenzaron a marchar.
Medita en Filipenses 1:20-21. Una vez más, Pablo sirve como un perfecto modelo y ejemplo.
¿Cuál era una de sus preocupaciones mientras se enfrentaba con la probabilidad de ser
ejecutado?

En la cárcel a todos los prisioneros repetidamente se les negaba comida por largos lapsos de
tiempo. Luego llegó un devastador período de doce días sin nada excepto un poquito de agua
con sabor a café al día. Muchos de los hombres murieron. Desde su solitaria celda, John podía
oír cuando sacaban los cadáveres arrastrándolos, la cabeza golpeando las gradas. La
desesperanza y el desaliento eran como una nube a su alrededor. Pero durante ese tiempo de
lenta y dolorosa muerte por hambre, Dios en su gracia se reveló a John Noble.

Por supuesto que había orado durante el comienzo de su cautiverio. De hecho, había orado con
frecuencia, pidiendo a Dios comida, seguridad, y liberación. Pero cuando le fue dada fe para
confiar en Cristo, el enfoque de sus oraciones cambió de preservación de sí mismo a una
humilde entrega a la voluntad de Dios. Ahora, ya fuera que viviera o muriera, estaba sometido a
Dios. Ya no se pertenecía a sí mismo. Como resultado, ya no tenía miedo. Una paz que
sobrepasaba toda comprensión humana se apoderó de su alma.
La oración hará que el hombre deje de pecar, o el pecado tentará al hombre a dejar de orar.[9]
— John Bunyan

El padre de John, uno de sus compañeros de cárcel en Dresde, también volvió a dedicar su vida
a Cristo y recibió la misma gracia para orar diciendo, “pero no se cumpla mi voluntad, sino la
tuya”. Aunque habían de pasar varios años más en la cárcel, después escribieron de no tener
nada de qué lamentarse. Nunca se sintieron más ricos espiritualmente ni más cerca de Cristo
que cuando, naturalmente hablando, las cosas parecían más inexorables. Y su confianza en
Jesús, que era tan preciosa para ellos, les dio el poder para reclamar la miserable vida de
muchos otros. Durante toda su terrible experiencia, la humilde oración de sumisión a la voluntad
de Dios mantuvo su corazón tierno y cerca de Él.
Como puedes ver, la oración - junto con la Palabra de Dios y una conciencia regenerada - son
poderosas herramientas en la mano del Espíritu. Tienen un admirable potencial para
conformarnos a la imagen de Cristo. Ahora que tienes cierta idea de cómo funcionan éstas,
hurguemos en el resto de la caja de herramientas.
Discusión Grupo

  1. Martín Lutero una vez dijo, “El hombre es justificado por la fe solamente, pero no por una fe
que está sola”. ¿Cómo se podría aplicar eso a las preguntas del autor sobre fumar antes de su
conversión? (Páginas 53-54)
  2. ¿Qué pecados considerarías estar entre los más dominantes o adictivos? ¿Por qué?
  3. ¿Puedes recordar maneras específicas en las que el Espíritu Santo obró para santificarte
después de tu conversión?
  4. ¿Cómo afecta tu expectación de cambiar el conocimiento de que Dios mismo está obrando
en ti?
  5. Piensa en una cueva subterránea, excavada a través de siglos por el constante gotear del
agua. En la medida en que la Palabra de Dios “gotea” en tu vida ahora, ¿cuánto tiempo se
tomará para producir un cambio visible?
  6. . ¿Qué sería necesario para asegurar que estás leyendo - y aplicando - la Palabra de Dios
regularmente?
  7. ¿Cómo calificarías tu conciencia? (A) Demasiado insensible, (B) Demasiado sensible, (C)
Exactamente correcta.
  8. . “Cuando yo sé que he pecado”, dice el autor, “la salida no es complicada - s¬ólo difícil”
(Página ). ¿Por qué es difícil orar pidiendo a Dios liberación?
  9. “La oración cambia las cosas” anuncia un rótulo muy conocido. ¿De qué maneras has visto
que eso es cierto en tu vida?

Lectura Recomendada

Tabletalk, una guía mensual para el estudio bíblico publicada por Ligonier Ministries, 400
Technology Park, Suite 150, Lake Mary, Florida, 32746, 1-800-435-4343)

Daily Walk, una guía mensual para el estudio bíblico publicada por Walk Thru the Bible
Ministries, P.O. Box 478, Mt. Morris, IL 61054-9887.

Daily Readings from J.C. Ryle, copilado por Robert Sheehan (Welwyn, Hertfordshire, England:
Evangelical Press, 1982)

How to Pray Effectively por Wayne Mack (Phillipsburg, NJ: Presbyterian & Reformed Publishing
Co., 1977)

Honesty, Morality & Conscience by Jerry White (Colorado Springs, CO: NavPress, 1977)



Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 8 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Las Herramientas Del Oficio (II)




En el anterior capítulo exploramos tres de las herramientas principales - la Escritura, la
conciencia, y la oración - que usa el Espíritu Santo para llevar a cabo nuestra santificación. Pero
nos quedan por lo menos seis importantes medios. Para poder responder a la obra santificadora
del Espíritu, debemos familiarizarnos con estas otras herramientas esenciales del oficio.
Negarte a Ti Mismo y una Vida de Discipulado

Hace algunos años la compañía Fritos introdujo un ‘chip’ extremadamente picante. Traté de
disimular mi placer de que, siendo que los niños no los soportaban, yo no tendría que
compartirlos.

En la tienda mis hijos me preguntaban: “Oye, papi, ¿por qué compramos esa clase? ¡A nosotros
no nos gusta!” Yo sé, pensaba yo. Esa es precisamente la razón.

Después de pocos meses, Fritos descontinuó ese sabor...sin duda bajo órdenes desde arriba.
Medita en Juan 15:13. ¿Cuál es la medida del verdadero amor?

El famoso líder cristiano chino Watchman Nee escribió una vez, “Recordemos que la única razón
de todo malentendimiento, toda inquietud, todo descontento, es que secretamente nos amamos
a nosotros mismos”.[1] 1 Sólo puedo añadir que con algunos de nosotros, no es secreto.
Podemos tratar de esconder nuestro egoísmo, pero inevitablemente las burbujas surgen a la
superficie. Mucho mejor es obedecer el llamado de Jesús y tratar directamente con este amor de
nosotros mismos.

Dirigiéndose a todos, declaró: "Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve
su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su
vida por mi causa, la salvará." (Lc 9:23-24)

Cada día en la escuela de discipulado de Cristo se ofrecen nuevas oportunidades para negarse
a sí mismo. ¿Por qué es tan importante esta muy olvidada clave para la vida cristiana? Porque
vence el egoísmo, haciendo posible que amemos a Dios y a los demás.
"Hay dentro de cada uno de nosotros un enemigo que toleramos para nuestro peligro. Jesús lo
llamó ‘vida’ y ‘el yo’, o como diríamos nosotros, la vida del yo. Permitir que este enemigo viva es,
al final, perderlo todo. Repudiarlo y renunciar a todo por Cristo es no perder nada al final, sino
preservarlo todo para la vida eterna."[2]
— A.W. Tozer

Una arena en la que el egoísmo se expone muy rápidamente es el matrimonio. Con frecuencia
he dicho a mi esposa (en chiste sólo a medias), “Cariño, no es que no te quiera. Mi problema es
que me amo a mí mismo más”. Afortunadamente, Dios nos da una cruz hecha a la medida para
desechar esas actitudes.

No te dejes engañar por la verborrea de los psicólogos que enseñan que debemos primero
aprender a amarnos a nosotros mismo. Ya de por sí nos amamos a nosotros mismos
demasiado. De hecho, nos damos el beneficio de la duda en casi toda posible circunstancia.
Culpamos a otros por los conflictos mientras nos adulamos a nosotros mismos por tener nobles
intenciones. Si sólo extendiéramos a los demás la misma gracia que nos otorgamos a nosotros
mismos...qué mundo tan maravilloso sería éste.
Para más estudio: ¿Cuál es la suposición fundamental de la exhortación de Pablo en Efesios
5:28-33?

Cuando Jesús dijo que uno de los requisitos para la vida eterna era amar al prójimo como a
nosotros mismos no estaba sugiriendo que el amor de sí mismo era de ninguna manera
deficiente. Más bien, estaba diciendo que amemos al prójimo como ya nos amamos a nosotros
mismos - y eso es amar mucho. Pero no vendrá naturalmente. Puede ser una de las cosas
menos naturales que hagas. Amar a los demás se logra sólo cuando practicamos negarnos a
nosotros mismos en el camino del discipulado.
1 Piensa en una persona que conoces bien que tiene una necesidad específica. ¿Cómo podrías
sacrificarte para servirla durante la próxima semana?
La negación de ti mismo y el amor se cruzan en el punto de servir. Jesús nos dio el supremo
ejemplo cuando fue a la cruz en nuestro lugar. Ese fue el supremo acto de servicio sin egoísmo.
Pero durante toda su vida Él puso las necesidades y el bienestar de los demás antes que los
suyos. Ya sea lavando los pies de sus discípulos o dando de comer a las multitudes, nuestro
Señor dirigió con su ejemplo. En Filipenses 2 Pablo podría señalar la actitud de servicio, de
negación de sí mismo que demostró Jesús como una que todos los cristianos deben emular.

Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los
demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza
Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó
voluntariamente tomando la naturaleza de siervo... (Fil 2:4-7)
"El negarse a sí mismo espera a los hijos de Dios a medida que pasan a sus devociones
privadas. Está a la puerta de testificar y de cualquier otro servicio a nuestro santo Señor. Es un
elemento muy doloroso en cada lucha por la santidad. Negarse a sí mismo es la clave para la
solución de numerosos interrogantes que dejan perplejo al creyente de hoy. Un entendimiento
correcto de esta básica exigencia bíblica silenciaría una hueste de errores sobre el evangelismo,
la santificación y la vida práctica."[3]
— Walter Chantry

Otro libro en esta serie, Disciplines for Life (Disciplinas para la vida), explica en detalle las
diversas maneras bíblicas en las que podemos practicar una vida de discipulado. Los ejercicios
espirituales como el ayuno, la oración consistente, y la confesión exigen esfuerzo. Pero valen la
pena; prometen recompensas ahora y en la vida venidera.
Pruebas en el Camino

Fue uno de los amigos de Job quien correctamente supuso, “con todo, el hombre nace para
sufrir, tan cierto como que las chispas vuelan” (Job 5:7). Esa ha sido nuestra suerte desde la
caída. Muchas de esas dificultades, por supuesto, resultan de nuestro propio pecado e
insensatez. En más de una ocasión yo he trazado un dolor de cabeza a la tensión causada por
mi propia necia persistencia en preocuparme. Cuando Clara y yo experimentamos fricción en
nuestro matrimonio, es más probable que mi egoísmo sea el culpable. No debemos
sorprendernos cuando padecemos las consecuencias de nuestro comportamiento pecaminoso.
Sin embargo, el Señor en su gracia puede usar aún esas consecuencias para que crezcamos en
santidad si nos arrepentimos y tratamos de aprender de ellas.

¿Pero qué de esas pruebas - esos escenarios como los de José - por los que no somos
responsables? No es probable que nuestros familiares nos vendan como esclavos, pero hay
momentos cuando los demás pecan contra nosotros, o cuando padecemos aflicciones sólo
porque vivimos en un mundo caído.

José vio el cuadro completo. Reconoció su eterno destino y el destino de los que le rodeaban.
Como consecuencia, pudo apreciar la manera en que Dios soberanamente dirigía las
circunstancias de su vida. Como dijo a sus hermanos, “Es verdad que ustedes pensaron
hacerme mal, pero Dios transformó el mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar
la vida de mucha gente” (Gn 50:20).

Cuando las cosas parecen ir en contra nuestra, debemos darnos cuenta de que nuestro Padre
tiene un propósito en mente y está primordialmente interesado en cómo respondemos. De
hecho, no es demasiado decir que Dios trama las dificultades para animarnos a seguir adelante
en dependiente confianza en Él:
Para más estudio: ¿Por qué pidió Dios a Abraham que sacrificara a Isaac (Génesis 22:1-18)?
¿Qué emociones crees que experimentó Abraham al obedecer a Dios?
Recuerda que durante cuarenta años el SEÑOR tu Dios te llevó por todo el camino del desierto,
y te humilló y te puso a prueba para conocer lo que había en tu corazón y ver si cumplirías o no
sus mandamientos. Te humilló y te hizo pasar hambre, pero luego te alimentó con maná, comida
que ni tú ni tus antepasados habían conocido, con lo que te enseñó que no sólo de pan vive el
hombre, sino de todo lo que sale de la boca del SEÑOR. (Dt 8:2-3)

¿Quién humilló y probó a los israelitas, llevándolos a un lugar de hambre? ¿Fue Satanás? No -
fue Dios. ¿Por qué? Para que supieran cuánto necesitaban de una continua, vital relación con Él.
Pausa un momento para dejar que esto penetre en tu mente: Dios está preparado a sacrificar tu
felicidad temporal para lograr su eterno y clemente propósito en ti. Como cristiano genuino, para
ti “Es necesario pasar por muchas dificultades para entrar en el reino de Dios” (Hch 14:22). No
confundas con la crueldad o el descuido la amorosa disciplina de tu Padre.
"Perdemos mucho consuelo en los momentos de prueba porque tendemos a verlos como
evidencia de que Dios nos ha dejado solos en vez de evidencia de su paternal disciplina y
cuidado. Sin embargo, Hebreos 12:7 dice, “Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los
está tratando como a hijos”. El escritor de Hebreos no cualificó la dificultad. No sugirió que
algunas dificultades son disciplina de Dios, mientras que otras quizás no lo sean. Simplemente
dijo que soportaran la dificultad - toda - como disciplina de Dios. Puedes estar seguro de que
cualquier dificultad que llegue a tu vida de cualquier fuente inmediata, Dios está en soberano
control de ella y la está usando como un instrumento de disciplina en tu vida."[4]
— Jerry Bridges

José aprendió lo que todos debemos aprender: “que Dios dispone todas las cosas para el bien
de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (Ro 8:28). No
algunas cosas, ni tan siquiera casi todas las cosas. Todas las cosas. Hasta en los casos de
violación o de abuso sexual de un niño o defectos de nacimiento o enfermedades incurables, el
soberano Dios siempre tiene un plan de redención que llevará a su mayor gloria.

Para comprender lo que Pablo dice aquí, debemos enfocarnos en los asuntos de Dios, no en los
nuestros. Su propósito es que seamos conformados a la imagen de su Hijo. Por tanto, las
dificultades o injusticias - aunque no nos parezcan favorables - cualifican como “bien” porque
sirven para hacernos más como Cristo.
Medita en 1 Pedro 1:6-7. He aquí una nueva manera de ver el sufrimiento que te ayudará a
soportar hasta las pruebas más difíciles.

Esto no es fácil de aceptar ni de comprender. Yo no te culparía por preguntar, “Pero, ¿cómo
puede Pablo decir que todas las cosas resultan para mi bien? Veo que muchas cosas resultan
para mi bien, pero muchas otras parecen ir en contra mía”. Permíteme tratar de contestar eso
con una ilustración.

Antes de la venida de los relojes digitales, el mecanismo interno de un reloj consistía de varias
ruedas dentadas, unas se movían en una dirección y otras en la dirección opuesta. A primera
vista parecería improbable que algo útil pudiera resultar de dicho arreglo. Pero cuando se le
daba cuerda al resorte principal, aunque las ruedas se movieran en dirección opuesta, todas
trabajaban juntas para mover las agujas del reloj hacia adelante.

Así es con el orden providencial de Dios del universo...y de nuestra vida.[5] Necesitamos darnos
cuenta de que Dios está tan interesado en nuestro crecimiento espiritual (santificación) que está
dispuesto a sacrificar nuestra felicidad temporal para asegurarnos las bendiciones eternas.
2 “De prueba a triunfo” es un tema bíblico consistente. Usando la cita bíblica junto a cada una de
las “pruebas” de la lista siguiente, escribe la victoria final que cada uno de estos individuos
experimentó.

•Hombre ciego de nacimiento (Juan 9:3)

•
•Cristianos perseguidos en Jerusalén (Hechos 8:1,4)

•

•El vientre estéril de Elisabet (Lucas 1:5-7, 13-17)

•

•La crucifixión de Jesús (Filipenses 2:8-11)

•


•El llamado a Abraham para sacrificar a Isaac (Génesis 22:15-18)

•

Es fácil ser cristiano cuando las cosas van bien. Pero en el calor de las circunstancias difíciles,
algunos dudan poder mantener su lealtad a Cristo. Con frecuencia, de cristiano joven, yo leía el
relato de cuando Pedro negó a Cristo y me preguntaba si yo algún día haría lo mismo. Quizás tú
has tenido pensamientos parecidos. Pero el hecho es que Jesús oró por Pedro y a través de la
gracia lo restauró a un lugar de gran utilidad.

La razón por la que perseveramos como cristianos es porque Dios mismo nos preserva:
Medita en 1 Pedro 1:3-5. Dios mismo promete protegernos con su poder hasta el final.

La razón por la que perseveramos como cristianos es porque Dios mismo nos preserva: Mis
ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca
perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más
grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar. El padre y yo somos uno.
(Jn 10:27-30)

Es difícil imaginarse una declaración de protección que sea más enfática y alentadora.
"Las peticiones de Cristo mandan tal ayuda a la fe que se mantiene firme hasta en su hora más
oscura. Siempre que nuestra vida cae víctima de las trampas del diablo como lo fue Pedro, no
podemos confiar en nuestra propia fortaleza, ni tan siquiera en nuestra propia fe, sino sólo en la
fidelidad de Cristo en orar por sus hermanos débiles. Ese conocimiento trae consuelo. También
trae seguridad de que nada jamás nos separará del amor de Dios en Cristo."[6]
— Sinclair Ferguson

“La doctrina [de la perseverancia] declara que los regenerados son salvos a través de la
perseverancia en fe y una vida cristiana hasta el final, y que es Dios quien los mantiene
perseverando”, escribe J.I. Packer.[7] La Palabra de Dios nos dice que Jesucristo salva “por
completo” a todos los que por medio de Él se acercan a Dios (Heb 7:25).

Por tanto, todo cristiano puede tener la seguridad de que perseverará, no por la propia fortaleza
ni la habilidad de ningún individuo, sino porque Dios es fiel para guardarnos.
El Lugar de la Ley

CLos cristianos con frecuencia se confunden acerca del lugar que tiene la ley de Dios en la
santificación. Yo he oído a algunos proclamar altamente, sin ninguna cualificación, que la ley ha
sido abolida - y que de buena nos libramos. Y he oído exactamente lo opuesto de otros cuyo
plan para reformar a la sociedad incluye volver a instituir en su totalidad la ley del Antiguo
Testamento, administrada al igual que la ley islámica es puesta en vigencia en algunos países
islámicos fundamentalistas hoy. Según lo veo yo, ningún extremo hace justicia a la enseñanza
del Antiguo Testamento sobre el tema.

Pero antes de pasar más adelante, clarifiquemos lo que queremos decir con “la ley”. Estoy
endeudado con el teólogo Bruce Milne por la siguiente descripción:

Por “ley” aquí se quiere decir las prescripciones morales fundamentales del Antiguo Testamento
resumidas en el decálogo [los Diez mandamientos]. Las leyes ceremoniales del Antiguo
Testamento han sido reemplazadas en el sentido de que Cristo las ha cumplido; la legislación
social del Antiguo Testamento cesó de ser normativa en el sentido de que la iglesia ha
reemplazado la teocracia de Israel. Los principios subyacentes de las leyes ceremoniales y
sociales tienen continua relevancia y aplicación.[8]

La definición de Milne representa la destilación de mucho del bastante razonado estudio
teológico. Hace importantes distinciones entre el uso de la ley ahora y la manera en que se
aplicaba durante la época del Antiguo Testamento. También toma en cuenta la absoluta
importancia de la persona y obra de nuestro Señor, cuya venida, aunque de acuerdo a la ley,
resultó en un reconocimiento totalmente nuevo de lo que significa la ley. La Escritura muestra la
transición que hemos hecho de esclavos de la ley a hijos: “Pero cuando se cumplió el plazo, Dios
envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la
ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos” (Gá 4:4-5).
"La ley nos lleva al evangelio. El evangelio nos salva de la maldición de la ley pero a su vez nos
dirige de nuevo a la ley en busca de su espíritu, su bondad y su belleza. La ley de Dios todavía
es una lámpara a nuestros pies. Sin ella tropezamos y caemos y vamos a tientas en la
oscuridad."[9]
— R.C. Sproul

Milne ha refutado a los presuntos reformadores que buscan institucionalizar las leyes mosaicas,
pero todavía es necesario dirigirnos a los que consideran que la ley ha sido anulada y cancelada.
¿Es la ley una ayuda continua o un estorbo pasado de moda?

La inequívoca respuesta a esta pregunta es...las dos cosas. Si vemos la ley como un medio de
aparecer justos ante Dios (justificación), entonces nos estorbará para lograr verdadera
justificación como los fariseos. Ellos no vieron que guardar la ley nunca fue con el fin de
justificarnos, ni siquiera bajo el Antiguo Pacto. Por otro lado, si entendemos el propósito de Dios
para la ley, entonces permanece un medio útil en nuestra búsqueda de la santificación.

La ley siempre ha representado el carácter de Dios, reflejando su interés en la santidad. Y los
Diez mandamientos todavía sirven como el eficaz resumen de las expectaciones morales y
éticas que Dios tiene de la raza humana.

Hagámonos otra pregunta fundamental: ¿Por qué Dios dio estas “prescripciones morales” en
primer lugar? Si la ley nunca ha tenido el propósito de santificarnos, ¿cuál es su propósito?
Medita en 1 Timoteo 1:8. ¿Cuál es el gran “si” de este versículo?

Detener el mal. Según la Escritura, la ley se ha instituido para refrenar la propagación del mal
(1Ti 1:9-11). Debido a que la falta de ley amenaza la santidad individual y de la sociedad, cierta
restricción en ello es esencial. En este sentido la ley de Dios corresponde a la ley criminal
secular.

Para mostrarnos nuestro pecado. “Entonces, ¿cuál era el propósito de la ley? Fue añadida por
causa de las transgresiones hasta que viniera la descendencia a la cual se hizo la promesa” (Gá
3:19). Como dice la edición New English Bible, la ley fue añadida “para hacer del mal
comportamiento una ofensa legal”, o sea, para hacer que los hombres estuvieran claramente
concientes de la distinción entre el bien y el mal. O como dice William Hendriksen, “para producir
dentro de su corazón y su mente un naciente sentido de culpabilidad.”[10] J.B. Phillips lo expresa
bien en su traducción de la Biblia: “Es el filo recto de la ley lo que nos muestra cuán torcidos
somos” (Ro 3:20). Una vez que haya expuesto nuestra verdadera naturaleza, la ley puede lograr
su próximo crucial propósito.
Para más estudio: Lee Deuteronomio 4:1. ¿Por qué redunda para nuestro propio bien obedecer
la ley?

Traernos a Cristo. “Antes de venir esta fe”, escribió Pablo, “la ley nos tenía presos, encerrados
hasta que la fe se revelara” (Gá 3:23). Tratar de cumplir las exigencias de la ley es una tarea
inútil. Y eso, de hecho, es la verdadera revelación que la ley tiene la intención de dar. Existe para
mostrarnos nuestra condición pecaminosa, débil y desesperante. “Así que la ley vino a ser
nuestro guía encargado de conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe” (Gá
3:24). Una vez hayamos magullado nuestra legalista persona contra las inflexibles exigencias de
la ley, estaremos listos para “volvernos a Dios y a su Hijo Jesucristo buscando perdón y poder”.
[11]

Servir como una guía para una vida santa.. Como las guardas a lo largo de una carretera, la ley
está diseñada para evitar que nos desviemos del camino. También clarifica el camino que
debemos seguir. Torah, la palabra hebrea para “ley”, tiene varios significados, incluso “la clase
de instrucción que un buen padre da a su hijo”.[12] Dios como nuestro Padre quiere evitarnos
dificultades innecesarias. Si queremos vivir sabiamente, guardaremos su ley.

Una vez venimos a Cristo, nuestra relación con la ley cambia radicalmente. Nuestro motivo para
obedecer sus decretos ya no es el temor sino la gratitud. Cuando nos damos cuenta de que el
Dios que nos creó, nos redime, y nos sostiene con inmerecida gracia es digno de nuestra gozosa
obediencia, diremos junto con el salmista, “¡Cuánto amo yo tu ley!” (Sal 119:97).
        3 Amar la ley de Dios es una cosa; amar las leyes del Tío Sam es otra. ¿Cuál de las
siguientes leyes amabas tú antes de ser cristiano? ¿Y ahora? (Marca todas las que apliquen.)
No-Cristiano            Cristiano
❏       No debes exceder el límite de velocidad          ❏
❏       Debes dar cuenta de todas tus entradas que están sujetas a impuesto ❏
❏       No debes vender alcohol a los menores de edad            ❏
❏       Debes usar el cinturón de seguridad      ❏

Los que consideran la ley fuera de moda e irrelevante posan varias preguntas que valen la pena
responder:

“Pero ¿acaso no terminó la ley?”

Sólo como un medio para la justicia. “De hecho, Cristo es el fin de la ley, para que todo el que
cree reciba la justicia” (Ro 10:4).

“¿No dijo Pablo que no estamos ‘bajo la ley’ (Ro 6:14)?”

Es verdad que ahora estamos bajo la gracia, no la ley, como la fuerza dominante en nuestra
vida. Pero lo que Pablo quiso decir es que “ya no estamos bajo condenación por nuestro fracaso
en guardar la ley”.[13]

“¿No anuló Jesús la ley?”
¿Es la ley obligatoria para el cristiano?... ‘No’ en el mismo sentido en que nuestra aceptación
ante Dios no depende de ella. Cristo en su muerte cumplió totalmente con las exigencias de la
ley, de modo que nosotros somos liberados de ella. Ya no tiene ningún derecho en nosotros. Ya
no es nuestro Amo. ‘Sí’ en el sentido de que nuestra nueva vida todavía es una esclavitud.
Todavía ‘servimos’. Todavía somos esclavos, aunque hemos sido dados de alta de la ley. Pero el
motivo y los medios de nuestro servicio han sido alterados. ¿Por qué servimos? No porque la ley
sea nuestra ama y tengamos que hacerlo, sino porque Cristo es nuestro esposo y queremos
hacerlo. No porque la obediencia a la ley lleva a la salvación, sino porque la salvación lleva a la
obediencia de la ley. La ley dice, Haz esto y vivirás. El evangelio dice, Tú vives, de modo que
haz esto. El motivo ha cambiado.[14]
— John R.W. Stott

Absolutamente no. “No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a
anularlos sino a darles cumplimiento” (Mt 5:17). “Lo que Jesús destruyó”, escribe J.I. Packer,
“eran inadecuadas exposiciones de la ley, no la ley en sí (Mt 5:21-48; 15:1-9; etc.). Al dar
exposiciones más ciertas, Él en realidad volvió a publicar la ley”.[15] 14 Jesús clarificó el espíritu
de la ley, diciendo en efecto, “No adulterio, ni siquiera en pensamiento. No asesinato, ni siquiera
odio”.

Es gran privilegio del cristiano estar libre de la ley. Sin embargo, no debemos interpretar esto
como un comentario despectivo de la ley. La culpa no está en la ley sino en nosotros; es débil
porque nuestra carne es débil. Pero afortunadamente, lo que nosotros no pudimos hacer, Dios lo
hizo por nosotros.

En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso
Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que
se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a
fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, pues no vivimos según la
naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. (Ro 8:3-4)
Medita en Romanos 10:4. Por medio de nuestra unión con Cristo hemos cumplido totalmente con
los justos requisitos de la ley.

Podemos resumir nuestra discusión como sigue: La ley todavía está en efecto y tiene un
propósito valioso, pero a través de Cristo nuestro estado bajo la ley ha cambiado para siempre.
El papel de Dios en nuestra vida ahora es principalmente el de Padre, no Juez. Cuando pecamos
lo entristecemos y somos disciplinados, pero no somos repudiados. Su trato con nosotros ahora
es el amor castigador de un padre, no la desaprobación legal de un juez.
La Iglesia

La vida cristiana es ineludiblemente corporativa. La idea de un hombre santo o de una mujer
santa aparte de una iglesia santa es ajena al Nuevo Testamento. Sin embargo una gran mayoría
de norteamericanos hoy creen que pueden servir a Dios con igual eficacia aparte de la
comunidad de creyentes. En las palabras de un participante en una encuesta de Gallup, “Yo soy
mi propia iglesia”.

Una de las desafortunadas consecuencias del “robusto individualismo” norteamericano es una
vena que evita a muchos formar las relaciones duraderas que caracterizan a la iglesia. La
resistencia a comprometerse en nombre de la libertad resulta en un mal desarrollado crecimiento
espiritual.

Luego está el temor que paraliza a la gente el momento en que considera participar en la iglesia:

“¿Y qué si se dan cuenta de cómo en realidad soy?”

“Todos menos yo tienen su vida en orden”.

“Yo no soy como todos los demás”.

Yo he oído tantos comentarios como éstos que puedo decir con confianza que todos los
miembros de las iglesias tienen (o han tenido) pensamientos parecidos. La respuesta a esos
temores es que la iglesia se compone de personas imperfectas que, con la ayuda de Dios, están
aprendiendo a seguirlo. Nadie ya “ha llegado”. ¿Eres imperfecto? ¡Excelente! Cabrás muy bien.
"La Biblia no sabe nada de solitaria religión. Caballero, ¿usted desea servir a Dios e ir al cielo?
Recuerde, usted no puede servir a Dios solo. Por lo tanto debe buscar compañeros o hacerlos."
— John Wesley
El egoísmo es otro problema que mantiene a la gente asilada de la hermandad de la iglesia.
Algunos son demasiado ensimismados como para molestarse con interesarse por ninguna otra
persona. Pero el simple hecho es que nos necesitamos los unos a los otros. “Uno no puede decir
ser cristiano”, escribe Charles Colson, “y al mismo tiempo decir que vive fuera de la iglesia.
Hacerlo así es en el mejor de los casos hipocresía - en el peor de los casos, blasfemia”.[16] La
santificación sólo se puede desarrollar en el contexto de la comunidad cristiana.

No hay substituto para el aliento y la admonición que vienen de los fieles hermanos en la iglesia.
El Nuevo Testamento contiene treinta pasajes con “unos a los otros” mostrando la importancia
de las vidas compartidas. Además, todos nos beneficiamos de las personas que demuestran fe
en acción, enseñándonos así cómo ser buenos esposos, esposas, padres, amigos, o
trabajadores. Como se mencionó en el capítulo anterior, es muy importante formar parte de un
grupo pequeño donde uno puede conocer y ser conocido.
Para más estudio: Lee 1 Tesalonicenses 5:4-11. ¿Cómo es que el último versículo en este
pasaje refuerza el llamado de Pablo a vivir como “hijos de la luz”?

Además de todo esto, es a la Iglesia que Cristo ha dado los dones de apóstoles, profetas,
evangelistas, pastores y maestros. ¿Por qué? Para preparar a los santos para que los santos
puedan cumplir con la obra del ministerio al que son llamados (Ef 4:11-13). Dios da dirección
espiritual para los cristianos dentro de la iglesia local. Es en la iglesia que recibimos cuidado
pastoral y somos preparados para servir. Podemos dar gracias a Dios por los ministerios de
apoyo a la iglesia y el bien que hacen, pero no son indispensables. La Iglesia sí lo es.
4 ¿Cuáles son dos (¡por lo menos!) de los beneficios “indispensables” que tú has recibido por
participar en una iglesia local?

•

•
Los sacramentos

Si creciste asistiendo a los cultos de la iglesia, probablemente conoces muy bien los
sacramentos. Aunque las tradiciones cristianas no están de acuerdo con el número o la práctica
de los sacramentos, hay dos - bautismo y comunión - que siempre se han considerado como
distintivamente cristianos y centrales a la vida de la Iglesia. Estos dos son igualmente esenciales
en la vida de cada creyente.

Un sacramento en realidad es una promesa de Dios puesta en acción ante nuestros ojos.[17] Se
nos dice que nuestros pecados han sido lavados por la sangre del Cordero. Pero luego se nos
invita a dar evidencia de nuestra fe en esa promesa al seguir a Cristo por medio de las aguas del
bautismo. De igual manera, se nos promete vida eterna y hermandad con Jesús, y luego se nos
permite tener comunión con Él cuando recibimos la propia cena del Señor.

No hay ninguna magia en estos actos. El bautismo no lo hace a uno cristiano. Más bien, sólo los
cristianos cualifican para ser bautizados. Ni tampoco se imparte gracia salvadora a través de la
comunión. Sin embargo Cristo está presente por su Espíritu cuando recordamos su cuerpo
inmolado y su sangre derramada.

Estas ordenanzas tienen gran valor para nuestra santificación. Son vívidos recordatorios
experimentales de las grandes verdades de la fe cristiana - nuestra redención a través de la obra
consumada de Jesucristo y de nuestra inmanente comunión con Él hasta que vuelva por
nosotros. O, como lo dice Sinclair Ferguson, traen “nueva realización de nuestra unión y
comunión con Cristo. Nos señalan hacia atrás a su fundamento y hacia adelante a su
consumación en gloria”.[18] Los sacramentos mantienen estas verdades al frente y en el centro,
ayudándonos a mantenernos firmes, lo que es esencial para el crecimiento espiritual.
Alabanza y Adoración
Hace poco asistí a una conferencia sobre asesoramiento bíblico. Aunque la oración de apertura
estaba lejos de ser superficial, ninguno de nosotros nos sentimos particularmente movidos. Sin
embargo, la sesión del día siguiente comenzó con alabanza. Esta vez cuando el dirigente oró
antes de comenzar su mensaje, la alabanza verbal, las manos levantadas y un “Amén” aquí y
allá acompañaron cada una de sus frases. ¿Cuál fue la diferencia? La alabanza nos había
dirigido el corazón hacia arriba y nos había ablandado hacia el Espíritu de Dios.
Para más estudio: ¿Qué vio el siervo de Eliseo cuando Dios levantó su vista por encima de sus
circunstancias? (2R 6:15-17)

Entre nuestros grandes privilegios como cristianos, ninguno es más grande que el privilegio de
alabar. Su poder para restaurar la perspectiva apenas se puede sobreestimar. Cuán fácil es en
este mundo caído ponerse “fuera de tono”, perder la conexión con la grandeza y misericordia de
Dios. La confianza en sí mismo por un lado y el desánimo por otro puede evitar que veamos a
nuestro Señor exaltado. Pero cuando comenzamos a alabar...cuando su Espíritu nos levanta los
ojos para contemplar de nuevo la majestad y maravilla de Dios...se nos vuelve a poner en
contacto con las realidades eternas. También al magnificar a Dios invariablemente nos
humillamos, y eso nos pone en una posición perfecta para recibir gracia. Todos haríamos bien en
hacer eco al escritor del himno que dijo, “Ven Tú Fuente de toda bendición, entona mi corazón
para cantarte mi adoración”.

El Salmo 95 nos da un maravilloso patrón para alabar y un entendimiento del papel de la
alabanza en la santificación:
5 Toma uno o dos minutos para leer Salmo 77 y luego contesta las siguientes preguntas:

•¿Cómo es que el corazón del salmista está fuera de tono (v. 2,4,7-9)?

•¿Cómo trata él con sus dudas (v.10-12)?

•¿Cómo es que la adoración cambia su opinión de Dios (v. 13-20)?

Vengan, cantemos con júbilo al SEÑOR; aclamemos a la roca de nuestra salvación. Lleguemos
ante él con acción de gracias, aclamémoslo con cánticos. Vengan, postrémonos reverentes,
doblemos la rodilla ante el SEÑOR nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios y nosotros
somos el pueblo de su prado; ¡somos un rebaño bajo su cuidado! Si ustedes oyen hoy su voz, no
endurezcan el corazón...(Sal 95:1-2,6-8)

Después de invitarnos a cantar, a aclamar, a agradecer, y a exaltar, el salmista nos insta a
inclinarnos en adoración. También nos advierte que no endurezcamos el corazón cuando
oigamos la voz de Dios. La conexión no es simplemente coincidental: Dios con frecuencia habla
a nuestro corazón mientras adoramos. Él nos habla de su majestad, su soberanía sobre nuestra
vida, su cuidado providencial de nosotros, y muchas otras cosas maravillosas. También puede
revelar áreas específicas en las que necesitamos cambiar o aventurarnos a nuevas esferas. Si
no escuchamos, o si endurecemos el corazón como lo hizo Israel tan frecuentemente durante su
andar por el desierto, arriesgamos el disgusto y la disciplina de Dios.
El combustible para la adoración es una verdadera visión de la grandeza de Dios; el fuego que
hace que el combustible arda candente es el avivamiento del Espíritu Santo; la caldera hecha
viva y tibia por la llama de la verdad es nuestro espíritu renovado; y el calor que resulta de
nuestros afectos es la poderosa adoración, que penetra en nuestras confesiones, añoranzas,
aclamaciones, lágrimas, cantos, gritos, cabezas inclinadas, manos levantadas y vidas
obedientes.[19]
— John Piper

Como pastor, me doy perfecta cuenta de las luchas con las que se enfrenta la gente a través de
la semana, y de mis propias limitaciones para ayudarles. Pero cuando nos reunimos como iglesia
para adorar los domingos por la mañana, puedo ver cómo consistentemente Dios usa estos
momentos para pastorear a su pueblo. Los desanimados, los solitarios, y los temerosos todos
encuentran las fuertes y tiernas manos de Dios ahí para sostenerlos a medida que lo adoran.

No creo que haya una estrategia pastoral más eficaz para ayudar a las personas que dirigirlas al
lugar donde Dios mismo pueda ministrarles. En el lugar de la adoración, la vida cambia.
Discusión Grupo

  1. ¿Cuál es una cosa especialmente sacrificante que tú has hecho por otra persona?
  2. . “Ya, de por sí, nos amamos a nosotros mismos demasiado”, dice el autor. (Página ) ¿Tú
estás de acuerdo o no?
  3. Describe una prueba que experimentaste que llegó a redundar para bien.
  4. ¿Qué beneficios específicos pueden resultar de las pruebas con que te enfrentas ahora
mismo?
  5. ¿Este capítulo cambió la manera en que piensas de la ley? Explica.
  6. ¿Qué es lo que la ley nunca tuvo la intención de hacer? (Página 75)
  7. En respuesta a tu invitación para asistir a la iglesia, tu vecino dice (con una pizca de
arrogancia), “Yo soy mi propia iglesia”. ¿Cómo le responderías?
  8. Lee en voz alta la cita de John Piper que se encuentra en esta página. ¿Por qué las vidas
obedientes son un resultado natural de la adoración?

Lectura Recomendada

Disciplines for Life por C.J. Mahaney and John Loftness (Gaithersburg, MD: Sovereign Grace
Ministries, 1992)

Trusting God por Jerry Bridges (Colorado Springs, CO: NavPress, 1988)

The Body por Charles Colson and Ellen Santilli Vaughn (Dallas, TX: Word, Inc., 1992)

Desiring God por John Piper (Portland, OR: Multnomah Press, 1986)

In the Shadow of the Cross: Studies in Self-Denial por Walter J. Chantry (Carlisle, PA: Banner of
Truth, 1981)
Referencias

  1. ↑ Watchman Nee, The Release of the Spirit (Coverdale, IN: The Sure Foundation, 1965), p.
16.
  2. ↑ A.W. Tozer, The Pursuit of God (Camp Hill, PA: Christian Publications, Inc., 1982), pp.
22-23."
  3. ↑ Walter Chantry, The Shadow of the Cross (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1981),
p. 7.
  4. ↑ Jerry Bridges, Transforming Grace (Colorado Springs, CO: NavPress, 1991), p. 182.
  5. ↑ D. Martyn Lloyd-Jones, Romans 8:17-39: The Final Perseverance of the Saints (Grand
Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1975), pp. 169-170.
  6. ↑ Sinclair Ferguson, The Christian Life (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1989), p.
174.
  7. ↑ J.I. Packer, Concise Theology (Wheaton, IL: Tyndale House, 1993), p.242.
  8. ↑ Bruce Milne, Know the Truth (Leicester, England: InterVarsity Press, 1982), p. 153, nota.
  9. ↑ R.C. Sproul, “The Law of God” en Tabletalk, April 1989.
 10. ↑ William Hendriksen, New Testament Commentary: Galatians (Grand Rapids, MI: Baker
Book House, 1968), p. 140.
 11. ↑ J.I. Packer, The Ten Commandments (Wheaton, IL: Tyndale House, 1977), p. 12.
 12. ↑ Idem., p. 16.
 13. ↑ Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co.,
1989), p. 225.
 14. ↑ John R.W. Stott, Men Made New (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1966, 1984), pp.
65-66.
 15. ↑ J.I. Packer, The Ten Commandments, pp. 17, 18.
 16. ↑ Charles Colson y Ellen Santilli Vaughn, The Body (Dallas, TX: Word, Inc., 1992), p. 70.
 17. ↑ David Powlison, Dynamics of Biblical Change, programa de clase (Laverock, PA: Christian
Counseling and Educational Foundation, 1993), p. 5.
 18. ↑ Sinclair Ferguson, Christian Spirituality: Five Views of Sanctification, Donald L. Alexander,
ed. (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1988), p. 74.
 19. ↑ John Piper, Desiring God (Portland, OR: Multnomah Press, 1986), p. 66.



Por C.J. Mahaney. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 9 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Vivir Para Ese Día Final




¿Cuándo fue la última vez que oíste un sermón sobre el infierno? El cielo es un tema mucho más
popular, pero aún eso se ignora en estos días. La tendencia en la predicación contemporánea es
enfocarse no en nuestro eterno futuro, sino en nuestras presentes “necesidades percibidas”. Y
aunque pueda que esos mensajes atraigan a las multitudes, no logran desarrollar madurez ni dar
formación a la Iglesia. Escucha esta excelente observación por Darius Salter de su libro What
Really Matters in Ministry:
Ha sucedido algo sorprendente entre los cristianos occidentales. Muchos de nosotros
habitualmente pensamos y nos comportamos como si no hubiera eternidad - o como si lo que
hacemos en esta vida presente no tuviera nada que ver con la eternidad...Vivir ajenos a la
eternidad nos hace expertos en lo insignificante y novatos en lo significante. Podemos nombrar
esa melodía, nombrar a los jugadores de fútbol, nombrar el estreno de la película de tal actor,
nombrar el principal producto de exportación de tal país, y detallar las diferencias entre modelos
de computadoras o tipos de automóviles. Ninguna de estas cosas es mala, por supuesto, pero es
ciertamente revelador cuando consideramos que la mayoría de los cristianos, cuanto menos el
público en general, ni siquiera tiene una idea correcta de lo que la Biblia dice que nos sucederá
después de morir. Nuestra asignatura principal es lo momentáneo y la secundaria es lo
trascendental.[1]
— Randy Alcorn

La falta de raíces en lo eterno puede ser el mayor defecto de la predicación evangélica que atrae
a grandes números de personas...El principal propósito de predicar no debe ser acumular
beneficios en esta vida para los feligreses sino preparar a los individuos para que comparezcan
ante la presencia de Cristo. No hay propósito ni motivación más grande que saber que todos
nosotros nos dirigimos a la eternidad, y muy en breve.[2]

Si alguien fue enraizado y motivado por lo eterno, éste fue Pablo. Sin descuidar las necesidades
prácticas de aquellos a quienes servía, él constantemente llamaba la atención de ellos a la vida
que estaba por venir. Y nos dice por qué en su segunda Epístola a los Corintios: “Porque es
necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que
le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo” (2Co 5:10).

Este versículo revela uno de los incentivos más apremiantes de la Escritura - y el que se pasa
por alto con más frecuencia - para la santificación. Habla de un día cuando seremos juzgados
por la manera en que hemos vivido como respuesta a la gracia de Dios. A base de esa
evaluación, Cristo dará a cada creyente “lo que se merece”. Uno no necesita meditar mucho
tiempo sobre las implicaciones de ese versículo para desarrollar un apetito para llevar una vida
santa. Tenemos una vida corta en la que podemos determinar nuestras recompensas eternas...o
nuestra pérdida eterna. Es esta urgencia que Pablo buscaba impartir a las iglesias a las que
servía.
Vivir Según un Calendario de Dos Días

De modo que, como prisionero para el Señor, te recomiendo encarecidamente que lleves una
vida digna del llamado que has recibido. (Ef 4:1)
Para más estudio: Lee Efesios 2:6-7. ¿Cuál dice Pablo que es el propósito del llamado de Dios
en nuestra vida?

Todo cristiano genuino ha recibido un llamado de Dios. Este llamado fue concebido en la
eternidad pasada. Antes de crear el mundo, Dios ya nos había escogido para ser suyos (Ef 1:4).
En el momento de nuestra regeneración experimentamos el efecto de esa decisión. Esto no es
un resultado del esfuerzo humano, ni tampoco es una recompensa por las buenas obras - es
totalmente una obra de gracia. Sin embargo, en respuesta al llamado de Dios tenemos la
responsabilidad de vivir de cierto modo.

Este es un asunto que con frecuencia se entiende mal, así que por favor síguelo con cuidado:
Nunca fuimos ni nunca seremos dignos de su llamado. Pablo no nos está exhortando a que de
alguna manera cualifiquemos para nuestro llamado. Eso sería imposible y sería una negación de
la gracia. Él lo describe a los efesios como un llamado “que Dios nos dio” - no algo que ellos
habían logrado. “Las riquezas de la gracia que Dios nos dio en abundancia” (Ef 1:7-8)
incondicional y libremente por medio de la elección, la adopción, la redención, y la regeneración.
Medita en 2 Tesalonicenses 1:11. Nos da gran seguridad saber que las expectaciones de Dios
de una vida digna se cumplen porque Él nos da el poder para vivir según lo exige ese llamado.

Todo cristiano necesita cultivar una confianza de y seguridad en este llamado. No obstante es
nuestro privilegio y responsabilidad construir sobre ese fundamento por medio del proceso de
santificación. Como Pablo dijo de sí mismo, “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la
gracia que él me concedió no fue infructuosa” (1Co 15:10). Habiendo recibido un llamado del que
no éramos dignos, ahora somos responsables de vivir como dignos de ese llamado.

Pablo vivía intensamente consciente de que todos nosotros un día apareceríamos ante Cristo
para dar cuenta de la manera en que hemos respondido a su llamado. Pero para algunos esto
quizás parezca una contradicción. Si Cristo nos ha perdonado y nos acepta, ¿de qué se trata
esto de un juicio?
1 Lee la segunda mitad del versículo mencionado arriba (1 Corintios 15:10). ¿Cómo describe
Pablo el efecto que tuvo la gracia en él?

❏Lo hizo sentirse mejor sobre sí mismo

❏Le ayudó a relajarse en vez de sentirse presionado

❏Lo aseguró de la aceptación de Dios

❏Le evitó esforzarse
❏Lo motivó a trabajar duro para el reino

Como cristianos, no seremos juzgados por nuestros pecados en el día del juicio. Jesucristo ya ha
sido juzgado en nuestro lugar. Por su expiatorio sacrificio a favor nuestro ya hemos sido
salvados de la ira de Dios. “Y ahora que hemos sido justificados por su sangre [de Cristo],¡con
cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios!” (Ro 5:9; ve también
Ro 8:1).

Pero ¿seremos juzgados por las obras que hemos hecho - o que hemos dejado sin hacer -
desde la conversión? Definitivamente. Todos nosotros daremos cuenta a Dios y nuestra vida
será evaluada. Pablo presenta esto en términos muy vívidos:
Medita en Job 34:11-12. ¿Cómo es que las recompensas - tanto buenas como malas - revelan la
justicia de Dios?
Si alguien construye sobre este fundamento, ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con
madera, heno y paja, su obra se mostrará tal cual es, pues el día del juicio la dejará al
descubierto. El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada
uno...pero si su obra es consumida por las llamas, él sufrirá pérdida. Será salvo, pero como
quien pasa por el fuego. (1Co 3:12-13,15)

Es crítico que captemos esta distinción. Aunque nuestra reconciliación con Dios ha sido
asegurada, nuestras recompensas (o pérdida de las mismas) serán determinadas por el punto
hasta el que hemos buscado la santidad en respuesta a su llamado. No es que Dios esté
obligado a recompensarnos - esto, también, es un acto de pura gracia, como Jerry Bridges tan
bien lo describe:
Para más estudio: ¿Qué apremiante motivación tuvieron en común Moisés y Jesús? (Lee
Hebreos 11:26, 12:2)

Esta es una asombrosa historia de la gracia de Dios. Dios nos salva por su gracia y por su gracia
nos transforma más y más en la semejanza de su Hijo. En todas nuestras pruebas y aflicciones,
Él nos alienta y nos fortalece con su gracia. También nos llama por gracia a desempeñar nuestra
propia y única función dentro del Cuerpo de Cristo. Luego, de nuevo por gracia, da a cada uno
de nosotros los dones espirituales necesarios para cumplir con su llamado. A medida que lo
servimos, Él hace ese servicio aceptable a sí mismo por gracia, y luego nos recompensa cien
veces por gracia.[3] Pero yo creo que es seguro decir que la mayoría de los cristianos tiene la
actitud que dice que si tan sólo logro pasar por la taquilla ya me las he arreglado para la
eternidad. Suponen que todos terminarán en los “asientos generales”. Pero eso simplemente no
es bíblico. La Escritura enseña claramente que las recompensas variarán. Pasar por alto esta
verdad es descuidar uno de los principales incentivos para la santificación.
Habrá grandes recompensas, menores recompensas, y - para algunos - ninguna recompensa.
Por lo tanto habrá mucha diversidad, aunque todos compartiremos de la bendición del mundo
venidero. Tal es la gracia y justicia del buen Señor.[4]
J. Rodman William

Martín Lutero dijo que sólo había dos días en su calendario: “hoy” y “aquel Día”.[5] Cada día nos
acerca más a ese Día. Será un día de regocijo sin paralelo cuando veamos a nuestro Señor cara
a cara. Pero también será un día de intenso escrutinio y examen. Y como explica Randy Alcorn,
“Somos nosotros, por virtud de las decisiones que tomamos cada hora y cada día, quienes
determinaremos lo que suceda en ese día”.[6]

Dios preguntará: “En vista de lo que has recibido, en vista de la gracia que yo te extendí a pesar
de tu falta de mérito, ¿dónde invertiste tu vida? ¿Cuáles fueron tus prioridades y valores? ¿Me
serviste o me usaste? ¿Llevaste una vida digna de tu llamado?” De nuevo, nuestras respuestas
a esas preguntas no determinarán nuestra reconciliación con Dios, pero tendrán todo que ver
con si recibiremos o no las recompensas que Dios con tanta ansiedad desea darnos.

En su excelente libro Money, Possessions and Eternity, Randy Alcorn escribe sobre este tema
que tan raramente se considera hoy día. Yo encuentro su perspectiva útil en extremo y muy
motivadora:
Medita en Efesios 5:16. ¿A qué crítico “hábito de estudio” nos anima este versículo?

El cielo será un lugar maravilloso. Pero lo que rara vez consideramos es que en el punto de
entrada al cielo la Escritura claramente nos dice que hay un juicio de los creyentes que
determinará por toda la eternidad nuestro lugar o estado en el cielo...la Escritura simplemente no
enseña lo que la mayoría de nosotros parece dar por sentado-que el cielo nos transformará a
todos en seres iguales con posesiones iguales y responsabilidades iguales y capacidades
iguales. No dice que nuestra vida anterior carecerá de eterna importancia. Dice exactamente lo
opuesto...
Se nos ha dado justa advertencia de que a cada uno de nosotros nos espera, al final del curso,
un examen final. Será administrado por el director más justo y más estricto del universo. Cuán en
serio tomamos esta clara enseñanza de la Escritura se demuestra con cuán en serio nos
estamos preparando para ese día.

Cuando tomamos nuestras clases en la universidad nos preguntamos a nosotros mismos y a
otros sobre el profesor: “¿Cómo son sus exámenes? ¿Toma asistencia? ¿Es estricto para
calificar? ¿Qué espera en las composiciones?” Si voy a salir bien en la clase, debo saber lo que
el instructor espera de mí. Debemos estudiar el programa de clase, la Palabra de Dios, para
saber las respuestas a estas preguntas. Y cuando las sabemos, debemos tener cuidado de
trazar nuestra vida de acuerdo a ellas - en vista del largo mañana.[7]
2 ¿Cómo podría el examen final de Dios ser diferente a los procesos de prueba comunes en las
universidades hoy?

❏No se nos calificará en una curva

❏No podremos hacer trampa

❏No podremos apelar la nota

❏No podremos estudiarlo todo a última hora
❏Todo lo anterior

El regreso de nuestro Señor era un día que Pablo anticipaba añorante. Nosotros deberíamos
hacer lo mismo. Seguros en el hecho de que estamos justificados ante Él, debemos dedicarnos a
las buenas obras que Él ha preparado de antemano, cumpliendo su eterno propósito en el
contexto de la iglesia local. Entonces podremos compartir la confianza de Pablo de que “me
espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día” (2Ti 4:8). Pero
las coronas cuestan mucho. Pablo había vivido digno de su llamado. Ahora veamos a alguien
que no lo hizo.
El Tonto Más Sabio

Examinar la vida privada de figuras prominentes puede hacernos reflexionar mucho. Después de
estudiar cien de los líderes mejor conocidos de la Escritura, el autor Robert Clinton encontró que
menos de 25% de ellos terminó el curso de la vida con su reputación y su liderazgo intactos.
Quizás el más trágico de esos fracasos fue Salomón.

Salomón comenzó con tanto potencial y promesa. Pronto después de nacer, el profeta Natán
anunció que Dios tenía un nombre específico y especial para él: Jedidías, que quería decir
“amado por Dios” (2S 12:25). Cada vez que alguien usaba su apodo especial era un nuevo
recordatorio del afecto de Dios. (Nos podemos imaginar que a los hermanos de Salomón a veces
se les hacía difícil crecer a su lado.)
Resuelto, nunca hacer nada que temería hacer si esa fuera la última hora de mi vida.[8]
— Jonathan Edwards

Como el sucesor de David, Salomón heredó el trono de un próspero reino. Al principio demostró
genuina humildad. Una noche después de ofrecer mil holocaustos, Dios se le apareció en un
sueño y le dijo, “Pídeme lo que quieras”. Salomón, conciente de sus limitaciones como también
de sus responsabilidades, respondió, “No soy más que un muchacho, y apenas sé cómo
comportarme...te ruego que le des a tu siervo discernimiento para gobernar a tu pueblo y para
distinguir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo?”
(1R 3:7-9). Dios se agradó tanto con la petición que prometió hacer a Salomón el hombre más
sabio (aparte de Jesús) de la historia y prosperarlo y honrarlo sobre todos los demás reyes. Con
la unción de Dios, Salomón pudo dirigir a Israel hacia una prosperidad sin antecedente ni
paralelo.
Pero en el análisis final, Salomón desperdició su llamado. No estamos preparados para la
evaluación final que la Escritura hace de su vida:
Para más estudio: Lee Hebreos 6:7-8. ¿Qué será de la persona que absorbe la gracia de Dios
sin dar ningún fruto?

Entonces el SEÑOR, Dios de Israel, se enojó con Salomón porque su corazón se había apartado
de él...el SEÑOR le dijo: Ya que procedes de este modo, y no has cumplido con mi pacto ni con
los decretos que te he ordenado, puedes estar seguro de que te quitaré el reino y se lo daré a
uno de tus siervos. (1R 11:9,11)

¿Qué sucedió? ¿Cómo podía un hombre con el singular llamado de Salomón acarrearse para sí
una disciplina tan fuerte? La Biblia no nos deja especulando: “Sus mujeres le pervirtieron el
corazón...y no siempre fue fiel al SEÑOR su Dios como lo había sido su padre David” (1R 11:4).
Aunque amado, llamado, y singularmente dotado por Dios, Salomón desarrolló un patrón de
desobediencia que lo llevó a su gradual deterioro espiritual. Faltó en obedecer su propio sabio
consejo: “Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida” (Pr 4:23).
3 Salomón dejó que sus muchas esposas apartaran su corazón del buen camino (1 Reyes 11:3).
¿Hay algo que evite que tu corazón esté totalmente dedicado al Señor tu Dios?




En la misericordia de Dios, Salomón se arrepintió antes de morir. Pero el perdón de Dios no
pudo aliviar la agonía de remordimiento cuando meditaba en lo que su vida pudo y debió haber
sido.

Sus reflexiones se encuentran en el libro de Eclesiastés, las dolorosas memorias de un viejo que
se dio cuenta que había pasado mucha de su vida en vano. Antes que vivir digno de su llamado,
Salomón fue tras toda forma de placer personal (Ec 2:10) y encontró que no ofrecía lo que
anunciaba. Hay mucho que podemos aprender de sus palabras finales:

El fin de este asunto es que ya se ha escuchado todo. Teme, pues, a Dios y cumple sus
mandamientos, porque esto es todo para el hombre. Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala,
aun la realizada en secreto. (Ec 12:13-14)
Medita en Hebreos 6:11-12. Un adelanto en la carrera de la fe no es garantía de éxito; lo que
vale es cómo la termines.

Mientras Salomón se preparaba para morir, yo creo que estaba dolorosamente conciente de que
no oiría las palabras “Hiciste bien” del capítulo 19 de Lucas. Sólo los que han hecho bien las
oirán. Pero su vida ha sido preservada como una advertencia para que podamos evitar una
experiencia similar. No hay razón para que nosotros terminemos nuestra vida con remordimiento.
Al dedicar nuestra vida al proceso de la santificación, podemos probar ser más sabios que
Salomón.
Cómo Hacer las Preguntas Correctas

Un día estaremos ante Dios - no en grupo, sino solos. Entonces Él evaluará todo lo que ha
sucedido en nuestra vida desde la conversión. La Escritura nos da una imagen de ese momento:
“Él sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de
cada corazón. Entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda” (1Co 4:5).
En los términos más gráficos, en el día del juicio Dios preguntará, ‘¿Qué hiciste?’ Él no
preguntará, ‘¿Qué te sucedió?’[9]
— David Powlison
Dios anhela presentar recompensas eternas a cada uno de nosotros. Para hacer esto posible, Él
nos ha llamado y nos ha regenerado, ha preparado buenas obras para que nosotros andemos en
ellas, y nos ha puesto en la iglesia local donde podemos aplicar y obedecer la enseñanza bíblica.
Sin embargo, debemos estar concientes de que Él es un Dios justo...y que califica objetivamente.
Cuando venga ese día, no habrá una segunda oportunidad.

La historia nos habla de un individuo que recibió una segunda oportunidad, más o menos. Randy
Alcorn relata la historia:
Medita en 1 Corintios 3:8. ¿Puedes encontrar la frase en este versículo que indica cómo
seremos recompensados?

Alfred Nobel era un químico suizo que hizo su fortuna al inventar la dinamita y otros poderosos
explosivos, que fueron comprados por los gobiernos para producir armas. Cuando murió el
hermano de Nobel, un periódico accidentalmente imprimió el obituario de Nobel por
equivocación. Fue descrito como un hombre que se hizo rico al hacer posible que la gente se
matara unos a otros en cantidades sin precedente. Desconcertado por este juicio, Nobel resolvió
usar su fortuna para recompensar los logros que beneficiaran a la humanidad, incluso lo que
ahora conocemos como el Premio Nobel de la Paz.
4 ¿Cuáles son tres cualidades o logros que te gustaría que resaltaran en tu propio obituario?

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•


•

Nobel tuvo una rara oportunidad - ver el juicio de su vida al final, cuando todavía estaba vivo y
tenía la oportunidad de cambiar ese juicio.

Pongámonos en el lugar de Nobel. Leamos nuestro propio obituario, no como lo escribirían
hombres no informados o con prejuicios, sino como lo escribiría un ángel desde el punto de vista
del cielo. Mirémoslo detenidamente. Luego usemos el resto de nuestra vida para editar ese
obituario hasta que llegue a ser lo que en realidad queremos que sea.[10]

Editar nuestro obituario comienza con estar dispuestos a hacer ciertas preguntas penetrantes.
De hecho, todos los días de nuestra vida deben estar marcados por un escrutiñador juicio
bíblico:

“¿Está aumentando mi conocimiento de y pasión por Dios?”

“¿Está aumentando mi conocimiento de y pasión por Dios?”

“¿Pueden los demás confirmar que estoy creciendo en carácter?”

“¿Estoy comprometido con y estoy sirviendo en la iglesia local?”

“¿Esta actividad es digna del llamado que he recibido?”

“¿Qué es lo que estoy haciendo que hace una diferencia eterna?”

Ninguna decisión ni actividad debe estar libre de esta clase de cuestionamiento. “La realidad de
nuestro futuro eterno debe dominar y determinar el carácter de nuestra vida presente, hasta
nuestras palabras y nuestro comportamiento”, escribe Alcorn.[11] 11 Si Dios va a evaluar todos
los aspectos de nuestra vida, así debemos hacerlo nosotros. Esto transformará la manera en que
vemos el trabajo, la diversión, la participación en la iglesia, y las relaciones. Y asegurará que
mucho menos arda en llamas en aquel día final.
Debe ser el negocio de todos los días prepararnos para nuestro último día.[12]

El escritor de Hebreos nos exhorta diciéndonos “Preocupémonos los unos por los otros, a fin de
estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran
hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel
día se acerca” (Heb 10:24-25). Confío en que este capítulo te haya permitido ver el Día que
inevitablemente se acerca. Y oramos que este libro te haya animado y provocado en el proceso
de la santificación.
Medita en Apocalipsis 22:12,14. Como Martín Lutero, hagamos de éste el día más importante de
nuestro calendario...y comencemos a vivir como si así lo fuera.

No es un camino fácil el que has escogido. La santificación será difícil, desafiante, y dolorosa -
aunque nada como el dolor de la desaprobación de Dios. Pero cuando venga el Día y oigas a
Dios decir, “Hiciste bien”, todo sacrificio palidecerá ante tu eterna recompensa. Comparado con
eso, no hay nada más que en realidad sea importante.

Nada.
Discusión en Grupo

  1. Darius Salter escribe, “El predicador que mejor prepara a sus oyentes para hacer frente a las
presiones de la sociedad norteamericana quizás no sea el predicador que mejor prepara a su
gente para el cielo”.[13] Divide al grupo en dos partes: los de “mente terrenal” y los de “mente
celestial”. Permite que cada grupo piense en tres títulos relevantes para un sermón que refleje su
perspectiva, y luego comparen notas.
  2. ¿Cómo podemos demostrar que somos dignos de su llamado? (Advertencia: Esta es una
pregunta engañosa.)
  3. ¿Debemos temer aparecer ante el Trono del juicio de Cristo?
  4. Antes de leer este capítulo, ¿creías que en el cielo todos terminaríamos en los “asientos
generales”? Explica.
  5. ¿Cuál es la diferencia entre ir tras las recompensas y tratar de ganarnos la salvación?
  6. ¿Es algo subespiritual ser motivado por las recompensas?
  7. ¿Cuáles fueron los puntos salientes de tu obituario? (Página 90)
  8. ¿Cómo vas a responder a este capítulo?

Lectura Recomendada

Money, Possessions and Eternity by Randy Alcorn (Wheaton, IL: Tyndale House, 1989)
Referencias

  1. ↑ Randy Alcorn, Money, Possessions and Eternity (Wheaton, IL: Tyndale House, 1989), pp.
138, 139.
  2. ↑ Darius Salter, What Really Matters in Ministry (Grand Rapids, MI: Baker Book House,
1990), pp. 123, 124.
  3. ↑ Jerry Bridges, Transforming Grace (Colorado Springs, CO: NavPress,1991), pp. 169-170.
  4. ↑ J. Rodman Williams, Renewal Theology, Volume 3: The Church, the Kingdom, and Last
Things (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1992), p. 457.
  5. ↑ Randy Alcorn, Money, Possessions and Eternity, p. 151.
  6. ↑ Idem.
  7. ↑ Randy Alcorn, Money, Possessions and Eternity, pp. 144, 149, 150-51.
  8. ↑ Jonathan Edwards—Representative Selections, with Introduction, Bibliography, and Notes,
Clarence H. Faust y Thomas H. Johnson, ed. (New York, NY: Hill and Wang, revised edition,
1962), p. 38.
  9. ↑ David Powlison, “Crucial Issues in Contemporary Biblical Counseling” in Journal of Pastoral
Practice, Vol. IX, No. 3, 1988, p. 61.
10. ↑ Randy Alcorn, Money, Possessions and Eternity, p. 151.
 11. ↑ Idem., p. 139.
 12. ↑ Idem., p. 137.
 13. ↑ Darius Salter, What Really Matters in Ministry, p. 121.



Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 10 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Diferentes Caminos a La Santidad: Un Repaso
Histórico




Vale la pena notar cómo es que las diferentes tradiciones en la historia de la Iglesia han
entendido lo que es la santificación. En Spiritual Companions: An Introduction to the Christian
Classics, Peter Toon identifica tres diferentes aproximaciones al camino a la santidad: Griega
(oriental), Medieval Occidental (católico romano), y Protestante.
Griega

La aproximación griega se conoce como deificación - impartir en el alma la divina vida de Cristo
a través del Espíritu Santo...De este modo la comunión y unión con Dios es el propósito de la
salvación y es posible para los seres humanos cuando buscan perder su dependencia en el
mundo y en la carne y son transfigurados por la luz de la gracia de Dios.[1]

Este método se puede ver en los comienzos del movimiento monástico. Durante el tercer siglo,
los ermitaños de Egipto reaccionaron contra la negligencia moral que había comenzado a
meterse en la Iglesia. Dos siglos antes, la Iglesia se componía de cristianos judíos y gentiles
cuyas normas de ética eran bastante altas. Pero esas normas comenzaron a decaer a medida
que más y más gente se añadía a la Iglesia. Añade a esto el deterioro moral que acompañó al
declive del imperio romano y podemos ver el problema. El mundo se estaba haciendo
rápidamente, en la frase de Hobbes, “repugnante, bruto, y bajo”. No que la Iglesia
necesariamente había bajado sus normas. De hecho, era moralmente rigorosa en comparación
con la Iglesia de hoy. Pero los santos ermitaños dejaron el mundo romano derrumbante para
buscar la salvación en el desierto.

En un compasivo ensayo, Charles Kingsley describe la vida de estos ascéticos como una que
consistía de

...celibato, pobreza, buenas obras con el prójimo, dominio de sí mismo y a veces toda clase de
tortura de sí mismo, para expiar (tanto como se pudiera) los pecados cometidos después del
bautismo: y el alimento mental de [éstos] era la continua meditación sobre la vanidad del mundo,
la pecaminosidad de la carne, las glorias del cielo, y los horrores del infierno: pero con todo esto
los viejos ermitaños combinaban - para hacerles justicia - una fe personal en Dios, y un amor
personal por Cristo, que los que los desprecian harían bien en copiar.[2]

Para crédito de ellos, estos ermitaños - incluso el gran Antonio - servían para detener la
expansión de la mundanalidad entre los cristianos, e inspiraban a muchos a ir en pos de la
santidad.

Los extremos métodos de negarse a sí mismos que usaban algunos en esta tradición están bien
documentados. En el quinto siglo, Simón el Estilita (santo del pilar) pasó los últimos treinta y seis
años de su vida sobre un pilar que poco a poco fue alargado hasta que llegó a una altura de
sesenta pies. Fue ampliamente imitado, y en realidad tuvo un influyente ministerio a medida que
un permanente tropel de peregrinos llegaba a visitarlo y a hacerle preguntas. Él dio vida a un
movimiento que se esparció desde su propia Antioquia a “Georgia, Tracia, Macedonia, Grecia y
hasta Egipto...ya para el séptimo siglo había tantos estilistas, que se consideraban como una
orden especial de religión”.[3] El singular punto que subrayaron al confinarse a estos
encumbrados pilares era la renuncia del mundo. Si la soledad hubiera sido su propósito principal,
ciertamente hubieran descubierto un modo de obtenerla sin convertirse en semejantes
espectáculos.

En los siglos que siguieron, la aproximación monástica a la vida cristiana (ya sea solitaria o en
comunidad) se expandió y era considerada por muchos como el ideal. Lo que lentamente surgió
fue un punto de vista de dos niveles del cristianismo. Las multitudes eran consideradas como
cristianos ordinarios, seculares en naturaleza, que vivían en el mundo e interactuaban con él.
Luego estaban los que lo abandonaban todo para hacerse monjes. Si uno de verdad quería
vencer el pecado, conocer a Dios, y ser santo, simplemente se suponía que adoptaría una vida
monástica.

Es interesante que a principios de mi ministerio, un joven de Egipto vino a pedirme consejo.
Tentado como lo son la mayoría de los hombres por pensamientos y deseos impuros, él insistía
en que la única manera en que podía vencer el pecado era hacerse monje. Parece que la
tradición es muy profunda. Pero a pesar de estos obvios excesos, la negación de sí mismo del
monasticismo ofrecía dos incuestionables beneficios: recordaba a la gente de su moralidad y
avivaba una conciencia del mundo venidero.
Medieval Occidental

La aproximación occidental que continuó [ha continuado] en el pensamiento católico romano es
la de las tres maneras - la purificación/limpieza de pecado; la aclaración/iluminación de la mente;
y el ser uno con Dios por medio de la gracia.[4]

Esta es una rica tradición que se extiende a través de la historia de la Iglesia y que tiene una voz
perdurable aun entre los evangélicos protestantes. Los que conocen los escritos de A.W. Tozer
notarán las muchas referencias y alusiones a personas como Nicolás de Cusa, Bernardo de
Clairveaux, y Juan de la Cruz. Lo que más sobresale en esta tradición mística es el ardiente
lenguaje de devoción a Dios y el deseo de tener pureza de corazón. Hay una pasión hacia Dios
expresada en estas obras que revela una profundidad de añoro y una riqueza de experiencia
subjetiva. No se pueden leer sin detener la frenética actividad que caracteriza nuestra ocupada
vida para poder escuchar a Dios en medio de meditabundo silencio. Cuando leo obras de esta
tradición invariablemente soy llevado a examinar mi propio corazón hacia Dios y a arrepentirme
de la frivolidad que ahí encuentro.

Pero a pesar de estos puntos fuertes, ciertos distintivos de este camino de contemplación hacia
la santidad deben darnos qué pensar. El énfasis parece estar en buscar un conocimiento directo
de Dios. El crucial papel de Cristo como mediador entre nosotros y el Padre generalmente no se
presenta tan claramente como se presenta en la Escritura. En una crítica de la tradición medieval
occidental, John Calvin escribió que “Sólo los tontos buscan el conocimiento directo de la
esencia de Dios”.[5]

Un lenguaje tan fuerte se justifica, arguye Sinclair Ferguson, para proteger la importancia de la
obra expiatoria de Cristo. Ferguson escribe,

Mientras que la tradición contemplativa da mucho énfasis a la humanidad y pasión de Cristo
como tal, el cristianismo reformado da énfasis central a la transacción que tuvo lugar cuando el
Hijo Encarnado de Dios recibió el juicio de su Padre Santo contra el pecado del hombre. Si
pasamos esto por alto, insiste, no hay acceso a Dios, y por lo tanto no hay verdadero
conocimiento, de Dios.[6]

Con estas advertencias en mente, hay mucho que ganar del estudio y la meditación de los
escritos de esta tradición.
Protestante
“La aproximación protestante”, dice Toon, “se ha centrado en la relación entre la justificación y la
santificación”.[7] En realidad no fue sino hasta que la Reforma Protestante enfatizó la
justificación por gracia que la santificación comenzó a verse como algo distinguible de la
justificación. Pero aunque las doctrinas se relacionan íntimamente, hay una gran ventaja en
considerarlas por separado.

¿Cómo es que van juntas la justificación y la santificación? Dentro del marco protestante, por
supuesto, hay una variedad de opiniones. Una perspectiva luterana, por ejemplo, ve la
santificación simplemente como un subpunto bajo la justificación. Los luteranos subrayan la
necesidad de un completo entendimiento de la justificación por gracia solamente (vernos cómo
Dios nos ve) como la manera de vencer el pecado y vivir en victoria. Algunos luteranos han sido
criticados por hacer que la doctrina de la justificación parezca más central para la vida cristiana
que Jesucristo.

La teología reformada señala nuestra unión con Cristo como la base para la victoria; subraya el
hecho de que Él es el autor y consumador de la fe como también el capitán de nuestra salvación.
Por la obra consumada de Cristo y su presente intercesión, podemos mortificar el pecado
inmanente y resistir las tentaciones del diablo. Esta tradición incluye no sólo a Calvin, sino
también a los puritanos ingleses y a sus herederos.

John Wesley defendió otra postura, enseñando una doctrina de total santificación (no debe
confundirse con el perfeccionismo total) que recalca el lado experimental de la verdad - no sólo
el lado objetivo, lógico. Cualquiera que sepa algo de su conversión comprenderá la base para su
doctrina. Ninguno de los argumentos lógicos para la fe parecían ayudarlo. Pero cuando Wesley
se encontró con el Dios viviente, todo eso cambió. Arnold Dallimore cita del Diario de Wesley:
“Sentí mi corazón extrañamente avivado. Sentí que confiaba en Cristo, en Cristo solamente para
la salvación; y me fue dada una seguridad de que Él había quitado mis pecados, aún los míos, y
me había salvado de la ley del pecado y de la muerte”.[8]

La enseñanza de Wesley y los metodistas del siglo 18 en los Estados Unidos generaron el
movimiento de Santidad del siglo 19. Los adherentes a este punto de vista confiaban en que una
experiencia directa, santificadora con el Espíritu Santo impartiría la victoria subsiguiente a la
salvación. Y cuando algunos dentro del movimiento de Santidad recibieron el bautismo en el
Espíritu Santo, la enseñanza de la santidad pentecostal había llegado, con su énfasis en hablar
en lenguas.

Hay muchas otras variaciones de los temas que acabamos de presentar, pero estas
aproximaciones forman el bosquejo principal de los intentos de la iglesia para entender lo que es
la santificación. Tomados juntos, ilustran el hecho de que nuestra mente no sólo añora estar
llena de la verdad acerca de Dios para poder obedecerle, sino que nuestro corazón desea
experimentar su realidad. Aunque estas tradiciones contienen tanto verdades que se pueden
adoptar como excentricidades que se deben evitar, todas han contribuido algo a la búsqueda de
la santidad del alma.

Para una perspectiva completa y balanceada sobre las aproximaciones a la santificación a través
de la historia de la Iglesia, recomiendo Christian Spirituality: Five Views of Sanctification, editado
por Donald L. Alexander (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1988).
Referencias

 1. ↑ Peter Toon, Spiritual Companions: An Introduction to the Christian Classics (Grand Rapids,
MI: Baker Book House, 1990), p. 5.
 2. ↑ Charles Kingsley, “The Hermits” en Cyclopedia of Religious Literature, Volume One (New
York, NY: John B. Alden, publisher, 1883), p. 19.
 3. ↑ Peter Levi, The Frontiers of Paradise: A Study of Monks and Monasteries (New York, NY:
Paragon House, 1987), p. 45.
4. ↑ Peter Toon, Spiritual Companions, pp. 5-6.
 5. ↑ Christian Spirituality: Five Views of Sanctification, Donald L. Alexander, ed. (Downers
Grove, IL: InterVarsity Press, 1988), p. 195.
 6. ↑ Idem., p. 194.
 7. ↑ Peter Toon, Spiritual Companions, p. 6.
 8. ↑ Arnold Dallimore, George Whitefield, Volume One (Westchester, England: Cornerstone
Books, 1981), p. 186.



Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 11 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/El Hombre Viejo y La Carne




Algunos de los términos que usa el apóstol Pablo para hablar de la relación del creyente con el
pecado pueden causar confusión. Me refiero a términos como “viejo hombre”, “nuevo hombre”,
“cuerpo pecaminoso”, “carne”, y otros. Éstos pueden ser difíciles de entender. Añade a esto las
variaciones que los traductores modernos han dado a estas palabras y el tema puede
amedrentarnos.

Sabemos que ha ocurrido un profundo cambio en la vida del creyente por medio de la
conversión, pero ¿exactamente cómo es que el creyente cambió?

Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo
pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado:
porque el que muere queda liberado del pecado. (Ro 6:6-7).

Comencemos tratando de definir nuestros términos. “Viejo hombre” (como se traduce en la
Versión Reina Valera Revisada, 1960) equivale a la “vieja naturaleza”. Este término se refiere a
la vida no regenerada que llevábamos antes de convertirnos. Como ha escrito John R.W. Stott,
la vieja naturaleza “denota, no nuestra vieja naturaleza no regenerada [la carne], sino nuestra
vieja vida no regenerada. No mi ser más bajo, sino mi antiguo ser. De modo que lo que fue
crucificado con Cristo no fue una parte de mí llamada mi “vieja naturaleza”, sino todo mi ser tal
como era antes de ser convertido”.[1] La definición de John Murray concurre: “‘Hombre viejo’ es
una designación de la persona en su unidad según está dominada por la carne y el pecado”.[2]

Es importante que veamos que el creyente no es al mismo tiempo un “viejo hombre” y un “nuevo
hombre”, alternativamente dominado y dirigido por uno o por el otro. De nuevo, agradecemos la
percepción de Murray:

El hombre viejo es el hombre no regenerado; el hombre nuevo es el hombre regenerado creado
en Cristo Jesús para buenas obras. No es más posible llamar al creyente un hombre nuevo y un
hombre viejo, que llamarlo un hombre regenerado y uno no regenerado. Ni tampoco se justifica
hablar del creyente como alguien que tiene en él el hombre viejo y el hombre nuevo.[3]

Por tanto, términos como “hombre viejo”, “vieja naturaleza”, “vida no regenerada”, y “antiguo ser”
son sinónimos, y todos hacen referencia a la entidad que fue crucificada con Cristo.

Nótense dos significantes rasgos gramaticales del pasaje de Romanos 6 citado arriba. Primero,
el verbo se usa en el tiempo pasado: “nuestra vieja naturaleza fue crucificada...” La crucifixión del
viejo hombre es un hecho terminado. Segundo, el verbo también está en la voz pasiva, lo que
significa que el sujeto (nuestro viejo hombre) recibe la acción. En otras palabras, la crucifixión del
viejo hombre no es algo que nosotros debemos hacer, sino algo que es hecho para nosotros.
Otro concepto importante en la doctrina bíblica de la santificación tradicionalmente ha sido
designada por la palabra “carne” (Versión RV). La Nueva Versión Internacional usa “naturaleza
pecaminosa”. Según Stott, “carne” se refiere a una naturaleza “más baja”, esa parte de nuestro
ser que se inclina hacia la rebelión contra Dios. Esta es la parte de ti que desea contar un chisme
jugoso; que te insta a volver a mirar las imágenes indecentes en la pantalla de la televisión.
“Cualquiera que sea el nombre que demos a esta tendencia [“pecado inmanente”[4], “restos de
corrupción”[5], “vestigios de pecado”[6], o “mi naturaleza pecaminosa”[7]] debemos recordar que
aun después de haber sido regenerados todavía tenemos esos impulsos pecaminosos, y todavía
debemos luchar contra ellos mientras vivamos”.[8]

En Romanos 6:6 Pablo llama nuestra naturaleza pecaminosa (e.g. carne) el “cuerpo
pecaminoso”. Dice que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con Cristo para que este “cuerpo
pecaminoso perdiera su poder...”. Aquí “perdiera su poder” significa poner fuera de acción, rendir
impotente. No quiere decir ser aniquilado, desaparecer sin dejar ningún rastro. Sino que el
dominio de nuestra pecaminosidad sobre nosotros ha sido roto.

Algunos, al no comprender la distinción entre el “viejo hombre” y la “naturaleza pecaminosa” han
confundido Romanos 6:6 con Gálatas 5:24, que también habla de la crucifixión y del creyente.
Considera dos traducciones de este versículo:

Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa con sus pasiones y
deseos. (Gá 5:24 NVI)

Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. (Gá 5:24 RVR)

Aunque impotentes para tomar nada excepto una postura pasiva tocante al viejo hombre (Ro
6:6), sí tenemos una parte activa, como aprendieron los gálatas, en subyugar la carne. Stott
resume esto con característica claridad:

Primero, hemos sido crucificados con Cristo; pero luego no sólo hemos crucificado (v.g.
repudiado) con resolución la carne con sus pasiones y deseos, sino que tomamos nuestra cruz a
diario y seguimos a Cristo a la crucifixión (Lc 9:23). La primera es una muerte legal, una muerte a
la paga del pecado; la segunda es una muerte moral, una muerte al poder del pecado. La
primera pertenece al pasado, y es singular e irrepetible: Yo morí (en Cristo) una vez al pecado.
La segunda pertenece al presente, y es continua y repetible: Yo muero (como Cristo) al yo todos
los días. Es con la primera de estas dos que tiene que ver Romanos 6.[9]

Y Gálatas 5 tiene que ver con la segunda.

Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya
lo nuevo! (2Co 5:17). Y aunque nuestra naturaleza pecaminosa (la carne, el pecado inmanente,
etc.) todavía está muy presente en nosotros, su dominio sobre nosotros ha terminado.

¿Cómo Puedo Cambiar?

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    Por C.J. MahaneyY Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church. Capítulo 1 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Cómo Usar Este Libro ¿Cómo puedo cambiar?, como todos los libros en la serie En busca de la santidad, está diseñado para uso en grupo o individual. La serie es el lógico resultado de cuatro profundamente enraizadas convicciones: ■La Biblia es nuestra medida infalible para la fe, doctrina, y práctica. Los que resisten su autoridad serán apartados del camino por sus propios sentimientos y tendencias culturales. ■El conocimiento sin aplicación carece de vida. Para poder ser transformados, debemos aplicar y practicar la verdad de la Palabra de Dios a la vida diaria. ■La aplicación de estos principios es imposible aparte del Espíritu Santo. Aunque debemos participar en el cambio, Él es la fuente de nuestro poder. ■La iglesia es el contexto deseado por Dios para el cambio. Nunca fue la intención de Dios que viviéramos aislados o independientes de otros cristianos. A través de dedicada participación en la iglesia local, encontramos instrucción, ánimo, corrección, y oportunidades para seguir adelante hacia la madurez en Cristo. A medida que estudias estas páginas, confiamos en que cada una de estas convicciones fundamentales serán reforzadas en tu corazón. Con la posible excepción de las preguntas para “Discusión en grupo”, el formato de este libro se presta igualmente para individuos como para grupos pequeños. Se ha incluido una variedad de diferentes elementos para hacer cada capítulo lo más interesante y útil posible. Para aquellos de ustedes que no se pueden satisfacer con un tema particular, hemos incluido al final de cada capítulo uno o más libros adicionales que les ayudarán a crecer en el Señor. Aunque se te anima a experimentar en tu uso de este libro, la discusión en grupo será mejor servida cuando los miembros estudien el material por adelantado. Y recuerda que no estudias este libro solo. El Espíritu Santo es tu tutor. Con su ayuda, este libro tiene el potencial de cambiar tu vida. Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church. Capítulo 2 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Prefacio Cuando yo estaba en la escuela intermedia, era requisito que todos corriéramos una carrera marcada con el reloj. Normalmente yo hubiera ejecutado una carrera marginal, si acaso. Pero esta vez decidí poner todo mi esfuerzo en la prueba. No me mal entiendas – aunque no soy un atleta sobresaliente, por lo regular mantenía mi paso, y estaba dispuesto a esforzarme en otros deportes. Pero la carrera larga era diferente. Era difícil. No compleja-sólo difícil. Quería decir dolor, y a mí no me interesaba el dolor. De hecho, durante una unidad de carrera larga en mi clase de gimnasia, mis amigos y yo, a escondidas de nuestro instructor, regularmente trotábamos un curso más corto que nos llevaba por el edificio de la
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    secundaria, por elcorredor donde estaban las clases de mecanografía, y luego salíamos de nuevo al campo. Así ahorrábamos casi cuarta milla del curso, hasta que el maestro de mecanografía cayó en la cuenta por el ensordecedor ruido de cascos que disturbaba su clase. Pero esta vez yo decidí hacer lo mejor que pudiera. De modo que, con toda mi fortaleza interior, me empujé hasta no más y entregué una carrera extraordinaria. De hecho fue tan extraordinaria, que el entrenador se enteró y trató de enlistarme para el equipo. Yo le respondí de la misma manera que había respondido a mamá cuando me sugirió que tomara clases de ballet junto con mis hermanas: -No gracias-. -Pero Robin,- me dijo ella, -los chicos también bailan ballet.- No este chico. Yo me sentía como que iba a morir después de esa carrera, y por razones obvias. No había hecho nada para entrenarme para la carrera-no podía molestarme con eso-así que no estaba en forma para perseverar. Veinticinco años después, he adquirido un nuevo respeto para la carrera larga. Es una de las mejores analogías para comprender la vida cristiana, como vemos tan claramente en la Escritura: “Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante” (Heb 12:1). Esta gran multitud de testigos incluye a esos heroicos hombres y mujeres de la historia bíblica- como Abraham, José, y Moisés-que corrieron fielmente su carrera (Heb 10). Aunque en la Escritura hay otras útiles ilustraciones de la vida cristiana, el tema de la carrera larga nos da mucho para pensar. Una carrera como esa exige perseverancia. Exige disciplina y entrenamiento. Exige fijar la vista en la meta. Y aunque no sea particularmente complicada, los corredores de éxito han estado entre nuestros atletas más inteligentes. Pueden armarse de sus recursos y enfocarlos en la tarea a mano, paso a paso. Hemos escrito este libro para los corredores-mujeres y hombres cristianos sinceramente interesados en correr la carrera que les está marcada. A los que han tratado y han fracaso y están a punto de darla por algo sin esperanza, ofrecemos ánimo. Habiendo nosotros tropezado lo suficiente en el camino, hemos consistentemente encontrado que Aquel que nos llama a correr es fiel. Su Palabra y su Espíritu nos están disponibles. No sólo eso, sino que tiene un interés compasivo en nuestro éxito. “No acabará de romper la caña quebrada”, dijo el profeta Isaías, “ni apagará la mecha que apenas arde” (Is 42:3). Cuando estés tan doblado que estás seguro de partirte en dos, cuando tu fuego esté casi apagado, Él está ahí para revivirlo. A los que puedan sentirse como que han logrado un cómodo grado de éxito en la vida cristiana, ofrecemos una exhortación. El profeta advirtió a sus oyentes, “¡Ay de los que viven tranquilos en Sión!” (Am 6:1). Una actitud así es extremadamente peligrosa, porque cuando creemos que tenemos afianzada la santidad, es cuando estamos más inclinados a relajar y confiar en nosotros mismos en vez de confiar en Dios. En ese punto por lo regular es necesaria una crisis para volvernos a la realidad. Finalmente, este libro es para los que simplemente desean crecer como cristianos, que están satisfechos en Cristo pero no satisfechos consigo mismos. Quizás estés frustrado con tu progreso. Quizás no estés seguro de dónde comenzar. Quizás hayas corrido muchas millas y simplemente necesitas un segundo aliento. Creemos que este libro ayudará.
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    En un díacuando con demasiada facilidad se ofrecen soluciones rápidas a problemas que existen desde mucho tiempo, deseamos recomendar los caminos antiguos, habiéndolos encontrado probados y verdaderos. No hay atajos hacia la madurez cristiana. No hay un camino sin cruz para seguir a Cristo, no hay secreto instante para la vida cristiana. Pero como la carrera larga, si el camino de la cruz no es fácil, tampoco es complicado. Dios nos presenta un camino que es angosto pero recto. Él muestra sus caminos a los que están sinceramente interesados en seguirlo a Él, y Él se mostrará fuerte a favor de aquellos cuyo corazón es enteramente suyo. Nuestro propósito en introducir la doctrina de la santificación (eso es lo mejor que podíamos esperar hacer en un libro de este tamaño) es que podamos ser transformados según la imagen de Jesucristo (Ro 8:29). Y desde el comienzo damos énfasis al hecho de que el Espíritu de Dios es el que nos transforma (2 Co 3:18). Aunque se requiere de nuestro vigoroso esfuerzo, todo crecimiento es por su gracia. Con esa maravillosa verdad como nuestro bloque para comenzar, sigamos hacia la meta, cada uno confiado de que “el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo” (Fil 1:6). -Robin Boisvert “Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu” (2 Corintios 3:18) Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church. Capítulo 3 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Atrapado en la Trampa de la Brecha “Todos los que están luchando con la ira, por favor pasen al frente. Nos gustaría orar por ustedes.” Era domingo por la mañana. Yo acababa de enseñar sobre la ira, y quería dar al Espíritu Santo la oportunidad de obrar en el corazón de los presentes. Pero yo no podía haber anticipado la reacción. Casi veinte humildes santos pasaron al frente del auditorio-un grupo grande para una iglesia del tamaño de la nuestra. Pero no fue el número lo que captó mi atención. Fueron las personas. ¡Diecinueve de los veinte eran madres de niños pequeños! (La ira es un peligro de la ocupación, según la mayoría de las madres que he conocido.) Como su pastor, yo sabía que todas estas mujeres eran cristianas serias y dedicadas al Señor. Lo que hizo que pasaran al frente era su intensa frustración al encontrarse atrapadas en la brecha-una brecha entre el modelo bíblico para el control de sí mismas y su propio fracaso en vivir según ese modelo. Ya sea que el problema es la ira, el temor, la preocupación o algo tan común como la pereza, todos hemos experimentado esa brecha entre lo que somos y lo que debemos ser. La Biblia dice que somos nuevas creaciones, victoriosos, vencedores. Y no somos sólo vencedores-somos más que vencedores (Ro 8:37). A veces hasta nos sentimos así. Pero la mayoría de las veces se nos hace difícil ver más allá de nuestras limitaciones y perpetuos fracasos. Y siempre parece ser durante estos tiempos de la vida que Mateo 5:48 surge en nuestro plan de lectura bíblica: “Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto”. Para más estudio: Hasta Pablo el apóstol cayó en la trampa de la brecha (Ro 7:21-25). ¿Puedes identificarte con su frustración?
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    En silencio suspiramosy pensamos, Nunca sucederá. Yo llamo a este estado de mente la “trampa de la brecha”. Así es como funciona: Como cristianos todos tenemos cierto conocimiento sobre lo que Dios espera de nosotros. Pero logramos menos de lo que sabemos que debemos estar logrando. Luego entonces existe una brecha entre lo que sabemos que se nos exige y nuestro comportamiento en sí. Si la distancia entre lo que sabemos y lo que estamos viviendo se hace demasiado grande, correctamente se nos puede llamar hipócritas. “La vida cristiana se trata de hacernos en carácter intrínseco lo que ya somos en Cristo...El propósito de estos pasajes (v.g. Romanos 6, Colosenses 3:5-14, Efesios 4:22-32) es mostrarnos la gran brecha que existe entre lo que somos contados o considerados ser en Cristo (justificación) y lo que en realidad somos en la vida diaria (santificación) para poder instarnos a cerrar la brecha...el propósito de Pablo es instarnos a hacernos en la vida diaria lo que ya se nos considera ser en Cristo.”[1] — Jay Adams Esta brecha es un hecho de la vida cristiana. Para la mayoría de nosotros, no es necesario que nadie nos diga cuáles son nuestras inconsistencias-estamos perfectamente concientes de ellas. Esa conciencia debe servir para mantenernos humildes y dependientes de Dios para triunfar. Pero la trampa con frecuencia nos la tiende nuestra ignorancia de la doctrina de la santificación. En vez de reconocer que la brecha existe para instarnos hacia adelante en fervorosa confianza en Cristo, permitimos que nos condene y que detenga nuestro progreso hacia adelante. Somos atrapados a creer que simplemente somos perdedores, fracasos, que no servimos para nada...y que quizás ni tan siquiera somos cristianos. Algunos hasta pasan a la inactividad o a la desobediencia. Los que son atrapados en esta trampa (y, hasta cierto punto, todos lo somos) innecesariamente padecen de desánimo. Como pastor, una de mis mayores responsabilidades es ayudar a los individuos a salir de la trampa de la brecha. Con frecuencia me encuentro diciendo a la gente, “No será instante, y le exigirá serio esfuerzo, pero salir de la trampa de la brecha no es complicado. Y créame, valdrá la pena.” Quizás tú te has encontrado en la trampa de la brecha. Quizás estés ahí ahora mismo. Si así es, tenemos confianza de que este libro puede ayudarte a cerrar la brecha entre lo que debes ser en Cristo y lo que eres en la práctica. ¿Puedes imaginarte una vida en la que rompes los hábitos pecaminosos y haces verdadero progreso en la santidad? Esa vida es posible. Y este libro está escrito para ayudarte y animarte cuando hagas tuya esa vida. Entre “Ahora” y “Todavía no” 1 1 ¿Hay cosas en tu vida en las que sabes que no estás viviendo como Dios espera que vivas? (Describe brevemente una de esas cosas en el espacio abajo.) Sin duda, una de las cosas más frustrantes de la vida cristiana es la aparente contradicción entre lo que Dios espera que seamos y lo que nosotros, por experiencia, sabemos que somos. Observa a los corintios, por ejemplo. En un punto Pablo les asegura, “ya han sido lavados, ya han sido santificados, ya han sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios” (1Co 6:11). Parece un caso cerrado, ¿no? Hasta que leemos la segunda carta de Pablo a esta iglesia, en la que parece decir casi lo opuesto: “Purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de nuestra
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    santificación” (2Co 7:1). Esperoque los corintios estuvieran un tanto confusos. ¿Estaban santificados...o contaminados? En realidad, estaban santificados y contaminados, y así estamos nosotros. Para poder explicar eso, permíteme llevarte brevemente por una tangente. Medita en 1 Juan 3:2-3. ¿Qué impacto debe tener en el “ahora” lo que pensamos del “todavía no”? El reino de Dios es tanto “ahora” como “todavía no”. Está presente en ciertos respectos y es futuro en otros. Nuestro Señor vino proclamando y demostrando que el reino (o dominio) de Dios había cruzado la historia humana: “Pero si expulso a los demonios con el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el reino de Dios” (Lu 11:20). Sin embargo, el reino de Dios todavía no ha llegado en su plenitud. Eso no sucederá hasta que Jesús regrese en poder, cuando toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Él es Señor. Hasta entonces, sin negar la presente realidad del reino de Dios, oramos fervorosos, “Venga tu reino” (Mt 6:10). En este respecto, el reino de Dios paralela bastante nuestra vida individual. Dios, por medio de la maravillosa obra de justificación, nos ha declarado justos. Nuestra posición legal ante Él ha cambiado. Ese asunto ha sido arreglado una vez y por todas en la corte del cielo. Pero, en este lado del cielo, nuestra transformación interna es un proyecto en progreso. El proceso de santificación me mantiene ocupado personalmente como cristiano, y también me da suficiente trabajo como pastor. De modo que ¿tenemos victoria en Jesús o no? ¿Somos vencedores, o somos vencidos? Oscar Cullman sugiere una analogía de la Segunda Guerra Mundial que creo que nos puede ayudar a comprender esta aparente contradicción.[2] La historia nos cuenta de dos días importantes hacia el final de la II Guerra Mundial: D-Day (Día D) y VE-Day (Día VE). El D-Day tuvo lugar el 6 de junio de 1944 cuando las fuerzas Aliadas desembarcaron en las playas de Normandía, Francia. Este fue el punto decisivo en la guerra; una vez se llevó a cabo con éxito esta desembarco, la suerte de Hitler se selló. La guerra esencialmente había terminado. Pero la victoria total en Europa (VE-Day) no ocurrió sino hasta el 7 de mayo de 1945 cuando las fuerzas alemanas se rindieron en Berlín. Este intervalo de once meses se recuerda como uno de los períodos más sangrientos de la guerra. Se pelearon batallas campales por toda Francia, Bélgica, y Alemania. Aunque el enemigo había sido herido mortalmente, no sucumbió inmediatamente. “Elección divina es la garantía de que Dios se encargará de completar por gracia santificadora lo que su gracia electora ha comenzado. Este es el significado del nuevo pacto: Dios no sólo ordena obediencia, Él la da.”[3] - John Piper La cruz fue nuestro D-Day. Ahí el Señor Jesucristo murió para romper las cadenas del pecado de su pueblo. Por su muerte y resurrección somos justificados. Pero la victoria final espera el regreso de Cristo. No hay duda de cuál será el resultado de las cosas. Pero todavía nos encontraremos envueltos en escaramuzas y batallas hasta que el Señor aparezca en gloria para derrotar para siempre las fuerzas de las tinieblas. Para más estudio: Lee 1 Pedro 5:8-9. Aunque el triunfo final de Dios es inevitable, debemos luchar con un saludable respeto para nuestro adversario. Esta distinción, si se mantiene en mente, nos puede evitar mucho desánimo. La batalla todavía sigue atroz, pero la guerra ya se ganó. Una conciencia de la obra acabada de Cristo a nuestro favor es esencial para levantar el ánimo mientras buscamos la santificación. Debemos estudiar y meditar en la gran doctrina de la santificación hasta que penetre profundamente en nuestra conciencia. ¿Alguien quiere Listerine?
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    Aunque estamos totalmentejustificados en Cristo (D-Day), de ninguna manera estamos totalmente santificados (VE-Day). Algunos no han comprendido esto. El maestro de la Biblia Ern Baxter cuenta de un incidente que ocurrió durante el Avivamiento de la lluvia al final de los 1940. Había surgido una herética enseñanza llamada “Los manifiestos hijos de Dios”. Esencialmente era una doctrina que prometía total santificación en esta vida. En su forma más extrema, incluía la creencia de que una élite espiritual recibiría cuerpos glorificados antes del regreso de Cristo. Al final de una reunión en la que Baxter predicaba, varios hijos (e hijas) manifiestos aparecieron atrás del auditorio vestidos con túnicas blancas. Cuando terminó de predicar se deslizaron por el pasillo hasta el frente de la iglesia y comenzaron a tratar de hacer discípulos para su doctrina de absoluta perfección. Según él relata la historia, “La señora que era su líder tenía seria necesidad de usar Listerine. Esa no es la clase de perfección a la que yo añoro.”[4] Más común que el escenario de Ern Baxter son las situaciones que resultan de un concepto superficial, sencillo de lo que es la santificación. 2 Si tú buscaras total perfección en esta vida, ¿cuál de los siguientes te sería más difícil hacer? ❏Nunca conducir ni siquiera una milla sobre el límite de velocidad ❏Hablar con afecto y bondad a todo vendedor que llame por teléfono ❏Evitar todas las calorías innecesarias ❏Nunca usar el botón del despertador para dormir un poquito más ❏Siempre pagar los impuestos sobre ingresos con alegría Cuando yo era recién convertido, conocí a un joven llamado Greg, un admitido ladrón y drogadicto que al parecer se había convertido cuando estaba en la prisión. Se comportaba con audaz certeza y caminaba con un ligero contoneo. Más de una vez me dijo cómo había sido “salvado, santificado, y lleno con el Espíritu Santo.” Según él lo describía, todo parecía tan sencillo. Un día, cuando era recién convertido, se montó en un tren, y cuando se bajó horas después había tenido lo que él llamaba una “experiencia santificadora”. Me aseguró que una experiencia así era un preludio necesario para recibir el bautismo en el Espíritu Santo, y que una vez eso sucediera, uno estaba listo. Debo admitir que había ciertas cosas de Greg que decían que quizás no estaba muy santificado. Tenía una tendencia a pasar juicio y una actitud farisaica. Podía ser imperioso y rencoroso. Recuerdo su indignada expresión cuando un amigo sin darse cuenta puso algo sobre su Biblia: “¡Oye, disculpa, pero esa es la Palabra de Dios!” Con todo, él sí que podía citar la Biblia, y parecía entender su asunto de la santificación. Para más estudio: Lee Mateo 26:41. ¿Cuándo es seguro dar por sentado que hemos “logrado” la santificación? Qué impresión más desagradable me causó cuando Greg volvió a vender y a usar drogas fuertes. Los problemas de Greg incluían un incompleto, y por lo tanto incorrecto, entendimiento de la enseñanza de la Biblia sobre la santificación. Él había hecho lo que muchos hacen al enfocarse sólo en las citas bíblicas favoritas que parecen validar su experiencia personal. “La santidad no es el camino a Cristo. Cristo es el camino a la santidad.”[5] — Adrian Rogers La santificación es tanto definitiva (que ocurre en el momento de la conversión) como progresiva.
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    No sucedió todoen una sola experiencia en el pasado, ni tampoco se debe considerar como algo que sólo sucede por grados. Fuimos cambiados y estamos cambiando. Sin amenguar el entusiasmo de nuestro exitoso desembarque en Normandía, seamos sobrios y realistas cuando asesoramos la oposición que se encuentra entre nosotros y Berlín. No tenemos la opción de subirnos al tren de la santificación, como Greg decía haberlo hecho. Va a ser una batalla a cada paso del camino. Vale la Pena el Trabajo Para muchos, “santificación” es otra de esas largas palabras teológicas que se oyen con frecuencia pero que raramente se entienden. Suena erudita e impráctica. Sin embargo es intensamente práctica. La doctrina de la santificación contesta las preguntas que ha hecho casi todo cristiano en la historia de la iglesia: ¿Cómo cambio? ¿Cómo crezco? ¿Cómo me hago como Cristo? ¿Cómo salgo de la trampa de la brecha? Cualquier cosa que pueda contestar esas preguntas vale la pena cierto esfuerzo. El Apéndice A (página ) muestra cómo diversas ramas de la Iglesia han manejado este asunto en el pasado, pero veamos lo que podemos aprender sobre esta esencial doctrina según se aplica a nosotros hoy. “¿Nos puede salvar la santidad? ¿Puede la santidad apartar el pecado, satisfacer por las transgresiones, pagar a Dios nuestra deuda? No, ni una pizca. Dios no permita que yo diga eso nunca. La santidad no puede hacer ninguna de estas cosas. Los santos más brillantes son todos ‘siervos inútiles’. Nuestras obras más puras no son más que trapos inmundos, cuando los probamos bajo la luz de la santa ley de Dios. El manto blanco, que Jesús ofrece y la fe pone, debe ser nuestra única justicia, el nombre de Cristo nuestra única confianza, el libro de vida del Cordero nuestro único derecho al cielo. Con toda nuestra santidad no somos mejores que los pecadores. Nuestras mejores cosas están manchadas y contaminadas con imperfección. Todas son más o menos incompletas, sus motivos son equivocados o su rendimiento es defectuoso. ‘Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte’ (Ef 2:8,9)”[6] — J.C. Ryle El significado bíblico de la palabra santificar es “apartar; consagrar”. Puede aplicarse a una persona, lugar, ocasión, u objeto. Cuando algo es santificado, es que se ha separado del uso común y se ha dedicado a un uso especial. Por ejemplo, en los tiempos de Moisés el Día de la Expiación era apartado (santificado) a un Dios santo. Ese día se convirtió en un día santo. Una cosa santificada no se hace santa simplemente por ser apartada; deriva su santidad de aquello a lo que ha sido dedicada. Porque sólo Dios es santo, solamente Él puede impartir santidad. Teológicamente la palabra “santificación” ha sido usada para describir el proceso por el que pasa el creyente a medida que el Espíritu de Dios obra en él para hacerlo como Cristo. El proceso comienza en el momento en que nacemos de nuevo y sigue mientras vivamos. Está marcado por el conflicto diario a medida que nos apropiamos de la gracia y la fortaleza de Dios para vencer el pecado que está en nosotros. Ten en mente que la culpa del pecado ya ha sido quitada por medio de la justificación, como lo explica Anthony Hoekema: la santificación quita la contaminación del pecado: Al decir culpa queremos decir el estado de merecer condenación o de merecer castigo porque la ley de Dios ha sido violada. En la justificación, que es un acto declarativo de Dios, la culpa de
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    nuestro pecado esremovida a base de la obra expiatoria de Jesucristo. Sin embargo, al decir contaminación queremos decir la corrupción de nuestra naturaleza que es el resultado del pecado y que, a su vez, produce más pecado. Como resultado de la caída de nuestros primeros padres, todos nacemos en un estado de corrupción; los pecados que cometemos no sólo son producto de esa corrupción sino que también añaden a ella. En la santificación la contaminación del pecado está en el proceso de ser removida (aunque no será totalmente removida hasta la vida que está por venir)[7] Para más estudio: ¿Te das cuenta cuán importante y beneficioso es temer al Señor? (Ve Salmo 19:9 y 25:14, Proverbios 1:7 y 9:10, y 1 Pedro 1:17.) La Biblia también describe la santificación como crecimiento en santidad. Por santidad me refiero a una devoción a Dios y el carácter que resulta de esa devoción. La santidad incluye amor y deseo de Dios[8] También incluye el temor de Dios, que John Murray ha llamado “el alma de la santidad”.[9] Habiendo sido liberado del temor del tormento eterno, el cristiano teme a Dios al enfocarse no en su ira sino en su “majestad, santidad y transcendente gloria...”[10] 10 El temor del Señor tiene en el corazón un efecto purificante y es una precondición para la intimidad con Dios. La santidad tiene que ver con más que moralidad y celo. Surge de una unión con Cristo y una pasión por darle honra. Una persona santa quiere ser como su Señor para darle placer a Él. Quiere sentir lo que Dios siente, pensar como Él piensa, y hacer su voluntad. En pocas palabras, desea tomar para sí el carácter de Dios para que Dios pueda ser glorificado. Ninguna empresa es más de digna de nuestro esfuerzo durante toda la vida: “Pues aunque el ejercicio físico trae algún provecho, la piedad (santidad) es útil para todo, ya que incluye una promesa no sólo para la vida presente sino también para la venidera. (1Ti 4:8). Tanto Dios como el hombre tienen lugares clave en la obra por gracia de la santificación. Él, por su admirable gracia, inicia nuestra salvación e imparte el deseo y el poder para vencer el pecado. Al responder a y confiar en su gracia, nosotros a nuestra vez obedecemos el mandamiento bíblico que dice “lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (Fil 2:12-13). “La santificación, dice el catecismo Westminster Shorter (Q.35), es ‘la obra de la gracia libre de Dios, por la cual somos renovados en el hombre entero a la imagen de Dios, y somos capacitados más y más para morir al pecado, y vivir en justicia.’ El concepto no es que el pecado es totalmente erradicado (eso es decir mucho) o simplemente contrarrestado (eso es decir muy poco), sino que es un cambio de carácter divinamente forjado que nos libra de hábitos pecaminosos y forma en nosotros afectos, disposiciones, y virtudes como los de Cristo.”[11] — J.I. Packer El Nuevo Testamento fija un curso para vivir en santidad que es un campo medio (en realidad un campo más alto) entre el legalismo por un lado y el libertinaje por otro. Esas tradiciones de la iglesia que han puesto demasiado énfasis en la obra de Dios dentro de nosotros sin esperar que esa obra resulte en un creciente deseo de santidad, se apartan del camino hacia el libertinaje. “Como les he dicho a menudo, y ahora lo repito hasta con lágrimas, muchos se comportan como enemigos de la cruz de Cristo. Su destino es la destrucción, adoran al dios de sus propios deseos y se enorgullecen de lo que es su vergüenza. Sólo piensan en lo terrenal” (Fil 3:18-19). Por otro lado, hay aquellos que han enfatizado tanto la parte del hombre, que elevan la técnica sobre la verdad de Dios y acaban en legalismo. (Por supuesto que hay variados grados de estas derivaciones.) Medita en 1 Timoteo 6:11-16. Pablo hubiera sido un sargento de entrenamiento muy motivador. Cómo Obtener la Perfección Una pregunta común que oigo a los cristianos hacer es, “¿Hasta dónde puedo esperar que llegue este proceso de santificación? ¿Algún día estaré completamente libre del pecado?” Es una pregunta que se hace especialmente relevante cuando leemos una declaración como la de
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    Pablo a laiglesia de los filipenses: “Así que, ¡escuchen los perfectos! Todos debemos tener este modo de pensar. Y si en algo piensan en forma diferente, Dios les hará ver esto también” (Fil 3:15). Jesús lo dijo aún más enfáticamente en un versículo citado anteriormente: “Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto” (Mt 5:48). 3 Toma esta corta prueba de Verdadero/Falso para ver si has comprendido bien este material hasta aquí: (Las respuestas se encuentran cabeza abajo en la parte inferior de la página 9) •La palabra “santificar” quiere decir “destrozar; profanar”.V F •La santificación comienza en el momento en que uno nace de nuevo y sigue mientras vive.V F •La culpa de nuestro pecado ha sido removida por la justificación.V F •La santidad se refiere exclusivamente a la moralidad y celo de la persona.V F •Dios tiene toda la responsabilidad de nuestra santificación.V F ¿En realidad espera Dios que logremos la perfección? El anhelo por la perfección ha inspirado a muchos a seguir a Dios. A través de la historia humana poetas y filósofos han expresado el deseo de volver a lograr una inocencia y pureza perdidas. Los cantantes contemporáneos Crosby, Stills, y Nash celebraron la experiencia de Woodstock con una canción que decía, “Somos polvo de estrella, somos dorados, estamos atrapados en la ganga del diablo. Y tenemos que volver al Edén.” El problema es que no somos perfectos y lo sabemos. En el mundo de fantasía de las películas, Mary Poppins muy bien puede alegremente referirse a sí misma como “prácticamente perfecta en todo”, pero no es así en la vida real. Y ciertamente no vamos a lograr la perfección a través de Woodstock. Cuando el amanecer de...la santidad de Dios irrumpe en nuestro espíritu, somos liberados de todo pensamiento superficial e inadecuado sobre nuestra propia santificación. También somos preservados de cualquier enseñanza barata que nos animara a pensar que hay atajos por los que podemos obtener la santidad con más facilidad. La santidad no es una experiencia; es la reintegración de nuestro carácter, la reedificación de una ruina. Es labor diestra, un proyecto de largo alcance, que exige todo lo que Dios nos ha dado para vida y santidad.”[12] — Sinclair Ferguson R.A. Miller señala que la Escritura claramente nos dice que seamos perfectos, mientras que al mismo tiempo da evidencia de que la perfección no se puede lograr en esta vida.[13] 12 Esto nos presenta un dilema. No estamos libres para poner manos arriba y admitir derrota. Pero tampoco podemos adoptar una actitud respecto a la perfección que diga “puedo hacerlo”, que tiene más en común con el pensamiento positivo que con la Biblia. La única manera de resolver este dilema es darnos cuenta de que el Nuevo Testamento ve la perfección de dos maneras.[14] La visión de Pablo para los filipenses era la madurez, no la infalibilidad. Nota cómo la Nueva Versión Internacional traduce su comentario a la iglesia filipense: “¡Escuchen los perfectos! Todos debemos tener este modo de pensar” (Fil 3:15). Los “perfectos” en este sentido se pueden describir como “los que han logrado razonable progreso en el crecimiento y la estabilidad espiritual.” Medita en 1 Pedro 1:14-16. ¿Te parece poco realista este mandamiento? ¿Te pediría Dios a ti que hicieras lo imposible? Es algo natural que todo niño quiera ser grande, llegar a adulto. Esto no es menos cierto del creyente. Antes que adoptar una actitud casual o descuidada respecto al crecimiento, debemos dejar que el llamado a la perfección nos impulse hacia adelante en una seria búsqueda de ser
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    como Jesús. Elpropio ejemplo de Pablo debe ser el modelo para todos nosotros: Respuestas: F, V, V, F, F No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. (Fil 3:12-14) 4 Una pegatina para el parachoques del automóvil que una vez fue muy popular decía, “Los cristianos no son perfectos, sólo son perdonados.” ¿Qué clase de actitud podría reflejar esto? (Especialmente si el automóvil va a más del límite de velocidad.) “Primero debemos ser hechos buenos antes de poder hacer el bien.”[15] — Hugh Latimer Vemos un segundo uso de la palabra perfección en la primera epístola de Pablo a los corintios. “Pero cuando llegue lo perfecto,” dice él, “lo imperfecto desaparecerá” (1Co 13:10). En este sentido, la perfección es una palabra correctamente restricta a Dios – una perfección que no veremos hasta que Cristo vuelva. El teólogo Louis Berkhof prefiere hablar de las perfecciones de Dios antes que de sus atributos.[16] Sólo Dios no tiene faltas. No importa cuánto maduremos en esta vida, jamás lograremos la perfección hasta ese día cuando Dios nos perfeccione en la gloria. Siete Razones Para Cerrar la Brecha Generalmente hablando, el mundo tiene una impresión negativa de la santidad. Muchos la igualan con una existencia aburrida, que carga con una cruz vacía de gozo. Parece más una justificación de sí mismo que dice “soy más santo que tú” que la gozosa experiencia que en realidad es. Al terminar, rechacemos esa idea examinando algunos de los muchos beneficios y bendiciones que ganamos al seguir a Cristo. Aquí hay siete frutos de la santificación: Dios es glorificado. Cuando nosotros somos santos, damos peso a lo que decimos de que Dios es tan real y maravilloso como decimos que es. Pablo nos dice que las buenas obras de los cristianos adornan la doctrina de Cristo (Tit 2:10). Hasta los que niegan a Dios son obligados a admitir su realidad cuando su pueblo anda en sus caminos. Continuo compañerismo en esta vida con la Trinidad. “Le contestó Jesús: -El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él” (Jn 14:23). Es un tremendo gozo y consuelo tener la presencia del Padre y del Hijo por medio del Espíritu Santo. Y Jesús indica que esta presencia es una presencia amorosa, no indiferente ni impersonal. Por supuesto que junto con su presencia viene su poder, que nos permite vencer los obstáculos de la vida. “No hay gozo permanente sin santidad...¡Cuán importante es, entonces, la verdad que santifica! ¡Cuán crucial es la Palabra que rompe el poder de los tesoros falsos! ¡Y cuán vigilantes debemos ser de alumbrar nuestros caminos y cargar nuestro corazón con la Palabra de Dios!”[17] - John Piper Compañerismo con otros cristianos. Si caminamos en oscuridad, no podemos gozar de auténticas relaciones con otros creyentes. “Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado” (1Jn 1:7). El Señor promete darnos compañeros, compañeros de viaje en el camino a la santificación. Por mi parte, he encontrado que la verdad de Dios combinada con el ejemplo del pueblo de Dios son
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    absolutamente necesarios parami crecimiento espiritual. Y cuando he andado en sus caminos nunca me ha hecho falta ninguno de los dos. Nos necesitamos unos a otros en el contexto de la iglesia para poder triunfar. La santidad y la comunidad cristiana van mano a mano. Seguridad de salvación. Aunque nuestra salvación no se basa en nuestro afán de ir tras la santidad, la seguridad de salvación seguramente está conectada con ello. En su segunda epístola, Pedro exhorta a sus lectores a hacer todo esfuerzo por amontonar virtudes espirituales, añadiendo virtud a la fe y entendimiento a la virtud hasta tener en medida abundante dominio propio, constancia, devoción a Dios, afecto fraternal y amor (2P 1:5-9). Él advierte que cuando éstos faltan, la persona puede olvidar... “...que ha sido limpiado de sus pasados pecados. Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no caerán jamás, y se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.” (2P 1:9-11) Evangelismo. De joven bajo la convicción del pecado, yo traté lo mejor que pude de encontrar faltas a los cristianos para poder rechazar su mensaje y despacharlos como hipócritas. Pero aunque no eran perfectos, yo no pude encontrar inconsistencias mayores. La familia grande que me extendió el evangelio hizo más impacto en mí con su modo de vivir que con sus palabras. El esposo amaba a su esposa, la esposa respetaba a su esposo, los hijos obedecían a sus padres, y todos tenían gozo. Yo nunca había visto nada así. Medita en 1 Pedro 2:12. Aunque los que no son cristianos se pueden burlar de tu estilo de vida ahora, ¿qué efecto tendrá al final en ellos? Se ha dicho que aunque el mundo no lea su Biblia, ciertamente lee a sus cristianos. Dios usa a gente santa para alcanzar a otros. No perfecta, sino santa. Entendimiento, sabiduría, y conocimiento. Estos tesoros esperan a los que buscan a Dios de todo corazón (Pr 2:1-11). Se esconden del perverso, el rebelde, y el necio. Ver a Dios. La Escritura nos dice, “Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb 12:14). Aunque el total significado de este pasaje está envuelto en un velo de misterio, la Escritura sí tiene mucho que decir sobre la “visión beatífica”, o ver a Dios. Ocurrirá después del regreso de nuestro Señor cuando todo enemigo haya sido vencido y hayamos sido totalmente santificados. En ese tiempo nuestra visión de Dios será continua e intensa, sin distracción ni la conciencia de sí mismos que causa el pecado. Entonces conoceremos así como somos conocidos. No que nuestro conocimiento de Dios será completo, porque Él siempre nos revelará más y más de su infinito y maravilloso ser. “Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.” - Jesús (Mateo 5:8) “Dichosos los de corazón limpio,” dijo Jesús, “porque ellos verán a Dios” (Mt 5:8). Esta continua iluminación de su grandeza y bondad ciertamente es la maravilla más sobresaliente que resulta de una vida de santidad. Como puedes ver, hay suficientes buenas razones para cerrar la brecha entre lo que Dios espera de nosotros y nuestra propia experiencia. Fuimos hechos para compartir de su santidad-no sólo en el cielo, sino aquí en la tierra. Paso a paso, podemos aprender a vencer el pecado y a vivir de una manera que refleje más y más la gloria y el carácter de Dios. En este primer capítulo hemos tratado de estimular tu apetito por la santidad. Comenzando con el Capítulo Dos, vamos a empezar a formar el marco bíblico necesario para una vida santa y feliz. Discusión en Grupo
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    1. ¿Qué síntomasindican que uno está atrapado en la “trampa de la brecha”? 2. Una cierta brecha entre las normas de Dios y nuestro desempeño es inevitable; pero demasiada, y calificamos como hipócritas. ¿Dónde fijamos el límite? 3. ¿Cómo es que nuestra santificación es tanto historia pasada como esperanza futura? 4. El temor del Señor, dice el autor, es una “precondición para la intimidad con Dios” (página ). ¿Qué quiere decir? 5. ¿Hasta qué punto debe un cristiano maduro estar libre de pecado? 6. Ahora que has terminado este capítulo, ¿cómo explicarías Mateo 5:48 a un nuevo cristiano? Lectura Recomendada How to Help People Change 'por Jay E. Adams (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1986) Saved by Grace por Anthony A. Hoekema (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1989) Referencias 1. ↑ Jay E. Adams, The Biblical View of Self-Esteem, Self-Love, Self-Image (Eugene, OR: Harvest House Publishers, 1986), p. 78. 2. ↑ Oscar Cullman, Christ and Time (Philadelphia, PA: The Westminster Press, 1964), p. 3. 3. ↑ John Piper, The Pleasures Of God (Portland, OR: Multnomah Press, 1991), p. 147. 4. ↑ Ern Baxter, taped message, “Sanctification,” n.d. 5. ↑ Citado en Gathered Gold, John Blanchard, ed. (Welwyn, Hertfordshire, England: Evangelical Press, 1984), p.146. 6. ↑ J.C. Ryle, Holiness (Welwyn, Hertfordshire, England: Evangelical Press, 1879, reprinted 1989), p. 39. 7. ↑ Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1989), pp. 192-93. 8. ↑ Jerry Bridges, The Practice of Godliness (Colorado Springs, CO: NavPress, 1983), pp. 15-20. 9. ↑ Ibid., p. 24. 10. ↑ Ibid., p. 26. 11. ↑ J.I. Packer, Concise Theology (Wheaton, IL: Tyndale House, 1993), p. 169. 12. ↑ Sinclair Ferguson, A Heart for God (Colorado Springs, CO: NavPress, 1985), p. 129. 13. ↑ R.A. Muller, The International Standard Bible Encyclopedia, Volume Four (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1988), p. 324. 14. ↑ William Hendriksen, New Testament Commentary: Philippians (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1962), p. 176. 15. ↑ Citado en Gathered Gold, p.148. 16. ↑ Louis Berkhof, Systematic Theology (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1941), p. 52. 17. ↑ Reference missing from original Por C.J. Mahaney. Traducción por Covenant Life Church. Capítulo 4 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Donde Todo Comienza No hace muchos años comenzó a circular el rumor de que una popular estrella de rock había “nacido de nuevo.” La reacción de la comunidad cristiana fue, como era de esperar, de mucho entusiasmo. Pero cuando se enteró de su supuesta conversión, la estrella de rock pronto puso fin al rumor: “Se informó que yo nací de nuevo. Eso no es verdad. Lo que dije fue que me había
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    metido a laporno de nuevo.” Unas pocas letras pueden hacer toda una diferencia. A veces me hago escéptico cuando oigo vagos informes de que se han convertido figuras públicas. Aunque el individuo admita haber tomado la decisión de seguir a Cristo, su vida quizás no refleje el cambio correspondiente. Quizás no haya evidencia de un arrepentimiento, ni ninguna participación en una iglesia local. A medida que los ciudadanos ordinarios observan dichas aparentes contradicciones, concluyen incorrectamente que esto es lo que quiere decir nacer de nuevo. Medita en 1 Pedro 2:2-3. ¿Cuál es la “leche” que se describe aquí? ¿Por qué es esencial para el crecimiento espiritual la leche pura? Charles Colson es una notable excepción al patrón. Un anterior abogado y asistente presidencial en la administración del presidente Nixon, Colson fue condenado y encarcelado por su parte en el escándalo de Watergate. Pareció sospechoso cuando, durante ese tiempo, dijo haber entregado su vida a Cristo. Pero esa no era una trama para reducir su sentencia. La conversión de Colson fue genuina, según dejaba ver su nuevo estilo de vida. Su libro, Nacido de Nuevo, ofrece un elocuente y poderoso relato de su auténtico encuentro con el evangelio. Aunque la frase “nacido de nuevo” se usa comúnmente en la cultura de hoy, sus implicaciones teológicas han sido oscurecidas. Por ejemplo, cuando el boxeador George Foreman, que se había retirado, volvió al boxeo, los locutores deportivos dijeron que su carrera había “nacido de nuevo”. A los políticos que experimentan un retraso y luego vuelven a recuperar la popularidad a veces se les llama nacidos de nuevo. Y muchas personas piensan de los cristianos nacidos de nuevo como un hiperactivo grupo marginal dentro de la iglesia, sin darse cuenta de que el nuevo nacimiento ¡es un prerrequisito bíblico para siquiera ser parte de la iglesia! “Hacerse cristiano no es comenzar de nuevo en la vida; es recibir una nueva vida para comenzar.”[1] - Thomas Adams Hasta el cristiano maduro puede faltar en comprender esta crítica frase. Pero si alguna vez esperamos cambiar como Dios lo quiere, debemos comenzar con experimentar y entender lo que es la regeneración-el nuevo nacimiento. Aquí es donde comienza el proceso entero de la santificación. 1 ¿Cuál de las siguientes frases mejor describe, en tu opinión, lo que significa nacer de nuevo? (La respuesta está cabeza abajo en la parte inferior de la página) ❏Tomar una decisión de comenzar a vivir una vida mejor ❏Renovar un compromiso con Cristo ya perdido desde hace mucho tiempo ❏Pedir a Dios que te perdone tus pecados y que viva en tu corazón ❏Decir a todos tus antiguos amigos que se van a ir al infierno ❏Ninguno de los anteriores La Educación de un Fariseo La frase “nacido de nuevo” no se originó con el presidente Jimmy Carter. Se originó con Jesucristo. Descubramos dónde la introdujo y cómo quiso que se entendiera mientras escuchamos a escondidas una conversación capaz de doblar el cerebro en el tercer capítulo de Juan. Nicodemo era fariseo y miembro del concilio judío, el Sanedrín. Era muy respetado en Jerusalén como teólogo y maestro de la ley. En vista de su posición y prestigio, es sorprendente que
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    Nicodemo hiciera unavisita privada a Jesús. Después de todo, Jesús carecía de la preparación formal que Nicodemo y sus compañeros tanto valoraban. Además, este conservador rabí acababa de alborotar el templo al insinuar que tenía autoridad única de parte de Dios (Jn 2:13-22). Pero Nicodemo se sintió intrigado por la enseñanza de Jesús, y no podía negar ni rechazar los milagros que sucedían. Así que, con cierto grado de humildad, el prominente religioso privilegiado dijo al carpintero sin preparación académica de Galilea: Rabí, sabemos que eres un maestro que ha venido de parte de Dios, porque nadie podría hacer las señales que tú haces si Dios no estuviera con él (Jn 3:2). Respuesta: Ninguno de los anteriores. Para una definición bíblica, sigue leyendo. Una cosa se podría decir a favor de los fariseos - es que sabían la importancia de la etiqueta. Al dirigirse a Jesús como “Rabí”, Nicodemo expresó respeto por su posición como maestro y demostró disposición para aprender. Pero su próxima frase fue una de las que pronto se arrepentiría: “Rabí, sabemos...”. No era la manera recomendada para comenzar una conversación con el Hijo de Dios. Jesús pudo haber confrontado a Nicodemo por su arrogante actitud y pudo haber terminado ahí mismo la conversación. En vez de eso, decidió ayudar a Nicodemo a ver cuán limitado en realidad era su conocimiento. ¿Su método? Un rápido juego de Jeopardy (Peligro) bíblico. Categoría: Regeneración, por $200. “Raramente tomamos esta enseñanza [de que el hombre no puede entrar al reino de Dios] lo suficientemente en serio, quizás porque nos quita de debajo de los pies los últimos vestigios de nuestra natural suficiencia en nosotros mismos. Subraya la enseñanza bíblica de que nuestra salvación es toda por gracia. ¡Lo único que es necesario es lo que nosotros no podemos hacer!”[2] — Sinclair Ferguson “De veras te aseguro”, le contestó Jesús, “que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios” (vs. 3). La declaración del Señor dejó perplejo a Nicodemo. Él preguntó “¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo ya viejo?” Nicodemo no podía comprender lo que Jesús quería decir, ni tampoco estaba acostumbrado a que se dirigieran a él de esta manera. Típicamente le tocaba a él dar las respuestas, no buscarlas a tientas. Pueda que haya estado en el templo cuando Jesús, a los doce años de edad, maravilló a los sacerdotes con sus preguntas. Pero Jesús ya no era un adolescente. Para más estudio: Lee Mateo 19:23-26. ¿Cuál es la posibilidad, aparte de la intervención de Dios, de que la persona entre al reino de Dios? “Yo te aseguro”, continuó Jesús, “que quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios...no te sorprendas de que te haya dicho: ‘Tienen que nacer de nuevo’” (vs. 5,7). Pero Nicodemo se sorprendió. De hecho, se escandalizó. “¿Cómo es posible que esto suceda?” preguntó. En este momento Nicodemo necesitaba dos aspirinas. Para añadir a su dificultad tenía un sentido de humillación, especialmente cuando Jesús dijo, “Te digo con seguridad y verdad que hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto personalmente, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si les he hablado de las cosas terrenales, y no creen, ¿entonces cómo van a creer si les hablo de las celestiales?” (vs. 11-12). “El nuevo nacimiento no es sólo un misterio que ningún hombre comprende, es un milagro que ningún hombre puede emprender.”[3] — Richard Baxter
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    Es fácil mirarcon desprecio al humillado erudito, pero sometámonos al mismo examen: ¿Comprendemos lo que Jesús decía sobre nacer de nuevo? ¿Nos sorprendemos ante las declaraciones de Jesús? A menos que hayamos llegado al lugar donde, como Nicodemo, preguntamos, “¿Cómo es posible que esto suceda?”, no es probable que hayamos comprendido totalmente el misterio y el milagro de la regeneración. Nada Que Contribuir 2 Al enfocarte en las partes individuales de la extraordinaria declaración de Jesús, ¿recibes una nueva percepción? Tienen que nacer de nuevo Lo que Jesús intencionalmente omitió fue toda sugerencia de que Nicodemo tenía personalmente toda la responsabilidad de nacer de nuevo. De hecho, dijo todo lo opuesto: “Lo que nace del cuerpo es cuerpo; lo que nace del Espíritu es espíritu” (Jn 3:6). Para más estudio: ¿Cómo es que la paternidad de Abraham de Isaac e Ismael muestra el contraste entre nuestros esfuerzos y los de Dios? (Ve Génesis 21:1-13 y Romanos 9:6-9) No es difícil ver por qué a Nicodemo le parecieran tan confusos los comentarios de Jesús. Habiendo entendido e interpretado incorrectamente la ley, los fariseos buscaban establecer su propia justicia ante Dios. Nicodemo habrá supuesto que nacer de nuevo (cualquiera que sea el significado) tenía que ver con algún esfuerzo o contribución de su parte. La mayoría de nosotros supondríamos lo mismo. Y es exactamente esa suposición lo que Jesús ponía en duda. “Tienen que nacer de nuevo” no es un mandamiento para creer en Cristo; es una declaración que clarifica lo que Él debe hacer en nosotros. “La regeneración es un cambio que Dios hace en nosotros”, escribe C. Samuel Storms, “no un acto autónomo que nosotros desempeñamos por nuestra propia cuenta”.[4] Pausa por un momento para considerar las asombrosas implicaciones de las palabras de Cristo: ■Aunque absolutamente esencial para la vida cristiana, la regeneración no se puede lograr con el esfuerzo humano. ■Dios es el único autor del nuevo nacimiento; no es un esfuerzo cooperativo. ■La regeneración es una experiencia que debemos tener pero que sólo Dios puede dar. No es por falta de inteligencia que Nicodemo encontró las palabras del Señor tan confusas; es porque exigían un cambio de paradigma en su modo de pensar. Le revelaron cuán indefenso era y cuánto dependía de la misericordia del Señor. Antes de seguir, permíteme clarificar un punto. No estoy disminuyendo la importancia del arrepentimiento y la fe. Estas deben caracterizar nuestra respuesta a la regeneración, y son esenciales para la conversión y para nuestra continua santificación. Pero desde mi perspectiva son el resultado del nuevo nacimiento, no la causa. El teólogo A.A. Hodge nos advierte que mantengamos la perspectiva de la Escritura: “Haga lo que haga el hombre después de la regeneración, la primera resurrección de los muertos debe originarse en Dios”.[5]
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    “Una noche entresemana, cuando estaba sentado en la casa de Dios, no pensaba mucho en el sermón del predicador porque no lo creía. De repente me llegó el pensamiento, ‘¿Cómo es que llegaste a ser cristiano?’ Yo busqué al Señor. ‘Pero ¿cómo llegaste a buscar al Señor?’ En un momento la verdad me pasó por la mente como un relámpago – yo no debí haberlo buscado a Él a menos que haya habido una previa influencia en mi mente para hacer que lo buscara. Yo oré, creía yo, pero luego me pregunté, ¿Cómo es que llegué a orar? Fui inducido a orar al leer la Escritura. ¿Cómo es que llegué a leer la Escritura? La leí yo, pero ¿qué me llevó a hacerlo? Luego, en un momento, vi que Dios estaba detrás de todo, y que era Él el autor de mi fe, y así toda la doctrina de la gracia se abrió ante mí, y de esa doctrina no me he apartado hasta este día, y deseo hacer de esta mi constante confesión, ‘atribuyo mi cambio totalmente a Dios’”.[6] —Charles H. Spurgeon Considera esto con cuidado. Aprecia la radical transformación que se exige, y cuán incapaz e impotente eres para producirla. La regeneración es la distintiva obra de Dios solamente. Como dice J.I. Packer, “No es un cambio que el hombre hace algo para efectuar, tal como los infantes no hacen nada para inducir, ni contribuir, a su propia procreación y nacimiento”.[7]No nacemos “por voluntad humana, sino que...de Dios” escribió Juan (Jn 1:13). Una nueva, justa naturaleza ha sido impartida, de la que Dios es el único autor. Además, tenemos la seguridad de que “el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús” (Fil 1:6). ¡Eso debería producir verdadero regocijo! Medita en Tito 3:4-7. Reconocer el origen de nuestra salvación (v. 5) fortalece nuestra esperanza de la vida eterna (v. 7). Ya no necesitamos preguntarnos si nuestra voluntad y autodisciplina son suficientes. No lo son. Ser conformados a la imagen de Cristo no depende de nuestra habilidad. Más bien, podemos confiar respecto a nuestro crecimiento en santidad gracias a la obra definitiva de Dios. Él ha puesto dentro de nosotros una nueva disposición, una pasión por la justicia. “Esto”, dice J. Rodman Williams, “es el milagro más grande que cualquier persona puede experimentar”.[8] Que Haya Vida ¿Qué es lo que en realidad ocurre cuando uno nace de nuevo? J.I. Packer dice que la palabra regeneración “denota un nuevo comienzo de vida. . . habla de una renovación creativa efectuada por el poder de Dios”.[9] Cuando Dios te regeneró a ti, te llamó a ser algo que no existía anteriormente. La Biblia lo describe de esta manera: “Porque Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo” (2Co 4:6). El paralelo aquí entre nuestra regeneración y la creación es intencional. Nuestra regeneración no fue un acto menos creativo de Dios. El mismo Dios que dijo: “Que haya luz” un día nos habló a nosotros y dijo, “Que haya vida”. ¡Y hubo vida! Medita en 1 Pedro 1:23. ¿Cómo añade esta analogía a tu entendimiento del nuevo nacimiento? El nuevo nacimiento también se puede ver como una resurrección. Aunque estábamos muertos en pecado y éramos incapaces de alterar esta condición, ahora hemos sido hechos vivos a Dios por la regeneradora obra del Espíritu Santo. El teólogo R.C. Sproul explica esto en mayor detalle: 3 He aquí la situación: Tú eres un especialista en la juventud que asesora a jóvenes con un raro desorden mental – están absolutamente convencidos de que se dieron a luz a sí mismos. ¿Qué clase de ansiedades esperarías que esto produjera en ellos? (¿Esperarías ver similares ansiedades en los cristianos que no entienden el papel que desempeña Dios en la regeneración?)
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    El Espíritu vuelvea crear el corazón humano, reviviéndolo de la muerte espiritual a la vida espiritual. Las personas regeneradas son nuevas creaciones. Mientras que anteriormente no tenían disposición, inclinación, ni deseo de las cosas de Dios, ahora están dispuestas e inclinadas hacia Dios. En la regeneración, Dios siembra un deseo de sí mismo en el corazón humano que de otra manera no estaría ahí.[10] “Un hombre muerto no puede ayudar en su propia resurrección”, observa W.G.T. Shedd.[11] Si no hubiera sido por la obra de gracia del Espíritu Santo, quien nos dio una nueva vida completa con una nueva naturaleza y un nuevo deseo de agradar, servir, obedecer, y glorificar a Dios, todavía estaríamos espiritualmente muertos y seríamos hostiles hacia Dios. La regeneración se distingue de las otras facetas de nuestra salvación. Por ejemplo, aunque la justificación altera nuestra posición legal ante Dios (o sea, somos declarados justos en vez de culpables), la regeneración transforma nuestra naturaleza fundamental. Este cambio interno es tan radical y extenso que ahora se nos describe como nuevas creaciones. La imagen de Dios que se corrompió en la caída del hombre se vuelve a crear a través del nuevo nacimiento y es progresivamente renovada a través de la santificación. Pero a diferencia de la santificación, la regeneración no es un proceso. No toma lugar gradualmente ni por grados. Es una obra soberana e instantánea de Dios en nuestra vida. “La regeneración es un cambio que se conoce y se siente: se conoce por las obras de santidad y se siente por una experiencia de gracia”.[12] — Charles H. Spurgeon Por favor no me mal entiendas. No todos son regenerados con todas las dramáticas experiencias que tuvo Pablo. Aquí estaba un hombre que fue sobrenaturalmente cegado por tres días y a quién se le habló audiblemente desde el cielo. Pero Pablo no fue la única persona que nació de nuevo en el libro de los Hechos. Cuando Lidia oyó el evangelio en una reunión de oración para mujeres, “el Señor le abrió el corazón para que respondiera al mensaje de Pablo” (Hch 16:14). Eso fue lo único. Los ojos de Pablo fueron temporalmente cegados, y el corazón de Lidia fue tranquilamente abierto. Diferentes experiencias, pero el resultado fue exactamente el mismo. Para más estudio: ¿Quién es “el que santifica”? (Hebreos 2:11). ¿Para qué etapas de nuestra santificación es responsable Él? (Hebreos 12:2) Con frecuencia somos tentados a medir la autenticidad de una conversión por las experiencias que la acompañan. A todos les gusta oír a un líder de pandilla o vendedor de drogas cuya vida es dramáticamente cambiada. Pero supongamos que tú eres una Lidia. Simplemente ibas conduciendo el automóvil un día, escuchando una cinta que alguien te había prestado, y sin nadie como testigo Dios suavemente te abrió el corazón. No oíste ninguna voz, el auto no se salió de la carretera. Nada dramático. Pero al llegar al trabajo sabías, aunque no lo pudieras explicar, que algo significante había sucedido. Eras diferente. Habías nacido de nuevo. Yo he tenido el privilegio de visitar el lugar en Inglaterra donde John Wesley nació de nuevo. Considera este sencillo relato de ese momento: “Sentí el corazón extrañamente tibio dentro de mí”. No lo que uno describiría como una experiencia explosiva, pero la validez y el impacto de la regeneración de Wesley no se puede negar. 4 En el espacio abajo, o al pie de esta página, traza una sencilla línea de tiempo de tu vida, comenzando con tu nacimiento y extendiéndola hasta el presente. Luego indica cuándo experimentaste cada uno de los siguientes: regeneración, justificación, santificación, arrepentimiento, y fe. ¿Cuál sucedió en un punto específico en el tiempo? ¿Cuáles continúan por el presente?
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    Ya sea discretoo dramático, cada nuevo nacimiento tiene esto en común: su autoría ha sido exclusiva y totalmente de Dios. La trama y los personajes son únicos, pero la historia es siempre la misma. Somos nuevas creaciones. Lo viejo ha pasado, lo nuevo ha llegado. Una Resolución Inútil No es sólo en su evangelio que encontramos a Juan incluyendo notables declaraciones sobre la regeneración. Terminemos examinando estas asombrosas palabras: Ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él; no puede practicar el pecado, porque ha nacido de Dios. (1Jn 3.9) ¿Alguna vez has leído este versículo y te has sentido confuso? No es posible que pueda querer decir lo que dice...¿no? Pocas personas pueden existir siquiera una hora o dos sin pecar de un modo u otro. Quizás el verdadero significado del versículo se perdió en la traducción. Por otro lado, nos preocupamos, ¿y qué si está correcto? Esa no parece ser mi experiencia...¿eso quiere decir que no he “nacido de Dios”? Juan no está sugiriendo que los verdaderos cristianos son incapaces de pecar. Eso es evidente en el primer capítulo de la misma epístola, donde escribió, “Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad” (1Jn 1:8). No-el pecado todavía está muy presente, y aunque su dominio en nuestra vida ha sido destruido, podemos rendirnos ante su influencia en cualquier momento. Pero al escribir que el que nace de Dios “no puede practicar el pecado”, Juan demuestra que la regeneración nos ha hecho incapaces de seguir pecando. El significado de Juan en este pasaje, según Anthony Hoekema, es que el cristiano “no sigue practicando y gozándose en el pecado, con total abandono...no es capaz de seguir pecando con gozo, de seguir viviendo en pecado”.[13] John R.W. Stott lo resume más sencillamente: “El creyente puede caer en pecado, pero no caminará en él”.[14] ¿Ves la diferencia? “La regeneración ocurre principalmente en el centro del ser del hombre, o sea, en su corazón o espíritu. En este nivel más profundo de la existencia humana hay un cambio decisivo”.[15] — J. Rodman Williams Supongamos que yo fuera lo suficientemente necio como para probar la aserción de Juan al tomar esta resolución personal: “En los próximos seis meses trataré de desarrollar un estilo de vida pecaminoso”. Esto obviamente no es algo que yo desearía ni recomendaría. Sin embargo, no creo que podría llevar a cabo tal resolución. ¿Por qué? Porque he nacido de Dios. Ahora tengo un nuevo corazón, una nueva vida, y una nueva inclinación a buscar la santidad y agradar a Dios. Aunque todavía cometo pecados, por su poder de regeneración soy incapaz de dedicarme al pecado o de seguir en él. Jamás volveré a poder gozar del pecado como un estilo de vida. Sólo un hecho divino pudo haber logrado un cambio semejante. Medita en Efesios 4:22-24. ¿Qué caracteriza al “nuevo ser” en que nos hemos convertido a través de la regeneración? Ya no estamos desvalidos o indefensos en nuestra diaria confrontación con el pecado. No estamos destinados a andar en continua desobediencia y derrota. Dios interna, sobrenatural, y fundamentalmente nos ha transformado. Ahora poseemos el deseo y habilidad de agradarlo a Él por el resto de nuestra vida. Motivados y fortalecidos por la gracia, podemos anticipar una vida entera de cambio progresivo y definitivo. Aquí es donde comienza la santificación-en la seguridad y confianza de que hemos nacido de nuevo, no por nuestro propio esfuerzo sino por el poder y propósito de Dios. Discusión En Grupo
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    1. ¿Cuáles sonalgunas de las palabras que uno que no es cristiano podría usar para describir a un cristiano “nacido de nuevo” típico? 2. ¿Cuál es una posible razón por la que las conversiones de celebridades son frecuentemente superficiales? 3. Thomas Adams ha escrito, “Quitemos el misterio del nuevo nacimiento y le hemos quitado su majestad”.[16]¿Qué hace misteriosa la regeneración? 4. ¿Es una lucha para ti creer que Dios fue el único responsable por tu renacimiento? 5. Si Lidia y Pablo representan los extremos de la experiencia de nacer de nuevo, ¿dónde estarías tú en el espectro? 6. Habla de la línea de tiempo que trazaste en la página . ¿Alguna pregunta sobre la secuencia de la salvación? 7. Lee Hebreos 12:2. ¿Cómo afecta tu opinión de la santificación esta “garantía incondicional”? 8. ¿Este capítulo te ha hecho pensar de manera diferente sobre el nuevo nacimiento? Lectura Recomendada The Christian Life por Sinclair Ferguson (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1989) God’s Words por J.I. Packer (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1981) Referencias 1. ↑ Citado en R.C. Sproul, Born Again: Leader Guide (Orlando, FL: Ligonier Ministries, Inc., 1988), capítulo I, p. 14. 2. ↑ Sinclair Ferguson, The Christian Life (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1989), p. 55. 3. ↑ Citado en R.C. Sproul, Born Again: Leader Guide, capítulo III, p. 20. 4. ↑ C. Samuel Storms, Chosen for Life (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1987), p. 108. 5. ↑ Citado en R.C. Sproul, Born Again: Leader Guide, capítulo III, p. 19. 6. ↑ Charles Spurgeon, Autobiography, 1 (Edinburgh: Banner of Truth Trust, 1962), pp. 164-65. 7. ↑ J.I. Packer, God’s Words (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1981), p. 151. 8. ↑ J. Rodman Williams, Renewal Theology, Volume II: Salvation, The Holy Spirit, and Christian Living (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1990), p. 37. 9. ↑ J.I. Packer, God’s Words, pp. 148-149. 10. ↑ R.C. Sproul, Essential Truths of the Christian Faith (Wheaton, IL: Tyndale House, 1992), pp. 171-172. 11. ↑ Citado en R.C. Sproul, Born Again: Leader Guide, capítulo III, p. 19. 12. ↑ Citado en R.C. Sproul, Born Again: Leader Guide, capítulo II, p. 17. 13. ↑ Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1989), p. 100. 14. ↑ John R.W. Stott, The Epistles of John (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1964), p. 136. 15. ↑ J. Rodman Williams, Renewal Theology, Volume II, p. 50. 16. ↑ Quoted in R.C. Sproul, Born Again: Leader Guide, Chapter II, p. 16. Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church. Capítulo 5 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Unidos Con Cristo Cuando me convertí en 1972, al comienzo del movimiento carismático y del movimiento del pueblo de Jesús, no me impresionaban los argumentos lógicos sobre Dios o la vida cristiana. La mía era una generación irreverente, una generación que “se iluminaba y permanecía iluminada”. Me inclinaba más a burlarme de cualquier conversación seria sobre el tema de la religión que escuchar.
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    Lo que yonecesitaba era una experiencia con Dios. Y eso es exactamente lo que recibí. Conocí a una familia cristiana cuya vida llena de gozo hizo una tremenda impresión en mí. Hablaban de Jesús como si estuviera presente allí mismo, y se comportaban como si su vida hiciera una verdadera diferencia para ellos. Al principio pensé que eso era original. Pero luego sentí curiosidad. Me atrajo la calidad de su vida. Y cuando me explicaron que no siempre había sido así para ellos sino que Jesús había cambiado su vida, comencé a desear que lo mismo sucediera conmigo Medita en 2 Timoteo 3:16-17. Si de verdad quieres cambiar, he aquí el boleto. Al decir “vida cambiada” me refiero a la diferencia que Jesucristo hace en la manera, los hábitos, y la cosmovisión de la persona, hasta en el mismo centro de su naturaleza. Esta familia era prueba sólida de que Dios sí hace una diferencia. Y cuando yo nací de nuevo y mi vida comenzó a cambiar, también concluí que Jesús vive. Pero también aprendí que el cambio tiene que ver con algo más que una sola experiencia. Es necesario que entendamos cómo es que sucede ese cambio, por qué sucede, y quién hace que suceda. La Escritura trata directamente con esos asuntos. Aquí es donde vamos si queremos crecer. Una Carta a Roma 1 Después que naciste de nuevo, ¿cuál fue lo primero en tu vida que sabías que necesitabas cambiar? ¿Cómo vencemos el pecado y vivimos victoriosamente en Cristo? Los cristianos en todo lugar buscan respuestas a esta pregunta...muchos de ellos en los lugares equivocados. Como se podría esperar, Dios ha dado la respuesta en su Palabra. El sexto capítulo de la epístola de Pablo a la iglesia en Roma ha sido reconocido desde hace mucho tiempo por su esencial contribución a la doctrina de la santificación. En este capítulo encontramos a Pablo arguyendo a favor de un correcto entendimiento de lo que significa vivir como cristiano. Pero sería un error tratar de descubrir el significado que Pablo da en Romanos 6 sin tomar en cuenta su contexto, así que un breve repaso de esta epístola está en orden. Romanos, más que ninguna de las otras epístolas de Pablo, sistemáticamente expone la doctrina de la salvación. Luego de algunas expresiones de introducción, él suelta una dura condena de toda la raza humana, mostrando que todos somos culpables como pecadores ante Dios. Luego explica cómo es que Dios justifica a esos pecadores por medio de la fe en Jesucristo. Esto es lo esencial en los primeros cuatro capítulos. En el capítulo 5 Pablo comienza a hablar de la paz y seguridad que nos vienen como resultado directo de la obra expiatoria de Cristo en la cruz. Ahora tenemos paz con Dios y podemos regocijarnos en la esperanza de la gloria de Dios. Hasta podemos regocijarnos en las tribulaciones que nos vienen porque desarrollan nuestro carácter y producen esperanza. El amor de Dios nos ha sido derramado a través del Espíritu Santo. Y siendo que estas grandes cosas fueron hechas por nosotros cuando éramos sus enemigos, podemos estar más que seguros de la continua gracia de Dios ahora que somos sus amigos. En la última parte del capítulo 5, Pablo bosqueja una comparación y un contraste entre Jesús y Adán, mostrando que el sacrificio de Cristo más que compensa por la miseria causada por el pecado de Adán. Termina el capítulo con estos dos versículos: Para más estudio: Los oponentes de Pablo convencieron a la iglesia de los gálatas de que su mensaje trivializaba la ley. Mira con qué fuerza Pablo responde en Gálatas 1:6-9 y 3:1-14. En lo que atañe la ley, ésta intervino para que aumentara la transgresión. Pero allí donde abundó
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    el pecado, sobreabundóla gracia, a fin de que, así como reinó el pecado en la muerte, reine también la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor (Ro 5:20-21). A Pablo le gustaría seguir describiendo las bendiciones de la justificación, pero hace una pausa, dándose cuenta de que la última frase fácilmente podría malinterpretarse. Por tanto comienza el capítulo 6 con un asalto frontal contra los que tratarían de torcer su significado:[1] “¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?” (Ro 6:2). “¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?” — Pablo el Apóstol (Romanos 6:1-2) Cuando se predica correctamente, el evangelio de la gracia siempre estará expuesto a la acusación de que promueve la infracción de la ley. Dondequiera que iba Pablo era acosado por oponentes que lo acusaban de enseñar que, siendo que estaban perdonados, no importaba cómo vivieran. Así era como distorsionaban su razonamiento: “Si Dios perdona libremente por gracia (lo que sí hace) y si es verdad que la gracia de Dios se magnifica en el perdón del pecado (lo que así es), entonces ¿por qué no pecar más todavía para que fluya más gracia y Dios reciba más gloria?” “Alto ahí”, dice Pablo. “Ustedes están pasando por alto algo fundamental. Por medio de este evangelio morimos al pecado. Y si ese es el caso, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?” Pablo pasa el resto del capítulo 6 contrarrestando esta acusación de faltar en el cumplimiento a la ley, o antinomianismo. Al hacerlo así, no solamente responde a sus críticos sino que nos da algo de la enseñanza más rica que se encuentra en el Nuevo Testamento. Pues aquí descubrimos lo que significa estar unidos con Cristo, un lugar que radicalmente altera nuestra relación con el pecado. ¿Estuviste Ahí? Para más estudio: Colosenses 3:3 dice “su vida está escondida con Cristo en Dios”. Eso da tremenda seguridad-una verdad que David capta bellamente en el Salmo 91. Todos podemos ver a individuos en el pasado que han influenciado nuestra vida: nuestros padres, un amigo especial, o quizás una buena maestra de primaria. Pero Jesucristo es diferente a cualquier otro. Es seguramente cierto que muchos que nunca han nacido de nuevo han sido influenciados por el ejemplo y la enseñanza de nuestro Señor, pero el Nuevo Testamento siempre ha sostenido que la verdadera fe en Jesucristo lleva a una relación mucho más penetrante e infinitamente más significante que la simple influencia moral. Pablo habla de que “estamos en Cristo” y que Cristo “está en nosotros”. Y las implicaciones de esta misteriosa unión son, sin ninguna exageración, asombrosas. John R.W. Stott ha escrito, El gran tema de Romanos 6, y en particular los versículos 1-11, es que la muerte y resurrección de Jesucristo no son sólo hechos históricos y doctrinas significantes, sino experiencias personales del creyente cristiano. Son sucesos en los que nosotros mismos hemos llegado a compartir. Todos los cristianos han sido unidos a Cristo en su muerte y resurrección. Además, si esto es cierto, es inconcebible que sigamos viviendo en pecado.[2] 2 Si pudieras compartir en los logros de uno de estos individuos famosos, ¿quién sería? ❏Martin Luther King, Jr.: Líder en la lucha por los derechos civiles ❏Winston Churchill: Político británico
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    ❏Thomas Edison: Prolíficoinventor ❏Beverly Sills: Cantante de ópera ❏Michael Jordan: Leyenda del baloncesto ❏Madame Curie: Primera persona en ganar dos premios Nobel ❏Jesucristo: Creador, Salvador, y Señor ¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva. En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada en él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que no siguiéramos siendo esclavos del pecado. (Ro 6:3-6) Que nuestro Señor en realidad conquistó la muerte es una verdad abrumadora. Pero, tan admirable como es esto, es quizás más notable el hecho de que se nos considera estar unidos con Él en su muerte, sepultura, y resurrección. Pablo reitera esta verdad en otra epístola: He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. (Gá 2:20) Nota las frases “con Cristo” y “en mí” en los pasajes anteriores. Indican nuestra unión con Jesucristo. Pablo usa el acto del bautismo para recordarnos estas verdades. Pero lo que está ansioso por demostrar no es el bautismo, sino la fe que lleva al bautismo. Es sobre esta fe que se basa nuestra presente unión con Cristo. Para más estudio: Nótense los lugares en Juan 17 donde Jesús se refiere a estar “en” sus discípulos y viceversa (vs. 21, 23, y 26). De modo que, ¿cuáles son las implicaciones de esta relación? De alguna manera estamos conectados con Jesucristo mismo. Y este es uno de esos casos en los que a quién uno conoce es mucho más importante que lo que uno sabe - una lección que yo aprendí en un café de Connecticut. En 1974 Joyce, mi hermana menor, y yo visitábamos a nuestra anciana abuela en Bridgeport, Connecticut. Un día Joyce sugirió que cruzáramos la calle para ir al café y comprar unos sándwiches. Pero el vecindario de abuela se había deteriorado, y al nomás entrar vi que habíamos cometido un error. El lugar estaba repleto de adolescentes de dura y amenazadora apariencia. Todo se volvió silencio y todos los ojos se fijaron en nosotros - y nadie sonreía. Varios pensamientos se cruzaron por mi mente. ¿Creerán que estamos invadiendo su territorio? ¿Serán lo suficientemente mayores como para saber que se pueden meter en un gran problema por asesinar? “¿Cómo puede una persona que vivió hace casi dos mil años radicalmente cambiar una vida humana aquí y ahora?....¿Acaso el Jesús del pasado se convierte, de hecho, en el Jesús del presente? El apóstol Pablo dice que así es. Y esta es la diferencia entre su influencia y la de cualquier otra persona de influencia. Él nos toca aquí y ahora, no simplemente con las ondas de las corrientes históricas que una vez puso en movimiento, sino al entrar en unión con nosotros personalmente.”[3] — Lewis Smedes Todavía me pongo nervioso al pensar en ello. Joyce, por el contrario, estaba tan fresca como una lechuga. Aunque atractiva y muy femenina, había pasado un par de años como directora en un campamento de adiestramiento del Cuerpo de trabajo en Montana donde obtuvo valiosa
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    experiencia en cómolidiar con delincuentes. Y en años futuros llegaría a prestar servicio como enfermera de salud pública en Alaska, a atravesar bastante del camino en la cordillera Appalachia, y a trabajar como enfermera de conmoción y trauma. (Estos son sólo los puntos sobresalientes.) Creo que se podría decir que carecía de todo miedo. Pero yo no. Mientras estábamos ahí de pie, rodeados de inminente peligro, Joyce notó mi temor. Me dijo en un tono que yo juzgué demasiado fuerte, “¿Qué te pasa? ¿Tienes miedo?” Yo no sentí ganas de contestar, por lo menos en ese momento. De alguna manera nos arreglamos para conseguir los sándwiches y salimos unos pocos minutos después sin ningún incidente. Ya seguros afuera, yo le dije a ella, “Joyce, esta es una parte peligrosa de la ciudad. Me alegro que estés conmigo. Necesito la protección." No es lo que uno sabe, sino a quién uno conoce lo que vale. El Significado de Unión Medita en Efesios 4:7-8. Qué mejor cautiverio que ser rehenes de Cristo Jesús. Todos los cristianos-no sólo la élite espiritual-están unidos a Jesucristo. Si uno no está unido a Cristo, no es cristiano.[4] 3 Medita en los siguientes hechos bíblicos. ¿Cuál de estos versículos te alienta más? ❏“Yo estoy contigo. Te protegeré por dondequiera que vayas” (Gn 28:15). ❏“Estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mt 28:20). ❏“Ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios...podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Ro 8:38-39). ❏“Nunca te dejaré; jamás te abandonaré” (Heb 13:5). Nuestra unión con Cristo es una relación viviente que nos da la gracia para vencer el pecado y vivir vidas victoriosas. Jesús es el autor y consumador de nuestra fe, el capitán de nuestra salvación. Él es el pionero que ha ido delante de nosotros y hasta ha conquistado la muerte. Sinclair Ferguson lo describe como el alpinista principal de un equipo que escala el santo monte de Sión. Estamos amarrados a Él. Y es tan seguro que como Él ha triunfado, así triunfaremos nosotros.[5] Esta relación también se puede ver en las metáforas que nuestro mismo Señor usa cuando dice, “Yo soy la vid y ustedes son las ramas” (Jn 15:5). Se nos dice que permanezcamos en Él, pues aparte de Él no podemos hacer nada. La Versión Reina Valera Revisada también hace resaltar esto: “Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la [semejanza] de su resurrección. . .” (Ro 6:5, RVR). Nuestra unión con Cristo es dinámica, no estática. Él nos ha injertado a una relación que crece. Medita en Filipenses 2:1. Aunque nuestra unión con Cristo es un hecho, la conciencia de ese hecho debe generar suficiente sensibilidad. Ya sea que nos sintamos unidos con Cristo o no es de secundaria importancia; el hecho es que lo estamos. Este es nuestro estado como creyentes. ¿Acaso un matrimonio deja de existir sólo porque los esposos sienten cierta distancia entre ellos? Claro que no. Permanecen legalmente unidos aun cuando su afecto se enfríe por un tiempo. Los sentimientos - o la falta de ellos - de ninguna manera ponen en peligro el hecho de nuestra unión con Jesús. El matrimonio con frecuencia ofrece una bella analogía de nuestra unión con Cristo. En el matrimonio, dos personas se juntan para formar una nueva entidad, una unión. Retienen sus identidades individuales al mismo tiempo que emergen de una manera que es única y misteriosa. La mujer toma el nombre de su esposo, mostrando su sumisión a él. El esposo asume la responsabilidad por el apoyo y protección de su esposa. Tienen todos sus bienes y
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    responsabilidades en común,y llevan anillos como simbólica evidencia de su especial relación. Así es cuando nos casamos con Jesucristo. Aunque retenemos nuestra propia personalidad, nuestra naturaleza cambia dramáticamente cuando compartimos de la divina naturaleza. Ya no somos la misma persona que éramos antes. Pertenecemos a Cristo, habiendo tomado su nombre. Nos hemos identificado con Él, deseando ser conocidos como suyos, sin importar el costo. Traemos a la relación todos nuestros bienes y responsabilidades y así lo hace también Él. (¡Qué mal negocio, al parecer, para el Señor - Él recibe nuestro pecado y nosotros recibimos su justicia!) Y por último, el bautismo es el “anillo de boda” que dice al mundo que observa que pertenecemos a Cristo. Para más estudio: Lee Juan 14:19. “Porque yo vivo, también ustedes vivirán”. ¡Qué promesa! Nuestra unión con Cristo es una unión duradera y eterna. Jesús alentó a sus discípulos con la promesa, “Así ustedes estarán donde yo esté” (Jn 14:3). El significado claro es que un día gozaremos de la presencia física del Señor, así como ahora gozamos de su presencia espiritual. Que el cristiano está unido a Jesucristo es un hecho claro. Pero exactamente cómo estamos unidos a Él es un asunto de profundo misterio. Sabemos que esto lo hace el Espíritu Santo. Cito a Lewis Smedes: El Espíritu es el lazo viviente entre Él y nosotros. Él toma lo que es de Cristo y lo “baja” hasta nosotros. El Espíritu siempre es representado en términos personales. Él no es como un tubo por el que la materia llamada vida nos es derramada a nosotros que estamos al otro lado. Él siempre es un ser viviente, dinámico creador de vida; Él nos devuelve a nuestro sentido espiritual, nos abre los ojos a la realidad de Cristo, alimenta nuestra fe, nos disciplina, y sobre todo, nos injerta al Cristo viviente.[6] No hemos sido eliminados de esta unión, sino que Cristo ha sido añadido. No hemos sido eliminados, sino que hemos sido cambiados por el Espíritu que ha tomado residencia dentro de nosotros. Además, no se nos ha entregado una guía ni se nos ha dicho que busquemos nuestro camino al cielo. Al contrario, se nos ha dado un Guía que nos acompañará hasta ahí personalmente. ¿Vamos a Persistir en el Pecado? Como notamos anteriormente, Pablo contesta esta pregunta con una resonante negativa. No podemos persistir en el pecado, arguye él, porque “hemos muerto al pecado”. Desafortunadamente, esta frase ha sido sujeta a mala interpretación, a veces con catastróficos resultados. Un popular maestro de la Biblia interpreta la declaración de Pablo como que el pecado ya no tiene ninguna influencia en el cristiano. Hace la pregunta: Si uno recostara a un muerto en la pared, luego desfilara ante él a un grupo de mujeres escasamente vestidas, ¿qué efecto tendría esto en él? Ningún efecto. ¿Por qué? Porque está muerto. El pecado ya no lo puede tentar. Aunque ciertamente es muy atractiva, esta interpretación contradice la experiencia humana y rinde incompresible la multitud de advertencias bíblicas de evitar el pecado. Pablo nos insta a no rendir nuestro cuerpo al pecado (Ro 6:12-14), una admonición “totalmente innecesaria si hemos muerto al pecado de tal manera que ahora no respondemos a él.”[7]8 Los que creen que de cierto modo están más allá de ser tentados ignoran la advertencia del apóstol a los corintios: “Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer” (1Co 10:12). Medita en Hebreos 4:14-16. Siendo que Cristo mismo fue tentado “en todo de la misma manera que nosotros”, ¿no sería insensato fingir que nosotros no lo somos? Algunos han tratado de entender la frase de Pablo “hemos muerto al pecado” como un imperativo, un mandato, algo que el cristiano debe hacer. El próximo paso es insistir que todo cristiano tenga una experiencia de “muerte al pecado” o de “muerte a sí mismo”: “Necesita morir
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    a sí mismo.Y si no ha sucedido, es necesario que lo considere que así es hasta que lo sea.” “Si ustedes se consideran haber muerto en su muerte, y haber resucitado a una nueva manera de vivir en su resurrección, el pecado ya no los dominará. Ahora viven bajo un régimen de gracia, y la gracia no estimula el pecado, como lo hace la ley; la gracia libera del pecado y les permite triunfar sobre él.”[8] — F.F. Bruce Si vemos “morir al pecado” como algo que debemos hacer, nos dirigimos hacia serio desánimo...o algo peor. Yo creo que esta es la razón por la que muchos parecen caer tan de repente. (¿Recuerdas a mi amigo Greg?) Luchan para mantener una apariencia externa de victoria al mismo tiempo que por dentro su vida es una masa de frustración. Luego cuando por fin se les acaba la gasolina, no tienen esperanza para volver a tratar. Habiendo aportado su mejor esfuerzo, no ven cómo pueden posiblemente lograrlo. Creo que Sinclair Ferguson tiene la interpretación más correcta de esta muerte al pecado. Él escribe, “Pablo no nos está diciendo que hagamos algo; él está analizando algo que ya ha tenido lugar”.[9]A pesar de nuestra continua vulnerabilidad ante la tentación del pecado, se pueden decir dos cosas con certeza de los que han sido unidos con Cristo: Medita en Romanos 6:18. Apréndete de memoria este versículo y tu “potencia de fuego” aumentará inmediatamente. Nosotros morimos a la paga (o culpa) del pecado.La Escritura dice claramente que “la paga del pecado es muerte” (Ro 6:23). La muerte es la paga del pecado. Pero la muerte de nuestro Señor eliminó la paga del pegado. Y porque estamos “en él”, nosotros también hemos muerto a la paga del pecado. Otra manera de decir esto es, “Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús” (Ro 8:1). Hemos muerto al reino del pecado. Como resultado de nuestra unión con Cristo en su muerte, ya no estamos obligados a pecar. ¡Esto es emocionante! No es que ya no podamos pecar sino que podemos no pecar. Pablo dice, “Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia” (Ro 6:14). 4 Indica cuáles de las siguientes declaraciones son verdaderas y cuáles son falsas. (Las respuestas están cabeza abajo en la parte inferior de esta página) •Todo cristiano necesita tener una experiencia de “muerte a sí mismo”V F •Un cristiano verdaderamente maduro ya no es tentado por el pecado V F •El cristiano santificado no lucha con tentaciones mayores V F •Porque estoy muerto “en Cristo” la paga del pecado no me puede hacer daño V F La esclavitud es un tema prominente en Romanos 6, donde se presentan dos tipos muy diferentes de esclavitud. Antes de ser cristianos éramos esclavos del pecado. No teníamos otra opción aparte de pecar. Ahora que estamos en Cristo somos esclavos de Dios. La relación de amo/esclavo que teníamos con el pecado ha sido rota. Ahora Dios es nuestro amo. Por lo tanto es correcto decir, “No tengo que servir al pecado hoy. He sido puesto en libertad”. Pero la única persona que puede verdaderamente decir esto es la persona que es esclava de Dios. Aunque hemos muerto con Cristo, la Escritura nos exhorta a dar “muerte a los malos hábitos del cuerpo” para que podamos vivir (Ro 8:13). Esperamos que el Apéndice B, que comienza en la página , ilumine este tema que tiene la posibilidad de confundir. Lo Necesario Para Cambiar Ya hemos dicho lo suficiente sobre el fundamento para la victoria. ¿Cómo funciona en la práctica?
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    Yo he tenidomuchas oportunidades para confiar en estas verdades en mi propia vida y ministerio pastoral. En más de una ocasión, hombres que luchaban con fantasías sexuales me han pedido ayuda para renovar su mente. La lujuria es un asunto completamente antitético a toda la noción de la santidad. Los que luchan con ella se desesperan por ser liberados. Pero es muy raro que la ayuda duradera llegue inmediatamente. Recuerdo a un hombre en sus treinta que demostró la actitud correcta hacia este problema. Su conciencia había sido despertada y vio su pecado bajo la luz de la santidad de Dios. Porque quería ser libre para glorificar a Dios, estaba muy motivado y dispuesto a hacer el trabajo necesario para crecer en santidad. Estos fueron los pensamientos que compartí con él de Romanos 6: Para más estudio: Lee Efesios 4:22-24. ¿Qué pasos prácticos puedes dar para implementar este mandamiento? Saber la verdad. “Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado” (Ro 6:6). Debemos primero saber para poder creer. El conocimiento espiritual precede a la fe. Yo le sugerí a este hombre que comenzara memorizándose el capítulo seis de Romanos. Pablo después declara que “la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz” (Ro 8:6). ¿Qué mejor manera de tener una mente espiritual que llenar la mente con la Escritura? Respuestas: F, F, F, V Es mucho más fácil seguir el ejemplo de Jesús de luchar contra la tentación con la Palabra de Dios cuando esa Palabra ha sido guardada en el corazón. “En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti” (Sal 119:11). Necesitamos tener la verdad en nuestro corazón y en la punta de la lengua. A medida que nos memorizamos la Escritura y meditamos en ella, seremos transformados de enclenques espirituales que se dan por vencidos ante la más mínima tentación, a guerreros espirituales que dicen, “Morimos al pecado; ¿cómo podemos vivir más en él?” “No hay nada, quizás, en todo el alcance y esfera de doctrina que, si se conoce a fondo y se comprende, dé mayor seguridad, mayor consuelo y mayor esperanza que esta doctrina de nuestra unión con Cristo”[10] —D. Martyn Lloyd-Jones Darlo por cierto. “En cuanto a su muerte, murió al pecado una vez y para siempre; en cuanto a su vida, vive para Dios. De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Ro 6:10-11). 5 La lucha contra el pecado comienza en tu mente. Traza una línea conectando cada uno de los pensamientos destructivos abajo con el versículo que mejor lo refuta. “Esta noche estoy solo...¿qué si alguien se mete a la casa?” Fil 4:13 “Soy tan feo y gordo - de nada sirve seguir con la dieta.” 1Co 10:13 “Simplemente no me atrevo a hablar de Jesucristo a mi jefe.” 2Ti 1:7 “Nunca podré mantener mi virginidad.” Mt 19:26 “¿Cómo puedo perdonarlo por lo que hizo?” Sal 139:14 “Este no es un juego de ‘hagamos de caso’”, escribe el teólogo F.F. Bruce. “Los creyentes deben considerarse ser lo que Dios de hecho los hizo”.[11] Porque estamos muertos al pecado, la paga y culpa del pecado ya no son un problema. Tenemos que agradecérselo a Jesús. Pero más allá de esto, ya no estamos obligados a pecar, ¡sino que estamos vivos para Dios en Cristo Jesús! Esta frase nos lleva otra vez a nuestra unión con Cristo y todas las bendiciones asociadas con ese feliz principio.[12] “Considérense muertos al pecado” usa un término de contabilidad que también se puede traducir como “estímense” o “calcúlense”. Si yo fuera confiable y le dijera que he depositado dinero en su cuenta bancaria, usted lo consideraría como hecho. En esencia,
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    Pablo está diciendo,“No te comportes como perdedor, porque no eres perdedor. Compórtate como el hijo de Dios que eres”. Ofrézcanse a Dios. “No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia” (Ro 6:13). Tenemos que escoger - muchas veces - todos los días. Podemos ofrecer las partes de nuestro cuerpo a Dios para usarlas en justicia, o podemos ofrecerlas para uso pecaminoso. Nuestra mente, lengua, ojos, y otras partes del cuerpo son en sí moralmente neutras. Pero la manera en que decidimos usarlas determina si honramos o entristecemos a Dios. Para más estudio: Nota los términos íntimos que Pablo usa en 1 Corintios 6:15-17 para describir nuestra unión con Cristo. ¿Te motiva esto a honrar a Dios con tu cuerpo? Los hábitos pecaminosos no se desarrollan de la noche a la mañana, y raramente cambian de la noche a la mañana. Sólo pueden ser vencidos a través de la persistente aplicación de la verdad de Dios. Pero como nota Jay Adams, esto requiere perseverancia: Demasiados son los cristianos que se dan por vencidos. Quieren el cambio demasiado pronto. Lo que en realidad quieren es el cambio sin la lucha diaria. A veces se dan por vencidos cuando están a la puerta del éxito. Paran antes de recibir. Por lo regular se toma por lo menos tres semanas de constante esfuerzo diario para que uno se sienta cómodo desempeñando una nueva práctica. Y se toma como tres semanas más para hacer de la práctica parte de uno mismo. Sin embargo, muchos cristianos no continúan ni por tres días. Si no reciben éxito instantáneo, se desaniman. Quieren lo que quieren ahora mismo, y si no lo reciben ahora mismo, se dan por vencidos.[13] Una señora que conozco había sido atormentada con temerosos y depresivos pensamientos que eran resultado de pecados cometidos contra ella en años pasados. Sus pensamientos negativos la tenían en una cárcel espiritual. Si meditaba en esas anteriores experiencias o se encontraba con una dificultad presente, una aguja de fonógrafo en su mente bajaba y comenzaba a tocar un viejo disco de larga duración. Patrones de pensamiento repetidos a través de los años habían hecho profundos surcos mentales que tocaban las mismas canciones deprimentes una y otra vez. “Sólo hay estas dos maneras de vivir: la vida de pecado motivada por los sentimientos que se orienta hacia el yo, y la vida de santidad motivada por el mandamiento que se orienta hacia Dios. Vivir según los sentimientos en vez de los mandamientos de Dios es un estorbo fundamental para la santidad...Es una astuta ‘artimaña’ de Satanás para tentar a los hombres a pensar que no pueden hacer lo que Dios exige porque no sienten ganas de hacerlo, o que deben hacer lo que sienten ganas de hacer y que no pueden evitarlo”.[14] — Jay Adams Pero luego aprendió que no tenía que cantar con el disco. Cristo Jesús murió en la cruz para hacer pedazos esos discos. A medida que aumentó esa conciencia, ella comenzó a reconocer las canciones melancólicas cuando comenzaban a tocar y pronto las reemplazó con nuevos cantos de la Palabra de Dios. Cuando la gente oye la verdad librante de que las experiencias pasadas no tienen ya que dictar su comportamiento presente, surge en su corazón la esperanza. Ya no es nuestro pasado, sino el pasado de Cristo el factor decisivo en nuestra vida, porque estamos unidos a Él en su muerte y en su nueva vida. Yo he tenido que aprender que cuando los recuerdos de pecados pasados se me amontonan en la mente, inmediatamente debo hacer referencia a mi unión con Jesucristo. Ahora, en vez de estar paralizado por la condenación, típicamente puedo volver esos recuerdos en una oportunidad para dar gracias a Dios por perdonar mi pecado...aún ese.
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    Lancaster, Pennsylvania eshogar de un excelente ministerio para madres solteras. The House of His Creation [La Casa de su creación] fue establecida y dirigida por Jim y Anne Pierson durante muchos años. En una ocasión Anne me dijo de una recurrente dificultad con que se enfrentaban sus jóvenes. Muchas de estas chicas habían quedado embarazadas como resultado de pecado sexual, pero habían llegado a creer en Jesús y a recibir su perdón. Pero como a los cinco meses de embarazo, cuando comenzaban a sentir a su bebé moverse dentro de ellas, recordaban vívidamente sus antiguos pecados. Cada nueva patadita o salto interno del bebé multiplicaba su culpa y su desánimo. Cree en la Palabra y en el poder de Dios más de lo que crees en tus propios sentimientos y experiencias. Tu Roca es Cristo, y no es la Roca la que sube y baja, sino tu mar.[15] — Samuel Rutherford Pero los hermanos Pierson ganaron al acusador en su propio juego. Anne enseñó a las jóvenes a dejar que el movimiento del bebé sirviera como recordatorio de que Dios en verdad las había perdonado, y que Él haría que todas las cosas resultaran para su bien. ¡Qué manera tan sabia y creativa de tratar con la condenación! Por medio de nuestra unión con Cristo hemos muerto a la paga y al poder del pecado. Su cuerpo crucificado ha expiado por nuestra culpa, así como su cuerpo resucitado es nuestra promesa de victoria. Nuestra unión con Cristo es la base para nuestra liberación de la esclavitud del pecado. Es tan inalterable como inmerecida; tan suficiente como cierta. Si tan siquiera buscamos saber la verdad, considerarla que así es, y luego ofrecernos en consistente obediencia a Dios, pasaremos de fe a fe, de fortaleza a fortaleza, y de gloria a gloria. Discusión En Grupo 1. ¿Alguna vez te has identificado tan íntimamente con la experiencia de otra persona que te parece como que lo habías experimentado tú? 2. En tus propias palabras, trata de describir este misterio de estar unido con Cristo. 3. ¿Cómo podemos considerarnos “muertos al pecado” cuando todavía somos tan susceptibles a la tentación? 4. . En vista de este capítulo, ¿cómo explicarías tú 1 Juan 2:1? 5. . “No es que no podemos pecar”, escribe el autor, “sino que podemos no pecar” (página ). ¿Qué quiere decir? 6. ¿Cómo cambiará este capítulo la manera en que tú resistes al pecado? Lectura Recomendada Men Made New por John R.W. Stott (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1966, 1984) Romans Chapter Six: The New Man por D. Martyn Lloyd-Jones (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1972) Referencias 1. ↑ D. Martyn Lloyd-Jones, Romans Chapter Six: The New Man (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1972), pp. 4-6. 2. ↑ John R.W. Stott, Men Made New (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1966, 1984), p. 30. 3. ↑ Lewis Smedes, Union with Christ (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1970; edición revisada, 1983), p. xi. 4. ↑ D. Martyn Lloyd-Jones, Romans Chapter Six,p. 39. 5. ↑ Sinclair Ferguson, Christian Spirituality: Five Views of Sanctification, Donald L. Alexander, ed. (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1988), p. 49. 6. ↑ Lewis Smedes,Union with Christ, p. 32. 7. ↑ John R.W. Stott, Men Made New, p. 40. 8. ↑ F.F. Bruce, The Letter of Paul to the Romans: An Introduction and Commentary (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1985), pp. 129-130.
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    9. ↑ SinclairFerguson, Christian Spirituality, p. 55. 10. ↑ D. Martyn Lloyd-Jones, Romans Chapter Six, p. 30. 11. ↑ F.F. Bruce, The Letter of Paul to the Romans, p. 132. 12. ↑ D. Martyn Lloyd-Jones, Romans Chapter Six, pp. 106-148 para una discusión completa de estos versículos. 13. ↑ Jay E. Adams, The Christian Counselor’s Manual (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1973), p. 185. 14. ↑ Idem., p. 118 15. ↑ Citado en Sinclair Ferguson, The Christian Life, pp. 25-26. Por C.J. Mahaney. Traducción por Covenant Life Church. Capítulo 6 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/La Batalla Contra el Pecado En su libro titulado A Nation of Victims: The Decay of American Character [Una nación de víctimas: El desmoronamiento del carácter americano], el autor Charles Sykes hace la siguiente observación: “A través del siglo pasado, el triunfo del pensamiento terapéutico ha sido tan completo que con frecuencia se pasa por alto; lo que comenzó con el Dr. Freud es ahora lo básico de los programas de charla por la televisión durante el día, rutina en la política, casi reflexivo en asuntos de justicia criminal y ética”.[1] Ya que haya oído o no haya oído la frase, sin duda se ha encontrado con el pensamiento terapéutico. Se ve en la sala tribunal cuando el abogado del asesino en serie pide lenidad a base de que su cliente fue rutinariamente abusado por su padre alcohólico. Dice que la mayoría de nosotros nos criamos en familias “disfuncionales”, ofreciendo así una explicación y excusa por nuestro comportamiento. En vez de enfatizar la responsabilidad personal, subraya la manera en que hemos sido psicológicamente afectados por nuestro ambiente. Como nota el científico social Dr. James Deese, el pensamiento terapéutico “está tan arraigado en las actitudes americanas modernas que apenas se puede desafiar.”[2] Medita en Colosenses 2:8. ¿Cómo podemos protegernos para no ser tomados cautivos? Sorprendentemente, la única institución que está mejor equipada para desafiar la tendencia terapéutica en realidad ha contribuido a su popularidad. Hablo de la Iglesia. En vez de exponer los errores de la psicoterapia, la Iglesia americana en la mayoría de los casos ha dado una aceptación sin crítico...aunque hay algunas francas excepciones. En su libro Biblical Medical Ethics, el Dr. Franklin Payne comenta, “La psicoterapia, como psicología y psiquiatría, necesita el más crítico y detallado examen por los cristianos evangélicos...Muchos cristianos son más influenciados por los conceptos de los psicoterapistas seculares que por la Palabra de Dios.”[3] Los cristianos evangélicos y carismáticos tienen fronteras sin protección por las que las ideas psicológicas se deslizan fácilmente.[4] —William Kilpatrick He conocido a muchos de los cristianos que el Dr. Payne está describiendo. No hace mucho se me pidió que predicara en un retiro de hombres en otra iglesia. Al final de una sesión se me acercó un hombre que se me presentó y luego comenzó a hablarme de su situación difícil. Se había criado en una familia disfuncional. Era co-dependiente. Padecía de muy baja autoestima. En el espacio de los primeros dos minutos usó casi todas las palabras psicológicas de moda que existen. Fue un encuentro incómodo. Yo no estaba ansioso por discrepar con él. Nunca lo había conocido antes, y quería que él experimentara mi cuidado e interés. Pero a medida que seguía y seguía parecía obvio que él daba por hecho de que yo estaba de acuerdo con él. Y no era así. ¿Por qué? Aunque él hablaba un impecable psicoparloteo, su diagnosis omitía toda referencia a la palabra con “P”. . . .
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    1¿Qué cosas enla vida de Jesús podrían hacer que un asesor le recomiende que se una al movimiento de recuperación? Pecado. Dichas omisiones lamentablemente son la norma hoy en la literatura cristiana popular y en los programas de charla por la radio. Vamos tras una comprensión más profunda de nosotros mismos (como la define el movimiento de recuperación) en vez de una convicción más profunda del pecado (como la define la Escritura). Nos interesamos más en nuestras propias necesidades y sentimientos que en el carácter y los mandamientos de Dios. No es de sorprender que no estamos madurando como Él quiere. Nuestro Problema Más Serio Escribiendo hace un siglo, J.C. Ryle ofreció una aguda pero sencilla explicación por las deficiencias que observó en la Iglesia: “Las confusas o indistintas opiniones sobre el pecado son el origen de la mayoría de los errores, herejías, y falsas doctrinas de los días presentes...yo creo que una de las principales necesidades de la Iglesia en el siglo diecinueve ha sido, y es, una enseñanza más clara, más plena sobre el pecado.”[5]Si esto era cierto durante su generación, cuánto más cierto es hoy. Pero hemos ido un paso más allá. La enseñanza contemporánea sobre la autoestima ha reemplazado a la doctrina del pecado. Considera esta declaración de un autor bien conocido: No creo que se haya hecho nada en el nombre de Cristo ni bajo la bandera del cristianismo que haya probado ser más destructivo para la personalidad humana, y por tanto contraproductivo al esfuerzo evangelístico, que la no cristiana, inculta estrategia de tratar de hacer que la gente se dé cuenta de su condición perdida y pecaminosa.[6] Decir que nuestra primera necesidad en la vida es aprender sobre el pecado podría sonar extraño, pero en el sentido deseado es profundamente cierto. Si tú no has aprendido sobre el pecado, no puedes entenderte a ti mismo, ni a los demás, ni el mundo en que vives, ni la fe cristiana. Y no le podrás encontrar sentido a la Biblia. Porque la Biblia es una exposición de la respuesta de Dios al problema del pecado humano, y a menos que tengas ese problema claramente ante ti, seguirás perdiendo el punto de lo que dice...por lo tanto, está claro que necesitamos fijar nuestra mente en lo que nuestros antepasado hubieran llamado ‘claras opiniones sobre el pecado’.[7] — J.I. Packer Este pastor dice que llamar al pecado “rebelión contra Dios” es “superficial y un insulto al ser humano”.[8] Su convicción acerca del inherente valor del hombre lo lleva a la singular conclusión de que una nueva “reforma” está en orden. Mientras que el énfasis de Martín Lutero en la salvación por gracia a través de la fe transformó a la Iglesia en el siglo dieciséis, dice él, las iglesias de hoy deben reconocer el derecho sagrado de autoestima que tienen todas las personas. Yo no pongo en duda la sinceridad del hombre, pero sus declaraciones son falsas. De hecho, son falsa doctrina. El énfasis moderno en la autoestima se ha convertido en una alternativa inaceptable para las doctrinas bíblicas de justificación y santificación. Justificación. Jesús no murió en la cruz para mejorar nuestra autoestima. Él murió para expiar por nuestro pecado. Y aún así la cruz nos enseña una crucial lección sobre nuestro valor: Cada uno de nosotros merecemos la ira de Dios. Como manifestación de la inmerecida misericordia de Dios, la cruz revela la profundidad y la seriedad de nuestro pecado. Anthony Hoekema señala esto:
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    Para más estudio:La NIV Complete Concordance ofrece una lista de 466 veces en las que aparece la palabra “pecado” (o un derivativo) en la Escritura. Para un entendimiento bíblico de este vital tema...simplemente comienza a leer. En el mundo de hoy hay poco énfasis en la doctrina bíblica del pecado. Pero la persona con un frívolo sentido del pecado y de la ira de Dios contra nuestro pecado ni sentirá la necesidad de ni comprenderá la doctrina bíblica de la justificación. Cuando el pecado se ignora, se minimiza, o se redefine ya no vivimos conscientes de nuestra desesperante necesidad de Jesucristo ni apreciamos lo que Él hizo en la cruz por nosotros.[9] A menos que comprendamos la naturaleza del pecado y cuán ofensivo es a Dios, jamás entenderemos por qué la cruz fue necesaria. Jamás nos maravillaremos ante la gracia. Con frecuencia he oído decir, ‘Si yo hubiera sido la única persona en la tierra, Jesús con todo hubiera muerto por mí’. Aunque nuestro Señor hubiera dado su vida por solamente una persona, ciertamente no hubiera sido porque esa persona fuera tan valiosa, sino porque Dios es clemente. Por lo tanto, algo así apenas debe considerarse como una fuente de orgullo o de valor propio. Que yo arguya que Jesús hubiera muerto por mí aunque yo fuera la única persona en la tierra simplemente indica que solamente mis pecados, sin el resto de ustedes para contribuir su parte, eran suficientes para exigir el severo castigo que Jesucristo asumió en mi lugar. Ante esa realidad, debemos llorar por el desinteresado sacrificio de nuestro Señor en vez de encontrar en ella una oportunidad más para sentirnos bien con nosotros mismos.[10] —Dan Matzat Santificación.Un claro entendimiento de la doctrina del pecado también es imperativo para la santificación. La Escritura revela que nuestro estorbo más serio para el crecimiento es el pecado contra Dios. El movimiento de recuperación, por otro lado, insiste en que las necesidades sin atender, el dolor, las emociones dañadas, o la baja autoestima son la raíz de nuestras dificultades. Las dos conclusiones están irreconciliablemente opuestas. Para más estudio: Muchas de las referencias que hace la Biblia a la compasión de Dios se pueden encontrar en los Salmos (9:12,18; 34:18; 147:3) y en Isaías (49:13; 61:1). No estoy negando la realidad ni la severidad del dolor que experimentamos cuando los demás pecan contra nosotros. Es crítico que no se me entiendas mal aquí. La Biblia hace numerosas referencias a los que están afligidos y oprimidos. Pero por favor comprende: El dolor no es nuestro problema principal. Jesús dijo, “Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona” (Mr 7:21-23; ve también Stg 1:14-15). Demasiados de nosotros “sentimos la realidad de nuestras heridas más que el hecho de nuestro pecado”.[11] Pero si nosotros genuinamente queremos conformarnos a la imagen de Jesucristo, esto tendrá que cambiar. Nuestra libertad y madurez dependen de ello. El modelo terapéutico da un mal diagnóstico de nuestro problema principal, y por tanto prueba ser incapaz de ofrecer una solución eficaz. Pero una vez que reconocemos el pecado como la fuente de nuestro problema, de repente tenemos una solución bíblica y esperanza bíblica para cambiar. Esta se llama la doctrina de la santificación. Poda Tu Propio Césped La santificación es un proceso de arrepentimiento que dura toda la vida (no de recuperación) y obediencia (no sanidad interna) que resulta en santidad (no integridad) para la gloria de Dios (no la satisfacción personal). Esta doctrina es sucintamente expresada en Colosenses 3:1-17. Si todavía no lo has hecho, por favor toma un minuto para leer ese pasaje antes de continuar. Medita en Colosenses 1:15-20. Juzgando por esta descripción, ¿crees que Jesús es suficiente para regenerarte y redimirte? Es importante ver la transición que Pablo hace en este tercer capítulo. Los primeros dos
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    capítulos de Colosensesenfatizan la supremacía y suficiencia de Cristo. Él enfatiza esto otra vez al comienzo del capítulo 3. Pablo conscientemente evitó enseñar a los colosenses sobre la santificación antes de que primero entendieran la obra de Cristo por ellos y dentro de ellos. Hasta que captaran lo que significa ser reconciliados con y regenerados por Dios, él sabía que no serían debidamente motivados por la gracia. Ni nosotros tampoco. Esto es porque el segundo y el tercer capítulos de este libro subrayan la regeneración y nuestra unión con Cristo. También hemos escrito un libro sobre la doctrina de la justificación llamado This Great Salvation [Esta gran salvación]. Como Pablo, queremos motivar por gracia. Una vez se ha establecido ese fundamento, entonces podemos ir tras la santidad sin desviarnos hacia el legalismo o el libertinaje. Pablo define el proceso de la santificación con dos sorprendentes frases: Debemos “abandonar” el pecado y “revestirnos” de rectitud (Col 3:8,12). Es sólo por lo que Cristo ha logrado en la cruz y el milagro de regeneración que podemos obedecer estos mandamientos. Y sin embargo esos dos imperativos sobrenaturales ahora nos dejan sin excusa. Si la gracia no resulta en santidad, entonces no hemos entendido correctamente lo que es la gracia. Dios totalmente espera que cambiemos, crezcamos, y maduremos. Como exhorta F.F. Bruce, “Ahora sean (en práctica de verdad) lo que saben que son (por un acto divino)”.[12] Aunque el poder para tener un carácter santo viene de Cristo, la responsabilidad de desarrollar y exhibir ese carácter es nuestra. Este principio parece ser uno de los más difíciles de entender y aplicar. Un día sentimos nuestra responsabilidad personal y tratamos de vivir una vida santa en la fortaleza de nuestra propia fuerza de voluntad. El próximo día, dándonos cuenta de la futilidad de confiar en nosotros mismos, lo entregamos todo a Cristo y renunciamos a nuestra responsabilidad que está fijada en la Escritura. Necesitamos aprender que la Biblia enseña total responsabilidad y total dependencia en todos los aspectos de la vida cristiana.[13] — Jerry Bridges Por favor fíjate que Pablo dice que debemos “abandonar” y “revestirnos”. Tenemos el privilegio y la responsabilidad de participar en el cambio. Aunque la santificación no es una obra menos sobrenatural del Espíritu Santo que la regeneración, hay una diferencia fundamental: en la santificación tenemos un papel crítico. “Dios obra en nosotros y con nosotros”, dijo el gran pastor puritano John Owen, “no en contra de nosotros ni sin nosotros”. Para más estudio: ¿Cómo contestarías a alguien que concluyera que “todo esfuerzo es malo” después de leer Zacarías 4:6? Frases como “Deja de tratar y comienza a confiar” o “Desiste y deja que Dios” se prestan para imprimir en placas populares pero expresan una mala teología. Los que dicen que “Todo esfuerzo es malo” se equivocan tristemente. En realidad, la Biblia nos instruye a que busquemos “la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb 12:14). Esta es esfuerzo motivado por gracia, por supuesto, no obstante es esfuerzo. Dios no nos ha dicho que oremos o que simplemente confiemos en Él para recibir santidad; Él dice, “ejercítate en la piedad” (1Ti 4:7). Hemos de obedecer en el poder del Espíritu Santo. Pablo clarifica esta combinación de la obra de Dios con nuestra responsabilidad cuando escribe, “lleven a cabo su salvación (no trabajen para) con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (Fil 2:12-13). Aunque nuestro esfuerzo aparte de la obra de Dios sería inútil, la santificación no se puede delegar a Dios. Cada uno de nosotros debe podar su propio césped. ¿Qué forma toma nuestra responsabilidad? ¿Cómo cumplimos con el mandamiento bíblico de deshacernos del pecado? La Escritura ofrece una estrategia de dos partes. Estrategia #1: Atacar el Pecado Me encanta la postura ofensiva contra el pecado del Nuevo Testamento. En ninguna parte es eso más evidente que en el mandamiento terso del apóstol Pablo a los colosenses: “Por tanto,
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    hagan morir todolo que es propio de la naturaleza terrenal” (Col 3:5). En la batalla por la santidad personal, la agresividad es tanto un mandamiento como una necesidad. Debemos ser implacables. Debemos ir al ataque. Necesitamos cultivar en nuestro propio corazón el mismo odio al pecado que tiene Dios. El odio al pecado como pecado, no sólo como algo inquietante o destructivo para nosotros, sino como algo desagradable a Dios, yace en la raíz de toda santidad.[14] — Jerry Bridges Pablo usa aquí una violenta metáfora no simplemente para captar nuestra atención sino para subrayar un aspecto crítico de la santificación. Hemos de matar cualquiera y toda manifestación de pecado en nuestro corazón. Debemos tomar la iniciativa para matar el pecado a diario. Jesús llegó hasta decir, “si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno” (Mt 5:29). Él también recomendó amputarse una mano por la misma razón. ¿Jesús ordenaba una mutilación de verdad aquí? Yo creo que no, porque la mano o el ojo no es la causa principal. Jesús a propósito usó imágenes vivas para decir: Debemos reconocer la seriedad del pecado y tratar decisivamente con él. Resistir el pecado cuando somos tentados no es suficiente. Debemos dar pasos drásticos para atacar y matar el pecado en nuestra vida. John Owen nos exhorta a ir tras “una victoria sobre él, e ir tras una conquista completa... el pecado no morirá de otra manera, sino sólo al ser gradual y constantemente debilitado; si lo excusas, él sana sus heridas y recobra fuerza”.[15] La disciplina espiritual de dar muerte al pecado, de otra manera conocida como mortificación, es una área muy descuidada de la verdad. La mayoría de nosotros tenemos tanta familiaridad con este tema como con las letrinas. “Nuestros padres hablaban de mortificar el pecado”, nota Sinclair Ferguson.[16] And J.I. Packer laments, “It is a theme on which no contemporary writing of significance seems to be available.”[17] Eso no es sorprendente, pero es revelador. ¿Puedes imaginarte un libro titulado ¡Muerte al pecado! como un éxito de librería? Podemos tomar consuelo para nuestra alma si sabemos algo de la lucha y el conflicto interno. Es el invariable compañero de la genuina santidad cristiana...¿Encontramos en lo más profundo de nuestro corazón una lucha espiritual? ¿Sentimos algo de la carne que codicia contra el espíritu y el espíritu contra la carne...? ¿Nos damos cuenta de dos principios dentro de nosotros que contienden para dominar? ¿Sentimos algo de la guerra en nuestro hombre interior? Bueno, ¡demos gracias a Dios por ello! Es una buena señal. Muy probablemente es evidencia de la gran obra de la santificación...Evidentemente no somos amigos de Satanás...El mero hecho de que él nos asalta debe llenar nuestra mente de esperanza.[18] — J.C. Ryle Medita en 2 Corintios 10:3-5. En términos de guerra espiritual, ¿Pablo era un “halcón” o una “paloma”? La mortificación no es popular porque tiende a ser difícil. Pregunta a la persona que está tratando de someterse alegremente a un jefe que repetidamente le ha negado un ascenso bien merecido. Pregunta a la pareja de recién convertidos, que están sin casarse y que ahora deben controlar los deseos sexuales que han gratificado por años. Pero escucha: esto no es un fin de semana de golf. Esta es una guerra. La santidad y el discipulado son guerra. Atacar el pecado no es algo complejo. Y aunque yo quiero decir esto con sensibilidad, también quiero decirlo con firmeza: Tu habilidad para atacar el pecado no depende de tu pasado. No tenemos ninguna excusa aceptable para el pecado. Nunca se considera como una debilidad comprensible. Vivir como cristiano quiere decir vivir en las trincheras. Sinclair Ferguson lo dice tan bien como lo podría decir cualquiera:
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    ¿Qué es, entonces,esto de matar el pecado? Es la constante batalla contra el pecado que debemos llevar a diario - negarse a permitir que el ojo desvaríe, que la mente contemple, que los afectos vayan tras cualquier cosa que nos apartará de Cristo. Es el deliberado rechazo de todo pecaminoso pensamiento, sugerencia, deseo, aspiración, hecho, circunstancia o provocación en el momento en que nos damos cuenta de su existencia. Es el consistente esfuerzo por hacer todo lo que está en nuestro poder para debilitar el apretón que tiene el pecado en general, y sus manifestaciones en nuestra propia vida en particular. No se logra con sólo decir “no” a lo que es malo, sino con una determinada aceptación de todas las buenas y espiritualmente nutritivas disciplinas del evangelio.[19] Medita en Gálatas 5:16-17. ¿Por qué todo cristiano genuino experimenta inquietud interna? ¿Describe esto tu actitud? ¿Hacia cuál fin están dirigidas principalmente tus energías, recreación o justicia? ¿Indulgencia a sí mismo o control de sí mismo? ¿Estás preparado para hacer lo que sea necesario para ganar la guerra? Si así es, ¿cuál es tu estrategia para atacar el pecado en tu vida ahora mismo? Estrategia #2: Evitar el Pecado Atacar el pecado no es todo lo que incluye el proceso de santificación. Debemos también evitar el pecado. Como seguidores de Jesucristo, somos llamados a una vida que se distingue de la cultura que nos rodea: “Como tenemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de nuestra santificación” (2Co 7:1). ¿Cuáles son estas promesas que nos motivan a purificarnos y a buscar la santidad? La propia oferta de Dios de estar singularmente presente entre su pueblo a medida que nos separamos del mundo: “Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2Co 6:16). Para más estudio: Lee Santiago 1:27. ¿Puedes escribir dos o tres maneras específicas en las que el cristiano podría ser “corrompido por el mundo”? En un sentido, sería más fácil si Dios nos dijera que nos separáramos físicamente de la cultura. Pero Dios específicamente prohíbe eso (1Co 5:9-10), y por el contrario nos nombra embajadores (2Co 5:18-20). Ningún embajador trabaja con efectividad si está aislado. Hemos de relacionarnos con nuestra cultura sin reflejar nuestra cultura, siempre navegando entre lo secular y lo justo. Nuestra carne constantemente nos ruega que seamos indulgentes, pero Pablo nos dice “no se preocupen por satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa” (Ro 13:14). Eso quiere decir distanciarnos de todo lo que nos pueda tentar para pecar. Pablo dijo lo mismo a los corintios en términos más claros: “Huyan de la inmoralidad sexual” (1Co 6:18)...no dijo luchen con ella. Aunque José vivió mucho antes que fuera escrito el Nuevo Testamento, él es un ejemplo de la manera en que debemos evitar el pecado (Gn 39:6-20). Por algún tiempo la esposa de su amo había tratado de seducirlo. Por fin, frustrada por la integridad de él, ella lo asió del manto y le dijo, “¡Acuéstate conmigo!”. 2 Cuando la tentación llega, tenemos dos reacciones básicas: luchar o huir. Marca lo que tú crees que sería la correcta reacción ante cada una de las tentaciones de la lista siguiente: Repentino temor de que alguien se meterá a robar en tu casa ❏Luchar ❏Huir Curiosidad por el número de la revista Playboy sobre la política del Medio Oriente ❏Luchar ❏Huir Deseo de “entrar en hibernación” cuando los amigos te decepcionan ❏Luchar ❏Huir Fuerte sentido de ira cuando tu hijo derrama tu café ❏Luchar ❏Huir
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    Deseo de pasarpor el bar (cantina) “sólo para ver a los viejos amigos” ❏Luchar ❏Huir Ahora, José pudo haber visto esto como una cita divina. Pudo haber pensado: “Esta podría ser la oportunidad ideal para compartir con ella lo que Dios ha hecho en mi vida”. Pero él no coqueteó con la tentación. Ni siquiera lucho con ella. Simplemente huyó, dejando a la esposa de Potifar con el manto en la mano. Me puedo imaginar uno de los criados caminando afuera de la casa cuando de repente, ¡gush! Una borrosa imagen humana sale por la puerta como un relámpago a una velocidad increíble. -¿Qué fue eso? José. El hombre de Dios. Corriendo para salvarse la vida. -¡Señor!- dice sin aliento después de correr media milla. -¡Ayúdame!- -Te estoy ayudando. Sólo sigue corriendo. Aléjate de esa mujer lo más que puedas-. Es algo inteligente huir de la tentación. Es algo idiota quedarse ahí parado y tratar de vencerla con una mirada intensa. Sin embargo, algunos hubieran respondido a la situación de José de esta manera: Esforzarse por conocer las maneras, tretas, métodos, ventajas, y ocasiones del éxito del pecado es el comienzo a esta guerra.[20] — John Owen -Dios, siento que la tentación comienza a desarrollarse. Clamo a ti, Señor. Por favor líbrame de esta situación.- -Yo voy a librarte,- dice Dios. -¡Corre!- -Señor, confío en que tú me librarás. Líbrame ahora mismo de sentir esta lujuria.- -Esto no sucederá hasta que yo no vuelva, y no voy a volver en los próximos cinco minutos. Así que ¡a correr, Don Cabeza de Papa!- -Señor, te doy gracias. Tú me has hecho nacer de nuevo, y yo sé que tu poder obra en mí. Mayor es el que está en mí que el que está en el mundo.- -Sí, así es, y el Mayor te está diciendo, ‘¡Muévete!’ ¡Mueve el cuerpo y muévelo ya!- Si tomas en serio la santificación, no estarás tratando de ver cuánto te puedes acercar a la orilla de la acera. Estarás preparado para conducir al otro lado de la calle, si es necesario, para evitar el pecado. Y en las áreas en las que sabes que eres vulnerable, estarás obedeciendo el mandamiento de Jesús: “Estén alerta y oren para que no caigan en tentación” (Mt 26:41). Medita en 1 Timoteo 6:11. ¿Cuánto tiempo te toma, como promedio, para huir de la tentación una vez la has reconocido? Necesitamos cultivar la habilidad de discernir dónde es que nos inclinamos más a pecar. De esa manera podremos desarrollar una estrategia para evitar la tentación. Las áreas de vulnerabilidad serán diferentes, pero cuidarse no es una opción para ninguno de nosotros. ¿En qué área(s) necesitas desarrollar una estrategia para evitar? Quizás puedas comenzar con cualquier cosa que hayas estado pensando al leer esta sección. Una Nueva Mudada de Ropa
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    Como vimos anteriormenteen Colosenses, quitarnos el pecado es sólo la mitad de la ecuación. Pablo nos exhorta, “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia” (Col 3:12). No sólo debemos quitarnos el pecado, sino que debemos revestirnos de justicia (Ef 4:22-24). “Estos dos factores”, escribe Jay Adams, “siempre deben estar presentes para poder efectuar genuino cambio. El quitarse no será permanente sin el revestirse. Revestirse es algo hipócrita y temporal, a menos que vaya acompañado de quitarse...La santificación continúa mientras el creyente a diario se aparta del pecado / a la justicia”.[21] Para más estudio: Lee Apocalipsis 3:4-6. ¿Puedes identificar cuatro promesas en este pasaje? Por ejemplo, si Dios ha expuesto el materialismo o la avaricia en tu corazón, arrepiéntete y luego comienza sistemáticamente a reemplazarlo con la generosidad. Comienza con pagar fielmente el diezmo a tu iglesia local; añade a eso las ofrendas, y busca oportunidades de dar en secreto también. Quizás tiendes a criticar a los demás. Si así es, confiesa el pecado de orgullo y conscientemente enfócate en animar y honrar a los demás. Si el egoísmo es un tema recurrente, ponte en situaciones que te exijan servir. Lo que debe ser inmediatamente obvio es que el carácter no se puede desarrollar ni refinar en el aislamiento. Para cultivar una vida de justicia y fructífera necesitamos el contexto de una iglesia local. Por ejemplo, puedo ser un modelo de paciencia...con tal que esté solo. Puedo pasar días estudiando el tema de la compasión sin nunca encontrarme con alguien que necesite cuidado. A menos que tenga interacción con los demás soy simplemente incapaz de juzgar dónde es que necesito crecer. El hecho es que hay muy pocos rasgos como los de Cristo que podemos desarrollar aparte de las relaciones en la iglesia. ¡Necesitamos gente para practicar! Si deseamos cambiar, nos comprometeremos con una iglesia donde los individuos toman en serio las exhortaciones bíblicas de animar y corregir. 3 Después de leer Colosenses 3:12-17, elige el rasgo de carácter cristiano que se menciona ahí (humildad, amabilidad, etc.) que más te gustaría desarrollar. Durante la próxima semana o dos, aparta tanto como cinco momentos devocionales para meditar sobre las Escrituras que subrayan esa área. También, pide a Dios maneras específicas de aplicar lo que aprendas. Character Trait: Día uno: Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación Día dos: Two: Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación Día tres: Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación Día cuatro: Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación Día cinco: Escritura(s)---------------------------Nueva percepción---------------------------Aplicación
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    Como quizás yahabrás percibido hasta ahora, luchar contra el pecado no sucede sin esfuerzo. Incluye la genuina confesión, el arrepentimiento, la obediencia a la Escritura, la responsabilidad ante los demás, y la consistente práctica de las disciplinas espirituales. También necesitarás valor y perseverancia. “No hay caminos rápidos ni fáciles hacia la madurez espiritual”, dice R.C. Sproul. “El alma que busca un nivel más profundo de madurez debe estar preparada para una larga, ardua tarea”.[22] Es parte de la sana experiencia cristiana gozar de un continuo grado de liberación de los pecados...Pocas cosas dan al cristiano tanto alivio y ánimo como el recuerdo de pecados que una vez lo dominaban, pero que ha conquistado por el poder el Espíritu de Dios.[23] — J.I. Packer Pero ¿sabes cómo se siente crecer? ¿Sentir el placer y la presencia de Dios? ¿Oír su voz? ¿Saber que estás contribuyendo al avance de su reino? Nada se compara con esa experiencia. Y esta es la admirable recompensa de Dios para todos los que están dispuestos a quitarse el pecado y revestirse de justicia. Permíteme impartir nueva esperanza en ti. No importa lo que hayas experimentado en el pasado, - por la gracia de Dios - puedes cambiar. Por medio de una determinada estrategia para atacar y evitar el pecado y al revestirte de justicia, puedes ser una persona dramáticamente distinta para estos días el próximo año. Dicusión Grupo 1. Imagínate que estás en el jurado enjuiciando al asesino en serie que se menciona en la página . Está claro que el hombre fue golpeado con frecuencia por su padre que era alcohólico durante la niñez. ¿Cuánto influenciaría eso tu veredicto? 2. “Nos hemos interesado más por nuestras propias necesidades y sentimientos que por el carácter y los mandamientos de Dios”, dice el autor. (Página ) ¿Cuál es un ejemplo? 3. ¿Qué significa para ti autoestima? 4. ¿El mensaje de la cruz te hace sentir más o menos seguro respecto a tu identidad? 5. ¿Por qué es que el movimiento de recuperación es incapaz de subsanar nuestras necesidades más profundas? 6. Identifica el problema que está en la raíz de cada una de las siguientes situaciones: -Desde que fue violada en la universidad, a Ana le han disgustado y ha desconfiado mucho de los hombres -Guillermo quiere un divorcio porque su esposa le demuestra muy poco afecto -Cuando está bajo intensa presión, María alienta pensamientos de suicidio -Roberto, que creció visitando a su padre solamente los fines de semana, es un adicto al trabajo 7. . ¿Cuál es la mayor distinción entre la santificación y la regeneración? 8. ¿Por qué es que las relaciones en la iglesia son tan esenciales para el crecimiento del carácter? 9. . ¿En qué área de tu vida necesitas más una “nueva mudada de ropa”? Recommended Reading The Pursuit of Holiness por Jerry Bridges (Colorado Springs, CO: NavPress, 1978) The Practice of Godliness por Jerry Bridges (Colorado Springs, CO: NavPress, 1983)
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    Holiness por J.C.Ryle (Welwyn, Hertfordshire, England: Evangelical Press, 1979) The Enemy Within por Kris Lundgaard (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 1998) Referencias 1. ↑ Charles J. Sykes, A Nation of Victims: The Decay of the American Character (New York, NY: St. Martin’s Press, 1992), p. 33. 2. ↑ Idem. 3. ↑ Franklin E. Payne, Jr., M.D., Biblical/Medical Ethics: The Christian and the Practice of Medicine (Milford, MI: Mott Media, Inc., 1985), p. 155. 4. ↑ William K. Kilpatrick, Psychological Seduction: The Failure of Modern Psychology (Nashville, TN: Thomas Nelson, Inc., 1983), p. 24. 5. ↑ J.C. Ryle, Holiness (Welwyn, Hertfordshire, England: Evangelical Press, 1979), p. 1. 6. ↑ Robert Schuller, citado por Michael Scott Horton en Made in America: The Shaping of Modern American Evangelicalism (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1991), p. 78. 7. ↑ J.I. Packer, God’s Words (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1981), p. 71. 8. ↑ Citado en Anthony A. Hoekema, Created in God’s Image (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1986), p. 106. 9. ↑ Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1989), p. 153. 10. ↑ Dan Matzat, et al., Power Religion: The Selling Out of the Evangelical Church?, Michael Scott Horton, ed. (Chicago, IL: Moody Press, 1992), p. 256. 11. ↑ Larry Crabb, Men and Women (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1991), p. 114. 12. ↑ F.F. Bruce, The New International Commentary on the New Testament: Colossians, Philemon, and Ephesians (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1984), p. 140. 13. ↑ Jerry Bridges, The Practice of Godliness (Colorado Springs, CO: NavPress, 1983), pp. 75-76. 14. ↑ Jerry Bridges, The Pursuit of Holiness (Colorado Springs, CO: NavPress, 1978), p. 32. 15. ↑ Citado en Packer, God’s Words, pp.184-185. 16. ↑ Sinclair Ferguson, The Christian Life (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1989), p. 158. 17. ↑ J.I. Packer, God’s Words, p. 182. 18. ↑ J.C. Ryle, Holiness, p. 55. 19. ↑ Sinclair Ferguson, The Christian Life, p. 162. 20. ↑ John Owen, Temptation and Sin (Evansville, IN: Sovereign Grace Book Club, edición reimpresa, 1958), p. 31. 21. ↑ Jay E. Adams, The Christian Counselor’s Manual (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1973), pp. 177, 179. 22. ↑ R.C. Sproul, The Soul’s Quest for God (Wheaton, IL: Tyndale House, 1992), p. 7. 23. ↑ J.I. Packer, God’s Words, p. 185. Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church. Capítulo 7 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Las Herramientas Del Oficio (I) Allá por los días cuando un paquete de cigarrillos todavía costaba 35 céntimos yo fumaba mucho. Algunos podrían decir que era amigo de la nicotina, un tipo regular al estilo Chesterfield. Yo era un adicto al tabaco y lo sabía.
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    Dejar de fumarno era el problema - lo había hecho una docena de veces. Pero cuando el deseo de fumar se hacía muy fuerte, yo comenzaba otra vez. Así que decidí dejar de comprar cigarrillos. Eso tampoco dio resultado. Sólo me convirtió en una molestia para mis amigos, ya que siempre estaba pidiéndoles cigarrillos. En mi punto más bajo, me encontré sacando del cenicero colillas medio fumadas. Por este tiempo me di cuenta de que el Espíritu Santo me estaba redarguyendo de mis pecados y acercándome a Jesús. Aunque mi fumar era solamente una de las evidencias de mi estado interno, parecía simbólico de mi vida entera. Estaba atrapado. Cada vez que había intentado dejar de fumar había fracasado. No podía ver cómo jamás podría vencer este hábito. Ni tan siquiera estaba seguro de que quería hacerlo. Sabía que Jesús iba principalmente tras mi corazón, no mi hábito. Con todo, no me podía imaginar seguirlo y fumar al mismo tiempo. Así que una noche pregunté a Larry, un creyente a quien acababa de conocer, si un tipo podía ser cristiano y seguir fumando. Esa era mi versión de la pregunta de los fariseos para atrapar a Jesús sobre el pago de los impuestos al César. Pensaron que podían atraparlo de cualquier manera que contestara. Medita en Romanos 8:29. ¿Cuál es el aspecto del carácter de Jesús que te gustaría de verdad ver en tu propia vida? Mi estrategia era algo como esto. Si Larry contestaba, “No - nadie puede ser cristiano y fumar,” yo solemnemente pronunciaría su respuesta como legalista y contraria al principio de que Dios mira el corazón. Por otro lado, si decía, “Sí, no hay problema”, entonces yo podía despedir el cristianismo como un conjunto sin significado de creencias que no tenían ningún poder. Pero la pregunta no era totalmente cínica. Parte de mí desesperadamente quería creer - y ser libre. Bueno, Larry me dio una respuesta con la que yo no había contado. “Supongamos”, dijo, “que tú quisieras animar a alguien a confiar en el Señor. ¿Crees que tendrías más efecto como testigo con un cigarrillo en la mano o sin uno?” Hmmmm...buena respuesta. De repente el asunto no era el fumar, sino si yo quería que mi vida glorificara a Dios o no. En realidad era un asunto de motivo. No soy de la opinión de que a la persona con verdadera fe en Jesucristo se le negaría la entrada al cielo por tener un paquete de cigarrillos en su bolsillo. Pero eso no tiene nada que ver con el asunto, pues el propósito de Dios en la santificación es que seamos conformados a la imagen de Jesucristo. Y yo no puedo imaginarme a Jesús acercarse a la mujer samaritana (Jn 4:7-18) y decir, “¿Tienes fuego? Gracias. Ahora, hablemos de tu pecado. ¿Cuántos esposos has tenido?” Gracia no es simplemente poca severidad cuando hemos pecado. Gracia es el don de Dios que permite no pecar. Gracia es poder, no sólo perdón.[1] — John Piper Por cierto, yo ya no soy un tipo regular al estilo Chesterfield. Dios tenía medios disponibles para ayudarme a dejar el vicio - los mismos medios que examinaremos en estos dos próximos capítulos. Pero, de primera importancia era mi motivo. Dios siempre ayudará a aquel cuyo motivo es correcto, que en realidad quiere glorificarlo y hacer su voluntad. Pero no nos dejará usarlo simplemente para mejorar la calidad de nuestra vida o cambiar nuestras circunstancias. El no busca nada menos que nuestro corazón. En la santidad, el motivo siempre precede a los medios. Antes de ahondar más en la próxima sección, repasemos rápidamente lo que hemos aprendido hasta aquí sobre el plan de Dios para la santificación. Somos nuevas creaciones que gozamos de una viva unión con Jesucristo. Pero todavía estamos en una batalla. Experimentamos tanto guerra como paz interior; luchamos con el pecado y reposamos en Cristo. 1 ¿Puedes encontrar un versículo bíblico que demuestra que somos impotentes para ganarnos la salvación de Dios? (Si no sabes dónde buscar, trata Efesios capítulo 2.)
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    Un claro entendimientode esta tensión entre el “ahora y el todavía no” te guardará de ciertas serias mal interpretaciones. Por ejemplo, sólo porque te encuentras con severas tentaciones y batallas espirituales no quiere decir necesariamente que has cometido algo malo. Una persona santa no es la que nunca tiene ningún conflicto espiritual, ni que ya ha alcanzado la perfección. Más bien, una persona santa es la que se está haciendo más como Cristo a través del proceso de obedecer a Dios en medio de las luchas cotidianas de la vida. Aprendamos del Maestro Como la mayoría de los hombres, yo tengo gran afición por las herramientas. Todavía puedo recordar mi emoción cuando mis amigos me dieron una caja de herramientas nuevecita, completamente equipada en la fiesta de mi despedida de soltero. No me aguantaba porque terminara la fiesta para poder jugar con mis nuevas herramientas. De hecho, estaba tan ansioso que me herí el dedo tratando de abrir la caja. Para más estudio: Lee Romanos 3:9-12. ¿Consideras ésta una justa descripción de ti mismo? Si no, ¿qué evidencia bíblica encuentras a lo contrario? Cualquier cristiano genuino admitirá que tiene seria necesidad de reparación espiritual. ¡Qué seguridad tenemos en saber que el Espíritu Santo tiene las herramientas correctas para hacer esas reparaciones - para santificarnos! Todavía más importante, él personalmente tiene la responsabilidad de enseñarnos cómo usar esas herramientas para que maduremos y cambiemos. Y Él nos puede enseñar cómo usarlas sin que nos hagamos daño a nosotros mismos. Como la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo es quien cambia nuestra vida. El Espíritu de Dios participa en nuestra salvación de principio a fin. Ser regenerados (nacidos de nuevo) es nacer del Espíritu. Tanto el arrepentimiento como la fe - los dos lados de la conversión - son dones que da el Espíritu.<ref>Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1989), p. 29.</ref> Él está activo en nuestra justificación y en nuestra adopción. Él nos llena, intercede por nosotros, nos sella en Cristo para el día de la redención, y al final nos glorificará. Dios no deja ni tan siquiera el asunto de la conversión finalmente en manos del hombre...Ni tampoco Dios deja al riesgo incierto nuestro crecimiento y perseverancia y santidad. Más bien, Él dice, ‘Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes’ (Ezequiel 36:27). Es el Señor mismo quien obra en nosotros para querer y hacer su buena voluntad (Filipenses 2:12-13; Hebreos 13:21).[2] - John Piper Pero ahora nos ocupamos con el Espíritu Santo en su papel como santificador. Somos los que han sido “elegidos...según la previsión de Dios el Padre, mediante la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser redimidos por su sangre” (1P 1:2). A través del resto de este capítulo y el próximo, examinaremos algunas de las herramientas con las que Él tan eficazmente obra en nosotros. La Palabra de Dios La Biblia es la singular revelación de Dios al hombre. Nos dice verdades que jamás podríamos encontrar en ninguna otra fuente, como la manera en que comenzó el mundo, lo que sucede después que morimos, y así por el estilo. También nos dice algunas cosas que jamás hubiéramos querido saber: somos nacidos en pecado, estamos en necesidad de redención, y somos incapaces de agradar a Dios por nosotros mismos. ¡Alguien ha dicho que la Biblia debe ser la Palabra de Dios porque el hombre jamás escribiría algo tan desaprobante de sí mismo! Medita en Jeremías 23:29. ¿Alguna vez has sentido el poder de la Palabra de Dios como se describe en este pasaje? La Biblia no nos adula, ni tampoco enseña - como lo hacen virtualmente todas las religiones -
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    que el hombrepuede perfeccionarse a sí mismo. De hecho, la Escritura es pesimista hasta el extremo respecto a la innata habilidad del hombre. Es por eso que es una herramienta tan valiosa y esencial en la santificación del hombre. Jesús mismo confirmó esto cuando oró al Padre, “Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad” (Jn 17:17). El libro clásico de John Bunyan, El Progreso del Peregrino empieza cuando el héroe, Cristiano, encuentra “el libro”...y ese fue el comienzo de sus problemas. Pero también fue el comienzo del final de sus problemas. El Espíritu Santo y la Biblia conspiran juntos para convencernos de nuestra gran necesidad de Dios. Pero tal como descubrió Cristiano, ellos nos convencen para poder convertirnos, y nos convierten para poder transformarnos: Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y de lo cual estás convencido, pues sabes de quiénes lo aprendiste. Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia. (2 Ti 3:14-16) Medita en Salmo 32:8-9. Si ignoramos la Escritura, Dios quizás tenga que sacar la brida y el freno. Como Pablo hace claro en esta carta a Timoteo, la Escritura tiene un singular poder para producir cambio en el cristiano. Nos enseña las leyes y los caminos de Dios, luego nos reprende cuando no cumplimos con esa instrucción. Pero también nos corrige. No sólo nos dice que estamos equivocados; sino que nos vuelve a levantar y nos pone en el camino recto. Finalmente, nos instruye en justicia, enseñándonos cómo vivir. ¿Alguna vez has notado que se usan muchas vívidas metáforas para describir la Palabra de Dios? Es nuestro alimento y bebida espiritual. “No sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del SEÑOR” (Dt 8:3). La escritura es leche para los pequeños y comida sólida para los maduros (Heb 5:12-14). Es un espejo. “El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es” (Stg 1:23-24). La Biblia nos muestra a nosotros mismos tal como Dios nos ve. Es una verificación de la realidad, que revela quién y qué en realidad somos. Es una luz. “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero” (Sal 119:105). La Escritura nos muestra la manera en que debemos vivir y lo que debemos evitar. Es semilla. “Un sembrador salió a sembrar...La semilla es la palabra de Dios” (Lc 8:5,11). Cuando se siembra en el buen terreno de un corazón receptivo, da mucho fruto. Es una espada.“Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb 4:12). Lo que todas estas figuras tienen en común (y hay más) es la absoluta necesidad y utilidad de la Escritura. Nada sobre la Biblia es superfluo, y no necesita suplemento. Es suficiente para todas las cosas que tienen que ver con la salvación y la santidad, “a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Ti 3:17). Para más estudio: ¿Es suficiente solamente oír la Palabra para producir cambio? (Ve Mateo 7:24-27; Juan 14:21-24; Santiago 1:22)) En generaciones pasadas, la inspiración e infalibilidad de la Santa Escritura ha sido atacada repetidamente. Hoy la suficiencia de la Biblia es puesta en duda por los que sugieren, abierta y
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    sutilmente, que esincapaz de tratar con algunos de los interrogantes más profundos y necesidades más fundamentales de la humanidad. Pero la Biblia de ninguna manera depende de ninguna fuente externa de conocimiento. Es más que suficiente. Este maravilloso libro es la herramienta principal del Espíritu Santo para cambiarnos. ¿Cómo ocurre ese cambio? Cuando oímos y aplicamos la Palabra de Dios, que también se conoce como obediencia. Eso sólo sucederá consistentemente a medida que nos comprometemos con las siguientes disciplinas: Algunos amigos míos practican una disciplina de ‘no Biblia, no desayuno’. Algunos la leen por la noche. Otros pasan momentos con Dios durante el día. Pero yo no conozco a ninguno que tenga un andar profundamente espiritual que no pase tiempo todos los días con Dios en su Palabra. Es indispensable. Exige de un compromiso específico.[3] — Jerry White Apartar un tiempo regular para leer la Biblia...y cumplir con la cita. Lo primero por la mañana es para muchos el mejor momento. Por supuesto que eso quizás signifique acostarte más temprano para dormir lo suficiente. Si no estás leyendo tu Biblia regularmente, y no pareces poder ponerlo en tu horario, es porque algo menos importante se ha hecho muy importante. Averigua lo que es y haz cambios. Sé despiadado. 2 Según una encuesta de Barna, 73% de los norteamericanos dicen que es importante leer la Biblia. Un asombroso 93% de hogares en los Estados Unidos tienen por lo menos una Biblia. Pero fíjate con cuánta frecuencia en realidad se abren esas Biblias...luego marca el cuadrado que refleja más correctamente tu propio hábito de lectura. En una semana promedio, los norteamericanos leen la Biblia... ❏Todos los días 12% ❏Varios días 15% ❏Un día 16% ❏Nunca 57% Una distracción mayor son las noticias y la información. En esta edad de comunicación instante y global, muchos cristianos pasan más tiempo con los periódicos, revistas de noticias, y noticieros que con el Señor. Ahora hay más cosas que nunca para sobresaltarnos, airarnos, asustarnos, y robarnos tiempo precioso. Pero no hay manera posible para poder controlar o responder a todo lo que está sucediendo. Por supuesto que no estoy sugiriendo ignorancia o inacción, pero si el periódico o las noticias de la noche invaden tu estudio de la Biblia, entonces es tiempo que hagas ajustes mayores. Comprométete a un plan de estudio específico.Leer a través de la NIV Study Bible me ha dado buen resultado a mí. De esta manera me veo obligado a leer esas porciones de la Escritura que podría considerar menos importantes o menos interesantes. Se toma una lectura completa de la Biblia para desarrollar una imagen completa de Dios. Como dijo una vez el difunto A.W. Tozer, “Podemos tener una opinión correcta de la verdad solamente al atrevernos a creer todo lo que Dios ha dicho de sí mismo”.<ref>A.W. Tozer, Gems From Tozer (Harrisburg, PA: Send the Light Trust/ Christian Publications, Inc., 1969), p. 4.</ref> Para más estudio: Timoteo se benefició inmensamente al tener a Pablo como su mentor. Para ver el impacto de esta relación lee 2 Timoteo 1:13-14 y 3:10-15. Hay un buen número de buenos recursos que pueden mejorar tu tiempo diario con la Palabra. Hemos puesto unos cuantos en la sección “Lectura recomendada” al final de este capítulo. Variar tu método de vez en cuando hará más placentera y beneficiosa esta disciplina. La palabra escondida comunica el pensamiento de guardar algo para los tiempos de futura necesidad. Hacemos esto al meditar continuamente en la Palabra de Dios, al pensar
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    constantemente en ella,y aplicar sus verdades a las situaciones diarias de la vida. Yo personalmente he encontrado que un programa sistemático para memorizar la Escritura es absolutamente necesario para la continua meditación en la Palabra de Dios. No puedo pensar durante el día lo que no tengo en mi corazón.[4] — Jerry Bridges Busca a alguien que te ayude. Tu estudio de la Biblia acelerará grandemente al relacionarte con un mentor cristiano. Aprenderás mucho simplemente al preguntar, “¿Cómo es que tú estudias la Escritura?” También te beneficiará (aunque no sin cierta vergüenza) cuando él o ella te pregunte, “Así que...¿de verdad lo estás haciendo?” Ser responsable ante otra persona es de gran beneficio. Sólo mira que la persona que te pide cuentas no tenga similares defectos - ni el don de misericordia. Guarda la Palabra de Dios en tu corazón memorizándote la Escritura. Pablo indica la transformación interna que ocurre a medida que comenzamos a dejar que la Biblia dé forma a nuestros pensamientos y actitudes: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Ro 12:2). La memorización quizás no te sea fácil, pero a medida que tejes la Palabra en la tela de tu vida, estarás bien preparado cuando venga la tentación o la adversidad. Una Conciencia Limpia Esto afirmo. No puedo hacer lo contrario...mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No puedo y no retraeré en nada, pues ir contra mi conciencia no es ni correcto ni seguro. Que Dios me ayude. Amén7<ref>Quoted in Roland Bainton, Here I Stand: A Life of Martin Luther (Nashville, TN: Abingdon Press, 1950), p. 185.</ref> La famosa defensa de Lutero ante la Dieta de Worms [en inglés ‘lombrices’] (ese era el nombre del concilio oficial que lo enjuició, ¡en serio!) indica el importante lugar que ocupa la conciencia en la vida del cristiano. También tiene un lugar importante en nuestra santificación. Todos nosotros sin duda nos hemos encontrado con esta misteriosa facultad llamada conciencia. Cuando, en el sexto grado, yo tiré un aro de goma a un grupo de estudiantes por la puerta del aula, no esperaba golpear a nadie en el ojo. Pero así fue. Y cuando mi compañera de clase gritó de dolor, ni ella ni ninguno de los demás sabía lo que había sucedido. Pero mi conciencia sí lo sabía e insistió en que yo tomara responsabilidad por lo que había hecho. Yo luché contra ello, tratando de salir con cualquier posible excusa, pero fue en vano. Mi conciencia se negó a soltarme del anzuelo. La única manera de silenciarla fue admitir mi culpa y aceptar las consecuencias. Este incidente ilustra el rasgo más extraordinario de la conciencia - los juicios que declara son completamente objetivos e imparciales.<ref>Ole Christian Hallesby, Conscience (Minneapolis, MN: AugsburgPublishing House, 1933), p. 14.</ref> En otras palabras, uno nunca puede ganar un argumento con su conciencia. Siempre está trabajando, hasta en los sueños. Puede funcionar como testigo, al decir lo que ve u oye. Puede funcionar como abogado, acusándonos por delitos o, en raras ocasiones, defendiéndonos. También puede funcionar como juez, entregando veredictos categóricos que no pueden ser apelados. Medita en Romanos 1:20-21. ¿Por qué no hay excusa para rechazar la ley moral de Dios? -Mentiste-, proclama la conciencia. -¡No mentí! Sólo decía la verdad a modo de no causar ningún conflicto innecesario.- -Mentiste.- La conciencia no discute el asunto. Sólo lo declara. Esta es la razón por la que la conciencia
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    lleva a algunosa la distracción y por la que harán todo lo posible por apagarla, o amortiguarla con el alcohol o las drogas. ¡Grande en realidad es el poder de la conciencia! Poderosa es la influencia que puede ejercer en el corazón de los hombres! Puede infundir terror en la mente de monarcas en su trono. Puede hacer temblar y sacudir a las multitudes ante unos cuantos valientes amigos de la verdad como una manada de ovejas. Tan ciega y equivocada como la conciencia con frecuencia es, incapaz de convertir a un hombre o de llevarlo a Cristo, con todo es una parte muy bendita de la constitución del hombre, y la mejor amiga en la congregación que tiene el predicador del evangelio.[5] — J.C. Ryle La palabra en sí quiere decir “saber junto con”. El teólogo Ole Hallesby explica el significado de esta definición: Es, entonces, no simplemente un saber, un conocimiento junto con algo o alguien. Tampoco necesitamos tener duda respecto a junto con qué es lo que el hombre en su conciencia sabe. Entre todas las razas...es una característica del hombre que él en su conciencia sabe junto con una voluntad que está sobre y por encima de la suya propia...Esta voluntad, que es la voluntad de Dios, es lo que los hombres llaman la ley o la ley moral, o sea, la ley según la cual la vida del hombre debe vivirse.<ref>Ole Christian Hallesby, Conscience, p. 12.</ref> Aunque imparcial, la conciencia no es infalible. Puede estar mal informada. Puede ser demasiado sensible. O, si ha sido represada rutinariamente, quizás yo sea absolutamente sensible. La persona que ignora su conciencia se dirige al desastre. Pronto perderá la habilidad de distinguir entre la iniquidad y la justicia, entre el bien y el mal. Esto explica mucho sobre nuestra sociedad...y sobre mi primer encuentro con las drogas Cuando yo tenía dieciocho años un amigo me dio un porro (un cigarrillo de mariguana). Era 1968 y las drogas acababan de comenzar a filtrarse en los suburbios de Washington, D.C. donde yo vivía. Yo sabía que era ilegal. Yo sabía que era malo. Mi conciencia me gritaba...pero yo lo hice de todos modos. Un par de días después me fumé otro porro, y otra vez sonó la sirena de mi conciencia. Sólo que esta vez no era tan fuerte. Después de media docena de veces, casi ni la podía oír. Como resultado, poco a poco perdí mi compás moral. En esas raras ocasiones cuando apenas podía distinguir la voz de mi conciencia, la consideraba como una molestia y una aguafiestas. Si el hombre cauteriza su conciencia pronto la verá como una maldición. Pero Dios no dio la conciencia para bendecirnos. No siempre trae noticias placenteras. Puede excusar como también acusar, felicitar como también condenar. Y como dijo Pablo al joven Timoteo, la conciencia es una salvaguarda esencial de la vida cristiana: Timoteo, hijo mío, te doy este encargo porque tengo en cuenta las profecías que antes se hicieron acerca de ti. Deseo que, apoyado en ellas, pelees la buena batalla y mantengas la fe y una buena conciencia. Por no hacerle caso a su conciencia, algunos han naufragado en la fe. (1Ti 1:18-19) Puede que la conciencia sea una arma sencilla, pero es altamente eficaz en la batalla contra el pecado. “No hacerle caso a la conciencia” es lo mismo que cometer suicidio espiritual. 3 Lee Efesios 4:25-32, luego toma un minuto para escuchar a tu conciencia. ¿Te das cuenta de alguna ofensa sin confesar contra Dios u hombre? Una conciencia limpia es uno de los beneficios más preciosos del nuevo nacimiento. “Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús,” dice el escritor de Hebreos, “Acerquémonos, pues, a
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    Dios con corazónsincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable” (Heb 10:19,22; Heb 9:14). ¡Qué gracia la de Cristo de purgarnos con su sangre de las asquerosas manchas de nuestros pecados pasados! Ahora que tenemos una conciencia limpia, debemos esforzarnos para mantenerla así. La conciencia funciona como una luz de advertencia en el tablero de mandos de nuestra vida, y necesitamos poner atención cuando se enciende intermitentemente. El proceso es el mismo que cualquier mecánico de automóviles seguiría: determinar de dónde proviene la dificultad y luego corregirla. Por lo regular la solución tiene que ver con confesar el pecado y pedir perdón. Después de cometer adulterio con Betsabé y de asesinar a Urías, el rey David siguió como si nada hubiera ocurrido durante meses ignorando la luz roja de su conciencia. Él nos escribe sobre su experiencia en el Salmo 32: Medita en Hechos 24:16. ¿Pablo daba por sentado la conciencia? Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a quien el SEÑOR no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí. Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: ‘Voy a confesar mis transgresiones al SEÑOR’, y tú perdonaste mi maldad y mi pecado. Por eso los fieles te invocan en momentos de angustia; caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ello no los alcanzarán. (Sal 32:1-6) Para más estudio: Escribe Salmo 139:23-24 en una tarjeta pequeña y ponla en un lugar donde te sirva de recordatorio diario. Mientras David guardó silencio su conciencia no calló. El pecado sin confesar lo llevó a la angustia espiritual y física. Pero el perdón y la liberación le llegaron tan pronto como reconoció su comportamiento y se arrepintió. El testimonio de David muestra que una conciencia limpia podría curar muchos de los problemas que tenemos, incluso muchos que son llamados “enfermedades mentales” o “depresión”. Se llegó el momento de que nosotros los cristianos hagamos frente a nuestra responsabilidad con la santidad. Con demasiada frecuencia decimos que somos ‘derrotados’ por este o aquel pecado. No, no somos derrotados; simplemente somos desobedientes. Podría ser algo bueno si dejáramos de usar las palabras ‘victoria’ y ‘derrota’ para describir nuestro progreso en la santidad. Más bien debemos usar las palabras ‘obediencia’ y ‘desobediencia’.[6] — Jerry Bridges Cuando el cristiano tiene una conciencia saludable, le advertirá antes de iniciar un acto malo. Durante el acto la conciencia podría guardar silencio. Pero después de verdad se dejará oír. Las palabras, los pensamientos, las actitudes, y los motivos también pasan bajo su implacable escrutinio. Recuerda - esto es una bendición. Una conciencia activa fomenta el examen de sí mismo que marca al cristiano en crecimiento. Es una tremenda aliada de la verdad.Como se mencionó arriba, el peligro principal es que faltamos en obedecer a la conciencia y ésta se cauteriza. El cristiano sin una conciencia limpia puede ser chantajeado por el enemigo. Al haber perdido un equipo de navegación tan crucial, ya no puede discernir el curso correcto, y corre el riesgo de naufragar. Esto no es algo insignificante. Para más estudio: Para entender las opiniones de Pablo sobre la conciencia débil y la conciencia fuerte, lee 1 Corintios 8:4-13 y 10:23-33. Pero una conciencia hipersensible puede ser un problema tan grande como la que se ha cauterizado. Esto no es raro entre los cristianos serios, especialmente cuando son recién convertidos. Los que tienen lo que a veces se llama una conciencia demasiado escrupulosa o débil, viven en un continuo estado de injustificada culpa. “Aquí lo más insignificante puede producir una conciencia malvada, de hecho, una ansiedad muy insoportable. Puede ser, o un
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    acto insignificante, oun pequeño pensamiento o una palabra descuidada”.<ref>Ole Christian Hallesby, Conscience, p. 142</ref> Un pedazo de basura en el suelo que no se recoge se convierte en un pecado mayor porque “comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo hace” (Stg 4:17). O un comentario de improviso que no es absolutamente correcto se convierte en una mentira premeditada. Durante esos ataques de duda, cuando el creyente en un grado excepcionalmente marcado pierde contacto con la gracia que puede sentir, su vida entera en Dios cae fuera de balance, como quien dice. Todos los valores espirituales se distorsionan, y tiende a perderlos totalmente de vista. Ya no parece poder beneficiarse de sus anteriores experiencias cristianas ni de su anterior perspicacia sobre asuntos espirituales. Los asuntos esenciales y los no esenciales se convierten en una confusa masa en lo que a él respecta. Dios le enseñará en momentos así cuán impotente es en sí mismo tanto en la moralidad como en la religión. [7] — Ole Christian Hallesby Como ilustran estos ejemplos, los que tienen una conciencia demasiado escrupulosa yerran al exaltar la letra del versículo bíblico por encima del espíritu del versículo. Recuerda, Dios está más interesado en el motivo del corazón que en los detalles externos. También es posible que falten en distinguir entre la tentación y el pecado. Es cierto que con frecuencia la una lleva al otro, pero no son lo mismo. La tentación es inevitable, pero no es necesario que dé a luz el pecado. Como dijo Lutero, “No puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero puedes evitar que hagan un nido en tu pelo”. Mi consejo a los que tienen una conciencia hipersensible es que busquen el consejo de un cristiano maduro - un pastor o el líder de un grupo pequeño que pueda ayudarles a separar lo esencial de lo no esencial. También la activa participación en el ministerio de grupos pequeños de tu iglesia es indispensable para mantener una conciencia saludable. 4 ¿Cuál de los siguientes considerarías ser pecados dignos de arrepentimiento? (Marca todos los que apliquen.) ❏Dejar un poco de chicle masticado debajo del asiento frente al tuyo en la iglesia. ❏Fantasear brevemente de que tu suegra se ha mudado a Nepal. ❏Doblar a la izquierda con la luz en rojo en el único semáforo en el pueblo a las 2:47 a.m. ❏Dejar que pase una semana sin bañar a tu niño pequeño. ❏Tirar una lata vacía de refresco que pudo haber sido reciclada. La Oración La oración es nuestra cuerda salvavidas de comunicación con Dios. A través de la oración tenemos una avenida para acercarnos a nuestro Padre celestial y expresar nuestra gratitud y comunicarle nuestras necesidades. Es una oportunidad de múltiples facetas para tener comunión con el Creador del universo. La oración consistente, persistente nos cambia tan profundamente como cualquier otro medio usado por el Espíritu Santo. La Biblia nos anima, “Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos” (Ef 6:18). Hay por lo menos tres clases de oración que contribuyen grandemente a nuestra santificación. Examinémoslas individualmente. La oración como un clamor de liberación del pecado. Es difícil imaginarse una situación más desesperante que en la que Jonás se encontraba. Habiendo desobedecido el mandato de Dios de ir a Nínive, acabó en el estómago de un gran pez. La oración era su única esperanza: Entonces Jonás oró al SEÑOR su Dios desde el vientre del pez. Dijo: ‘En mi angustia clamé al
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    SEÑOR, y élme respondió. Desde las entrañas del sepulcro pedí auxilio, y tú escuchaste mi clamor’. (Jon 2:1-2) No sólo te sientes ahí solo o apartado colgando la cabeza, y sacudiéndola y mordiéndote los puños preocupado y buscando una salida, sin nada más en tu mente que lo malo que te sientes, cuánto sufres, qué pobre tipo eres. ¡Levántate, perezoso tunante! ¡De rodillas! ¡Levanta las manos y los ojos al cielo![8] — Martin Luther No importa cuán desesperante sea el predicamento, nuestro primer paso para ser liberados del pecado es siempre hacia el Señor. Este paso se logra a través de la oración. Cuando yo sé que he pecado, la salida no es complicada - sólo difícil. El Espíritu Santo me dirige a clamar pidiendo misericordia, a confesar mi pecado, y a pedir perdón. La promesa de Dios está clara: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1Jn 1:9). La palabra griega que se traduce aquí como “confesamos” significa “decir la misma cosa” - estar de acuerdo con Dios de que en verdad hemos pecado. Él ya sabe cuál es nuestro pecado. Él solamente está esperando que nosotros nos hagamos responsables del pecado. Una vez lo hagamos, Él promete perdonarnos y purificarnos. Yo encuentro interesante que la base para el perdón de Dios no es su misericordia, sino más bien su fidelidad y justicia. Podemos someter con confianza nuestras peticiones a Dios por lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz. Medita en Salmo 86:1-7. Aunque merecemos su ira, Dios nos ama grandemente cuando clamamos pidiendo liberación del pecado. La oración por libertad de pecado es una manifestación de verdadero humildad. Y humildad es necesaria para experimentar gracia. La oración es una petición de dirección. Yo recuerdo los tiempos justo antes de pedir a mi esposa que se casara conmigo. ¡Vaya, si en serio quería recibir dirección de parte de Dios! Sólo la cantidad de las oraciones pidiéndole dirección debió haber comunicado claramente al Señor que yo de verdad quería saber cuál era su voluntad. Recibir dirección tiene que ver con más que solamente la oración, por supuesto. Por ejemplo, exige de estudio bíblico y fiel aplicación de la sabiduría que ya poseemos. Anticipa que tengamos una sincera determinación para hacer la voluntad de Dios suceda lo que suceda, y una disposición a oír la multitud de consejeros que misericordiosamente Él pone a nuestro alrededor. Pero la oración es primordial en la dirección simplemente porque nos mantiene en constante contacto con Aquel que nos dirige por sendas de justicia por amor a su nombre (Sal 23:3). Nadie puede reducir a una fórmula la verdadera dirección. Consiste en oír y obedecer, una relación constante reforzada por la comunicación regular, y en reposar en las seguras promesas de Dios. Mi propia opinión es que el cristiano que se propone a hacer la voluntad de Dios encontrará muy difícil no ver esa voluntad si es que es una persona de oración. 5 Describe brevemente un incidente cuando recibiste liberación o dirección de Dios como resultado de la oración. La oración como sumisión a la voluntad de Dios.En el huerto de Getsemaní, Jesús hizo la oración más conmovedora de todas: “Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo: pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22:42). Iba acompañada de un fuerte clamor a Dios y una presión tan intensa que Cristo sudó gotas de sangre. Fue expresada cuando estaba
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    sin la compañíade ningún ser humano, porque sus amigos más cercanos se habían dormido. Nuestro Señor estaba solo. Aquí, en su hora de mayor prueba, Jesús nos dio un modelo de verdadera sumisión, una humildad que lo cualificó para heredar la tierra. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, los aviones aliados hicieron llover sobre Alemania grandes bombas incendiarias. Ciudades como Dresde y Hamburgo quedaron completamente destruidas. Uno de los sobrevivientes de Dresde fue John Noble, un ciudadano norteamericano que junto con su familia fue puesto bajo arresto en su casa cuando estalló la guerra.<ref>John Noble, I Found God in Soviet Russia (London: Lakeland, Marshall, Morgan and Scott, 1959)</ref> Tenía 22 años de edad. Para más estudio: Lee Hebreos 12:7-13. ¿Qué promesa encontramos aquí que nos motiva a someternos a Dios? Después que se rindieron los poderes del Axis en 1945, John esperaba volver a los Estados Unidos. Pero los comunistas soviéticos controlaban ahora esa parte de Alemania, y ellos tenían otros planes para él. Fue encarcelado bajo un pretexto y durante los próximos diez años fue sujeto al más inhumano trato que uno se pueda imaginar. Sólo una pequeñísima fracción de los prisioneros sobrevivieron. Los que habían padecido bajo los alemanes y los comunistas dijeron que aunque los nazis eran mucho más crueles y vengativos en su trato de los prisioneros, los comunistas eran más mortíferos, ya que sistemáticamente hacían morir de hambre a los que estaban en sus garras. Aunque Noble se había criado en un hogar cristiano, su fe no se extendía mucho más allá de la asistencia superficial a la iglesia. Se daban gracias a Dios antes de comer, pero las oraciones, si se hacían, no salían del corazón. Su padre, un anterior ministro, se había vuelto más y más materialista a través de los años. Llevó a la familia a Alemania a mediados de los 1930 para dirigir una fábrica de cámaras. Así es como quedaron atrapados en Alemania cuando las tropas de Hitler comenzaron a marchar. Medita en Filipenses 1:20-21. Una vez más, Pablo sirve como un perfecto modelo y ejemplo. ¿Cuál era una de sus preocupaciones mientras se enfrentaba con la probabilidad de ser ejecutado? En la cárcel a todos los prisioneros repetidamente se les negaba comida por largos lapsos de tiempo. Luego llegó un devastador período de doce días sin nada excepto un poquito de agua con sabor a café al día. Muchos de los hombres murieron. Desde su solitaria celda, John podía oír cuando sacaban los cadáveres arrastrándolos, la cabeza golpeando las gradas. La desesperanza y el desaliento eran como una nube a su alrededor. Pero durante ese tiempo de lenta y dolorosa muerte por hambre, Dios en su gracia se reveló a John Noble. Por supuesto que había orado durante el comienzo de su cautiverio. De hecho, había orado con frecuencia, pidiendo a Dios comida, seguridad, y liberación. Pero cuando le fue dada fe para confiar en Cristo, el enfoque de sus oraciones cambió de preservación de sí mismo a una humilde entrega a la voluntad de Dios. Ahora, ya fuera que viviera o muriera, estaba sometido a Dios. Ya no se pertenecía a sí mismo. Como resultado, ya no tenía miedo. Una paz que sobrepasaba toda comprensión humana se apoderó de su alma. La oración hará que el hombre deje de pecar, o el pecado tentará al hombre a dejar de orar.[9] — John Bunyan El padre de John, uno de sus compañeros de cárcel en Dresde, también volvió a dedicar su vida a Cristo y recibió la misma gracia para orar diciendo, “pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya”. Aunque habían de pasar varios años más en la cárcel, después escribieron de no tener nada de qué lamentarse. Nunca se sintieron más ricos espiritualmente ni más cerca de Cristo que cuando, naturalmente hablando, las cosas parecían más inexorables. Y su confianza en Jesús, que era tan preciosa para ellos, les dio el poder para reclamar la miserable vida de muchos otros. Durante toda su terrible experiencia, la humilde oración de sumisión a la voluntad de Dios mantuvo su corazón tierno y cerca de Él.
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    Como puedes ver,la oración - junto con la Palabra de Dios y una conciencia regenerada - son poderosas herramientas en la mano del Espíritu. Tienen un admirable potencial para conformarnos a la imagen de Cristo. Ahora que tienes cierta idea de cómo funcionan éstas, hurguemos en el resto de la caja de herramientas. Discusión Grupo 1. Martín Lutero una vez dijo, “El hombre es justificado por la fe solamente, pero no por una fe que está sola”. ¿Cómo se podría aplicar eso a las preguntas del autor sobre fumar antes de su conversión? (Páginas 53-54) 2. ¿Qué pecados considerarías estar entre los más dominantes o adictivos? ¿Por qué? 3. ¿Puedes recordar maneras específicas en las que el Espíritu Santo obró para santificarte después de tu conversión? 4. ¿Cómo afecta tu expectación de cambiar el conocimiento de que Dios mismo está obrando en ti? 5. Piensa en una cueva subterránea, excavada a través de siglos por el constante gotear del agua. En la medida en que la Palabra de Dios “gotea” en tu vida ahora, ¿cuánto tiempo se tomará para producir un cambio visible? 6. . ¿Qué sería necesario para asegurar que estás leyendo - y aplicando - la Palabra de Dios regularmente? 7. ¿Cómo calificarías tu conciencia? (A) Demasiado insensible, (B) Demasiado sensible, (C) Exactamente correcta. 8. . “Cuando yo sé que he pecado”, dice el autor, “la salida no es complicada - s¬ólo difícil” (Página ). ¿Por qué es difícil orar pidiendo a Dios liberación? 9. “La oración cambia las cosas” anuncia un rótulo muy conocido. ¿De qué maneras has visto que eso es cierto en tu vida? Lectura Recomendada Tabletalk, una guía mensual para el estudio bíblico publicada por Ligonier Ministries, 400 Technology Park, Suite 150, Lake Mary, Florida, 32746, 1-800-435-4343) Daily Walk, una guía mensual para el estudio bíblico publicada por Walk Thru the Bible Ministries, P.O. Box 478, Mt. Morris, IL 61054-9887. Daily Readings from J.C. Ryle, copilado por Robert Sheehan (Welwyn, Hertfordshire, England: Evangelical Press, 1982) How to Pray Effectively por Wayne Mack (Phillipsburg, NJ: Presbyterian & Reformed Publishing Co., 1977) Honesty, Morality & Conscience by Jerry White (Colorado Springs, CO: NavPress, 1977) Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church. Capítulo 8 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Las Herramientas Del Oficio (II) En el anterior capítulo exploramos tres de las herramientas principales - la Escritura, la conciencia, y la oración - que usa el Espíritu Santo para llevar a cabo nuestra santificación. Pero nos quedan por lo menos seis importantes medios. Para poder responder a la obra santificadora del Espíritu, debemos familiarizarnos con estas otras herramientas esenciales del oficio.
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    Negarte a TiMismo y una Vida de Discipulado Hace algunos años la compañía Fritos introdujo un ‘chip’ extremadamente picante. Traté de disimular mi placer de que, siendo que los niños no los soportaban, yo no tendría que compartirlos. En la tienda mis hijos me preguntaban: “Oye, papi, ¿por qué compramos esa clase? ¡A nosotros no nos gusta!” Yo sé, pensaba yo. Esa es precisamente la razón. Después de pocos meses, Fritos descontinuó ese sabor...sin duda bajo órdenes desde arriba. Medita en Juan 15:13. ¿Cuál es la medida del verdadero amor? El famoso líder cristiano chino Watchman Nee escribió una vez, “Recordemos que la única razón de todo malentendimiento, toda inquietud, todo descontento, es que secretamente nos amamos a nosotros mismos”.[1] 1 Sólo puedo añadir que con algunos de nosotros, no es secreto. Podemos tratar de esconder nuestro egoísmo, pero inevitablemente las burbujas surgen a la superficie. Mucho mejor es obedecer el llamado de Jesús y tratar directamente con este amor de nosotros mismos. Dirigiéndose a todos, declaró: "Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará." (Lc 9:23-24) Cada día en la escuela de discipulado de Cristo se ofrecen nuevas oportunidades para negarse a sí mismo. ¿Por qué es tan importante esta muy olvidada clave para la vida cristiana? Porque vence el egoísmo, haciendo posible que amemos a Dios y a los demás. "Hay dentro de cada uno de nosotros un enemigo que toleramos para nuestro peligro. Jesús lo llamó ‘vida’ y ‘el yo’, o como diríamos nosotros, la vida del yo. Permitir que este enemigo viva es, al final, perderlo todo. Repudiarlo y renunciar a todo por Cristo es no perder nada al final, sino preservarlo todo para la vida eterna."[2] — A.W. Tozer Una arena en la que el egoísmo se expone muy rápidamente es el matrimonio. Con frecuencia he dicho a mi esposa (en chiste sólo a medias), “Cariño, no es que no te quiera. Mi problema es que me amo a mí mismo más”. Afortunadamente, Dios nos da una cruz hecha a la medida para desechar esas actitudes. No te dejes engañar por la verborrea de los psicólogos que enseñan que debemos primero aprender a amarnos a nosotros mismo. Ya de por sí nos amamos a nosotros mismos demasiado. De hecho, nos damos el beneficio de la duda en casi toda posible circunstancia. Culpamos a otros por los conflictos mientras nos adulamos a nosotros mismos por tener nobles intenciones. Si sólo extendiéramos a los demás la misma gracia que nos otorgamos a nosotros mismos...qué mundo tan maravilloso sería éste. Para más estudio: ¿Cuál es la suposición fundamental de la exhortación de Pablo en Efesios 5:28-33? Cuando Jesús dijo que uno de los requisitos para la vida eterna era amar al prójimo como a nosotros mismos no estaba sugiriendo que el amor de sí mismo era de ninguna manera deficiente. Más bien, estaba diciendo que amemos al prójimo como ya nos amamos a nosotros mismos - y eso es amar mucho. Pero no vendrá naturalmente. Puede ser una de las cosas menos naturales que hagas. Amar a los demás se logra sólo cuando practicamos negarnos a nosotros mismos en el camino del discipulado. 1 Piensa en una persona que conoces bien que tiene una necesidad específica. ¿Cómo podrías sacrificarte para servirla durante la próxima semana?
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    La negación deti mismo y el amor se cruzan en el punto de servir. Jesús nos dio el supremo ejemplo cuando fue a la cruz en nuestro lugar. Ese fue el supremo acto de servicio sin egoísmo. Pero durante toda su vida Él puso las necesidades y el bienestar de los demás antes que los suyos. Ya sea lavando los pies de sus discípulos o dando de comer a las multitudes, nuestro Señor dirigió con su ejemplo. En Filipenses 2 Pablo podría señalar la actitud de servicio, de negación de sí mismo que demostró Jesús como una que todos los cristianos deben emular. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente tomando la naturaleza de siervo... (Fil 2:4-7) "El negarse a sí mismo espera a los hijos de Dios a medida que pasan a sus devociones privadas. Está a la puerta de testificar y de cualquier otro servicio a nuestro santo Señor. Es un elemento muy doloroso en cada lucha por la santidad. Negarse a sí mismo es la clave para la solución de numerosos interrogantes que dejan perplejo al creyente de hoy. Un entendimiento correcto de esta básica exigencia bíblica silenciaría una hueste de errores sobre el evangelismo, la santificación y la vida práctica."[3] — Walter Chantry Otro libro en esta serie, Disciplines for Life (Disciplinas para la vida), explica en detalle las diversas maneras bíblicas en las que podemos practicar una vida de discipulado. Los ejercicios espirituales como el ayuno, la oración consistente, y la confesión exigen esfuerzo. Pero valen la pena; prometen recompensas ahora y en la vida venidera. Pruebas en el Camino Fue uno de los amigos de Job quien correctamente supuso, “con todo, el hombre nace para sufrir, tan cierto como que las chispas vuelan” (Job 5:7). Esa ha sido nuestra suerte desde la caída. Muchas de esas dificultades, por supuesto, resultan de nuestro propio pecado e insensatez. En más de una ocasión yo he trazado un dolor de cabeza a la tensión causada por mi propia necia persistencia en preocuparme. Cuando Clara y yo experimentamos fricción en nuestro matrimonio, es más probable que mi egoísmo sea el culpable. No debemos sorprendernos cuando padecemos las consecuencias de nuestro comportamiento pecaminoso. Sin embargo, el Señor en su gracia puede usar aún esas consecuencias para que crezcamos en santidad si nos arrepentimos y tratamos de aprender de ellas. ¿Pero qué de esas pruebas - esos escenarios como los de José - por los que no somos responsables? No es probable que nuestros familiares nos vendan como esclavos, pero hay momentos cuando los demás pecan contra nosotros, o cuando padecemos aflicciones sólo porque vivimos en un mundo caído. José vio el cuadro completo. Reconoció su eterno destino y el destino de los que le rodeaban. Como consecuencia, pudo apreciar la manera en que Dios soberanamente dirigía las circunstancias de su vida. Como dijo a sus hermanos, “Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó el mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente” (Gn 50:20). Cuando las cosas parecen ir en contra nuestra, debemos darnos cuenta de que nuestro Padre tiene un propósito en mente y está primordialmente interesado en cómo respondemos. De hecho, no es demasiado decir que Dios trama las dificultades para animarnos a seguir adelante en dependiente confianza en Él: Para más estudio: ¿Por qué pidió Dios a Abraham que sacrificara a Isaac (Génesis 22:1-18)? ¿Qué emociones crees que experimentó Abraham al obedecer a Dios?
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    Recuerda que durantecuarenta años el SEÑOR tu Dios te llevó por todo el camino del desierto, y te humilló y te puso a prueba para conocer lo que había en tu corazón y ver si cumplirías o no sus mandamientos. Te humilló y te hizo pasar hambre, pero luego te alimentó con maná, comida que ni tú ni tus antepasados habían conocido, con lo que te enseñó que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del SEÑOR. (Dt 8:2-3) ¿Quién humilló y probó a los israelitas, llevándolos a un lugar de hambre? ¿Fue Satanás? No - fue Dios. ¿Por qué? Para que supieran cuánto necesitaban de una continua, vital relación con Él. Pausa un momento para dejar que esto penetre en tu mente: Dios está preparado a sacrificar tu felicidad temporal para lograr su eterno y clemente propósito en ti. Como cristiano genuino, para ti “Es necesario pasar por muchas dificultades para entrar en el reino de Dios” (Hch 14:22). No confundas con la crueldad o el descuido la amorosa disciplina de tu Padre. "Perdemos mucho consuelo en los momentos de prueba porque tendemos a verlos como evidencia de que Dios nos ha dejado solos en vez de evidencia de su paternal disciplina y cuidado. Sin embargo, Hebreos 12:7 dice, “Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos”. El escritor de Hebreos no cualificó la dificultad. No sugirió que algunas dificultades son disciplina de Dios, mientras que otras quizás no lo sean. Simplemente dijo que soportaran la dificultad - toda - como disciplina de Dios. Puedes estar seguro de que cualquier dificultad que llegue a tu vida de cualquier fuente inmediata, Dios está en soberano control de ella y la está usando como un instrumento de disciplina en tu vida."[4] — Jerry Bridges José aprendió lo que todos debemos aprender: “que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (Ro 8:28). No algunas cosas, ni tan siquiera casi todas las cosas. Todas las cosas. Hasta en los casos de violación o de abuso sexual de un niño o defectos de nacimiento o enfermedades incurables, el soberano Dios siempre tiene un plan de redención que llevará a su mayor gloria. Para comprender lo que Pablo dice aquí, debemos enfocarnos en los asuntos de Dios, no en los nuestros. Su propósito es que seamos conformados a la imagen de su Hijo. Por tanto, las dificultades o injusticias - aunque no nos parezcan favorables - cualifican como “bien” porque sirven para hacernos más como Cristo. Medita en 1 Pedro 1:6-7. He aquí una nueva manera de ver el sufrimiento que te ayudará a soportar hasta las pruebas más difíciles. Esto no es fácil de aceptar ni de comprender. Yo no te culparía por preguntar, “Pero, ¿cómo puede Pablo decir que todas las cosas resultan para mi bien? Veo que muchas cosas resultan para mi bien, pero muchas otras parecen ir en contra mía”. Permíteme tratar de contestar eso con una ilustración. Antes de la venida de los relojes digitales, el mecanismo interno de un reloj consistía de varias ruedas dentadas, unas se movían en una dirección y otras en la dirección opuesta. A primera vista parecería improbable que algo útil pudiera resultar de dicho arreglo. Pero cuando se le daba cuerda al resorte principal, aunque las ruedas se movieran en dirección opuesta, todas trabajaban juntas para mover las agujas del reloj hacia adelante. Así es con el orden providencial de Dios del universo...y de nuestra vida.[5] Necesitamos darnos cuenta de que Dios está tan interesado en nuestro crecimiento espiritual (santificación) que está dispuesto a sacrificar nuestra felicidad temporal para asegurarnos las bendiciones eternas. 2 “De prueba a triunfo” es un tema bíblico consistente. Usando la cita bíblica junto a cada una de las “pruebas” de la lista siguiente, escribe la victoria final que cada uno de estos individuos experimentó. •Hombre ciego de nacimiento (Juan 9:3) •
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    •Cristianos perseguidos enJerusalén (Hechos 8:1,4) • •El vientre estéril de Elisabet (Lucas 1:5-7, 13-17) • •La crucifixión de Jesús (Filipenses 2:8-11) • •El llamado a Abraham para sacrificar a Isaac (Génesis 22:15-18) • Es fácil ser cristiano cuando las cosas van bien. Pero en el calor de las circunstancias difíciles, algunos dudan poder mantener su lealtad a Cristo. Con frecuencia, de cristiano joven, yo leía el relato de cuando Pedro negó a Cristo y me preguntaba si yo algún día haría lo mismo. Quizás tú has tenido pensamientos parecidos. Pero el hecho es que Jesús oró por Pedro y a través de la gracia lo restauró a un lugar de gran utilidad. La razón por la que perseveramos como cristianos es porque Dios mismo nos preserva: Medita en 1 Pedro 1:3-5. Dios mismo promete protegernos con su poder hasta el final. La razón por la que perseveramos como cristianos es porque Dios mismo nos preserva: Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar. El padre y yo somos uno. (Jn 10:27-30) Es difícil imaginarse una declaración de protección que sea más enfática y alentadora. "Las peticiones de Cristo mandan tal ayuda a la fe que se mantiene firme hasta en su hora más oscura. Siempre que nuestra vida cae víctima de las trampas del diablo como lo fue Pedro, no podemos confiar en nuestra propia fortaleza, ni tan siquiera en nuestra propia fe, sino sólo en la fidelidad de Cristo en orar por sus hermanos débiles. Ese conocimiento trae consuelo. También trae seguridad de que nada jamás nos separará del amor de Dios en Cristo."[6] — Sinclair Ferguson “La doctrina [de la perseverancia] declara que los regenerados son salvos a través de la perseverancia en fe y una vida cristiana hasta el final, y que es Dios quien los mantiene perseverando”, escribe J.I. Packer.[7] La Palabra de Dios nos dice que Jesucristo salva “por completo” a todos los que por medio de Él se acercan a Dios (Heb 7:25). Por tanto, todo cristiano puede tener la seguridad de que perseverará, no por la propia fortaleza ni la habilidad de ningún individuo, sino porque Dios es fiel para guardarnos. El Lugar de la Ley CLos cristianos con frecuencia se confunden acerca del lugar que tiene la ley de Dios en la santificación. Yo he oído a algunos proclamar altamente, sin ninguna cualificación, que la ley ha sido abolida - y que de buena nos libramos. Y he oído exactamente lo opuesto de otros cuyo plan para reformar a la sociedad incluye volver a instituir en su totalidad la ley del Antiguo Testamento, administrada al igual que la ley islámica es puesta en vigencia en algunos países islámicos fundamentalistas hoy. Según lo veo yo, ningún extremo hace justicia a la enseñanza
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    del Antiguo Testamentosobre el tema. Pero antes de pasar más adelante, clarifiquemos lo que queremos decir con “la ley”. Estoy endeudado con el teólogo Bruce Milne por la siguiente descripción: Por “ley” aquí se quiere decir las prescripciones morales fundamentales del Antiguo Testamento resumidas en el decálogo [los Diez mandamientos]. Las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento han sido reemplazadas en el sentido de que Cristo las ha cumplido; la legislación social del Antiguo Testamento cesó de ser normativa en el sentido de que la iglesia ha reemplazado la teocracia de Israel. Los principios subyacentes de las leyes ceremoniales y sociales tienen continua relevancia y aplicación.[8] La definición de Milne representa la destilación de mucho del bastante razonado estudio teológico. Hace importantes distinciones entre el uso de la ley ahora y la manera en que se aplicaba durante la época del Antiguo Testamento. También toma en cuenta la absoluta importancia de la persona y obra de nuestro Señor, cuya venida, aunque de acuerdo a la ley, resultó en un reconocimiento totalmente nuevo de lo que significa la ley. La Escritura muestra la transición que hemos hecho de esclavos de la ley a hijos: “Pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos” (Gá 4:4-5). "La ley nos lleva al evangelio. El evangelio nos salva de la maldición de la ley pero a su vez nos dirige de nuevo a la ley en busca de su espíritu, su bondad y su belleza. La ley de Dios todavía es una lámpara a nuestros pies. Sin ella tropezamos y caemos y vamos a tientas en la oscuridad."[9] — R.C. Sproul Milne ha refutado a los presuntos reformadores que buscan institucionalizar las leyes mosaicas, pero todavía es necesario dirigirnos a los que consideran que la ley ha sido anulada y cancelada. ¿Es la ley una ayuda continua o un estorbo pasado de moda? La inequívoca respuesta a esta pregunta es...las dos cosas. Si vemos la ley como un medio de aparecer justos ante Dios (justificación), entonces nos estorbará para lograr verdadera justificación como los fariseos. Ellos no vieron que guardar la ley nunca fue con el fin de justificarnos, ni siquiera bajo el Antiguo Pacto. Por otro lado, si entendemos el propósito de Dios para la ley, entonces permanece un medio útil en nuestra búsqueda de la santificación. La ley siempre ha representado el carácter de Dios, reflejando su interés en la santidad. Y los Diez mandamientos todavía sirven como el eficaz resumen de las expectaciones morales y éticas que Dios tiene de la raza humana. Hagámonos otra pregunta fundamental: ¿Por qué Dios dio estas “prescripciones morales” en primer lugar? Si la ley nunca ha tenido el propósito de santificarnos, ¿cuál es su propósito? Medita en 1 Timoteo 1:8. ¿Cuál es el gran “si” de este versículo? Detener el mal. Según la Escritura, la ley se ha instituido para refrenar la propagación del mal (1Ti 1:9-11). Debido a que la falta de ley amenaza la santidad individual y de la sociedad, cierta restricción en ello es esencial. En este sentido la ley de Dios corresponde a la ley criminal secular. Para mostrarnos nuestro pecado. “Entonces, ¿cuál era el propósito de la ley? Fue añadida por causa de las transgresiones hasta que viniera la descendencia a la cual se hizo la promesa” (Gá 3:19). Como dice la edición New English Bible, la ley fue añadida “para hacer del mal comportamiento una ofensa legal”, o sea, para hacer que los hombres estuvieran claramente concientes de la distinción entre el bien y el mal. O como dice William Hendriksen, “para producir dentro de su corazón y su mente un naciente sentido de culpabilidad.”[10] J.B. Phillips lo expresa bien en su traducción de la Biblia: “Es el filo recto de la ley lo que nos muestra cuán torcidos
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    somos” (Ro 3:20).Una vez que haya expuesto nuestra verdadera naturaleza, la ley puede lograr su próximo crucial propósito. Para más estudio: Lee Deuteronomio 4:1. ¿Por qué redunda para nuestro propio bien obedecer la ley? Traernos a Cristo. “Antes de venir esta fe”, escribió Pablo, “la ley nos tenía presos, encerrados hasta que la fe se revelara” (Gá 3:23). Tratar de cumplir las exigencias de la ley es una tarea inútil. Y eso, de hecho, es la verdadera revelación que la ley tiene la intención de dar. Existe para mostrarnos nuestra condición pecaminosa, débil y desesperante. “Así que la ley vino a ser nuestro guía encargado de conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe” (Gá 3:24). Una vez hayamos magullado nuestra legalista persona contra las inflexibles exigencias de la ley, estaremos listos para “volvernos a Dios y a su Hijo Jesucristo buscando perdón y poder”. [11] Servir como una guía para una vida santa.. Como las guardas a lo largo de una carretera, la ley está diseñada para evitar que nos desviemos del camino. También clarifica el camino que debemos seguir. Torah, la palabra hebrea para “ley”, tiene varios significados, incluso “la clase de instrucción que un buen padre da a su hijo”.[12] Dios como nuestro Padre quiere evitarnos dificultades innecesarias. Si queremos vivir sabiamente, guardaremos su ley. Una vez venimos a Cristo, nuestra relación con la ley cambia radicalmente. Nuestro motivo para obedecer sus decretos ya no es el temor sino la gratitud. Cuando nos damos cuenta de que el Dios que nos creó, nos redime, y nos sostiene con inmerecida gracia es digno de nuestra gozosa obediencia, diremos junto con el salmista, “¡Cuánto amo yo tu ley!” (Sal 119:97). 3 Amar la ley de Dios es una cosa; amar las leyes del Tío Sam es otra. ¿Cuál de las siguientes leyes amabas tú antes de ser cristiano? ¿Y ahora? (Marca todas las que apliquen.) No-Cristiano Cristiano ❏ No debes exceder el límite de velocidad ❏ ❏ Debes dar cuenta de todas tus entradas que están sujetas a impuesto ❏ ❏ No debes vender alcohol a los menores de edad ❏ ❏ Debes usar el cinturón de seguridad ❏ Los que consideran la ley fuera de moda e irrelevante posan varias preguntas que valen la pena responder: “Pero ¿acaso no terminó la ley?” Sólo como un medio para la justicia. “De hecho, Cristo es el fin de la ley, para que todo el que cree reciba la justicia” (Ro 10:4). “¿No dijo Pablo que no estamos ‘bajo la ley’ (Ro 6:14)?” Es verdad que ahora estamos bajo la gracia, no la ley, como la fuerza dominante en nuestra vida. Pero lo que Pablo quiso decir es que “ya no estamos bajo condenación por nuestro fracaso en guardar la ley”.[13] “¿No anuló Jesús la ley?” ¿Es la ley obligatoria para el cristiano?... ‘No’ en el mismo sentido en que nuestra aceptación ante Dios no depende de ella. Cristo en su muerte cumplió totalmente con las exigencias de la ley, de modo que nosotros somos liberados de ella. Ya no tiene ningún derecho en nosotros. Ya no es nuestro Amo. ‘Sí’ en el sentido de que nuestra nueva vida todavía es una esclavitud. Todavía ‘servimos’. Todavía somos esclavos, aunque hemos sido dados de alta de la ley. Pero el motivo y los medios de nuestro servicio han sido alterados. ¿Por qué servimos? No porque la ley sea nuestra ama y tengamos que hacerlo, sino porque Cristo es nuestro esposo y queremos hacerlo. No porque la obediencia a la ley lleva a la salvación, sino porque la salvación lleva a la obediencia de la ley. La ley dice, Haz esto y vivirás. El evangelio dice, Tú vives, de modo que
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    haz esto. Elmotivo ha cambiado.[14] — John R.W. Stott Absolutamente no. “No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento” (Mt 5:17). “Lo que Jesús destruyó”, escribe J.I. Packer, “eran inadecuadas exposiciones de la ley, no la ley en sí (Mt 5:21-48; 15:1-9; etc.). Al dar exposiciones más ciertas, Él en realidad volvió a publicar la ley”.[15] 14 Jesús clarificó el espíritu de la ley, diciendo en efecto, “No adulterio, ni siquiera en pensamiento. No asesinato, ni siquiera odio”. Es gran privilegio del cristiano estar libre de la ley. Sin embargo, no debemos interpretar esto como un comentario despectivo de la ley. La culpa no está en la ley sino en nosotros; es débil porque nuestra carne es débil. Pero afortunadamente, lo que nosotros no pudimos hacer, Dios lo hizo por nosotros. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, pues no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. (Ro 8:3-4) Medita en Romanos 10:4. Por medio de nuestra unión con Cristo hemos cumplido totalmente con los justos requisitos de la ley. Podemos resumir nuestra discusión como sigue: La ley todavía está en efecto y tiene un propósito valioso, pero a través de Cristo nuestro estado bajo la ley ha cambiado para siempre. El papel de Dios en nuestra vida ahora es principalmente el de Padre, no Juez. Cuando pecamos lo entristecemos y somos disciplinados, pero no somos repudiados. Su trato con nosotros ahora es el amor castigador de un padre, no la desaprobación legal de un juez. La Iglesia La vida cristiana es ineludiblemente corporativa. La idea de un hombre santo o de una mujer santa aparte de una iglesia santa es ajena al Nuevo Testamento. Sin embargo una gran mayoría de norteamericanos hoy creen que pueden servir a Dios con igual eficacia aparte de la comunidad de creyentes. En las palabras de un participante en una encuesta de Gallup, “Yo soy mi propia iglesia”. Una de las desafortunadas consecuencias del “robusto individualismo” norteamericano es una vena que evita a muchos formar las relaciones duraderas que caracterizan a la iglesia. La resistencia a comprometerse en nombre de la libertad resulta en un mal desarrollado crecimiento espiritual. Luego está el temor que paraliza a la gente el momento en que considera participar en la iglesia: “¿Y qué si se dan cuenta de cómo en realidad soy?” “Todos menos yo tienen su vida en orden”. “Yo no soy como todos los demás”. Yo he oído tantos comentarios como éstos que puedo decir con confianza que todos los miembros de las iglesias tienen (o han tenido) pensamientos parecidos. La respuesta a esos temores es que la iglesia se compone de personas imperfectas que, con la ayuda de Dios, están aprendiendo a seguirlo. Nadie ya “ha llegado”. ¿Eres imperfecto? ¡Excelente! Cabrás muy bien. "La Biblia no sabe nada de solitaria religión. Caballero, ¿usted desea servir a Dios e ir al cielo? Recuerde, usted no puede servir a Dios solo. Por lo tanto debe buscar compañeros o hacerlos." — John Wesley
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    El egoísmo esotro problema que mantiene a la gente asilada de la hermandad de la iglesia. Algunos son demasiado ensimismados como para molestarse con interesarse por ninguna otra persona. Pero el simple hecho es que nos necesitamos los unos a los otros. “Uno no puede decir ser cristiano”, escribe Charles Colson, “y al mismo tiempo decir que vive fuera de la iglesia. Hacerlo así es en el mejor de los casos hipocresía - en el peor de los casos, blasfemia”.[16] La santificación sólo se puede desarrollar en el contexto de la comunidad cristiana. No hay substituto para el aliento y la admonición que vienen de los fieles hermanos en la iglesia. El Nuevo Testamento contiene treinta pasajes con “unos a los otros” mostrando la importancia de las vidas compartidas. Además, todos nos beneficiamos de las personas que demuestran fe en acción, enseñándonos así cómo ser buenos esposos, esposas, padres, amigos, o trabajadores. Como se mencionó en el capítulo anterior, es muy importante formar parte de un grupo pequeño donde uno puede conocer y ser conocido. Para más estudio: Lee 1 Tesalonicenses 5:4-11. ¿Cómo es que el último versículo en este pasaje refuerza el llamado de Pablo a vivir como “hijos de la luz”? Además de todo esto, es a la Iglesia que Cristo ha dado los dones de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. ¿Por qué? Para preparar a los santos para que los santos puedan cumplir con la obra del ministerio al que son llamados (Ef 4:11-13). Dios da dirección espiritual para los cristianos dentro de la iglesia local. Es en la iglesia que recibimos cuidado pastoral y somos preparados para servir. Podemos dar gracias a Dios por los ministerios de apoyo a la iglesia y el bien que hacen, pero no son indispensables. La Iglesia sí lo es. 4 ¿Cuáles son dos (¡por lo menos!) de los beneficios “indispensables” que tú has recibido por participar en una iglesia local? • • Los sacramentos Si creciste asistiendo a los cultos de la iglesia, probablemente conoces muy bien los sacramentos. Aunque las tradiciones cristianas no están de acuerdo con el número o la práctica de los sacramentos, hay dos - bautismo y comunión - que siempre se han considerado como distintivamente cristianos y centrales a la vida de la Iglesia. Estos dos son igualmente esenciales en la vida de cada creyente. Un sacramento en realidad es una promesa de Dios puesta en acción ante nuestros ojos.[17] Se nos dice que nuestros pecados han sido lavados por la sangre del Cordero. Pero luego se nos invita a dar evidencia de nuestra fe en esa promesa al seguir a Cristo por medio de las aguas del bautismo. De igual manera, se nos promete vida eterna y hermandad con Jesús, y luego se nos permite tener comunión con Él cuando recibimos la propia cena del Señor. No hay ninguna magia en estos actos. El bautismo no lo hace a uno cristiano. Más bien, sólo los cristianos cualifican para ser bautizados. Ni tampoco se imparte gracia salvadora a través de la comunión. Sin embargo Cristo está presente por su Espíritu cuando recordamos su cuerpo inmolado y su sangre derramada. Estas ordenanzas tienen gran valor para nuestra santificación. Son vívidos recordatorios experimentales de las grandes verdades de la fe cristiana - nuestra redención a través de la obra consumada de Jesucristo y de nuestra inmanente comunión con Él hasta que vuelva por nosotros. O, como lo dice Sinclair Ferguson, traen “nueva realización de nuestra unión y comunión con Cristo. Nos señalan hacia atrás a su fundamento y hacia adelante a su consumación en gloria”.[18] Los sacramentos mantienen estas verdades al frente y en el centro, ayudándonos a mantenernos firmes, lo que es esencial para el crecimiento espiritual. Alabanza y Adoración
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    Hace poco asistía una conferencia sobre asesoramiento bíblico. Aunque la oración de apertura estaba lejos de ser superficial, ninguno de nosotros nos sentimos particularmente movidos. Sin embargo, la sesión del día siguiente comenzó con alabanza. Esta vez cuando el dirigente oró antes de comenzar su mensaje, la alabanza verbal, las manos levantadas y un “Amén” aquí y allá acompañaron cada una de sus frases. ¿Cuál fue la diferencia? La alabanza nos había dirigido el corazón hacia arriba y nos había ablandado hacia el Espíritu de Dios. Para más estudio: ¿Qué vio el siervo de Eliseo cuando Dios levantó su vista por encima de sus circunstancias? (2R 6:15-17) Entre nuestros grandes privilegios como cristianos, ninguno es más grande que el privilegio de alabar. Su poder para restaurar la perspectiva apenas se puede sobreestimar. Cuán fácil es en este mundo caído ponerse “fuera de tono”, perder la conexión con la grandeza y misericordia de Dios. La confianza en sí mismo por un lado y el desánimo por otro puede evitar que veamos a nuestro Señor exaltado. Pero cuando comenzamos a alabar...cuando su Espíritu nos levanta los ojos para contemplar de nuevo la majestad y maravilla de Dios...se nos vuelve a poner en contacto con las realidades eternas. También al magnificar a Dios invariablemente nos humillamos, y eso nos pone en una posición perfecta para recibir gracia. Todos haríamos bien en hacer eco al escritor del himno que dijo, “Ven Tú Fuente de toda bendición, entona mi corazón para cantarte mi adoración”. El Salmo 95 nos da un maravilloso patrón para alabar y un entendimiento del papel de la alabanza en la santificación: 5 Toma uno o dos minutos para leer Salmo 77 y luego contesta las siguientes preguntas: •¿Cómo es que el corazón del salmista está fuera de tono (v. 2,4,7-9)? •¿Cómo trata él con sus dudas (v.10-12)? •¿Cómo es que la adoración cambia su opinión de Dios (v. 13-20)? Vengan, cantemos con júbilo al SEÑOR; aclamemos a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante él con acción de gracias, aclamémoslo con cánticos. Vengan, postrémonos reverentes, doblemos la rodilla ante el SEÑOR nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios y nosotros somos el pueblo de su prado; ¡somos un rebaño bajo su cuidado! Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón...(Sal 95:1-2,6-8) Después de invitarnos a cantar, a aclamar, a agradecer, y a exaltar, el salmista nos insta a inclinarnos en adoración. También nos advierte que no endurezcamos el corazón cuando oigamos la voz de Dios. La conexión no es simplemente coincidental: Dios con frecuencia habla a nuestro corazón mientras adoramos. Él nos habla de su majestad, su soberanía sobre nuestra vida, su cuidado providencial de nosotros, y muchas otras cosas maravillosas. También puede revelar áreas específicas en las que necesitamos cambiar o aventurarnos a nuevas esferas. Si no escuchamos, o si endurecemos el corazón como lo hizo Israel tan frecuentemente durante su andar por el desierto, arriesgamos el disgusto y la disciplina de Dios. El combustible para la adoración es una verdadera visión de la grandeza de Dios; el fuego que hace que el combustible arda candente es el avivamiento del Espíritu Santo; la caldera hecha viva y tibia por la llama de la verdad es nuestro espíritu renovado; y el calor que resulta de nuestros afectos es la poderosa adoración, que penetra en nuestras confesiones, añoranzas, aclamaciones, lágrimas, cantos, gritos, cabezas inclinadas, manos levantadas y vidas obedientes.[19] — John Piper Como pastor, me doy perfecta cuenta de las luchas con las que se enfrenta la gente a través de la semana, y de mis propias limitaciones para ayudarles. Pero cuando nos reunimos como iglesia para adorar los domingos por la mañana, puedo ver cómo consistentemente Dios usa estos
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    momentos para pastoreara su pueblo. Los desanimados, los solitarios, y los temerosos todos encuentran las fuertes y tiernas manos de Dios ahí para sostenerlos a medida que lo adoran. No creo que haya una estrategia pastoral más eficaz para ayudar a las personas que dirigirlas al lugar donde Dios mismo pueda ministrarles. En el lugar de la adoración, la vida cambia. Discusión Grupo 1. ¿Cuál es una cosa especialmente sacrificante que tú has hecho por otra persona? 2. . “Ya, de por sí, nos amamos a nosotros mismos demasiado”, dice el autor. (Página ) ¿Tú estás de acuerdo o no? 3. Describe una prueba que experimentaste que llegó a redundar para bien. 4. ¿Qué beneficios específicos pueden resultar de las pruebas con que te enfrentas ahora mismo? 5. ¿Este capítulo cambió la manera en que piensas de la ley? Explica. 6. ¿Qué es lo que la ley nunca tuvo la intención de hacer? (Página 75) 7. En respuesta a tu invitación para asistir a la iglesia, tu vecino dice (con una pizca de arrogancia), “Yo soy mi propia iglesia”. ¿Cómo le responderías? 8. Lee en voz alta la cita de John Piper que se encuentra en esta página. ¿Por qué las vidas obedientes son un resultado natural de la adoración? Lectura Recomendada Disciplines for Life por C.J. Mahaney and John Loftness (Gaithersburg, MD: Sovereign Grace Ministries, 1992) Trusting God por Jerry Bridges (Colorado Springs, CO: NavPress, 1988) The Body por Charles Colson and Ellen Santilli Vaughn (Dallas, TX: Word, Inc., 1992) Desiring God por John Piper (Portland, OR: Multnomah Press, 1986) In the Shadow of the Cross: Studies in Self-Denial por Walter J. Chantry (Carlisle, PA: Banner of Truth, 1981) Referencias 1. ↑ Watchman Nee, The Release of the Spirit (Coverdale, IN: The Sure Foundation, 1965), p. 16. 2. ↑ A.W. Tozer, The Pursuit of God (Camp Hill, PA: Christian Publications, Inc., 1982), pp. 22-23." 3. ↑ Walter Chantry, The Shadow of the Cross (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1981), p. 7. 4. ↑ Jerry Bridges, Transforming Grace (Colorado Springs, CO: NavPress, 1991), p. 182. 5. ↑ D. Martyn Lloyd-Jones, Romans 8:17-39: The Final Perseverance of the Saints (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1975), pp. 169-170. 6. ↑ Sinclair Ferguson, The Christian Life (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1989), p. 174. 7. ↑ J.I. Packer, Concise Theology (Wheaton, IL: Tyndale House, 1993), p.242. 8. ↑ Bruce Milne, Know the Truth (Leicester, England: InterVarsity Press, 1982), p. 153, nota. 9. ↑ R.C. Sproul, “The Law of God” en Tabletalk, April 1989. 10. ↑ William Hendriksen, New Testament Commentary: Galatians (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1968), p. 140. 11. ↑ J.I. Packer, The Ten Commandments (Wheaton, IL: Tyndale House, 1977), p. 12. 12. ↑ Idem., p. 16. 13. ↑ Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1989), p. 225. 14. ↑ John R.W. Stott, Men Made New (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1966, 1984), pp.
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    65-66. 15. ↑J.I. Packer, The Ten Commandments, pp. 17, 18. 16. ↑ Charles Colson y Ellen Santilli Vaughn, The Body (Dallas, TX: Word, Inc., 1992), p. 70. 17. ↑ David Powlison, Dynamics of Biblical Change, programa de clase (Laverock, PA: Christian Counseling and Educational Foundation, 1993), p. 5. 18. ↑ Sinclair Ferguson, Christian Spirituality: Five Views of Sanctification, Donald L. Alexander, ed. (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1988), p. 74. 19. ↑ John Piper, Desiring God (Portland, OR: Multnomah Press, 1986), p. 66. Por C.J. Mahaney. Traducción por Covenant Life Church. Capítulo 9 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Vivir Para Ese Día Final ¿Cuándo fue la última vez que oíste un sermón sobre el infierno? El cielo es un tema mucho más popular, pero aún eso se ignora en estos días. La tendencia en la predicación contemporánea es enfocarse no en nuestro eterno futuro, sino en nuestras presentes “necesidades percibidas”. Y aunque pueda que esos mensajes atraigan a las multitudes, no logran desarrollar madurez ni dar formación a la Iglesia. Escucha esta excelente observación por Darius Salter de su libro What Really Matters in Ministry: Ha sucedido algo sorprendente entre los cristianos occidentales. Muchos de nosotros habitualmente pensamos y nos comportamos como si no hubiera eternidad - o como si lo que hacemos en esta vida presente no tuviera nada que ver con la eternidad...Vivir ajenos a la eternidad nos hace expertos en lo insignificante y novatos en lo significante. Podemos nombrar esa melodía, nombrar a los jugadores de fútbol, nombrar el estreno de la película de tal actor, nombrar el principal producto de exportación de tal país, y detallar las diferencias entre modelos de computadoras o tipos de automóviles. Ninguna de estas cosas es mala, por supuesto, pero es ciertamente revelador cuando consideramos que la mayoría de los cristianos, cuanto menos el público en general, ni siquiera tiene una idea correcta de lo que la Biblia dice que nos sucederá después de morir. Nuestra asignatura principal es lo momentáneo y la secundaria es lo trascendental.[1] — Randy Alcorn La falta de raíces en lo eterno puede ser el mayor defecto de la predicación evangélica que atrae a grandes números de personas...El principal propósito de predicar no debe ser acumular beneficios en esta vida para los feligreses sino preparar a los individuos para que comparezcan ante la presencia de Cristo. No hay propósito ni motivación más grande que saber que todos nosotros nos dirigimos a la eternidad, y muy en breve.[2] Si alguien fue enraizado y motivado por lo eterno, éste fue Pablo. Sin descuidar las necesidades prácticas de aquellos a quienes servía, él constantemente llamaba la atención de ellos a la vida que estaba por venir. Y nos dice por qué en su segunda Epístola a los Corintios: “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo” (2Co 5:10). Este versículo revela uno de los incentivos más apremiantes de la Escritura - y el que se pasa por alto con más frecuencia - para la santificación. Habla de un día cuando seremos juzgados por la manera en que hemos vivido como respuesta a la gracia de Dios. A base de esa evaluación, Cristo dará a cada creyente “lo que se merece”. Uno no necesita meditar mucho tiempo sobre las implicaciones de ese versículo para desarrollar un apetito para llevar una vida santa. Tenemos una vida corta en la que podemos determinar nuestras recompensas eternas...o nuestra pérdida eterna. Es esta urgencia que Pablo buscaba impartir a las iglesias a las que servía.
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    Vivir Según unCalendario de Dos Días De modo que, como prisionero para el Señor, te recomiendo encarecidamente que lleves una vida digna del llamado que has recibido. (Ef 4:1) Para más estudio: Lee Efesios 2:6-7. ¿Cuál dice Pablo que es el propósito del llamado de Dios en nuestra vida? Todo cristiano genuino ha recibido un llamado de Dios. Este llamado fue concebido en la eternidad pasada. Antes de crear el mundo, Dios ya nos había escogido para ser suyos (Ef 1:4). En el momento de nuestra regeneración experimentamos el efecto de esa decisión. Esto no es un resultado del esfuerzo humano, ni tampoco es una recompensa por las buenas obras - es totalmente una obra de gracia. Sin embargo, en respuesta al llamado de Dios tenemos la responsabilidad de vivir de cierto modo. Este es un asunto que con frecuencia se entiende mal, así que por favor síguelo con cuidado: Nunca fuimos ni nunca seremos dignos de su llamado. Pablo no nos está exhortando a que de alguna manera cualifiquemos para nuestro llamado. Eso sería imposible y sería una negación de la gracia. Él lo describe a los efesios como un llamado “que Dios nos dio” - no algo que ellos habían logrado. “Las riquezas de la gracia que Dios nos dio en abundancia” (Ef 1:7-8) incondicional y libremente por medio de la elección, la adopción, la redención, y la regeneración. Medita en 2 Tesalonicenses 1:11. Nos da gran seguridad saber que las expectaciones de Dios de una vida digna se cumplen porque Él nos da el poder para vivir según lo exige ese llamado. Todo cristiano necesita cultivar una confianza de y seguridad en este llamado. No obstante es nuestro privilegio y responsabilidad construir sobre ese fundamento por medio del proceso de santificación. Como Pablo dijo de sí mismo, “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa” (1Co 15:10). Habiendo recibido un llamado del que no éramos dignos, ahora somos responsables de vivir como dignos de ese llamado. Pablo vivía intensamente consciente de que todos nosotros un día apareceríamos ante Cristo para dar cuenta de la manera en que hemos respondido a su llamado. Pero para algunos esto quizás parezca una contradicción. Si Cristo nos ha perdonado y nos acepta, ¿de qué se trata esto de un juicio? 1 Lee la segunda mitad del versículo mencionado arriba (1 Corintios 15:10). ¿Cómo describe Pablo el efecto que tuvo la gracia en él? ❏Lo hizo sentirse mejor sobre sí mismo ❏Le ayudó a relajarse en vez de sentirse presionado ❏Lo aseguró de la aceptación de Dios ❏Le evitó esforzarse ❏Lo motivó a trabajar duro para el reino Como cristianos, no seremos juzgados por nuestros pecados en el día del juicio. Jesucristo ya ha sido juzgado en nuestro lugar. Por su expiatorio sacrificio a favor nuestro ya hemos sido salvados de la ira de Dios. “Y ahora que hemos sido justificados por su sangre [de Cristo],¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios!” (Ro 5:9; ve también Ro 8:1). Pero ¿seremos juzgados por las obras que hemos hecho - o que hemos dejado sin hacer - desde la conversión? Definitivamente. Todos nosotros daremos cuenta a Dios y nuestra vida será evaluada. Pablo presenta esto en términos muy vívidos: Medita en Job 34:11-12. ¿Cómo es que las recompensas - tanto buenas como malas - revelan la justicia de Dios?
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    Si alguien construyesobre este fundamento, ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y paja, su obra se mostrará tal cual es, pues el día del juicio la dejará al descubierto. El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada uno...pero si su obra es consumida por las llamas, él sufrirá pérdida. Será salvo, pero como quien pasa por el fuego. (1Co 3:12-13,15) Es crítico que captemos esta distinción. Aunque nuestra reconciliación con Dios ha sido asegurada, nuestras recompensas (o pérdida de las mismas) serán determinadas por el punto hasta el que hemos buscado la santidad en respuesta a su llamado. No es que Dios esté obligado a recompensarnos - esto, también, es un acto de pura gracia, como Jerry Bridges tan bien lo describe: Para más estudio: ¿Qué apremiante motivación tuvieron en común Moisés y Jesús? (Lee Hebreos 11:26, 12:2) Esta es una asombrosa historia de la gracia de Dios. Dios nos salva por su gracia y por su gracia nos transforma más y más en la semejanza de su Hijo. En todas nuestras pruebas y aflicciones, Él nos alienta y nos fortalece con su gracia. También nos llama por gracia a desempeñar nuestra propia y única función dentro del Cuerpo de Cristo. Luego, de nuevo por gracia, da a cada uno de nosotros los dones espirituales necesarios para cumplir con su llamado. A medida que lo servimos, Él hace ese servicio aceptable a sí mismo por gracia, y luego nos recompensa cien veces por gracia.[3] Pero yo creo que es seguro decir que la mayoría de los cristianos tiene la actitud que dice que si tan sólo logro pasar por la taquilla ya me las he arreglado para la eternidad. Suponen que todos terminarán en los “asientos generales”. Pero eso simplemente no es bíblico. La Escritura enseña claramente que las recompensas variarán. Pasar por alto esta verdad es descuidar uno de los principales incentivos para la santificación. Habrá grandes recompensas, menores recompensas, y - para algunos - ninguna recompensa. Por lo tanto habrá mucha diversidad, aunque todos compartiremos de la bendición del mundo venidero. Tal es la gracia y justicia del buen Señor.[4] J. Rodman William Martín Lutero dijo que sólo había dos días en su calendario: “hoy” y “aquel Día”.[5] Cada día nos acerca más a ese Día. Será un día de regocijo sin paralelo cuando veamos a nuestro Señor cara a cara. Pero también será un día de intenso escrutinio y examen. Y como explica Randy Alcorn, “Somos nosotros, por virtud de las decisiones que tomamos cada hora y cada día, quienes determinaremos lo que suceda en ese día”.[6] Dios preguntará: “En vista de lo que has recibido, en vista de la gracia que yo te extendí a pesar de tu falta de mérito, ¿dónde invertiste tu vida? ¿Cuáles fueron tus prioridades y valores? ¿Me serviste o me usaste? ¿Llevaste una vida digna de tu llamado?” De nuevo, nuestras respuestas a esas preguntas no determinarán nuestra reconciliación con Dios, pero tendrán todo que ver con si recibiremos o no las recompensas que Dios con tanta ansiedad desea darnos. En su excelente libro Money, Possessions and Eternity, Randy Alcorn escribe sobre este tema que tan raramente se considera hoy día. Yo encuentro su perspectiva útil en extremo y muy motivadora: Medita en Efesios 5:16. ¿A qué crítico “hábito de estudio” nos anima este versículo? El cielo será un lugar maravilloso. Pero lo que rara vez consideramos es que en el punto de entrada al cielo la Escritura claramente nos dice que hay un juicio de los creyentes que determinará por toda la eternidad nuestro lugar o estado en el cielo...la Escritura simplemente no enseña lo que la mayoría de nosotros parece dar por sentado-que el cielo nos transformará a todos en seres iguales con posesiones iguales y responsabilidades iguales y capacidades iguales. No dice que nuestra vida anterior carecerá de eterna importancia. Dice exactamente lo opuesto...
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    Se nos hadado justa advertencia de que a cada uno de nosotros nos espera, al final del curso, un examen final. Será administrado por el director más justo y más estricto del universo. Cuán en serio tomamos esta clara enseñanza de la Escritura se demuestra con cuán en serio nos estamos preparando para ese día. Cuando tomamos nuestras clases en la universidad nos preguntamos a nosotros mismos y a otros sobre el profesor: “¿Cómo son sus exámenes? ¿Toma asistencia? ¿Es estricto para calificar? ¿Qué espera en las composiciones?” Si voy a salir bien en la clase, debo saber lo que el instructor espera de mí. Debemos estudiar el programa de clase, la Palabra de Dios, para saber las respuestas a estas preguntas. Y cuando las sabemos, debemos tener cuidado de trazar nuestra vida de acuerdo a ellas - en vista del largo mañana.[7] 2 ¿Cómo podría el examen final de Dios ser diferente a los procesos de prueba comunes en las universidades hoy? ❏No se nos calificará en una curva ❏No podremos hacer trampa ❏No podremos apelar la nota ❏No podremos estudiarlo todo a última hora ❏Todo lo anterior El regreso de nuestro Señor era un día que Pablo anticipaba añorante. Nosotros deberíamos hacer lo mismo. Seguros en el hecho de que estamos justificados ante Él, debemos dedicarnos a las buenas obras que Él ha preparado de antemano, cumpliendo su eterno propósito en el contexto de la iglesia local. Entonces podremos compartir la confianza de Pablo de que “me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día” (2Ti 4:8). Pero las coronas cuestan mucho. Pablo había vivido digno de su llamado. Ahora veamos a alguien que no lo hizo. El Tonto Más Sabio Examinar la vida privada de figuras prominentes puede hacernos reflexionar mucho. Después de estudiar cien de los líderes mejor conocidos de la Escritura, el autor Robert Clinton encontró que menos de 25% de ellos terminó el curso de la vida con su reputación y su liderazgo intactos. Quizás el más trágico de esos fracasos fue Salomón. Salomón comenzó con tanto potencial y promesa. Pronto después de nacer, el profeta Natán anunció que Dios tenía un nombre específico y especial para él: Jedidías, que quería decir “amado por Dios” (2S 12:25). Cada vez que alguien usaba su apodo especial era un nuevo recordatorio del afecto de Dios. (Nos podemos imaginar que a los hermanos de Salomón a veces se les hacía difícil crecer a su lado.) Resuelto, nunca hacer nada que temería hacer si esa fuera la última hora de mi vida.[8] — Jonathan Edwards Como el sucesor de David, Salomón heredó el trono de un próspero reino. Al principio demostró genuina humildad. Una noche después de ofrecer mil holocaustos, Dios se le apareció en un sueño y le dijo, “Pídeme lo que quieras”. Salomón, conciente de sus limitaciones como también de sus responsabilidades, respondió, “No soy más que un muchacho, y apenas sé cómo comportarme...te ruego que le des a tu siervo discernimiento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo?” (1R 3:7-9). Dios se agradó tanto con la petición que prometió hacer a Salomón el hombre más sabio (aparte de Jesús) de la historia y prosperarlo y honrarlo sobre todos los demás reyes. Con la unción de Dios, Salomón pudo dirigir a Israel hacia una prosperidad sin antecedente ni paralelo.
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    Pero en elanálisis final, Salomón desperdició su llamado. No estamos preparados para la evaluación final que la Escritura hace de su vida: Para más estudio: Lee Hebreos 6:7-8. ¿Qué será de la persona que absorbe la gracia de Dios sin dar ningún fruto? Entonces el SEÑOR, Dios de Israel, se enojó con Salomón porque su corazón se había apartado de él...el SEÑOR le dijo: Ya que procedes de este modo, y no has cumplido con mi pacto ni con los decretos que te he ordenado, puedes estar seguro de que te quitaré el reino y se lo daré a uno de tus siervos. (1R 11:9,11) ¿Qué sucedió? ¿Cómo podía un hombre con el singular llamado de Salomón acarrearse para sí una disciplina tan fuerte? La Biblia no nos deja especulando: “Sus mujeres le pervirtieron el corazón...y no siempre fue fiel al SEÑOR su Dios como lo había sido su padre David” (1R 11:4). Aunque amado, llamado, y singularmente dotado por Dios, Salomón desarrolló un patrón de desobediencia que lo llevó a su gradual deterioro espiritual. Faltó en obedecer su propio sabio consejo: “Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida” (Pr 4:23). 3 Salomón dejó que sus muchas esposas apartaran su corazón del buen camino (1 Reyes 11:3). ¿Hay algo que evite que tu corazón esté totalmente dedicado al Señor tu Dios? En la misericordia de Dios, Salomón se arrepintió antes de morir. Pero el perdón de Dios no pudo aliviar la agonía de remordimiento cuando meditaba en lo que su vida pudo y debió haber sido. Sus reflexiones se encuentran en el libro de Eclesiastés, las dolorosas memorias de un viejo que se dio cuenta que había pasado mucha de su vida en vano. Antes que vivir digno de su llamado, Salomón fue tras toda forma de placer personal (Ec 2:10) y encontró que no ofrecía lo que anunciaba. Hay mucho que podemos aprender de sus palabras finales: El fin de este asunto es que ya se ha escuchado todo. Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre. Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aun la realizada en secreto. (Ec 12:13-14) Medita en Hebreos 6:11-12. Un adelanto en la carrera de la fe no es garantía de éxito; lo que vale es cómo la termines. Mientras Salomón se preparaba para morir, yo creo que estaba dolorosamente conciente de que no oiría las palabras “Hiciste bien” del capítulo 19 de Lucas. Sólo los que han hecho bien las oirán. Pero su vida ha sido preservada como una advertencia para que podamos evitar una experiencia similar. No hay razón para que nosotros terminemos nuestra vida con remordimiento. Al dedicar nuestra vida al proceso de la santificación, podemos probar ser más sabios que Salomón. Cómo Hacer las Preguntas Correctas Un día estaremos ante Dios - no en grupo, sino solos. Entonces Él evaluará todo lo que ha sucedido en nuestra vida desde la conversión. La Escritura nos da una imagen de ese momento: “Él sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón. Entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda” (1Co 4:5). En los términos más gráficos, en el día del juicio Dios preguntará, ‘¿Qué hiciste?’ Él no preguntará, ‘¿Qué te sucedió?’[9] — David Powlison
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    Dios anhela presentarrecompensas eternas a cada uno de nosotros. Para hacer esto posible, Él nos ha llamado y nos ha regenerado, ha preparado buenas obras para que nosotros andemos en ellas, y nos ha puesto en la iglesia local donde podemos aplicar y obedecer la enseñanza bíblica. Sin embargo, debemos estar concientes de que Él es un Dios justo...y que califica objetivamente. Cuando venga ese día, no habrá una segunda oportunidad. La historia nos habla de un individuo que recibió una segunda oportunidad, más o menos. Randy Alcorn relata la historia: Medita en 1 Corintios 3:8. ¿Puedes encontrar la frase en este versículo que indica cómo seremos recompensados? Alfred Nobel era un químico suizo que hizo su fortuna al inventar la dinamita y otros poderosos explosivos, que fueron comprados por los gobiernos para producir armas. Cuando murió el hermano de Nobel, un periódico accidentalmente imprimió el obituario de Nobel por equivocación. Fue descrito como un hombre que se hizo rico al hacer posible que la gente se matara unos a otros en cantidades sin precedente. Desconcertado por este juicio, Nobel resolvió usar su fortuna para recompensar los logros que beneficiaran a la humanidad, incluso lo que ahora conocemos como el Premio Nobel de la Paz. 4 ¿Cuáles son tres cualidades o logros que te gustaría que resaltaran en tu propio obituario? • • • Nobel tuvo una rara oportunidad - ver el juicio de su vida al final, cuando todavía estaba vivo y tenía la oportunidad de cambiar ese juicio. Pongámonos en el lugar de Nobel. Leamos nuestro propio obituario, no como lo escribirían hombres no informados o con prejuicios, sino como lo escribiría un ángel desde el punto de vista del cielo. Mirémoslo detenidamente. Luego usemos el resto de nuestra vida para editar ese obituario hasta que llegue a ser lo que en realidad queremos que sea.[10] Editar nuestro obituario comienza con estar dispuestos a hacer ciertas preguntas penetrantes. De hecho, todos los días de nuestra vida deben estar marcados por un escrutiñador juicio bíblico: “¿Está aumentando mi conocimiento de y pasión por Dios?” “¿Está aumentando mi conocimiento de y pasión por Dios?” “¿Pueden los demás confirmar que estoy creciendo en carácter?” “¿Estoy comprometido con y estoy sirviendo en la iglesia local?” “¿Esta actividad es digna del llamado que he recibido?” “¿Qué es lo que estoy haciendo que hace una diferencia eterna?” Ninguna decisión ni actividad debe estar libre de esta clase de cuestionamiento. “La realidad de nuestro futuro eterno debe dominar y determinar el carácter de nuestra vida presente, hasta nuestras palabras y nuestro comportamiento”, escribe Alcorn.[11] 11 Si Dios va a evaluar todos los aspectos de nuestra vida, así debemos hacerlo nosotros. Esto transformará la manera en que
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    vemos el trabajo,la diversión, la participación en la iglesia, y las relaciones. Y asegurará que mucho menos arda en llamas en aquel día final. Debe ser el negocio de todos los días prepararnos para nuestro último día.[12] El escritor de Hebreos nos exhorta diciéndonos “Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca” (Heb 10:24-25). Confío en que este capítulo te haya permitido ver el Día que inevitablemente se acerca. Y oramos que este libro te haya animado y provocado en el proceso de la santificación. Medita en Apocalipsis 22:12,14. Como Martín Lutero, hagamos de éste el día más importante de nuestro calendario...y comencemos a vivir como si así lo fuera. No es un camino fácil el que has escogido. La santificación será difícil, desafiante, y dolorosa - aunque nada como el dolor de la desaprobación de Dios. Pero cuando venga el Día y oigas a Dios decir, “Hiciste bien”, todo sacrificio palidecerá ante tu eterna recompensa. Comparado con eso, no hay nada más que en realidad sea importante. Nada. Discusión en Grupo 1. Darius Salter escribe, “El predicador que mejor prepara a sus oyentes para hacer frente a las presiones de la sociedad norteamericana quizás no sea el predicador que mejor prepara a su gente para el cielo”.[13] Divide al grupo en dos partes: los de “mente terrenal” y los de “mente celestial”. Permite que cada grupo piense en tres títulos relevantes para un sermón que refleje su perspectiva, y luego comparen notas. 2. ¿Cómo podemos demostrar que somos dignos de su llamado? (Advertencia: Esta es una pregunta engañosa.) 3. ¿Debemos temer aparecer ante el Trono del juicio de Cristo? 4. Antes de leer este capítulo, ¿creías que en el cielo todos terminaríamos en los “asientos generales”? Explica. 5. ¿Cuál es la diferencia entre ir tras las recompensas y tratar de ganarnos la salvación? 6. ¿Es algo subespiritual ser motivado por las recompensas? 7. ¿Cuáles fueron los puntos salientes de tu obituario? (Página 90) 8. ¿Cómo vas a responder a este capítulo? Lectura Recomendada Money, Possessions and Eternity by Randy Alcorn (Wheaton, IL: Tyndale House, 1989) Referencias 1. ↑ Randy Alcorn, Money, Possessions and Eternity (Wheaton, IL: Tyndale House, 1989), pp. 138, 139. 2. ↑ Darius Salter, What Really Matters in Ministry (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1990), pp. 123, 124. 3. ↑ Jerry Bridges, Transforming Grace (Colorado Springs, CO: NavPress,1991), pp. 169-170. 4. ↑ J. Rodman Williams, Renewal Theology, Volume 3: The Church, the Kingdom, and Last Things (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1992), p. 457. 5. ↑ Randy Alcorn, Money, Possessions and Eternity, p. 151. 6. ↑ Idem. 7. ↑ Randy Alcorn, Money, Possessions and Eternity, pp. 144, 149, 150-51. 8. ↑ Jonathan Edwards—Representative Selections, with Introduction, Bibliography, and Notes, Clarence H. Faust y Thomas H. Johnson, ed. (New York, NY: Hill and Wang, revised edition, 1962), p. 38. 9. ↑ David Powlison, “Crucial Issues in Contemporary Biblical Counseling” in Journal of Pastoral Practice, Vol. IX, No. 3, 1988, p. 61.
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    10. ↑ RandyAlcorn, Money, Possessions and Eternity, p. 151. 11. ↑ Idem., p. 139. 12. ↑ Idem., p. 137. 13. ↑ Darius Salter, What Really Matters in Ministry, p. 121. Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church. Capítulo 10 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/Diferentes Caminos a La Santidad: Un Repaso Histórico Vale la pena notar cómo es que las diferentes tradiciones en la historia de la Iglesia han entendido lo que es la santificación. En Spiritual Companions: An Introduction to the Christian Classics, Peter Toon identifica tres diferentes aproximaciones al camino a la santidad: Griega (oriental), Medieval Occidental (católico romano), y Protestante. Griega La aproximación griega se conoce como deificación - impartir en el alma la divina vida de Cristo a través del Espíritu Santo...De este modo la comunión y unión con Dios es el propósito de la salvación y es posible para los seres humanos cuando buscan perder su dependencia en el mundo y en la carne y son transfigurados por la luz de la gracia de Dios.[1] Este método se puede ver en los comienzos del movimiento monástico. Durante el tercer siglo, los ermitaños de Egipto reaccionaron contra la negligencia moral que había comenzado a meterse en la Iglesia. Dos siglos antes, la Iglesia se componía de cristianos judíos y gentiles cuyas normas de ética eran bastante altas. Pero esas normas comenzaron a decaer a medida que más y más gente se añadía a la Iglesia. Añade a esto el deterioro moral que acompañó al declive del imperio romano y podemos ver el problema. El mundo se estaba haciendo rápidamente, en la frase de Hobbes, “repugnante, bruto, y bajo”. No que la Iglesia necesariamente había bajado sus normas. De hecho, era moralmente rigorosa en comparación con la Iglesia de hoy. Pero los santos ermitaños dejaron el mundo romano derrumbante para buscar la salvación en el desierto. En un compasivo ensayo, Charles Kingsley describe la vida de estos ascéticos como una que consistía de ...celibato, pobreza, buenas obras con el prójimo, dominio de sí mismo y a veces toda clase de tortura de sí mismo, para expiar (tanto como se pudiera) los pecados cometidos después del bautismo: y el alimento mental de [éstos] era la continua meditación sobre la vanidad del mundo, la pecaminosidad de la carne, las glorias del cielo, y los horrores del infierno: pero con todo esto los viejos ermitaños combinaban - para hacerles justicia - una fe personal en Dios, y un amor personal por Cristo, que los que los desprecian harían bien en copiar.[2] Para crédito de ellos, estos ermitaños - incluso el gran Antonio - servían para detener la expansión de la mundanalidad entre los cristianos, e inspiraban a muchos a ir en pos de la santidad. Los extremos métodos de negarse a sí mismos que usaban algunos en esta tradición están bien documentados. En el quinto siglo, Simón el Estilita (santo del pilar) pasó los últimos treinta y seis años de su vida sobre un pilar que poco a poco fue alargado hasta que llegó a una altura de sesenta pies. Fue ampliamente imitado, y en realidad tuvo un influyente ministerio a medida que un permanente tropel de peregrinos llegaba a visitarlo y a hacerle preguntas. Él dio vida a un movimiento que se esparció desde su propia Antioquia a “Georgia, Tracia, Macedonia, Grecia y
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    hasta Egipto...ya parael séptimo siglo había tantos estilistas, que se consideraban como una orden especial de religión”.[3] El singular punto que subrayaron al confinarse a estos encumbrados pilares era la renuncia del mundo. Si la soledad hubiera sido su propósito principal, ciertamente hubieran descubierto un modo de obtenerla sin convertirse en semejantes espectáculos. En los siglos que siguieron, la aproximación monástica a la vida cristiana (ya sea solitaria o en comunidad) se expandió y era considerada por muchos como el ideal. Lo que lentamente surgió fue un punto de vista de dos niveles del cristianismo. Las multitudes eran consideradas como cristianos ordinarios, seculares en naturaleza, que vivían en el mundo e interactuaban con él. Luego estaban los que lo abandonaban todo para hacerse monjes. Si uno de verdad quería vencer el pecado, conocer a Dios, y ser santo, simplemente se suponía que adoptaría una vida monástica. Es interesante que a principios de mi ministerio, un joven de Egipto vino a pedirme consejo. Tentado como lo son la mayoría de los hombres por pensamientos y deseos impuros, él insistía en que la única manera en que podía vencer el pecado era hacerse monje. Parece que la tradición es muy profunda. Pero a pesar de estos obvios excesos, la negación de sí mismo del monasticismo ofrecía dos incuestionables beneficios: recordaba a la gente de su moralidad y avivaba una conciencia del mundo venidero. Medieval Occidental La aproximación occidental que continuó [ha continuado] en el pensamiento católico romano es la de las tres maneras - la purificación/limpieza de pecado; la aclaración/iluminación de la mente; y el ser uno con Dios por medio de la gracia.[4] Esta es una rica tradición que se extiende a través de la historia de la Iglesia y que tiene una voz perdurable aun entre los evangélicos protestantes. Los que conocen los escritos de A.W. Tozer notarán las muchas referencias y alusiones a personas como Nicolás de Cusa, Bernardo de Clairveaux, y Juan de la Cruz. Lo que más sobresale en esta tradición mística es el ardiente lenguaje de devoción a Dios y el deseo de tener pureza de corazón. Hay una pasión hacia Dios expresada en estas obras que revela una profundidad de añoro y una riqueza de experiencia subjetiva. No se pueden leer sin detener la frenética actividad que caracteriza nuestra ocupada vida para poder escuchar a Dios en medio de meditabundo silencio. Cuando leo obras de esta tradición invariablemente soy llevado a examinar mi propio corazón hacia Dios y a arrepentirme de la frivolidad que ahí encuentro. Pero a pesar de estos puntos fuertes, ciertos distintivos de este camino de contemplación hacia la santidad deben darnos qué pensar. El énfasis parece estar en buscar un conocimiento directo de Dios. El crucial papel de Cristo como mediador entre nosotros y el Padre generalmente no se presenta tan claramente como se presenta en la Escritura. En una crítica de la tradición medieval occidental, John Calvin escribió que “Sólo los tontos buscan el conocimiento directo de la esencia de Dios”.[5] Un lenguaje tan fuerte se justifica, arguye Sinclair Ferguson, para proteger la importancia de la obra expiatoria de Cristo. Ferguson escribe, Mientras que la tradición contemplativa da mucho énfasis a la humanidad y pasión de Cristo como tal, el cristianismo reformado da énfasis central a la transacción que tuvo lugar cuando el Hijo Encarnado de Dios recibió el juicio de su Padre Santo contra el pecado del hombre. Si pasamos esto por alto, insiste, no hay acceso a Dios, y por lo tanto no hay verdadero conocimiento, de Dios.[6] Con estas advertencias en mente, hay mucho que ganar del estudio y la meditación de los escritos de esta tradición. Protestante
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    “La aproximación protestante”,dice Toon, “se ha centrado en la relación entre la justificación y la santificación”.[7] En realidad no fue sino hasta que la Reforma Protestante enfatizó la justificación por gracia que la santificación comenzó a verse como algo distinguible de la justificación. Pero aunque las doctrinas se relacionan íntimamente, hay una gran ventaja en considerarlas por separado. ¿Cómo es que van juntas la justificación y la santificación? Dentro del marco protestante, por supuesto, hay una variedad de opiniones. Una perspectiva luterana, por ejemplo, ve la santificación simplemente como un subpunto bajo la justificación. Los luteranos subrayan la necesidad de un completo entendimiento de la justificación por gracia solamente (vernos cómo Dios nos ve) como la manera de vencer el pecado y vivir en victoria. Algunos luteranos han sido criticados por hacer que la doctrina de la justificación parezca más central para la vida cristiana que Jesucristo. La teología reformada señala nuestra unión con Cristo como la base para la victoria; subraya el hecho de que Él es el autor y consumador de la fe como también el capitán de nuestra salvación. Por la obra consumada de Cristo y su presente intercesión, podemos mortificar el pecado inmanente y resistir las tentaciones del diablo. Esta tradición incluye no sólo a Calvin, sino también a los puritanos ingleses y a sus herederos. John Wesley defendió otra postura, enseñando una doctrina de total santificación (no debe confundirse con el perfeccionismo total) que recalca el lado experimental de la verdad - no sólo el lado objetivo, lógico. Cualquiera que sepa algo de su conversión comprenderá la base para su doctrina. Ninguno de los argumentos lógicos para la fe parecían ayudarlo. Pero cuando Wesley se encontró con el Dios viviente, todo eso cambió. Arnold Dallimore cita del Diario de Wesley: “Sentí mi corazón extrañamente avivado. Sentí que confiaba en Cristo, en Cristo solamente para la salvación; y me fue dada una seguridad de que Él había quitado mis pecados, aún los míos, y me había salvado de la ley del pecado y de la muerte”.[8] La enseñanza de Wesley y los metodistas del siglo 18 en los Estados Unidos generaron el movimiento de Santidad del siglo 19. Los adherentes a este punto de vista confiaban en que una experiencia directa, santificadora con el Espíritu Santo impartiría la victoria subsiguiente a la salvación. Y cuando algunos dentro del movimiento de Santidad recibieron el bautismo en el Espíritu Santo, la enseñanza de la santidad pentecostal había llegado, con su énfasis en hablar en lenguas. Hay muchas otras variaciones de los temas que acabamos de presentar, pero estas aproximaciones forman el bosquejo principal de los intentos de la iglesia para entender lo que es la santificación. Tomados juntos, ilustran el hecho de que nuestra mente no sólo añora estar llena de la verdad acerca de Dios para poder obedecerle, sino que nuestro corazón desea experimentar su realidad. Aunque estas tradiciones contienen tanto verdades que se pueden adoptar como excentricidades que se deben evitar, todas han contribuido algo a la búsqueda de la santidad del alma. Para una perspectiva completa y balanceada sobre las aproximaciones a la santificación a través de la historia de la Iglesia, recomiendo Christian Spirituality: Five Views of Sanctification, editado por Donald L. Alexander (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1988). Referencias 1. ↑ Peter Toon, Spiritual Companions: An Introduction to the Christian Classics (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1990), p. 5. 2. ↑ Charles Kingsley, “The Hermits” en Cyclopedia of Religious Literature, Volume One (New York, NY: John B. Alden, publisher, 1883), p. 19. 3. ↑ Peter Levi, The Frontiers of Paradise: A Study of Monks and Monasteries (New York, NY: Paragon House, 1987), p. 45.
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    4. ↑ PeterToon, Spiritual Companions, pp. 5-6. 5. ↑ Christian Spirituality: Five Views of Sanctification, Donald L. Alexander, ed. (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1988), p. 195. 6. ↑ Idem., p. 194. 7. ↑ Peter Toon, Spiritual Companions, p. 6. 8. ↑ Arnold Dallimore, George Whitefield, Volume One (Westchester, England: Cornerstone Books, 1981), p. 186. Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church. Capítulo 11 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?/El Hombre Viejo y La Carne Algunos de los términos que usa el apóstol Pablo para hablar de la relación del creyente con el pecado pueden causar confusión. Me refiero a términos como “viejo hombre”, “nuevo hombre”, “cuerpo pecaminoso”, “carne”, y otros. Éstos pueden ser difíciles de entender. Añade a esto las variaciones que los traductores modernos han dado a estas palabras y el tema puede amedrentarnos. Sabemos que ha ocurrido un profundo cambio en la vida del creyente por medio de la conversión, pero ¿exactamente cómo es que el creyente cambió? Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado: porque el que muere queda liberado del pecado. (Ro 6:6-7). Comencemos tratando de definir nuestros términos. “Viejo hombre” (como se traduce en la Versión Reina Valera Revisada, 1960) equivale a la “vieja naturaleza”. Este término se refiere a la vida no regenerada que llevábamos antes de convertirnos. Como ha escrito John R.W. Stott, la vieja naturaleza “denota, no nuestra vieja naturaleza no regenerada [la carne], sino nuestra vieja vida no regenerada. No mi ser más bajo, sino mi antiguo ser. De modo que lo que fue crucificado con Cristo no fue una parte de mí llamada mi “vieja naturaleza”, sino todo mi ser tal como era antes de ser convertido”.[1] La definición de John Murray concurre: “‘Hombre viejo’ es una designación de la persona en su unidad según está dominada por la carne y el pecado”.[2] Es importante que veamos que el creyente no es al mismo tiempo un “viejo hombre” y un “nuevo hombre”, alternativamente dominado y dirigido por uno o por el otro. De nuevo, agradecemos la percepción de Murray: El hombre viejo es el hombre no regenerado; el hombre nuevo es el hombre regenerado creado en Cristo Jesús para buenas obras. No es más posible llamar al creyente un hombre nuevo y un hombre viejo, que llamarlo un hombre regenerado y uno no regenerado. Ni tampoco se justifica hablar del creyente como alguien que tiene en él el hombre viejo y el hombre nuevo.[3] Por tanto, términos como “hombre viejo”, “vieja naturaleza”, “vida no regenerada”, y “antiguo ser” son sinónimos, y todos hacen referencia a la entidad que fue crucificada con Cristo. Nótense dos significantes rasgos gramaticales del pasaje de Romanos 6 citado arriba. Primero, el verbo se usa en el tiempo pasado: “nuestra vieja naturaleza fue crucificada...” La crucifixión del viejo hombre es un hecho terminado. Segundo, el verbo también está en la voz pasiva, lo que significa que el sujeto (nuestro viejo hombre) recibe la acción. En otras palabras, la crucifixión del viejo hombre no es algo que nosotros debemos hacer, sino algo que es hecho para nosotros.
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    Otro concepto importanteen la doctrina bíblica de la santificación tradicionalmente ha sido designada por la palabra “carne” (Versión RV). La Nueva Versión Internacional usa “naturaleza pecaminosa”. Según Stott, “carne” se refiere a una naturaleza “más baja”, esa parte de nuestro ser que se inclina hacia la rebelión contra Dios. Esta es la parte de ti que desea contar un chisme jugoso; que te insta a volver a mirar las imágenes indecentes en la pantalla de la televisión. “Cualquiera que sea el nombre que demos a esta tendencia [“pecado inmanente”[4], “restos de corrupción”[5], “vestigios de pecado”[6], o “mi naturaleza pecaminosa”[7]] debemos recordar que aun después de haber sido regenerados todavía tenemos esos impulsos pecaminosos, y todavía debemos luchar contra ellos mientras vivamos”.[8] En Romanos 6:6 Pablo llama nuestra naturaleza pecaminosa (e.g. carne) el “cuerpo pecaminoso”. Dice que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con Cristo para que este “cuerpo pecaminoso perdiera su poder...”. Aquí “perdiera su poder” significa poner fuera de acción, rendir impotente. No quiere decir ser aniquilado, desaparecer sin dejar ningún rastro. Sino que el dominio de nuestra pecaminosidad sobre nosotros ha sido roto. Algunos, al no comprender la distinción entre el “viejo hombre” y la “naturaleza pecaminosa” han confundido Romanos 6:6 con Gálatas 5:24, que también habla de la crucifixión y del creyente. Considera dos traducciones de este versículo: Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa con sus pasiones y deseos. (Gá 5:24 NVI) Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. (Gá 5:24 RVR) Aunque impotentes para tomar nada excepto una postura pasiva tocante al viejo hombre (Ro 6:6), sí tenemos una parte activa, como aprendieron los gálatas, en subyugar la carne. Stott resume esto con característica claridad: Primero, hemos sido crucificados con Cristo; pero luego no sólo hemos crucificado (v.g. repudiado) con resolución la carne con sus pasiones y deseos, sino que tomamos nuestra cruz a diario y seguimos a Cristo a la crucifixión (Lc 9:23). La primera es una muerte legal, una muerte a la paga del pecado; la segunda es una muerte moral, una muerte al poder del pecado. La primera pertenece al pasado, y es singular e irrepetible: Yo morí (en Cristo) una vez al pecado. La segunda pertenece al presente, y es continua y repetible: Yo muero (como Cristo) al yo todos los días. Es con la primera de estas dos que tiene que ver Romanos 6.[9] Y Gálatas 5 tiene que ver con la segunda. Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! (2Co 5:17). Y aunque nuestra naturaleza pecaminosa (la carne, el pecado inmanente, etc.) todavía está muy presente en nosotros, su dominio sobre nosotros ha terminado.