La iniquidad, entendida como maldad, impiedad y culpa, tiene su origen en la rebelión de Luzbel y se manifiesta tanto a nivel personal como familiar y congregacional, provocando maldiciones. Este documento enfatiza su gravedad, comparándola con la idolatría y la desobediencia, y destaca la necesidad de buscar redención a través de Jesucristo. Además, menciona que la iniquidad puede ser transmitida entre generaciones y que quienes la permiten o practican pueden enfrentar el juicio de Dios.