El autor describe su experiencia como voluntario en un albergue para niños moribundos en Nairobi, Kenya. Al llegar se sintió inseguro de cómo podría ayudar, pero una monja le pidió que cuidara a un niño que lloraba desconsoladamente. El autor lo arrulló y le cantó hasta que dejó de llorar y se durmió, pero luego el niño murió en sus brazos. La monja le dijo que con su cariño le había adelantado quince minutos de amor eterno que Dios le daría. Esta experiencia le h