Las corrientes oceánicas se originan principalmente por diferencias en la densidad del agua, que depende de factores como la temperatura y la salinidad. Estas corrientes transportan grandes cantidades de agua y calor alrededor del mundo, influyendo en el clima y la productividad de los océanos. El deshielo del Ártico podría alterar importantes corrientes como la del Golfo, enfriando el clima de Europa, debido a que el agua dulce del deshielo podría interferir con la circulación oceánica