La civilización minoica floreció en Creta en el tercer milenio a.C. y posteriormente la cultura micénica se estableció en el continente griego, asimilando aspectos minoicos. Ambas civilizaciones tenían una organización política jerárquica, una economía basada en la agricultura, ganadería e industria, y prácticas religiosas que incluían sacrificios humanos a dioses como Zeus. Dejaron avances arquitectónicos como palacios y una floreciente cultura artística.