Entre 1925 y 1935 surgió un movimiento de escultura conocido como crisoelefantina que combinaba bronce, marfil y mármol para crear obras de arte únicas. Varios escultores europeos destacados de la época, como Fortunato Gory, Dimitri Chiparus y Claire Jeanne Roberte Colinet, utilizaron esta técnica para producir esculturas de bailarines y figuras mitológicas.