Dios advirtió al pueblo de Judá que si continuaban en su desobediencia, quitaría las voces de gozo y alegría asociadas con las cosechas y la vendimia, la voz de la novia en las bodas, el sonido del molino al moler granos, y apagaría la luz de la lámpara que simbolizaba la presencia de Dios. Si no se arrepentían, sufrirían la desolación y el cautiverio en Babilonia durante 70 años.