Después de una nevada, los niños salieron a jugar. La hija de un herrero moldeó un muñeco de nieve para hacerle compañía, ya que siempre había querido un hermanito. Ella disfrutó del muñeco durante el invierno, pero cuando llegó la primavera, el muñeco se derritió, entristeciendo a la niña. Un anciano la consoló, diciendo que había aprendido una lección sobre no apegarse a cosas efímeras.