WALICO
Tenía alrededor de 11 años, muchacho robusto, de tez oscura, le decían Walico, pero
su nombre era Juan, decidido y juguetón, siempre bromista, hijo de Georgina y Tomas, el
tercero de cinco hermanos. Su padre un albañil con cara de pocos amigos y mirada profunda,
gruñón, siempre estaba molesto.
Walico era buen estudiante, gustaba mucho de la escuela, a la que pocas veces iba,
por que su padre a falta de ayudantes, lo obligaba ir con él a trabajar, pero el disfrutaba las
clases de la maestra Martina Alfaro, gustaba de la literatura porque le abría las puertas a ese
mundo interesante y desconocido, con el que soñaba algún día conocer. Aunque no era tan
malo resolviendo operaciones matemáticas prefería los cuentos y las reseñas históricas que
le hacían volar en su imaginación y acrecentaba en él un espíritu indomable.
Llego el mes de julio, y con ello los preparativos para las fiestas patrias, en las
escuelas todos se preparaban para el desfile escolar, todos ordenaditos practicaban los pasos,
algunos en la escolta, otros en el batallón, al son del bombo practicaban la marcha. Walico
no se quedaba atrás, estaba adelante en el batallón del 5to grado de primaria. La maestra les
había pedido que el día del desfile asistirían todos uniformados, en ese entonces el uniforme
era de color caqui, camisa, pantalón, cristina y la
corbata, era el uniforme reglamentario que cada
estudiante vestía, Walico era pobre, por lo que no es
difícil imaginar que carecía de toda esta indumentaria
y los zapatos que casi no le quedaban ya estaban
bastante gastados, tanto por el tiempo, tanto porque
eran los únicos que tenía, incluso para jugar futbol con
sus compañeros.
Allí estaba el problema, era tanto el entusiasmo por participar que había olvidado que
no tenía uniforme, ¿cómo le diría a su padre que debían comprar uniforme y los zapatos
nuevos? Su madre era lavandera, quizá ella podría comprarle, pero, ¿sin que sepa su padre?
No había otra solución, ¡tenía que pedírselo!
Ya era entrada la noche, cuando su padre llego a casa, Walico, había hablado con su
madre al respecto, y ella le había dicho que no era posible hacer el gasto para uniforme, pues
había otras necesidades urgentes; estaba indeciso, no sabía cómo abordar el tema con su
padre, muchas cosas pasaban por su mente, tal vez lo felicitaría por estar adelante en el
batallón, o quizá le compraría solo los zapatos, lo cierto era que tenía que pedírselo.
Se acercó a la mesa donde su padre comía, lentamente se sentó frente a él, y comenzó
a contarle que lo habían elegido para desfilar, ¡sí! ¡Elegido por ser aplicado! Le contó que
ya estaba ensayando en el batallón de los chicos de primaria, su padre lo miro fijamente, pero
continuó, estaba decidido, le pidió que le comprase el uniforme y que iría con los únicos
zapatos que tenía, que bien lustrados, nadie se daría cuenta de lo viejo que estaban, no terminó
la frase, cuando su padre, dio un tremendo golpe a la mesa con el puño cerrado, su mirada
infundía temor más que respeto, en medio de palabras soeces le increpo el pedir uniforme
cuando no había dinero, y salió de la habitación dando un portazo.
Walico se quedó mudo, con la impotencia de sus 11 años, lágrimas amargas
recorrieron sus mejillas, y tomo una decisión, jamás pediría a nadie algo que necesitara, se
esforzaría y trabajaría hasta obtener todo lo que quisiera. No regreso a la escuela, un poco
por vergüenza, un poco por miedo a la burla de los demás, lo cierto era que se sintió solo y
con un solo pensamiento, trabajar.
Milagros Huamán Zúñiga.

Cuento MHZ

  • 1.
    WALICO Tenía alrededor de11 años, muchacho robusto, de tez oscura, le decían Walico, pero su nombre era Juan, decidido y juguetón, siempre bromista, hijo de Georgina y Tomas, el tercero de cinco hermanos. Su padre un albañil con cara de pocos amigos y mirada profunda, gruñón, siempre estaba molesto. Walico era buen estudiante, gustaba mucho de la escuela, a la que pocas veces iba, por que su padre a falta de ayudantes, lo obligaba ir con él a trabajar, pero el disfrutaba las clases de la maestra Martina Alfaro, gustaba de la literatura porque le abría las puertas a ese mundo interesante y desconocido, con el que soñaba algún día conocer. Aunque no era tan malo resolviendo operaciones matemáticas prefería los cuentos y las reseñas históricas que le hacían volar en su imaginación y acrecentaba en él un espíritu indomable. Llego el mes de julio, y con ello los preparativos para las fiestas patrias, en las escuelas todos se preparaban para el desfile escolar, todos ordenaditos practicaban los pasos, algunos en la escolta, otros en el batallón, al son del bombo practicaban la marcha. Walico no se quedaba atrás, estaba adelante en el batallón del 5to grado de primaria. La maestra les había pedido que el día del desfile asistirían todos uniformados, en ese entonces el uniforme era de color caqui, camisa, pantalón, cristina y la corbata, era el uniforme reglamentario que cada estudiante vestía, Walico era pobre, por lo que no es difícil imaginar que carecía de toda esta indumentaria y los zapatos que casi no le quedaban ya estaban bastante gastados, tanto por el tiempo, tanto porque eran los únicos que tenía, incluso para jugar futbol con sus compañeros. Allí estaba el problema, era tanto el entusiasmo por participar que había olvidado que no tenía uniforme, ¿cómo le diría a su padre que debían comprar uniforme y los zapatos nuevos? Su madre era lavandera, quizá ella podría comprarle, pero, ¿sin que sepa su padre? No había otra solución, ¡tenía que pedírselo!
  • 2.
    Ya era entradala noche, cuando su padre llego a casa, Walico, había hablado con su madre al respecto, y ella le había dicho que no era posible hacer el gasto para uniforme, pues había otras necesidades urgentes; estaba indeciso, no sabía cómo abordar el tema con su padre, muchas cosas pasaban por su mente, tal vez lo felicitaría por estar adelante en el batallón, o quizá le compraría solo los zapatos, lo cierto era que tenía que pedírselo. Se acercó a la mesa donde su padre comía, lentamente se sentó frente a él, y comenzó a contarle que lo habían elegido para desfilar, ¡sí! ¡Elegido por ser aplicado! Le contó que ya estaba ensayando en el batallón de los chicos de primaria, su padre lo miro fijamente, pero continuó, estaba decidido, le pidió que le comprase el uniforme y que iría con los únicos zapatos que tenía, que bien lustrados, nadie se daría cuenta de lo viejo que estaban, no terminó la frase, cuando su padre, dio un tremendo golpe a la mesa con el puño cerrado, su mirada infundía temor más que respeto, en medio de palabras soeces le increpo el pedir uniforme cuando no había dinero, y salió de la habitación dando un portazo. Walico se quedó mudo, con la impotencia de sus 11 años, lágrimas amargas recorrieron sus mejillas, y tomo una decisión, jamás pediría a nadie algo que necesitara, se esforzaría y trabajaría hasta obtener todo lo que quisiera. No regreso a la escuela, un poco por vergüenza, un poco por miedo a la burla de los demás, lo cierto era que se sintió solo y con un solo pensamiento, trabajar. Milagros Huamán Zúñiga.