Descenso al ser<br />Cristian Piné<br />Descenso al ser<br />2011<br />Cristian Piné<br />crpine@gmail.com<br />www.crpine.blogspot.com<br />Caer<br />El número convierte<br />a la luz en efímera materia,<br />en sólida miseria<br />que lentamente vierte<br />la sombra sobre el barro amoratado,<br />el polvo circulando por la arteria.<br />La cifra ha sofocado<br />el incendio que pudre los metales,<br />las fauces animales<br />de ardor metalizado.<br />su química deshace el vaporoso<br />silencio que recubre las señales.<br />La ciencia deja un poso<br />en la garganta seca de los viejos,<br />la idea esconde lejos<br />el ritmo sigiloso <br />que surge al replegar en un latido<br />el pálido rumor de los espejos.<br />En el descenso al ser<br />desaparecerá cada sentido:<br />olfato, vista, oído<br />gusto y tacto. Sin ver<br />los amargos aromas del violín,<br />la mano aún palpará lo no vivido.<br />Cayendo<br />I<br />El mundo en las alturas es vidriado,<br />cerámica que envuelve<br />y nubla el esqueleto de la atmósfera,<br />con el cráneo vivo,<br />avivando en las voces<br />movedizas que fueron<br />quietud enardecida en el espacio.<br />Desde lo alto algo piensa y nos ofrece<br />un latido apagado en la pregunta<br />como dos movimientos<br />hermanados y huérfanos,<br />que fueron la mecánica que ordena<br />la física terrible de las rosas,<br />las rosas abrasadas<br />por su propio ideal,<br />la rosa revolviéndose en las tripas<br />de los autorretratos,<br />huyendo de los dedos del filósofo<br />como el alma que cae<br />de bruces con la vida temporal <br />y lenta, sin embargo.<br />Aquí, donde un sustrato más solar<br />evapora el color<br />del mar contaminado,<br />permanece la forma de los globos<br />que orbitaban sin orden<br />la nube sola y única<br />que cubría los ojos del extraño.<br />Para el tuerto que quiere ver profunda<br />la noche y la distancia <br />que vive entre lo próximo,<br />que viva en el lugar donde sentarse<br />y esperar que no ocurra <br />nada, y que no le agite<br />la luz violenta de la lejanía.<br />Para el que quiera ver la finitud<br />del mundo, que se siente<br />en la roca sin huella.<br />¿Existirá otro sitio<br />sin huellas sobre el cuerpo<br />o el humano se afirma<br />en el tacto del otro?<br />No sabrás responder con la boca<br />protegida debajo de la tierra<br />buscando una laguna,<br />o quizás unos padres<br />que siempre duermen. No,<br />sabrás parar la lengua tras los dientes,<br />pero te faltará <br />fuerza para arrastrarla,<br />unos pulmones nuevos<br />que puedan estallar hasta la voz,<br />un hijo que te escuche<br />o que al menos te nazca<br />con la necesidad <br />y que desaparezca con el súbito<br />crujido de los muebles<br />en la madera inmóvil.<br />Éste es el sitio exacto de las cosas<br />el sitio en que estar,<br />morir desocupado,<br />porque hay permiso para desistir<br />de la escalada rígida a la vida<br />y contestar preguntas<br />con un lance de dados,<br />sin que a nadie le importe,<br />sin que a nadie le importe que dependas<br />del azar. ¿Quién no haría<br />caso al que va corriendo sin sentido<br />por las calles cortadas,<br />por las calles de un único<br />camino que seguir?<br />Aquí no existe el miedo a la locura<br />horizontal y libre,<br />tampoco existe el vértigo,<br />pero hay error en tan perfectos cálculos,<br />como hay errores mínimos<br />en la esfera que mide<br />las esferas cautivas en el mundo,<br />y son esos errores los que arrastran<br />el cuerpo hacia el error de los sonámbulos.<br />Las alturas pervierten en la altura,<br />en las alturas se pervierte el hombre:<br />ya no hay baile en dos pasos.<br />Si algo hay que se acerque<br />tan sólo es uno mismo por la espalda,<br />uno solo invocado<br />por explicar su nombre<br />al escéptico. ¿Tienen<br />nombre o no son más que ojos reflectantes,<br />un torso y cuatro miembros,<br />una silueta obviada,<br />un mar bajo los árboles,<br />un relincho anunciando lo que no<br />se sabía, quizás?<br />No hay ningún descanso<br />porque no hay que ocupar la dimensión,<br />no quedan dimensiones<br />que puedan suponer<br />los sabios. Se resbalan en la lupa<br />que mide el año luz,<br />los poetas tropiezan con el mismo<br />espejo que anticipa<br />la muerte de las rosas, las que siguen<br />quemadas en la idea.<br />Todo lo que aquí cabe,<br />cabe sólo en la cima de una roca <br />que siempre acabará <br />cediendo, falseando<br />los eclipses, pero es<br />cierto que las retinas<br />arden, también los párpados si impiden<br />el paso de la luz.<br />Aquí quedan verdades<br />varadas en el vil acontecer<br />de los astros y el tiempo<br />inexistente. Vanas realidades<br />no guardan su valor<br />en este territorio<br />negado eternamente, <br />incansable universo que renace<br />de sí mismo en el fin<br />de cada error y de cada impulso.<br />Nada ha de comprenderse<br />nada ha de renacer.<br />II<br />Caer en la costumbre<br />por salirse del círculo que el limbo<br />alimenta con pan evaporado,<br />con la frágil corteza de los hombres,<br />rígida hasta el fragmento.<br />Caer, caer, caer,<br />querer caer, subir<br />a ritmo de silencios<br />que no aparecen en las partituras,<br />silencio de quietud,<br />palabra que razona por si misma<br />y vive sin la boca<br />y sin la vibración.<br />Querer caer y dar con el diamante<br />indefinido y casi<br />indefenso ante el eje rotatorio<br />que vierte el magma sobre<br />todo su alrededor.<br />Querer caer, caer<br />de inercia, sin valor<br />presente, sin presencia de los músculos.<br />No hay valor sin presencia de la carne,<br />sin átomo no hay trémulas<br />formas de derivar<br />por el fino cordón<br />que empuja las ideas contra el mundo.<br />Tener la sensación,<br />esa sensación de<br />caer, caer, caer, caer, caer.<br />Tener la prisa por<br />caer, caer, caer,<br />apresurarse por ver lo viviente<br />respirando de forma imperceptible,<br />corriendo tan discreto<br />como caen las almas<br />delante de esos vanos animales,<br />máquinas del mundo,<br />tráfico de la tierra,<br />de sus rocas, del agua, de los restos<br />de aquellos animales<br />con los que no comparte mismos órganos.<br />Empezar el descenso<br />con un pie de otro tras <br />el otro pie. Con pasos desmembrados,<br />entumeciéndose como una voz<br />que comienza a doler<br />y vive en el estómago.<br />Así es mejor caerse,<br />sintiendo los impulsos del imán<br />que resiste en el centro de la piedra<br />a la eterna pulsión<br />de lo que quiere ser<br />algo desde la nada.<br />Si todo vuelve al fondo, todo cae,<br />cae, cae, cae;<br />en la hora sin sentido todo cae,<br />en la insistente palabra<br />la significación<br />acaba en un suicidio acompasado.<br />La palabra no vale<br />y nos sobrepasa,<br />y tendrá que caer<br />para tener alguna utilidad<br />en el contorno de las oraciones<br />y de los artesanos<br />y de los que hacen vida del temblor<br />y de los que al temblar<br />reconocen el símbolo perdido,<br />varado como un pez<br />de alquitrán en el límpido océano.<br />Caer como accidente,<br />caer como correr<br />con los brazos abiertos por estrechos<br />pasadizos de niebla,<br />caer como si al ser se evaporaran<br />las cuerdas infinitas<br />que entretejen el lienzo<br />acuoso de la altura,<br />caer como callar.<br />Caer como caer,<br />caer como un insecto<br />con sus alas envueltas en vapor,<br />caer como caer, caer, caer<br />como algo necesario,<br />suficiente, improbable;<br />querer caer a pasos,<br />y convertir la tierra seca en cuerpo<br />que camine hacia atrás<br />por el terreno suave<br />de los acantilados,<br />hacer del sol un ser<br />para querer caer en lo visible.<br />Caminar con decisión<br />para alcanzar la paz<br />que dan el divagar y la extrañeza,<br />la dicha de caer <br />sobre los elementos que descansan<br />en el círculo de su vacuidad,<br />elementos creados<br />por el hombre y la luz,<br />Inventar la caída<br />con estos elementos incendiados<br />hasta abrir el vacío<br />entre el hombre y la fuerza,<br />fuerza más grande que la gravedad.<br />Caer como beber de las entrañas,<br />querer caer, querer<br />dejar la idea dentro<br />del cofre del cerebro impenetrable<br />y después deshacer la cerradura<br />con un golpe constante<br />con el dorso del párpado.<br />Caer desde los párpados al ojo,<br />caer y descender<br />desde lo inhabitable.<br />Caer, caer, caer, caer, caer<br />y volver hacia dentro,<br />crear una conciencia<br />que se cuestione en todo momento<br />o caiga, o caiga, y caiga<br />en la profundidad <br />que acompaña al descenso.<br />Querer caer, <br />caer en el intento<br />imitando el dolor de los descalzos.<br />III<br />El descenso es difícil<br />sin disponer de carne<br />que lata como el hierro enrojecido,<br />pero es el no saber<br />lo que hace al hombre polvo<br />feliz y compartido<br />en la boca de todas las rapaces<br />imágenes del viento.<br />Descender con el cuerpo condensándose,<br />conquistando el volumen,<br />degradando el preciso pensamiento<br />al nivel inferior<br />de la palabra, dándole<br />un fondo gris al día,<br />un marco de brillantes <br />arrecifes al límite<br />inconcreto del reino de los náufragos.<br />La mano se define<br />en golpe, la cabeza<br />en cuenco donde espera la vejez,<br />las piernas se convierten<br />en aviso lejano<br />para que las orugas abandonen<br />su profunda labor de hacer camino<br />a través de las nuevas<br />criaturas, y los pies<br />descienden de los hombros<br />con la digna intención de interponerse<br />y no dejar espacio<br />entre los paralelos<br />universos posibles de las cosas.<br />Los ojos desentrañan<br />la luz y su veloz<br />manera de nombrar el universo<br />oblicuo y diminuto,<br />y con esa visión desaparece<br />la rosa dentro de su propia idea,<br />y ahora parece que arde<br />entre la vertical diafanidad<br />de la naturaleza.<br />Además aparece<br />el labio lentamente<br />en plena sincronía con los ojos,<br />señalando el lugar donde reposan<br />los dientes tras dejar <br />la boca y su inmediato<br />temor en la distancia.<br />Se hace sólido el ruido<br />como un fémur chocando con su rótula<br />en una sucesión de música<br />interna y tensionada.<br />Se recompone el tacto<br />en impulsos eléctricos<br />en la falsa inminencia del amor<br />humano, en la ficticia cercanía.<br />Los armónicos caben<br />en el extenso espacio<br />sensible de la piel,<br />al expandirse ocupan la corriente<br />del aliento estancado.<br />La rosa huele a leña,<br />se pierde su verdad en la memoria,<br />su idea primitiva<br />en el centro del rostro,<br />también en la palabra potencial<br />y líquida, en la punta<br />de los dedos. Muy cerca<br />se agitan las partículas<br />de la mugre y reclaman su terreno<br />un sitio en la nariz para que inunde<br />el cuerpo de fracasos<br />y recuerdos candentes<br />Así se hace la vida,<br />sólo basta calor y dimensión,<br />combustión espontánea y la persona<br />que albergue las moléculas.<br />Todo esto en el descenso,<br />en el simple caer<br />en el viaje sin punto de partida,<br />en el destino múltiple,<br />en la meta impalpable y recurrente,<br />en el querer caer,<br />en la voz giratoria.<br />De pronto algo aparece,<br />en calma se presenta como entorno,<br />como el alrededor<br />del mar y de la tierra,<br />del músculo y el hueso. Da su mano<br />en medio de lo que<br />parece ser el aire<br />y le pide a una sombra<br />que frene la caída de su peso,<br />que al fin tome conciencia<br />del espacio que oprime la entropía,<br />la física del mundo y la reduce<br />al leve movimiento de las rosas.<br />Algo aparece y pide<br />una resurrección en la penumbra.<br />Desciendo de una vez para morir<br />de sus leves secuelas.<br />Cayendo ya soy yo.<br />Caído<br />I<br />Aquí el mundo y su materia<br />reposan sobre<br />el vidrio despedazado<br />y sobre la arena caliente,<br />materia prima del reloj.<br />Ahora he tenido la ocasión<br />de caminar por encima<br />de la tierra llevando<br />mi dolor a la mente<br />de forma rápida y raída.<br />Aquí el algodón también es blanco<br />y se pega al cuerpo<br />como un tatuaje impenetrable.<br />La fruta es de colores<br />vivos a modo<br />de etiquetas <br />que muestran la acidez <br />interna de los pozos<br />y de los dioses. He visto<br />algunos de estos dioses esperando<br />en el núcleo de las manzanas,<br />exhibicionistas poderosos,<br />mirones sin cuerpo.<br />Me violaron<br />al entrar en una barbería,<br />me pidieron perdón<br />en un extraño<br />código de aire,<br />me volvieron a vestir cientos de hombres,<br />todos ocupando mis zapatos<br />todos ocupando mis ojos<br />con sus pulgares,<br />me dieron tres monedas a cambio<br />de una sola,<br />de una moneda parlante, <br />luminosa, charlatana <br />como una mujer sin gatos,<br />inquieta como un animal<br />sin estatura.<br />La publicidad se me aparece<br />como una visión reveladora,<br />un hombre con la frente<br />roja a siglas<br />me invita a peregrinar,<br />a descender<br />más de lo que he descendido.<br />En la naturaleza habrá serpientes,<br />pero en la ciudad<br />hay personas sibilantes por el suelo;<br />en el campo puede haber <br />perros salvajes,<br />pero en la ciudad<br />hay perros salvajes con collar;<br />en la naturaleza<br />habrá aire limpio pero<br />en la ciudad<br />nadie lo necesita <br />y el agua se filtra por las paredes.<br />Por beber directamente<br />de la tierra, topé<br />con el vivo cadáver del olivo<br />Los trajes delicados <br />que no compro<br />no los compra nadie,<br />los días que no me toco<br />nadie me toca,<br />los platos de comida que no tomo<br />no los quiere nadie,<br />la noche y la sed,<br />que yo no vivo<br />la vive otro ser a mis espaldas.<br />Hay personas en los bancos<br />que parece que me esperan,<br />mostradores irrompibles <br />y hay un hombre<br />con un falso nudo en la corbata<br />que tampoco me está esperando.<br />Sin embargo, yo espero<br />en el centro del callejón<br />y en las tierras  altas del mar<br />a que alguien esté esperando<br />algo en el mismo sitio.<br />Aquí también hay rosas<br />pero se vaciaron<br />con un golpe seco<br />y azaroso en su corteza.<br />Quizás su savia esté vertida<br />en otro lugar, no aquí.<br />No sé. Quizás en otro sitio,<br />en otra idea. ¿Qué será<br />esta idea, que será la presión<br />que siento en la clavícula?<br />A lo mejor alguien desciende<br />y me espera<br />en el callejón en el que respiro<br />los segundos de estar solo.<br />Me sentí al descubrir la lluvia<br />como si fuera yo<br />el que cayera y arrastrara<br />el barro hacia el interior <br />de los edificios.<br />Me sentí como un ángel<br />subterráneo que almacena<br />las piedras más pesadas en el fondo,<br />alrededor de la basura<br />orgánica del hombre.<br />Tuve la necesidad<br />de contarle a otros hombres <br />mi metáfora<br />y la historia imaginaria de mis padres.<br />Salí a la calle con una pistola<br />creyendo que era un símbolo,<br />nada más que un símbolo peligroso,<br />una luz fértil<br />de la que nacen las polillas.<br />Todo el mundo me saluda<br />como si necesitara<br />alguna indicación de que estoy<br />vivo.<br />Por eso cada día<br />recibo en el cuello un manotazo.<br />Ojalá fuera más fácil<br />saber que uno vive y no se inventa<br />la brevedad de sus relatos.<br />Ojalá fuera cómodo caer.<br />II<br />Caído es el hombre<br />que hace pan con las manos,<br />caído es el que<br />sobrevive en el horno de la industria,<br />caído es el que espera<br />en el final del callejón,<br />caído es el que subasta<br />sus poemas, caído<br />el que cruza las lagunas<br />desnudo y solo.<br />Todos ellos caídos, <br />quieren subir,<br />no saben adónde pero quieren <br />un ascenso<br />con el mismo deseo con que <br />se espera un riñón,<br />unos pulmones congelados,<br />un coche caliente y extensible.<br />Su mente a veces desciende,<br />luego cae;<br />vuelven a ascender a la memoria<br />a un lugar más pálido <br />que la palabra,<br />más frío que ese extraño lugar <br />sin clima.<br />Caídos los mortales,<br />han caído, caídas las mujeres <br />que creen en los espíritus,<br />caídos los señores<br />de las huertas y el espacio,<br />caído el que mira<br />con lupa las estrellas,<br />caído el que duerme por las tardes,<br />caído<br />el que palpa su propia herida,<br />caído el que pide un empleo,<br />caído el que envuelve<br />su cabeza con espuma.<br />Caídos y sin saberlo,<br />ascendentes fugitivos <br />del cráneo.<br />Yo caí<br />y apenas puedo recordarlo,<br />apenas puedo saber<br />si caí o aún he ascendido<br />de otro lugar más difuso<br />donde la rosa<br />no arde pero impregna<br />cada partícula de arena <br />con sus pétalos.<br />Caídos los ahogados,<br />caídos los que venden insectos,<br />los que venden prisa.<br />Caídos, caídos, caídos<br />los que reciclan el petróleo,<br />caídos los que caen<br />de las estatuas, caídos los que vuelven<br />y se quedan.<br />Caídos, caídos, todos<br />caídos, han caído.<br />Todos ellos han caído,<br />han caído como el acero flexible,<br />con un silencio seco.<br />Siguen mis pasos<br />y ahora quieren regresar<br />al horizonte blanco y tibio,<br />quieren volver<br />sin saber adónde,<br />sin conocer el ritmo sincopado<br />de la mente<br />que suena en la memoria,<br />en la última lucidez del hombre.<br />Quieren ascender, subir,<br />los catedráticos de la metafísica,<br />los marginados,<br />los del límite de la ciudad<br />para encontrar la nube <br />fosilizada,<br />el grito primario y concéntrico,<br />la madre de todos,<br />el pan innecesario.<br />Subir, quieren subir,<br />quiero subir en todas direcciones<br />hasta encontrar un cuerpo invisible<br />y relajado,<br />hasta encontrar el mundo<br />del color cayendo.<br />Realmente la metáfora nos acerca<br />hacia aquel territorio<br />del descanso eterno<br />que niega el espacio.<br />Si alguien muere, le imaginamos<br />con la mortaja ceñida,<br />con la cara<br />limpia y el pelo ondulado,<br />elegante al menos,<br />pero hay algo más lejos de esa imagen<br />que no se imprime<br />en este lugar,<br />en este lugar donde nadie me espera,<br />ni me huye, <br />donde no hay errores<br />de los que poder resucitar.<br />Caídos, caídos, caídos,<br />caídos los pobres<br />y bienaventurados sean. Todos ellos<br />han caído con inmediatez<br />y se han encontrado desnudos<br />y sin oficio<br />que pague sus zapatos.<br />Han caído en medio<br />de un rito literario, en el círculo<br />ceremonial del agua.<br />Yo recibí un nombre<br />directamente por la boca.<br />Quieren ascender<br />todos ellos, pero no lo saben,<br />ni siquiera yo sé<br />si he descendido,<br />o si el ser es un segmento temporal<br />en la vida del dios.<br />Todos ellos <br />quieren ascender, todos<br />como un segmento vivo<br />de su cuerpo.<br />III<br />El ascenso es difícil<br />y no depende de la voluntad,<br />depende de la descomposición<br />de las montañas,<br />depende del caudal del río<br />en el que caigo,<br />depende de cuanta solidez<br />haya en los huesos.<br />Poco tienen que decir los médicos<br />sobre este contorno<br />pudriéndose en el centro de sí mismo,<br />despedazado<br />como una roca que alcanza el cielo.<br />He aquí un yo<br />despedazado y sin pronombres.<br />Estos ojos que desconfiaron<br />de los peatones aleatorios, de los perros<br />con dueño y con bozal,<br />ahora sólo alcanzan a ver<br />el sudor blanco que los cubre.<br />De repente la luz<br />nace sin foco y sin aviso<br />para hacer de mí su meta<br />y su final.<br />Ya no me ahogaré en el sueño<br />que me dejaba<br />al borde de la espiral<br />del párpado.<br />Éste no es el sueño primero,<br />es el sueño recurrente<br />en el que un hijo mío se deshace.<br />Y ya sin ver<br />se incauta el tacto,<br />el tacto del azul intenso en la cintura,<br />abrupto como un color de ojos,<br />opaco como la pupila<br />amplia.<br />Sin ver tampoco quiero<br />tocar los escalones<br />ni quiero sentir con los dedos tan cerca<br />la rígida<br />piel de los caballos.<br />La subida desde un centro<br />velozmente por sus radios<br />distorsiona la voz y la concentra<br />en un punto de energía<br />que justo antes <br />del rayo desciende.<br />En la oreja hay labios<br />que marcan el ritmo eléctrico del vals,<br />el blues<br />lento y presuroso,<br />las sonatas poderosas de piano<br />que nacen y agonizan<br />en la percusión y en la muerte<br />de las tubas,<br />en la muerte del arco y el violín.<br />La rosa se toca y se desprende<br />de la tierra, también arde,<br />pero en el ascenso, al segundo,<br />se evapora<br />y el olor toca el cerebro <br />y su corteza,<br />y va dejando sitio a la verdad.<br />Así el olfato es más que esclavo<br />y guardián de la vida, <br />y ya no guarda,<br />ni es la vida que de noche<br />te cubre con una cicatriz.<br />El aroma que me ayudaba<br />a dar pasos gigantescos por los valles,<br />ahora es breve<br />como una breve lumbre que se apaga.<br />El caramelo de barniz<br />que pasaba por mi lengua todas<br />las noches <br />se ha quedado en el estómago <br />para siempre, como una mala digestión <br />o una ulcera viviente.<br />El plomo tan dulce de las tuberías,<br />el dulce plomo que, de tan dulce,<br />inflamaba la garganta,<br />no volverá <br />a ser sarro entre los dientes.<br />Sabe el sabor a sal en el ascenso.<br />Alguien aparece, de pronto,<br />me da la espalda<br />y me dice su nombre,<br />que es mi nombre oprimido entre sus brazos.<br />Me enseña su ropa <br />y es mi ropa, me tiende<br />su mano y es mi mano en otros dedos.<br />Se queda con todos mis rasgos,<br />mis queridos rasgos de infeliz.<br />Lleva una rosa <br />clavada en su chaqueta<br />y se aleja al ritmo de su partida.<br />Ascender para errar,<br />para abandonar el cuerpo<br />en el falso acontecer.<br />Índice<br />Caer, 2<br />[El número convierte], 3<br />Cayendo, 4<br />I [El mundo en las alturas es vidriado], 5<br />II [Caer en la costumbre], 8<br />III [El descenso es difícil], 11<br />Caído, 14<br />I [Aquí el mundo y su materia], 15<br />II [Caído es el hombre], 18<br />III [El ascenso es difícil], 21<br />
Descenso al ser
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    Descenso al ser<br/>Cristian Piné<br />Descenso al ser<br />2011<br />Cristian Piné<br />crpine@gmail.com<br />www.crpine.blogspot.com<br />Caer<br />El número convierte<br />a la luz en efímera materia,<br />en sólida miseria<br />que lentamente vierte<br />la sombra sobre el barro amoratado,<br />el polvo circulando por la arteria.<br />La cifra ha sofocado<br />el incendio que pudre los metales,<br />las fauces animales<br />de ardor metalizado.<br />su química deshace el vaporoso<br />silencio que recubre las señales.<br />La ciencia deja un poso<br />en la garganta seca de los viejos,<br />la idea esconde lejos<br />el ritmo sigiloso <br />que surge al replegar en un latido<br />el pálido rumor de los espejos.<br />En el descenso al ser<br />desaparecerá cada sentido:<br />olfato, vista, oído<br />gusto y tacto. Sin ver<br />los amargos aromas del violín,<br />la mano aún palpará lo no vivido.<br />Cayendo<br />I<br />El mundo en las alturas es vidriado,<br />cerámica que envuelve<br />y nubla el esqueleto de la atmósfera,<br />con el cráneo vivo,<br />avivando en las voces<br />movedizas que fueron<br />quietud enardecida en el espacio.<br />Desde lo alto algo piensa y nos ofrece<br />un latido apagado en la pregunta<br />como dos movimientos<br />hermanados y huérfanos,<br />que fueron la mecánica que ordena<br />la física terrible de las rosas,<br />las rosas abrasadas<br />por su propio ideal,<br />la rosa revolviéndose en las tripas<br />de los autorretratos,<br />huyendo de los dedos del filósofo<br />como el alma que cae<br />de bruces con la vida temporal <br />y lenta, sin embargo.<br />Aquí, donde un sustrato más solar<br />evapora el color<br />del mar contaminado,<br />permanece la forma de los globos<br />que orbitaban sin orden<br />la nube sola y única<br />que cubría los ojos del extraño.<br />Para el tuerto que quiere ver profunda<br />la noche y la distancia <br />que vive entre lo próximo,<br />que viva en el lugar donde sentarse<br />y esperar que no ocurra <br />nada, y que no le agite<br />la luz violenta de la lejanía.<br />Para el que quiera ver la finitud<br />del mundo, que se siente<br />en la roca sin huella.<br />¿Existirá otro sitio<br />sin huellas sobre el cuerpo<br />o el humano se afirma<br />en el tacto del otro?<br />No sabrás responder con la boca<br />protegida debajo de la tierra<br />buscando una laguna,<br />o quizás unos padres<br />que siempre duermen. No,<br />sabrás parar la lengua tras los dientes,<br />pero te faltará <br />fuerza para arrastrarla,<br />unos pulmones nuevos<br />que puedan estallar hasta la voz,<br />un hijo que te escuche<br />o que al menos te nazca<br />con la necesidad <br />y que desaparezca con el súbito<br />crujido de los muebles<br />en la madera inmóvil.<br />Éste es el sitio exacto de las cosas<br />el sitio en que estar,<br />morir desocupado,<br />porque hay permiso para desistir<br />de la escalada rígida a la vida<br />y contestar preguntas<br />con un lance de dados,<br />sin que a nadie le importe,<br />sin que a nadie le importe que dependas<br />del azar. ¿Quién no haría<br />caso al que va corriendo sin sentido<br />por las calles cortadas,<br />por las calles de un único<br />camino que seguir?<br />Aquí no existe el miedo a la locura<br />horizontal y libre,<br />tampoco existe el vértigo,<br />pero hay error en tan perfectos cálculos,<br />como hay errores mínimos<br />en la esfera que mide<br />las esferas cautivas en el mundo,<br />y son esos errores los que arrastran<br />el cuerpo hacia el error de los sonámbulos.<br />Las alturas pervierten en la altura,<br />en las alturas se pervierte el hombre:<br />ya no hay baile en dos pasos.<br />Si algo hay que se acerque<br />tan sólo es uno mismo por la espalda,<br />uno solo invocado<br />por explicar su nombre<br />al escéptico. ¿Tienen<br />nombre o no son más que ojos reflectantes,<br />un torso y cuatro miembros,<br />una silueta obviada,<br />un mar bajo los árboles,<br />un relincho anunciando lo que no<br />se sabía, quizás?<br />No hay ningún descanso<br />porque no hay que ocupar la dimensión,<br />no quedan dimensiones<br />que puedan suponer<br />los sabios. Se resbalan en la lupa<br />que mide el año luz,<br />los poetas tropiezan con el mismo<br />espejo que anticipa<br />la muerte de las rosas, las que siguen<br />quemadas en la idea.<br />Todo lo que aquí cabe,<br />cabe sólo en la cima de una roca <br />que siempre acabará <br />cediendo, falseando<br />los eclipses, pero es<br />cierto que las retinas<br />arden, también los párpados si impiden<br />el paso de la luz.<br />Aquí quedan verdades<br />varadas en el vil acontecer<br />de los astros y el tiempo<br />inexistente. Vanas realidades<br />no guardan su valor<br />en este territorio<br />negado eternamente, <br />incansable universo que renace<br />de sí mismo en el fin<br />de cada error y de cada impulso.<br />Nada ha de comprenderse<br />nada ha de renacer.<br />II<br />Caer en la costumbre<br />por salirse del círculo que el limbo<br />alimenta con pan evaporado,<br />con la frágil corteza de los hombres,<br />rígida hasta el fragmento.<br />Caer, caer, caer,<br />querer caer, subir<br />a ritmo de silencios<br />que no aparecen en las partituras,<br />silencio de quietud,<br />palabra que razona por si misma<br />y vive sin la boca<br />y sin la vibración.<br />Querer caer y dar con el diamante<br />indefinido y casi<br />indefenso ante el eje rotatorio<br />que vierte el magma sobre<br />todo su alrededor.<br />Querer caer, caer<br />de inercia, sin valor<br />presente, sin presencia de los músculos.<br />No hay valor sin presencia de la carne,<br />sin átomo no hay trémulas<br />formas de derivar<br />por el fino cordón<br />que empuja las ideas contra el mundo.<br />Tener la sensación,<br />esa sensación de<br />caer, caer, caer, caer, caer.<br />Tener la prisa por<br />caer, caer, caer,<br />apresurarse por ver lo viviente<br />respirando de forma imperceptible,<br />corriendo tan discreto<br />como caen las almas<br />delante de esos vanos animales,<br />máquinas del mundo,<br />tráfico de la tierra,<br />de sus rocas, del agua, de los restos<br />de aquellos animales<br />con los que no comparte mismos órganos.<br />Empezar el descenso<br />con un pie de otro tras <br />el otro pie. Con pasos desmembrados,<br />entumeciéndose como una voz<br />que comienza a doler<br />y vive en el estómago.<br />Así es mejor caerse,<br />sintiendo los impulsos del imán<br />que resiste en el centro de la piedra<br />a la eterna pulsión<br />de lo que quiere ser<br />algo desde la nada.<br />Si todo vuelve al fondo, todo cae,<br />cae, cae, cae;<br />en la hora sin sentido todo cae,<br />en la insistente palabra<br />la significación<br />acaba en un suicidio acompasado.<br />La palabra no vale<br />y nos sobrepasa,<br />y tendrá que caer<br />para tener alguna utilidad<br />en el contorno de las oraciones<br />y de los artesanos<br />y de los que hacen vida del temblor<br />y de los que al temblar<br />reconocen el símbolo perdido,<br />varado como un pez<br />de alquitrán en el límpido océano.<br />Caer como accidente,<br />caer como correr<br />con los brazos abiertos por estrechos<br />pasadizos de niebla,<br />caer como si al ser se evaporaran<br />las cuerdas infinitas<br />que entretejen el lienzo<br />acuoso de la altura,<br />caer como callar.<br />Caer como caer,<br />caer como un insecto<br />con sus alas envueltas en vapor,<br />caer como caer, caer, caer<br />como algo necesario,<br />suficiente, improbable;<br />querer caer a pasos,<br />y convertir la tierra seca en cuerpo<br />que camine hacia atrás<br />por el terreno suave<br />de los acantilados,<br />hacer del sol un ser<br />para querer caer en lo visible.<br />Caminar con decisión<br />para alcanzar la paz<br />que dan el divagar y la extrañeza,<br />la dicha de caer <br />sobre los elementos que descansan<br />en el círculo de su vacuidad,<br />elementos creados<br />por el hombre y la luz,<br />Inventar la caída<br />con estos elementos incendiados<br />hasta abrir el vacío<br />entre el hombre y la fuerza,<br />fuerza más grande que la gravedad.<br />Caer como beber de las entrañas,<br />querer caer, querer<br />dejar la idea dentro<br />del cofre del cerebro impenetrable<br />y después deshacer la cerradura<br />con un golpe constante<br />con el dorso del párpado.<br />Caer desde los párpados al ojo,<br />caer y descender<br />desde lo inhabitable.<br />Caer, caer, caer, caer, caer<br />y volver hacia dentro,<br />crear una conciencia<br />que se cuestione en todo momento<br />o caiga, o caiga, y caiga<br />en la profundidad <br />que acompaña al descenso.<br />Querer caer, <br />caer en el intento<br />imitando el dolor de los descalzos.<br />III<br />El descenso es difícil<br />sin disponer de carne<br />que lata como el hierro enrojecido,<br />pero es el no saber<br />lo que hace al hombre polvo<br />feliz y compartido<br />en la boca de todas las rapaces<br />imágenes del viento.<br />Descender con el cuerpo condensándose,<br />conquistando el volumen,<br />degradando el preciso pensamiento<br />al nivel inferior<br />de la palabra, dándole<br />un fondo gris al día,<br />un marco de brillantes <br />arrecifes al límite<br />inconcreto del reino de los náufragos.<br />La mano se define<br />en golpe, la cabeza<br />en cuenco donde espera la vejez,<br />las piernas se convierten<br />en aviso lejano<br />para que las orugas abandonen<br />su profunda labor de hacer camino<br />a través de las nuevas<br />criaturas, y los pies<br />descienden de los hombros<br />con la digna intención de interponerse<br />y no dejar espacio<br />entre los paralelos<br />universos posibles de las cosas.<br />Los ojos desentrañan<br />la luz y su veloz<br />manera de nombrar el universo<br />oblicuo y diminuto,<br />y con esa visión desaparece<br />la rosa dentro de su propia idea,<br />y ahora parece que arde<br />entre la vertical diafanidad<br />de la naturaleza.<br />Además aparece<br />el labio lentamente<br />en plena sincronía con los ojos,<br />señalando el lugar donde reposan<br />los dientes tras dejar <br />la boca y su inmediato<br />temor en la distancia.<br />Se hace sólido el ruido<br />como un fémur chocando con su rótula<br />en una sucesión de música<br />interna y tensionada.<br />Se recompone el tacto<br />en impulsos eléctricos<br />en la falsa inminencia del amor<br />humano, en la ficticia cercanía.<br />Los armónicos caben<br />en el extenso espacio<br />sensible de la piel,<br />al expandirse ocupan la corriente<br />del aliento estancado.<br />La rosa huele a leña,<br />se pierde su verdad en la memoria,<br />su idea primitiva<br />en el centro del rostro,<br />también en la palabra potencial<br />y líquida, en la punta<br />de los dedos. Muy cerca<br />se agitan las partículas<br />de la mugre y reclaman su terreno<br />un sitio en la nariz para que inunde<br />el cuerpo de fracasos<br />y recuerdos candentes<br />Así se hace la vida,<br />sólo basta calor y dimensión,<br />combustión espontánea y la persona<br />que albergue las moléculas.<br />Todo esto en el descenso,<br />en el simple caer<br />en el viaje sin punto de partida,<br />en el destino múltiple,<br />en la meta impalpable y recurrente,<br />en el querer caer,<br />en la voz giratoria.<br />De pronto algo aparece,<br />en calma se presenta como entorno,<br />como el alrededor<br />del mar y de la tierra,<br />del músculo y el hueso. Da su mano<br />en medio de lo que<br />parece ser el aire<br />y le pide a una sombra<br />que frene la caída de su peso,<br />que al fin tome conciencia<br />del espacio que oprime la entropía,<br />la física del mundo y la reduce<br />al leve movimiento de las rosas.<br />Algo aparece y pide<br />una resurrección en la penumbra.<br />Desciendo de una vez para morir<br />de sus leves secuelas.<br />Cayendo ya soy yo.<br />Caído<br />I<br />Aquí el mundo y su materia<br />reposan sobre<br />el vidrio despedazado<br />y sobre la arena caliente,<br />materia prima del reloj.<br />Ahora he tenido la ocasión<br />de caminar por encima<br />de la tierra llevando<br />mi dolor a la mente<br />de forma rápida y raída.<br />Aquí el algodón también es blanco<br />y se pega al cuerpo<br />como un tatuaje impenetrable.<br />La fruta es de colores<br />vivos a modo<br />de etiquetas <br />que muestran la acidez <br />interna de los pozos<br />y de los dioses. He visto<br />algunos de estos dioses esperando<br />en el núcleo de las manzanas,<br />exhibicionistas poderosos,<br />mirones sin cuerpo.<br />Me violaron<br />al entrar en una barbería,<br />me pidieron perdón<br />en un extraño<br />código de aire,<br />me volvieron a vestir cientos de hombres,<br />todos ocupando mis zapatos<br />todos ocupando mis ojos<br />con sus pulgares,<br />me dieron tres monedas a cambio<br />de una sola,<br />de una moneda parlante, <br />luminosa, charlatana <br />como una mujer sin gatos,<br />inquieta como un animal<br />sin estatura.<br />La publicidad se me aparece<br />como una visión reveladora,<br />un hombre con la frente<br />roja a siglas<br />me invita a peregrinar,<br />a descender<br />más de lo que he descendido.<br />En la naturaleza habrá serpientes,<br />pero en la ciudad<br />hay personas sibilantes por el suelo;<br />en el campo puede haber <br />perros salvajes,<br />pero en la ciudad<br />hay perros salvajes con collar;<br />en la naturaleza<br />habrá aire limpio pero<br />en la ciudad<br />nadie lo necesita <br />y el agua se filtra por las paredes.<br />Por beber directamente<br />de la tierra, topé<br />con el vivo cadáver del olivo<br />Los trajes delicados <br />que no compro<br />no los compra nadie,<br />los días que no me toco<br />nadie me toca,<br />los platos de comida que no tomo<br />no los quiere nadie,<br />la noche y la sed,<br />que yo no vivo<br />la vive otro ser a mis espaldas.<br />Hay personas en los bancos<br />que parece que me esperan,<br />mostradores irrompibles <br />y hay un hombre<br />con un falso nudo en la corbata<br />que tampoco me está esperando.<br />Sin embargo, yo espero<br />en el centro del callejón<br />y en las tierras altas del mar<br />a que alguien esté esperando<br />algo en el mismo sitio.<br />Aquí también hay rosas<br />pero se vaciaron<br />con un golpe seco<br />y azaroso en su corteza.<br />Quizás su savia esté vertida<br />en otro lugar, no aquí.<br />No sé. Quizás en otro sitio,<br />en otra idea. ¿Qué será<br />esta idea, que será la presión<br />que siento en la clavícula?<br />A lo mejor alguien desciende<br />y me espera<br />en el callejón en el que respiro<br />los segundos de estar solo.<br />Me sentí al descubrir la lluvia<br />como si fuera yo<br />el que cayera y arrastrara<br />el barro hacia el interior <br />de los edificios.<br />Me sentí como un ángel<br />subterráneo que almacena<br />las piedras más pesadas en el fondo,<br />alrededor de la basura<br />orgánica del hombre.<br />Tuve la necesidad<br />de contarle a otros hombres <br />mi metáfora<br />y la historia imaginaria de mis padres.<br />Salí a la calle con una pistola<br />creyendo que era un símbolo,<br />nada más que un símbolo peligroso,<br />una luz fértil<br />de la que nacen las polillas.<br />Todo el mundo me saluda<br />como si necesitara<br />alguna indicación de que estoy<br />vivo.<br />Por eso cada día<br />recibo en el cuello un manotazo.<br />Ojalá fuera más fácil<br />saber que uno vive y no se inventa<br />la brevedad de sus relatos.<br />Ojalá fuera cómodo caer.<br />II<br />Caído es el hombre<br />que hace pan con las manos,<br />caído es el que<br />sobrevive en el horno de la industria,<br />caído es el que espera<br />en el final del callejón,<br />caído es el que subasta<br />sus poemas, caído<br />el que cruza las lagunas<br />desnudo y solo.<br />Todos ellos caídos, <br />quieren subir,<br />no saben adónde pero quieren <br />un ascenso<br />con el mismo deseo con que <br />se espera un riñón,<br />unos pulmones congelados,<br />un coche caliente y extensible.<br />Su mente a veces desciende,<br />luego cae;<br />vuelven a ascender a la memoria<br />a un lugar más pálido <br />que la palabra,<br />más frío que ese extraño lugar <br />sin clima.<br />Caídos los mortales,<br />han caído, caídas las mujeres <br />que creen en los espíritus,<br />caídos los señores<br />de las huertas y el espacio,<br />caído el que mira<br />con lupa las estrellas,<br />caído el que duerme por las tardes,<br />caído<br />el que palpa su propia herida,<br />caído el que pide un empleo,<br />caído el que envuelve<br />su cabeza con espuma.<br />Caídos y sin saberlo,<br />ascendentes fugitivos <br />del cráneo.<br />Yo caí<br />y apenas puedo recordarlo,<br />apenas puedo saber<br />si caí o aún he ascendido<br />de otro lugar más difuso<br />donde la rosa<br />no arde pero impregna<br />cada partícula de arena <br />con sus pétalos.<br />Caídos los ahogados,<br />caídos los que venden insectos,<br />los que venden prisa.<br />Caídos, caídos, caídos<br />los que reciclan el petróleo,<br />caídos los que caen<br />de las estatuas, caídos los que vuelven<br />y se quedan.<br />Caídos, caídos, todos<br />caídos, han caído.<br />Todos ellos han caído,<br />han caído como el acero flexible,<br />con un silencio seco.<br />Siguen mis pasos<br />y ahora quieren regresar<br />al horizonte blanco y tibio,<br />quieren volver<br />sin saber adónde,<br />sin conocer el ritmo sincopado<br />de la mente<br />que suena en la memoria,<br />en la última lucidez del hombre.<br />Quieren ascender, subir,<br />los catedráticos de la metafísica,<br />los marginados,<br />los del límite de la ciudad<br />para encontrar la nube <br />fosilizada,<br />el grito primario y concéntrico,<br />la madre de todos,<br />el pan innecesario.<br />Subir, quieren subir,<br />quiero subir en todas direcciones<br />hasta encontrar un cuerpo invisible<br />y relajado,<br />hasta encontrar el mundo<br />del color cayendo.<br />Realmente la metáfora nos acerca<br />hacia aquel territorio<br />del descanso eterno<br />que niega el espacio.<br />Si alguien muere, le imaginamos<br />con la mortaja ceñida,<br />con la cara<br />limpia y el pelo ondulado,<br />elegante al menos,<br />pero hay algo más lejos de esa imagen<br />que no se imprime<br />en este lugar,<br />en este lugar donde nadie me espera,<br />ni me huye, <br />donde no hay errores<br />de los que poder resucitar.<br />Caídos, caídos, caídos,<br />caídos los pobres<br />y bienaventurados sean. Todos ellos<br />han caído con inmediatez<br />y se han encontrado desnudos<br />y sin oficio<br />que pague sus zapatos.<br />Han caído en medio<br />de un rito literario, en el círculo<br />ceremonial del agua.<br />Yo recibí un nombre<br />directamente por la boca.<br />Quieren ascender<br />todos ellos, pero no lo saben,<br />ni siquiera yo sé<br />si he descendido,<br />o si el ser es un segmento temporal<br />en la vida del dios.<br />Todos ellos <br />quieren ascender, todos<br />como un segmento vivo<br />de su cuerpo.<br />III<br />El ascenso es difícil<br />y no depende de la voluntad,<br />depende de la descomposición<br />de las montañas,<br />depende del caudal del río<br />en el que caigo,<br />depende de cuanta solidez<br />haya en los huesos.<br />Poco tienen que decir los médicos<br />sobre este contorno<br />pudriéndose en el centro de sí mismo,<br />despedazado<br />como una roca que alcanza el cielo.<br />He aquí un yo<br />despedazado y sin pronombres.<br />Estos ojos que desconfiaron<br />de los peatones aleatorios, de los perros<br />con dueño y con bozal,<br />ahora sólo alcanzan a ver<br />el sudor blanco que los cubre.<br />De repente la luz<br />nace sin foco y sin aviso<br />para hacer de mí su meta<br />y su final.<br />Ya no me ahogaré en el sueño<br />que me dejaba<br />al borde de la espiral<br />del párpado.<br />Éste no es el sueño primero,<br />es el sueño recurrente<br />en el que un hijo mío se deshace.<br />Y ya sin ver<br />se incauta el tacto,<br />el tacto del azul intenso en la cintura,<br />abrupto como un color de ojos,<br />opaco como la pupila<br />amplia.<br />Sin ver tampoco quiero<br />tocar los escalones<br />ni quiero sentir con los dedos tan cerca<br />la rígida<br />piel de los caballos.<br />La subida desde un centro<br />velozmente por sus radios<br />distorsiona la voz y la concentra<br />en un punto de energía<br />que justo antes <br />del rayo desciende.<br />En la oreja hay labios<br />que marcan el ritmo eléctrico del vals,<br />el blues<br />lento y presuroso,<br />las sonatas poderosas de piano<br />que nacen y agonizan<br />en la percusión y en la muerte<br />de las tubas,<br />en la muerte del arco y el violín.<br />La rosa se toca y se desprende<br />de la tierra, también arde,<br />pero en el ascenso, al segundo,<br />se evapora<br />y el olor toca el cerebro <br />y su corteza,<br />y va dejando sitio a la verdad.<br />Así el olfato es más que esclavo<br />y guardián de la vida, <br />y ya no guarda,<br />ni es la vida que de noche<br />te cubre con una cicatriz.<br />El aroma que me ayudaba<br />a dar pasos gigantescos por los valles,<br />ahora es breve<br />como una breve lumbre que se apaga.<br />El caramelo de barniz<br />que pasaba por mi lengua todas<br />las noches <br />se ha quedado en el estómago <br />para siempre, como una mala digestión <br />o una ulcera viviente.<br />El plomo tan dulce de las tuberías,<br />el dulce plomo que, de tan dulce,<br />inflamaba la garganta,<br />no volverá <br />a ser sarro entre los dientes.<br />Sabe el sabor a sal en el ascenso.<br />Alguien aparece, de pronto,<br />me da la espalda<br />y me dice su nombre,<br />que es mi nombre oprimido entre sus brazos.<br />Me enseña su ropa <br />y es mi ropa, me tiende<br />su mano y es mi mano en otros dedos.<br />Se queda con todos mis rasgos,<br />mis queridos rasgos de infeliz.<br />Lleva una rosa <br />clavada en su chaqueta<br />y se aleja al ritmo de su partida.<br />Ascender para errar,<br />para abandonar el cuerpo<br />en el falso acontecer.<br />Índice<br />Caer, 2<br />[El número convierte], 3<br />Cayendo, 4<br />I [El mundo en las alturas es vidriado], 5<br />II [Caer en la costumbre], 8<br />III [El descenso es difícil], 11<br />Caído, 14<br />I [Aquí el mundo y su materia], 15<br />II [Caído es el hombre], 18<br />III [El ascenso es difícil], 21<br />