Jesús utiliza dos sucesos recientes y una parábola de una higuera para enseñar que las desgracias y enfermedades no son un castigo por los pecados, sino una invitación a la conversión y a dar frutos de bondad. Dios ofrece siempre una nueva oportunidad y confía en la humanidad. Jesús se compromete a acompañar a las personas en su proceso de conversión con paciencia y amor incondicional.