El documento discute los desafíos del diálogo interreligioso. Sugiere que pretender poseer la verdad absoluta lleva a la intolerancia y la falta de diálogo. Sin embargo, aceptar que todas las religiones son igualmente válidas también crea problemas, ya que ignora las diferencias entre ellas. En cambio, propone que el diálogo requiere aceptar la propia perspectiva mientras se respeta a los demás y se busca sinceramente la verdad.