La geografía montañosa y costera de Grecia contribuyó a la división del territorio en múltiples ciudades-estado independientes llamadas polis. Estas polis competían entre sí pero también colaboraban a través de ligas. La colonización griega llevó su cultura e influencia a otras regiones del Mediterráneo y el Mar Negro. La civilización griega floreció culturalmente en las polis más importantes como Atenas y Esparta.