El discurso resume la experiencia de estudiar medicina, desde los primeros años de colegio cuando se quiso ser doctor hasta los desafíos del último año y el internado. Reconoce las dificultades como las largas horas de estudio, las malas notas y repetir cursos, pero enfatiza que la vocación y el esfuerzo valen la pena. Agradece a los profesores por enseñarles no solo conocimientos sino amor por la profesión y la facultad. Alienta a los compañeros a no dudar y seguir adelante porque