La leyenda maya explica que las sombras en la superficie lunar forman la figura de un conejo saltando. Según la leyenda, el dios Kukulkán se encontró hambriento y cansado mientras viajaba. Un conejo le ofreció comida, pero Kukulkán no podía comer zacate. El conejo generosamente se ofreció a sí mismo para alimentar a Kukulkán. Conmovido por la bondad del conejo, Kukulkán lo llevó a la luna para que su figura permaneciera allí para siempre.