Tras conquistar las Galias, César decidió cruzar el río Rubicón con sus tropas para tomar Roma por la fuerza y conquistar el poder, a pesar de las objeciones del Senado y Pompeyo. En la noche del 11 de enero del 49 a.C., César abandonó secretamente un banquete y cruzó el Rubicón con una pequeña escolta, a pesar de perderse en la oscuridad, lo que marcó un punto de inflexión en su carrera y en la historia de Roma.