Los derrames de petróleo representan una de las mayores causas de contaminación oceánica, afectando profundamente la fauna y vida marina. El petróleo y sus derivados se vierten en el mar tanto por derrames accidentales como por residuos arrojados intencionalmente desde ciudades costeras, usando el océano como un depósito de desechos. La industria petrolera debe cumplir estrictas normas de protección ambiental para mitigar estos impactos.