El niño soñaba con ser el Pirata Cara Patata y navegaba en busca de un tesoro con su barco pirata y loro. En el camino se encontró con una tortuga, unas gaviotas y un tiburón a los que prometió compartir el tesoro si le ayudaban a encontrar la isla Chupilandia. Finalmente encontraron la isla y el cofre del tesoro, que contenía moneditas de chocolate que el Pirata Cara Patata repartió entre sus nuevos amigos.