Las palabras tienen un poder transformador que refleja nuestras actitudes y creencias, creando un ciclo de influencia bidireccional. El lenguaje puede condicionar resultados positivos, y comunicarse de manera efectiva implica entender a otros y fomentar respeto. Hablar en positivo y solicitar lo que realmente queremos ayuda a nuestra mente a enfocarse en logros en lugar de en lo negativo.