O la historia de Kim Phuc:
Kim sufrió quemaduras en el 65% del cuerpo, pero Nick Ut, el fotógrafo
vietnamita autor de la foto ganadora del Pulitzer en 1973, la recogió y la llevó al
hospital, salvándole la vida. Sigue diciendo Kim:
Pero la recuperación no fue fácil:
Una vez recuperada, su primer deseo fue volver a la escuela.
Soñaba con ser doctora… y así fue. Estudió medicina:
En 1996, la Fundación para la Memoria de los Veteranos de Vietnam la invitó a
Washington y allí conoció a uno de los pilotos que participaron en el
bombardeo de Trang Bang, su aldea. Kim Phuc le
perdonó públicamente entre sollozos, convirtiéndose en
el símbolo mundial de la reconciliación.
Kim dijo ante todos: “El perdón es más poderoso
que cualquier arma del mundo”. Un año después fue
nombrada Embajadora de Buena Voluntad por la
UNESCO.
El 8 de junio de 1972, todos estábamos escondidos en el templo. Los soldados escucharon a
los aviones sobrevolando el lugar y gritaron, ¡corran, corran! Corrí con mis hermanos y
mis primos, y cuando me quise dar cuenta había perdido mi ropa y mi piel empezaba a
arder. El dolor era tan terrible, que perdí la consciencia.
Me desmayaba de dolor. Yo no sabía lo que era el dolor. Me había caído de la bicicleta
alguna vez, pero el napalm es lo peor que puedan imaginar. Es quemarte con gasolina por
debajo de la piel. Me desmayaba cada vez que las enfermeras me metían en la tina y
cortaban la piel muerta. Pero no morí. Dentro de mí había una niña pequeña y fuerte que
quería vivir.
Tuve lástima de mí misma. Quería ponerme camisetas de manga corta
y no podía. Miraba mis brazos y me preguntaba, ¿por qué a mí? Llegué
a pensar que no tendría novio, ni me casaría, ni tendría un bebé. Pero
logré superarlo “gracias al amor de mi familia y de Dios”. (Hoy en día
está casada y tiene 2 hijos).
Una de las lecciones que he aprendido con esta experiencia, es a perdonar. Cuando leí por
primera vez las palabras de Jesús “amar a tus enemigos”, no sabía cómo hacerlo. Soy
humana, tengo mucho dolor, muchas cicatrices y he sido víctima mucho tiempo. Creí que
sería imposible. Tuve que rezar mucho y no fue fácil, pero al final lo logré.
“Mi foto es un símbolo de la guerra, pero mi vida
es un símbolo de amor, esperanza y perdón”.

El poder del perdón.

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    O la historiade Kim Phuc: Kim sufrió quemaduras en el 65% del cuerpo, pero Nick Ut, el fotógrafo vietnamita autor de la foto ganadora del Pulitzer en 1973, la recogió y la llevó al hospital, salvándole la vida. Sigue diciendo Kim: Pero la recuperación no fue fácil: Una vez recuperada, su primer deseo fue volver a la escuela. Soñaba con ser doctora… y así fue. Estudió medicina: En 1996, la Fundación para la Memoria de los Veteranos de Vietnam la invitó a Washington y allí conoció a uno de los pilotos que participaron en el bombardeo de Trang Bang, su aldea. Kim Phuc le perdonó públicamente entre sollozos, convirtiéndose en el símbolo mundial de la reconciliación. Kim dijo ante todos: “El perdón es más poderoso que cualquier arma del mundo”. Un año después fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad por la UNESCO. El 8 de junio de 1972, todos estábamos escondidos en el templo. Los soldados escucharon a los aviones sobrevolando el lugar y gritaron, ¡corran, corran! Corrí con mis hermanos y mis primos, y cuando me quise dar cuenta había perdido mi ropa y mi piel empezaba a arder. El dolor era tan terrible, que perdí la consciencia. Me desmayaba de dolor. Yo no sabía lo que era el dolor. Me había caído de la bicicleta alguna vez, pero el napalm es lo peor que puedan imaginar. Es quemarte con gasolina por debajo de la piel. Me desmayaba cada vez que las enfermeras me metían en la tina y cortaban la piel muerta. Pero no morí. Dentro de mí había una niña pequeña y fuerte que quería vivir. Tuve lástima de mí misma. Quería ponerme camisetas de manga corta y no podía. Miraba mis brazos y me preguntaba, ¿por qué a mí? Llegué a pensar que no tendría novio, ni me casaría, ni tendría un bebé. Pero logré superarlo “gracias al amor de mi familia y de Dios”. (Hoy en día está casada y tiene 2 hijos). Una de las lecciones que he aprendido con esta experiencia, es a perdonar. Cuando leí por primera vez las palabras de Jesús “amar a tus enemigos”, no sabía cómo hacerlo. Soy humana, tengo mucho dolor, muchas cicatrices y he sido víctima mucho tiempo. Creí que sería imposible. Tuve que rezar mucho y no fue fácil, pero al final lo logré. “Mi foto es un símbolo de la guerra, pero mi vida es un símbolo de amor, esperanza y perdón”.