La resistencia indígena a la dominación española fue constante durante todo el período colonial y se manifestó de diversas formas, desde la resistencia pasiva hasta rebeliones armadas a gran escala. A partir de la segunda mitad del siglo XVI, la intransigencia de los misioneros católicos con respecto a las costumbres indígenas desencadenó varios movimientos locales que combinaban la violencia con elementos milenaristas. A lo largo de los siglos XVII y XVIII se registraron numerosas rebeliones indígenas en el interior de las unidades administrativ