Roma conquistó la península ibérica tras las Guerras Púnicas contra Cartago para proteger sus intereses. Luego, romanizó las poblaciones locales a través de la creación de una economía urbana y esclavista, la difusión del latín y la ciudadanía romana, y el desarrollo de infraestructuras como nuevas ciudades. Este proceso unificó cultural, religiosa y lingüísticamente a España y estableció una organización política basada en el derecho romano.