Mito de la juventud 
Lo que está contando el mito en realidad es que la especie humana está 
inevitablemente afectada por el deterioro personal, y que ese deterioro personal es 
precisamente una marca de la condición humana. 
En la antigüedad siempre se tuvo el valor de la juventud, el valor de la energía y 
de la belleza física, pero también se reivindicaba la vejez como fuente de sabiduría 
y de conocimiento. 
Hoy en día las sociedades carecen de un valor auténtico de la vejez y le restan el 
valor verdadero a la finitud y al misterio de la muerte. Por eso, el único valor que 
se rescata de la juventud es un valor ilusorio y narcisista. 
Es verdad que la juventud es la sal de la vida, porque los jóvenes traen consigo la 
posibilidad de futuro y la continuidad de la vida, pero lo grave es que las 
sociedades actuales construyan ilusiones de juventud eterna que lo único que 
hacen son convertir a las personas en máquinas de consumo. La gente se opera, 
tienen obsesión con la calvicie, obsesión con la figura y se vuelve prisionera en un 
narcisismo enfermizo. 
La ilusión de la juventud eterna es nada más que un condicionamiento cultural que 
lleva al consumo y a la locura y que por otra parte anula un proceso de evolución 
personal necesario, sin el cual terminamos por convertirnos en personas vacías, 
tristes y superficiales. 
En los pueblos de la antigüedad la vejez estaba asociada a la sabiduría. La 
persona madura era tomada como un ser que había llegado a un determinado 
punto de su vida, pero también a un determinado estado de su alma. 
Lo realmente sabio es desde la juventud aceptar la condición humana con su 
finitud. Teniendo eso en cuenta se debe encontrar el propio destino y se debe 
también poder vivir con grandeza y dignidad toda la vida.

Guguguuu

  • 1.
    Mito de lajuventud Lo que está contando el mito en realidad es que la especie humana está inevitablemente afectada por el deterioro personal, y que ese deterioro personal es precisamente una marca de la condición humana. En la antigüedad siempre se tuvo el valor de la juventud, el valor de la energía y de la belleza física, pero también se reivindicaba la vejez como fuente de sabiduría y de conocimiento. Hoy en día las sociedades carecen de un valor auténtico de la vejez y le restan el valor verdadero a la finitud y al misterio de la muerte. Por eso, el único valor que se rescata de la juventud es un valor ilusorio y narcisista. Es verdad que la juventud es la sal de la vida, porque los jóvenes traen consigo la posibilidad de futuro y la continuidad de la vida, pero lo grave es que las sociedades actuales construyan ilusiones de juventud eterna que lo único que hacen son convertir a las personas en máquinas de consumo. La gente se opera, tienen obsesión con la calvicie, obsesión con la figura y se vuelve prisionera en un narcisismo enfermizo. La ilusión de la juventud eterna es nada más que un condicionamiento cultural que lleva al consumo y a la locura y que por otra parte anula un proceso de evolución personal necesario, sin el cual terminamos por convertirnos en personas vacías, tristes y superficiales. En los pueblos de la antigüedad la vejez estaba asociada a la sabiduría. La persona madura era tomada como un ser que había llegado a un determinado punto de su vida, pero también a un determinado estado de su alma. Lo realmente sabio es desde la juventud aceptar la condición humana con su finitud. Teniendo eso en cuenta se debe encontrar el propio destino y se debe también poder vivir con grandeza y dignidad toda la vida.