Ilusión perdida
Un día llego a una casa un señor de baja clase social, buscando trabajo
para sostener a su familia. Al sonar el timbre abrió la ama de llaves, la
mano derecha del patrón, y con toda amabilidad lo hizo seguir, llamó al
patrón y le comento que venía alguien a buscar trabajo.

El patrón bajó y vio a aquel hombre sentado, con mala vestimenta y lo
invito a la sala principal, le dijo a su mayordomo que trajera algo para
comer y mientras comían, el patrón le preguntaba:

-¿Y cómo dijo que se llama?

-Me llamo Sergio, y vengo de un pueblo, donde me amenazaron de
muerte.

-¿Y dónde está viviendo en este momento?

-No tengo casa, estoy donde una hermana, pero ella es muy mala con
migo, y no le gusta para nada la presencia de mi esposa ni la de mis hijos,
y ya ha empezado a correrme.

-Ya veo, y usted está aquí para buscar trabajo supongo, pues le cuento
que necesito un jardinero, y como a todos los empleados de esta casa,
usted tendrá un lugar donde vivir con su familia.

-¡Muchísimas gracias señor, algún día se lo agradeceré!

El señor se fue de la casa y fue donde su familia a contarles de la situación,
para que lo antes posible se trasladaran de la casa de su hermana a su
nuevo hogar, pero en el camino un ladrón se le acercó y le dijo:

-El dinero, y todo que tengo prisa.

-Pero yo no tengo nada, esta ropa es lo único que tengo.

-Entonces démela.

-¿Pero con que me quedaré yo?

-Eso no es mi problema.
-Pues no se la daré.

El ladrón disparó su arma y se fue corriendo, y allí quedó tendido el
hombre, cuya ilusión de sacar a su familia adelante se veía perdida y todo
estaba echado a perder.

El patrón de la casa, al darse cuenta de la desastrosa noticia, invito a la
familia del hombre, que ya descansaba en paz, a que fueran a vivir a su
casa donde seguramente vivirían mejor.



                                                Juan David Sarmiento Gómez

Ilusión perdida

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    Ilusión perdida Un díallego a una casa un señor de baja clase social, buscando trabajo para sostener a su familia. Al sonar el timbre abrió la ama de llaves, la mano derecha del patrón, y con toda amabilidad lo hizo seguir, llamó al patrón y le comento que venía alguien a buscar trabajo. El patrón bajó y vio a aquel hombre sentado, con mala vestimenta y lo invito a la sala principal, le dijo a su mayordomo que trajera algo para comer y mientras comían, el patrón le preguntaba: -¿Y cómo dijo que se llama? -Me llamo Sergio, y vengo de un pueblo, donde me amenazaron de muerte. -¿Y dónde está viviendo en este momento? -No tengo casa, estoy donde una hermana, pero ella es muy mala con migo, y no le gusta para nada la presencia de mi esposa ni la de mis hijos, y ya ha empezado a correrme. -Ya veo, y usted está aquí para buscar trabajo supongo, pues le cuento que necesito un jardinero, y como a todos los empleados de esta casa, usted tendrá un lugar donde vivir con su familia. -¡Muchísimas gracias señor, algún día se lo agradeceré! El señor se fue de la casa y fue donde su familia a contarles de la situación, para que lo antes posible se trasladaran de la casa de su hermana a su nuevo hogar, pero en el camino un ladrón se le acercó y le dijo: -El dinero, y todo que tengo prisa. -Pero yo no tengo nada, esta ropa es lo único que tengo. -Entonces démela. -¿Pero con que me quedaré yo? -Eso no es mi problema.
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    -Pues no sela daré. El ladrón disparó su arma y se fue corriendo, y allí quedó tendido el hombre, cuya ilusión de sacar a su familia adelante se veía perdida y todo estaba echado a perder. El patrón de la casa, al darse cuenta de la desastrosa noticia, invito a la familia del hombre, que ya descansaba en paz, a que fueran a vivir a su casa donde seguramente vivirían mejor. Juan David Sarmiento Gómez