El documento discute el uso de la religión como arma política por parte de grupos islamistas. Argumenta que los islamistas odian Occidente pero admiran aspectos del modernismo, y que usan la religión para justificar la destrucción de Israel y oponerse a la presencia occidental en Medio Oriente. También señala que la naturaleza religiosa del conflicto israelí-palestino dificulta el diálogo y aleja la paz.