La antorcha olímpica se enciende en Olimpia, Grecia y es transportada por relevos de corredores hasta el estadio donde se celebrarán los Juegos Olímpicos. Allí, un atleta enciende el pebetero con la llama olímpica, la cual permanecerá encendida hasta el final de los Juegos. En la Antigua Grecia, a los ganadores de las competiciones se les premiaba con una corona de olivo.