El soldado se presenta ante Dios para ser juzgado. Reconoce que no siempre pudo cumplir con sus deberes religiosos debido a sus obligaciones militares. Aunque cometió errores y fue violento a veces, nunca tomó nada que no fuera suyo y siempre ayudó a quienes lo necesitaban. Pide a Dios que cuide de su familia ahora que él ya no podrá protegerlos. Dios lo absuelve diciendo que cumplió con el mandato de amar y servir a los demás dando su vida por los demás.