El soldado se presenta ante Dios para ser juzgado por sus acciones en la tierra. Admite haber cometido errores como no asistir siempre a la iglesia, hablar de forma impropia y ser violento en ocasiones. Sin embargo, también afirma haber cumplido siempre con su deber de proteger a los demás aunque eso lo alejara de su familia. Le pide a Dios que cuide a sus seres queridos ahora que él ya no podrá hacerlo. Dios lo absuelve diciendo que sirvió a los demás con alma y corazón como