Un policía se encuentra ante Dios después de su muerte. Dios le pregunta si cumplió con su deber y juramento como policía a pesar de las dificultades. El policía admite que no siempre honró a Dios, pero que cumplió con su deber de proteger a la sociedad, incluso arriesgando su vida. Dios le dice que por su servicio irá a un cielo donde tendrá paz después de su labor en la Tierra.