El poeta Julio Maruri reflexiona sobre para quién canta y escribe en medio de la noche de verano en el palacio real de Santander. Se pregunta quién lo escucha mientras expresa lo que suena dentro de él, sin saber realmente quién podría estar escuchando o conmoviéndose con su canto. Llama a elementos naturales como el mar, la luna y las palmeras a que le digan para quién canta, expresando su sentimiento de ser solo una voz entre la multitud sin un destinatario claro.