El autor argumenta que la inclusión es un verbo que implica participar y formar parte de algo. Critica enfoques pasados que se han centrado en palabras vacías en lugar de lograr una verdadera inclusión. Sostiene que la inclusión depende de uno mismo y de reconocer las capacidades de los demás, y que debe conjugarse en tiempo presente y futuro para dar sentido al pasado y crear oportunidades.