Este documento analiza las prácticas de enseñanza de la literatura en las aulas secundarias y las posibilidades de renovación que ofrecen los currículos. Señala que aunque los currículos admiten interpretaciones innovadoras, la redacción de los contenidos puede condicionar las prácticas hacia un enfoque histórico. También critica la densidad de los temarios, que son imposibles de abordar, y la dependencia excesiva de los libros de texto.