El documento aboga por la importancia de la documentación narrativa de experiencias pedagógicas como herramienta para fortalecer la práctica docente y reconstruir saberes en la comunidad educativa. Se argumenta que narrar vivencias en las escuelas permite a docentes, estudiantes y otros actores educativos reflexionar sobre su práctica y aportar al desarrollo curricular. Además, se destaca que estas narrativas no solo comunican experiencias, sino que también contribuyen a la construcción de la identidad profesional y la memoria pedagógica de los educadores.